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Lucchese - Althusser, Lector de Maquiavelo

Este documento resume la lectura que hace Althusser de Maquiavelo. Althusser encuentra en Maquiavelo, de manera paradójica, la promesa de redefinir el objeto teórico. Sin embargo, en sus escritos sobre Maquiavelo, destaca más el "vacío" del encuentro. Althusser ve en Maquiavelo una antropología política impotente y una incapacidad de expresarse en conceptos filosóficos establecidos. Más adelante, otros han interpretado a Maquiavelo de manera diferente,
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Lucchese - Althusser, Lector de Maquiavelo

Este documento resume la lectura que hace Althusser de Maquiavelo. Althusser encuentra en Maquiavelo, de manera paradójica, la promesa de redefinir el objeto teórico. Sin embargo, en sus escritos sobre Maquiavelo, destaca más el "vacío" del encuentro. Althusser ve en Maquiavelo una antropología política impotente y una incapacidad de expresarse en conceptos filosóficos establecidos. Más adelante, otros han interpretado a Maquiavelo de manera diferente,
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SOBRE EL VACÍO DE UN ENCUENTRO:

el materialismo

ALTHUSSER LECTOR DE MAQUIAVELO


por Filippo del Lucchese*

El “encuentro” –esta palabra repetida “sin tregua” filósofos le niegan cualquier alcance teórico. Y es aquí
por Marx- empuja a Althusser a medirse con Ma- donde empieza el desafío. Esto plantea la necesidad
quiavelo. Un encuentro plenamente “italiano”, gra- –dice Althusser– de redefinir nada menos que la
cias a una cegadora belleza siciliana, atravesando la “naturaleza misma” del objeto teórico en los clásicos:
Romaña de Cesar Borgia1: primero Gramsci, pero in-
mediatamente después Maquiavelo2. Un encuentro
aleatorio y contingente, y sin embargo necesario. So-
bre todo, un encuentro muy extraño. No por el “qué”
sino por el “cómo”, por el modo en que Althusser
decide “comprometerse” con el pensamiento de
Maquiavelo. Althusser es un filósofo que se distancia
de la filosofía:

Cuanto más lo veo, más me convenzo, por cierto


que a mi pesar, de que no soy un filósofo. Y sin
embargo, sería necesario serlo, porque serlo es, en
adelante, posible y necesario. Pero, no lo seré yo. Sé
demasiado poco, y ya no tengo tiempo de aprender.
Yo soy un agitador político en la filosofía. Sin duda
que también hace falta agitadores, para abrir vías.
Otros, más jóvenes, mejor equipados de conoci-
mientos de todo género, serán el filósofo que yo no
pude ser.3

Por tanto, “este” Althusser pretende hacer de Ma- Quisiera sugerir que la contradicción de este reco-
quiavelo –es decir, de alguien que manifiestamente nocimiento práctico o latente del sentido teórico
del pensamiento de Maquiavelo, por un lado, y la
no es un filósofo en sentido tradicional– justamente
negación de todo alcance teórico al mismo pensa-
un filósofo o, al menos, un teórico. Maquiavelo es
página 26

miento por parte de los propios teóricos, esta con-


ajeno al mundo de los conceptos “clásicos” de los filó- tradicción es quizás la ocasión y el medio de plan-
sofos: de este modo se abre el curso de 1962, el pri- tear el problema de la naturaleza misma del obje-
mer escrito que le dedica4. A su pensamiento –aquí to teórico de los clásicos. Si Maquiavelo tiene un
está la paradoja– que “rezuma” sentido teórico, los valor teórico, es el valor teórico del objeto de la
YOUKALI, 3

* Traducción de Roger Campione. El artículo es de Filippo del Lucchese, Marie Curie Felow, UPJV-Amiens.
1. Althusser, L., “L’unica tradizione materialista”, en Sul materialismo aleatorio, a cargo de V. Morfino y L. Pinzolo, Unicopli,
Milano 2000, págs. 144-145.
2. Ibid, págs. 143-144: «Me puse a leer un poco de Gramsci (sobre los intelectuales), pero enseguida interrumpí la lectura para
aventurarme en la de Maquiavelo»
3. Althusser, L., Lettres à Franca...., le 12 juillet 1967, pág. 750.
4. Althusser, L., Politique et Histoire. De Machiavel à Marx, ed. F. Matheron, Seuil, Paris, 2006.

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teoría política que en sus pretensiones se halla los comportamientos sociales. Pero la antropología
atendida, contestada y, de alguna manera, juzga-

el materialismo
permanece “negativa y crítica”, nunca positiva, es
da por este cuestionamiento previo que es la teo- decir, no existe ninguna “deducción genética de las
ría no reconocida de Maquiavelo.5 formas sociales y políticas a partir de una teoría de la
naturaleza humana”6. Ésta es la “soledad de Ma-
Se trata, por tanto de un encuentro paradójico que, quiavelo”, una afortunada expresión que Althusser
ya desde las primeras líneas, pone sobre la mesa una utilizará sucesivamente y que aparece, por tanto,
comprometedora promesa: nada menos que la re- muy pronto7. Sin embargo, no se trata de la soledad
definición del “objeto teórico”. de una crítica original, sino la de un “fracaso”, la de
una impotencia y una incapacidad:
Esta promesa, importante y comprometedora, se
mantendrá. Maquiavelo es una de las vértebras de la No se podría decir, por tanto, que esta soledad de
columna de aquella auténtica redefinición de la teo- Maquiavelo sea la soledad de una crítica. Maquia-
ría y de la filosofía que será el materialismo aleatorio. velo no se encuentra más allá de la operación teóri-
Pero, paradójicamente, en los escritos que Althusser ca clásica y de su fundación, está más acá. Se puede
dedica a Maquiavelo, lo que se destaca es, más bien, considerar que el fracaso de sus intentos antropoló-
el “vacío” de un encuentro. Se trata de una lectura a gicos e histórico-filosóficos dan testimonio más de
menudo ambivalente, además de fragmentaria, y, en una impotencia de hecho, de una incapacidad de
muchos casos, en absoluto original. Es decir, ni origi- expresar lo que tiene que decir en los conceptos
filosóficos consagrados, que de una verdadera con-
nal ni potente, como lo será, en cambio, la presencia
ciencia crítica.8
teórica de Maquiavelo en el dispositivo global del
materialismo aleatorio.
Ahora bien, sería posible contestar esta conclusión,
en gran medida, sobre la base tanto del texto maquia-
veliano, como de su relación con los modernos, aun
Impotente soledad.
manteniendo las obvias diferencias de perspectiva
cronológica. Es decir, sería posible mostrar que la
Uno de los temas que más interesan a Althusser, en
desarrollada por Maquiavelo es una antropología po-
el curso de 1962, es la relación entre antropología y
lítica con la que la modernidad sentirá una profunda
política en Maquiavelo, en el contexto más amplio de
exigencia de dialogar9.
la filosofía política moderna. Por un lado, no hablan-
do del hombre o de la naturaleza humana, sino de los
Sin embargo, más que contraponer los textos ma-
“hombres” en plural, a Maquiavelo –ésta es la con-
quiavelianos a la lectura de Althusser, parece más útil
clusión no especialmente penetrante de Althusser–
poner a prueba sus conclusiones en relación con la
no le interesa y no construye una antropología políti-
consideración más amplia de la posición de Ma-
ca como será, por ejemplo, la de Hobbes o de Spino-
quiavelo en la historia de la filosofía. Es decir, la tesis
za. Por el otro, si alguna forma de antropología puede
del “fracaso” y de su “incapacidad”, puede leerse en la
encontrarse en Maquiavelo, ésta no tiene ninguna
distinta perspectiva en la que se ha incluido al secre-
conexión explícita y directa con la política. El uso
tario florentino en algunos textos posteriores. Tome-
“mínimo” que Maquiavelo hace de ella corresponde-
mos como ejemplo el famoso y fulgurante paralelismo
ría al rechazo de un fundamento ético o religioso de
que Althusser propone entre el Marx de El Capital y página 27

5. Ibid, págs. 199-200.


6. Ibid, pág. 240.
7. Ibid, pág. 244.
8. Ibidem.
YOUKALI, 3

9. Sobre el concepto de naturaleza humana en Maquiavelo cfr. E. Namer, “La nature humaine chez Machiavel”, Les Études
Philosophiques, 16 (1961), págs. 307-312 ; M. Tlili, “Méchanceté de l’homme2, Revue de Métaphysique et de Morale, 73
(1968), págs. 205-222, págs. 205-222 ; M. F. Sciacca, “La concezione dell’uomo”, Cultura e Scuola, 33-34 (1970), págs. 56-71
; S. Zeppi, “Il pessimismo antropologico nel Machiavelli del periodo anteriore ai ‘Discorsi’”, Filosofia politica, 6 (1992), págs.
193-242. Sobre la relación con Hobbes cfr. por ejemplo C. Lazzeri, “Les racines de la volonté de puissance: le ‘passage’ de
Machiavel à Hobbes”, in Y. C. Zarka, J. Bernhardt, (éds.), Thomas Hobbes. Philosophia première, théorie de la science et poli-
tique, París, Presses Universitaires de France, 1990.

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el sentido clásico del término. Cuando Althusser ha-
el materialismo

bla en 1962 del “fracaso” de Maquiavelo, parece no


considerar que las bases de ese fracaso son justamen-
te las que posibilitan el acercamiento, desde el punto
de vista teórico, de su realismo al de Marx, como ha-
rá, de hecho, en La solitude de Machiavel. Y esto to-
davía resulta más curioso si se piensa que la respues-
ta más potente a ese individuo abstracto, en la mo-
dernidad, será precisamente la de Spinoza, fundada
explícitamente en el realismo antropológico de Ma-
quiavelo12.

Tomemos otro ejemplo. Althusser se concentra


en la lectura que Maquiavelo hace de Polibio para
salir de una filosofía de la historia lineal y circular, en
la que el destino de los estados estaría ya inscrito en
sus orígenes. Un tema, por tanto, de importancia
el Maquiavelo de El príncipe, en La solitude de Ma- capital para cualquier marxista. Althusser pone co-
chiavel. Describiendo la acumulación primitiva, Marx rrectamente el acento en el distanciamiento de Ma-
ha destruido la ilusión de una historia edificante del quiavelo respecto de Polibio: los estados no recorren
origen y del encuentro entre capital y trabajo10. Del de manera lineal su trayecto de generación y corrup-
mismo modo, Maquiavelo habría descrito la acumu- ción de las distintas formas de gobierno, porque en-
lación “política primitiva”, en respuesta (totalmente cuentran en su camino otros estados más poderosos
teórica y, desde luego, no cronológica) a los teóricos y más fuertes –por tanto, la guerra– que interrum-
del derecho natural y del Estado moderno: pen ese ciclo, de lo contrario, de por sí, infinito13.

Diría que, al margen de cualquier otra considera- El elemento de originalidad más fuerte en el uso
ción, Maquiavelo responde de esta manera al dis- heterodoxo que Maquiavelo hace de Polibio es la
curso edificante que sobre la historia del Estado conexión entre guerra y “lucha de clases”. La diferen-
defienden los filósofos del derecho natural. Incluso cia de poder entre los estados enfrentados depende
sugeriría que Maquiavelo es quizás uno de los raros
directamente del conflicto interno entre las clases,
testigos de lo que podríamos llamar la acumulación
entre el pueblo y los grandes14. Lo verdaderamente
política primitiva, uno de los pocos teóricos de los
comienzos del Estado nacional. En lugar de decir nuevo en el análisis de Maquiavelo consiste en atar
que el Estado nace del derecho y de la naturaleza, indisolublemente (mejor dicho, en desenmascarar la
nos dice cómo debe nacer un Estado si quiere “ideología” de quien querría separar) la guerra exter-
durar, y ser lo suficientemente fuerte como para na y el conflicto de clases interno15.
transformarse en el Estado de una nación.11
Ahora bien, no sólo Althusser no capta la origina-
Althusser parece no darse cuenta –dentro de esta lidad de este argumento, sino que afirma que la fuer-
potente comparación– de que la desmitificación y el za de Maquiavelo consiste en la valorización del “go-
página 28

rechazo de Marx del individuo burgués, del trabaja- bierno mixto”. La unión de las tres formas buenas de
dor independiente y de su espíritu económico, co- gobierno –neutralizándolas en cuanto formas singu-
rresponde, en gran medida, a la desmitificación y al lares– permite salir del círculo polibiano y de su filo-
rechazo de Maquiavelo hacia una “antropología” en sofía de la historia:
YOUKALI, 3

10. Althusser, L., La solitude de Machiavel, Presses Universitaires de France, París 1998.
11. Ibidem.
12. Cfr. por ejemplo Spinoza, Tratado político, I, 1.
13. Maquiavelo, N., Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio, I, 2.
14. Ibid, I, 6.
15. Ver lo que nuevamente escribe Maquiavelo en las Istorie fiorentine, VI, 1.

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La teoría de los ciclos es cuestionada por la consti- dad de Maquiavelo –y aquí comienza su relación
tución de ese gobierno mixto que reune las ventajas

el materialismo
“íntima”, que le llevará a la “identificación” –pero,
de los tres gobiernos buenos: príncipe + grandes + paradójicamente, no la encuentra en sus textos, apo-
pueblo. ¿Cómo interpretar esta síntesis sino como yándose en una interpretación en absoluto original.
una síntesis que permite la esperanza de escapar a
la ley de la infinitud misma en la constitución del
En conjunto, parecería diferente el discurso para
gobierno que combina (neutralizándolos mutua-
mente) los principios y benéficos de los tres gobier- los escritos posteriores, recogidos en el tomo II de los
nos fundamentales? Yo diria que la infinitud del ci- Escritos filosóficos y políticos con el título Machiavel
clo de la historia es abstracto. Lo concreto es la lu- et nous, reelaborados hasta 1986. Diferente sólo en
cha de los Estados entre sí que interrumpe la infini- apariencia porque aquí, por una parte, este Maquia-
tud del ciclo, hasta que sobreviene ese Estado mixto velo es mucho más maduro, potente y ya leído en la
tan bien compuesto que él mismo es un desafío a la perspectiva del último Althusser, el del materialismo
infinitud del ciclo.16 aleatorio. Sin embargo, por otra parte, esta proyec-
ción sobre el materialismo aleatorio es, a menudo,
Como es sabido, en el plano teórico, ésta ya es la lec- sólo aparente y se mantiene en un nivel puramente
tura de Polibio y, antes, de Aristóteles17. Falta aquí, lingüístico.
en la lectura de Althusser, cualquier referencia a la
originalidad de Maquiavelo respecto a sus fuentes
clásicas que, sin embargo, emerge con fuerza de su
teoría del conflicto.

Además, a diferencia de lo dicho sobre el tema de


la antropología, esta lectura no parece cambiar de
manera significativa en los escritos posteriores. Una
vez más, la solución es una “síntesis” de las tres for-
mas con las que Maquiavelo saldría de la argumenta-
ción de Polibio:

Así es, en su simplicidad, la teoría cíclica de la his-


toria, la tipología de gobiernos, tal como Maquia-
velo la ha tomado prestada, en parte, de Polibio. Pa-
ra esta tercera tesis de la naturaleza cíclica de la his-
toria, Maquiavelo parece haber realizado, ... una
“síntesis”, en el sentido hegeliano vulgar, entre la
primera tesis (el curso inmutable), y la segunda
tesis (la movilidad universal). ¿Qué es en efecto el
ciclo de la historia, sino el movimiento inmóvil, el
inmutable movimiento de la repetición de los mis- Althusser habla del pensamiento de Maquiavelo
mos cambios?18 como del pensamiento de la “coyuntura singular”, del
“caso singular aleatorio”, de “determinación dialéctica
No pasa desapercibida la alusión –tanto más enig- aleatoria”. Pero las notas de edición de François Ma- página 29
mática cuanto más demos su justo peso a las palabras theron recuerdan oportunamente que se trata –con
empleadas por Althusser- a un lenguaje que remite a inflexible regularidad– de “añadidos manuscritos pos-
conceptos aristotélicos. teriores”. Por lo tanto, es como si Althusser, con los
años, releyera con cristales distintos de los que llevaba
Lo que Althusser parece reprocharle a Maquiave- anteriormente estos apuntes suyos estratificados, “pe-
lo –el no haber sabido o podido expresar enteramen- gando” el lenguaje y las categorías del materialismo
te su pensamiento revolucionario– parece reflejarse aleatorio a su lectura anterior de Maquiavelo. Lo cual
YOUKALI, 3

en su mismo análisis: Althusser intuye la originali- es interesante porque, en realidad, lo que Althusser

16. Althusser, L., Politique et Histoire, cit., pág. 243.


17. Cfr. en particular el VI libro de las Historias de Polibio y el IV libro de la Política de Aristóteles.
18. Althusser, L., “Machiavel et nous”, en Écrits philosophiques et politiques, t. II, Stock/Imec, París 1995, pág. 83.

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describe en estos textos es significativamente distin- terior] la coyuntura: no por simples comparaciones
el materialismo

to y sólo superficialmente coincidente con ese autén- intelectuales, sino por el enfrentamiento de las
tico “arsenal” teórico llamado “Maquiavelo”, con el fuerzas de clase existentes y su relación de desarro-
rol y el estatuto que éste jugará en la implantación llo desigual. En definitiva, por su futuro aleatorio
[añadido manuscrito posterior].19
del materialismo del encuentro.

A través del lenguaje potente y evocador del Otros ejemplos, relativos a Machiavel et nous, mere-
materialismo aleatorio, aquí se intenta describir un cen examen. El primero, que llama particularmente
objeto teórico “distante”, como por ejemplo en esta la atención, es el distinto modo en que Althusser
cuasi-definición que Althusser presenta del “pensa- habla de Maquiavelo, utilizando las categorías aristo-
miento en la coyuntura”. Es decir, qué significa para télicas de “materia” y “forma”. El mismo Maquiavelo
Maquiavelo, pensar en la coyuntura el problema de emplea este lenguaje pero, una vez más, solamente el
la unidad de un estado nacional italiano: lenguaje y no los conceptos a los que, en cambio, con
una estrategia retórica querida por Spinoza, les da la
vuelta. Para Maquiavelo (en este caso un auténtico
“hijo de la tierra” contra los “amigos de las formas”)
parece darse –en contra de Aristóteles– una clara
prevalencia de la materia sobre la forma. Una mate-
ria sana o una materia corrupta ofrecen a los actores
políticos la “ocasión” de demostrar su virtud20. Por
tanto, todo lo contrario del elemento pasivo aristoté-
lico: Florencia es materia apta para ser ordenada co-
mo república y quien quisiera intentar lo contrario,
es decir, imponerle una forma distinta, fracasaría ne-
cesariamente. No es casualidad que la pareja mate-
ria/forma sea utilizada preferentemente por Ma-
quiavelo junto con la de fortuna/ocasión21.

Ahora bien, en este sentido, en el curso de 1962,


Althusser se expresa de forma más nítida, separando
claramente a Maquiavelo de las categorías y de los
conceptos aristotélicos:
¿Qué significa pensar dentro de la coyuntura?
¿Pensar un problema político bajo la categoría de La “materia” política de la que habla Maquiavelo
coyuntura? Ante todo significa tener en cuenta cuando tiene a la vista la situación italiana no es com-
todas las determinaciones, todas las circunstancias parable con la potencia aristotélica, quecarece de
concretas existentes, enumerarlas, detallarlas y forma y, a la vez, aspira a ella, y que contiene (como
compararlas... Pero este inventario de los elemen- el bloque de marmol en el que ciertas vetas sugieren
tos y de las circunstancias no es suficiente. Pensar la forma que le dará el escultor) el esbozo futuro.
bajo la categoría de coyuntura no es pensar sobre la Todavía es menos comparable incluso con la forma
coyuntura, como si se reflexionara sobre un con- que lleva en su interior el momento hegeliano de la
junto de datos concretos. Pensar bajo la coyuntura
página 30

historia (que encierra en sí, sin saberlo, la forma


es literalmente someterse al problema que produce implícita que, una vez rechazada la forma antigua
e impone su caso [añadido manuscrito posterior]: existente, aparecerá con el advenimiento de la nueva
el problema político de la unidad nacional, la cons- época). No: la materia es puro vacío de forma, pura
titución de Italia en Estado nacional... Maquiavelo expectativa informe de forma. La materia italiana es
no hace más que registrar en su posición teórica un una potencia vacía, que espera que una forma le sea
problema que está objetivamente, históricamente aportada e impuesta desde afuera.22
planteado por el caso de [añadido manuscrito pos-
YOUKALI, 3

19. Ibid, págs. 59-60.


20. Cfr. por ejemplo Il Principe, VI.
21. Cfr. otra vez Ibid, XXVI.
22. Althusser, L., Politique et Histoire, cit., pág. 208.

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Se trata del reconocimiento –añade Althusser– de la
“contingencia radical” por la que la forma nueva se

el materialismo
“aplica” a la materia existente. La necesidad de una
nueva forma tiene como condición la radical contin-
gencia de un nuevo comienzo.

Ahora bien, a esta conclusión, tan claramente


avanzada en 1962, le sigue en los escritos posteriores,
una actitud más ambivalente y borrosa. ¿Cuál es la
forma –se pregunta Althusser– bajo la cual reunir
todas las fuerzas positivas disponibles para llevar a
cabo el objetivo político de la unidad nacional? Esa
forma es el príncipe, un individuo excepcional, dota-
do de virtudes excepcionales que, en circunstancias
excepcionales será capaz de movilizar las fuerzas ne-
cesarias23. Es casi una filosofía de la historia la que
emerge de este príncipe maquiaveliano:
za y consenso26, aquí, en cambio, parece acogerlo
El príncipe de Maquiavelo es un soberano absolu- plenamente, llegando a decir que
to al que la historia “confía una tarea” decisiva: la de
dar “forma” a una “materia que aspira a su forma”, la Aunque las nuevas relaciones de la teoría con la
nación. El príncipe nuevo de Maquiavelo es, así, una Antigüedad, que acabamos de analizar, resultan ori-
forma política definida, encargada de realizar las exi- ginales y formalmente fecundas, no se hallan despro-
gencias históricas que están “a la orden del día”: la vistas de una cierta ilusión: la ilusión utópica. Si es
constitución de una nación.24 verdad que toda utopía busca en el pasado la garan-
tía y la forma del futuro, Maquiavelo, que busca en
Naturalmente, detrás de estas consideraciones, Roma la solución futura al problema político de Ita-
está la lectura de Gramsci y del príncipe nuevo. Aun lia, no escapa a la ilusión de la utopía.27
invitando a “sopesar” estas palabras de Gramsci, Al-
thusser comparte y valora su empresa política y cul- Un Maquiavelo utópico, por tanto, prisionero de
tural: «he aquí, en la noche del fascismo, como Ma- una “ilusión” y de los límites de su propio análisis.
quiavelo le habla a Gramsci: al futuro. Y el Moderno Sería posible destacar otros ejemplos, para mostrar
Príncipe arroja luz sobre su Príncipe Nuevo: Gramsci la ambivalencia y las debilidades de la lectura althus-
escribe que El príncipe es un “manifiesto” y una “uto- seriana de Maquiavelo. Pero creo que es más intere-
pía revolucionaria”. Digamos, para resumir, que es sante, en este punto, plantear un problema diferente
“un manifiesto utópico revolucionario”25. a estos textos. Abandonar por un momento la lectu-
ra, para centrarse en el problema teórico que emerge
Ahora bien, si por un lado no se le puede escapar del encuentro entre Althusser y Maquiavelo. “Debe
a Althusser toda la carga filosófica de este lenguaje, considerarse –escribe Althusser– no la literalidad
por el otro parece dispuesto, en cambio, a amoldar a formal de los textos de Maquiavelo, sino su funciona-
miento”28. Quizá sea oportuno ahora, del mismo
página 31
Maquiavelo sobre la lectura de Gramsci. Si Althusser
se aleja de Gramsci en muchos aspectos, como por modo, dejar la “literalidad formal” de los textos de
ejemplo sobre la idea de compenetración entre fuer- Althusser para considerar su funcionamiento teórico.
YOUKALI, 3

23. Althusser, L., Machiavel et nous, cit., pág. 61.


24. Ibid, pág. 54.
25. Ibidem.
26. Cfr. Montag, W., “Beyond Force and Consent: Althusser, Spinoza, Hobbes”, en A. Callari, D.F. Ruccio (eds.), Postmodern
Materialism and the Future of Marxist Theory, Wesleyan University Press, Hanover and London 1996, págs. 91-106.
27. Althusser, L., Machiavel et nous, cit., pág. 97.
28. Ibid, págs. 86-87.

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Para hacerlo, la mejor manera es, precisamente, la de tiempo que se puede hacer avanzar cuando se juzga
que una situación es favorable (y es favorable sólo
el materialismo

pasar por Gramsci. Por una parte porque, al mostrar


los límites de su lectura, a menudo se olvidan sus po- en la medida en que tal fuerza exista y esté llena de
tencialidades. Por otra parte, porque estas mismas ardor combativo); por eso la tarea esencial es la de
ocuparse sistemática y pacientemente en formar,
potencialidades tienen una importancia tanto teórica
desarrollar, en hacer cada vez más homogénea,
como historiográfica. Y justamente del “crisol” Ma-
compacta, consciente de sí misma a esa fuerza. Así
quiavelo-Gramsci-Althusser nacen elementos teóri- se ve en la historia militar y en el cuidado con que
cos de extraordinaria importancia. en todo tiempo han sido preparados los ejércitos
para iniciar una guerra en cualquier momento. Los
Se insiste a menudo sobre la linealidad de la lec- grandes Estados son grandes Estados precisamen-
tura gramsciana y las dificultades que ésta comporta te porque en todo momento estaban preparados
en la “traducción” –o en el empleo político– del prín- para insertarse eficazmente en las coyunturas in-
cipe de Maquiavelo en la perspectiva del partido polí- ternacionales favorables y éstas eran tales porque
tico. Un ejemplo típico de esta problemática traduc- existía la posibilidad concreta de insertarse eficaz-
ción sería la conexión realizada por Gramsci entre los mente en ellas.31
Jacobinos y el contexto de la Fisiocracia, preguntán-
dose si Maquiavelo, de alguna manera, se ha “antici- Difícilmente se puede imaginar una descripción más
pado a los tiempos” y ha anticipado alguna exigencia cercana a la idea maquiaveliana de intervención de la
que después ha encontrado expresión justamente en virtud en la coyuntura. Toda la reflexión maquiave-
los fisiócratas29. liana sobre el entrelazamiento entre política y guerra,
en particular en el Arte della guerra, está dirigida a
Sin embargo –teniendo aquí también en cuenta el desarrollar esta idea de preparación de las mejores
carácter estratificado y complejo de estos textos– la condiciones (nunca las perfectas, sino sólo las mejo-
excesiva “linealidad” que emerge del Maquiavelo de res) de intervención en la coyuntura32.
Gramsci –y que, sin duda, atrajo la atención de Al-
thusser– no es tan banal e ingenua como puede pare- Y más significativo todavía es que Gramsci hable
cer a primera vista. Baste pensar que si el intento de de esta concepción a través de una referencia a Albert
Althusser es el de hacer de Maquiavelo un filósofo, Mathiez que, en su interpretación de la revolución
exactamente sobre este punto se desarrolló la crítica francesa, niega precisamente la ingenua linealidad,
gramsciana de la posición de Croce y la reevaluación en la historia, de las relaciones entre crisis y ruptu-
de la “política-práctica” de Maquiavelo y al mismo ras33.
tiempo de Marx30.
Por tanto, aquí estamos muy lejos del intento de
Además, desde el punto de vista de una concep- utilizar a “Maquiavelo” como un mero instrumento
ción de la historia, de su apertura y de las posibilida- para definir un recorrido lineal y esbozar una filoso-
des de intervenir en ella –argumento querido, por fía vulgar de la historia34. Me pregunto si cuando Al-
motivos distintos, tanto por Maquiavelo como por thusser habla de coyuntura en sus textos sobre Ma-
Althusser– no es ingenua para nada la lectura grams- quiavelo –algo muy distinto, de nuevo, de la “coyun-
ciana de la virtud como principio de intervención en tura” que aparece en los escritos sobre el materialis-
la “coyuntura”. A propósito de la organización mili- mo aleatorio– no esté realmente cerca y no esté ex-
presando algo parecido a lo que aquí dice Gramsci.
página 32

tar, Gramsci escribe:


Es decir, a través de estos textos, sería posible ver,
El elemento decisivo de toda situación es la fuerza por un lado, a un Gramsci menos amoldado a una
permanentemente organizada y predispuesta con vulgar y lineal concepción de la filosofía de la historia

29. Gramsci, A., Quaderni del Carcere, III, Einaudi, Turín, 1977, pág. 1575.
YOUKALI, 3

30. Cfr. Frosini, F., Gramsci e la filosofia. Saggio sui Quaderni del Carcere, Carocci, Roma, 2003, págs. 164-165.
31 .Gramsci, A., Quaderni del Carcere, cit., págs. 1588-1589.
32. El ejemplo más significativo y famoso de esta “preparación”, naturalmente es la metáfora del río y de los diques en Il
Principe, XXV.
33. Gramsci, A., Quaderni del Carcere, cit., p. 1587.
34. Sobre el concepto de inmanencia en Gramsci, cfr. Frosini, F., “Immanenza e materialismo storico nei Quaderni del carcere
di Gramsci”, Quaderni materialisti, 5 (2006), págs. 147-158.

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de una voluntad colectiva reconocida y afirmada
parcialmente en la acción. Este organismo ha sido

el materialismo
creado ya por el desarrollo histórico: es el partido
político, la primera célula en la que se reúnen unos
gérmenes de voluntad colectiva que tienden a con-
vertirse en universales y totales.35

Los jacobinos, éste es el paralelo trazado por Grams-


ci, fueron una “encarnación categórica” del Príncipe
de Maquiavelo y la “teoría” del Príncipe nuevo debe-
ría contener una parte dedicada precisamente a la
voluntad política y colectiva, a su formación concre-
ta, a su afirmación histórica y parcial. Aquí Gramsci
“dispara” sus cartuchos contra Sorel y contra un tipo
de espontaneidad revolucionaria destinada a la de-
rrota y a la disolución.

Ahora bien, además del obvio cariz anti-soreliano


y, por el otro, a un Althusser que aún trabaja para for- (y del significativo evitar, por parte de Gramsci, la
jar ese valioso instrumento teórico que será el Ma- expresión roussoniana de “voluntad general”, prefi-
quiavelo del materialismo aleatorio. riendo la de “voluntad colectiva”), esta interpretación
tiene un evidente y profundo interés teórico además
Pero todavía más interesante es la ambivalencia de un mérito historiográfico, que no tiene nada que
relativa a la concepción del príncipe y el nudo proble- ver y va mucho más allá del problema político de la
mático que se deriva de ella. Aquí, con la concepción organización y del partido.
del partido como moderno príncipe, ya ni siquiera
estamos en la interpretación de Maquiavelo, sino en El interés consiste en poner en evidencia que el
un uso “instrumental” que parece de nuevo amoldar- príncipe, para Maquiavelo, es un elemento parcial,
lo totalmente al problema político contemporáneo de un actor de la lucha. Su virtud no se despliega en la
Gramsci. Sin embargo, este uso tan actualizador y organización de un principio superior que rige por
políticamente orientado parece producir, paradójica- encima y organiza el conflicto de forma trascendente,
mente, interesantes efectos teóricos. Efectos que sino sólo dentro y a través del conflicto, de forma ra-
emergen tanto de la lectura de Althusser, como del dicalmente inmanente36.
papel que Althusser juega o puede jugar en el debate
filosófico-político contemporáneo. Ahora bien, la importancia de esta concepción va
mucho más allá de la interpretación de Maquiavelo.
De hecho, en el reciente debate filosófico-político, se
El príncipe, principio parcial. ha desarrollado una discusión que gira precisamente
en torno a Althusser lector de Maquiavelo y, en parti-
Las “Notas sobre Maquiavelo” se abren con el retrato cular, a la concepción y al papel del príncipe. Tam-
del caudillo que representa “plásticamente” y “antropo- bién en este punto la lectura de Althusser parece par-
página 33
mórficamente”, el símbolo de la “voluntad colectiva”: ticularmente ambivalente. El príncipe como mani-
fiesto político, la importancia del “desequilibrio”
El príncipe moderno, el mito-príncipe no puede ser enunciado en el proemio, es decir, la distancia sobre
una persona real, un individuo concreto; sólo la que hace hincapié –con violencia– Maquiavelo, el
puede ser un organismo, un elemento de sociedad
escritor que pertenece al pueblo, para hablar de los
complejo en el que ya se haya iniciado la concreción
príncipes; la coherencia teórica entre El príncipe y
YOUKALI, 3

35. Gramsci, A., Quderni del Carcere, cit., págs. 1558-1559.


36. Esta interpretación y, más en general, la relación entre El príncipe y los Discursos, todavía está en el centro del debate his-
toriográfico, en el que se tiende a hacer sobresalir los aspectos más “crudos” del realismo maquiaveliano o a neutralizarlo, rele-
gándolo aunque sea en situación de protagonista– dentro del filón del humanismo tardío y del republicanismo civil. Cfr. M.
Viroli, Machiavelli, Oxford University Press, Oxford 1998.

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los Discursos: todos estos temas muestran cómo Al-
thusser ha captado plenamente –al igual que Grams-
ci– el nexo y el valor filosófico y a la vez político de
el materialismo

Maquiavelo. El Príncipe es irreductiblemente un


principio parcial. Y es un principio plural, múltiple,
colectivo y conflictual. Porque no representa al pue-
blo (reduciéndolo a unidad como el soberano hobbe-
siano): el príncipe es el pueblo contra los grandes37.

Sin embargo, por otro lado, Althusser parece des-


lizarse, a veces, por lo que, quizás con una cierta exa-
geración, ha sido definido como un “eco voluntaris-
ta”38. Althusser escribe en Machiavel et nous:

Maquiavelo ciertamente se sitúa en el punto de


vista del pueblo, pero ese Príncipe, al que asigna la
misión de unificar la nación italiana, debe conver-
tirse en un Príncipe popular, él mismo no es pue-
blo. Igualmente, el pueblo no está llamado a hacer- un punto de vista de clase, aquél mantiene una dis-
se Príncipe. Existe, así, una dualidad irreductible tancia con la perspectiva de clase, porque ni el prín-
entre el lugar del punto de vista político y el lugar cipe debe convertirse en pueblo, ni el pueblo debe
de la fuerza y de la práctica política, entre el «suje- convertirse en príncipe. La práctica política, en este
to» desde el punto de vista político, el pueblo, y el sentido, se asienta en un espacio vacío que debe per-
«sujeto» de la práctica política, el Príncipe. Esta manecer vacío40.
dualidad, esta irreductibilidad, afecta al Príncipe y
al pueblo. Siendo el Príncipe definido única y exclu-
sivamente por la función que debe lleva a cabo, es
Ahora bien, me parece que la mejor forma de
decir, por el vacío histórico que debe llenar, es una interpretar estos textos es la de conservar su ambiva-
forma vacía, un puro posible-imposible aleatorio: lencia, su complejidad y su estratificación, sin “aplas-
ninguna pertenencia de clase le dispone para cum- tar” a Althusser sobre un Maquiavelo inexistente,
plir su tarea histórica, ningún vínculo social le liga para hacer de ambos un instrumento teórico al servi-
a este pueblo que debe unificar en una nación.39 cio de una “democracia sin conflicto”. De hecho, el
resultado es el de obliterar el legado más potente y
Aquí, de nuevo, “aleatorio” es un añadido posterior. original de Maquiavelo: que la política siempre es
Pero lo que crea más problemas es, precisamente, el sólo afirmación parcial y conflictual, que el príncipe
concepto de “vacío” pegado a la figura del príncipe, obra sólo dentro y a través de la coyuntura, sin poder
voluntad “absoluta” que emerge y se afirma sobre el determinar de ninguna manera, desde fuera y de
“vacío” de las condiciones históricas. El príncipe está forma trascendente, esa coyuntura.
de algún modo “sustraído” a la dinámica del conflicto,
al encuentro contingente de los elementos en lucha, Emmanuel Terray, por ejemplo, ha escrito que
para hacer de él, en efecto, un “puro” principio. Althusser entendió perfectamente qué pretendía
página 34

Maquiavelo con “fundar sobre el vacío” y con la “sole-


Distanciando el manifiesto maquiaveliano del de dad” del fundador41. Fundar sobre el vacío significa
Marx y Engels, Althusser –de forma, en efecto, ambi- quedarse fuera del conflicto y superar la violencia
valente– sostiene que mientras que éste es interno a originaria natural para fundar el estado42.
YOUKALI, 3

37. Me permito remitir una vez más a mi F. Del Lucchese, Tumulti e indignatio, cit. Cfr. en contra M. Viroli, Machiavelli, Oxford,
Oxford University Press, 1998 o G. Sfez, Machiavel, Le prince sans qualités, Paris, Kimé, 1998.
38. Cfr. G. Galakrishnan, “From Florence to Moscow”, New Left Review, (2000) 3, págs. 158-164.
39. Althusser, L. , Machiavel et nous, cit., pág. 70.
40. Ibid, pág. 69.
41.Terray, E., “An Encounter: Althusser and Machiavelli”, en A. Callari, D. F. Ruccio (eds.), Postmodern Materialism and the
Future of Marxist Theory, cit., págs. 257-277.
42.Una lectura de este tipo, basada en la idea de la necesaria superación y contención de la violencia natural dentro de los lazos
institucionales, ya había sido avanzada por N. Badaloni, “Natura e società in Machiavelli”, Studi Storici, 10 (1969), págs. 675-
708.

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Bastante más articulado es el concepto de “democra- que lo ha originado– es una interpretación que, en el
cia radical” elaborado por Miguel Vatter y basado mejor de los casos, fuerza excesivamente el texto de
precisamente en el vacío, en la “soledad” y en la dis- Maquiavelo. Ya que la originalidad de este consiste

el materialismo
tancia del príncipe maquiaveliano respecto de la polí- precisamente en desarrollar una teoría del conflicto
tica y el conflicto43. Maquiavelo –escribe Vatter– sos- que ni siquiera puede prefigurar de lejos el conflicto
tiene que existe una diferencia sustancial entre el de- natural del posterior iusnaturalismo, ni mucho me-
seo de los grandes de dominar y el deseo del pueblo de nos, encontrar una conclusión en la creación de una
no ser dominado44. Por tanto, la política popular, “sociedad civil”. La lectura de Althusser, como se ha
siempre estaría más acá de toda forma política, de visto, deja abiertos, en sus ambivalencias, amplios
cualquier voluntad de dominio, de cualquier proyecto márgenes de interpretación. Pero es totalmente ina-
constitutivo. Sería, por su parte, un puro retraerse en propiado anular tales ambivalencias para hacer emer-
una zona de neutralidad, de indiferencia, de “libertad ger una lectura de Maquiavelo que olvida y oblitera la
negativa”. La potencia del pueblo sería el reverso de la teoría del conflicto.
potencia spinoziana45. Una fuerza que permanece
indiferente a su propio cumplimiento, un puro posi-
ble cuyo único deseo es el de no ser gobernados.

Para definir este tipo de potencia, Vatter convoca,


por una parte, la traducción arendtiana de isonomía
con la idea de “no-rule” y, por la otra, la idea de Gior-
gio Agamben, desarrollada en Homo sacer, para la
que la posibilidad o la potencia debería ser pensada
en términos no aristotélicos, es decir, de manera in-
diferente respecto a su transición al acto. Vatter hace
emerger esta “In-diferencia soberana del pueblo res-
pecto al gobierno” desde Maquiavelo y, en particular,
desde el Maquiavelo de Althusser, apuntando hacia
una democracia posible que no sea una forma de “go-
bierno”, en el sentido del kratos, es decir, que no sea
una forma de dominio, sino que sea un nuevo con-
cepto de libertad política en un contexto post-mar-
xista. «En Maquiavelo –escribe Vatter– el príncipe
nuevo es, al fin y al cabo, el príncipe civil, precisa-
mente porque funda el estado permaneciendo sepa-
rado de la radicalidad del conflicto social a través de La fuerza teórica de Maquiavelo emerge sin ambi-
la institución de una sociedad civil [...] El poder cons- valencias, para Althusser, en los escritos sobre el ma-
tituido, así, se funda a sí mismo y “cumple” el poder terialismo aleatorio, mucho más, en efecto que en los
constituyente, haciendo posible la sociedad civil. Una escritos sobre el mismo Maquiavelo. El encuentro de
sociedad se vuelve “civil” pacificando el conflicto so- Althusser con Maquiavelo –escribe de nuevo Te-
cial que la ha originado»46. rray– sucede, en un primer momento, a través de página 35
Montesquieu y la reacción del siglo XVIII al contrac-
El paso del príncipe “civil” a la sociedad civil tualismo y más adelante con Gramsci. Se habría po-
–basado, además, en la “pacificación” del conflicto dido encontrar a Maquiavelo también a través de
YOUKALI, 3

43. Cfr.Vatter, M. E., “Althusser et Machiavel: la politique après la critique de Marx”, Multitudes, 13 (2003), págs. 151-163 ;
“Legality and Resistance : Arendt and Negri on Constituent Power”, Kairos, 20 (2002), págs. 191-230 ; “Machiavelli After
Marx : the Self-Overcoming of Marxism in the Late Althusser”, Theory and Event, 7 (2004), págs.. El texto más importante
de Vatter, desafortunadamente poco conocido, es Between Form and Event: Machiavelli’s Theory of Political Freedom,
Kluwer Academic Publisher, Dordrecht, Boston, London 2000.
44. Machiavelli, N., Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio, I, 5.
45. O del poder constituyente de Antonio Negri, que Vatter parece considerar completamente superponible. Cfr. Negri, A., Il
potere constituente. Saggio sulle alternative del moderno, Milán, SugarCo, 1992.
46. Vatter, M. E., Legality and Resistance, cit.

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Spinoza, dice Terray, pero no hay ninguna evidencia llos en los que Maquiavelo está incluido en el crisol
textual47. Si es así, puede decirse entonces que hasta teórico del materialismo aleatorio.
este punto, en el plano teórico, todavía no ha habido
el materialismo

ningún “encuentro”. En cambio, precisamente junto “No elegimos nuestros maestros, como no elegi-
a Spinoza y, más en general, dentro de la corriente mos nuestro tiempo”49. Así dice Althusser y así qui-
subterránea del materialismo, Maquiavelo “estalla” zá debemos interpretar este encuentro, contingente y
teóricamente dentro del pensamiento de Althusser. necesario, entre su “no-filosofía” y la “no-filosofía” de
Maquiavelo. Afrontar este encuentro, es un poco co-
Por tanto, a la luz del materialismo aleatorio se mo afrontar el de Spinoza y Marx. Se trata de en-
podría releer también la “auto-denuncia” de Althus- cuentros que dan un significado al “vacío” en el que
ser de ser ajeno a la filosofía, junto con la reivindica- se dan o, mejor, que se produce mientras se dan. El
ción de ser “solamente” un agitador político en filoso- vacío es el de una “linealidad imposible”. Así como el
fía. Es un no-filósofo muy extraño, éste, que produce encuentro entre Spinoza y Marx resiste a toda linea-
efectos tan potentes dentro y contra la filosofía. La lidad, a la construcción de una tradición –aunque
“auto-denuncia” es casi un calco de la auto-acusación fuese materialista–, también el encuentro entre Al-
maquiaveliana de ser un hombre del pueblo que pre- thusser y Maquiavelo hay que adscribirlo a este tipo
tende hablar al príncipe48. Al igual que es necesario de encuentros, que a menudo proceden por descar-
no ser un príncipe para producir efectos en el prínci- tes, pérdidas, mistificaciones, ambivalencias.
pe, es necesario no ser un filósofo para producir efec-
tos en la filosofía. El esfuerzo y la acción teórica más interesante,
exactamente como en el caso de Spinoza y Marx, con-
Todo el dispositivo del materialismo aleatorio se siste, entonces, en forzar los textos50. En este caso, al
pone al servicio de esta empresa, no sólo Maquiavelo, poner a prueba los análisis que Althusser hace de
que es uno de los átomos que lo componen. Entre los Maquiavelo, con el rol y el estatus que éste asume
puntos sobresalientes de este ataque materialista a la dentro del dispositivo global del materialismo aleato-
filosofía estará la rebelión contra la continuidad ho- rio. Resaltar esta tensión, junto a las ambivalencias
mogénea de la historia, es decir, la producción de co- del texto althusseriano, significa también sustraer su
nocimiento adecuado del tiempo histórico como pensamiento a un uso meramente instrumental y de-
construcción de temporalidades diferenciales: esta volverlo a su temporalidad articulada. Además, es pre-
idea de “conocimiento” como “construcción” pasa cisamente esta tensión la que hace tan fresco y actual
tanto por Maquiavelo como por Spinoza. Estará tam- el encuentro entre Maquiavelo y Althusser. «No soy
bién la oposición de la contingencia no a la necesidad un filósofo –escribía en la carta a Franca– . Y, sin
sino a la teleología. El vacío y los átomos, escribe Al- embargo, sería necesario serlo. [...] Pero, no lo seré
thusser en El materialismo aleatorio, no fundan la yo. Sé demasiado poco, y ya no tengo tiempo de
libertad sino, más bien, son la garantía de la ausencia aprender». Quizá esta incompletud sea precisamen-
de un plan anterior a su encuentro. Nada, si no las te la clave del encuentro con Maquiavelo que, en el
circunstancias fácticas del encuentro, prepararon el prólogo de El príncipe, escribía: «si el escaso ingenio
encuentro mismo: este es un uso potente, original y y la poca experiencia [...] harán este conato mío
revolucionario de Maquiavelo que, paradójicamente, defectuoso y de no mucha utilidad, al menos abrirán
página 36

una vez más, no emerge de los escritos dedicados a el camino a alguno que con más virtudes, más discur-
Maquiavelo, sino que se impone con fuerza en aque- so y juicio, podrá satisfacer mis propósitos».
YOUKALI, 3

47. Terray, E., “An Encounter: Althusser and Machiavelli”, cit., pág. 258.
48. Machiavelli, N., Il Principe, Proemio.
49. Althusser, L., L’Avenir dure longtemps, Stock-IMEC, Paris. 1994, pág. 367.
50. Cfr. en este sentido el planteamiento teórico global de V. Morfino, Il tempo della moltitudine. Materialismo e politica prima

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