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Etica Nicomaquea resumen
Etica (Universidad Nacional Andrés Bello)
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Libro I: La felicidad
Al inicio Aristóteles se pregunta ¿Qué bien es el fin de todos los
fines? Toda actividad apunta hacia un bien, entonces la felicidad
debe de ser también un bien. No sólo debe ser un bien, sino el
bien al cual todos los demás bienes se dirigen. Se puede buscar
este bien en diversas cosas, pero al final la verdad es el único
bien delante del cual los demás bienes parecen incompletos.
Si no hay un bien final y alcanzable, entonces es irracional la
naturaleza del hombre, que busca por naturaleza un bien. El no
tener un bien final que se llama felicidad negaría la naturaleza,
llevando al absurdo. Ahora bien, esta felicidad se compone de la
vivencia de las virtudes y de una vida completa; la felicidad es
una actividad del alma de acuerdo con la virtud ("excelencia")
completa.
El filósofo termina el primer libro hablando de la virtud a partir
de las partes del alma, preparando así el segundo libro. Este
pasaje es relevante, pues da la estructura para el resto de la
obra. Como la virtud está en la parte racional del alma y
también en la parte no racional que obedece a la racional, las
virtudes se dividen en dos grandes tipos a partir de su fuente:
las intelectuales y las morales. Pero como las más conocidas al
hombre son las virtudes morales, las estudia antes.
Declara en el como la conservación de las amistades consiste en
entender cada uno lo que esta obligado y debe hacer en ley de
aquella amistad que trata y poner lo tal por obra, y que el
dejarlo de hacer es deshacer la amistad, y que finalmente la
disolución de la amistad sucede cuando en ella no se alcanza lo
que se pretendía, y esto en cualquier diferencia de amistad.
Libro II: Elementos de la virtud
En este segundo libro la pregunta a responder es: ¿En qué
consiste la virtud? La virtud es un estado de elección racional
que consiste en un medio relativo a nosotros y determinado por
la razón. Aristóteles explica que está hablando de la virtud moral
(ethos), o de carácter, y no de la virtud intelectual, pues busca
un medio entre vicios, un tipo de estado para hacer las mejores
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acciones que mantenga la relación con el placer y el dolor. La
virtud moral hace bueno al ser humano y le hace cumplir bien su
actividad característica. El arte sólo requiere conocimiento, pero
la virtud también requiere elección racional y un carácter firme.
Es difícil ser bueno porque es difícil encontrar el medio y la
función de la educación es precisamente ayudar a alcanzarlo.
Libro III: Los pasos de la voluntad; la fortaleza y la
templanza
Este libro se divide en tres partes, la primera (capítulos 1-5)
trata de la voluntad, la segunda (capítulos 6-9) sobre la
fortaleza, y la tercera (capítulos 10-12) sobre la templanza.
La voluntad
Aristóteles divide los actos del hombre en voluntarios e
involuntarios. El acto involuntario se debe a un primer principio
extrínseco al hombre, como la fuerza o la ignorancia. El acto no
voluntario es un acto involuntario que no se lamenta. El acto
voluntario se hace por el deseo. Ahora bien, la elección racional
es más restringida que el acto voluntario, en el sentido que el
acto está dentro de nuestro poder y no necesariamente según el
apetito, sino que es fruto de una deliberación. Se delibera algo
que se puede hacer, no sobre verdades ni sobre las acciones de
otros; además, se deliberan los medios y no el fin, pues el fin no
se escoge como fin sino que es natural y es el bien deseado
según lo que se conoce (lo que el entendimiento presenta a la
voluntad). Entendido así el acto voluntario, la virtud se aplica a
cuanto conduce al fin e implica la responsabilidad del sujeto.
La fortaleza
La fortaleza es el medio entre el temor y la confianza respecto a
la muerte. La persona valiente actúa a pesar del temor pero no
sin temor. El exceso de temor se llama cobardía, Y actúa con
confianza pero sin exceso de confianza, que se llama
precipitación. Sin embargo, la fortaleza se aplica más al temor
que a la confianza, por ser este último más difícil de controlar, y
busca el bien honesto cuando es difícil ver este bien superior. La
característica fundamental de la verdadera fortaleza es que se
basa en el carácter y no en el cálculo o en la preparación.
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La templanza
La templanza es el medio respecto a los placeres, especialmente
los del tacto, la comida y el sexo, que tenemos en común con
los animales no racionales. Hay placeres naturales y placeres
del individuo: por ello, errar en los placeres naturales es siempre
un exceso, mientras que errar en los placeres individuales no
siempre es excesivo. El dolor viene cuando el que no tiene esta
virtud tampoco obtiene sus placeres. La intemperancia es más
voluntaria que la cobardía, pues siempre viene con una elección
positiva, haciéndola más censurable. El apetito debe siempre
seguir lo que es noble como propuesto por la razón.
Libro IV: Algunas virtudes de riquezas, de espíritu y de vida
El tema que afronta en este libro es el de las demás virtudes
menos universales que la fortaleza y la templanza y muestra
diversas situaciones en las que se puede encontrar un hombre.
Entre estas virtudes están la generosidad y la magnificencia
(que es la generosidad en niveles superiores por parte de quien
la actúa, de las circunstancias y del objeto), la magnanimidad y
la virtud que aplica la magnanimidad para con los inferiores, la
ecuanimidad. También habla de algunas virtudes sobre la vida:
el decir la verdad, el humor. Al final menciona la vergüenza, un
sentimiento virtuoso que ayuda a los jóvenes a encontrar el
medio en sus sentimientos.
Libro V: La justicia y las virtudes de carácter
Aristóteles dedica este libro a analizar la virtud de la justicia.
Empieza induciendo la definición justicia a partir de la definición
nominal y de cuanto se piensa cuando se oye la expresión
"justicia". Afirma que la justicia es la virtud completa por cuanto
refiere a otras personas, pues es más difícil ejercer la virtud con
los demás que solamente consigo mismo. Así la virtud en
general es justicia vista en relación con los demás.
Esta justicia es la justicia general. Existe también la justicia
particular, que se divide asimismo en distributiva y
transaccional, la distributiva que aplica una proporción
geométrica entre varias cosas o personas; la transaccional que
aplica una proporción aritmética. Luego, Aristóteles aplica esta
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distinción a la economía, y dice que la justicia es el medio entre
cometer injusticia y sufrirla y consiste en la reciprocidad. Sin
embargo, descubre que en este caso su fórmula de encontrar el
medio no funciona igual que en las pasiones: el medio es la
igualdad de la proporción.
Trata luego de la relación entre la justicia y la ley, una relación
necesaria para que el bien del otro se consiga, pues el hombre
por sí mismo siempre busca el propio bien. Por ello, se necesita
una ley. Aquí entra la política, pues existe una justicia natural
que nadie puede transgredir y otra legal, que depende de las
reglas adoptadas. La justicia legal se debe seguir una vez que se
han aprobado las leyes. Esta justicia legal es variable porque los
casos particulares se relacionan con las normas universales de
manera distinta en cada ocasión.
Aristóteles explica a continuación los diversos agravios en
relación con la justicia, y luego afirma que quien sufre alguna
injusticia no lo puede hacer de modo voluntario. Asimismo,
nadie puede hacer injusticia a sí mismo, por ejemplo, por medio
del suicidio. La equidad supera la justicia en el sentido de
corregir la ley en ciertos casos particulares, pues la regla
universal no contempla cada situación particular.
Libro VI: Las virtudes intelectuales
El libro sexto es quizás el más importante para entender la ética
de Aristóteles, porque, como él mismo dijo al inicio de la obra, la
verdad es el bien superior, y este capítulo trata de la facultad
del hombre que consigue este bien, el entendimiento. Además,
es el intelecto el que nos dice dónde está el medio debido para
realizar los actos virtuosos.
La primera cosa que hace es parafrasear lo que había dicho en I,
13: hay dos partes del alma. Y distingue esta vez las sub-partes
de la razón, que serían el intelecto especulativo y el intelecto
práctico, a los cuales corresponden la sabiduría y la sabiduría
práctica (llamada prudencia) respectivamente. Tres cosas
controlan el acto y la verdad en el alma: la percepción, el
intelecto y el deseo. Pero los animales no racionales tienen
percepción, así que no es el primer principio en el hombre. El
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intelecto práctico afirma y niega para que el deseo busque el
bien y huya del mal. El bien del intelecto especulativo es la
verdad. El bien del intelecto práctico es la verdad de acuerdo
con el deseo recto. Así el primer principio de la acción como
causa eficiente es la elección racional, es decir, de acuerdo con
el fin; el principio de esto es el deseo, y así la elección racional
requiere carácter. En otras palabras, el intelecto y el deseo se
influyen mutuamente en el campo práctico, y la virtud depende
del pensar y del carácter.
En el intelecto hay cinco virtudes: el arte, el conocimiento
científico, la prudencia, la sabiduría, y el entendimiento. Ahora
bien, el entendimiento, el conocimiento científico y la sabiduría
se refieren a lo necesario, no a lo contingente, ni a lo que puede
hacer el hombre. Por otro lado, el arte y la prudencia se refieren
a lo que hace el hombre.
La prudencia es una virtud que permite descubrir el bien
presente en una acción a realizar. Es la virtud intelectual del
obrar humano, no solo en el sentido de obrar bien, sino de llegar
a ser bueno por medio del obrar, pues ayudará a encontrar los
mejores bienes humanos en relación con la acción. Las virtudes
inferiores a la prudencia son: el deliberar bien, el juzgar bien, y
el discernimiento.
Como la sabiduría concierne cosas más elevadas y universales,
mientras que la prudencia concierne la verdad en relación a los
actos humanos, la sabiduría está por encima de la prudencia,
pues su objeto pertenece exclusivamente a la parte superior del
alma.
Libro VII: El placer; la continencia y la incontinencia
En este libro Aristóteles va un paso más adelante de Sócrates al
distinguir entre el saber qué sería bueno hacer y estar dispuesto
a hacerlo. La persona prudente no solamente sabe qué sería
bueno hacer, sino que también está dispuesto, mientras que la
persona incontinente sabe qué sería bueno hacer, pero no lo
logra por indisposición. Así la incontinencia no es un vicio (ni
tampoco la continencia una virtud), pues se da cuenta de su
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incontinencia y quiere cambiar. En cambio, quien padece un
vicio no se da cuenta de él.
Esta falta de continencia se relaciona con el placer. El hombre
busca el placer necesario y el placer que es fin en sí. La
incontinencia se refiere más a la falta de control en los placeres
necesarios, como la comida y el sexo. La continencia se guía por
la elección racional al placer, mientras que la incontinencia
piensa lo opuesto y sin embargo, hace lo mismo que haría quien
no tiene templanza.
A continuación, Aristóteles analiza la definición que otros
autores han dado del placer. Algunos, como Espeusipo,
mantenían que no era un bien, mientras que muchos han dicho
que sí es un bien, y Eudoxo llegó a decir que era el bien
supremo. Aristóteles muestra varios ejemplos para probar que el
placer tiene que ser bueno y a la vez que puede conducir al
vicio. Esto se debe a que el hombre no tiene una naturaleza
simple, sino compleja. Por esto hay varias dificultades, pero al
final se puede decir con Espeusipo que el placer no es el bien
supremo, y con Eudoxo que sí es un bien.
Libro VIII: La amistad en general
El libro VIII está dedicado al tema de la amistad que define como
un fenómeno universal y necesario a todo humano. Es más
excelsa que la justicia porque puede existir sin ella. Pero no
todos están de acuerdo sobre su naturaleza.
Se ama algo porque es bueno en sí, bueno para mí, o agradable.
La amistad requiere ser el uno para el otro, requiere
reciprocidad. Por tanto, el amor de amistad necesita que el
amigo quiera al otro. Sin embargo, resultar agradable o ser útil
son situaciones más pasajeras que el ser honesto. La verdadera
amistad -de la cual los otros dos tipos participan analógicamente
es la amistad honesta, que busca al otro por lo que el otro es y
no porque sea bueno para mí o porque me dé algún placer. Esta
amistad es un estado superior a una actividad o a una emoción,
pues perdura en el tiempo entre dos personas con la elección
racional de ambas.
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Después de considerar la amistad en general, Aristóteles explica
diversos tipos de amistad a partir de la igualdad y de la
reciprocidad que son sus elementos propios.
Libro IX: La amistad relativa a sus causas y a la felicidad
Tras analizar la definición de la amistad, Aristóteles quiere
mostrar sus características y el modo en que se relaciona con la
ética. La amistad es recíproca, y lo que uno da el otro lo debe de
pagar de alguna manera. La desigualdad y la decepción rompen
las amistades y este efecto sirve para mostrar la raíz de la
amistad.
El fundamento de la amistad es el amor verdadero a sí mismo.
Cada hombre bueno es amigo de sí porque disfruta de su
pasado y de su futuro, mientras que el malvado está en guerra
constante dentro de sí, y entonces la amistad es difícil. Si
alguien se ama a sí mismo, sabrá amar a los demás, y por eso
puede comenzar una amistad. El primer principio es la buena
voluntad, pero no es suficiente, ya que requiere también el
afecto y la intimidad. Otro principio es el sufrimiento, ligado al
afecto, y estriba en que uno ama más lo que más le ha costado,
de tal manera que en una relación de bienhechor con
beneficiado, es el bienhechor quien ama más, pues ha empleado
lo que le pertenecía para el bien del otro.
Este amor a sí mismo tiene que ser verdadero. El falso amor de
sí se llama egoísmo. El amor verdadero se encuentra en buscar
el fin verdadero para el hombre, que es el intelecto, lo noble. Así
se podrá sacrificar por sus amigos. Pero como busca el
verdadero fin, también sus amigos buscarán el mismo fin, pues
el hombre busca lo que le asemeja, y si tuvieran diversos fines,
la convivencia no sería posible.
Los amigos virtuosos son necesarios para la felicidad, pues el
hombre es un "animal social", necesitado de otros seres
humanos de quienes depende y con quienes puede compartir.
Los amigos son el bien externo más grande para el hombre.
Libro X: El placer y la felicidad
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Aristóteles comienza el último libro retomando el tema del
placer del libro siete, debido a la importancia que esta tiene en
relación con la felicidad y su correcta definición. El placer es lo
que completa una actividad como consecuencia, y no como si la
actividad fuera el placer. Para obrar éticamente, para llegar a la
verdadera felicidad, el placer tiene que regirse por la actividad
característica del ser humano. Así, el hombre perverso
encontrará placer en lo que no es un bien, mientras que el
hombre bueno lo encontrará en el bien.
Entonces, la felicidad es una actividad que tiene fin en sí y no en
otra actividad, y además es autosuficiente y se actúa de
acuerdo con la virtud. La felicidad no es la actividad en
consonancia con cualquier virtud, sino con la más excelsa virtud,
y ésta dependerá de la facultad más excelsa: en el caso del
hombre el intelecto. Por tanto, la felicidad es la vida de acuerdo
con el intelecto, o la contemplación acompañada por los demás
aspectos propiamente humanos (amistad, bienestar, etc.)
Pero Aristóteles había dicho que se requiere la virtud, y no deja
de lado este aspecto esencial, sino que muestra que la felicidad
misma se encuentra también, pero de modo análogo, en la
virtud del carácter, de modo que los hábitos de virtud que se
han logrado conllevan el placer. Además, la contemplación se
logra en esta vida solamente con las virtudes.
Para llegar a formar el hábito necesario a esta felicidad, se
necesita la educación, y esto requiere una legislación. Pero para
formular leyes buenas, se requiere la experiencia. Por ello, hace
falta estudiar la política y con esta invitación, Aristóteles
concluye su obra.
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