Actividad Formativa IV: Pensamiento y Obra de Antenor Orrego
Actividad Formativa IV: Pensamiento y Obra de Antenor Orrego
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Segunda edición
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Trujillo-Perú
Abril, 2015
ÍNDICE
NORTE 4-12
1. Ideas educacionales 22
a) Definición y fines 22-24
b) Contenidos de aprendizaje 24
c) Agentes educativos 24-26
d) Estrategias del proceso de enseñanza-aprendizaje 26-27
e) La universidad y su misión 27-29
f) Universidad y pueblo 29
g) Educación, cultura y política 30-31
1. Acerca de la filosofía 32
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a) ¿Qué es una filosofía? ¿Cuál es la función de pensar? 32-34
2. Acerca de la estética 34-35
a) Estética 35-36
3. Acerca de la ética 36-37
a) Ética 37-38
4. Acerca del arte y de la ciencia 38-39
Referencias bibliográficas 49
Sesión 1
En esta sesión vamos a tratar el contexto histórico y factores influyentes en el surgimiento del
Grupo Norte.
Esquema de contenidos
a) El anarcosindicalismo
b) La revolución mexicana
c) La primera guerra mundial
d) La revolución rusa
e) La Reforma Universitaria
f) La revolución científica y tecnológica
g) La realidad nacional
h) La realidad local y regional
Objetivos
Como aprendizaje esperado tenemos lo siguiente:
Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 20 11. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 17-36
Las veladas transcurrían entre lecturas, comentarios de los nuevos libros, conferencias
improvisadas, recitaciones poéticas, música clásica y, más que todo, la crepitante algazara de
los mozos que incursionaban con frecuencia en los restaurantes y cafés de la ciudad.
Antenor Orrego
A los jóvenes que comenzaron a destacar en Trujillo durante la segunda década del
siglo XX y confluyeron en el Grupo Norte, les tocó vivir, durante los años de su
formación y en los inicios de su actividad intelectual, un tiempo en el cual acaecieron
trascendentales hechos históricos en la ciudad, la región norte, el Perú, América Latina
y el mundo entero.
a) El anarcosindicalismo
b) La revolución mexicana
positivismo y se les conocía como “los científicos”, entre los cuales hubo algunos
intelectuales connotados.
La revolución estalló el 20 de noviembre de 1910, año en que Díaz se impuso en las
elecciones, pero dimitió en 1911. Francisco I. Madero fue el iniciador del movimiento, en
torno del cual se congregaron los luchadores por la libertad y la justicia social. Su lema,
“Sufragio efectivo; no reelección”, tuvo acogida en las mayorías populares, que
además del cambio político, exigían rumbo social con el abanderado Emiliano Zapata,
representante del espíritu agrarista, para ayudar a los campesinos que eran víctimas de
secular explotación por parte de los grandes hacendados.
Con sus aciertos y errores, éxitos y fracasos, la revolución mexicana agitó
profundamente la conciencia política de toda América Latina, de modo especial entre
los jóvenes estudiantes, profesionales, intelectuales y trabajadores. Su definición por la
libertad, la soberanía popular y nacional, la reforma agraria, la educación, la
democracia y la justicia social, así como su posición antioligárquica, antifeudal y
antiimperialista, y la alianza de diversos sectores ciudadanos para convertir en realidad
las ideas de transformación, fueron estímulo y ejemplo a seguir por parte de las
juventudes anhelantes de mejores condiciones de vida en nuestros países, sobre todo
en los cuales su economía era semejante y los campesinos sufrían cruel explotación.
d) La revolución rusa
El zar Nicolás II, gobernaba Rusia desde 1894, había implantado un régimen despótico;
sus súbditos carecían de libertades y derechos elementales; la mayoría de la población
(campesinos, obreros, artesanos y empleados) sufría explotación, vivía en la pobreza y
padecía hambre, mientras los nobles poseían riquezas y gozaban de privilegios; las
tierras pertenecían a pocas personas; las jornadas de trabajo alcanzaban hasta 15 horas
al día y los salarios eran bajos. Ante la indiferencia del gobierno y de la nobleza frente a
esas condiciones precarias de vida, el pueblo no tuvo otra alternativa que proclamar un
trato digno y humano mediante la revolución. En 1917, se presentaron las condiciones
propicias para el levantamiento. El ejército ruso fracasaba en la primera guerra
mundial, las principales ciudades, sobre todo Petrogrado, sufrían el flagelo de la
hambruna, lo cual desató la turbulencia popular, acrecentada por las medidas
represivas del gobierno. La monarquía fue abolida y se estableció la república, el soviet
o consejo revolucionario (obreros, campesinos y soldados) eligió un gobierno
provisional al mando de Alejandro Kerensky. Pero no satisfizo las expectativas
populares y, mediante la llamada “revolución de octubre”, fue derrocado por los
bolcheviques – socialistas partidarios de la toma violenta del poder – liderados por
Vladimir Illich Ulianov (1870-1924), más conocido como Lenin. A los pocos años, Lenin
conformó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
La revolución rusa aportó un mensaje de redención de los oprimidos, inflamó la
imaginación de las juventudes obreras y estudiantiles, y las motivó en la lectura del
marxismo. Con la caída de la monarquía zarista, pensaron que el gobierno de los
pobres era posible. Las promesas de una sociedad igualitaria y la consecución de la
justicia social conmovieron a los sectores anhelantes de terminar con la explotación del
hombre por el hombre, como era el caso de la inquieta juventud de Trujillo. A la muerte
de Lenin, su fundador, le sucedió José Stalin (1879-1953), cuyo poder omnímodo
implantó un régimen totalitario y profundizó el capitalismo de Estado, el poderío
militar y el gobierno centralizado. En el Perú, la juventud y el pueblo aspiraban
conseguir la justicia social pero sin sacrificar la libertad. Esa fue una nota típica de los
conformantes del Grupo Norte.
e) La reforma universitaria
Los primeros años del siglo XX no solo están marcados por los cambios políticos y sociales,
sino también por el progreso científico y su manifestación tecnológica. Con el desarrollo de
las ciencias matemáticas y físicas, se abrieron paso nuevos conceptos sobre materia, masa,
energía, movimiento, velocidad y muchos más, cuyas repercusiones fueron enormes en
todas las manifestaciones del conocimiento. Surge la física relativista y quántica.
Los hechos exógenos si bien impactaron en las generaciones jóvenes del Perú, no fueron
determinantes, pero sí coadyuvaron en la gestación y en las líneas generales de la filosofía y
acción del Grupo Norte. En cambio, la situación del propio país de aquellos años, en
particular de Trujillo y su entorno inmediato, así como de la región norte, vale decir, los
factores endógenos, tuvieron un peso de mayor gravitación.
En el aspecto económico, cabe anotar que las grandes haciendas de caña de azúcar se
iniciaron con el siglo. La concentración de la pequeña y mediana propiedad dio origen a los
latifundios en manos de empresarios extranjeros: Casa Grande, la más vasta hacienda del
país, y Laredo (Gildemeister, alemán); Cartavio y Paramonga (Grace, estadounidense). Las
haciendas de Chiclín y Roma, de inmigrantes italianos (Larco), pasaron a sus descendientes
peruanos. Los antiguos trapiches fueron desplazados por los grandes ingenios. Los
trabajadores procedían, en su mayoría, de las regiones altoandinas, reclutados mediante el
sistema de "enganche" a cargo de contratistas, intermediarios entre la empresa y la mano
de obra. Los trabajadores vivían miserablemente, hacinados en campamentos levantados
alrededor de los ingenios. Casa Grande, autorizada por el gobierno, construyó un ferrocarril
hasta el puerto de Malabrigo y por él realizó su propio comercio de exportación e impor-
tación. Fue un verdadero enclave.
A principios de siglo, llegaron los primeros automóviles. El Perú no tenía carreteras; solo
caminos de herradura. Mediante ley del año de 1920 se implantó el servicio obligatorio de
los varones comprendidos entre los 18 y 60 años para la construcción de carreteras. Por ese
mismo tiempo surgieron los precursores de la aeronavegación, el trujillano Carlos Martínez
de Pinillos, uno de ellos. Los ferrocarriles cubrían las rutas: Callao-La Oroya-Cerro de Pasco,
Arequipa-Juliaca-Cusco, Ilo-Moquegua, Chimbote-Huaraz, Pacasmayo-Chilete, Salaverry-
Ascope, éste último tenía un ramal que iba de Trujillo a Menocucho, su construcción hasta
la sierra, prevista por los gobiernos del siglo XIX, quedó trunca. A lo largo de la costa, el
transporte de pasajeros y carga se realizaba por vía marítima.
Con el nuevo siglo, lentamente, el alumbrado eléctrico se fue extendiendo. Trujillo contó
con esta energía desde 1907, para cuyo efecto se construyó una planta hidroeléctrica en
Poroto. En Lima se inició el transporte urbano mediante el tranvía eléctrico. Entre algunas
ciudades, comenzó a funcionar el servicio de radiotelegrafía; posteriormente, el uso del
teléfono a larga distancia. La primera emisora de radio fue inaugurada en 1925.
Durante gran parte de nuestra historia republicana, los gobiernos salieron de los grupos
oligárquicos y plutocráticos o fueron rodeados por ellos. A esta nota de la política peruana
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se une el autoritarismo y el militarismo, pues, en forma casi pendular, el país vivió periodos
de democracia y de dictadura o tiranía, de gobiernos elegidos por el pueblo y otros
resultantes de golpes de Estado.
Durante los primeros lustros del siglo XX, la ciudad de Trujillo transcurría su vida con la
misma quietud de tiempos anteriores. Según Orrego, era una oscura ciudad, una aldea
agraria pero de universitarias presunciones, de vida sosegada y mansa como los verdes
cañaverales de sus alrededores. Aún conservaba su solera colonial, sus casonas señoriales
con grandes portones y balcones volados de madera tallada, ventanas de fierro, amplios
salones y zaguanes, así como la maravillosa
arquitectura de sus templos. En sus calles, anchas,
unas empedradas y otras de tierra, pero limpias, se
escuchaba el pregón de los vendedores de pan,
leche, pescado o fruta, el trotar de caballos, el
chirrido de carretas y carruajes, hasta la llegada de
los automóviles. A horas establecidas, las campanas
de sus iglesias coloniales, llamaban a misa, desde la
Catedral, del Carmen, la Merced, San Francisco, San
Agustín, Santa Ana y tantas más. Su población no
excedía de 16 mil habitantes. Trujillo en el siglo XX
Los colegios de entonces eran el Seminario de San Carlos y San Marcelo, fundado por el
obispo trujillano Carlos Marcelo Corne (1625), San Juan, Instituto Moderno, para varones; y
para mujeres: Santa Rosa y Hermanos Blanco o Belén. Además funcionan numerosas
escuelas primarias, tales como el Centro Escolar N° 241, ubicado en la plaza de armas, donde
fue profesor César Vallejo. La universidad, fundada por Simón Bolívar y José Faustino
Sánchez Carrión (10-05-1824), reunía alumnos de todo el norte peruano.
Los diarios que circulaban eran "La Industria" (fundado en 1895 por Edmundo Haya
Cárdenas y Teófilo Vergel), "La Reforma", "La Razón" y "El Federal". De Lima, llegaban
periódicos y revistas una vez cada semana, en barco.
Chan Chan
En las haciendas del valle de Moche (Laredo) y del valle de Chicama (Casa Grande, Cartavio,
Roma, Chiclín) los trabajadores azucareros (del campo, de los talleres y de las fábricas) eran
explotados con extenuantes jornadas de 10, 12 o más horas diarias. Bajo la influencia del
anarcosindicalismo, comenzaron en la segunda década a organizarse para defender sus
derechos. Estudiantes y jóvenes intelectuales de espíritu justiciero, apoyaron las nacientes
organizaciones obreras y sus luchas por mejores condiciones de vida: jornada de 8 horas
diarias, salario justo, vivienda higiénica, supresión de trabajo para niños, servicio de
alimentación, indemnización por accidentes o enfermedades adquiridas en el trabajo,
ampliación de asistencia médica, supresión de castigos,
reconocimiento de sus sindicatos…
Trujillo fue dejando su apacible y rutinaria vida para ser el escenario donde nacerá un
mensaje de identidad cultural y compromiso de redención social. Aquí, con los pies bien
puestos en su propia realidad y conectada con el acontecer mundial y nacional, se gestó
una nueva generación, la generación del Grupo Norte o Bohemia Trujillana, alborada de
rumbos inéditos para un Perú libre, justo y culto, cuya obra tramontó el tiempo y llega hasta
nuestros días.
Sesión 2
Esquema de contenidos
Objetivos
Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 2011. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 37-53.
A principios del siglo, siendo aún niño, Antenor Orrego se afincó en Trujillo, su ciudad
adoptiva, futuro escenario de sus grandes realizaciones desde su inquieta etapa estudiantil
y de espontáneo conductor de su generación. Aquí inició su multifacética y profunda obra,
un verdadero monumento de la intelectualidad peruana. Perteneció a una generación
histórica inconfundible. Generación innovadora que trajo su propio estilo; creencias, ideas y
aspiraciones; una peculiaridad cultural distinta respecto a las generaciones anteriores.
Frente a un entorno social pasadista, regido por la tradición y el conservadurismo, la
colisión generacional fue inevitable.
De este modo, tanto el Colegio Seminario como la Universidad fueron los focos culturales
que contribuyeron a darle vida a una singular generación conformada por jóvenes nacidos
entre el ocaso del siglo XIX y el amanecer del XX, oriundos ya sea de Trujillo, de otros
puntos del norte, o ligados a él por razones diversas. Aquí se dieron cita, aquí confluyeron,
como en ningún otro momento de nuestra historia, futuros creadores notables de cultura.
Esta generación se propuso exigente disciplina para entregarse al servicio de la región y del
país. Con el entusiasmo, la tenacidad y vehemencia propios de la edad juvenil, tomó clara
conciencia de su responsabilidad histórica y trató de compenetrarse en los problemas
nacionales para buscar el esclarecimiento de nuestra identidad cultural.
GRUPO NORTE con profesores y otros estudiantes en un almuerzo en el Restaurante Morillas de Buenos
Aires. Lado derecho, el primero, Víctor Raúl Haya de la Torre, siguen Álvaro de Bracamonte, Agustín
Haya de la Torre, Antenor Orrego, el sétimo es Oscar Imaña, el décimo, Carlos Manuel Cox. A la izquierda,
el quinto es César Vallejo, el sexto Federico Esquerre.
Se trataba de una bohemia intelectual, conocida al transcurrir el tiempo como “La Bohemia
Trujillana”, “Grupo de Trujillo” o “Grupo Norte”, integrada por Antenor Orrego y José
Eulogio Garrido y sus animadores, César Abraham Vallejo Mendoza, Víctor Raúl Haya de la To-
rre, Alcides Spelucín Vega, Macedonio de la Torré, Carlos Valderrama, Carlos Manuel Cox,
Francisco Xandóval, Juan Espejo Asturrizaga, Óscar Imaña, Federico Esquerre Cedrón, Daniel
Hoyle, Eloy B. Espinoza, Manuel Vásquez Díaz, Alfonso Sánchez Urteaga, Juan José Lora,
Alfredo Rebaza Acosta, Julio Esquerre, José Agustín Haya de la Torre, Leoncio Muñoz Rázuri,
Néstor Martos, Francisco Dañino, Crisólogo Quezada… cuando el Grupo se dispersaba, Ciro
Alegría (Orrego, 1995, III: 157).
"El Grupo [Norte] realizó en el Perú el más importante movimiento intelectual, la más vital
revolución ideológica, que en sus fines y objetivos, aunque distintos, es comparable a la
revolución ideológica que precedió a la guerra de la independencia". (Centurión, 1992: 34).
“A fines de 1915 publiqué una página íntegra con los versos de Spelucín, Vallejo e Imaña en “La
Reforma” […] Alrededor de ella y poco antes, alrededor de la revista “Iris” comenzó a
configurarse y canalizarse el movimiento literario inicial, que hubo de alcanzar su mayor brillo,
difusión e influencia alrededor del diario trujillano “El Norte”, que Spelucín y yo fundamos […]
“El Norte” se constituyó en el centro inspirador y animador de la novísima corriente intelectual
y literaria en todo el norte de la república, que se extendió luego al país entero y que tuvo su
arranque o epicentro en la ciudad de Trujillo”.
Y luego apunta:
“Las veladas trascurrían entre lecturas, comentarios de los nuevos libros, conferencias
improvisadas, recitaciones poéticas, música clásica y, más que todo, la crepitante algazara de
los mozos que incursionaban con frecuencia en los restaurantes y cafés, de la ciudad. En altas
horas de la noche, las calles trujillanas, devolviendo el eco de nuestras voces, nos vieron
deambular con ruidosa alegría en ocasiones innumerables. Solíamos, también, trasladarnos a
las playas cercanas: Buenos Aires, Huanchaco, Las Delicias y, en muchas ocasiones, nos
sorprendió el amanecer, frente al mar, recitando versos de Maetelinck, Verhaaren, Samain,
Rimbaud, Paul Fort James, Mallarmé, Walt Whitmann, Darío, Herrera y Reissig, Lugones y,
desde luego, el pauvre Lelián, Baudelaire y…tantos más. Algunas veces, la voz de Imaña, con
no muy buena dicción francesa, por ese entonces, y recitando con entonación un tanto
engolada, “Le violon de l’automme…” etc. se perdía envuelta en el bronco y profundo
trémolo de las olas. Como trama invisible de fondo, palpitaban allí muchas esperanzas que
forjaba la fantasía, numerosas ilusiones moceriles que habrían de quebrar la vida, pequeños
dramas personales de amor y, subrayando el conjunto, con trazo firme, el poderoso ímpetu y el
gallardo coraje que nos infundía la indeclinable fe en nuestro destino. Solamente esta última
no nos defraudó del todo porque varios de esos mozos trajeron a la realidad histórica y
viviente de la patria, entre cuitas, sacrificios y angustias heroicas, lo que la intuición juvenil
iluminó en sus pechos desde esos días lejanos y generosos”. (Orrego, 1995, III: 29 y 30).
GRUPO NORTE. 1916. De izquierda a derecha, sentados: José Eulogio Garrido, Juvenal Chávarry, Domingo
Parra del Riego, César Vallejo, Santiago Martin y Oscar Imaña; de pie: Luis Ferrer, Federico Esquerre,
Antenor Orrego, Alcides Spelucín y Gonzalo Zumarán.
Los “intelectuales más ineptos e ineficaces emprendieron una maligna campaña de ataques
al inquieto grupo innovador, sobre todo contra el poeta César Vallejo. Desde luego, la
respuesta no se hizo esperar. Orrego, en dos artículos periodísticos demoledores, sacó a luz
la supina ignorancia de quienes pretendían ingenuamente zaherir al vate. En una de sus no-
tas, el filósofo Antenor Orrego sostuvo que eso era el eterno despecho de los rezagados
contra los jóvenes que traen nueva cultura, mayor vigor idealista y más amplitud de alma. Y,
con el mismo propósito, en 1916, Haya de la Torre escribió y logró la escenificación de la
comedia “Triunfa Vanidad", una defensa del nuevo mensaje cultural de los jóvenes frente a
la petulancia de sus detractores.
“Así comenzó – en palabras de Orrego – una heroica lucha que algunos años más tarde
debía rendir tan pródigos frutos para la cultura y elevación mental de Trujillo”. (1995, III: 171)
MIEMBROS DEL GRUPO NORTE Y AMIGOS. Trujillo, 1917. Sentado, 1º de la izq., José Eulogio Garrido. De
pie, de izq. a der., adelante, Antenor Orrego, inclinado, Alcides Spelucín, sigue, Eloy Espinoza, al centro y
mirando de frente, Carlos Valderrama (...) Macedonio de la Torre (...) (...) (...) Federico Esquerre, José
Agustín Haya de la Torre (...) (...) (...) Oscar Imaña (...) César Vallejo.
Insistiendo en sus recuerdos escribe (1957): “El grupo juvenil deambulaba - ¡claro está! – por
las calles muchas veces hasta altas horas de la noche. En esas reuniones surgían los sueños
de lo que después fueron realidades, ¡hay, sangrantes realidades!...” Y después de las
excursiones a Chan Chan, añade: “Veníamos sumergidos, empapados, literalmente, en este
tiempo espectral cuajado de sombras arqueológicas. Estábamos con el sueño a flor de
pecho porque los espectros de este pasado remoto espoleaban la fantasía”. (Orrego, 1995,
IV: 29).
Y en otro pasaje en relación con las frecuentes excursiones a la otrora capital del reino
chimú dice:
“Allí en Chan Chan estuvimos muchas noches de plenilunio todo el grupo de mozos, como
si quisiéramos adivinar entre las ruinas fantasmales de ese pasado, toda la tremenda
responsabilidad de la tarea que nos aguardaba. Sumergidos en este escenario de espectros
estuvimos muchas veces conversando y proyectando nuestra faena del porvenir, César
Vallejo, Víctor Raúl Haya de la Torre, Alcides Spelucín, Macedonio de la Torre, Oscar Imaña,
Juan Espejo, tantos jóvenes más.” (Ibáñez, 1995: 87).
Indudablemente, Chan Chan fue muy apreciada por el grupo de jóvenes que en diversos
momentos se refieren a ella. Garrido llegó a ser catedrático de arqueología y director del
correspondiente museo de la universidad local.
Por su espíritu de iniciativa, por su amplia cultura y su calidad humana, Orrego se convirtió
en el mentor o guía informal de sus compañeros de tertulia. Las reuniones las realizaban en
algún restaurante o café, en la morada de Garrido, Orrego o Espejo, en la casa El Molino de
Hoyle, o salían a Mansiche, Huamán, Chan Chan y otros lugares.
El trato entre los "bohemios" era fraternal. Sus veladas transcurrían en un ambiente de
alegría. Pero no faltaban momentos de tensión que pronto controlaban y disipaban. En un
clima de tal compañerismo, surgieron seudónimos, facturados en el seno de sus reuniones.
Escritores, poetas y artistas llegados de Lima eran recibidos con afecto por los trujillanos.
Así, acogieron a Juan Parra del Riego, Abraham Valdelomar, al compositor Daniel Alomía
Robles, al poeta Enrique Bustamante y Vallivián, también participaban de las
representaciones de las compañías de teatro y actuaciones de bailarinas procedentes de la
capital de la república.
GRUPO NORTE EN CHAN CHAN. 1918. En el primer plano, el visitante Abraham Valdelomar (cubierto la
cabeza). Luego, de izquierda a derecha, 2A. fila: Néstor Alegría, Juan Espejo Asturrizaga, Augusto Silva
Solís, Leoncio Muñoz; 3a. fila: Luis Armas, Juan Pesantes Ganoza, Eloy B. Espinoza, Antenor Orrego (con
bigote y en actitud pensante), Juan Manuel Sotero; 4a. fila: José Eulogio Garrido (vestido de blanco),
Federico Esquerre y Agustín Haya de la Torre. De regreso a Lima, Valdelomar recordará en un artículo las
"Noches de luna sobre la solemne ciudad muerta de Chanchán, en Trujillo”.
Su obra dejó profunda huella, marcó la historia. Pero Orrego, igual que sus amigos,
padecieron por sus ideas, a costa de sus justos y legítimos derechos y de sus propias
aspiraciones personales y familiares.
Casi paralelamente al Grupo de Trujillo, en varias ciudades del Perú: Lima, Cusco, Puno y
Arequipa, surgían otros que, del mismo modo, fijaron su mente en nuestra realidad y
dedicáronse a buscar las raíces de la peruanidad para explicar el presente y columbrar el
porvenir con mirada propia. El núcleo de la capital de la república constituyóse por
estudiantes en torno al "Conversatorio Universitario", allí los nombres ilustres de Jorge
Guillermo Leguía, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Jorge Basadre, Manuel
Abastos, Guillermo Luna Cartland, Ricardo Vegas García y Carlos Moreyra Paz Soldán. A ellos se
sumó Haya de la Torre cuando se trasladó de la Universidad de Trujillo a la Universidad
Mayor de San Marcos. Coetáneos con ellos fueron José Carlos Mariátegui y Manuel Seoane,
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ambos periodistas e ideólogos, cuya influencia, como de toda aquella generación, llega
hasta nuestros días.
Aunque al grupo de Lima, se le llamó con sentido restrictivo "Generación del Centenario",
ciertamente, en conjunto, todos los actores de la cultura de aquella época conforman la
generación de ese nombre, porque su amanecer intelectual despunta a cien años de la
independencia del Perú. Esta luminosa generación se dio por entero a escudriñar la realidad
y a librar el más grande esfuerzo por transformar el país, pero simultáneamente, fue objeto
del más grande escarnio de nuestra historia, sufrió postergación, quedó marginada política
y socialmente de las grandes decisiones nacionales. Por eso Porras Barrenechea la llamó
"Generación Vetada". Sin embargo, por su inteligencia y perseverancia, dejó huella, marcó
la historia con su obra y pensamiento.
“La generación del 20 es la primera hornada en que aparece, hecha conciencia colectiva, la
genuina levadura humana de nuestro pueblo […] La generación del 20 saltó por sobre las
murallas de la Colonia y gritó su grito de fraternidad a las demás juventudes del mundo […]
Ella la que abrió las primeras brechas en el muro de la universidad feudal […] Pero algo
más todavía han sido y son las vanguardias del Perú nuevo: la presencia de ellas llena por
completo lo que en nuestro país hay de valioso en el arte y en la ciencia, en el pensamiento
y en la acción. Nuestra pintura, nuestra música y nuestra literatura dejan de ser europeas
para convertirse en peruanas, e indoamericanas, con la generación del 20. Con esa
generación también se inicia, por parte de nuestros ingenieros, sociólogos, médicos, etc., el
enjuiciamiento peruano de los problemas peruanos”. (Spelucín, 1969: 76, 77, 78, 80 -81)
Esta generación, impetuosa pero fecunda y con un gran sentido humano, fue el anuncio de
un nuevo Perú. A ella perteneció Antenor Orrego y el Grupo Norte.
Las direcciones, líneas, áreas, o campos intelectuales cultivados por Los miembros del
Grupo Norte fueron múltiples. A continuación ensayamos su clasificación.
Poesía y Narrativa César Vallejo, Alcides Spelucín, José Eulogio Garrido, Francisco Xandóval,
Eloy Espinoza, Oscar Imaña, Federico Esquerre, Ciro Alegría.
Filosofía e ideología Víctor Raúl Haya de la Torre, Antenor Orrego, Carlos Manuel Cox.
política
Artes plásticas Macedonio de la Torre (pintor, escultor), Alfonso Sánchez Urteaga o
Camilo Blas (pintor), Julio Esquerre o Esquerriloff (dibujante,
caricaturista).
Música Carlos Valderrama y Daniel Hoyle (compositores y ejecutantes al piano) El
pintor Macedonio de la Torre también era pianista.
Ensayo Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, César Vallejo, Alcides
Spelucín, Carlos Manuel Cox.
Periodismo Antenor Orrego, José Eulogio Garrido, Víctor Raúl Haya de la Torre, César
Vallejo, Federico Esquerre, Francisco Xandóval, Ciro Alegría, Alcides
Spelucín.
Economía Carlos Manuel Cox, Manuel Vásquez Díaz.
Biografía e historia Juan Espejo Asturrizaga, Alfredo Rebaza Acosta.
Educación Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, Alcides Spelucín, José
Eulogio Garrido, César Vallejo, Francisco Xandóval, Juan Espejo,
Asturrizaga, Alfredo Rebaza Acosta, Carlos Manuel Cox, Eloy Espinoza.
César Vallejo Poesía: Los heraldos negros, Trilce, Poemas humanos, España aparta de mí este
cáliz.
Ensayo: Rusia en 1931 (Reflexiones al pie del Kremilin), El arte y la revolución.
Novela: Tungsteno.
Cuento: Paco Yunque, Escalas.
Víctor Raúl Haya Ensayo: Por la emancipación de América Latina. El antimperialismo y el APRA, ¿A
de la Torre dónde va Latinoamérica? Y después de la guerra ¿qué?, La defensa continental,
Espacio – tiempo histórico, Toymbee, Frente a los panoramas de la historia,
Obras completas (7 tomos).
En defensa del Grupo, especialmente de Vallejo, escribió la comedia Triunfa
vanidad.
José Eulogio Prosa poética: Carbunclos, Visiones de Chan Chan.
Garrido
Alcides Spelucín Poesía: El libro de la nave dorada, Las paralelas sedientas.
Novela: El hombre de la montaña.
Ensayo: Contribución al conocimiento de César Vallejo.
Ciro Alegría Novela: Los perros hambrientos, La serpiente de oro, El mundo es ancho y ajeno,
Lázaro.
Francisco Poesía: Canciones de Maya, El libro de las paráfrasis, Retornos.
Xandóval Novela: Yana-Huáccar.
Oscar Imaña Poesía: Las manos invisibles y otros poemas.
Eloy Espinoza Poesía: Fogatas.
Juan Espejo Biografía: César Vallejo. Itinerario del hombre 1892 – 1923.
Asturrizaga Poesía: Breve antología de la poesía india.
Relato: Montaña Iris.
También textos escolares de Geografía de Educación Secundaria.
Carlos Manuel Cox Ensayo: En torno al imperialismo, Utopía y realidad en el Inca Garcilaso de la
Vega, Petróleo en Sudamérica (en coautoría).
Alfredo Rebaza Historia: Historia de la revolución de Trujillo, Historia general de la cultura,
Acosta Anecdotario histórico del Perú.
Además textos escolares de historia universal del nivel secundario.
Carlos Valderrama Composiciones musicales: La pampa y la puna (la letra se le atribuye al poeta
Ricardo Walter Stubbs), Idilio incaico, Khori Huayta (ópera), Tríptico Nacional
(ballet), Los peruanos pasan (marcha), La canción del arriero.
Daniel Hoyle Composiciones musicales: Marineras, valses, música clásica peruana.
Macedonio de la Obras de pintura: Los críticos de arte clasifican su producción en: paisajes,
Torre selvas, visiones, retratos y dibujos.
Producción de Orrego
Sesión 3
Esquema de contenidos
1. Ideas educacionales
a. Definición y fines
b. Contenidos de aprendizaje
c. Agentes educativos
d. Estrategias del proceso de enseñanza-aprendizaje
e. Universidad y pueblo
f. Educación, cultura y política
Carreras para gente que trabaja - 21
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Objetivos
Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 2011. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 68-91.
Sólo en ti está la luz, adéntrate en tu propia intimidad, en los más oscuros senos de tu
conciencia personal y de allí brotará la voz, la auténtica voz de tu eternidad.
Antenor Orrego
1. Ideas educacionales
a) Definición y fines
Sin lugar a dudas, en su condición de humanista y educador, la formación del hombre ocupa
un lugar predilecto en el pensamiento de Antenor Orrego. En su concepto, el hombre vale
por sus más fuertes impulsos, por sus más fuertes pasiones, no por las que se tornan
negativas, sino por las que ennoblecen. Por eso piensa que: “El problema de la educación
no es suprimir las pasiones que son el impulso creador del hombre. El problema consiste en
enseñar la superación de las pasiones hasta la máxima nobleza y en servirse de ellas como
instrumento del espíritu”. “El hombre sin pasiones es un ex - hombre, un ex - ser”. (Orrego,
1995: I, 84). Estuvo, por lo tanto, en contra del concepto común sobre la erradicación de las
pasiones, lo cual conllevaría la castración moral del hombre. Alude, desde luego, a las
pasiones que conducen hacia los valores, no a las que traicionan el destino del hombre y se
tornan en monstruosa negación.
Para él, la educación no implica modelar el alma del alumno, por cuanto éste tiene
demasiado porvenir como para que el pasado – representado por sus padres y profesores –
pretenda formarlo a su arbitrio. Son suyas estas palabras: “La educación no es inculcar y
modelar; la educación es revelar, conducir y ennoblecer. El alma humana es demasiado
sagrada para que nadie tenga la pretensión de modelarla a su capricho”, (Orrego, 1995: I,
84). Y por ello pide mayor reverencia ante el educando, centro de atención del quehacer
pedagógico.
Orrego piensa que el profesor no debe formar al alumno a su antojo, a su estilo, a su gusto
personal, no debe imponer un contenido educativo, sino ayudarlo a revelar su
personalidad, a descubrir sus potencialidades, orientarlo o conducirlo a construir su propio
conocimiento, a ser protagonista del proceso cultural. Postula una educación para
perfeccionar al hombre, es decir, humanizarlo, ennoblecerlo y facilitarle la expresión de sus
cualidades como creador de cultura y para elevar al máximo las energías vitales de su ser. La
idea de educación como revelación está relacionada con la de liberación. Según este
maestro, el conocimiento tiene sentido liberador porque contribuye al rompimiento de los
obstáculos que impiden el desarrollo humano, como también a buscar la explicación de
nuestra problemática y a poner término de las formulaciones ajenas a nuestra realidad. Al
conocimiento, entonces, lo descubrimos y revelamos y así queda al servicio del hombre,
gracias a la educación.
Los estudiantes y las escuelas que fijan su atención únicamente en los contenidos de las
asignaturas, desconectados del inmenso palpitar de la humanidad, tiene una visión
estrecha, reducida, están inmersos en un proceso educativo parcial, incompleto; les falta
orientar su mirada hacia todos los ángulos de la problemática del país, del continente y del
mundo, sin esperar necesariamente una compensación mediante el proceso evaluativo
oficial. Consecuentemente, los currículos de todos los niveles educativos deberán tener en
cuenta esta realidad.
“La educación puramente teórica arranca al hombre de su contacto con la realidad que lo
circunda haciéndole vivir en un mundo imaginario o idealizado, que más que un campo de
lucha es una evasión hacia la esfera de la ilusión y del ensueño. El hombre contemporáneo debe
aprender a reaccionar original y vitalmente ante el ámbito de vida que le rodea. La vida es
siempre problemática porque es siempre una afluencia y un cambio continuo, en que no valen
los patrones hechos, ni los lugares comunes, ni las recetas fijas que, en vez de arribar a una
solución, escamotean la dificultad por ignorancia o por miedo”. (1948b: 5).
Postula una educación para el ejercicio de la democracia; una educación cívico-política para
evitar que el pueblo sea arrastrado por caudillos ignaros e improvisados. Y una educación
que recoja el veloz desarrollo científico y tecnológico.
b) Contenidos de aprendizaje
El colegio universitario, creado por la ley de reforma universitaria de 1946, como nexo con
la educación secundaria o antesala de la formación académica propiamente dicha, debería
encarar, según Orrego, cuatro grandes aspectos o contenidos de aprendizaje: 1) el proceso
histórico del hombre (historia), 2) la concepción de los fines de la vida humana (filosofía), 3)
la imagen física del universo (física y química), y 4) los fundamentos de la vida orgánica
(biología).
c) Agentes educativos
En lugar de textos europeos que, mal comprendidos y mal aplicados, desorientan y fatigan
con palabras vacías nuestros cerebros, reclama maestros que enseñen a conocer y amar
nuestro país y el continente, que vivan
junto a la juventud y al pueblo la
infinita y heroica tarea de crear
cultura, de forjar un continente
integrado por el intelecto, maestros
brotados de las entrañas palpitantes
de nuestra recóndita realidad. Y que
por encima de los vaivenes políticos,
tengan estabilidad porque son el
factor decisivo en la educación. El
pueblo debe respetar a sus maestros,
que es una forma de respetarse a sí
mismo, si no lo hace será un pueblo
ausente de toda personalidad vigorosa. Antenor Orrego y Víctor Raúl Haya de la Torre
No siempre, pues, el profesor es maestro. Orrego los diferenció nítidamente en sus escritos,
y trazó un paralelo que hemos arreglado para entregarlo en formato de cuadro.
El Profesor El maestro
1. Te enseña para que puedas repetir la lección 1. Te enseña para que puedas construir tu vida.
de la cátedra.
2. Te imparte generalidades abstractas, teoriza 2. Desciende a la intimidad concreta de tu alma,
tu propio ser y te empotra como una simple aflora tu riqueza interior y se constituye en el
pieza standard manufacturada en serie, dentro compañero de tu pasión, de tu agonía interna y
de un esquema rígido. de tu drama personal.
3. Te esclaviza a un oficio. 3. Te libera hacia tu vida.
4. Con él, la habilidad de tus manos puede llegar 4. Con él, es preciso que asumas la
hasta el escamoteo perfecto de la verdad. responsabilidad de tu dolor y que desciendas
hasta el hondón abismático de la vida, por
sombrío, por tenebroso, por lacerante, por
trágico que sea.
5. Lo que te da está siempre fuera de ti y te fija 5. Lo que te da está siempre dentro de ti y
siempre un gesto. vigoriza tus alas para el impulso.
6. Es como el agua infecunda y dispersa que no 6. Es la linfa creadora que bate el limo, que lo
alcanza la raíz de la planta porque no se sume en impregna, lo empapa y lo fecunda empujándolo
las entrañas de la tierra. hacia el estallido de luz en una floración
maravillosa.
7. Se dirige a tu memoria, anaquel de tu alma, y 7. Se dirige a tu espíritu, pozo de creación y de
sus palabras resbalan sobre el recuerdo, como sabiduría y sus palabras siempre urticantes se
por sobre una losa impermeable, sin lograr instalan en el futuro, abolición del pasado
infiltración alguna. A lo sumo, se dirige a tu muerto.
vanidad y a tu buena economía.
8. Su palabra se esfuma, se deshace sin dejar 8. Su palabra desgarra tu entraña y se incorpora
huella sangrienta. a tu ser para trascender, como un mandato, en
cada uno de tus días.
Fuente: Discriminaciones, en Obras completas, 1995: II, 320.
Pero también diferencia alumno de discípulo. Según nuestra interpretación tal diferencia
depende del tipo de relación educativa establecida en el aula. Si la relación es instrumental,
es decir, exclusiva y fríamente centrada alrededor del contenido educativo, se hablará de
alumno ya que éste – por indicación del profesor – sólo aprende el contenido de una clase y
trata de rendir satisfactoriamente las pruebas del examen. En cambio si la relación es
expresiva, esto es, llena de mensajes estimulantes y compenetrada de afectividad, se
hablará de discípulo – que gracias a la orientación de su maestro – busca clarificar valores y
guiarse por ellos, integrar ideas y hábitos positivos en una filosofía de vida. El correlato de la
categoría profesor es alumno, el de maestro es discípulo.
Orrego reclama a profesores y alumnos ser consecuentes con lo que enseñan y aprenden.
Pide a ambos protagonistas de la educación realizar su tarea a mayor profundidad y a
estrechar su relación pedagógica. Les dice: “Catedrático que se contenta con ser
simplemente un profesor y alumno que solamente aspira a alcanzar el resultado
satisfactorio de sus pruebas finales, no son precisamente los factores que crean el vibrante
espíritu institucional de una universidad. El profesor debe ser a la vez maestro y el alumno
debe alcanzar la categoría de discípulo”. (Orrego, 1947: 9). A los docentes les exige
demostrar el espíritu de su elevado magisterio, y a los alumnos estudiar por vocación; a
ambos estamentos, dejar el concepto utilitario como único fin, y armonizar sus intereses
materiales e ideales.
sobre sus propios docentes, y hayan logrado mediante las ideas y la acción, un significativo
cambio de roles. El maestro se ha convertido en discípulo porque necesita aprender y
desarrollar su sentido histórico, su sentido americano. (Orrego, 1995: 290). Y los estudiantes
que van a la universidad no sólo para adquirir un título, sino por encima de todo para ser
hombres cultos, se vieron obligados a desaprender lo aprendido, por no servirle para
pensar ni ser mejores, e iniciaron el camino de su propia formación.
La educación como revelación y para el cambio implica nuevas bases teóricas. La pedagogía
que sólo tenía en cuenta al profesor, no al alumno, queda descartada. Por eso Orrego acude
a los grandes teóricos paidocentristas cuyas ideas realizan un viraje radical e imprimen al
proceso de enseñanza-aprendizaje un nuevo sentido: “el viraje del saber y del maestro
hacia el estudiante. El maestro no debe preocuparse tan sólo de lo que enseña, es decir el
conjunto de conocimientos que posee, sino también, y muy principalmente, debe
preocuparse de cómo enseña, de qué es lo que debe enseñar y cuál va a ser la influencia y la
repercusión de sus enseñanzas en el espíritu del alumno”. (Orrego, 1947: 9-10). Se nutre
pedagógicamente de los postulados de la escuela nueva, y no cae en los extremos ni del
cognitivismo ni del metodologismo, buscó el equilibrio en la tarea docente.
Y pensó que los colegios también deberían contar con esos museos para el proceso de
enseñanza-aprendizaje de carácter práctico, a los cuales la universidad brindaría apoyo con
su taller de taxidermia. En el campo de la
botánica, se inició la formación del Herbario
Regional. Enriqueció con nuevas colecciones el
Museo Arqueológico, y desde él promovió los
estudios in situ de esa especialidad. Además dio
vida a institutos y nuevas facultades. Y en su plan
de ejecución de la ciudad universitaria se
consignaron, entre otros, ambientes para jardín
botánico, jardín zoológico, museos, gimnasio y
estadio.
Antenor Orrego en su despacho rectoral
e) La universidad y su misión
Debemos crear una universidad que refleje nuestra problemática, que sea el instrumento de
investigación y el órgano que dilucide la creación de la cultura peruana y americana.
Estamos frente a una universidad dinámica, flexible e integral. Concibe y defiende una
universidad dinámica, semejante a un organismo vivo, un laboratorio de renovación y
creación espiritual; flexible ante un mundo cambiante por el proceso de la historia y de la
ciencia, abierta a todas las energías del espíritu; integral, orientada hacia la formación plena
de nuevos hombres; nacida y situada en la hondura de nuestra realidad; fuente creadora de
cultura; pletórica de unionismo latinoamericanista; medio para la expresión del
universalismo cultural que habrá de consumarse en el futuro; instrumento vital del
desarrollo. Al hablar de universidad integral, hace la salvedad de la redundancia porque el
significado originario de universidad, universitas, indica integración de elementos culturales
de todos los espacios y tiempos.
Estas ideas datan de 1946. Cincuenta años más tarde, coincidirá con ellas la UNESCO y
diversos notables educadores, al propugnar se tenga en mente, cuando se formulare la
misión de los sistemas de educación superior, la nueva misión de “la universidad dinámica” o
“proactiva”. Esta noción de universidad dinámica auspiciada por la UNESCO supone – como
sostenía Orrego – su adaptación creativa, por cada país, en el proceso de búsqueda de
modelos y prácticas institucionales específicos en relación con el desarrollo, pero sin
desconocer las influencias de un mundo rápidamente cambiante.
f) Universidad y pueblo
Para que la cultura “viva en nosotros como médula en nuestros huesos y no sólo en los
libros”, son precisos, según Orrego, “dos elementos primordiales: de un lado la universidad,
de otro el pueblo; de un lado el trabajador manual, de otro el trabajador intelectual. Son
dos elementos que no pueden caminar separados porque se complementan entre sí”.
Pero si hay separación, la cultura es utilizada por grupos minoritarios como instrumento de
dominación sobre el pueblo, que es “la sustancia permanente de la historia y de la libertad
del hombre”. Justamente, en el Perú, la
divergencia entre universidad y pueblo ha sido de
mayor magnitud que en otros países. “La
universidad ha tenido - escribe Orrego – una
semi-cultura de gabinete y de pupitre pero no ha
tenido ni tiene una verdadera cultura vital. La
cultura hay que vivirla en principio y vivirla en
acción. No se puede, pongamos por caso,
explicar y defender en el aula las llamadas
garantías individuales y atropellarlas y negarlas
en la calle y en la vida cotidiana”. (1995: I, 306). El rector Antenor Orrego Espinoza y sus colegas
Hacer cátedra, hacer universidad y hacer país implica fundamentalmente vivir la cultura, no
sólo practicar la regurgitación de conceptos, hechos, datos, formulaciones filosóficas, leyes
o teorías científicas. Por eso Orrego considera que la gran empresa de los universitarios es
vivir la cultura. Y rechaza el eruditismo vacío, carente de sustancia, que no sirve para la
mejora individual ni colectiva. Postula, por el contrario, el conocimiento de nuestra
problemática: “Necesitamos estudiar la calidad de nuestra América y crear nuestro propio
pensamiento, nuestra propia política, nuestra propia economía, nuestra propia estética,
nuestra propia historia”. (Orrego, 1995: I, 308).
La más alta misión espiritual que asigna a las universidades, aparte de la no menos alta que
debe ejercer en el campo personal, es la de ser depositaria y discernidora de la experiencia
histórica de un pueblo, sin la cual es imposible conseguir la consolidación y la estabilidad de
las instituciones políticas. Esto conlleva la idea de una universidad dinámica, flexible e
integral, puesta a tono con la vida contemporánea en todas sus manifestaciones.
Por eso siente satisfacción al constatar que felizmente en el Perú, las generaciones
universitarias del movimiento reformista iniciaron el acercamiento de la universidad al
pueblo y de éste a la universidad, con el cual por primera vez se crea cultura opuesta al libro
frío y a la letra muerta.
En su concepto, la política que merece llamarse tal tiene que ser vista y practicada como
método o principio de gobierno, como línea coherente y permanente de acción, no como
un simple anhelo pasajero nacido en vísperas de un proceso electoral. Y para que la política
asuma un rango científico “es preciso que se alce sobre todos los puntos de vista
particulares, y que sea capaz de coordinar una concepción global de la historia en cada
situación concreta”. (Orrego, 1995: III, 252).
destinatario. En esta perspectiva, Orrego sostuvo que la universidad no podía vivir y quedar
aislada en la periferia de los pueblos, sino situarse en la médula vital de su ambiente o
contorno. Y como la universidad ha vivido los vaivenes de la vida política de la república, en
un movimiento pendular de gobiernos democráticos por su origen y de gobiernos
autoritarios, él y las juventudes estudiantiles pensaron a lo largo y ancho de América Latina
que la docencia en esta parte del mundo habría de caracterizarse por ser, primordialmente,
docencia ciudadana, educación civil y política. En un Estado en el cual no se respetaban los
derechos humanos, la universidad no podía vivir encerrada como en un claustro colonial,
ciega, sorda, muda, insensible a las angustias del pueblo y al grito redentor de las
multitudes. Tenía y tiene la ineludible obligación de proyectarse socialmente; asumir un
compromiso con la justicia social. De allí la pregunta formulada por Orrego y su
correspondiente respuesta: “¿Cómo puede el hombre consagrarse a la ciencia, a las artes y
al ejercicio de las disciplinas intelectuales si no hay libertad? Hay que esforzarse por
conquistarla previamente. Hagámonos, primero países justos para hacernos, luego países
sabios”. (1995: V, 118).
Sesión 4
Esquema de contenidos
Objetivos
Leer, identificar y exponer las ideas generales del pensamiento filosófico de Orrego.
Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 2011. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 130-154.
No sólo se piensa con el cerebro, se piensa con todas las potencias físicas y espirituales del
hombre. Antenor Orrego
1. Acerca de la filosofía
En uno de sus aforismos, Orrego dice: “Si el pensamiento no sirve para superar y mejorar la
vida, ¡abajo el pensamiento!” (1995: I, 279). Como la vida se manifiesta en un proceso
inseparable de pensamiento y acción, anota: “Pensar y obrar no son términos antinómicos
sino correlativos y complementarios”. (1995: I, 129). El hombre, ciertamente, alcanza su
realización mediante el pensar y el obrar, de lo contrario estaría mutilado, incompleto. Pero
el pensamiento que postula debe ser creativo, autónomo, si queremos lograr una nueva
cultura, que jamás la alcanzaremos con la repetición, copia o imitación de la obra humana
de otras sociedades.
Invitó a los intelectuales, de modo especial a la juventud, a emprender la búsqueda del Perú
y de América Latina, producir filosofía, realizar obras de arte, crear conocimiento cientifíco,
ser originales en todos los campos de la actividad humana, alejándose del hechizo de la
imaginación exótica, para encontrar su propia ruta, aunque lacerante, ruta auténtica,
nuestra.
Afirma que no sólo se piensa con el cerebro sino con todas las potencias físicas y espirituales
del hombre. Vale decir, se trata de un proceso holístico que incluye al organismo humano en
su conjunto: sus partes u órganos, los sentidos y sus manifestaciones, las intuiciones,
pasiones y voliciones. Por tanto, allí está el cerebro y la cabeza, con los cuales se identifica
el pensamiento; allí está el corazón con el cual se identifica el sentimiento. En tal sentido,
Orrego aporta elementos precursores considerados actualmente por la teoría de las
inteligencias múltiples de Howard Gardner y, sobre todo, por la teoría de la inteligencia
emocional de Daniel Goleman, cuya idea central anuncia la existencia de dos mentes: la
racional y la emocional, lo cual obliga a armonizar cabeza y corazón, por ende, el
sentimiento es esencial para el pensamiento y éste lo es para el sentimiento.
Inmerso en la heteróclita disgregación de todas las ideas, de todos los sistemas y de toda la
estructura cultural en que se asentaba la vida contemporánea, en medio del caos moderno el
americano de hoy tiene que comenzar por el comienzo. Valga la redundancia. Y tiene que
revestirse del suficiente valor para comenzar. Raza que renuncia a comenzar se condena a no
llegar a ser jamás una valoración intrínseca en el devenir de la historia.
Después de repetir malamente a Europa, en segunda edición desvitalizada, - no podía ser de
otra manera – los americanos nos estamos convenciendo que América sólo saldrá de sí misma
en la proporción del esfuerzo y del valor que tengamos para descubrirnos. Todas las grandes y
pequeñas culturas han partido de esta certidumbre. Escrito está que cada nueva agrupación
humana únicamente puede salir de sí misma, nutrirse de sus propias entrañas. Su
conformación biológica no ha sido hecha para asimilar alimentos extraños. No ha sido ni es
vano el mito de Saturno.
Tenemos que responder originalmente a las interrogaciones fundamentales que se han hecho
de las razas y los pueblos de todos los tiempos. Hasta ahora las respuestas las hemos
aprendido de bocas extrañas, a la manera como el escolar nemotecniza para el examen de las
respuestas de su programa. Hemos estado dando examen hace más de cinco siglos, desde que
los invasores se destruyeron las culturas autóctonas de nuestras tierras, que tuvieron sus
propias respuestas. Nuestra literatura, nuestra filosofía, nuestra política, nuestra economía ha
2. Acerca de la estética
Las reflexiones sobre estética y ética figuran entre las preferidas de Orrego durante sus
primeros años de escritor, evidenciadas mediante Notas marginales (1922) y El monólogo
eterno (1929). Encumbra a la estética – disciplina filosófica que trata de la belleza, por ende,
del arte – como el más alto valor valor por el cual el hombre penetra al centro del universo,
al conocimiento, y a éste lo identifica con Dios. Al sostener que la estética le permite al
hombre llegar hasta el conocimiento, la relaciona con la ciencia. Vale decir, para él, no existe
oposición entre ambas, sino inseparables lazos. Un científico en el desarrollo de sus
actividades concilia la aplicación de las leyes de su especialidad con criterios artísticos. Y, a
su vez, un artista, acude a los aportes provenientes del conocimiento científico, para crear
una obra de belleza. Ciencia y estética son compatibles en la producción de nuevo
conocimiento. Es más, éste también es compatible con el amor: el investigador apasionado
por su área de estudio realizará su trabajo lleno de afecto para alcanzar nuevos aportes en
su especialidad.
El hombre, dice nuestro filósofo, más que un ser pensante o racional, más que un ser ético,
afectivo, social o de relación con su entorno, es un ser estético. En efecto, el amor entre la
mujer y el varón puede morir, y ocurre el divorcio de los esposos, o el rompimiento del
compromiso entre los novios. La moral se resquebraja cuando la corrupción avanza con sus
tentáculos en las instituciones públicas y privadas, cuyos códigos de ética pierden
significado. También, por diversas causas, pueden colapasar la capacidad racional y el
sentido social. Lo último que cae y muere en el hombre es el artista, el ser expresivo, la
necesidad de realizar la belleza, que es un milagro del universo, con lo cual el hombre se
eleva hacia Dios. Tanto el corrupto como el que perdió el afecto, cuidan hasta el final su
presentación físicamente estética. Y hasta la parafernalia con la cual los deudos, en medio
de su dolor, despiden a sus difuntos demuestra que la belleza es lo último en perderse.
¿Existirá algún ser humano que, por su propia voluntad, desee ser feo? En todas las culturas
anteriores y en las actuales se han creado diversas formas de arreglo o presentación
personal, así como de ornamentación de viviendas y cosas. Pero estas formas de
manifiestación de la belleza difieren según el espacio y el tiempo. Y en una misma época hay
gustos y estilos peculiares. La estética no es única, existen varias estéticas. Ella radica en la
singularidad, no en la uniformidad.
El hombre como ser estético percibe, aprecia y crea belleza. Precisamente, la estética es
una invitación a practicar el valor de la belleza, no la vulgaridad o fealdad. De este modo, el
hombre, al aspirar a su más elevada expresión individual – por su condición de ser estético –
es un ser creador de cultura, cualidad distintiva frente al animal, como lo sostiene la
antropología.
Si la estética es una facultad personal, cada uno tiene su propio estilo, su manera peculiar
de entender la vida y de concretar esa potencia en infinitas posibilidades. Orrego defiende
la autonomía en la creación de la belleza. No acepta parámetros en la expresión del arte;
rechaza los preceptos o cartabones. El arte, como el amor, no requiere la guía de un manual
de instrucciones. Nuestro filósofo, en su mirada hacia el porvenir, auguró una dimensión
estética como expresión total del hombre, en forma libre y en función de las nuevas
estéticas particulares; una estética accesible a la comprensión, emoción y sensibilidad de
toda la humanidad.
a) Estética
He aquí el más alto valor humano para llegar al corazón del universo, a la suma de todas las
concreciones y de todo conocimiento, es decir al Conocimiento, es decir a Dios.
Instintivamente, por predeterminación eterna, los seres y las cosas se precipitan por este
sendero hacia el centro gravitatorio de toda eternidad, independiente de todo punto de
referencia cósmica. La materia viva u organizada, cuyo viaje suele mostrarse, a veces,
palpablemente, a nuestras groseras pupilas, y la materia inorganizada, aquella que se aparece
a nosotros aparentemente yerta, cuyo viaje en distinto plano de concreción no es percibido
nunca por nuestros ojos, buscan su vértice, se afanan por cumplir los últimos fines de su
expresión.
Abstrayéndonos hacia un campo exclusivamente antropocéntrico, vemos que el hombre antes
que un ser pensante, y antes que un ser ético o afectivo, es un ser estético, lo que vale decir, un
ser que aspira a su máxima expresión individual. Cuando parece que es incapaz ya de amar;
cuando ha sufrido la total relajación de su sentido moral, no le queda sino un hilillo que lo
relaciona con el milagro del universo: su necesidad de realizar la belleza. Este imperativo lo
eleva y lo acerca a Dios; le hace recordar constantemente su origen divino. Lo último que
muere en el hombre es siempre el artista, el ser expresivo.
Claro, que cada hombre ejerce su don estético según su manera personal de concebir la vida,
según su posición singular y cirncunstancial ante el universo. Por eso, nada más absurdo que
establecer cánones, pragmáticas o leyes para realizarlo. Toda preceptiva ha sido, es y será
siempre el eterno enemigo de nuestro don estético, el cual no acepta más limitaciones que las
del propio espíritu que tácita, espontánea e inconcientemente las encuadra dentro de sus
posibilidades y potencias que se dictan sus reglas a sí mismas. La ley, pues, nunca tiene un valor
absoluto, no es más que la definición de una posibilidad o de un conjunto de posibilidades.
Sucede en algunos casos, que esta facultad o potencia sin dejar de ser subjetiva e individual, sin
perder su matiz característico y único, se objetiviza, se universaliza, trasciende a los demás por
su extraordinario poder de expresión, abrazando un conjunto enorme de posibilidades y de
realidades. Se da, entonces, el artista en el más puro y propio sentido de la palabra. Expresa y
define lo que lo demás no llegaron a expresar; concreta y exterioriza lo que estaba latente,
vago y soterrado, hasta tal punto, que cada uno se encuentra en él, y él se explica y encuentra
en todos.
Cada artista expresa, pues, una parte de nuestra alma, define nuestra alma, define nuestra
vida, la hace conciencia y la relaciona con el dinamismo universal. Reconocemos en él un
hermano mayor. Sentimos que interviene en nuestra existencia, que participa de ella, que
aclara su sentido, que la engradece y la eleva. Es, pues, una fuerza primaria e intrínseca, y, por
lo tanto, el universo se integra, se sintetiza y se explica en el artista.
El hombre, desde que nace, tiende a expresarse, a definirse, a explicarse ante los demás.
Acciones, palabras, voliciones, sentimientos se dirigen a cumplir este fin, a satisfacer esta
necesidad vital. “La mitad del hombre, ha dicho Emerson, es su expresión”. Yo creo que la
expresión es todo el ser humano. Su mismo proceso físico no es más que un proceso de
concreción, una génesis de definición. Al comienzo no es sino una célula casi amorfa, después,
por multiplicación, una masa informe de células. Por una múltiple serie de definiciones se
produce la figura humana.
La faz del niño cuando nace carece de contorno neto, de líneas rotundas y precisas. Sus
facciones, diluidas y vagas, se encuentran como envueltas en una penumbra; anuncian apenas
Carreras para gente que trabaja - 35
UPAO
2015
lo que será más tarde. Carecen de expresión, están desprovistas absolutamente de carácter;
aún no se insinúa la estilización de la línea. Extremando el aserto se puede afirmar que todos
los niños recién nacidos se parecen.
Luego, los rasgos se precisan, las facciones se acentúan gradualmente, las líneas se tornan más
enérgicas, el pergeño se afirma y se define hasta que alcanza su mayor expresión, su carácter
más rotundo, diferenciado y definitivo; ha llegado a su expresión suma.
Lo mismo ocurre en su proceso espiritual. Acciones, pensamientos, sentimientos se encuentran
al iniciarse la vida en un estado de vaga nebulosa. La conciencia aún es incapaz de identificar las
cosas. Sólo cuando empieza a determinar nexos e identidades es cuando comienza,
verdaderamente, a delinearse la posición del hombre con respecto a los demás seres. Esta
necesidad fatal de relacionarse con el universo es lo que le impulsa a colocarse en su lugar. La
forma o manera en que reacciona con respecto al mundo objetivo es lo que constituye la
esencia de su expresión, y la manera singular de su expresión es su estética.
Todo hombre tiene, pues, una estética; por eso toda vida, es en cierto respecto, una obra de
arte. Cuando esa facultad de expresión alcanza su mayor auge, su mayor vehemencia y
lucimento; cuando abraza y compendia el mayor número de estéticas individuales; cuando
llega su máximo poder de síntesis; cuando es capaz de incorporar el universo en su espíritu;
cuando subjetiva y traduce su infinito dinamismo; cuando se convierte en centro o nexo de las
fuerzas esenciales del mundo; cuando se recompone en él sentido completo de la vida; cuando
se restablece en su unidad múltiple; dase, como ya lo dije, el artista, el varón estético, por
excelencia, el mago de la expresión, el hombre en su plenitud y en su universalidad. La máxima
armonía es pues la máxima belleza. De allí que la facultad estética puede definirse como la
armonización o síntesis del universo en su espíritu, o como la expresión del universo a través
de un hombre. (Nota marginales, en Obras completas, 1995: I, 30-32).
3. Acerca de la ética
Según nuestro pensador, no existe una sola verdad, ni una sola lógica, ni una sola estética,
tampoco una sola ética – disciplina filosófica cuyo objeto de estudio es la moral, vale decir,
normas de conducta para hacer el bien y evitar el mal – sino multiplicidad de ellas. En
efecto, tales categorías conceptuales cambian con el tiempo y de una sociedad a otra, y
dentro del mismo grupo, según las actividades específicas; sus diversas formas de
realización han sido y son coexistentes, simultáneas y varias a través de la historia. No se
presentan de modo idéntico en todo el mundo, no son uniformes, varían según la cultura,
psicología, grado y forma de trabajo, ambiente y otros factores de la vida de un pueblo.
Cada ser humano es por sí mismo un ejemplar moral, un producto de realización ética que
ha dejado atrás, por la expansión de su mundo interior, las precedentes manifestaciones de
la conducta humana. El hombre actual ha recibido la enorme herencia histórica de la vida
humana de todos los tiempos; su realización ética resulta de un largo proceso de
superación que hace de él un tipo moral con sus características privativas.
Orrego relaciona íntimamente la ética con la estética. Y señala que la más elevada
manifestación de ambas consiste en que el hombre sea siempre él mismo, viva
armónicamente, sin limitaciones y con lealtad frente al asombroso mundo que le rodea y
frente a la velocidad de los acontecimientos de cada día. Que valore su propia existencia y
las maravillas de la naturaleza; que se estudie a sí mismo y desentrañe los secretos y
descubra las leyes que rigen al universo.
Como cada hombre es un ejemplar moral, cada hombre debe vivir su propia moral, no
adoptar la moral ajena, tampoco someterse a la camisa de fuerza de una estética, sino
realizar su propia estética. Dios hizo un ejemplar de hombre, no un género, dice. Y si Dios es
infinito y único, su creación, el hombre, es así, su imagen y semejanza: único, irrepetible e
inconfundible. Tendrá el sello peculiar de su ética y estética. Esto no conlleva la idea de
libertinaje o desorden; se ubica dentro del marco de la vida de una determinada sociedad
Carreras para gente que trabaja - 36
UPAO
2015
a) Ética
Así como no hay una sola verdad, ni una sola lógica, ni una sola estética tampoco hay una sola
Ética.
Cada hombre es un ejemplar moral, un tipo de realización ética en sí mismo, un rebasamiento
de las anteriores expresiones de la conducta humana. A medida que la conciencia del hombre
se amplíe, a medida que vaya incorporando en su substancia la esencia profunda de las cosas, a
medida que interprete más sutil y noblemente el espíritu global del Universo, la concepción
ética de la vida va dilatándose también, va liberándose, gradualmente, de todas las morales y
rompiendo la unilateral y arbitraria rigidez de los códigos y de las costumbres.
La Estética y la Ética sólo pueden existir separadas por abstracción y existir contrapuestas por
superficialidad o endeblez de espíritu. Ser siempre uno mismo, mantenerse en su íntegra y
armónica unidad vital, expresarse y vivir; libre y lealmente, ante la estupefaciente presencia del
Universo y ante la rauda carrera de los sucesos, es la máxima enunciación de la Estética y de la
Ética. ¿Quién osará ponerles limitaciones, reducirlas a sentencias o normas sin rebajar y
corromper su excelencia?
Los hombres adoptan una Moral en vez de vivir su Moral: así como se encadenan a una
Estética, en vez de realizar su Estética. ¿Se puede acaso concebir un lobo que adoptara la moral
Carreras para gente que trabaja - 37
UPAO
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de un perro? ¿Se puede concebir un comerciante adoptando la mística moral del cenobita? Más
aún, ¿se puede concebir un santo adoptando la moral de otro santo?
Basta que un recién nacido abra las pupilas, para cumplir una orden del Universo, para realizar
una nueva traducción del gran enigma, y por consiguiente, para ensayar una nueva Estética y
una nueva Ética. ¿Crees tú, acaso, que los hombres son manufacturados como los objetos de
una fábrica en un mismo molde y que llevan en la espalda su etiqueta clasificativa: Made in
Germany, Made in England o Made in New York?
El sello divino es otro, amigo mío, no indica un género, indica un ejemplar.
Dios, según la frase bíblica, dijo al hombre: Serás a mi imagen y semejanza, y Dios es infinito y
único.
Le castigó después, no porque desobedeciera comiendo del fruto prohibido, sino porque al
comerlo desconoció en sí mismo su condición infinita.
Profundo es el símbolo del Génesis.
(Notas marginales, en Obras completas, 1995: I, 44-45).
Para percibir el mundo, el hombre acude a diversas experiencias, entre las cuales no pueden
faltar las de carácter científico y artístico. El desarrollo de la capacidad de pensar con
lucidez es tan necesario como el desarrollo de la imaginación, base de la invención científica
y de la producción artística. Manuel Kant sostuvo que el arte es el conocimiento por medio
del sentimiento. Y Mariano Iberico Rodríguez pensó que la ciencia tiene límites en el
conocimiento de la realidad. Por su unilateralidad, por su rigurosidad, exactitud y
exclusividad de sus datos empíricos, la ciencia – decía este filósofo – produce deformación
espiritual, descuida o interpreta mal las inclinaciones de la vida interior, anula las
aspiraciones de la fantasía y los impulsos libres de la voluntad.
Ciencia y arte, dice Orrego, tienen puntos de concordancia, se relacionan y complementan
en el logro de la expresión plena de la vida humana. Un mundo guiado por la pura ciencia
sería deshumanizado, se movería dentro de generalizaciones estrictas y frías. De idéntica
forma, un mundo dejado solamente en manos del arte, no iría más allá de las
improvisaciones intuitivas y quedaría a merced de las implacables fuerzas naturales. Si bien
es importante el producto científico, no pueden omitirse el entusiasmo y las disposiciones
del espíritu suscitadas por el resultado tangible de la creación estética.
Necesitamos tanto de la ciencia como del arte. Ambos son formas e instrumentos de
expresión de la vida. Si el hombre sólo se guiaría por la racionalidad científica con su énfasis
en los hechos objetivos, en desmedro de la imaginación creadora, no alcanzaría su armonía,
se produciría un desequilibrio, estaría psíquicamente enfermo. De allí las palabras de Albert
Einstein: “La cosa más bella que podemos sentir es el lado misterioso de la vida. Es el
sentimiento profundo que se encuentra en la cuna del arte y de la verdadera ciencia”,
(Acha, 1974: 31).
Pero Orrego no sólo relaciona ciencia y arte, sino también el aspecto cognitivo con el
afectivo. Escribe: “Amor, es decir y hacer verdad. Es más leal quien es más veraz”. “Amor
no quita conocimiento: añade conocimiento”, (1995: I, 87). Él piensa que sólo quien
comprende es el que con más veracidad ama, y, a su vez, sólo quien ama es el que más
entrañablemente comprende. De este modo, encuentra veracidad tanto en el amor como
en el conocimiento. Esto explica la fervorosa vocación y dedicación del investigador a la
búsqueda de la verdad científica; un profundo sentimiento y devoción por su trabajo
impulsa su tarea dedicada a crear nuevo conocimiento.
Como ciencia y arte se presuponen, al creador de conocimiento científico no le son ajenas
las expresiones artísticas. Y el artista no puede estar al margen de la producción científica.
Veamos algunos ejemplos. El médico especialista en cirugía plástica, profesional formado
en el área del conocimiento científico, atiende pacientes que buscan lucir mejor su figura, es
Carreras para gente que trabaja - 38
UPAO
2015
INTEGRACIONISMO LATINOAMERICANO
Sesión 5
Esquema de contenidos
Integracionismo latinoamericano
1. América Latina
a) Integración política
b) Integración económica y social
c) Integración educativa y cultural
2. Vigencia de la Teoría de los Pueblos-continente
a) Procesos integracionistas en el mundo de hoy
Procesos de integración en América Latina
b) Pensamiento orreguiano vivo sobre integración latinoamericana
El desgarrón histórico
Teoría de los gérmenes históricos
Objetivos
América Latina
América Latina
Transcripción de párrafos de Elmer Robles Ortiz. Cátedra Antenor Orrego, 2011. Trujillo,
Inversiones G & M SAC, pp. 169-216.
Antenor Orrego
1. América Latina
A la América que fuera colonia de España, se la ha dado diversas nombres, como Indias que
fue durante siglos, la denominación oficial utilizada por España. Resultó del equivoco de
Colón cuando anunció haber arribado a la India en 1492, sin imaginar la existencia de
nuestro continente, ignorado entonces por Europa. De allí también el nombre de Nuevo
Mundo porque Europa y Asia se consideraban el Viejo Mundo. De este modo, nuevo sería
para los recién llegados, pero antiguo para quienes lo habitaban. América del Sur o América
Meridional hace referencia a la posición geográfica en este hemisferio. América Española o
Hispanoamérica alude a España; Iberoamérica, a dicho país y a Portugal.
Eurindia fue una propuesta del escritor y educador argentino Ricardo Rojas; fusiona el
nombre de Europa con el de Indias. No tuvo éxito.
El nombre Indoamérica incluye todos los aportes raciales y culturales, aborígenes y foráneos
o resultantes de la fusión de ambos; penetra en la trayectoria total de nuestros pueblos.
Por cierto, somos el continente de grandes equivocaciones históricas respecto al nombre, al
hombre y a sus obras. Hasta ahora el mundo desarrollado ve la imagen de nuestra patria
grande en forma distorsionada y falsa. Y en no pocas ocasiones, los propios hijos de estas
tierras fomentan tal hecho y acentúan el problema de nuestra identidad. La designación de
Indoamérica responde a lo que en verdad somos, implica pertenencia a una realidad, no es
excluyente, sino integradora.
La fase genética de América Latina, como idea, nombre y grupo de pueblos distintos a la
América Sajona, se registra entre las décadas de 1830 y 1850. Es por aquellos años cuando
aparece la idea de latinidad aplicada a la América del Sur, en escritores franceses que
comienzan a diferenciar en nuestro continente las dos grandes porciones determinadas por
las etnias sajonas y latina, que desde allende de los mares trasplantaron sus instituciones y
modos de vida a nuestras altitudes. La idea es recogida luego por intelectuales de esta
parte del mundo residentes en Europa. Se piensa entonces en una América “latina” (con ele
minúscula), se le adjetiva así, surge la idea, pero no el nombre de “América Latina” (con ele
mayúscula).
El francés Michel Chevalier (1806-1879), en la introducción de su libro “Cartas sobre la
América del Norte”, publicada en 1836, usa por primera vez el adjetivo “latina” para la
América Meridional. Allí está la idea de una América Latina, no la denominación. Y el primer
hijo de nuestra América que, utiliza este calificativo, en 1856, es el colombiano José María
Torres Caicedo (1830-1889), periodista, diplomático, político y escritor, radicado en París.
El nuevo nombre está asociado al anhelo de unidad de los países latinoamericanos. En sus
obras reconoce la fortaleza de América del Norte en su unidad; la debilidad de América
Latina en su división. Propone la reunión de una dieta latinoamericana (parlamento); la
ciudadanía continental; un tribunal supremo multinacional; un ejército para la defensa
común; la adopción de los mismos códigos, pesas y medidas; moneda única. Igualmente
plantea un sistema uniforme de enseñanza con obligatoriedad y gratuidad de la educación
primaria. No solo piensa en la integración política, sino también, aunque de modo
embrionario, casi instintivo en la integración económica y educativa.
Otro caso es Francisco Bilbao (1823-1865), escritor y político chileno, también radicado en
Francia, autor de obras en que expone sus ideas unionistas: “La América en peligro”, “El
evangelio americano”, y sobre todo “Iniciativa de la América. Idea de un congreso federal
de las repúblicas”. Él sostiene la necesidad de mantener la libertad y lograr la unión en
previsión de las acechanzas foráneas.
América Latina
a) Integración política
hombre de hoy, cualquiera que sea su raza o su país, va siendo moldeado, en cierto modo,
por el planeta entero”. (Orrego, 1995: I, 177).
Cuando Europa desplegaba grandes esfuerzos por su integración (1958), el escritor André
Malraux, Ministro de Información de Francia se refirió a una nueva era abierta en el mundo
con el nacimiento de los estados-continentales. Nada más ni nada menos que la idea
orreguiana expuesta desde muchas décadas anteriores.
Según Orrego, América es síntesis de razas y culturas, el nudo o centro donde se han
cruzado, confluido y conectado todas las sangres.
América ha desempeñado la función de osario o pudridero de todas las progenies para
convertirse en una macrocósmica entraña del porvenir.
Aquí, primero, se ha producido la descomposición biológica del indio, del europeo, del
africano y del asiático, con su vuelta al caos primordial, al humus original, y luego se
fundieron en este gigantesco crisol telúrico. Valúa al mestizaje como el camino de los
pueblos, más no lo estima transicional, un puente hacia un nuevo hombre, una forma
biológica estable. En América, muere y se descompone el indio y el europeo para que
aparezca una nueva estructuración orgánica y espiritual, el hombre americano. Si se
considerase la pureza de sus razas, en América no
tiene porvenir ni el indio, ni el europeo, ni el africano,
ni el asiático; ellos son factores complementarios de
una nueva conformación física y mental en proceso de
afinación, en el cual no importa el color de la piel, sino
el nuevo juego de fuerzas que se estructuran en el
continente como un todo unitario y que será el
instrumento de una nueva expresión del espíritu
universal. Leamos sus palabras: Razas
“Desde hace cuatro siglos todas las razas están derritiéndose en la hoguera de América.
Para ayer, necesaria fusión disgregativa; proceso de integramiento y de reconstitución, para
mañana. El ojo miope y retrasado no ve sino el caos, la heterogeneidad momentánea y
epidérmica, de la cual casi no puede hablarse sino en pretérito, puesto que ha comenzado
el proceso de integración. El indio, el blanco, el asiático, el negro, todos han traído su aporte
y se han podrido y están acabando de podrirse en esta inmensa axila cósmica, para libertar
sus respectivas superioridades integrantes que harán el hombre americano, cumplido ya
para el porvenir de la humanidad”. (Orrego, 1995: I, 149).
Nuestro filósofo usa el término integración en el sentido orgánico o racial, primero, y de allí
se traslada al campo social y cultural; todo lo cual, en su pensamiento tiene correlato de
carácter político y económico. A la integración de América Latina le antecede pues,
paradójicamente, la desintegración producida en las entrañas del inmenso osario
continental. En su libro Pueblo-Continente, Orrego – como antes José Vasconcelos – le da a la
palabra integración el temprano significado que ha adquirido en las relaciones
internacionales y de interdependencia del mundo de hoy. Y utiliza indistintamente los
vocablos “integración” y “unificación” o “unidad”, con el mismo sentido.
Los latinoamericanos – afirma – debemos elaborar una doctrina política y económica, de
acuerdo con nuestras realidades y posibilidades, lejos de pensar en un mesianismo que nos
conducirá al desastre, como tantas veces ha sucedido en nuestra historia. Entonces,
considera incuestionable la unificación de nuestros esfuerzos e intereses económicos en un
organismo que defienda e incremente nuestra producción. En tal sentido las zonas de libre
comercio serán caminos previos para estructurar la unificación en el mercado común
latinaomericano, dentro de una futura unidad de mayor amplitud, política, jurídica, cultural.
Carreras para gente que trabaja - 44
UPAO
2015
Respecto a la copia del pasado, el maestro sostiene que el mensaje de América Latina para
el mundo será una expresión hacia adelante, obra de creación y no de copia regresiva. El
estudio y la comprensión del pasado han de servir únicamente como alumbramiento del
porvenir, como basamento del futuro. Y en relación a la copia foránea dice: “Europa nos ha
educado y tiene aún que educarnos, pero, nosotros tenemos la responsabilidad de rebasar
sus limitaciones inherentes alumbrando, clarificando y definiendo nuestra misión histórica y
humana. No es por el camino de la imitación simiesca que la cumpliremos, sino por el
camino de la diferenciación y de la creación original”. (Orrego, 1995: I, 165). La tarea de
América consiste en producir un nuevo tipo de hombre capaz de crear sus propios medios
de expresión para revelarse ante el mundo y superar las realizaciones precedentes. América
será como la partera cósmica de una cultura integral y de proyección ecuménica.
Si América Latina, nuestro pueblo-continente, trata de liberarse del dominio económico,
político y cultural, y dejar atrás el subdesarrollo y el colonialismo mental, si busca
encontrarse a sí misma, definirse en sus características propias, esenciales y permanentes,
el corolario resultante nos indica que ello sólo se podrá conseguir mediante el concurso de
una educación sustentada sobre la base de una filosofía de la identidad y de la originalidad
creativa, estremecedora de las conciencias y alumbradora del camino de redención social.
Los aportes orreguianos del área educativa forman parte, como un todo inseparable, del
cuadro general de sus ideas filosóficas, políticas y estéticas. De su pensamiento fluye una
educación para la toma de conciencia del surgimiento de un nuevo humanismo, de la
singularidad cultural de América Latina de las manifestaciones genuinas de su intelecto; una
educación para que cada persona se comprenda a sí misma, a las demás y a los procesos de
cambio del mundo; una educación para impulsar la integración de nuestro pueblo-
continente. En este sentido, le señaló importante rol a las universidades que deberían
desarrollar sus actividades de cara a la identidad y en función de la realidad de nuestros
países. El postuló un modelo de universidad indoamericana cuya misión sería la de estudiar
los problemas y buscar sus soluciones, dilucidar el aporte cultural surgido de estas latitudes
y señalar derroteros en procura de mejores condiciones de vida.
Piensa que si no se combate la ignorancia y la incomprensión de una política de estilo
continental o integracionista, América Latina quedará rezagada en el proceso de
agrupación y colaboración de pueblos. Es clara, pues, la tarea propia de la educación.
Integración Centroamericana
Integración del Caribe
Asociación Latinoamericana de Integración - ALADI
Sistema Económico Latinoamericano - SELA
Parlamento Latinoamericano
Comunidad Andina - CAN
Convenio Andrés Bello - CAB
Unión de Universidades de América Latina - UDUAL
Parlamento Amazónico
Mercado Común del Sur – MERCOSUR
Unión de Naciones Suramericanas – UNASUR
a) El desgarrón histórico
Para América, la conquista europea fue una catástrofe, una tragedia de proporciones
cósmicas, ya que ella significó no solo el hundimiento y el eclipse de una raza que había llegado
a un estadio resplandeciente de civilización, sino, también la inserción de un alma extraña que
vino, a su vez, a trizarse o, cuando menos, a deformarse dentro de las poderosas fuerzas geo-
biológicas que actuaban en la tierra continental como un disolvente, como una energía letal y
corrosiva. De este choque salieron moribundas y cadaverizadas, como sombras espectrales, el
antigua alma indígena y el alma invasora de Europa.
En la historia del mundo, América es un gran desgarrón. El desgarrón de una raza vigorosa por
obra de la conquista y la violencia de la barbarie occidental. Esta raza cumple un ciclo de vida
de cultura superior, sin el concurso ni la aportación de las otras razas. Caso único en que se
abre el seno de un Continente como un hipogeo cósmico, para que viniera a cadaverizarse y
podrirse todos los pueblos de la tierra, dejando un humus humano, rico en elementos
fecundantes y en posibilidades inauditas.
Por eso, América ha vivido sin su propia experiencia. Toda su vida histórica, es decir, toda
aquella parte de su vida que se inserta en el acontecer del mundo, ha sido un abismarse de
Europa en ella, una fusión de todas las razas en sus tórridas entrañas. Caso en que una
prehistoria es superior, es más que la historia, porque lo que conocemos del Imperio Incaico
era, ya desde hacía mucho tiempo, una decadencia, y porque Europa, que en el sentido vital de
la palabra, no ha creado todavía nada en América, no ha hecho sino repetirse mal, y repetirse
destruyendo lo que había de vivo, orgánico y fuerte en esta parte del mundo.
Y éste es el desgarrón de América. Un desgarrón que se cumple hasta en el hecho simbólico de
que un navegante sale en busca de una cosa y, de súbito, se encuentra con otra. América es,
pues, la aventura. El gran tropezón histórico de Colón y, por eso, en cierto sentido, la hija de lo
fortuito y de lo inesperado. América constituye el recomienzo de una vida nueva para la cual
no sirven, en su significado concreto y particular, ni la experiencia, ni las leyes, ni las normas
que ensayaron el hombre europeo y el hombre oriental a través de los siglos, América es una
nueva posibilidad humana. (Pueblo-Continente, en Obras completas, 1995: I, 147-148).
Creemos […] que el impacto que sufrió América con la invasión de Europa, significo una
tremenda catástrofe para la subsistencia integral de ambas culturas en el ámbito del Nuevo
Mundo. Las dos se desintegraron con el choque – la europea continúa aún desintegrándose – y
de esa doble desintegración está surgiendo la nueva expresión cultural de América que, desde
luego, será en su culminación futura, una expresión superior a las anteriores expresiones
aisladas de sus progenitores.
¿Qué es lo que muere y se destruye con el tremendo impacto cultural de los dos mundos y qué
es lo que sobrevive y persiste en el nuevo complexo-cultural americano?
La teoría de los gérmenes históricos viene precisamente a llenar esta función iluminadora y,
por lo tanto, a clarificar y precisar la respuesta que buscamos.
En una cultura hay que distinguir cuidadosamente dos factores: uno, morfológico, material,
palpable, temporal, que nos da el inmediato semblante, la fisonomía, digamos, visible de dicha
cultura, que se evidencia en los productos culturales realizados: arquitectura, puntura, música,
obras tecnológicas, filosofía, literatura, usos ceremoniales, costumbres y ritual religioso. Y
otro, interno, íntimo, ingrávido, que se expresa y se revela a través del primero y que
constituye el espíritu, el centro creador del conjunto de valores estéticos, religiosos, etc.; en
potencia; en una palabra, la esencia invisible e imponderable del proceso cultural, su sentido
espiritual último.
El primero se extingue con la desaparición o desintegración de la cultura que lo creó. El
segundo es intemporal, resiste a la melladura corrosiva del tiempo una vez realizado desde
cualquier circunstancia, perdura, es inmortal, cualquiera que sea el destino adverso o
afortunado, de la cultura en la que se encarnó, y está destinado a incorporarse en cualquier
época o circunstancia propia a su alumbramiento y durante el desenvolvimiento histórico del
hombre.
Estas esencias culturales constituyen los gérmenes históricos que fecundan y generan otras
culturas diferentes. (Fragmentos de Hacia un humanismo americano, en Obras Completas,
1995: II, 189-195).
Referencia Bibliográfica
Robles Ortiz, Elmer (2011). Cátedra Antenor Orrego. Trujillo: Inversiones Gráficas G&M SAC.
pp. 1-246
Antenor Orrego propuso la integración educativa y cultural de América Latina como una síntesis universal de razas y culturas diversas. Creía que esta integración debía trascender el pasado y evitar la mera imitación de modelos extranjeros. Su visión incluía un mensaje cultural original con una orientación humanista y cosmopolita, donde América debía ser la partera de un nuevo tipo de hombre, capaz de crear sus propios medios de expresión. Orrego destacó la necesidad de una educación basada en una filosofía de la identidad, orientada al autoconocimiento y comprensión de los procesos de cambio, que sería crucial para lograr el desarrollo y emancipación del continente .
Para Antenor Orrego, la Americanización es crucial para el desarrollo cultural de América Latina, ya que implica un proceso de autodescubrimiento y de afirmación de la identidad propia del continente, en oposición a la imitación de culturas extranjeras. Considera que solo mediante la Americanización, América Latina puede alcanzar su potencial auténtico al penetrar en sus raíces culturales y expresar su distintividad, alejándose del colonialismo mental. Este proceso propone una nueva identidad cultural que se refleja en las artes, la política y el pensamiento, y que se fundamenta en valores propios y en la emancipación de influencias externas .
Antenor Orrego critica a las universidades por no haber despertado ni formado al hombre en los profesionales salidos de sus aulas. Sostiene que su más alta misión es ser depositarias y discernidoras de la experiencia histórica de un pueblo, lo que es crucial para la consolidación política e institucional. Defiende la idea de una universidad dinámica, flexible e integral, que fomente una cultura viva y nacional, en oposición a una educación basada en conceptos extranjeros o letra muerta. Destaca la importancia de que las universidades acerquen la cultura al pueblo, propiciando una educación que impulse la identidad y originalidad creativa, factores esenciales para el desarrollo y redención social .
El Grupo Norte, en el que participaron figuras como Antenor Orrego, César Vallejo, y Víctor Raúl Haya de la Torre, llevó a cabo el más importante movimiento intelectual y la revolución ideológica más vital de la época en Perú. Este grupo contribuyó significativamente al surgimiento de una cultura peruana genuina, alejándose de influencias coloniales y europeas, y promoviendo una identidad indoamericana que se reflejaba en artes, literatura y política. A través de sus encuentros y publicaciones, como la revista "Iris" y el diario "El Norte", establecieron un precedente en la creación de pensamiento y políticas que buscaban unir y destacar la identidad cultural peruana .
Antenor Orrego sostenía que el supremo fin del Estado debía ser la exaltación del hombre a su máxima plenitud espiritual, entendiéndolo como la razón fundamental de su existencia. Consideraba que el Estado debía centrarse en servir al ser humano, promoviendo su desarrollo integral dentro de la sociedad. Su visión contrastaba con modelos de Estado que priorizaban la instrumentalización del individuo para fines económicos o políticos, abogando por una estructura estatal que fomente el crecimiento espiritual y humano, así como la participación cívica en la vida política .
El periódico "El Norte", fundado por Alcides Spelucín y Antenor Orrego, fue un centro inspirador y dinamizador de la corriente intelectual y literaria emergente en el norte de Perú. Cumplió un papel clave al canalizar y brindar una plataforma a las nuevas ideas y creaciones literarias del Grupo Norte, convirtiéndose en un epicentro para la difusión de su pensamiento y obras a lo largo del país. Así, "El Norte" ayudó a legitimar y expandir la influencia del grupo más allá de los límites geográficos de Trujillo .
Antenor Orrego contribuyó a la formación de una cultura histórica y espiritual al defender la creación de una cultura dinámica y viva, fundada en la experiencia histórica del pueblo y orientada a superar el conocimiento meramente académico o extranjero. Promovió la idea de una educación que priorice el desarrollo del hombre como ser integral, capaz de entender su identidad cultural y política. Sus aportes se materializaron a través de la cátedra, el periodismo, y la literatura, donde examinó el pasado y abogó por una cultura que reflejara las aspiraciones del pueblo y sus riquezas culturales innatas, fomentando una transformación espiritual y educativa .
Alcides Spelucín describió a la "Generación del 20" como pionera en la conciencia colectiva de la identidad peruana, saltando los muros del colonialismo para clamar por la fraternidad mundial y abriendo brechas en la educación universitaria tradicional. Esta generación marcó un antes y un después en la cultura peruana, dejando una profunda huella en el arte, la música, y la literatura al peruanizarlas y alejarlas de influencias europeas, estableciendo así una expresión genuinamente indoamericana. Además, impulsaron un enfoque crítico e innovador hacia los problemas nacionales desde múltiples áreas como ingeniería, sociología, y medicina .
Orrego concibe la relación entre cultura y política como intrínsecamente vinculada a través de la educación, que según su filosofía, es una acción constructiva y permanente que debe decantar el espíritu humano. Creía firmemente en una cultura histórica y encarnada en hombres concretos, y consideraba que el hacer cultura era a la vez una acción política educadora e imperecedera. Por ello, defendía que un Estado cuya aspiración máxima fuese la exaltación del hombre debería involucrar una policultura viva que impulse la conciencia social y política del individuo .
Antenor Orrego criticó las universidades de su tiempo por ser incapaces de formar al hombre íntegro y despierto, dedicándose principalmente a formar profesionales técnicos. Defendió que las universidades debían ser más que meras entidades académicas, ocupándose de ser la conciencia histórica de un pueblo, esenciales para la estabilidad política y social. Abogaba por una universidad que, en su dinamismo, se enfrenta a los problemas contemporáneos, acercando la cultura al pueblo, contribuyendo al desarrollo de una identidad cultural propia y robusta mediante una enseñanza que dés prioridad al ser humano y su máximo desarrollo espiritual .