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Historia de la Balística Forense

Este documento presenta un resumen de la historia de la balística forense. Comienza describiendo el primer caso en el siglo XIX donde se utilizó evidencia balística para resolver un crimen. Luego describe avances clave en el siglo XX, incluyendo cuando el Dr. Paul Jeserich en 1898 demostró que marcas en una bala pueden vincularla a un arma específica. También describe el trabajo pionero de Charles E. Waite en la década de 1920 para catalogar las características únicas de diferentes armas de fuego.

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Historia de la Balística Forense

Este documento presenta un resumen de la historia de la balística forense. Comienza describiendo el primer caso en el siglo XIX donde se utilizó evidencia balística para resolver un crimen. Luego describe avances clave en el siglo XX, incluyendo cuando el Dr. Paul Jeserich en 1898 demostró que marcas en una bala pueden vincularla a un arma específica. También describe el trabajo pionero de Charles E. Waite en la década de 1920 para catalogar las características únicas de diferentes armas de fuego.

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Republica Bolivariana de Venezuela

Ministerio Del Poder Popular Para La Educación


Universidad Nor-Oriental Privada “Gran Mariscal de Ayacucho”
Facultad de Derecho – Medicina Legal
Maturín – Edo. Monagas.

La Balística

Profesor: Estudiantes:
Gudelio Lanz. Betania Manrique, C.I: 27.248.816
Adreana Persaul, C.I: 28.418.239
Carlos Chacon, C.I: 27.766.102
 La Balística:
Es la ciencia que estudia las armas de fuego, el alcance y dirección de los
proyectiles que disparan, y los efectos que producen.

 Antecedentes Históricos:
El primer intento con éxito del que se tiene constancia, en descubrirse al autor de
un crimen realizado con un arma de fuego, data de comienzos del siglo XIX.

Corría el año 1835, y en la ciudad de Londres no había cuerpo de policía, tan solo
un pequeño grupo de “ayudantes” reclutados por Henry Fielding -juez de paz de
Westminster-, a los que se les conocía como los Bow Street Runners, que se
dedicaban a investigar los crímenes utilizando métodos poco ortodoxos, e incluso
alguna vez que otra no muy legales.

Henry Goddard, uno de estos “peculiares investigadores”, al observar un proyectil


extraído del cuerpo de una víctima de un asesinato, se percató de la existencia de
una llamativa protuberancia o abultamiento en la misma.

Dado que por aquélla época las armas de fuego eran de avancarga y los tiradores
habitualmente hacían mediante un molde o turquesa sus propias balas, nuestro
avezado investigador pensó que si encontraba el molde encontraría al asesino.

Con ésta idea, Goddard se lanzó a registrar las casas de los sospechosos, y
cuando procedía al registro de la vivienda de uno de ellos, al examinar el molde
con el que fabricaba las balas de plomo el morador de la misma, pudo observar
que en el interior de la turquesa había una pequeña hendidura.

Procedió a fabricar un proyectil y al compararlo con el que se había extraído del


cuerpo de la víctima pudo ver que los abultamientos de ambas eran idénticos.

Esto, y se supone que un poco de “presión”, hizo que el asesino confesara su


crimen.

En este primer caso, podemos decir que el rigor científico brilló por su ausencia,
sólo la suerte y la intuición se aliaron para llegar al acierto policial que convertiría a
Goddard -sin que tuviera conciencia de ello- en el precursor de lo que llegaría a
ser un nuevo método para la investigación de los crímenes cometidos con armas
de fuego.

Dejaremos pasar el tiempo y algunos casos resueltos con mayor o menor rigor
científico, hasta situarnos en la Alemania de 1898.
Un médico forense berlinés, el Dr. Paul Jeserich, asistía en calidad de experto al
tribunal de la ciudad alemana de Neuruppin en un caso de homicidio. 
 
Durante el proceso le mostraron a Jeserich un proyectil extraído del cuerpo de la
víctima, y el revólver propiedad del acusado. Este doctor era partidario de la teoría
que afirmaba que el proyectil al recorrer el ánima del cañón y rozar con las estrías
de éste a gran presión, sufría una serie de marcas y por lo tanto si se realizaba
otro disparo con el arma del criminal, el deslizamiento por el ánima del cañón
produciría huellas en el proyectil iguales a las que tenía la extraída del cuerpo de
la víctima, siempre y cuando el arma empleada fuera la misma.

Con esta idea realizó un disparo de prueba, fotografió las dos balas, amplió las
fotos y sorpresa, se dio cuenta de que las marcas dejadas por las estrías y los
campos del ánima del cañón en el “proyectil testigo”, eran idénticas a las que tenía
el “dubitado”.

Comienza el siglo XX, y poco a poco otros investigadores fueron creando nuevos
métodos de investigación, que irían dando a conocer en sus asesoramientos a los
tribunales de justicia. Uno de ellos, Richard Kockel, que siendo director del
instituto forense de la ciudad de Leipzig, efectuó las primeras pruebas del
“desarrollo” del cuerpo del proyectil, realizando negativos del mismo en láminas de
cera y óxido de cinc.

Al profesor Balthazard le llamó la atención que en el culote de la vaina existieran


una serie de marcas y que éstas eran producidas al incidir sobre él la aguja
percutora en el momento del disparo. De igual manera observó que el espaldón
también producía una serie de marcas en el culote del cartucho (vaina servida), e
incluso lo hacían el extractor y el expulsor. Balthazard había descubierto un
camino muy importante, pero a causa del comienzo de la I Guerra Mundial estas
investigaciones fueron abandonadas.

Llegado el año 1917 entra en escena uno de los grandes pioneros de la balística
forense: Charles E. Waite. Su historia se mezcla con la balística, cuando como
funcionario del ministerio público del estado de NuevaYork, asistió como ayudante
del Presidente de la Comisión de Investigación nombrada por el Gobernador del
Estado, encargada de revisar la no muy fiable sentencia dictada por un tribunal del
condado de Orleans en el proceso que investigó y juzgó el caso del doble
asesinato cometido en la noche del 21 de marzo de 1.915 en una granja del
pequeño pueblo de West-Shelby, donde su propietario Charles B. Phelps y su ama
de llaves Margarett Walcott fueron asesinados a tiros con un arma del calibre .22.

Dos trabajadores de la granja, Charles E. Stillow y su cuñado Neldon Green,


fueron acusados y condenados en un proceso que estuvo repleto de
irregularidades.
Del cuerpo de Charles B. Phelps se extrajeron tres proyectiles del calibre 22, y a
Stillow, se le requisó un revolver del mismo calibre. El fiscal del caso contrató a
Albert Hamilton, uno de los abundantes y poco fiables “expertos” en balística que
pululaban en aquélla época alrededor de los tribunales de justicia de los [Link],
ofreciendo sus servicios para asesorar como “técnicos en balística”, y que en la
mayoría de los casos siempre se inclinaban a dar la razón a la parte que los
contrataba.

Hamilton, tras inspeccionar el revólver de Stillow y observar mediante un


microscopio los tres proyectiles extraídos del cadáver, realizó un dictamen
demoledor para los acusados. Dijo que junto a la boca del cañón del revolver
había una muesca, y ésta misma muesca aparecía marcada en las balas, lo que le
sirvió para decir que: “los proyectiles asesinos sólo pudieron ser disparados por el
revolver del acusado”.

Gracias a este dictamen tan demoledor como falso, los acusados fueron
condenados a la silla eléctrica.

Al proceder a la revisión del caso, la Comisión que había nombrado el gobernador


Whitmann, no fiándose del dictamen de Hamilton, mandó efectuar varios disparos
de prueba para obtener proyectiles testigo, que posteriormente fueron mandadas
junto con las dubitadas, a la compañía óptica Bausch & Lomb, con el encargo de
buscar las muescas que Hamilton dijo haber encontrado.

Mediante un estudio con los aparatos ópticos mas precisos de que se disponía,
intentaron localizar las muescas, no siendo capaces de dar con ellas ni en los
proyectiles extraídos del cadáver ni en las que se obtuvieron en los disparos de
prueba realizados. Sin embargo, se efectuó un importante descubrimiento. Tanto
las balas del crimen, como las de prueba tenían cinco estrías, pero con una gran
diferencia: las estrías del arma de Stillow eran normales y regulares, y así se
podía apreciar en las balas obtenidas al efectuar los disparos de prueba, pero en
las balas dubitadas había quedado marcado un campo intermedio de una anchura
anormal. El arma utilizada para cometer el crimen tenía un defecto de fabricación
que no tenía el arma propiedad de Stillow.

Stillow fue declarado inocente, pero había pasado tres años en prisión y a punto
de morir en la silla eléctrica a causa de un falso informe de un no menos falso
especialista en balística.

Charle E. Waite, quedó muy impresionado a causa de lo ocurrido, y se prometió a


sí mismo que intentaría dar con un sistema fiable y capaz de identificar el arma
utilizada en un crimen, mediante el estudio del cartucho empleado.

Con esta idea en mente se lanzó a visitar las fábricas de armas más importantes
de los [Link] y a continuación las europeas, solicitando los datos exactos de las
características de las armas que fabricaban. A finales de 1923, después de cuatro
años de viajes e intenso trabajo realizó un gran descubrimiento: ¡No había ni un
solo modelo que fuera exactamente igual a otro! Había diferencias en los calibres,
en el número y orientación de las estrías, de manera que estas podían estar
orientadas a izquierda o a derecha, y sus ángulos de torsión podían ser distintos.

Waite con todos estos datos de fabricación realizó una especie de altas o catálogo
técnico de la mayoría de las armas existentes en aquella época, recogiendo los
“caracteres de clase” que definen a todas las armas que son de un mismo tipo,
marca y modelo, pudiendo llegar a determinar mediante la observación y posterior
consulta de las marcas producidas por estampación en la vaina, o por
deslizamiento en la bala, qué modelo de arma había sido empleado en un crimen,
llegando a diferenciar si el cartucho empleado procedía de un revólver Colt Army
Mod. 1873 ó de un Smith Wesson del Ejército.

Pero estos resultados aparentemente satisfactorios sólo solucionaban una parte


del problema, puesto que no era factible diferenciar un Colt Army Mod. 1873 de
otro Colt Army Mod. 1873.

Hacía falta encontrar unos “caracteres individualizantes” que permitieran distinguir


dos armas del mismo tipo, marca y modelo.

La solución a este nuevo problema la encontró observando el proceso de


fabricación del cañón de una pistola.
El cañón es fabricado y pulido en un bloque cilíndrico de acero, al que mediante
una cortadora automática de acero se procede a labrar en él las estrías. Aunque
en este proceso se utilizan máquinas de gran calidad y precisión, durante el
mismo hay que interrumpir frecuentemente el trabajo para afilar las cuchillas de las
máquinas. 
Si se observa al microscopio el filo de la cuchilla de una cortadora se verá que
este no es recto, sino dentado. Por lo tanto, el orden y la medida del dentado es
forzosamente distinto en cada filo, produciéndose cambios en el mismo cada vez
que es afilado, que luego podrán ser observados en cada una de las estrías. 
Si a todo esto se le suma la acción abrasiva, causada por las virutas de acero que
se producen en el proceso y que la cortadora empuja a lo largo del interior del
cañón durante la fabricación del mismo, nos dará como resultado en cada arma
unas características que no se repetirán jamás.

Si tenemos en cuenta que la bala al pasar por el ánima del cañón sufre dos tipos
de marcas: las primeras causadas por las estrías del ánima, que en la bala se
convertirán en campos, y las segundas causadas por los campos del ánima, que
darán como resultado las estrías, podemos llegar a decir que la bala, después de
recorrer el ánima del cañón, se convierte en el negativo de éste.

Aquí estaba la solución, ahora sólo era preciso encontrar éstas mismas diferencias
en los proyectiles. Y esto sólo era posible con un buen microscopio.

Waite explicó su idea al óptico Max Poser y le pidió que le fabricara un


microscopio para poder verificarla. El óptico le fabricó un microscopio dotado con
un soporte que mantenía sujeta la bala, y con una escala de medición que
permitía medir las huellas mas insignificantes que existieran en la misma.

A posteriori se le unieron el físico John H. Fisher y el químico y gran especialista


en microfotografia Philipp [Link] gracias a esta unión nació en Nueva York el
primer instituto de balística forense del mundo (Bureau of Forensic Ballistics).

Fisher aportó a la investigación dos grandes inventos, con el primero de ellos


desarrollado basándose en la idea del Citoscopio médico, construyó un aparato
que servía para ver con todo detalle el interior del cañón de un arma de fuego.
Nacía así el Helixómetro.

El segundo aporte fue un nuevo microscopio calibrador con una mayor precisión
que el fabricado anteriormente por Poser. Permitía medir con muchísima más
precisión los campos intermedios, las estrías, y la orientación de las mismas.

Con éste nuevo microscopio Gravelle pudo observar gran cantidad de proyectiles
disparados por distintas armas de un mismo modelo. Pero no estaba del todo
satisfecho, puesto que para comparar un proyectil con otro había que observarlos
por separado, y ello suponía mayor imprecisión que examinándolos
simultáneamente. Luego de pensar se le ocurrió la idea que daría a la balística
uno de los fundamentos científicos más importantes.

Tomó dos de los microscopios calibradores y los unió mediante un dispositivo


óptico gracias al cual se podían observar dos proyectiles juntos superponiéndolos
en una sola imagen y lograr que ambas giraran de manera que se pudieran
comprobar viendo las coincidencias y diferencias que hubiera en las mismas. El
microscopio comparativo de Gravelle veía la luz.

Para estas fechas se unió al equipo de Waite un nuevo miembro, el doctor Calvin
Goddard que al poco tiempo de manejar el microscopio comparativo podía
distinguir si una bala dubitada y una testigo habían sido disparadas por la misma
arma. Y eso no era todo. 
 
Goddard siguiendo el camino que había iniciado el profesor Balthazard, comenzó
a observar el culote de las vainas disparadas encontrando que las lesiones
producidas por las máquinas empleadas en la fabricación de la aguja percutora o
del bloque de cierre del arma que había realizado el disparo, coincidían con las
lesiones que aparecían en el culote de la vaina empleada.

Desde 1925, en que Gravelle inventó el microscopio comparativo, hubo que


esperar a la primavera de 1927, cuando en el proceso Sacco-Vanzetti, Calvin
Godardd lo dió a conocer realizando con él un dictamen modelo en la historia de la
Balística Forense.

 Fundamentos Teóricos:
En este sentido, la Balística Forense con todos los estudios y/o análisis que
la disciplina trae consigo, constituirán un elemento probatorio contundente y
determinante en el juicio oral, por el valor que le suministra la metodología y
los procedimientos técnicos aplicados y procesados en esta materia, para
identificar e individualizar, a los objetos comprometidos (armas de proyección
balística, proyectil y concha), involucrados en la comisión del hecho. Por lo antes
expuesto, la Prueba Balística, constituye un elemento probatorio de extrema
certeza que no admite la disconformidad y ningún tipo de resultado que implique
incertidumbre o dudas en sus conclusiones.
Es por ello, que el estudio y conocimiento de los postulados fundamentales de
la Balística juegan un papel importante en el debate probatorio y/o judicial, por ser
el resultado de sus análisis, decisivos y contundentes para formular los alegatos
en el proceso.
 Fundamentos legales:
Cumpliendo con las disposiciones que establecen la Constitución Bolivariana de la
República de Venezuela y el Código Orgánico Procesal penal, en sus artículos
181, 182 y 183, que contemplan: la licitud , la libertad y presupuesto de la
apreciación de la prueba, respectivamente, y de acuerdo a lo previsto en el
artículo 22 del mismo instrumento legal, referido a la apreciación de la
prueba: "observando las reglas de la lógica, los conocimientos científicos y las
máximas de experiencia"; permiten por un lado, que la prueba esté relacionada
directa e indirectamente con el hecho punible y que ésta sea obtenida lícitamente,
y por otro lado, que éstas se hayan hecho del conocimiento común de las partes,
en tanto así lo manifiesten y lo promuevan para dar cumplimiento a lo expuesto en
el artículo 13 del código adjetivo que determina: "El proceso debe establecer la
verdad de los hechos por las vías jurídicas, y la justicia en la aplicación del
derecho…"
Por lo tanto, queda implícito que las dos primeras fases del proceso penal
(preparatoria y preliminar), forman parte de la depuración del mismo, para acceder
posteriormente a un Juicio Oral impoluto, con la finalidad de emprender una ardua
lucha entre las partes, para tratar de convencer y persuadir al juez a través
del análisis integrado de las pruebas, como eje-factor fundamental del proceso,
para debatir y demostrar la inocencia o no del acusado.
 Armas de fuego:
El arma de fuego es un dispositivo destinado a propulsar uno o
múltiples proyectiles mediante la presión generada por la combustión de
un propelente. De este modo, se excluyen dentro de este término los dispositivos
que lanzan proyectiles por medio de un gas previamente comprimido. Como
toda arma, su función original y más común es provocar la muerte o la
incapacitación casi instantánea de un animal o humano; en el caso de las armas
de fuego, estas pueden hacerlo desde cierta distancia, variable según el tipo de
arma y las circunstancias (viento, humedad, etc.). Algunas armas de fuego están
específicamente diseñadas para ser no letales y causar una incapacitación
transitoria o tener efectos disuasorios, sirviendo como armas antidisturbios; otras
se destinan a usos diversos no vinculados a la caza, el combate o la ejecución de
la pena de muerte.
A las armas de fuego largas (como los rifles) se les suele agregar una bayoneta, la
cual es un arma blanca muy afilada, que es utilizada para el combate cuerpo a
cuerpo en caso de no tener balas, lo cual aumenta la peligrosidad de estas.
En las armas de fuego antiguas el propelente era la pólvora negra; en cambio, en
las modernas se utiliza pólvora sin humo o cordita. En algunos casos se usa
pólvora negra para armas antiguas, incluso hoy en día por cuestiones estéticas.
A diferencia de las armas blancas en las que no se requiere de ninguna licencia
para poder portarlas, para poder portar armas de fuego se requiere
una licencia especial que permita su uso. También requieren ser recargadas una
vez que se quedan sin cartuchos, mientras que las armas blancas no requieren
ser recargadas.
 Clasificación de las armas de fuego:
Las armas de fuego se dividen en dos categorías principales:
Armas de fuego largas: escopeta, fusil de combate, ametralladora, fusil de asalto,
subfusil, carabina, fusil de francotirador, fusil de tirador designado, fusil
antimaterial, Fusil de cerrojo, Fusil semiautomático, etc.

Armas de fuego cortas: pistola, revólver, pistola ametralladora, entre otras.

 1.-Balística interior:

Estudia los fenómenos que se producen en el interior del arma de fuego, desde
que el percutor hiere al fulminante y termina hasta que el proyectil abandona la
boca del arma de fuego. La balística interior, tiene una especial incidencia en las
características de fabricación de las armas de fuego y su cartuchería. Es decir,
estudia, entre otros aspectos, todos los fenómenos que impulsan al proyectil, así
como el quemado de la carga inicial, para que está a su vez queme el propelente,
la presión de los gases, el giro y rozamiento dentro del ánima rayada, etc.

 2.-Balística exterior:

Estudia las trayectorias y los efectos perturbadores del medio ambiente sobre el
proyectil. Es el análisis de lo que ocurre con el proyectil desde que abandona la
boca del cañón hasta que hace blanco, o bien agota su impulso y [Link] recorrido
de este, independientemente de la forma de dicho camino o de su permanencia,
se llama "trayectoria".

 3.-Balística de efecto/terminal:

Estudia los efectos causados por el choque del proyectil contra un cuerpo dado o
ya definido y hasta que este queda en reposo.

 Elementos constantes en el cono anterior de deflagración:


1. Bala o proyectil: Componente del cartucho que sale disparado a gran
velocidad, impulsado por los gases que se originan a consecuencia de la
deflagración de la carga de proyección (pólvora) contenida en el cartucho.
2. Humo y gases: Proceden de la deflagración de la carga de proyección
contenida en el cartucho; son efecto de los granos de pólvora, que por lo general
se encuentran en forma de hojuela o cilindro y que efectúan la combustión.
3. Fogonazo: Se debe a los gases sobrecalentados procedentes de la
deflagración de la pólvora contenida en el cartucho. El fogonazo puede
manifestarse a 25 o 30 cm de longitud, según sean el arma empleada y el estado
de utilidad de la carga de proyección que contenga el casco del cartucho.
4. Nitrato de potasio: Se produce por la deflagración de la pólvora del cartucho.
5. Nitrato de potasio y potasio: Se origina por la deflagración de la carga de
proyección (pólvora).
6. Derivados nitrados: Proceden de la deflagración de la pólvora contenida en el
cartucho.
7. Elementos de bario: Provienen del fulminante o cápsula que contiene el culote
del cartucho.
8. Elementos de plomo: Se desprenden de la bala o proyectil y se expulsan
violentamente a través de la recámara del cañón como consecuencia de la
elevada presión de los gases que se originan en el interior del cartucho, en la
carga de proyección (pólvora).
9. Elementos de antimonio: Proceden del fulminante o cápsula, que se
encuentra alojado en el culote del cartucho.
10. Elementos de cobre: Son componentes de la bala o proyectil si se
encuentran cubiertos con una camisa del mismo material.
[Link] de acero: Son constituyentes de la bala o proyectil si están
cubiertos con una camisa del mismo material.
 Elementos constantes en el cono posterior de deflagración:
1. nitratos de potasio: proceden de la deflagración de la carga de pólvora del
cartucho. son restos incombustos.
2. nitrato de potasio y/o sodio: proceden de la deflagración de la carga de
pólvora del cartucho. son restos de combustión.
3. Derivados nitrados: proceden de la deflagración de la carga de pólvora del
cartucho. son los dos anteriores y se estudian en su conjunto.
4. Bario: procede del fulminante del cartucho. es un compuesto inorgánico
denominado “cloruro de bario”.
5. Plomo: procede del proyectil o bala, sin camisa de cobre o acero. y de manera
fundamental de un compuesto orgánico denominado “azida de plomo” que se
encuentra en el fulminante.
6. Antimonio: procede del fulminante del cartucho. las balas sin camisa son de
una aleación de plomo y antimonio, que al dispararlas se tallan contra el ánima del
cañón, desprendiéndose micropartículas.
7. Cobre: procede de la bala cuando se encuentra cubierta con camisa del mismo
material.
8. Acero: procede de la bala cuando se encuentra cubierta con camisa del mismo
material.

 Fuerza viva, efectos dinámicos e identificación de proyectiles:

 Trayectoria y fuerza viva:


Es el recorrido que hace el proyectil desde el momento que sale de la boca del
cañón hasta el objetivo o el blanco. Posteriormente, hablaremos de otro trayecto
que es diferente porque tiene que ver con la lesión propiamente dicha, es decir, la
herida por arma de fuego; la trayectoria puede referirse al arma propiamente
hablando o al proyectil dentro del cuerpo. La trayectoria determina la Fuerza viva
del proyectil y éste está presente cuando hablamos del movimiento de rotación y
de traslación, ya que, precisamente, es la fuerza viva del proyectil; la fuerza viva
es el trayecto que describe el proyectil al salisteis de la boca del cañón hasta que
da en el blanco.
 La fuerza o efectos dinámicos:
Se origina cuando el proyectil, antes de impactar en el blanco que se esperaba, se
desvía, y ello es el efecto de rebote del que ya hablamos: el efecto del rebote
puede decirse que es la fuerza dinámica de los proyectiles y es de sumo interés
en la medicina legal, dentro de la balística Médico-Forense, porque el proyectil dio
en el blanco que no era el deseado.
 Identificación de proyectiles:
Los proyectiles son estudiados desde dos puntos de vista: general y particular.
1. GENERAL:
Puede ser dentro de los aspectos del peso, calibre, forma y composición química.
2. PARTICULAR:
Las irregularidades del ánima del cañón se graban en el proyectil al pasar por
éste. Las más visibles son las características dejadas por los macizos y las rayas,
que pueden distinguirse a simple vista. Cada fabricante construye el cañón
siguiendo normas que le son propias; lo que permite diferenciar el origen de las
mismas teniendo en cuenta lo siguiente:
a. NUMERO DE RAYAS:
Varian de acuerdo a modelo y marca del arma
b. ORIENTACION DEL RAYADO:
Formado por el espiral del rayado helicoidal, el mismo que puede ser a la derecha
(Dextrogiro) o a la izquierda (Sinistrogiro).
c. INCLINACION DEL RAYADO:
El ángulo de inclinación del rayado es variado, de acuerdo a la marca y modelo,
pudiéndose realizar la medición de la inclinación con referencia al eje largo del
proyectil.
d. ANCHURA DE LAS RAYAS:
Cada tipo y modelo de armas presentan un ancho diferente. Algunas
particularidades son de origen, producidas en el curso de la fabricación; otras por
el contrario se adquieren con posterioridad, se suman a las anteriores y dan al
cañón una personalidad todavia mas definida (debido a deformaciones periódicas
o accidentales).
 Traza de Disparos:

El análisis de trazas de disparos consiste en que el investigador aplica un hisopo


previamente impregnado con ácido nítrico sobre los dorsos internos de los dedos
pulgares e índice de las manos del sospechoso. Este estudio se realiza con el
objetivo de determinar la presencia o ausencia de elementos constituyentes de la
cápsula fulminante de una bala, con este estudio solo se determina el estifanato
de plomo, el bario y el antimonio, provenientes del fulminante, al estar estos tres
elementos se indica que efectivamente el sujeto efectuó el disparo con un arma de
fuego, solo se puede realizar dentro de un máximo de 72 horas luego de
efectuado el disparo, realizado en una fecha posterior sería capaz de ubicar los
elementos pero no todos a la vez, por eso debe realizarse en ese periodo de
tiempo. La muestra solo es colectada en el dorso de las manos ya que es la región
anatómica descubierta donde se depositan los restos de los elementos
constitutivos del fulminante al efectuarse la detonación del cartucho por la forma
de empuñar el arma.

 El rodizonato de sodio:

El Rodizonato de sodio es una prueba que se ha revelado satisfactoria para la


detección tanto de bario como de plomo, incluso cuando dichos elementos se
encuentran juntos uno con el otro, o junto con otros constitutivos de los residuos
de la descarga del arma de fuego.
 lon Nitrato:
La prueba del ion nitrato en el aspecto criminalístico, es de orientación, que sirve
de guía al proceso investigativo y judicial, de cierta probabilidad de que ha sido
disparada un arma de fuego por la presencia de vestigios de pólvora deflagrada,
mediante el análisis químico. En este sentido, tanto la pólvora negra como
piroxilina o moderna sin humo, constituida por varios esteres orgánicos del ácido
nítrico, de base simple, de doble base o de base triple con combustión motivado a
la percusión del fulminante de la bala, se desprenden gran cantidad de nitratos.
 lon Nitrito:
Esta prueba tiene por objeto identificar nitritos, los cuales son un subproducto de
la combustión de la pólvora ocasionada cuando un arma es disparada,
depositándose en la superficie que sufrió el disparo, de esta manera nos es de
utilidad para determinar la distancia a la que fue efectuado el disparo de arma.
Cabe destacar, que la prueba de Walker se efectúa en los orificios producidos por
arma de fuego en prendas.

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