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Génesis: Orígenes y Patriarcas

Este documento presenta una introducción y resumen del libro bíblico del Génesis. Explica que el Génesis se divide en dos partes principales: la primera parte (capítulos 1-11) cubre la creación del mundo y la historia temprana de la humanidad, mientras que la segunda parte (capítulos 12-50) se centra en los orígenes y formación del pueblo de Israel a través de las historias de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. El documento también analiza la estructura del libro y resume brevemente el conten

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Génesis: Orígenes y Patriarcas

Este documento presenta una introducción y resumen del libro bíblico del Génesis. Explica que el Génesis se divide en dos partes principales: la primera parte (capítulos 1-11) cubre la creación del mundo y la historia temprana de la humanidad, mientras que la segunda parte (capítulos 12-50) se centra en los orígenes y formación del pueblo de Israel a través de las historias de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. El documento también analiza la estructura del libro y resume brevemente el conten

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Génesis

INTRODUCCIÓN

Las palabras con las que comienza la narración -«En el principio, creó Dios ... »- reflejan la
intencionalidad e incluso el contenido deL primer libro de la Biblia: mostrar cómo actuó
Dios en el comienzo del mundo, de las naciones y, sobre todo, en el comienzo del pueblo
de Israel.
Únicamente la acción de Dios viene a dar la explicación última de las realidades y de la
historia que el autor conoce. No se trata, por tanto, de una explicación científica de las
cosas o de la historia, sino religiosa. Conviene tener presente este aspecto para comprender
rectamente el libro cuyo nombre –Génesis--, que se le dio al ser traducido al griego en el
siglo II a.C., significa sencillamente «Los orígenes».

1. ESTRUCTURA Y SÍNTESIS DEL CONTENIDO

A lo largo del Génesis se repite diez veces una frase equivalente a «Éstas son las
generaciones (orígenes, decadencia) ... », que estructura la trama del libro en diez secciones
de extensión muy desigual, e imprime un progreso a la narración. Sin embargo, las
diferencias de contenido entre los once primeros capítulos y el resto del libro son tan
notables que el Génesis suele ser dividido a la vez en dos grandes partes:

PRIMERA PARTE:
CREACIÓN Y PRIMERA ETAPA DE LA HUMANIDAD (1, 1-11,26).

Contiene la creación y lo que podría llamarse la prehistoria. Incluye cinco de las secciones
marcadas con la frase «Estas son las generaciones ... » que aparece en:
I. 2,4, donde termina la primera narración de la creación del mundo y del hombre, y se
da paso a otro relato sobre la creación de Adán y Eva y sus primeros descendientes. El
libro del Génesis había comenzado con la enseñanza de que Dios creó el mundo, los
cielos y la tierra, y de que, sobre la tierra, creó al hombre con el que entró en
comunicación desde el primer momento1. Continúa narrando cómo el hombre, en el
origen mismo de su existencia, desobedeció a su Creador y, en consecuencia, el mal
se hizo presente en la historia2.
II. 5,1, donde se introducen los descendientes de Adán hasta Noé. Por la bendición de
Dios, los hombres se habían ido multiplicando sobre la tierra, pero, al mismo tiempo,
había ido creciendo el mal hasta límites que Dios no pudo soportar3.
III. 6,9, donde se presentan los descendientes de Noé en la época del diluvio con el que
Dios castigó a la humanidad y dejó únicamente un resto, Noé y su familia 4, con el que
enseguida Dios estableció un pacto5.
IV. 10, 1, donde comienza la presentación de los descendientes de los hijos de Noé -Sem,
Cam y Jafet- de los que surgen todos los pueblos. A partir de los hijos de Noé, la
tierra se repuebla de nuevo6 sin que, por otra parte, haya desaparecido la soberbia
humana que intenta alzarse frente a Dios construyendo la torre de Babel; por eso la
humanidad es dividida y dispersada por la tierra7.
V. 11,10, donde la narración se centra en la descendencia de Sem hasta Teraj, el padre de
Abrahán.
1 .Gn 1,1-2,25.
2. Gn 3,1-4,26.
3. Gn 5,1-6,8.
4. Gn 6,9-8,22.
5. Gn 9,1-17.
6. Gn 10,1-32.
7. Gn 11,1-9.

SEGUNDA PARTE:
ORIGEN Y FORMACIÓN DEL PUEBLO ELEGIDO (11,27-50,26).

Abarca la historia de los patriarcas, es decir, la historia de los orígenes remotos de Israel, en
continuidad con lo narrado en la primera parte. De paso, se da también razón de los
orígenes de los pueblos vecinos. Las sucesivas etapas de la historia que presenta el autor
sagrado se introducen mediante la repetición, otras cinco veces, de la frase «Éstas son las
generaciones ... ». En esta segunda parte la expresión se encuentra en:
VI. 11,27, donde comienza la presentación de la descendencia de Teraj: Abrahán, Najor y
Aram. Tiempo después de la dispersión de Babel, Dios quiere recuperar la amistad
con todos los hombres y derramar sobre ellos sus bendiciones. Con este fin llama a
Abrahán8 al que hará padre de un pueblo numeroso mediante la descendencia
prometida y otorgada a los patriarcas. De este pueblo surgirá el Mesías, Jesucristo,
Salvador universal. Abrahán es la figura central de los capítulos 12 al 25 del Génesis.
Dios le ordena salir de su tierra en Mesopotamia y dirigirse a la tierra de Canaán, cuya
posesión le promete junto a una descendencia numerosa9. Abrahán va hacia el sur, al
desierto del Négueb; pero el hambre en aquella región le obliga a bajar a Egipto, de
donde sube de nuevo para instalarse en Hebrón separándose de Lot, que le había
acompañado desde Mesopotamia10. Desde Hebrón sale en defensa de Lot, derrotando
a una coalición de cuatro reyes; y, a su regreso, encuentra a Melquisedec, rey de
Salem, que le bendice11. Tras ratificarle Dios las promesas mediante un rito de
Alianza12, Abrahán tiene un hijo, Ismael, de la esclava Agar, pues Sara, su esposa, era
estéril13. En una nueva ratificación de las promesas, Dios le ordena la circuncisión,
para él y su descendencia, como señal de la Alianza 14 ; y, apareciéndosele de nuevo en
el encinar de Mambré, le promete un hijo de Sara 15 y le comunica la destrucción de
Sodoma y Gomorra que Abrahán, a pesar de interceder por estas ciudades, no puede
evitar16. Abrahán se desplaza de nuevo hacia el sur y llega a Guerar donde se
encuentra con Abimélec17. Después le nace Isaac de su esposa Sara, la cual, entonces,
fuerza a Abrahán a expulsar de su casa a Ismael y a Agar18. En Berseba, Abrahán hace
un pacto con Abimélec19; pero, por orden divina, ha de subir hasta el país de Moria
(Jerusalén) a sacrificar a su hijo Isaac, al que, finalmente, Dios salva 20. Abrahán
vuelve de nuevo a la región de Berseba 21 y al pasar por Hebrón compra una finca con
un sepulcro para enterrar a Sara22. Siendo ya anciano, envía desde Berseba a uno de
sus siervos a la tierra de donde había salido con el fin de buscar esposa para Isaac 23.
Al morir fue sepultado en Hebrón junto a Sara24.
VII. 25,12, donde se hace un inciso para mencionar la descendencia de Ismael, hijo de
Abrahán y de su esclava Agar.
VIII. 25,19, donde se pasa a exponer la descendencia de Isaac. A partir de aquí se presenta
la historia de Isaac. Narra en primer lugar el nacimiento de sus dos hijos, Esaú y
Jacob, y cómo Jacob obtiene los derechos de primogenitura. Luego, Isaac se desplaza
a Guerar y Berseba, como hizo su padre Abrahán 25. Siendo ya anciano, otorga la
bendición de primogenitura a Jacob quien suplanta a Esaú 26; por iniciativa de Rebeca,
su esposa, a la que no agradan los matrimonios de Esaú con mujeres del país27, envía a
Jacob a buscar esposa a la tierra de sus antepasados 28. Desde este momento la historia
se centra en Jacob, quien, tras tener una aparición de Dios en Betel 29, llega a casa de
Labán donde toma como esposas a Lía y Raquel 30; le nacen once hijos y alcanza gran
prosperidad31. Ante el cambio de actitud de Labán, y por mandato divino, Jacob sale
sigilosamente hacia Canaán; pero Labán le alcanza y ambos establecen un pacto entre
ellos32. Después Jacob se dispone a encontrarse con su hermano Esaú; cruza el río
Yaboc y tiene una misteriosa aparición en la que entabla una lucha con Dios, que le
bendice y le cambia el nombre de Jacob por Israel 33. El encuentro con Esaú se
desarrolla en términos pacíficos y Jacob se establece en Siquem 34, de donde tiene que
partir a causa de la violencia de sus hijos Simeón y Leví contra los siquemitas por
haber raptado éstos a su hermana Dina35. Dios ordena a Jacob ir a Betel, donde le
renueva las promesas hechas a sus padres 36. De allí parte hacia Hebrón; en el camino,
nace Benjamín, el hijo duodécimo, y muere Raquel que es enterrada cerca de Belén.
En Hebrón le espera su anciano padre Isaac que muere tras la llegada de Jacob; a su
entierro acude también Esaú37.
IX. 36,l, donde se habla de la descendencia de Esaú, primer hijo de Isaac. Esaú,
identificado con Edom, va a establecerse en el país de Seír 38, mientras que Jacob o
Israel permanece en el país de Canaán 39.
X. 37,2, donde comienza la relación de la descendencia de Jacob, que llega hasta el final
del libro. Esta última parte está dedicada a la familia de Jacob. Narra la venta de su
hijo predilecto, José, por parte de sus hermanos 40, así como la historia de Judá y
Tamar41. Después describe la vida de José en Egipto y su encumbramiento en aquel
país42 . Allí tienen que bajar, acuciados por el hambre, los hijos de Jacob, a los que
José, tras someterlos a diversas pruebas, se les da a conocer en medio de una gran
emoción43. Es entonces cuando Jacob baja a Egipto con toda su familia. Allí es
recibido con grandes honores44 adopta a los hijos de José45 y pronuncia sus
bendiciones sobre cada uno de sus hijos46. Al morir Jacob, su cuerpo es llevado con
gran solemnidad a enterrar a Canaán, al sepulcro que había comprado Abrahán47; pero
su familia continúa en Egipto protegida por José 48. El libro termina con la muerte de
José en Egipto.
8. Gn12.
9. Gn 12,1-9.
10. Gn 12,10-13,1 S.
11. Gn 14,1-24.
12. Gn 15,1-21.
13. Gn 16,1-16.
14. Gn 17,1-27.
15. Gn 18,1-15.
16. Gn 18,16-19,38.
17. Gn 20,1-18.
18. Gn 21,1-21.
19. Gn 21,23-33.
20. Gn 22,1-14.
21. Gn 22,19.
22. Gn 23,1-20.
23. Gn 24,1-67.
24. Gn 25,7-1 1.
25. Gn 26,1-35.
26. Gn 27,1-33.
27. Gn 27,46.
28. Gn 28,1 1.
29. Gn 28,10-22.
30. Gn 29,15-30.
31 Gn 29,31-30,43.
32. Gn 31,1-32,3.
33. Gn 32,2-32.
34. Gn 33,1-20.
35. Gn 34,1-31.
36. Gn 35,11-12.

2. MARCO HISTÓRICO

La primera parte revela propiamente verdades de orden religioso y, para ello, el hagiógrafo
se sirve de un lenguaje simbólico común en la antigüedad. Los once primeros capítulos
enseñan lo concerniente a los orígenes, dando al mismo tiempo explicación de la realidad
presente. Tal explicación supone la fe en el Dios único que se ha revelado en la historia, y
no procede de las intuiciones religiosas subyacentes en los mitos de los pueblos vecinos a
Israel. Aunque en ocasiones se encuentren en el texto rastros del lenguaje de aquellos
mitos, tal lenguaje, por la acción de la inspiración divina, ha sido despojado de su talante
politeísta y mágico, e impregnado de la fe en el Dios único; con él se expresan verdades
funda-mentales sobre el mundo y sobre el hombre que tienen evidentemente una
connotación histórica: la creación del mundo y del hombre por Dios, la dignidad humana, y
la existencia del mal debida al pecado.
La segunda parte tiene un tono muy distinto. Lo narrado en la historia de los patriarcas
delata unos contextos geográficos e históricos determinados. La arqueología confirma el
marco socio-cultural que reflejan los relatos sobre los patriarcas. El escenario es el Medio
Oriente, en concreto, el arco formado por Mesopotamia, Palestina y Egipto, donde
florecieron las civilizaciones más antiguas. La época en que tienen lugar los
acontecimientos se sitúa a partir del siglo XVIII a.C., cuando parece que tuvo lugar la
llegada de Abrahán a Canaán, sin que se pueda precisar con exactitud del tiempo de la
bajada de los hijos de Jacob a Egipto. En cualquier caso, lo narrado en Génesis se sitúa
antes del siglo XIII a.C. cuando presumiblemente tuvo lugar el éxodo.
37. Gn 35,27-29.
38. Gn 36,1-43.
39. Gn 37,1.
40. Gn 37,2-36.
41. Gn 38,1-26.
42. Gn 39,1-41,57.
43. Gn 42,1-45,28.
44. Gn 46,1-47,3.
45. Gn 48,1-22.
46. Gn 49,1-28.
47. Gn 49,29-50,14.
48. Gn 50,15-26.

3. COMPOSICIÓN

Para llevar a cabo la revelación de Sí mismo, Dios guió una profunda reflexión en el pueblo
elegido acerca de los orígenes. Muchos de los pueblos vecinos también habían pensado
sobre ello y para intentar explicar las realidades que escapaban a su capacidad de expresión
ordinaria, habían creado muchos mitos acerca del origen del mundo y del hombre, así como
de las primeras etapas de la historia humana. Los autores sagrados hicieron una selección
de los elementos literarios que podían servir para explicar, de modo adecuado e inteligible a
la mentalidad de sus contemporáneos, el mensaje de fe que querían trasmitir por medio de
sus escritos al pueblo de Israel, y, a través de su experiencia religiosa, a toda la humanidad.
En la «historia de los orígenes» se diferencian con bastante claridad textos con unas
características literarias propias que permiten encuadrarlos en las tradiciones «yahvista» y
«sacerdotal»49. Además del lenguaje simbólico habitual en el próximo Oriente, en la
«historia de los orígenes» se encuentran otros elementos literarios provenientes de antiguas
tradiciones locales (Mesopotamia, Canaán) cuyo significado se ha ampliado a toda la
humanidad. Asimismo, se encuentran listas genealógicas en las que se quiere mostrar cómo
la humanidad se fue multiplicando hasta poblar la tierra entera. Con esos materiales se
cubre un espacio de tiempo que va desde el origen del mundo hasta la época de Abrahán.
Con su disposición actual, al principio de la Biblia, los once primeros capítulos del Génesis
son como una introducción para presentar la figura de Abrahán, con quien, según el libro, la
historia toma un nuevo giro marcado por la llamada de Dios y la obediencia del hombre.
Por su parte, las narraciones patriarcales del Génesis recogen tradiciones orales de carácter
muy diverso. Encontramos relatos familiares, épicos y poéticos, que describen unos
acontecimientos cuya realidad histórica no es posible contrastar con otras fuentes. Sin
embargo, reflejan el ambiente, costumbres y condiciones del segundo milenio a.C.-época
en que vivieron los patriarcas-, y tienen sin duda un gran valor para el historiador. En otros
pasajes, encontramos relatos que reflejan un contexto cultual, es decir, narran hechos
relacionados con lugares de culto de Canaán, como Betel, Hebrón o Siquem. En esas
narraciones se daba explicación del carácter sagrado de un determinado lugar por su
vinculación con algún patriarca o con algún nombre o manifestación de Dios. Con éstos y
otros materiales literarios de tradición oral antiquísima se elaboró la historia de los
patriarcas, recogiendo también, y acomodando, antiguas piezas poéticas como las
bendiciones de Jacob50. Todo ese material de tradición se configuró en forma de ciclos en
torno a personajes y lugares; y, posteriormente, al llevarse a cabo la redacción definitiva del
Pentateuco, fue incluido en el Génesis.
El lugar que ocupa este libro dentro del Pentateuco muestra que la historia narrada, aunque
tiene valor histórico-religioso en sí misma, está orientada hacia los acontecimientos que
narrará el libro del Éxodo. La historia de los patriarcas se desarrolla en la tierra de Canáan
que, por ser la tierra prometida, constituía un punto clave de la fe de Israel 51; pero debía
ponerse en relación con otro acontecimiento fundamental: la salida de Egipto y la Alianza
del Sinaí. La historia de José cumple esa función, pues sirve de punto de unión entre la
historia de los patriarcas y estos acontecimientos.
49. Cfr Introducción al Pentateuco, pp. 21-23.
50. Cfr Gn 49.
51. Cfrjos24;Dt26.

4. ENSEÑANZA

La idea central del Génesis, como la de todo el Pentateuco, es la elección de Israel por parte
de Dios. El Génesis enseña que esa elección comienza con la llamada a Abrahán, y es
secundada por el patriarca mediante una obediencia tal, que llega incluso a aceptar el
sacrificio de su hijo Isaac. Por otra parte, el Génesis enseña verdades fundamentales: la
creación del mundo y del hombre por Dios, la unidad del género humano, el origen del mal
debido al pecado de nuestros primeros padres y su presencia a lo largo de la historia, así
como la esperanza de salvación. Dios aparece como creador, trascendente al mundo y al
hombre, y como aquél que cuida amorosamente de ellos. El mundo, una vez creado, es
librado del caos originario por la palabra de Dios; y por esa misma palabra, Abrahán, y con
él Israel, vienen a ser la primicia de la humanidad liberada del caos de la idolatría y de la
confusión reflejada en Babel52. A lo largo de la historia patriarcal se muestra cómo Dios
lleva adelante la elección y reafirma las promesas de una tierra y una numerosa
descendencia.

5. COMPRENSIÓN DEL GÉNESIS DESDE EL NUEVO TESTAMENTO

El contenido del libro del Génesis leído a la luz del Nuevo Testamento, es decir, a la luz de
la Persona y la obra de Cristo, adquiere una dimensión nueva. Jesucristo ratifica el valor
perenne del Génesis cuando, por ejemplo, remite a su enseñanza para fundamentar la
indisolubilidad del matrimonio53 e invita, de este modo, a acudir siempre a esos pasajes
bíblicos para conocer la verdadera dignidad del hombre y de las realidades que vive.
Por otra parte, en el Nuevo Testamento, se desvela el alcance último de los acontecimientos
narrados en el Génesis. Así se comprende que la promesa que Dios hizo a Abrahán se
refería en último término a Jesucristo, y que Abrahán ya la vio cumplida, proféticamente,
en la venida del Señor54. Cristo es la verdadera «descendencia» de Abrahán55, y los que
tienen fe en Cristo son, en definitiva, los hijos de Abrahán 56; se cumple de este modo, el
anuncio de que en Abrahán serían bendecidas todas las naciones de la tierra57.
A la luz del Nuevo Testamento, no sólo se descubre el alcance de la historia de los
patriarcas, sino que se enriquece admirablemente el misterio de la creación del mundo y del
hombre. En efecto, la creación del mundo en el principios se comprende ahora como obra
de la Santísima Trinidad58; se comprende, asimismo, que en la creación del mundo y del
hombre ya estaba proyectada, y de algún modo también presente, la Imagen perfecta de
Dios, Cristo Jesús; y, en razón de tal Imagen, de la que participa todo ser humano, fueron
creadas todas las cosas59. A la luz del Nuevo Testamento, que presenta a Cristo como nuevo
Adán60, se comprende también la unidad y la solidaridad de todo ser humano en el pecado
del primer Adán 61, así como el hecho de que el pecado afecte a la creación entera 62. Desde
la Redención llevada a cabo por Cristo, se ve el alcance de la promesa de salvación que
Dios hizo a nuestros primeros padres. Igualmente, a la luz del Nuevo Testamento, se
comprende la felicidad plena junto a Dios, de la que el paraíso terrenal era una expresión
simbólica63.

52. Cfr Gn 10-12.


53. Cfr Mt 19,4-6.
54. Cfrjn 8,56.
55. M Ga 3,16.
56. Cfr Ga 3,7.
57. Cfr Ga 3,8-9.
58. Cfrjn 1,1-3.
59. Cfr Col 1,15-16.
60. Cfr 1 Co 15,22.
61. Cfr Rm 5,17.
62. Cfr Rm 8,20.
63. Cfr Ap 22,14.

Caín y Abel; los patriarcas antediluvianos.

Primera descendencia de Adán y Eva


41Adán conoció a Eva, su mujer, que concibió y dio a luz a Caín. Y dijo: He adquirido un
varón gracias al Señor. 2Después dio a luz a su hermano Abel. Abel fue pastor de ganado
menor, y Caín, labrador.
Caín y Abel
3
AI cabo de algún tiempo Caín ofreció al Señor frutos del campo; 4y Abel, por su parte, los
primogénitos y la grasa de su ganado. El Señor miró complacido a Abel y su ofrenda, 5pero
no a Caín y la suya. Por esto Caín se irritó en gran manera y andaba cabizbajo. 6Entonces
dijo el Señor a Caín:-¿Por qué estás irritado? ¿Por qué, andas cabizbajo? 7¿No llevarías el
rostro alto si obraras bien? Pero si no obras bien, el pecado acecha a la puerta; no obstante,
tú podrás dominarlo. 8Caín dijo a su hermano Abel:-Vamos al campo.
Y cuando estaban en el campo, Caín se alzó contra su hermano Abel, y lo mató. 9Entonces
el Señor dijo a Caín: -¿Dónde está tu hermano Abel? Él respondió: -No lo sé. ¿Acaso soy
yo el guardián de mi hermano?. 10El Señor le dijo: -¿Qué has hecho? La voz de la sangre de
tu hermano clama hacia mí desde la tierra. 11Ahora, maldito seas, márchate de esta tierra
que ha abierto su boca para recibir la sangre que has derramado de tu hermano . 12Aunque
la trabajes, no volverá a darte su fruto; vivirás errante y vagabundo por la tierra. 13Caín
contestó al Señor: -Grande es mi culpa para soportarla. 14Me expulsas hoy de esta tierra;
tendré que ocultarme de tu rostro, vivir errante y vagabundo por la tierra, y cualquiera
queme encuentre me matará. 15El Señor le dijo: -No será así; el que mate a Caín será
vengado siete veces. Y el Señor puso una marca a Caín para que si alguien lo encontrara no
lo matase. 16Caín se alejó de la presencia del Señor y habitó en el país de Nod, al oriente de
Edén.
Descendencia de Caín
17
Luego conoció Caín a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Henoc, mientras construía
una ciudad a la que puso el nombre de su hijo Henoc. 18A Henoc le nació Irad, Irad
engendró a Mejuyael, Mejuyael engendró a Matusael y Matusael engendró a Lamec.
19
Lamec tomó dos esposas, una se llamaba Adá, y la otra Silá. 20Adá dio a luz a Yabal, que
fue el padre de los que viven en tiendas y delos pastores. 21Su hermano se llamaba Yubal,
que fue el padre de los que tocan la cítara y la flauta. 22Silá, por su parte, dio a luz a Tubal-
Caín forjador de herramientas de bronce y de hierro. Hermana de Tubal-Caín fue Naamá.
23
Lamec dijo a sus mujeres:-Adá y Silá, oíd mi voz; esposas de Lamec, escuchad mi alabra:
Maté a un hombre porque me hizo una herida, y a un muchacho porque me dio un golpe.
24
Caín será vengado siete veces, pero Lamec, lo será setenta y siete.
Nacimiento de Set
25
Adán conoció de nuevo a su mujer, y ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Set,
pues se dijo: «Dios me ha concedido otro descendiente en lugar de Abel, ya que lo mató
Caín». 26También a Set le nació un hijo y le puso por nombre Enós. Entonces comenzó a
invocarse el nombre del Señor.

4,1-26. El autor sagrado continúa enseñando cómo se transmitió la vida humana a partir de
los primeros padres, y cómo, al mismo tiempo, la vida del hombre sobre la tierra sigue
marcada por el mal y el pecado. «El hombre se convirtió en el enemigo de sus semejantes»
(Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2259). Esto lo muestra la Escritura con el episodio de
Caín y Abel que, recogiendo antiguas tradiciones, enseña cómo ya desde el comienzo de la
humanidad el mal fue avanzando con la violencia y la injusticia: nada lo podía mostrar
mejor que el asesinato del hermano inocente. San Agustín ve un sentido más profundo en el
hecho de que Caín naciese antes que Abel: «He dividido la humanidad -escribe- en dos
grandes grupos: uno, el de aquellos que viven según el hombre; y otro, el de los que viven
según Dios. Místicamente damos a estos dos grupos el nombre de ciudades, que es decir
sociedades de hombres. ( ... ) El primer hijo de los dos primeros padres del género
humano fue Caín, que pertenece a la ciudad de los hombres, y el segundo Abel, que forma
parte de la ciudad de Dios. En cada hombre comprobamos la verdad de estas palabras del
Apóstol: “No es primero 10 espiritual, sino lo natural; después 10 espiritua” (1 Co 15,46).
De donde se sigue que cada cual, por descender de un tronco dañado, necesariamente es
primero malo y carnal, y será luego espiritual si, renaciendo en Cristo, adelantare en la
virtud» (De civitate Dei 15, 1).
4,1. En el lenguaje bíblico, para designar la unión sexual del hombre y la mujer, se emplea
el término «conocer», indicándose así la profundidad humana de dicha relación, que,
dándose a través del cuerpo, se sitúa al mismo tiempo en el ámbito de la inteligencia y de la
voluntad.
El nombre de Caín encuentra su explicación en el texto bíblico por su parecido a la
exclamación de Eva: «He adquirido ... », que en hebreo se dice qaniti. De esta forma se
resalta la intervención de Dios en la generación del hijo. Una enseñanza constante en la
Biblia será que los hijos son un don de Dios, y que es Dios quien otorga o niega la
fecundidad. Consciente de esta verdad, la Iglesia recuerda a los esposos que «en el deber de
transmitir la vida humana y educarla, lo cual hay que considerar como su propia misión, los
cónyuges saben que son cooperadores del amor de Dios Creador y como sus intérpretes»
(Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 50).
4,3-8. Se refleja ya desde el principio la elección gratuita que Dios hace entre los hombres,
prefiriendo a veces al más pequeño o al más débil, como en el caso de Isaac preferido a
Ismael, Jacob preferido a Esaú, o David preferido a sus herma-nos. El comienzo del pecado
de Caín se manifiesta en no aceptar la preferencia divina por su hermano menor, y dejarse
llevar por la ira, la envidia (cfr Sb 10,3) y la tristeza. Esta actitud invalidaba sus ofrendas.
Aun así, Dios también ama a Caín y le invita a superar la tentación que le acecha (v. 7),
obrando rectamente; pero Caín mató a su hermano Abel.
Caín es el prototipo del hombre perverso y homicida; Abel, el del hombre justo que sufre
sin culpa la muerte violenta. De ahí que a Abel se le haya considerado como figura de
Jesucristo, cuya sangre derramada en la cruz interpela a los hombres con más fuerza aún
que la de Abel: «Vosotros en cambio os habéis acercado a Jesús, mediador de la Nueva
Alianza, y a la sangre derramada, que habla mejor que la de Abel» (Hb 12,24).Caín, en
cambio, es tipo de todo hombre que odia a su prójimo, pues el odio supone el deseo de que
el otro no exista. En este sentido escribe San Juan interpretando la historia de Caín: «El
mensaje que habéis oído desde el principio es éste: que nos amemos unos a otros. No como
Caín que, siendo del Maligno, mató a su hermano. Y ¿por qué le mató? Porque sus obras
eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas...Todo el que aborrece a su
hermano es un homicida; y sabéis que ningún homicida tiene en sí la vida eterna» (1 Jn
3,11-12.15).
Suponiendo falta de rectitud de intención en las ofrendas de Caín, comenta San Beda el
Venerable que «los hombres a menudo se dejan aplacar por los dones de aquellos por
quienes han sido ofendidos; Dios en cambio, que "descubre los sentimientos y
pensamientos del corazón" (Hb 4,12), no se deja aplacar por ningún otro don tanto como
por la piadosa devoción del oferente. Una vez que haya comprobado la pureza de nuestro
corazón, recibirá también nuestras oraciones y nuestras obras» (Hexaemeron 2: in Gn 4,4-
5).
4,9-16. La pregunta que Dios dirige a Caín resuena constantemente para cada hombre en
relación con sus semejantes. Y la muerte por violencia de cualquier persona inocente es
como un grito que está pidiendo justicia, y ante el que Dios no permanece indiferente: carga
la conciencia de Cain con el peso de su culpa, si bien protege su vida marcándole con una
señal para que nadie tome venganza. Se trata, en el contexto del relato, de una marca de
protección más que de infamia. El que Caín, por su acción, sea alejado dela presencia de
Dios y haya de caminar errante por la tierra significa la ruptura con Dios a causa del
pecado.
«La vida humana es sagrada –enseña la Iglesia- porque desde su inicio es fruto de la acción
creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único
fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna
circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano
inocente» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2258).
4,17-24. Al presentar la descendencia de Caín, el autor sagrado entiende que una parte de la
humanidad, en concreto la que brota del primogénito de Adán, ha vivido separada de Dios.
A ellos se les atribuye la construcción de ciudades y la invención de los oficios, así como
también el inicio de la poligamia y la extralimitación en la venganza (v. 24). Aquel
progreso material, impregnado al mismo tiempo de idolatría, fue siempre una tentación para
los israelitas. Los nombres de los descendientes de Caín se relacionan etimológicamente
con el de las ciudades que construyen o los oficios que inventan. Pero conviene tener en
cuenta que la Biblia no quiere darnos aquí una lección de la historia de los avances de la
humanidad; sino más bien decirnos que la tierra se fue poblando según el mandamiento de
Dios, y ofrecernos una visión del modo cómo, después de la creación del hombre, la
humanidad se fue comportando en su relación con Dios.
4,25-26. Ésta es la parte de la humanidad que mantuvo el conocimiento del verdadero Dios
que, en su momento, se revelaría a Abrahán (cfr cap. 12) y a Moisés (cfr Ex 3,14). El
nombre de los antepasados se explica etimológicamente; pero no en relación con oficios o
ciudades, sino en relación con Dios: Set recibe este nombre, porque Dios lo ha otorgado a
Eva en lugar de Abel. Ésta será la línea de los descendientes de Adán y Eva de la que
surgirá el pueblo elegido, mediante la llamada de Abrahán. Si en relación a los
descendientes de Set no se hace mención de que se dedicara a ningún nuevo oficio, es quizá
para mostrar que su aportación específica a la humanidad fue mantener el conocimiento del
verdadero Dios, un valor superior a todo lo demás.
«De manera figurada -explica San Beda- Enós, el hijo de Set, significa el pueblo cristiano
que, por la fe y el sacramento de la pasión y resurrección del Señor, nace diariamente, en
todo el orbe, del agua y del Espíritu Santo. Este pueblo(... ) suele invocar, en todo lo que
hace, el auxilio del nombre del Señor, diciendo: Padre nuestro que estás en el cielo;
santificado sea tu nombre» (Hexaemeron 2: in Gn 4,25-26).

II. DESCENDENCIA DE ADÁN. DESDE SET A NOÉ


Multiplicación de la humanidad
5 1Ésta es la relación de los descendientes de Adán: EI día que Dios creó al hombre, lo hizo
a imagen de Dios; 2,varón y mujer los creó, los bendijo y los llamó ser humano el día de su
creación. 3Tenía Adán ciento treinta años cuando engendró un hijo a su imagen, según su
semejanza, y le puso por nombre Set.

5,1-32. En esta «relación de los descendientes de Adán» se recogen nombres y tradiciones


de antepasados famosos que, según los estudiosos de la Biblia, han podido llegar al texto
inspirado a través de la «tradición sacerdotal». Quiere mostrar cómo se fue multiplicando la
especie humana a partir del mandamiento de Dios recogido en Gn 1,28. No se menciona a
Caín, pues el texto ofrece solamente la descendencia de Set, de la que surgirá a la postre el
pueblo elegido.
Los años de vida de los patriarcas tienen un valor simbólico, no matemático. En efecto, en
el conjunto de la lista se aprecia que los años de la vida del hombre van descendiendo a
medida que la humanidad se aleja del momento originario de la vida, es decir de Dios, y va
degenerando con la presencia del mal. Responde en cierto modo a la mentalidad expresada
en Pr 10,27: «El temor de Yahwéh acrece los días; mas los años de los impíos serán
acortados». Por eso, cuando la humanidad se pervierte más, Dios rebaja la cifra de años a
ciento veinte (cfr Gn 6,3).
Esta genealogía, como las restantes que aparecen en la Biblia, nos hace percibir el valor de
la generación humana. Mediante la generación, el hombre cumple el mandato originario de
Dios de crecer, multiplicarse y dominar la tierra; además, coopera con los planes salvadores
de Dios, ya que éstos se realizarán mediante la elección de un pueblo surgido de una de
esas ramas genealógicas del que nacerá Jesucristo. En el Evangelio de San Lucas, para
subrayar el alcance universal de la redención obrada por Cristo, se enlaza su genealogía con
el mismo Adán, padre de judíos y de gentiles (cfr Lc 3,23-38).
5,3. La imagen y semejanza divinas con las que fue creado Adán, el primer hombre, se
transmiten mediante la, generación a todos sus descendientes. Estos, en efecto, son imagen
y semejanza del primer hombre, como éste lo es a su vez de Dios. " imagen y semejanza
está impresa, por tanto, en todo ser humano, independientemente de su raza o de su
comportamiento. De ahí que la primera actitud de cada uno frente a los demás debe ser
«respetar y comprender a cada individuo en cuanto tal, en su intrínseca dignidad de hombre
y de hijo del Creador»(B. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n.72). Cfr nota a Gn 1,2.

Noé y el diluvio. Alianza con Noé.


29
y le puso por nombre Noé, diciendo: «Este nos consolará de nuestros trabajos y de la
fatiga de nuestras manos en la tierra que el Señor maldijo». 30Vivió Lamec después de
haber engendrado a Noé quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. 31El total
de los días de Lamec fue de setecientos setenta y siete años. Luego murió. 32Noé tenía
quinientos años cuando engendró a Sem, Cam, y Jafet.

5,29. La tradición de la Iglesia ha considerado con frecuencia a Noé como figura de Cristo.
Así Orígenes, al comentar este versículo, observa que estas palabras encontraron su
verdadero cumplimiento en nuestro Salvador: «Fijándote en nuestro Señor Jesucristo, de
quien se dice: "he aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29) y que
"nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose por nosotros objeto de maldición"
(Ga3,13), y que afirma de sí mismo: "venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os
aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas” (Mt 11, 28-29), te darás cuenta de
que es Él quien realmente dio descanso a los hombres y liberó la tierra de la maldición con
la que Dios la había maldecido» (Homiliae in Genesim 2,3).
5,32. De Noé surgirán tres razas distintas, que son las que el autor considera existentes en la
humanidad: semitas, camitas y jafetitas. La distribución de los pueblos según su raza y la
procedencia de cada uno de estos antepasados se expone en Gn 10,1-32.

Propagación del mal sobre la tierra*


6 1Cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron
hijas, 2los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron por
mujeres a las que más les gustaban de entre todas ellas. 3Entonces dijo el Señor: -No
permanecerá siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que un ser mortal: sus
días serán ciento veinte años. 4En aquellos días -y también después- había gigantes en la
tierra, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos;
éstos fueron los héroes famosos de antaño. 5El Señor, al ver cuánto había crecido la maldad
del hombre sobre la tierra, y que todos los pensamientos de su corazón tendían siempre al
mal, 6se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra, y se entristeció en el corazón.
7
Y dijo el Señor: -Borraré de la faz de la tierra al hombre que he creado -desde los hombres
hasta los animales salvajes, los reptiles y las aves del cielo, pues me pesa haberlos hecho.
8
Pero Noé halló gracia a los ojos del Señor.

6,1-8. La propagación del mal y del pecado acompañó desde el principio a la expansión de
la humanidad. Así lo reflejaba el episodio de Caín y Abel, y así se quiere resaltar en este
relato un tanto oscuro que tiene rasgos de la antigua «tradición yahvista».
6,1-4. Aludiendo quizá a un mito que corrió en la antigüedad, según el cual los gigantes
procedían de la unión de seres superiores con mujeres, el hagiógrafo resalta hasta qué punto
había llegado el pecado y el desorden en la humanidad. En este pasaje se explica que la
vida humana tiene un límite máximo como consecuencia del castigo divino por el pecado.
Se nos escapa el sentido preciso que tiene aquí la expresión «hijos de Dios».La tradición
judía y algunos escritores cristianos antiguos entendieron que se refería a los ángeles
caídos; pero tal explicación no es conforme con la naturaleza espiritual de los ángeles. Por
eso se les ha interpretado como los hombres justos, los descendientes de Set, que tomarían
indiscriminadamente mujeres descendientes de Caín, llamadas hijas de los hombres. Así lo
entendieron San Agustín (Decivitate Dei 15,23), San Juan Crisóstomo (Homiliae in
Genesim 22,4), San Cirilo de Alejandría (Glaphyra in Genesim 2,2) y otros Santos Padres.
La perversión de la humanidad por su soberbia y sus abusos en el matrimonio, prepara el
posterior relato del diluvio.
6,5-8. Con estas severas palabras el texto bíblico muestra hasta qué punto había llegado la
corrupción de la humanidad. Enseña, asimismo, la absoluta soberanía de Dios, que tiene
poder para hacer desaparecer a la raza humana de la faz de la tierra. El proyecto divino al
crear al hombre parece haber fracasado; de ahí esa decisión de Dios, expresada en términos
tan humanos, de destruir su propia obra. Pero no va a suceder así: la humanidad se salvará
por la fidelidad de un hombre, Noé; y la tierra volverá a repoblarse tras el diluvio. Se
inician así dos temas importantes en la Biblia sobre la relación entre Dios y el hombre:
primero, que Dios ama cuanto ha creado, y sus intervenciones, aunque sean en forma de
castigo, se orientan a la salvación del hombre; segundo, que el hombre justo, o un pequeño
resto de personas fieles, es causa de salvación para toda la humanidad. Es en este sentido en
el que también los Santos Padres vieron en Noé una figura de Jesucristo, ya que por la
obediencia de éste, la misericordia de Dios llega a todos los hombres. Jesucristo recuerda
este episodio del Génesis para advertirnos de que hemos de estar siempre vigilantes y
preparados para recibirle en su segunda venida: «Lo mismo que en el tiempo de Noé, así
será la venida del Hijo del Hombre. Pues, como en los días que precedieron al diluvio
comían y bebían, tomaban mujer o marido hasta el día mismo en que entró Noé en el arca,
y no se dieron cuenta sino cuando llegó el diluvio y los arrebató a todos, así será también la
venida del Hijo del Hombre» (Mt 24,37-39).
III. HISTORIA Y DESCENDENCIA DE NOÉ
9
Ésta es la historia de Noé: Noé fue un hombre justo e íntegro entre sus contemporáneos; él
caminaba con Dios. 10Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. 11"Pero la tierra estaba
corrompida ante Dios y se había llenado de violencia. 12Diosmiró a la tierra, y he aquí que
estaba corrompida, porque todo mortal sobre la tierra llevaba una conducta depravada.
Anuncio del diluvio
13
Dijo Dios a Noé: -He decidido poner fin a todo Mortal, porque a causa de ellos la tierra se
ha llenado de violencia; por eso voy a exterminarlos de la tierra. 14Hazte un arca de madera
de ciprés; harás en el arca diversos compartimentos y la calafatearás con brea por dentro y
por fuera. 15Así has de fabricarla: el arca tendrá trescientos codos de largo, cincuenta codos
de ancho y treinta codos de alto. 16Abrirás unos tragaluces a un codo del techo, colocarás la
puerta del arca en su costado, y harás tres pisos. 17Voy a traer el diluvio sobre la tierra para
exterminar todo ser con hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto hay en la tierra perecerá.
18
Contigo, en cambio, voy a establecer mi alianza: entraréis en el arca tú y tus hijos, tu
mujer y las mujeres de tus hijos. 19Meterás en el arca una pareja de todo ser vivo, de toda
carne, para que sobrevivan contigo; serán macho y hembra. 20De cada especie de aves, de
animales y de reptiles del suelo, de cada una entrará una pareja contigo para que
sobrevivan. 21Tú mismo procúrate todo tipo de alimento, y almacénalo para que os sirva de
comida a ti y a ellos. 22Noé hizo todo tal y como Dios le había ordenado.

6,9-8,22. El diluvio es la consecuencia del rechazo de la ley de Dios por parte del hombre;
rechazo que ya había comenzado con Adán y Eva. Dios castiga la desobediencia del
hombre haciendo que se rompa el orden que había establecido en la naturaleza para bien del
mismo hombre. Así, las aguas de arriba y las de abajo, que sabiamente Dios había separado
de la tierra (cft 1,7), irrumpen conjuntamente sobre ella con toda su fuerza (cft 7,1 l). Se
produce de nuevo el caos, y la humanidad está a punto de desaparecer. Se hace necesario
como un nuevo comienzo tras una profunda purificación. La Biblia nos ofrece así una
impresionante lección del destino de la humanidad, cuando ésta se aleja de Dios rechazando
las leyes impresas en la misma creación. En muchas religiones, no sólo del Próximo
Oriente sino de otras partes del mundo, se encuentran relatos relacionados con una
destrucción de la humanidad o gran parte de ella en tiempos inmemoriales, producida bien
por el agua, o por el fuego, o por algún cataclismo. Responden por lo común a la creencia
en divinidades maléficas, al miedo ante ellas, o al sentimiento de una necesaria
purificación. En concreto, entre los sumerios y babilonios circulaban leyendas míticas con
rasgos parecidos a los que encontrarnos en el relato bíblico. Pero hay una diferencia
fundamental: la Biblia presenta el diluvio como consecuencia del pecado de la humanidad,
y como un nuevo punto de partida para que el verdadero Dios, Creador del mundo y del
hombre, lleve a cabo sus planes de salvación mediante un resto del que surgen más adelante
Abrahán, padre del pueblo elegido.
6,19. El destino de los animales queda estrechamente asociado al del hombre, tanto en el
castigo, como en la salvación. Es una forma de recordar que toda la creación está ordenada
al hombre y participa del destino de éste. San Pablo, a la luz de la redención de Cristo,
expresará esta misma verdad diciendo que «la creación se ve sujeta a la vanidad, no por su
voluntad, sino por quien la sometió, con la esperanza de que también la misma creación
será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la libertad de la gloria de
los hijos de Dios», (Rm 8,20-21).

7 1Señor dijo a Noé: Entra en el arca, tú y toda tu casa porque he visto que eres el único
justo ante mí en esta generación. 2De todos los animales puros tornarás siete parejas, macho
y hembra; y de los animales impuros, una pareja, macho y hembra. 3También de las aves
del cielo, siete parejas, macho y hembra, para que sobreviva su descendencia sobre toda la
faz de la tierra. 4Porque dentro de siete días yo haré que llueva sobre la tierra durante
cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de la faz de la tierra todos los seres que hice.

7,4. Sobre los siete días que tardó en desencadenarse el diluvio, San Ambrosio, siguiendo a
1 P 3,20 que habla de la paciencia de Dios en aquellos momentos, explica que «el Señor dio
un tiempo para la penitencia, porque prefiere perdonar más que castigar» (De Noe et arca
13,42).

Entrada en el arca
5
Noé hizo todo tal y como el Señor le había ordenado. 6Noé tenía seiscientos años cuando
cayó el diluvio sobre la tierra. 7Noé, por causa de las aguas del diluvio, entró en el arca; y
con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. 8De los animales puros y de los
impuros, de las aves y de todo lo que repta sobre la tierra, 9entraron con Noé en el arca por
parejas, macho y hembra, como Dios había ordenado a Noé. 10Al cabo de una semana, las
aguas del diluvio cayeron sobre la tierra.

7,5. Frente a la desobediencia de Adán, origen de toda maldad sobre la tierra, Noé cumplió
con perfección exquisita las indicaciones del Señor hasta en sus más pequeños detalles (cfr
6,22). Por su obediencia Noé será exaltado como creyente que pone por obra su fe en
Dios:«Por la fe, Noé, prevenido por Dios acerca de lo que aún no se veía, construyó con
religioso temor un arca para la salvación de su familia, y por esta fe condenó el mundo y
fue hecho heredero de la justicia que es según la fe» (Hb11,7).
7,7. El arca, construida según el diseño dado por el mismo Dios a Noé (cfr 6,14-16), es el
medio por el que se salvan cuantos entran en ella. Todo lo que quede fuera perecerá. En
este sentido los Santos Padres vieron en el arca una figura de la Iglesia. «El mandar Dios a
Noé que construya un arca para escapar en ella con los suyos de la devastación del diluvio,
es, sin duda -afirma San Agustín-, una figura de la ciudad de Dios que peregrina en este
mundo, es decir, de la Iglesia, que se salva por el leño en que pendió el mediador entre Dios
y los hombres, el hombre Cristo Jesús. Las medidas de su longitud, altura y anchura son un
símbolo del cuerpo humano, en cuya realidad vino a los hombres.( ... ) La puerta abierta en
un costado del arca significa, indudablemente, la herida que la lanza abrió al atravesar el
costado del crucificado. Los que vienen a Él entran por ella, porque de ella manaron los
sacramentos, con los que son iniciados los creyentes» (De civitate Dei 15,26).

El diluvio
11
En el año seiscientos de la vida de Noé, el segundo mes, el día diecisiete del mes, ese día,
irrumpieron todas las fuentes del abismo, y se abrieron las compuertas del cielo. 12Estuvo
lloviendo sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. 13En aquel mismo día entraron en
el arca Noé y sus hijos Sem, Cam y Jafet, su mujer, y las tres mujeres de sus hijos; 14ellos y
los animales de cada especie: toda clase de ganado, de reptiles que se mueven por la tierra,
y de aves -todos los pájaros y seres alados-. 15Entraron con Noé en el arca parejas de todos
los seres vivos. 16E iban llegando, macho y hembra, de todos ellos, y entraron, tal y como
Dios se lo había ordenado a Noé. Y el Señor cerró la puerta tras él. 17Cuarenta días duró el
diluvio sobre la tierra. La saguas fueron creciendo y levantaron el arca, de manera que se
alzó por encima de la tierra. 18Las aguas arreciaron y aumentaron mucho sobre la tierra,
pero el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. 19Más y más crecieron las aguas sobre
la tierra, de manera que todas las montañas quedaron cubiertas, incluso las más altas que
hay bajo el cielo. 20Subieron las aguas quince codos por encima y quedaron cubiertas las
montañas. 21Pereció todo ser que se mueve por la tierra: aves, ganados, fieras, todos los
seres que llenaban la tierra y toda la humanidad. 22Todo lo que tenía algún modo de
respiración, todo cuanto existía en la tierra firme, murió. 23Así el Señor exterminó todos los
seres que había sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las
aves del cielo: todo fue exterminado de la tierra; sólo quedaron Noé y los que estaban con
él en el arca. 24Las aguas inundaron la tierra durante ciento cincuenta días.
Retirada de las aguas
8 1Entonces Dios se acordó de Noé y de todos los animales y ganados que estaban con él en
el arca. Dios hizo soplar un viento sobre la tierra, de manera que las aguas decrecieron. 2Se
cerraron, pues, las fuentes del abismo y las compuertas del cielo, y cesó la lluvia. 3Poco
apoco las aguas se fueron retirando de la tierra, y al cabo de ciento cincuenta días, 4habían
menguado. En el mes séptimo, el día diecisiete del mes, el arca se posó sobre los montes de
Ararat. 5Las aguas siguieron menguando poco a poco hasta el mes décimo; y el día uno del
mes décimo se pudieron ver las cumbres de los montes. 6AI cabo de cuarenta días abrió
Noé la ventana que había hecho en el arca 7y soltó un cuervo; éste estuvo yendo y viniendo
hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. 8Luego soltó una paloma para ver si ya habían
menguado las aguas sobre la faz de la tierra. 9Pero la paloma, al no hallar donde posar su
pie, volvió a él, al arca, porque aún había agua sobre toda la faz de la tierra; y él,
extendiendo la mano, la recogió y la metió consigo en el arca. 10Esperó siete días más y
volvió a soltar la paloma fuera del arca. 11Al atardecer, la paloma regresó a él, y traía en su
pico una rama verde de olivo; por ello conoció Noé que las aguas habían disminuido sobre
la tierra. 12Aún esperó otros siete días y soltó la paloma, que ya no volvió más a él. 13Así
pues, el año seiscientos uno, el día uno del primer mes, se secaron las aguas de encima de la
tierra. Noé retiró la cubierta del arca, miró y vio que la superficie de la tierra estaba seca.
14
El mes segundo, el día veintisiete del mes, la tierra quedó seca del todo.

8,6-12. El envío del cuervo y de la paloma indican la ansiedad y la esperanza de los


ocupantes del arca por alcanzar la salvación; además, pone de relieve la sabiduría de Noé y,
una vez más, la armonía que debe reinar entre el hombre y los animales para conseguir
efectos saludables. A partir de este memorable episodio, tanto la paloma como la rama de
olivo han adquirido el simbolismo de paz y de colaboración que hoy tienen en la
civilización moderna. En la tradición cristiana, la paloma vino a ser una figura del Espíritu
Santo. Apoyándose en esta imagen, Ruperto de Deutz ofrece una aplicación espiritual de
todo este pasaje: «La paloma que Noé envió del arca, significa al Espíritu Santo, y la envió
tres veces, porque cada alma fiel saca de los sacramentos de Cristo de la Iglesia una triple
gracia del Espíritu Santo. La primera gracia es la remisión de los pecados; la segunda, la
distribución de los diversos dones; la tercera, la remuneración en la resurrección de los
muertos. (...) Por tanto, el primer envío de la paloma significa la remisión de los pecados
que Cristo, el verdadero Noé, envió inmediatamente después de su resurrección, cuando
sopló y dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les per-donéis los pecados, les son
perdonados; a quienes se los retengáis, le son retenidos” (Jn 20,23). (...) Enviada por
segunda vez, la paloma regresó al atardecer, trayendo en su pico una hoja verde de olivo,
porque por segunda vez fue dado el Espíritu Santo a los apóstoles el día de Pentecostés, el
cual, al final de la vida de cada uno de ellos, les llamó al descanso de la Iglesia celestial con
el eterno premio de la paz perfecta. Enviada la paloma por vez tercera, ya no volvió, porque
después de la resurrección de los muertos que será la tercera efusión del Espíritu Santo ya
no serán enviados para volver otra vez, porque saldrán no para trabajar, sino para reinar
eternamente. Así también a los elegidos esta misma paloma les llega tres veces: primero,
cuando son bautizados para la remisión de los pecados; segundo, al recibir la imposición de
manos del obispo; tercero -como ya he dicho- en la resurrección de los muertos.»
(Comentarium in Genesim 4,23).
8,13. El año «seiscientos uno» de la vida de Noé.

Salida del arca


15
Entonces habló Dios a Noé, y le dijo: 16!Salid del arca, tú, y, contigo, tu mujer, tus hijos y
las mujeres de tus hijos. 17Saca todos los animales de toda clase que están contigo: aves,
ganados y todos los reptiles que se mueven por la tierra. Que llenen la tierra y se
multipliquen sobre ella. 18Salió, pues, Noé, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus
hijos. 19También salieron del arca todos los animales: los ganados, las aves y los reptiles
que se mueven por la tierra, según sus familias. 20Entonces construyó Noé un altar al Señor
y, escogiendo de entre todos los ganados puros y de todas las aves puras, ofreció
holocaustos sobre el altar. 21Al aspirar el Señor el suave aroma, dijo en su corazón: -No
volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre, pues la inclinación del corazón
humano es mala desde su juventud; y no volveré más a destruir a todos los seres vivos
como acabo de hacer.
22
»Sementera y siega,
frío y calor,
verano e invierno,
día y noche,
no cesarán
mientras dure la tierra.

8,15-19. Con la orden dada por Dios (v.15) de salir del arca queda claro que no es el
hombre quien toma la iniciativa, sino Dios mismo quien hace donación al hombre y a los
animales de una tierra rejuvenecida y renovada. A partir de ahora el Señor no abandonará a
los hombres. La tierra ha sido purificada de la humanidad pecadora y comienza un período
nuevo al ser poblada por Noé y sus hijos. El elemento de purificación han sido las aguas del
diluvio, a través de las cuales también se ha salvado Noé en el arca. El agua adquiere aquí
un doble simbolismo: de destrucción y purificación del mal por una parte, y de medio de
salvación v comienzo de una etapa nueva por otra. Este simbolismo del agua se acentuará
aún más en el paso del Mar Rojo, cuyas aguas fueron causa de muerte para los egipcios, y
de salvación para los israelitas (cfr Ex 14,11-15 a 31). Este mismo simbolismo está presente
en el sacramento del Bautismo en el cual, mediante el agua, Dios borra el pecado y hace
renacer al hombre a una nueva vida. " analogía entre el diluvio y el Bautismo la
encontramos ya en el Nuevo Testamento, cuando se dice que en el arca «unos pocos -ocho
personas- fueron salvados a través del agua. Esto era figura del Bautismo, que ahora os
salva, no por quitar la suciedad del cuerpo, sino por pedir firmemente a Dios una
conciencia buena, en virtud de la resurrección de Jesucristo,> (1 P 3,20 21).
La tradición cristiana profundizó la tipología del diluvio y del arca siguiendo esa misma
línea. Escribe San Beda: «El arca significa la Iglesia; el diluvio, el agua del bautismo, por la
que la Iglesia, en todos sus miembros, es lavada y santificada» (Hexaemeron 2: in Gn 6,13-
14). En la bendición del agua bautismal durante la Vigilia Pascual, la liturgia invoca a Dios
recordando el diluvio: Oh Dios que, incluso en las aguas torrenciales del diluvio
prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera
fin al pecado y diera origen a la santidad» (Misal Romano, Vigilia Pascual, n. 42). Cfr
Catecismo de la Iglesia Católica n. 1219.
8,20-22. El autor sagrado resalta este primer sacrificio ofrecido a Dios por la humanidad
surgida del diluvio. De esta forma se expresa tanto el reconocimiento de Dios por parte del
hombre, como la aceptación y complacencia divinas ante este gesto de la humanidad.
Descrita en forma antropomórfica, esa complacencia divina se manifiesta especialmente en
el propósito, por parte de Dios, de no castigar al hombre en el futuro, pues está inclinado al
mal por su propia naturaleza heredada de Adán. Por eso, ante la debilidad del hombre, Dios
se compromete a mantener por siempre el orden cósmico impuesto en la creación. Dar a
Dios el culto debido -tanto interno, como externo- forma parte de las obligaciones que el
hombre lleva inscritas en su naturaleza. En efecto, mediante el culto y, en concreto,
mediante alguna forma de sacrificio, el hombre reconoce a Dios como su Creador y Señor,
a quien debe todo lo que es y tiene, incluso la propia vida. Ese reconocimiento de Dios es
una forma de oración, pues «la oración -enseña el Catecismo de Iglesia Católica- se vive
primeramente a partir de las realidades de la creación. Los nueve primeros capítulos del
Génesis describen esta relación con Dios como ofrenda hecha por Abel de los primogénitos
de su rebaño (cfr Gn 4,4), como invocación del nombre divino por Henos (cfr Gn 4,26),
como "caminar con Dios”(cfr Gn 5,24). La ofrenda de Noé es "agradable” a Dios que le
bendice y, a través de él, bendice a toda la creación (cfr Gn 8,20-9,17), porque su corazón
es justo e íntegro; también él "camina con Dios”(cfr Gn 6,9). Este carácter de la oración ha
sido vivido en todas las religiones, por una muchedumbre de hombres piadosos. En su
alianza indefectible con todos los seres vivientes (cfr Gn 9,8-16), Dios llama siempre a los
hombres a orar. Pero, en el Antiguo Testamento, la oración se revela sobre todo a partir de
nuestro padre Abrahán» (n. 2569).
Por otra parte, desde una perspectiva cristiana, los diferentes sacrificios que se mencionan a
lo largo de la historia de la salvación, tal como viene narrada en el Antiguo Testamento, son
figuras proféticas que apuntan hacia el sacrificio perfecto y definitivo que Cristo ofreció en
la Cruz, y que se perpetúa, a través de los siglos, en el santo Sacrificio de la Misa.
Comentando nuestro pasaje, San Beda observa: «Como Abel consagró el inicio de la
primera edad del mundo mediante un sacrificio a Dios, así Noé el inicio de la segunda»; y
-después de recordar los sacrificios ofrecidos por Abrahán, Melquisedec, los patriarcas,
reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento- continúa diciendo: «Todos estos sacrificios
eran figuras de nuestro supremo Rey y verdadero sacerdote que en el altar de la santa cruz
ofreció a Dios la hostia de su cuerpo y su sangre» (Hexaemeron 2: in Gn 8,21).
Alianza de Dios con Noé
9 1Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles: Creced, multiplicaos y llenad la tierra.
2
Que os tengan temor y miedo todos los animales de la tierra, todas las aves del cielo, todo
lo que repta por el suelo, y todos los peces del mar; todo queda en vuestras manos. 3Todo
cuanto se mueve y tiene vida os servirá de alimento; lo mismo que os dí las hortalizas, todo
os lo doy. 4Únicamente no comeréis la carne con su vida, es decir, su sangre. 5Más aún,
pediré cuentas de vuestra sangre y de vuestras vidas; se las reclamaré a cualquier animal, y
sobre todo, al hombre, a cualquier hermano suyo.
6
Si uno derrama sangre de hombre,
otro hombre derramará su sangre;
porque a imagen de Dios
fue hecho el hombre.
7
»Vosotros, pues, creced y multiplicaos; diseminaos por la tierra y dominadla. 8Dijo Dios a
Noé y, con él, a sus hijos:9He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestra
descendencia; 10con todo ser vivo que esté con vosotros -aves, ganados y todos los animales
de la tierra que os acompañan-, con todo lo que ha salido del arca y con todos los vivientes
de la tierra. 11Establezco,pues, mi alianza con vosotros: nunca más será exterminada toda
carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. 12Y añadió Dios:
Ésta es la señal de la alianza que establezco entre vosotros y yo, y con todo ser vivo que
esté con vosotros, para generaciones perpetuas: 13Pongo mi arco en las nubes, que servirá
de señal de la alianza entre la tierra y yo. 14Cuando yo haga nublarse la tierra, aparecerá el
arco en las nubes, 15y me acordaré de la alianza entre vosotros y yo, y con todo ser vivo,
con toda carne; y las aguas no serán ya más un diluvio que destruya toda carne. 16En cuanto
aparezca el arco en las nubes, lo veré y me acordaré de la alianza eterna entre Dios y todo
ser animado, toda carne que hay sobre la tierra. 17Dijo Dios a Noé: Ésta es la señal de la
alianza que yo he establecido con todos los seres que hay sobre la tierra.

9,1-7. En el texto sagrado, se describe ahora el nuevo orden de cosas surgido del diluvio.
Noé y sus hijos reciben de Dios, en primer lugar, las mismas bendiciones que Adán y Eva
después de ser creados: la fecundidad y el dominio sobre la tierra; a continuación reciben
una nueva disposición distinta: que los animales les sirvan de alimento, pues, según el hilo
de la narración bíblica, antes de la caída, en el paraíso (cfr 1,29) sólo disponían de las
plantas. Ahora, en la nueva situación de la humanidad, después del pecado original, se ha
roto la paz de los orígenes y ha aparecido la violencia en la creación. Por último, Dios les
prohíbe dos cosas: comer carne con sangre, y el homicidio. La primera de ellas refleja la
cultura de una época en la que se consideraba la sangre sede de la vida; por tanto, incluso
cuando se trata de animales, esa vida se ha de respetar de algún modo, cuidando de no
comer carne que tenga sangre y reconociendo así que la vida es de Dios. La segunda
prohibición hace referencia a la vida humana, que siempre es sagrada porque todo hombre
-vuelve a recordarse- es imagen y semejanza de Dios. Como en el caso de Caín y Abel,
Dios no permanece indiferente cuando se arrebata la vida aun ser humano, cualquiera que
sea.
9,8-17. La promesa que Dios había hecho, al mostrar su agrado ante el sacrificio de Noé, de
no enviar más un diluvio sobre la tierra (cfr 8,20-22), la renueva ahora en el marco de una
alianza que afecta a toda la creación, y que se ratifica mediante una señal: el arco iris.
Comienza así la historia de las diversas alianzas que Dios libremente va estableciendo con
los hombres. Esta primera alianza con Noé se extiende a toda la creación purificada y
renovada por el diluvio. Después vendrá la alianza con Abrahán, que afectará sólo a él y a
sus descendientes (cfr cap. 17). Finalmente, bajo Moisés, establecerá la alianza del Sinaí
(cfr Ex19), también limitada al pueblo de Israel. Pero como los hombres no fueron capaces
de guardar estas sucesivas alianzas, Dios prometió, por boca de los profetas, establecer en
los tiempos mesiánicos una nueva alianza: «Pondré mi ley en su interior y sobre sus
corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos mi pueblo» (Jr 31,33).Esta promesa se
cumplió en Cristo, como él mismo dijo al instituir el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su
sangre: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros» (Lc
22,20).
De ahí que los Padres y escritores eclesiásticos hayan visto en el arco iris el primer anuncio
de esta nueva alianza. Así, por ejemplo, Ruperto de Deutz escribe:«En él Dios estableció
con los hombres una alianza por medio de su Hijo Jesucristo; muriendo Éste en la cruz,
Dios nos reconcilió consigo, lavándonos de nuestros pecados en su sangre, y nos dio por
medio de Él el Espíritu Santo de su amor, instituyendo el bautismo de agua y del Espíritu
Santo por el que renacemos. Por tanto, aquel arco que aparece en las nubes es signo del
Hijo de Dios. (...) Es signo de que Dios no volverá a destruir toda carne mediante las aguas
del diluvio; el Hijo de Dios mismo, a quien una nube recubrió, y el que está elevado más
allá de las nubes, por encima de todos los cielos, es para siempre un signo recordatorio a los
ojos de Dios Padre, un memorial eterno de nuestra paz: después de que Él en su carne
destruyó la enemistad, está firme la amistad entre Dios y los hombres, que ya no son
siervos, sino amigos e hijos de Dios» (Comentarium in Genesim 4,36).

Maldición de Canaán y bendición de Sem


18
Los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem y Cam, y Jafet. Cam es el padre de
Canaán. 19Estos tres fueron los hijos de Noé, y, a partir de ellos, se pobló toda la tierra.
20
Noé, que era labrador, fue el primero que plantó una viña. 21Bebió del vino, se embriagó y
se quedó desnudo dentro de su tienda. 22Cam, el padre de Canaán, vio la desnudez de su
padre y, afuera, se lo contó a sus dos hermanos. 23Entonces Sem y Jafet tomaron un manto,
se lo echaron ambos al hombro, y andando de espaldas, con el rostro vuelto, cubrieron, sin
verla, la desnudez de su padre. 24Cuando Noé despertó de su embriaguez y supo lo que le
había hecho su hijo menor, 25exclamó: ¡Maldito sea Canaán! ¡El más vil esclavo para sus
hermanos!26,Y añadió: ¡Bendito sea el Señor, Dios de Sem! ¿¡Que sea Canaán su esclavo!
27
¡Dios engrandezca a Jafet! ¡Habite en las tiendas de Sem y sea Canaán su esclavo!
28
Después del diluvio vivió Noé trescientos cincuenta años. 29El total de los días de Noé fue
de novecientos cincuenta años. Luego murió.

9,18-28. De los hijos de Noé surgirán de nuevo pueblos y naciones, tal como se describe
con detalle en el capítulo siguiente. Ahora, se ofrece una visión general de lo que será el
destino y las relaciones entre esos pueblos, mediante el relato de las bendiciones proféticas
que Noé había dirigido a sus hijos. Además, dos rasgos han de destacarse en este pasaje.
Primero la confirmación de que, tras el diluvio, el hombre sigue inclinado al mal que aflora
nuevamente en la humanidad. Así, el abuso del vino por parte de Noé y la perturbación en
las relaciones familiares: la falta de respeto de Cam hacia su padre, y la división entre los
hermanos. Con esta división comienzan las luchas entre los pueblos, que culminarán con la
soberbia que precede a la construcción de la torre de Babel. El segundo rasgo que hay que
destacar es la explicación del predominio de los israelitas, descendientes de Sem, sobre los
cananeos. Estos últimos recibieron en su antepasado (Cam o Canaán) la maldición de estar
sometidos a sus hermanos: a Sem y a Jafet, es decir, a los israelitas ya los pueblos
descendientes de Jafet.

La Torre de Babel.

La confusión de lenguas: Babel


11 1Por aquel entonces toda la tierra hablaba una sola lengua y con las mismas palabras. 2Al
desplazarse desde oriente encontraron una vega en el país de Sinar y se establecieron allí.
3
Entonces se dijeron unos a otros:
-¡Vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego!
De esta forma, los ladrillos les servían de piedras y el asfalto de argamasa.
4
Luego dijeron:
-¡Vamos a edificarnos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo! Así nos haremos
famosos, para no dispersarnos por toda la faz de la tierra.
5
Bajó el Señor a ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres estaban edificando; 6y
dijo el Señor:
-Forman un solo pueblo, con una misma lengua para todos, y esto es sólo el comienzo de su
obra; ahora no les será imposible nada de lo que intenten hacer. 7¡Bajemos y confundamos
ahí mismo su lengua, para que ya no se entiendan unos a otros!
8
De esta manera, desde allí el Señor los dispersó por toda la faz de la tierra, y dejaron de
construir la ciudad. 9Por eso se la denominó Babel, porque allí el Señor confundió la lengua
de toda la tierra, y desde allí el Señor los dispersó por toda la faz de la tierra.

11,1-9- Este texto continúa presentando el crecimiento del mal entre la humanidad (cfr
8,21; 9,20-27), y, como una de sus consecuencias, la dispersión y la ruptura de la unidad
establecida originariamente por Dios. En efecto, el texto sagrado habla primero de la
humanidad todavía bien unida, como viniendo de Oriente, donde habría tenido lugar su
origen, y estableciéndose en las llanuras de Mesopotamia, llamadas Sinar (cfr 10,10). Pero
es una humanidad llena de orgullo y de soberbia, que quiere ser famosa y tener garantizada
su seguridad por sí misma, llegando hasta el cielo. Tal actitud queda reflejada en la
construcción de aquella imponente torre, de la que pueden dar idea las torres-templo de
Mesopotamia, los zigurats, en cuyas altas terrazas los babilonios creían tener acceso a la
divinidad, dominándola.
Al mismo tiempo, el texto viene a explicar por qué existen tantas lenguas, considerando
este hecho como un signo de la división e incomprensión entre los hombres y los pueblos.
Se apoya en el significado popular de la palabra Babel, en relación con la hebrea balbaláh,
confusión; pues, en realidad, Babel significa «puerta de Dios». Son procedimientos
literarios empleados para exponer convicciones profundas: en este caso, que la desunión de
la humanidad es fruto de su soberbia y de su pecado. Babel se convierte así en lo contrario
a Jerusalén, ciudad a la que según los profetas confluirán todos los pueblos (cfr Is 2,2-3). Y
será en la Iglesia, nueva Jerusalén, donde los hombres de todos los pueblos, razas y lenguas
se unirán en la fe y en el amor, tal como queda reflejado en el acontecimiento de
Pentecostés (cfr Hch 2,1-13). Aquí, al revés que en Babel, todos comprenderán la misma
lengua. En la historia de la humanidad, en efecto, la Iglesia es como signo o sacramento de
la unión de los hombres con Dios y de la unidad de todo el género humano (cfr Conc.
Vaticano 11, Lumen gentium, n. 1).

11,4. La frustración de los planes del hombre contra Dios la explica así San Agustín: «Mas,
¿qué iba a hacer la vana presunción de los hombres, por más que levantaran una mole de
piedra hacia el cielo y contra Dios, ¿cuándo transcendería los montes? ¿Cuándo escaparía al
espacio de este aire terrestre? ¿En qué puede dañar a Dios cualquier elevación de cuerpo o
espíritu por grande que sea? El camino verdadero y seguro para llegar al cielo es la
humildad. Ella levanta el corazón en alto hacia el Señor, no contra el Señor» (De civitate
Dei 16,4).
Este nuevo pecado de la humanidad es, en el fondo, del mismo género que el cometido en
el Paraíso, y como una continuación de aquél. Es el pecado de soberbia que asalta
constantemente al hombre y que queda magníficamente descrito en las siguientes palabras
del Beato Josemaría Escrivá cuando comenta el pasaje de 1 Jn 2,16: «Los ojos del alma se
embotan; la razón se cree autosuficiente para entender todo, prescindiendo de Dios. Es una
tentación sutil que se ampara en la dignidad de la inteligencia, que nuestro Padre Dios ha
dado al hombre para que lo conozca y lo ame libremente. Arrastrada por esa tentación, la
inteligencia humana se considera el centro del universo, se entusiasma de nuevo con el
seréis como dioses (Gn 3,5) y, al llenarse de amor por sí misma, vuelve la espalda al amor
de Dios. La existencia nuestra puede, de este modo entregarse sin condiciones en manos del
tercer enemigo, de la superbia-vitae. No se trata sólo de pensamientos efímeros de vanidad
o de amor propio: es un engreimiento general. No nos engañemos, porque éste es el peor de
los males, la raíz de todos los descaminos." Lucha contra la soberbia ha de ser constante,
que no en vano se ha dicho gráficamente que esa pasión muere un día después de que cada
persona muera. Es la altivez del fariseo, a quien Dios se resiste a justificar, porque
encuentra en él una barrera de autosuficiencia. Es la arrogancia, que conduce a despreciar a
los demás hombres, a dominarlos, a maltratarlos: porque donde hay soberbia allí hay ofensa
y deshonra (Pr 11,2) » (Es Cristo que pasa, n. 6).

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