0% encontró este documento útil (0 votos)
682 vistas5 páginas

El Código Pirata

I. La piratería surgió cuando algunos quedaron fuera de los bienes privados y decidieron apropiárselos por la fuerza, mientras que otros descubrieron que podían transportar productos por mar. II. A lo largo de la historia, la piratería tuvo momentos de esplendor que coincidieron con la cantidad de barcos mercantes que circulaban por los mares, desde los trirremes fenicios hasta los piratas japoneses del siglo XII. III. Pero el mayor auge pirata fue en los siglos XVI-XVIII en el Caribe,
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
682 vistas5 páginas

El Código Pirata

I. La piratería surgió cuando algunos quedaron fuera de los bienes privados y decidieron apropiárselos por la fuerza, mientras que otros descubrieron que podían transportar productos por mar. II. A lo largo de la historia, la piratería tuvo momentos de esplendor que coincidieron con la cantidad de barcos mercantes que circulaban por los mares, desde los trirremes fenicios hasta los piratas japoneses del siglo XII. III. Pero el mayor auge pirata fue en los siglos XVI-XVIII en el Caribe,
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

“Desde el momento mismo en que los humanos comenzaron a producir bienes

que consideraron propios y privados y esto determinó diferencias entre ellos, hubo
quienes quedaron fuera de esos bienes y decidieron apropiárselos por la fuerza.
Así surgieron los bandidos, bandoleros y salteadores que ponían temor a aquellos
que transportaban riquezas por los caminos. A su vez, cuando algunos hombres
descubrieron que podían viajar y transportar productos por el mar, se hicieron
navegantes”.
(Miguens, 2010: Pág. 14)
La piratería, evoluciono paralela a la historia de la navegación, tuvo diferentes momentos
de esplendor que coincidieron fundamentalmente con la cantidad de barcos cargados de
mercancías que circulaban por los mares.
Desde los trirremes fenicios de una sola vela, del Mediterráneo antiguo, pasando por sus
primos los cartaginenses que desplazaron a los griegos con sus pentecónteras de
cincuenta remos y eternamente en las cuales enfrentaron al imperio romano. Hombres y
mujeres empujados por el destierro reconstruyeron la geografía con los Pueblos del Mar
que avanzaron por las costas del Mediterráneo buscando un lugar nuevo donde
establecerse. Asaltaron barcos fenicios cuando éstos eran soberanos del comercio y de
las colonias costeras, combatieron a los persas y pusieron en jaque al Imperio romano en
uno de sus momentos de mayor crecimiento (Miguens, 2010; Pág. 16).
Desde el Norte llegaron en veloces drakkars de velas rayadas en el siglo VIII, cuando los
vikingos entraron en escena y dispersaron el temor por todas las costas europeas o en los
dhows mozambiqueños abrieron la mayor ruta comercial entre China y la península
arábiga llevando y trayendo productos para comerciar y esclavos para vender. En el
Oriente, ya en el siglo XII, los wokou, temibles piratas japoneses, se adueñaron de las
costas de China y Corea y pusieron en aprietos a las naves del emperador y a la posterior
dinastía Ming (Miguens, 2010: Pág. 16-17; Zambrano 2007)
Pero, de toda esta historia, el auge, es sin duda en los siglos XVI y XVIII en que se dio la
Edad de Oro de la piratería fue las aguas del Caribe. Más allá de la construcción de los
estereotipos que la hicieron famosa, la piratería como hecho histórico no fue un fenómeno
simple o de manifestaciones aisladas de los mercaderes errantes o una delincuencia
organizada con intenciones de saqueos y riqueza fácil, ni la expresión romántica de
aventureros buscando la fama (Zambrano 2007).
Aunque, por lo general, los piratas no reconocían más leyes ni gobiernos y su empresa
era un acto autónomo con riesgos propios, las actividades piráticas en una determinada
región tenían como consecuencia la dinamización de la vida económica de la ciudad que
les servía de base. Creando numerosos empleos que generaban aumento de la
población, se reactivaba la vida social y surgían especialidades profesionales, incluso
dentro de la misma piratería, que exigía expertos en navegación, oficiales y capitanes,
maestres de velamen, pilotos, médicos cirujanos, músicos, carpinteros, artilleros, herreros
(J. y F. GALL, El filibusterismo, México, FCE, 1978, 160-162 en Miguens, 2010)
El Código Pirata
Durante toda expedición corsaria existían tres momentos clave. El primero consistía en
reunir una tripulación en la primera era la búsqueda de una tripulación, entre las personas
admitidas eran aceptadas casi cualquier persona que estuviera dispuesta a correr los
riesgos de la empresa, muchas veces entraban a formar parte fugitivos, criminales,
personas perseguidas por la iglesia o esclavos, aunque en muchas ocasiones no se
permitan mujeres o niños, dentro de tripulación porque era considerado un mal augurio
(Martinez, J. & Muñoz, M., 2012).
La segunda etapa, consistía en estipular el reparto del botín. Se estima que entre 100-150
pesos eran para el sueldo del carpintero y 200-250 para el cirujano. El resto del botín se
repartía de la siguiente forma: media parte para los aprendices; una parte para la
marinería; dos para el capitán y otras dos para el contramaestre. Si el capitán ponía el
barco a la causa recibía otras cinco o seis partes adicionales. Había también una especie
de indemnización para los mutilados, que comprendía pagos según el miembro perdido:
600 pesos por un brazo derecho, 500 por la extremidad superior izquierdo; 500 por la
pierna derecha, 400 por la pierna izquierda y 100 por un ojo (Martinez, J. & Muñoz, M.,
2012).
Y la tercera, la redacción de la llamada “Chartie Partie” o “código de conducta” de bordo,
el cual dio lugar al mito del código de los piratas.
Cualquiera que haya visto "Piratas del Caribe", sabe sobre el Código Pirata, establecido
por los piratas Morgan y Bartholomew, el cual era manual que regía la vida, acciones y
decisiones de cada pirata. La idea de un código único para todos los piratas es
probablemente la pieza más moderna de su Mitología. Sin embargo, no existe tal cosa. En
realidad, no había un código único, sino que cada capitán, cada bando o barco, poseía
sus propias reglas, vistas estas como una serie de normas o un código de abordo para la
convivencia y servicios.
Estos códigos, o artículos, eran contratos simples que establecían la compensación que
cada bucanero recibiría por lesiones, y las recompensas o castigos que cada uno podía
esperar por realizar ciertas acciones. Aquí algunos ejemplos de los códigos de John
Philips, Edward Low y Bartholomew Roberts.
I. Todo hombre tiene voto; tiene derecho a provisiones frescas o licores fuertes, y
si le corresponden, puede usarlos a voluntad, salvo en periodos de escasez o por
el bien de todos.
II. El botín se repartirá uno a uno, por lista; pero si alguien defrauda o engaña, el
abandono en una isla desierta será su castigo.
III. No se puede jugar a las cartas o a los dados por dinero.
IV. Las luces y velas se apagan a las ocho en punto de la noche: si algún miembro
de la tripulación quisiera seguir bebiendo, tendrá que hacerlo en cubierta.
V. Mantener la pistola y sable limpios y aptos para el combate
VI. No se permiten niños ni mujeres en el barco. Si cualquier hombre fuera
encontrado seduciendo a cualquiera del sexo opuesto, y la llevase al mar
disfrazada, sufrirá la muerte.
VII. Abandonar el barco o quedarse encerrado durante una batalla se castigará
con la muerte o abandono.
VIII. No se permiten las peleas a bordo. Se pondrá fin en la costa, a espada y
pistola. Si tras disparar, ninguno acierta, se batirán con sus espadas, siendo
declarado vencedor el que consiga la primera sangre del rival.
IX. Ningún hombre puede abandonar esta forma de vida hasta que haya
compartido mil libras en el fondo común.
X. El Capitán y el Intendente reciben dos partes de cada botín; el maestre,
contramaestre y el cañonero una parte y media; y el resto de las oficiales parte y
cuarta.
XI. Los músicos tienen que descansar el sábado.
Una vez se redactaba el código, en el puente del barco cada tripulante lo juraba ante un
vaso de ron y una Biblia (o crucifijo o hacha de abordaje, a falta de Biblia). Lo único
imprescindible era el vaso de ron, firmando el documento con su nombre o con una cruz.
Antes de partir, el capitán leía en voz alta para toda la tripulación la “Chartie Partie”.
Quedaban todos advertidos ante el quebrantamiento del código para que toda la
tripulación tuviera en cuenta y quedara advertida de los castigos de incumplir las reglas.
Los delitos eran castigados por el contramaestre o por el capitán (Salmoral, 2005).
La Cofradía de los Hermanos de la Costa
La Cofradía de los Hermanos de la Costa era una organización formada por bucaneros y
filibusteros, y diferentes clases de piratas, estuvo activa en los siglos XVII, formada
alrededor del año 1620, y XVIII, en el Océano Atlántico, en el Mar Caribe y en el Golfo de
México. Esta cofradía tenía principios sociales igualitarios y sede en la Isla de la Tortuga.
Entre ellos se formó un sindicato de capitanes con patentes de corso y de represalia que
regulaban sus empresas corsarias dentro de la comunidad de corsarios y con sus
benefactores externos. Eran antiguos marinos mercantes, principalmente privados de
origen protestante, y por lo general ingleses y franceses. Además, había numerosos
aventureros, esclavos blancos y negros fugitivos, prisioneros huidos. La justicia era
impartida por una corte de viejos filibusteros (Marx, 1992).
Entre los Hermanos de la costa, antes de entrar en combate, cada bucanero se conjuraba
con un compañero y en el caso de que uno resultase muerto en la lucha, el otro se
convertía en su "heredero", conocido como matelotage. El Matelotage, fue una unión
formal y permanente entre dos varones adultos. Ambos unían sus propiedades, luchaban
juntos y se cuidaban el uno al otro en caso de enfermedad. A veces el matelotage se
expresó a través de un contrato en el que se estipulaba que, en caso de muerte de uno de
ellos, su compañero heredaba todos sus bienes (Abella, 1999).
Sus miembros elaboraron leyes orales que fomentaban la libertad de su propia sociedad:
1. No existirán prejuicios de nacionalidad ni de religión.
2. No existirá la propiedad individual.
3. Se respetará la libertad individual.
4. No habrá obligaciones ni castigos y se podrá abandonar la Hermandad en
cualquier momento.
5. No se admitirán mujeres (esto se refiere a mujeres blancas y libres, o sea, mujeres
por las cuales podrían llegar a surgir disputas entre los hermanos, puesto que las
esclavas negras no contaban).
6. Se dará una indemnización a quienes resulten heridos o lesionados en combate.
Esos códigos de piratas pueden leerse como un comunicado de una comunidad
anarquista, con toma de decisiones colectivas, sin jerarquía, líderes electos y una
distribución equitativa de labores y ganancias.
De sucios ladrones a leyendas de los mares.
La llamada "Edad de oro" de la piratería en el Caribe y el Atlántico transcurrió desde
aproximadamente 1690 hasta las ejecuciones de "Barbanegra" en 1718. Esa época fue
resultado de un momento singular en la ley marítima cuando las naciones que estaban en
guerra podían declarar "corsarios" a los capitanes de barcos. Eso significaba que tenían
una "patente de corso" oficial que les permitía atacar un barco enemigo y quedarse con
sus mercancías, siempre que le dieran una parte del botín a su propio gobierno. Sin
embargo, el problema de la piratería surgió cuando las alianzas cambiaron o se declaró la
paz. Después de la firma del tratado de Utrecht en 1713, miles de capitanes corsarios y
tripulantes se quedaron sin trabajo. Al seguir con sus andanzas, y no ser reconocidos por
algún gobierno, las monarquías los consideraron como piratas (Luckhurst, 2017).
Justo cuando la Edad de Oro pirata estaba llegando a su final, el Capitán Charles
Johnson (Seudónimo de un escritor anónimo) publicó un famoso compendio titulado:
"Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas" (1724). Este libro
detallaba las aventuras, las travesías y lo sanguinarios enfrentamientos de estos hombres
de mar. el libro aseguró el estatus de leyendas de "Barbanegra", "Bart Negro" y “David
Jones”.
Desde entonces, el libro ha sido fuente de casi todas las representaciones culturales de
piratas. Y es fácil entender el motivo con pasajes como éste: "Se adueñó del apodo de
Barbanegra por esa gran cantidad de pelo, que, como un aterrador meteorito, cubría toda
su cara y asustaba a América más que cualquier cometa aparecido allá en mucho
tiempo…adornaba su barba con cerillas encendidas, lo que lo hacía lucir como "un
demonio del infierno".
Otra gran obra que contribuyó a la construcción fue "La Isla del Tesoro” de Robert Louis
Stevenson (1883). Fue un texto clave para revivir la forma del romantizar a los piratas a
finales del siglo XIX, atiborrado de patas de palo, mapas del tesoro, loros parlanchines y
criaturas fantásticas como las sirenas y el Karen.
Pero la fascinación con el pirata va más allá. Su auge aparece justo cuando las formas
legales de la soberanía y los acuerdos internacionales de comercio se estaban
desarrollando y eso implicaba un aumento de las restricciones estatutarias, sociales y
morales sobre la expresión del Ser. Estos hombre y mujeres en lugar de pertenecer a
dichas instituciones. En su lugar vivieron por un código de honor completamente distinto
(Luckhurst, 2017).
Referencias:

 Abella, R. (1999). Los Halcones del Mar. Barcelona. Ed. Martínez Roca.
 Bajatta, A., & Ulpiano, A. (2018). El pirata imaginario: Charles Johnson y la
representación histórica de la piratería. Tesis que para obtener el grado de
maestro en historia internacional. Centro de investigación y docencia económica,
A.C.
 Defoe, D., & Oliver, F. T. (1999). Historia general de los robos y asesinatos de los
más famosos piratas. Valdemar.
 Exquemelin, A. (2010). Los piratas de América (Vol. 137). Linkgua
 García, L. B. (1998). Demonios del mar: piratas y corsarios en Venezuela, 1528-
1727. Fundación Francisco Herrera Luque.
 Martinez, J. & Muñoz, M., (2012). Las reglas del diablo: el código de los piratas.
Blog Cátedra de Historia y Patrimonio Naval.
 Marx, J. (1992). Pirates and Privateers of the Caribbean. Edt. Melbourne.
 Miguens, S. (2010). Breve historia de los piratas. Ediciones Nowtilus, S.L
 Pérez, M. Z. (2007). Piratas, piratería y comercio ilícito en el Caribe: la visión del
otro (1550-1650). Historia Caribe, 4(12), 23-56.
 Salmoral, M. (2005). Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros. Madrid: Ed.
Síntesis.
 Ullivarri, S. (2004). Piratas y corsarios en Cuba (Vol. 3). Editorial Renacimiento.
 Luckhurst, R. (2017). ¿Por qué hay tanta fascinación con los piratas antiguos si los
modernos nos causan horror? BBC News, edición digital.

También podría gustarte