Juan Pablo Esterilla
Reseña Movimientos Sociales
Al acercarnos a las reflexiones esbozadas en el prólogo de Los ritmos del Pachakuti,
movilización y levantamiento popular-indígena en Bolivia (2000-2005), -producción de
Raquel Gutiérrez Aguilar-, no sólo se nos despierta interés por conocer la historia de un
momento de irrupción especifico, (en el que por demás los movimientos sociales tienen
un rol protagonista), sino que también nos interrogamos por la filosofía detrás de quienes
los conforman. Conceptos como el de modelos de sociedad, lucha de clases y teoría son
deconstruidos gracias a una perspectiva propositiva y filosófica de la autora del texto.
Es precisamente el hilo filosófico-político el que permite “pensar los ritmos y movimientos
de la insubordinación en la Bolivia contemporánea”. De otra manera, no se entendería el
cómo lo más antiguo funciona a veces como imaginación de lo que vendrá, y este, a la vez,
corre el riesgo de encapsularse cuando sólo es pensado como un “ya-hecho”.
La autora es enfática en explicar la manera como ha reformulado conceptos de uso
recurrente en el mundo académico. Así pues, los procesos ya no deberían entenderse, al
menos en su texto, de manera lineal y dominante (histórica), sino de manera anacrónica.
Esto alude a familiarizarse entonces con una dimensión multiplicada, complicada y
dislocada de la experiencia histórica; alude a conocer los ritmos de Pachakuti. ¿Cuáles son
ellos? “De este modo, el anacronismo deja ver en cada secuencia histórica un montaje
temporal heterogéneo, y evita que los conflictos queden reducidos a opciones binarias
que tienden a bloquear toda politización efectiva”, expresa la autora.
Gutiérrez nos introduce a nociones como alcance práctico de una lucha, la cual consiste en
la capacidad disruptiva y vitalidad interna para aguantar, pero también nos presenta lo
que denomina el horizonte interior, aspecto más complejo que puede estudiarse los
desfases entre lo que se hace y no se dice, entre lo que se dice y no se hace, en lo que se
exhibe implícita o explícitamente como deseo y como capacidad.
La disrupción con la que la autora quiero dejar denotados estos procesos en cuestión es el
que ocurre en la ciudad de Cochabamba, en donde “miles y miles de hombres y mujeres
protagonizaron, entre 2000 y 2005, una oleada de movilizaciones y levantamientos que
quebraron el statu quo que da por sentada la dominación ante una clase dominante y
privilegiada. Para hacerlo, dice ella, “fueron necesarias acciones colectivas de deliberación
y toma de acuerdos, la organización y construcción de confianza recíproca, la lucha y
defensa de lo que es común y que debiera ser gestionado y disfrutado también
colectivamente, y se produjeron diversas situaciones en las cuales, el antagonismo étnico
y social que atraviesa y fragmenta a la sociedad boliviana se iluminó con la claridad que
ofrecen los relámpagos en las noches oscuras”.
Adicionalmente, Gutiérrez tiene diferentes objetivos con su trabajo (ninguno más
importante que otro). Entre ellos la necesidad de encontrar sentidos detrás de los
momentos que posibilitaron la participación social de comunarios aymaras, de vecinos de
El Alto y Cochabamba, de cocaleros del Chapare y, en general, de población urbana y rural
sencilla y trabajadora en Bolivia. Un hallazgo preliminar: las acciones no son eficientes en
tanto lo que generan en el otro, sino en ellos mismos también. Dignidad, autonomía y
cooperación fueron virtudes que se adquirieron o robustecieron.
Otro de sus objetivos es “entender los contenidos y anhelos políticos sumergidos y no
completamente explícitos, anidados en las más íntimas profundidades de las formas
antiguas y modernas de organización de la vida social, que se volvieron
intermitentemente visibles durante la ola de movilizaciones y levantamientos”.
Para ello, Gutiérrez habla de lo que pasó en Bolivia entre 2000 y 2005 mediante utilizando
una serie de tablas cronológicas y de información sobre quiénes y cómo participaron en
los sucesos; sobre lo que no pasó y que los protagonistas de las movilizaciones y
levantamientos querían que pasara, y sobre lo que pudo ocurrir y que quizá puede llegar a
suceder.
Lo hace eso sí sin trazar unas “teorías”, pues según ella, estas son objetivas, individuales y
dominantes, sino una estrategia teórica para facilitar una comprensión sensible de las
luchas sociales y, al mismo tiempo, un dispositivo de rastreo que pueda confrontar los
alcances prácticos de cada lucha con el horizonte interior que en las acciones colectivas se
logra siempre identificar.
La estrategia teórica que Gutiérrez dice seguir consiste en la reflexión rigurosa sobre los
momentos constitutivos, de irrupción fundante de tres grandes fuerzas sociales cuyas
acciones conformaron el período de quiebre que Bolivia ha vivido, y que permitieron el
actual proyecto de reconfiguración en curso, el llamado “Evismo”
Es entonces una estrategia teórica en tanto lo que se materializa es una “reflexión más
general sobre los múltiples horizontes de deseo que se despliegan desde tales acciones
colectivas de antagonismo e insubordinación y que, en cierta tradición, han sido
denominadas con el término “emancipación social”.
Ahora bien, dicha emancipación resulta de más fácil comprensión para los lectores, si se
identifica que la autora, tal cual lo expone, cree que es posible una autorregulación de la
convivencia social que vaya más allá de categorías como el Estado moderno y el capital.
Luchas colectivas como las que se desarrollaron en Bolivia entre el año 2000 y 2005
demuestran que es posible la producción colectiva de una forma más o menos estable –en
el tiempo y en el espacio– de convivencia social y de su regulación que no sea análoga a la
forma de síntesis moderna: estatal, organizada a través de la delegación de la
representación política y fundada en el predominio del valor y la competencia sostenida,
sobre todo, en la propiedad privada de riqueza que debiera ser común. Es decir, el
antagonismo y el anacronismo reside en esas luchas por desvirtuar ese “modelo
establecido o de lucha de clases ortodoxo” que no es otra cosa que una ilusoria síntesis
social del Estado, para pararse más bien desde una lucha de clases crítica.
Cuando se desvirtúa el modelo tradicional son 3 los efectos que pueden vislumbrarse:
1) El monopolio de la decisión sobre las cuestiones fundamentales del asunto público en
manos de los dominantes.
2) Los cimientos de la relación mando-obediencia dentro de la sociedad que se erige,
básicamente, sobre la creencia social en la legitimidad del monopolio anterior.
3) Las formas de organización política, económica, productiva y ritual del andamiaje
normativo y administrativo de la vida social para resolver las necesidades fundamentales
del conjunto de la población admitido en la anterior síntesis social.
Finalmente, Gutiérrez concluye el prólogo invitándonos a sumergirnos en que lo colectivo
tiene la capacidad de traspasar y hacer estallar la objetividad social que se caracteriza por
el sometimiento de los seres humanos a unas lógicas específicas. Hacerlo, le permitirá al
autor entender preguntas madres de su investigación; ¿Qué es lo que podemos aprender
de este variado, enérgico y multitudinario conjunto de acciones colectivas?, ¿De qué
manera estas luchas iluminan formas emancipadas de convivencia? y ¿En qué medida
rompen con la subordinación y la explotación –aunque vuelvan a quedar supeditadas al
orden del capital– y, pese a todo, auguran un por-venir distinto? Son algunas de ellas.