por Diana Maffía
Observatorio de Justicia y Género. Consejo de la
Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires
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Las leyes de matrimonio igualitario y de identidad
de género permitieron separar la familia de la
heterosexualidad, y al cuerpo sexuado del género
reconocido. Además, aceleraron muchos otros
debates que están vinculados, y que permitirán
seguir avanzando hacia una sociedad plural que no
excluya de la ciudadanía a los sujetos diversos.
Géneros, identidades
y familias diversas.
Desafíos al derecho
a la igualdad
E n la Argentina, el mapa legal y burocrático fue
conmovido en los últimos años de manera ver-
tiginosa. La Ley de Matrimonio Igualitario nos
confrontó con los alcances del derecho a la igualdad, cuando la
ciudadanía debatió si la orientación sexual o la identidad de gé-
nero eran lo suficientemente relevantes como para constituirse
en una condición excluyente para la legitimación de una pareja
en matrimonio, o de una familia por la vía de la adopción. Poco
tiempo después, la Ley de Identidad de Género demandó ciuda-
danía para cuerpos diversos, donde el sexo biológico y el género
asignado podían no coincidir y se hacían tanto demandas de
reconocimiento de la identidad autopercibida como de inter-
venciones sobre los cuerpos para adaptarlos a esas identidades.
Paralelamente, el concepto de familia hace estallar el estereotipo
de padre-madre-niños (debemos decirlo, ya poco presente en las
estadísticas) para presentar ejemplos y modelos que nos hacen
preguntarnos por las características esenciales de esta institu-
ción, que claramente no es natural sino social. El reconocimien-
to jurídico de diversos arreglos familiares requiere entonces
sensibilidad y actualización en los censos y las investigaciones
sociales como para recoger su variación en el tiempo y la geo-
grafía, datos que serán imprescindibles para resolver qué políti-
cas públicas se diseñan y desde qué áreas para generar igualdad
en la atención de los diferentes arreglos familiares.
En la década del ’70, el feminismo teórico conmovió los estudios
demográficos con reclamos para hacer visibles cambios sustan-
ciales en las formas de convivencia, pero fundamentalmente
para revelar que las familias no son unidades homogéneas,
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Géneros, identidades y familias diversas. Desafíos al derecho a la igualdad > 1 7
ideales, ni sujetos de derecho por encima de sus integrantes. Sus incluso no casadas. No podían solicitar créditos hipotecarios
intereses frente al Estado difícilmente están representados sólo como pareja, ni se consideraban bienes gananciales los adquiri-
por el padre. Encierran relaciones de poder que a veces se expre- dos durante la convivencia, ni tenían derecho a pensión, por lo
san violentamente, y dejan en la indefensión a los sujetos más que la muerte de uno de los miembros dejaba al otro en la ruina.
débiles: mujeres, niños/as y ancianos/as. Pero las familias ya no El punto más reluctante es que no podían adoptar en común ni
son tampoco “la posesión del patriarca” junto a los esclavos y adoptar como propio al hijo/a de su pareja, situación que sí esta-
la hacienda (como antes de la fundación del Estado moderno) ba reglamentada para parejas heterosexuales.
porque estos sujetos más débiles ahora tienen derechos reco-
nocidos y deben poder hacerlos valer frente al Estado que está
obligado a garantizarlos.
El esfuerzo teórico y sobre todo político del feminismo produjo
como resultado un cambio fundamental en las disciplinas y una
mayor visibilidad con respecto a las diferentes respuestas que
debía procurar el Estado a las necesidades de familias no sólo
nucleares sino también monoparentales, ampliadas y ensambla-
das. Mucho más recientemente, los estudios queer (de la diver-
La cuestión cultural
sidad sexual y de género) pusieron en el centro de estas reflexio- sobre los cuerpos,
nes a las familias sexualmente diversas, y con ello los desafíos
teóricos se multiplicaron.
sobre la sexualidad y
Cuando en la década de los ’80 la epidemia de sida diezmó en sobre las identidades
sus inicios a la población homosexual, se hicieron visibles mu-
chas situaciones de injusticia y desigualdad debidas a la falta no se corrige con una
de equidad ante la ley. La unión de parejas homosexuales no ley, pero el consenso
era jurídicamente reconocida, y si alguno de los miembros de la
pareja estaba internado, el otro no podía tomar ninguna deci- político legislativo es
sión médica sobre su tratamiento pues no se lo consideraba un un paso notable en el
familiar directo. Quien trabajaba no podía poner a su pareja bajo
protección médica y social como en las parejas heterosexuales, progreso hacia una
sociedad plural que
admite la disidencia
de las normas sexuales
impuestas y no excluye
de la ciudadanía a los
sujetos diversos.
La ley de matrimonio igualitario, votada el 15 de julio 2010, per- pareja heterosexual. Aunque no estaba claramente regulado,
mitió tras un arduo pero breve debate equiparar en todos los no había disposición para aplicarlas a mujeres solas ni a parejas
planos los derechos de las parejas constituidas por un hombre lesbianas, y mucho menos a prácticas más complejas como las
y una mujer, a los de cualquier pareja independientemente del donaciones de óvulos o el alquiler o subrogación de úteros en
sexo de los cónyuges. Miles de parejas de personas del mismo casos de parejas gay.
sexo se casaron en estos años, y algunas se divorciaron también. El matrimonio igualitario aceleró todos estos debates. En el
La ampliación de la ley de matrimonio constituyó así familias debate iniciado para la modificación del Código Civil, el proyec-
que demandan otros cambios, como la modificación de la ley de to, en su capítulo de “filiación”, contempla no sólo la adopción
adopción que sólo permitía adoptar a parejas heterosexuales y legítima por parte de parejas independientemente del sexo de
personas individuales, y los derechos de filiación vinculados al los cónyuges, sino que amplía el reconocimiento de los hijos
uso de nuevas tecnologías de procreación asistida. concebidos mediante el uso de técnicas de reproducción asisti-
Antes de la ampliación de la ley de matrimonio, si una pareja da. El proyecto incluye una controvertida consideración sobre la
de gays o lesbianas quería adoptar, uno de los miembros de la prioridad de lo que llama “voluntad procreacional” por encima
pareja lo hacía a título individual. Pero su conviviente no podía de la maternidad o paternidad biológica, de modo que quienes
entonces hacer ningún reclamo de patria potestad, ni tenía de- desean ser padres o madres y sólo pueden acceder a esa condi-
rechos de visita en caso de divorcio, ni vínculo legal alguno con ción mediante su uso (situación obvia en las parejas no hetero-
ese hijo o hija adoptivos. Por otra parte, una pareja heterosexual sexuales) tengan garantías con respecto al vínculo filial. Quienes
no sólo podía adoptar en forma conjunta sino que uno de los donan gametos o subrogan un útero no tienen entonces un
cónyuges podía adoptar al hijo o hija de su pareja, cosa que no derecho biológico de maternidad o paternidad, si han acordado
podía ocurrir si la nueva pareja era homosexual. Incluso en al- esa donación solidaria a favor de posibilitar la maternidad o
gunos casos, el hecho de que la nueva pareja fuera homosexual paternidad en una pareja.
afectaba el derecho de tenencia de su madre o padre biológi- Si estos cambios tan recientes resultan sorprendentes y requieren
ca/o. muchas modificaciones en las regulaciones sociales, lo que sin
Todos estos aspectos están cambiando aceleradamente, porque duda ha llevado más lejos nuestra legislación es la reciente “ley
al haberse legitimado la adopción conjunta en parejas homo- de identidad de género”, la más progresista del mundo en el reco-
sexuales a partir de la ley, personas que habían adoptado de nocimiento de la identidad autopercibida por la persona. Esta ley
manera individual antes del 2010 pidieron reconocimiento del permite a las personas transgénero cambiar el nombre que figura
acceso a este derecho de sus parejas fundando su demanda en la en su documento de identidad por otro adecuado al género con
igualdad para sus hijos e hijas, y la Justicia se lo otorgó, garanti- que se identifican, sin tener que acreditar haberse sometido antes
zando estas filiaciones. a una operación de cambio de sexo, ni obligarse a intervenciones
El acceso a las tecnologías reproductivas también fue un proble- médicas, quirúrgicas u hormonales de adecuación, aunque per-
ma a resolver, ya que para su aplicación se exigía que alguno de mitiendo el acceso a todas estas intervenciones si la persona lo
los miembros de la pareja fuera infértil, y que se tratara de una requiere como parte de su acceso a la salud integral.
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Efectivamente, si las anteriores reformas jurídicas permitie-
ron el acceso a los derechos en personas marginadas por su
orientación sexual, esta ley toca un punto central del sistema
sexo/género que es la dicotomía sexual fundada en los cuer-
pos y los genitales. Una lesbiana o un gay ponen en cuestión
la heterosexualidad forzada, pero no dejan de ser varones y
mujeres para una cultura que alinea los cuerpos con los géne-
ros y las identidades. Por eso, según afirma la Asociación Es-
pañola de Transexuales, “en la lucha de las llamadas minorías
sexuales se pueden distinguir dos colectivos: las minorías por
orientación o preferencia sexual formadas por el colectivo de
gays, lesbianas y bisexuales y el de las minorías por expresión
o identidad de género, colectivo conformado por transexua-
les, travestis y transgénero”. Claro que estos colectivos no son
categorías exhaustivas y excluyentes, y la clasificación merece
considerar algunas complejidades, pero no vamos a entrar en
ello aquí.
Estos temas que durante mucho tiempo sólo ocuparon al ac-
tivismo y pertenecieron a los márgenes de la atención social,
incluso para quienes eran explícitos defensores y defensoras de
los derechos humanos, son actualmente motivo académico de
tesis, becas, congresos, investigaciones y publicaciones en las
universidades y en el CONICET, algunas de las cuales sirvieron
de fundamento para la ley. Pero nada reemplaza el discurso en
primera persona. Las experiencias de personas trans llegaron
a los poderes legislativos para demandar sus derechos en sus
propias palabras y en sus propios términos. Un ejemplo fue la
sesión especial realizada en la Legislatura de la Ciudad de Bue-
nos Aires, donde ocuparon las bancas y realizaron sus reclamos
en ocasión del 17 de mayo, Día Mundial contra la Homofobia y
la Transfobia.
El debate de la ley coincidió además con una fuerte campaña
internacional por la despatologización de las identidades trans,
La Ley de Identidad de Género demandó
ciudadanía para cuerpos diversos, donde
el sexo biológico y el género asignado
podían no coincidir y se hacían tanto
demandas de reconocimiento de la
identidad autopercibida como de
intervenciones sobre los cuerpos para
adaptarlos a esas identidades.
travestis y transexuales. El eje de esta campaña es denunciar la tidad es un derecho básico y personalísimo. En segundo lugar,
discriminación sistemática derivada de la consideración de la reconocer a cada persona la autoridad epistémica sobre su
opción de género disidente con la norma, como una perversión cuerpo, su sexualidad y su género. Esa autoridad epistémica está
o como una enfermedad. También el modo en que la Justicia se directamente ligada a su capacidad de agencia. La condición
vinculaba hasta ahora con las personas transgénero, exigién- de sujeto moral, de sujeto político, la condición de ciudadanía
doles reconocerse enfermas para poder acceder a un cambio están vinculadas a la legitimación de la propia experiencia y la
en el sexo registrado en el documento y para modificarlo por su posibilidad de decirla en su propio lenguaje.
género autopercibido. Este desajuste, lejos de considerarse un ¿Es concebible acaso que el sujeto y los peritos disientan en
problema en la asignación de género a partir del sexo genital, se cuanto a la identidad de género, y se le niegue al sujeto su propia
considera una perversión o en el mejor de los casos una patolo- percepción y su voluntad adulta sobre algo tan personal como
gía psíquica: la “disforia de género”. su cuerpo y su sexualidad? Parece razonable decir que no, sin
Esta patología fue hasta ahora la llave de entrada a la posibi- embargo este ha sido el caso en muchas negativas de la Justicia
lidad de una modificación quirúrgica del sexo, e incluso a un ante el requerimiento, por ejemplo, de modificaciones quirúrgi-
reconocimiento del género. Se trataba de una condición inicial cas de los genitales.
para que la Justicia considerara la posibilidad de que se hicie- En este clima, la Ley de Identidad de Género es la ruptura ideo-
ran modificaciones corporales de adecuación genital al género lógica más fuerte en términos de intervención política, y es el
autopercibido. Por eso uno de los puntos relevantes de la ley es más fuerte ejercicio de ciudadanía de los colectivos de derechos
que no se requiera la participación de “peritos” o “expertos” que por la identidad trans. Entre las reivindicaciones más impor-
determinen la adecuación del cambio solicitado. En los casos tantes de la lucha trans se destaca el retiro de la categoría de
resueltos por la Justicia antes de este debate, médicos y psiquia- “disforia de género” y “trastornos de la identidad de género” de
tras sometían a la persona que solicitaba el reconocimiento de los manuales internacionales de diagnóstico de salud mental
su identidad autopercibida a numerosos estudios y reportes DSM4, la abolición de los tratamientos de normalización bina-
incluso biográficos a fin de determinar si era o no era lo que ria a personas intersexuales (es decir, la corrección quirúrgica
decía ser. de los genitales a los bebés que nacen con “sexo ambiguo”), la
No se trata de una discusión técnica, se trata de una cuestión de cobertura pública de la atención sanitaria específica y el libre
poder y en todo caso también de una cuestión ética y filosófica. acceso a los tratamientos hormonales y a las cirugías (sin tutela
En primer lugar, admitir que la identidad sexual es un aspecto psiquiátrica ni judicial). La campaña argentina “stop trans pato-
importante de la identidad personal, y que el derecho a la iden- logización” incorpora además la exigencia de que se eliminen las
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normativas que criminalizan a las personas transgénero, como cuerpo sexuado del género reconocido.
códigos de faltas y contravencionales que castigan a quienes Resumiendo, entre la segunda mitad del siglo XX y estos co-
visten ropa que no corresponde a su sexo. mienzos del siglo XXI nos tocó incorporar varios cambios en lo
La Ley de Identidad de Género representa un avance notabilísi- que respecta a las normativas y categorías tradicionales sobre la
mo. Define como identidad de género la identidad autopercibi- sexualidad. En los ’60, la píldora anticonceptiva permitió separar
da por el propio sujeto; no hay peritajes ni se recurre a la Justicia; la sexualidad de la reproducción. En los ’80 las tecnologías de
la corporalidad es parte de esa identidad y el sujeto puede soli- reproducción asistida posibilitaron la procreación sin sexua-
citar los cambios hormonales, farmacológicos y quirúrgicos que lidad. La adopción homoparental separó la sexualidad de las
le permitan expresar su género. Sin declaración de patología, sin funciones materna y paterna y el cuidado. El matrimonio igua-
orden quirúrgica, sino como simple acceso a la salud integral. litario separó la heterosexualidad de la familia y la paternidad
Queda como desafío establecer protocolos de atención para el y maternidad. La ley de identidad de género separa los cuerpos
tratamiento de los bebés intersexuales en los sistemas de salud, sexuados del género asignado. La reforma del Código Civil, en su
de modo que no sean sometidos a cirugías mutilantes e irrever- versión en debate, permitirá separar la maternidad por gametos,
sibles con el objeto de “corregir” sus genitales. Este tratamiento por gestación y por voluntad procreacional.
cruento, en el que suele violarse el requerimiento de consenti- En este contexto resulta incongruente y violatorio de derechos
miento informado, es todavía usual en los hospitales pediátricos el tratamiento correctivo disciplinador de los cuerpos que reci-
y entra en contradicción con la libertad para vivir el cuerpo y la ben las personas intersexuales, tanto que documentos recientes
sexualidad con amplias libertades, como lo establece el respeto de derechos humanos los califican como una forma de tortura.
por la identidad de género autopercibida. Pensemos estas situaciones en el marco de los derechos huma-
Claro que la cuestión cultural sobre los cuerpos, sobre la sexua- nos y no seamos cómplices. Frente a la tortura no hay neutrali-
lidad y sobre las identidades no se corrige con una ley, pero el dad posible.
consenso político legislativo es un paso notable en el progreso
hacia una sociedad plural que admite la disidencia de las nor-
mas sexuales impuestas y no excluye de la ciudadanía a los su-
jetos diversos. La manera de vivir el género, el cuerpo y la sexua-
lidad son personales y singulares. Así como la modificación de
la ley de matrimonio permitió separar la familia de la heterose-
xualidad, la nueva ley de identidad de género permite separar el