LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR
BIENVENIDO MORROS^
Resumen: El presente trabajo analiza la parodia de las horas canónicas en oïLibro
de buen amor a la luz de los diferentes manuales sobre liturgia, tanto romana como hispánica,
que el Arcipreste pudo manejar para ese episodio de su obra. Gracias a las explicaciones que
se dan en todos esos libros sobre cada una de las horas canónicas, entendemos mucho mejor
la conducta del clérigo que las protagoniza en el pasaje de Juan Ruiz.
Palabras clave: Historia de la liturgia; Religión, Parodia; Literatura goliardesca;
Arcipreste de Hita, Libro de buen amor.
Abstract: This work studies the parody of the canonical hours in theLibro de buen
amor and it is based on several handbooks about liturgy, roman as well as hispanic, that the
Archpriest could probably use for this episode in his book. Thanks to the explanations that these
books show about every one of the canonical hours, we can undertand much better the
behaviour of the priest who takes the chief role in the episode written by Juan Ruiz.
Keywords: Liturgy History; Religion; Parody; Goliardic literature; Archpriest of
Hita; Libro de buen amor.
SUMARIO
L La acedia.- 2. El orden de Juan Ruiz.- 3. Los maitines: ¿vigilias o laudes?.- 4. Noche de
amor.- 5. Los instrumentos musicales.- 6. El lugar en que se rezaban las horas canónicas.- 7.
Los laudes.- 8. Prima y tercia.- 9. Sexta: la hora de mayor sufrimiento y ardor amoroso.- 10.
Nona: la hora de la consumación sexual.- IL Vísperas.- 12. Completas.- 13. Conclusión.
Si hay una sección original en la obra de Juan Ruiz, ésa es sin duda
la que la crítica ha bautizado con el título de "parodia de las horas canónicas".
Desde luego, la cultura medieval no produjo nada igual, y sólo hallamos
aproximaciones bastante remotas en textos latinos. De todos ellos, uno al
^Profesor del Departamento de Literatura Española, Facultad de Letras, Universidad
Autónoma de Barcelona.
Fecha de recepción del artículo: octubre 2003. Fecha de aceptación y versiónfinal:febrero
2004.
«Anuario de Estudios Medievales», 34/1 (2004), pp. 357-415 .- ISSN 0066-5061.
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menos, conservado en manuscritos del siglo XV, presenta un juego similar
con fragmentos de las Sagradas Escrituras, y más específicamente con los de
los Psalmos. Por no ser demasiado extenso, vale la pena leerlo íntegro:
Metra de monachis camalibus
Scire vis, quid sit monachorum nobile vulgus:
In omnem terram exivit sonus eorum (Romanos X, 18).
Statim post primam veniunt of fare coquinam:
Sepulchrum patens est guttur eorum (Romanos III, 13).
Vix psalmos dicunt et mox concumbere discunt:
Sicut equus et mulus, quibus non est intellectus (Tobias VI, 17).
Omnia consumunt, possunt nee eos saturare:
Volucres celi et pisces mari (Psalmos VIII, 9).
Fercula multa petunt et longum tempus edendi:
Si non ftierint saturati et murmurabunt (Psalmos LVIII, 16).
Dicunt gaudenter, dum plurima fercula cernunt:
Letatus sum in hiis (Psalmos CXXI, 1).
Sed cum pauca vident, replicant miserabile carmen:
Heu michi, quia incolatus meus prolongatus est (Psalmos, CXIX, 5).
Ut bene pascatur monachus, non aliud optat:
Superbo oculo et insaciabili corde (Psalmos C, 5).
Sic igitur sperant celestia regna mereri:
Non sic, impii, non sic ! (Psalmos I, 4)
('Versos sobre los monjes camales.
Si quieres saber quién es el noble vulgo de los monjes:
Por todo la tierra se extendió su sonido.
Después de prima, van a la cocina a por un trozo de algo:
Sus gargantas son un sepulcro abierto.
Apenas recitan los psalmos y ya aprenden el coito:
Así como el caballo y el mulo, en los que no hay entendimiento.
Lo consumen todo, y nada puede saciarlos:
Las aves del cielo y los peces del mar.
Piden muchas viandas, y tiempo prolongado para comerlas:
Si no quedan satisfechos, murmurarán.
Hablan gozosamente mientras contemplan las viandas:
Estoy contento al verlas.
Pero cuando ven pocas, replican con una triste cantilena:
¡Ay de mí!, que mi vida miserable se ha prolongado.
El monje no piensa en otra cosa que comer bien:
Con ojo soberbio y corazón insaciable.
De esta manera, pues, esperan ganarse el Reino de los Cielos:
Así no, impíos, así no')
^Paul LEHMANN, Die Parodie im Mittelalter, Stuttgart, Hiersemann, 1963, pp. 194-195.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 359
El anónimo autor del poema latino no parece parodiar ningún oficio
en concreto, pero, en cambio, utiliza determinados pasajes del Antiguo
Testamento para censurar el apego de los monjes por la comida y el sexo: de
hecho, formula la crítica en un verso y en el siguiente la ilustra con uno de
esos pasajes. En la diatriba contra los monjes, sólo en una ocasión los acusa
del pecado de lascivia, y lo describe vinculado, cómo no, a la recitación de
psalmos, una actividad especialmente ejercida en cada una de las horas
canónicas. Precisamente, la cita bíblica es la misma que aduce el Arcipreste
en el prólogo en prosa para subrayar qué les ocurre a los menos cuerdos:
"Nolite fieri sicut equus et mulus, in quibus non est intelectus".
El incógnito autor, además, ha hecho un uso del Psalmo CXXI, 4
prácticamente idéntico al del Arcipreste: "Laetatus sum". Se imagina la
alegría de los monjes al divisar en la mesa del comedor los platos rebosantes
de viandas: "Dicunt gaudenter, dum plurima fercula cernunt: 'Letatus sum in
hiis'". Asimismo el Arcipreste presenta al sacristán acometido por un gozo
de la misma naturaleza.al divisar en la iglesia a muchas mujeres, a quienes,
junto a otros feligreses, ha convocado con el toque de campanas para rezar
con él las vísperas: "cantas: 'Letatus sum\ si allí se detiene" (385 b).
El Arcipreste, en el episodio de doña Garoça, supone al fraile
abandonando el oratorio por la mañana para dirigirse al refertorio, ya ansioso
por zamparse el desayuno, pero no infringiendo ninguna norma:
Alegre va la monja del coro al parlador,
Alegre va el fraile de tercia al refítor:
Quiere oír la monja nuevas del entendedor,
Quiere el fraile goloso entrar en el tajador (1399Í;
el incógnito autor describe a su monje aún más desesperado, porque lo
descubre entrando en la cocina tres horas antes, a la átprima: "Statim post
primam veniunt of fare coquinam: Sepulchrum patens est guttur eorum'\
El Arcipreste no parece estar en la misma sintonía que algunos autores de
los Carmina Burana, en los que exhiben su desidia, al no ser capaces de
sacrificarse para cumplir con sus obligaciones:
Ordo noster prohibet
Matutinas plane:
^Citamos siempre por la edición de Alberto BLECUA, Libro de buen amor, Madrid, Cátedra,
1992.
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360 BIENVENIDO MORROS
Sunt quedara fantasmata,
Que vagantur mane,
Per que nobis veniunt
Visiones vane:
Sic qui tunc surrexerit,
Non est mentis sane.
Ordo noster prohibet
Semper matutinas.
Sed statim, cum surgimus
Queimus pruinas:
Illuc ferri facimus
Vinum et galinas
Nil hie expavescimus
Prêter hashardi minas**
('Nuestra orden nos prohibe siempre los maitines: hay algunos fantasmas que vagan
de madrugada, por cuya culpa tenemos visiones vanas. Los que entonces se levantan
no están bien de la cabeza. Nuestra orden prohibe enteramente los maitines, pero,
al momento, al levantamos, buscamos el brasero. Allí hacemos traer vino y gallinas.
Nada nos espanta salvo la amenaza de los dado¿)
Por lo pronto entre los miembros de esta orden y el monje del
Arcipreste existe una diferencia importante. Unos se niegan rotundamente a
levantarse para rezar los oficios nocturnos, mientras el otro se muestra con las
mejores disposición para cantarlos. Unos, cuando se levantan, y no parece que
demasiado temprano, se arriman al fuego básicamente para saciar sus
estómagos, mientras que el otro, que seguramente ha dormido acompañado,
no ha tenido ningún problema para vencer las comodidades del lecho.
La crítica, y especialmente Félix Lecoy, había aducido entre la
literatura posterior al Arcipreste ejemplos de uso más o menos irreverente de
la liturgia^. Sin embargo, no sé por qué, había olvidado uno que explica mejor
que ésos la irreverencia de nuestro autor. Lo he encontrado entre la prosa de
la anónima Carajicomedia, publicada en el Cancionero de obras de burlas
provocantes a risa (Valencia, 1519). En una de las glosas, su autor nos habla
de una pastelera, llamada Marina, quien ya había enviudado de dos maridos.
"^Alfons HiLKA y Otto SHUMANN, eds.. Carmina Burana, Heildelberg, Cari Winter's
Universtitatsbuchhandlung, 1930.
^Félix LECOY, Recherches sur le "Libro de buen amor " de Juan Ruiz, con una bibliografía
suplementaria de A.D. DEYERMOND, Farnborough, Gregg, 1974, pp. 221-223.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 361
por tenerlos "consumidos y ardidos"^. El tercero y actual, a quien se
denomina Navarro, había huido de su ciudad por acuchillar a un hombre
"sobre ciertas diferencias comudales". Un fraile trinitario, que estaba al
corriente de esa fuga, se hace el encontradizo por casa de la pastelera, a quien
informa de que su marido se había refugiado en su monasterio, y de que
ordenaba que lo fuera a ver esa misma noche. El fraile le dice que por amistad
que tiene con el fugitivo la va esperar esa noche en la puerta del monasterio
para llevarla junto a él. Doña Marina se presenta en el lugar asignado,
escoltada por una moza. El fraile cuando la ve en semejante compañía le
ruega que la despidiese, porque ya harto hacía con introducir una mujer en el
monasterio. A partir de este punto vale la pena leer el relato tal como se
conserva:
Ella envió la moza, y fiando en la santidad del fraile, entra tras él, y así
como pasaban las puertas, el fraile de mano y golpe las cerraba, hasta que
llegó a su celda. Y ella preguntando por su marido, y él respondió:
"señora, vuestro marido yo he de ser esta noche. Por eso no recibáis
pasión, que cierto yo tengo muy cargados los lomos, y aquí no se puede
hacer otra cosa, que en devociones para vuestros finados se corregirá'.
Visto por ella la dispusición y bermejez del fraile, consintió en sus preces,
y luego cenaron, y entremezclaron a vueltas las siete obras canónicas, con
tanto hervor de devoción, que si el fraile rezaba un psalmo o verso, ella
rezaba dos y aún tres, y metía coletas y otros responsos, en tal manera que
los dos llegaron al quinceno psalmo; y después dijeron úmiserere y el
Rétribue[re] dignare, y el regen cojón de hombre vivo, y venite adoremus,
y otras devociones, hasta que el fraile, conociendo la gran devoción della
y él no ser bastante, acordó de invocar el auxilio de algunos novicios. Los
cuales, por ser la obra meritoria, vinieron seis, los cuales ayudaron mucho
al tentado fraile, y por su trabajo d*ellos algún tanto se amortiguó la carne
de la susodicha
Cabe pensar que el fraile y la pastelera, después de cenar y antes de
acostarse, han empezado a rezar completas y seguramente han seguido hasta
laudes, pero no creo que hayan estado así hasta las vísperas del día siguiente,
por más que el narrador diga que "entremezclaron a vueltas las siete obras
canónicas", en que "obras", por "horas", es un eufemismo por acto sexual,
documentado en textos de andrología medieval. El narrador menciona las
diferentes partes en que se estructuraba cada hora, desde los psalmos que se
^Alvaro ALONSO, éd., Carajicomedia, Málaga, Málaga, 1995, pp. 75-76.
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362 BIENVENIDO MORROS
cantaban, pasando por el versus con que introducía el oficio, y que se repetía
dos veces a lo largo de él, las oraciones colectae o conclusivas, el responso-
rius o responsus, que es un canto compuesto sobre un texto bíblico, adornado
con una rica melodía. Después, al igual que el Arcipreste, procede a extractar
algunos textos característicos: el canto de las miserationes, la oración de
indulgencia Retribuere dignare, Dominus ('Dígnate a recompensar. Señor')
y la antífona Venite, adoremus propia del ordo ad nocturnos.
1. LA ACEDÍA
El Arcipreste había decidido introducir esa parodia de las horas
canónicas como un ejemplo para explicar el último de los pecados capitales:
la acedia o acidia. La crítica no ha hallado una estrecha relación entre el
pecado y el ejemplo que lo ilustra, pero sin duda la hay. En uno de los
milagros que incluye en su colección, y del que hablaremos más adelante,
Gautier de Councy, al igual en las versiones latinas y en la de Berceo, nos
presenta a un prior de un monasterio que rezaba de pie las horas de la Virgen,
aunque llevaba un vida disipada (Coincy lo llama "folz", 'loco'); por
participar en cada una de ellas, sin sentarse en ninguna ocasión, tras su
muerte, la Virgen lo rescata del infierno para trasladarlo al Paraíso. Coincy
aduce al prior como modelo de la manera en que han de rezarse las horas
canónicas, y no sólo por la postura que adopta durante su celebración, sino
por estar presente en todas, sin saltarse ninguna, ni las del oficio nocturno:
Moignes ne clers qui dort en cuer
A ses matines n'a ses eures
N'aimme s'ame vaillant deus meures [...]
En sainte église si se duelent
Que Jor et nuit seoir se vuelent.
Pereceuz i sont et fetart
Tuit li pluisor et tempre et tart.
Por Dieu, ne nos affetardons !
Dieux toz ses biens délaie et tarde
Et a fetart et a fetarde,
Quar tant li desplaist fetardie
Qu'il n'entent rien que fetars die'
^Jesús MONTO YA MARTÍNEZ, éd., GAUTIER DE COINCI, LOS milagros de Nuestra Señora,
Barcelona, Promociones y Publicaciones Universitarias, 1989, pp. 114-116.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 363
('Monjes y clérigos que se duermen en el coro en los maitines o en sus horas no
aman su alma más que a dos moras [...] En la santa iglesia se duelen de tal manera,
que querrían estar sentados noche y día. Perezosos y negligentes son allí los más,
tarde y temprano. ¡Por Dios, no nos volvamos perezosos! Dios demora y retarda
todos sus bienes a los perezosos y a las perezosas, porque tanto le desagrada la
pereza, que no atiende nada de lo que el perezoso le pide)
En su Summa de vitiis, el dominico francés Guillermo Peraldo
reflexiona sobre los varios tipos de acedia, y entre ellas menciona el sueño,
que considera inoportuno para los maitines:
Quinto reprehensibilis est circa somnum inoportunitas somni, ut quando
aliquis dormit quando non esset dormiendum, ut in tempore orationis [..]
Tempus etiam in quo dormiendum non est, tempus matutinum est. Illud
enim tempus non est somno occupandum, quia valde utile est et smdio et
orationi et divinae laudi, et Dei consolatio frequenter tempore illo recipitur
('En quinto lugar, sobre el sueño, es reprehensible su inopormnidad, como cuando
alguno duerme cuando no habría de dormir, como en las horas de oración [...] Las
horas en la que no se debe dormir son las horas de la madrugada. Aquellas horas no
deben ocuparse en el sueño, porque son muy útiles para el estudio y la oración y las
alabanzas divinas, y en ellas con frecuencia se recibe la consolación de Dioâ)
Un poco después incluye la tristeza como el decimocuarto vicio de la
acedia, y la considera especialmente nociva para el hombre en su servicio a
Dios:
Tristitia est decimum quartum vitium pertinens ad acediam. Et notandum
quod tristitia est vitium valde detestabile in servitio divino; valde enim
displicet Deo et placet diabolo, et homini nocet
('La tristeza es el decimocuarto vicio que pertenece a la acedia. Y se ha de señalar
que la tristeza es un vicio muy detestable en el servicio de Dios; desagrada mucho
a Dios y le place al diablo, y daña al hombre)
Entre esos daños para el ser humano, cita, sin entrar en detalles, los
relativos a la contemplación de Dios: "Nocet etiam homini eum excaecando
in his quae ad Deum pertinent" ('También daña al hombre cegándolo en las
cosas que pertenecen a Dios').
Lo hemos dicho antes. Los monjes o clérigos del Arcipreste no son
nada apáticos ni tristes, y en ningún momento renuncian a prestar servicio a
Dios, aunque la suya no es una manera demasiado ortodoxa de hacerlo. Si se
comportan como se comportan, y lo veremos dentro de nada, es porque no
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quieren dejarse vencer por la tristeza y sus derivados, como el tedio vital y la
desesperación. Es seguramente en ese sentido en que la acedia se relaciona
con el rezo de las horas canónicas.
2. EL ORDEN DE JUAN RUIZ
El Arcipreste empieza las horas canónicas por vísperas y termina en
completas del día siguiente, y si empieza por vísperas es porque así lo exigía
la costumbre eclesiástica, con independencia del tipo de rito empleado, ya sea
romano, ya mozárabe^. Guillermo Durando, a quien Juan Ruiz parece conocer
muy bien, porque cita una de sus obras, prefiere comenzar por los oficios
nocturnos, aunque recuerda que lo normal es hacerlo por vísperas, y en
semejante sentido se manifiesta también Santo Tomás. A pesar de su origen
francés, pero siempre vinculado a las cortes papales de su tiempo. Durando
describe el rito romano:
Licet eclesiástica officia a vesperis incipiant iuxta illud: De vespera in
vesperam celebrabitis sabbata vestra, quia tamen ordo conveniens est ut a
tenebris procedamus in lucem et non e converso, ideo a noctis officio
inchoemus^
('Aunque los oficios eclesiásticos comiencen por vísperas conforme a aquél:De
vísperas a vísperas se celebrarán vuestros sábados, y porque el orden conveniente
es que procedamos desde las tinieblas a la luz y no al revés, por eso comenzamos por
el oficio de la noche')
De hecho, el Arcipreste organiza sus horas en dos partes, con
contenidos diferentes. Una primera que comprende de vísperas a laudes y en
la que casi siempre el monje que las protagoniza aparece acompañado por su
amiga. Una segunda que abarca de prima a completas y en la que el mismo
monje intenta hallar una nueva amiga a través de los servicios de una
alcahueta.
^José Luis PÉREZ LÓPEZ, El «Libro de buen amor» y la iglesia toledana, en «Actas del VIII
Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval», Santander,
Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria, vol. II, pp. 1457-1458, diferencia el rito
romano del mozárabe por la hora en que empezaba el oficio: en uno en maitines y en el otro en
vísperas.
^A. DAVID y T . M . THIBODEAU, eds., Guillermo DURANDO, Rationale divinorum officiorum,
V-VI, Turnholt, Brépols, 1998.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 365
Si echamos una rápida ojeada a los psalmos que Juan Ruiz utiliza para
la parodia, repararemos en seguida que el más usado es el 118, cantado casi
íntegramente en las horas diurnas del domingo: sólo las últimas nueve
secciones se reservaban para tercia, sexta y nona del lunes. Así, por ejemplo,
lo había estipulado San Benito en su Regla:
Deinde, prima hora dominica, dicenda quattuor capitula psalmi centesimi
octavi decimi; reliquis vero horis, id est tertia, sexta vel nona, tema
capitula suprascripti psalmi centesimi octavi decimi dicantuf°
('Después, en la hora prima del domingo, se han de decir cuatro capítulos del psalmo
118; en las restantes horas, esto es, en tercia, sexta o nona, se dirán otros tres
capítulos del mismo psalmo 118*).
Guillermo Durando, bastantes siglos después, precisa cuáles son esos
capítulos. Para prima, por ejemplo, menciona los versículos que deben
recitarse del psalmo 118: básicamente los primeros treinta y tres. Para sexta,
introduce treinta y ocho, desde el ochenta y uno al ciento veinte y ocho; y
para nona, cuarenta y siete, desde el ciento veintinueve al ciento setenta y
seis. Sólo en prima establece diferencias entre los días laborables y el
domingo, porque siguió el rito romano, al prever para sexta, tercia y nona de
todos los días los mismos tres capítulos del psalmo 118.
En el oficio divino mozárabe, el monástico, se usaba también el
psalmo 118 para las horas diurnas, pero se excluyó de nona, en la que se
cantaban otros psalmos, el ciento cuarenta y cinco, el ciento veintiuno, el
ciento veintidós y el ciento veintitrés. Por ello, cabe ya introducir una primera
conclusión al respecto: Juan Ruiz se atiene al rito romano, y no al mozárabe,
porque precisamente para nona extracta expresiones tomadas del psalmo 118.
De hecho, el Arcipreste comienza el oficio por maitines, o al menos
es la primera hora a la que alude explícitamente, y a partir de ahí va a
mencionarlas todas hasta completas, introduciendo el nombre de cada una. Sin
embargo, antes de los maitines, sin ofrecer ningún tipo de indicación, ha
reproducido unas cuantas frases en latín, concretamente tres, pertenecientes
a psalmos que se cantaban en el oficio divino. Así, la primera de ellas,
tomada del CXIX, "cum his qui oderunt pacem" ('con estos que odiaron la
paz'), según la regla de San Benito, se decía en la hora de tercia de los días
^®Para el texto de la Regla oportunamente comentado, véase Pedro FERNÁNDEZ, Historia de
la Liturgia de las Horas, Barcelona, Centro de Pastoral Litúrgica, 2002, pp. 115-133.
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366 BIENVENIDO MORROS
feriales, pero, en los breviarios del siglos XIV, se acaba incluyendo en las
vísperas del lunes. Otros autores intermedios, como Sicardo Cremonense o
Durando, no lo prevén para esa hora y, a cambio, sugieren otros, del 143 al
147, ambos inclusive.
En el último verso de la estrofa 134, en el primer hemistiquio,
extracta parte del psalmo 133, que, desde la Regla de San Benito, ya formaba
parte de completas: "Ad completorios vero cotidie idem psalmi repetantur, id
est quartum, nonagesimum et centesimum tricesimum tertium" (Tero en
completas cada día se repiten los mismos salmos, esto es, el 4, el 90 y el
133'). En el Rationale, Durando lo menciona como el cuarto de la serie,
precisamente antes del canto del himno:
In quarto vero psalmo, scilicet: Ecce nunc etc., benedicat Ecclesia Deum
pro liberatione tempationum nocturnalium ihi:In noctibus extollite manus
vestras in sancta et benedicite Dominum Dicit enim Augustinus super hunc
psalmum: 'Nox res tristis esf, dies leta est. Ergo per noctem intelligitur
adversitas, per diem prosperitas
('Pero en el cuarto psalmo, a saber, 'He aquí que ahora, etc', bendice la Iglesia de
Dios por la liberación entonces de las tentaciones nocturnas:'En las noches levantad
vuestras manos hacia la santa y bendecid al Señof. Dice Agustín sobre este psalmo:
'La noche es cosa triste', el día, alegre. Por tanto por la noche se entiende la
adversidad, por el día, la prosperidad)
Un poco antes, había intentado explicar que la hora "completas" se
llamaba así porque significaba el final de la actividad del día:
Dicitur autem completorium quia in eo completur communis usus
locutionis, cibi et potus et aliorum que necesario pro corporis sustentatione
sumuntur; et secumdum hoc significat etiam finem vite presentis
('Sin embargo se denomina completas porque en ésta [hora] se termina la práctica
corriente del habla, de la comida y de la bebida y de otras cosas que se toman
necesariamente para el mantenimiento del cuerpo, y según esto significa también el
final de la vida presente').
Lo mismo había escrito, casi un siglo antes, Sicardo de Cremona en
su Mítrale:
Completorium dicitur, quia opera nostra complentur, sed et usus quotidia-
nus cibi, et potus, et communis eloquii; unde moris est, ut monachi, post
completorium oris claustra muniant, et significat finem vitae praesentis
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 367
('Se denomina completas, porque nuestras acciones se terminan, pero también la
práctica cotidiana de la comida y de la bebida, y la conversación corriente; por lo
que es costumbre que los monjes, después de completas, fortifiquen las puertas de
la boca, y significa el final de la vida presente')
En esa línea, aunque de manera menos literal, se había manifestado
Juan Beleth, contemporáneo de este último:
Alia ratio est quod diabolus semper nostro insidietur calcáneo, ita ut postea
nec loqui cum alus debeamus, nec aliud dicere nisi orationes. Quod
monachi diligenter observant, qui postea non bibunt
('Otra razón es que el diablo siempre acecha nuestro talón, así que después ni
debemos hablar con otros, ni decir sino oraciones. Lo que los monjes cumplen
diligentemente, ya que después no beben')
A esa hora, que podría oscilar entre las seis o las siete de la tarde, en
función de la estación del año, el monje ponía fin a su actividad cotidiana y
empezaba el descanso. Antes de disfrutarlo, rezaba los psalmos de completas
para obtener el perdón de los pecados y para conjurar los peligros de la noche
que se iniciaba a partir de ese momento. Al extractar uno de esos psalmos,
"In noctibus extoUite", sin reproducir los complementos de la frase, el
Arcipreste ha dejado claro que su monje no piensa descansar, aunque nada
dice sobre qué va a hacer en las próximas horas: si tenemos presente esos
complementos de la frase ("manus vestras in sancta"), como hace Jacques
Joset, es posible que esté sugiriendo la compañía de una amante, a la que
trataría de santa y hacia quien alargaría sus manos; si, en cambio, prescindi-
mos de ellos, y no vamos más allá de "In noctibus extollite", podría estar
pensando en otro tipo de distracciones, como, por ejemplo, la bebida. Entre
la literatura medieval goliardesca dedicada a ese tema, se conserva un poema
en que un abad organiza unas fiestas báquicas con sus compañeros:
Dum coenas célébrât abbas cum fratribus,
Torquentur calices a propinantibus
Vinumque geminis extollit manibus
Et sic grandissonis exclamât vocibus:
«O quam glorifica lucerna Domini
calix inebrians in manu strenui!''
'^Véase Paul LEHMANN, Op. cit., p. 139.
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368 BIENVENIDO MORROS
('Mientras el abad cena con los hermanos,
y se apartan los calices para el brindis,
levanta el vino con ambas manos
y así exclama con voz altisonante:
'jOh, qué gloriosa lámpara del Señor
es el cáliz lleno en una mano vigorosa!')
De las dos posibilidades para nuestro clérigo, la sexual o la báquica,
no conviene descartar ninguna. La segunda parece la más lógica, a juzgar por
la manera con que cierra la estrofa: "después vas a maitines"; el verbo "ir"
supone movilidad y desplazamiento, y por ello nos imaginamos a nuestro
clérigo dirigiéndose a casa de su amiga para rezar los maitines. Da la
impresión de que desde las seis de la tarde hasta medianoche ha estado
haciendo lo que a esas horas prohiben las reglas monacales: beber, comer y
hablar. Después ha preferido otro tipo de fiesta, de carácter sexual.
3 . L o s MAITINES: ¿VIGILIAS O LAUDES?
La primera estrofa de maitines ha desorientado a la crítica, que no la
interpretado en los términos más lógicos, al desconocer los hábitos de los
monjes en la Edad Media. Por eso incluso se ha llegado a sugerir alguna
corrección, apoyada en un testimonio manuscrito. Recordemos esa estrofa
para analizarla de inmediato:
Do tu amiga mora comienças a levantar,
""Domine, labia mea'' en alta voz a cantar,
"'Primo dierum omnium" los estormentos a tocar,
""Nostras preces ut audiaf\ e fázelos despertar (375).
En un principio, los maitines o "matines" (en latín, matutinae), como
parte del oficio nocturno, se correspondían con las horas inmediatamente
anteriores a la salida del sol, conocidas también con el nombre de laudes por
cerrase con el canto de los tres últimos psalmos, en los que repite el
imperativo "laúdate" ('alabad). La noche, como el día, se dividía en doce
horas, aproximadamente desde las seis de la tarde a las seis de la madrugada,
y solía constar de cuatro vigilias, de tres horas cada una. Para Durando, el
oficio de la noche estaba formado por "tres nocturnos" y las "matutinas
laudes"; el segundo nocturno se celebraba poco después de las doce de la
noche. A los laudes, San Benito, en su regla, ya los había denominado
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 369
"matutinorum sollemnitas", y por ello las "matutinae" siguió designando esas
últimas horas de la noche que dan paso a la salida del sol. San Gregorio de
Tours llama sus cantos más representativos "matutini hymni".
En el concilio de Tours, definalesdel siglo VI, los maitines empiezan
ya a aludir a las primeras horas nocturnas, las de media noche, pero ese uso
no acabó por generalizarse. Sin ir más lejos, para Berceo, los "matines"
siguen siendo los laudes, como creo que queda claro en el milagro XII, en el
que el sacristán, llamado liberto, al levantarse un poco antes de los "matines"
(los laudes), oye procedente desde el más allá la voz del que había sido prior
del monasterio:
Ante de los matines, una grand madrugada,
Levantóse este monge rezar la matinada.
Tañer a los matines, despertar la mesnada,
Enderezar las lámpadas, allumnar la posada (2SSj^
Tras ser testigo directo del relato del prior, el sacristán no decide
alterar el oficio que está a punto de iniciarse y sabe esperar hasta elfinalpara
hacer saber a toda la comunidad la visión que ha tenido:
Los matines cantados, esclareció el día,
Disieron luego prima, desend la ledanía.
Fueron a su capítulo la sancta compañía,
Ca esto es derecho, costumne de mongía (300)
No hay duda de que estos "matines", rezados poco antes del alba, son
los laudes. Característico de ellos, al igual que las vísperas, era la "ledanía"
con que se teminaban, como ya lo describe San Benito: "canticum de
Evangelia, litania, et completum est" ('cánticos de los Evangelios, letam'a, y
se acaba'): por eso, desde la letanía de laudes, ya se empalma con la hora
prima, en la que sale el sol. En el \^erso 288 a, citado arriba, Berceo ha
presentado maitines como "una grand madrugada", con el significado de
'muy de madrugada' o 'madrugada ya avanzada', en referencia no a la media
noche, sino a sus postreras horas, anteriores al amanecer.
^^ Francisco BAÑOS, éd., GONZALO DE BERCEO, Milagros de Nuestra Señora, Barcelona,
Crítica, 1997, p. 72.
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370 BIENVENIDO MORROS
En uno de los textos latinos, muy próximo al de la fuente manejada
por Berceo, se utiliza la expresión acuñada por San Gregorio Tours, una
expresión que no plantea ninguna duda sobre su sentido:
Is autem, ut mos est secretarias, ante matutinos ymnos surrexerat quadam
nocte, lampadum lumina refovebat stans ante altare
('Este, como es costumbre de secretario, una noche se había levantado antes de
recitar los himnos matutinos, había encendido la luz de las lámparas de pie frente al
altar')
En francés, "matines" parece tener la misma acepción que en Berceo,
según se desprende de la versión que de este milagro hizo Gautier de Councy:
Devant matines se leva.
Queque ses lampes aluma
('Antes de maitines se levantó.
Cuando encendió las lámparas')
El Arcipreste, en cambio, se refiere a los "matines" como a media
noche, porque ha reproducido la primera parte del psalmo invitatorio con que
en el rito romano, en todos los días del año, sin excepción, solía empezar el
oficio de la noche: "Domine, labia mea aperies, et os meum annuntiabit
laudem tuam" ('Señor, abrirás mis labios, y mi boca anunciará tu alabanza');
a continuación ha seleccionado unos fragmentos del himno de San Gregorio
que se cantaba los domingos del tiempo ordinario de invierno: "Primo dierum
omnium, quo mundus exstat conditus" (*En el primero de todos los días, en
el que el mundo aparece formado').
El Arcipreste se ha decidido a incluir el himno de San Gregorio para
situar su parodia en una época del año, una época nada significativa, pues no
se corresponde con ninguna celebración litúrgica especial. También debió de
tener en cuenta, aunque no sabemos hasta qué punto, los otros psalmos que
solían recitarse en maitines. En la Regla de los Monjes, San Benito prescribe
como psalmos obligatorios, tanto en invierno como en verano, el 3 y el 94:
Hiemis tempore suprascripto, in primis versu tertio dicendam: Domine,
labia mea aperies, et os meum anuntiabit laudem tuam. Cui subiungendus
est tertius psalmus et gloria. Post hunc, psalmum nonagesimum quartum
cum antiphona, aut certe decantandum. Inde sequatur ambrosianum, deinde
sex psalmi cum antiphonas [...] A Pascha autem usque ad Kalendas
Novembres, omnis ut supra dictum est psalmodiae quantitas teneatur
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 371
('En el mencionado tiempo de invierno, se ha de decir en primer lugar y tres veces
el verso Domine.... A lo que hay que añadir el psalmo 3 y el Gloria. Después de
esto, el psalmo 94 con antífona, y al menos ha de ser cantado. A continuación le
sigue el [himno] ambrosiano, después seis psalmos con antífonas [...] Desde Pascua
hasta el primer día de Noviembre se mantendrá la cantidad de psalmos referidos
arriba')
Ésos son, pues, los elementos invariables del oficio nocturno en el rito
romano, y con respecto a la época del Arcipreste sólo se introduce un cambio,
el del himno elegido: en la de San Benito, por razones cronológicas, se usaba
el himno de San Ambrosio, el "Aeterne rerum Conditor" ('El Creador eterno
del universo'), y se repetía todos los días. Como hemos dicho, los psalmos 3
y 94 se cantaban íntegros, y en los versículos 6 y 8 del primero se lee: "Ego
dormivi, et soporatus sum; et exsurrexi, quia Dominus suscepit me [...]
Exsurge, Domine; salvum me fac, Deus.meus" ('Yo he dormido, y he estado
con los ojos cerrados; y me he levantado, porque el Señor me sostiene [...]
Levántate, Señor ; sálvame, Dios mío'). El propio San Benito había
justificado el oficio divino basándose en un versículo de los psalmos (CXVIII,
62):
Nam de nocturnis vigiliis idem ipse propheta sát:Media nocte surgebam ad
confltendum tibi. Ergo his temporibus referamus laudes Creatori nostro
super indicia iusticiae suae, id est matutinis, prima, tertia, sexta, nona,
vespera, completorios, et nocte surgamus ad confítendum ei
(Torque sobre las vigilias nocturnas el mismo Profeta dijo: A media noche me
levanto para alabarte. Pues en esas horas dediquemos las alabanzas a Nuestro
Creador/?£?r sus juicios llenos de justicia, esto es, por la mañana, prima, tercia,
sexta, nona, vísperas, completas, y por la noche levantémonos para alabarlo).
Con semejantes referencias, el primer verso de la estrofa sólo puede
decir "Do tu amiga mora comienças a levantar", y no puede pensarse en otras
lecturas, como la que recoge "levadar" (¡con el significado de 'excitar'!), sin
duda una errata sobre un "levatar" abreviado. La palabra "levantar" resulta,
pues, clave en el oficio de maitines, y por tanto el Arcipreste la debió usar
para caracterizarlo.
Aunque admitamos que nuestro clérigo no ha dormido en casa de la
amiga, porque en maiünes se ha dirigido hacia ella, eso no significa que no
se haya levantado de la cama en la que debe de estar acompañándola.
Veremos en seguida cómo los religiosos debían cantar de pie los psalmos y el
himno de cada hora canónica. También se puede dar, y ya se ha hecho, a
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372 BIENVENIDO MORROS
"levantar" otro sentido^^, y ése es el relativo al tono de la voz, que se iba
alzando a medida que introducía el invitatorio, para contagiar el entusiasmo
a los concurrentes, como deja claro Durando:
Invitatorium autem alta voce dicitur quia mater Ecclesia per illud invitât
omnes ad confitendum Domino [...] Incipiens enim invitatorium est quasi
preco, tanquam tuba exaltans vocem suam. Premittitur quoque invitatorio
vox humilis, sed cum venit ad psalmum invitatorium exaltatur, quia
Ecclesia primo secreto quasi ostio clauso, laudat Deum propter se, sed
postea manifeste propter alios ut ardor accendat próximos
('Sin embargo el invitatorio se recita en voz alta, porque la madre Iglesia a través
de él invita a todos a alabar al Señor [...] El que comienza el invitatorio es como un
pregonero, al igual que una trompeta que eleva su voz. En el invitatorio también
rebaja la voz, pero cuando llega al psalmo invitatorio la eleva, porque la Iglesia,
primero secretamente como en una puerta cerrada, alaba a Dios para sí misma, pero
después públicamente para otros, de modo que el ardor encienda a los más
cercanos')
El propio Durando da instrucciones muy precisas de cómo se han de
cantar los himnos de cada hora:
Rursus, stando ymnos cantamus, in erectione corporum ostendentes quod
in laudando Deum corda sursum erecta habere debemus. Verumptamen,
nisi mens consonet lingue, certum est vocem quantumlibet clamosam
Domino non placeré
('Además, cantamos los himnos de pie, mostrando con el levantamiento del cuerpo
que al alabar a Dios debemos tener los corazones levantados hacia arriba. Pero sin
embargo, a no ser que la mente suene en igualdad con la lengua, es cierto que la voz
que grita más no place al Señof ).
Y en ese sentido prevé igual comportamiento para el canto de los
psalmos, al que otorga una simbología especial:
Psalmos quoque stando dicimus, ad ostendendum quod stantes in bonis
operibus vincimus [...] Elevatio igitur ad standum significat mentis nostre
devotionem, ut statu corporis mentis affectionem monstremus, videlicet nos
paratos esse sive ad domandum carnem, sive ad exercitium operis
('También decimos los psalmos estando de pie, para demostrar que, levantados,
ganamos en las buenas obras [...] La elevación, pues, para estar de pie significa la
devoción de nuestro corazón, para que con el estado del cuerpo mostremos nuestro
^^Jacques JOSET, éd.. Libro de buen amor, Madrid, Taurus, 1990, p. 212.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 373
amor, a saber que estamos preparados para dominar la carne o para la práctica de
las obras')
En el siglo XII, casi uno antes que Durando, Juan Beleth, en su
Rationale divinorum officiorum, había descrito el mismo ritual para los
himnos del oficio nocturno:
Pulsatis campanis, hebdomarius (ita eum appelamus cuius est tota
hebdómada in choro administrare officium) alta voce incïpiV.Domine, labia
mea apenes [...] Inchoata ad eum modum Dei laude, cantor, qui est quasi
praeco Ecclesiae, vel eius vicarius, alios adhuc ante altare suis orationibus
insistentes ad laudandum Dominum hortatur, cum ait: Venite, exsultemus
Domino, etc [Psalmo 94]. In quo psalmo etiam quaedam causae, quamo-
brem Domino exsultandum sit, continetur [...] Finita exhortatione, quae ob
id appellatur invitatorium, quod caeteros ad laudem Dei invitet, sequitur
ipsa laus, videlicet hymnus, qui ideo stando canitur, ut in erectione
corporum ostendamus quam in laudando Dominum corda sursum erigere
debeamus^'*.
('Una vez tocadas las campanas, el clérigo de la semana (así llamamos a quien
durante toda la semana dirige el oficio en el coro) comienza en alta voz'.Domine...
Habiendo dado principio a este modo de alabanza de Dios, el cantor, que es como
el pregonero de la Iglesia, o su vicario, exhorta a los otros todavía en el altar a
perseverar en sus oraciones en alabanza del Señor, cuando dice: Venid, alabemos al
Señor. En cuyo psalmo también aparece la causa por la que se debe alabar al Señor
[...] Terminada la exhortación, que por esto se llama invitatorio, porque invita a los
demás a la alabanza del Señor, se sigue la alabanza, a saber, el himno, que por esta
razón se canta de pie, para que mostremos con la erección de los cuerpos que en la
alabanza del Señor debemos levantar los corazones hacia arriba)
En esta descripción de la oración de los maitines, aparecen muchos
elementos de los usados por el Arcipreste. En primer lugar, llama la atención
la coincidencia en la sintaxis: "alta voce incipit: Domine, labia mea'\
"comienças a levantar. Domine, labia mea en alta voz a cantar"; Juan Beleth
ha omitido una parte de la acción que cualquier monje, esté donde esté,
realiza al oír las campanas que anuncian los maitines, y que ya hemos visto
especificada en otros textos: la incorporación del lecho. Para él, esa hora
canónica constituye una alabanza del Señor, y de ahí las consideraciones que
introduce al respecto, especialmente a propósito de uno de los psalmos
obligatorios, el 94.
'"PL, vol. 202, col. 36 b y c.
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374 BIENVENIDO MORROS
Beleth, además, menciona el himno que ha de cantarse después de los
psalmos y el Gloria, si bien no alude a cuál, si al ambrosiano o al gregoriano.
Sea uno u otro, precisa que ese himno es una alabanza de Dios (los dos lo
son), y que por ello se ha de cantar de pie, para demostrar la alegría que
invade los corazones de los fíeles: es la misma alegría que experimenta el
monje del Libro de buen amor al oír a su amiga cantar el himno gregoriano
("Desque sientes a ella, tu coracón espacias"; 376a).
Durando, además, ha recordado que los psalmos también se han de
cantar en la misma postura que el himno. Posiblemente, pues, lo que ha hecho
el clérigo del Arcipreste al empezar el oficio es ponerse de pie, para recitar
el psalmo invitatorio, y lo habrá vuelto a hacer para cantar el himno "Primo
dierum omnium". Que estuviera sentado o tumbado importa poco, porque
igualmente había de levantarse, y ese verbo no creo que pueda tener otro
sentido.
En uno de los milagros más conocidos de la Virgen María, que ya
hemos citado en varias ocasiones, el protagonista, un humilde prior de
monasterio, rezaba siempre las horas de pie, y parece que lo estaba durante
el canto de los himnos y psalmos. En la versión latina de ese milagro, así lo
hace constar su autor:
Sed tamen, quamvis ita videretur irreligiosus, sanctam Mariam, matrem
Domini, non parum diligens singulis horis laudes Dei eiusque cantabat et
dum eas cantaret, semper stabat nec ullatenus sedere volebat
('Pero sin embargo, aunque parecía así falto de piedad, no poco diligente cantaba
cada una de las horas las alabanzas del Señor o las de Santa María, madre del Señor,
y mientras las cantaba, siempre estaba de pie y de ningún modo quería sentarse)
En su versión, Berceo presenta al protagonista con idénticas
características, aunque es un poco más preciso al señalar su condición de
"irreligiosus":
Avié el omne bueno una lengua errada:
Dizié mucha orrura de la regla vedada;
Fazié una tal vida non mucho ordenada,
Pero dicié sus oras en manera temprada.
Avié una costumne que li obo provecho:
Dizié todas sus oras como monge derecho,
A las de la Gloriosa siempre sedié erecho;
Aviéli el diablo por ello grand despecho (283-284)
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 375
Otro tanto dice del prior Gautier de Councy, a quien toma como
modelo de comportamiento en el oficio divino:
Por nule riens qui poïst estre
Ses eures ja ne trespassast
Ne nule riens tant nel lassast,
Que nule fois ja se sesist
Endementiers qu'il les desist (vv. 10-14)
('Por ninguna cosa que pudiera tener, nunca dejaba sus horas, , ni nada le fatiga
tanto como para que se sentase mientras las decíaf)
4. NOCHE DE AMOR
Sin embargo, por tiempo, nuestro clérigo podía haber pasado la noche
en casa de la amada, sobre todo si pensamos, y es lícito hacerlo, que el
protagonista de completas no es el mismo que el de maitines. El oficio
nocturno se empezaba a celebrar después de media noche, cuando ya se
habían consumido dos vigilias. En su Regla, San Benito ya lo estipula así,
preocupado como estaba por el descanso de los monjes:
Hiemis tempore, id est kalendas Novembres usque Pascha, iuxta considera-
tionem rationis, octava hora noctis surgendum est, ut modice amplius de
media nocte pausetur et iam digestí surgant
('En invierno, esto es, desde el primer día de Noviembre hasta Pascua, conforme al
cómputo correspondiente, se ha de levantar a la hora octava, para que se descanse
hasta un poco después de medio noche y ya se levanten descansado^)
Si realmente dormían dos vigilias, de las cuatro en que se dividía la
noche, los monjes llegaban a descansar aproximadamente unas siete horas, las
necesarias para afrontar desde ese momento la jornada completa: en invierno,
tras los maitines, solían ocupar las dos horas que faltaban para los Laudes en
el estudio de los psalmos y de las lecturas; en verano, esas dos horas de
oración eran prácticamente consecutivas, y los monjes sólo disponían de
tiempo para satisfacer sus necesidades ("ad necesaria naturae"). Si el monje
dormía siete horas, parece claro que podía pasar la noche en casa de su
amante, y hay ejemplos literarios de la época.
Entre sus Milagros, Berceo incluye uno, el segundo de la colección,
en que el protagonista es un monje devoto de la Virgen, pero también
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376 BIENVENIDO MORROS
aficionado a las mujeres, con las que se cita por la noche, aprovechando que
en el monasterio todo el mundo duerme:
Priso un uso malo el loco pecador:
De noche, cuando era echado el prior,
Issié por la eglesia fuera del dormitor,
Corrié el entorpado a la mala labor (79^^
Calculaba su regreso para los maitines (en realidad, los laudes),
porque, como sacristán, tem'a la obligación de tocar las campanas para
convocar a la oración a sus compañeros. Parece claro que no se ahogó la
primera noche en que salió del monasterio para verse con su amiga, sino que
perdió la vida en una de las muchas en que solía escaparse, y que por tanto en
otras ocasiones habría llegado a tiempo para anunciar la hora de los maitines,
sin que ninguno de sus hermanos lo hubiera echado en falta:
Cuando vino la hora de maitines cantar,
Non habié sacristano que podiesse sonar;
Levantáronse todos, quisque de su logar,
Fueron a la eglesia al fraire despertar (82)
En uno de los textos latinos, muy próximo al de la fuente manejada
por Berceo, en este punto del relato, se reproduce la misma situación:
Interea advenit tempus quo fratres ad cantandos matutinos ymnos convoca-
rentur et dum mora fieret ad pulsandum signum, surgentes aliqui ex
fratribus secretarium predictum quesierunt et non invenientes usque ad
flumen perrexerunt
('Mientras llegó el tiempo en que los frailes habían sido convocados para cantar los
himnos matutinos y, como se dilatara la señal del toque de campanas, algunos de los
frailes, levantados, buscaron al mencionado secretario y, al no hallarlo, siguieron
hasta el río').
El fraile de Berceo habría salido del monasterio después de completas
para volver a los laudes, y esas horas, bastantes, de seis de la tarde a tres de
la madrugada, las habría pasado en casa de su amante, de donde se habría
levantado para cumplir con sus obligaciones de sacristán. Es lógico, pues, que
el monje del Arcipreste, si no es el mismo, por supuesto, que el que ha rezado
'^Francisco BAÑOS, ed. cit., p. 50.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 377
vísperas y completas del día antes, también se haya levantado del lecho en el
que ha estado junto a su amiga, a pesar de que lo tenga que hacer unas horas
antes, entre las doce y la una: lo que parece más difícil es determinar si se
levanta para regresar al monasterio a la hora de los maitines, o simplemente
lo hace para cantarlos junto a ella.
En una anónima iíegwto canonicarum, escrita después del año 816, su
autor describe con bastante detalle lo que debe hacer un clérigo cuando se
levanta para acudir al oficio nocturno, incluso antes de llegar al oratorio de
la iglesia:
Nocturais horis cum ad opus divinum de lecto surrexerit clericus, primum
signum sibi S. Crucis imprimât per invocationem S. Trinitatis, deinde dicta
versum Domine, labia mea aperies, et os meum annunciabit laudem tuam
Deinde psdlvsmmDeus in adjutorium meum intende, totum cum Gloria. Et
tunc provideat sibi corpoream necessitatem naturae, et sic ad oratorium
festinet, psallendo psalmumi4ûf te levavi animam, cum summa reverential
et cautela intrans, ut alus orantibus non impediat. Et tunc prostrates in loco
congruo effundat preces in conspectu Domini magis corde quam oré^.
('En las horas nocturnas, cuando el clérigo se haya levantado del lecho para el oficio
divino, primero haga la señal de la Cruz a través de la invocación a la Santa
Trinidad; después recite el verso Domine, labia mea... Después el psalmo Dios
acude en mi ayuda, todo con Gloria. Y entonces preocúpese por las necesidades
corporales; y así se apresure hacia el oratorio, cantando el psalmo A ti alma he
levantado con suma reverencia y entrando con cautela, para que no moleste a otros
que estén rezando. Y entonces postrado en el lugar conveniente, emita ruegos
mirando al Señor más de corazón que de hoci)
En el siglo IX, al menos en algunos monasterios, se cantaba una parte
de los maitines en la propia celda, inmediatamente después de levantarse del
lecho: especialmente el "Domine, labia mea...". En el libro del Arcipreste,
el monje ha podido hacer una cosa parecida: se ha incorporado del lecho, no
del monasterio, sino de la casa de su amiga, y casi de manera consecutiva ha
empezado a cantar el psalmo de invocación, pensando más en ella que en
Dios.
Durando describe los primeros instantes del oficio nocturno en unos
términos un tanto distintos, que no por ello carecen de interés; se imagina al
^^El texto aparece reproducido por William PALMER, Origines Liturgicae or Antiquities of
the English Ritual, Oxford, University Press, vol. I, 1839, p. 201.
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378 BIENVENIDO MORROS
monje que oye las campanas con la misma diligencia que el soldado que recibe
la señal para entrar en combate:
Sane per nocturnas excubias dyaboli vitamus insidias et ideo nocte
surgentes currimus, campanis auditis, ad ecclesiam veluti exercitus ad
militiam, audito clangore tubamm. Aulam igitur regiam, id est ecclesiam,
ingredientes ad altare inclinamus quia quasi regem milites adoramus, etemi
enim regis milites sumus. Inclinantes autem trinam facimus orationem
dicentes ter 'Pater noster'
(^Ciertamente, evitamos los engaños del diablo gracias a las vigilias nocturnas, y por
eso corremos levantados por la noche, después de haber oído las campanas, a la
iglesia como el ejército a la batalla, tras oír el sonido de las trompetas. Entrando en
el aula regia, esto es, la iglesia, no inclinamos ante el altar, porque como soldados
adoramos al rey, pues somos soldados del rey eterno. Arrodillados rezamos tres
oraciones diciendo tres 'Padre nuestro')
El Arcipreste precisamente ha seleccionado los versos primero y
noveno del himno gregoriano, usado para ese oficio tanto en el rito romano
como en el hispano: "Primo dierum omnium" ('En el primero de todos los
días') y "Nostras preces ut audiat" ('para que oiga nuestros ruegos')^^. Se ha
decidido por el íncipit del himno para poderlo identificar fácilmente y marcar
el momento en que se comienza a cantar, acompañado por la música
correspondiente; y ha elegido el noveno verso por su ambigüedad, perfecta-
mente explicable en un contexto amoroso. El himno está dirigido a Dios, al
que se ensalza como creador del universo y como redentor de la humanidad,
y al que se pide auxilio en las horas dedicadas al descanso, en la convicción
de que será piadoso incluso con los pecadores más recalcitrantes:
Primo dierum omnium,
Quo mundus exstat conditus
Vel quo resurgens conditor
Nos, morte victa, libérât.
Pulsis procul torporibus,
Surgamus omnes ocius,
Et nocte quaeramus pium,
Sicut Prophetam novimus.
Nostras preces ut audiat
*^Véase Jordi PINELL, Las horas vigilares del oficio monacal hispánico, «Litúrgica», XVE
(1966), p. 264.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 379
suamque dexteram porrigat,
Et hic piatos sordibus
Reddat polorum sedibus
('En el primero de todos los días, en que el mundo fue creado o en que el Creador,
resucitando, tras vencer a la muerte, nos libera. Alejando los impulsos de indolencia,
levantémonos todos con ligereza, y por la noche busquemos al piadoso, así como
habíamos sabido por el Profeta.Para que Él oiga nuestros ruegos ytíendasu mano
derecha, y restituya a los piadosos en las miserias a las moradas celestialeé).
San Gregorio reclama al Creador la ayuda para extinguir cualquier
residuo de materialidad y así alcanzar la vida eterna, la gloria en el Paraíso:
lam nunc, Paterna claritas,
Te postulamus affatim:
Absit libido sordidans,
Omisque actus noxius.
Ne foeda sit, vel lubrica
Compago nostri corporis,
Per quam averni ignibus
Ipsi crememur acrius.
Ob hoc, Redemptor, quaesumus,
Ut probra nostra diluas:
Vitae perennis commoda
Nobis benignus conféras
('Ya ahora, Luz Paterna, te pedimos abundantemente: está ausente la sórdida
sensualidad y cualquier acto nocivo. Que la armazón de nuestro cuerpo no sea
deforme ni lasciva, por la que ardamos amargamente en los fuegos del infierno. Por
esto. Redentor, suplicamos que hagas desaparecer nuestras vilezas: que nos concedas
benigno el premio de la vida eterna').
Si imaginamos, y no resulta difícil hacerlo, gracias al precioso
testimonio de Beleth y Durando, al monje del Arcipreste cantando el "Primo
dierum omnium", de pie y junto a su amiga, lo habremos de imaginar más
excitado que nunca, sin poder extinguir la sórdida sensualidad.
5 . L o s INSTRUMENTOS MUSICALES
En el oficio divino, los instrumentos musicales ocupaban un lugar
fundamental, y el Arcipreste no se lo niega al mencionarlos de manera
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380 BIENVENIDO MORROS
ambigua. En su Rationale, Durando distingue entre dos tipos de instrumentos,
los de cuerda y viento, que cree que deben ser tocados conforme a una
predisposición muy especial:
Celebratur itaque cantus ut ostendatur homines deberé referre gratias et
laudes Deo dum manibus ceterisque membris satagunt agere opera quibus
valeant Deo placeré. Usum tamen cantandi quidam reprobant [...] Et nota,
secundum Hugo de sancto Victore, quod tres sunt species sonorum qui tres
módulos faciunt, fit enim sonus pulsu, flatu et voce: pulsus pertinent ad
cytharam, flatus ad tubam et organum, vox vero ad cantum. Hec genera
musicorum antiquus populus in Dei laudem exercebat: hec autem consonan-
tia sonorum assignari potest concordie morum, si ad pulsum cythare
manuum operatio, ad flatum organi mentis devotio, ad cantum vocis
sermonis exhortatio referantur [...] Primum musicorum genus est quod fit
pulsu digitorum, ut in psalterio et similibus, et ad id pertinet psalmodia [...]
Secundum est quod fit voce, scilicet humana, et ad istud pertinent lectiones
[...] Tertium est quod fit flatu, sicut in tuba, ad istud pertinet cantus
('Así pues se ha de celebrar el canto para mostrar a los hombres que deben darse las
gracias y elogios a Dios mientras con las manos y otros miembros se llevan a cabo
obras por las cuales quieren complacer a Dios. Sin embargo, algunos censuran la
cosmmbre de cantar [...] Y nota, conforme a Hugo sobre San Víctor, que hay tres
clases de sonidos que producen tres variedades, el que se logra con el contacto, con
el viento y con la voz: el contacto pertenece a la cítara, el viento a la trompeta y
órgano, pero la voz al canto. Los pueblos antíguos habían practicado estos géneros
de música en alabanza de Dios: sin embargo, esta consonancia de sonidos puede
designar la concordancia de voluntades, si aplican la acción de las manos a tocar la
cítara, la devoción del corazón al soplo del órgano, la incitación del discurso al canto
de la voz [...] El primer género de música es el que se hace con el movimiento de
los dedos, como en el psalterio y similares, y a este pertenece la psalmodia [...] El
segundo es que se logra con la voz, a saber, humana, y a este corresponden las
lecciones [...] El tercero es el que se consigue con el soplo, como en la trompeta; a
este pertenece el canto')
Entre todos estos instrumentos, el psalterio tenía una simbología
especial, que en parte explicaría las connotaciones eróticas que parece
atribuirle el Arcipreste. Rábano Mauro establece una comparación entre el
psalterio y la cítara:
In psalterio decem chordarum psallam tibi; sed hinc inde cordae eius
contritae sunt; ut resurgentem ab inferis ad coelorum regna per indicium
manuum concitatis, ab imo in almm significarent. Psalterium, quod vulgo
canticum dicitur, a psallendo est nominatum, quod ad eius vocem chorus
consonando respondeat. Est autem similitudo citharae barbaricae, ut alii
volunt, in modum deltae litterae. Sed psalterii et citharae haec differentia
est, quod psalterium lignum illud concavum, unde sonus redditur superius,
habet, et deorsum feriuntur chordae, et desuper sonant; cithara vero
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 381
concavitatem ligni inferius habet. Psalterium vero Hebraei decachordum usi
sunt, propter numemm decalogi legis. Cithara signifícat pectus devotum,
in quo tanquam nervi sunt virtutes, hoc est spiritualia dona, ut in psalmo
"Exurge psalterium et cithara", id est opera cum fide; et in malam partem,
ut in Isaia Cithara et lyra et Tympanum et vinum in conviviis vestris, in
quod signatur voluptuosorum luxuriá^.
('En el psalterio las diez cuerdas te cantan o alaban, pero por todas partes sus
cuerdas están gastadas, ya que conmovidas vuelven a alzarse desde los infiernos al
reino de los cielos por la señal de la mano; significarían de lo bajo a lo alto. El
psalterio, al que el vulgo denomina cántico, proviene del nombre de cantar psalmos,
por cuanto el coro responde con igual sonido a su voz. Es sin embargo semejante a
la cítara bárbara, como quieren otros, en el modo de la letra delta. Pero entre el
psalterio y la cítara hay esta diferencia: que el psalterio tiene aquella madera
cóncava, y las cuerdas se extienden hacia abajo y suenan arriba; pero la cítara tiene
abajo la concavidad de la madera. Los hebreos han usado el psalterio de diez
cuerdas, por el número del decálogo de la ley. La cítara significa el corazón devoto,
en que las virtudes son como los nervios, esto es, los dones espirimales, como en el
psalmo "Levanta el psalterio y la cítara', esto es las obras con la fe, y en mal
sentido, como en Isaías la cítara y la lira y el tambor y el vino en vuestros banquetes,
en que indica la lujuria de los voluptuoso^)
En su In psalmos Davidis expositio, Santo Tomás reconoce en el
psalterio unos valores muy similares:
Psalmus proprie dicitur a Psalterio, quod est quoddam instrumentum
decachordum, quod manu tangitur: unde dicitur a psallere, quod est manu
tangere, et habet tactum a superiori: unde Psalmus propie dicitur candcum,
quod David cantabat, vel cantari faciebat ad Psalterium. Mystice autem per
decachordum Psalterium signamr lex Dei, quae in decem preaecepds
consistit, et oportet quod tangatur manu, idest bona operaüone, et a
superiori, quia preacepta sunt implenda propter spem aeternorum, alias
tangeretur ex inferiori
('Psalmo se llama propiamente de Psalterio, que es un intrumento de diez cuerdas
que se toca con la mano: de donde se dice tocar la cítara, que es tocar con la mano,
y tiene tacto desde arriba. Al psalmo se denomina propiamente canto, porque David
cantaba, o hacía cantar al son del Psalterio. En un sentido místico por las diez
cuerdas del Psalterio se indica la ley de Dios, que consiste en diez preceptos, y
conviene que se toque con la mano, esto es, con una buena acción, y desde arriba,
porque los preceptos se han de cumplir por la esperanza de la eternidad; otras veces
se tocaría desde abajo')
^^PL, vol. I l l , col. 498 b y e .
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382 BIENVENIDO MORROS
A la luz de estos testimonios, es fácil concluir que el psalterio podía
tener connotaciones especiales. Primero porque se tocaba con la mano, al
igual que el órgano. Segundo porque su sonido sugería elevación, y además
los textos se cantaban de pie. Y tercero porque se relacionaba con la cítara,
que según en qué contextos podía representar la lujuria, y por tanto tocarla
podía equivaler a despertarla. En el verso 374 a, el Arcipreste se refiere a los
"garçones folguines" que rezan "muy bien las horas", hasta lograr afinar el
psalterio. En ese caso, la mención del psalterio podía explicarse de muchas
maneras, ninguna más convincente que otra. El psalterio, y su afinación,
podría, por ejemplo, aludir al grado de excitación de quien lo toca: en la copla
374, parece haber una suerte de propedéutica para llegar a maitines perfecta-
mente preparado. También podría indicar la presencia femenina, que ya,
desde vísperas, acompañaría al clérigo que reza de esta manera tan original
las horas canónicas.
En los versos 375 c y d, los instrumentos que menciona el Arcipreste
son básicamente el psalterio y el órgano. Su protagonista, en casa de la amiga^
se pondría de pie para cantar el psalmo invitatorio y el himno de maitines, y
en ambos casos tendría que tocar el psalterio, que consistía en "pulsu
digitorum", según explicaba Durando. Estando como estaba en compafiía de
la amada, es fácil entender que ese contacto lo intentase también con ella: el
"tactus", como se sabe, es un grado intermedio para alcanzar el último, que
es el coito. No es seguro que a esa hora pasara del primero.
6. EL LUGAR EN QUE SE REZABAN LAS HORAS CANÓNICAS
Antes de la época del Arcipreste se había extendido la práctica de
rezar las horas canónicas en privado, y no necesariamente en el coro de la
Iglesia: no unas en concreto, sino todas, incluso los maitines. Para las
diurnas, por ejemplo, los monjes podían hallarse lejos del monasterio en que
residían, y en semejantes casos debían interrumpir su labor para celebrarlas
allí donde estuvieran, pero no debían forzosamente regresar a su comunidad.
Para las nocturnas, no tenían tanta libertad, aunque tampoco era obligatorio
decirlas en el coro. Santo Tomás, sin ir más lejos, en sus Quodlibetales,
sugiere fórmulas alternativas para quienes no pueden levantarse para los
maitines (para él los maitines parecen designar el oficio nocturno), y entre
ellas, siempre que haya una razón perfectamente justificada, propone decirlos
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 383
la tarde del día anterior, y antes de vísperas, porque es a esa hora cuando, a
efectos eclesiásticos, empieza el día:
Dicendum, quod hic consideranda est intentio eius qui praevenit tempus in
matutinis dicendis, ve! in quibuscumque horis canonicis. Si enim hoc facit
propter lasciviam, ut scilicet quietius somnolentiae et voluptati vacet, non
est absque peccato. Si vero hoc faciat propter necessitatem, et licitarum
honestarum occupationum, puta si clericus aut magister debet videre
lectiones suas de nocte, vel propter aliquid aliud huiusmodi, licite potest de
sero dicere matutinas, et in alus horis canonicis tempus praevenire.
Ad primum ergo dicendum, quod quantum ad contractus et alia huiusmodi,
dies incipit a media nocte; sed quantum ad ecclesiasticum offícium et
solemnitatum celebritates incipit dies a vesperis: unde, si aliquis post dictas
vesperas et completorium, dicat matutinas, iam hoc pertinet ad diem
sequentem.
('Hay que afirmar que se ha de considerar el motivo por el que se anticipa el tiempo
de decir los maitines o de cualquiera de las horas canónicas. Si esto se hace por
lascivia, como dormir más por somnolencia o por gusto, no es sin pecado. Pero si
se hace por necesidad, y por la ocupación en cosas honestas y lícitas, piensa que si
el clérigo o maestro debe repasar las lecciones por la noche, o por alguna otra causa
similar, puede lícitamente decir los maitines por la tarde, y anticipar el tiempo de
otras horas canónicas'.
A lo primero, pues, se ha de afirmar que en cuanto a las convenciones y otras
similares, el día comienza a media noche, pero en cuanto a las celebraciones del
oficio y de las solemnidades eclesiásticas, el día empieza por las vísperas: por donde,
si alguien, después de recitadas las vísperas y completas, recita los maitines, ya esto
pertenece al día siguiente').
Un poco antes, ha afirmado que quien ha omitido el rezo de una hora
no está obligado a repetirlo a destiempo, y para ello saca a relucir la noción
de la oportunidad de lugar y de tiempo (no se puede recitar en completas un
himno, como el que empieza "Iam lucis orto sidere", previsto para prima):
Et ideo, sicut m officiis divinis exsolvendis observanda est congruitas loci,
ita etiam congruitas temporis; quae quidem observan non posset, si
oporteret iniungere omittenti quod horas diceret quas omisit: forte enim in
completorio diceret: iam lucis orto sidere, et in tempore paschali diceret
offícium dominicae passionis; quod esset absurdum. Et ideo non videtur
esse iniungendum ei qui omisit dicere divinum offícium, quod horas
easdem répétât, sed aliquid ad divinam laudem pertinens: puta ut dicat
septem Psalmos, vel unum Psalterium, vel aliquid amplius, secundum
quantitatem delicti.
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384 BIENVENIDO MORROS
('Y por esto, así como en los oficios divinos satisfechos se ha de observar la
conveniencia del lugar, así como del tiempo: las cuales, sin duda, no pueden ser
observadas si fuera oportuno imponer al trasgresor que dijera las horas que ha
omitido: acaso si en completas cantara Ya saliendo el sol, y en tiempo pascual dijera
el oficio del domingo de Pasión, lo cual es absurdo. Y por esto no parece que se
haya de imponer al que ha dejado de decir las horas que las repita, sino algo relativo
a la alabanza divina: procura que diga siete psalmos, o un psalterio, o algo más,
según la grandeza del delito')
En El libro de buen amor, el monje parece dispuesto a rezar las horas
canónicas, sin saltarse ninguna, pero no lo hace en el coro de la Iglesia, sino
en privado, en casa de su amiga. Lo que no sabemos es si ha pasado la parte
inicial de la noche con ella, en su cama, o si ha llegado a la hora de maitines:
por lógica, habría que suponer lo primero, pero no cabe descartar lo segundo,
sobre todo si se establece una relación con vísperas y completas.
7. L o s LAUDES
Sin casi solución de continuidad, el Arcipreste introduce los laudes,
que no eran más que una prolongación de los maitines hasta antes de
amanecer. En su Regla, San Benito, llama a los primeros "matutinorum
sollemnitas" ('solemnidad de las madrugadas'), y en los domingos, prevé que
se reciten y canten los siguientes textos:
In matutinis dominico die, in primis dicatur sexagesimus sextus psalmus,
sine antiphona, in directum. Post quem dicatur quinquagesimus cum
alleluia. Post quem dicatur centensimus septimus decimus et sexagesimus
secundus. Inde benedictiones et laudes, lectionem de Apocalypsis una ex
corde, et responsorium, ambrosianum, versu, canticum de Evangelia,
litania , et completum est
('En domingo, en las mañanas, dígase en primer lugar el psalmo 66, sin antífona,
todo seguido. Después, el 50 con el aleluya. Después, el 117 y el 62. Después las
Bendiciones y los laudes, una lectura del Apocalipsis de memoria, y el responsorio,
el himno ambrosiano, el verso, el cántico de los Evangelios, las letanías, y se
concluye')
De todos ellos, el Arcipreste ha tenido en cuenta, al menos explícita-
mente, el arranque del psalmo 50 ("Miserere mei, Deus, secundum magnam
misericordiam tuam", 'Apiádate de mí. Dios, conforme a tu gran misericor-
dia'), y uno de los himnos cantados los domingos, aunque no sabemos cuál,
posiblemente el que comienza "Aurora lucis rutilât" ('La Aurora de luz
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 385
resplandece'), atribuido a san Ambrosio. Es menos seguro que el "Cantate"
corresponda al inicio del psalmo 149, uno de los tres que conforman los
llamados "laudes", por reproducir de manera reiterativa la forma en
imperativo de "laudo". Veamos, pues, cómo y en qué lugares recuerda el
Arcipreste este material:
Desque sientes a ella, tu coracón espacias,
Con maitinada cantate en las friuras lacias;
Laudes Aurora lucis, dasle grandes gracias.
Con Miserere mei mucho te le engracias (376)
Arriba hemos propuesto ver el segundo hemistiquio del verso 376 a
al arrimo del "corda sursum erigere", porque reflejan una misma disposición
de ánimo en el momento de cantar el himno de maitines. Sin embargo, los
primeros versos de la estrofa podrían aludir ya a los laudes, y probablemente
la "maitinada" tenga el mismo sentido que en Berceo, el de las alabanzas
matutinas, en las horas de mayor frío, de "grand madrugada", y quizá en
ambos casos no estuviera exenta de una significación económica, relativa a las
rentas que recibía o dejaba de recibir el clérigo por asistir a los maitines^^.
Por lo que respecta al himno, se conservan dos que reproducen, aunque en
orden distinto, la expresión "Aurora lucis". Uno, que ya he citado antes, se
atribuía a san Ambrosio y se cantaba en tiempo de Pascua:
AURORA lucis rutilât
caelum laudibus intonat
mundus exultans iubilat
gemens infernus ululât
Cum rex ille fortissimus
mortis confractis viribus
pede conculcans tártara
solvit catena miseros j
Ule, qui clausus lapide
custoditur sub milite
triumphans pompa nobile
victor surgit de ftmere
^^José Luis PÉREZ LÓPEZ, El «Libro de buen amor» y la iglesia toledana, p. 1457.
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386 BIENVENIDO MORROS
('La aurora de la luz resplandece, el cielo entona alabanzas, el mundo exultante da
gritos de alegría, el infierno gimiendo aulla, cuando aquel rey fortísimo, habiendo
quebrado las ftierzas de la muerte, pisando con el pie los infiernos, liberó de la
cadena a los desgraciados. Aquel que, oculto por la piedra, era vigilado por un
soldado, triunfando sobre la pompa noble, victorioso se levantó del sepulcro)
El otro, adjudicado a San Gregorio el Grande, se usaba en los
domingos de la segunda y cuarta semana del tiempo ordinario^°:
ECCE iam noctis tenuatur umbra
lucis aurora rutilans coruscat;
nisibus totis rogitemus omnes
cunctipotentem,
Ut Deus, nostri miseratus, omnem
pellat angorem, tribuat salutem,
donet et nobis pietate patris regna
polorum.
Praestet hoc nobis Deitas beata
Patris ac Nati, pariterque Sancti
Spiritus, cuius resonat per omnem gloria
mundum. Amen.
'He aquí que ya la sombra de la noche se desvanece, la aurora de luz resplandece
radiante; roguemos, con todas las fuerzas, al Todopoderoso, para que Dios, apiadado
de nosotros, nos destierre la angustia, nos devuelva la salud, y nos conceda, por la
piedad del Padre, el reino de los cielos. Danos esto, deidad santa dd Padre y del
Hijo, juntamente con el Espíritu Santo, cuya gloria resuena por todo el mundo.
Amén')
A juzgar por el contenido, los dos himnos resultan oportunos para
dedicarlo a una deidad femenina. Quizá la actitud que sugiere el segundo en
la primera estrofa esté en mayor consonancia con la del clérigo que pide
misericordia a la amiga. Más que una alabanza y una alegría por la victoria
de la luz, que la hay en la estrofa del libro, lo que expresa el protagonista del
Arcipreste es un deseo de salvación y redención.
En su De horis canonicis, Pedro Damián caracteriza los laudes como
el momento en que está a punto de producirse el encuentro entre la iglesia y
el esposo, y que por tanto ella se halla rebosante de alegría:
^°Ya Félix LECOY, Op. cit., p. 227, consideró las dos posibilidades, pero sin decidirse por
ninguna.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 387
Et congrue dum diurna lux erumpit, Deo laudes offerimus, quia sub
exterioris lucis specie solem iustitiae Christum nostris dilucescentem
cordibus exspectamus, et tanquam advenienti iam sponso tota gaudens
atque tripudians occurit Ecclesia. Sic quince laudibus, ac si totidem acceptis
lampadibus adornata, et velut ultimae iam excitationis clamore in cordis
aure concepto: ecce sponsus venit, exite obviam ei
('Y de manera conveniente mientras la luz diurna aparece, ofrecemos alabanzas a
Dios, porque esperamos en nuestros corazones, bajo la especie de la luz exterior, el
sol emergente de la justicia de Cristo, y como si la iglesia, gozosa y exultante, se
encontrase con el esposo que llega. Así con los cinco laudes, y adornada con
lámparas agradables, y como con el clamor de la última excitación prendido en el
aura del corazón: he aquí que llega el esposo, sal a su encuentrd)
El Arcipreste podría haber concebido el verso 376 a pensando en esa
idea de laudes como la hora del encuentro o cita entre el esposo y la esposa,
y en la alegría que uno de los dos experimenta ante la llegada inminente del
otro.
Entre el oficio nocturno y el matinal, el monje y su amiga no parece
que hayan dormido demasiado, aunque podrían haber llegado a hacerlo, y en
semejante supuesto, él podría expresar su alegría por sentirse despertado por
la amiga, como le sucede a uno de los presbíteros que en la Consultatio
sacerdotum se muestra reacio a despedir a su cocinera y concubina;
Protulit tredecimus: "Coquas repentinas
Nolumus dimittere propter breves minas,
Fideles in omnibus nostras concubinas.
Quae mane pectore puisant matutinas (109-112;f'
('El décimo tercero [presbítero] alegó: 'no queremos abandonar a las cocineras
afortunadas a causa de amenazas leves; en todo nuestras concubinas han sido fíeles,
las cuales de madrugada tocan a maitines sobre nuestro pechd)
Según Sicardo de Cremona y Durando, los laudes empezaban con un
psalmo, que variaba dependiendo de si era festivo o laborable. Para el
domingo se elegía el 92, mientras que para los días feriales se optaba por el
50:
Ideoque primum psalmum dicimus in ferialibus maitxxúms: Miserere mei,
Deus. Quem psalmum ludaei conversi frequentabant, et nunc fréquentât
^'Ricardo ARIAS Y ARIAS, La poesía de los goliardos, Madrid, Credos, 1970, p. 242.
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388 BIENVENIDO MORROS
Ecclesia, quia provocat ad poenitentiam, per quam fit resurrectio a morte
('Y por tanto decimos el primer psalmo en los maitines fefmÏQsiMisereremei... Ese
psalmo solemnizaban los judíos conversos y ahora solemniza la Iglesia, porque
convida a la penitencia, por la que tiene lugar la resurrección por la muerte del
alma')
Dies vero feriales recolunt peregrinationem ipsorum sanctorum et
penitentiam, et ideo in ferialibus laudibus dicimus primum psalmum,
scilicet Miserere mei, recolentes nostram resurrectionem a morte
animarum per penitentiam, sive electomm peregrinationem et penitentiam
siue conversionem. Quia enim ludei, ad Petri predicationem corde
compuncti et conversi, illum frequentabant, inde inolevit usus ut et nos, qui
de gentili errore conversi sumus, illum in officiis frequentemus, quatenus
ad conversionem et penitentiam provocemur per quam valeamus resurgere
('Pero los días feriales renuevan la peregrinación y penitencia de los propios santos,
y por tanto en los laudes feriales decimos el primer psalmo, a saber. Miserere mei
renovando nuestra resurrección por la muerte de las almas a través de la penitencia,
o la peregrinación y penitencia o conversión de los elegidos. Porque sin duda los
judíos, compungidos y convertidos por la predicación de Pedro, lo solemnizaban, de
donde se puso de moda para que también nosotros, que nos hemos convertido del
error de los gentiles, lo solemnizemos en los oficios, para provocarnos a la
penitencia y conversión por la que podamos resurgif ).
Como penúltimo psalmo, de los ochos cantados a esa hora, figuraba
el 149, "Cantate Domino", que, junto a los otros dos que lo acompañaban,
representaba el triunfo sobre el mundo, la carne y el diablo:
Tres psalmi sunt in quibus triumphum de mundo, carne et diabolo
memoramus, et quia ut tanta libertas et gloria reveletur in nobis quandiu
sumus in via, est nobis doctrina et consolatio necesaria
('Tres psalmos hay en los que rememoramos el triunfo sobre el mundo, la carne y
el diablo, y porque como se nos revela tanta libertad y gloria mientras estamos en
el camino, es para nosotros una doctrina y consolación necesariaá)
El monje del Arcipreste, al recordar estosj psalmos, se dirige a la
amada en actitud de súplica para pedirle no se sabe muy qué, si la entrega
sexual o la repetición de lo que haya ocurrido en el oficio nocturno. Si en
maitines ha gozado de la amiga, no se entiende que para los laudes le suplique
misericordia para él: también podría ser que se trataran de mujeres distintas.
22PL, vol. 213, col. 162 B.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR ^89
8. P R I M A Y TERCIA
Acabada la noche y empezado el día, el monje se separa de su amiga
(o amigas) y se prepara para recibir a otras, a quienes conseguirá gracias a los
servicios de una alcahueta: si el protagonista no la ha usado hasta ese
momento, y por ello ha fracasado con las tres mujeres que ha intentado
seducir, el monje, en cambio, recurre a una, y en semejante sentido ya se
erige en modelo en el arte de amar. A esa hora, el Arcipreste ha dedicado no
una sino casi tres coplas, quizá porque pretende detenerse en las habilidades
de la tercera para lograr su propósito, con buenas o malas artes. Leamos esas
coplas para en seguida situarlas en su contexto litúrgico:
En saliendo el sol, comienças luego prima;
Deus in nomine tuo ruegas a tu saquima
Que la lieve por agua e que dé a todo cima:
Va en achaque de agua a verte la mala esquima;
E si es tal que no usa andar por las callejas,
Que la lieve a las huertas por las rosas bermejas:
Si cree la bavieca sus dichos e consejas,
Quod Eva tristis trae de Quicumque vult redruejas;
E si es dueña tu amiga que d'esto no se compone,
Tu católica allá cata manera que la trastorne:
Os, lingua, mens la envade, seso con ardor pospone:
Va la dueña a tercia, en cmáñá legem pone (377-379).
De la hora de prima sólo recuerda dos psalmos, al principio y al final
de todo el pasaje: Deus in nomine tuo y legem pone. El segundo de ellos
corresponde al 118, que San Benito, en su Regla, ya lo incluía como parte
importante de esa hora: "Deinde, prima hora dominica, dicenda quattuor
capitula psalmi centesimi octavi decimi" ('Después, en domingo de prima, se
han de decir cuatro capítulos del psalmo 118'). En su Rationale, Durando ya
incluye el arranque del psalmo 53:
Post antiphonam secuntur psalmi et, ex continentia precedentis ymni,
evidenter apparet quare dicatur primus psalmus, scilicet: D^MÍ in nomine
tuo etc, in quo Ecclesia orat a periculis et ab inimicis liberan
('Después de la antífona le siguen los psalmos y, por el contenido del himno
precedente, parece evidente por lo que se diga el primer psalmo, a saberD/05 en tu
nombre, en que la Iglesia pide ser liberada de los peligros y de los enemigoá)
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390 BIENVENIDO MORROS
In psalmo Deus in nomine tuo petimus erroris depositionem
('En el psalmo Dios en tu nombre ptàimos la extinción de los pecados")
A pesar de que no recuerda ninguno de los himnos previstos para la
hora, el Arcipreste parece que tiene presente uno de ellos, a juzgar por el
contenido del arranque, una petición dirigida a la alcahueta. El himno al que
me estoy refiriendo se cantaba los jueves de la segunda y cuarta semana del
tiempo ordinario, y su primera estrofa resulta muy esclarecedora:
lam lucís orto sidere,
Deum precemur supplices,
Ut in diumis actibus
Nos servet a nocentibus
('Ya habiendo salido el sol, roguemos, suplicantes, a Dios, para que en las acciones
diurnas nos salve de los malos')
Precisamente, aunque invirtiendo sus términos, lo que hace el
Arcipreste, después de la salida del sol, es rogar a la alcahueta para que le
proporcione a una amiga, esto es, para que le ponga en comunicación con
quienes para él no son malos. El himno, junto al credo de Atanasio, del que
hablaremos enseguida, fue objeto, ya en la Edad Media, de parodias
similares, aunque no a propósito del sexo sino del vino:
lam lucis orto sidere
Statim oportet bibere.
Bibamus nunc egregie
Et rebibamus hodie
Quicumque vult esse frater,
Bibat semel, bis ter, quater,
Bibat semel et secundo,
Doñee nihil sit in fundo [...]
Hec est fides potatica,
Sociorum spes única.
Qui bebe non potaverit
Salvus esse non poteriP
^^Paul LEHMANN, Die Parodie im Mittelalter, pp. 128-129; ofrece otra versión del mismo
poema, en que, en vez de "fides potatica", se lee "fides apotheca" (*fe de apoteca o botica')- Esa
variante encaja mejor con la idea de "Quicumque vult esse salvus".
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 391
('Ya habiendo saliendo el sol, conviene al punto beber. Bebamos ahora de manera
egregia y volvamos a beber hoy. Cualquiera que quiera ser hermano, beba una, dos,
tres, cuatro, beba la primera, la segunda vez, mientras no haya nada en el fondo [...]
Esta es fe de bebedores, esperanza única de amigos, quien no haya bebido bien no
podrá salvarse')
El Arcipreste, pues, ha sustituido la afición por el vino por otra que
parece gustarle más, la de las mujeres, pero, aparte de esa diferencia, coincide
bastante en el sentido de la parodia. Si el anónimo, sólo salir el sol, empieza
a empinar el codo sin ningún tipo de mesura ni miramiento, nuestro autor, a
la misma hora, comienza la búsqueda de una concubina.
Sicardo de Cremona y Durando, aunque en siglos distintos, pero utilizando
las mismas palabras, mencionan el símbolo de San Atanasio como parte
integrante de prima, y, además, justifica su introducción precisamente a esa
hora:
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392 BIENVENIDO MORROS
Verum quia fides est fundamentum mandato- Verum, quia fides est fundamentum mandato-
rum, et victoria quae vincit mundum ; et quia rum et victoria que vincit mundum, quia
caetera sine fide finstrantur, et operarius sine cetera sine fide frustrantur, ideo subditur
fide frustra vineam colit, et pastor sine fide symbolum fidei 'Quicumque vult', quod
frustra ovile custodit, ideo subditur Symbo- Athanasius Alexandrinus episcopus, rogatu
lum fidei, scilicet Quicunque vult, quod Teodosii imperatoris, ad eradicandam inva-
Athanasius, Alexandrinus episcopus, rogatu lescentem hereticorum prefidiamet fidem
Theodosii imperatoris, ad eradicandam haere- catholicam divulgandam, edidit; et singulis
ticorum perfidiam et divulgandam fidem diebus Ecclesia constituit cantari ad primam:
catholicam edidit, quod singulis diebus Eccle- quia populus tune maxime ad ecclesiam
sia cantandum esse in prima constituit, quia convenit, vel quia fides principium salutis
tune maxime ad ecclesiam populus convenit, existit [...] Et adverte quia in hoc simbolo
vel quia fides principium salutis existit [...] due principaliter sunt partes, scilicet de
Athanasius vero, in hoc simbolo duas princi- Trinitate et de incarnatione Verbi, sed de
pales fidei partes, scilicet de Trinitate et de libero arbitrio premittitur
Verbi incarnatione describit. Sed de libero
arbitrio praemittit, dicens: 'Quicunque vult
sal vus esse' nemo enim nisi volens credit [...]
'ante omnia opus est, ut teneat catholicam
fidem" [...], sed quia fidei nomen poterat
inducere confusionem, déterminât, dicens:
'catholicam'.
('Pero porque la fe es el fundamento de los
mandamientos, y la victoria que derrotó al mundo,
y porque sin fe se frustran todas las cosas, y el
jornalero sin fe en vano cultiva la viña, y el pastor
sin fe en vano guarda las ovejas, por ello se intro-
dujo el Símbolo de la fe, a saber Cualquiera que
quiera, que Atanasio, obispo alejandrino, a ruego
del Emperador Teodosio, compuso para erradicar
la perfidia poderosa de los heréticos y para divul-
gar la fe católica, lo que la Iglesia estableció que
había de ser cantado en prima todos los días,
porque entonces el pueblo acudía a la iglesia en
gran número, o porque la fe es el principio de la
salud [...] Pero Atanasio, en este su Símbolo,
describió dos grandes partes, a saber, sobre la
Trinidad y sobre la encarnación del Verbo. Pero
destacó el libre albedrío del hombre, diciendo
'Cualquiera que quiera está salvado' nadie cree si
no quiere [...] 'Ante todas las cosas, es necesario
que se mantenga la fe católica', pero porque el
nombre de la fe podría inducir a confusión, la
determina al decir 'católica')
Sólo un poco antes lo había concebido como una de las armas con la
que el cristiano podía combatir a sus principales enemigos:
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 393
Tertio, etiam scuto fidei, cum dicit: 'Quicumque vult' etc, in quo fides
nostra continetur, ut iam dicetur, que est scutum et munimen nostrum et
victoria contra carnem, mundum et diabolum et omnes eius temptationes
('En tercer lugar, también con el escudo de la fe, cuando dice 'Cualquiera que
quiera' etc, en la que se contiene nuestra fe, como ya se ha dicho, que es nuestro
escudo y armadura y la victoria contra la carne, el mundo y el diablo, y todas sus
tentaciones')
En su De horis canonicis, en el siglo XI, Pedro Damián, lo menciona-
ba como una incorporación reciente a la liturgia romana:
Primae autem horae, tertiae, sextae et nonae ternis aeque psalmis continetur
oficia, sed a modernis primae horae congruenter catholica fides additur,
quam Athanasius videlicet, Alexandrinus episcopus, divino suggerente
Spiritu, sincerissime tradisse cognoscitur. Nam quia fides fundamentum
est, et origo virtutum, recte canticum fidei primae horae coniunctum
quodammodo diei totius obtinet principatunf"^.
('Los oficios de las horas prima, tercia y sextatíenendel mismo modo tres psalmos,
pero los modernos han añadido con congruencia la fe católica, que Atanasio, a saber,
el obispo alejandrino, trasnportado por el Espíritu Santo, tuvo la idea de transmitir
de manera sencilla. Porque es el fundamento de la fe y el origen de las virtudes, el
canto de prima sobre la fe en cierto modo tiene poder todos los día^).
El Arcipreste, además, ha usado el himno "Quem terra, pontus,
sidera" ('A Aquél a quien la tierra, el mar, las estrellas'), que el breviario
romano había dividido en dos partes: una primera cantada en los maitines en
el oficio común y otra, que comienza "O gloriosa domina" ('Oh gloriosa
señora'), seleccionada para los laudes del oficio de la fiesta de la Virgen
María. Vale la pena reproducir la estrofa de la que el Arcipreste toma el
arranque del verso 378 d:
Quod Eva tristis abstulit.
Tu reddis almo germine,
Intrent ut astra flébiles,
Celi fenestra facta es^^
('Lo que Eva triste nos quitó.
^PL, vol. 145, col. 224 d-225 a.
^^Para este himno, de autoría dudosa, véase Manuel-A. MARCOS CASQUERO y José OROZ
RETA, eds., Lírica latina medieval, IL Poesía religiosa, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles,
1997, pp. 248-253.
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394 BIENVENIDO MORROS
tú nos lo devuelves con un retoño puro,
para que los desdichados alcancen las estrellas,
te has convertido en puerta del cielo')
Los textos litúrgicos nos proporcionan una serie de detalles que hacen
más inteligibles las dos primeras coplas. El monje invoca el nombre de Dios
para pedir a la alcahueta una salvación distinta: quizá gracias a la participa-
ción de la vieja logra conjurar los peligros de la noche de ese día, porque tiene
ante sí una perspectiva distinta, la de la compafiía femenina que le facilitará
el rezo de las horas más difíciles para alguien ocioso e indolente. Además da
instrucciones sobre el sitio en el que se ha de encontrar con la amante,
siempre dependiendo de su condición social: si es moza de cántaro, podrá
recibirla en su casa, con el pretexto de que ella le ha de llevar el agua
(también el encuentro podría producirse en el río al que la moza iría para
llenar sus cántaros); si es mujer noble, que no se dedica a repartir agua de
domicilio en domicilio, podrá verla en el jardín con la excusa de recoger rosas
rojas^^.
En este punto, el narrador se ha permitido un pequeño comentario
sobre la conducta de este tipo de mujeres. Opina que si ellas obedecen a la
alcahueta y se dejan seducir por sus clientes, les ocurrirá lo que a la
desgraciada Eva, pero formula su opinión en términos no demasiado claros:
"Quod Eva trístis trae de Quicumque vult redruejas". A lo que cuesta más
darle un sentido es a "redruejas" ('rastrojos, restos'), pero se le puede hallar
teniendo en cuenta otros versos del himno dedicado a la Virgen: "Quod Eva
tristis abstulit,/ Tu reddis almo germine» ('Lo que la triste Eva nos quitó, tú
lo devolviste con un retoño puro')^^. Si la Virgen nos salvó con la concepción
inmaculada del Mesías, la muchacha de marras, al acostarse con cualquiera
que lo desee, acabará fecundando niños bastante menos puros, porque los
habrá tenido de unas relaciones nada lícitas, como consecuencia de la práctica
del loco amor. El Arcipreste ha recurrido a una imagen del mundo vegetal sin
duda influido por la del himno que ha recordado: "germine" determina
"redruejas", y las dos palabras han de poseer un significado afín.
^^Para un análisis de esos dos tipos de dueña, la villana moza de cántaro y la hidalga, véase
Alicia C. DE FERRARESI, De amor y poesía en la España medieval. Prólogo a Juan Ruiz,
México, El Colegio de México, 1976, pp. 209-211.
^^Véase también Luis BELTRÁN, Razones de buen amor. Oposiciones y convergencias en el
"Libro de buen amor", Madrid, Castalia, 1977, p. 161.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 395
Cabría preguntarse por qué ha introducido en ese verso el inicio del
Símbolo de Atanasio: "Quicumque vult". La respuesta la podemos hallar en
los comentarios que al respecto introducen Sicardo y Durando. Para ellos
representa, incluso por encima de otras consideraciones, el reconocimiento del
libre albedrío en el ser humano. Precisamente esas muchachas, tanto villanas
como hidalgas, si consienten en aceptar las proposiciones de una alcahueta es
porque quieren: nada ni nadie las obliga a dejarse seducir por todos aquellos
que se lo propongan. Su actitud, pues, como veremos, contrasta con las más
reticentes, en quienes la alcahueta, para convencerlas, deberá emplear
métodos distintos. Por eso el narrador a unas les lanza una andanada, mientras
que a las otras no les dedica ningún comentario.
Si en el verso 379 b, el Arcipreste emplea un determinado apodo de
la alcahueta, es porque se lo sugería el credo Atanasio, en cuyo arranque se
lee:
Quicumque vult salvus esse, ante omnia opus est, ut teneat catholicam
fidem: Quam nisi quisque integram inviolatamque servaverit, absque dubio
in aeternam peribit
('Cualquiera que quiera está salvado; ante todo, es necesario que mantenga la fe
católica, la cual, si cada uno no preservara íntegra y sin mancha, sin duda perecerá
para siempre')
La "católica" es, por supuesto, la alcahueta, y aparece en esa altura
de la parodia atraída por el "Quicumque vult": es curiosa e irónicamente la
encargada de anular la libre voluntad de la que no acata la suya, de la que se
resiste por las buenas a obedecerla. El Arcipreste sigue tan travieso como
siempre al elegir para la alcahueta que practica la magia el nombre que se
había dado a la fe que defendía el libre albedrío.
Para referir los estragos que la alcahueta ha producido entre la moza
díscola, ha recurrido a un himno de San Ambrosio que se cantaba en la hora
de tercia, como deja claro Durando:
In hac etiam hora repromissus Spiritus sanctus datus est apostolis, et
visibiliter Dei magnalia loquebantur..., propter quod dicitur ypmus *Nunc
sánete nobis' etc
('En esta hora también el prometido Espíritu Santo se aparece a los apóstoles, y de
forma visible hablan de las grandezas de Dios..., por lo que se dice el himnd Ahora
el Santo Espírim' etc*)
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396 BIENVENIDO MORROS
Si leemos el himno en cuestión, nos daremos cuenta enseguida de que
lo que se describe en él es el deseo de posesión por el Espíritu Santo, y de que
influye en el pasaje más allá de las palabras tomadas en latín:
NUNC, Sánete, nobis Spiritus,
unum Patri cum Filio,
dignare promptus ingerí
nostro reftisus pectori.
Os, lingua, mens, sensus, vigor,
Confesionem personent:
Flammescat igne caritas,
Accendat ardor próximos
('Ahora Espíritu, Santo para nosotros, uno con el Padre y el Hijo, dígnate presto a
introducirte derramado o desbordado en nuestro pecho. Boca, lengua, mente,
sentido, vigor proclaman tu testimonio: la caridad se inflame con tu fuego, el ardor
encienda a los cercanos')
El Arcipreste presenta a la moza, entre prima y tercia, no poseída por
el Espíritu Santo, sino por el amor que le ha infundido la alcahueta, y ha
aplicado una imagen propia del fervor religioso a otra del determinismo
amoroso, seguramente para censurar el uso de los dos. Debía parecerle
igualmente intolerable a la moza que se deja vencer por el ardor amoroso que
el fiel que hace otro tanto por el ardor de su fe: para ello calca la situación de
la moza invadida por la lujuria a partir de la del feligrés en quien penetra el
Espíritu Santo, y eso lo consigue adaptando ''os, lingua, mens la envade" de
"Nunc Sánete nobis Spiritus [...]/ dignare promptus ingerí". Resulta irónico
pensar que quien invade o se apodera de los sentidos de la dueña es la
"católica".
En la frontera entre la prima y la tercia, aduce el psalmo 118, y creo
que lo hace porque existía la posibilidad de terminar una hora recitando el
arranque de ese capítulo del psalmo y empezar otra a partir de ese mismo
capítulo. Durando, por ejemplo, al recordar los tres psalmos que debían
cantarse en prima, precisa las secciones del 118 que abarcaban:
Sunt ergo tres psalmi, scilicet: Deus in nomine, Beati immaculati, Rétribue,
ut in tribus horis munimentum contra impugnationes interiores et exteriores
habeamus [...] Secundus psalmus est: Beati immaculati usque Rétribue.
Tertius est: Rétribue usque Legem pone
('Son, pues, tres psalmos, a saber: Dios en tu nombre, Felices los inmaculados.
Recompensa, para que en las tres horas tengamos un baluarte contra los asaltos
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 397
interiores y exteriores [...] El segundo psalmo es: Felices los inmaculados hasta
Recompensa. El tercero es: Recompensa hasta Pon la ley')
En el capítulo dedicado a tercia, aclara que el último versículo del
tercer psalmo de prima se vuelve a repetir en la siguiente hora canónica:
Dicitur etiam psalmus Legem pone, quia tunc lex nova data est apostolis.
Quia vero homo per legem Dei a morbo peccati sanatur
('Se dice también el psalmo Pon la ley, porque entonces la nueva ley fue dada a los
apóstoles. Pero porque el hombre por la ley de Dios se cura de la enfermedad del
pecado')
La dueña que se resistía a la alcahueta está en tercia absolutamente
enajenada y dispuesta para entrevistarse con el monje en la iglesia. A esa
hora, y en las siguientes, encendida como está, no en la caridad cristiana sino
en el loco amor, nada interno ni externo parece afectarla. El monje y la
muchacha, pues, se dirigen a la iglesia, en la primera misa pública del día,
para verse y encontrarse una vez haya terminado. En la Edad Media, esa misa
se celebraba en la hora de tercia, y no solamente los domingos y días de
fiesta, sino también en los días laborables: decir "a la hora de la misa"
equivalía "a la hora de tercia".
Por ese motivo, la estrofa 380 no puede ser susceptible de interpreta-
ciones maliciosas ni obscenas. El monje va a la iglesia para oír misa, y en ella
también se hallaría la muchacha: el primero, ansioso ya por tenerla entre sus
brazos, desearía la misa más rápida, y además que fuera la de novios, la de
nuptiis:
Tú vas luego a la iglesia por le decir tu razón,
Más que por oír la misa nin ganar de Dios perdón;
Quieres la misa de novios sin Gloria e sin son;
Coxqueas a la ofrenda, bien trotas al comendón
En el episodio de doña Garoça, el protagonista, para asegurarse de
que tiene alguna posibilidad con la monja, envía a su alcahueta para que le
lleve una carta a la misa de prima; al recibir constestación, y no parece que
demasiado mala, decide ir a verla a la misa solemne de la mañana, que no
puede ser otra que la de tercia (en su visita, invoca el nombre de Dios, en el
mismo tono en que lo hace el clérigo de las horas en prima):
Levól una mi carta a la misa de prima,
Tróxome buena respuesta de la fermosa rima;
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398 BIENVENIDO MORROS
Guardas tenié la monja más que la mi esgrima,
Pero, de buena fabla vino la buena cima.
En nombre de Dios fui a misa de mañana.
Vi estar a la monja en oración loçana
La entrevista entre el Arcipreste y la monja se produce después de la
misa de tercia: durante la ceremonia ha tenido tiempo para observarla y sacar
ya sus conclusiones sobre su aspecto físico. Nada más verla se enamora de
ella, y ella de él, si no miente el Arcipreste.
En el episodio de las horas, antes de reunirse con su amiga, la que le
ha preparado la alcahueta, el clérigo no puede saltarse la misa solemne o
pública, a la que va, no para ganarse el perdón de Dios (en ese sentido es
menos hipócrita que el propio Arcipreste), sino para entrevistarse con ella: a
esa hora, en la iglesia, acudía todo el pueblo, y resultaba una ocasión
inmejorable para la relación de los sacerdotes con el mundo exterior. Puestos
a oír una misa, el monje desea una misa en la que no se cante el "Gloria in
excelsis Deo" ('Gloria a Dios en las alturas'), y ni haya por tanto música: no
tanto una misa en voz baja, sino una misa privada, sin el acompañamiento de
los coros vocales ni los toques de órgano; en definitiva no una misa cantada,
sino lecta o recitada (esa es la gran diferencia entre la misa privada y la
solemne)^^.
Las ordenes mendicantes mostraron una predilección por la misa
privada, frente a la solemne, y por la simplificación del canto, porque sus
miembros veían en ella una forma de abreviar la liturgia que les permitía
disponer de más tiempo para poder predicar y estudiar. Nuestro clérigo, por
su parte, no sabemos si perteneciente o no a alguna orden, también muestra
preferencia por las formas más breves del rito, pero por razones muy
diferentes.
Por lo que respecta al Gloria, en el Ordo Romanas XIV, Jaime
Cayetano precisa "quibus diebus dicatur Gloria in excelsisDeo et Credo" ('en
qué días se ha decir el Gloria a Dios en las alturas y el Credo'), y acaba
señalando períodos importantes:
A Dominica de Adventu usque Nativitatem Domini non cantatur G/or/a in
excelsis Deo, nisi in festo novem lectionum. A Septuagésima usque ad
^^Para las diferencias entre un tipo y otro de misa, véase José A. JUNGMANN, El sacrificio
de la misa. Tratado histórico-litúrgico, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1953, pp. 263-
309.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL UBRO DE BUEN AMOR 399
Pascha similiter non cantatur, nisi in festis novem lectionum, praeterquam
in feria quinta ante Pascha. In reliquis autem diebus Dominicis et festivis
generaliter cantatur [...] ítem nota quod a Pascha usque ad Octavam
Pentecosten dicitur Gloria in excelsis DecP
('Desde el domingo de Adviento hasta Navidad no se canta el Gloria a Dios en las
alturas, a no ser en lafiestade las nueve lecciones o novenario. Desde Septuagésima
hasta Pascua tampoco se canta, a no ser en lasfiestasde nueve lecciones, salvo en
el jueves antes de Pascua. En el resto de domingos y días festivos, sin embargo, se
canta [...] Asimismo nota que desde Pascua hasta la Octava de Pentecostés se dice
el Gloña a Dios en las alturas'')
En otros Ordines Romani, el autor, que sigue muy de cerca el Liber
Sacramentaríum de San Gregorio, es mucho menos restrictivo, aunque sigue
prohibiendo el canto del Gloria a los presbíteros:
ítem de eo quod Gloria in excelsis Deq usque in caput Quadragesimae in
Dominicis diebus cantatur. A presbyteris vero Gloria in excelsis Deo
minime cantatur, nisi solum in Pascha. Ab episcopis autem omni tempore
in Dominicis, seu diebus cantatur. Nam quando litania agitur, noc Gloria
in excelsis Deo, nee Kyrie eleison post Introitum, nee Alleluia cantatur,
excepto litania maiore
('Asimismo porque el Gloria a Dios en las alturas se canta los domingos hasta el
principio de Cuaresma. Pero el Gloría a Dios en las alturas lo cantan los presbíteros
lo menos posible, a excepción sólo de Pascua. Los obispos, en cambio, lo cantan
en cualquier domingo o día defiestadel año. En efecto cuando se trata de letanías
no se canta el Gloria a Dios en las alturas ni el Kyrie eleison después del introito,
ni el Aleluya, salvo en la letanía mayor')
En la liturgia hispana, el himno se omitía los domingos de Cuaresma
y en todas las misas feriales del año^°. Por tanto, no estaba excluido en la
época por excelencia de las bodas: después de la primera octava de Pascua
hasta la de Pentecostés, con seis domingos de por medio. Con toda esa
información, pues, cabe entender que lo que pide el sacerdote del Arcipreste
es una misa de novios, por razones obvias, pero sin el Gloría y sin el aparato
acústico-musical de las que tienen un carácter solemne^ ^. Aspiraba a una misa
rápida, y por eso pretendía suprimir las partes más prescindibles, pero
^^PL, vol. XIV, col. 78.
^°Véase Jordi PINELL, Liturgia hispánica, pp. 184-185.
^'Paras las diferentes melodías y tropos del Gloria, véase José JUNGMANN, El sacrificio de
la misa, pp.460-461.
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400 BIENVENIDO MORROS
también quería una misa privada, sin el coro y el organista: una misa casi a
solas con su amiga y de un solo sacerdote, la que se denominaba "misa
solitaria"^^. Téngase en cuenta, además, que el canto del himno Gloría
formaba parte del Introito o, según el rito hispano, el Praelegendum, y que,
al anhelar eliminarlo, no buscaba más que evitar los prolegómenos e ir al
grano para centrarse en la sección central de la misa de novios.
El sacerdote del Arcipreste asiste a misa y en ella su conducta llama
la atención en dos ocasiones: "Coxqueas a la ofrenda, bien trotas al comen-
dón". En la parte que el rito romano denominaba offertoríum, el ambrosiano
offerenda y el hispánico sacrificium (aunque san Isidoro usaba aún ojferto-
ríumf^, y en la que losfielesse dirigían al altar para presentar sus oblaciones,
el protagonista de nuestro libro finge una notable cojera para evitar llegar
hasta él y así abstenerse de la entrega de cualquier dádiva; durante la
despedida de la ceremonia, en la que se dice una oración de acción de gracias,
que en el rito romano se llamaba postcomunión y en el hispano llevaba el
nombre de completuría, el sacerdote del Arcipreste parece haberse recuperado
de su cojera y sale corriendo de la iglesia para reunirse con su amiga^^. En un
trabajo reciente, se ha documentado la misma expresión que utiliza Juan Ruiz,
pero, si no me equivoco, en una versión más cercana al rito romano que al
hispánico:
Hic accipiat aquam et abluat digitos suos. Post comendon dicta orationem
qualis fuerit et sic finiat missa. Finita missa, inclinet se ante altare dicendo
istam orationem
('Aquí tome el agua y lávese sus dedos. Después del comendon diga la oración tal
como fuera y así acabe la misa. Acabada la misa, inclínese ante el altar diciendo esta
oración')
Si tenemos en cuenta que, en el rito hispano, cuando el cortejo nupcial
dejaba el altar para dirigirse a la puerta de la iglesia, el coro cantaba "Vos,
quos ad coniugale gaudium perduxit Dominus" ('Vosotros, a quienes el Señor
^^José JUNGMANN, Op. cit., pp. 300-301.
^^Véanse especialmente Jordi PINELL, La liturgia hispánica, Barcelona, Centre de Pastoral
Litúrgica, 1998, p. 155; y José JUNGMANN, El sacrificio de la misa, p. 656, ns. 1 y 2 (en que
documenta offerenda en Amalarlo de Metz y otras obras de territorio francés).
^'^José Luis PÉREZ LÓPEZ, El «Libro de buen amor» y la iglesia toledana, pp. 1464-1465, y
El «Libro de buen amor» a la luz de algunos textos litúrgicos de la Catedral de Toledo , «Revista
de poética medieval», 6 (2001), pp. 68-70, da a extender que esas dos expresiones son propias
de la liturgia hispana o mozárabe.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 401
OS ha conducido al gozo conyugal'), aún entenderemos mejor las prisas de
nuestro personaje^^.
9. SEXTA: LA HORA DE MAYOR SUFRIMIENTO Y ARDOR AMOROSO
Sin apenas interrupciones, después de la misa, comenzaba la hora
sexta, como atestigua Juan de Avranches en su De officis ecclesiasticis:
"Diebus omnibus excepto ieiunii tempore sexta missam sequatur"^^ ('En todos
los días, salvo en época de ayunos, a la misa le sigue la hora sexta'); o más
claramente Juan Rotomagense en su obra homónima:
Prima vero post soils ortum cantetur. Capitulum post tertiam reservetur,
quod missa matutinalis sequatur; et mox sexta dicta parvum intervallus fiat.
Nona hora sua dicatur, quam missa diéi sequatuí^^
('Pero prima se canta después de la salida del sol. El cabildo se reserva para después
de nona, a la que sigue la misa matinal; e inmediatamente, tras decir la sexta, se
hace un pequeño descanso. Nona se dice a su hora, a la que sigue la misa del día')
En ese momento del día, la iglesia celebraba la crucifixión de
Jesucristo, y por tanto su sufrimiento por amor, como recuerda Durando:
Hora sexta pro nobis cmciñxus et clavis confixus est Christus, quare
tenebre super universam terram facte sunt, ut sol in morte Domini sui
lugens se quasi nigris tegeret vestibus, ne illum crucifigentibus lumen
preberet [...] Mérito ergo Ecclesia illa hora Deo laudes exhibet, gratias ei
agens quia pro ipsa Christus pati voluit, propter quod ipsum diligit
vehementer [...], et ob hoc tunc dicitur ^sdlmusDefeat in salutari etc
('En esta hora sexta, Cristo fue crucificado y atravesado con clavos, por lo que sobre
toda la tierra se extendieron las tinieblas, pues el sol, en la muerte del Señor, se puso
de luto como si se tapara con vestidos negros, ni ofreció luz a los crucificados [...]
Por tanto, justamente, la Iglesia en aquella hora manifiesta las alabanzas a Dios,
dándole gracias porque por ella Cristo quiso sufrir, y además lo deseó vehemente-
mente [...], y por ello entonces se dice el ^sdkñoDesfallece en tu salvación')
^^Jordi PiNELL, La liturgia hispánica, p. 276.
^^PL, vol. 147, col. 38 d.
^'^PL, vol. 147, col. 46 c.
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402 BIENVENIDO MORROS
La situación que describe Durando encaja perfectamente con la del
sacerdote después de rezar tercia y oír misa: es un sufrimiento similar al que
siente el propio Arcipreste cuando se enamora de la panadera Cruz. Leamos,
por tanto, las dos estrofas que dedica a esta hora para entender mejor su
sentido:
Acabada ya la misa, rezas también la sesta,
Que la vieja te tiene a tu amiga presta;
Comienças In verbum tuum, e dizes tú de aquesta:
Factus sum sicut uter, por la grand misa de fiesta.
Dizes: Quomodo dilexi vuestra fabla, varona,
Suscipe me secundum, que, jpara la mi corona!.
Lucerna pedibus meis es la vuestra persona.
Ella te dize: ¡Quam dulcía!, que recubdas a la nona (381-382).
De hecho, desde prima, se observaba una gradación, que tenía que ver
con la fuerza con la que lucía el sol, poco a primera hora de la mañana y
mucho al mediodía:
Sane, officium sexte statui temporis respondet, sicut et oficia aliarum
horarum. In prima namque hora est inchoatio, in tertia profectus; in sexta
consunraiatio. Secundum quod sol in prima incipit lucere, in tertia magis
calet, in sexta est in summo fervore
('Razonablemente, el oficio de sexta responde al estado del tiempo, como los oficios
de las otras horas. En prima, en efecto, es el comienzo, en tercia el progreso, en
sexta la consumación. Según esto, el sol en prima comienza a lucir, en tercia calienta
más y en sexta se halla en su máximo calof )
De hecho, el protagonista ha experimentado una progesión similar. Al
salir el sol, contrata a una alcahueta, porque en él vuelve a renacer la pasión;
en la iglesia, ante la mirada de la amiga, se habrá encendido más, y ya,
después de la misa, más larga de lo que esperaba, se acaba por consumir, y
llega a sexta en ese estado de máxima ebullición sexual. No está claro si en
ese momento nuestro clérigo ya ha tenido la relación sexual con la amada.
Hay razones tanto para creer que sí como para pensar que no. Si la hora
representa la consumación de la salvación, deberíamos imaginar una
consumación de tipo sexual: si el sacerdote se halla ya a solas con ella, es
bastante inconcebible que se abstenga del coito. Sin embargo, la consumación
hace referencia al sufrimiento, y la hora sexta simboliza la hora de máximo
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR ^03
sufrimiento: el clérigo también se halla en esa tesitura, que aún será más
desesperamente cuando la amada le dice que vuelva a la hora siguiente.
Sea como sea, el Arcipreste comienza extractando dos pasajes del
varios versículos del psalmo 118 con que se empezaba el oficio, según ya
hemos visto a través de las explicaciones de Durando:
Deficit in salutare tuum anima mea, et in verbum tuum supersperavi.
Defecerunt oculi mei in eloquium tuum, dicentes: 'Quando consolaberis
me?' Quia factus sum sicut uter in pruina; iustiñcationes tuas non sum
oblitus
('Desfallece mi alma en tu salvación, y he confiado en tu palabra. Desfallecen mis
ojos en tu conversación, diciendo: '¿Cuándo me consolarás?. Porque estoy hecho
como el odre en el fuego, no he olvidado tus estatutos")
Al explicar estos psalmos, Durando insiste en que simbolizan la
consumación, pero del máximo deseo y del sufrimiento:
Ad consummationem pertinet quod dicitur in principio sexte: Deficit in
salutari tuo anima mea, id est anima mea, posita in salutari tuo, defecit
terrenitate; vel defecit in salutari tuo, id est anima mea tendens in salutare
tuum defecit in terrenitate. Quanto enim quis magis tendit in dilectionem
Dei, tanto magis deficit a terrenis, et quasi pre nimio desiderio languet [...]
non tamen hic plenam recipit consolationem, sed potius affligitur ex
dilectione, unde sequitur: Defecerunt oculi mei in salutari tuo etc. Et in
secunda parte: Quomodo dilexi legem tuam etc
('A la consumación corresponde lo que se dice al principio de sexta: Mi alma
desfallece en tu salvación, esto es, mi alma, dejada en tu salvación, abandona lo
terrenal, o desfallece en tu salvación, esto es, mi alma tendiendo hacia tu salvación
abandona lo terrenal. Quien cuanto más tiende hacia el deseo de Dios, tanto más se
separa de lo terreno, como si por un excesivo deseo languedeciera [...] Sin embargo,
no recibe la plena consolación, sino que más se aflige por el deseo, de donde se
sigue: Mis ojos desfallecieron en tu salvación etc. Y en la segunda parte: De qué
modo he deseado tu ley etc')
A la luz de semejantes reflexiones, conviene concluir que nuestro
clérigo tampoco aún ha recibido la plena consolación sexual, pero sí ha
alcanzado el climax del sufrimiento. Y lo ha alcanzado porque la misa
solemne a la que ha asistido en tercia ha sido una misa de fiesta, con el canto
del Gloria y con todo tipo de acompañamiento musical, sobre todo para las
antífonas. Ha debido esperar mucho más de la cuenta.
En esas condiciones, conversa con la amiga que le ha preparado la
alcahueta, y no se ha andado con rodeos al declararle que había confiado en
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404 BIENVENIDO MORROS
su palabra, que estaba desfallecido de deseo y que necesitaba de su consola-
ción. Cuando afirma que está hecho como el odre "por la grand misa de
fiesta", creo que se refiere a la misa de tercia, y no a otra que se celebrará
más tarde y que será una metáfora de la relación sexual con la amiga. La
imagen que ha escogido, al menos en su aplicación en la hora que le
corresponde, ya tenía las connotaciones que sugiere el Arcipreste: el clérigo
se ve a sí mismo como un odre ardiendo por el tiempo que ha debido esperar
para poder entrevistarse con la amiga, y todo por culpa de la misa de fiesta
que se ha celebrado en la hora anterior. En los tratados de andrología, sin ir
más lejos, se recurre al término del odre para referirse al pene que como
consecuencia de un gran deseo se va llenando hasta conseguir la erección:
Cum igitur oritur appetitus in epate, ut dictum est, movetur spiritus a
corde, qui per arterias descendens ad virgam, concavum virge nervum
replet et replendo more utris in duram rigiditatem tendit, sed semen
emittere non valet^^.
('Cuando, pues, se origina el deseo en el hígado, como ya se ha dicho, se pone en
movimiento el pneuma desde el corazón, que, descendiendo a través de la arterias
hasta el pene, llena su nervio hueco y, al llenarlo, se alarga en dura rigidez, a
manera de un odre, pero no puede eyaculad)
En este caso, y a diferencia del "levantar" del verso 375 a, el
sacerdote se describe como víctima de una erección. En el resto de la
conversación, no hace más que pedir aquello que lo va a consolar o a salvar.
Para entender mejor estas alusiones vale la pena reproducir los psalmos de los
que selecciona alguna expresión, todos pertenecientes al 118:
Quomodo dilexi legem tuam. Domine! [...] Lucerna pedibus meis verbum
mum, et lumen semitis meis [...] Suscipe me secundum eloquium tuum, et
vivam, et non confundas me ab exspectatione mea. Adiuva me, et sal vus
ero
('¡De qué modo he deseado tu ley. Señor! [...] Tu palabra es lámpara para mis pies,
y luz para mis sendas [...] Recíbeme conforme a tu palabra, y viveré, y no me
confundas con mi deseo. Ayúdame, y seré salvado')
^^Constatini Liber de coitu. El tratado de andrología de Constatino Africano , ed. Juan
MONTERO CARTELLE, Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 1983,
p. 82.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 405
El Arcipreste ha convertido una súplica para obtener la salvación en
otra para conseguir la correspondencia sexual. Ha sustituido legem por
"fabla", y le ha dado al término, omnipresente en ese pasaje del psalmo, el
sentido eufemístico de 'coito', que volverá a utilizar en las aventuras por la
sierra. La muchacha, en vez de acceder a las peticiones de su pretendiente, lo
que hace es rechazarlo por el momento y tenerlo bastante confundido hasta la
hora siguiente.
10. NONA: LA HORA DE LA CONSUMACIÓN SEXUAL
En la hora nona, a eso de las tres de la tarde, el clérigo vuelve a rezar
con la dueña que lo ha rechazado antes, y ahora sí alcanza aquello por lo que
había suspirado. Para describirlo no precisa demasiados versos, y por ello
sólo le dedica una copla:
Vas a rezar la nona con la dueña loçana:
Mirabilia comienças; dizes de aquesta plana:
Gressus meos dirige; responde Doña Fulana:
lustus es, Domine; tañe a nona la campana (383)
Durando describe esta hora como la hora en que murió Jesucristo y
en la que se pusieron fin a todos los sufrimientos. Gracias a él la humanidad
fue redimida y logró la salvación eterna:
Hora nona Christus clamans emisit spiritum. Mori enim voluit pro homine
illa hora in qua homo de paradyso expulsus est. Et in eadem hora per
mulierem et lignum redemit quos per mulierem et lignum deceperat hostis
[...] In eadem quoque hora miles latus Christi aperuit, ex quo duo nostre
salvationis sacramenta, scilicet aquam baptismi et sanguine nostre
redemptionis, nobis eduxit; et velum templi scissum est et monumenta
aperta sunt. Eadem etiam hora, inferna penetrans, inextricablies tartari
tenebras confringens, serasque eius comminuens, captivitatem sanctorum
secum transuexit ad celos, igneaque rumphea submota, antiquum incolam
in paradiso restituit [...] Mérito igitur propter has prerogativas hac hora
Deum Ecclesia laudat, dicens psalmumMirabilia etc.
('En la hora nona Cristo, gritando, entregó el espíritu. Quiso morir por el hombre
en aquella hora en que el hombre fiíe expulsado del paraíso. En esa misma hora
redimió a quienes gracias a una mujer y a un madero engañara a los enemigos [...]
En esa misma hora también el soldado abrió el costado de Cristo, por lo que nos
trajo los dos sacramentos de nuestra salvación, a saber, el agua del bautismo y la
sangre de la redención; y el velo del templo ha sido roto y los sepulcros abiertos. En
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406 BIENVENIDO MORROS
esa misma hora también, penetrando en los infiernos, quebrando las inextricables
tinieblas del tártaro, y rompiendo los cerrojos, se llevó consigo a los cielos a los
santos cautivos, y con el afanje de fuego, devolvió al paraíso a los antiguos
habitantes [...] Justamente, pues, por estos privilegios en esta hora la iglesia alaba
a Dios, diciendo el psâlmo Maravillosas etc')
Para nona, el Arcipreste se limita a tomar unas cuantas palabras de la
primera sección del psalmo 118 que debía cantarse en el oficio de esa hora:
en el rito hispánico, en cambio, se habían escogido otros psalmos. Ante la
expectativa de la relación sexual, el clérigo no puede menos que exclamar:
"Mirabilia [testimonia tua]" ('Maravillosos son tus testimonios'); quizá por
eso le cede la iniciativa, al pedirle que le guíe: "Gressus meos dirige
secundum eloquium tuum" ('Dirige mis pasos conforme a tus palabras'). Ante
semejante solicitud, la dueña parece estar de acuerdo, y lo manifiesta diciendo
"Justus es. Domine" ('Eres justo. Señor').
El Arcipreste, en lugar de narrar el encuentro sexual de sus dos prota-
gonistas, ha optado por reproducir una imagen que al menos lo sugiera: "tañe
a nona la campana". Las campanas solían tocarse una o varias veces antes de
comenzar la hora canónica que anunciaban, y podía ocurrir que comenzasen
a repicar al final de la anterior, como explica, por ejemplo, el arzobispo
Pedro Tenorio:
Statuimus quod campanarum ecclesiae pulsatio per ministros a thesaurario
hoc deputatos ñat ordine subsequenti. Videlicet ut campana pro oratione de
Ave Maria incipiat pulsari post crepusculum per mediam horam, et duret
pulsatio per aliam mediam horam. Ad matutinas vero post sex horas a fine
dictae pulsationis et pulsetur per unam horam. Ad primam incipiant in ortu
solis et duret per unam horam. Ad missam de tertia in introitu missae. Ad
sextam, vel ad nonam quando dicitur non statim post missam, dum cantatur
Agnus Dei. Verum tamen in Quadragessima ad tertiam, sextam et nonam
suo tempore pulsatur. Ad nonam quando dicitur suo tempore incipiet in
octava hora cum dimidia et duret per mediam horam. Ad vesperas incipiat
in nona hora cum dimidia et duret per unam horam. Ad complectorium
vero incipiat ñnitis vesperis'^
('Establecemos que el toque de las campanas de la iglesia se haga por sacerdotes
asignados por el tesorero en el orden siguiente. A saber, que la campana por la
oración del Ave María comienza a sonar después del crepúsculo y el toque dura
media hora. En maitines después de seis horas desde el final del toque anterior y
suena durante una hora. En prima comienza a la salida del sol y dura una hora. A
^^José Luis PÉREZ LÓPEZ, El «Libro de buen amor» a la luz de algunos textos litúrgicos de
la Catedral de Toledo, pp. 72-73.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 407
la misa de tercia en el introito de la misa. En sexta o nona cuando se reze no
inmediatamente después de la misa, mientras se canta el Agnus Dei. Sin embargo,
en Cuaresma en tercia, sexta o nona se toca a su hora. En nona cuando se recite a
su hora comienza en la octava ton la media y dura una media hora. En vísperas
comienza en nona con la media y dura una hora. En completas comience acabadas
las vísperas')
Los comentaristas de la Regla de San Benito empezaron a introducir
precisiones sobre las veces que debían tocarse las campanas para convocar al
rezo de cada una de las horas. Así, lo hace Edmundo Martene en su
Comentaríus, citando a Hildemaro:
Quaret insuper aliquis quot ad singulas horas canónicas signa pulsanda sint.
ínter antiques Regulae commentatores Hildemarus tria ad vigilias signa
pulsanda esse déclarât: ad matutinum et primam unicum; ad tertiam,
sextam et nonam, duo; ad vesperas, tria; ad completorium, unicunf°
('Alguno pregunta cuántas señales se han de dar para cada una de las horas
canónicas. Entre los antiguos comentaristas de la Regla, Hildemaro declara que tres
en las vigilias; en laudes y prima, una; en tercia, sexta y nona, dos; en vísperas,
tres; en completas, una')
En nona, el sacristán tocaba las campanas media hora antes y en
momentos distintos, y dependiendo de la festividad las hacía repicar todas o
sólo unas cuantas: cuanto mayor era lafiestaque se celebraba, más campanas
intervenían. Al situar el toque de las campanas alfinalde la hora, no creo que
el Arcipreste esté aludiendo al de las vísperas, que comenzaba a anunciarse
transcurrida la mitad de nona.
1 1 . VÍSPERAS
Para la hora crepuscular, el Arcipreste se ha olvidado de la unidad
con que había presentado las tres anteriores. A partir de este momento, cederá
el protagonismo al sacristán o a los músicos, a cuyas habilidades en su
respectivas facetas parece estar refiriéndose:
Nunca vi sancristán que a vísperas mejor tanga:
Todos los instrumentos tocas con chica manga;
La que viene a tus vísperas, por bien que se remanga,
'^^PL, vol. 66, col. 702 c.
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408 BIENVENIDO MORROS
Con Virgam virtutis tue fazes que de ay retanga.
Sede a destris meis dizes a la que viene;
Cantas Letatus sum, si allí se detiene;
Illuc enim ascenderunt a cualquier que a ti se atiene;
La fiesta de seis capas contigo la Pascua tiene (384-385)
El narrador comienza mencionando la energía con que el sacristán
hacía sonar las campanas para convocar a sus hermanos al rezo de vísperas,
y continúa recordando a los encargados de tocar el psalterio y el órgano, para
terminar aludiendo a uno de los dos, o a los dos a la vez, porque el sacristán,
como ya hemos visto, para anunciar las vísperas, hacía repicar las campanas
tres veces. La crítica ha querido ver en los primeros versos de la estrofa 384
referencias escabrosas, al entender "instrumentos" como 'órganos sexuales
femeninos' y "chica manga" como 'órgano sexual masculino', y seguramente
no le falte razón, pero antes conviene buscarle al pasaje un sentido literal, y
"manga", en tanto "ropaje montado en unos aros, de forma fálica, cilindrica,
rematado en un cono en cuyo vértice se pone la cruz", no satisface ese
requisito"^^: si no, ¿cómo se tocaba el psalterio y el órgano con una "manga"
de esa índole?
Para el resto de la hora, el Arcipreste ha escogido fragmentos de dos
psalmos, el 109 y el 121, de los cuatro o cinco que se llegaban a cantar. Ya
san Benito, en su Regla, al citar los psalmos que debían decirse en vísperas
aplica el criterio cúrrente psalterio:
Vespera autem cotidie quattuor psalmorum modulatione cantatur. Qui
psalmi incipiantur a centesimo nono usque centesimo quadragesimo
séptimo, exceptis his qui in diversis horis ex eis sequestrantur, id est a
centesimo séptimo décimo usque centesimo vigésimo séptimo et centesimo
tricésimo tertio et centesimo quadragesimo secundo. Reliqui omnes in
vispera dicendi sunt
('En vísperas sin embargo se cantan cuatro psalmos. Los cuales han de comenzar por
el 109 hasta el 147, a excepción de estos que han de tomarse para otras horas, esto
es, desde el 117 hasta el 127 y el 133 y el 142. Todos los demás se han de decir en
vísperas')
Así, se empezaba el primer día de la semana, el domingo, por el 109
y se acababa por el último, el sábado, con el 147, con las excepciones señala-
^^José Luis PÉREZ LÓPEZ, El «Libro de buen amor» a la luz de algunos textos litúrgicos de
la Catedral de Toledo, p. 72, y El «Libro de buen amor» y la iglesia toledana, p. 1458.
«Anuario de Estudios Medievales», 34/1 (2004), pp. 357-415 .- ISSN 0066-5061.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 409
das. Tanto Sicardo como Durando hacen constar que se cantan los psalmos
según el tema del día, y por eso sólo se limitan a señalar los escogidos para
el domingo o para el sábado. Si Durando, entre otras simbologías, destaca
para esta hora la de la defensa contra las tribulaciones de la noche, el sacristán
y el clérigo del Arcipreste saben cómo combatirlas.
Porque en principio el sujeto del verso 384 b parece distinto al a: los
instrumentos que allí se tocan son instrumentos musicales, como el psalterio
o el órgano, y no todas las campanas de la iglesia, que sólo se harían sonar en
días muy especiales. En cualquier caso, en los dos últimos versos de la
estrofa, se refiera a las campanas o a los instrumentos musicales, toque lo que
toque el clérigo o sacristán, lo hace en claro sentido erótico: "La que viene
a tus vísperas, por bien que se remanga,/ Con Virgam virtutis tue fazes que
de ay retanga". La "virga" es la vara con que el Señor pretende imponer el
dominio entre sus enemigos, y a veces se llega a identificar con el proprio
Jesucristo, como hace Arnobio en el Commentarius in Psalmos:
Virga virtutis hominis corpus est ex Virgine nati, quam virgam ex Sion
misit Dominus, ut dominetur in medio inimicorum suorunf^
('La vara de la virtud del hombre es el cuerpo nacido de la Virgen, la cual vara
envió el Señor para imponer su dominio en medio de los enemigo^)
Si con esa vara, el Señor subyugó a quienes se revelaban contra él,
con una de otra índole, porque "virga" se usaba en medicina como sinónimo
de 'verga', el sacristán o sacerdote lograba vencer la resistencia de las
mujeres que la oponían.
Al inicio de la estrofa siguiente, el clérigo en cuestión da instruccio-
nes, no sabemos si a las mismas mujeres de antes o a otras que llegan
después, para que se sienten a su derecha, también en clara alusión a
Jesucristo, que en el Paraíso, después de resucitado, se sentó a la derecha del
Padre. En una como ésa hay una invitación a compartir la gloria del paraíso,
y semejante gloria no estaba exenta de connotaciones eróticas: el paraíso solía
representarse como un jardín, un lugar ameno, al que sólo podían acceder
unos pocos, y el jardín también era el escenario de los encuentros amorosos.
En un sentido similar, debe entenderse el verso 385 c: ''Illuc enim ascende-
runt a cualquier que a ti se atiene". David se refiere a las tribus de Israel que
suben hacia Jerusalén, y sus comentaristas, como, por ejemplo, Próspero
'^PL, vol. 53, col. 496 b.
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410 BIENVENIDO MORROS
Aquitanio, parafrasean: "Ascendisse dicuntur ad aetemam Jerusalem tribus,
id est populi per suas familias distributi'"^^ ('dicen haber ascendido hacia la
Jerusalén eterna las tribus, esto es, los pueblos distribuidos conforme a sus
familias'). El clérigo promete a las mujeres que le hacen caso la ascensión a
la ciudad de Dios, al paraíso, y eso encaja mejor con la fiesta que prevé
celebrar con ellas'^.
Walter de Châtillon, en su poema "Propter Sion non tacebo", hace un
uso muy parecido del pasaje de ese psalmo. El complemento del verbo es
Roma, no vista como la capital del mundo, sino como la de su destrucción,
representada por un personaje real, pero encubierto con un nombre falso, el
de Francón:
Franco nulli miseretur,
Nullum sexum reveretur,
Nulli parcit sanguini.
Omnes illi dona ferunt ;
lUuc enim ascenderunt
Tribus, tribus Domini'*^
('Francón no se apiada de ninguno, no respeao ningún sexo, no perdona sangre
alguna. Todos le llevan sus dones; allí ascienden las tribus, las tribus del Señof )
Tanto los pueblos a los que alude Châtillon como las muchachas a las
que seduce nuestro clérigo creen dirigirse a ciudades santas, pero en realidad
a donde van es a la perdición y a la autodestrucción.
En el verso 385 d, el Arcipreste alude a un tipo defiestabien docu-
mentada tanto en la liturgia romana como en la hispánica. Sin ir más lejos,
Ruperto Tutiense, en su De divinis officiis, menciona la capa como vestimenta
reservada para las grandes celebraciones, aunque no las detalla:
Cappas quoque in maioribus festis superinduimus, ut amplius in Deo
gloriemur, aspicientes in futuram resurrectionenf^.
'^PL, vol. 51, cols. 366 D-367 A.
'^La mayoría de editores interpretan ese verso como Otis H. GREEN, España y la tradición
occidental, p. 80: "Si algún curioso intruso se detiene a contemplar el divertido espectáculo, se
le dice: 'Mira por donde va toda la gente'".
"^^Alfons HiLKA y Otto SHUMANN, eds.. Carmina Burana, Heidelberg, Carl Winter's
Universtitatsbuchhandlung, 1930.
'^^PL, vol.170, col. 54 c.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 411
('También vestimos en lasfiestasmayores capas, para alabar más honrosamente a
Dios, considerando la futura resurrección')
En su De officiis ecclesiasticis, Juan Rotomagense alude a la misa
mayor como misa con capas: "Maior missa in cappis, cuius officiales, qui
sunt sacerdotes, utantur casulis" ('Misa mayor con capas, cuyos celebrantes,
que son sacerdotes, usan casullas')'*^; y, a propósito del día de la Pasión del
Señor, especifica que "quatuor clerici in cappis canterent" ('cuatro clérigos
con capas cantan')^^. En el breviario y el misal mixto aparecen las expresiones
"ritu duplici sex capparum" ('en el rito doble de las seis capas') o "festivus
quattuor aut sex capparum", usadas para caracterizar las misas dedicadas a
muchos santos a la vez"^^. En el Kalendarium Gothicum, la fiesta de "sex
capparum" designa diferentes fiestas, casi todas relacionadas con la madre de
Cristo o con mártires vírgenes^^. En el verso en que el Arcipreste usa la
expresión, "la Pascua", como señala Margherita Morreale, podía ser un
apodo de la muchacha, y por tanto sujeto del verbo ('la moza tiene contigo la
fiesta de las seis capas'), pero también podía conservar su sentido etimológico
como complemento directo de "tiene" ('la moza contigo celebra la fiesta de
seis capas')^^ Al mencionar ese tipo de fiesta, en que llamaba la atención el
número de sacerdotes que intervenían en la misa, no sé si el Arcipreste está
queriendo decir que el que rezaba las horas con tantas necesitaba la ayuda de
sus compañeros.
12. COMPLETAS
En completas, el Arcipreste sigue el esquema, incluso sintáctico, de
vísperas, alfijarseen el modo en que las reza su protagonista. Como veíamos
al principio de este trabajo el canto de un psalmo podía tener connotaciones
'''PL, vol. 147, col. 42 A.
'^PL, vol. 147, col. 47 B.
'^PL, vol. 85, cols. 151 d, 170 c, 566 c, 862 d, etc.
^^PL, vol. 86, a partir de la col. 37 A.
^^Margherita MORREALE, Más apuntes para un comentario literal del «Libro de buen amor»,
con otras observaciones al margen de la reciente edición de G. Chiarini, «Boletín de la Real
Academia Española», XLVII (1967), p. 235.
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412 BIENVENIDO MORROS
sexuales, y aquí sin duda las tienen los que dice el "cura de almas", el
sacerdote a quien se confiaba una parroquia con ese objetivo:
Nunca vi cura de almas que tan bien diga completas:
Vengan hermosas o feas, quier blancas o quier prietas.
Dígante: Converte nos; de grado das las puertas;
Después Custodi nos te ruegan las encubiertas.
Fasta el quodparasti non las quieres dexar,
Antefaciem omnium sábeslas alexar,
Ad gloriam plebis tue fázelas aveitar.
Salve, Regina, dizes, si de ti se han de quexar (386-387)
Para Durando, es la hora en que la iglesia, por ser la hora en que el
cuerpo de Cristo fue depositado en el sepulcro, celebra el gozo de los santos
al recibir éstos la recompensa de la vida eterna:
Illam etiam in memoria etemi gaudii célébrât, nam, completo electorum
numero, in illa hora complebitur gaudium sanctorum in die generalis
retributionis; et inde est quod completorium significat gaudium
('También en aquella memoria celebra los gozos eternos, porque, estando completo
el número de los elegidos, en aquella hora se completará el gozo de los santos en el
día general de la recompensa; y de ahí que completas signifique gozd)
También en varios lugares Durando^^ reproduce el psalmo invitatorio
con que comenzaba el oficio y el cántico con que acababa, introduciendo casi
siempre explicaciones tanto sobre el uno como el otro, inspiradas en el
Mitrale de Sicardo de Cremona:
Sane, hoc officium incipit praeter morem aliorum officiorum:'Converte
nos' etc. Quia enim quasi tota die psalmodie insistimus, et pene imposibile
est quin aliquem pulverem superbie contraxerimus, et quia etiam sepe
erramus [...] inde est quod nos humiliantes dicimus: 'Converte nos' etc.
Preterea, quilibet, quantumlibet perfectus et bonus, existimare debet se
imperfectumsive insipientem [...]; ideo dicit sacerdos: 'Converte nos' etc,
in hiis verbis indicans se perversum: bonarum quippe mentium est ibi
culpam agnoscere ubi culpa non est [...]
Post ympnum subicitur versiculus: 'Custodi nos Domine', vel alius qui
notât totius officii effectum: postulatur enim Domini custodia contra noctis
pericula. Et dicitur acuta voce et cum neuma ex quo excitati et memores
^^A. DAViDy T.M. THIBODEAU, éd. cit., pp. 111-112.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR 413
facti ineffabilis gaudii, quod erit merces laboris nostri, canimus canticum
Symeonis: Nunc dimittis etc., quod est Luc. il c
Primo, ut illius exemplo, pacen invenientesd, mereamur videre lumen
quod es Christus. Secundo, ideo canticum illud cantimus quia sicut sanctus
Symeon cupiens ex hac vita in alteram transiré ilium cecinit, sic et nos dum
dormiré debemus, quasi morituri quia sompnus est quasi mortis imago,
illum cantimus per quem nos Domino commendamus
('Este oficio comienza según la costumbre de otros: 'Conviértenos' etc. Porque
como en en toda la psalmodia del día insistimos, y casi es imposible que no
contrajéramos algún polvo de soberbia, y porque a menudo erramos [...] Por este
motivo es que nosotros sumisos decimos: 'Conviértenos' etc. Además, cualquiera,
el más perfecto y bueno, debe creerse imperfecto e ignorante [...]; por lo que el
sacerdote dice: 'Conviértenos' etc, indicando en estas palabras ser un perverso:
porque el bueno de mente es el que sabe reconocer la culpa allí donde no la hay [...]
Después del himno se introduce el versículo: 'Custodíanos, Señor', u otro que
ilustra todo el efecto del oficio: se pide al señor la custodia contra los peligros de la
noche. Y se dice con voz aguda y con el neuma por el que, excitados y evocadores,
se hacen inefables gozos, que será la paga de nuestro trabajo, cantamos el cántico de
Simeón: Ahora dejas etc, que es de Lucas ii
Primero, como en el ejemplo de aquél, hallando la paz, merecemos ver la luz,
que es Cristo. Segundo, por esa razón cantamos aquel cántico porque como san
Simeón, deseando pasar de esta vida a la otra lo cantó, así mientras debemos dormir,
como si estuviéramos muertos, porque el sueño es imagen de la muerte, lo cantamos,
por lo que nos encomendamos al Señor')
Para entender mejor la última estrofa que el Arcipreste dedica a las
horas canónicas, será muy útil recordar el contenido del Cántico de Simeón,
que está precedido por el responsorio "In manus tuas. Domine commendo
spiritu meum" ('En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu'), con la
antífona "Salva nos. Domine, vigilantes, custodi nos dormientes" ('Sálvanos,
Señor, a los diligentes, protégenos a los que dormimos'):
NUNC dimitis servum tuum. Domine,
Secundum verbum tuum in pace:
Quia viderunt oculi mei salutare tuum,
Quod parasti ante faciem omnium populorum:
('Ahora, Señor, deja en paz a tu siervo conforme a tu palabra. Porque mis ojos
vieron tu salvación, que preparaste ante la faz de todos los pueblos: la luz para la
revelación de los gentiles, y para gloria de tu pueblo de IsraeF)
El protagonista del Arcipreste recibe a lasfielesque desean rezar con
él el oficio de completas. Las mujeres, antes de irse a dormir, necesitan
encomendarse a su Señor, y ese papel lo asume el sacerdote, hasta el punto
de no introducir distinciones entre ellas: a todas, sin excepción, las atiende y
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414 BIENVENIDO MORROS
consuela. Si las feligresas irrumpen en su intimidad para rezar la última hora
del día, es porque buscaban una tranquilidad y un descanso, no precisamente
espiritual, que no podían hallar en ningún otro sitio: unas demandan una
conversión, no sé si de exdoncellas en doncellas, como apunta Otis Green,
mientras que otras una protección o compañía masculina que podía durar toda
la noche. Téngase en cuenta, además, que el "Custodi nos" es una antífona
en cuyas letras finales, como explica Durando, según hemos visto arriba, se
introduce una entonación especial, sugeridora de júbilo y gozo.
En la última estrofa, el Arcipreste saca un gran partido al cántico de
Simeón, exclusivo del rito romano. Así, elige la expresión "quod parasti"
para indicar que ha rezado con sus feligresas hasta el final, porque con ese
canto se ponía fin a completas, como explica claramente Juan Belth:
Post psalmos sequitur capitulum et versus, et deinde hymnus, eoque finito,
antiphona ac Nunc dimittis
('Después de los psalmos le sigue el capítulo y el verso, y después el himno, y, una
vez terminado éste, la antífona y elAhoras dejas')
Después el Arcipreste opta por "ante faciem omnium" para establecer
una clara diferencia entre la salvación de Jesucristo y la de las mujeres: una
es pública y la otra secreta o privada. El clérigo sabe, pues, alejarlas de la
mirada de todos y respetar uno de los postulados más importantes del amor
cortés. Por último, nuestro autor extracta "ad gloriam plebis" para engañarlas
convenciéndolas de que ellas son las elegidas, como lo había sido el pueblo
de Israel, cuando en realidad no ha tenido ningún escrúpulo para recibirlas a
todas.
Para rematar el oficio, el Arcipreste reproduce el arranque de una
antífona sobre la Virgen María que los dominicos incorporaron al de
completas alrededor de 1221, y que sólo dos décadas después los franciscanos
lo introdujeron ya de manera definitiva en el nuevo breviario romano. Reserva
el "Salve, Regina" para las mujeres que se quejan^^ Pero ¿de qué pueden
quejarse? ¿De haber sido engañadas por el sacerdote? ¿O de no haber
obtenido la paz que tanto ansiaban? ¿De no poder dormir? Quizá el clérigo en
cuestión no habría podido satisfacer a todas las que había acogido en su
^^Manuel-A. MARCOS CASQUERO y José OROZRETA, eds.. Lírica latina medieval, IL Poesía
religiosa, pp. 420-421.
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LAS HORAS CANÓNICAS EN EL LIBRO DE BUEN AMOR ^15
parroquia: ya en vísperas el sacristán había celebrado una misa "de seis
capas", para decir que había necesitado algún tipo de ayuda.
13. CONCLUSIÓN
Para las horas canónicas, el Arcipreste se ha atenido al rito romano,
y sólo ha podido usar el hispano o mozárabe para algún nombre, si es que
"ofrenda" y "comendón" son términos propios de su liturgia. Es más que
probable que haya recurrido a algún breviarium mezcla de romanum y
toletanum, y se ha conservado alguno con ese nombre.
Para entender mejor la parodia o la burla que introduce a propósito
del oficio divino, conviene estudiarlo con atención, de la mano de los especia-
listas en liturgia de la época. De los que he utilizado para las páginas
anteriores el más cercano a Juan Ruiz es sin duda Guillermo Durando, a quien
demuestra conocer, porque cita su Speculum iudiciale. De su Rationale,
parece haber leído la relación que establece entre las diversas horas y la
pasión de Cristo: para las menores, de prima a nona, sugiere la misma
gradación de menos a más sufrimiento hasta su extinción después de la
muerte. A esas cuatro horas, las centrales del día, les ha dado una unidad muy
evidente pensando en su simbología religiosa.
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