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Actividad Formativa IV: Pensamiento y Obra de Antenor Orrego

Este documento presenta el contexto histórico y los factores que influyeron en el surgimiento del Grupo Norte en Trujillo, Perú a principios del siglo XX. Brevemente describe 8 factores clave como el anarcosindicalismo, la revolución mexicana, la primera guerra mundial, la revolución rusa, la reforma universitaria, la revolución científica y tecnológica, la realidad nacional y la realidad local y regional. El documento también incluye biografías breves de figuras intelectuales como Manuel González P

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Actividad Formativa IV: Pensamiento y Obra de Antenor Orrego

Este documento presenta el contexto histórico y los factores que influyeron en el surgimiento del Grupo Norte en Trujillo, Perú a principios del siglo XX. Brevemente describe 8 factores clave como el anarcosindicalismo, la revolución mexicana, la primera guerra mundial, la revolución rusa, la reforma universitaria, la revolución científica y tecnológica, la realidad nacional y la realidad local y regional. El documento también incluye biografías breves de figuras intelectuales como Manuel González P

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2015 Actividad Formativa IV: Pensamiento y

Obra de Antenor Orrego

Departamento Académico de Humanidades

Docentes:

Olga Cribilleros Shigihara

David Perez Meléndez

Marina Uribe Orellana

Tula Luz Benites Vásquez

Miguel Angel Rodríguez Alza

Coordinadora de materiales y guías para enseñanza – aprendizaje para educación


virtual: Msc. Carmen Cecilia Chang Chávez
PROGRAMA EDUCACIÓN A DISTANCIA
[Link]
2015

Taller Pensamiento Orrego

Coordinadora de materiales y guías para enseñanza – aprendizaje para educación


virtual: Msc. Carmen Cecilia Chang Chávez

UNIVERSIDAD PRIVADA ANTENOR ORREGO

Diagramación y diseño

CARRERAS PARA GENTE QUE TRABAJA

Segunda edición

[Link]

Av. América Sur Nº 3145

Trujillo-Perú

Abril, 2015

Carreras para gente que trabaja - 1


UPAO
2015

ÍNDICE

I. CONTEXTO HISTÓRICO Y FACTORES INFLUYENTES EN EL SURGIMIENTO DEL GRUPO

NORTE 4-12

1. Factores influyentes en el surgimiento del “Grupo Norte” en Trujillo 5-12


a) El anarcosindicalismo 5
b) La revolución mexicana 5-6
c) La primera guerra mundial 6-7
d) La revolución rusa 7
e) La reforma universitaria 7-8
f) La revolución científica y tecnológica 8
g) La realidad nacional 8-10
h) La realidad local y regional 10-12

II. EL GRUPO NORTE Y LA GENERACIÓN DEL CENTENARIO 12-21

1. El Grupo Norte y la Generación del Centenario 13-18

Direcciones intelectuales del Grupo norte 18

Producción de este movimiento intelectual 19

Producción de Antenor Orrego 19

III. IDEAS EDUCACIONALES DE ORREGO 21-31

1. Ideas educacionales 22
a) Definición y fines 22-24
b) Contenidos de aprendizaje 24
c) Agentes educativos 24-26
d) Estrategias del proceso de enseñanza-aprendizaje 26-27
e) La universidad y su misión 27-29
f) Universidad y pueblo 29
g) Educación, cultura y política 30-31

IV. FILOSOFÍA, ESTÉTICA Y ÉTICA 31-39

1. Acerca de la filosofía 32
Carreras para gente que trabaja - 2
UPAO
2015
a) ¿Qué es una filosofía? ¿Cuál es la función de pensar? 32-34
2. Acerca de la estética 34-35
a) Estética 35-36
3. Acerca de la ética 36-37
a) Ética 37-38
4. Acerca del arte y de la ciencia 38-39

V. INTEGRACIONISMO LATINOAMERICANO 39-

1. América Latina 40-42

a) Integración política 42-44

b) Integración económica y social 44-45

c) Integración educativa y cultural 45-46

2. Vigencia de la teoría de los pueblos-continente 46-

a) Procesos integracionistas en el mundo de hoy 46-47

b) Procesos de integración en América Latina 47

c) Procesos similares en otras partes del mundo 48

3. Pensamiento orreguiano vivo sobre integración latinoamericana 48-49

a) El desgarrón histórico 48-49

4. Teoría de los gérmenes históricos 49

Referencias bibliográficas 49

Carreras para gente que trabaja - 3


UPAO
2015

CONTEXTO HISTÓRICO Y FACTORES INFLUYENTES EN EL SURGIMIENTO DEL GRUPO NORTE

Sesión 1

En esta sesión vamos a tratar el contexto histórico y factores influyentes en el surgimiento del
Grupo Norte.

Esquema de contenidos

Durante esta sesión realizaremos varias actividades significativas, para ello, te


recomendamos seguir la siguiente ruta de aprendizaje:

1. Factores influyentes en el surgimiento del “Grupo Norte” en Trujillo

a) El anarcosindicalismo
b) La revolución mexicana
c) La primera guerra mundial
d) La revolución rusa
e) La Reforma Universitaria
f) La revolución científica y tecnológica
g) La realidad nacional
h) La realidad local y regional

Objetivos
Como aprendizaje esperado tenemos lo siguiente:

 Leer, comprender, resumir y sustentar los contenidos indicados por el docente


sobre la realidad de principios del siglo XX y su influencia en la cultura de la época.

Desarrollo de los contenidos

Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 20 11. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 17-36

Carreras para gente que trabaja - 4


UPAO
2015

La efigie del personaje

Las veladas transcurrían entre lecturas, comentarios de los nuevos libros, conferencias
improvisadas, recitaciones poéticas, música clásica y, más que todo, la crepitante algazara de
los mozos que incursionaban con frecuencia en los restaurantes y cafés de la ciudad.

Antenor Orrego

1. Factores influyentes en el surgimiento del “Grupo Norte” en Trujillo

A los jóvenes que comenzaron a destacar en Trujillo durante la segunda década del
siglo XX y confluyeron en el Grupo Norte, les tocó vivir, durante los años de su
formación y en los inicios de su actividad intelectual, un tiempo en el cual acaecieron
trascendentales hechos históricos en la ciudad, la región norte, el Perú, América Latina
y el mundo entero.

a) El anarcosindicalismo

El anarquismo, corriente ideológica, surgida en Europa a mediados del siglo XIX,


propugnaba una sociedad con irrestricta libertad y su mayor aspiración era la
desaparición del Estado y de toda forma de poder.
En el Perú, la figura más notable que abrazó las ideas anarquistas fue Manuel Gonzáles
Prada (1848-1918), cuyas obras “Pájinas Libres” y “Horas de Lucha” , presentan la cruda
realidad peruana de fines del siglo XIX y principios del XX, señalan el problema del indio
y plantea la colaboración del intelectual con el obrero. Por su actitud rebelde, su firme
posición moral, su política radical frente a los problemas nacionales, logró la
admiración de estudiantes y obreros que lo consideraron su maestro.
En la realidad social de entonces, en que las extenuantes jornadas de trabajo se
extendían hasta más de doce horas diarias, con bajos salarios y condiciones de vida
humillantes, el anarquismo encontró terreno fértil entre los obreros para ayudar a
beneficiar a los trabajadores para que se les facilite unas justas jornadas de trabajo, un
salario digno y una condición de vida decente. Promovieron con el sindicalismo e
impregnar0n las organizaciones de los trabajadores en Lima, las principales ciudades y
centros laborales del país.
Los anarquistas trujillanos tenían una biblioteca que izaba cada primero de mayo una
bandera roja, símbolo de su ideología. Entre los que alcanzaron notabilidad figuró Julio
Reynaga. Los estudiantes de espíritu justiciero mantenían relaciones cordiales con
ellos, en forma individual o mediante el Centro Universitario, y brindaban apoyo a los
trabajadores a través de artículos periodísticos, como en repetidas ocasiones lo hizo
Antenor Orrego.

b) La revolución mexicana

La revolución mexicana es uno de los acontecimientos de mayor trascendencia del


siglo pasado, particularmente para América Latina, iniciada en 1910. México estaba
gobernado por el general Porfirio Díaz (1830-1915) que durante largos años – desde
fines del siglo XIX – imponía su férrea voluntad en el país. La constitución política era
mellada; las libertades ciudadanas, recortadas; la represión de las protestas contra su
régimen opresor se acallaban con dureza. La riqueza nacional, sobre todo el petróleo,
era absorbida por el capital extranjero. Y el aspecto moral del país iba hacia el
precipicio. Los asesores del presidente se inscribían en la corriente filosófica del

Carreras para gente que trabaja - 5


UPAO
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positivismo y se les conocía como “los científicos”, entre los cuales hubo algunos
intelectuales connotados.
La revolución estalló el 20 de noviembre de 1910, año en que Díaz se impuso en las
elecciones, pero dimitió en 1911. Francisco I. Madero fue el iniciador del movimiento, en
torno del cual se congregaron los luchadores por la libertad y la justicia social. Su lema,
“Sufragio efectivo; no reelección”, tuvo acogida en las mayorías populares, que
además del cambio político, exigían rumbo social con el abanderado Emiliano Zapata,
representante del espíritu agrarista, para ayudar a los campesinos que eran víctimas de
secular explotación por parte de los grandes hacendados.
Con sus aciertos y errores, éxitos y fracasos, la revolución mexicana agitó
profundamente la conciencia política de toda América Latina, de modo especial entre
los jóvenes estudiantes, profesionales, intelectuales y trabajadores. Su definición por la
libertad, la soberanía popular y nacional, la reforma agraria, la educación, la
democracia y la justicia social, así como su posición antioligárquica, antifeudal y
antiimperialista, y la alianza de diversos sectores ciudadanos para convertir en realidad
las ideas de transformación, fueron estímulo y ejemplo a seguir por parte de las
juventudes anhelantes de mejores condiciones de vida en nuestros países, sobre todo
en los cuales su economía era semejante y los campesinos sufrían cruel explotación.

c) La primera guerra mundial

En el periodo comprendido entre 1914 y 1918, Europa fue escenario de la primera


guerra de proyección mundial. Nunca antes de esa contienda, la humanidad fue
profundamente conmovida por los terribles acontecimientos protagonizados por los
países involucrados. Inicialmente, de un lado estuvieron: Inglaterra, Francia y Rusia
(Triple Entente); y por otro lado: Alemania, Austria-Hungría e Italia (Triple Alianza).
Pero después habrá reacomodos. Las causas del conflicto fueron múltiples, pero la
pretensión hegemónica de Alemania en lo político y económico fue la causa principal, a
lo cual se unían las rivalidades de Austria y Rusia por la posesión de territorios en los
Balcanes, el anhelo de Francia por recuperar provincias de Alsacia y Lorena en poder de
Alemania a raíz de su derrota en 1870; asimismo, las grandes rivalidades comerciales de
los países más desarrollados de Europa. Estados Unidos intervino en contra de
Alemania a raíz del hundimiento – con el empleo de la nueva arma submarina – del
barco de pasajeros “Lusitania” en el que perdieron la vida muchos de sus ciudadanos.
Los países beligerantes de Europa movilizaron – en conjunto – más de 50 millones de
combatientes en todo el tiempo que duraron las operaciones militares. Por su parte,
Estados Unidos envió un millón de soldados, cuya participación fue decisiva en el
desenlace de la guerra.
Diversos tratados pusieron término a la conflagración, el de mayor importancia fue el
de Versalles. Alemania terminó derrotada.
Si bien las causas fueron europeas, las consecuencias recayeron en todo el planeta. Se
calcula más de 15 millones de vidas humanas perdidas en los campos de batalla y en las
ciudades destruidas. Cayeron diversas monarquías de Europa y dieron paso a formas
republicanas de gobierno; cambio el mapa político de ese continente con la aparición
de nuevos Estados independientes; apareció la ideología política del comunismo y
entró en disputa con las formas democráticas del mundo occidental. Estados Unidos se
encumbró como primera potencia política y económica del mundo. Europa fue
aquejada por una profunda crisis con repercusiones en todo el orbe. Las batallas
devastaron los campos con lo cual se redujo la producción agropecuaria. A la escasez
de alimentos se unieron las enfermedades y epidemias. La paralización de las
actividades económicas acarreó desocupación. Por otro lado, mejoraron las
comunicaciones y el transporte, y hubo avance en las ciencias médicas.
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UPAO
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En el Perú, disminuyeron las importaciones de maquinaria y equipos industriales, lo


cual ocasionó alteraciones en la economía, pero aumentaron las exportaciones de
algodón, azúcar, petróleo, cobre y otros minerales. La intensificación de ciertos
cultivos, produjo auge de las haciendas costeñas, el enriquecimiento de sus dueños,
pero también la escasez y carestía de los alimentos. Si bien se incrementó la
producción minera y agroindustrial, la mayoría de la población sufrió los efectos de la
guerra.
Los hechos y resultados de tan terrible beligerancia fueron, indudablemente, motivo
de reflexión entre los grupos juveniles más lúcidos, que valoraron la vida humana, las
relaciones pacíficas entre los hombres y pueblos, y la necesidad de exaltar la libertad y
la justifica. La secuela de destrucción y muerte, los haría formar conciencia de buscar el
progreso sin acudir a la violencia. Esta conflagración les permitió descubrir los
problemas de Europa, desvanecer el deslumbramiento y acometer al colonialismo
mental que generaba en América Latina.

d) La revolución rusa

El zar Nicolás II, gobernaba Rusia desde 1894, había implantado un régimen despótico;
sus súbditos carecían de libertades y derechos elementales; la mayoría de la población
(campesinos, obreros, artesanos y empleados) sufría explotación, vivía en la pobreza y
padecía hambre, mientras los nobles poseían riquezas y gozaban de privilegios; las
tierras pertenecían a pocas personas; las jornadas de trabajo alcanzaban hasta 15 horas
al día y los salarios eran bajos. Ante la indiferencia del gobierno y de la nobleza frente a
esas condiciones precarias de vida, el pueblo no tuvo otra alternativa que proclamar un
trato digno y humano mediante la revolución. En 1917, se presentaron las condiciones
propicias para el levantamiento. El ejército ruso fracasaba en la primera guerra
mundial, las principales ciudades, sobre todo Petrogrado, sufrían el flagelo de la
hambruna, lo cual desató la turbulencia popular, acrecentada por las medidas
represivas del gobierno. La monarquía fue abolida y se estableció la república, el soviet
o consejo revolucionario (obreros, campesinos y soldados) eligió un gobierno
provisional al mando de Alejandro Kerensky. Pero no satisfizo las expectativas
populares y, mediante la llamada “revolución de octubre”, fue derrocado por los
bolcheviques – socialistas partidarios de la toma violenta del poder – liderados por
Vladimir Illich Ulianov (1870-1924), más conocido como Lenin. A los pocos años, Lenin
conformó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
La revolución rusa aportó un mensaje de redención de los oprimidos, inflamó la
imaginación de las juventudes obreras y estudiantiles, y las motivó en la lectura del
marxismo. Con la caída de la monarquía zarista, pensaron que el gobierno de los
pobres era posible. Las promesas de una sociedad igualitaria y la consecución de la
justicia social conmovieron a los sectores anhelantes de terminar con la explotación del
hombre por el hombre, como era el caso de la inquieta juventud de Trujillo. A la muerte
de Lenin, su fundador, le sucedió José Stalin (1879-1953), cuyo poder omnímodo
implantó un régimen totalitario y profundizó el capitalismo de Estado, el poderío
militar y el gobierno centralizado. En el Perú, la juventud y el pueblo aspiraban
conseguir la justicia social pero sin sacrificar la libertad. Esa fue una nota típica de los
conformantes del Grupo Norte.

e) La reforma universitaria

A lo largo de la historia universitaria del Perú se realizaron diferentes reformas, pero la


Reforma por antonomasia es la que se inició el año de 1918 con el Grito de Córdoba,
Argentina, y en el Perú en 1919. Fue un intenso y amplio movimiento estudiantil orientado a
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terminar con las obsoletas estrategias académicas y administrativas, y abrir las


universidades a su contexto social. Como este, ningún otro movimiento alcanzó tanta
importancia en la transformación cultural y educacional del Perú y de América Latina
durante toda la historia contemporánea, distinto a las asonadas que convulsionaron la
agitada vida política de la república.

El movimiento reformista combatió la obsolescencia de los contenidos de aprendizaje, el


trato autoritario al alumnado y auspició el estudio de la realidad nacional. La Reforma
Universitaria dio inspiración, rumbo y pensamiento en el orden sociocultural.

El primer congreso nacional de estudiantes se realizó en Cusco en 1920, organizado y


presidido por Haya de la Torre. Allí se acordó fundar las universidades populares, cuya
inauguración ocurrió en 1921, luego fueron bautizadas con el nombre de González Prada.

El movimiento reformista propugnó una universidad democrática, autónoma, integral,


dinámica, social, científica y humanista. Al tiempo que recibían el impacto del movimiento
reformista, Orrego y muchos integrantes del Grupo Norte, igual que otros personajes coetá-
neos fueron sus impulsores y protagonistas. Por eso, la denominación de "Generación de la
Reforma Universitaria".

f) La revolución científica y tecnológica

Los primeros años del siglo XX no solo están marcados por los cambios políticos y sociales,
sino también por el progreso científico y su manifestación tecnológica. Con el desarrollo de
las ciencias matemáticas y físicas, se abrieron paso nuevos conceptos sobre materia, masa,
energía, movimiento, velocidad y muchos más, cuyas repercusiones fueron enormes en
todas las manifestaciones del conocimiento. Surge la física relativista y quántica.

Albert Einstein (1879-1955) formuló la teoría de la relatividad, de suma trascendencia en el


avance científico. Los trabajos de Max Planck (1858-1947) desembocaron en su teoría de los
quanta. Durante la primera guerra mundial, Alexander Fleming (1852-1934) investigó
sustancias antibacterianas que no fuesen tóxicas para el organismo humano y años después
(1928) descubrió la penicilina y con ella inició la era de los
antibióticos.

La relación precedente, rápidamente expuesta, es solo una


muestra, no agota el aporte del intelecto de principios del
siglo XX al incesante proceso creador que hemos vivido y
seguimos viviendo, dentro de la llamada “revolución
científica y tecnológica”, cuyas posibilidades para hacer más
llevadera la vida de toda la humanidad son insospechadas.

Las juventudes estudiantiles de las primeras décadas del


siglo anterior procuraron estar informadas de tan
formidables avances que impactaron en sus mentes y sus
actos, y despertaron una nueva conciencia sobre las
conquistas del intelecto como vías para progresar.
Retrato oficial de Einstein después de recibir su Premio Nobel en Física
g) La realidad nacional

Los hechos exógenos si bien impactaron en las generaciones jóvenes del Perú, no fueron
determinantes, pero sí coadyuvaron en la gestación y en las líneas generales de la filosofía y
acción del Grupo Norte. En cambio, la situación del propio país de aquellos años, en

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UPAO
2015

particular de Trujillo y su entorno inmediato, así como de la región norte, vale decir, los
factores endógenos, tuvieron un peso de mayor gravitación.

Durante los primeros decenios de la centuria pasada, socialmente se distinguían en el Perú


tres clases. Una, la clase rica o pudiente, en parte, heredera de la nobleza colonial
(aristocracia) y orgullosa de su pasada alcurnia, que pasó a la república con su mismo poder;
a ella se unieron los nuevos ricos surgidos durante el auge del guano y del salitre. La
componían los grandes terratenientes y propietarios de minas, los grandes empresarios del
comercio de exportación e importación y de la industria, asimismo los banqueros.

Otra, la clase media la integraban pequeños y medianos propietarios de tierras, comercios e


industrias, empleados, profesionales, intelectuales, estudiantes y sectores poblacionales de
mediano poder adquisitivo en el gran mercado.

Y la clase popular, compuesta principalmente por campesinos, obreros y artesanos, era la


mayoritaria. Por lo general, sobre ellos recaía cruel explotación, así entre los asalariados de
las haciendas cañaverales y algodoneras de la costa, como entre los campesinos, víctimas
de los gamonales de las regiones altoandinas, y entre los obreros de los asientos mineros.

En el aspecto económico, cabe anotar que las grandes haciendas de caña de azúcar se
iniciaron con el siglo. La concentración de la pequeña y mediana propiedad dio origen a los
latifundios en manos de empresarios extranjeros: Casa Grande, la más vasta hacienda del
país, y Laredo (Gildemeister, alemán); Cartavio y Paramonga (Grace, estadounidense). Las
haciendas de Chiclín y Roma, de inmigrantes italianos (Larco), pasaron a sus descendientes
peruanos. Los antiguos trapiches fueron desplazados por los grandes ingenios. Los
trabajadores procedían, en su mayoría, de las regiones altoandinas, reclutados mediante el
sistema de "enganche" a cargo de contratistas, intermediarios entre la empresa y la mano
de obra. Los trabajadores vivían miserablemente, hacinados en campamentos levantados
alrededor de los ingenios. Casa Grande, autorizada por el gobierno, construyó un ferrocarril
hasta el puerto de Malabrigo y por él realizó su propio comercio de exportación e impor-
tación. Fue un verdadero enclave.

La economía de enclave también se dio en el petróleo y la minería. En el norte se formó uno


de ellos desde comienzos de la república, en los yacimientos petroleros de la Brea y Fariñas
(Piura) que en 1916 pasó a manos de la International Petroleum Company.

A principios de siglo, llegaron los primeros automóviles. El Perú no tenía carreteras; solo
caminos de herradura. Mediante ley del año de 1920 se implantó el servicio obligatorio de
los varones comprendidos entre los 18 y 60 años para la construcción de carreteras. Por ese
mismo tiempo surgieron los precursores de la aeronavegación, el trujillano Carlos Martínez
de Pinillos, uno de ellos. Los ferrocarriles cubrían las rutas: Callao-La Oroya-Cerro de Pasco,
Arequipa-Juliaca-Cusco, Ilo-Moquegua, Chimbote-Huaraz, Pacasmayo-Chilete, Salaverry-
Ascope, éste último tenía un ramal que iba de Trujillo a Menocucho, su construcción hasta
la sierra, prevista por los gobiernos del siglo XIX, quedó trunca. A lo largo de la costa, el
transporte de pasajeros y carga se realizaba por vía marítima.

Con el nuevo siglo, lentamente, el alumbrado eléctrico se fue extendiendo. Trujillo contó
con esta energía desde 1907, para cuyo efecto se construyó una planta hidroeléctrica en
Poroto. En Lima se inició el transporte urbano mediante el tranvía eléctrico. Entre algunas
ciudades, comenzó a funcionar el servicio de radiotelegrafía; posteriormente, el uso del
teléfono a larga distancia. La primera emisora de radio fue inaugurada en 1925.

Durante gran parte de nuestra historia republicana, los gobiernos salieron de los grupos
oligárquicos y plutocráticos o fueron rodeados por ellos. A esta nota de la política peruana
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se une el autoritarismo y el militarismo, pues, en forma casi pendular, el país vivió periodos
de democracia y de dictadura o tiranía, de gobiernos elegidos por el pueblo y otros
resultantes de golpes de Estado.

En el campo intelectual, el siglo amaneció con la generación del novecientos,


predominantemente académica y con inclinaciones conservadoras; sus principales
representantes , Víctor Andrés Belaúnde (1883-1966); Francisco García Calderón (1883-1953) y
José de la Riva-Agüero y Osma (1885-1944), además de su aporte en la producción intelectual
como ensayistas, ejercieron notoria influencia política. Luego apareció el movimiento
Colónida, llamado por Jorge Basadre generación “literatizante y bohemia”, representada
por Abraham Valdelomar (1888-1919), que motivó el renacimiento literario provinciano. Y
luego nacen núcleos intelectuales en Trujillo, Grupo Norte; en Lima, Conversatorio
Universitario; en Cusco, Grupo Resurgimiento; en Puno, Grupo Orkopata, y en Arequipa,
Grupo Fiat y otros, e inquietudes fuera de estos grupos, y todos en conjunto, conforman la
Generación del Centenario o de la Reforma Universitaria , también llamada Generación
Vetada. Unos fueron poetas, narradores o ensayistas; otros, pintores o músicos; otros más,
historiadores, filósofos o políticos; la mayoría, periodistas y educadores; todos dirigieron su
mirada a la realidad peruana, para transformarla. Es la generación más brillante, de sus filas
salieron personajes cuya fama se extendió por todo el mundo. A ella perteneció Antenor
Orrego.

h) La realidad local y regional

Durante los primeros lustros del siglo XX, la ciudad de Trujillo transcurría su vida con la
misma quietud de tiempos anteriores. Según Orrego, era una oscura ciudad, una aldea
agraria pero de universitarias presunciones, de vida sosegada y mansa como los verdes
cañaverales de sus alrededores. Aún conservaba su solera colonial, sus casonas señoriales
con grandes portones y balcones volados de madera tallada, ventanas de fierro, amplios
salones y zaguanes, así como la maravillosa
arquitectura de sus templos. En sus calles, anchas,
unas empedradas y otras de tierra, pero limpias, se
escuchaba el pregón de los vendedores de pan,
leche, pescado o fruta, el trotar de caballos, el
chirrido de carretas y carruajes, hasta la llegada de
los automóviles. A horas establecidas, las campanas
de sus iglesias coloniales, llamaban a misa, desde la
Catedral, del Carmen, la Merced, San Francisco, San
Agustín, Santa Ana y tantas más. Su población no
excedía de 16 mil habitantes. Trujillo en el siglo XX

Los colegios de entonces eran el Seminario de San Carlos y San Marcelo, fundado por el
obispo trujillano Carlos Marcelo Corne (1625), San Juan, Instituto Moderno, para varones; y
para mujeres: Santa Rosa y Hermanos Blanco o Belén. Además funcionan numerosas
escuelas primarias, tales como el Centro Escolar N° 241, ubicado en la plaza de armas, donde
fue profesor César Vallejo. La universidad, fundada por Simón Bolívar y José Faustino
Sánchez Carrión (10-05-1824), reunía alumnos de todo el norte peruano.

Las principales actividades comerciales y cívicas se realizan en torno al mercado, la plaza de


armas, los jirones Progreso (hoy Pizarro), Gamarra, Bolívar, Ayacucho y del Arco (Mariscal
de Orbegoso de ahora).

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UPAO
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Los diarios que circulaban eran "La Industria" (fundado en 1895 por Edmundo Haya
Cárdenas y Teófilo Vergel), "La Reforma", "La Razón" y "El Federal". De Lima, llegaban
periódicos y revistas una vez cada semana, en barco.

Orrego vio a Trujillo como una encrucijada de caminos históricos,


una vida colectiva estancada en el pasado sin poder marchar
hacia adelante. La ciudad de Chan Chan, exponente del tiempo
pretérito, era un escenario fascinante donde la fantasía juvenil
percibía las voces de los antiguos chimúes.

Chan Chan
En las haciendas del valle de Moche (Laredo) y del valle de Chicama (Casa Grande, Cartavio,
Roma, Chiclín) los trabajadores azucareros (del campo, de los talleres y de las fábricas) eran
explotados con extenuantes jornadas de 10, 12 o más horas diarias. Bajo la influencia del
anarcosindicalismo, comenzaron en la segunda década a organizarse para defender sus
derechos. Estudiantes y jóvenes intelectuales de espíritu justiciero, apoyaron las nacientes
organizaciones obreras y sus luchas por mejores condiciones de vida: jornada de 8 horas
diarias, salario justo, vivienda higiénica, supresión de trabajo para niños, servicio de
alimentación, indemnización por accidentes o enfermedades adquiridas en el trabajo,
ampliación de asistencia médica, supresión de castigos,
reconocimiento de sus sindicatos…

El Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo, dirigido


por religiosos lazaristas franceses, de ideas educativas
innovadoras, así como la Universidad Nacional de Trujillo,
jugaron papel importante en la transformación que
comienza a vivir la ciudad. En el mencionado Colegio,
estudiaron desde la infancia varios de los nuevos
protagonistas del quehacer cultural. La calidad de su El Colegio Seminario
educación fue reconocida expresamente por Orrego cuando anotó: “He pensado siempre
que la influencia espiritual y docente de los padres franceses fue determinante en la vocación
literaria, estética y filosófica de algunos de los jóvenes que, más adelante, constituyeron el
‘Grupo de Trujillo’ ”. (Orrego, 1995, III: 28).

Y aunque de dicho Grupo salieron severas críticas a la universidad, acusándola de


obsolescencia en sus programas, desactualización de sus docentes y de brindar contenidos
europeizantes, a la postre, de todos modo, contribuyó al alumbramiento de una nueva
mentalidad.

Según Orrego -no obstante sus drásticos juicios sobre el ámbito


académico emitidos en sus años juveniles- la universidad fue en
Trujillo el único foco de inquietud cultural en la etapa
republicana: "Allí comenzaron a resonar todas las inquietudes del
pensamiento, de la acción y del arte moderno. De ese foco debía
surgir el grupo de jóvenes que constituyó el llamado "Grupo de
Trujillo", que tomó resueltamente su camino histórico y que
hasta este momento -se refiere a 1959- está esforzándose por
cumplirlo. Fue la primera generación con intensa emoción
social”. (Ibáñez: 1995:88) Antenor Orrego Espinoza

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UPAO
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Trujillo fue dejando su apacible y rutinaria vida para ser el escenario donde nacerá un
mensaje de identidad cultural y compromiso de redención social. Aquí, con los pies bien
puestos en su propia realidad y conectada con el acontecer mundial y nacional, se gestó
una nueva generación, la generación del Grupo Norte o Bohemia Trujillana, alborada de
rumbos inéditos para un Perú libre, justo y culto, cuya obra tramontó el tiempo y llega hasta
nuestros días.

Y desde aquí, el futuro autor de Pueblo-Continente, comenzó a decir su palabra y realizar su


acción.

EL GRUPO NORTE Y LA GENERACIÓN DEL CENTENARIO

Sesión 2

En esta sesión vamos a tratar El Grupo Norte y la Generación del Centenario.

Esquema de contenidos

Durante esta sesión realizaremos varias actividades significativas, para ello, te


recomendamos seguir la siguiente ruta de aprendizaje:

1. El Grupo Norte y la Generación del Centenario

 Direcciones intelectuales del Grupo Norte


 Producción de este Movimiento Intelectual
 Producción de Orrego

Objetivos

Como aprendizaje esperado tenemos lo siguiente:

 Leer, analizar, resumir y sustentar textos escogidos en torno a la producción intelectual


de Orrego y del Grupo Norte.

Desarrollo de los contenidos

Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 2011. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 37-53.

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1. El Grupo Norte y la Generación del Centenario

A principios del siglo, siendo aún niño, Antenor Orrego se afincó en Trujillo, su ciudad
adoptiva, futuro escenario de sus grandes realizaciones desde su inquieta etapa estudiantil
y de espontáneo conductor de su generación. Aquí inició su multifacética y profunda obra,
un verdadero monumento de la intelectualidad peruana. Perteneció a una generación
histórica inconfundible. Generación innovadora que trajo su propio estilo; creencias, ideas y
aspiraciones; una peculiaridad cultural distinta respecto a las generaciones anteriores.
Frente a un entorno social pasadista, regido por la tradición y el conservadurismo, la
colisión generacional fue inevitable.

La ciudad de Trujillo siempre ha demostrado indiscutible preeminencia cultural en el norte


del Perú. Para estudiar en el Colegio Seminario, San Carlos y San Marcelo acudían, desde
lejanos tiempos coloniales, jóvenes de diferente procedencia. Fenómeno similar se dio
cuando entró en funcionamiento la universidad que, fundada por Bolívar y Sánchez Carrión
en 1824 -aunque instalada en 1831-, fue una de las cuatro establecidas fuera de Lima hasta
pasada la mitad del siglo XX y cuyas aulas acogieron jóvenes de la vasta región norteña y
otros lugares del país.

Cuando cursaban estudios en el mencionado plantel educativo, Antenor Orrego conoció a


José Eulogio Garrido, Macedonio de la Torre, Alcides Spelucín y los hermanos Víctor Raúl y
José Agustín Haya de la Torre. Años después, allí también estudiará Francisco Xandóval, y
será alumno de Orrego. Por ese tiempo -primeras décadas del siglo pasado-dicho colegio
estaba a cargo de sacerdotes franceses de exquisita cultura, ellos desarrollaban asignaturas
tanto científicas como humanísticas, junto con profesores laicos. En su adultez, el propio
Antenor reconoció la decisiva influencia ejercida por ellos en la orientación intelectual de
los futuros integrantes del Grupo Norte.

La Universidad de Trujillo fue la siguiente instancia donde se encontraron varios estudiantes


que, en forma sucesiva, se incorporaron a las inquietudes intelectuales, junto con otros
jóvenes escritores y artistas.

De este modo, tanto el Colegio Seminario como la Universidad fueron los focos culturales
que contribuyeron a darle vida a una singular generación conformada por jóvenes nacidos
entre el ocaso del siglo XIX y el amanecer del XX, oriundos ya sea de Trujillo, de otros
puntos del norte, o ligados a él por razones diversas. Aquí se dieron cita, aquí confluyeron,
como en ningún otro momento de nuestra historia, futuros creadores notables de cultura.

Esta generación se propuso exigente disciplina para entregarse al servicio de la región y del
país. Con el entusiasmo, la tenacidad y vehemencia propios de la edad juvenil, tomó clara
conciencia de su responsabilidad histórica y trató de compenetrarse en los problemas
nacionales para buscar el esclarecimiento de nuestra identidad cultural.

En 1914 se constituyó el núcleo germinal, en reuniones realizadas en el departamento de


José Eulogio Garrido. La revista "Iris", dirigida por él, publicó los primeros trabajos de estos
jóvenes. Al año siguiente se amplió el Grupo.

Reuniones de lecturas colectivas, debate y fraternidad; excursiones a monumentos


arqueológicos y playas; producción de poemas, dramas y ensayos, melodías y pinturas;
estudio de los problemas locales, regionales y nacionales; celebraciones y ágapes; charlas
con los trabajadores, originaron nuevos actores del pensamiento.

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GRUPO NORTE con profesores y otros estudiantes en un almuerzo en el Restaurante Morillas de Buenos
Aires. Lado derecho, el primero, Víctor Raúl Haya de la Torre, siguen Álvaro de Bracamonte, Agustín
Haya de la Torre, Antenor Orrego, el sétimo es Oscar Imaña, el décimo, Carlos Manuel Cox. A la izquierda,
el quinto es César Vallejo, el sexto Federico Esquerre.

Se trataba de una bohemia intelectual, conocida al transcurrir el tiempo como “La Bohemia
Trujillana”, “Grupo de Trujillo” o “Grupo Norte”, integrada por Antenor Orrego y José
Eulogio Garrido y sus animadores, César Abraham Vallejo Mendoza, Víctor Raúl Haya de la To-
rre, Alcides Spelucín Vega, Macedonio de la Torré, Carlos Valderrama, Carlos Manuel Cox,
Francisco Xandóval, Juan Espejo Asturrizaga, Óscar Imaña, Federico Esquerre Cedrón, Daniel
Hoyle, Eloy B. Espinoza, Manuel Vásquez Díaz, Alfonso Sánchez Urteaga, Juan José Lora,
Alfredo Rebaza Acosta, Julio Esquerre, José Agustín Haya de la Torre, Leoncio Muñoz Rázuri,
Néstor Martos, Francisco Dañino, Crisólogo Quezada… cuando el Grupo se dispersaba, Ciro
Alegría (Orrego, 1995, III: 157).

"El Grupo [Norte] realizó en el Perú el más importante movimiento intelectual, la más vital
revolución ideológica, que en sus fines y objetivos, aunque distintos, es comparable a la
revolución ideológica que precedió a la guerra de la independencia". (Centurión, 1992: 34).

En momento posterior al citado, Orrego ha dejado otros testimonios de sus imborrables


recuerdos de aquellos años. Dice:

“A fines de 1915 publiqué una página íntegra con los versos de Spelucín, Vallejo e Imaña en “La
Reforma” […] Alrededor de ella y poco antes, alrededor de la revista “Iris” comenzó a
configurarse y canalizarse el movimiento literario inicial, que hubo de alcanzar su mayor brillo,
difusión e influencia alrededor del diario trujillano “El Norte”, que Spelucín y yo fundamos […]
“El Norte” se constituyó en el centro inspirador y animador de la novísima corriente intelectual
y literaria en todo el norte de la república, que se extendió luego al país entero y que tuvo su
arranque o epicentro en la ciudad de Trujillo”.

Y luego apunta:

“Las veladas trascurrían entre lecturas, comentarios de los nuevos libros, conferencias
improvisadas, recitaciones poéticas, música clásica y, más que todo, la crepitante algazara de
los mozos que incursionaban con frecuencia en los restaurantes y cafés, de la ciudad. En altas

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horas de la noche, las calles trujillanas, devolviendo el eco de nuestras voces, nos vieron
deambular con ruidosa alegría en ocasiones innumerables. Solíamos, también, trasladarnos a
las playas cercanas: Buenos Aires, Huanchaco, Las Delicias y, en muchas ocasiones, nos
sorprendió el amanecer, frente al mar, recitando versos de Maetelinck, Verhaaren, Samain,
Rimbaud, Paul Fort James, Mallarmé, Walt Whitmann, Darío, Herrera y Reissig, Lugones y,
desde luego, el pauvre Lelián, Baudelaire y…tantos más. Algunas veces, la voz de Imaña, con
no muy buena dicción francesa, por ese entonces, y recitando con entonación un tanto
engolada, “Le violon de l’automme…” etc. se perdía envuelta en el bronco y profundo
trémolo de las olas. Como trama invisible de fondo, palpitaban allí muchas esperanzas que
forjaba la fantasía, numerosas ilusiones moceriles que habrían de quebrar la vida, pequeños
dramas personales de amor y, subrayando el conjunto, con trazo firme, el poderoso ímpetu y el
gallardo coraje que nos infundía la indeclinable fe en nuestro destino. Solamente esta última
no nos defraudó del todo porque varios de esos mozos trajeron a la realidad histórica y
viviente de la patria, entre cuitas, sacrificios y angustias heroicas, lo que la intuición juvenil
iluminó en sus pechos desde esos días lejanos y generosos”. (Orrego, 1995, III: 29 y 30).

Las reuniones del Grupo crearon verdaderas oportunidades de interaprendizaje.

GRUPO NORTE. 1916. De izquierda a derecha, sentados: José Eulogio Garrido, Juvenal Chávarry, Domingo
Parra del Riego, César Vallejo, Santiago Martin y Oscar Imaña; de pie: Luis Ferrer, Federico Esquerre,
Antenor Orrego, Alcides Spelucín y Gonzalo Zumarán.

Los “intelectuales más ineptos e ineficaces emprendieron una maligna campaña de ataques
al inquieto grupo innovador, sobre todo contra el poeta César Vallejo. Desde luego, la
respuesta no se hizo esperar. Orrego, en dos artículos periodísticos demoledores, sacó a luz
la supina ignorancia de quienes pretendían ingenuamente zaherir al vate. En una de sus no-
tas, el filósofo Antenor Orrego sostuvo que eso era el eterno despecho de los rezagados
contra los jóvenes que traen nueva cultura, mayor vigor idealista y más amplitud de alma. Y,
con el mismo propósito, en 1916, Haya de la Torre escribió y logró la escenificación de la
comedia “Triunfa Vanidad", una defensa del nuevo mensaje cultural de los jóvenes frente a
la petulancia de sus detractores.

“Así comenzó – en palabras de Orrego – una heroica lucha que algunos años más tarde
debía rendir tan pródigos frutos para la cultura y elevación mental de Trujillo”. (1995, III: 171)

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MIEMBROS DEL GRUPO NORTE Y AMIGOS. Trujillo, 1917. Sentado, 1º de la izq., José Eulogio Garrido. De
pie, de izq. a der., adelante, Antenor Orrego, inclinado, Alcides Spelucín, sigue, Eloy Espinoza, al centro y
mirando de frente, Carlos Valderrama (...) Macedonio de la Torre (...) (...) (...) Federico Esquerre, José
Agustín Haya de la Torre (...) (...) (...) Oscar Imaña (...) César Vallejo.

Insistiendo en sus recuerdos escribe (1957): “El grupo juvenil deambulaba - ¡claro está! – por
las calles muchas veces hasta altas horas de la noche. En esas reuniones surgían los sueños
de lo que después fueron realidades, ¡hay, sangrantes realidades!...” Y después de las
excursiones a Chan Chan, añade: “Veníamos sumergidos, empapados, literalmente, en este
tiempo espectral cuajado de sombras arqueológicas. Estábamos con el sueño a flor de
pecho porque los espectros de este pasado remoto espoleaban la fantasía”. (Orrego, 1995,
IV: 29).

Y en otro pasaje en relación con las frecuentes excursiones a la otrora capital del reino
chimú dice:

“Allí en Chan Chan estuvimos muchas noches de plenilunio todo el grupo de mozos, como
si quisiéramos adivinar entre las ruinas fantasmales de ese pasado, toda la tremenda
responsabilidad de la tarea que nos aguardaba. Sumergidos en este escenario de espectros
estuvimos muchas veces conversando y proyectando nuestra faena del porvenir, César
Vallejo, Víctor Raúl Haya de la Torre, Alcides Spelucín, Macedonio de la Torre, Oscar Imaña,
Juan Espejo, tantos jóvenes más.” (Ibáñez, 1995: 87).

Indudablemente, Chan Chan fue muy apreciada por el grupo de jóvenes que en diversos
momentos se refieren a ella. Garrido llegó a ser catedrático de arqueología y director del
correspondiente museo de la universidad local.

Por su espíritu de iniciativa, por su amplia cultura y su calidad humana, Orrego se convirtió
en el mentor o guía informal de sus compañeros de tertulia. Las reuniones las realizaban en
algún restaurante o café, en la morada de Garrido, Orrego o Espejo, en la casa El Molino de
Hoyle, o salían a Mansiche, Huamán, Chan Chan y otros lugares.

El trato entre los "bohemios" era fraternal. Sus veladas transcurrían en un ambiente de
alegría. Pero no faltaban momentos de tensión que pronto controlaban y disipaban. En un
clima de tal compañerismo, surgieron seudónimos, facturados en el seno de sus reuniones.

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Escritores, poetas y artistas llegados de Lima eran recibidos con afecto por los trujillanos.
Así, acogieron a Juan Parra del Riego, Abraham Valdelomar, al compositor Daniel Alomía
Robles, al poeta Enrique Bustamante y Vallivián, también participaban de las
representaciones de las compañías de teatro y actuaciones de bailarinas procedentes de la
capital de la república.

GRUPO NORTE EN CHAN CHAN. 1918. En el primer plano, el visitante Abraham Valdelomar (cubierto la
cabeza). Luego, de izquierda a derecha, 2A. fila: Néstor Alegría, Juan Espejo Asturrizaga, Augusto Silva
Solís, Leoncio Muñoz; 3a. fila: Luis Armas, Juan Pesantes Ganoza, Eloy B. Espinoza, Antenor Orrego (con
bigote y en actitud pensante), Juan Manuel Sotero; 4a. fila: José Eulogio Garrido (vestido de blanco),
Federico Esquerre y Agustín Haya de la Torre. De regreso a Lima, Valdelomar recordará en un artículo las
"Noches de luna sobre la solemne ciudad muerta de Chanchán, en Trujillo”.

"Este Grupo Norte es y será un grupo ejemplar, paradigmático. No se ha dado en el Perú


caso similar, y su trascendencia continental es innegable". (Rivero-Ayllón, 1996: 54).

Su obra dejó profunda huella, marcó la historia. Pero Orrego, igual que sus amigos,
padecieron por sus ideas, a costa de sus justos y legítimos derechos y de sus propias
aspiraciones personales y familiares.

En el caso específico de Orrego, la vida fue para él un trajinar permanente por el


perfeccionamiento humano y el desarrollo del país.

Orrego y sus amigos generacionales fueron contestatarios, inconformes, pero innovadores,


aspiraron a la transformación social del país, comenzando por la revolución de los espíritus,
por la educación del pueblo. Trajeron cantos de esperanza, un nuevo sentido de cultura,
libre de colonialismo mental. Ellos tuvieron, como se entona en "La pampa y la puna", la
virtud de abrazar “la nueva emoción” por un Perú mejor.

Casi paralelamente al Grupo de Trujillo, en varias ciudades del Perú: Lima, Cusco, Puno y
Arequipa, surgían otros que, del mismo modo, fijaron su mente en nuestra realidad y
dedicáronse a buscar las raíces de la peruanidad para explicar el presente y columbrar el
porvenir con mirada propia. El núcleo de la capital de la república constituyóse por
estudiantes en torno al "Conversatorio Universitario", allí los nombres ilustres de Jorge
Guillermo Leguía, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Jorge Basadre, Manuel
Abastos, Guillermo Luna Cartland, Ricardo Vegas García y Carlos Moreyra Paz Soldán. A ellos se
sumó Haya de la Torre cuando se trasladó de la Universidad de Trujillo a la Universidad
Mayor de San Marcos. Coetáneos con ellos fueron José Carlos Mariátegui y Manuel Seoane,
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ambos periodistas e ideólogos, cuya influencia, como de toda aquella generación, llega
hasta nuestros días.

Aunque al grupo de Lima, se le llamó con sentido restrictivo "Generación del Centenario",
ciertamente, en conjunto, todos los actores de la cultura de aquella época conforman la
generación de ese nombre, porque su amanecer intelectual despunta a cien años de la
independencia del Perú. Esta luminosa generación se dio por entero a escudriñar la realidad
y a librar el más grande esfuerzo por transformar el país, pero simultáneamente, fue objeto
del más grande escarnio de nuestra historia, sufrió postergación, quedó marginada política
y socialmente de las grandes decisiones nacionales. Por eso Porras Barrenechea la llamó
"Generación Vetada". Sin embargo, por su inteligencia y perseverancia, dejó huella, marcó
la historia con su obra y pensamiento.

Refiriéndose a ella, Spelucín escribe:

“La generación del 20 es la primera hornada en que aparece, hecha conciencia colectiva, la
genuina levadura humana de nuestro pueblo […] La generación del 20 saltó por sobre las
murallas de la Colonia y gritó su grito de fraternidad a las demás juventudes del mundo […]
Ella la que abrió las primeras brechas en el muro de la universidad feudal […] Pero algo
más todavía han sido y son las vanguardias del Perú nuevo: la presencia de ellas llena por
completo lo que en nuestro país hay de valioso en el arte y en la ciencia, en el pensamiento
y en la acción. Nuestra pintura, nuestra música y nuestra literatura dejan de ser europeas
para convertirse en peruanas, e indoamericanas, con la generación del 20. Con esa
generación también se inicia, por parte de nuestros ingenieros, sociólogos, médicos, etc., el
enjuiciamiento peruano de los problemas peruanos”. (Spelucín, 1969: 76, 77, 78, 80 -81)

Esta generación, impetuosa pero fecunda y con un gran sentido humano, fue el anuncio de
un nuevo Perú. A ella perteneció Antenor Orrego y el Grupo Norte.

Direcciones intelectuales del Grupo Norte

Las direcciones, líneas, áreas, o campos intelectuales cultivados por Los miembros del
Grupo Norte fueron múltiples. A continuación ensayamos su clasificación.

Poesía y Narrativa César Vallejo, Alcides Spelucín, José Eulogio Garrido, Francisco Xandóval,
Eloy Espinoza, Oscar Imaña, Federico Esquerre, Ciro Alegría.
Filosofía e ideología Víctor Raúl Haya de la Torre, Antenor Orrego, Carlos Manuel Cox.
política
Artes plásticas Macedonio de la Torre (pintor, escultor), Alfonso Sánchez Urteaga o
Camilo Blas (pintor), Julio Esquerre o Esquerriloff (dibujante,
caricaturista).
Música Carlos Valderrama y Daniel Hoyle (compositores y ejecutantes al piano) El
pintor Macedonio de la Torre también era pianista.
Ensayo Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, César Vallejo, Alcides
Spelucín, Carlos Manuel Cox.
Periodismo Antenor Orrego, José Eulogio Garrido, Víctor Raúl Haya de la Torre, César
Vallejo, Federico Esquerre, Francisco Xandóval, Ciro Alegría, Alcides
Spelucín.
Economía Carlos Manuel Cox, Manuel Vásquez Díaz.
Biografía e historia Juan Espejo Asturrizaga, Alfredo Rebaza Acosta.
Educación Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, Alcides Spelucín, José
Eulogio Garrido, César Vallejo, Francisco Xandóval, Juan Espejo,
Asturrizaga, Alfredo Rebaza Acosta, Carlos Manuel Cox, Eloy Espinoza.

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Producción de este Movimiento Intelectual

Los autores con sus principales obras:

César Vallejo Poesía: Los heraldos negros, Trilce, Poemas humanos, España aparta de mí este
cáliz.
Ensayo: Rusia en 1931 (Reflexiones al pie del Kremilin), El arte y la revolución.
Novela: Tungsteno.
Cuento: Paco Yunque, Escalas.
Víctor Raúl Haya Ensayo: Por la emancipación de América Latina. El antimperialismo y el APRA, ¿A
de la Torre dónde va Latinoamérica? Y después de la guerra ¿qué?, La defensa continental,
Espacio – tiempo histórico, Toymbee, Frente a los panoramas de la historia,
Obras completas (7 tomos).
En defensa del Grupo, especialmente de Vallejo, escribió la comedia Triunfa
vanidad.
José Eulogio Prosa poética: Carbunclos, Visiones de Chan Chan.
Garrido
Alcides Spelucín Poesía: El libro de la nave dorada, Las paralelas sedientas.
Novela: El hombre de la montaña.
Ensayo: Contribución al conocimiento de César Vallejo.
Ciro Alegría Novela: Los perros hambrientos, La serpiente de oro, El mundo es ancho y ajeno,
Lázaro.
Francisco Poesía: Canciones de Maya, El libro de las paráfrasis, Retornos.
Xandóval Novela: Yana-Huáccar.
Oscar Imaña Poesía: Las manos invisibles y otros poemas.
Eloy Espinoza Poesía: Fogatas.
Juan Espejo Biografía: César Vallejo. Itinerario del hombre 1892 – 1923.
Asturrizaga Poesía: Breve antología de la poesía india.
Relato: Montaña Iris.
También textos escolares de Geografía de Educación Secundaria.
Carlos Manuel Cox Ensayo: En torno al imperialismo, Utopía y realidad en el Inca Garcilaso de la
Vega, Petróleo en Sudamérica (en coautoría).
Alfredo Rebaza Historia: Historia de la revolución de Trujillo, Historia general de la cultura,
Acosta Anecdotario histórico del Perú.
Además textos escolares de historia universal del nivel secundario.
Carlos Valderrama Composiciones musicales: La pampa y la puna (la letra se le atribuye al poeta
Ricardo Walter Stubbs), Idilio incaico, Khori Huayta (ópera), Tríptico Nacional
(ballet), Los peruanos pasan (marcha), La canción del arriero.
Daniel Hoyle Composiciones musicales: Marineras, valses, música clásica peruana.
Macedonio de la Obras de pintura: Los críticos de arte clasifican su producción en: paisajes,
Torre selvas, visiones, retratos y dibujos.

Producción de Orrego

 Notas marginales. Ideología poemática (Aforísticas). Trujillo, Tipografía Olaya, 1922.


 El monólogo eterno (Aforística). Trujillo, El Norte, 1929.
 Pueblo-Continente. Ensayos para una interpretación de la América Latina. Santiago de
Chile, Editorial Ercilla, 1939.
 Estación primera. Lima, Talleres de Obras Gráficas, 1961.
 Discriminaciones. Lima, Universidad Nacional Federico Villarreal, 1965.
 Hacia un humanismo americano. Lima, Librería- Editorial Juan Mejía Baca, 1966.
 Mi encuentro con César Vallejo. Bogotá, Tercer Mundo Editores. 1989.
 Obras completas. Lima, Editorial Pachacútec, 1995. 5 tomos
 Además, las memorias rectorales de 1947 y 1948 (Universidad Nacional de Trujillo).

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César Vallejo Víctor Raúl Haya de la Torre

Alcides Spelucín José Eulogio Garrido

Macedonio de la Torre Carlos Valderrama

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Oscar Imaña Francisco Xandóval

Ciro Alegría Alfredo Rebaza Acosta

IDEAS EDUCACIONALES DE ORREGO

Sesión 3

En esta sesión vamos a tratar las ideas educacionales de Orrego.

Esquema de contenidos

Durante esta sesión realizaremos varias actividades significativas, para ello, te


recomendamos seguir la siguiente ruta de aprendizaje:

1. Ideas educacionales

a. Definición y fines
b. Contenidos de aprendizaje
c. Agentes educativos
d. Estrategias del proceso de enseñanza-aprendizaje
e. Universidad y pueblo
f. Educación, cultura y política
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Objetivos

Como aprendizaje esperado tenemos lo siguiente:

 Leer, analizar y resumir las ideas educacionales de Orrego.

Desarrollo de los contenidos

Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 2011. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 68-91.

Sólo en ti está la luz, adéntrate en tu propia intimidad, en los más oscuros senos de tu
conciencia personal y de allí brotará la voz, la auténtica voz de tu eternidad.

Antenor Orrego

1. Ideas educacionales

Orrego no desarrolló de modo orgánico una teoría


educativa, pero dejó diversos escritos sobre este campo.
En mi libro Las ideas educacionales de Antenor Orrego
(1992), como también en otros trabajos, he presentado
reflexiones, glosas y selección de textos. En El monólogo
eterno (1929) dejó un esbozo de su concepto de
educación, que no desarrolló en sus obras posteriores.
Tampoco amplió sus ideas expuestas en sus dos memorias
rectorales (1947 y 1948). Su agitada vida – persecuciones y
prisiones – le impidieron realizar esta tarea. Sus páginas
sobre temas educativos están dispersas, recogidas – la
mayoría de ellas – en sus Obras completas (1995).

Antenor Orrego Espinoza

a) Definición y fines

Sin lugar a dudas, en su condición de humanista y educador, la formación del hombre ocupa
un lugar predilecto en el pensamiento de Antenor Orrego. En su concepto, el hombre vale
por sus más fuertes impulsos, por sus más fuertes pasiones, no por las que se tornan
negativas, sino por las que ennoblecen. Por eso piensa que: “El problema de la educación
no es suprimir las pasiones que son el impulso creador del hombre. El problema consiste en
enseñar la superación de las pasiones hasta la máxima nobleza y en servirse de ellas como
instrumento del espíritu”. “El hombre sin pasiones es un ex - hombre, un ex - ser”. (Orrego,
1995: I, 84). Estuvo, por lo tanto, en contra del concepto común sobre la erradicación de las
pasiones, lo cual conllevaría la castración moral del hombre. Alude, desde luego, a las
pasiones que conducen hacia los valores, no a las que traicionan el destino del hombre y se
tornan en monstruosa negación.

Para él, la educación no implica modelar el alma del alumno, por cuanto éste tiene
demasiado porvenir como para que el pasado – representado por sus padres y profesores –
pretenda formarlo a su arbitrio. Son suyas estas palabras: “La educación no es inculcar y
modelar; la educación es revelar, conducir y ennoblecer. El alma humana es demasiado

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sagrada para que nadie tenga la pretensión de modelarla a su capricho”, (Orrego, 1995: I,
84). Y por ello pide mayor reverencia ante el educando, centro de atención del quehacer
pedagógico.

Orrego piensa que el profesor no debe formar al alumno a su antojo, a su estilo, a su gusto
personal, no debe imponer un contenido educativo, sino ayudarlo a revelar su
personalidad, a descubrir sus potencialidades, orientarlo o conducirlo a construir su propio
conocimiento, a ser protagonista del proceso cultural. Postula una educación para
perfeccionar al hombre, es decir, humanizarlo, ennoblecerlo y facilitarle la expresión de sus
cualidades como creador de cultura y para elevar al máximo las energías vitales de su ser. La
idea de educación como revelación está relacionada con la de liberación. Según este
maestro, el conocimiento tiene sentido liberador porque contribuye al rompimiento de los
obstáculos que impiden el desarrollo humano, como también a buscar la explicación de
nuestra problemática y a poner término de las formulaciones ajenas a nuestra realidad. Al
conocimiento, entonces, lo descubrimos y revelamos y así queda al servicio del hombre,
gracias a la educación.

Los diferentes escalones del sistema educativo tienen el


ineludible compromiso de poner al alumno en relación con el
entorno social mediato e inmediato. La educación no debe
caer en inadvertencia frente a los grandes y graves
problemas que afectan a la humanidad. Es imperativo,
obligación y responsabilidad de los jóvenes comprender con
agudeza el sentido de su tiempo, la crisis en los órdenes
moral, jurídico, económico, política y social, si no queremos
precipitarnos en una catástrofe terrible y regresiva hacia la
barbarie. El hombre debe poseer un cerebro tan fino y tan
poderosamente organizado que le permita explicar y rebasar
estos problemas.
Antenor Orrego representa para la juventud la inteligencia y una serie de valores, como la nobleza,
honestidad, sencillez y solidaridad.

Los estudiantes y las escuelas que fijan su atención únicamente en los contenidos de las
asignaturas, desconectados del inmenso palpitar de la humanidad, tiene una visión
estrecha, reducida, están inmersos en un proceso educativo parcial, incompleto; les falta
orientar su mirada hacia todos los ángulos de la problemática del país, del continente y del
mundo, sin esperar necesariamente una compensación mediante el proceso evaluativo
oficial. Consecuentemente, los currículos de todos los niveles educativos deberán tener en
cuenta esta realidad.

Las experiencias del proceso de enseñanza-aprendizaje no deben ser únicamente teóricas;


su relación con la realidad, con las vivencias de los alumnos, con el contexto social donde se
realiza es ineludible. Dice Orrego al respecto:

“La educación puramente teórica arranca al hombre de su contacto con la realidad que lo
circunda haciéndole vivir en un mundo imaginario o idealizado, que más que un campo de
lucha es una evasión hacia la esfera de la ilusión y del ensueño. El hombre contemporáneo debe
aprender a reaccionar original y vitalmente ante el ámbito de vida que le rodea. La vida es
siempre problemática porque es siempre una afluencia y un cambio continuo, en que no valen
los patrones hechos, ni los lugares comunes, ni las recetas fijas que, en vez de arribar a una
solución, escamotean la dificultad por ignorancia o por miedo”. (1948b: 5).

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Postula una educación para el ejercicio de la democracia; una educación cívico-política para
evitar que el pueblo sea arrastrado por caudillos ignaros e improvisados. Y una educación
que recoja el veloz desarrollo científico y tecnológico.

b) Contenidos de aprendizaje

El colegio universitario, creado por la ley de reforma universitaria de 1946, como nexo con
la educación secundaria o antesala de la formación académica propiamente dicha, debería
encarar, según Orrego, cuatro grandes aspectos o contenidos de aprendizaje: 1) el proceso
histórico del hombre (historia), 2) la concepción de los fines de la vida humana (filosofía), 3)
la imagen física del universo (física y química), y 4) los fundamentos de la vida orgánica
(biología).

Los contenidos educativos, en el pensamiento de Orrego, deben permitir a los estudiantes


buscar en las aulas vida espiritual intensa; dilatar, ennoblecer y enriquecer su conciencia;
conocer y comprender el sentido de su época; encausar su curiosidad y su urgencia vital;
vivir dando ejemplo. Los contenidos no deben fosilizar el cerebro de los jóvenes con
erudición yerta; tampoco llenarlo con datos divorciados de la realidad, ni con frases
rimbombantes sobre hechos nunca vividos. Enfatizó en el aspecto valorativo,
especialmente de carácter ético.

c) Agentes educativos

En lugar de textos europeos que, mal comprendidos y mal aplicados, desorientan y fatigan
con palabras vacías nuestros cerebros, reclama maestros que enseñen a conocer y amar
nuestro país y el continente, que vivan
junto a la juventud y al pueblo la
infinita y heroica tarea de crear
cultura, de forjar un continente
integrado por el intelecto, maestros
brotados de las entrañas palpitantes
de nuestra recóndita realidad. Y que
por encima de los vaivenes políticos,
tengan estabilidad porque son el
factor decisivo en la educación. El
pueblo debe respetar a sus maestros,
que es una forma de respetarse a sí
mismo, si no lo hace será un pueblo
ausente de toda personalidad vigorosa. Antenor Orrego y Víctor Raúl Haya de la Torre

Si bien los vocablos profesor y maestro son sinónimos, en el pensamiento orreguiano


denotan diferencias indudables. En verdad, el profesor ejerce su labor en razón de un título
profesional, a veces sin una verdadera vocación por la carrera; el maestro es tal por la
trascendencia de su mensaje, no por el aval de un diploma. El profesor puede recitar en
clase el contenido de un libro y creer que cumplió su tarea; por el contrario, el maestro
debe crear y vivificar la relación espiritual entablada con sus discípulos, sea en el aula o en
otro ambiente.

No siempre, pues, el profesor es maestro. Orrego los diferenció nítidamente en sus escritos,
y trazó un paralelo que hemos arreglado para entregarlo en formato de cuadro.

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El Profesor El maestro
1. Te enseña para que puedas repetir la lección 1. Te enseña para que puedas construir tu vida.
de la cátedra.
2. Te imparte generalidades abstractas, teoriza 2. Desciende a la intimidad concreta de tu alma,
tu propio ser y te empotra como una simple aflora tu riqueza interior y se constituye en el
pieza standard manufacturada en serie, dentro compañero de tu pasión, de tu agonía interna y
de un esquema rígido. de tu drama personal.
3. Te esclaviza a un oficio. 3. Te libera hacia tu vida.
4. Con él, la habilidad de tus manos puede llegar 4. Con él, es preciso que asumas la
hasta el escamoteo perfecto de la verdad. responsabilidad de tu dolor y que desciendas
hasta el hondón abismático de la vida, por
sombrío, por tenebroso, por lacerante, por
trágico que sea.
5. Lo que te da está siempre fuera de ti y te fija 5. Lo que te da está siempre dentro de ti y
siempre un gesto. vigoriza tus alas para el impulso.
6. Es como el agua infecunda y dispersa que no 6. Es la linfa creadora que bate el limo, que lo
alcanza la raíz de la planta porque no se sume en impregna, lo empapa y lo fecunda empujándolo
las entrañas de la tierra. hacia el estallido de luz en una floración
maravillosa.
7. Se dirige a tu memoria, anaquel de tu alma, y 7. Se dirige a tu espíritu, pozo de creación y de
sus palabras resbalan sobre el recuerdo, como sabiduría y sus palabras siempre urticantes se
por sobre una losa impermeable, sin lograr instalan en el futuro, abolición del pasado
infiltración alguna. A lo sumo, se dirige a tu muerto.
vanidad y a tu buena economía.
8. Su palabra se esfuma, se deshace sin dejar 8. Su palabra desgarra tu entraña y se incorpora
huella sangrienta. a tu ser para trascender, como un mandato, en
cada uno de tus días.
Fuente: Discriminaciones, en Obras completas, 1995: II, 320.

Pero también diferencia alumno de discípulo. Según nuestra interpretación tal diferencia
depende del tipo de relación educativa establecida en el aula. Si la relación es instrumental,
es decir, exclusiva y fríamente centrada alrededor del contenido educativo, se hablará de
alumno ya que éste – por indicación del profesor – sólo aprende el contenido de una clase y
trata de rendir satisfactoriamente las pruebas del examen. En cambio si la relación es
expresiva, esto es, llena de mensajes estimulantes y compenetrada de afectividad, se
hablará de discípulo – que gracias a la orientación de su maestro – busca clarificar valores y
guiarse por ellos, integrar ideas y hábitos positivos en una filosofía de vida. El correlato de la
categoría profesor es alumno, el de maestro es discípulo.

Orrego reclama a profesores y alumnos ser consecuentes con lo que enseñan y aprenden.
Pide a ambos protagonistas de la educación realizar su tarea a mayor profundidad y a
estrechar su relación pedagógica. Les dice: “Catedrático que se contenta con ser
simplemente un profesor y alumno que solamente aspira a alcanzar el resultado
satisfactorio de sus pruebas finales, no son precisamente los factores que crean el vibrante
espíritu institucional de una universidad. El profesor debe ser a la vez maestro y el alumno
debe alcanzar la categoría de discípulo”. (Orrego, 1947: 9). A los docentes les exige
demostrar el espíritu de su elevado magisterio, y a los alumnos estudiar por vocación; a
ambos estamentos, dejar el concepto utilitario como único fin, y armonizar sus intereses
materiales e ideales.

Su paradigma de maestro es el que está impregnado de la identidad peruana y


latinoamericana, el que tiene la mente fija aquí, en esta tierra, no el que plagia todo de
Europa. Por eso celebra que el movimiento de Reforma Universitaria (de los años veinte del
siglo pasado) haya sido una oportunidad para que los estudiantes ejerzan influencia positiva

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sobre sus propios docentes, y hayan logrado mediante las ideas y la acción, un significativo
cambio de roles. El maestro se ha convertido en discípulo porque necesita aprender y
desarrollar su sentido histórico, su sentido americano. (Orrego, 1995: 290). Y los estudiantes
que van a la universidad no sólo para adquirir un título, sino por encima de todo para ser
hombres cultos, se vieron obligados a desaprender lo aprendido, por no servirle para
pensar ni ser mejores, e iniciaron el camino de su propia formación.

Pero hay otro rasgo importantísimo en su paradigma de


maestro. Ya en su madurez, recordando sus años de
colegial, destacó el aspecto afectivo, profundamente
humano, de la relación educativa, en un caso específico.

Antenor Orrego en una manifestación en 1947 en Lima

d) Estrategias del proceso de enseñanza-aprendizaje

La educación como revelación y para el cambio implica nuevas bases teóricas. La pedagogía
que sólo tenía en cuenta al profesor, no al alumno, queda descartada. Por eso Orrego acude
a los grandes teóricos paidocentristas cuyas ideas realizan un viraje radical e imprimen al
proceso de enseñanza-aprendizaje un nuevo sentido: “el viraje del saber y del maestro
hacia el estudiante. El maestro no debe preocuparse tan sólo de lo que enseña, es decir el
conjunto de conocimientos que posee, sino también, y muy principalmente, debe
preocuparse de cómo enseña, de qué es lo que debe enseñar y cuál va a ser la influencia y la
repercusión de sus enseñanzas en el espíritu del alumno”. (Orrego, 1947: 9-10). Se nutre
pedagógicamente de los postulados de la escuela nueva, y no cae en los extremos ni del
cognitivismo ni del metodologismo, buscó el equilibrio en la tarea docente.

Orrego propugna un proceso de enseñanza-aprendizaje a través de métodos dinámicos,


para lo cual sitúa en el primer plano didáctico a la investigación y al seminario. Critica
duramente la enseñanza unidireccional, rígida, yerta, memorista, encasillada en tópicos
resueltos de antemano, mediante la cual no se obtienen resultados vitales, sustantivos que
el profesor y el alumno deberían perseguir en conjunto. Dirige su atención y entusiasmo al
método activo del seminario, que debe abrirse paso (especialmente en todas las carreras
universitarias) visto como un organismo vivo que diariamente acrecienta sus experiencias, y
por acumular información en sus archivos es más eficaz que una biblioteca. Con un método
dinámico: “El maestro propiamente sólo debe orientar y dirigir el trabajo de los alumnos
dejándolos en plena libertad de iniciativa para el desarrollo de los temas. Cada clase,
cotidianamente, debe constituir un verdadero problema que se plantea ante al maestro y
los alumnos y que ambos deben resolverlo cada día”. (Orrego, 1947: 11). Esta dinámica
metodológica permite hacer de cada disciplina no sólo emisión magistral del contenido,
sino fundamentalmente un intercambio fluido de pensamiento con el cual tanto maestros
como alumnos aprenden al mismo tiempo. El hecho de preguntar ya entraña enseñanza y
aprendizaje, y el hecho de responder también.

Durante su gestión rectoral en la Universidad Nacional de Trujillo, la biblioteca mereció


especial atención, y la revista institucional alcanzó su mejor época. Asimismo impulsó
enormemente el Museo de Zoología.

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Y pensó que los colegios también deberían contar con esos museos para el proceso de
enseñanza-aprendizaje de carácter práctico, a los cuales la universidad brindaría apoyo con
su taller de taxidermia. En el campo de la
botánica, se inició la formación del Herbario
Regional. Enriqueció con nuevas colecciones el
Museo Arqueológico, y desde él promovió los
estudios in situ de esa especialidad. Además dio
vida a institutos y nuevas facultades. Y en su plan
de ejecución de la ciudad universitaria se
consignaron, entre otros, ambientes para jardín
botánico, jardín zoológico, museos, gimnasio y
estadio.
Antenor Orrego en su despacho rectoral

e) La universidad y su misión

Cuando el Senado de la República debatía el proyecto del Estatuto Universitario (1946),


Orrego defiende la idea de universidad conformada por profesores, alumnos y graduados,
como ahora la entendemos. En aquella ocasión expresa:

“El artículo primero declara que la universidad es la asociación de maestros, de alumnos y de


graduados; es decir, la universidad en sus tres dimensiones integrales, como un todo o núcleo
viviente que surge del presente y se proyecta como fluencia al porvenir. Este artículo rompe
con el concepto antiguo de la universidad, que parecía querer reducirla al cuerpo profesoral de
las aulas, como si los egresados no fueran parte sustancial de ella, como si no estuvieran
bebiendo las enseñanzas de su fuente maternal y como si no estuvieran obligados a volver a su
seno a enriquecerla con la cosecha de su pensamiento, de su experiencia y de su acción”.
(Orrego, 14995: V, 191).

Mucho antes (1923), en el fragor del movimiento de la Reforma


Universitaria, ya había sostenido en un artículo periodístico que
por la falta de entendimiento entre profesores y alumnos respecto
a quienes constituyen la universidad, no se podía esperar ninguna
enseñanza viva, ninguna creación efectiva para la sociedad y con
proyección hacia el porvenir. Por entonces, la separación entre
ambos sectores llegaba hasta el rechazo mutuo que impedía todo
nexo afectivo, base del proceso de enseñanza-aprendizaje
fecundo. Antenor Orrego Espinoza

Al profesor lo considera elemento responsable de prestar el servicio al estudiante, que es la


sustancia viva e indispensable y merece ser atendido en todo lo necesario para su
formación. Postula la conveniencia de las cátedras paralelas y cátedras libres, para una
mejor selección docente según la capacidad y no por imperio de las camarillas u oligarquías
académicas.

Para Orrego, no basta tener infraestructura, legislación y régimen académico impecables, lo


importante es que la universidad se vincule y responda a la realidad natural y social
circundante. La universidad en el Perú y Latinoamérica no puede seguir el tipo de las
universidades de Europa o Estados Unidos porque nuestra realidad histórica, psicológica y
social es diferente. Cada universidad es el producto temporal y telúrico de un pueblo.

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Debemos crear una universidad que refleje nuestra problemática, que sea el instrumento de
investigación y el órgano que dilucide la creación de la cultura peruana y americana.

Según el pensamiento de Orrego, la universidad no puede quedar marginada de su


contexto social, por el contrario, debe cumplir rol protagónico y vital en el mismo centro del
quehacer colectivo, sin aislarse cual ostra parasitaria, lejos de las aspiraciones juveniles y del
grito angustioso del pueblo al cual se debe. Él concibió la universidad como un organismo
vivo cuyos procesos de crecimiento y estructuración son incesantes.

Una universidad que realiza enseñanza a través de la investigación científica; fuente de


poderosa irradiación cultural y moral, hondamente enraizada en la historia, pero también
con la mirada dirigida al inagotable porvenir; centro receptor del acontecer vital del
contexto humano donde funciona y de la acelerada transformación científica, tecnológica,
social y económica del mundo; que responda a la realidad peruana y latinoamericana, y
prepare generaciones aptas para desempeñarse en la vida y laborar en favor del desarrollo.
Una universidad que no esté de espaldas de su realidad, divorciada de su contexto social,
como observó en nuestro país, sino asentada en tierra firme.

Estamos frente a una universidad dinámica, flexible e integral. Concibe y defiende una
universidad dinámica, semejante a un organismo vivo, un laboratorio de renovación y
creación espiritual; flexible ante un mundo cambiante por el proceso de la historia y de la
ciencia, abierta a todas las energías del espíritu; integral, orientada hacia la formación plena
de nuevos hombres; nacida y situada en la hondura de nuestra realidad; fuente creadora de
cultura; pletórica de unionismo latinoamericanista; medio para la expresión del
universalismo cultural que habrá de consumarse en el futuro; instrumento vital del
desarrollo. Al hablar de universidad integral, hace la salvedad de la redundancia porque el
significado originario de universidad, universitas, indica integración de elementos culturales
de todos los espacios y tiempos.

Estas ideas datan de 1946. Cincuenta años más tarde, coincidirá con ellas la UNESCO y
diversos notables educadores, al propugnar se tenga en mente, cuando se formulare la
misión de los sistemas de educación superior, la nueva misión de “la universidad dinámica” o
“proactiva”. Esta noción de universidad dinámica auspiciada por la UNESCO supone – como
sostenía Orrego – su adaptación creativa, por cada país, en el proceso de búsqueda de
modelos y prácticas institucionales específicos en relación con el desarrollo, pero sin
desconocer las influencias de un mundo rápidamente cambiante.

Y cuando relaciona la universidad con su concepción latinoamericanista, escribe: “La


Universidad Peruana debe contribuir a la formación de un nuevo tipo de Universidad
Indoamericana y clarificar el sentido original de la cultura que está surgiendo en nuestros
países en relación con las viejas culturas de Europa y Asia”. (Orrego, 1947: 8). Tal
Universidad Indoamericana estará llamada a dilucidar el significado del auténtico mensaje
que nuestro continente ha comenzado a aportar al mundo en todas las manifestaciones de
la cultura; investigar, debatir y difundir como contenido educativo los anhelos, las ideas, las
realizaciones e intuiciones del hombre de esta parte del mundo. Y tan elevada misión
institucional deberá realizarla por medio de todas las facultades y cátedras sin distinción
alguna, no únicamente a través de aquellas pertenecientes al campo humanístico, como
podría pensarse de modo simplista; en todas las materias es posible indagar, clarificar y
definir nuestra realidad.

Para que este organismo académico, dinámico, flexible e integral, se incorpore


gradualmente a la vida total del pueblo, busque soluciones a los problemas locales,
regionales, nacionales y se ubique en el contexto mundial, es necesario el concurso de

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todos sus miembros, profesores, alumnos y graduados, imbuidos de la misión


latinoamericanista de la nueva universidad.

f) Universidad y pueblo

Para que la cultura “viva en nosotros como médula en nuestros huesos y no sólo en los
libros”, son precisos, según Orrego, “dos elementos primordiales: de un lado la universidad,
de otro el pueblo; de un lado el trabajador manual, de otro el trabajador intelectual. Son
dos elementos que no pueden caminar separados porque se complementan entre sí”.

Pero si hay separación, la cultura es utilizada por grupos minoritarios como instrumento de
dominación sobre el pueblo, que es “la sustancia permanente de la historia y de la libertad
del hombre”. Justamente, en el Perú, la
divergencia entre universidad y pueblo ha sido de
mayor magnitud que en otros países. “La
universidad ha tenido - escribe Orrego – una
semi-cultura de gabinete y de pupitre pero no ha
tenido ni tiene una verdadera cultura vital. La
cultura hay que vivirla en principio y vivirla en
acción. No se puede, pongamos por caso,
explicar y defender en el aula las llamadas
garantías individuales y atropellarlas y negarlas
en la calle y en la vida cotidiana”. (1995: I, 306). El rector Antenor Orrego Espinoza y sus colegas

Hacer cátedra, hacer universidad y hacer país implica fundamentalmente vivir la cultura, no
sólo practicar la regurgitación de conceptos, hechos, datos, formulaciones filosóficas, leyes
o teorías científicas. Por eso Orrego considera que la gran empresa de los universitarios es
vivir la cultura. Y rechaza el eruditismo vacío, carente de sustancia, que no sirve para la
mejora individual ni colectiva. Postula, por el contrario, el conocimiento de nuestra
problemática: “Necesitamos estudiar la calidad de nuestra América y crear nuestro propio
pensamiento, nuestra propia política, nuestra propia economía, nuestra propia estética,
nuestra propia historia”. (Orrego, 1995: I, 308).

Según Orrego, en la tarea de hacer cultura, deben juntarse maestros y discípulos, en un


solidario y fervoroso anhelo común, en el que todos brinden sus aportes. Sostiene que para
crear una cultura viva y crear una verdadera nacionalidad es menester superar el libro y la
letra muerta; escudriñar nuestra realidad y desde allí elevar nuestro pensamiento.

Critica las universidades porque no han despertado ni formado al hombre en los


profesionales salidos de sus aulas. Formar al hombre y al ciudadano antes que al profesional
es, pues, tarea primordial de la universidad.

La más alta misión espiritual que asigna a las universidades, aparte de la no menos alta que
debe ejercer en el campo personal, es la de ser depositaria y discernidora de la experiencia
histórica de un pueblo, sin la cual es imposible conseguir la consolidación y la estabilidad de
las instituciones políticas. Esto conlleva la idea de una universidad dinámica, flexible e
integral, puesta a tono con la vida contemporánea en todas sus manifestaciones.

Por eso siente satisfacción al constatar que felizmente en el Perú, las generaciones
universitarias del movimiento reformista iniciaron el acercamiento de la universidad al
pueblo y de éste a la universidad, con el cual por primera vez se crea cultura opuesta al libro
frío y a la letra muerta.

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g) Educación, cultura y política

Como la educación se inscribe en la esfera de la cultura y ambas se interrelacionan


permanentemente, hacer labor de cultura, en el pensamiento de nuestro personaje, es
hacer obra constructiva, educadora, imperecedera; es una acción que, en medio de hondas
y lacerantes desgarraduras, decanta positivamente el espíritu, y con la cual el hombre deja
su huella privativa en el curso de la historia. Precisamente, la cultura – para él – debe ser una
cultura histórica, viva, encarnada en hombres concretos, no muerta, tampoco una simple
tentativa de los académicos.

La idea de cátedra implica aporte, propuesta o planteamiento; en tal sentido, Antenor


Orrego desarrolló cátedra no sólo en el aula, sino por diferentes medios: el periódico, la
revista, el libro, la tribuna pública, y lo hizo en diversas esferas: filosofía, literatura,
educación, historia, política…Ellas forman un todo polifacético pero coherente de su
pensamiento, cuyo profundo humanismo lo llevó a sostener que el supremo fin del Estado
es “la exaltación del hombre a su máxima plenitud espiritual, única razón de su origen y de
su existencia”. (Orrego, 1995: I, 47). Es decir, concibe un Estado al servicio del hombre, y
éste como el centro y eje de las aspiraciones políticas surgidas en una determinada
sociedad. Y como considera que el hombre no puede abstraerse del quehacer político, por
ser inherente a toda sociedad, bien hubiera suscrito las palabras de Georges Balandier cuyos
estudios antropológicos muestran “que las sociedades humanas producen todas lo político
y que todas ellas están expuestas y abiertas a las vicisitudes de la Historia”. (Balandier,
1969: 6).

En su concepto, la política que merece llamarse tal tiene que ser vista y practicada como
método o principio de gobierno, como línea coherente y permanente de acción, no como
un simple anhelo pasajero nacido en vísperas de un proceso electoral. Y para que la política
asuma un rango científico “es preciso que se alce sobre todos los puntos de vista
particulares, y que sea capaz de coordinar una concepción global de la historia en cada
situación concreta”. (Orrego, 1995: III, 252).

Orrego se preocupa por el liderazgo político y académico, porque


sin liderazgo el país y sus instituciones carecerían de rumbo. Y al
respecto pregunta: “¿Qué es pues la política? ¿Cómo debe ejercerla
la minoría del pensamiento”?. El mismo responde así: “Pensando y
haciendo pensar a la masa; defendiendo nuevos sentidos de
libertad; incorporando en la sensibilidad y en el pensamiento
colectivos la necesidad de nuevas superaciones. La política no es
dar un gobierno perfecto idealmente; es hacer que el pueblo
merezca una autoridad mejor; es procurar que la colectividad
sienta la urgencia de un gobierno más perfecto”, (1995: I, 68).
Antenor Orrego Espinoza. Esta imagen pertenece al Centro Cultural Victor Raúl Haya de la Torre en su casa
natal de Jr. Orbegoso 652, Trujillo.

Relacionó la cultura popular y la cultura política con la cultura universitaria. En oposición a


los académicos europeos que vivían en su torre de marfil, el movimiento de reforma
universitaria, propagado por toda América Latina a partir de 1918 y 1919, asignó a las
universidades un rol social, ahora indiscutible. La reforma universitaria fue esencialmente
un movimiento académico y social que abrió las puertas de las universidades al pueblo y
contribuyó a democratizar el sistema educativo en general, al tiempo que se propuso crear
una auténtica cultura latinoamericana. Fue el movimiento de más amplia proyección
cultural que ha dado nuestra patria continental. Y esa proyección tenía al pueblo como su

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destinatario. En esta perspectiva, Orrego sostuvo que la universidad no podía vivir y quedar
aislada en la periferia de los pueblos, sino situarse en la médula vital de su ambiente o
contorno. Y como la universidad ha vivido los vaivenes de la vida política de la república, en
un movimiento pendular de gobiernos democráticos por su origen y de gobiernos
autoritarios, él y las juventudes estudiantiles pensaron a lo largo y ancho de América Latina
que la docencia en esta parte del mundo habría de caracterizarse por ser, primordialmente,
docencia ciudadana, educación civil y política. En un Estado en el cual no se respetaban los
derechos humanos, la universidad no podía vivir encerrada como en un claustro colonial,
ciega, sorda, muda, insensible a las angustias del pueblo y al grito redentor de las
multitudes. Tenía y tiene la ineludible obligación de proyectarse socialmente; asumir un
compromiso con la justicia social. De allí la pregunta formulada por Orrego y su
correspondiente respuesta: “¿Cómo puede el hombre consagrarse a la ciencia, a las artes y
al ejercicio de las disciplinas intelectuales si no hay libertad? Hay que esforzarse por
conquistarla previamente. Hagámonos, primero países justos para hacernos, luego países
sabios”. (1995: V, 118).

FILOSOFÍA, ESTÉTICA Y ÉTICA

Sesión 4

En esta sesión vamos a tratar Filosofía, estética y ética.

Esquema de contenidos

Durante esta sesión realizaremos varias actividades significativas, para ello, te


recomendamos seguir la siguiente ruta de aprendizaje:

Filosofía, estética y ética


1. Acerca de la filosofía
a) ¿Qué es una filosofía? ¿Cuál es la función de pensar?
2. Acerca de la estética
a) Estética
3. Acerca de la ética
a) Ética
4. Acerca del arte y de la ciencia

Objetivos

Como aprendizaje esperado tenemos lo siguiente:

 Leer, identificar y exponer las ideas generales del pensamiento filosófico de Orrego.

Desarrollo de los contenidos

Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 2011. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 130-154.

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No sólo se piensa con el cerebro, se piensa con todas las potencias físicas y espirituales del
hombre. Antenor Orrego

1. Acerca de la filosofía

En uno de sus aforismos, Orrego dice: “Si el pensamiento no sirve para superar y mejorar la
vida, ¡abajo el pensamiento!” (1995: I, 279). Como la vida se manifiesta en un proceso
inseparable de pensamiento y acción, anota: “Pensar y obrar no son términos antinómicos
sino correlativos y complementarios”. (1995: I, 129). El hombre, ciertamente, alcanza su
realización mediante el pensar y el obrar, de lo contrario estaría mutilado, incompleto. Pero
el pensamiento que postula debe ser creativo, autónomo, si queremos lograr una nueva
cultura, que jamás la alcanzaremos con la repetición, copia o imitación de la obra humana
de otras sociedades.
Invitó a los intelectuales, de modo especial a la juventud, a emprender la búsqueda del Perú
y de América Latina, producir filosofía, realizar obras de arte, crear conocimiento cientifíco,
ser originales en todos los campos de la actividad humana, alejándose del hechizo de la
imaginación exótica, para encontrar su propia ruta, aunque lacerante, ruta auténtica,
nuestra.
Afirma que no sólo se piensa con el cerebro sino con todas las potencias físicas y espirituales
del hombre. Vale decir, se trata de un proceso holístico que incluye al organismo humano en
su conjunto: sus partes u órganos, los sentidos y sus manifestaciones, las intuiciones,
pasiones y voliciones. Por tanto, allí está el cerebro y la cabeza, con los cuales se identifica
el pensamiento; allí está el corazón con el cual se identifica el sentimiento. En tal sentido,
Orrego aporta elementos precursores considerados actualmente por la teoría de las
inteligencias múltiples de Howard Gardner y, sobre todo, por la teoría de la inteligencia
emocional de Daniel Goleman, cuya idea central anuncia la existencia de dos mentes: la
racional y la emocional, lo cual obliga a armonizar cabeza y corazón, por ende, el
sentimiento es esencial para el pensamiento y éste lo es para el sentimiento.

El texto siguiente es un artículo de Orrego.

a) ¿Qué es una filosofía? ¿Cuál es la función de pensar?

Inmerso en la heteróclita disgregación de todas las ideas, de todos los sistemas y de toda la
estructura cultural en que se asentaba la vida contemporánea, en medio del caos moderno el
americano de hoy tiene que comenzar por el comienzo. Valga la redundancia. Y tiene que
revestirse del suficiente valor para comenzar. Raza que renuncia a comenzar se condena a no
llegar a ser jamás una valoración intrínseca en el devenir de la historia.
Después de repetir malamente a Europa, en segunda edición desvitalizada, - no podía ser de
otra manera – los americanos nos estamos convenciendo que América sólo saldrá de sí misma
en la proporción del esfuerzo y del valor que tengamos para descubrirnos. Todas las grandes y
pequeñas culturas han partido de esta certidumbre. Escrito está que cada nueva agrupación
humana únicamente puede salir de sí misma, nutrirse de sus propias entrañas. Su
conformación biológica no ha sido hecha para asimilar alimentos extraños. No ha sido ni es
vano el mito de Saturno.
Tenemos que responder originalmente a las interrogaciones fundamentales que se han hecho
de las razas y los pueblos de todos los tiempos. Hasta ahora las respuestas las hemos
aprendido de bocas extrañas, a la manera como el escolar nemotecniza para el examen de las
respuestas de su programa. Hemos estado dando examen hace más de cinco siglos, desde que
los invasores se destruyeron las culturas autóctonas de nuestras tierras, que tuvieron sus
propias respuestas. Nuestra literatura, nuestra filosofía, nuestra política, nuestra economía ha

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sido una trabajosa y agustiante preparación de exámenes, un aprendizaje de respuestas que en


nosotros se tornaban yertas y se mecanizaban porque no eran las nuestras.
De la manera como reaccionemos frente a estas interrogaciones fundamentales depende todo
nuestro porvenir espiritual y material. Una cultura no es sino un conjunto de respuestas que
una colectividad humana da en el curso de determinado ciclo histórico. América ha comenzado
o va a comenzar a dar sus respuestas. Todo lo revela y lo anuncia. Respuestas en acción y
respuestas en pensamiento, respuestas en arte y respuestas en política. Todo esto tiene que
constituir su voluntad de ser y su voluntar de poder.
La misma peripecia de Sócrates en la cultura griega, la misma peripecia de los escolásticos en la
Edad Media y la misma peripecia de Descartes en la Edad Moderna tiene que repetirse en
nosotros de modo inexorable. Debe repetirse porque de otra suerte no somos ni seremos
nada. Tenemos que responder y definirnos. Nuestra intuición o conjunto de intuiciones tiene
que revestirse de su paramento racional para expresarse. Tenemos que crear nuestras propias
razones.
Crear y verbalizar estas razones colectivas, extraerlas del caos de lo indefinido, expresar un
determinado orden de sabiduría, definir por medio de ellas una determinada estructura o
jerarquía, he aquí el objeto y la función de la filosofía.
La idea es abstracta, impersonal, antivital, extraña a la sustancia carnal y a la realidad síquica
del hombre, es decir, extraña a la vida. En cambio el pensamiento es algo concreto e individual,
algo que está en la carne y en el alma del hombre que lo expresa.
La idea para antropomorfizarse y hacerse pensamiento necesita vehizculizarse a través de la
relidad y del corazón del hombre. Sólo a este precio puede hacerse acto, o lo que es lo mismo,
un factor operante dentro y fuera del sujeto. No sólo se piensa con el cerebro, se piensa con
todas las potencias físicas y espirituales del hombre. El pensamiento es un todo vivo, orgánico,
eficiente y perfectamente estructurado.
La idea carece de ritmo, de vibración y de elocuencia personales, es ahistórica, neutra, ambigua
y hasta cierto punto, vaga e indefinida. La idea carece de estilo, de colorido individual, no se ha
sumergido en el abrevadero del hombre. Por el contrario el pensamiento resume siempre de la
historia, es una definición y una distinción entre la indeterminación y el caos de la idea.
El objeto esencial de una filosofía es expresar el estilo de un hombre y de una época, la manera
de reaccionar de una raza frente a los enigmas del Universo. Esto equivale a decir que el objeto
de la filosofía es el pensamiento. De lo contrario, es una fría armazón lógica, indefinida,
enteléquica y cadavérica.
Sólo el estilo es definición y orden dentro de la vaguedad caótica del Cosmos, es el mensaje de
la Vida a través de cada ser y de cada forma. El estilo es el único vehículo por el que se traduce
la vida, se concretiza y se hace perceptible.
La verdad sólo podemos poseerla como estilo, es decir, como ritmo y vibración personales. La
verdad es la expresión plena de la realidad biológica, síquica y espiritual del hombre en
determinada fase de su evolución histórica. No hay verdad impersonal y completamente
abstraída del sujeto viviente y pensante.
En toda filosofía hay dos elementos que no se les diferencia y que a menudo se les confunde.
De un lado, una idea o un conjunto de ideas asimiladas, trasfundidas en el ser, estilizadas en el
individuo pensante, que es lo que constituye el pensamiento vivo. De otro, una idea o un
conjunto de ideas muertas, vagas, abstraídas, desvitalizadas y ahistóricas. El primer elemento
es el único que cuenta para la filosofía, es decir, para la vida misma. O para definir en una
palabra: sólo la idea dramatizada, estilizada, que ha corrido la peripecia individual es la que
puede definir o expresar una verdad que realmente sea percibida y aprovechada por el
hombre.
Comprendida esta distinción en todas sus consecuencias es fácil comprender, también, lo vano
y lo ocioso que es discutir racionalmente la filosofía en su armazón enteléquica, de idea pura y
abstracta.

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Lo único necesario es comprender el ritmo individual, el estilo original de una filosofía,


asimilarlo en nuestro ser, incorporar en nosotros la verdad que éste expresa, carnalizar en
nuestra realidad el pensamiento, la peripecia dramática que representa.
Una filosofía es tanto más grande o tanto más genial, cuanto es el pensador que ha estilizado
la idea o el conjunto de ideas que la constituye. El llamado caos de las filosofías, que confunde
a los temperamentos no filosóficos, es el caos de las ideas abstraídas, desvitalizadas y
discutibles. Un pensamiento histórico no puede ser discutido si no es comprendido y asimilado.
(Estación primera, en Obras completas, 1995: I, 321-323).

2. Acerca de la estética

Las reflexiones sobre estética y ética figuran entre las preferidas de Orrego durante sus
primeros años de escritor, evidenciadas mediante Notas marginales (1922) y El monólogo
eterno (1929). Encumbra a la estética – disciplina filosófica que trata de la belleza, por ende,
del arte – como el más alto valor valor por el cual el hombre penetra al centro del universo,
al conocimiento, y a éste lo identifica con Dios. Al sostener que la estética le permite al
hombre llegar hasta el conocimiento, la relaciona con la ciencia. Vale decir, para él, no existe
oposición entre ambas, sino inseparables lazos. Un científico en el desarrollo de sus
actividades concilia la aplicación de las leyes de su especialidad con criterios artísticos. Y, a
su vez, un artista, acude a los aportes provenientes del conocimiento científico, para crear
una obra de belleza. Ciencia y estética son compatibles en la producción de nuevo
conocimiento. Es más, éste también es compatible con el amor: el investigador apasionado
por su área de estudio realizará su trabajo lleno de afecto para alcanzar nuevos aportes en
su especialidad.
El hombre, dice nuestro filósofo, más que un ser pensante o racional, más que un ser ético,
afectivo, social o de relación con su entorno, es un ser estético. En efecto, el amor entre la
mujer y el varón puede morir, y ocurre el divorcio de los esposos, o el rompimiento del
compromiso entre los novios. La moral se resquebraja cuando la corrupción avanza con sus
tentáculos en las instituciones públicas y privadas, cuyos códigos de ética pierden
significado. También, por diversas causas, pueden colapasar la capacidad racional y el
sentido social. Lo último que cae y muere en el hombre es el artista, el ser expresivo, la
necesidad de realizar la belleza, que es un milagro del universo, con lo cual el hombre se
eleva hacia Dios. Tanto el corrupto como el que perdió el afecto, cuidan hasta el final su
presentación físicamente estética. Y hasta la parafernalia con la cual los deudos, en medio
de su dolor, despiden a sus difuntos demuestra que la belleza es lo último en perderse.
¿Existirá algún ser humano que, por su propia voluntad, desee ser feo? En todas las culturas
anteriores y en las actuales se han creado diversas formas de arreglo o presentación
personal, así como de ornamentación de viviendas y cosas. Pero estas formas de
manifiestación de la belleza difieren según el espacio y el tiempo. Y en una misma época hay
gustos y estilos peculiares. La estética no es única, existen varias estéticas. Ella radica en la
singularidad, no en la uniformidad.
El hombre como ser estético percibe, aprecia y crea belleza. Precisamente, la estética es
una invitación a practicar el valor de la belleza, no la vulgaridad o fealdad. De este modo, el
hombre, al aspirar a su más elevada expresión individual – por su condición de ser estético –
es un ser creador de cultura, cualidad distintiva frente al animal, como lo sostiene la
antropología.
Si la estética es una facultad personal, cada uno tiene su propio estilo, su manera peculiar
de entender la vida y de concretar esa potencia en infinitas posibilidades. Orrego defiende
la autonomía en la creación de la belleza. No acepta parámetros en la expresión del arte;
rechaza los preceptos o cartabones. El arte, como el amor, no requiere la guía de un manual
de instrucciones. Nuestro filósofo, en su mirada hacia el porvenir, auguró una dimensión

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estética como expresión total del hombre, en forma libre y en función de las nuevas
estéticas particulares; una estética accesible a la comprensión, emoción y sensibilidad de
toda la humanidad.

Abramos paso a las palabras del propio Orrego sobre el tema.

a) Estética

He aquí el más alto valor humano para llegar al corazón del universo, a la suma de todas las
concreciones y de todo conocimiento, es decir al Conocimiento, es decir a Dios.
Instintivamente, por predeterminación eterna, los seres y las cosas se precipitan por este
sendero hacia el centro gravitatorio de toda eternidad, independiente de todo punto de
referencia cósmica. La materia viva u organizada, cuyo viaje suele mostrarse, a veces,
palpablemente, a nuestras groseras pupilas, y la materia inorganizada, aquella que se aparece
a nosotros aparentemente yerta, cuyo viaje en distinto plano de concreción no es percibido
nunca por nuestros ojos, buscan su vértice, se afanan por cumplir los últimos fines de su
expresión.
Abstrayéndonos hacia un campo exclusivamente antropocéntrico, vemos que el hombre antes
que un ser pensante, y antes que un ser ético o afectivo, es un ser estético, lo que vale decir, un
ser que aspira a su máxima expresión individual. Cuando parece que es incapaz ya de amar;
cuando ha sufrido la total relajación de su sentido moral, no le queda sino un hilillo que lo
relaciona con el milagro del universo: su necesidad de realizar la belleza. Este imperativo lo
eleva y lo acerca a Dios; le hace recordar constantemente su origen divino. Lo último que
muere en el hombre es siempre el artista, el ser expresivo.
Claro, que cada hombre ejerce su don estético según su manera personal de concebir la vida,
según su posición singular y cirncunstancial ante el universo. Por eso, nada más absurdo que
establecer cánones, pragmáticas o leyes para realizarlo. Toda preceptiva ha sido, es y será
siempre el eterno enemigo de nuestro don estético, el cual no acepta más limitaciones que las
del propio espíritu que tácita, espontánea e inconcientemente las encuadra dentro de sus
posibilidades y potencias que se dictan sus reglas a sí mismas. La ley, pues, nunca tiene un valor
absoluto, no es más que la definición de una posibilidad o de un conjunto de posibilidades.
Sucede en algunos casos, que esta facultad o potencia sin dejar de ser subjetiva e individual, sin
perder su matiz característico y único, se objetiviza, se universaliza, trasciende a los demás por
su extraordinario poder de expresión, abrazando un conjunto enorme de posibilidades y de
realidades. Se da, entonces, el artista en el más puro y propio sentido de la palabra. Expresa y
define lo que lo demás no llegaron a expresar; concreta y exterioriza lo que estaba latente,
vago y soterrado, hasta tal punto, que cada uno se encuentra en él, y él se explica y encuentra
en todos.
Cada artista expresa, pues, una parte de nuestra alma, define nuestra alma, define nuestra
vida, la hace conciencia y la relaciona con el dinamismo universal. Reconocemos en él un
hermano mayor. Sentimos que interviene en nuestra existencia, que participa de ella, que
aclara su sentido, que la engradece y la eleva. Es, pues, una fuerza primaria e intrínseca, y, por
lo tanto, el universo se integra, se sintetiza y se explica en el artista.
El hombre, desde que nace, tiende a expresarse, a definirse, a explicarse ante los demás.
Acciones, palabras, voliciones, sentimientos se dirigen a cumplir este fin, a satisfacer esta
necesidad vital. “La mitad del hombre, ha dicho Emerson, es su expresión”. Yo creo que la
expresión es todo el ser humano. Su mismo proceso físico no es más que un proceso de
concreción, una génesis de definición. Al comienzo no es sino una célula casi amorfa, después,
por multiplicación, una masa informe de células. Por una múltiple serie de definiciones se
produce la figura humana.
La faz del niño cuando nace carece de contorno neto, de líneas rotundas y precisas. Sus
facciones, diluidas y vagas, se encuentran como envueltas en una penumbra; anuncian apenas
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lo que será más tarde. Carecen de expresión, están desprovistas absolutamente de carácter;
aún no se insinúa la estilización de la línea. Extremando el aserto se puede afirmar que todos
los niños recién nacidos se parecen.
Luego, los rasgos se precisan, las facciones se acentúan gradualmente, las líneas se tornan más
enérgicas, el pergeño se afirma y se define hasta que alcanza su mayor expresión, su carácter
más rotundo, diferenciado y definitivo; ha llegado a su expresión suma.
Lo mismo ocurre en su proceso espiritual. Acciones, pensamientos, sentimientos se encuentran
al iniciarse la vida en un estado de vaga nebulosa. La conciencia aún es incapaz de identificar las
cosas. Sólo cuando empieza a determinar nexos e identidades es cuando comienza,
verdaderamente, a delinearse la posición del hombre con respecto a los demás seres. Esta
necesidad fatal de relacionarse con el universo es lo que le impulsa a colocarse en su lugar. La
forma o manera en que reacciona con respecto al mundo objetivo es lo que constituye la
esencia de su expresión, y la manera singular de su expresión es su estética.
Todo hombre tiene, pues, una estética; por eso toda vida, es en cierto respecto, una obra de
arte. Cuando esa facultad de expresión alcanza su mayor auge, su mayor vehemencia y
lucimento; cuando abraza y compendia el mayor número de estéticas individuales; cuando
llega su máximo poder de síntesis; cuando es capaz de incorporar el universo en su espíritu;
cuando subjetiva y traduce su infinito dinamismo; cuando se convierte en centro o nexo de las
fuerzas esenciales del mundo; cuando se recompone en él sentido completo de la vida; cuando
se restablece en su unidad múltiple; dase, como ya lo dije, el artista, el varón estético, por
excelencia, el mago de la expresión, el hombre en su plenitud y en su universalidad. La máxima
armonía es pues la máxima belleza. De allí que la facultad estética puede definirse como la
armonización o síntesis del universo en su espíritu, o como la expresión del universo a través
de un hombre. (Nota marginales, en Obras completas, 1995: I, 30-32).

3. Acerca de la ética

Según nuestro pensador, no existe una sola verdad, ni una sola lógica, ni una sola estética,
tampoco una sola ética – disciplina filosófica cuyo objeto de estudio es la moral, vale decir,
normas de conducta para hacer el bien y evitar el mal – sino multiplicidad de ellas. En
efecto, tales categorías conceptuales cambian con el tiempo y de una sociedad a otra, y
dentro del mismo grupo, según las actividades específicas; sus diversas formas de
realización han sido y son coexistentes, simultáneas y varias a través de la historia. No se
presentan de modo idéntico en todo el mundo, no son uniformes, varían según la cultura,
psicología, grado y forma de trabajo, ambiente y otros factores de la vida de un pueblo.
Cada ser humano es por sí mismo un ejemplar moral, un producto de realización ética que
ha dejado atrás, por la expansión de su mundo interior, las precedentes manifestaciones de
la conducta humana. El hombre actual ha recibido la enorme herencia histórica de la vida
humana de todos los tiempos; su realización ética resulta de un largo proceso de
superación que hace de él un tipo moral con sus características privativas.
Orrego relaciona íntimamente la ética con la estética. Y señala que la más elevada
manifestación de ambas consiste en que el hombre sea siempre él mismo, viva
armónicamente, sin limitaciones y con lealtad frente al asombroso mundo que le rodea y
frente a la velocidad de los acontecimientos de cada día. Que valore su propia existencia y
las maravillas de la naturaleza; que se estudie a sí mismo y desentrañe los secretos y
descubra las leyes que rigen al universo.
Como cada hombre es un ejemplar moral, cada hombre debe vivir su propia moral, no
adoptar la moral ajena, tampoco someterse a la camisa de fuerza de una estética, sino
realizar su propia estética. Dios hizo un ejemplar de hombre, no un género, dice. Y si Dios es
infinito y único, su creación, el hombre, es así, su imagen y semejanza: único, irrepetible e
inconfundible. Tendrá el sello peculiar de su ética y estética. Esto no conlleva la idea de
libertinaje o desorden; se ubica dentro del marco de la vida de una determinada sociedad
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guiada por un modelo de conducta, normas de convivencia aceptadas grupalmente dentro


de las cuales cabe el comportamiento distintivo de cada persona. Por eso, la ética de una
empresa no es la ética de una orden religiosa; la primera realiza negocios (dentro de la ley)
para lucrar; la segunda ejecuta obras de caridad. Tampoco descarta a las figuras
paradigmáticas cuyos comportamientos merecen ser resaltados, porque es de vital
importancia situarse en elevados planos de la dimensión moral para lograr el dominio de sí
mismo.
Orrego aspiró a que en el futuro, el hombre viva en una nueva dimensión ética, el
reemplazo de la rigidez de ciertas normas morales por la flexibilidad de una moral más
amplia, la superación de reglas de conducta presentadas en términos negativos por otras
de carácter afirmativo; sustituir el tan frecuente “no” por el “sí”, el “¡no hagas!” por el
“haz”. Muchas frases, sobre todo dirigidas a los niños, crean actitudes de vida negativas,
generan miedo y pesimismo. Así, en los pequeños se pueden provocar sentimientos
subconscientes de culpabilidad, en vez de estimularlos en forma positiva para que asuman
las responsabilidades de sus actos.
La vida de Orrego es una muestra de integridad moral, ejemplaridad ciudadana, honestidad
acrisolada. Supo mantener su figura enhiesta de héroe civil, vivió con modestia, no trocó su
línea ética por la vida muelle que le hubiera dado la flaqueza frente a las fuerzas tentadoras
de los antivalores. Como rector universitario, envió alumnos becarios al exterior a recoger
experiencias, hacer comparaciones con nuestra realidad y estudiar en procura de asimilar el
avance del conocimiento para aplicarlo a la solución de nuestros problemas. También envió
docentes a perfeccionarse al extranjero. Pero él, no obstante haber pensado en su juventud
ir a Francia, no se aprovechó del cargo para viajar con dinero del tesoro público. Y cuando
un candidato presidencial quiso ser favorecido, con la influencia del amauta sobre el
electorado, a cambio de una elevada cantidad de dinero, recibió rechazo contundente de
esa actitud deshonesta.
No sólo escribió sobre ética, sino que actuó con ella. Dijo su palabra y realizó su acción,
aunque por eso tuviera que recorrer caminos difíciles en su vida: “No hay más cobardía que
no hacer tu acción o no decir tu palabra. Que esta sea tu moral”. (Orrego, 1995: I, 86). Pues
bien, como intelectual, político y ciudadano, Orrego dijo e hizo lo que pensó. Fue
consecuente con sus ideas. Y vivió plenamente su moral.

Sobre este tema, a continuación el texto de Orrego: “Ética.

a) Ética

Así como no hay una sola verdad, ni una sola lógica, ni una sola estética tampoco hay una sola
Ética.
Cada hombre es un ejemplar moral, un tipo de realización ética en sí mismo, un rebasamiento
de las anteriores expresiones de la conducta humana. A medida que la conciencia del hombre
se amplíe, a medida que vaya incorporando en su substancia la esencia profunda de las cosas, a
medida que interprete más sutil y noblemente el espíritu global del Universo, la concepción
ética de la vida va dilatándose también, va liberándose, gradualmente, de todas las morales y
rompiendo la unilateral y arbitraria rigidez de los códigos y de las costumbres.
La Estética y la Ética sólo pueden existir separadas por abstracción y existir contrapuestas por
superficialidad o endeblez de espíritu. Ser siempre uno mismo, mantenerse en su íntegra y
armónica unidad vital, expresarse y vivir; libre y lealmente, ante la estupefaciente presencia del
Universo y ante la rauda carrera de los sucesos, es la máxima enunciación de la Estética y de la
Ética. ¿Quién osará ponerles limitaciones, reducirlas a sentencias o normas sin rebajar y
corromper su excelencia?
Los hombres adoptan una Moral en vez de vivir su Moral: así como se encadenan a una
Estética, en vez de realizar su Estética. ¿Se puede acaso concebir un lobo que adoptara la moral
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de un perro? ¿Se puede concebir un comerciante adoptando la mística moral del cenobita? Más
aún, ¿se puede concebir un santo adoptando la moral de otro santo?
Basta que un recién nacido abra las pupilas, para cumplir una orden del Universo, para realizar
una nueva traducción del gran enigma, y por consiguiente, para ensayar una nueva Estética y
una nueva Ética. ¿Crees tú, acaso, que los hombres son manufacturados como los objetos de
una fábrica en un mismo molde y que llevan en la espalda su etiqueta clasificativa: Made in
Germany, Made in England o Made in New York?
El sello divino es otro, amigo mío, no indica un género, indica un ejemplar.
Dios, según la frase bíblica, dijo al hombre: Serás a mi imagen y semejanza, y Dios es infinito y
único.
Le castigó después, no porque desobedeciera comiendo del fruto prohibido, sino porque al
comerlo desconoció en sí mismo su condición infinita.
Profundo es el símbolo del Génesis.
(Notas marginales, en Obras completas, 1995: I, 44-45).

4. Acerca del arte y de la ciencia

Para percibir el mundo, el hombre acude a diversas experiencias, entre las cuales no pueden
faltar las de carácter científico y artístico. El desarrollo de la capacidad de pensar con
lucidez es tan necesario como el desarrollo de la imaginación, base de la invención científica
y de la producción artística. Manuel Kant sostuvo que el arte es el conocimiento por medio
del sentimiento. Y Mariano Iberico Rodríguez pensó que la ciencia tiene límites en el
conocimiento de la realidad. Por su unilateralidad, por su rigurosidad, exactitud y
exclusividad de sus datos empíricos, la ciencia – decía este filósofo – produce deformación
espiritual, descuida o interpreta mal las inclinaciones de la vida interior, anula las
aspiraciones de la fantasía y los impulsos libres de la voluntad.
Ciencia y arte, dice Orrego, tienen puntos de concordancia, se relacionan y complementan
en el logro de la expresión plena de la vida humana. Un mundo guiado por la pura ciencia
sería deshumanizado, se movería dentro de generalizaciones estrictas y frías. De idéntica
forma, un mundo dejado solamente en manos del arte, no iría más allá de las
improvisaciones intuitivas y quedaría a merced de las implacables fuerzas naturales. Si bien
es importante el producto científico, no pueden omitirse el entusiasmo y las disposiciones
del espíritu suscitadas por el resultado tangible de la creación estética.
Necesitamos tanto de la ciencia como del arte. Ambos son formas e instrumentos de
expresión de la vida. Si el hombre sólo se guiaría por la racionalidad científica con su énfasis
en los hechos objetivos, en desmedro de la imaginación creadora, no alcanzaría su armonía,
se produciría un desequilibrio, estaría psíquicamente enfermo. De allí las palabras de Albert
Einstein: “La cosa más bella que podemos sentir es el lado misterioso de la vida. Es el
sentimiento profundo que se encuentra en la cuna del arte y de la verdadera ciencia”,
(Acha, 1974: 31).
Pero Orrego no sólo relaciona ciencia y arte, sino también el aspecto cognitivo con el
afectivo. Escribe: “Amor, es decir y hacer verdad. Es más leal quien es más veraz”. “Amor
no quita conocimiento: añade conocimiento”, (1995: I, 87). Él piensa que sólo quien
comprende es el que con más veracidad ama, y, a su vez, sólo quien ama es el que más
entrañablemente comprende. De este modo, encuentra veracidad tanto en el amor como
en el conocimiento. Esto explica la fervorosa vocación y dedicación del investigador a la
búsqueda de la verdad científica; un profundo sentimiento y devoción por su trabajo
impulsa su tarea dedicada a crear nuevo conocimiento.
Como ciencia y arte se presuponen, al creador de conocimiento científico no le son ajenas
las expresiones artísticas. Y el artista no puede estar al margen de la producción científica.
Veamos algunos ejemplos. El médico especialista en cirugía plástica, profesional formado
en el área del conocimiento científico, atiende pacientes que buscan lucir mejor su figura, es
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un escultor de cuerpos humanos, sobre todo de formas femeninas. El cirujano dentista es


formado en la disciplina estomatológica, pero su actuación no solamente tiene soporte
científico, sino también estético cuando atiende pacientes que solicitan arreglos de la
dentadura para “sentirse mejor” en sus comunicaciones interpersonales y con lo cual
eliminará los complejos que tenía al sonreír y conversar. Arquitectos e ingenieros aplican
conceptos matemáticos y leyes de la física para diseñar y construir ambientes acogedores,
optimizando el uso del espacio. Y así, encontraremos muchos ejemplos más sobre esta
relación. Por su parte, artistas plásticos y músicos utilizaran en sus procesos creativos
diversos productos de la ciencia aplicada: instrumentos, equipos y materiales, para
combinar colores, formas, sonidos y movimientos.

INTEGRACIONISMO LATINOAMERICANO

Sesión 5

En esta sesión vamos a tratar el Integracionismo latinoamericano.

Esquema de contenidos

Durante esta sesión realizaremos varias actividades significativas, para ello, te


recomendamos seguir la siguiente ruta de aprendizaje:

Integracionismo latinoamericano
1. América Latina
a) Integración política
b) Integración económica y social
c) Integración educativa y cultural
2. Vigencia de la Teoría de los Pueblos-continente
a) Procesos integracionistas en el mundo de hoy
 Procesos de integración en América Latina
b) Pensamiento orreguiano vivo sobre integración latinoamericana
 El desgarrón histórico
 Teoría de los gérmenes históricos

Objetivos

Como aprendizaje esperado tenemos lo siguiente:

 Leer, investigar e identificar en las megatendencias del mundo de hoy, la presencia de


las ideas orreguianas, y exponer sus resultados.

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América Latina

América Latina

Desarrollo de los contenidos

Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 2011. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 169-216.

Los pueblos latinoamericanos no llegarán al encuentro profundo de sí mismos sino a través de


una grande y poderosa unidad en que reside la plenitud de su futuro. Hacia allí nos impulsa,
también, como a los otros pueblos, el imperativo dialéctico de la historia.

Antenor Orrego

1. América Latina

A la América que fuera colonia de España, se la ha dado diversas nombres, como Indias que
fue durante siglos, la denominación oficial utilizada por España. Resultó del equivoco de
Colón cuando anunció haber arribado a la India en 1492, sin imaginar la existencia de
nuestro continente, ignorado entonces por Europa. De allí también el nombre de Nuevo
Mundo porque Europa y Asia se consideraban el Viejo Mundo. De este modo, nuevo sería
para los recién llegados, pero antiguo para quienes lo habitaban. América del Sur o América
Meridional hace referencia a la posición geográfica en este hemisferio. América Española o
Hispanoamérica alude a España; Iberoamérica, a dicho país y a Portugal.

Se tratan de nombres incorrectos porque preconizan la prevalencia de ambos países así


como, de los elementos raciales y culturales hispano-lusitanos, y excluyen, por lo tanto,
Haití que habla francés cuya población es mayoritariamente afrodescendiente, elimina
igualmente a los pueblos angloparlantes de nuestra región.

Eurindia fue una propuesta del escritor y educador argentino Ricardo Rojas; fusiona el
nombre de Europa con el de Indias. No tuvo éxito.
El nombre Indoamérica incluye todos los aportes raciales y culturales, aborígenes y foráneos
o resultantes de la fusión de ambos; penetra en la trayectoria total de nuestros pueblos.
Por cierto, somos el continente de grandes equivocaciones históricas respecto al nombre, al
hombre y a sus obras. Hasta ahora el mundo desarrollado ve la imagen de nuestra patria

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grande en forma distorsionada y falsa. Y en no pocas ocasiones, los propios hijos de estas
tierras fomentan tal hecho y acentúan el problema de nuestra identidad. La designación de
Indoamérica responde a lo que en verdad somos, implica pertenencia a una realidad, no es
excluyente, sino integradora.
La fase genética de América Latina, como idea, nombre y grupo de pueblos distintos a la
América Sajona, se registra entre las décadas de 1830 y 1850. Es por aquellos años cuando
aparece la idea de latinidad aplicada a la América del Sur, en escritores franceses que
comienzan a diferenciar en nuestro continente las dos grandes porciones determinadas por
las etnias sajonas y latina, que desde allende de los mares trasplantaron sus instituciones y
modos de vida a nuestras altitudes. La idea es recogida luego por intelectuales de esta
parte del mundo residentes en Europa. Se piensa entonces en una América “latina” (con ele
minúscula), se le adjetiva así, surge la idea, pero no el nombre de “América Latina” (con ele
mayúscula).
El francés Michel Chevalier (1806-1879), en la introducción de su libro “Cartas sobre la
América del Norte”, publicada en 1836, usa por primera vez el adjetivo “latina” para la
América Meridional. Allí está la idea de una América Latina, no la denominación. Y el primer
hijo de nuestra América que, utiliza este calificativo, en 1856, es el colombiano José María
Torres Caicedo (1830-1889), periodista, diplomático, político y escritor, radicado en París.
El nuevo nombre está asociado al anhelo de unidad de los países latinoamericanos. En sus
obras reconoce la fortaleza de América del Norte en su unidad; la debilidad de América
Latina en su división. Propone la reunión de una dieta latinoamericana (parlamento); la
ciudadanía continental; un tribunal supremo multinacional; un ejército para la defensa
común; la adopción de los mismos códigos, pesas y medidas; moneda única. Igualmente
plantea un sistema uniforme de enseñanza con obligatoriedad y gratuidad de la educación
primaria. No solo piensa en la integración política, sino también, aunque de modo
embrionario, casi instintivo en la integración económica y educativa.

Otro caso es Francisco Bilbao (1823-1865), escritor y político chileno, también radicado en
Francia, autor de obras en que expone sus ideas unionistas: “La América en peligro”, “El
evangelio americano”, y sobre todo “Iniciativa de la América. Idea de un congreso federal
de las repúblicas”. Él sostiene la necesidad de mantener la libertad y lograr la unión en
previsión de las acechanzas foráneas.

América Latina

El nombre más difundido, América Latina y con él sus derivados latinoamericano y


latinoamericanismo, aluden a la cultura de origen latino, a la lengua española y portuguesa,
reconoce la influencia renacentista y toma en cuenta el aporte de la revolución francesa en

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la emancipación de nuestros países y en su conformación republicana. Estos vocablos


incorporan a Haití. Cronológicamente corresponden al siglo XIX.
Dentro de esta región se incluye a todos los países que se extienden desde el río Bravo
(entre México y Estados Unidos) hasta el sur del continente. En el origen y difusión del
nombre de América latina, siempre se vio al Caribe como parte de ella, no aparte, como
sucede en los últimos tiempos en las reuniones internacionales.
A esta porción del continente, Orrego la denomina indistintamente Indoamérica y América
Latina. También usa la expresión “nuestra América” para referirse a ella. En verdad, en el
ideario orreguiano, el centro de su pensamiento americanista es América Latina. Vale decir,
su americanismo es propiamente latino o indoamericanismo. A la otra América, a la del
norte, representada por Estados Unidos, la llama América Sajona.
Con su pensamiento puesto en nuestras tierras, con una filosofía de la identidad, escribe el
amauta: “Toda cultura, para ser ella misma, precisa entrañarse en sus ingénitas raíces
vitales. Un pueblo o una raza no llega a ser órgano de expresión histórico, mientras no
penetra, con ojo buído, en la intimidad secreta de su propio ser. Intimidad que, por serlo, no
puede prestarse a otro y que es inalienable en absoluto”.
Entonces, América debe ir hacia su americanización, ser ella misma, no la copia de realidades
ajenas, terminar con el espíritu extranjerizante, con el plagio y el mimo extraño a nuestro
ser. Orrego sostiene, la necesidad de educar para la toma de conciencia de la
americanización.
Sólo mediante este proceso formativo, el pueblo será él y no otro, podrá penetrar en sus
raíces vitales, en la entraña de su ser, llegar a distinguir la ficción de la realidad, señalar sus
diferencias respecto a los demás, expresarse con sentido original, exteriorizar su identidad.
Y como nuestro país es parte de América, la americanización lo incluye; así, en términos
específicos se dirá que en el pensamiento orreguiano está presente la peruanización del
Perú.

Países de América Latina

a) Integración política

El amauta Antenor Orrego encuentra un sentimiento de unidad en estado germinativo


desde los inicios de la conquista o invasión del continente, como una reacción al dominio
impuesto desde el otro lado del mar. Es más sostiene que dicho sentimiento ya existía en la
conciencia americana anterior a la llegada de los europeos. El choque de Europa con las
antiguas culturas del continente produjo la disgregación durante la colonia. La
independencia recogió el mensaje de unidad, pero fue un intento fallido; sus formas

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políticas y jurídicas, trasplantadas de la Europa liberal no fueron digeridas en estas tierras.


Producida la victoria independentista, nuestros países perdieron la primera oportunidad de
su unificación, cayeron en la dislocación, traicionaron su intrahistoria, “desmenuzándose en
pequeñas republiquitas independientes que reprodujeron, con algunas variantes más
fraccionadas todavía, en algunos casos las demarcaciones administrativas y burocráticas
que trazó la inepcia de la monarquía madrileña”. (Orrego, 1995: II, 23).
Este intelectual hace un estudio analítico del localismo y nacionalismo de Europa y América.
Allá, a pocos kilómetros de distancia, se encuentran diferencias en las formas de gobierno,
la lengua, la religión, las costumbres, la raza y el espíritu. Aquí, desde hace siglos, el
escenario está listo para encontrar el vehículo de la unidad; así lo indican: a) el cruce de las
distintas razas en su casi finales etapas de compenetración biológica; b) una lengua común,
con excepción de algunas pequeñas áreas del Caribe, ya que el portugués del Brasil por ser
una lengua gemela del castellano no constituye una barrera insalvable para la comunicación;
c) una misma creencia religiosa, el cristianismo; d) una identidad en la historia y en la misión
cultural; e) una economía y una producción de fácil complementación y coordinación en un
cuerpo solidario; f) un nuevo y profundo sentimiento común y una concepción integral ante
la vida; g) la defensa frente a los peligros de la denominación imperialista.
Orrego anuncia una de sus conclusiones así: “Somos, pues, los indoamericanos el primer
PUEBLO-CONTINENTE de la historia y nuestro patriotismo y nacionalismo tienen que ser un
patriotismo y un nacionalismo continentales. Todo nos impulsa, visiblemente, hasta para
los ojos menos zahoríes, a construir una cultura más universal que la europea”. (Orrego,
1995: I, 165).
En su pensamiento, une el concepto geográfico “continente” a su contenido humano o
concepto antropológico, sociológico y político “pueblo” que en América Latina lo
encuentra con sentido coherente e inconfundible. El concepto resultante, “pueblo-
continente”, indica que desde el río Bravo hasta el cabo de Hornos el pueblo es uno solo
como se advierte de su contextura general, del sentido interno y profundo de su vida, el
carácter unitario y ecuménico del alma colectiva, la compulsión dialéctica de su historia, sus
grandes intereses políticos y económicos.
Según su estudio, América Latina por impulso dialéctico va hacia su unificación, lo cual
constituye un trance decisivo y vital, que la pone frente a la alternativa hamletiana del to be
or not to be expresada así: “Anquilosamiento, regresión y muerte o ascensión biológica,
vigencia histórica y continuación progresiva”. Sin embargo, multiplicidad de factores –
como los ya anotados – la llevan a la solidaridad, la mancomunidad y la unión, y en esa ruta
nos encaminamos. “Pero no a una solidaridad romántica y discursiva […] sino a la
constitución de un vasto organismo concreto y tangible, de un organismo que rija, en carne de
realidad política, económica y cultural, nuestros destinos superiores”. (Orrego, 1995: I, 167). Y
pronostica que los organismos nacionales están destinados, por una imperativa fuerza
dialéctica, por la energía inherente a su crecimiento, a discurrir en vastas agrupaciones
continentales. Esos grandes organismos unitarios, concretos y tangibles tienen su
expresión actual en: Asociación Latinoamericana de Integración, Comunidad Andina,
Mercado Común del Sur, Sistema de Integración Centroamericana, Comunidad del Caribe,
Unión de Naciones Suramericanas, Convenio Andrés Bello y otros más.
El autor de “Pueblo-Continente” no agota su interpretación de las relaciones
internacionales con la integración continental; avanza hacia el universalismo. Ciertamente,
piensa que el mundo marcha hacia su unificación, por ende, le asigna a Indoamérica
responsabilidad mundial de pensar, obrar y sentir en esa dirección. Avizoró que la
humanidad camina hacia el mestizaje racial y cultural, a la integración de instituciones
sociales, políticas, económicas y religiosas. Escribió entonces: “Cada país vive en función del
globo entero científica, artística, económica y políticamente”. En rigor del término, no hay
ya acontecimientos locales sino acontecimientos de una extensa proyección universal. Cada

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hombre de hoy, cualquiera que sea su raza o su país, va siendo moldeado, en cierto modo,
por el planeta entero”. (Orrego, 1995: I, 177).
Cuando Europa desplegaba grandes esfuerzos por su integración (1958), el escritor André
Malraux, Ministro de Información de Francia se refirió a una nueva era abierta en el mundo
con el nacimiento de los estados-continentales. Nada más ni nada menos que la idea
orreguiana expuesta desde muchas décadas anteriores.

b) Integración económica y social

Según Orrego, América es síntesis de razas y culturas, el nudo o centro donde se han
cruzado, confluido y conectado todas las sangres.
América ha desempeñado la función de osario o pudridero de todas las progenies para
convertirse en una macrocósmica entraña del porvenir.
Aquí, primero, se ha producido la descomposición biológica del indio, del europeo, del
africano y del asiático, con su vuelta al caos primordial, al humus original, y luego se
fundieron en este gigantesco crisol telúrico. Valúa al mestizaje como el camino de los
pueblos, más no lo estima transicional, un puente hacia un nuevo hombre, una forma
biológica estable. En América, muere y se descompone el indio y el europeo para que
aparezca una nueva estructuración orgánica y espiritual, el hombre americano. Si se
considerase la pureza de sus razas, en América no
tiene porvenir ni el indio, ni el europeo, ni el africano,
ni el asiático; ellos son factores complementarios de
una nueva conformación física y mental en proceso de
afinación, en el cual no importa el color de la piel, sino
el nuevo juego de fuerzas que se estructuran en el
continente como un todo unitario y que será el
instrumento de una nueva expresión del espíritu
universal. Leamos sus palabras: Razas
“Desde hace cuatro siglos todas las razas están derritiéndose en la hoguera de América.
Para ayer, necesaria fusión disgregativa; proceso de integramiento y de reconstitución, para
mañana. El ojo miope y retrasado no ve sino el caos, la heterogeneidad momentánea y
epidérmica, de la cual casi no puede hablarse sino en pretérito, puesto que ha comenzado
el proceso de integración. El indio, el blanco, el asiático, el negro, todos han traído su aporte
y se han podrido y están acabando de podrirse en esta inmensa axila cósmica, para libertar
sus respectivas superioridades integrantes que harán el hombre americano, cumplido ya
para el porvenir de la humanidad”. (Orrego, 1995: I, 149).
Nuestro filósofo usa el término integración en el sentido orgánico o racial, primero, y de allí
se traslada al campo social y cultural; todo lo cual, en su pensamiento tiene correlato de
carácter político y económico. A la integración de América Latina le antecede pues,
paradójicamente, la desintegración producida en las entrañas del inmenso osario
continental. En su libro Pueblo-Continente, Orrego – como antes José Vasconcelos – le da a la
palabra integración el temprano significado que ha adquirido en las relaciones
internacionales y de interdependencia del mundo de hoy. Y utiliza indistintamente los
vocablos “integración” y “unificación” o “unidad”, con el mismo sentido.
Los latinoamericanos – afirma – debemos elaborar una doctrina política y económica, de
acuerdo con nuestras realidades y posibilidades, lejos de pensar en un mesianismo que nos
conducirá al desastre, como tantas veces ha sucedido en nuestra historia. Entonces,
considera incuestionable la unificación de nuestros esfuerzos e intereses económicos en un
organismo que defienda e incremente nuestra producción. En tal sentido las zonas de libre
comercio serán caminos previos para estructurar la unificación en el mercado común
latinaomericano, dentro de una futura unidad de mayor amplitud, política, jurídica, cultural.
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Estuvo al día de los pasos del mercado


común europeo, del parlamento europeo y
demás procesos integracionistas de
diversas áreas del planeta. Sostuvo que el
mundo no puede subsistir fraccionado en
pequeñas zonas aisladas sino coordinando
sus actividades económicas, por eso,
lograda la unidad económica de Europa, su
unidad política y jurídica estará a la vista.
Observó que en Asia y en África, como
entre los árabes, diversos países se
afanaban por lograr la solidaridad de sus
actividades productivas.
El Mercado Común Europeo
Pensó que los pasos en América Latina, por ser todavía indecisos y vagos, la podrían dejar
rezagada, sin embargo, en ningún otro grupo de países vio más apremiante su unidad
económica, con mayor razón ante el surgimiento de grandes bloques en otros espacios del
orbe.
Escribió que la idea del mercado común latinoamericano, le permitió a muchos ver
claramente la urgencia de defender los intereses económicos de nuestros países, impulsar
su desarrollo industrial aún incipiente y comprender que la región se construirá en un
ingente reservorio del porvenir.
Su pensamiento integracionista se mantuvo firme hasta el final de su vida. Y atento a los
sucesos mundiales y su repercusión en nuestro Pueblo-Continente, anotó en 1959:
“El apremio de la época nos empujó a coordinar y articular nuestra economía y nuestros
considerables recursos. La constitución del primer mercado común europeo, nuestro
enorme crecimiento demográfico, la necesidad imperativa de desarrollar nuestro poder
industrial y nuestra riqueza para salvar la miseria y la ignorancia en la que viven las grandes
masas, son factores principales de esta nueva conciencia continental. Surge la urgencia de
un mercado común latinoamericano. No podemos esperar por más tiempo la coordinación
de nuestros recursos y de nuestros intereses económicos so pena de quedar rezagados y de
prolongar nuestra miseria”. (Orrego, 1995: I, 387).
Condenó el imperialismo y a la política entreguista de los gobiernos al capital extranjero.
Observó que los países latinoamericanos, unos más que otros, no eran países
interdependientes en relación con Europa y Estados Unidos, sino económicamente
dependientes del imperialismo, hecho central de nuestra economía que subsistirá mientras
vivamos aislados. Se impone entonces la estructuración de un Estado antiimperialista para
defender a las masas productores y hacer posible nuestra independencia económica dentro
del esquema de una América Latina integrada.

c) Integración educativa y cultural


Orrego hizo la disección del continente, lugar o crisol de todas las razas y culturas del
mundo donde se dieron cita fraterna y se fundieron recíprocamente. La integración de los
pueblos y culturas, que convergieron en América otorgan sentido cósmico al hombre de
nuestro continente. Y este hombre, síntesis de todas las razas y culturas, es el que debe
elaborar un mensaje cultural nuevo de profunda orientación humanista y ecuménica. La
fusión de los elementos culturales autóctonos con los europeos está tomando una nueva
dimensión que hará visible en el futuro la nueva expresión cultural de América Latina en un
conjunto homogéneo y unitario; cultura que no la lograremos copiando el aporte del
pasado, ni tampoco imitando como los simios los ademanes ajenos, sino que será el
alumbramiento original de nuestro propio ser.

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Respecto a la copia del pasado, el maestro sostiene que el mensaje de América Latina para
el mundo será una expresión hacia adelante, obra de creación y no de copia regresiva. El
estudio y la comprensión del pasado han de servir únicamente como alumbramiento del
porvenir, como basamento del futuro. Y en relación a la copia foránea dice: “Europa nos ha
educado y tiene aún que educarnos, pero, nosotros tenemos la responsabilidad de rebasar
sus limitaciones inherentes alumbrando, clarificando y definiendo nuestra misión histórica y
humana. No es por el camino de la imitación simiesca que la cumpliremos, sino por el
camino de la diferenciación y de la creación original”. (Orrego, 1995: I, 165). La tarea de
América consiste en producir un nuevo tipo de hombre capaz de crear sus propios medios
de expresión para revelarse ante el mundo y superar las realizaciones precedentes. América
será como la partera cósmica de una cultura integral y de proyección ecuménica.
Si América Latina, nuestro pueblo-continente, trata de liberarse del dominio económico,
político y cultural, y dejar atrás el subdesarrollo y el colonialismo mental, si busca
encontrarse a sí misma, definirse en sus características propias, esenciales y permanentes,
el corolario resultante nos indica que ello sólo se podrá conseguir mediante el concurso de
una educación sustentada sobre la base de una filosofía de la identidad y de la originalidad
creativa, estremecedora de las conciencias y alumbradora del camino de redención social.
Los aportes orreguianos del área educativa forman parte, como un todo inseparable, del
cuadro general de sus ideas filosóficas, políticas y estéticas. De su pensamiento fluye una
educación para la toma de conciencia del surgimiento de un nuevo humanismo, de la
singularidad cultural de América Latina de las manifestaciones genuinas de su intelecto; una
educación para que cada persona se comprenda a sí misma, a las demás y a los procesos de
cambio del mundo; una educación para impulsar la integración de nuestro pueblo-
continente. En este sentido, le señaló importante rol a las universidades que deberían
desarrollar sus actividades de cara a la identidad y en función de la realidad de nuestros
países. El postuló un modelo de universidad indoamericana cuya misión sería la de estudiar
los problemas y buscar sus soluciones, dilucidar el aporte cultural surgido de estas latitudes
y señalar derroteros en procura de mejores condiciones de vida.
Piensa que si no se combate la ignorancia y la incomprensión de una política de estilo
continental o integracionista, América Latina quedará rezagada en el proceso de
agrupación y colaboración de pueblos. Es clara, pues, la tarea propia de la educación.

2. Vigencia de la teoría de los pueblos-continente

a) Procesos integracionistas en el mundo de hoy


Los procesos integracionistas han existido desde tiempos lejanos. Unos fueron exitosos,
otros no. En la antigua Grecia, los representantes de las ciudades-estado se reunían en una
anfictionía o confederación para tratar asuntos de interés común. Ahora se usa el término
“cumbre” para designar el evento internacional en la cual los dignatarios de diversos países
abordan problemas políticos, económicos y de otra índole, incluidas las cuestiones de su
unificación. En América Latina, el evento precursor de las cumbres de hoy fue el Congreso
de Panamá (1824), convocado desde Lima por el Libertador Simón Bolívar y su Ministro José
Faustino Sánchez Carrión, mediante el cual se intentó aglutinar a los países del continente
que luchaban contra el dominio colonial de Europa.
En nuestra época, la integración y la interdependencia de pueblos son megatendencias
planetarias. Ocurren no sólo en América Latina sino en diversos lugares de la tierra. Y
paralelamente han surgido organismos multinacionales de financiamiento, tales como el
Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID).
Antenor Orrego aportó a la integración latinoamericana con una consistente
fundamentación filosófica, antropológica, sociológica y política, dentro de un sólido marco
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histórico. Su teoría de los pueblos-continente, es el trasfondo c0nceptual de los procesos


integracionistas en curso en América Latina y, por extensión, en todo el mundo. Y es
aplicada con más éxito en otros espacios, particularmente en Europa, que en el nuestro.
Ciertamente Orrego no es el único precursor de este proceso; junto a él figuran preclaros
pensadores de diversos países: Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento, José Martí,
Eugenio María de Hostos, José Enrique Rodó, José Ingenieros, Ricardo Rojas, José Vasconcelos,
Gabriela Mistral, Pedro Henríquez Ureña, Gabriel del Mazo, Germán Arciniegas y muchos más.
Pero la concepción latinoamericana más sólida, coherente y políticamente estructurada
salió del Perú desde la década del 20 del siglo pasado. Esta conformación doctrinaria del
integracionismo latinoamericano, puesta de manifiesto en diversos proyectos u organismos
con mirada hacia el futuro, es principalmente aporte de Víctor Raúl Haya de la Torre y
Antenor Orrego, como lo evidencian la producción intelectual y la acción históricamente
registrada de ambos personajes surgidos del Grupo Norte de Trujillo.
Con tono profético, anota el autor de esta teoría: “Los pueblos latinoamericanos no
llegarán al encuentro profundo de sí mismos sino a través de una grande y poderosa unidad
en que reside la plenitud de su futuro. Hacia allí nos impulsa, también, como a los otros
pueblos, el imperativo dialéctico de la historia”. (Orrego, 1995: IV, 173).

b) Procesos de integración en América Latina

En el espacio de América Latina actualmente se realizan procesos de integración tanto de


ámbito regional cuanto de alcance subregional, unos son de índole política y económica,
principalmente y otros del área educativa y cultural. Para tales efectos, ha surgido
diversidad de organismos entre los cuales es imperiosa una pronta y efectiva coordinación,
a fin de acrecentar el ritmo unionista y evitar superposiciones y el burocratismo enervante.
Entre estos procesos tenemos:

 Integración Centroamericana
 Integración del Caribe
 Asociación Latinoamericana de Integración - ALADI
 Sistema Económico Latinoamericano - SELA
 Parlamento Latinoamericano
 Comunidad Andina - CAN
 Convenio Andrés Bello - CAB
 Unión de Universidades de América Latina - UDUAL
 Parlamento Amazónico
 Mercado Común del Sur – MERCOSUR
 Unión de Naciones Suramericanas – UNASUR

Comunidad Andina Parlamento Andino Convenio Andrés Bello

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c) Procesos similares en otras partes del mundo


La integración y cooperación de países han ocurrido en diferentes lugares y épocas
históricas, aunque sin los ribetes actuales que los presentan como una característica de
nuestro tiempo. Es pertinente, pues, pasar revista panorámica de sus principales procesos
fuera del espacio latinoamericano. Todo lo cual revela el aserto visionario de Antenor
Orrego.

 Estados Unidos de América - [Link].


 Unión Europea - UE
 China
 India
 Rusia
 Países árabes
 Países africanos
 Consejo Económico de la Cuenca del Pacífico – APEC
 Australia
 Indonesia

3. Pensamiento Orreguiano vivo sobre Integración latinoamericana

La integración y cooperación de países han ocurrido en diferentes lugares y épocas


históricas, aunque sin los ribetes actuales que los presentan como una característica de
nuestro tiempo. Es pertinente, pues, pasar revista panorámica de sus principales procesos
fuera del espacio latinoamericano. Todo lo cual revela el aserto visionario de Antenor
Orrego.
En sus principales obras, “Pueblo-Continente” y “Hacia un humanismo americano”, Orrego
estudia la integración de nuestros países, también abordado en diversos artículos.
A continuación algunas páginas tomadas de dichos libros. Al tenor de su análisis, aquí, en la
magna patria latinoamericana, la unidad biológica y cultural del pueblo-continente habrá de
desembocar en la unidad política de un estado-continente.

a) El desgarrón histórico

Para América, la conquista europea fue una catástrofe, una tragedia de proporciones
cósmicas, ya que ella significó no solo el hundimiento y el eclipse de una raza que había llegado
a un estadio resplandeciente de civilización, sino, también la inserción de un alma extraña que
vino, a su vez, a trizarse o, cuando menos, a deformarse dentro de las poderosas fuerzas geo-
biológicas que actuaban en la tierra continental como un disolvente, como una energía letal y
corrosiva. De este choque salieron moribundas y cadaverizadas, como sombras espectrales, el
antigua alma indígena y el alma invasora de Europa.
En la historia del mundo, América es un gran desgarrón. El desgarrón de una raza vigorosa por
obra de la conquista y la violencia de la barbarie occidental. Esta raza cumple un ciclo de vida
de cultura superior, sin el concurso ni la aportación de las otras razas. Caso único en que se
abre el seno de un Continente como un hipogeo cósmico, para que viniera a cadaverizarse y
podrirse todos los pueblos de la tierra, dejando un humus humano, rico en elementos
fecundantes y en posibilidades inauditas.
Por eso, América ha vivido sin su propia experiencia. Toda su vida histórica, es decir, toda
aquella parte de su vida que se inserta en el acontecer del mundo, ha sido un abismarse de
Europa en ella, una fusión de todas las razas en sus tórridas entrañas. Caso en que una

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prehistoria es superior, es más que la historia, porque lo que conocemos del Imperio Incaico
era, ya desde hacía mucho tiempo, una decadencia, y porque Europa, que en el sentido vital de
la palabra, no ha creado todavía nada en América, no ha hecho sino repetirse mal, y repetirse
destruyendo lo que había de vivo, orgánico y fuerte en esta parte del mundo.
Y éste es el desgarrón de América. Un desgarrón que se cumple hasta en el hecho simbólico de
que un navegante sale en busca de una cosa y, de súbito, se encuentra con otra. América es,
pues, la aventura. El gran tropezón histórico de Colón y, por eso, en cierto sentido, la hija de lo
fortuito y de lo inesperado. América constituye el recomienzo de una vida nueva para la cual
no sirven, en su significado concreto y particular, ni la experiencia, ni las leyes, ni las normas
que ensayaron el hombre europeo y el hombre oriental a través de los siglos, América es una
nueva posibilidad humana. (Pueblo-Continente, en Obras completas, 1995: I, 147-148).

4. Teoría de los gérmenes históricos

Creemos […] que el impacto que sufrió América con la invasión de Europa, significo una
tremenda catástrofe para la subsistencia integral de ambas culturas en el ámbito del Nuevo
Mundo. Las dos se desintegraron con el choque – la europea continúa aún desintegrándose – y
de esa doble desintegración está surgiendo la nueva expresión cultural de América que, desde
luego, será en su culminación futura, una expresión superior a las anteriores expresiones
aisladas de sus progenitores.
¿Qué es lo que muere y se destruye con el tremendo impacto cultural de los dos mundos y qué
es lo que sobrevive y persiste en el nuevo complexo-cultural americano?
La teoría de los gérmenes históricos viene precisamente a llenar esta función iluminadora y,
por lo tanto, a clarificar y precisar la respuesta que buscamos.
En una cultura hay que distinguir cuidadosamente dos factores: uno, morfológico, material,
palpable, temporal, que nos da el inmediato semblante, la fisonomía, digamos, visible de dicha
cultura, que se evidencia en los productos culturales realizados: arquitectura, puntura, música,
obras tecnológicas, filosofía, literatura, usos ceremoniales, costumbres y ritual religioso. Y
otro, interno, íntimo, ingrávido, que se expresa y se revela a través del primero y que
constituye el espíritu, el centro creador del conjunto de valores estéticos, religiosos, etc.; en
potencia; en una palabra, la esencia invisible e imponderable del proceso cultural, su sentido
espiritual último.
El primero se extingue con la desaparición o desintegración de la cultura que lo creó. El
segundo es intemporal, resiste a la melladura corrosiva del tiempo una vez realizado desde
cualquier circunstancia, perdura, es inmortal, cualquiera que sea el destino adverso o
afortunado, de la cultura en la que se encarnó, y está destinado a incorporarse en cualquier
época o circunstancia propia a su alumbramiento y durante el desenvolvimiento histórico del
hombre.
Estas esencias culturales constituyen los gérmenes históricos que fecundan y generan otras
culturas diferentes. (Fragmentos de Hacia un humanismo americano, en Obras Completas,
1995: II, 189-195).

Referencia Bibliográfica

Robles Ortiz, Elmer (2011). Cátedra Antenor Orrego. Trujillo: Inversiones Gráficas G&M SAC.
pp. 1-246

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Common questions

Con tecnología de IA

Antenor Orrego propuso la integración educativa y cultural de América Latina como una síntesis universal de razas y culturas diversas. Creía que esta integración debía trascender el pasado y evitar la mera imitación de modelos extranjeros. Su visión incluía un mensaje cultural original con una orientación humanista y cosmopolita, donde América debía ser la partera de un nuevo tipo de hombre, capaz de crear sus propios medios de expresión. Orrego destacó la necesidad de una educación basada en una filosofía de la identidad, orientada al autoconocimiento y comprensión de los procesos de cambio, que sería crucial para lograr el desarrollo y emancipación del continente .

Para Antenor Orrego, la Americanización es crucial para el desarrollo cultural de América Latina, ya que implica un proceso de autodescubrimiento y de afirmación de la identidad propia del continente, en oposición a la imitación de culturas extranjeras. Considera que solo mediante la Americanización, América Latina puede alcanzar su potencial auténtico al penetrar en sus raíces culturales y expresar su distintividad, alejándose del colonialismo mental. Este proceso propone una nueva identidad cultural que se refleja en las artes, la política y el pensamiento, y que se fundamenta en valores propios y en la emancipación de influencias externas .

Antenor Orrego critica a las universidades por no haber despertado ni formado al hombre en los profesionales salidos de sus aulas. Sostiene que su más alta misión es ser depositarias y discernidoras de la experiencia histórica de un pueblo, lo que es crucial para la consolidación política e institucional. Defiende la idea de una universidad dinámica, flexible e integral, que fomente una cultura viva y nacional, en oposición a una educación basada en conceptos extranjeros o letra muerta. Destaca la importancia de que las universidades acerquen la cultura al pueblo, propiciando una educación que impulse la identidad y originalidad creativa, factores esenciales para el desarrollo y redención social .

El Grupo Norte, en el que participaron figuras como Antenor Orrego, César Vallejo, y Víctor Raúl Haya de la Torre, llevó a cabo el más importante movimiento intelectual y la revolución ideológica más vital de la época en Perú. Este grupo contribuyó significativamente al surgimiento de una cultura peruana genuina, alejándose de influencias coloniales y europeas, y promoviendo una identidad indoamericana que se reflejaba en artes, literatura y política. A través de sus encuentros y publicaciones, como la revista "Iris" y el diario "El Norte", establecieron un precedente en la creación de pensamiento y políticas que buscaban unir y destacar la identidad cultural peruana .

Antenor Orrego sostenía que el supremo fin del Estado debía ser la exaltación del hombre a su máxima plenitud espiritual, entendiéndolo como la razón fundamental de su existencia. Consideraba que el Estado debía centrarse en servir al ser humano, promoviendo su desarrollo integral dentro de la sociedad. Su visión contrastaba con modelos de Estado que priorizaban la instrumentalización del individuo para fines económicos o políticos, abogando por una estructura estatal que fomente el crecimiento espiritual y humano, así como la participación cívica en la vida política .

El periódico "El Norte", fundado por Alcides Spelucín y Antenor Orrego, fue un centro inspirador y dinamizador de la corriente intelectual y literaria emergente en el norte de Perú. Cumplió un papel clave al canalizar y brindar una plataforma a las nuevas ideas y creaciones literarias del Grupo Norte, convirtiéndose en un epicentro para la difusión de su pensamiento y obras a lo largo del país. Así, "El Norte" ayudó a legitimar y expandir la influencia del grupo más allá de los límites geográficos de Trujillo .

Antenor Orrego contribuyó a la formación de una cultura histórica y espiritual al defender la creación de una cultura dinámica y viva, fundada en la experiencia histórica del pueblo y orientada a superar el conocimiento meramente académico o extranjero. Promovió la idea de una educación que priorice el desarrollo del hombre como ser integral, capaz de entender su identidad cultural y política. Sus aportes se materializaron a través de la cátedra, el periodismo, y la literatura, donde examinó el pasado y abogó por una cultura que reflejara las aspiraciones del pueblo y sus riquezas culturales innatas, fomentando una transformación espiritual y educativa .

Alcides Spelucín describió a la "Generación del 20" como pionera en la conciencia colectiva de la identidad peruana, saltando los muros del colonialismo para clamar por la fraternidad mundial y abriendo brechas en la educación universitaria tradicional. Esta generación marcó un antes y un después en la cultura peruana, dejando una profunda huella en el arte, la música, y la literatura al peruanizarlas y alejarlas de influencias europeas, estableciendo así una expresión genuinamente indoamericana. Además, impulsaron un enfoque crítico e innovador hacia los problemas nacionales desde múltiples áreas como ingeniería, sociología, y medicina .

Orrego concibe la relación entre cultura y política como intrínsecamente vinculada a través de la educación, que según su filosofía, es una acción constructiva y permanente que debe decantar el espíritu humano. Creía firmemente en una cultura histórica y encarnada en hombres concretos, y consideraba que el hacer cultura era a la vez una acción política educadora e imperecedera. Por ello, defendía que un Estado cuya aspiración máxima fuese la exaltación del hombre debería involucrar una policultura viva que impulse la conciencia social y política del individuo .

Antenor Orrego criticó las universidades de su tiempo por ser incapaces de formar al hombre íntegro y despierto, dedicándose principalmente a formar profesionales técnicos. Defendió que las universidades debían ser más que meras entidades académicas, ocupándose de ser la conciencia histórica de un pueblo, esenciales para la estabilidad política y social. Abogaba por una universidad que, en su dinamismo, se enfrenta a los problemas contemporáneos, acercando la cultura al pueblo, contribuyendo al desarrollo de una identidad cultural propia y robusta mediante una enseñanza que dés prioridad al ser humano y su máximo desarrollo espiritual .

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