Responsabilidad Solidaria en Sociedades Comerciales
Responsabilidad Solidaria en Sociedades Comerciales
I. Introducción.
En los últimos años se ha consolidado un apasionante debate doctrinario y
jurisprudencial en lo que respecta a uno de los supuestos de responsabilidad solidaria en
materia de obligaciones laborales.
Ese debate –que, con razón, ha sido calificado por Vázquez Vialard como una de las
novedades jurídicas laborales del fin de la década de los noventa 1- no es otro que el vinculado
con la posibilidad de extender de manera solidaria -con fundamento en distintas normas de la
Ley de Sociedades- la responsabilidad a los socios, administradores y directores de las
sociedades comerciales, por las obligaciones laborales que éstas asumen con sus trabajadores
en relación de dependencia.
Concretamente, a partir del año 1997 se sucedieron una gran cantidad de fallos
judiciales que sentaron la doctrina de que, en los casos en los cuales se verifica la existencia
de irregularidades registrales (relación laboral no registrada, fechas de ingreso postdatadas,
registro del trabajador en una categoría inferior a la realmente detentada, etc.) con todos los
perjuicios que ello trae aparejado tanto a los trabajadores, como a los organismos de seguridad
social y al resto de la comunidad, corresponde extender solidariamente la responsabilidad
derivada de la actuación ilegítima del ente societario a los socios, directores y/o
administradores que hubieran permitido ese accionar, con fundamento en los arts. 54, 59 y 274
de la ley 19.550.
Dicha corriente jurisprudencial fue acogida asimismo por una no menos considerable
serie de doctrinarios, quienes aplaudieron la solución que en un primer momento consagraran,
en ese sentido, alguna de las salas de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo. No
obstante ello, una corriente minoritaria se mostró reacia a admitir la aplicación en sede laboral
de normas elaboradas en el ámbito del Derecho Comercial, sobretodo en aquellos supuestos
en los cuales se pretendía extender la responsabilidad a los socios de la persona jurídica
empleadora con fundamento en el art. 54 de la ley 19.550, pues prácticamente no se oyeron
voces que cuestionasen la posibilidad de extender la misma a los directores o administradores
de la sociedad por aplicación de los citados arts. 59 y 274 del mismo cuerpo legal.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación, si bien dictó varios pronunciamientos sobre
la materia, adoptando posturas en ambos sentidos, no contribuyó a aclarar la cuestión, en tanto
no fijó una doctrina clara ni contundente sobre el fondo de la cuestión, pues en todos los casos
se limitó, bien a sostener que no correspondía la extensión de responsabilidad por que no se
habían acreditado suficientemente los presupuestos prescriptos por las normas referidas, bien
a confirmar la extensión de responsabilidad por considerar que, en el caso que le tocaba fallar,
las conclusiones de la Cámara no habían sido desvirtuadas suficientemente por los
argumentos del recurrente. Empero, tanto de algunas consideraciones del Procurador –a cuyos
dictámenes adhirió el Alto Tribunal en todos los casos- como de los votos de algunos
magistrados que votaron en disidencia, se advierte la existencia de una posición restrictiva que
1
VAZQUEZ VIALARD, Antonio. “Visión desde el Derecho del Trabajo, de la teoría de la desestimación de la persona
jurídica y de la responsabilidad de los administradores del ente social”. Revista de Derecho Laboral. Rubinzal-Culzoni. T.
2001-I. Pág. 206.
1
tiende a limitar la aplicación de las disposiciones legales referidas en materia laboral. Aunque,
vale aclararlo, todos los precedentes en cuestión fueron dictados por la anterior integración de
la Corte Nacional, dato que refuerza la inteligencia de que, al menos en este tópico, su postura
no nos otorga una pauta interpretativa válida para determinar cuál es la solución jurídica
correcta para este tipo de controversias.
Posteriormente, el debate adquirió nuevas aristas, dado que también surgieron distintas
interpretaciones en torno a la oportunidad y vías procesales por las cuales debía perseguirse la
extensión de responsabilidad en aquellos supuestos en los cuáles los socios, administradores o
directores no hubiesen sido demandados originariamente.
2
un instrumento técnico jurídico que se hallaba plenamente justificada en esos supuestos de
riesgo extremo.5 En otras palabras, la limitación de responsabilidad fue concebida como un
medio para alcanzar determinados objetivos y no como un fin en sí mismo.
Mas con el tiempo la excepción pasó a convertirse en regla y se pretendió transformar el
medio en fin. En efecto, la obtención del beneficio de la responsabilidad limitada no es en
nuestros días tan excepcional como lo fue en sus orígenes.6, sino que se ha convertido en
moneda corriente y se ha generalizado la tendencia de recurrir a los tipos societarios de
responsabilidad limitada con el objeto de acotar la responsabilidad de los socios y no con el de
realizar actividades económicas de envergadura. Basta con redactar un estatuto como se debe
y recurrir sólo a un hombre de paja o testaferro para gozar del beneficio de la limitación de
responsabilidad, el cual, por obviedad, se ha erigido en el móvil fundamental en la constitución
de sociedades, desplazando así al fin originario (la necesidad de concentrar capitales). 7
La facilidad con que la legislación permite actualmente constituir sociedades de
responsabilidad limitada ha facilitado la constitución de sociedades infracapitalizadas desde su
origen8, creadas no ya para afrontar negocios riesgosos sino para liberarse de responsabilidad
personal por la actuación –muchas veces ilícita o fraudulenta- que se hace llevar a cabo a la
sociedad como sujeto jurídico diferenciado.
Tales sociedades constituyen –en palabras de Nissen- una burda caricatura de lo que
debe entenderse por sociedades anónimas y se convierten en instrumentos de fraude para los
terceros, cuya protección, debe ser prioritaria en toda legislación que reglamente el
funcionamiento de las sociedades comerciales, desde que el carácter se sujeto de derecho que
la ley confiere a las sociedades no es más que un mero recurso instrumental en beneficio de
los terceros que contratan con la sociedad.9
Refiriéndose a esta fenómeno del abuso del medio instrumental de la limitación de
responsabilidad, que se extendió por todo el mundo, el jurista español Jiménez de Asúa decía
ya en 1934: “Hace sesenta años el español de presa, ansioso de despojar a otro de su fortuna
o de sus ahorros, se echaba al monte, con clásico calañé y trabuco naranjero, escapando de
sus perseguidores a lomos de jaca andaluza. Hoy crea sociedades, desfigura balances, simula
desembolsos y suscripciones y, montado en la ignorancia de fiscales y magistrados, escapa
sobre el cómodo asiento de su automóvil”.10
Por su parte, el reconocido historiador y escritor uruguayo Eduardo Galeano agrega que
esta modalidad de crear sociedades ficticias forma parte de “el mundo al revés”, en el cual nos
hallamos atrapados por “…las reglas de juego de un sistema donde el éxito justifica los medios
que lo hacen posible, por sucios que sean: las trampas contra el fisco y contra el prójimo, la
falsificación de balances, la evasión de capitales, el vaciamiento de empresas, la invención de
sociedades anónimas de ficción, las subfacturaciones, las sobrefacturaciones, las
comisiones fraudulentas”.11
5
Idem. Pág. 2.
6
NISSEN, Ricardo Augusto. “El transvasamiento de sociedades”. Revista La Ley. T. 1994-E, pág. 400.
7
Idem.
8
La creación de sociedades infracapitalizadas es consecuencia de la disposición del art. 186 de la ley 19.550, que permite crear
una sociedad anónima con un capital mínimo de $12.000, que en la mayoría de los casos no guarda proporción alguna con los
montos de las deudas que asume la sociedad.
9
NISSEN, Ricardo A. “Un magnífico…”cit.. Págs. 2/3. En idéntico sentido, ALVAREZ, Eduardo, “El artículo 54 de la ley
19.550, la responsabilidad solidaria de los socios y un debate inexplicable”. Revista de Derecho Laboral. Rubinzal-Culzoni.
T. 2001-I. Pág. 253.
10
JIMENEZ DE ASUA, Luis, citado por MARTORELL, Ernesto Eduardo. “Nuevos estudios societarios. Responsabilidad
solidaria de directores y socios de sociedades anónimas por fraude laboral”. Revista La Ley. T. 1999-F. Pág. 835.
11
GALEANO, Eduardo. “Patas Arriba. La Escuela del mundo al revés”. Ed. Catálogos. Buenos Aires. 2003. Pág. 154.
3
A su turno, la doctrinaria y jueza del trabajo Diana Cañal describe este fenómeno
afirmando que han proliferado los casos de “…personas físicas que operan ilícitamente,
buscando escurrirse detrás de la limitación de responsabilidad, o disolviendo la sociedad en
otras que no son más que ella misma, licuando sus capitales o esfumándose en el aire, en un
intento por eludir toda obligación…”.12
En definitiva, cabe señalar que el tiempo y las corruptelas llevaron a propiciar un sistema
que, lejos de solucionar los problemas, alentó los fraudes 13, realidad innegable frente a la cual
el Derecho, encauzando esa nueva realidad, arbitró una solución destinada a evitar los abusos
y a garantizar el funcionamiento lícito y legítimo de las sociedades comerciales, consideradas
herramientas básicas para el funcionamiento del sistema económico. Esa solución no es otra
que la consagración de la teoría de la inoponibilidad de la personalidad jurídica y el
descorrimiento del velo societario.
12
CAÑAL, Diana. “La teoría de la penetración o el problema de la verdad”. Revista La Causa Laboral. Año II. N° 7.
Noviembre de 2002. Pág. 9.
13
CAÑAL, Diana. Op. Cit.. en nota 2.. Pág. 1194.
14
CAÑAL, Diana. Op. Cit. en nota 2. Págs. 1200 y ss..
4
neutralidad, el concepto jurídico de persona facilita la consecución de situaciones adversas a
las normas que lo constituyen y confieren su fundamento. 15
Sea que se haga mención a la penetración, el descorrimiento del velo, la inoponibilidad
de la personalidad, el abuso de la forma societaria, el disregard, etc., lo cierto es que en todos
los casos nos estamos refiriendo al instrumento al que el Derecho recurre para evitar el uso
indebido e ilícito del ente societario y la limitación de responsabilidad, mediante el cual se
procede a imputar a los socios o directores responsables, las consecuencias dañosas
derivadas de ese uso indebido. Lo que se persigue no es eliminar ni anular la sociedad, que
puede continuar funcionando como sujeto de derecho con todas sus prerrogativas, sino solo
imputar los actos ilícitos que se atribuyeron a aquélla, a los socios que los realizaron o
consintieron. No se trata, pues, de hacer desaparecer al sujeto, sino de imputar la relación
jurídica de que trate (acto ilícito dañoso) a otro u otros sujetos (socio, director, controlante,
etc.), quienes, por haber actuado ilícitamente, deberán responder solidariamente con la
sociedad frente a los terceros perjudicados por ese indebido accionar. 16
Basada en este razonamiento, la doctrina del “corrimiento del velo societario” ha sido
permanentemente aplicada en diversos países al menos durante los últimos treinta y cinco
años. Incluso, se aplica desde hace largo tiempo, y con más frecuencia de lo que suele afirmar,
en la mayoría de los estados de Estados Unidos.17
En nuestro país, la misma ha sido aplicada por la jurisprudencia desde hace mucho
tiempo, en materia civil, comercial y tributaria 18, hasta que fue finalmente consagrada en la Ley
de Sociedades por la reforma introducida por ley 22.903, en el año 1983. 19 También fue
ocasionalmente aplicada en materia laboral 20, aplicación que, como vimos, se ha generalizado
en los últimos años.
5
mayor acierto de una ley ejemplar, como lo es la ley 22.903.21 Otro comercialista –Fargosi-
elogia la introducción de dicha norma en la ley de sociedades, señalando que, desde una
vertiente ética, se adecua jurídicamente a la razón misma del reconocimiento de la
personalidad, que no puede servir para violentar lo que constituye el objeto genérico y
abstracto de las sociedades comerciales.22
El art. 59 de la ley 19.550, por su parte, dispone: “Los administradores y los
representantes de la sociedad deben obrar con lealtad y con la diligencia de un buen hombre
de negocios. Los que faltaren a sus obligaciones son responsables, ilimitada y solidariamente,
por los daños y perjuicios que resultaren de su acción u omisión”.
Esta norma consagra la responsabilidad de los administradores y representantes (que
no necesariamente deben ser socios) de la sociedad por los daños derivados del
incumplimiento de sus obligaciones, fijando una pauta genérica de conducta a la cual los
mimos deben sujetarse.
Finalmente, el art, 274 del mismo cuerpo legal prescribe, en su primer párrafo lo
siguiente: “Los directores responden ilimitada y solidariamente hacia la sociedad, los
accionistas y terceros, por el mal desempeño de su cargo, según el criterio del art. 59, así
como por violación de la ley, el estatuto o el reglamento y por cualquier otro daño producido por
dolo, abuso de facultades o culpa grave”.
En los párrafos siguientes, la norma establece como deberá fijarse la responsabilidad
individual de los directores, cuando hubiera más de uno, y especifica la única posibilidad que
tiene el director de eximirse de responsabilidad: dejando constancia escrita de su oposición a la
resolución o deliberación de que se trate con anterioridad a que su responsabilidad se
denuncie al síndico, la asamblea o a la autoridad administrativa o judicial. Esta norma, prevista
para los directores de las sociedades anónimas, resulta aplicable asimismo a los gerentes de
las sociedades de responsabilidad limitada (art. 157, ley 19.550).
6
al mero “incumplimiento de las obligaciones” del administrador y el art. 274, si bien se refiere a
daños provocados por dolo o culpa grave, también hace referencia al “abuso de facultades” y
responsabiliza asimismo a los directores por el simple “mal desempeño del cargo”. Es decir
que, en todos los supuestos, si bien puede existir conducta subjetivamente reprochable del
socio, administrador o director del ente societario, las normas no requieren la acreditación de
esos factores para atribuirles la responsabilidad, bastando con la existencia de nexo causal
entre su accionar y el daño ocasionado al tercero para que aquellos se vean obligados a
responder directa y solidariamente. El factor de atribución de responsabilidad es, entonces,
indudablemente, de carácter objetivo. Ello no resulta extraño si se advierte que la sanción –
inoponibilidad del beneficio de la limitación de la responsabilidad- funciona en un caso concreto
a favor de los terceros perjudicados y solo contra los socios involucrados en la actuación ilícita,
sin que la personalidad diferenciada de la sociedad sufra mengua alguna.
En este sentido, en un reciente fallo enrolado en la corriente que considera aplicable las
referidas normas en materia de reclamos laborales, se ha sostenido que “ si bien puede ser
difícil demostrar que la sociedad fue utilizada con el fin de no cumplir o violar la ley, no es
necesaria la prueba de la intencionalidad de utilizar la sociedad para que las obligaciones
pendientes resulten imputables al socio responsable, que deberá hacer frente con su
patrimonio a las mismas cuando, objetivamente, las conductas perjudiciales e ilegales son
manifiestas, como en este caso en que se abonaba la remuneración parcialmente en forma
clandestina…”. 23
Entre los autores, ha sostenido Estela Ferreirós que en el ámbito del Derecho del
Trabajo, el trabajador no está obligado a probar la intención fraudulenta del empleador y es
conteste la doctrina en que, a los efectos de la penetración o el corrimiento del velo societario,
es suficiente la prueba del hecho violatorio del derecho, sin que sea necesaria la producción de
pruebas de la intencionalidad del acto. Ello así, pues existe un vicio en la causa fin del acto
jurídico, que lo lleva al terreno de la ineficacia y la consecuente inoponibilidad a los terceros. 24
Otra consecuencia importante es que, siendo que la responsabilidad de los socios o
directores es “solidaria e ilimitada”, rigen los principios básicos de la solidaridad pasiva
prescriptos en los arts. 699 y sig. del Código Civil. De ello se desprende el tercero acreedor
puede reclamar el pago del crédito íntegramente a todos los socios o directores involucrados o
a cualquiera de ellos, sin que ninguno de éstos pueda ampararse en la posesión societaria
parcial para pretender responder en proporción a la misma. Asimismo, el tercero acreedor no
está obligado a agotar las posibilidades de cobrar su crédito a la sociedad para luego ir contra
los socios, pues no estamos frente a una relación de garantía, sino frente a un caso de
solidaridad pasiva de fuente legal, razón por la cual, aquél puede perfectamente reclamar la
totalidad de su acreencia a cualquiera de los socios responsables sin necesidad de agotar las
posibilidades de cobrar la misma de la sociedad. 25 Este criterio ha sido receptado
recientemente en un excelente fallo de la Sala III de la C.N.A.T., en el cual –con fundamento en
el art. 274 de la ley 19.550- se confirmó la sentencia por la cual se había condenado al socio y
presidente del directorio de una sociedad anónima por las obligaciones de ésta, aun cuando el
actor había desistido de la demanda contra la sociedad empleadora. 26 Solución que se
corresponde con lo que expresamente establece el art. 705 del Código Civil, tal como –en
23
C.N.A.T., sala VI en autos “Ferriello, Rodrigo Alejandro c/ Porteños S.R.L. y otros s/ despido”, sent. del 9/2/2005. Voto del
Dr. Capón Filas. Publicado en Argentina jurídica (www.argentinajurídica.com). Suplemento laboral 11/05.
24
FERREIROS, Estela M. “La responsabilidad de los directores de sociedades anónimas y las obligaciones resultantes del
contrato de trabajo”. Revista Doctrina Laboral. Errepar. T. XVII. Pág. 649.
25
ALVAREZ, Eduardo. Op. Cit.. Págs. 257/258.
26
C.N.A.T., sala III, in re“Espina, Nicolás c/ Transportes Avenida Bernardo Ader S.A. y otro”, del 30/8/2006. Voto de la
jueza Porta al que adhirió el juez Guibourg. El camarista Eiras votó en disidencia en este punto.
7
relación a un supuesto distinto de solidaridad de las obligaciones laborales, pero cuyos
fundamentos resultan aplicables al caso- lo ha establecido la propia C.N.A.T., en pleno, en el
reciente fallo plenario “Ramírez”.
8
de aquella, con fundamento en los arts. 54, 59 y 274 de la Ley de Sociedades. La Cámara
revocó la sentencia de primera instancia que había rechazado la pretensión, por considerar que
como consecuencia del “fantasmagórico recurso de hacer desaparecer la sociedad”, la
acreencia judicialmente reconocida al trabajador se había vuelto de irrealizable materialización.
Luego, resultando imputable ese accionar a los demandados, los condenó al pago de ese
crédito en su calidad de directores y con fundamento en los arts. 59 y 274 de la ley 19.550.
Asimismo, afirmó la Cámara que, habiéndose acreditado la responsabilidad de los accionados
en su calidad de directores, resultaba abstracto pronunciarse sobre la procedencia de la
condena en base al art, 54 de la Ley de Sociedades, en tanto por esa vía se perseguía el
mismo propósito que el que se había alcanzado, es decir, la responsabilidad ilimitada y
solidaria de aquéllos.
Es más, incluso aquellos autores que, como veremos más adelante, se oponen a la
aplicación de la teoría de la inoponibilidad de la personalidad de las sociedades receptada en el
art. 54 de dicha ley en las causas laborales, admiten la responsabilidad solidaria de los
directivos y representantes en ese tipo de litigios.
En esa línea, Vázquez Vialard, comentando las disposiciones de los arts. 59 y 274,
afirma que la responsabilidad solidaria se justifica en razón de que los administradores y
directores tienen a su cargo la gestión de los negocios, y porque a través de ellos se expresa la
voluntad social. Consecuentemente –continúa- si en la gestión del negocio incurren en culpa
grave29, deben responder, entre otros, ante el tercero (que puede ser un trabajador
dependiente) que como consecuencia del incumplimiento sufre un daño. Esa obligación,
sostiene, se genera en situaciones que, con frecuencia, se plantean a raíz de la relación
laboral, entre las que menciona a la falta de pago en término de los salarios, la falta de
inscripción de la relación laboral y el llamado pago “en negro”. 30
En el mismo sentido, Fernando Varela, tras oponerse a la posibilidad de que se condene
a los socios de la sociedad empleadora con fundamento en el art. 54 de la ley 19.550, afirma
que, de conformidad al art. 274 del mismo cuerpo legal, resultaría posible sancionar al
presidente de la sociedad por una “contratación en negro” si se dieran los requisitos que la ley
exige para ello. De tal manera, comentando un fallo de la C.N.A.T. que había dejado entrever la
posibilidad de aplicar el citado art. 54, cuestiona esa postura, pero afirma que la sanción al
presidente del directorio no resultaba extralimitada como si lo hubiese sido, en su opinión, una
eventual condena a los socios.31
La misma postura pareció haber adoptado el ex-camarista Horacio De la Fuente, quien
tras adherir a un voto de su por entonces colega de la sala VI de la C.N.A.T., Rodolfo Capón
Filas, que había propuesto la condena del socio gerente de una S.R.L. con fundamento en el
art. 54 de la ley 19.550 (solución que, agregó, se veía reforzada por lo establecido en el art.
274), aclaró que, en su opinión, la responsabilidad solidaria del mismo procedía por aplicación
del art. 274, pues no correspondía la aplicación del art. 54. 32
Las opiniones expuestas son suficientes para demostrar que prácticamente no existen
discrepancias doctrinarias y jurisprudenciales en orden a que resulta procedente condenar
solidariamente a los administradores o directores por los incumplimientos laborales de la
29
No comparto la opinión de que sea imprescindible la existencia de “culpa grave”, pues, como sostuve más arriba, el art. 59
no requiere tal factor de atribución, mientras que el 274, si bien la incluye expresamente, también responsabiliza al director por
el “mal desempeño del cargo” y por el daño derivado de “abuso de facultades”.
30
VAZQUEZ VIALARD, Antonio. Op. Cit.. Pág. 242.
31
VARELA, Fernando. “El corrimiento del velo societario. La interpretación a contrario sensu del fallo Duquelsy c. Fuar”.
Revista La Ley. T. 1999-D. Págs. 955/956.
32
C.N.A.T., sala VI en autos “Ferriello, Rodrigo Alejandro c/ Porteños S.R.L. y otros s/ despido”, sent. del 9/2/2005, citado en
nota 23.
9
sociedad que puedan se imputados a su accionar, como pueden ser la falta de registración
laboral u otros incumplimientos contractuales. Es que, en definitiva, nadie en su sano juicio
podría sostener seriamente que la conducta del director o administrador que consintió que no
se registraran las relaciones laborales de los dependientes de la sociedad o que se les pagara
el salario “en negro”, fuese compatible con la de un “buen hombre de negocios”, como
requieren los arts. 59 y 274 de la ley 19.550.
Ahora bien, la condena a administradores o directores no constituye, en sentido estricto,
una aplicación de la teoría de la desestimación de la personalidad jurídica de la sociedad, sino
la responsabilidad proveniente de la función dirigencial o ejecutiva que se deriva del cargo
jerárquico que éstos ocupan. Cuando se trata de responsabilizar a los socios, por aplicación del
art. 54 de la ley 19.550, las opiniones empiezan a dividirse.
33
Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo. Sala III. 9/5/1973. Publicado en Derecho del Trabajo 1974-67.
34
Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo. Sala II. 31/7/1973. Publicado en Trabajo y Seguridad Social 1-620, con nota
de Antonio VAZQUEZ VIALARD.
35
Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo. Sala III. Sentencia n° 73.685, del 11/4/1997. Publicada en Revista Trabajo y
Seguridad Social. T. 1999-667.
10
En ese caso, se había acreditado que la sociedad empleadora incurría en la práctica de
no registrar ni documentar una parte del salario efectivamente convenido y pagado al
trabajador. Ese accionar –sostuvo la Cámara- constituye un típico fraude laboral y previsional
que tiene por objeto disminuir en forma ilegítima la incidencia del salario normal en las
prestaciones complementarias o indemnizatorias y en los aportes al sistema de seguridad
social. Además, señaló que esa conducta disvaliosa perjudicaba: a) al trabajador, que se veía
privado de esa incidencia, con todo lo que ello trae aparejado; b) al sector pasivo, que
resultaba víctima de la evasión y c) a la comunidad empresarial, en cuanto la disminución
ilegítima de los “costos laborales” ponía al empresario fraudulento en mejor condición para
competir en el mercado respecto de la que gozaban los empleadores respetuosos de la ley.
Luego, tras recordar el texto del art. 54 de la ley 19.550, sostuvo el Dr. Guibourg, juez
preopinante en el citado precedente que “No podría decirse que el pago en negro encubre en
este caso la consecución de fines extrasocietarios, puesto que el principal fin de una sociedad
comercial es el lucro, pero sí que constituye un recurso para violar la ley (las normas antes
citadas), el orden público (el orden público laboral expresado en los arts. 7, 12, 13 y 14 de la
L.C.T.), la buena fe (que obliga al empresario a ajustar su conducta a lo que es propio de un
buen empleador, art. 63 L.C.T.) y para frustrar derechos de terceros (a saber, el trabajador, el
sistema provisional, los integrantes del sector pasivo y la comunidad empresarial, según ya se
ha indicado…”.36 En virtud de ello resolvió el tribunal aplicar el art. 54 de la ley 19.550 y, con
fundamento en esa norma, extendió la responsabilidad solidariamente a los socios
codemandados.
Finalmente, el tribunal efectuó una aclaración que considero más que pertinente, al
sostener que no obstaba a esa solución el hecho de que la trabajadora no hubiera trabajado
para los socios condenados, en tanto la demanda contra ellos no se fundaba en un inexistente
contrato de trabajo con los mismos, sino en “…la responsabilidad de ellos por los hechos y las
deudas de la sociedad cuando se aplica a ésta la cláusula de la desestimación de la
personalidad prevista en el art. 54 de la ley 19.550”.
Con posterioridad a ese leading-case, el mismo Tribunal aplicó reiteradamente esta
doctrina en numerosos casos y más adelante, la misma se extendió a casi todas las salas de la
Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo.37
Esta posición fue compartida asimismo por diferentes tribunales del país. Así, la Sala
Laboral del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba ha resuelto en reiteradas ocasiones
extender la condena en sede laboral ilimitada y solidariamente a los socios de la .S.R.L. con
36
Idem.
37
Así, entre muchos otros, cabe mencionar los siguientes precedentes de la C.N.A.T.: sala I “Puente, Graciela c/ Djivelekian,
Ohanes y otros”, del 29/2/2000 y “Tamone, Héctor c/ Container Leasing S.R.L. y otros s/ Despido”, del 14/12/2004; sala III:
“Vidal, Miguel Santos c/ Mario Hugo Azulay y Asociados y otro s/ Despido” del 23/9/1997; “Duquelsy, Silvia c/ Fuar
S.A. y otro s/ Despido”, del 19/2/1998; “Luzardo, Natalia Verónica c/ Instituto Oftalmológico S.R.L. y otros s/
Despido” , del 17/12/1998, “Cingiale, María Celia y otro c/ Polledo Agropecuaria S.A. y otros s/ Despido” , del
2/3/1999; “Pizzarelli, Liberto c/ Técnica Toledo SRL s/ despido”, del 23/8/2002 y “Rosengurten, Ludmila c/ Cabildo
1168 SRL s/ Despido”, del 20/5/2002; sala V: “Bernárdez, Carlos Osir y otros c/ Caras S.R.L. y otros”, del 31/5/2000,
“Albanese, Roberto c/ San Juan 4001 S.C.S y otros s/ Despido”, sent. del 20/5/2002; sala VI: “Miguez, Gabriel O. c/ Gordon
Juan C.”, del 28/2/2000; “Mason, María C. c/ Show del Pollo S.R.L. y otro”, del 2/2/2001; “Sánchez, Roberto c/ Cemefe y
otro s/ despido”, del 8/4/2002 y “Ferriello, Rodrigo Alejandro c/ Porteños S.R.L. y otros s/ despido”, sent. del 9/2/2005; sala
VII: “Lencinas, José F. c/ Intercambio S.R.L. y otros”, del 7/8/2000; “Díaz, Ricardo c/ Distribuidora Norte S.A. y otros s/
despido”, del 6/9/2001 y “Aznarez Chiana, Carlos c/ Editorial Perfil S.A. y otros s/ Despido”, del 8/7/2002; sala IX:
“Kacenselson, Raúl Fernando c/ Bimeda y otros s/ Despido”, del 20/5/1998; sala X: “Pallero, Mónica c/ Ed. Ser S.A. y
otro”, del 30/6/1998;“Colear, Sergio c/ Froigorífico La Nona S.R.L.. s/ despido”, del 20/9/2000; “Díaz, Leonardo c/
Exportadora S&V S.A.”, del 29/5/2003.
11
fundamento en el art. 54 de la Ley de Sociedades. 38 También lo hicieron varios Tribunales del
Trabajo de la Provincia de Buenos Aires. 39
12
54, no se debe aplicar la solución allí prevista (responsabilidad de los socios) por la “razón” de
que la mayoría de las sociedades incurren en esos incumplimientos. 41 Finalmente, Varela pone
énfasis en tratar de demostrar la “peligrosidad” que implicaría consagrar la responsabilidad de
los socios por este tipo de hechos o por otras “causales de cierta nimiedad”.42
Similar postura “peligrosista” se ha sostenido en un artículo recientemente publicado por
Miguel E. Rubín. Sostiene ese autor que los fallos de la C.N.A.T. que comentáramos “siguiendo
la discutible técnica judicial que proponían las demandas, combinaron sin ton ni son lo
normado por el art. 54 de la Ley de Sociedades con la Ley de Contrato de Trabajo…y hasta
con el Código Civil…” (sic) llegando a condenar a los socios “sobre la base de una inapropiada
combinación de normas jurídicas”. Luego, descalificando la enorme cantidad de fallos que
adoptaran ese criterio señala que “esas sentencias sirvieron de adalid a la industria del pleito
laboral para impulsar los reclamos más disparatados”. Finalmente, tras efectuar una serie de
jurídicamente erróneas consideraciones acerca del fraude laboral y otros supuestos de
responsabilidad solidaria, concluye afirmando que “si los tribunales laborales…insisten en
emplear a diestra y siniestra la línea Dukelsky sin importar el contexto fáctico, lo único que
harán será ahuyentar a los directivos probos, fomentar más sociedades fantasmas y más
socios y directores “de paja…”.43
Entiendo que opiniones como las citadas son sumamente representativas del escaso
basamento científico de la posición doctrinaria que estima inaplicable el art. 54 en materia de
obligaciones laborales, desde que los argumentos que brindan no son ni por asomo suficientes
para desactivar el indudable encuadramiento de esas situaciones fácticas en los supuestos
tipificados por la norma. Antes bien, el dogmatismo y la falta de argumentación jurídica que se
desprende de algunas de las afirmaciones que transcribimos pareciera demostrar que esa
posición trasluce la defensa de intereses sectoriales por sobre los de índole estrictamente
jurídicos, para no mencionar que desconocen groseramente la teoría general del Derecho del
Trabajo.
13
Entre los comercialistas, Nissen –cuya autoridad en la materia, como dice Martorell 44, no
parece razonable discutir- celebra la aplicación de la teoría de la desestimación en materia de
incumplimientos laborales de la sociedad con sus trabajadores dependientes, afirmando que la
tendencia predominante en la jurisprudencia del fuero laboral “sorprende gratamente”. Luego,
refutando las críticas de las teorías “tremendistas” afirma que “El fallo no es peligroso para el
comercio ni abre ninguna caja de pandora. Tampoco desalentará la constitución de sociedades
anónimas, a pesar de que, con toda seguridad, será objeto de las críticas de siempre por parte
de quienes, invocando la separación a ultranza del patrimonio de la sociedad del patrimonio de
los socios que la integran sostienen a rajatabla y sin excepciones el principio de la limitación de
la responsabilidad de los accionistas, olvidando que el carácter de sujeto de derecho que la
ley le confiere a las sociedades es un mero recurso instrumental en beneficio de
terceros que han contratado con la sociedad”45. Ergo, cuando esos terceros (en el caso, los
trabajadores dependientes) se ven perjudicados por la actuación ilícita del ente, el recurso
técnico debe se dejado de lado.
El propio Martorell refiere que los fallos que resolvieron aplicar el art. 54 y
responsabilizar a los socios por las deudas laborales de la sociedad “…no pueden sino ser
bien vistos, no sólo por la justicia intrínseca del resultado arribado en la causa, sino… porque
implican una apertura de los magistrados del Trabajo hacia otras áreas del derecho con las
cuales el fuero laboral siempre debió de actuar en interrelación cuando la situación lo hacía
menester, como el derecho mercantil”.46
Continúa el citado autor afirmando que la tendencia judicial a que venimos haciendo
referencia rompe con el predominio de la visión esclerosada de algunos jueces e interesada de
no pocos comercialistas que ven a la sociedad como una ciudadela inexpugnable por sobre el
dato exhibido por la realidad negocial y de los tribunales, que revela el verdadero y creciente
abuso del instituto societario para dejar un tendal de deudas incobrables. 47
Finalmente, despejando el fantasma del peligro para la institución societaria que
implicaría –de conformidad con los argumentos “peligrosistas”- la aplicación generalizada del
art. 54 en materia laboral, afirma Martorell que la desestimación de la personalidad societaria
en los casos que corresponda no implica negar la personalidad societaria, pues, por el
contrario, quienes la niegan son los directores y los controlantes que se abusan de ella y los
magistrados que lo convalidan sobre la base de hipotéticos y erróneos criterios de prudencia,
mientras que quienes se oponen a ese tipo de medidas no hacen más que afirmar la
personalidad. Esa actitud de “prudencia” y de “aplicación restrictiva” que pregonan algunos
autores –concluye- tiene “fascinados a los estafadores”. 48
Desde el Derecho del Trabajo no son menos prestigiosas ni numerosas las voces que
comparten esta visión.
En esa línea, Eduardo Alvarez afirma que el debate sobre si corresponde aplicar o no la
teoría de la desestimación del art. 54 de la Ley de Sociedades en materia laboral resulta
inexplicable y parece suscitarse en inadmisibles posturas interesadas o corporativas que los
juristas no deberían atender, y se pregunta porqué la ilicitud laboral habría de estar excluida del
supuesto de solidaridad allí reglado, es decir, por qué la figura societaria es inoponible, en su
violación a la ley, a todos aquéllos que no estén vinculados por contratos de trabajo. 49
44
MARTORELL, Ernesto E. Op. Cit.. Pág. 839.
45
NISSEN, Ricardo Augusto. “Un magnífico fallo…” cit. Pág. 4. La negrita es mía.
46
MARTORELL, Ernesto E. Op. Cit.Pág. 833.
47
Idem, Pág. 836.
48
Idem. Pág. 843.
49
ALVAREZ, Eduardo. Op. Cit. Pág. 252.
14
También él critica la actitud de “prudencia” en la utilización del instituto que requieren
ciertos doctrinarios, que pretenden convertir a la sociedad en una especie de dios a cuyos pies
hay que sacrificar los presupuestos más básicos y elementales de la responsabilidad
patrimonial. No se alcanza a comprender- agrega- por que es mas riesgoso cumplir con una
norma de sustento valorativo que utilizar la figura societaria para llevar a cabo conductas ilícitas
que benefician indebidamente a los socios, perjudican a los trabajadores como acreedores de
sumas alimentarias e implican un abuso de la limitación de responsabilidad. 50
Categóricamente sentencia que “ante la claridad de la norma no resta especio
interpretativo alguno para sostener su inaplicabilidad frente al acreedor laboral, que, por
otra parte, goza de innegable tutela constitucional”.51 Luego, sería inadmisible no
responsabilizar a los socios en casos de trabajo “en negro”, adulteración de fecha de ingreso o
instrumentación parcial de la remuneración percibida, porque no es posible inferir que se creyó
que era lícito proceder de tal forma.
También comparte esta posición Diana Cañal, quien refuta la interpretación de que la
norma no sería aplicable en materia de irregularidades registrales por la razón de que tal acto
no lleva aparejado un “fin extrasocietario”. 52 Con claridad explica la autora citada que una
interpretación gramatical de la redacción de la norma demuestra que son tres las hipótesis que
permitirían extender la condena a los socios: 1) que la actuación de la sociedad encubra fines
extrasocietarios; 2) que esa actuación constituya un mero recurso para violar la ley, el orden
público o la buena fe; 3) que dicha actuación constituya un mero recurso para frustrar derechos
de terceros. Verificado que una conducta fáctica encuadra en cualquiera de esos supuestos, la
condena a los socios resulta procedente.53
Afirma Cañal que el supuesto contemplado por el art. 54 es el de una sociedad
regularmente constituida y con un objeto lícito que en su actuación concreta termina
encubriendo fines extrasocietarios o violando derechos de terceros, como bien puede ser el
caso del lucro indebido logrado a través de un trabajador “en negro”.
Explica que la norma capta el fenómeno de la “actuación” de la sociedad y no de su
constitución o funcionamiento permanente, como han sostenido algunos autores forzando el
texto de la misma. Eso se verifica con solo recordar que la constitución de una sociedad de
objeto ilícito, está regulada por el art. 18 de la ley 19.550, que la sanciona con la nulidad
absoluta, mientras que el caso de la sociedad de objeto lícito pero que desarrolla
permanentemente una actividad ilícita, está receptado en el art. 19 del mismo cuerpo legal, que
preveé para ese caso la disolución y liquidación del ente colectivo.
Por nuestra parte, coincidimos con las opiniones citadas en este apartado, afirmando
con Alvarez que, ante la claridad de la norma y la inexistencia de argumentos jurídicos serios
que contradigan su aplicación, no hay espacio para una interpretación diferente.
El art. 54 permite desestimar la personalidad jurídica y responsabilizar a determinados
socios cuando su conducta ha sido la causante de la actuación de la sociedad que encubra
fines extrasocietarios, viole el orden público o frustre derechos de terceros, sin que se advierta
que esa conducta sería perjudicial para las sociedades en general, desde que solo se consagra
la inoponibilidad de un beneficio a determinados socios, conservando el ente societario toda su
50
Idem. Pág. 256. Alvarez, cuestiona duramente –con razón- la postura sentada por Varela en el artículo que comentáramos.
51
Idem. Pág. 255.
52
No comparto la opinión –sentada en muchos de los fallos dictados a partir de “Delgadillo Linares”, de que el pago “en
negro” o los incumplimientos registrales no encubren fines extrasocietarios, en tanto el fin de la sociedad es el lucro. Entiendo
que el lucro no es el fin de la sociedad comercial como ente jurídico. Por el contrario, como reza el art. 1 de la ley 19.550, el
fin de toda sociedad comercial es la producción o el intercambio de bienes o servicios. Luego, en mi criterio, si la sociedad es
“actuada” por los socios para incumplir con obligaciones laborales, estamos claramente en presencia de “fines
extrasocietarios”.
53
CAÑAL, Diana. “Desestimación de la forma...”.cit. en nota 2. Págs. 1197/1198.
15
virtualidad. Luego, solo podrían oponerse a su aplicación aquellas personas que suelen incurrir
en este tipo de conductas, utilizando las sociedades como medios para enriquecerse
indebidamente a costa del cumplimiento de las normas y los derechos de los terceros. Ningún
riesgo existe para los socios y sociedades que cumplen estrictamente con sus obligaciones
laborales. Por el contrario, como lo han puesto de manifiesto varios de los fallos citados, las
sociedades que funcionan regularmente son las más interesadas en que se castigue
rigurosamente a las que se benefician indebidamente con el comportamiento ilícito, como
puede ser el lucro obtenido por la no registración de los trabajadores.
Por otra parte, no debemos incurrir en la confusión de mezclar los distintos supuestos
legales. Como vimos, en la Ley de Sociedades existen tres normas que regulan tres planos
diferentes de funcionamiento de la sociedad, con consecuencia jurídicas también disímiles para
cada uno de ellos: 1) Sociedad de objeto ilícito: es nula de nulidad absoluta (art. 18, ley
19.550); 2) Sociedad de objeto lícito con actividad (permanente) ilícita: debe ser disuelta y
liquidada (art. 19, ley 19.550); 3) Sociedad con objeto y actividad lícitos que actúa en un caso
concreto encubriendo fines extrasocietarios o es utilizada para violar la ley o frustrar derechos
de terceros: es inoponible, frente a los terceros afectados por esa actuación, el beneficio de la
limitación de responsabilidad, sanción que se aplica exclusivamente a los socios que hubieran
hecho posible la misma, conservando la sociedad todas sus características y normal
funcionamiento (art. 54, ley 19.550).
En consecuencia, resulta evidente que el art. 54 puede y debe ser utilizado para
alcanzar la responsabilidad de los socios a los cuales resulten atribuibles las maniobras
ilegítimas de la sociedad que redunden en perjuicio de terceros. Y si esa solución no se discute
respecto de los daños ocasionados a la generalidad de los terceros, no se advierte que exista
razón alguna que autorice a excluir del ámbito de aplicación de la norma a los terceros
trabajadores contractualmente vinculados con la sociedad que hayan sido dañados como
consecuencia del incumplimiento de las obligaciones laborales.
16
Por lo tanto, la desestimación de la personalidad jurídica de la sociedad, cuando se
verifican los requisitos que ameritan su actuación, se halla más justificada en el Derecho del
Trabajo que en cualquier otra disciplina jurídica, desde que el trabajador, en virtud de su
hiposuficiencia, es un sujeto especialmente tutelado por la Constitución Nacional y los Tratados
Internacionales de Derechos Humanos.
De allí que resulte cuanto menos contradictorio que se pretenda que la teoría de la
desestimación -cuya aplicación en materia comercial, ambiental o tributaria no se discute-
resulte inaplicable en materia laboral, cuando un análisis elemental nos lleva a concluir que si
esa herramienta está reconocida en la ley sin distinción alguna y además, puede ser invocada
por cualquier tercero no-trabajador, con mayor razón debe poder ser aplicada a favor de los
trabajadores en relación de dependencia, que gozan de un status normativo calificado
que no tienen el resto de los justiciables que no revisten esa condición.
No debe olvidarse, por otra parte, que cuando se pretende aplicar cualquier institución o norma
jurídica en el marco de un conflicto de índole laboral, éstas deben ser incorporadas de
conformidad con los principios específicos que rigen esta disciplina, algunos de los cuales
refuerzan la -a esta altura indiscutible- aplicabilidad del art. 54 en materia laboral. Al respecto,
en un fallo que hemos citado más arriba ha expresado la sala III de la C.N.A.T. que “No puede
perderse de vista que la finalidad protectoria que caracteriza al derecho del trabajo (conf. art. 14 bis CN.) resulta
claramente compatible con esta interpretación, pues la solidaridad así entendida proporciona al acreedor laboral,
al trabajador, una intensa garantía que hace posible la percepción de sus créditos en atención a la naturaleza
alimentaria de éstos”.54
En supuestos como el que orienta este debate asume principal entidad un principio
fundamental del Derecho del Trabajo como es el de la primacía de la realidad. Plá Rodríguez lo
enuncia así: “… en caso de discordia entre lo que ocurre en la práctica y lo que surge de
documentos y acuerdos, debe darse preferencia a los primero, es decir a lo que sucede en el
terreno de los hechos”.55
Cornaglia, por su parte, señala que –de conformidad con este principio- en el contrato de
trabajo los hechos deben ser observados tal como son y pese a los velos con los que se los
suele cubrir, lo que permite que en esta materia los jueces puedan relativizar o desactivar
formas probatorias determinantes en otros ámbitos del derecho. 56
No resulta difícil advertir que este principio –que no rige en todas las ramas del Derecho,
pero sí en la laboral- permite al juez descorrer o desactivar las formas jurídicas para ingresar
en la realidad de los hechos, lo que otorga una herramienta de suma utilidad, por ejemplo, para
imputar la responsabilidad por el incumplimiento de las obligaciones laborales de la sociedad a
los socios que la hubieran permitido y/o se hubiesen beneficiado con las consecuencias de ese
incumplimiento. Máxime cuando existe una norma que expresamente habilita la ruptura de la
forma para penetrar en la realidad, como el art. 54 de la ley 19.550.
Otro principio fundamental del Derecho del Trabajo que resulta definitorio para reforzar
la posición que venimos sosteniendo –y aunque su utilización no sería, en rigor, necesaria,
atento la claridad del texto del art. 54 de la ley 19.550- es el aquél que indica que en caso de
duda sobre el sentido que cabe otorgar a una norma, debe optarse por la interpretación que
resulte más favorable al trabajador.
El art. 9 de la Ley de Contrato de trabajo ha positivizado este principio en los siguientes
términos: “Si la duda recayese en la interpretación o alcance de la ley, los jueces o encargados
de aplicarla se decidirán en el sentido más favorable al trabajador”.
54
C.N.A.T., sala III, in re“Espina, Nicolás c/ Transportes Avenida Bernardo Ader S.A. y otro”, del 30/8/2006. Voto de la
jueza Porta al que adhirió el juez Guibourg.
55
PLA RODRIGUEZ, Américo. “Los principios generales del Derecho del Trabajo”. Ed. Depalma. Buenos Aires. 1977.
56
CORNAGLIA, Ricardo J. “Reforma Laboral. Análisis crítico. Aportes para una teoría general del Derecho del Trabajo en
la crisis”. Ed. La Ley. Buenos Aires. 2001. Pág. 197.
17
De allí que, trasladando el principio a la cuestión que nos ocupa, podría sostenerse que
el juez al que se requiriese la aplicación del art. 54 en materia laboral, solamente podría
desechar su aplicación en caso de que entendiese que no existe ningún resquicio de duda en
cuanto a la inaplicabilidad del precepto a la situación bajo juzgamiento, pues frente a la falta de
esa absoluta certeza, el mandato imperativo que la norma (y el principio que ella expresa)
consagran, le impone la obligación de adoptar la interpretación más favorable al trabajador, que
en el caso, se traduciría en el encuadramiento de la situación en el art. 54 y la consiguiente
responsabilidad solidaria de los socios.
Lo expuesto en este apartado nos lleva a afirmar que no existe margen interpretativo
para sostener que, verificada la existencia de los presupuestos que la norma requiere, el art. 54
de la ley 19.550 y la consecuente desestimación de la personalidad y responsabilidad de los
socios sean inaplicables en materia laboral.
18
expresar un respaldo categórico a esa conclusión jurídica, pues en definitiva se terminó
declarando inadmisible la queja porque no se había verificado que el fallo fuese arbitrario.
La minoría, por el contrario, si tomó clara posición en el debate, inclinándose por la
postura que sostiene que el art. 54 sólo resulta aplicable para sancionar la constitución de
sociedades ilícitas y no su actuación, criterio que consideramos absolutamente erróneo e
infundado, por los argumentos que expresamos más arriba.
El segundo precedente que cabe tener en cuenta es el dictado por la Corte el día
31/10/2002 en autos “Carballo, Atiliano c/ Kanmar S.A. (en liquidación) y otros”.
En el caso, la sala IX de la C.N.A.T. había confirmado la sentencia de primera instancia
que había condenado a diversas sociedades integrantes de un grupo empresario y, con
fundamento en el art. 59 de la ley 19.550, había extendido la condena al director de las
mismas, por los incumplimientos laborales de aquéllas. Se tuvo especialmente en cuenta que
los demandados no habían producido la prueba pericial contable que habían ofrecido, lo que
tornaba aplicable la presunción del art. 55 de la L.C.T. para tener por ciertos los hechos
denunciados en la demanda, circunstancia que demostraba que el director no se había
ajustado a la pauta de conducta del “buen hombre de negocios” que prescribe el citado art. 59
de la Ley de Sociedades.
En su dictamen, el Procurador Obarrio -al que adhirió íntegramente la Corte- consideró
que se había violado la garantía de la defensa en juicio, en tanto se había extendido al director
de una sociedad anónima la condena dictada contra la empresa subvirtiendo las reglas sobre
carga probatoria aplicables en la materia. Añadió que la Cámara había efectuado una
aplicación de la ley que no constituía una derivación razonada del derecho vigente, en tanto
resultaba irrazonable tener por probados los presupuestos prescriptos por el art. 59 mediante el
simple relato del actor y sin mencionar el respaldo de otras pruebas producidas en la causa.
No resulta difícil advertir que en este caso –independientemente del juicio que pueda
merecer la valoración de la prueba presuncional efectuada por el Procurador y compartida por
la Corte- tampoco se ha emitido una declaración precisa sobre el tópico, pues se revocó la
sentencia por arbitraria en virtud de que la prueba merituada por el a quo para declarar
procedente la extensión de responsabilidad al director de la sociedad no era –a juicio del
Procurador y la Corte- suficiente para ello. La opinión del Alto Tribunal sobre el fondo quedaba,
una vez más, pendiente.
Acaso la Corte, aún sin se categórica, haya dejado entrever su posición al dictar el fallo
siguiente, en los autos “Palomeque, Aldo René c/ Benemeth S.A. y otro”, del 3/4/2003.
Allí el Máximo Tribunal -por mayoría- se remitió nuevamente al dictamen del Procurador
Obarrio para revocar la sentencia de la sala X de la C.N.A.T. que, modificando la de primera
instancia, había extendido la condena a los restantes demandados en su carácter de directores
y socios de la sociedad anónima empleadora, con fundamento en el art. 54 de la ley 19.550.
El Procurador, aún cuando consideró probado que el actor había sido registrado en
fecha posterior a la real y que existieron pagos no registrados, entendió que la sentencia no
constituía una “derivación razonada del derecho vigente con arreglo a las circunstancias
comprobadas en la causa”, en tanto “… no ha quedado acreditado que estemos en presencia
de una sociedad ficticia o fraudulenta constituida en abuso del derecho y con el propósito de
violar la ley que, prevaliéndose de dicha personalidad, afecta el orden público laboral o evade
normas legales…” . Luego, agregó que los jueces habían prescindido de considerar que la
personalidad diferenciada de la sociedad y de sus socios y administradores constituye el eje
sobre el que se asienta la normativa sobre sociedades anónimas y que ésta configura un
régimen especial porque aquéllas “constituyen una herramienta que el orden jurídico provee al
comercio como uno de los motores relevantes de la economía”. Concluyó señalando que,
19
desde esa perspectiva, no se alcanzaba a advertir que el contexto probatorio del caso
poseyera virtualidad suficiente para la aplicación del supuesto del art. 54.
La Corte adhirió al dictamen, con la excepción del entonces juez Boggiano, quien
consideró que el recurso era inadmisible y que debía confirmarse la sentencia de la Cámara.
Pareciera que en “Palomeque” la Corte fijó una primera posición en el debate pues, si
bien hizo referencia a que “el contexto probatorio” no justificaba la aplicación de la
desestimación de la personalidad, se plegó claramente a la tesis que entiende que lo que
sanciona el art. 54 es la constitución ilícita de la sociedad y no su “actuación” ilegítima en un
caso concreto.
De esa manera, el Alto Tribunal repite los errores en que había incurrido la que hemos
denominado “doctrina peligrosista”. Por un lado, yerra la Corte al considerar que la norma del
art. 54 capta el supuesto de la constitución del ente societario, no sólo porque la norma hace
referencia a la “actuación” y no la fundación del ente colectivo, sino también porque éste último
caso está expresamente regulado por otros artículos de la Ley de Sociedades (arts. 18 y 19),
que fulminan a la sociedad de objeto o actividad ilícitos con la nulidad absoluta y la disolución.
Pero además, al señalar que el beneficio de la limitación de la responsabilidad es una
herramienta que el derecho proveé al comercio como uno de los “relevantes motores de la
economía” el Tribunal ignora no sólo que ese beneficio se justifica en tanto se haga una
utilización legítima del instrumento societario, sino, también, que en los casos en que esa
utilización indebida se produce en perjuicio de trabajadores dependientes, entran a jugar otros
principios fundamentales, destinados a proteger al trabajo humano en relación de dependencia,
el cual, indudablemente, constituye el verdadero y principal motor de toda actividad productiva
y de todo sistema económico. De allí que, no por causalidad, ningún sistema jurídico moderno
haya convertido en sujetos de preferente tutela normativa a los socios de las sociedades
comerciales y sí lo hayan hecho, por el contrario, e invariablemente, con los trabajadores en
relación de dependencia.
Después de “Palomeque”, el Alto Tribunal volvió a evadir una respuesta de fondo al
confirmar una sentencia de la sala IV de la C.N.A.T. que había desestimado la extensión de
responsabilidad en virtud de que no se habían acreditado las condiciones previstas en el art.
54, en el caso “Tazzoli, Jorge c/ Fibracentro S.A. y otros”, sent. del 4/7/2003, lo que confirma la
inexistencia de una postura definida de la Corte Federal sobre el tópico.
En virtud de lo expuesto, considero que la jurisprudencia de la Corte no ha contribuido a
aclarar la cuestión ni a zanjar el debate y que su influencia es prácticamente irrelevante, no
sólo porque no ha sido seguida por los tribunales de las instancias de grado, que en gran
medida lo han ignorado, sino también porque el fallo fue dictado por una integración del
Tribunal que, como es de público conocimiento, ha sido mayoritariamente modificada y cuyos
actuales integrantes, si bien aún no se han pronunciado sobre el tema, en diversos fallos han
desautorizado cualquier intento de dotar de supremacía a las mal llamadas “leyes” del mercado
por sobre los derechos humanos fundamentales de los trabajadores. 57
VIII. Los aspectos procesales en los casos en los cuales se pretende extender la
condena a los socios o directores no demandados originariamente.
Como sostiene Maddaloni, más allá de que se adopte una u otra posición sobre la
cuestión que estamos tratando, lo cierto es que el tema no presenta grandes problemas
57
Me remito a las consideraciones que el Alto Tribunal ha efectuado en los casos “Vizzoti c. Amsa”, del 14/9/2004 y “Aquino
c/ Cargo”, del 21/9/2004, las cuales, indudablemente, configuran una nueva visión sobre el valor de los derechos sociales
fundamentales.
20
procesales cuando la pretensión del trabajador de extender la responsabilidad a los socios o
directores está contenida en su escrito de demanda. 58
Ahora bien, es un hecho notorio que son moneda corriente en la actualidad los casos en
los cuales algunos de los socios o directivos de las sociedades empleadoras, haciendo un
indebido uso de los instrumentos de la personalidad diferenciada de la sociedad y de la
limitación de responsabilidad, “hacen desaparecer” la sociedad durante el curso de los
procesos en los cuales los dependientes reclaman el cobro de sus acreencias, situación frente
a la cual, éstos se quedan sin sujeto contra quien ejecutar las sentencias dictadas en su favor.
De allí que haya surgido un nuevo debate en esta temática, que se relaciona con la
posibilidad de iniciar un incidente de extensión de responsabilidad con el objeto de extender a
los socios responsables que no hubiesen sido demandados en el escrito de inicio, la condena
dictada contra la sociedad empleadora.
El problema es complejo, pues se hallan en juego cuestiones constitucionales y de
procedimiento que obstaculizan la extensión indiscriminada por esa vía. 59
Desde el punto de vista procesal no existen impedimentos para plantear la tramitación
de un incidente en la etapa de ejecución del juicio. Los mayores reparos se han formulado
desde la perspectiva constitucional, en tanto se sostiene que cuando se pretende extender la
responsabilidad a sujetos distintos de los demandados en el marco acotado de una tramitación
incidental se estaría restringiendo indebidamente el derecho de defensa en juicio.
No obstante ello, existen algunos fallos y caracterizados autores que han admitido la vía
del incidente para responsabilizar a los socios no demandados, extendiéndoles la condena
impuesta a sociedad originalmente accionada.
Así lo ha resuelto la sala III de la C.N.A.T. en autos “Ibelli Emilio C. c/ Dam S.R.L. s/
despido”, sent. del 4/11/1997, supuesto en el que se verificó que la sociedad empleadora
demandada se había insolventado fraudulentamente tras el inicio del juicio laboral por el actor,
procediendo sus socios controlantes a constituir una nueva sociedad dirigida por sus familiares
a la cual se trasvasaron los bienes de la empresa desaparecida. Sostuvo entonces la Cámara
que resultaba procedente la extensión de responsabilidad por vía incidental expresando que
“Resulta irrelevante, en el caso, que la solicitud se formule en la etapa de ejecución; el actor
no podría haberlo hecho de otro modo, ya que el vaciamiento fue, justamente,
consecuencia del conocimiento de su reclamo. En este sentido, es indudable que el
profundo y sustanciado planteo de Ibelli adquiere las características de tramitación
incidental…”.60
En igual sentido resolvió el Juzgado Nacional del Trabajo n° 74 en el caso “Doican,
Héctor Eduardo c/ Salvia Antonio Rafael y otros s/ despido”, del 19/11/1997.61
Más recientemente –y cambiando el criterio que anteriormente sostenía sobre el punto-
se ha plegado a esta solución la sala VII de la C.N.A.T. Con cita del mencionado precedente
“Ibelli” ha resuelto la sala que es perfectamente posible tramitar la pretensión por la vía
incidental sosteniendo que “Renunciar a la averiguación de la verdad en esta instancia y
sugerir al peticionante la promoción de un nuevo proceso para intentarlo sería frustratorio de
los derechos en juego. El dolo y la malicia no pueden ser fuente de derechos. Por otra parte,
no se advierte afectación del principio de congruencia ni desconocimiento de la cosa juzgada
en la pretensión de probar si una demandada ha incurrido en ardides o armado figuras
societarias ficticias, precisamente, para burlar el principio de congruencia e incumplir con la
58
MADDALONI, Osvaldo A. “Supuestos de extensión de responsabilidad en materia laboral durante la etapa de ejecución
de sentencia”. Revista Lexis Nexis Laboral y Seguridad Social. T. 2005, Pág. 343.
59
Idem.
60
Citado por MARTORELL, E. Op. Cit.. Pág. 841. La negrita es mía.
61
Idem. Pág. 842.
21
secuencia lógica del proceso, cuya culminación es el cumplimiento de la sentencia”. En virtud
de ello, concluyó expresando que “Si frente a la gravedad de las denuncias que formula la
parte actora ... despacháramos el recurso ... acudiendo a un formalismo ritual para impedir la
averiguación de la verdad, escamotearíamos el valor de la justicia”. Empero, y con el fin de
evitar el estado de indefensión de los socios, se ordenó que se habilitasen los debidos
traslados a la contraparte para “preservar el derecho de defensa en juicio”. 62
Precedentes como éstos, que –sin afectar garantías constitucionales- ponen al valor
justicia y la eficacia del poder jurisdiccional por sobre los supuestos “peligros” y “atentados
contra la seguridad jurídica” no pueden sino ser merecedores de nuestros elogios.
Dicha solución judicial ha sido recibida, por lo demás, con gran beneplácito por
distinguidos autores.
En ese sentido, sostiene Nissen –tras calificar al citado caso “Ibelli” como “un ejemplar
precedente de la justicia del trabajo”- que si la actuación ilícita de la sociedad permitida por los
socios es conocida desde antes de iniciar la acción judicial, éstos deben ser demandados
conjuntamente con la sociedad a fin de que puedan ejercer su derecho de defensa.
Pero si ello no es así y durante la tramitación del pleito la sociedad desaparece de la faz
de la tierra o trasvasa su patrimonio a una nueva sociedad, la aplicación del art. 54 de la Ley de
Sociedades puede hacerse en la etapa de ejecución de sentencia sin requerirse la promoción
de un nuevo pleito, en tanto y en cuanto los eventuales responsables de la actuación de la
sociedad puedan ser oídos.63
En igual dirección se manifiesta Palacio, quien si bien critica la generalidad de la
jurisprudencia del fuero laboral vinculada con el art. 54, aclara que deben distinguirse de esa
tendencia otros fallos bien disímiles “en donde la inoponibilidad jurídica bien pudo
corresponder”. Entre éstos últimos incluye a los citados “Ibelli” y “Doican”, los cuales
demuestran, en su opinión, una correcta hermenéutica de la normativa societaria, que es
razonable apoyar en defensa de la buena fe negocial. 64
También apoyan la vía del incidente de ejecución para extender la condena a los socios
en este tipo de casos Cañal, Martorell y Ferreirós. 65
Por el contrario, desde la óptica opuesta, otra tendencia indica que la vía incidental sería
inidónea para extender la responsabilidad a los socios no demandados, en tanto ello
restringiría indebidamente la garantía de defensa en juicio. Entienden, consecuentemente, que
en los casos en que se pretenda extender la condena, corresponde deducir una acción
autónoma en un nuevo proceso de conocimiento que debe iniciarse a tal efecto.
Por esa solución se había inclinado anteriormente la sala VII de la C.N.A.T. en el caso
“Regalini, Armando c/ Villafañe Tapia y otro”, del 26/6/2002 y la sala IX del mismo Tribunal in re
“Manrique de Maimone, Mirta c/ Brupec S.R.L.”, del 23/5/2002.66
Criterio que comparte Alvarez, quien si bien es uno de los más firmes defensores de la
aplicación del art. 54 en materia laboral, sostiene que la extensión de responsabilidad que esa
62
C.N.A.T., sala VII, “Pereira Amaya, María Marta c/ Rosana Echt S.R.L. y otros s/ despido”, sentencia interlocutoria del
24/10/2005.
63
NISSEN, Ricardo A. “Sobre el tribunal competente en la aplicación del artículo 54 in fine de la ley 19.550 en los juic ios
laborales (a propósito de un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires)”. Revista La Ley. T. 2003-
B. Pág. 728.
64
PALACIO, Lino Alberto. “La responsabilidad de los socios por multas laborales a la sociedad: una peligrosa
generalización”. Revista La Ley. T. 2002-C. Págs. 1192/1196.
65
CANAL, Diana. “Responsabilidad ilimitada de directores y socios de sociedades comerciales”. Ed. Quórum. Buenos Aires.
2004. Págs. 161 y ss. Cañal fue, en su calidad de jueza, quien dictó el precedente “Doican” citado. MARTORELL, Erenesto.
Op. Cit. Pág. 842. FERREIROS, Estela M. “La inoponibilidad de la persona jurídica y los aspectos procesales de la misma”.
Revista Doctrina Laboral. Errepar. T. XIII. Págs. 1003 y ss.
66
Citados por MADDALONI, Osvaldo A. Op. Cit. Pág. 346.
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norma consagra debe generar un proceso pleno de cognición, en el cual los imputados tengan
derecho a ser oídos y puedan exponer sus defensas. Agrega que no es posible extender la
condena en el ámbito reducido de un incidente de ejecución, en la inteligencia de que rige el
efecto relativo del proceso y de la cosa juzgada y que el trámite incidental no permite un debate
adecuado que garantice el derecho de defensa. 67 En igual sentido se manifiesta Maddaloni,
sosteniendo que el ámbito incidental resulta insuficiente para garantizar el principio de defensa
en juicio.68
En mi opinión, cuando nos encontremos frente al supuesto de sociedades que
fantasmagóricamente desaparecen en el curso de juicios laborales, y siempre que haya
pruebas concluyentes que así lo demuestren, no hay obstáculo para que se persiga la
extensión de la responsabilidad a los socios que hicieran posible esa desaparición (supuesto
de indiscutible encuadramiento en el ámbito de aplicación del art. 54 de la ley 19.550) por la
vía incidental.
Entiendo que si en el trámite incidental se garantiza el adecuado derecho de defensa a
los socios presuntamente responsables -brindándoles la posibilidad de replicar las afirmaciones
del actor, ofrecer prueba y oponer excepciones- no hay objeciones posibles, pues el respeto de
la inviolable garantía del debido proceso no depende del tipo abstracto del procedimiento que
se siga, sino de la posibilidad efectiva que se tenga o no de defenderse y, sobretodo, de la
adecuada e imparcial actitud que asuma el órgano jurisdiccional competente.
Como señala Nissen, no existe disposición legal alguna que requiera la existencia de
dos juicios a los fines de la aplicación de la norma prevista en el art. 54 in fine de la ley
19.55069, razón por la cual, entiendo que la decisión de perseguir la averiguación de la verdad
por una u otra vía procesal debe quedar dentro del ámbito discrecional de decisión del juez
competente en el proceso en que se condenó a la sociedad.
Cabe recordar que el proceso tiene un carácter instrumental respecto de los derechos
sustanciales, por lo que mal podría frustrarse la efectivización de éstos en base a argumentos
de tipo formal. Máxime cuando nos encontramos en presencia de derechos de contenido
alimentario como los créditos laborales, los cuales podrían convertirse en meras ilusiones si
para efectivizar las sentencias que declaran (es decir, no constituyen) su existencia hay que
agotar un nuevo proceso de conocimiento, con el tiempo y costos que ello insume en la
actualidad en nuestro país.
En este sentido, en un reciente precedente de la Suprema Corte de Justicia de la
Provincia de Buenos Aires se ha afirmado, bien que refiriéndose a un tópico diverso, que “...la
ortodoxia de los conceptos procesales admite flexibilización en supuestos excepcionales... De
allí que corresponda armonizar aquellas exigencias de tipo formal con las particularidades que
se presentan en el caso, para que las decisiones judiciales sean verdaderamente útiles. Hay un
verdadero principio de utilidad de la sentencia, que se vincula con otro preponderante que es el
valor eficacia del servicio de justicia, que ha de servir verdaderamente para cumplimentar el
auténtico rol de la jurisdicción de suprimir los conflictos y lograr la paz social... Es lo que
Peyrano resalta como la clara conciencia de la función instrumental del proceso, cuyo objeto
radica en la efectivización de los derechos, por lo que recomienda interpretar el ordenamiento
de manera tal que: a) la verdad material prevalezca sobre la verdad formal; b) debe procurarse
evitar la pérdida de derechos a raíz de la aplicación de normas procesales. A ello agrega el
favor processum, que prescribe que en supuestos de perplejidad interpretativa respecto de la
ley procesal, se debe preferir la solución que tiende a mantener la eficacia y estabilidad de
actos procedimentales (“Procedimiento Civil y Comercial”, ed. Juris, t. 1, p. 83 y sgts.)...
67
ALVAREZ, Eduardo. Op. Cit.. Pág. 258.
68
MADDALONI, O. Op. Cit. Pág. 346.
69
NISSEN, Ricardo A. Op. Cit. en nota 59. Pág. 728.
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agregándose finalmente con cita de Bidart Campos que “...los jueces no deben ser avaros en
la admisión de acciones y vías procesales por la sola circunstancia de que falten las normas
que las establezcan y regulen” (Bidart Campos, Germán, “El Derecho de la Constitución y su
fuerza normativa”, Ediar, Buenos Aires, 1995)...”. Además, como con acierto se puso de
manifiesto en ese precedente, la flexibilización instrumental deviene más pertinente aun en los
juicios laborales, ya que, la necesidad de privilegiar la efectividad sustancial de los derechos
por sobre las formas“se exhibe con mayor contundencia en materia de justicia de protección,
como es el ámbito laboral, en donde a toda costa debe impedirse que las exigencias formales
frustren el derecho sustancial” 70.
En síntesis, entiendo que siempre y cuando se den las circunstancias propicias para ello
y se respete el derecho de defensa de quienes no fueron originariamente demandados, cabe
admitir la extensión de responsabilidad por vía incidental, pues ello brinda una herramienta útil
al juez para poner coto un fenómeno tristemente extendido en la actualidad en nuestro país:
sociedades vaciadas, socios ricos y trabajadores precarizados con créditos alimentarios que se
tornan incobrables.
70
S.C.B.A., voto del juez Eduardo de Lázzari en autos L. 81.216 “Castro, Héctor c/ Dycasa”, sent, del 22/10/2003.
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