Cassany (2006) distingue tres concepciones de la comprensión lectora (no tres modos de leer, sino
tres modelos para representar la situación de lectura): • Concepción lingüística, • Concepción
psicolingüística y • Concepción sociocultural. En la concepción lingüística, el signifcado se aloja en
el escrito: leer, para este modelo, es recuperar el valor semántico de cada palabra y relacionarlo
con el de las palabras anteriores y posteriores. Así el signifcado es único, estable, objetivo e
independiente de los lectores y de las condiciones de lectura. En esta concepción, una didáctica de
la lectura haría énfasis en el trabajo con la lengua. En la concepción psicolingüística, se considera
que el lector aporta datos al texto procedentes de su conocimiento del mundo. El lector repone
elementos no dichos en el texto para otorgarle coherencia. En esta perspectiva, comprender un
texto no consiste en comprender sus palabras, sino que es necesario, para la reconstrucción del
signifcado, elementos que no están presentes en el texto. El docente, en este modelo, guía al
alumno en la reposición de lo no dicho, lo supuesto, lo que apela a las inferencias del lector y a su
conocimiento del mundo. La perspectiva sociocultural reconoce la importancia del texto y del
proceso cognitivo del lector, pero agrega otros aspectos: el signifcado de las palabras y el
conocimiento previo del lector tienen origen social. El discurso no surge de la nada. La lectura se
realiza en una época y lugar determinados, en el marco de una cultura en particular. Los distintos
grupos humanos desarrollan distintas prácticas discursivas que surgen en el seno de las esferas de
la vida social. Desde esta perspectiva, el docente trabaja con la competencia textual del lector, con
su conocimiento sobre géneros discursivos. Aprender a leer, considerando los aportes de la
perspectiva sociocultural, consiste en aprender a relacionar los géneros discursivos con las
prácticas sociales en las que circulan. Se lee de maneras distintas según el tipo textual, el contexto,
el propósito de lectura, los conocimientos previos, etc. Es decir que frente a cada texto y situación,
el lector se comporta de un modo distinto.