100% encontró este documento útil (1 voto)
569 vistas164 páginas

01 - Introducción Bíblica - Dos Caras

Introducción bíblica

Cargado por

Ergurugu Erguru
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
100% encontró este documento útil (1 voto)
569 vistas164 páginas

01 - Introducción Bíblica - Dos Caras

Introducción bíblica

Cargado por

Ergurugu Erguru
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.

CEIBI

Instituto Superior de Teología y Ciencias Bíblicas

MÓDULO
DE ESTUDIO

«INTRODUCCIÓN BÍBLICA»
Página 2
INTRODUCCIÓN BÍBLICA

MÓDULO DE ESTUDIO Nº 1

Profesor:

José Manuel Díaz Yanes

Página 3
Página 4
INTRODUCCIÓN BÍBLICA
MÓDULO DE ESTUDIO Nº 1

Libros de texto y de lecturas:


¿CÓMO LLEGÓ LA BIBLIA HASTA NOSOTROS?
Compilado por Pedro Puigvert
Unión Bíblica - Editorial Clie – 2º Edición, 2004

TEOLOGÍA EVANGÉLICA I
INTRODUCCIÓN A LA TEOLOGÍA Y BIBLIOLOGÍA
Por Pablo Hoff
Editorial Vida - 2000

TU PALABRA ES VERDAD
LA ESCRITURA: SU ORIGEN, SUFICIENCIA Y PERTINENCIA
Por Robert J. Sheehan
Editorial Peregrino - Moral de Calatrava – 1999

DIOS HA HABLADO
DEBATE CONTEMPORÁNEO SOBRE LAS ESCRITURAS
Por Dr. Paul Well
Publicaciones Andamio - 1999

INTRODUCCIÓN:

S e te da una muy cordial bienvenida a esta asignatura de «Introducción General al Estu-


dio de la Biblia», en que se espera darte una mayor comprensión y apreciación de la Bi-
blia. Que el esfuerzo hecho durante el estudio te pueda proporcionar una bendición
grande. El haberte matriculado revela ciertas cualidades acerca de tu persona.
En primer lugar, muestras el deseo de ampliar la comprensión de la Palabra de
Dios. Por eso has tomado la decisión a favor de conseguir más conocimiento de la Biblia.
Tal decisión exige empeño de parte del estudiante y del profesor. Tal vez te quede la duda
de si el estudio de esta asignatura realmente te ayudará a alcanzar mayor comprensión de
la Palabra de Dios. Con el fin de resolver cualquier duda, haz un repaso de las lecciones
que se encuentran en este módulo y en los libros de texto.
Obviamente es imposible llegar a dominar toda la materia relacionada con el estu-
dio de la introducción bíblica en 10 lecciones del módulo y en los libros de texto. Pero sí, se
puede aprender lo suficiente para ayudarte en un estudio más profundo, en las posteriores

Página 5
asignaturas. También se despertará un interés que bien puedes seguir una vez terminada
esta asignatura. Tendrás un conocimiento de recursos que te ayudarán en el futuro.
La decisión tomada de matricularte en estos estudios es un paso grande hacia la
realización del propósito de obtener una mayor comprensión y aprecio de la Biblia. Sin
embargo, es solamente el primer paso. Los que han de seguir son un poco más difíciles.
Uno tiene que ser firme en su determinación de seguir adelante. Tal determinación se mos-
trará en lo aplicado que uno sea en sus estudios y en las investigaciones pedidas. ¡Bienve-
nido, pues, al estudio de esta asignatura de Introducción Bíblica!

José Manuel Díaz Yanes


Profesor titular

MÉTODO DE ESTUDIO:

La metodología a seguir para estudiar esta asignatura está perfectamente indi-


cada en el Módulo de Introducción o Guía Didáctica. Por favor, sigue las instruc-
ciones allí dadas. En caso de dudas, consulta al Centro.

Para estudiar la presente asignatura debe de tener en cuenta también las si-
guientes observaciones:

Lectura atenta del módulo y de los libros de texto.


Estudio particularizado de cada uno de ellos.
Conviene la ayuda del Diccionario Bíblico que oriente al alumno en aque-
llos términos y conceptos que todavía no domine.

DESCRIPCIÓN DE LA ASIGNATURA:

A través de las lecciones desarrolladas en el presente módulo estudiarás lo siguien-


te:

1. Introducción a la asignatura
2. La Biblia
3. Inspiración y Revelación
4. La Biblia Es la Palabra de Dios
5. Historia de la Biblia
6. El Canon bíblico
7. Apócrifos y Pseudoepígrafos
8. Manuscritos bíblicos
9. Textos y Versiones
10. Sinopsis y bosquejo general de la Biblia

Página 6
OBJETIVOS

Esperamos que al terminar el estudio de esta asignatura el alumno sea capaz de:

1. Explicar cuál es el propósito de la Biblia.


2. Explicar la unidad del Libro Sagrado.
3. Conocer las cualidades sobrenaturales de la Biblia.
4. Explicar por qué la Biblia es veraz.
5. Conocer cuál es la estructura de la Biblia.
6. Explicar cómo se formó el canon de las Escrituras.
7. Describir cuáles son las divisiones de la Biblia.
8. Explicar las diversas teorías acerca de la inspiración de la Biblia.
9. Describir qué es la inspiración de la Biblia.
10. Diferenciar lo que es Revelación y lo que es Inspiración.
11. Diferenciar los libros canónicos de los apócrifos.
12. Explicar cuáles son los medios de transmisión de las Escrituras.
13. Conocer los diferentes manuscritos de la Biblia.
14. Conocer las diferentes versiones de la Biblia.
15. Explicar las diferentes facetas de la Biblia en castellano.
16. Relacionar la Biblia con los otros libros sagrados de las diferentes religiones.
17. Explicar quiénes son los cuestionadores de la Biblia y explicar cuáles son sus errores.
18. Se trata, pues, de adquirir o de confirmar (por la vía de la investigación y de la con-
frontación) la absoluta certeza que la Santa Biblia es la toda Inspirada, Inerrable y Au-
toritativa Palabra de Dios.

HORARIO ORIENTATIVO:

El horario para estudiar la asignatura es muy relativo ya que dependerá del alumno
mismo: Capacidad, dedicación, constancia, actitud, etc. Teóricamente esta asignatura com-
prende un total de 10 créditos entre estudios, investigaciones, lecturas y la evaluación fi-
nal. Creemos que es tiempo más que suficiente para afrontar con garantía esta materia. No
obstante –si tarda más– no se preocupe, pues entendemos las circunstancias que nos ro-
dean. Nuestro consejo es: estudio y oración, con el fin de que el Señor le oriente y le guíe a la
hora de acometer este material.

MEDIOS DE EVALUACIÓN A DISTANCIA

Cuando tengas bien estudiada la asignatura y te creas capaz de hacer el examen o


evaluación final, puedes hacerla. La puntuación va de 0 a 10. Para aprobar tienes que sacar
una puntuación superior a 6. Como sabes, hay que realizar cinco clases de evaluaciones o
exámenes. Éstos consisten en lo siguiente:

1º): Prueba objetiva de comprensión:


Consiste en indicar la veracidad o falsedad de cada frase. Cada frase está tomada de
uno de los libros de texto, y se pide para verificar la comprensión global del tema por
parte del alumno.

Página 7
2º): Prueba de lectura crítica:
Consiste en hacer un ejercicio crítico literario sobre otro de los libros de texto.

3º) Prueba de conocimiento:


Completarás un cuestionario de preguntas abiertas de lo estudiado en el desarrollo de
la asignatura en el módulo de estudio.

4º): Recensión:
Harás la lectura y la recensión del un libro recomendado, de acuerdo con las instruc-
ciones dadas en el módulo introductorio.

5º): Prueba de ensayo:


Redactarás una prueba de ensayo, de un tema concerniente con la asignatura, de
acuerdo con las instrucciones dadas en el módulo introductorio.

Sabemos perfectamente que es una asignatura densa, pero es menester dominarla


bien, a fin de que captes en profundidad toda la rica enseñanza que ella aporta.

NUESTRA PARTE

Estamos muy interesados en ayudarte a sacar el máximo provecho de tus estudios.


Por eso el Centro me ha asignado como profesor titular de esta asignatura, así como de su
tutoría, para que te acompañe en tus estudios y ayudarte en todo lo que pueda. Estaré dis-
puesto a contestar todas tus preguntas acerca de los temas tratados en esta asignatura, y
trataré de aclararte tus dudas, si hubiera algo que no entendieras o quisieras preguntar.
Escríbeme con completa libertad siempre que quieras, estoy a tu disposición. Asimismo,
este profesor evaluará y puntuará tu trabajo de evaluación final.

OTROS LIBROS RECOMENDADOS

Seguidamente te recomendamos varios libros, para que trates de leer algunos du-
rante el estudio de esta materia. Tratan el tema desde diferentes puntos de vistas y asi-
mismo dan una visión de conjunto, dada la variedad de sus autores:

Libros que tratan, en general, la temática de la asignatura:


• DI PARDO: Tratado de Introducción Bíblica, Editorial Clíe.
• KUEN: Introducción al Estudio de la Biblia, Editorial Clíe
• MILES: Introducción Popular al Estudio de las Sagradas Escrituras, Edit. Clíe.
• SILVA DELGADO: El Libro Siempre Nuevo, Introducción a la Biblia, Editorial Vida.

Página 8
Libros que tratan materias de la asignatura:

BARCLAY: Introducción a la Biblia, Casa Unida Publicaciones SA


BRUCE: El Canon de la Escritura, Editorial Clíe.
GAUSSEN: La Inspiración Divina de la Biblia, Editorial Clíe
GRAHAM SCROGGIE: ¿Es La Biblia la Palabra de Dios? Editorial Clíe.
LEWIS: La Revelación e Inspiración de las Escrituras. C.B.P.
PAGÁN: Palabra Viva, Editorial Caribe
RALPH EARLE. ¿Cómo nos llegó la Biblia? Casa Nazarena de Publicaciones
STOTT: Cómo Comprender la Biblia, Unión Bíblica.
VARIOS: Descubre la Biblia, Sociedad Bíblica Unida.
WESTCOTT: El Canon de la Sagrada Escritura, Editorial Clíe
WILSON: Las Escrituras Eternas, Editorial Irmayol.

Página 9
Página 10
Lección 1.ª

Página 11
INTRODUCCIÓN GENERAL A LA ASIGNATURA

NATURALEZA DE LA SAGRADA ESCRITURA

Revelación
«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres
por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de
todo, y por quien asimismo hizo el universo». Estas palabras con que el apóstol Pablo da comienzo
a su Epístola a los Hebreos, nos enseñan con precisión y claridad la noción y carácter de la Sagrada
Escritura, haciendo resaltar ante todo el hecho y la naturaleza de la Revelación.

Dios ha hablado1, esto es, ha comunicado la verdad a los hombres, se ha manifestado, no


sólo frente a los errores del racionalismo, -dando a conocer sus secretos a la humana inteligencia
por medio de las cosas creadas, sino que plugo a su sabiduría y bondad revelar sobrenaturalmente
los arcanos de su naturaleza y los eternos decretos de su voluntad. Revelación es, pues, no la con-
ciencia que el hombre adquiere de su relación con Dios2 , sino una comunicación de Dios al hom-
bre. Gracias a ella, los misterios divinos, impenetrables al humano entendimiento, son conocidos sin
dificultad, con absoluta certeza y sin mezcla de error, aun en el estado de naturaleza caída. Sólo por
medio de ella puede el hombre llegar a conocer aquellas verdades sobrenaturales que están por en-
cima de su alcance y cuya fiel aceptación es condición indispensable para el logro de la eterna feli-
cidad.

Dios ha hablado en distintas ocasiones. La Revelación no se verificó de una vez, sino pro-
gresivamente; y no sólo en el curso de la historia, sino teniendo ella misma una historia propia (in-
terna, externa), su desarrollo (o evolución). Revelación y evolución no son conceptos contradic-
torios. Carece de base y arguye total desconocimiento del concepto de Revelación la teoría de los
que afirman que una Revelación efectuada de modo humano y desarrollada progresivamente, es un
desleimiento de la idea primitiva de revelación profundamente arraigada en los pueblos orientales, o
que el concepto de evolución pugna con el de religión positiva.
El concepto de evolución era conocido en sus líneas generales por la filosofía antigua (Aris-
tóteles); y la teología cristiana antigua y medieval supo aplicarlo a la historia de la Revelación. No
es de invención moderna, afirman algunos autores, asociar Revelación e historia; al contrario, esta
creencia es tan antigua como el cristianismo. Tan pronto como la nueva religión se enfrentó con la
antigua, se vio en ésta una preparación para aquélla. Y esta idea, que el apóstol Pablo fue el primero
en exponer, nunca fue olvidada por la iglesia cristiana. Es preciso poner ante los ojos de nuestros
contemporáneos, tan poseídos del sentido histórico, esta idea de la educación progresiva del género
humano, de la Ley como pedagogo que nos condujo a Cristo. Acerca de esta divina educación del
Antiguo Testamento, se encuentran los más hermosos y profundos pensamientos en los autores pri-
mitivos, si bien éstos no toman en consideración, por lo general, las circunstancias externas que han
1
El verbo griego lalein (lalein), muy poco empleado en el lenguaje clásico, pero de uso frecuente en la Epístola a los Hebreos y en general en el
Nuevo Testamento, significa (como el verbo dabár), a diferencia de légein (léegein) (hebreo amár = decir, hablar), una participación de ideas y
sentimientos íntimos, una manifestación de cosas ocultas, fundada en la simpatía, en particular una comunicación de cosas divinas, fundadas en el
amor, o sea, una revelación divina; Cf. Luc. 1:70; Hechos 2:31.
2
Los modernistas explican de muy distinta manera el concepto de Revelación. Según ellos no son objeto de ésta "las verdades sobrenaturales"; la
Revelación no es sino "la comunicación que de sí mismo hace el Dios vivo para establecer una comunidad de vida con El", una "reviviscencia" de la
divinidad en la naturaleza, en un acontecimiento histórico, en los actos de un personaje humano. Sólo por la fe se puede experimentar interiormente
una Revelación de esta naturaleza; la ciencia únicamente puede llevarnos "a la sospecha de la Revelación en Israel".

Página 12
influido en la historia y en el pensamiento del pueblo de la Revelación. Esto se explica, por la falta
de conocimientos históricos y porque consideraban en la Biblia el aspecto moral y doctrinal, para el
cual importa más el fondo de la Revelación, que la manera como ésta se efectuó.
El concepto cristiano de la Revelación encierra cuanto de verdad y razonable contiene el
concepto moderno de evolución. Es inadmisible una evolución de un ser cualquiera sin un germen
inicial de donde proceda, un fin al cual tienda, una fuerza impulsora que actúe internamente y cir-
cunstancias externas que pongan a prueba su poder de adaptación. En nuestro caso, el germen evo-
lutivo es aquella Revelación primitiva que comprende las verdades más generales e importantes; en
tal forma, que las revelaciones posteriores deben ser consideradas como un desarrollo de las ideas
contenidas en aquéllas. El fin es la Revelación plena y la redención en Cristo. La fuerza impulsora
y la ley que rige la evolución es la actividad divina obrando continuamente en los profetas, ven-
ciendo obstáculos, como el error, las pasiones y los pecados de los hombres. Conocemos las cir-
cunstancias externas por la misma Sagrada Escritura y por la historia de la política y de la civiliza-
ción del antiguo Oriente. Los progresos de la historia profana, lejos de comprometer el carácter
revelado del Antiguo Testamento, han esclarecido las condiciones naturales y las influencias bajo
las cuales se efectuó la evolución de la Revelación. Considerado teleológicamente (relación, ten-
dencia al fin) el concepto cristiano de la Revelación, su carácter evolutivo resalta aún más que el de
cualquier otro proceso natural. La idea del conjunto domina cada una de las partes y la formación de
éstas es cual el conjunto exige; oculta en el germen está la idea del todo, que rige el desarrollo se-
gún un plan fijo e inmanente. Esto ocurre en la historia de la Revelación -no ciertamente en la cari-
catura que de ella hacen los modernistas-, por ejemplo, en el desenvolvimiento de la idea de Dios,
de las profecías mesiánicas y de la vida futura.
El concepto cristiano sigue un término medio entre dos teorías igualmente exageradas; la
teoría de la evolución y la teoría de la degradación. La primera, afirmando que toda verdad y toda
historia es producto de la evolución natural, se desentiende de lo sobrenatural y busca el origen del
género humano entre las especies animales y el origen de la religión en las más bajas manifestacio-
nes vitales y culturales. La segunda no ve en el desarrollo histórico del Antiguo Testamento sino
perversión y pecado, que van en aumento a medida que se acerca el tiempo del cumplimiento en
Cristo.

Dios habló de muchas maneras. La historia de la Revelación corre paralelamente a la histo-


ria del mundo; tampoco entorpece el camino de ésta; más bien se hallan ambas íntimamente entrela-
zadas, formando un todo armónico. En la acción reveladora de Dios se echa de ver desde un prin-
cipio, tal acomodación a las aptitudes, debilidades y prejuicios del órgano transmisor de la Revela-
ción y de su ambiente, tan suave adaptación al carácter, formación y cultura de la época, que sólo
un experimentado y penetrante espíritu es capaz de reconocer la influencia de Dios. Cada revela-
ción lleva su sello peculiar, según el tiempo en que se dictó, la verdad que encierra y el carácter y
cultura del instrumento humano. ¡Cuán distinta la Revelación de Dios a los patriarcas -sencilla co-
mo ellos y su siglo-, de la acción divina mediante los profetas en épocas culminantes de la historia
de Israel! Enorme es la diferencia entre el proceder primitivo y casi salvaje de los jueces y la dulce
y piadosa doctrina de David en los Salmos; y unos y otros son igualmente instrumentos elegidos por
el mismo Dios para manifestarse al pueblo escogido. En sus relaciones con los hombres usa Dios
más de su sabiduría que de su omnipotencia; aquélla, como amorosa providencia, ve y gobierna a
través de los siglos, acomodándose a las humanas necesidades e influyendo como energía invisible
en todos los procesos históricos.
Últimamente, en nuestros días, nos ha hablado Dios por medio de su Hijo. Jesucristo es
centro y cumbre de toda Revelación divina; Pablo le llama fin de la ley. A él y al reino por él fun-
dado se refiere toda la historia y contenido de la Revelación del Antiguo Testamento. Antiguo y
Nuevo Testamento forman un todo, se pertenecen y completan como cimiento y remate del edificio,

Página 13
capullo y flor, sombra y cuerpo, figura y realidad, tipo y antitípo. En este sentido llega a decir Agus-
tín de Hipona hablando de la historia sagrada: "Aquél a quien Cristo se manifiesta en ella, sepa que
la ha comprendido. Pero antes que haya encontrado en ella a Cristo, no se precie de haberla enten-
dido"3. Y "la razón de haber sido escrita antes de la venida de Cristo no es otra sino porque ésta
fuese anunciada y la iglesia prefigurada"4.

Este carácter preparatorio de la Revelación del Antiguo Testamento se pone de manifiesto


especialmente en las figuras5 y profecías mesiánicas. El apóstol Pablo afirma en sus cartas, que el
Redentor había sido prefigurado bajo múltiples formas. Así, hablando del ceremonial de la ley ju-
daica advierte que Es una sombra de lo que ha de venir; pero la realidad es Cristo (Colosenses
2:17; cf. Hebreos 8:5; 10:1; 1 Corintios 10:6.11). Sólo en parte conocieron los israelitas los rasgos
del Redentor. Para ellos, el tipo más corriente es David, cuyo nombre emplearon los profetas para
designar al futuro Redentor. Ellos (los judíos después de la cautividad de Babilonia) "servirán a Je-
hová su Dios y a David su Rey, a quien yo les levantaré", dice el profeta Jeremías (30:9). En cam-
bio, nosotros, cristianos, reconocemos sin dificultad las figuras mesiánicas, porque las vemos cum-
plidas en Cristo, y son puestas expresamente de manifiesto por el Nuevo Testamento. Por eso mis-
mo contribuyen no poco a hacernos admirar la sabiduría y la Providencia de Dios, que gobierna y
dispone a través de los siglos, y a afianzar nuestra fe en Jesucristo, Redentor enviado por Dios. De
manera más explícita e inteligible, aun para los judíos, describieron los profetas al futuro Mesías
señalando circunstanciadamente su origen y nacimiento, vida y muerte, resurrección y glorificación.

Sagrada Escritura

La Revelación sobrenatural está contenida en los libros de la Biblia. El conjunto de libros re-
velados forma la Sagrada Escritura o Biblia.
Se llama "sagrado", porque santo es su autor (Dios), sagrado el asunto que trata (Revelación
divina), y temerosos de Dios e iluminados por el Espíritu Santo los hombres por quienes fue escrita.
La palabra "Biblia" (del griego biblo, libro) quiere significar que se trata del "Libro de los
Libros"; y es en verdad el libro más venerado e importante del mundo. Se llaman también canóni-
cos estos libros, porque, conteniendo las revelaciones, manifestaciones y comunicaciones de Dios a
los hombres, pueden considerarse como norma y regla (canon) de la fe y costumbres. La colección
de todos ellos recibe también el nombre de Canon de la Sagrada Escritura.
Qué libros integran esa colección y, por consiguiente, deben tenerse por canónicos, es cosa
que ha tenido a la cristiandad dividida desde el siglo XVI. Para los evangélicos el canon contiene 66
libros, 39 libros del Antiguo Testamento y 27 libros del Nuevo Testamento. Para el mundo católico
el canon se amplía con los denominados libros deuterocanónicos (apócrifos).
Los 39 libros del Antiguo Testamento que presentan nuestras Biblias, eran las Escrituras que
el pueblo hebreo consideraban como inspiradas y sigue siendo la Biblia de los judíos hoy en día.

3
E. de los Salmos, 95, n.2.
4
De catechiz. ruido. c.3
5
Por figura o tipo (del griego týptein, pegar, cincelar; de ahí escultura, modelo ejemplar) se entiende un objeto o persona, acción o suceso destinado a
significar alguna cosa futura y a representarla de alguna manera de antemano. Acontece esto en virtud de cierta relación o semejanza existente entre la
figura y lo figurado, fundada ora en la naturaleza de la figura, ora en la intención del que la emplea. Así la sombra que proyecta una persona sobre el
suelo denota su movimiento y la representa al mismo tiempo, aunque con imprecisos perfiles. El arquitecto representa en el plano o modelo el edificio
que desea construir, dibujándolo de antemano con todas sus particularidades, aunque en reducidas proporciones.- En la interpretación de las figuras
deben buscarse sobre todo las analogías fundadas en la cosa misma o en la intención de Dios, mas no los rasgos fortuitos, secundarios o artificialmen-
te reconstruidos. Menester es también distinguir entre figura y mero símbolo. Cuando se trata de formar juicio científico acerca de los tipos, o de
utilizarlos para fines prácticos, debe observarse que el reconocimiento de las figuras es completamente seguro solamente respecto de los personajes,
sucesos e instituciones más importantes de los tiempos anteriores al Mesías; verdadero, si bien menos seguro, respecto de otras cosas, aunque sean
importantes; muy probable o sólo probable, tratándose de cosas de poca importancia; inverosímil o ridículo cuando desciende a nimiedades; pierde en
seguridad cuanto más mira al pormenor. Pero debemos guardarnos de menospreciar las interpretaciones de los autores cristianos primitivos, espe-
cialmente cuando están fundadas en el sentido literal del texto o se apoyan en numerosos autores de peso, particularmente cuando no se hace uso de
tales interpretaciones para demostrar la fe, sino sólo para exhortar a la virtud y a la piedad.

Página 14
Estas escrituras, en hebreo, arameo y en su traducción al griego (la Septuaginta), eran usadas y cita-
das por Jesús y por los apóstoles, y fueron heredadas por la iglesia cristiana, quien las considera
parte de su Biblia. En el canon hebreo hay 24 libros, agrupados en tres divisiones:

I. La Ley (la Tora o Pentateuco):


1. Génesis, 2. Éxodo, 3. Levítico, 4. Números, 5. Deuteronomio.

II. Los Profetas:


Profetas anteriores: 6. Josué, 7 Jueces, 8. Samuel (1 y 2), 9. Reyes (1 y 2).
Profetas posteriores: 10. Isaías, 11. Jeremías, 12. Ezequiel, 13. Los Doce (un solo libro o ro-
llo que contiene Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías,
Hageo, Zacarías y Malaquías).

III. Los Escritos:


14. Salmos, 15. Proverbios, 16. Job, 17. Cantares, 18 Rut. 19 Lamentaciones, 20 Eclesiastés,
21. Ester, 22. Daniel, 23. Esdras-Nehemías y 24 Crónicas (1 y 2).

En las ediciones cristianas de la Biblia, el orden de los libros está modificado respecto a la
Biblia hebrea, como se ve en la Tabla de los Libros del Antiguo y Nuevo Testamento que se inclu-
yen en las Biblias de Reina-Valera. Estos 39 libros se agrupan de la siguiente manera:

I. El Pentateuco (5 libros), Génesis a Deuteronomio.


II. Libros históricos (12 libros), Josué a Ester.
III Libros poéticos y de sabiduría (5 libros), Job a Cantares.
IV. Libros proféticos (17 libros), Isaías a Malaquías.

El canon de los 27 libros del Nuevo Testamento fue confirmado por el Concilio de Cartago
en el año 397 d.C. Los 27 libros que componen el Nuevo Testamento, se dividen en cuatro catego-
rías, por su contenido y su estilo literario, a saber:

I. Los Evangelios (4 libros): Mateo, Marcos, Lucas y Juan.


II. Historia de la iglesia primitiva (1 libro): Hechos de los Apóstoles.
III. Epístolas o Cartas: Paulinas y Universales (21 libros): Romanos a Judas.
IV. Apocalipsis o Revelación (1 libro).

Escasas son las noticias que poseemos acerca de la formación y evolución del canon anti-
guo. Moisés puso ciertamente la base de esa colección, cuando por mandato divino escribió las
"palabras de la ley" y entregó su libro a los levitas para que lo guardasen junto al Arca de la Alianza
y fuese leído cada 7 años al pueblo (en la fiesta de los tabernáculos del año sabático) (Deuterono-
mio 31:9-13 y 24-26). A este primer elemento de la literatura canónica se añadieron otros en el
transcurso de los tiempos. Así, Josué unió sus "palabras" (Josué 24:26)6 al libro de la Ley, y Samuel
"depositó ante Jehová" la ley del reino (Samuel 10:25)7. Los otros libros, que con el de Josué for-
man el grupo de los históricos, fueron compuestos, según tradición judía, por profetas iluminados
por el Señor; por su contenido y forma son una continuación del de Josué. En tiempo del rey Eze-
quías eran ya conocidos un Salterio de David (2 Crónicas 29:30), y una colección de Sentencias de
Salomón, que fue ampliada por encargo del mismo Rey (Proverbios 25:1). Los profetas dan testi-
6
Ya se refiera sólo a los discursos de los capítulos 23 y 24, o ya a toda la obra, el núcleo del libro actual está constituido por anotaciones del mismo
Josué.
7
Es costumbre en Oriente depositar libros importantes, en especial documentos religiosos y anotaciones, en el santuario; cada templo posee su archi-
vo, lo cual importa muchísimo a la conservación de la doctrina e historia.

Página 15
monio de que escriben sus profecías por inspiración divina. Isaías reunió sus discursos en un Libro
del Señor, y Jeremías dictaba a su discípulo Baruc "todas las palabras que Jehová le había hablado".
Los escritos de los Doce profetas eran conocidos por el autor del libro apócrifo de Eclesiástico (180
a.C.) como una sola obra, el Libro de los Doce profetas. El siglo segundo antes de Jesucristo poseía
una colección de libros sagrados, divididos en tres secciones, costumbre seguida después entre los
judíos: La Ley, profetas y hagiógrafos (véase el prólogo de la versión griega del libro apócrifo de
Jesús hijo de Sirac).
Según la tradición judía, el canon antiguo se cierra con Esdras. Flavio Josefo, sacerdote y
escritor contemporáneo de los apóstoles, dice que más tarde se escribieron también libros sagrados,
pero que no gozaron de igual autoridad (esto es, canonicidad) que los anteriores, porque les faltaba
el testimonio profético. Por eso los judíos, hasta nuestros días, reconocen como canónicos, sólo
aquellos libros que se mencionan en el canon de Esdras (libros canónicos)

Libros apócrifos o deuterocanónicos:

En cuanto a los libros llamados deuterocanónicos por los católicos y apócrifo por los protes-
tantes diremos lo siguiente: La palabra apócrifa (adjetivo en griego) significa secreto u oculto, y
muchas veces se usaba para las escrituras secretas de alguna secta que no revelaba sus más profun-
das enseñanzas sino a los adeptos. En la iglesia primitiva vino a significar la escritura apocalíptica o
difíciles de comprender; y más tarde las que eran espurias, heréticas, o falsificadas. En una palabra,
los libros apócrifos son los que han sido juzgados no canónicos por los judíos (hablando del Anti-
guo Testamento) y la iglesia cristiana (en cuanto a los del Nuevo Testamento). Los libros apócrifos
del Antiguo Testamento existentes todos en el idioma griego son catorce: III y IV de Esdras, Tobí-
as, Judit, lo añadido a Ester, la Sabiduría de Salomón, Eclesiástico, Baruch, la epístola de Jeremías,
el Cantar de los tres jóvenes santos, la historia de Susana, Bel y el Dragón, la Oración de Manasés y
I y II de los Macabeos.
De estos 14 libros la iglesia católica romana dice que 11 son deuterocanónicos y éstos se
imprimen en sus Biblias, omitiendo la Oración de Manasés y los dos libros de Esdras. De los ma-
nuscritos más antiguos del Antiguo Testamento algunos contienen varios de los libros apócrifos,
pero no todos, y algunos los imprimen después del Nuevo Testamento, como libros útiles para la
historia, pero no canónicos. De ésos los más importantes son los dos libros Macabeos que nos dan
una historia clara y comprensiva de las guerras en Palestina que tuvieron lugar durante el período
entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
No se sabe con certidumbre quiénes eran los autores de los libros apócrifos, pero es probable
que fueron escritos por judíos de Alejandría, con la excepción de los libros de Macabeos y Eclesiás-
tico cuyos autores muy probablemente eran judíos de Palestina misma. La mayor parte de los erudi-
tos creen que fueron escritos entre el 200 a.C. y 100 d.C. Aunque estos libros no tienen la autoridad
divina ni fueron aceptados como inspirados por la iglesia evangélica, sin embargo ellos son de mu-
cho interés para nosotros como una parte de la literatura antigua de los judíos. Ellos contienen mu-
chas cosas absurdas, erróneas, y contradictorias; sin embargo nos describen una época en la historia
judía cuando no había revelación divina, y nos revelan mucho acerca de la nación escogida, sus
esperanzas y temores, sus guerras e historia, su filosofía y pensamiento durante esa época.
Otra cosa digna de mención es la influencia de estos libros sobre los escritores del Nuevo
Testamento. Ninguno de éstos los trata como inspirados ni los incluye en el canon, pero es cierto
que los leían y probablemente en Hebreos 11:34-38 el autor se refería a los mártires de la guerra
macabea. Los judíos en todas partes del mundo aceptan el mismo canon del Antiguo Testamento,
como los evangélicos, y ninguno de los libros apócrifos jamás fueron incluidos. Aparecen en la ver-
sión antigua Latina (150 d.C.), y en muchas copias de la versión griega de los LXX (la Septuagin-
ta); pero es probable que en el original de esta versión no fueron incluidos, sino que la LXX era una

Página 16
traducción en griego del hebreo solamente de los 39 libros que ahora tenemos en el Antiguo Testa-
mento.

He aquí las 20 razones que se presentan para rechazar los libros apócrifos del canon del An-
tiguo Testamento.
1. Todos están de acuerdo en que ellos nunca fueron incluidos en el canon hebreo.
2. Nunca fueron citados por nombre en el Nuevo Testamento por Cristo ni por sus
apóstoles, aunque ya existían.
3. Josefo, el historiador judío (100 d.C.), los omite, enumerando solamente los libros
que los judíos consideraban ser inspirados por Dios.
4. Filón, el judío, el gran filósofo de Alejandría (20 a.C. hasta 50 d.C.), escribió prolí-
ficamente y citaba muy a menudo del Antiguo Testamento, pero nunca mencionó los
libros apócrifos.
5. No se hallan en los catálogos de libros canónicos hechos durante los primeros cua-
tro siglos d.C.
6. Jerónimo (440 d.C.), declara que el canon hebreo consiste en los mismos 39. Había
muchos tárgumes (traducciones del hebreo original), libros que nosotros tenemos en
el Antiguo Testamento y rechaza los libros apócrifos terminantemente.
7. Ellos mismos nunca reclaman la inspiración ni la autoridad divina.
8. No tienen el elemento profético verdadero, ni hablan como un mensaje de Jehová.
9. Contienen muchos errores históricos, geográficos, y cronológicos; se contradicen a
sí mismos, a la Biblia, y a la historia profana.
10. Ellos enseñan doctrinas y prueban prácticas en contra de las enseñanzas de la Bi-
blia. Por ejemplo toleran la práctica de mentir, justifican el suicidio y el asesinato,
y enseñan la justificación por obras o por limosnas, los encantamientos mágicos, los
muertos que oran por los muertos, etc.
11. Se nota en su estilo una rigidez, falta de originalidad, y la calidad artificial que nun-
ca se ve en los libros canónicos.
12. Mucha de su literatura es legendaria, de cuentos absurdos.
13. Los milagros que ellos relatan y las descripciones de seres sobrenaturales contiene
mucho que es fabuloso, grotesco y necio.
14. Aun lo que podemos llamar su nivel espiritual y moral está muy por debajo del de
los libros del Antiguo Testamento.
15. Los libros apócrifos fueron escritos después del Antiguo Testamento cuando su ca-
non era ya cerrado, y sin embargo algunos de ellos profesan imitar si no tomar su
lugar.
16. La iglesia primitiva declaraba que algunos de ellos contenían instrucción prove-
chosa, pero nunca los hizo canónicos ni autorizados en cuestiones de doctrina hasta
que la iglesia católica romana en su concilio de Trento (1546 d.C.), por una mayoría
pequeña los incluyó en su canon de la fe y pronunció maldiciones sobre todo aquel
que no los aceptase como divinos.
17. La iglesia cristiana, sucesora de la judía, recibió los 39 libros de los judíos y nunca
los ha cambiado.
18. De las palabras mismas de Jesucristo y de sus apóstoles vemos que ellos reconocían
el canon ya fijo del Antiguo Testamento y pusieron su sello sobre él. Mateo 23:35
cubre todo el Antiguo Testamento desde Génesis hasta Crónicas (el último libro del
Antiguo Testamento en hebreo).
19. Había muchos tárgumes (traducciones del hebreo original en arameo) que los judíos
imprimían en los libros del Antiguo Testamento cuando el idioma de Palestina había

Página 17
cambiado tanto que era necesario interpretar los libros a los lectores y oyentes.
Véase Nehemías 8:8. Pero ningún tárgum existe de los libros apócrifos.
20. El estudiante de la historia nunca puede ponerlo al mismo nivel que los libros ca-
nónicos, porque siente una diferencia radical y espiritual entre ellos, y los libros
apócrifos se condenan a sí mismos.

Podemos creer con toda seguridad que en el Antiguo y Nuevo Testamento tenemos ahora la
plena revelación de Dios, que fue escrita y redactada bajo la inspiración directa del Espíritu de Dios,
y que constituye la única Palabra de Dios, distinta de todos los demás libros del mundo. La preser-
vación de los libros de la Biblia ha sido una de las maravillas de la historia. Moisés fue el primer es-
critor (Éxodo 24:4. 7; 34:27); y él puso el libro de la Ley al lado del Arca en el Tabernáculo (Deute-
ronomio 31:26). Josué escribió la historia de la muerte de Moisés, completando así el Pentateuco, y
añadió el libro que lleva su nombre (Josué 24:26.27)
Durante el reinado del cruel rey Manasés, probablemente los sacerdotes tuvieron que escon-
der las copias de la Biblia; y una de ellas fue descubierta en los días de Josías (2 Reyes 21:16;
22:18). Esdras fundó el orden de los escribas, que no solamente copiaban los manuscritos de los
libros de la Biblia, sino que los guardaban y los explicaban también. Todos los cristianos debemos
una deuda inmensa de gratitud a la nación judía por haber guardado los libros sagrados por tantos
siglos8.

Inspiración

Según la teología cristiana, todos los libros canónicos han sido escritos por Inspiración di-
vina, son inspirados9 , tienen a Dios por autor. La Santa Biblia, en cuya composición ha intervenido
de manera especialísima el Espíritu Santo, influyendo en los pensamientos y determinaciones del
escritor, no sólo contiene la Palabra de Dios, sino que es la Palabra de Dios.
Esta doctrina bíblica de la Inspiración está tomada en el fondo, aun en la forma, de la misma
Sagrada Escritura. En el Nuevo Testamento se llama al Antiguo Testamento "escritura inspirada
por Dios" (2 Timoteo 3:16). Los que la escribieron son calificados de "santos hombres de Dios",
que hablan, no según voluntad humana, sino "movidos por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21). El
mismo Jesucristo, los apóstoles y evangelistas, refiriéndose a lugares del Antiguo Testamento, dicen
que Dios habló por boca de los profetas o que éstos hablaron "inspirados por el Espíritu Santo"
(Mateo 1:22; 22:43; Marcos 12:36; Hechos 1:16; 4:25; 28:25; Romanos 1:2; Hebreos 4:7). Es, asi-
mismo, sentir unánime de la iglesia primitiva, que la Sagrada Escritura es inspirada. Los llamados
padres de la iglesia la llaman "sentencias del Espíritu Santo"10 , "voz de Dios"11, "carta del Creador
a sus criaturas"12.
También la razón natural demuestra la probabilidad del hecho de la Inspiración. Quien sin
prejuicios estudia los Sagrados Libros, llega pronto a sentir el hálito del espíritu inspirador, al ver
que hombres débiles, sujetos a error, viviendo en medio de pueblos paganos envueltos en fantasías
mitológicas y desvaríos de la inteligencia y del corazón, han podido hablar verdades celestiales y
conservar puro y enriquecer más y más el precioso caudal de la Revelación y de las divinas prome-
sas; y no obstante ser tan grande el lapso de tiempo entre unos y otros y tan distintos sus caracteres,
todos han contribuido a la formación de un edificio armónico, al cual sólo un sentido oscurecido
puede negar su admiración. No hay pueblo alguno del mundo, sino Israel, cuya literatura haya con-
servado a través de mil años tal consonancia en sus ideas fundamentales. La idea de la redención

8
Este capítulo sobre los apócrifos ha sido tomado de, Alice E. Luce: Introducción Bíblica, pp. 179-184, Editorial Vida, Miami 1978.
9
El presente tema de la Inspiración se estudiará más ampliamente en la lección 3.ª de este módulo.
10
Clemente Romano, I Cor. 45.
11
Tertuliano, Apol. 31.
12
Gregorio Magno, Ep. 4,31 (Ad Theod.); cf. Agustín, In Ps. 90, Serm 2,1; In Ps, 149,5).

Página 18
del mundo, de la salvación de todos los hombres, no es flor nacida en el jardín del sentimiento del
alma judía, y esto no obstante, predomina en las páginas de la Sagrada Escritura, de la primera a la
última, según un plan de rigurosa unidad. Esta unidad de plan en las ideas más elevadas y su cons-
tante desenvolvimiento como el de un capullo, esta armonía en las ideas fundamentales, a pesar de
la multiplicidad del factor humano, es para la razón algo que manifiesta la acción de Dios en la Bi-
blia.
Respecto a la naturaleza de la Inspiración, declara la teología cristiana que se tiene por san-
tos y canónicos los libros de la Sagrada Escritura, no porque, escritos por humana inteligencia, los
haya aprobado después ninguna autoridad ni institución de este mundo; ni tampoco porque contie-
nen la Revelación sin mezcla alguna de error; sino porque, inspirados por el Espíritu Santo, tiene a
Dios por autor. La aprobación humana no puede hacer de un libro escrito por el hombre mismo un
libro divino; ninguna institución ni criterio teológico puede hacer que un libro sea inspirado; sólo
pueden declarar si un libro es o no de Inspiración divina. Inspiración quiere decir algo más; es una
acción del Espíritu Santo sobre el entendimiento y voluntad del escritor (humano) de los Sagrados
Libros, en virtud de la cual escribe éste, siguiendo la moción divina, todo aquello que Dios quiere y
en la forma que Él lo quiere, sin sentirse por esto coartado en su independencia. Pues la Inspiración
no anula ni menoscaba el carácter del escritor, sino que se sirve de él para un fin más elevado. Se-
gún la doctrina, la gracia presupone la naturaleza, la sublima y ennoblece, sin cambiarla ni violen-
tarla. Gracia y naturaleza obran de acuerdo, de tal suerte, que por la influencia inspiradora del Espí-
ritu Santo se consiguen las intenciones divinas sin mengua de la libre actividad y del carácter del
hombre.
La inspiración no cambia ni el carácter del escritor ni su disposición natural ni sus conoci-
mientos adquiridos; ni siquiera remedia las imperfecciones y defectos de la persona o de sus facul-
tades. El individuo humano, tal cual es, se torna en instrumento libre del que Dios se sirve para es-
cribir lo que tiene por conveniente para enseñanza, corrección, consuelo y aviso del hombre. Por
esto, los Libros Sagrados llevan el sello de la personalidad del escritor y de su lengua materna, el
sello de la época y de la nación oriental, en particular el del pueblo semítico- palestinense. Tampo-
co exime la Inspiración a los escritores de los Libros Sacros del trabajo de reflexionar e investigar.
Sólo era objeto de sobrenatural y divina Revelación aquellas verdades que el escritor no podía al-
canzar con su propio esfuerzo; Revelación e Inspiración no son sinónimos. Los escritores tenían
conciencia de no ser meros instrumentos de Dios, ni su libro una copia dictada por el Espíritu Santo,
sino obra de su libre actividad e ingenio (Cf. Lucas 1:3). Intervienen pues, dos factores en la com-
posición de los libros de la Santa Biblia: el Espíritu Santo inspirador y la libre actividad del escritor
inspirado. Los Libros Sagrados son el resultado de una especial "asociación de trabajo de Dios y
del hombre". No desconocieron estos los padres de la iglesia y teólogos antiguos, aun cuando con-
sideraban la Sagrada Escritura primero como obra de Dios, afirmando que los escritores sagrados
son "por decirlo así, plumas distintas de un solo autor"13.

Campo de la Inspiración es toda la Sagrada Biblia; porque en todas sus partes se derrama el
influjo del Espíritu Santo. Sería totalmente ilícito, ya el limitar la Inspiración a algunas partes de la
Sagrada Escritura, ya el conceder que el autor sagrado se haya engañado. Porque no se puede tole-
rar el método de aquellos que se libran de estas dificultades no vacilando en admitir que la Inspira-
ción divina se extiende a las verdades que conciernen a la fe y a las costumbres y nada más, pen-
sando equivocadamente que, cuando se trata de la verdad de los pasajes, no es preciso buscar prin-
cipalmente lo que ha dicho Dios, sino examinar más bien el motivo por el cual lo ha dicho. De
hecho, todos los libros íntegros que la iglesia reconoce como sagrados y canónicos en todas sus
partes han sido escritos por Inspiración del Espíritu Santo. De donde, no nos es dado dividir la San-
ta Biblia en partes inspiradas y otras que no lo son, pues el efecto y alcance de la Revelación llega
13
Agustín de Hipona, C. Faustum 11,6; Cf. La Ciudad de Dios 18,41.

Página 19
aún a los asuntos de carácter profano, no de una manera casual, sino íntima e intencionada.

Pero esto no excluye imperfecciones en la Sagrada Biblia. De la manera que el Verbo En-
carnado (Jesucristo), al unirse hipostáticamente a la naturaleza humana, asumió todas las imperfec-
ciones conciliables con la dignidad de la Persona Divina, así el verbo escrito (la Biblia) sufre todos
aquellos defectos que no repugnan a la verdad y dignidad del Espíritu inspirador. La Santa Biblia
está escrita por hombres y destinada a hombres que no poseen órganos aparejados para percibir la
plenitud de la luz divina. Y así como el Hombre-Dios no padece quebranto en su dignidad por alla-
narse a la humana limitación, así tampoco el carácter divino de la Sagrada Escritura queda desvir-
tuado por la fragilidad de comprensión y deficiencia de expresión del instrumento humano.

De esto se sigue necesariamente la absoluta infalibilidad de la Sagrada Biblia, no sólo en


aquellos asuntos que atañen a la salvación del género humano, sino también en los profanos. Tan
lejos está de todo error la Inspiración divina, que no sólo excluye por sí misma todo error, sino que
lo excluye y repugna tan necesariamente, como necesariamente no puede Dios, soberana Verdad,
ser autor de ningún error. Es, pues, enteramente inútil decir, que, sirviéndose el Espíritu Santo de
los hombres como de instrumentos para escribir los Sagrados Libros, pudo escaparse a éstos, no ya
a su principal autor, alguna falsedad. Pues El mismo los excitó y movió con virtud sobrenatural a
escribir y El mismo les asistió mientras escribían, de tal manera, que ellos concebían con exactitud
en su mente, querían traspasar con fidelidad a la pluma y expresaban con inefable verdad todo y
sólo aquello que Él les ordenaba escribir; de otra suerte, no podría decirse que Él es autor de toda la
Sagrada Escritura.

Página 20
Lección 2.ª

© Vila - Escuain
Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado
Editorial Clíe, pp. 113-116.
(Transcrito con autorización de la Editorial)

Página 21
14
LA BIBLIA
Biblia es el nombre con el cual se designan desde muy antiguo a las Sagra-
das Escrituras de la Iglesia Cristiana. Una exposición de su contenido y un estudio
profundo de su texto y mensaje ocuparían mucho espacio, y precisamente todos los
artículos de este diccionario15 iluminan un poco el texto de ese Libro por excelencia
que es la Palabra de Dios.

1. Nombre. Biblia viene del griego a través del latín, y significa «Los Libros». La designa-
ción bíblica es de «la/s Escritura/a» y, en un lugar, «Las Santas Escrituras» (Romanos 1:2). La au-
sencia de adjetivo delante de la palabra Biblia revela que los que lo empleaban consideraban que es-
tos escritos (1) formaban por sí mismos un conjunto concreto y determinado y (2) que eran superio-
res a todas las otras obras literarias. Estos escritos sin par son, pues, los libros por excelencia. La
etimología del nombre Escritura, en singular como en plural, permite hacer la misma constatación,
hecho tanto más notable cuanto que aparece frecuentemente en el Nuevo Testamento con el sentido
implícito del término griego Biblia (Mateo 21:42; Hechos 8:32). Por otra parte, el plural neutro de
este último término tiene un sentido colectivo, marcando el importante hecho de que la Biblia no es
meramente un libro, sino una gran cantidad de libros. Al mismo tiempo, el empleo en singular del
término «Escritura» destaca el hecho de que la diversidad de redactores recubre una maravillosa
unidad que revela una conducción inteligente, que no dejó de operar durante los más de mil años de
su redacción.
Se cree que el primero en usar este término fue Juan Crisóstomo (347-407 d.C.). No se halla
este título en la Biblia misma, donde dichos escritos se llaman simplemente la Escritura o las Escri-
turas (Hechos 8:32; 2 Timoteo 3:16). Sólo el Antiguo Testamento es aceptado por los judíos, quie-
nes no incluían en su Canon los Libros Apócrifos que figuran en las versiones católicas, y lo di-
vidían en tres secciones: la «Ley», o sea, el Pentateuco, los «Profetas», en que ponían algunos de
los libros históricos, los profetas mayores (menos Daniel y Lamentaciones) y los doce profetas me-
nores; y los «Escritos», donde colocaban todos los demás. Se atribuye a Esdras haber dado su forma
final al Canon judío, con un total de 39 libros. Los 27 del Nuevo Testamento fueron escritos por los
apóstoles o por autores íntimamente asociados con ellos.
Los nombres «Antiguo Testamento» y «Nuevo Testamento» se usan desde el final del siglo
II, con el fin de distinguir entre las Escrituras cristianas y las judías. La mayor parte del Antiguo
Testamento fue escrito en hebreo, pero algunas porciones pequeñas están en arameo (Génesis
31:47; Esdras 4:8-7:18; 7:12-26; Jeremías 10:11; Daniel 2:4-7:28). El Nuevo Testamento, con ex-
cepción de unas pocas palabras y oraciones que se escribieron en arameo, fue escrito en el griego
común del mundo helénico. La Biblia protestante contiene 66 libros, 39 en el Antiguo Testamento y
27 en el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento católico romano contiene 46 libros y adiciones
a los libros de Ester y Daniel. Los protestantes aceptan solamente como canónicos los 39 libros del
Antiguo Testamento de los judíos. Los libros adicionales se conocen entre los protestantes como
«apócrifos». Formaban parte de la versión griega del Antiguo Testamento conocida como la Sep-
tuaginta o LXX, o también de los Setenta.

2. Conservación y transmisión del texto. A pesar de que fue escrita a través de un período
de más de mil años, la Biblia ha llegado hasta nosotros en un admirable estado de preservación. El
descubrimiento reciente de los rollos del mar Muerto, algunos de los cuales datan del segundo y ter-

14
El alumno debe de estudiar este tema conjuntamente con el capítulo TRANSMISIÓN DE LOS DOCUMENTOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO y
TRANSMISIÓN DE LOS DOCUMENTOS DEL NUEVO TESTAMENTO, por David Estrada, páginas 9-58 del libro: «¿CÓMO LLEGÓ LA BIBLIA HASTA
NOSOTROS?» (Pedro Puigvert, Comp.).-
15
NUEVO DICCIONARIO BÍBLICO ILUSTRADO, de Vila-Escuaín, Editorial Clíe, 1987. Transcrito con autorización de la Editorial Clíe.

Página 22
cer siglos a.C., corroboró la sorprendente exactitud del texto hebreo que poseemos hoy. En cuanto a
la exactitud del Nuevo Testamento, existen 4.500 manuscritos griegos que datan desde 125 d.C.
hasta la invención de la imprenta, versiones que se remontan en antigüedad al 15 d.C., y citas de
porciones del Antiguo y Nuevo Testamento de los Padres de la Iglesia desde las postrimerías del
primer siglo.
Las divisiones por capítulos y versículos es relativamente moderna: se inició en el siglo XI,
según se cree, por el erudito Lanfranco, y fue completada en su forma actual por R. Estienne, en
1551.
De todos los libros que la Humanidad ha conocido, ninguno ha ejercicio tanta influencia
como la Biblia. El primer libro editado en la imprenta fue la Biblia, marcando así el paso a la Era
Moderna. Autores famosos han tomado de ella temas para realizar sus creaciones. Obras de teatro,
grandes músicos y literatos, programas de cine y televisión tienen por tema la Biblia o en ella en-
cuentran inspiración. Complejos movimientos filosóficos se basan en la Biblia, libro inmortal que
ha enjugado las lágrimas del triste e iluminado la risa del alegre. Ella ha dado el material para las
grandes catedrales de la Edad Media y ha sido la base de innumerables empresas misioneras alrede-
dor del mundo.
Completa o en parte, ha sido traducida a más de mil idiomas, y provee la base doctrinal a
centenares de iglesias en culturas y situaciones muy diversas.

3. Traducciones de la Biblia. Las traducciones de la Biblia comenzaron a aparecer desde


muy temprano. La Septuaginta data del 250 al 150 a.C.; el Nuevo Testamento fue traducido al latín
y siríaco hacia el año 150 de nuestra Era.
La antiquísima versión al latín llamada Vetus Latina es anterior a Jerónimo y fue hecha
cuando ya muchos no entendían el griego, que se había convertido en la lengua culta del imperio.
Los estudiosos datan esta versión hacia los últimos años del siglo II o principios del III de nuestra
Era. De esta versión se conservan algunos ejemplares o códices incompletos en diversas universida-
des, bibliotecas y museos.
La Vulgata. En el siglo IV el obispo de Roma, Dámaso, pidió a su consejero Jerónimo que
hiciese una versión completa de la Biblia al latín vulgar. Jerónimo se marchó a Palestina, y allí,
usando fragmentos latinos, hizo una traducción desde el hebreo y el griego, lenguas que conocía por
haberlas estudiado a propósito; sin embargo, su revisión tiene muchos errores, aunque sea un verda-
dero monumento de erudición. La Iglesia Católica Romana hizo de la Vulgata el texto oficial y nor-
mativo para su uso, en el Concilio de Trento. Doctrina que aún no ha cambiado de manera oficial.
La Biblia alemana. Uno de los grandes acontecimientos en la historia de la traducción de la
Biblia es la aparición de la versión alemana de Lutero. Todos los críticos están de acuerdo en afir-
mar que la influencia de esta traducción en el pueblo alemán, en sus costumbres y en su cultura es
de importancia trascendental. Al traducir la Biblia al alemán, Lutero se convirtió en el padre del
idioma alemán moderno, como también del movimiento que ha llevado a un estudio profundo de la
Iglesia primitiva y a una purificación de la vida, liturgias, costumbres y disciplinas de las iglesias
cristianas.
Versiones Castellanas. Alfonso X, rey de Castilla y León, interesado en las Escrituras, man-
dó que se tradujera la Vulgata Latina al castellano. La obra salió a la luz en 1280 y algunos la con-
sideran la primera versión completa en idioma moderno. También podemos hablar de una Biblia
judía que había sido hecha en cuatro versiones diferentes en el siglo XIV, siguiendo el canon judío;
fue hecha para judíos y por judíos. En 1430 el judío español Moisés Arrajel tradujo el Antiguo Tes-
tamento, y en 1490 Juan López tradujo el Nuevo Testamento. En 1530 apareció la Vita Cristi, que
es una versión de los evangelios.
Casi todos los manuscritos conservados en la Biblioteca de El Escorial revelan que las ver-
siones a «lengua romance» fueron numerosas, si bien parciales, y salieron de las plumas de estudio-

Página 23
sos que trabajaban con o para las comunidades hispano-judías, casi siempre. Pero en la época de los
Reyes Católicos esta actividad desaparece casi totalmente ante las prohibiciones de las ediciones
castellanas, por miedo a doctrinas no aprobadas.
Cuando llega la Reforma, España cierra sus puertas a toda idea que pueda parecer provenir
de ella. Así vemos a un arzobispo de Toledo en la cárcel, condenado por ideas luteranas, y los re-
formadores españoles —que los había— tienen que escapar y los que permanecen son víctimas de
la Inquisición.
La literatura de nuestro Siglo de Oro produjo las llamadas «Biblias del exilio», que si bien
no figuran en las antologías oficiales, han sido, según el mismo don Marcelino Menéndez y Pelayo
reconoce, de exquisito valor literario y, alguna, de «lo mejor de la prosa castellana».
En 1534, Juan de Valdés, reformador español, tradujo los salmos, los evangelios y las epís-
tolas. En 1543, Francisco de Enzinas, también reformador, tradujo el Nuevo Testamento basado en
la edición crítica del texto griego de Erasmo de Rótterdam. En 1553, un judío —Yom Tob Atias—
publicó en Ferrara (Italia) una versión castellana del Antiguo Testamento para los judíos españoles
expatriados. En 1557, Juan Pérez revisó el Nuevo Testamento de Enzinas y añadió una traducción
suya de los salmos. En 1569 Casiodoro de Reina, evangélico español exiliado en Basilea, por pri-
mera vez en la historia sacó a la luz una versión castellana directamente del hebreo y del griego, con
ayuda de las versiones latina y las parciales españolas. Cipriano de Valera la revisó y la publicó de
nuevo en 1602. Esta obra ha sido revisada varias veces para adaptarla a la transformación del idio-
ma, usándose en la actualidad las revisiones de 1909, 1960 y 1977. 16
La Biblia se ha traducido a unas mil lenguas y dialectos. Las Sociedades Bíblicas Unidas, en
colaboración con instituciones católico romanas, están preparando una versión «interconfesional»
de las Escrituras Cristianas. Este proyecto ha encontrado mucha polémica porque se tiene la inten-
ción de incluir en él los libros apócrifos llamados por algunos deuterocanónicos. Las Iglesias Pro-
testantes reconocen que estos libros contienen enseñanzas morales y religiosas y en algún caso pue-
den tener un valor altamente importante para la devoción personal, como otros libros antiguos y
modernos salidos de la pluma de hombres religiosos, pero no los admiten como libros canónicos y
por tanto no les dan la misma autoridad en materia de doctrina, moral o disciplina. Es importante
hacer notar aquí que muchos doctores católicos de antes de la Reforma tampoco les dan la misma
importancia a estos libros deuterocanónicos como a los demás libros que la Iglesia de Roma hoy
admite dentro de su lista canónica. Las versiones católico romanas (Scío, Torres Amat, etc.) son
traducciones de la versión latina llamada Vulgata.
La llamada Biblia de Jerusalén, que es una traducción de una versión francesa, y la Biblia
Nácar-Colunga, son los mejores esfuerzos por parte católica para poner en castellano la Palabra de
Dios. [...]

16
Nota del CEIBI: Actualmente existe también: La Reina-Valera de 1995, publicada por la Sociedades Bíblica Unidas; la Reina-Valera Actualizada
(RVA) publicada por la Editorial Mundo Hispano-C.B.P.; y la Reina-Valera 1997 (VRV 97) publicada por la Sociedad Bíblica Intercontinental (Dr.
Francisco Lacueva).

Página 24
Lección 3.ª

© Roger E. Dickson:
El Ocaso de los Incrédulos,
Editorial Clíe, pp. 323 ss.
(Transcrito con autorización de la Editorial)

Página 25
17
INSPIRACIÓN Y REVELACIÓN

¿Es la Biblia realmente la Palabra de Dios? ¿O es meramente una invención de santos escri-
bas de años pasados? Si es la palabra inspirada de Dios, ¿cómo entonces obró Dios por inspiración?
¿Cuál es la diferencia entre inspiración y revelación? Éstas son sólo algunas de las preguntas que
nos introducen a este campo de batalla frecuentemente caliente entre los teólogos modernistas y
aquellos que no concuerdan con su charlatanería teológica.
Parece ser norma entre algunos teólogos modernos poner en tela de juicio cualquier cosa que
haya sido tenida por sagrada durante tantos años.18 Los ataques son etiquetados como «erudición»
para justificar su existencia, pero en realidad el término «erudición» se utiliza en muchas ocasiones
para disfrazar las retorcidas actuaciones de teólogos que desean una religión existencialista sin auto-
ridad divina. Por ejemplo, Alley argumentaba: «Históricamente, así, toda autoridad es instituida por
el hombre».19 Y continuaba este pensamiento existencial diciendo: «Podemos llegar a la conclusión
de que todos los intentos de descubrir una autoridad religiosa objetiva están condenados (al fra-
caso)».20
Con frecuencia se hace burla de la inspiración de la Biblia en nuestros tiempos modernos. Se
escarnece el concepto de una revelación dada a los profetas y apóstoles por un Ser divino. Se afirma
la paternidad humana de la Biblia y el hombre se queda a oscuras, poseyendo sólo su falible racio-
nalismo como guía. Las filosofías existencialistas humanas han hecho su juego y han atrapado las
mentes incautas de los no instruidos. Incrédulos bajo el nombre de «teología» han lisiado y estanca-
do las mentes de sus aturdidas ovejas. De las oficinas de muchos intelectuales han salido afirmacio-
nes como: «No hay ninguna norma establecida», «no podemos conocer la verdad», y «no hay nin-
guna autoridad final». Afirmaciones como la que se cita ilustran este pensamiento acerca de la Bi-
blia como siendo un documento falible salido de manos humanas:

Si Dios no se ha avergonzado de hablar a través de las Escrituras


con sus falibles palabras humanas, con sus errores históricos y cientí-
ficos, sus contradicciones teológicas, con sus incertidumbres en el
asunto de su transmisión y encima de todo su carácter judaico, sino que
lo aceptó con toda su falibilidad para hacer que ello le sirviera a Él, no-
sotros no deberíamos avergonzarnos de ella cuando con toda su fa-
libilidad quiere ser una vez más un testigo ante nosotros; sería volunta-
riosidad y desobediencia querer hallar en la Biblia elementos infalibles
[énfasis mío, R.E.D.].21

Pero Pinnock respondió acertadamente: «La teología que se deleita en la ausencia de una
verdad final es estrictamente algo carente de sentido».22 Y cualquier intento de erigir una religión
sin una autoridad final es una farsa.
El hombre necesita de una autoridad final. El hombre necesita de una norma para regir su
vida. Y esta norma no puede ser de origen humano. Evidentemente, esta necesidad demanda una

17
El alumno debe de estudiar este tema conjuntamente con el capítulo REVELACIÓN, INSPIRACIÓN Y CANON DE LAS ESCRITURAS, por José Grau,
páginas 129-172 del libro: «¿CÓMO LLEGÓ LA BIBLIA HASTA NOSOTROS?» (Pedro Puigvert, Comp.).
18
Robet S. Alley, por ejemplo, pretende que Jesús no afirmó la inspiración del Antiguo Testamento y que Pablo no pretendió inspiración, Revolt
Against the Faithful (New York: J.B. Lippincptt, 1970), págs. 27, 28, 30, 46, 78.
19
Ibid, p. 50.
20
Ibid, p. 52.
21
Karl Barth, Kirchliche Dogmatik, I, 2, pág. 590, citado por Edward J. Young, Thy Word is Truth (Grand Rapids, Mich.: Wm. B. Eerdman Publish-
ing Co., 1974), pág. 232.
22
Clark H. Pinnock, A Defense of Biblical Infalibility (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1972), pág. 5.

Página 26
norma de origen divino. David Otis Fuller afirmó:

La Biblia hace elevadas afirmaciones de inspiración, inerrancia y auto-


ridad divinas; y si es cierto que el Supremo Dios del universo ha con-
descendido a revelarse a Sí mismo sobrenaturalmente en Su Libro, de
la misma manera en que se ha revelado a Sí mismo en la naturaleza del
universo material, entonces el hombre —incluso en un mundo arruina-
do por el pecado— tiene un firme fundamento sobre el que erigir para
el tiempo y para la eternidad.23

Fuller está en lo cierto. Este autor afirma que tenemos una revelación completa e inerrante
de nuestro Creador mediante la cual podemos conocer la verdad y mediante la cual podemos con-
ducir nuestra vida diaria a fin de complacer a este Creador.
Para entender mejor la Biblia como Palabra de Dios, se tiene que comprender el acto de la
revelación y de la inspiración. Se tiene que entender que la revelación y la inspiración no se refieren
a la misma manera en que Dios nos dio Su Palabra. Nuestro entendimiento de ello substanciará tam-
bién el hecho de que Dios ha actuado en el pasado en Su manifestación de Sí mismo al hombre. Así,
consideremos ahora en primer lugar el aspecto de la revelación, y luego veremos su relación con la
inspiración.

MANIFESTACIÓN POR REVELACIÓN

La palabra revelación significa «un desvelamiento».24 Dios se ha revelado, o «desvelado»


Su ser y Su verdad, de dos maneras: (A) mediante la revelación natural (general) y (B) por la reve-
lación especial. Edward J. Young escribió que «el propósito del Señor al otorgar la revelación es el
de impartir conocimiento».25 Y esto es lo que ha hecho Dios, tanto en la naturaleza como en la re-
velación especial de la verdad mediante palabras. Examinemos primero la revelación natural.

A. La revelación natural
La revelación natural es Dios revelándose a sí mismo al hombre por medio del mundo natu-
ral. La Biblia afirma la revelación natural afirmando que la existencia y la presencia de Dios pue-
den ser deducidas del orden y de la belleza de la naturaleza. «Los cielos cuentan la gloria de Dios»
(Salmo 19:1, 2). «Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente
visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas...» (Roma-
nos 1:20). A los paganos de Listra, Pablo les dijo que Dios no se ha dejado a Sí mismo «sin testi-
monio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos» (Hechos 14:17). Pero la
revelación natural necesita la revelación especial.

B. La revelación especial
La revelación especial es Dios revelándose a Sí mismo mediante la palabra. La naturaleza
declara la necesidad de un Ser creador, pero no puede explicar los atributos de aquel Ser. Hay, en-
tonces, la necesidad de que aquel Ser se revele a Sí mismo a aquellos creados y sustentados por Su
poder. Gerstner pregunta con razón:

23
Which Bible?, David Otis Fuller, ed. (Grand Rapis, Mich.: Grand Rapids International Publications, 1973), pág. 1.
24
WE Vine, An Expository Dictionary of New Testament Words (Westwood, New Jersey: Fleming H. Revell Co., 1966), pág. 292.
25
Young, Thy Word is Truth, op. cit., p. 41.

Página 27
¿Nos permitirá Él (Dios) saber que existe sólo para ocultar de no-
sotros todo conocimiento de cómo existe y de cuáles son Sus propósi-
tos eternos? ¿Nos abriría el apetito sólo para matarnos de hambre? No
es así como hemos aprendido de Dios. «Buscad y hallaréis», parece es-
tar escrito en grandes palabras sobre el universo. ¿Nos pondrá Dios a la
búsqueda para que al final no encontremos? ¿Jugaría él a un juego tan
cruel?26

Dios ha dado satisfacción a la sed humana. Esta fuente de satisfacción es una revelación es-
pecial — la Biblia.
Dios revelándose a Sí mismo al hombre en palabras es el más pleno sentido de la revelación.
«Una revelación divina es el desvelamiento por parte de Dios de la verdad acerca de Sí mismo en
cierta manera y grado a la inteligencia y al corazón del hombre. El hombre puede conocer a Dios
sólo en tanto que Él así se revele o desvele a Sí mismo al hombre»27 La revelación especial es Dios
revelando verdad que el hombre no hubiera podido llegar a conocer por sí mismo.

AFIRMACIÓN DE REVELACIÓN

La Biblia afirma dar revelación. Pablo afirma que él no recibió el Evangelio de parte de
hombres sino que le vino «por revelación de Jesucristo» (Gálatas 1:11, 12; Cf.. Apocalipsis 1:1).
Pablo mantiene que el misterio del Evangelio «ahora es revelado» a los apóstoles y profetas (Efe-
sios 3:5; Cf. 3:3). «Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo,
según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido
manifestado ahora...» (Romanos 16:25, 26). «Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu;
porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios» (1 Corintios 2:10).
Así, la Biblia afirma claramente contener una revelación de Dios. Estos hechos y verdades
que no habrían sido nunca conocidos aparte de la revelación especial de Dios están en la Biblia. Y
además fueron inspiradas para ser allí registradas con exactitud.

REVELACIÓN ¿CÓMO?

La Biblia presenta a Dios como revelándose a Sí mismo de varias maneras. «Dios, habiendo
hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos
postreros días nos ha hablado por el Hijo» (Hebreos 1:1, 2). La revelación vino en una diversidad de
maneras y medios. Estos medios de revelación incluían lo que sigue:
1. Dios se reveló por medio de sueños y visiones (Daniel 2:19; Números 12:6; Jeremías
38:21; Lamentaciones 2:14; Isaías 29:10,11; Génesis 20:3; Ezequiel 1:3,4; 11:24; 13:3; Amós 1:1).
2. Dios dio revelación a Moisés cara a cara (Números 12:8).
3. En ocasiones Dios puso las mismas palabras que Él quería que fueran pronunciadas en la
boca de los profetas (Deuteronomio 18:18; Jeremías 1:9; Ezequiel 3:4).
4. La más grande revelación de Dios fue en la persona de Su Hijo (Juan 14:9; Colosenses
2:9).
5. En numerosas ocasiones Dios ha revelado Su voluntad por medio de ángeles (Génesis
16:10-12; 18:13-14; 22:11 ss.; 32:1-2; Hechos 7:38).
6. En ocasiones singulares Dios también se reveló a Sí mismo por varios medios como: «un
silbo apacible y delicado» (1 Reyes 19:12), la boca de una asna (Números 22:28), y una nube res-
plandeciente (Mateo 17:5).

26
John H. Gerstner, Reasons For Faih (Grand Rapids: Baker Book House, 1967), p. 62.
27
H. Leo Boles, The Holy Spirit, His Personality, Nature, Works (Nashville, Tenn.: Gospel Advocate Co., 1967), p. 70.

Página 28
INSPIRACIÓN Y REVELACIÓN: RELACIÓN ENTRE ELLAS

Algunos están confundidos al pensar que inspiración y revelación son el mismo proceso me-
diante el que Dios dio Su voluntad al hombre. Pero hay una diferencia entre ambas cosas. Esta dife-
rencia tiene que ser comprendida antes de que uno pueda comprender plenamente la operación de
Dios de dar al hombre Su Palabra.
La revelación es la manifestación de verdad por parte de Dios a una persona específica. La
inspiración es la conducción de Dios de aquel escritor u orador de tal manera que la verdad dada a
conocer al escritor u orador pueda ser escrita o pronunciada de manera infalible. «La revelación es
el cuerpo de verdad que Dios deseó que los hombres poseyeran; la inspiración es la manera en que
dio este cuerpo de verdad a los hombres.»28 La inspiración garantiza el correcto manejo de las ver-
dades reveladas.
Todo en la Biblia es resultado de la inspiración. Pero no toda la Biblia es revelación. Lucas
evidentemente conocía la carta de Claudio Lisias en Hechos 23:26-30. Dios no le reveló esta carta,
pero sí le inspiró para registrarla sin error. Pablo citó a poetas paganos en Hechos 17:28 y Tito 1:12.
Pablo ya sabía lo que estos poetas habían dicho. Dios le inspiró por el Espíritu Santo, primero para
recordar estos dichos, y segundo para registrarlos con precisión.
Por otra parte, muchos de los profetas recibieron la revelación de hechos o de profecías que
ellos mismos no comprendían (1 Pedro 1:10-11). Daniel vio visiones de cosas futuras. Pero no
comprendió aquellas visiones reveladas hasta que también le fue dada la interpretación de las mis-
mas (Daniel 2:19; 7:13; 8:15 ss.). Las visiones e interpretaciones fueron dadas por revelación: el
registro inerrante de estas visiones e interpretaciones fue por inspiración.
Toda la profecía es revelación. Los hombres no pueden conocer el futuro a no ser que Dios
se lo revele. La proclamación y registro escrito de la profecía revelada de una manera inerrante fue-
ron llevados a cabo por la guía inspirada del Espíritu Santo.
Por ello, hay diferencia entre inspiración y revelación. No debemos confundir entre ambas
cosas. Así «es bueno mantener en mente la distinción fundamental de que, en tanto que la revela-
ción es esencialmente la comunicación del conocimiento o información, la inspiración tiene como
designio asegurar la infalibilidad en la enseñanza».29

INSPIRACIÓN

Al llegar a este punto clarifiquemos más el significado de inspiración. Cuando se utiliza el


término inspiración con referencia a la Biblia, muchos en muchas ocasiones han malentendido su
pleno significado. Y también los modernistas han debilitado la enseñanza bíblica de la inspiración
en un esfuerzo por humanizar su carácter divino. Varias son las posturas que se han defendido con
respecto a la obra de Dios en la inspiración. Aquí presentamos algunas de ellas:

A. Inspiración parcial
La inspiración parcial es la afirmación de que solamente secciones de la Biblia han sido ins-
piradas. Una postura acerca de la inspiración parcial mantiene que las enseñanzas morales y doctri-
nales de la Biblia son inspiradas por Dios, pero que las secciones científicas e históricas son sola-
mente el resultado de la mente humana; por ello estas secciones no son fiables.
El problema con este tipo de inspiración es que precisaríamos de un intérprete inspirado para
determinar qué es lo que es inspirado y qué es lo que no es inspirado. Y tenemos también que pre-
guntar: ¿Escondería Dios Su verdad en un laberinto de pensamientos humanos, dejando la determi-

28
Guy N. Woods, The Case for Verbal Inspiration (tratado) (Shrevepot, La: Lambert Book House, s/f), pág. 6.
29
Young: Thy Word is Truth, op. cit., p. 42.

Página 29
nación de esta verdad al razonamiento y juicio falible del hombre? Si tan sólo una parte de la Biblia
es inspirada, entonces, en buena lógica, no es de utilidad para el hombre por cuanto el hombre no
puede determinar lo que está inspirado y lo que no está inspirado (Cf. Jeremías 10:23). Sobre esta
base se tiene que descartar este concepto de inspiración.

B. Inspiración natural (universal)


La enseñanza de la inspiración natural es un esfuerzo para humanizar totalmente la Biblia.
Esta «teoría se reduce a la simple postura de que los escritores de la Biblia fueron inspirados sólo en
el sentido en que los escritores de la actualidad son inspirados».30 Se afirma que los escritores de la
Biblia simplemente concibieron una buena idea y un buen sentimiento, y luego escribieron buena li-
teratura. Los escritores de la Biblia no tenían ningunas mayores aspiraciones al escribir la Palabra
de Dios que hombres como Shakespeare, Dante o Cervantes. Se afirma que en un momento de éx-
tasis sólo ascendieron por encima de la normalidad del pensamiento para redactar las Escrituras.
Pero esta enseñanza pone a los escritos de la Biblia dentro del alcance y del poder del hom-
bre. Hace bajar la Biblia a la paternidad humana. El problema con esta teoría es que no puede expli-
car la naturaleza divina de la Biblia. No puede explicar la unidad que une Génesis y Apocalipsis con
un tema central: la salvación del hombre. Y en realidad, ¿cómo habrían podido unos simples seres
humanos conseguir una obra como la Biblia a lo largo de un período de 1.500 años? Es evidente
que tenemos que descartar esta enseñanza.

C. Inspiración mecánica (dictado)


Los que mantienen la postura de la inspiración mecánica —en ocasiones denominada inspi-
ración al dictado— oscilan a la posición diametralmente opuesta a la de los que mantienen la inspi-
ración natural. Creen que cada palabra de la Biblia fue dictada por Dios al autor humano. Los escri-
tores de la Biblia actuaban como escribas transcribiendo sólo las palabras específicas dictadas por
Dios.
Pero esta teoría es sólo parcialmente correcta. Dios, en algunos casos, dio en verdad las pa-
labras mismas al escritor de la Biblia, las que tenían que ser redactadas exactamente como se daban
(Jeremías 1:9; 5:14; 36:1-3; Ezequiel 3:4; Isaías 51:16; 59:21). Pero esta teoría no explica la mani-
festación de las personalidades humanas que aparecen en varios libros de la Biblia. Es evidente,
para el estudioso cuidadoso, que los escritos de Pablo —en el lenguaje original— son distintos de
los escritos de Lucas. Lucas escribió de una manera diferente a la de Juan. Cada uno de ellos tenía
sus características individuales que aparecen en sus escritos. Tenemos que reconocer esto en el es-
tudio de cualquier teoría de inspiración.

D. Inspiración de pensamientos
La postura de esta teoría es que el Espíritu Santo simplemente dio a los escritores de la Bi-
blia el pensamiento, o la idea, y les dejó expresar aquel pensamiento a su propia manera sin ninguna
conducción bíblica. Los escritores de la Biblia pudieron elegir de su propio vocabulario. Se les
permitió expresar el pensamiento divino en sus propias palabras, libres de toda interferencia divina.
Esta teoría suena bien a la vista superficialmente, debido a que las características personales
se evidencian en los libros escritos por los autores especificados. Pero esto es sólo verdad a medias.
Cae muy lejos de lo que se precisaría para una Biblia verdaderamente dada por Dios.
En primer lugar, es imposible pensar sin utilizar palabras. El pensamiento y las palabras no
pueden ser separados. Que Dios inspirara un pensamiento y dejara que el pensamiento fuera trans-
crito liberalmente con palabras elegidas por un escriba carente de conducción haría que el proceso
de inspiración quedara diluido. «Aceptar la inspiración de los pensamientos y no de las palabras de
los escritores bíblicos no solamente va en contra de las afirmaciones bíblicas sino que intrínseca-
30
Boles, The Holy Spirit, His Personality, Nature, Works, op. cit., pág. 77.

Página 30
mente es algo carente de significado (¿qué es un pensamiento inspirado expresado en un lenguaje
no inspirado?).»31
En segundo lugar, el significado de una gran cantidad de pasajes depende del tiempo o signi-
ficado de una sola palabra. En Juan 8:58 Jesús dijo: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Cf. Lucas
20:37). Jesús estaba intentando mostrar a los judíos que Él existía antes que Abraham. Uno puede
ver que el tiempo verbal correcto del término traducido «Yo soy» era vital para el concepto que Je-
sús estaba enseñando. El sentido de Génesis 22:18 y Gálatas 3:16 depende asimismo del hecho de
que la palabra «simiente» es singular, y no plural. La palabra «todas» en Hebreos 2:8 y las palabras
«Aún una vez más» en Hebreos 12:26, 27 son críticamente importantes para el sentido de lo que se
está comunicando. ¿Cómo podrían los intrincados conceptos de la Deidad haber sido transmitidos si
el Espíritu Santo no hubiera tenido un cierto control sobre las palabras utilizadas por el escritor?
(Cf. Juan 10:30). Es difícil imaginar cómo Juan hubiera podido escribir el primer capítulo de su
Evangelio sin una cuidadosa conducción del Espíritu.
Y luego hay aquellas situaciones en que el escritor no comprendía la verdad revelada (1 Pe-
dro 1:10-11). Esto es especialmente cierto con respecto a los detalles de las profecías (Cf. Daniel
12:8-9; Salmo 22:16-18; Isaías 53). ¿Cómo hubiera podido ser dada ninguna profecía sin la cuida-
dosa guía del Espíritu Santo?
Así, es evidente que el Espíritu Santo ejercía un cierto control sobre la selección de las pala-
bras. Pero al mismo tiempo le daba al autor la libertad de estilo.

Si las mismas palabras de las Escrituras no fueron elegidas por Dios,


entonces toda el área del estudio crítico de las palabras viene a ser in-
útil. ¿Para qué estudiar la forma exacta de una palabra en el lenguaje
original de las Escrituras si aquella palabra es el resultado de una mera
elección humana? Como más, todo lo que el lector podría esperar con-
seguir de un pasaje determinado sería el pensamiento general que Dios
quería comunicar.32

Se tiene que llegar a la conclusión de que la inspiración sólo del pensamiento, es totalmente
inadecuada. «Sigue de ello que cualquier teoría que no garantice la total exactitud de la sustancia
(los pensamientos) y la forma (las palabras) no puede ser aceptada como correcta.»33 Cualquier teo-
ría que no garantice la inerrancia total de los autógrafos originales y que no dé al mismo tiempo
lugar a las características y cualidades personales de los escritores bíblicos tiene que ser necesaria-
mente rechazada. Por esta causa el autor mantiene la inspiración verbal plenaria de la Biblia.

INSPIRACIÓN VERBAL PLENARIA

¿Qué es la inspiración verbal plenaria? Por verbal se significa que cada palabra en la Biblia
se encuentra allí debido a que Dios así lo quiso. Dios no dejó al hombre sin conducción para expre-
sar las verdades divinas. Como tampoco dictó palabra a palabra cada pasaje. El Espíritu Santo con-
dujo a cada escritor de una manera que aseguraba la inerrancia pero que permitía la individualidad.
La palabra plenaria proviene del término latino plenus, que significa «lleno». «La inspira-
ción plenaria significa que todas las partes de la Biblia están igual y plenamente inspiradas y se
opone a otros puntos de vista como la inspiración “parcial” y la “inspiración por grados”.»34 De
manera que la Biblia es verbalmente (toda las palabras) y plenariamente (todas las partes) inspirada
por Dios.
31
Pinnock, A Defense of Biblical Infalibility, op. cit., pág. 8.
32
S. Maxwell Coder y George F. Howe, The Bible Science and Creation (Chicago, Ill.: Moody Press, 1966), pág. 22.
33
Wood, The Case for Verbal Inspiration, op. cit., pág. 14.
34
Coder y Howe, The Bible, Science and Creation, op. cit., pág. 22.

Página 31
Antes de definir la palabra inspiración tenemos que comprender que la inspiración verbal
plenaria se refiere sólo a los autógrafos originales de los escritos sagrados. Los profetas y apóstoles
escribieron y registraron sin intromisión de error alguno. Sin embargo, debemos reconocer que pe-
queñas variaciones se han introducido en el texto como resultado del proceso de copia de los autó-
grafos originales. Los escritores de la Biblia fueron inspirados, pero no los escribas que copiaron su
trabajo.
Ello no significa, como pretenden algunos, que no tenemos en la actualidad la Palabra de
Dios de una forma precisa. La evidencia de los manuscritos [...], lleva ciertamente a la convicción
del hecho de que tenemos en la actualidad la Palabra de Dios de una manera exacta. Nuestro texto
de la Biblia actual es fiable y digno de confianza. En realidad, el ataque modernista, que dice que la
Biblia ha sido mal copiada, es tan sólo un espantapájaros para atemorizar a aquellos que no conocen
el arte de la transmisión del texto de la Biblia. Pero este espantapájaros no es nada a temer. Y cual-
quier estudio serio del linaje del texto de la Biblia lo demuestra.

INSPIRACIÓN: UNA DEFINICIÓN

Así, ¿cómo inspiró el Espíritu Santo la redacción de la Biblia? ¿Podemos estar seguros de
que cada palabra de los autógrafos originales era correcta y precisa para comunicar verdades divi-
nas? ¿Y por qué los escritos individuales de varios escritores bíblicos difieren en redacción y perso-
nalidad? Estas cuestiones que se refieren a la inspiración tienen que recibir su plena respuesta a la
luz de la enseñanza de la Biblia. La única manera para definir cómo Dios inspiró la redacción de la
Biblia es consultar la Biblia misma. Se presentan a continuación algunos pasajes que tenemos que
considerar para definir el acto de la inspiración.

A. 2 Timoteo 3:16
En 2 Timoteo 3:16, Pablo escribe: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para ense-
ñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.» En la versión inglesa «King James» de
la Biblia la palabra inspiración se utiliza sólo dos veces (Job 32:8; 2 Timoteo 3:16). Las cuatro pa-
labras castellanas, «es inspirada por Dios», en 2 Timoteo 3:16, son en realidad traducción de una
única palabra griega, theopneustos. Esta palabra es utilizada sólo en este pasaje en todo el Nuevo
Testamento. La forma nominal no aparece en el Nuevo Testamento. En este pasaje está en la forma
objetival.
La traducción de theopneustos por la frase «es inspirada por Dios» no hace justicia, en reali-
dad, al verdadero significado de la palabra. Theopneustos significa literalmente «exhalado por
Dios», o «respirado fuera por Dios»35 Pablo está afirmando que cada escritura es respirada por
Dios.
La Versión Estándar Americana (American Standard Version) traduce desdichadamente el
pasaje de 2 Timoteo 3:16 de la siguiente manera: «Cada escritura inspirada por Dios es también
provechosa...» (Aunque esta traducción parece apoyar la hipótesis de la inspiración parcial, el autor
no cree que éste sea el significado que querían comunicar los traductores de la ASV). Conjuntamen-
te con el significado literal de theopneustos y la fraseología de la oración griega, Benjamín Warfield
da una adecuada traducción y explicación en la siguiente afirmación:

Globalmente, parece que la construcción a preferir es, «Cada escritura,


viendo que es exhalada por Dios, es también provechosa». En este ca-
so, lo que el apóstol declara es que las Sagradas Escrituras en cada uno
de sus pasajes —porque es precisamente «pasaje de las Escrituras» lo
que significa «Escritura» en esta utilización distributiva— es el pro-
35
Benjamín B. Warfield, The Inspiration and Authority of the Bible (Philadelphia, Pa., Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1970), pág. 133.

Página 32
ducto del aliento creador de Dios, y, debido a este origen divino que
tiene, es de valor supremo para todos los propósitos de santidad.36

La Nueva Versión Internacional presenta también una traducción muy favorable y literal, al
dar este pasaje así: «Toda Escritura es exhalada por Dios...» (En inglés: «All Scripture is God-
breathed...»). Ésta es una buena traducción del pasaje, comunicando con mayor precisión la obra de
Dios al dar Su Palabra al hombre.
La palabra «escrituras» en 2 Timoteo 3:16 se refiere primeramente a las escrituras del Anti-
guo Testamento. Pero al irse escribiendo las epístolas del Nuevo Testamento, fueron también clasi-
ficadas como escritura. Pedro se refiere a las epístolas de Pablo como autorizadas y siendo escritura
(2 Pedro 3:15-16). Pablo y Pedro enseñaron que «toda la escritura» era exhalada por Dios. Estos son
escritores inspirados que afirman la inspiración plenaria de las Escrituras y, por ello, afirman la au-
toridad de las Escrituras.

B. 2 Pedro 1:20, 21.


Pedro escribió: «Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de inter-
pretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos
hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo». Pedro afirma que hemos recibi-
do la «palabra profética» no como resultado de una invención humana, sino como resultado de
hombres «inspirados (lit.: llevados) por el Espíritu Santo». Young explica: «No se trata, dice él, de
una interpretación privada, y por esta frase significa que la Escritura no vino a ser el resultado de la
investigación de unos individuos que luego escribieron sus hallazgos. Las Escrituras no son el resul-
tado de la investigación y razón humana».37
La palabra griega pheromenoi, que se traduce aquí como «inspirados», significa literalmente
«llevados a lo largo». Por ello, los escritores inspirados fueron «llevados a lo largo», o «conduci-
dos», por el Espíritu Santo. La Biblia afirma claramente esta operación del Espíritu Santo en pasajes
como el siguiente: «El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua»
(2 Samuel 23:2); «¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor...» (Mateo 22:43); «El mismo
David dijo por el Espíritu Santo» (Marcos 12:36). Muchas veces se atribuye directamente lo dicho
al Espíritu Santo, dejando de lado al autor humano, como en Hebreos 3:7: «Por lo cual, como dice
el Espíritu Santo...» (Cf. 9:8; 10:15). Pasajes de este tipo indican claramente que se trataba del Espí-
ritu Santo obrando en y con los escritores humanos en el proceso de la inspiración. Los escritores no
actuaron por su propia cuenta. Fueron «conducidos» por el Espíritu.

C. 1 Corintios 2;4, 7, 10, 13.


Probablemente el pasaje más explicativo acerca de la obra del Espíritu Santo en la inspira-
ción esté en el siguiente pasaje de Pablo: «Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras per-
suasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder... Pero hablamos sabi-
duría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nues-
tra gloria... Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña,
aun lo profundo de Dios... lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría
humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual».
Si cualquier pasaje de las escrituras en la Biblia enseña inspiración verbal, es ciertamente
esta escritura. Pablo dice que el misterio del evangelio fue revelado. Fue hablado no por la sabiduría
del hombre, sino por la sabiduría de Dios. Fue expresado no en una elección humana de palabras
sino mediante palabras conducidas por el Espíritu Santo. La traducción de Weymouth del versículo
13 refleja un buen significado: «Esto también pronunciamos, no en lenguaje que enseñe la sabiduría

36
Ibid., pág. 134.
37
Young, Thy Word is Truth, op. cit., pág. 24.

Página 33
del hombre, sino en aquel que enseña el Espíritu, adaptando palabras espirituales a verdades espiri-
tuales».
La inspiración de pensamientos y 1 Corintios 2:13 se contradicen entre sí. «Si la inspiración
que los escritores bíblicos ejercitaron estuvo limitada a los pensamientos que comunicaban, pero sin
incluir las palabras, la selección de las palabras para expresar los pensamientos hubiera precisado de
la “sabiduría humana”»38 Y en 1 Corintios 2 el Espíritu Santo argumenta en contra de la utilización
de la sabiduría humana en revelación e inspiración.

INSPIRACIÓN: ¿CÓMO?

¿Cómo inspiró Dios a los hombres? ¿Cómo inspiró Dios a los hombres de manera que no
deformara sus características humanas y personalidades en sus escritos? Hay muchos factores que
uno tiene que comprender para poder entender la esencia de la inspiración. Ya hemos discutido el
hecho de que los autores humanos fueron «conducidos» por el Espíritu. Fueron guardados de error.
Pero aquí el autor desearía sugerir algunos otros importantes factores involucrados en el proceso de
la inspiración bíblica.

A. Preparación espiritual
Dios preparó espiritualmente a los escritores bíblicos antes de permitirles que escribieran
verdades espirituales. Esta es una manera en que Dios preservó los escritos inspirados. Refiriéndose
a Jesús, el escritor de Hebreos dijo: «Me preparaste cuerpo» (Hebreos 10:5). Así como Dios preparó
un cuerpo humano para la revelación de Jesús, de la misma manera, en un sentido similar, Él prepa-
ró los corazones y las mentes de aquellos que irían a transcribir Su Palabra. No se aceptaban indivi-
duos viles. Dios utilizó caracteres y corazones buenos. Y cuando los hubo preparado del todo, en-
tonces el Espíritu Santo los utilizó para escribir los escritos sagrados.
Una vez que los escritores hubieran sido preparados espiritualmente, entonces eran vasos
dispuestos para ser utilizados por el Señor. Su preparación espiritual aseguraba el carácter espiritual
del autor, que indudablemente se manifestaría en cada libro o letra que escribiera. El Espíritu Santo
iba a poder influenciar a los escritores estando al mismo tiempo cierto de la naturaleza espiritual de
los escritos.

B. Un esfuerzo conjunto
La inspiración fue un esfuerzo conjunto entre el Espíritu Santo y los escritores humanos.
Warfield define esto afirmando que
... la Biblia es la Palabra de Dios en un sentido tal que sus pala-
bras, aunque escritas por hombres y llevando indeleblemente impresas
sobre ellas las marcas de su origen humano, fueron sin embargo escri-
tas bajo tal influencia del Espíritu Santo como para ser también las pa-
labras de Dios, la adecuada expresión de Su mente y voluntad. (La
iglesia) ha reconocido siempre que esta concepción de co-paternidad
implica que la supervisión del Espíritu se extiende hasta la elección de
las palabras por los autores humanos (inspiración verbal), y que pre-
serva su resultado de todo lo que sea inconsecuente con una paternidad
divina — asegurando de esta manera, entre otras cosas, aquella veraci-
dad total que se presupone en todos lugares de las Escrituras y afirma-
da para la Escritura por parte de los escritores bíblicos (inerrancia).39

38
Woods, The Case for Verbal Inspiration, op. cit., pág. 21.
39
Warfield, The Inspiration and Authority of the Bible, op. cit., pág. 173.

Página 34
Warfield sigue explicando que el Espíritu Santo trabajó con los autores humanos de una ma-
nera que garantizaría la total inerrancia. Al mismo tiempo, sin embargo, los autores fueron dejados
a sus propios estilos de escritura. Escribe él:

No se puede concebir del Espíritu como permaneciendo afuera de


las capacidades humanas empleadas para el objetivo propuesto, dis-
puesto a suplementar toda incapacidad que puedan mostrar y a suplir
deficiencias que puedan manifestar, sino como obrando confluente-
mente en, con y mediante ellos, controlándolos, energizándolos, de
manera que, como Sus instrumentos, ellos se levantan a sí mismos y
bajo Su inspiración hacen Su obra y alcanzan Su objetivo.40

El Espíritu Santo obró con los autores humanos en la elección de qué materiales tenían que
ser utilizados. Por ejemplo, se hubieran podido registrar muchos acontecimientos de la vida de Je-
sús. Pero el Espíritu Santo seleccionó sólo aquellos que pudieran dar satisfacción a aquellos que
estuvieran hambrientos y sedientos de verdad. En la conclusión de su evangelio Juan escribió: «Y
hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que
ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir» (Juan 21:25). Juan había dicho con
anterioridad: «Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no
están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de
Dios y para que creyendo, tengáis vida en su nombre» (Juan 20:30-31). También por inspiración,
Lucas seleccionó sólo aquellos materiales que cumplieran el propósito de dar un relato preciso de la
vida de Jesús (Lucas 1:1-4). Pero el Espíritu Santo efectuó la elección real de los acontecimientos.
Y Él obró con y en los escritores para asegurar que estos acontecimientos fueran registrados con
exactitud, hasta la última palabra. Hamilton añade:

El Espíritu Santo supervisó a los hombres que estaban escribien-


do, mientras lo hacían, de tal manera que, en tanto que fueron dejados
en plena posesión de su propios estilo y vocabulario, quedaron sin
embargo impedidos de escribir lo que no fuera cierto, y conducidos a
seleccionar precisamente los hechos que Dios quería que Su pueblo
conociera.41

C. Dictado
En ocasiones Dios dictaba las mismas palabras que debían ser pronunciadas o escritas. Lo
que sigue es sólo una pequeña cantidad de ejemplos de la Biblia que ilustran esto: «...pondré mis
palabras en su boca» (Deuteronomio 18:18). «He puesto mis palabras en tu boca» (Jeremías 1:9; Cf.
5:14). «Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y
contra Judá...» (Jeremías 36:2). «Y en tu boca he puesto mis palabras» (Isaías 51:16; Cf. 59:21).
«Pero las palabras que yo te diga, ésa hablarás» (Números 22:35; Cf. 23:5, 12, 16). «Hijo del hom-
bre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras» (Ezequiel 3:4). «Les hablarás,
pues, mis palabras...» (Ezequiel 2:7). «Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que
yo te hablaré, y oye con tus oídos» (Ezequiel 3:10). «El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su
palabra ha estado en mi lengua» (2 Samuel 23:2). «Estas son las cosas que Jehová ha mandado»
(Éxodo 35:1). «Y habló Dios todas estas palabras» (Éxodo 24:4; Cf. 17:14; 34:27).
De las anteriores afirmaciones llegamos a la definida impresión de que en ocasiones la inspi-
ración era un verdadero proceso de dictado. Los profetas hablaron las mismas palabras de Dios; es-

40
Ibid, pág. 95.
41
Floyd E. Hamilton, The Basis of Christian Faith (New York: Harper & Row Publishing Co., 1964), pág. 291.

Página 35
cribieron las mismas palabras de Dios. Por ello, tenemos que aceptar que lo que escribieron es la
mismísima Palabra de Dios.

D. Inerrante, y sin embargo humana


El mero hecho de que el Espíritu Santo utilizara vasos humanos para comunicar las verdades
de Dios no significa que automáticamente ello dé falibilidad. Ciertamente, los varios libros de la Bi-
blia tienen el elemento humano del estilo de escritura. Pero el Espíritu Santo lo permitió. No entraba
en los planes de Dios crear de la nada una Biblia para conducir la vida del hombre. No, sino que Su
plan era conducir (inspirar) al hombre para producir la Biblia. Esto es evidente tanto en lo que Dios
hizo realmente como en el producto de Su inspiración, la Biblia.
Aquí tenemos que señalar el proceso. Jesús prometió a los apóstoles que el Espíritu Santo
vendría a ellos con poder para conducirlos a toda verdad (Juan 14:26; 16:12-13). Y Él les dijo que
no temieran cuando estuvieran ante gobernantes y jueces, porque, dijo Él: «en aquella hora os será
dado lo que habéis de hablar» (Mateo 10:19). Esto es inspiración. Pablo escribió: «Y pienso que
también yo tengo el Espíritu de Dios» (1 Corintios 7:40). Estaban hablando acerca de la inspiración.
Y todos los apóstoles y profetas tuvieron el mismo Espíritu. Por la influencia del Espíritu Santo, la
Palabra de Dios fue hablada y escrita inerrantemente por los apóstoles y profetas.
Pablo escribió también: «Leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el
misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hom-
bres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu» (Efesios 3:4-5). Esto
es revelación registrada por inspiración. Pablo afirma también en 1 Tesalonicenses 2:13: «Por lo
cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios
que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la pala-
bra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes». También: «Si alguno se cree profeta, o espiri-
tual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor» (1 Corintios 14:33).
Es revelación escrita no por la sabiduría del hombre sino por inspiración de Dios (1 Corin-
tios 2:13). El Espíritu Santo conectó verdades divinas con palabras humanas y al hacerlo así reveló
la mente de Dios al hombre. Esto es inspiración verbal. Pero Él no destruyó el elemento humano en
el proceso. Permitió que quedaran patentes los estilos y caracteres espirituales de los escritores.

RECAPITULACIÓN

Las Escrituras afirman ser la palabra inspirada de Dios. La Biblia es la palabra exhalada de
Dios a autores humanos a los que se les permitió retener sus propias personalidades y rasgos de re-
dacción al escribir. Cada pensamiento y palabra de la Biblia, sin embargo, es de Dios como resulta-
do de la inspiración de Su Espíritu. Así, los autógrafos originales fueron inerrantes, infalibles e ins-
pirados. Pinnock escribe:

La Biblia en su integridad es la Palabra escrita de Dios para el


hombre, libre de error en sus autógrafos originales, totalmente fiable en
historia y doctrina. Su inspiración divina ha dado como resultado que
el Libro sea «infalible» (incapaz de enseñar nada engañoso) e «inerran-
te» (no susceptible de ser probado falso ni equivocado). Su inspiración
es «plenaria» (extendiéndose por igual a todas partes), «verbal» (inclu-
yendo la misma forma del lenguaje), y «confluente» (producto de dos
agentes, humano y divino). La inspiración involucra la infalibilidad
como una propiedad esencial, y a su vez la infalibilidad implica ine-
rrancia. Esta triple designación de la Escritura se halla implícita en la

Página 36
tesis básica de la autoridad bíblica.42

Tenemos que mantener, entonces, que la Biblia es la palabra de Dios. Si no lo es, entonces
Dios nos ha engañado a pensar que lo es. Pero ello es totalmente contrario al carácter de Dios.
Young llega acertadamente a esta conclusión:

Si los autógrafos de las Escrituras estuvieran mutilados por man-


chas de error, entonces, simplemente, Dios no nos ha contado la verdad
acerca de Su Palabra. Aceptar que Él pudiera exhalar una Palabra que
contuviera errores, es decir, en realidad, que el mismo Dios puede co-
meter errores. Tenemos que mantener que la Escritura original es infa-
lible por la simple razón de que nos vino directamente del mismo
Dios.43

42
Pinnock, A Defense of Biblical Infalibility, op. cit., pág. 1.
43
Young, Thy Wod is Truth, op. cit., pág. 87.

Página 37
Página 38
Lección 4.º

© Roger E. Dickson:
El Ocaso de los Incrédulos,
Editorial Clíe, pp. 339 ss
(Transcrito con autorización de la Editorial)

Página 39
LA BIBLIA ES LA PALABRA DE DIOS

Hay dos áreas de las que conseguimos información para demostrar


el origen divino de la Biblia: las evidencias internas y las evidencias exter-
nas. Las evidencias internas se derivan del texto de la Biblia. ¿Cómo mani-
fiesta la inspiración el texto por sí mismo? Esta es nuestra principal cuestión
en el área de las evidencias internas.
Muchos, sin embargo, mantienen que la Biblia no puede ser utilizada como testigo para con-
firmar su propia inspiración, pero esta pretensión no es realmente ni justa ni válida. ¿Tiene alguien
derecho a negar la autenticidad de un documento sin consultar el documento mismo? ¿Negaría al-
guien las obras de Shakespeare sin primero considerar su texto? La Biblia debería ser tratada al me-
nos como cualquier otro libro. Pero incluso esta demanda es rechazada por las mentes llenas de pre-
juicios de algunos. Pinnock escribió: «En tanto que insisten en su derecho de tratar la Biblia “como
cualquier otro libro” (esto es, un libro producido sólo por el hombre), algunos críticos pasan enton-
ces a tratarla como a ningún otro libro, sumergiéndola en la solución ácida del escepticismo y pesi-
mismo histórico con el que se enfrentan a ella».44 Con frecuencia, cuando la Biblia contradice a
Josefo, Herodoto, Orígenes o a cualquier otro de los historiadores antiguos, se le achacan a ella los
errores, y Josefo y los otros quedan exentos de toda duda. Estas injustas críticas no son objetividad
erudita, sino una irracional incredulidad. Y no se podría atrapar a ningún estudioso serio dando
abrigo a tal tipo de raciocinio.
La segunda área de evidencias de la inspiración de la Biblia es clasificada como evidencias
externas. [...] la arqueología [...] es una evidencia externa. Pero el cumplimiento de las profecías, la
exactitud histórica de la Biblia e incluso la indestructibilidad de la Biblia tiene que ser, todo ello,
considerado como evidencias externas. Estas evidencias serán consideradas al final de este capítulo.
Un breve examen de las evidencias internas y externas de la Biblia muestra que la Biblia no
hubiera podido tener un origen humano. Los pensadores humanos, sencillamente, no hubieran podi-
do llegar a redactarla. Y, en realidad, si se rechaza la inspiración de la Biblia, uno se ve obligado a
decir que la razón humana lo hizo todo. Naturalmente, la conclusión lógica de tal manera de pensar
es la negación del cumplimiento de toda profecía y la negación de que Jesús sea verdaderamente el
Hijo de Dios. De hecho, la negación de la inspiración de cualquier sección de la Biblia llevará lógi-
camente a una negación de que Jesús sea el Cristo, el Hijo de Dios. ¡Y ésta es una negación cierta-
mente capital! Así que aquí nos es preciso comenzar un estudio del mismo texto de la Biblia. ¿Có-
mo concuerda con la inspiración?

AFIRMACIONES DE LA BIBLIA PASADAS POR ALTO

No se puede pasar por alto el hecho de que la Biblia hace claras afirmaciones de inspiración.
Homero, Orígenes y Platón no hicieron tales afirmaciones de inspiración. Si la Biblia fuera mera-
mente otro libro, sus abrumadoras demandas de inspiración serían ciertamente consideradas insen-
satas por parte de cualquier lector. Pero cuando leemos la Biblia, sus afirmaciones de inspiración
suenan todo menos insensatas.
Esteban, por ejemplo, afirmó que los judíos habían recibido las verdaderas «palabras de vi-
da» de Dios (Hechos 7:38). Pablo dice que «les ha sido confiada la palabra de Dios» (Romanos
3:2). El Nuevo Testamento afirma ser la palabra de Dios (1 Pedro 4:11). Los profetas tuvieron la
palabra de Dios puesta en sus bocas (Éxodo 4:12; Jeremías 1:7-9; Números 12:8). Isaías habló «la
palabra de Jehová» a Israel (Isaías 1:10, 20). «Moisés escribió todas las palabras de Jehová» (Éxodo

44
Charles H. Pinnock, A Defense of Biblical Infalibility (Grand Rapids, Mich.: Baker Bool House, 1972), págs. 22, 23.

Página 40
24:4). Moisés afirmó que «éstas son las cosas que Jehová ha mandado que sean hechas» (Éxodo
35:1). Y estas palabras son la Biblia.
Muchas veces, cuando los escritores del Nuevo Testamento citan a los escritores del Anti-
guo Testamento, el escritor del Antiguo Testamento es dejado a un lado y se da todo el crédito a
Dios obrando por Su Espíritu (Gálatas 3:8; Hechos 4:24-25; Hebreos 3:7). Con frecuencia, se afir-
ma que son las mismas palabras de Dios las que están registradas en la Biblia (Éxodo 20:1; Daniel
10:9 ss.). Con frecuencia, un libro comienza afirmando que es «Palabra de Jehová» (Isaías 1:1, 2;
Jeremías 1:2; Oseas 1:1; Jonás 1:1; Miqueas 1:1; Sofonías 1:1; Malaquías 1:1). De hecho, frases
como «la Palabra de Dios», «Dijo Dios», «vino palabra de Jehová», «Habló Jehová», «Jehová man-
dó», etc., aparecen más de 3.000 veces en la Biblia.
La Biblia afirma ser «escritura» (2 Timoteo 3:16; Romanos 9:17; Gálatas 3:8). Los escrito-
res de la Biblia escribieron «en el Espíritu» (Mateo 22:43; Hechos 1:16; Cf. Hebreos 3:7). La adver-
tencia de Juan en Apocalipsis 22:18-19, de no añadir a este «libro» sería verdaderamente una de-
manda extraña si la Biblia no fuera la Palabra de Dios. Josué registró por inspiración las palabras
del pacto (Josué 24:26). Y Moisés registró «los mandamientos y los estatutos que mandó Jehová por
medio de Moisés a los hijos de Israel...» (Números 36:13). La Biblia afirma claramente ser el libro
verdaderamente dado por Dios. No podemos negar este hecho.
Las promesas de Jesús manifiestan la inspiración del Nuevo Testamento. Él les dijo a Sus
discípulos que no temieran cuando estuvieran ante reyes y gobernadores, porque les sería dado qué
decir (Mateo 10:17-20; Marcos 13:11; Lucas 21:12-15). Él prometió a los apóstoles que les sería
dado qué decir (Mateo 10:17-20), y esto era una promesa directa de inspiración. Prometió que serí-
an conducidos a toda verdad (Juan 14:16; 16:12-13). Los apóstoles y profetas recibieron y predica-
ron el misterio, el evangelio (Efesios 3:3-5; 1 Corintios 2:9-13). Los escritores del Nuevo Testa-
mento hablaron y escribieron por inspiración «los mandamientos del Señor» (1 Corintios 14:37; Cf.
1 Tesalonicenses 2:13; 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 3:2, 16). Jesús prometió todo esto. Y estas cosas
fueron cumplidas en las vidas de los primeros discípulos. Ellos así lo afirmaron.
Así, la Biblia afirma abiertamente la inspiración. No puede haber duda acerca de ello. Gerst-
ner concluye acertadamente al decir: «La Biblia podría, concebiblemente, afirmar ser una reve-
lación sin serlo, pero no podría serla sin afirmarlo. En tanto que la afirmación puede no ser un argu-
mento a su favor, la ausencia de esta afirmación sería ciertamente un argumento en contra de
ello».45

AFIRMACIÓN NOVOTESTAMENTARIA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Es en raras ocasiones que hoy en día se oye a alguien negar la inspiración del Nuevo Testa-
mento sin negar simultáneamente la inspiración del Antiguo Testamento, y viceversa. Los dos Tes-
tamentos, Antiguo y Nuevo, no pueden ser separados. La mayor parte de la gente se da cuenta de
esto. La negación de la inspiración de uno demanda la negación del otro. Ambos están tan estre-
chamente relacionados con confirmaciones entrelazadas que no hay manera de separar entre ambos.
Los cuatro registros evangélicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) tienen aproximadamente
400 citas del Antiguo Testamento. Hay 278 versículos diferentes del Antiguo Testamento citados en
el Nuevo. La Epístola a los Hebreos cita 88 veces de 16 libros diferentes del Antiguo Testamento.
«Los escritores del Nuevo Testamento eran inspirados, y cuando citaban del Antiguo Testamento
evidenciaban la inspiración de los libros de los que citaban o, al menos, de las citas que hacían».46
Esta yuxtaposición de inspiración entre los dos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo, es ligada por la
confirmación por parte de los escritores del Nuevo Testamento de los escritores del Antiguo Testa-
mento. Siguen a continuación unos ejemplos de esta confirmación unificadora:

45
John H. Gerstner, Reason for Faith (Grand Rapids, Baker Book House, 1967). Págs. 69, 70.
46
H. Leo Boles, The Holy Spirit, His Personality, Nature, Works (Nashville, Tenn., Gospel Advocate Co., 1967), pág. 95.

Página 41
A. El testimonio de Jesús
Jesús reconoció el Antiguo Testamento como palabra de Dios. Su afirmación de la inspira-
ción del Antiguo Testamento se puede ver en afirmaciones como: «Escrito está» (Mateo 4:4, 6, 7;
Lucas 20:17), y «¿Nunca leísteis en las Escrituras?» (Mateo 21:42; Cf. Marcos 12:10-11). En Juan
10:34 Jesús dijo: «¿No está escrito en vuestra ley...?» (Cf. Salmo 82:6). Y luego en el versículo 35
se refiere a aquella ley diciendo: «La Escritura no puede ser quebrantada» (Cf. 5:39). En Lucas
20:42 Jesús dijo: «Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos», citando a continuación el
Salmo 110:1. Pero en Marcos 12:36 Jesús citó el mismo Salmo y dijo: «El mismo David dijo por el
Espíritu Santo». Así, Él afirma la inspiración de David y de los Salmos.
Jesús afirmó también la inspiración y autoridad de Moisés (Mateo 8:4; Marcos 7:8-11; Juan
5:45-47), los milagros de Elías al proveer para la mujer de Sarepta (Lucas 4:25-26), la curación de
Naamán (Lucas 4:27), el episodio de Jonás tragado por un gran pez (Mateo 12:39-41), las enseñan-
zas proféticas de Daniel (Mateo 24:15), la destrucción de Sodoma y Gomorra (Lucas 17:28-32), el
diluvio del Génesis (Lucas 17:26-27), la muerte de Abel (Mateo 23:35) y muchos otros episodios
del Antiguo Testamento.
Algunos enredan su teología alrededor de falsas teorías científicas. Al hacerlo así o bien han
distorsionado Génesis 1 hasta hacerlo irreconocible o han tratado de resolver sus problemas —o al
menos creen que lo han conseguido— llamando Génesis 1 un mito. Pero Jesús afirma la genuidad
de Génesis (Mateo 19:4-6). Y Pablo utiliza los hechos de Génesis en sus escritos (Romanos 5:14; 1
Corintios 11:8, 12; 2 Corintios 11:3; 1 Timoteo 2:13). Así que o bien Jesús y Pablo estaban errados
en su postura acerca de los orígenes, o bien el primer registro de los orígenes (Génesis 1) es cierto y
verdadero. Y por cuanto no había ningún ser humano allí cuando todo ello tuvo lugar, Génesis 1
tiene que ser considerado como un registro inspirado de los acontecimientos. Después de todo, esto
es lo que Jesús y Pablo pensaban acerca de este asunto. Y Jesús tiene que saberlo. ¡Él estaba allí!
(Juan 1:1 ss.).
Así que la negación de cualquier sección del Antiguo Testamento pondría en tela de juicio,
desde luego, la afirmación de que Jesús es el Hijo de Dios. ¿Acaso Jesús malentendió, citó mal o
mal aplicó el Antiguo Testamento? ¿Fue engañado por los líderes judíos a pensar que el Antiguo
Testamento era verdaderamente la Palabra de Dios? Si es así, entonces Él no era el perfecto Hijo de
Dios.

b. El testimonio de Pablo
Pablo cita veinticinco de los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento en sus epísto-
las.47 En 2 Timoteo 3:16, con referencia primaria al Antiguo Testamento, Pablo escribió: «toda la
Escritura es inspirada por Dios...» Pablo afirma que el Espíritu Santo habló por medio de Isaías
(Hechos 28:25). Reconoce asimismo la inspiración y autoridad de Moisés y de los profetas al citar
de ellos y referirse a sus leyes inspiradas (Hechos 26:22-23; 1 Timoteo 5:18; Deuteronomio 25:4).
Si Pablo se equivocó en su entendimiento de que «toda la Escritura es inspirada por Dios», entonces
tenemos que llegar a la conclusión de que tampoco él era un escritor inspirado por Dios. Y si esto es
así, ¿cómo podemos fiarnos de él con respecto a las otras enseñanzas en el Nuevo Testamento? Esto
resulta crítico cuando se considera que Pablo escribió las dos terceras partes del Nuevo Testamento.

C. El testimonio de Pedro
Pedro escribió: «Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los san-
tos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:21). Pedro tam-
bién clasificó los escritos de Pablo como «escritura» (2 Pedro 3:15-16). Recordemos, Pablo dijo que
«toda la Escritura es inspirada por Dios» (2 Timoteo 3:16). ¿También se equivocó Pedro en su en-
47
W. Graham Scroggie, Is the Bible the Word of God (Chicago, Ill., Moody Press, 1922), pág. 52.

Página 42
tendimiento de que todas las Escrituras fueron traídas por el Espíritu de Dios?
Dios habló durante la dispensación del Antiguo Testamento en diversas maneras a los padres
y a los profetas (Hebreos 1:1), pero Él nos ha dado Su revelación hoy por medio de Jesús, los após-
toles y profetas (Hebreos 1:2; Efesios 3:3-5). Negar la inspiración de los registros escritos de los
profetas y apóstoles es negar a Jesús como hijo de Dios, porque Jesús prometió que el Espíritu San-
to guiaría a los apóstoles a toda la verdad (Juan 14:26; 16:13). Sería también una negación de la
inspiración del Antiguo Testamento. Y los que mantienen que la Biblia se contradice a sí misma es-
tán en realidad diciendo que no está inspirada.48

UNIDAD INSEPARABLE

La unidad de la Biblia es uno de los más poderosos argumentos que dan evidencia de su
inspiración. Los siguientes puntos ilustran lo que significa por unidad, y cómo esta unidad sustenta
la inspiración:

A. Unidad de escritores
La Biblia es una recopilación de sesenta y seis libros y epístolas, todo ello escrito a lo largo
de un período de alrededor de 1.500 años por aproximadamente cuarenta autores. Estos hombres
escribieron en diferentes períodos históricos y en diferentes localidades. Y, sin embargo, sus obras
presentan una armonía total, con ausencia de contradicciones. Muchos escritores confirman la inspi-
ración de otros. Pedro reconoce a Pablo como un escritor inspirado (2 Pedro 3:15-16). Los libros
Primero y Segundo de Crónicas y Primero y Segundo de Reyes se confirman mutuamente en cuanto
a episodios históricos. Josué 1 verifica Deuteronomio 34, Jueces 1:1 verifica Josué 24:27-33. Jere-
mías 52:31-34 verifica 2 Reyes 25:25, 27-30. Esdras 1 verifica 2 Crónicas 36:22, 23. Daniel se re-
fiere a Jeremías (Daniel 9:2) y Ezequiel se refiere a Daniel (Ezequiel 28:3). ¿No testifica esta uni-
dad que la Biblia tuvo que tener una divina mano conductora durante los muchos años en los que
fue escrita? ¿Cómo hubieran podido tantos escritores haber tenido una tal armonía en su redacción?

B. Unidad orgánica
Homer Hailey escribió: «La unidad orgánica implica tres cosas: En primer lugar, que todas
las partes son necesarias para un todo completo; en segundo lugar, que todas son necesarias para
complementarse entre sí; y en tercer lugar, que todas estén impregnadas de un mismo principio vi-
tal».49 Examinemos de cerca estos conceptos.
1. Todas las partes completan el todo. Todas las partes y libros de la Biblia son esen-
ciales. Todos agregan a la plenitud de la revelación de Dios al hombre. Libros como Rut, Ester,
Cantar de los Cantares, Filemón y Apocalipsis tratan de áreas singulares de la revelación total de
Dios. Ester nos relata la condición de Israel durante el cautiverio. Rut presenta la práctica del levira-
to hebreo y rellena un enlace vital en la genealogía de Jesús (Mateo 1:5; Lucas 3:32). Así que cada
sección de la Biblia nos presenta con verdades necesarias y esenciales para la comprensión del todo.
2. Todas las partes se complementan. Todos los libros y epístolas son necesarios para
completarse o complementarse entre sí. Mateo, Marcos, Lucas y Juan destacan distintos aspectos de
la vida de Cristo a fin de relacionar el evangelio bien con el judío o con el gentil. También cada uno
de ellos destaca un aspecto específico de la misión y ministerio de Jesús. Marcos destaca las obras
de Jesús. Juan escribió para generar fe (Juan 20:30-31). Mateo dirigió su registro del evangelio pri-
mariamente al pueblo judío. Juntos, los registros evangélicos nos dan una visión completa de la
genealogía, humanidad, divinidad, vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús.

48
Harry Emerson Fosdick, así como muchos otros, pretendió y pretende, que la Biblia se contradice. Dear Mr. Brown (New York: Harper & Row.
Publishers, 1961), pág. 59.
49
Homer Nailey, Internal Evidences of Christianity (Bowling Green, Ky: Evidence Quarterly, 1964), pág. 17.

Página 43
3. Todas las partes completan un único principio vital. Todos los libros se centran en
un solo principio vital —la existencia de Dios y el deber del hombre de servirle. Salomón llegó a
esta correcta conclusión: «El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios, y guarda sus man-
damientos; porque esto es el todo del hombre» (Eclesiastés 12:13). Y cada libro de la Biblia es una
llamada de Dios al hombre para que reconozca este principio.

C. Unidad de enseñanza
El tema evidente de la Biblia es: «El plan de Dios para redimir al hombre». Desde Génesis a
Apocalipsis este tema es puesto en primer plano por los escritores bíblicos. Toda la revelación y ac-
tividad de Dios se centran alrededor de este tema. Lo asombroso acerca de este aspecto de unidad es
que no hay contradicciones entre los escritores bíblicos acerca de este tema ni en ninguna otra ense-
ñanza, aun a pesar de que escribieron a cientos de años y a cientos de kilómetros de distancia entre
sí. Hamilton escribió: «Si se pudiera probar claramente la existencia de contradicciones, el asunto se
habría resuelto ya hace siglos, y no habría ya lugar para discusiones».50
Si existieran contradicciones, los críticos las hubieran mantenido delante de la vista del pue-
blo de Dios a lo largo de cada siglo desde el registro de una contradicción específica. Pero no lo han
hecho. Y ello demuestra que las pretendidas contradicciones proclamadas por partes de algunos
simplemente no existen en la Biblia. ¿No es esto prueba de una paternidad divina? ¿Cómo hubieran
podido los escritores armonizar sus enseñanzas a lo largo de los 1.500 años en que la Biblia estuvo
siendo redactada, sin ayuda divina? James Orr escribió:

Pero la mente imparcial no puede ignorar el hecho de que en los


escritos que constituyen nuestra Biblia hay una unidad y progresión,
un propósito conductor, culminando en Jesucristo y Su redención, una
plenitud y poder de verdad religiosa, que los sitúa en una categoría y
que llevan al reconocimiento de un origen singular correspondiente
con su singular carácter.51

Una vez más, ¿cómo podríamos explicar tal carácter si la Biblia sólo hubiera tenido una pa-
ternidad humana?
Si cuarenta hombres comenzaran a tocar instrumentos musicales, y como resultado surgiera
un hermoso son de una música melódica en una maravillosa armonía, nos daríamos cuenta de que
alguien había organizado y estaba dirigiendo su actividad. Si cuarenta hombres, a lo largo de un pe-
ríodo de 1.500 años, escribieron literatura y sus escritos se presentan con un tema armonioso y sin
ninguna contradicción, en absoluto, y con nadie fuera de sintonía con el tema general, también nos
daríamos cuenta de que alguien había organizado y conducido su actividad de redacción. Esto es
simplemente lo razonable.
Así que aquí tenemos que dirigir nuestra reflexión a las evidencias externas de la inspira-
ción. En otras palabras, ¿Qué hechos hay que rodeen el texto de la Biblia y que den apoyo a su ins-
piración?

PERMANENCIA INDUDABLE

En Mateo 24:35 Jesús dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán». Pe-
dro escribió: «La palabra del Señor permanece para siempre» (1 Pedro 1:25). Hay un principio de
durabilidad aquí que rodea la palabra de Dios que tenemos que reconocer.
El canon completo de la Biblia ha estado en manos de los hombres durante casi 2.000 años.

50
Floyd E. Hamilton, The Basis of Christian Faith (New York: Harper & Row Publishers, 1964), pah. 160.
51
James Orr, Revelation and Inspiration (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1969), págs. 12, 13.

Página 44
El Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) ha estado disponible para el
hombre casi por 3.600 años. ¿Cómo, o por qué, han estado estos libros tanto tiempo en circulación?
Siguiendo esta misma línea de raciocinio, es interesante señalar que hubo otros libros escri-
tos por los judíos que eran contemporáneos con los libros de Josué, Números y Crónicas (Números
21:14; Josué 10:13; 1 Crónicas 29:29). Pero estos libros no han sobrevivido hasta el día de hoy. Es
evidente que los judíos no los consideraban sobre la misma base que a la Biblia. Los libros de la Bi-
blia fueron confirmados como inspirados por las poderosas obras de Dios y eran por ello cuidadosa-
mente guardados por los judíos. Ello constituye evidencia de que fueron verdaderamente confirma-
dos y considerados inspirados hace miles de años. Y esta consideración los ha seguido desde el día
en que fueron escritos para el presente.
El intento de Joacim de destruir la Palabra de Dios cortándola con un puñal y arrojándola a
las llamas constituye una ilustración de cómo los malvados han intentado destruir la Biblia a través
de los siglos (Jeremías 36:22-23). Durante las Edades Tenebrosas se hicieron muchos intentos de
mantener la Biblia fuera del alcance del hombre de la calle. Las «quemas de Biblias» vinieron a ser
una práctica común de la Iglesia de Roma. Los que eran atrapados en posesión de una copia de las
Escrituras eran sometidos a tortura y muerte. Sí, la Biblia ha sobrevivido sin daños e invicta.
Voltaire dijo en una ocasión: «Dentro de cincuenta años la Biblia ya no será considerada en-
tre las personas instruidas». Voltaire hizo esta afirmación hace 200 años. Parece que se equivocó.
Cuando Robert Ingersoll corría por las carreteras de América a principios de este siglo, dando con-
ferencias en contra del cristianismo y de la Biblia, hizo esta afirmación en uno de sus discursos refi-
riéndose a la Biblia: «En quince años tendré este libro en el depósito de cadáveres». Pero en quince
años él estaba en el depósito de cadáveres y la Biblia sigue en pie. Un escritor desconocido escribió
en cierta ocasión el siguiente poema ilustrativo que hace referencia a la maravillosa durabilidad de
la Biblia a través de los siglos:

Frente a un herrero pasando anoche,


El batir sobre un yunque oí resonar,
Viejos martillos sobre el suelo yacían.
Gastados, usados, cansados de golpear.

«¿Cuántos yunques rotos van» —inquirí—


«para así dejar tantos martillos»
«Uno solo», el artesano dijo;
«El yunque al martillo puede, ¿no sabías?».

Pensé, pues, Sobre las Palabras de Dios


De la incredulidad fuertes golpes han caído;
Pero en medio del fragor de tal batir
Indemne el yunque queda... rotos los martillos.

E.S. Bates dijo, y dijo bien: «ningún individuo, ningún César ni Napoleón, ha tenido una
parte tan grande en la historia humana como este libro... Si sólo quedaran fragmentos y trozos de
nuestra civilización, entre ellos todavía encontraríamos la Biblia, entera y sin daños. El libro que so-
brevivió al Imperio Romano sobrevivirá a cualquier destrucción que pueda sobrevenir».52

52
E.S. Bates, Biography of the Bible, citado por Ralph I. Woods, ed., The Word Treasury of Religious Quotations (New York, Garland Boos, 1966),
pág. 74.

Página 45
ARMONÍA CON LA HISTORIA

La Biblia es totalmente armónica con la historia. La arqueología ha confirmado la exactitud


histórica de la Biblia una vez tras otra. El campo de la arqueología no contradice la historia tal co-
mo ésta es presentada en la Biblia. Esto ha sido tratado en un capítulo anterior53, pero tiene que re-
cibir énfasis aquí para destacar la importancia de esta armonía. Coder y Howe escribieron: «Las
Escrituras mencionan grandes naciones, reyes, ciudades, pueblos, ligándolo todo con fechas y epi-
sodios específicos durante miles de años, sin cometer jamás ningún error [énfasis mío, R.E.D.]».54
Tenemos que contender por la limpieza al tratar de ello. Cualquier otro documento es consi-
derado exacto hasta que no se demuestre su inexactitud. Los que tienen prejuicios contra la Biblia la
consideran inexacta hasta que no se demuestre que es exacta. Pero así es realmente el prejuicio con-
tra la Biblia. Los que niegan la exactitud histórica de la Biblia tiene que demostrar que ello es así.
¿Puede venir con una discrepancia histórica? ¿Puede presentar una contradicción histórica con la
Biblia? Estas discrepancias y contradicciones no pueden ser halladas. Y mirando a la historia ya pa-
sada podemos suponer que ello nunca sucederá en el futuro.

LAS ESCRITURAS CONFORMAN LA SOCIEDAD

También se demuestra que la Biblia está por encima de la autoridad humana debido a su
efecto sobre la humanidad. William Lyon Phelps escribió: «La civilización occidental está basada
en la Biblia; nuestras ideas, nuestra sabiduría, nuestra filosofía, nuestra literatura, nuestro arte, nues-
tros ideales, todo ello proviene más de la Biblia que de todos los demás libros juntos. Es una revela-
ción de divinidad y de humanidad»55 ¿Podría un libro de paternidad meramente humana tener tal
efecto sobre la sociedad? ¡Difícilmente!
¿Tiene alguien la capacidad de emitir principios que fuesen universales y adaptables para los
hombres en todas las épocas? Los inútiles esfuerzos humanos para conseguirlo, desde el cierre del
canon del Nuevo Testamento y en la antigüedad antes de ello, constituyen prueba de que esta tarea
está más allá de su alcance. La Biblia tiene que ser de origen divino debido a la incapacidad humana
para producir una manera de vivir como la que se expone en las Sagradas Escrituras.
Varios hombres principales de todas las épocas han reconocido el asombroso efecto que la
Biblia ha tenido sobre las vidas de los hombres y su valor para conformar una manera de pensar y
vivir correctas. Juan Jacques Rousseau, un escritor francés escéptico, admitió: «Tengo que confesar
que la majestuosidad de las Escrituras me deja atónito... si hubiera sido invención humana, el inven-
tor sería más grande que el más grande de los héroes». El general U.S. Grant dijo: «Aferraos a la
Biblia como el ancla firme de vuestras libertades, escribid sus preceptos en vuestros corazones y
practicadla en vuestras vidas. Todos estamos en deuda hacia la influencia de este libro por todo el
progreso hecho en la verdadera civilización, y a él tenemos que mirar como nuestro conductor en el
futuro».56 John Quincy Adams también escribió: «He hecho mi practica habitual durante varios
años leer la Biblia entera una vez al año. Por lo general me dedico a su lectura durante la primera
hora después de levantarme por la mañana».57 Abraham Lincoln escribió en 1864: «Toma este libro
todo lo que puedas con la razón, y el resto con la fe, y vivirás y morirás un hombre más feliz y me-
jor».58 Woodrow Wilson dijo en un discurso en 1911, con referencia a la Biblia: «Un hombre se ha
encontrado a sí mismo cuando ha encontrado su relación con el resto del universo, y aquí está el

53
Cf. Roger E. Dickson: El Ocaso de los Incrédulos, capítulo 17.
54
S. Maxwell Coder y George F. Howe, The Bible, Science and Creation (Chicago, Ill.: Moody Press, 1966), pág. 15.
55
William Lyon Phelps, Human Nature in the Bible (New York: E.P. Dutton & Co., 1922), n.p.
56
Citado por Frank E. Gaebelein en Exploring the Bible (Harper Baptist Sunday School Board; Marshall, Morgan & Scott), pág. 4.
57
John Quincy Adams, Diary, 26 de septiembre 1810, Allan Nevins, ed. (Ungar, 1969).
58
Abraham Lincoln, Letter to Speed, (1864).

Página 46
Libro donde se exponen estas relaciones».59 «Si permanecemos en los principios enseñados en la
Biblia», advirtió Daniel Webster, «nuestro país prosperará, pero si nosotros y nuestra posteridad
descuidamos su instrucción y autoridad, nadie puede decir cuán repentina catástrofe puede abru-
marnos y sepultarnos a nosotros y nuestra gloria en una profunda oscuridad».60

PRUEBA DE LA PROFECÍA

La profecía es la evidencia principal en apoyo de la inspiración de la Biblia [...] considere-


mos brevemente el tema en cuanto a su aportación como evidencia de la inspiración de la Biblia.
En Deuteronomio 18:22 se da una cualificación necesaria para un profeta: «Si el profeta ha-
blare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no
ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él» (Cf. Jeremías 28:9). Israel
podía probar a sus profetas mediante la profecía del profeta. Si se cumplían las profecías de un cier-
to profeta, era un profeta de Dios. Si sus profecías se incumplían, es que era un falso profeta. Era así
de sencillo. Dios desafiaba a profetizar a los falsos profetas de la época de Isaías, sabiendo que sus
profecías se incumplirían. Y el pueblo podía saber así que estos profetas eran falsos (Isaías 41:22-
23; 45:21). Ésta es una prueba para los profetas de todo tiempo.
Pero los verdaderos profetas de Dios fueron probados ciertos en todas las profecías. Cuando
hablaban de acontecimientos futuros, las palabras que habían pronunciado se cumplieron. No se tra-
taba aquí de prueba y error. La Biblia contiene literalmente cientos de profecías que fueron cumpli-
das. Profecías como la de Isaías, capítulo 13 y 14, acerca de la caída de la gran ciudad de Babilonia,
han sido indudablemente cumplidas. Las naciones y las ciudades de Tiro (Ezequiel 26), Egipto
(Isaías 19; Ezequiel 29, 30), Edom (Abdías), Nínive (Nahum), y una gran cantidad más oyeron la
profecía de su destrucción y posteriormente fueron destruidas. ¿Hubieran podido saber estos profe-
tas estas cosas cientos de años antes de que tuvieran lugar? La probabilidad de que estas profecías
se cumplieran por mera casualidad está más allá de la razón y de la lógica.
El Antiguo Testamento contiene más de trescientas profecías acerca de Jesús. Todas estas
profecías se cumplieron. Peter W. Stoner calculó matemáticamente que la probabilidad de que un
hombre cumpliera la profecía de Miqueas 5:2, acerca del hecho de que Jesús nacería en Belén de
5
Judá, en relación con las otras profecías acerca de su vida, sería de 1 en 2,8 x 10 (ver referencia)61
Stoner calculó que la probabilidad de que se cumplieran todas las profecías acerca de Jesús justo en
245
el momento adecuado de la historia sería de 1 en 1,7 x 10 , lo cual es un número fantásticamente
grande.62
Podemos comprender por qué Dios dijo a Sus discípulos: «¡Oh insensatos, y tardos de cora-
zón para creer todo lo que los profetas han dicho...! Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por
todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían» (Lucas 24:25, 27). ¡Y
cuán tardos de corazón son algunos hoy en creer en la precisión profética de la Biblia!

59
Woodrow Wilson, Discurso, 7 de mayo, 1911.
60
Citado por Rubel Shelly, Simple Studies in Christian Evidences (Memphis, Tenn.: Simple Studies Publishing Co., 1970), pág. 36.
61
Peter W. Stoner, Science Speaks (Chicago, Ill.: Moody Press, 1963), págs. 101-102.
62
Ibid., pág. 113.

Página 47
ACLAMACIÓN COETÁNEA

Otro argumento en favor de la divinidad de las Escrituras, y que es muchas veces pasado por
alto, es la aceptación de la inspiración de las Escrituras por parte de la Iglesia Primitiva. Aquellos
que fueron testigos del poder divino de que se había investido a Pablo, Pedro y el resto de los obre-
ros de Dios en manifestación de milagros no arrojaron dudas a su palabra como siendo de Dios.
Cuando Dios por mano de Pablo cegó a Barjesús, la Biblia dice que Sergio Paulo, que había sido
testigo del hecho, creyó (Hechos 13:12). Y así creyeron una cantidad innumerable que fueron testi-
gos del poder de Dios. Cuando los profetas de Israel mostraron pruebas de haber sido enviados por
Dios por el poder de los milagros y de la profecía que les había sido dado por Dios, el pueblo aceptó
lo que dijeron o escribieron como procedente de Dios. Pocos fueron los que dudaron o negaron su
credibilidad o sus escritos inspirados. La Iglesia del Nuevo Testamento en los primeros siglos de su
existencia aceptó plenamente los escritos de los apóstoles y profetas sobre la misma base.
Los documentos del Nuevo Testamento vinieron a ser puestos en duda siglos después de la
muerte de aquellos primeros testigos. Sólo después de que se desvaneciera el efecto de la confirma-
ción milagrosa de la palabra de Dios proclamaron sus pretensiones los escépticos. Pero los padres
apostólicos citan las epístolas del Nuevo Testamento como Escritura, aceptándolas sin ningún gé-
nero de dudas. Warfield afirma este extremo de la siguiente manera:

Está meridianamente claro, entonces, que la crítica moderna no ha


demostrado que la Iglesia coetánea resistiera la afirmación de los es-
critores del Nuevo Testamento ni que se enfrentara a su afirmación de
inspiración: es bien precisamente lo contrario. Cada migaja de eviden-
cia en este caso exhibe a la iglesia apostólica no rechazando, sino re-
conociendo de manera clara la autoridad absoluta de los escritos del
Nuevo Testamento. En este breve período de los fragmentos de la li-
teratura cristiana de las dos primeras décadas del siglo segundo tene-
mos a Mateo y Efesios citados claramente como Escritura, los Hechos
y las Epístolas de Pablo nombrados específicamente como parte de la
Santa Biblia, y el Nuevo Testamento como consistente en registros
evangélicos y escritos apostólicos formando una colección sagrada de
libros junto con el Antiguo Testamento. Tengamos presente que la
creencia de la iglesia primitiva en la inspiración del Antiguo Testa-
mento está fuera de discusión, y veremos que el significado de todo
aquello es simplemente éste: La iglesia apostólica ciertamente acepta-
ba los libros del Nuevo Testamento como inspirados por Dios. Estos
son los resultados de la indagación crítica acerca de las opiniones que
de este tema tenían los escritores de la Iglesia que vienen in-
mediatamente a continuación de los Apóstoles.63

63
Benjamín B. Warfield, The Inspiration and Authority of the Bible (Philadelphia, Pa.: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1970), págs. 428-
429.

Página 48
RECAPITULACIÓN

Al observar las evidencias internas y externas que acaban de ser examinadas, uno es llevado
a la conclusión de que la Biblia es más que una mera colección de epístolas y libros escritos por
autores humanos. Es más que esto. ¡Tiene que ser el Libro de Dios!
Este autor cree que el rechazo de la inspiración de la Biblia expresado por muchos críticos es
en parte el resultado de hombres que intentan rehuir las responsabilidades de una vida recta. Los
hombres que no quieren que se les gobierne o que se les tenga como responsables ante un juez y le-
gislador llegarán al final a negar la autoridad y credibilidad del juez y de su ley. Hacer esto con la
Biblia es dejar al hombre sin un fundamento sobre el que erigir una fuerte sociedad. Es dejar al
hombre errando sin rumbo a través del tiempo sin esperanza ni promesa. Pinnock concluye dicien-
do:

Ponerse fuera de la sombra de las Escrituras no es un privilegio de


la libertad cristiana; es el poner la cabeza debajo de la arena del racio-
nalismo. Porque ello no le pone a uno en la luz más clara de la revela-
ción directa, sino en las densas tinieblas de la total ausencia de revela-
ción. Esta tiniebla reduce al final todo el universo a una máquina in-
humana sin orígenes personales, y condena la vida humana a una trági-
ca futilidad.64

Si, la Biblia es la palabra de Dios. Es Dios hablando al hombre (2 Pedro 1:21; 2 Timoteo
3:16-17; Hebreos 1:1-2); Dios hablando por medio de hombres a hombres (Ezequiel 2:7; 3:4, 19,
11, 17). Es Dios hablando por el Espíritu Santo a través de hombres a los hombres (Lucas 1:70;
Romanos 1:2; 16:26; Hechos 28:25). Si no es inspirada, entonces somos criaturas sentenciadas, sin
un solo rayo de luz que nos conduzca a través de la oscura estancia de la vida. Esto no es un argu-
mento en favor de la inspiración de la Biblia, sino sólo el aturdidor caos con que se nos deja si no
tenemos hoy la Palabra de Dios. Pero podemos sentirnos agradecidos y felices por tenerla.

64
Pinnock, A Defense of Biblical Infalibility, op. cit., pág. 32.

Página 49
Página 50
Lección 5.º

© Roger E. Dickson:
El Ocaso de los Incrédulos,
Editorial Clíe, pp. 371 ss
(Transcrito con autorización de la Editorial)

Página 51
HISTORIA DE LA BIBLIA
Parte I

La historia de la Biblia es indudablemente uno de los más maravillosos y entusiasmantes estudios


de todas las historias. El minucioso examen de las varias fases del desarrollo de las Sagradas Escri-
turas ciertamente suscitará la fe en el corazón del estudiante sincero. Jesús dijo: «El cielo y la tierra
pasarán, pero mi palabra no pasará» (Mateo 24:35). Es electrizante examinar cómo Dios ha guarda-
do providencialmente Su palabra de escéptico y crítico para proveer para los hombres en todas las
edades Sus leyes escritas.
Son varios los temas que uno tiene que estudiar para poner en perspectiva la grandeza de la
historia bíblica. Se tienen que examinar cosas como los escritos materiales, lenguajes de la Biblia,
importantes manuscritos griegos y hebreos, y los libros apócrifos. En este y el siguiente capítulo es-
tudiaremos estas áreas de pensamientos. Neil R. Lightfoot dijo: «Toda la historia de la Biblia queda
condicionada por (1) la historia de la escritura, y (2) la historia de los materiales utilizados en la ma-
nufactura de los libros antiguos».65 Tenemos que examinar estas áreas de estudio. En primer lugar,
examinemos los materiales de escritura involucrados en la transmisión del texto de la Biblia.

MATERIALES DE ESCRITURA

Había al menos siete materiales básicos de escritura en la antigüedad: piedra, arcilla, tiesto,
madera, cuero, papiro y vitela. Los antiguos cronistas utilizaban estos materiales de diversas mane-
ras y en varias épocas. El antiguo escriba parece haber utilizado siempre el principio de utilizar
aquellos materiales que tenía más a mano, los mejores a disposición y más duraderos en aquella
época. Lo que sigue es una breve descripción de estos materiales:

A. Piedra
Algunas de las más antiguas inscripciones que tenemos en la actualidad fueron escritas sobre
piedra. El código de Hammurabi (un rey de la antigua Babilonia) es una inscripción en una piedra
que data de alrededor del 2.000 a.C. Las inscripciones de piedra de Egipto son anteriores al 3.000
a.C. Las primeras leyes escritas dadas al pueblo de Dios fueron inscripciones hechas por Dios sobre

65
Neil R. Lightfoot, How We Got the Bible (Austín, Tex., R.B. Sweet Co., Inc., 1962), pág. 4.

Página 52
tablas de piedra. «Y dio a Moisés... dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo
de Dios» (Éxodo 31:18; Cf. 34:1, 28). Así que la piedra es realmente uno de los materiales de escri-
tura originales.

B. Arcilla
La utilización de la arcilla como material de escritura fue de gran importancia en los impe-
rios de Asiria y Babilonia. La Biblioteca Real de Asiria en Nínive, que data del 650 a.C., consistía
en miles de tabletas de arcilla. La utilización de la arcilla para la escritura se remonta hasta el 3.100
a.C.66 Como material de escritura, la arcilla era trabajada y hecha flexible, y luego se utilizaba un
estilo para grabar las varias formas de escritura. La arcilla era entonces cocida o secada al sol, ase-
gurándose así la inscripción para un tiempo indefinido de tiempo.

C. Tiesto
Los tiestos eran trozos rotos de cerámica. Este material de escritura era generalmente utili-
zado por los pobres, o durante épocas de crisis en las que había apremio para encontrar un material.
Un buen ejemplo de ello es la correspondencia de Laquis durante la invasión de Palestina por parte
de las fuerzas babilónicas entre el 589 y el 587 a.C.

D. Madera
La madera no era utilizada como material de escritura con tanta profusión como otros mate-
riales. Debido a su poca durabilidad no se utilizaba como material para preservar leyes y códigos
sagrados. Números 17:2 es un ejemplo de la madera utilizada para la escritura. Algunos también su-
gieren que Isaías 30:8 y Habacuc 2:2 son ejemplos en los que se utilizaba la madera para la escri-
tura.67

E. Cuero
El cuero era un material más avanzado para la escritura, aunque su uso data de fecha tem-
prana. E.C. Richardson escribió: «La utilización de pieles preparadas para la escritura en un lado
(piel) fue temprano y general, remontándose al menos a la IV dinastía de Egipto. Los Anales de
Tutmose II en Palestina fueron escritos en rollos de cuero»68 William LaSor dice que «el cuero fue
ciertamente utilizado como material para la escritura desde el siglo veinte a.C. y hasta el tiempo de
la invención de la imprenta mediante tipos móviles»69 Miller data su origen alrededor del 2.900 o
2.750 a.C.70 Los judíos utilizaban el cuero principalmente como material de escritura para la trans-
misión del Antiguo Testamento. Es probable que Moisés inscribiera las primeras palabras de la Ley
de Dios sobre hojas de cuero.

F. Papiro
El papel de papiro se hacía de la planta de papiro que crecía a lo largo del río Nilo en Egipto.
El tronco de esta planta era cortado a tiras, entretejido, prensado, y dejado secar al sol. «El papiro
fue utilizado en Egipto ya en época tan temprana como la Quinta Dinastía (2.500-2.350 a.C.), y si-
guió siendo utilizado hasta la época de los árabes».71 Durante el siglo primero d.C. éste fue el mate-
rial de escritura más popular. Es muy probable que los autógrafos originales de los escritores del
Nuevo Testamento se hicieran sobre papiro. A través de los siglos se escribieron muchas copias del
Antiguo y Nuevo Testamento sobre papiro, de las cuales existen aún muchas copias.

66
D J. Wiseman, Illustrations from Biblical Archaelogy (Grand Rapids, Mich., Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1958), pág. 11.
67
Lightfoot, How We Got the Bible, op. cit., pág. 5.
68
E.C. Richardson, «Writing», International Standard Bible Encyclopedia, James Orr, ed. (Wim. B. Eerdmans Publishing, Co. 1939), pág. 3.121.
69
Williams Sanford LaSor, Amazing Dead Sea Scrolls (Chicago, Ill., Moody Press, 1959), pág. 50.
70
H.S. Miller, General Biblical Introduction (Houghton, New York: The Word-Bearer Press, 1960), pág. 170.
71
LaSor, Amazing Dead Sea Scrolls, op. cit., pág. 59.

Página 53
G. Vitela
La utilización de la vitela (pergamino) como material de escritura se cree que proviene de un
desacuerdo entre el rey Eumenes II de Pérgamo (197-158 a.C.) y Ptolomeo IV, rey de Egipto.
Cuando Eumenes estaba tratando diligentemente de preparar su biblioteca en Pérgamo, el material
de escritura entonces más popular era el papiro. Y el papiro venía sólo de Egipto. Así, cuando se dio
un desacuerdo entre estos dos reyes, los egipcios detuvieron el suministro de papiro. Como resul-
tado, Eumenes se vio obligado a desarrollar otro material para la escritura. El resultado de este desa-
cuerdo fue el desarrollo de la vitela, que era un cuero de alta calidad preparado para la escritura en
ambos lados. Este material fue utilizado extensamente por los cristianos primitivos y su uso per-
sistió durante más de mil años después de su invención. En la actualidad hay muchas copias de la
Biblia que fueron escritas en pergamino.

LENGUAJE DE LA BIBLIA

El antiguo hebreo era «la lengua de Judá» y el lenguaje del Antiguo Testamento (2 Reyes
18:26, 28; Nehemías 13:24). El hebreo es una lengua muy estrechamente relacionada con lenguas
como el arameo, acadio y árabe.72 El alfabeto hebreo antiguo tenía veintidós consonantes. Pero ca-
recía de vocales. Así, se escribía sin vocales. Por ejemplo, la palabra hebrea para Dios era original-
mente escrita YHWH (en su transliteración al castellano). Los escribas masoretas (600 a 900 d.C.)
añadieron posteriormente vocales a las palabras originales, a fin de que no se perdiera la antigua
pronunciación. Entonces se escribió YHWH como Y(a)HW(e)H.
Como ya se ha dicho anteriormente, el arameo estaba estrechamente relacionado con el he-
breo. Se cree que el arameo vino a ser la lengua de Palestina después del cautiverio babilónico. Es
probable que Jesús utilizara el arameo durante su ministerio en la tierra.73 El arameo empezó a utili-
zarse en Palestina cuando los primeros cautivos del Exilio Babilónico volvieron a la tierra de Pales-
tina. Muchos de los cautivos habían nacido en el cautiverio, y así crecieron conociendo el arameo,
el lenguaje de sus conquistadores.
Algunas secciones del Antiguo Testamento tienen una influencia aramea. Secciones que fue-
ron escritas originalmente en arameo son: Jeremías 10:11; Daniel 2:4-7:28; Esdras 4:8-6:18; 7:12-
26.74 Hay también unas pocas palabras y frases del Nuevo Testamento en arameo: talitha cumi
(«muchacha, levántate») (Marcos 5:41), ephphatha («sé abierto») (Marcos 7:34), eli, eli, lama sa-
bactani («Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?») (Mateo 27:46), abba («padre»)
(Marcos 14:36; Romanos 8:15; Gálatas 4:6), y varias otras palabras y nombres.75
El griego era la lengua universal del siglo primero d.C. El griego que era hablado por la gen-
te común de Palestina era el griego koiné. Koiné significa «común». Los manuscritos del Nuevo
Testamento fueron originalmente escritos en griego koiné, el lenguaje común de la gente en el mun-
do del primer siglo.
No hay evidencias de que los manuscritos originales del Nuevo Testamento fueran escritos
en ningún otro lenguaje, excepto por pequeñas secciones en arameo como las que hemos menciona-
do algo más arriba. Así, cuando hablamos de los manuscritos del Nuevo Testamento, como el Co-
dex Sinaítico, Codex Vaticanus y Codex Alexandrinus, nos estamos refiriendo a manuscrito que
fueron escritos en griego koiné.

72
Lightfoot, How We Got the Bible, op. cit., pág. 13.
73
Miller, General Biblical Introduction, op. cit., pág. 157.
74
«Aramaic», Zondervan Pictorial Bible Dictionary, Merril C. Tenney, ed. (Grand Rapids, Mich., Zondervan Publishing House, 1968), pág. 55.
75
Ibid.

Página 54
EL CANON

La palabra canon significaba originalmente una «regla de medida». Con referencia a la Bi-
blia se utiliza para referirse a una normativa por la que los libros son considerados autorizados. Mi-
ller afirma: «Es la regla de medir, el gálibo, la norma de prueba, o norma crítica, por la que cada
libro de la Biblia tiene que ser probado antes de ser admitido como parte integrante de las Sagradas
Escrituras».76. Los libros canónicos son aquellos que fueron aceptados como inspirados por los an-
tiguos judíos y por los primitivos cristianos. «Así, si uno habla de los escritos canónicos, está refi-
riéndose a aquellos libros que son considerados como poseedores de autoridad divina y que consti-
tuyen nuestra Biblia».77

ALTA Y BAJA CRÍTICA

Al estudiar el canon de la Biblia tenemos que trabajar en las áreas de la alta y baja crítica.
Ambas áreas son esencialmente la misma. Las dos tratan del examen del texto de la Biblia. El tér-
mino «alta crítica» fue introducido por vez primera por J.G. Eichhorn de Gotinga, Alemania. Jean
Astruc, un francés católico romano, y médico personal de Luis XIV, introdujo por vez primera los
destructivos conceptos de la alta crítica en 1753 en su publicación Conjectures Concerning the Ori-
ginal Memoranda Which it APPEARS Moses used to Compose the Book of Genesis. Allí afirmaba
erróneamente que la presencia de las dos palabras hebreas para Dios en el Antiguo Testamento,
Elohim y Yahweh, significaba que Génesis no había tenido un autor, sino dos. La investigación
hecha por parte Astruc del texto vino a ser un ataque en contra de la inspiración de la Biblia. Y es-
tos ataques han continuado hasta el día de hoy en el campo de la alta crítica.
La alta crítica es esencialmente un examen del texto con el propósito de determinar la pater-
nidad, fecha y redacción del documento examinado.

La alta crítica tiene por lo general una mala connotación para el


que cree en la historicidad de la Biblia, pero el nombre puede referirse
a diferencias críticas de la Biblia así como a ataques vertidos contra
ella. El nombre se utiliza principalmente en contraste a «baja crítica»,
que es la crítica del texto mismo de la Biblia con el fin de establecer
cuál fue el texto que fue redactado por los escritores originales. La alta
crítica es el estudio de los documentos con vistas a dilucidar cuál es su
edad, carácter, paternidad, fuente, naturaleza simple o compuesta, y va-
lor histórico.78

Así, consideramos la alta crítica «como estudios que se limitan al estudio de la evidencia in-
terna de los libros de la Biblia con respecto a la paternidad de ellos, las fechas de su redacción, su
fidelidad, “y la ocasión y propósito por los cuales fueron escritos”».79

CRÍTICA TEXTUAL

La crítica textual, conocida también como baja crítica, tiene que ver con la historia del ca-
non aceptado de las Escrituras. «La crítica textual se interesa en la reconstrucción de la larga histo-
ria de la transmisión de aquel contexto desde sus orígenes hasta nuestros días, de manera que el

76
Miller, General Biblical Introduction, op. cit., pág. 87, 88.
77
Lightfoot, How We Got the Bible, op. cit., pág. 52.
78
Floyd E. Hamilton, The Basis of Christian Faith (New York: Hasper & Row, 1964), pág. 215.
79
Willard O. Davis, Evolution and Revelation (Austin, Tex.: Firm Foundation Publishing House, s.f.), págs. 54, 55.

Página 55
contexto original, o texto, puede ser restaurado con precisión».80 Ernest Cadman Colwell clasifica
los materiales fuente de la crítica textual en tres áreas: «(1) manuscritos en el lenguaje original, (2)
manuscritos de traducciones, y (3) manuscritos de citas».81 Trataremos de estas áreas en el capítulo
siguiente.

PRUEBA DE LA CANONICIDAD

Antes que un libro viniera a formar parte del canon de las Escrituras, tuvo que pasar a través
de varias pruebas. Tenemos que tener en mente que si un libro formaba parte del canon del Nuevo o
del Antiguo Testamento, era considerado como inspirado y con autoridad divina. Por ello, la alta y
la baja crítica examinan la canonicidad de los libros de la Biblia haciendo algunas de las preguntas
que siguen.

1. ¿Aceptaron los judíos como inspirado el libro específico del Antiguo Testamento que se
considera?
2. ¿Es el libro respaldado por otros escritores inspirados?
3. ¿Aceptaron los cristianos primitivos como inspirado el documento específico del Nuevo
Testamento bajo consideración?
4. ¿Fue el libro del Nuevo Testamento bajo consideración escrito en el primer siglo?
5. ¿Fueron estos libros reconocidos por Jesús y los apóstoles como de origen divino?
6. ¿Encuadra bien el libro específico del Antiguo Testamento en la cadena divina de los
profetas?
7. ¿Habla el libro específico con autoridad de inspiración?
8. ¿Contradice el documento bajo examen las enseñanzas de otros documentos aceptados
como inspirados?
9. ¿Tiene el documento bajo consideración una impronta de inspiración?

Éstas son sólo unas pocas de las áreas que se examinan en el estudio de la canonicidad de
antiguos documentos en su relación con aquellos libros que llamamos la Palabra de Dios. No se
puede considerar cualquier documento de la antigüedad como inspirado y parte de la Biblia. Cada
libro tiene que pasar al menos las pruebas anteriores.

EXACTITUD COHERENTE

Una de las críticas más injustas que se hace en contra del texto de la Biblia es que contiene
muchos «errores» como resultado de su proceso de copia a lo largo de los siglos. Al considerar esta
crítica se tienen que admitir que varias variantes de lectura se han introducido en el texto de los do-
cumentos hebreos y griegos al ser copiados por los escribas.
Una lectura variante es allí donde la evidencia de los manuscritos puede producir una varia-
ción de palabras o de fraseología en un pasaje específico. Por ejemplo, Marcos 4:24 se lee en algu-
nos: «Mirad bien lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido...» En otros do-
cumentos se lee: «Mirad bien lo que oís, con la medida con que medís os será medido...». La dife-
rencia entre la utilización de las palabras «porque» y «con» constituye una variante de lectura.
Una comparación de 2 Reyes 8:26 y 2 Crónicas 22:2 revela otro ejemplo de una variante de
lectura. Se trata de un error con respecto a la edad de Ocozías cuando éste accedió al trono. 2 Reyes
8:26 dice que tenía veintidós años y 2 Crónicas 22:2 dice que tenía cuarenta y dos años. Pero esto
tiene fácil explicación. Los judíos utilizaban letras para expresar números. Y siendo que las letras

80
Ernest Cadman Colwell, The Study of the Bible (Chicago, Ill.: University of Chicago Press, 1945), pág. 39
81
Ibid, pág. 41.

Página 56
para cuarenta eran muy similares a las de veinte es evidente que algún copista transcribió una letra
equivocadamente. El relato de 2 Reyes da indudablemente la edad correcta. Si Ocozías hubiera te-
nido cuarenta y dos años al acceder al trono, como se dicen en 2 Crónicas, hubiera nacido dos años
antes del nacimiento de su padre, que murió a la edad de 40 (2 Reyes 8:17, 24).
Los orígenes de las lecturas variantes son numerosos. Muchas son el resultado de un invo-
luntario despiste del copista. Algunas fueron el resultado de que los copistas intentaran hacer que
pasajes paralelos concordaran allí donde había una supuesta contradicción. Algunos manuscritos te-
nían notas explicativas en los márgenes. Estas notas fueron posteriormente incorporadas en el texto
por un escriba que pensó que constituían parte del texto que había quedado afuera por error de un
escriba anterior.
Pero lo importante a tener presente aquí acerca de las lecturas variantes es que tienen sólo un
efecto mínimo sobre la lectura de un texto. Ninguna lectura variante afecta a ningún asunto doctri-
nal en toda la Biblia. La mayor parte son variaciones de preposiciones, nombres de lugares, caracte-
res y cosas, y listas de pesos y fechas. Acerca del texto del Nuevo Testamento, Vos destaca lo mí-
nimo del efecto que tienen las variantes de lectura en todo el Nuevo Testamento diciendo: «Cuando
uno se da cuenta de que el texto griego publicado por Westcott y Hort tiene unas 500 páginas y que
las palabras más dudosas caben en media página, su fe en la fiabilidad del Nuevo Testamento queda
materialmente fortalecida».82 Se han hecho afirmaciones injustificadas de que el texto del Nuevo
Testamento contiene más de 200.000 «errores». Pero, una vez más, tenemos que considerar esto
como 200.000 lecturas variantes. Y además, tenemos que comprender la naturaleza de esta cantidad
de lecturas variantes. Norman Geisler y William Nix explican, en su libro A General Introduction to
the Bible:

Hay ambigüedad en la afirmación de que hay unas 200.000 variantes


en los manuscritos existentes del Nuevo Testamento, por cuanto estas
representan sólo 10.000 lugares del Nuevo Testamento. Si una sola pa-
labra recibe diferentes errores ortográficos en 3.000 diferentes manus-
critos, esto se considera como 3.000 variantes o lecturas. Una vez se
comprende este procedimiento de contaje, y se han eliminado las va-
riantes mecánicas (ortográficas), las variantes restantes, significativas,
son sorprendentemente pocas en cantidad.83

Muchos críticos arrojan tanta atención sobre las lecturas variantes que pasan por alto la
exactitud casi increíble con la que han sido copiadas las Escrituras. El renombrado R. Laird Harris
escribió:

Podemos ahora estar seguros de que los copistas trabajaron con sumo
cuidado y precisión sobre el Antiguo Testamento, incluso hasta la fe-
cha del 225 a.C. En aquel entonces había dos o tres tipos de texto dis-
ponible para la copia. Estos tipos diferían entre sí tan poco, sin embar-
go, que podemos inferir que unos copistas aún anteriores habían
transmitido fiel y cuidadosamente el texto del Antiguo Testamento. En
verdad, sería un escepticismo temerario el que negara que tenemos
nuestro Antiguo Testamento de una manera muy cercana al utilizado
por Esdras cuando enseñaba la Ley a aquellos que habían vuelto del
cautiverio babilónico [énfasis mío, R.E.D.].84

82
Howard F. Vos, An Introduction to Bible Archaeology (Chicago, Ill.: Moody Pres, 1959), págs. 28, 49.
83
Norman L. Geisler y William E. Nix, A General Introduction to the Bible (Chicago, Ill.: Moody Pres, 1978), pág. 361.
84
R. Laird Harris, «How Reliable is the Old Testament Text?» Can I Trust the Bible? (Chicago, Ill.: Moody Pres, 1963), pág. 124.

Página 57
Con respecto al texto hebreo, Herbert March, en Lectures on Criticism and Interpretation,
nos recuerda la meticulosa exactitud de los escribas en la copia de las escrituras hebreas.

Cuando consideramos las normas que eran observadas por los judíos al
transcribir las sagradas escrituras, normas que eran llevadas hasta una
precisión que bordea con la superstición, hay razones para creer que
ninguna obra de la antigüedad ha descendido hasta la era presente tan
libre de alteraciones como la Biblia hebrea. 85

Un ejemplo de esta precisión queda evidenciado por el descubrimiento de los Rollos del Mar
Muerto en 1947. En particular, el rollo de Isaías es uno de los más interesantes. El texto más anti-
guo de Isaías antes de este descubrimiento era el texto masorético, que databa de alrededor del año
850 d.C. El rollo de Isaías descubierto en el Mar Muerto databa de alrededor de mil años entre la
publicación de estos dos textos. Pero, cuando se cotejaron, sólo se encontraron unas pocas diferen-
cias carentes de importancia entre ambos.86 Ello constituye un magnífico testimonio de la exactitud
con que fue copiada la Biblia.
Yigael Yadín, en su insólito libro titulado Masada, nos habla del descubrimiento de una por-
ción de los Salmos que apareció en Masada, una fortaleza judía en el área meridional del Mar Muer-
to. Esta parte de los Salmos fue datada en veinte o treinta años de anterioridad a 73 d.C., la fecha en
que Masada cayó en poder de los romanos. Cuando fue comparado con el texto masorético, escribe
él, «es casi exactamente idéntico (excepto por algunos cambios carentes de importancia aquí y allí)
al texto de los libros bíblicos que utilizamos en la actualidad. Incluso la división en capítulos y sal-
mos es idéntica a la división tradicional».87 Una vez más, éste es un maravilloso testimonio de la
precisión con la que los antiguos escribas copiaron la Biblia.
El descubrimiento de manuscritos separados en fechas por unos pocos años tan sólo de la
inscripción del autógrafo original da un gran convencimiento de que tenemos en la actualidad la Pa-
labra de Dios de una manera adecuadamente pura. Muchos han sido engañados a creer que tenemos
solamente manuscritos separados por cientos de años de la época de los autógrafos originales. Pero,
para el estudioso bien instruido en la historia de la Biblia éste es un error de bulto. Sir Frederic Ken-
yon, uno de los más renombrados eruditos acerca de manuscritos antiguos, concluía diciendo:

Así, el intervalo entre las fechas de la redacción original y la evi-


dencia existente más antigua se hace tan pequeño como para ser des-
preciable, y queda eliminado el fundamento para cualquier duda de
que las Escrituras nos hayan venido substancialmente tal como fueron
escritas. Tanto la autenticidad como la integridad general de los libros
del Nuevo Testamento pueden considerarse como definitivamente es-
tablecidas.88

85
Citado por John W. Haley, Alleged Discrepancies of the Bible (Nashville, Tenn.: Gospeld Advocate Co., 1951), pág. 44.
86
Millar Burrow, The Dead Sea Scrolls (New York, The Viking Pres, 1955), pág. 305.
87
Yigael Yadin, Masada: Hero’s Fortress and the Zealot’s Last Stand (Random House Inc., 1966), págs. 171, 172.
88
Sir Frederick Kenyon, The Bible and Archaeology, 1940, pág. 288 ss., citado por F.F. Bruce, The New Testament Documents (Grand Rapids, Mich.:
1965), pág. 20.

Página 58
RECAPITULACIÓN:

Para concluir, tenemos que recordar algunos factores principales para volver a destacar este
tema. En primer lugar, la creencia de que el Pentateuco no hubiera podido ser escrito en fecha tan
temprana como el 1500 a.C. debido a que la escritura no había sido aún perfeccionada en aquel
tiempo, ha quedado refutada por la antigüedad del origen de la escritura, miles de años antes que la
redacción del Pentateuco por Moisés. Los hay que creen que el origen de la escritura se remonta a
fecha tan remota como el 8000 a.C.89
Además, la acusación de que la Biblia tal como la tenemos hoy en día no puede ser una co-
pia exacta debido a la gran cantidad de veces que se han hecho copias de copias, ha quedado des-
hecha por la existencia de antiguos manuscritos que se hallan muy cercanos en el tiempo a los autó-
grafos originales. Tenemos hoy la Biblia en una forma exacta.
Con respecto a la inspiración y al canon de la Escritura, tenemos que recordar que no se de-
be considerar inspirado cualquier libro antiguo. Cada libro había de ser considerado inspirado por
aquellos para quienes fue primeramente escrito. Los libros de la Biblia fueron considerados inspira-
dos y autorizados ya en el momento en que fueron escritos. Y ello constituye evidencia de que de-
beríamos considerarlos hoy como inspirados y autorizados. Si, éstas y otras evidencias nos conven-
cen de que sí tenemos hoy la Palabra de Dios.

89
«The Roots of Writing», Time (August, 1, 1977), pág. 47.

Página 59
HISTORIA DE LA BIBLIA
Parte II

El propósito de este capítulo es examinar la evidencia textual de nuestra Biblia. ¿Puede uno
confiar en el texto de nuestra Biblia? ¿Podemos tener certidumbre de que tenemos las palabras de
los escritores originales? ¿Cuáles son algunos de los documentos sobre los que basamos nuestro
texto actual? Éstas son unas pocas preguntas que tenemos que considerar en este capítulo. 90
Muchos críticos bíblicos creen hoy que hay muy poca evidencia textual para apoyar el texto
de la Biblia. Y la evidencia que tenemos, dicen ellos, es inexacta. Pero, bien al contrario, la cantidad
de versiones antiguas y manuscritos que tenemos en nuestro poder hoy en día para la comparación
textual y la investigación es abrumadora. En la actualidad existen muchas antiguas versiones, ma-
nuscritos y citas de antiguos escritores, tanto procedentes del Antiguo como del Nuevo Testamento,
que, colectivamente, establecen un fundamento sobre el que reposa sólidamente el texto de nuestra
Biblia. Examinemos algunas de estas evidencias.

EVIDENCIA TEXTUAL DEL ANTIGUO TESTAMENTO

La cantidad de manuscritos antiguos y de versiones también antiguas del Antiguo Testamen-


to es grande. Aquí tenemos espacio para considerar sólo unos pocos.

A. Los Targumes.
Cuando los judíos volvieron del cautiverio babilónico en el año 539 a.C., muchos de ellos
sólo podían hablar arameo, el lenguaje de sus conquistadores. Siendo ello así, era necesario que se
tradujeran o parafrasearan porciones del Antiguo Testamento al arameo (Cf. Esdras 4:7). También
surgió la necesidad de escribir comentarios del texto hebreo. Éste fue indudablemente el comienzo
de la redacción de los Targumes.

Al principio el trabajo se hacía oralmente, pero las traducciones fueron gradualmente


reducidas a un elaborado sistema, se fijaron y finalmente quedaron escritas. Los Tar-
gumes escritos parecen haber sido preparados por diferentes hombres en diferentes

90
El alumno debe de estudiar este tema conjuntamente con el capítulo ¿NOS PODEMOS FIAR DEL NUEVO TESTAMENTO?, por David Burt, páginas
59-110 del libro: «¿CÓMO LLEGÓ LA BIBLIA HASTA NOSOTROS?» (Pedro Puigvert, Comp.).

Página 60
épocas, desde el siglo I hasta el siglo X u XI d.C., aunque algunos de ellos contienen
materiales remontándose a los siglos a.C.91

Los Targumes son valiosos debido a sus citas del Antiguo Testamento así como por su tra-
ducción o paráfrasis de muchos versículos del Antiguo Testamento. Su antiguo origen y carácter
son una valiosa fuente para la determinación del texto exacto del Antiguo Testamento. De sus citas
del texto podemos conseguir lecturas para pasajes del Antiguo Testamento. En base a estos comen-
tarios podemos vislumbrar cómo los antiguos judíos interpretaban el Antiguo Testamento.

B. Los Talmuds
«El Talmud es una colección de dichos de varios escribas, que fueron transmitidos oralmen-
te durante varios siglos y que al fin fueron fijados por escrito alrededor del 200 d.C., aunque mu-
chos fueron añadidos posteriormente».92 Los Talmuds eran conocidos por diferentes nombres se-
gún su origen, como el Talmud Palestino y el Talmud Babilónico.
Lo importante a recordar con respecto a los Talmuds es que dan citas de todos los libros del
Antiguo Testamento, aclamándolo como de origen divino. Dan mucha evidencia para el texto del
Antiguo Testamento tal como lo tenemos hoy. Explica P.B. Wells: «Los Talmudistas no se ocupa-
ban tanto de fijar el texto como de explicarlo. Sus citas de las Escrituras son, sin embargo, general-
mente concordantes con el texto hebreo recibido».93

C. Los Rollos del Mar Muerto.


En los montes del extremo noroccidental del Mar Muerto, alrededor de comienzos del mes
de marzo de 1947, dos pastores beduinos hicieron accidentalmente uno de los descubrimientos más
significativos y entusiasmantes de toda la historia. Descubrieron lo que más tarde llegó a conocerse
como los Rollos del Mar Muerto. Descubiertos en cuevas cercanas a la comunidad de Qumrán en el
Mar Muerto, estos rollos y fragmentos se contaban por miles. «En total, los fragmentos de manus-
critos constituyen más de 400 libros, unos cuantos de ellos casi intactos, y más de 40.000 fragmen-
tos. Noventa de estos libros pertenecen a la Biblia, encontrándose representados en ellos cada uno
de los libros del A.T. (Antiguo Testamento) excepto el de Ester».94
Lo asombroso acerca de estos fragmentos y rollos es lo antiguo de su fecha. «A la luz de
toda la evidencia, escribía William S. LaSor, la mayor parte de los eruditos están convencidos de
que los materiales de Qumrán deben ser datados en el período entre el 175 a.C. y el 68 d.C., proba-
blemente con varias décadas dentro de estos márgenes límite en cada caso».95 Ya que nuestros ma-
nuscritos más antiguos del texto del Antiguo Testamento antes del descubrimiento de los Rollos del
Mar Muerto se remontaban al 800 o 900 d.C., es muy grande la importancia de este descubrimiento.
Cuando los rollos de las cuevas del Mar Muerto fueron comparados con los de los siglos noveno y
décimo, sólo se constataron diferencias mínimas. Ello da testimonio de la exactitud con que se ha
copiado la Biblia.

D. La Septuaginta.
La Septuaginta es una de las ayudas de mayor valor que tenemos en el campo de la crítica
textual. Fue la primera traducción completa del Antiguo Testamento en otro idioma. Esta traducción
del hebreo al griego fue iniciada alrededor del 280 a.C., con la traducción del Pentateuco por unas
setenta personas en Alejandría, Egipto. El resto del Antiguo Testamento fue traducido a lo largo de
91
H.S. Miller: General Biblical Introduction (Houghton, New York: The Word-Bearer Press, 1960),pág. 216; leer también: Norman L. Geiles y
William E. Nix: A General Introduction to the Bible (Chicago, Ill., Moody Press, 1970), págs. 249-266.
92
Floyd E. Hamilton: The Basis of Christian Faith (New York: Hasper & Row, 1964), pág. 205.
93
Preston B. Wells: The Story od the English Bible (Lousville, Ky.: Pentecost Publiching Co., 1911),pág. 36.
94
Guy B. Funderburk: «Text and Versions», Pictorial Bible Dictionary, Merrill C. Tenney, ed. (Grand Rapids, Mich.: Zondervan Publishing House,
1968),pág. 840.
95
William Sanford LaSor: Amazing Dead Sea Scrolls (Chicago, Ill.: Moody Press, 1959), pág. 64.

Página 61
los siguientes cien años. Es comúnmente denotada con los números romanos LXX, indicando los
setenta hombres que la tradujeron. La palabra Septuaginta es un término latino que significa «Seten-
ta».
Hay algunos hechos muy interesantes que rodean a la Septuaginta y que tenemos que recor-
dar. Ésta era la versión utilizada por los judíos de la época de Cristo y fue un importante factor para
preparar al hombre para la venida del Redentor. Jesús y los apóstoles citaron de la Septuaginta. Los
más antiguos fragmentos que tenemos de la Septuaginta en la actualidad se encontraron sobre una
momia egipcia, y se remontan a alrededor del 150 a.C. Así, tenemos una traducción de porciones
del Antiguo Testamento que se remonta a unos pocos cientos de años del cierre del canon del Anti-
guo Testamento.

E. La Hexapla
La Hexapla contenía una traducción del Antiguo Testamento efectuada por Orígenes además
de otras cinco traducciones dispuestas en seis columnas. La distribución era: el texto hebreo co-
rriente, una transliteración del texto hebreo, traducciones de Aquila (128 d.C.), Símaco (200 d.C.) y
Teodoción (180 d.C.). Incluía también la Septuaginta. Este trabajo fue llevado a cabo en Cesarea y
fue finalizado alrededor del 240 d.C. La Hexapla, debido a su gran extensión, nunca fue copiada
como un todo. La copia de Orígenes fue guardada en la Biblioteca de Cesarea. Jerónimo la vio y
estudió en el siglo cuarto d.C. La quinta columna, que era la revisión de la Septuaginta llevada a
cabo por Orígenes, fue copiada en muchas ocasiones, pero sólo porciones de ella existen en la ac-
tualidad.

F. El Papiro Nash
El Papiro Nash consiste en cuatro fragmentos de los diez mandamientos y de Deuteronomio
6:4-9. Está datado entre el siglo segundo a.C. y el siglo primero d.C. Y, de pasada, era la parte más
antigua conocida del Antiguo Testamento antes del descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto.

G. La Vulgata Latina
La Vulgata es una traducción del hebreo al latín hecha por Jerónimo alrededor del 382 d.C.
La Vulgata fue traducida con una estrecha consideración a la Septuaginta y a la Hexapla de Oríge-
nes. En la actualidad existe una antigua copia de la Vulgata en la Biblioteca Vaticana en Roma. Es
considerada como el texto oficial de la iglesia católica.

H. Los Códices
Originalmente, «Codex» significaba «un canon de ley». Pero este término se aplica común-
mente a los antiguos manuscritos de la Biblia que contienen en forma de libro bien la totalidad o
grandes secciones del texto del Antiguo y Nuevo Testamento. Lo que sigue son algunos de los más
importantes códices de los dos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo, junto con sus respectivas fe-
chas, lugar de descubrimiento y contenido. Contienen traducciones del Antiguo Testamento al grie-
go.

1. Codex de El Cairo: Este códice fue descubierto en Tiberias en la ribera occidental


del Mar de Galilea. Data de alrededor del 895 d.C. Y contiene los Profetas Anteriores
y Posteriores.
2. Codex de Leningrado: Data de 1008 d.C. Contiene los Profetas Posteriores. Es el
más grande y único manuscrito completo del Antiguo Testamento.
3. Codex Vaticanus. El Vaticanus data de alrededor de mediados del siglo cuarto d.C.
Contiene casi la totalidad del Antiguo y del Nuevo Testamento.
4. Codex Alexandrinus: Data del siglo quinto d.C. (alrededor del 450 d.C.). Contiene

Página 62
toda la Biblia excepto por diez hojas en el Antiguo Testamento, veinticinco hojas del
Evangelio de Mateo, dos de Juan y tres de 2 Corintios.
5. Codex Sinaiticus: Fue descubierto en un monasterio al pie del Monte Sinaí por Cons-
tantino Tischendorf. Data de alrededor del 340 d.C. Y contiene fragmentos del Anti-
guo Testamento y de casi todo el Nuevo Testamento.
6. Codex Ephraemi: Data del alrededor del 450 d.C. y contiene sesenta y cuatro hojas
del Antiguo Testamento. 2 Tesalonicenses, 2 Juan y otras secciones están ausentes
del Nuevo Testamento.

Se podría hacer una relación de otros manuscritos y versiones que destacarían el hecho de
que la evidencia textual es muy fuerte en apoyo de nuestro Antiguo Testamento. También existen
antiguas versiones arameas, siríacas, coptas y góticas del Antiguo Testamento que reciben conside-
ración en la crítica textual. Así que cuando hablamos acerca de la evidencia textual del Antiguo
Testamento no nos referimos a la evidencia de unas pocas copias desgastadas del texto. Estamos
refiriéndonos a un cúmulo de material que puede ser utilizado para la comparación.

EVIDENCIA TEXTUAL DEL NUEVO TESTAMENTO

La evidencia en apoyo del Nuevo Testamento es aún más convincente que para el Antiguo
Testamento. Hay tres categorías de esta evidencia: manuscritos antiguos, versiones antiguas y citas
de «los padres de la iglesia». Los manuscritos, las versiones y las citas del Nuevo Testamento exis-
ten en decenas de millares. Ya se han relacionado tres de los más grandes fuentes para el examen
del crítico textual —Códice Sinaítico, Códice Alejandrino y Códice Vaticano. Un examen de estos
manuscritos, más las versiones y citas del Nuevo Testamento, eliminará cualquier duda acerca de la
exactitud del texto de nuestros días.
Tenemos que tener presente que los libros o epístolas del Nuevo Testamento no fueron es-
critos al mismo tiempo ni reunidos en un solo libro en el tiempo en que fueron redactados. Cuando
los libros o cartas fueron escritos fueron copiados individualmente a través de los años y finalmente
fueron reunidos como los veintisiete libros del Nuevo Testamento. Tenemos también que recordar
que cada libro era considerado inspirado en el momento de ser redactado. Estos documentos no fue-
ron reunidos como canon del Nuevo Testamento sino hasta muchos años después de su redacción.
Pero fueron recibidos como autorizados por parte de aquellos que al principio los recibieron y leye-
ron. F. F. Bruce dice correctamente:

Los primeros concilios eclesiásticos que clasificaron los libros canónicos tu-
vieron lugar en el norte de África: en Hippo Regius en el 393 y en Cartago en el 397;
pero estos concilios no impusieron nada nuevo sobre las comunidades cristianas sino
que codificaron lo que era ya la práctica general de estas comunidades.96

Los libros del Nuevo Testamento no fueron hechos inspirados por un concilio humano, sino
que fueron inspirados por Dios en el momento en que fueron redactados. Pablo escribió: «Si alguno
se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor». Esta
afirmación era verdadera en el momento en que fue redactada, cientos de años antes de la ratifica-
ción de los libros del Nuevo Testamento por concilio humano. Cuando Dios daba a conocer que
éste o aquél era un apóstol o profeta inspirado —esto se hacía mediante manifestaciones milagro-
sas— también se consideraba inspirado lo que escribió el apóstol o profeta.

96
F.F Bruce: The New Testament Documents (Grand Rapids, Mich., Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1965), pág. 27.

Página 63
UN EXAMEN DE LA EVIDENCIA

Examinemos ahora algunas de las evidencias que se mantienen en apoyo de nuestro texto
del Nuevo Testamento. Este estudio es una ciencia por sí misma. Pero, desafortunadamente, aquí
tenemos espacio sólo para presentar brevemente lo que esta área involucra. Sin embargo, un mero
examen superficial de este campo es suficiente para darnos información acerca de la exactitud del
texto del Nuevo Testamento.

A. Antiguos manuscritos del Nuevo Testamento


Un manuscrito es una copia de un documento antiguo en su lengua original. Cifras recientes
afirman que hay al menos 5.285 manuscritos (fragmentos, porciones o documentos completos) del
Nuevo Testamento. Pero esta cifra sigue creciendo al irse descubriendo nuevos manuscritos. Nin-
gún documento de la antigüedad puede compararse con el apoyo textual que tiene el texto del Nue-
vo Testamento. Estas 5.285 evidencias en apoyo del texto del Nuevo Testamento pueden dividirse
de la siguiente manera:

1. 81 papiros: Casi todos estos se originaron en Egipto. Estos manuscritos sobre papiro
datan entre los siglos segundo y octavo y representan a todos los veintisiete libros del
Nuevo Testamento.
2. 267 Unciales (escritos en mayúsculas, sin espaciado entre las letras o párrafos): Mu-
chos de los unciales sobreviven sólo en fragmentos. La mayor parte de ellos datan
entre los siglos cuarto o undécimo.
3. 2.764 Cursivos (escritos en minúsculas): La mayor parte de los cursivos datan entre
el siglo noveno y diecisiete.
4. 2.143 Leccionarios:97 Los leccionarios son formas u órdenes escritas de culto que
contienen varias citas de las Escrituras. La mayor parte de estos leccionarios datan de
entre los siglos tercero y diecisiete.
5. 30 Óstraca: Los óstracas son trozos rotos de cerámica con porciones o citas de las
Escrituras escritos en ellos.

De los anteriores manuscritos, muchos nos remontan a dentro de unos pocos siglos del au-
tógrafo original. Otros, asombrosamente, a unos pocos años del original. Aquí se da una relación de
sólo una fracción de los manuscritos más importantes con sus fechas y contenido.

1. Papiro de John Ryland.


a. Fecha: 125-140 d.C. (El más antiguo manuscrito del Nuevo Testamento).
b. Contenido: Fragmento del evangelio de Juan: Jn 18:31-33, 37. 98
2. Papiro Chester Beatty:
a. Fecha: Alrededor del 200 d.C.
b. Contenido: Epístolas de Pablo, excepto Filemón, 1 y 2 Timoteo, 2 Tesalonicenses,
Tito y partes del Apocalipsis. Contiene también partes del Antiguo Testamento.
3. Papiro Bodmer II:
a. Fecha: Alrededor del 200 d.C.
b. Contenido: Los registros evangélicos y los primeros catorce capítulos de Juan. Desde
97
Ésta y las anteriores cifras han sido tomadas de Kurt Aland: «The Greek New Testament: Its Present and Future Editions», Journal of Biblical
Literature (June 1968), LXXXVII, pág. 184.
98
En la actualidad hay fragmentos más antiguos del Nuevo Testamento, descubiertos en la Cueva 7 de Qumrán, fechados antes del año 170 d.C., y
correspondientes a pasajes de Marcos, Hechos, Romanos, 1 Timoteo, Santiago, 2 Pedro. Ver Vila-Escuain, «Qumrán», Nuevo Diccionario Bíblico
Ilustrado, págs. 980-981, CLIE, Terrassa, 1985.
Véase también el capítulo LOS DESCUBRIMIENTOS DEL QUMRÁN, por Josep O’Callaghan, páginas 111-128 del libro: «¿CÓMO LLEGÓ LA
BIBLIA HASTA NOSOTROS?» (Pedro Puigvert, Comp.).

Página 64
los capítulos 15 al 21 en fragmentos
4. Papiro Bodmer VII, VIII:
a. Fecha: Principios del siglo tercero.
b. Contenido: Fragmentos de Lucas y de Juan.
5. Chester Beatty:
a. Contenido: Alrededor del 200 d.C.
b. Contenido: Partes de las epístolas de Pablo.
6. Barcelona:
a. Fecha: Alrededor del 200 d.C.
b. Contenido: Parte de los registros evangélicos.
7. Oxford y Barcelona:
a. Fecha: Alrededor del 200 d.C.
b. Contenido: Parte de los registros evangélicos.

Lo anterior nos da una idea de los manuscritos básicos con los que tiene que ver el crítico
textual.

Página 65
Página 66
Lección 6.º

© Vila - Escuain
Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado
Editorial Clíe, pp. 135-140
(Transcrito con autorización de la Editorial)

Página 67
99
EL CANON DE LA BIBLIA
Canon (caña, regla).100 Este término tiene diversos sentidos: 1 Cual-
quier regla o vara que sirva para medir (p. ej.: el nivel de un albañil). 2. En
sentido figurado, modelo que permite fijar las normas, específicamente de los
libros clásicos; guía, norma (Gálatas 6:16; Filipenses 3:16). 3. Doctrina cris-
tiana ortodoxa, en contraste con la heterodoxia. 4. Las Escrituras considera-
das como norma de fe y de conducta. El término procede del griego. Los Pa-
dres de la Iglesia fueron los primeros que emplearon esa palabra en el 4º sen-
tido, pero la idea representada es muy antigua. Un libro que tiene derecho a estar incluido dentro de
la Biblia recibe el nombre de «canónico»; uno que no posea este derecho es dicho «no canónico»; el
derecho a quedar admitido dentro de la Escritura es la «canonicidad». 5. El canon es también la lista
normativa de libros inspirados y recibidos de parte de Dios. Cuando hablamos del canon del Anti-
guo Testamento o del Nuevo Testamento, hablamos en este sentido.

El canon del Antiguo Testamento. Los documentos literarios con autoridad en Israel se mul-
tiplicaron poco a poco, y fueron celosamente conservados. Tenemos ejemplos de esta redacción de
los libros santos. La ley fundamental de los Diez mandamientos escritos sobre tablas de piedra fue
depositada dentro del arca (Éxodo 40:20). Estos estatutos figuran en el libro del pacto (20:23 —
23:33; 24:7). El libro de la Ley, redactado por Moisés fue guardado al lado del arca (Deuteronomio
31:24-26). Josué adjuntó lo que él había escrito (Josué 24:26). Samuel consignó el derecho de los
reyes en un libro que puso ante el Señor (1 Samuel 10:25). Bajo Josías, se encontró, durante las
obras de restauración del templo, el libro de la Ley de Jehová. El rey, los sacerdotes, los profetas, y
el pueblo reconocieron su autoridad y antigüedad (2 Reyes 22:8-20); se hicieron copias de esta ley,
según la orden dada en Deuteronomio 17:18-20). Los profetas dejaron escritas sus propias palabras
(p. ej.: Jeremías 36:32), tomaban notas recíprocas, y las citaban como autoridades (Esdras 3:2-4; Cf.
Miqueas 4:1-3). Se reconocía la autoridad de la ley y de las palabras de los profetas, escritos inspi-
rados por el Espíritu de Dios, y celosamente preservados por Jehová (Zacarías 1:4; 7:7, 12).
En los tiempos de Esdras, la Ley de Moisés, que comprendía los 5 libros de Moisés, circula-
ba bajo la forma de parte de las Sagradas Escrituras; Esdras poseía una copia (Esdras 7:14), y era un
escriba erudito en la ley divina (7:6). El pueblo le pidió una lectura pública de este libro (Nehemías
8:1, 5, 8). Por aquella misma época antes de consumarse la separación entre los judíos y los samari-
tanos, el Pentateuco fue llevado a Samaria. Jesús Ben-Sirach da testimonio de que la disposición de
los profetas menores en un grupo de 12 estaba ya implantada hacia en año 200 a.C. (Eclesiástico
49:12). En otro pasaje sugiere que Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los
Doce formaban un gran conjunto, que constituía la segunda parte del canon hebreo. Ya en el 132
a.C. se afirma la existencia de la triple división de las Escrituras: «La ley, los profetas, y los otros
escritos análogos»; o también «la ley, los profetas, y los otros libros», o «la ley, las profecías, y el
resto de libros». Ya en la misma época se disponía de la versión griega LXX. Un escrito que data de
alrededor del 100 a.C. menciona «los libros sagrados que poseemos» (1 Macabeo 12:9). Filón de
Alejandría (un judío nacido el 20 a.C. y que murió durante el reinado de Claudio) tenía la lista con-
temporánea de los escritos del Antiguo Testamento. Dio cita de casi todos los libros del Antiguo
Testamento, pero no menciona ni uno de los apócrifos.
En el Nuevo Testamento se habla de las «Escrituras» como un cuerpo bien determinado de
documentos autorizados (Mateo 21:42; 26:56; Marcos 14:19-21; Juan 10:35; 2 Timoteo 3:16). Son
Escrituras Santas (Romanos 1:2; 2 Timoteo 3:15). Constituyen los oráculos de Dios (Romanos 3:2;

99
El alumno debe de estudiar este tema conjuntamente con el capítulo REVELACIÓN, INSPIRACIÓN Y CANON DE LAS ESCRITURAS, por José Grau,
páginas 129-172 del libro: «¿CÓMO LLEGÓ LA BIBLIA HASTA NOSOTROS?» (Pedro Puigvert, Comp.)
100
Se le recomienda al alumno que profundice en el tema leyendo el estupendo libro de F.F. Bruce: EL CANON DE LA ESCRITURA, Editorial Clíe.

Página 68
Hebreos 5:12; 1 Pedro 4:11). El Nuevo Testamento menciona una triple división del Antiguo Testa-
mento: «La ley de Moisés, los Profetas, y los Salmos» (Lucas 24:44). A excepción de Abdías,
Nahum, Esdras, Nehemías, Ester, Cantar de los Cantares y Eclesiastés, el Nuevo Testamento da cita
de todos los otros libros del Antiguo Testamento, o hace alusión a ellos. Josefo, contemporáneo del
apóstol Pablo, escribiendo hacia el año 100 de nuestra Era, y hablando en favor de su nación, dice:
«No tenemos más de 22 libros que contienen los relatos de toda la historia antigua, y que son justa-
mente considerados como divinos». Josefo afirma de una manera bien enérgica la autoridad de estos
escritos. Todos los acontecimientos desde la época de Artajerjes hasta nuestros días han sido con-
signados, pero los anales recientes no gozan del crédito de los precedentes debido a que no ha exis-
tido una línea ininterrumpida de profetas. He aquí una prueba positiva acerca de nuestra actitud con
respecto a las Escrituras. Después de muchos siglos, nadie se ha atrevido a añadir ni a quitar nada,
ni a modificar el contenido, ya que para todos los judíos ha venido a ser cosa natural, desde su más
temprana juventud, el creer que estos libros contienen enseñanzas divinas, el persistir en ellas y, si
ello es necesario, morir voluntariamente por ellas.101 Josefo divide la Escritura en tres secciones, y
dice: 1. «Cinco libros son de Moisés; contienen sus leyes y las enseñanzas acerca del origen de la
humanidad; tienen su conclusión con la muerte de Moisés». 2. «Los profetas que vinieron después
de Moisés consignaron en 13 libros, hasta Artajerjes, los acontecimientos de sus tiempos». Es indu-
dable que Josefo seguía la disposición de la LXX y la nomenclatura de los alejandrinos. Los 13 li-
bros son probablemente Josué, Jueces con Rut, Samuel, los Reyes, las Crónicas, Esdras con Nehe-
mías, Ester, Job, Daniel, Isaías, Jeremías con las Lamentaciones, Ezequiel, y los Doce Profetas Me-
nores. 3. «Los cuatro libros restantes contienen himnos a Dios, y preceptos de conducta». Éstos eran
seguramente los Salmos, el Cantar de los Cantares, los Proverbios, y el Eclesiastés.
Hasta aquí los hechos. Pero una tradición contemporánea decía también que el canon había
estado establecido en tiempos de Esdras y de Nehemías. Josefo, ya citado, expresa la convicción ge-
neral de sus compatriotas: después de Artajerjes, esto es, a partir de la época de Esdras y Nehemías,
no se había añadido ningún libro. Una ridícula leyenda, que data de la segunda parte del siglo I de la
Era cristiana, afirmaba que Esdras restableció por revelación toda la ley e incluso todo el Antiguo
Testamento (ver el libro apócrifo 4 Esdras 14:21, 22, 40), debido a que, se afirma, habían aparecido
todas las copias guardadas en el templo. En todo caso, lo que esta leyenda apoya es que los judíos
de Palestina, en esta época, contaban con 24 libros canónicos (24 + 70 = 94). Un escrito de fecha y
autenticidad dudosa, redactado posiblemente alrededor del 100 a.C. (2 Macabeo 2:13) habla de Ne-
hemías como fundador de una biblioteca, donde hubiera recogido «los libros de los reyes y de los
profetas, y de David; y las cartas de las donaciones de los reyes (de Persia).» Ireneo menciona otra
tradición: «Después de la destrucción de los escritos sagrados, durante el exilio, bajo Nabucodono-
sor, cuando los judíos, 70 años más tarde, habían vuelto a su país, en los días de Artajerjes, Dios
inspiró a Esdras, el sacerdote, que pusiera en orden todas las palabras de los profetas que habían
sido antes que él, y que restituyera al pueblo la legislación de Moisés». Elías Levita, escribiendo en
el año 1538 d.C., expresa de esta manera la opinión de los suyos: «En la época de Esdras, los 24
libros no hubieran sido todavía reunidos en un solo volumen. Esdras y sus compañeros los recopila-
ron en tres partes: «La ley, los profetas y los hagiógrafos». Esta uniforme tradición contiene una
parte de verdad. Hubo un momento en que cesó la revelación del Antiguo Testamento. La tradición
fija este tiempo en la época de Esdras, pero no está necesariamente atado a ella para el estableci-
miento de la fecha de redacción de ciertos libros, p. ej.: de Nehemías y de las Crónicas. Así, es tam-
bién interesante, considerar el final de la inspiración del Antiguo Testamento, así como su comien-
zo.
1. El Pentateuco, obra de Moisés, da la ley fundamental de la nación, constituyendo una sec-
ción del canon: era conveniente, a causa de su situación cronológica y fundamental, que ocupara el
primer lugar en el canon. 2. Los Profetas eran los autores de los libros asignados a la 2.ª sección: así
101
Josefo: Contra Apión, 1:8.

Página 69
lo indicaban su cantidad y carácter. Eran ocho estos libros: los Profetas anteriores: Josué, Jueces,
Samuel y Reyes; los Profetas posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel, y los Doce. 3. Los Salmos y
Proverbios constituyen el núcleo de la 3.ª sección. Estos escritos tenían dos características: se tra-
taba de poesía cuyos autores no eran profetas en el sentido absoluto de la palabra; a los libros de
esta 3.ª sección se adjuntaron todos los escritos análogos de autoridad indiscutida. Debido a que
había sido escrita en forma poética, se incluyó en esta sección la oración de Moisés, el Salmo 90,
aunque había sido escrita por un profeta. De la misma manera, Lamentaciones, que había sido re-
dactado por un profeta, pero obra poética, fue situado en la tercera sección del canon hebreo. Hay
otra razón que explica que Lamentaciones fuera separado del libro de Jeremías. Durante el aniversa-
rio de la destrucción de los dos templos se leía el libro de Lamentaciones; a esto se debe que fuera
incluido con cuatro libros de pequeñas dimensiones. El Cantar de los Cantares, Rut, Eclesiastés y
Ester, leídos en otros cuatro aniversarios. Constituye los cinco rollos denominados Megilloth. El
libro de Daniel fue situado en esta sección debido a que su autor, aunque dotado del don de profe-
cía, no tenía una misión de profeta. Es muy probable que un sacerdote, y no un profeta, escribiera el
libro de las Crónicas. Por ello es que sería situado en la tercera sección. No es por el simple hecho
de su tardía redacción que se explica la colocación de Crónicas en esta tercera sección. En efecto,
hay libros y secciones de libros de esta tercera sección que datan de fechas anteriores a Zacarías y
Malaquías, pertenecientes a la segunda sección. Es preciso añadir que en tanto que se había deter-
minado de una manera definitiva el contenido de las diferentes partes del canon, el orden de los
libros de la tercera sección varía con el tiempo. El Talmud dice además que dentro de la segunda
sección, Isaías se encuentra entre Ezequiel y los Profetas Menores. Los cuatro libros proféticos,
Jeremías, Ezequiel, Isaías, y los Profetas Menores fueron evidentemente colocados por orden de
tamaño. Al final del siglo I de nuestra era se discutía aún el lugar dentro del canon de varios libros
de la tercera sección. No era asunto de discusión que estos libros formaran parte del canon; lo que
se discutía era la relación que tenían entre sí; pero es probable que estos debates no sirvieran para
otra cosa que para exhibiciones de oratoria. La intención no era en absoluto la de sacar ningún libro
del canon, sino la de demostrar el derecho al lugar que ya ocupaba.

El canon del Nuevo Testamento. La iglesia primitiva recibió de los judíos la creencia en una
norma escrita con respecto a la fe. Cristo mismo confirmó esta creencia, al invocar el Antiguo Tes-
tamento como Palabra escrita de Dios (Juan 5:37-47; Mateo 5:17-18; Marcos 12:36-37; Lucas
16:31); al emplearlo para instruir a Sus discípulos (Lucas 24:45). Los apóstoles se refieren frecuen-
temente a la autoridad del A.T. (Romanos 3:2, 21;15:4; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:21). Los
apóstoles reclamaron a continuación, para sus propias enseñanzas, orales y escritas, la misma auto-
ridad que la del A.T. (1 Corintios 2:7-13; 14:37; 1 Tesalonicenses 2:13; Apocalipsis 1:3); ordenaron
la lectura pública de sus epístolas (1 Tesalonicenses 5:27; Colosenses 4:16-17; 2 Tesalonicenses
2:15; 2 Pedro 1:15; 3:1-2); las revelaciones dadas a la iglesia por medio de los profetas eran consi-
deradas como constitutivas, con la enseñanza de los apóstoles, base de la iglesia (Efesios 2:20). Así,
era justo y normal que la literatura del NT fuera añadida a la del A.T., y que el canon de la fe esta-
blecido hasta aquel entonces se viera aumentado. El NT mismo nos permite señalar el inicio de es-
tas adiciones (1 Timoteo 5:18; 2 Pedro 3:1, 2, 16). En las generaciones posteriores a la apostólica,
se fueron reuniendo poco a poco los escritos que se sabía tenían autoridad apostólica, llegando a
formar la segunda mitad del canon de la Iglesia, y al final llegaron a recibir el nombre del Nuevo
Testamento. Desde el comienzo, la apostolicidad constituía la prueba de que un libro tenía derecho
a figurar dentro del canon; ello significa que los apóstoles habían ratificado su transmisión a la igle-
sia, siendo que el libro había sido escrito por uno de ellos, o que estaba cubierto por su autoridad.
Era la doctrina apostólica. Tenemos numerosas pruebas de que a lo largo de los siglos II y III se
fueron reuniendo bajo este principio los libros del Nuevo Testamento; no obstante, por diversas
razones, la formación del conjunto fue haciéndose lentamente. Al principio algunas iglesias sola-

Página 70
mente reconocieron la autenticidad de ciertos libros. No fue sino hasta que el conjunto de los cre-
yentes del imperio romano tomó conciencia de su unidad eclesial que se admitió universalmente la
totalidad de los libros reconocidos como apostólicos dentro de las diversas fracciones de la Iglesia.
El proceso de reunión de libros no fue precisamente estimulado por el surgimiento, posterior, de
herejías y de escritos apócrifos que se atribuían falsamente la autoridad apostólica. Pero, en tanto
que la coordinación entre las iglesias era lenta, no importaba que una iglesia no admitiera un libro
en el canon, a no ser que lo considerara apostólico. La doctrina de los apóstoles era la norma de la
fe. Eran sus libros los que se leían en el culto público. Descubrimos que al principio del siglo II se
les llamaba, sin reservas de ningún tipo, «las Escrituras»102; se admitían los escritos de Marcos y de
Lucas porque estaban apoyados por la autoridad de Pedro y de Pablo; se escribían comentarios
acerca de estos libros, cuyas afirmaciones y fraseología conformaron la literatura de la época poste-
rior a la apostólica. Los hechos posteriores, dignos de toda atención, muestran a qué ritmo se fue
formando la colección de libros como un todo. Desde el principio del siglo II los 4 Evangelios habí-
an sido recibidos por todos, en tanto que, según 2 Pedro 3:16 los lectores de esta epístola conocían
ya una colección de cartas de Pablo. Ya entonces se empleaban los términos «Evangelios» y «Após-
toles» para designar las dos secciones de la nueva colección. Asimismo, la canonicidad de Hechos
ya estaba reconocida dentro de la primera mitad del siglo II. Es verdad que ciertas secciones de la
Iglesia discutieron algunos libros, pero ello también muestra que su final admisión en el canon estu-
vo basada en pruebas suficientes. La iglesia en Siria, en el siglo II, había admitido todo el Nuevo
Testamento, como lo tenemos ahora, a excepción del Apocalipsis, la 2ª epístola de Pedro, las 2ª y 3ª
de Juan. La iglesia de Roma reconocía el NT a excepción de la epístola a los Hebreos, las epístolas
de Pedro, Santiago y la 3ª de Juan. La iglesia en el norte de África reconocía también todo el NT, a
excepción de Hebreos, 2ª Pedro, y quizás Santiago. Estas colecciones no contenían así más que los
libros oficialmente aceptados dentro de las respectivas iglesias, lo cual no demuestra que los otros
escritos apostólicos no fueran conocidos. Por lo demás, se llegó a la unanimidad durante el siglo III
con algunas excepciones. En la época de los Concilios quedó adoptado universalmente el canon de
nuestro Nuevo Testamento actual. En el siglo IV diez Padres de la Iglesia y dos Concilios dieron
listas de libros canónicos. Tres de estas listas omiten el Apocalipsis, cuya autenticidad había queda-
do sin embargo bien atestiguada anteriormente. El Nuevo Testamento de las demás listas tiene el
contenido del actual.

Señalemos, a la luz de estos hechos:


1. A pesar de la lenta coordinación de los escritos del NT en un solo volumen, la creencia
en una norma escrita de la fe era el patrimonio de la iglesia primitiva y de los apóstoles. No implica
a causa de la historia de la formación del canon que se haya revestido de autoridad a una regla escri-
ta de la fe. Esta historia no revela más que las etapas que tuvieron lugar en el reconocimiento y reu-
nión de los libros que evidenciaban su pertenencia al canon. 2. Tanto los Padres como las iglesias
diferían en sus opiniones y prácticas en cuanto a la elección de los libros canónicos y en cuanto al
grado de autenticidad que justificaba la entrada de un escrito en el canon. Este hecho tan sólo sub-
raya, nuevamente, las etapas por las que se tuvo que pasar para hacer admitir poco a poco a la igle-
sia entera la canonicidad de los libros. Es también evidente que los cristianos de la iglesia primitiva
no aceptaron el carácter apostólico de los libros sino después de haberlos examinado con deteni-
miento. De la misma manera, se revisó oportunamente la aceptación ocasional de libros apócrifos o
pseudoepigráficos. 3. El testimonio de la historia nos da así una prueba de que los 27 libros del NT
son apostólicos. Esta convicción merece nuestra gozosa participación, sabiendo que nadie puede
probar que sea falsa. Con todo, está claro que no admitimos estos 27 libros meramente porque unos
Concilios hayan decretado su canonicidad, ni sólo porque tengamos a su favor el testimonio de la
historia. Su contenido, visiblemente inspirado por Dios, contiene una prueba interna a la que es sen-
102
Ep. de Policarpo 12; Ep. de Bernabé 4.

Página 71
sible nuestra alma, al recibir de Él la iluminación y la convicción. Por el testimonio interno del Es-
píritu, tan cara a los Reformadores, recibe la firme certeza de la fe. Sabe, con la iglesia apostólica y
de los siglos ya idos, que Dios ha obrado un doble milagro al darnos Su revelación escrita. Inspiró
toda la Escritura y a cada uno de sus redactores sagrados (2 Timoteo 3:16). Además, dio a la iglesia
primitiva el discernimiento sobrenatural que necesitaba para reconocer los escritos apostólicos, y
descartar todas las imitaciones, fraudes y engaños, así como escritos buenos y edificantes, pero no
apostólicos ni inspirados. Esta obra se llevó a cabo con lentitud, con titubeos y retrasos, pero con-
duciéndola Dios a la perfección y a la unanimidad. Actualmente, el canon de las Escrituras está ce-
rrado, y la Biblia declara que nada se puede añadir ni quitar (Apocalipsis 22:18-19). 4. Una última
observación: el nombre «canon» no fue dado al conjunto de los libros sagrados antes del siglo IV.
Pero si este término, tan universal en la actualidad, no fue empleado al principio, la idea que repre-
senta, esto es, que los libros sagrados son la norma de la fe, era ya una doctrina de los apóstoles.

La concepción de la formación del canon que aquí se expone está íntimamente unida a la fe
evangélica, con la que concuerda la ciencia positiva, que nos hace aceptar los libros de la Biblia a
causa de su inspiración divina, como ya de principio fuente de autoridad y parte integrante del ca-
non. Evidentemente, es muy diferente para los que rechazan la autenticidad y la veracidad de estos
libros. Según los críticos hostiles a la Biblia, Moisés no escribió sus libros; las «profecías» (las de
Daniel y de la última parte de Isaías, p. ej.) hubieran sido redactadas mucho tiempo después de la
época de estos grandes hombres de Dios, posiblemente muy cerca de la época de Jesucristo. Se
comprende fácilmente que los partidarios de estas especulaciones abandonen las evidencias anti-
guas de la Iglesia y de la Sinagoga con respecto a la formación del canon. Y las especulaciones de
los críticos hostiles a la Biblia no tienen más base que sus deseos de estar en lo cierto, en tanto que
la historia de la formación del canon, tanto del Antiguo Testamento como la del Nuevo, reposa so-
bre unas bases firmes y fidedignas de autenticidad y realidad.

Los estudiantes que deseen profundizar en el estudio de este tema pueden consultar, entre
otras obras, las siguientes:

F.F. BRUCE, ¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?, Miami, Editorial Caribe.
F.F. BRUCE, El Canon de la Escritura, Terrassa, Editorial Clíe
H.E. DANA, El Nuevo Testamento ante la crítica, El Paso, Casa Bautista de Publicaciones.
J. GRAU, El Fundamento Apostólico, Barcelona, Ediciones Evangélicas Europeas.
B.F. WESTCCOTT: El Canon de la Sagrada Escritura, Terrassa, Editorial Clíe

Página 72
Lección 7.º

© Vila - Escuain
Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado
Editorial Clíe, pp. 66-68
(Transcrito con autorización de la Editorial)

Página 73
LIBROS APÓCRIFOS. Griego apokrypha, «escondidos». Este término se aplica a un número
de libros y escritos que aparecen en la versión griega de los LXX, pero que no aparecen en la Biblia
hebrea. Posteriores casi todos ellos al siglo III a.C., pasaron de la LXX a la versión latina (Vulgata)
y a todas las versiones antiguas y modernas hasta comienzos del siglo XIX. La sinagoga no los con-
sideraba en absoluto inspirados.

Ciertos autores de los mismos libros les niegan toda inspiración (véase Prólogo de Eclesiás-
tico; 1 Macabeos 4:46; 9:27; 2 Macabeos 15:38-39). No forman parte del canon judío. Jesús no los
cita jamás, y tampoco los apóstoles. A ello se suman razones espirituales, por el desfavor con que se
vieron acogidos estos libros. En el siglo IV, el mismo traductor de la Biblia latina, Jerónimo, desca-
lificó el conjunto de libros introducidos por la LXX como parte del A.T.. Los apócrifos no se distin-
guen en absoluto por su valor espiritual; el soplo profético brilla por su ausencia, y muchas de las
doctrinas que allí se expresan, contradicen la doctrina del canon hebreo y la del NT, como la inter-
cesión de los ángeles y de los santos (Tobías 12:12; 2 Macabeos 15:14; Baruc 3:4), la redención de
las almas después de la muerte (2 Macabeo 12:42, 46), etc.

La Iglesia de Roma ha preferido seguir el criterio de Agustín de Hipona al de Jerónimo, y


considera como canónicos todos los libros admitidos por la LXX y la Vulgata, exceptuando 3 y 4
Esdras y la Oración de Manasés, según decisión dogmática adoptada en el Concilio de Trento
(1546) y confirmada en el Concilio Vaticano I (1870). En cambio, la Reforma se adhirió a los pun-
tos de vista de Jerónimo. En su versión alemana de la Biblia, Lutero los rechazó de las páginas del
A.T., situándolos agrupados entre el A.T. y el NT, con la siguiente nota: «Libros que no deben ser
considerados iguales a las Sagradas Escrituras, pero que no obstante son útiles y buenos para ser
leídos».

La Confesión de fe de Westminster (1643) declara: «Los libros llamados Apócrifos no son


divinamente inspirados, ni forman parte del Canon de las Escrituras, no teniendo tampoco autoridad
alguna en la Iglesia de Dios. No hay que considerarlos más que a otra clase de escrito humano».
David Martín escribía, por su parte, en 1707, en el prefacio a los Apócrifos: «Estos libros son leídos
por muy pocas personas, y a excepción del Eclesiástico, Sabiduría, el libro primero de Macabeos y
el capítulo 7 del segundo, el resto apenas si vale la pena de leer». Fue en 1826 que la Sociedad Bí-
blica Británica y Extranjera tomó la resolución de excluir todos los libros apócrifos de sus edicio-
nes. Esta decisión, sin embargo, se ha visto revocada a partir del año 1968, cuando las Sociedades
Bíblicas Unidas se comprometieron a una cooperación con Roma. Fruto de ello fue la traducción
llamada Dios habla hoy, o también Dios llega al hombre; para esta versión, en las ediciones de con-
sumo católico, las Sociedades Bíblicas Unidas incluyen los libros apócrifos, quebrantando así una
larga tradición de imprimir sólo la Palabra de Dios sin añadiduras.

Clasificación: Los apócrifos se pueden clasificar de la siguiente manera, siguiendo su carác-


ter literario: (1) Relatos históricos: 1 y 2 Macabeos. (2) Obras patrióticas: Macabeos, Tobías, Judit,
Adiciones a Ester, 3 Esdras, Susana, Bel y el Dragón. Estos dos últimos son adiciones a Daniel. (3)
Escritos líricos y místicos: Oración de Azarías (adición a Daniel), Oración de Manasés, Baruc,
Epístola de Jeremías. (4) Libros morales y religiosos: Eclesiástico (o Sabiduría de Jesús, hijo de Si-
rach), Sabiduría de Salomón. El libro 4 de Esdras y el de 4 Macabeos forman parte de los pseudoe-
pígrafos; se trata de un conjunto de escritos judeocristianos que pertenecen al mismo grupo que los
apócrifos, pero que han sido mantenido siempre fuera de toda pretensión de canonicidad; se presen-
tan generalmente bajo el nombre de un personaje célebre. A diferencia de los libros canónicos del
A.T., escritos en hebreo con la excepción de unos cortos pasajes en arameo, los apócrifos están es-
critos en griego. De todas maneras, se debe señalar que Judit, Eclesiástico, Baruc 1 a 3:8 y 1 Maca-

Página 74
beos fueron primitivamente redactados en hebreo.

APÓCRIFOS DEL NUEVO TESTAMENTO. No existe virtualmente controversia en la


cristiandad acerca del canon del NT, comprendido por los veintisiete libros conocidos. Los escritos
apócrifos que, como tales, no recibieron entrada en el canon del Nuevo Testamento, se pueden cla-
sificar así:

(1) Evangelios apócrifos. De carácter herético, se pueden mencionar el Evangelio de los


Ebionitas, el de los Egipcios, el de Marción, el de Pedro, el de los Doce Apóstoles y el de Bernabé
y Bartolomé; de carácter legendario y fantasioso, se conocen el Protoevangelio de Santiago, el
Pseudo-Mateo, La Natividad de María, el Evangelio de José el Carpintero, la Dormición de María,
el Evangelio de Tomás, el de la Infancia, el de Pedro y el de Nicodemo.
Lo anterior no agota el catálogo, sino que es tan sólo una muestra de la gran variedad de
escritos que se difundieron en los primeros siglos. Sus fechas de redacción oscilan desde el segundo
siglo hasta el quinto, y su contenido va desde adiciones legendarias y fantasiosas a historias irreve-
rentes y descabelladas, como en el «Evangelio de Tomás». Se cuentan fantasías como aquella en la
que el Niño hace unos pájaros de barro, a los que da vida, con lo que estos se lanzan a volar, y cómo
el Niño con Su poder hizo morir a otro niño que le había contrariado. En estas historias se narran
hechos absurdos y totalmente alejados del elevado carácter que se hace patente en todas las maravi-
llas y obras obediente del Señor en los Evangelios canónicos. Ello muestra la decadencia a la que
había llegado la cristiandad post-apostólica (Cf. la advertencia de Pablo en Hechos 20:28-31, etc.).
Otros escritos son lisa y llanamente heréticos en muchas doctrinas, incluyendo el docetismo (herejía
que pretendía que el cuerpo del Señor era una mera apariencia, y negaba la realidad de la Encarna-
ción); hay también libros cuyo fin es la glorificación y exaltación de María.

(2) Hechos apócrifos. Cabe mencionar: (a) los Hechos de Pablo, (b) de Pedro, (c) de Juan,
(d) de Andrés, (e) de Tomás. Novelescos, pero, peor aún, manchados con la herejía docetista, ex-
cepto el primero, y todos ellos defendiendo el ascetismo.

(3) Epístolas apócrifas. Incluyen varias pretendidamente escritas por la Virgen, una por el
mismo Señor, y otras por el apóstol Pedro (en las que hace un violento ataque contra Pablo; falsifi-
cación de evidente tendencia ebionita), de Pablo a Séneca, etc.

(4) Apocalipsis apócrifos, de los que se pueden mencionar los de Pedro, de Pablo, uno no
canónico de Juan, de Tomás y Esteban, e incluso uno de María.

***

PSEUDOEPÍGRAFOS.

Reciben este nombre los escritos judíos aparecidos en su mayor parte entre los años 150 a.C.
y 100 d.C., que no fueron admitidos en el canon del A.T. Su nombre se debe a que dan un nombre
falso de autor. Hay otros libros entre los apócrifos que son atribuidos a autores ficticios.
A continuación se da una relación de los escritos pseudoepigráficos que aparecen en la tra-
ducción de ellos publicados por Kautzch (Tubingen, 1900). Ciertos escritos clasificados como apó-
crifos figuran asimismo como pseudoepígrafos, y no son tratados aquí (véase apócrifos más arriba).
Se pasan por alto asimismo las obras carentes de valor religioso.

Página 75
Lista: (a) Leyendas: La carta de Aristeas, el Libro de los Jubileos, el Martirio de Isaías, (b)
Poesías: Los Salmos de Salomón. (c) Libros didácticos: el cuarto libro de Macabeos. (d) Apócrifos:
Los Oráculos Sibilinos, el libro de Enoc, la Asunción de Moisés, el cuarto libro de Esdras, los apó-
crifos de Baruc (uno sirio y otro griego), los Testamentos de los Doce Patriarcas, la Vida de Adán y
de Eva.
La carta de Aristeas. El autor se presenta como un alto dignatario de la corte de Egipto, y
como un gentil. Escribe a un amigo (Filócrates) para relatarle el origen de la versión griega de la
Biblia (LXX)

«El rey Ptolomeo II Filadelfo escribió al sumo sacerdote Eleazar para conseguir una traduc-
ción de la Ley de los judíos. Eleazar envió a Ptolomeo setenta y dos doctores (seis de cada tribu).
Después de haber cautivado al rey con su sabiduría durante un banquete en la corte, los doctores
fueron instalados en la isla de Faros, y se dispusieron a trabajar. Dedicaban ocho horas diarias a
ello, mientras que Demetrio de Falero, curador de la célebre biblioteca de Alejandría, consignaba
por escrito la traducción de la Biblia en la que los setenta y dos doctores mostraron una total unani-
midad. La tarea quedó finalizada en setenta y dos días».
Este relato es legendario. No puede provenir de un pagano, por cuanto la Ley queda muy
glorificada. Es evidente que no fue redactada a principios del siglo III a.C., porque el autor comete
graves errores acerca de la cronología de Ptolomeo II. Los detalles que da acerca de Palestina per-
miten llegar a la conjetura de que volvió alrededor del año 100 a.C., aunque ciertamente antes de
Filón y Josefo, por cuanto estos últimos se hicieron eco de esta leyenda.

Los Salmos de Salomón. Son dieciocho. Están redactados según las reglas del paralelismo
hebreo. Parece que deben ser atribuidos a un mismo poeta. Su celo por la Ley, y su hostil actitud
hacia la dinastía de los Asmoneos, así como sus esperanzas mesiánicas, permiten ver en él a un
miembro de los hasidim, un grupo fervorosamente religioso anterior a los fariseos y con semejanzas
a ellos. La evidencia interna muestra que el autor no tenía la intención de hacer pasar sus poemas
como de Salomón. Es evidente que este nombre fue añadido posteriormente. El motivo que le mo-
vió a escribir fue la brutal profanación del Templo por parte del impío Pompeyo en el año 63 a.C.
A esta obra se le ha asignado una fecha más antigua al ver en el hombre maldito que el poeta
señala, no a Pompeyo, sino a Antíoco Epifanes. Entonces, los reyes malvados no serían los asmo-
neos, sino los seléucidas. Pero esta hipótesis hace violencia a la evidencia interna de la obra, y pro-
voca más problemas de los que pretende resolver. La opinión más verosímil es la que sitúa su redac-
ción poco después del año 63, o incluso después de la muerte de Pompeyo, sobrevenida el 48 a.C.
Estos dieciocho salmos, a excepción del primero, llevan, como ya se ha señalado, un enca-
bezamiento con el nombre de Salomón. Escritas en griego, dan evidencia de su original redacción
en hebreo. Su época de redacción es suficiente para descartar cualquier origen salomónico. Esta
obra había desaparecido totalmente hasta que se descubrió un manuscrito en el siglo XVII, siendo
entonces publicado. Recientemente se ha hecho un descubrimiento análogo, aunque de fecha indu-
dablemente más tardía, las Odas de Salomón. Es una recopilación de cánticos y oraciones: catorce
fragmentos (siete de ellos procedentes del A.T., tres de los apócrifos, dos del NT, y un último frag-
mento de aire novotestamentario, aunque de redacción independiente: se trata de una acción de gra-
cias y oración a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo). Se halla en algunos manuscritos (alejandrino) y
en ediciones de la LXX (Swete).

Cuarto libro de los Macabeos. Se trata de una obra didáctica, especie de disertación filosó-
fica destinada a mostrar la superioridad de la razón sobre las pasiones. La argumentación se basa
sobre la historia judía. El autor amplía considerablemente el relato de 2 Macabeos 6—7 (el martirio
de Eleazar y el de la madre con sus siete hijos). 5/6 de la extensión del libro están dedicadas a este

Página 76
relato. De ahí su nombre de 4 Macabeos.
Esta obra fue redactada en griego, pero se dirige a los judíos. Su autor predica la obediencia
a la Ley. Cree en la supervivencia del alma. Parece anterior al 70 d.C. Se señalan diversos lugares
de redacción, siendo los más favorecidos Egipto y Antioquía de Siria, donde se hallaban las tumbas
de los mártires macabeos. La atribución que se hace de esta obra a Josefo, sostenida por Eusebio de
Cesarea, carece de fundamento.

Página 77
Página 78
Lección 8.º

© Vila-Escuain:
Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado
Editorial Clíe, pp. 711-716
(Transcrito con autorización de la Editorial)

Página 79
MANUSCRITOS BÍBLICOS

Los manuscritos son escritos hechos a mano sobre pergaminos de piel de cordero, de cabra o
de asno. Los manuscritos del Antiguo Testamento o del Nuevo Testamento son copias de los docu-
mentos originales.

Manuscritos del Antiguo Testamento


La primera parte de la Biblia. La Biblia hebraica tiene exactamente el mismo número de
libros que las versiones que conocemos comúnmente, esto es, las que excluyen los libros no canóni-
cos (los apócrifos). Sin embargo, están distribuidos de manera diferente. Los manuscritos del A.T.
están escritos en hebreo, a excepción de unos pocos pasajes en arameo (Esdras 4:8—6:18; 7:12-26;
Jeremías 10:11; Daniel 2:4—7:28). El alfabeto hebreo cuadrado es posterior al exilio babilónico, y
procede del arameo. La transición de los caracteres antiguos a los cuadrados se hizo de manera gra-
dual. El hebreo primitivo carecía de vocales, pero al dejar de ser una lengua hablada, los escribas
judíos, especialmente los residentes en la zona de Tiberíades, fijaron la pronunciación mediante
unos signos especiales de vocalización, en base a la pronunciación tradicional. De esta manera que-
dó fijado el texto alrededor del siglo VII y X d.C. Estos escribas reciben el nombre de masoretas
(de massorah, tradición). Es por ello que el texto así fijado se denomina “masorético”. Inventaron
asimismo un sistema de acentos y una forma de separar o unir las palabras. Las escuelas judías de
Babilonia adoptaron otra notación para las vocales, llevando a la misma pronunciación. La puntua-
ción de la Escuela Babilónica se situaba por encima de las líneas. Ya en una época remota era fre-
cuente separar las palabras mediante el punto o el intervalo (cfr. para el punto la Estela de Moab y
la inscripción de Siloé; para el intervalo, la Estela de Carpentras, probablemente. del siglo IV a.C.).
Indudablemente, había manuscritos hebreos en los que las palabras estaban separadas de una mane-
ra análoga. Las normas talmúdicas con respecto a la copia de los manuscritos ordenan que se deje
entre cada palabra el espacio correspondiente a una letra.
Los judíos han dividido el texto hebreo de los libros de Moisés en 54 secciones o perícopas
sabáticas leídas en el culto de la sinagoga en un año. La 1.ª sección abarca Génesis 1:1—6:8; la 2.ª
6:9—11:32, y así sucesivamente. Estas secciones, bastante largas, se dividen a su vez en sub-
secciones. Así, el relato del diluvio (6:9—9:17) se subdivide de la siguiente manera: Introducción
(6:9-12); el arca, el diluvio (6:9—8:14); salida del arca, sacrificio, bendición e instrucciones divi-
nas (8:15—9:7); el pacto del arco iris (9:8-17).
La numeración de los versículos se encuentra por primera vez en la Biblia hebrea de Bom-
berg (1547), que indica en el margen cada 5.º v. mediante las letras del alefato hebreo empleadas
numéricamente. Arias Montano publicó en Amberes, en 1571, una Biblia hebrea con traducción in-
terlineal latina. En esta edición introdujo la división del texto hebreo en capítulos. En el margen in-
trodujo la numeración de los versículos con cifras arábigas.

Página 80
El texto hebreo del A.T. nos ha sido transmitido intacto de manera que lo podemos verificar
hasta el siglo II de la era cristiana y, desde los descubrimientos de Qumrán, su gran exactitud de
transcripción hasta el siglo II antes de Cristo. Los escribas profesionales, dedicados a la copia y
transmisión del A.T., de indicar su pronunciación e interpretación, siguieron de manera escrupulosa
unas normas draconianas que protegían en contra de errores de copia y que permitían corregir cual-
quier error. Gracia a ellos, se ha conservado el texto clásico de manera integral. Aarón ben Moisés
ben Aser, que vivió en la primera mitad del siglo X d.C., preparó, siguiendo la minuciosa tradición
de los escribas, una edición fiel al original. Todos los manuscritos occidentales provienen de esta
obra, cuya exactitud ha merecido un gran aprecio. Sin embargo, unas variantes análogas a las de
Génesis 10:4 y 1 Crónicas 1:7; o 2 Reyes 8:26 y 2 Crónicas 22:2 revelan que se deslizaron errores
ocasionales en el texto clásico, antes del siglo II de nuestra era. Afectando a las cifras y a los nom-
bres propios más que a los relatos en sí mismos, provienen sobre todo de transcripciones que con-
fundieron algunos caracteres hebreos (por ejemplo, la Bet con la Dálet), asociado o dividido térmi-
nos. En ocasiones, una letra inicial se ha unido a una palabra precedente; se ha repetido u omitido
una letra o un término. Estas variantes no son siempre errores. El Salmo 53, por ejemplo, que es
casi idéntico al Salmo 14, deriva de una revisión del autor, o de otras personas, que quisieron adap-
tar aquel salmo a su nueva intención. También Miqueas 4:1-3 reproduce libremente Isaías 2:2-4. Al
igual que para el NT, la crítica textual, en su intención de recomponer el texto original, dispone de
tres métodos: (1) La comparación entre los manuscritos hebreos; se han comparado entre sí los pa-
sajes correspondientes a 1.500 o 2.000 manuscritos. (2) El examen de las primeras traducciones del
hebreo antes del establecimiento del Texto Masorético. (3) El estudio de las citas y alusiones que
figuran en los apócrifos, en el NT, o en otras obras. Los manuscritos originales del A.T. estaban
hechos sin duda de pieles cosidas de cabo a cabo. De esto se da testimonio en pasajes como Salmo
40:7-8 y Jeremías 36:14, 23.
Los manuscritos que nos han llegado a nosotros son generalmente de pergaminos; si provie-
nen de Oriente, son de cuero. El Museo Británico posee un ejemplar de la Ley escrito sobre vitela,
habiéndose fechado alrededor del 850 d.C. La sinagoga de los Caraítas, en El Cairo, posee un Có-
dice de los primeros y últimos profetas; fue redactado sin vocalización el 895 d.C., si la fecha que
ostenta es exacta. Otro manuscrito muy antiguo, y ya de fecha perfectamente precisada, es uno que
contiene los profetas mayores y menores. Puntuado según el sistema babilónico, proviene de Cri-
mea, producido el año 916 d.C. Se conserva en Leningrado. También en Leningrado se encuentra el
más antiguo manuscrito de todo el A.T., fechado en el 1010 d.C.
La ausencia de manuscritos hebreos antiguos se debe, en gran medida, a la costumbre judía
mencionada en el Talmud; se enterraban todos los manuscritos sagrados deteriorados y también
aquellos que presentaban errores de transcripción.
El libro de los Salmos fue impreso y publicado en 1477. La Biblia hebrea completa salió en
1488 de una imprenta de Soncino, en el ducado de Milán. En 1517, Bomberg dio a la luz una edi-
ción en pequeño formato. Daniel Bomberg publicó en Venecia, en 1524-25, la gran Biblia Rabínica
de Jacob ben Hayyim, en 4 volúmenes; está basada en un examen minucioso del texto de los ma-
nuscritos, y reproduce con fidelidad el texto clásico de los escribas de Tiberíades. La edición de
Van der Hooght apareció por primera vez en Ámsterdam en 1705 y se mantuvo, a causa de su pre-
cisión; Augusto Hahn la reimprimió en 1831, con insignificantes correcciones. C.G.G. Theile la
volvió a publicar en 1849. Esta edición presenta algo más de 1.000 lecturas marginales extremada-
mente antiguas. S. Baer y Franz Delitzsch presentaron una edición aún más importante: el Texto
Masorético, provisto de apéndices críticos de los Masoretas. El Génesis fue publicado en 1869; los
otros libros fueron siguiendo a continuación. Esta edición y la de Ginsburg (Londres, 1894) son
revisiones del texto de Jacob ben Hayyim, y su intención es ajustar el texto a la enseñanza de la
Massora. La edición de Kittel (Leipzig, 1906) reproduce el texto de Jacob ben Hayyim; las notas en
el margen inferior indican las variantes más importantes de los manuscritos y de las versiones.

Página 81
Cabe también mencionar en esta relación de textos el antiguo papiro Nash, fragmento en el
que se halla el Decálogo, en un texto constituido por Éxodo 20:2 ss.; Deuteronomio 5:6 ss.; y el
shema («Oye Israel») de Deuteronomio 6:4 ss.; se halla en él también una frase que precede al sha-
ma, que no aparece en el Texto Masorético, y en cambio sí se halla en la LXX. Su fecha asignada es
entre el siglo II a.C. y el I d.C. Sin embargo, los descubrimientos del mar Muerto han ensombrecido
su importancia.

Manuscritos del Nuevo Testamento.


Los 27 libros del NT, con la posible excepción del Evangelio de Mateo, fueron redactados
originalmente en griego koiné, o griego popular, que estuvo profundamente implantado en Palestina
durante más de tres siglos a partir de la conquista de Alejandro Magno. En el Imperio Romano, to-
das las personas cultas hablaban el griego y conocían su literatura, cuya belleza apreciaban. Persis-
tía el influjo cultural de Grecia, por mucho que este país hubiera perdido su independencia.
Los manuscritos originales del NT desaparecieron, lo mismo que todas las copias de los tres
primeros siglos, a excepción de algún fragmento. El papiro, empleado en la correspondencia (2 Juan
12) se deterioraba con rapidez, y en la época de Dioclesiano (303 d.C.) los perseguidores de los
cristianos iban tras los ejemplares de las Sagradas Escrituras para destruirlos. A pesar de la inexis-
tencia de la imprenta, los transcriptores multiplicaban las copias. Los copistas se dedicaron espe-
cialmente a los cuatro evangelios; las transcripciones de las epístolas de Pablo fueron algo menos
numerosas. En cuanto al Apocalipsis, fue poco copiado. Poseemos al menos 4.490 copias antiguas
totales o parciales del NT, abundancia ésta que contrasta con los pocos ejemplares de obras clásicas
que nos han llegado. El texto de las copias sufrió ya tempranamente algunas modificaciones a causa
de deslices de los transcriptores o de su imperfecto conocimiento del griego. Algunos copistas de la
época de los padres de la Iglesia se permitieron en ocasiones “mejorar” la sintaxis, el estilo, o co-
rregir pretendidos errores históricos, geográficos, o adaptar las citas del A.T. al griego de la LXX, y
armonizar los Evangelios. También insertaron notas marginales, como Hechos 8:37, y la segunda
parte de Romanos 8:1. De ello resultó una gran cantidad de variantes: algo más de 200.000. Sin
embargo, sólo 10.000 de estas variantes tienen algún valor, y sólo una fracción despreciable afecta
el sentido. La abundancia misma de lecturas distintas, su proveniencia de lugares y manuscritos
diferentes, todo ello permite a los exegetas reparar y eliminar los errores, y establecer el texto origi-
nal con una certidumbre casi total. Los eruditos han persistido incesantemente en esta tediosa pero
importantísima labor. Se puede también recurrir a un conocimiento indirecto de las lecturas de ma-
nuscritos desaparecidos, mediante el examen de las tempranas versiones del NT en diversas len-
guas: siríaco, latín, etc. Se hallan también citas del NT en los escritos de los autores cristianos de los
primeros siglos, sobre todo en Clemente de Alejandría y Orígenes. Estas versiones antiguas y las
citas de estos autores provienen de manuscritos desaparecidos, pero que pueden haber conservado el
texto original.
Las copias manuscritas del NT son de dos tipos: unciales y cursivas: La escritura llamada
uncial (gr. «mayúscula») no presentaba signos de aspiración ni acentos; tampoco se separaban las
palabras, salvo de manera incidental, marcando el inicio de un nuevo párrafo. Sólo se dejaba un pe-
queño espacio entre línea. La escritura cursiva está escrita de forma corriente, en caracteres peque-
ños, y con separación de palabras. El cambio de escritura se produjo alrededor del siglo IX.

Sólo hay cinco manuscritos del NT casi entero que sean anteriores a esta época.
(1) El Códice Alejandrino, designado por la letra A. Cirilo Lucar, patriarca de Constantino-
pla, lo dio como presente a Carlos I de Inglaterra. Se cree que este manuscrito fue escrito en Ale-
jandría, de donde viene su nombre; data de la primera mitad del siglo V. Además de una gran parte
del A.T., de la Primera Epístola de Clemente, y una fracción de la Segunda, este códice incluye la
totalidad del NT, excepto unas hojas desaparecidas correspondiendo a los pasajes de Mateo 1:1—

Página 82
25:5; Juan 6:50—8:52; 2 Corintios 4:13—12:6. Cada página presenta dos columnas, y el texto está
dividido en capítulos. Marcos, p. ej., tiene 48.
(2) El manuscrito designado como B, el Códice Vaticano, fue depositado en la Biblioteca
Vaticana, en Roma, en 1481 o antes. Su primera edición fue publicada en 1857 por orden del carde-
nal Mai, pero no tenía un gran valor desde el punto de vista científico. Una segunda edición, en
1889-90, fue publicada en facsímil, lo que posibilitó que todos los eruditos pudieran estudiar el tex-
to de una manera directa. El Códice Vaticano data de mediados del siglo IV o quizás de una época
aún más anterior. Además de la mayor parte del A.T., incluye todo el NT, a excepción de Hebreos
9:14—13:25; 1 y 2 Timoteo; Tito, Filemón y Apocalipsis. El texto, presentado a tres columnas, se
distribuye en capítulos muy cortos: Mateo tiene 170.
(3) El manuscrito denominado como C es un palimpsesto, Códice de Efrem. En el siglo XII,
se borró el texto original para escribir sobre sus páginas unos tratados ascéticos de Efrem el Sirio.
Sin embargo, se distingue aún el antiguo texto. Todos los fragmentos del NT que se hallan en él
fueron leídos y publicados por Tischendorf en 1843. Se cree que este texto se remonta al siglo V y
que puede ser ligeramente posterior al manuscrito A. El Códice de Efrem incluye secciones del A.T.
y 5/8 del NT.
(4) El manuscrito D es el denominado Códice de Beza, quien vino a ser su propietario cuan-
do fue sacado de la iglesia de San Ireneo durante el saqueo de Lyon en 1562. Este manuscrito, que
data del siglo VI o V, incluye la mayor parte del texto griego de los Evangelios y de Hechos, junto
con una traducción latina. La mayor parte del texto constituye el único ejemplar griego que se posee
de un tipo ya muy extendido en el siglo II; las versiones Vetus Latina y Vetus Siríaca pertenecen
también a este tipo, escrito de manera que cada línea contiene el número de palabras que se podían
pronunciar de una sola emisión de voz y sin oscurecer el sentido.
(5) El quinto manuscrito figura bajo el signo hebreo de la a (alef, la primera letra del alfa-
beto hebreo). Se trata del Códice Sinaítico que adquirió Tischendorf, en 1844 y 1859, comprándolo
a los monjes del convento de Santa Catalina en el monte Sinaí. Comprende la mayor parte del A.T.,
todo el Nuevo Testamento, la Epístola de Bernabé, y la parte esencial del pastor de Hermas. Faltan
los últimos doce versículos de Marcos. Este manuscrito, que data del siglo IV, es ligeramente poste-
rior a B; tiene cuatro columnas por página.

Se poseen al menos sesenta fragmentos sobre papiros, en ocasiones minúsculos, de manus-


critos del Nuevo Testamento. Entre los más importantes se encuentran unos fragmentos de papiro
con texto del Evangelio de Marcos, hallados en la cueva 7 de Qumrán, fechados entre el 50 y 100
d.C., y el fragmento de Rylands, que contiene unos versículos de Juan 18 (Jn 18:31-33, 37 ss.), y fe-
chado dentro de la primera mitad del siglo II (140 d.C., como más tarde, probablemente 110-120
d.C. Otros fragmentos de gran importancia son los descubiertos por M.A. Chester Beatty. Se trata
de unas 30 hojas con pasajes de los Evangelios y Hechos, que provienen de un códice que original-
mente tendría 220 hojas. Otras 86 hojas, ligeramente mutiladas, proceden de otro códice, que origi-
nalmente tenía las epístolas a los Romanos, Hebreos, 1 y 2 Corintios, Efesios, Gálatas, Filipenses,
Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, en este orden. Estos códices datan de comienzos del siglo III d.C.
Otras diez hojas de un códice del Apocalipsis, del siglo III, forman una tercera sección de estos cé-
lebres papiros.

Manuscritos en cursiva. Hay más de 2.430, en tanto que de unciales hay sólo 212; sin em-
bargo, la mayor parte de estos documentos en cursiva, que datan de finales de la Edad Media, no
permiten establecer el texto primitivo. Por otra parte, existen 1.678 leccionarios catalogados (ma-
nuscritos medievales incluyendo las perícopas del NT destinadas a la lectura durante el año ecle-
siástico). Los críticos han examinado poco de ello.

Página 83
En 1516, Erasmo publicó la primera edición impresa del NT griego, que se reimprimió en
1518; la segunda edición, más exacta, apareció en 1519; la tercera, en 1522; la cuarta, en 1527. El
cardenal Cisnero, primado de España, preparó durante varios años una edición políglota del NT
griego; impresa en 1514, no apareció hasta 1521 o 1522. Esta edición recibe el nombre de «Com-
plutense», por haber sido efectuada en Alcalá de Henares (de Complutus, el antiguo nombre latino
de esta ciudad). Siguieron otras ediciones del NT griego; la más célebre fue la de Robert Estienne,
aparecida en 1546, 1550 y 1551. El reformador Teodoro de Beza hizo imprimir, entre 1565 y 1604,
nueve ediciones del NT griego de Erasmo. La edición de 1550 de Estienne vino a ser el texto recep-
tus, o texto recibido. Las versiones antiguas se basan en este texto (por ejemplo: la versión de Re-
ina-Valera en España, la del rey Jaime en Inglaterra, etc.). A partir del siglo XIX se han hecho nu-
merosas ediciones del NT griego, donde se ha tratado, en base a extensas investigaciones sobre los
manuscritos griegos, de llegar a un texto tan cercano como fuera posible al salido de la pluma de los
apóstoles y evangelistas (Ediciones de Tischendort, de Soden, de Nestlé, de Westcott y Hort). La
traducciones modernas se basan sobre el texto revisado, especialmente sobre el de Nestlé.

Página 84
Lección 9.º

© Vila-Escuain:
Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado
Editorial Clíe, pp. 1.137-1.146 y 1.192-1.204
(Transcrito con autorización de la Editorial)

Página 85
(A) — VERSIONES CLÁSICAS DE LA BIBLIA

I. El texto del Antiguo Testamento

Los estudios textuales buscan establecer por diversos métodos de comparación entre diver-
sas familias de copias de las Escrituras, allí donde sus textos puedan divergir, cuál sea la variante
correcta y acorde con los originales perdidos. Este trabajo resultaba poco menos que imposible con
el texto del Antiguo Testamento, que, en contraste con la abundancia de manuscritos griegos del
NT, sólo presentaban una línea muy homogénea de transcripción en hebreo: el texto masorético. Sin
embargo, la antigua versión griega de los LXX daba indicio de que en la antigüedad debía haber
existido un grupo de textos hebreos que divergían del texto masorético. En la actualidad, el pano-
rama ha cambiado grandemente tras los descubrimientos de los manuscritos bíblicos de Qumrán.
El texto masorético cristalizó totalmente alrededor del año 99 d.C. Constituye un imbricado
sistema de acentos, signos vocálicos y notas marginales, que indican cómo ha de proceder la lectura
del texto consonantal. Sin embargo, la fecha realmente importante para el establecimiento del texto
masorético básico es la de principios del siglo II d.C., cuando el rabí Akiva y sus colegas, después
de un detenido examen de todos los manuscritos disponibles, junto con las tradiciones rabínicas
directoras de la lectura, eligieron un texto consonantal hebreo que quedó desde entonces fijado. Este
texto puede recibir el nombre de protomasorético.
Hasta hace pocas décadas, pues, se planteaba la cuestión, debido a la inexistencia de copias
más antiguas que la existente del 1008 d.C. (Códice B 19A de Leningrado), y de las incompletas de
la Geniza de El Cairo, descubiertas en la segunda mitad del siglo XIX, de con cuánta exactitud se
había transmitido el texto del A.T. En la actualidad la situación es totalmente diferente. Los citados
descubrimientos de Qumrán, así como los de Wadi Murabba’at y de la zona de En-gadi, han dado
evidencias que arrojan una intensa luz sobre el período que abarca desde el 200 a.C. hasta la crista-
lización del texto masorético (TM). Efectivamente, los descubrimientos de la geniza de El Cairo,
con sus numerosas porciones del texto del A.T. que antedatan la fijación definitiva de la tradición
masorética en cuanto a la vocalización, acentuación y entonación, constituyen un puente que cubre
el espacio entre los descubrimientos de Qumrán, con manuscritos entre el 200 a.C. y el 70 d.C.,
wadi Murabba’at, con manuscritos de alrededor del 135 d.C., y el citado códice B 19A de Lenin-
grado.
Los descubrimientos de Qumrán han aportado evidencia textual de tres líneas de transcrip-
ción independiente del texto hebreo identificables, a decir de F.F. Bruce, además de otras que pue-

Página 86
den pertenecer a tradiciones textuales aún no identificadas103. La evidencia que aportan los manus-
a
critos de Isaías hallados en Qumrán es de gran interés. El rollo completo (1Q Is ), aunque presenta
un buen número de divergencias en ortografía y gramática, no demanda cambios substanciales. A
pesar de que muestra semejanzas con el texto de la LXX, se halla más cerca del texto masorético
b
que de la LXX. El rollo incompleto de Isaías (1Q Is ), por otra parte, presenta una caligrafía mucho
más bella y un texto casi idéntico al masorético. Además del gran número de otros manuscritos que
pueden apellidarse, como éstos, protomasoréticos, hay una línea emparentada con la LXX y otra
que presenta una estrecha afinidad con el Pentateuco Samaritano, aunque afín a la tradición judía en
los pasajes divergentes acerca del centro cultural.
El peso de la evidencia es que el rabí Akiva y sus contemporáneos tuvieron gran cantidad de
materiales y una fiable tradición de la transmisión del texto sobre la que trabajar. El texto masoréti-
co reposa además sobre una sólida tradición textual de gran antigüedad, atestiguada por los restos
de Qumrán. Como afirma F.F. Bruce, «es instructivo contrastar la variedad de tipos representados
en Qumrán (pertenecientes a las generaciones anteriores al 70 d.C.) con la situación en otras cuevas
en el Wadi Murabba’at y en la región de En-gadí, más al sur por la costa occidental del mar Muerto.
Estas cuevas han dado manuscritos del período del 132-135 d.C.; fueron usadas como escondites de
las fuerzas insurgentes judías en la segunda revuelta contra Roma. A semejanza de los manuscritos
de Qumrán, aparecen secciones de textos bíblicos, pero a diferencia de los manuscritos bíblicos de
Qumrán, éstos exhiben un tipo uniforme de texto hebreo bíblico: el tipo recientemente establecido
por Akiva y sus seguidores»104. Así, los recientes descubrimientos conducen a descartar la idea de
que el texto antiguo divergía del masorético. Esta idea, sostenida por varios autores en base a las di-
vergencias textuales con la LXX, ha dejado paso al conocimiento de diversas tradiciones de trans-
cripción; el texto masorético representa muy fielmente una de estas corrientes; su fijación a princi-
pios del siglo II d.C., junto con la masa de evidencia en favor de la corriente protomasorética, así
como las evidencias internas, ofrece en la actualidad poderosas garantías de que el Texto Masoréti-
co es un fiel representante de los originales del texto.
Por otra parte, el establecimiento de estas antiguas tradiciones independientes de copia lleva
también a establecer una antigüedad mucho mayor para los originales de lo que las modernas espe-
culaciones estaban dispuestas a aceptar. A pesar de que estas divergencias no afectan al contenido
sustancial del texto, lo cierto es que unas líneas de copia independiente a partir de unos manuscritos
originales no surgen en poco tiempo.
El cuidado extremo que los escribas (una de las más altas clases sociales en el judaísmo, y
una de las labores de mayor responsabilidad) ejercían en el desempeño de sus funciones es indicado
en diversos lugares de las Escrituras. Esdras es llamado «escriba diligente en la ley de Moisés» (Es-
dras 7:6; Cf. 7:11-12). El Señor dio Su sanción a los escribas en su función de transmisores de la
Ley de Moisés, aunque condenó su hipocresía personal: «En la cátedra de Moisés están sentados los
escribas y los fariseos. Así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no ha-
gáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen...» (Mateo 23:2-3). Por su parte, Pablo, suma-
mente versado en estas cuestiones (había sido discípulo de Gamaliel, Cf. Hechos 22:3), afirma que
el judaísmo había recibido la custodia de la Palabra de Dios (refiriéndose al A.T.), y no tiene nada
que decir en contra de ellos (Romanos 3:1-2).

103
Cf. The Book and the Parchments, p. 123.
104
The Books and the Parchments, pp. 123-124.

Página 87
II. Versiones del Antiguo Testamento

El estudio de las varias versiones antiguas del A.T. es también de suma importancia para la
determinación de la historia del texto...

1. La Septuaginta (LXX). Es la traducción más célebre y la más antigua del Antiguo Testa-
mento, al griego popular (koiné). Según la leyenda, Ptolomeo Filadelfo (285-247 a.C.) habría encar-
gado a 72 eruditos judíos llevar a cabo esta obra. La versión de los LXX, comenzada en Alejandría,
recibe su nombre de esta tradición. Parece establecido que verdaderamente la traducción del Penta-
teuco fue acabada bajo Ptolomeo Filadelfo. Los otros libros del A.T. fueron siguiendo paulatina-
mente, y todo el A.T. quedó traducido hacia el año 150 a.C. El estilo y la forma de proceder dan
evidencia de muchos traductores. Filón, convencido de su conformidad al texto hebreo, dice:
«Cuando los hebreos que han aprendido griego, o los griegos que han aprendido hebreo, leen los
dos textos, se quedan admirados ante estas dos ediciones, y las veneran como dos hermanas, o in-
cluso, como una sola persona»105. A la luz de los mencionados descubrimientos de Qumrán, y de la
existencia de manuscritos hebreos emparentados con la LXX, ya no se puede sostener la creencia de
que la LXX es en muchos pasajes una mala traducción del texto hebreo. En todo caso, las divergen-
cias que pueda mostrar provienen de una tradición de copia hebrea divergente anterior. La LXX fue
adoptada por la iglesia cristiana como texto del A.T., y la mayor parte de las citas bíblicas del A.T.
en el NT son de esta versión.
Parece que hubo tres recensiones principales de la LXX. Una apareció hacia el 245 d.C. y
las otras dos son anteriores al 311 d.C. La primera es de Orígenes (Palestina), la segunda es de Lu-
ciano (Asia Menor), la tercera de Hesiquio (Egipto). Estos tres hombres sufrieron el martirio.
El Codex Vaticanus contiene el A.T. griego casi entero; el Codex Alexandrinus y el Codex
Sinaiticus incluyen una gran parte de esta versión. El Codex de Ephem y otros manuscritos contie-
nen también porciones del A.T. griego.

2. Versiones griegas posteriores. Después de la toma de Jerusalén (70 d.C.), la versión


LXX perdió su popularidad entre los judíos, debido al uso que hacían de ella los cristianos como
texto del A.T., y como base para demostrar que Jesús era el Mesías. Por esta razón los judíos hicie-
ron en el siglo II tres nuevas versiones del canon hebreo. Sólo se conocen fragmentos o citas, con la
excepción del libro de Daniel de Teodoción, que se conserva íntegro. (a) La traducción de Aquila,
prosélito judío (hacia el 128 d.C.). Contemporáneo del emperador Adriano; su traducción es excesi-
vamente literal, y casi ininteligible para los lectores no versados a la vez en hebreo y griego. Aquila
quería combatir las doctrinas cristianas y detener el uso de la versión LXX. (b) Revisión de la LXX
por Teodoción, que puede ser situada dentro del primer tercio del siglo II d.C. Ireneo dice que era
un prosélito judío de Éfeso; Eusebio afirma que era un judío ebionita. Su traducción se basa en la de
Aquila y en el original hebreo. (c) La versión elegante pero parafraseada de Símaco, cristiano judai-
zante, hacia el final del siglo II d.C. Orígenes conoció además tres versiones griegas anónimas.
Orígenes (hacia el 185-254 d.C.) preparó el texto hebreo y cuatro versiones en seis colum-
nas paralelas para su comparación. La disposición era así: Primera columna: el texto hebreo; segun-
da: el texto hebreo transcrito a caracteres griegos; tercera: la versión de Aquila; cuarta: la de Síma-
co; quinta: La LXX; sexta: la revisión de Teodoción. El nombre de Hexapla que recibe esta obra
proviene de su disposición en seis columnas; fue acabada hacia el 245 d.C., y seguida de una edi-
ción desprovista de las columnas en hebreo. En el siglo IV, Jerónimo consultó estas dos obras, de-
positadas en la biblioteca de Cesarea, en Palestina. Todavía existía en el siglo VI. Fueron induda-
blemente destruidas cuando los árabes se apoderaron de esta ciudad en el 638 d.C. Aparecen citas
105
Filón, “Vida de Moisés”.

Página 88
de la obra de Orígenes en las obras de los Padres.

3. Los targumes. Al volver del exilio babilónico, los israelitas no hablaban ya el hebreo,
sino el arameo, llamado erróneamente caldeo. Cuando Esdras y sus ayudantes leían la Ley al pue-
blo, la tenían que traducir (Nehemías 8:8). Al principio, esta interpretación era sólo una paráfrasis
oral en arameo judaico. Finalmente, se fijó esta tradición por escrito. Hasta recientemente, los úni-
cos targumes conocidos eran los clásicos; sin embargo, en Qumrán se han hallado partes de un tar-
gum de Job (Cueva 4), en la Cueva 1 se halló un rollo de Génesis que, aunque no es propiamente un
targum, tiene varias de sus características. Los de particular interés son los “oficiales”, que plasman
por escrito la tradición oral en la sinagoga, y que permiten descubrir el sentido que se le daba en el
judaísmo ortodoxo a los pasajes difíciles. Entre ellos, destacan el targum de Onquelos sobre el Pen-
tateuco. En ocasiones, Onquelos ha sido identificado con el traductor Aquila anteriormente mencio-
nado; sin embargo, la evidencia apunta a que este targum recibió su forma actual en el siglo III d.C.,
tratándose de una traducción muy fiel al original. Jonatán ben Uziel redactó un targún sobre los
profetas, que es posterior al de Onquelos, y parafraseado. Hay otros targumes, como el Neofite.

III. El texto del Nuevo Testamento

Existe para el Nuevo Testamento una gran masa de manuscritos. Debido a las persecuciones,
especialmente la de Diocleciano, desaparecieron las copias anteriores al siglo IV d.C., con pocas ex-
cepciones, como los papiros de Chester Beatty, de comienzos del siglo III d.C., y otros, como el
Fragmento de Rylands, de la primera del siglo II d.C., conteniendo un pasaje del Evangelio de Juan,
y los famosos fragmentos griegos de la Cueva 7 de Qumrán, anteriores al 70 d.C., identificados co-
mo pertenecientes a Marcos, Hechos, Romanos, 1 Timoteo, 2 Pedro, Santiago, entre otros. Estos
fragmentos, debido a su pequeñez, no pueden ser usados para el estudio del texto; sin embargo, son
de utilidad como evidencia de la antigüedad de los textos de NT, y como prueba de que la fijación
del texto del NT no tuvo que esperar a un largo período de “reelaboración” en las comunidades cris-
tianas, como han pretendido los modernos teorizadores, que pretenden ver en los Evangelios, por
ejemplo, no un relato factual de la persona, dichos y obras de Cristo, sino una manipulación mítica
acumulada en torno a un núcleo “histórico” que dejaría poco o nada de los Evangelios tal como nos
han sido transmitidos. Así, acerca de la antigüedad del texto, el presente panorama arqueológico
concuerda con la evidencia interna del NT y con los antiguos testimonios de los Padres de la iglesia
acerca de su redacción y transmisión.
Con respecto al contenido del NT, hay en la actualidad muy poca incertidumbre acerca del
texto original. De hecho, no se ha dado nunca ninguna variación textual que afectase de manera
sustancial al texto ni ninguna doctrina de tipo fundamental. Los descubrimientos de manuscritos an-
tiguos, junto con el ímprobo trabajo de clasificación de la gran masa de manuscritos antiguos en lí-
neas de transmisión de texto, y su comparación, han permitido afirmar y llegar en muchos pasajes a
una certidumbre acerca de la fraseología y texto exacto del original, lo que es de gran importancia
para restablecer el texto a la pureza. Pero, felizmente, no se trataba de salir de una situación mala en
cuanto al texto conocido, sino mejorar una situación textual más que satisfactoria.
Los manuscritos del NT se dividen en unciales y cursivos. Unciales procede del latín uncia,
«pulgada». Se refiere a los manuscritos escritos en letra mayúsculas, sin espacio en las palabras, y
pocos puntos o ninguno. Las palabras se dividían al final de las líneas sin que este hecho se señalara
con ninguna marca, y sin poner ningún cuidado en preservar las sílabas. También se hacían contrac-
ciones, añadiéndose una raya horizontal encima de la misma para indicar el hecho. Los principales
manuscritos unciales son: (1) El Sinaíticus, del siglo IV, que contiene todo el NT; (2) el Vaticanus,
también del siglo IV, que contiene de Mateo a Hebreos 9:14, incluyendo las Epístolas Universales,
insertadas, como en otros manuscritos, después de Hechos. Se han perdido Timoteo, Tito, Filemón

Página 89
y Apocalipsis; (3) el Alexandrinus, del siglo V, con todo el texto del NT; (4) el Ephæmí, del siglo
V, con alrededor de dos terceras partes del texto del NT; (5) el Bezæ, del siglo VI, con casi todo el
texto de los Evangelios y Hechos, en griego y latín: (6) el Claromontanus, del siglo VI, con las
epístolas de Pablo, en griego y latín; (7) el Laudianus, del siglo VI, con la mayor parte de Hechos,
en griego y latín; (8) el Basilianus, del siglo VIII; también es llamado Vaticanus 2066, contiene el
Apocalipsis; (9) el Porphyrianus, del siglo IX, que contiene Hechos, las Epístolas y Apocalipsis.
Mientras que los manuscritos unciales se extienden desde el siglo cuarto al décimo, los ma-
nuscritos cursivos, así llamados por estar escritos en cursiva, son de fecha posterior, y ocupan el pe-
ríodo entre el siglo décimo y el dieciséis. Los cursivos están numerados. Los más importantes entre
ellos son: El 1, del siglo X, con todo el NT excepto Apocalipsis; el 33, del siglo XI, conteniendo
todo el NT excepto Apocalipsis. Se le asigna el n.º 33 para los evangelios, el 13 para Hechos y
Epístolas Universales, y el 17 para las Epístolas de Pablo; el 69, del siglo XIV, conteniendo todo el
NT. Se le asigna el 69 para los Evangelios, el 31 para Hechos y las Epístolas Universales, el 37 para
las Epístolas de Pablo, y el 14 para el Apocalipsis; el 47, del siglo XI, que contiene las Epístolas de
Pablo, y el 61, del siglo XVI, que contiene todo el NT, aunque se atribuye a varios copistas. Se le
asigna el 61 para los Evangelios, el 34 para Hechos y las Epístolas Universales, el 40 para las Epís-
tolas de Pablo, y el 92 para Apocalipsis.
Hay muchos otros manuscritos que han sido clasificados en familias de copias. Debido a su
gran número y posibilidad de agrupación en familias, se ha podido llegar a tener una idea bastante
bien fundada de la transmisión del texto. Para dar cifras totales, existen en la actualidad más de 250
códices unciales, 2.500 códices cursivos, además de los restos anteriores de «papiros»; a esto se
puede añadir unos 2.000 «Evangelistiarios» que se usaban como leccionarios en los servicios del
culto, y que contenían parte de los Evangelios.

Otras ayudas para el estudio comparativo y la crítica textual del texto griego original lo
constituyen las citas de los Padres, griegos y latinos. Las citas de los Padres inmediatamente poste-
riores a los apóstoles son de gran interés, porque reflejan el texto durante el siglo II, del que no se
conservan manuscritos.
Para juzgar acertadamente entre las divergencias de las diversas familias de textos del NT, el
crítico textual tiene que apreciar los errores intencionales y los involuntarios de los copistas.
Entre los intencionales, se pueden contar: (1) las correcciones lingüísticas y retóricas; aquí el
copista actuaba de buena fe, intentando corregir lo que a su juicio pudiera ser mala gramática; (2)
correcciones históricas; (3) armonísticas, en las que el copista uniformiza pasajes paralelos; son
frecuentes en los Evangelios; (4) correcciones doctrinales, como la famosa de Romanos 8:1b; o
varios pasajes en los que se une el ayuno a la oración (Mateo 17:21; Marcos 9:29, etc.); (5) correc-
ciones litúrgicas, especialmente en los leccionarios, para dar un inicio no abrupto a la lectura. Entre
los errores involuntarios se pueden contar: (1) deslices de la pluma, como confusión entre letras
similares; (2) errores idiomáticos, debido a un diferente hábito dialectal por parte del copista; (3)
errores de la vista, en los que se da un fallo de percepción de letras similares; (4) errores de la me-
moria, en los que se puede dar un mal registro en el lapso entre que el copista lee la sección a trans-
cribir y la transcribe sobre el papel; (5) errores de juicio, entre los que se encuentran las incorpora-
ciones de glosas marginales al texto.
Para hacer frente a estas divergencias entre las diversas familias de textos, el crítico textual,
en su intento de lograr una aproximación lo más estrecha posible al texto original, ha desarrollado
los siguientes criterios:
(1) En principio, es preferible una variación más antigua que otra más reciente. Se supone
que la antigua está más cercana al texto original. Sin embargo, se debe usar gran precaución con
este criterio, por cuanto en copias más modernas de alguna de las líneas de transmisión del texto
pudieran hallarse las lecturas genuinas. Por ejemplo, puede darse el caso de comparar un manuscrito

Página 90
antiguo, descartado por defectuoso, y por ello no desgastado, con una variante incluida en un ma-
nuscrito más reciente, habiendo desaparecido manuscritos mucho más antiguos con esta variante
debido a su uso continuo y desgaste consiguiente. En tal caso, la lectura genuina no estaría en el
manuscrito antiguo, sino en el relativamente reciente.
(2) En caso de una variante fácil y otra difícil, se debe tomar la difícil, por cuanto la tenden-
cia de los copistas es a simplificar. Ello, naturalmente, cuando haya evidencia suficiente en favor de
la dicha variante. Los copistas, con la mejor de las intenciones, solían simplificar las oraciones gra-
maticales complicadas, creyendo así aclarar el sentido de los lectores.
(3) Las variantes más cortas son preferibles; los copistas tendían a añadir e interpolar, a am-
plificar el texto más que a reducirlo.
(4) A decir de Scrivener, es preferible aquella variante «más apropiada al estilo propio, ma-
nera y hábitos mentales del autor; los copistas tendían a pasar por alto las idiosincrasias del escri-
tor...».
(5) Se debe aceptar como indudablemente original toda lectura que tenga un gran apoyo de
los manuscritos más antiguos junto con las versiones y las citas patrísticas.
(6) La existencia de desacuerdo entre las autoridades antiguas indica que el pasaje en cues-
tión quedó distorsionado con anterioridad.
(7) Se debe dar un gran valor a la existencia de testimonio concordante procedente de docu-
mentos de localidades y/o épocas muy apartadas.
A todo ello se añade la evidencia del método de estudiar las líneas de transmisión de los ma-
nuscritos agrupados en familias que evidencian una mayor cantidad de variantes comunes. De esta
manera se ha llegado a establecer una clasificación de cuatro grupos de textos: (a) el llamado antio-
queño, sirio, o bizantino, que es más popular; constituye la base del Texto Receptus y de la versión
Reina-Valera; (b) el grupo egipcio; (c) el alejandrino, y (d) el occidental. De todos estos grupos, el
más aceptado en la actualidad es el (b), aunque en la controversia el grupo (a) tiene capaces defen-
sores y poderosos argumentos.

En el estudio de las diferentes evidencias han tenido un importante papel las llamadas Bi-
blias Políglotas, que han facilitado el estudio simultáneo de varios textos.
Estos métodos fueron aplicándose gradualmente. Orígenes es el primero que puede recibir el
nombre de crítico textual. La invención de la imprenta hizo más clara la necesidad de llegar a un
texto normativo y fidedigno. El primer paso fue dado por Erasmo, cuya primera edición del texto
griego (con una traducción latina) vio la luz en 1516; la cuarta edición, en 1537, daba el texto defi-
nitivo de Erasmo; para el trabajo crítico ya había podido usar la Políglota de Cisnero, publicada en
1522. Robert Estienne publicó en 1546 la primera edición del griego, basada en Erasmo y en Cis-
nero. En la tercera edición daba lecturas marginales de quince manuscritos griegos nuevamente des-
cubiertos. En 1551 publicó su famosa edición dividida en versículos. Siguieron las diez ediciones de
Beza, pero sin hacer ningún gran adelanto. Las ediciones de Elzevir, en Leiden y Ámsterdam, fue-
ron publicadas en 1624 y 1633, con reimpresiones hasta 1678. La de 1633 es la que recibió el nom-
bre de «textum ergo habes nunc ab omnibus receptum», o texto receptus, y que sólo tiene 287 va-
riantes respecto al ya mencionado texto de Robert Estienne.
John Mill marcó un punto de inflexión en 1707 cuando, después de treinta años de trabajos,
publicó una nueva edición. Se trataba de la edición de Estienne de 1550; pero con numerosas notas
y apéndices, fruto de su investigación sobre 78 manuscritos, numerosas versiones antiguas, inclu-
yendo la Peshitta, Vetus Latina y Vulgata. En su Prolegomena exponía sus ideas acerca de la mane-
ra de llevar a cabo la crítica textual, y que imprimieron un nuevo rigor a esta disciplina.
Siguieron los trabajos de Bengel (1737); Wetstein (1751-2); Griesbach (1796-1806), que fue
el verdadero iniciador de la clasificación de los manuscritos en líneas de descendencia; Lachmmam
(1842-50); Tischendorf, el gran explorador, erudito y aventurero bíblico (su octava edición, publi-

Página 91
cada en 1856-72, fue un nuevo punto de inflexión para los estudios bíblicos), fue indudablemente el
más destacado de los críticos textuales, aunque paradójicamente también el más cambiante y me-
nos coherente; S.P. Tregalles (1857-72); Westcott y Hort (1881). En el Cambridge Greek Testament
de 1887 se dan todas las lecturas de Lachmann, Tischendorf, Tregalle, Westcott y Hort y del Comi-
té de Revisión de la Versión Autorizada de 1881 como notas marginales. En la actualidad tiene gran
aceptación el texto del Dr. Bruce Metzger, que es una revisión del texto de Nestlé de 1960.
El Dr. E. Abbott solía señalar que «alrededor de diecinueve de cada veinte variaciones tie-
nen tan poco apoyo que, aunque haya varias lecturas, nadie las consideraría como lecturas rivales, y
diecinueve de cada veinte de las restantes tienen tan poca importancia que su aceptación o rechazo
no sería causa de ninguna diferencia apreciable en el sentido de los pasajes en los que tienen lugar».
El punto de vista del Dr. Hort era que «en una palabra de cada ocho existen varias lecturas apoyadas
por suficiente evidencia como para hacernos parar y examinarla; alrededor de una palabra por cada
sesenta tienen varias lecturas apoyadas por tanta evidencia como para hacer que nuestra decisión no
sea tomada a la ligera; pero son tantas las variaciones triviales que sólo se da una palabra por cada
mil en la que haya una variación sustancial que justifique los esfuerzos del crítico para decidir entre
las lecturas variantes».Sigue siendo válida la frase de Bentley: «El texto real de los escritos sagra-
dos es competentemente exacto, y no se pervierte ni pierde ni un artículo de fe ni de moral, por muy
singularmente que se pudiera elegir, incluso si a propósito se tomaran las peores variantes de toda la
masa de lecturas alternativas». Sin embargo, el erudito creyente tiene el mayor de los motivos en
discernir el texto hasta allí donde le sea posible, porque está buscando llegar a la más estrecha co-
rrespondencia con el texto original tal como Dios lo dio por inspiración a Sus siervos.

IV. Versiones antiguas, destinadas a los cristianos, de toda la Biblia, o de porciones de ella

1. Versiones siríacas.106
(a) El Diatessarón. Taciano (160-180) fue discípulo de Justino en Roma. Escribió una Ar-
monía de los Cuatro Evangelios en siríaco, que circuló por las iglesias de Siria bajo el título griego
de Diatessarón, desde el tercer cuarto del siglo II hasta el siglo IV o V. Han llegado hasta nosotros
las versiones árabe y latina de esta obra. También existe una traducción armenia de comentario de
San Efrén sobre esta Armonía de los Cuatro Evangelios. En 1933 se descubrió un fragmento griego
del Diatessarón, en las ruinas de una fortaleza romana en Dura-Europos, en la ribera occidental del
Alto Éufrates. Taciano era oriundo de Mesopotamia.
(b) Evangelio en viejo siríaco. Hacia el final del siglo II, los Cuatro Evangelios circulaban
también en Siria por separado; se han descubierto dos manuscritos de esta versión, por W. Cureton
en 1842, en un convento sirio al sudoeste del Delta del Nilo, y por la Sra. A. Smith Lewris, en 1892,
en el Convento de Santa Catalina, en el Monte Sinaí.
(c) La Peschitto (término que significa versión siríaca “simple”). El A.T. fue traducido di-
rectamente del hebreo, probablemente en el siglo II o III d.C. Fue cotejado más tarde con el griego.
Rabboula, obispo de Edesa (411-435), estableció el texto del NT; faltan 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y
Apocalipsis porque la iglesia siria no los admitía.
(d) Las versiones filoxeniana y heracliana del NT. Hacia el año 508, Filoxeno, obispo de
Hierápolis (Siria oriental) tradujo el NT entero al siríaco. El 616, Tomás de Heracles revisó esta
versión confrontándola con algunos manuscritos griegos de Alejandría. La versión heracliana es su-
mamente literal.
(e) La versión siro-palestina del A.T. y del NT data probablemente de fines del siglo V o de
inicios del VI. La mayor parte de los manuscritos existentes han llegado en forma de leccionarios.

106
El siríaco era el arameo de Siria.

Página 92
2. Versiones latinas.
(a) La Vetus Latina, llamada también norteafricana. Hacia el final del siglo II circulaba una
versión latina de la Biblia por África del norte. Tertuliano, Cipriano y Agustín emplearon textos
africanos. El A.T. no había sido traducido directamente del hebreo, sino de la LXX.
(b) Versión italiana, llamada Itala. Los latinos de Italia, estimando que la lengua de las ver-
siones norteafricanas no tenía la suficiente pureza, revisaron los textos. La Itala es una recensión
efectuada en el siglo IV en Italia.
(c) La Vulgata. Debido a la existencia de cúmulo de diferentes recensiones de la Itala y de
la Vetus Latina, surgió la necesidad de impulsar una uniformización del texto. Dámaso, obispo de
Roma, encargó a Jerónimo (en latín Hieronymus), el más grande exegeta cristiano de la época, que
emprendiera la revisión del NT latino. En 384, Jerónimo había acabado la tarea de revisar los Evan-
gelios, sirviéndose del texto griego original. En 387, el exegeta fijó su residencia en un monasterio
de Belén, y revisó el A.T. siguiendo el texto hebreo. Esta revisión de la Biblia entera, hecha en base
a los originales hebreo y griego, fue concluida el 405. Durante la Edad Media fue la Biblia de toda
la Iglesia de Occidente. Hacia el 802, Carlomagno ordenó a Alcuin que llevara a cabo una recensión
del texto. Fue el primer libro en ser impreso, en 1455, poco después de la invención de la imprenta
de caracteres móviles. Con posterioridad al 1590, la Iglesia de Roma hizo preparar sucesivas revi-
siones de la Vulgata, que sigue siendo el texto oficial para el culto católico.
La Vulgata, debido a su antigüedad y al hecho de haber sido cotejada con el texto hebreo
premasorético, así como con antiguos textos griegos, es de gran valor en la crítica textual tanto del
AT como del NT.

3. Versiones coptas de la Biblia. Aparecieron en diversos dialectos de los cristianos egip-


cios. Las más importantes son la bohaírica y la sahídica. Parte del NT fueron traducidas probable-
mente a fines del siglo II a ambos dialectos. La Biblia sahídica parece haber sido concluida en el
siglo III, y la bohaídica en el VI.

4. Versión Etiópica. Según la tradición, el cristianismo entró en Etiopía en la época de


Constantino el Grande (324-337). La traducción se inició probablemente en la segunda mitad del si-
glo IV. El NT fue impreso en la Políglota de Walton, y ha sido usado como evidencia para dilucidar
algunas variantes. Sin embargo, el hecho de haber sido revisada en el siglo XIV, y más tarde frente
a versiones árabes, le hace perder valor para la crítica.

Página 93
5. Versión gótica. Hecha hacia el 350 por el obispo de los Godos de Occidente, Urfilas. Se
conservan la mayor parte del NT y secciones del A.T. El A.T. está basado en una recensión de Lu-
ciano. Entre otras copias, se conservan el Codex Argenteus, una copia de los Evangelios escrita en
plata, con las palabras iniciales en oro (siglo V o comienzos del VI). Codex Ambrosiani, y Codex
Carolinus, con una traducción al latín.

6. Versiones árabes. De poco valor para la crítica textual. En el 724, Juan, obispo de Sevi-
lla, preparó una versión de las Escrituras en árabe destinada a los árabes cristianos. A lo largo de los
siglos siguientes esa obra fue revisada y completada.

Otras versiones, de mucho menos valor crítico, y en muchos casos traducciones a su vez de
versiones (como de la LXX, la Siríaca, la Vulgata) son la armenia (siglo IV); la georgiana (siglo
VI), la eslava (siglo IX), etc.

Página 94
(B) — TRADUCCIONES A LENGUAS MODERNAS

Versiones alemanas

Las versiones alemanas pueden distinguirse netamente entre preluteranas y posluteranas.


En efecto, fue la traducción de la Biblia hecha por Lutero la que cristalizó y normalizó la lengua
literaria culta, creando para esta empresa el neoalto alemán en base a la aglutinación de diversas
corrientes dialectos septentrionales. Entre las versiones alemanas preluteranas pueden mencionarse
la germánica del obispo Urfilas (siglo IV). Pero fue en tiempos de Carlomagno (siglo IX) que hubo
un florecimiento de traducciones de porciones de la Vulgata a varios dialectos alemanes, en especial
los Evangelios y los Salmos. Posteriormente a éstas, y ya en el siglo XIV, comienzan a aparecer
traducciones al alemán propiamente dicho. Estas traducciones, sin embargo, no llegan a manos del
pueblo; además, son casi todas ellas parciales, con especial preferencia hacia los Salmos. Muchas
de estas traducciones son excesivamente apegadas al latín. En el siglo XV, en cambio, proliferan las
traducciones al alto alemán: Traducción de toda la Biblia por Johann Mentelin, Estrasburgo, publi-
cada en 1466, y que vio trece reimpresiones, la última en 1518. Fue revisada en dos ocasiones, por
G. Zainer (1475) y A. Koberger (1483). Merecen ser citadas tres traducciones preluteranas en bajo
alemán, editadas respectivamente en Colonia (1478), Lübeck (1494) y Halberstadt (1522).
La Biblia de Lutero fue la primera Biblia alemana en ser traducida directamente de las len-
guas originales. Todas las anteriores lo habían sido de la Vulgata latina. Inició su obra en 1521 con
el Nuevo Testamento, que fue impreso en 1522, ilustrado con grabados de Cranach el Viejo y
Döring. El Antiguo Testamento fue traducido entre 1523 y 1534, año en que vio la luz la primera
Biblia completa de Lutero, impresa en Wittenberg bajo el título Biblia, das ist die gantze Heilige
Schrift Deudsch. Esta Biblia vino a ser el corazón del protestantismo alemán, y la herramienta for-
jadora de la unidad lingüística alemana.
Otras traducciones alemanas de la época de la Reforma que se deben mencionar son la Bi-
blia de Zurich, adaptación en parte de la de Lutero por Zuinglio al bajo alemán, y con aportación de
otros colaboradores, impresa en 1529, la Froschauer-Bibel (1531), la Bibel Teuch (1545) y la de J.
Piscator (1602-1604), que fue reimpresa hasta el 1848 en Berna.
La traducción de Lutero, aunque de gran valor literario, y poderosamente utilizada por Dios
en la expansión de la verdad del Evangelio, adolecía sin embargo de defectos que se fueron hacien-
do más evidentes con el paso del tiempo. Apoyándose en los trabajos de crítica textual del NT de
Griesbach, Scholz, Lachmann y Tischendorf, John N. Darby dirigió la preparación de un Nuevo
Testamento alemán; más tarde preparó el Antiguo Testamento. Esta versión recibe el nombre de El-
berfelder Bibel (Biblia de Elberfeld), y fue la primera versión realmente fiable que existió en ale-
mán. Desde su primera edición (1871) ha visto constantes reimpresiones, y está ampliamente difun-
dida y aceptada. Otras Biblias posteriores fueron la de E. Kautsch (NT) y C. Weizsäcker (A.T.),
publicada en 1899. Así como la Biblia de Darby se distingue por su fidelidad a los originales, si-

Página 95
guiéndolos estrechamente, más recientemente se han llevado a cabo traducciones con un lenguaje
más popular, como las de A. Schlater (1931); W. Michaelis (1934); F. Pfäflin (1939), y L. Thieme
(1946).
Entre las traducciones de carácter estrictamente científico merecen destacarse la versión del
Nuevo Testamento de J.A. Bengel (tres ediciones de 1753 a 1771); la de la Biblia entera por M.L.
De Wette (cinco ediciones entre 1809/14 y 1886); la de E. KaUtsch, sólo del A.T. (1990, 1922,
etc.).
En el campo católico-romano aparecieron varias traducciones, debiéndose destacar la de K.
Uhlenberg (1630), que fue reeditada cincuenta veces. Otras son la de H. Braun (1788/97), que fue
continuada por J.M. Feder y que logró gran difusión entre los católicos alemanes después de su re-
visión por J.F. Allioli (1838); desde entonces fue reimpresa una y otra vez, y revisada en 1949 por
K. Thieme; estas traducciones se hicieron de la Vulgata latina.
Durante este siglo se ha visto una gran proliferación de traducciones católicas de la Biblia al
alemán en base a los textos originales. Entre las más usadas se pueden mencionar La Biblia de Bonn
(1923) y la Biblia de Herder (1935). Hay varias traducciones más, algunas sólo del NT, y otras
fragmentarias.

Versiones francesas

Las primeras versiones conocidas al francés son una traducción de los Salmos de principios
del siglo XII, y de algunos libros del A.T. y del NT llevadas a cabo por los Pobres de Lyon, estos
últimos al provenzal. En la Biblioteca Nacional de París se hallan sesenta traducciones de la Biblia
o de porciones de ella, en prosa o en verso, y que datan de los siglos XIII y XIV.
La primera traducción protestante francesa fue la de Robert Olivétan, primo de Juan Calvi-
no. Fue llevada a cabo bajo el patrocinio de los valdenses de los Alpes, que Farel había conocido en
el Sínodo de Chanforans en el 1532. Fue finalizada e impresa en Neuchâtel en 1535. Olivéstan se
sirvió de los trabajos de sus predecesores, en especial del de Lefèvre d’Etaples, pero basó su texto
en los originales hebreo y griego, no en la Vulgata. Su traducción fue posteriormente revisada en al
año 1560 por el mismo Calvino, y por Teodoro de Beza en 1568. Debido a las necesidades de mo-
dernizar el lenguaje, se llevaron a cabo revisiones posteriores. Una fue la de Martín, en Holanda
(1696/1707) que tuvo un gran éxito, posiblemente a causa de las introducciones y notas de que iba
acompañada, y que ayudaban a la comprensión del texto.
En el siglo XIX se hizo sentir, empero, la necesidad de una traducción totalmente nueva,
tanto por la mutación lingüística como por los constantes descubrimientos de manuscritos antiguos
y los trabajos de crítica textual, especialmente los de Griesbach, Scholz, Lachmann y Tischendorf,
en particular por lo que respecta al texto del NT. Así surgieron:

La Biblia de Lausana (NT, 1839; A.T., 1872), obra colectiva de varios teólogos, y con la
norma de traducir, siempre que fuera posible, el mismo término hebreo o griego por el mismo tér-
mino francés.
La Biblia de Segond (1873) fue una obra de siete años de trabajo. El A.T. está mejor tradu-
cido que el NT. Esta versión fue revisada discretamente en 1910, y el NT sufrió una revisión más
importante en 1960. Es la versión más difundida en el protestantismo francés.
La Biblia de J. N. Darby (1875). En esta versión el francés sufre debido a lo literal de la tra-
ducción; es de una gran fidelidad a los originales y por ello de gran utilidad a los que deseen pene-
trar en el sentido del texto.
La Versión Sinodal (NT, 1903; A.T., 1910), obra colectiva de diversos teólogos franceses
por petición de los Sínodos Reformados. Los traductores tenían como objetivo redactar el texto en
un lenguaje correcto y fácilmente comprensible. Las variantes de los manuscritos y las diversas

Página 96
posibilidades de traducción se dan al margen.
La Biblia del Centenario (acabada en 1949), publicada por la Sociedad Bíblica de Francia,
bajo la dirección de los profesores H. Monnier, A. Lods y M. Goguel. Se trata de una obra erudita, y
con abundantes notas que ponen de manifiesto las tendencias teológicas «liberales» de los traducto-
res, que además han corregido en ocasiones el texto hebreo del A.T. en base a la LXX, o incluso en
base a meras conjeturas.

Otras versiones que se pueden mencionar son:

El A.T. de Perret-Genti (1866);


El NT de Rilliet (1858), basado sobre el Codex Vaticanus;
El NT de Oltramare (1872), de un estilo excelente, pero que sufre las influencias de las ideas
«liberales» del traductor;
El NT de Stapfer (1889), que se aparta del literalismo que caracteriza a la mayor parte de las
versiones, y que por encima de todo busca dar el sentido del texto con fidelidad.
Se debe añadir que muchos comentaristas publicaron, junto con sus comentarios, una tra-
ducción. Así sucede con Calvino, Reuss, la Bible Annotée, con Bonnet, para no hablar de innumera-
bles comentarios acerca de libros aislados de la Biblia.
Por lo que respecta al campo católico-romano, hay una gran cantidad de traducciones, aun-
que menos extendidas que las protestantes. Sólo se mencionan las principales:

La Biblia de Lefrèvre d’Etaples (NT, 1523/24; A.T., 1528), hecha sobre la Vulgata, pero con
correcciones en base a las lenguas originales. Tuvo un papel muy importante en la preparación de la
Reforma francesa.
La Biblia de Lamaître de Sacy (NT, 1667; A.T., 1696), es destacable por su calidad literaria,
y expresiva del interés jansenista en las Escrituras.
La Biblia de Crampon (1894/1904), que fue la primera versión católica francesa traducida
directamente del hebreo y del griego; ha sido revisada varias veces.
La Biblia del Cardenal Liénard (1950), que traduce el texto con una gran literalidad.
La Biblia de los Maredsous (1952), que tiene un vigoroso lenguaje, pero que se toma liber-
tades con el texto.
La Biblia de Jerusalén (1956), aparecida al principio en fascículos, y que es un gran esfuer-
zo mancomunado de traducción; sin embargo, las notas son de inspiración sumamente modernista.
Las traducciones judías francesas, que evidentemente sólo vierten el A.T.; existen dos: La
Biblia del Rabinato francés, bajo la dirección de Sadok Kahn (1899), cuyas notas siguen la exégesis
rabínica tradicional. La traducción es por lo general a la vez muy fiel y literaria; pero los pasajes
mesiánicos son en ocasiones mal traducidos, o acompañados de notas tendenciosas. La otra, menos
conocida, es la de S. Cahen (1831-39), que da el texto hebreo y notas.

Versiones italianas

Se conocen traducciones italianas desde el siglo XIII (por lo general en el dialecto toscano).
Del siglo XV se pueden citar las de Malermi, impresa en Venecia (1471), para cuya traducción se
dispuso demás antiguas traducciones italianas de la Vulgata; también impresas en Venecia fue la
traducción de Adam von Ammergau.
En el siglo XVI apareció la traducción de A. Braccioli (NT, 1539; A.T., 1532); fue prohibi-
da e incluida en el Índice de libros prohibidos desde al año 1559, pero fue reeditada tanto en Italia
como en Ginebra (1562).También en el exilio produjo J. Diodati su Biblia, en Ginebra. Él era ya
ginebrino, pero hijo de padres italianos. Su Biblia, de un depurado estilo literario, apareció en 1607,

Página 97
y una revisión en 1641, y sigue siendo la Biblia de los evangélicos italianos. Los valdenses usan la
versión de Diodati revisada, llamada Versione Riveduta; la revisión fue llevada a cabo por G. Luzzi,
finalizándola en 1924.
En el ámbito católico-romano se pueden citar la Biblia de A. Martini, patrocinada por Bene-
dicto XIV y aparecida entre 1769/1776, traducida de la Vulgata, y que sigue usándose aún. Una
versión reciente de la Vulgata es la dirigida por G. Riccioti. A Vaccari y S. Garofalo han preparado
sendas traducciones en base de los originales hebreo y griego.

Versiones inglesas

La actividad de traducción bíblica en inglés ha sido fertilísima. No en vano ha sido Inglate-


rra el foco de difusión de la Biblia durante largo tiempo, mediante la obra de la Sociedad Bíblica
Británica y Extranjera.
Las primeras traducciones que se conocen a la lengua anglosajona datan del siglo IX, con
traducciones parciales de los Salmos y de los Evangelios, todas ellas basadas en la Vulgata. El pri-
mer traductor de la Biblia entera al inglés fue, sin embargo, John Wycliffe, que tuvo la ayuda de Ni-
kolaus de Hereford para la traducción del A.T. El NT apareció en 1380, y el A.T. en 1382. Se con-
servan alrededor de 170 copias manuscritas, y no fue impresa hasta 1731. John Wycliffe recibió el
nombre de «Estrella Matutina de la Reforma» debido a la influencia que se hizo sentir, incluso en el
continente, con su traducción.
William Tyndale tradujo el Nuevo Testamento del griego, y parte del Antiguo del hebreo. Su
Nuevo Testamento inglés fue el primero en ser impreso (Colonia, 1525). Se produjeron 15.000
ejemplares, impresos por Peter Quentel, pero de los que se conservan pocos debido al extremado
celo de las autoridades de Roma en la persecución de esta versión y de su autor. Tyndale murió
quemado vivo como hereje en 1536, a la edad de 59 años, en Vilvorde, Bélgica.
Miles Coverdale recibió del rey de Inglaterra el encargo de traducir toda la Biblia. Su ver-
sión apareció en 1535, y fue la primera Biblia inglesa impresa. En realidad, Coverdale tomó el NT
de Tyndale, basándose para el A.T. en la de Zuinglio y de Leo Jud. En 1537 apareció la Biblia de
Thomas Matthew, que murió en la hoguera en 1553 bajo el reinado de María Tudor. En esta edición
el Pentateuco y el NT eran de Tyndale; de Esdras a Malaquías eran de Coverdale; de Josué a 2 Cró-
nicas se desconoce su origen. La llamada Gran Biblia, por su formato, fue preparada también por
M. Coverdale como revisión de la de Thomas Mattew (1540); la Biblia de Ginebra, aparecida en
1560, vio numerosas reimpresiones hasta 1664; la Biblia de los Obispos en 1568, patrocinada por el
arzobispo Barker, y traducida por ocho o doce obispos. No tuvo mucho éxito, pero fue autorizada
oficialmente.
Sin embargo, esta Biblia de los Obispos fue la base para la famosa King James Bible (Biblia
del Rey Jaime) de 1611. En dicha revisión participaron 47 eruditos, pertenecientes a la Iglesia de In-
glaterra y al partido de los puritanos. Ha sido la Biblia por antonomasia del mundo de habla inglesa;
fue revisada en 1613, 1629, 1638, 1683 y 1769, y sigue siendo impresa en grandes cantidades y
siendo la favorita del mundo anglosajón. Sobre la base de su texto se han preparado valiosísimas
concordancias, como la de Strong, la de Cruden, la Analítica de Young, las dos concordancias de
Wigram, Englishman’s Hebrew and Chaldee Concordance y Englishman’s Greek Concordance;
tanto por el estilo literario como por el papel que ha tenido en la historia espiritual del mundo an-
glosajón, descuella como un monumento incomparable.
La Revised Version (Versión Revisada) de la Biblia del Rey Jaime apareció entre 1881 (NT)
y 1885 (A.T.). El NT fue revisado en base al trabajo de crítica textual de Westcott y Hort. La revi-
sión fue preparada por un comité de 54 eruditos que pasaron un total de 14 años en su preparación.
Otras revisiones posteriores son la Standard Version, publicada en Norteamérica en 1901, y la Revi-
sed Standard Versión entre 1946 (NT) y 1952 (A.T.).

Página 98
Hay varias traducciones nuevas dignas de mención. La del Nuevo Testamento de J.N. Darby
(1871), cuya Biblia completa fue publicada en 1890; el A.T. es debido en gran parte al mismo J.N.
Darby, pero completado por W. Kelly. Recibe el nombre de New Traslation; esta Biblia sigue sien-
do reimpresa regularmente; se apoya en los trabajos textuales de Tischendorf, Lachmann, Tregalles,
Griesbach y otros, pero ponderándolos en base a la línea de Scrivener.
Contemporáneamente han aparecido nuevas traducciones, siendo las principales la New
American Standard Traslation (1960/1971), la New International Version (1973), la New English
Bible (1974), y Good News for Modern Man (NT, 1966; A.T., 1979), en la que se ha buscado sim-
plificar mucho el lenguaje.
En campo católico romano se pueden mencionar el NT de Rheims (1582) y la Biblia de
Douai, toda la Biblia, traducida de la Vulgata (1609), y que revisada por Challoner sigue gozando
de gran favor dentro del catolicismo de habla inglesa; la versión de R.A. Knox de la Vulgata (NT,
1944; A.T., 1949); la versión sobre el texto original de F.A. Spencer, NT, 1937; también la llamada
Westminster Version, NT, 1947, publicada en Norteamérica.
En el seno del judaísmo americano merece mención la versión del A.T. al inglés de la Je-
wish Publication Society (Filadelfia, 1917); en 1982 se finalizó una nueva traducción, efectuada por
un comité.
En el campo de las traducciones interconfesionales, se debe destacar el ambicioso proyecto
de la editorial Doubleday, de New York, con la publicación de la Anchor Bible, de la que se han
publicado hasta la fecha treinta y seis volúmenes, en los que han participado cuarenta y cuatro eru-
ditos, en tanto que otros veintidós están trabajando en los veintisiete volúmenes de futura aparición.
Los traductores son protestantes, católicos y judíos, y sus directores son William F. Albright (hasta
su muerte en 1971) y David N. Freedman. En ella aparecen abundantes notas filológicas y textuales.

Versiones portuguesas

En lengua portuguesa han aparecido a lo largo de los siglos varias traducciones parciales de
las Escrituras. Se pueden mencionar, entre otras, tres versiones completas de la Biblia: la de J. Fe-
rreira de Almeida (NT, 1681; A.T., traducido por sus continuadores, 1748/53); es la acreditada y di-
fundida por las Sociedades Bíblicas Unidas; las dos versiones católicas, de A. Pereira de Figueire-
do, publicada en 23 volúmenes (1778/99), traducida por la Vulgata, y cuya revisión de 1819 es to-
davía usada; y la de Matos Soares (NT, 1930; A.T., 1934), que es la más usada en la actualidad en
el seno del catolicismo portugués.
107
Versiones en castellano

Los restos más antiguos existentes de una traducción entera de una Biblia al castellano son
los de la llamada Prealfonsina, que se conservan en El Escorial, y que data del siglo XIII; los de la
Biblia Alfonsina, también del siglo XIII, y la Postalfonsina (siglo XIV), que es en realidad una línea
de varias versiones muy semejantes, en las que participaron judíos no conversos y conversos; sólo
se trabajó sobre el A.T.
Del siglo XV, la más célebre Biblia es la llamada Biblia del Alba, que está constituida por el
A.T. íntegro, y que fue preparada entre 1422 y 1433 por Moisés Arragel, rabino de Guadalajara, que
la vertió directamente del hebreo. Fue patrocinada por Luis de Guzmán, maestre de Calatrava, que
asumió la protección del rabino. Tiempo después, la Biblia pasó a ser posesión de la casa de Alba
(de ahí su nombre). En 1922 se llevó a cabo una edición facsímil de esta Biblia, con una tirada de
sólo 300 ejemplares. Hacia 1450 apareció también una traducción de parte del NT, directamente del

107
El alumno debe de estudiar este tema conjuntamente con el capítulo LAS TRADUCCIONES DE LA BIBLIA, por Pablo E. Le More, páginas 201-228
del libro: «¿CÓMO LLEGÓ LA BIBLIA HASTA NOSOTROS?» (Pedro Puigvert, Comp.).-

Página 99
griego, de Martín de Lucena, comprendiendo los cuatro Evangelios y las epístolas de Pablo; no se
conserva ningún resto de esta obra, patrocinada por el marqués de Santillana. Posiblemente, ésta
fuera la primera traducción directa del NT griego al castellano.
En 1533 apareció la llamada Biblia de Ferrara, que comprendía únicamente el A.T., tradu-
cido directamente del hebreo por Yom Tob Atías y Abram Usque, que en la dedicatoria al duque de
Ferrara usaron los seudónimos «cristianos» de Jerónimo de Vargas y Duarte Pinel. Se trata de una
traducción sumamente literal, que vio sucesivas reimpresiones en Ámsterdam (1611) y en Venecia
(1617).
El Nuevo Testamento de Francisco de Encinas, traducido directamente del griego, apareció
en 1543. Fue dedicado al emperador Carlos V, pero fue prohibido debido a la filiación reformada
del traductor.
El Nuevo Testamento de Juan Pérez de Pineda apareció en 1556. En realidad se trata de una
revisión del NT de Encinas; esta edición fue la que introducía clandestinamente en España Julián
Hernández, que moriría en la hoguera por sus empeños en pasar y difundir la Palabra de Dios entre
sus compatriotas.

La Biblia del Oso fue la culminación de todos estos esfuerzos previos. La primera Biblia castellana
completa, traducida de los originales hebreo y griego por Casiodoro de Reina, vio la luz en 1569 en
Basilea, en la imprenta de Tomás Guarín, con una tirada inicial de 2.603 ejemplares en edición
Princeps. Entre sus características cabe destacar que se incluían los libros apócrifos, y que había
una gran abundancia de notas marginales, y con una «Amonestación al lector». Hay unos 32 ejem-
plares conocidos en todo el mundo; en España los hay en Barcelona, La Laguna, León, Madrid,
Oviedo, Sevilla y Valencia. Con ocasión del IV centenario de la Biblia del Oso, la oficina de las So-
ciedades Bíblicas Unidas en España, bajo el impulso de su entonces secretario ejecutivo, don José
Flores Espinosa, dispuso una magnífica reedición en facsímil, que fue publicada en Madrid en
1970.
La Biblia de Cipriano de Valera fue la revisión de 1602 de la Biblia de Reina. Valera dedicó
veinte años a la tarea de cotejarla con los textos hebreos y griegos y con otras versiones. Valera eli-
minó las notas marginales y agrupó todos los libros apócrifos entre ambos Testamentos. Su revisión
circuló durante mucho tiempo sólo con su nombre, sin mencionar el de Casiodoro de Reina, cosa
que no sucede en la actualidad, reconociéndose la obra de ambos. La revisión de Valera conoció

Página 100
otras revisiones en los años 1862, 1909, 1960 y 1977108, estando en circulación estas tres últimas.
La versión Reina-Valera es la Biblia por excelencia en España como en la América hispana, y ha
sido empleada maravillosamente por Dios para la conversión y crecimiento de muchas almas a lo
largo de la historia, y, gracias a las mencionadas revisiones, sigue manteniendo su vigencia en la
actualidad. Traducida en el Siglo de Oro, es de una excelente calidad literaria, y tanto el cuidado de
su traductor, Reina, como de su primer revisor, Valera, y de los que le siguieron, han dado una ver-
sión fiel y ajustada de la Palabra de Dios en la línea del texto masorético para el A.T., y del Textus
Receptus en el NT. Menéndez y Pelayo trató de desprestigiarla en su obra Historia de los hetero-
doxos españoles, con unas palabras poco elogiosas hacia Reina: «Sabía poco hebreo, y se sirvió de
la traducción latina de Santes Pagnino...», aunque sí reconoce su mérito literario y esmero en la tra-
ducción. Sin embargo, se debe cuestionar aquí la objetividad de Menéndez Pelayo, que no sentía
mucha simpatía por la Reforma ni por los que la sostuvieron con su esfuerzo.
Cipriano de Valera sí publicó, sin embargo, una traducción propia del Nuevo Testamento
hecha del original griego, publicada en Londres en 1596, siendo a la sazón catedrático de griego en
la Universidad de Oxford, después de haber huido de España, donde había sido monje en el Con-
vento de San Isidoro del Campo, al igual que Casiodoro de Reina, y después de haber pasado mu-
chas vicisitudes.
En el siglo pasado se hicieron varios esfuerzos y traducciones parciales de la Biblia, algunas
del Nuevo Testamento íntegro, entre las que se pueden citar el NT traducido del griego por Gui-
llermo H. Rule, y publicado en tres tomos que salieron sucesivamente en Gibraltar (Los Cuatro
Evangelios, 1841) y Londres (Hechos a 2 Corintios, 1877; Gálatas a Apocalipsis, 1880). Otra ver-
sión es la de Guillermo Norton y Juan Calderón, muy literal, que vio dos ediciones (Edimburgo,
1858; Barcelona, 1870). No obstante, el mejor esfuerzo que vio el siglo XIX fue la traducción de
toda la Biblia llevada a cabo por H.B. Pratt, que fue finalizada en 1893. Lamentablemente, no ha
sido apreciada en toda su valía. Fue revisada en 1923, y vio sucesivas reediciones, la última de ellas
en 1961. Es la conocida comúnmente como Versión Moderna (V.M.).

Por lo que respecta al campo católico romano, no hubo ninguna versión de la Biblia al castellano
hasta que se levantó la prohibición de publicar Biblias en lengua vulgar. En 1782 la Inquisición
española promulgó un decreto que permitía la publicación de Biblias, con la condición de que fue-
ran acompañadas siempre de notas «aclaratorias» en los pasajes problemáticos, y sometidas a la
previa censura eclesiástica. Aparte de diversas traducciones parciales, de los Salmos, Proverbios,
Evangelios, etc., el escolapio Felipe Scío de San Miguel, obispo de Segovia, emprendió una traduc-
ción de la Vulgata Sixto-Clementina, que fue publicada entre los años 1791-93 en diez volúmenes.
108
En la actualidad circulan también con esta denominación las Biblias conocidas como: La Revisión de 1995, de las Sociedades Bíblicas Unidas; La
RVA (Reina-Valera Actualizada), de la Editorial Mundo Hispano, y La Revisión de 1997, de la Sociedad Bíblica Intercontinental. (Nota de los profe-
sores).

Página 101
Esta obra vio muchas reimpresiones. Además de las ediciones autorizadas, fue publicada clandesti-
namente sin notas, por las Sociedades Bíblicas; se pueden citar el NT de Scío impreso en Barcelona
(1820), la Biblia entera en Londres (1821); otra edición preparada en París y sin los apócrifos
(1823); una edición similar a la anterior, hecha en Barcelona (1837), y la edición del NT preparada
por George Borrow (Don Jorgito el Inglés), impresa en Madrid (1837), y que Borrow mismo se
encargó de distribuir por una España desgarrada por la sangrienta primera guerra carlista. Menéndez
Pelayo la calificó de «desdichadísima», insulto que ha sido vigorosamente contestado por diversos
biblistas católicos109.
El siglo XIX vio la publicación de la famosa Biblia de Torres Amat, realizada por Felipe To-
rres Amat, posteriormente obispo de Astorga. Su versión fue primeramente publicada en Madrid
(1823-25) en nueve volúmenes. Esta traducción de la Vulgata fue muchas veces reimpresa, y ha
sido muy apreciada en el seno del catolicismo hispano. A semejanza de la de Scío, también vio va-
rias ediciones clandestinas para su uso en la obra de colportorado (NT, Londres, 1839, 1852; la Bi-
blia entera, sin notas ni libros apócrifos, Nueva York, 1856).
También, a partir del Decreto de la Inquisición, se desenterraron muchas obras que perma-
necían inéditas desde el siglo XVI; así, pudieron ver la luz las traducciones de fray Luis de León del
Cantar de los Cantares y del libro de Job (Salamanca, 1798 y 99, respectivamente), el Salterio de
fray Luis de Granada (1801), y varias otras.
Ha sido el siglo XX el que ha visto un gran esfuerzo dentro del campo católico en la prepa-
ración de versiones de la Biblia. En 1944 la Editorial Católica lanzó la versión Nácar-Colunga de la
Biblia, primera versión católica de los textos originales; sus traductores fueron el canónigo de Sala-
manca Eloíno Nácar, y Alberto Colunga, O.P., profesor de Sagrada Escritura en la Pontificia Uni-
versidad de Salamanca. Las posteriores revisiones han mejorado la precisión y pulcritud del lengua-
je. Ha merecido muchas ediciones posteriores, y ocupa un lugar prominente entre las versiones bí-
blicas en lengua castellana. Otras versiones que se pueden mencionar en el campo católico son la de
José Straubinger (1944), también muy difundida; la Biblia de Bóver-Cantera, con aparato crítico
(1947); la Biblia de Ediciones Paulinas, que es una cuidada traducción; la Biblia de la Editorial
Herder (1964); la Biblia de Jerusalén, que es una traducción secundaria procedente de la Biblia de
Jerusalén en francés, dirigida por Roland de Vaux (1971); la Nueva Biblia Española, de Juan Ma-
teos y Alonso Schökel, que se esfuerza en presentar el texto bíblico en castellano moderno (1975).
Finalmente, en 1975 la Editorial Católica publicaba la traducción de Canteras-Iglesias, con nume-
rosas notas filológicas para los estudiosos.110
Una característica que se debe señalar en la totalidad de las versiones católicas, sin embargo,
es su manipulación constante de Mateo 1:25. En efecto, la Biblia enseña la concepción virginal del
Señor Jesús, en Su encarnación en el seno de María. Pero la doctrina romana sobre este punto, que
siempre ha buscado la exaltación de María hasta colocarla a la par de Jesucristo, si no por encima
de Él, mantiene tenazmente su virginidad perpetua. Ello se enfrenta totalmente con la estructura del
texto griego de Mateo 1:25, cuya traducción correcta debe ser: «Pero [José] no la conoció [carnal-
mente] hasta que ella dio a luz un hijo». Este texto es torcido en las versiones católicas, que lo tra-
ducen de la siguiente forma: «La cual, sin que él antes la conociese, dio a luz un hijo». De esta ma-
nera se esquivaba la estructura del texto griego, en el que el tiempo verbal y la preposición heõs
señalan con toda precisión que José no tuvo relación carnal con María hasta haber nacido Jesús. Del
mismo modo, y de manera uniforme, se despacha el tema de los hermanos de Jesús (por parte de
María) en las notas con el comentario de que los semitas usaban este término de una manera muy
amplia; se descuida con ello que Lucas, como Mateo y Marcos, escribieron en griego, y usaron un
término que en griego, en un contexto de relación familiar, significa literal y propiamente hermano
109
Cf. Gran Enciclopedia Rialp, art. “Biblia”, VI, vol. 4, p. 187). J. Mª Casciaro Ramírez afirma, en el citado artículo: “Desde el punto de vista técni-
co, el trabajo de Scío es muy valioso”.
110
En la actualidad (2002), la proliferación de Biblias en el campo católico romano es tal, que enumerarlas requeriría un extenso libro. (Nota de los
profesores del CEIBI)

Página 102
carnal, existiendo otros términos para expresar el término de primos o parientes. Con ello, en aras
de un dogma arbitrario y sin apoyo bíblico, se lleva a cabo una indefendible manipulación del texto.
En el campo evangélico, el siglo XX ha sido testigo también de toda una serie de revisiones
y traducciones que han procurado acercar el texto de la Biblia al lector actual. Ya en 1909 se publi-
caba la revisión de Reina-Valera, para adecuarla a las necesidades del lector de principios del siglo.
Se han hecho sucesivas ediciones, y continúa manteniéndose presente, a pesar de un estilo que evi-
dentemente ya no es el literario actual, pero que rezuma acierto y buen gusto; el Nuevo Testamento
de la Versión Hispanoamericana fue publicado en 1916; preparado por una comisión de seis traduc-
tores protestantes, de origen español, iberoamericano y anglosajón, se basó en el aparato crítico de
Nestlé; el Nuevo Testamento del Pablo Besson apareció en 1919 en Buenos Aires. Sigue mayor-
mente el Textus Receptus, y da numerosas notas explicativas en pie de página, algunas de ellas doc-
trinales, otras lingüísticas. Ha visto dos reimpresiones, en 1948 y 1980; en 1960 las Sociedades Bí-
blicas Unidas publicaron su revisión de la Biblia de Reina-Valera. En esta revisión se actualizaba el
castellano, se eliminaba una multitud de términos arcaicos, y se recogían algunos de los resultados
de la crítica textual, tanto del A.T. como, especialmente, del NT. Ha visto numerosas reimpresiones
de diversas editoriales, con y sin notas, Biblias de estudio, porciones para evangelización, y ha me-
recido una gran aceptación dentro del cristianismo evangélico de habla castellana; en 1966 apareció
la llamada Versión Popular, subtitulada variadamente Dios habla al hombre, Dios llega al hombre.
Ha sido un intento de traducir la Biblia a un lenguaje sumamente claro para el «hombre de la calle».
A este fin se ha reducido mucho el léxico y se han simplificado las estructuras gramaticales. Las
Sociedades Bíblicas Unidas, que habían preparado esta versión especialmente para Iberoamérica,
lanzaron en España, en 1979, el Nuevo Testamento, titulado Dios habla al hombre, con el lenguaje
revisado al uso peninsular. Aunque es muy loable el propósito de sus impulsores, se debe lamentar
que en no pocos pasajes esta versión distorsione el texto bíblico y falsee su significado. Dejando
aparte la concesión al dogma católico que se hace en Mateo 1:25, y que le ha merecido la aproba-
ción de las jerarquías católicas, hay otras alteraciones más graves, como la exclusión del término
«justificación» en Romanos 3:24; la exclusión del término «sangre» en relación con la expiación,
sustituyéndola por «muerte» (Cf. Colosenses 1:20); la exclusión asimismo del término «gracia»,
con toda su carga doctrinal (Cf. Efesios 2:8). Aunque literariamente la Versión Popular sí haya con-
seguido su objetivo de dar un texto comprensible a un gran sector de la población en lenguaje ac-
tual, ha sacrificado innecesariamente una serie de conceptos que se podían y debían hacer expresa-
do; en una línea distinta, logrando un equilibrio entre un lenguaje actual, accesible «al hombre de la
calle», y a la vez un fiel reflejo del original, se pueden citar La Biblia de las Américas (1973), una
traducción de la versión inglesa New American Standard, pero cuidadosamente cotejada con el ori-
ginal hebreo y griego; otra traducción secundaria, pero también de gran fidelidad al original, e in-
corporando los últimos trabajos en crítica textual, es la Nueva Versión Internacional (1979); en una
línea asimismo equilibrada, la Editorial Clíe de Tarrasa (España), patrocinó la Revisión 1977 de la
Biblia de Reina-Valera. Para esta revisión se han tenido en cuenta los avances de la crítica textual,
tanto del A.T. como del NT; también se ha buscado reflejar de una manera más exacta que en las
anteriores revisiones la interrelación de las partes de la oración en el original griego, y ello de una
manera que sea accesible al lector moderno. Con numerosas notas lingüísticas, la acentuación de
nombres propios del A.T. siguiendo el original hebreo, y explicación de figuras de lenguaje, es el
fruto de un trabajo de equipo de expertos en lingüísticas, exegetas, profesores y estilistas de España
y de diversos países iberoamericanos, y es la más sistemática puesta al día del lenguaje de la Biblia
para uso de los evangélicos de habla castellana.111

111
Actualmente, de la versión Reina-Valera, hay también la Reina-Valera 1995 (Sociedades Bíblicas Unidas), y la Reina-Valera 1997 (Sociedad
Bíblica Intercontinental).

Página 103
BIBLIA. Poliglota
Biblia sacra polygotta... cum textum & versionum
orientalium translation: bus latinis...
in sex tomos tributum. Edidit Brianus Waltanus.

POL¸GLOTAS

Recibe el nombre de políglota toda edición de la Biblia en varias lenguas (polys + glotta).
Tiene gran utilidad en el estudio crítico del texto. Se inició su edición con la generación del interés
en la Palabra de Dios en sus lenguas originales.

Como precursores de las modernas políglotas, aunque no equivalente a ellas por no recoger
más que el A.T., es la Hexapla de Orígenes, que data de la primera mitad del siglo III. Como su
nombre indica, presentaba seis columnas paralelas: El texto consonante hebreo; su transcripción vo-
calizada al griego; y las versiones griegas de Aquila, de Simaco, la LXX y Teodoción. Existen otros
ensayos parciales, entre ellos restos de la Biblia en hebreo, griego y latín, del siglo XIV, realizada
por el monje Simón Autumano.

La primera verdadera políglota es la debida a la iniciativa del cardenal Francisco Jiménez de


Cisneros, que daba el texto de la Biblia en hebreo, griego, latín y arameo. Fue compuesta e impresa
entre los años 1514 y 1517, pero no fue publicada hasta el año 1520, año en que León X dio su au-
torización. Recibe el nombre de Complutense, por haber sido publicada en Alcalá de Henares
(Complutum). Entre los varios colaboradores se cuentan Pablo Coronel, Alfonso de Zamora, Al-
fonso de Alcalá, Diego López de Zúñiga, Hernán Núñez de Guzmán, Demetrio Ducas, Antonio
Nebrija, y otros. Fue presentada en seis volúmenes in folio. Fue la primera de las cuatro Políglotas
Mayores.

Las otras políglotas mayores son: (1) La Regia o de Amberes, en la que participó Benito
Arias Montano y varios eruditos europeos. Fue patrocinada por Felipe II, y presentaba los textos
hebreo, latín, griego, arameo y siríaco. Fue publicada en Amberes ente los años 1568-72, y fue pre-
sentada en ocho volúmenes in folio. (2) La de París, dirigida por Gabriel Sionita, fue publicada en
París entre los años 1628 y 1655, siendo presentada en nueve volúmenes in folio. Su patrocinador
fue Guy-Michael Le Jay, y los textos eran en hebreo, latín, griego, arameo, siríaco y árabe. (3) La

Página 104
Biblia Políglota de Londres es la más rica de las clásicas. Recibe este nombre por haber sido prepa-
rada en Londres, publicada entre los años 1654 y 1669. Fue patrocinada por Oliver Cromwell, y di-
rigida por Brian Walton, posteriormente obispo anglicano de Chester. En esta obra colaboraron Ed-
mund Castell, Samuel Clarke, Thomas Hyde y Alexander Huish. Fue presentada en ocho volúmenes
in folio. Da el texto en hebreo, latín, griego, siríaco, arameo y árabe, más algunas secciones en etió-
pico y persa. Presenta el único aparato crítico existente del texto siríaco.

Entre las Biblias Políglotas menores se pueden mencionar la de Heidelberg (1587), que da
los textos en hebreo, griego y dos versiones latinas; la de Hamburgo (1569), con textos hebreo,
griego, tres versiones latinas, incluyendo la de Teodoro de Beza, la traducción alemana de Martín
Lutero. La de Bagster’s de Londres (1831), que incorpora además el Pentateuco Samaritano, La
LXX, la Vulgata, la Pesshita, el NT griego de Mill, la traducción alemana de Martín Lutero, la ita-
liana de Diodati, la francesa de Osterwald, la castellana de Scío de San Miguel, y la Versión Autori-
zada inglesa. Fue reeditada en Londres en 1874. La Hexaglot, dirigida por Edward Riches de Le-
vante, apareció en 1874-1876, dando los textos hebreo del A.T. y griego del NT, junto con la LXX,
Siríaca (del NT), latina (Vulgata), la Versión Autorizada inglesa, la alemana de Martín Lutero, y la
francesa de R.V. Olivetan. En esta Políglota, aparecida en Londres, se incorporan los estudios críti-
cos del Deán Alford y de von Tischendorf. Levante también publicó la Políglota llamada Triglotta
(Londres, 1890), incorporando, además del A.T. hebreo y NT griego, la LXX, la Vulgata y la Pess-
hita del NT.

En la actualidad el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (C.S.I.C.) está


preparando la llamada Polyglotta Matritensia (Políglota de Madrid), con el siguiente plan general: I
A.T. hebreo. II NT griego. III AT griego (LXX). IV A.T. arameo (Targum Palestino). V A.T. arame-
no (Targum Onkelos y Jonatán). VI A.T. y NT siríacos. VII Vetus Latina. VIII Vetus Hispana. IX
NT copto. X Versión castellana.

Página 105
Página 106
Lección 10.º

Página 107
SINOPSIS Y
BOSQUEJO GENERAL DE LA BIBLIA

Como parte de su equipo de estudio, agregamos ahora a las lecciones anteriores,


una sinopsis y un bosquejo de cada libro de la Biblia. En las asignaturas siguientes habrá
varias referencias a estos resúmenes, a grandes rasgos, de las divisiones principales de
los libros. Estimamos que servirá como fuente de información a la que se referirá el estu-
diante a menudo mientras lee su ejemplar de la Palabra de Dios. Cada libro en particular
se presta para varios bocetos o esquemas; pero las siguientes sinopsis son útiles y seña-
lan las grandes divisiones con su contenido. Ayudan también a la memoria.

EL ANTIGUO TESTAMENTO

LOS CINCO LIBROS DE MOISÉS: EL PENTATEUCO

INTRODUCCIÓN:

El Pentateuco, o según lo llaman los judíos, el Libro de la Ley (Torah), encabeza los 66 li-
bros de la Biblia, y constituye la magnífica puerta de la Revelación divina. Los nombres de los cin-
co libros del Pentateuco son: el Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio, y
su fin general es: exponer cómo Dios escogió para sí al pueblo de Israel y los formó para la venida
de Jesucristo; de modo que en realidad es Jesucristo quien aparece a través de los misteriosos desti-
nos del pueblo escogido.
El autor del Pentateuco es Moisés, profeta y organizador del pueblo de Israel, que vivió en el
siglo XV o XIII antes de Jesucristo. No solamente la tradición judía sino también la cristiana han
sostenido siempre el origen mosaico del Pentateuco. El mismo Señor Jesucristo habló del "Libro de
Moisés" (Marcos 12:26), de la "Ley de Moisés" (Lucas 24:44), atribuye a Moisés los preceptos del
Pentateuco (vea Mateo 8:4; Marcos 1:44; 7:10; 10:5; Lucas 5;14; 20:28; Juan 7:19), y dice en Juan
5:45: "Quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Porque si creyeseis a Moisés, me
creeríais a mí, porque de mí escribió él".
Todos los ataques de la crítica moderna contra la autenticidad y el carácter histórico de los
libros de Moisés han fracasado, especialmente los intentos de atribuir el Pentateuco a tres o cuatro
autores distintos (Elohista, Yahvista, Código sacerdotal, Deuteronomista) y las teorías de la escuela
evolucionista de Wellhausen, que en el Pentateuco no ve más que un reflejo de ideas y mitologías
babilónicas, egipcias, etc. Una comparación exacta de los relatos bíblicos con los extrabíblicos de-
muestra, muy al contrario, la superioridad absoluta de aquellos sobre éstos que, en general, no son
sino pobres y desfigurados restos de la Revelación primitiva
Las fechas que los críticos asignan a los diversos autores por ellos inventados se basan úni-
camente en suposiciones. Según ellos, en la historia del texto del Pentateuco hubo no sólo infinidad
de elaboraciones, refundiciones y redacciones, sino también invenciones a sabiendas, retoques, co-
rrecciones y adiciones tendenciosas, interpolaciones, falsificaciones literarias y piadosos embustes

Página 108
del género más sospechoso. Los críticos moderados hacen esfuerzos convulsivos para salir del di-
lema: unos dicen que no hay derecho a aplicar a los tiempos antiguos los conceptos actuales de la
propiedad y actividad literaria; otros opinan que el fin santifica los medios, y declaran que la alter-
nativa de obra de Moisés u obra de un "falsario", carece de sentido, o hablan con énfasis de la pro-
fundidad de la sabiduría divina, cuyos caminos no nos es dado a conocer sino admirar; pero con
estas escapatorias no logran poner en claro cómo una mala compilación, así elaborada por los hom-
bres, pudo llegar a los honores de Libro sagrado.
Han, pues, de rechazarse todas las teorías que niegan el origen mosaico y carácter histórico
del Pentateuco, no sólo porque está en pugna con las reglas de una sana crítica, sino también porque
niegan la inspiración divina de la Escritura.

GÉNESIS:

Sinopsis:
Génesis significa "generación" u origen. El nombre nos indica que este primer libro de la
Revelación contiene los misterios de la prehistoria y los comienzos del Reino de Dios sobre la tie-
rra. Describe, en particular, la creación del universo y del hombre, la caída de los primeros padres,
la corrupción general, la historia de Noé y el diluvio. Luego el autor sagrado narra la confusión de
las lenguas en la torre de Babel, la separación de Abraham de su pueblo y la historia de este patriar-
ca y de sus descendientes: Isaac, Jacob, José, para terminar con la bendición de Jacob, su muerte y
la de su hijo José. En esta sucesión de acontecimientos históricos van intercaladas las grandes pro-
mesas mesiánicas con que Dios despertaba la esperanza de los patriarcas, depositarios de la Revela-
ción primitiva.

Bosquejo:
A. De Adán a Noé, caps. 1 al 5
B. De Noé a Abram, caps. 6 al 11
C. Abraham a Jacob, caps. 12 al 26
D. Jacob a José, caps. 27 al 36
E. José, caps. 37 al 50

ÉXODO:

Sinopsis:
Éxodo, es decir, "salida", se llama el segundo libro, porque en él se narra la historia de la li-
beración del pueblo israelita y su salida de Egipto. Entre el Génesis y el Éxodo median varios si-
glos, es decir, el tiempo durante el cual los hijos de Jacob estuvieron en el país de los Faraones. El
autor sagrado describe en este libro la opresión de los israelitas; luego pasa a narrar la historia del
nacimiento de Moisés, su salvamento de las aguas del Nilo, su huida al desierto y la aparición de
Dios en la zarza ardiendo. Refiere después, en la segunda parte, la liberación misma, las entrevistas
de Moisés con el Faraón, el castigo de las diez plagas, el paso del Mar Rojo, la promulgación de la
Ley de Dios en el Sinaí, la construcción del Tabernáculo, la institución del sacerdocio de la Ley y
otros preceptos relacionados con el culto y el sacerdocio.

Bosquejo:
A. La familia de huéspedes se convierten en una multitud de esclavos, cap. 1
B. La preparación de un caudillo: Moisés, caps. 2 al 4
C. La resistencia de Faraón y las plagas, caps. 5 al 11

Página 109
D. La redención de Israel, caps. 12 al 15
E. Israel en el desierto, caps. 16 al 18
F. La revelación de Dios en el Sinaí, caps. 19 al 31
G. El pecado de los israelitas, caps. 32 al 34
H. La construcción y erección del tabernáculo, cps. 35 al 40

LEVÍTICO:

Sinopsis:
Levítico es el nombre del tercer libro del Pentateuco. Se deriva la palabra Levítico de Leví,
padre de la tribu sacerdotal. Trata primeramente de los sacrificios, luego relata las disposiciones
acerca del Sumo Sacerdote y los sacerdotes, el culto y los objetos sagrados. Con el capítulo 11 em-
piezan los preceptos relativos a las purificaciones, a los cuales se agregan instrucciones sobre el día
de la Expiación, otras acerca de los sacrificios, algunas prohibiciones, los impedimentos matrimo-
niales, los castigos de ciertos pecados y las disposiciones sobre las fiestas. En el último capítulo
habla el autor sagrado de los votos y diezmos.

Bosquejo:
A. Las ofrendas, cps. 1 al 7
B. La consagración de Aarón y sus hijos, cps. 8 al 10
C. La distinción entre lo limpio y lo inmundo, caps. 11 al 22
D. El calendario sagrado: las fiestas y los sábados, caps. 23 al 27

NÚMEROS

Sinopsis:
El cuarto libro del Pentateuco se llama Números, porque en su primer capítulo refiere el cen-
so llevado a cabo después de concluida la legislación sinaítica y antes de la salida del monte de
Dios. A continuación se proclaman algunas leyes, especialmente acerca de los nazareos, y disposi-
ciones sobre la formación del campamento y el orden de las marchas. Casi todos los acontecimien-
tos referidos en los Números sucedieron en el último año del viajar, mientras se pasan por alto casi
todos los sucesos de los treinta y ocho años precedentes. Descuellan algunos por su carácter ex-
traordinario; por ejemplo, los vaticinios de Balaam. Al final se añade el catálogo de las estaciones
durante la marcha a través del desierto, y se dan a conocer varios preceptos sobre la ocupación de la
tierra prometida.

Bosquejo:
A. Preparativos para partir del Sinaí, el censo, caps. 1:1 al 10:10
B. Las peregrinaciones del Sinaí a Moab, caps. 10:11 al 21:35
C. Balan y Balaam, cap. 22-24
D. Israel acude a Baal-peor. Censo del pueblo en Moab, cap. 25.26.
E. Preparativos para entrar en Canaán, caps. 27 al 36

DEUTERONOMIO:

Sinopsis
El Deuteronomio es, como expresa su nombre, "la segunda Ley", una recapitulación, expli-
cación y ampliación de la Ley de Moisés. El gran profeta, antes de reunirse con sus padres, desa-

Página 110
rrolla en la campiña de Moab en varios discursos la historia del pueblo escogido inculcándole los
divinos mandamientos. En el primero (1-4:43), echa una mirada retrospectiva sobre los aconteci-
mientos en el desierto, agregando algunas exhortaciones prácticas y las más magníficas enseñanzas.
En el segundo discurso (4:44 - 11:32) y en la parte legislativa (caps. 12 al 26), el legislador del pue-
blo de Dios repasa las leyes anteriores, haciendo las exhortaciones necesarias para su cumplimiento,
y añadiendo numerosos preceptos complementarios. Los dos últimos discursos (caps. 27 al 30)
tienen por objeto renovar la Alianza con Dios, lo que, según las disposiciones de Moisés, ha de rea-
lizarse luego de entrar el pueblo en el país de Canaán. Los capítulos 31-34 contienen el nombra-
miento de Josué como sucesor de Moisés, el cántico profético de éste, su bendición y una breve
noticia sobre su muerte.

Bosquejo:
A. Un repaso de las peregrinaciones de Israel y la paciencia de Dios, caps. 1:1 a 4:43
B. Un repaso a la Ley del Sinaí, caps. 4:44 al 11:32
C. Leyes especiales para Canaán, caps. 12 al 26
D. La obediencia, la desobediencia y sus consecuencias, caps. 27 al 28
E. El pacto de Dios en cuanto a la Tierra Prometida, caps. 29 al 30
F. La última exhortación y el cántico de Moisés, caps. 31 al 32
G. La bendición de Moisés sobre los israelitas, cap. 33
H. Suplemento: la muerte y entierro de Moisés, cap. 34

LOS DOCE LIBROS HISTÓRICOS


JOSUÉ

Sinopsis
El libro de Josué narra la conquista de la Tierra prometida, llevada a cabo después de la
muerte de Moisés por Josué, el nuevo caudillo y sucesor de Moisés.
Se divide el libro en dos partes, de las cuales la primera (caps. 1-12) relata el paso del Jor-
dán, la toma de Jericó, las batallas de Haí y Gabaón y otros sucesos relacionados con la ocupación
del país. La segunda parte (caps. 13-22) trata del reparto de la tierra de Canaán entre las doce tribus
que la recibieron en suerte. Termina como el Deuteronomio, con la renovación de la Alianza (caps.
23 y 24).
El título no quiere decir que Josué mismo sea el autor del libro. Sin embargo, hay indicios
que el conquistador hiciera uso del arte de escribir (Josué 24:26). La tradición judía y muchos auto-
res antiguos le atribuyen a él mismo la composición del libro, mientras que los modernos en su ma-
yoría, con de opinión contraria, sosteniendo que el autor no fue Josué sino otro escritor, que utilizó
relatos y documentos, escritos por Josué y otros en tiempos de la ocupación de Canaán.
El libro fue redactado antes del establecimiento de la monarquía en Israel pues al tiempo que
se escribían, estaban los gabaonitas todavía al servicio del Santuario. Ahora bien, por otra fuente (2
Samuel cap. 21) sabemos que Saúl, el primer monarca los persiguió hasta el exterminio. En Josué
6:25 leemos que Rahab y su familia vivía aun al tiempo de la composición del libro. Esta observa-
ción permite suponer que el libro fue escrito por un contemporáneo de Josué, o por Josué mismo.
El objeto del libro de Josué es mostrar la fidelidad de Dios en el cumplimiento de su prome-
sa de dar a su pueblo la tierra de Canaán.
Los datos del Libro de Josué son confirmados indirectamente por las tablas cuneiformes del
archivo de Tell el-Amarna, las que describen la situación política de entonces de la misma manera
que el Libro sagrado. No había gobierno central ni jefe superior, sino que una multitud de reyezue-
los vivían entre sí en constante hostilidad y sólo se unían cuando un común y poderoso enemigo los
amenazaba.

Página 111
Bosquejo:
A. La entrada a la Tierra Prometida, caps. 1:1 al 5:12
B. La conquista de la tierra, caps. 5:13 al 12:24
C. La posesión de la tierra, caps. 13 al 24

JUECES

Sinopsis
El libro de los Jueces contiene la historia del período transcurrido entre la muerte de Josué y
la judicatura de Samuel, o sea, hasta la implantación de la monarquía.
Se llama Libro de los Jueces porque sus protagonistas desempeñaban el cargo de jueces, que
era idéntico con el cargo de gobernar y reinar, pues en todo el Antiguo Testamento juzgar es sinó-
nimo de reinar. Fueron en realidad los caudillos del pueblo de Israel en el período indicado.
Dios solía llamarlos directamente en tiempos de suma necesidad, para que librase a su pue-
blo de sus opresores. Una vez oprimidos los enemigos, seguían desempeñando, por regla general,
las funciones de gobernante, sea en su tribu, sea en todo el pueblo. Por eso antes de formular juicio
u opinión sobre la conducta de los jueces de Israel, debemos tener muy presente que éstos fueron
puestos por Dios, como se ve en el discurso de Pablo en la Sinagoga de Antioquía de Pisidia
(Hechos 13:20), a fin de abstenernos de condenar lo que el mismo Dios dispuso.
El libro de los Jueces se divide en tres partes. En la primera (1:1 - 3:6) se describe la situa-
ción política y religiosa que reinaba inmediatamente antes del período de los jueces; la segunda
parte (3:7 - 16:31) contiene la historia de los jueces; la tercera (17 al 21) narra dos episodios que se
refieren a la idolatría de los danitas y la corrupción de los benjaminitas, y que dan saludable idea de
los extravíos que somos capaces los hombres si nos guiamos por nuestros propios impulsos.
No conocemos el nombre del autor del libro. En general se cree que el profeta Samuel le dio
la forma literaria que hoy tiene.
No es difícil establecer el tiempo de su composición. El autor da por supuesto el comienzo
de la monarquía en Israel, la cual es considerada como un gran beneficio para el pueblo y goza to-
davía de gran prestigio. Todo esto prueba que el libro fue redactado en los primeros años del reina-
do de Saúl.
La enseñanza especial que deducimos del libro de los Jueces es demostrar que Dios siempre
castiga a su pueblo cuando éste se aparta de su Ley, pero le suscita un libertador cada vez que se
convierte o pide auxilio a su Dios.
No se ha aclarado aún la cronología del libro. Si sumamos los años atribuidos a cada juez sa-
len como resultado 410 años. Ahora bien, todos los acontecimientos transcurridos entre el Éxodo de
Egipto y el comienzo de la edificación del Templo bajo Salomón abarcan 480 años. Si de esos 480
años se quitan los 410 de los jueces, quedan para los demás acontecimientos sólo 70 años, lo cual es
imposible.
La solución de esta dificultad consiste en admitir que algunos de los jueces reinaron simultá-
neamente en diversas regiones del país.

Bosquejo:
A. Introducción a la época, caps. 1:1 al 3:6
B. La historia de los jueces, caps. 3:7 al 16:31
C. Apéndice: la infidelidad e inmoralidad del período, caps. 17 al 21

Página 112
RUT

Sinopsis:
El libro de Rut es como un suplemento de los Jueces y una introducción a Samuel. Contiene
la encantadora historia de una familia del tiempo de los Jueces. La Moabita Rut, peregrina con su
suegra Noemi desde el país de Moab a la patria de ésta y se casa con Booz, un rico pariente de su
marido.
Los dos, Booz y Rut, aparecen en la genealogía de Cristo (Mateo 1:5).
No se sabe exactamente, cuando se escribió esta preciosa historia del tiempo de los Jueces,
que trata de los antepasados de David. Muy probable es la hipótesis que fuera escrita en tiempos de
éste, y se supone que su autor es aquel que escribió el primer libro de Samuel, tal vez el profeta Sa-
muel mismo.
Nos ofrece un hermoso ejemplo de la divina Providencia que todo lo dispone y hace que
concurran aún los menores sucesos al cumplimiento de sus mayores designios. Nos pone ante los
ojos un modelo de singular piedad y religión, tanto en Rut como en su suegra Noemí, y nos deja ver
en Booz, no sólo un modelo de israelita, sino también un miembro de la estirpe real, de la cual nació
nuestro Señor Jesucristo.
Puede verse en este librito también una recomendación del matrimonio levirático (Deutero-
nomio 25:5) ya sea el levirato propiamente dicho, ya sea el levirato en sentido amplio, como es el
de Booz con Rut.

Bosquejo:
A. La familia de Elimelec: su infortunio y el regreso de Noemí y Rut, cap. 1
B. El encuentro de Rut y Booz, caps. 2 al 3
C. Booz redime la herencia de Elimelec, cap. 4

I y II SAMUEL

Sinopsis:
Los dos libros de Samuel, conjuntamente con los dos libros de los Reyes, se refieren a la
monarquía de Israel y de Judá, que duró unos 450 años, hasta el cautiverio de Babilonia. Los dos
libros de Samuel relatan la historia de Israel desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Da-
vid.
El libro primero de Samuel empieza narrando la historia de Elí y Samuel, que fue el último
de los jueces, y el establecimiento de la monarquía en Israel (caps. 1 - 15); en la segunda parte refie-
re el fin de Saúl, el primer rey, y el advenimiento de David (caps. 16 - 31).
El segundo libro de Samuel está dedicado por entero al reinado del rey-profeta.
El autor de estos dos libros de Samuel, es desconocido. El texto hebreo pone el nombre del
profeta Samuel al frente de ambos libros. Es realmente muy probable que gran parte del primero
provenga de Samuel; pero hay que fijar su redacción definitiva en el tiempo después de David.
El objeto que se propone el autor, es mostrar principalmente la fidelidad de Dios en sus pro-
mesas y la divina Providencia en la vocación de David al trono. Al mismo tiempo quiere el autor
trazar una imagen del ejemplar rey David, en contraste con Saúl, a quien no es lícito imitar.
Esta divina historia es como un bosquejo de todo cuanto ha sucedido en el mundo desde
aquél tiempo hasta hoy. Mudados los nombres, la sustancia es la misma. Se descubre por todas
partes aquella providencia paternal, aquel poder y sabiduría eterna, que todo lo dispensa, ordena y
endereza al fin y cumplimiento de sus altísimos designios. En cada página se nos muestra el Señor
como un Dios santo, benéfico, misericordioso, siempre pronto a perdonar las faltas de los que arre-
pentidos recurren a su clemencia.

Página 113
El personaje que se destaca en toda esta historia es David, el gran amigo de Dios y figura de
Cristo que descendió de él según la carne.

Bosquejos;
I Samuel:
A. Samuel, el juez-profeta, caps. 1 al 7
B. La carrera de Saúl, caps. 8 al 31

II Samuel:
A. David, rey de Judá, caps. 1:1 al 5:5
B. David, rey de Israel, caps. 5:6 al 20:25
C. Apéndice: caps. 21 al 24

I y II REYES

Sinopsis:
Los libros I y II de los Reyes han de considerarse como continuación de los libros I y II de
Samuel.
Empiezan con el advenimiento de Salomón al trono y se cierran con la caída del reino de
Judá, abarcando por consiguiente, más de cuatro siglos (X-VI a.C.).
El primer libro, trae en su primera parte la historia de Salomón (caps. 1—11), en la segunda
la de los reinos de Judá e Israel hasta el rey Jococías de Israel (caps. 12—22).
El segundo libro describe la historia de los dos reinos hasta la destrucción de Samaria y del
reino de Israel (caps. 1—17), refiriendo luego los acontecimientos que siguieron en Judá, hasta el
cautiverio babilónico.
No es el objeto de estos libros ofrecernos una historia exclusivamente política. Lo que el
autor quiere mostrar es cómo los reyes observaron o no las normas de la Ley y de qué manera Dios
cumplió sus promesas y amenazas. A la posición que toma cada rey respecto de la Ley, corresponde
su suerte personal y la de su reino. Aquél rey es grande, que cumple la Ley, aquél es pequeño e
impío, que la descuida. Este es el esquema según el cual cada rey es juzgado.
El autor debe haber sido uno de los profetas. Según la tradición judía fue Jeremías, con lo
cual coinciden algunos ilustres exegetas modernos. En todo caso ha de reconocerse el parentesco
de estilo entre el libro de Jeremías y estos dos de los Reyes.
El tiempo de la composición de los dos libros ha de fijarse entre el año 562 y el año 538 a.C.
Pues el autor menciona la liberación del rey Jeconías acaecida el año 562, pero no el fin del cautive-
rio del año 538.
El autor ha tenido a su disposición fuentes escritas, los anales de los reyes de Judá, citados
por él quince veces, y los anales de los reyes de Israel citados diecisiete veces. De estas fuentes ha
entresacado lo que creía conveniente para su objeto.
Un problema para los exegetas es la cronología de los dos libros. Consiste ella en indicar la
edad del rey que sube al trono y la duración de su reinado, y, además, su sincronización con el rei-
nado del rey contemporáneo de Israel o de Judá, respectivamente. Pero si se suman los años de los
reyes de Judá con los del reino de Israel desde el cisma hasta el cautiverio de Israel, resulta una di-
ferencia de 19 años. Para solucionar esta dificultad se han propuesto varios sistemas.

Bosquejos:
I Reyes:
A. Salomón, desde su coronación hasta su muerte, caps. 1 al 11
B. El reino dividido, caps- 12 al 22

Página 114
II Reyes:
A. Los dos reinos hasta la cautividad de Israel, caps. 1 al 17
B. El reino de Judá hasta su cautividad, caps. 18 al 25

I y II de CRÓNICAS

Sinopsis:
Los dos libros de las Crónicas formaron en su origen un sólo libro. Fueron divididos en dos
por la traducción Alejandrina de los LXX, probablemente por razones prácticas.
Los libros de las Crónicas, se llaman en griego Paralipómenos, es decir, suplementos, por-
que traen cosas omitidas en los demás libros sagrados; pero además son un resumen de la historia
del Antiguo Testamento. Los judíos los llamaban "las palabras de los días", y el autor de la Vulga-
ta, para señalar su importancia, les dio el nombre de "Crónicas de las Crónicas". Pero no deben
confundirse con el libro de las crónicas o anales, tantas veces citados en los libros de los Reyes y
en éstos mismos; aquél se perdió, pero es posible que estuviese resumido en éstos.
El primer libro refiere en su primera parte (caps. 1 -9) las genealogías desde Adán hasta Da-
vid, y en la segunda (caps. 10- 29) la historia de David.
El libro segundo trata primeramente de la historia de Salomón (1 - 9) y luego principalmente
del reino de Judá hasta su caída (caps. 10 - 36), incluyendo el decreto de libertad dado por Ciro.
Si bien las Crónicas son un resumen de la Historia Sagrada, constituyen, sin embargo, una
obra personal e independiente. El fin que se propuso el autor fue demostrar que los tiempos en que
el pueblo de Dios cumplía con la ley, eran los mejores. Por eso pasa por alto los acontecimientos
que no están relacionados con la religión y el culto; lo que, sin embargo, no quiere decir que su obra
no tenga valor histórico. Muy al contrario, en la esfera religiosa, a que se limita el autor, pudo re-
currir a otras fuentes, ante todo a las listas genealógicas, guardadas en el Templo, las cuales no esta-
ban al alcance de otros historiadores.
Las llamadas contradicciones con otros libros del Antiguo Testamento se solucionan fácil-
mente para los que adoptan las reglas de una sana hermenéutica, y no se erigen orgullosamente en
jueces de la Palabra divina.
El autor de las Crónicas es desconocido. Algunos lo buscan en Esdras o Nehemías, y para
demostrar su tesis aducen la semejanza de estilo, explicando, por otra parte, como adiciones poste-
riores todas las cosas que denuncian un origen más moderno, por ejemplo: la prolongación de la ge-
nealogía davídica hasta seis generaciones después de Zorobabel, etc. Seguramente los dos libros no
han sido compuestos antes del cautiverio babilónico, sino probablemente en tiempos de la restaura-
ción del pueblo judío, con el fin de ilustrar sobre su historia sagrada a los judíos vueltos a su tierra,
y facilitar el reparto de ésta según las genealogías. Quiso inculcarles que eran un pueblo teocrático,
separado de los demás pueblos de la tierra y elegidos para dar culto a Jehová. De ahí la preferencia
que el autor diera a la organización del culto que es el sello de la unión de Dios con su pueblo.

Bosquejos:
I Crónicas:
A. Genealogías, caps. 1 al 9
B. El reinado de David, caps. 10 al 29

II Crónicas:
A. El reinado de Salomón, caps. 1 al 9
B. Desde la división del reino hasta la restauración, caps. 10 al 36

Página 115
ESDRAS y NEHEMIAS

Sinopsis:
Los dos libros de Esdras y Nehemías que originariamente formaron un todo, constituyen la
continuación de las Crónicas, retomando en su primer capítulo el edicto de Ciro, con el cual termina
el segundo libro de las Crónicas.
El libro de Esdras relata en primer lugar (caps. 1 - 6) el regreso de los judíos (tribus de Judá
y Benjamín) de la cautividad babilónica bajo Zorobabel y la reconstrucción del templo de Jehová
(536-516 a.C.); pasa después a describir (caps. 7 - 10) el regreso de otro grupo de cautivos, asi-
mismo de aquellas tribus, bajo Esdras, y las medidas reformatorias adoptadas por éste con el fin de
restablecer la Ley (458 a.C.).
El libro de Nehemías (que en algunas versiones aparece como II de Esdras) narra en su pri-
mera parte (caps. 1 - 7), la llegada de Nehemías y la fortificación de Jerusalén (453 a 445 a.C.); en
la segunda (caps. 8 - 10) las reformas de carácter religioso y moral; en la tercera (caps. 11 - 13) las
reformas político-religiosas, destinadas a la restauración de la comunidad del pueblo de Dios.
El fin que el autor de estos libros se propone, es mostrar las disposiciones de la divina Provi-
dencia en favor del pueblo escogido y el cumplimiento exacto del vaticinio del profeta Jeremías que
había anunciado la liberación de Israel al cabo de 70 años (Jeremías 25:11-12; 29:10).
Algunos creen que el autor de ambos fue el mismo que escribió los libros de las Crónicas;
otros, empero, opinan con razón que su autor fue Esdras, sacerdote, "el príncipe de los doctores de
la Ley", descendiente de la familia de los sumos sacerdotes, que se sirvió de sus propios apuntes y
de los de Nehemías; sin embargo, varios párrafos han de considerarse adiciones posteriores, como
por ejemplo la genealogía de Eliasib (Nehemías 12:10 ss.), que alcanza la época de Alejandro Mag-
no, hecho que algunos expositores modernos aprovechan para remitir la composición al siglo IV,
pero sin dar razones convincentes. Además, tal teoría es contradicha por los papiros de Elefantina
(Egipto) que han arrojado nueva luz sobre la época de Esdras.
El primero de estos libros abarca un período de 82 años; el segundo, uno de 31 años.
Hay otros dos libros llamados de Esdras (III y IV) que no están en el canon de la Biblia,
aunque se los incluye, por su importancia, como apéndice en las ediciones latinas de la Vulgata,
junto con la oración de Manasés (II Crónicas 33:10-13) y, a veces, el llamado Salmo 151. Son, sin
embargo, libros apócrifos.

Bosquejos:
Esdras:
A. El regreso con Zorobabel, caps. 1 al 6
B. El regreso bajo Esdras y las reformas, caps. 7 al 10

Nehemías:
A. La oración de Nehemías, cap. 1
B. Edificando los muros, caps. 2 al 6
C. El registro de los que regresaron de la cautividad, cap. 7
D. La consagración del pueblo, caps. 8 al 10
E. La distribución del pueblo, caps. 11:1 al 12:26
F. La dedicación del muro, caps. 12:27 al 13:3
G. Las reformas, cap. 13:4 -31

Página 116
ESTER

Sinopsis:
El libro de Ester describe gráficamente las luchas victoriosas de los judíos dispersos, durante
la época del monarca persa Asuero, contra las inicuas conspiraciones de un cierto primer ministro
llamado Amán. Aunque no se menciona nunca en este libro el nombre de Dios, su mano se mani-
fiesta continuamente en todos los detalles circunstanciales del relato. Ester, por su hermosura, es
elegida reina en lugar de Vasti; Mardoqueo en virtud de su capacidad, sustituye a Amán en el cargo
de primer ministro. Todos los personajes, desde el monarca hasta el esclavo obsequioso, desempe-
ñan su papel en el momento oportuno. Amán es la encarnación del mal; Mardoqueo la esencia de la
bondad; Asuero, inflexible, tiene también rasgos vigorosos. Ester, prima de Mardoqueo y bajo la
tutela de éste, se convierte en la heroína de la historia a raíz de su buena voluntad de arriesgar su
vida y su posición, a solicitud de Mardoqueo, en bien de su propio pueblo en épocas de profunda
necesidad.
No se puede conseguir evidencia cierta respecto del autor del libro de Ester. La paternidad
literaria se les ha atribuido a varios personajes (Esdras, Mardoqueo, hombres de la Gran Sinagoga).
No hay nada intrínsecamente improbable en atribuir el libro a Mardoqueo, destacado perso-
naje custodio de los hechos principales narrados en el libro.
A diferencia de obras de ficción y romance, el libro de Ester está profundamente saturado de
historia y documentado con fechas específicas. Este libro a igual que la profecía de Hageo (1:1,15;
2:1,10,20) está fechado según el reinado de Asuero, a quien se lo identifica comúnmente con Jerjes
I (485 - 465 a.C.) de la época antigua. Según excavaciones realizadas en la era moderna, en Susa, se
ha confirmado en forma sustancial la exactitud del autor, que debe de haber tenido conocimiento
personal del pueblo y de la historia.
Quizás ningún otro libro de la Biblia ha sido atacado tan acerbamente ni con tanta vehemen-
cia como el libro de Ester. A raíz de su espíritu de nacionalismo y venganza, los críticos lo han de-
clarado indigno de ocupar un lugar en el canon sagrado. Sin embargo, si leemos la historia con re-
verencia, dependiendo humildemente del Espíritu Santo para que nos enseñe, hallaremos verdades
que satisfarán nuestra mente y edificarán el alma. Cuanto más estudiemos esta historia incompara-
ble, tanto más llegaremos a la conclusión que sus profundas verdades deberán ser desenterradas
como si fuesen pepitas de oro.

Bosquejo:
A. La amenaza a los judíos, caps. 1 al 4
B. El rescate de los judíos, caps. 5 al 10

LOS CINCO LIBROS POÉTICOS Y SAPIENCIALES


JOB

Sinopsis:
Con el libro de Job volvemos a los tiempos patriarcales. Job, un varón justo y temeroso de
Dios, está acosado por tribulaciones de tal manera que humanamente, ya no puede soportarlas. Sin
embargo, no pierde la paciencia sino que resiste a todas las tentaciones de desesperación, guardando
la fe en la divina justicia y providencia, aunque no siempre la noticia del amor que Dios nos tiene, y
de la bondad que viene de ese amor (1 Juan 4:16) y según la cual no puede sucedernos nada que no
sea para nuestro bien. Tal es lo que distingue a éste santo varón del Antiguo Testamento, de lo que
ha de ser el cristiano.
Inicia el autor sagrado su tema con un prólogo (caps. 1 - 2), en el cual Satanás obtiene de
Dios permiso para poner a prueba la piedad de Job. La parte principal (caps. 3 - 42:6) trata en for-

Página 117
ma de un triple diálogo entre Job y sus tres amigos, el problema de por qué debe sufrir el hombre y
cómo es compatible el dolor de los justos con la justicia de Dios. Ni Job ni sus amigos saben la ver-
dadera razón de los padecimientos, sosteniendo los amigos la idea que los dolores son consecuencia
del pecado, mientras que Job insiste en que no lo tiene.
En el momento crítico interviene Eliú, que hasta entonces había quedado callado, y lleva la
cuestión más cerca de su solución definitiva, afirmando que Dios a veces envía las tribulaciones
para purificar y acrisolar al hombre.
Al fin aparece Dios mismo, en medio de un huracán y aclara el problema, condenando los
falsos conceptos de los amigos y aprobando a Job, aunque reprendiéndolo también en parte por su
empeño en someter a juicio los designios divinos con respecto a él. ¿Acaso no debemos saber que
son paternales y por lo tanto misericordiosos? En el Epílogo (cap. 42:7-16) se describe la restitu-
ción de Job a su estado anterior.
La historicidad de la persona de Job está atestiguada repetidas veces por textos de la Sagrada
Escritura (Ezequiel 14:14 y 20; Santiago 5:11), que confirman también su gran santidad. Según la
versión griega, Job era descendiente de Abraham en quinta generación, y se identificaría con Joab,
segundo rey de Idumea. Pero esta versión se aparta considerablemente del original. De todos mo-
dos, es cosa admitida que Job no pertenecía al pueblo que había de ser escogido, lo cual hace más
notable su ejemplo.
El autor inspirado que compuso el poema, reuniendo en forma sumamente artística las tradi-
ciones acerca de Job, vivió en una época, en la cual la literatura religiosa estaba en pleno floreci-
miento, es decir, antes del cautiverio babilónico. No es de negar que el estilo del libro tenga cierta
semejanza con el del profeta Jeremías, por lo cual algunos consideran a éste como autor, aunque
está claro que Jeremías es posterior y reproduciría pasajes de Job. Cf. Jeremías 12:1 y Job 21:7;
Jeremías 17:1 y Job 19:23; Jeremías 20:14-18 y Job 3:3-10; Jeremías 20:17 y Job 3:11, etc. Otros
lo han atribuido al mismo Job, a Eliú, A Moisés, a Salomón, y a Daniel.
Job, cubierto de llagas, insultado por sus amigos, padeciendo sin culpa y presentando a Dios
quejas tan desgarradoras como confiadas, es imagen de Jesucristo, y sólo así podemos descubrir el
abismo de este libro que es una maravillosa prueba de nuestra fe. Porque toda la fuerza de la razón
nos lleva a pensar que hay injusticia en la tortura del inocente. Y es Dios mismo quien se declara
responsable de esas torturas. Esta prueba nos hacen penetrar en el gran misterio de "injusticia" que
el amor infinito del Padre consumó a favor nuestro: Hacer sufrir al Inocente por salvar a los culpa-
bles. Y el castigado era Su Hijo único.

Bosquejo:
A. El prólogo, caps. 1 al 2
B. El diálogo entre Job y sus amigos; la voz de Jehová, caps. 3:1 al 42:6
C. Conclusión: La restauración de sus bienes, caps. 42:7-17

LOS SALMOS

Se ha dicho con verdad que los Salmos para el que les presta la debida atención a fin de lle-
gar a entenderlos son como un resumen de toda la Biblia: historia y profecía, doctrina y oración. En
ellos habla el Espíritu Santo por boca de hombres, principalmente de David, y nos enseña lo que he-
mos de pensar, sentir y querer con respecto a Dios, a los hombres y a la naturaleza, y también nos
enseña la conducta que más nos conviene observar en cada circunstancias de la vida.
A veces el divino Espíritu nos habla aquí con palabras del Padre celestial; a veces con pala-
bras del Hijo. En algunos Salmos, el mismo Padre habla a su Hijo como nos los revela Pablo res-
pecto del sublime Salmo 45 (Hebreos 1:8; Salmo 45: 6-7); en otros muchos es Jesús quien se dirige
al Padre. Sorprendemos así el arcano del amor infinito que los une, o sea, los secretos más íntimos

Página 118
de la Trinidad y vemos anunciado mil años antes de la Encarnación del Verbo, los misterios de
Cristo doliente (Salmo 22, 35; 40; 69, etc.) y los esplendores de su triunfo (Salmo 2; 45; 68; 72;
110, etc.); la historia del pueblo escogido con sus ingratitudes (Salmo 105 - 107); sus pruebas
(Salmo 102; 118; etc.); el grandioso destino a él, y a la iglesia de Cristo (Salmo 65; 93-99, etc.).
David es la abeja privilegiada que elabora o mejor, por cuyo conducto el mismo Espíritu
Santo elabora la miel de la oración por excelencia e "intercede por nosotros con gemidos inefables"
(Romanos 8:26). Todo lo que pasa por las manos del real profeta, dice un comentarista, se con-
vierte en oración: afectos y sentimientos; penas y alegrías; aventuras, caídas, persecuciones y triun-
fos; recuerdo de su vida o la de su pueblo (con el cual el profeta suele identificarse), y, principal-
mente, visiones sobre Cristo, "sus pasiones" y "posteriores glorias" (1 Pedro 1:10-12). Profecía de
un alcance insospechado por el mismo David; detalles asombrosos de la Pasión, revelados diez si-
glos antes con la precisión de un evangelista; esplendores del triunfo del Mesías y su Reino, la ple-
nitud de la iglesia, del Israel de Dios: todo, todo sale de su boca y de su arpa, no ya sólo al modo de
un canto de ruiseñor que brota espontáneamente como en el caso del poeta clásico, sino a manera de
olas de un alma que se vuelca, que "derrama su oración" según él mismo lo dice (Salmo 142:2), en
la presencia paternal de su Dios.
Por eso la belleza de los Salmos es toda pura, como la gracia de los niños, que son tanto más
encantadores cuanto menos sospechan que lo son. Este espíritu de David es el que da el tono a sus
cantos, de modo que la belleza fluye en ellos de suyo, como una irradiación inseparable de su per-
fección interior, no pudiendo imaginarse nada más opuesto a toda preocupación retórica, no obstan-
te la estupenda riqueza de las imágenes y la armonía de su lenguaje, a veces onomatopéyico en el
hebreo.
La oración del salmista es toda sobrenatural. Dios la produce, como miel divina, en el alma
de David, para que con ella nos alimentemos (Proverbios 24:13) y nos endulcemos (Salmo 119:103)
todos nosotros. Por eso la entrega el santo rey a los levitas que él mismo ha establecido de nuevo
para el servicio del santuario (1 Crónicas caps. 22- 26).
Se dividen los 150 Salmos del salterio en cinco partes o Libros: I Libro, Salmos 1 - 41; II
Libro, Salmos 42 - 72; III Libro, Salmos 73 - 89; IV Libro, 90 - 106; V Libro 107 - 150.
La mayoría de los Salmos llevan un epígrafe que se refiere o al autor, o a las circunstancias
de su composición o a la manera de cantarlos. Estos epígrafes, aunque no hayan formado parte del
texto primitivo, son antiquísimos; de otro modo no los pondría la versión griega de los LXX. Según
éstos, el principal autor del Salterio es David; siendo atribuido al real profeta, en el texto latino, 85
salmos, 84 en el griego y 73 en el hebreo. Además de David, se mencionan como autores de Sal-
mos: Moisés, Salomón, Asaf, Hemán, Etán, y los hijos de Coré. No se puede, pues, razonablemente
desestimar la tradición cristiana que llama al libro de los Salmos "Salterio de David", porque los de-
más autores son tan pocos y la tradición en favor de los Salmos davídicos es tan antigua, que con
toda razón se puede poner su nombre al frente de toda la colección. En particular no puede negarse
el origen davídico de aquellos salmos que se citan en los libros sagrados expresamente con el nom-
bre de David; así, por ejemplo, los Salmos 3, 16, 18, 110, y otros.
Huelga decir que el género literario de los Salmos es el poético. La poesía hebrea no cuenta
con rima ni con metro en el sentido riguroso de la palabra, aunque sí con cierto ritmo silábico, mas
lo que constituye su esencia, es el ritmo de los pensamientos, repitiéndose el mismo pensamiento
dos y hasta tres veces. Se llama este sistema simétrico de frases: paralelismos de los miembros.

Bosquejo:
Libro I, principalmente oraciones de fe en la adversidad (1 - 41) [Excepciones: Salmos de
alabanza (8, 24, 29, 33); mesiánicos (2, 21); salmos de justicia (1, 15); penitenciales (32); revela-
ción (19) ].
Libro II, principalmente oraciones de fe en la adversidad (42 - 72) [Excepciones: Salmos de

Página 119
alabanza (47, 48, 50, 65-68); mesiánicos (45, 72); penitenciales (51); plegarias (58, 59) ].
Libro III, Salmos de confianza en Dios, especialmente en épocas de angustia de la nación
(73-89) [Excepciones: salmos de alabanza (75, 76); históricos (78,81); de amor por Sión o por el
Templo (84, 87); censura a los malvados (82)].
Libro IV, Salmos de alabanza (90-106) [Excepciones: fe en la adversidad (90, 91, 94, 102);
históricos (105, 106); Salmos de justicia (101) ].
Libros V, Salmos diversos; principalmente de alabanza y confianza en las dificultades (107-
150) [Excepciones: Salmos mesiánicos (110, 132); durante angustia nacional (129, 137); Salmos de
justicia (112, 116); revelación (119); amor por Sión (122) ]. (Categorías especiales en el libro V:
Cánticos graduales (120-134); Salmos de alabanza del grupo de Allel (113-118, 136, 146-150).

PROVERBIOS

El libro de los Proverbios no es un código de obligaciones, sino un tratado de felicidad. Dios


no habla para ser obedecido como déspota, sino para que le creamos cuando nos entrega, por boca
del más sabio de los hombres, los más altos secretos de la Sabiduría (en hebreo Jokmah). Se trata
de una sabiduría eminentemente práctica, que desciende a veces a los detalles, enseñándonos aún,
por ejemplo, a evitar las fianzas imprudentes (Cf. 6:1; 17:18); a desconfiar de la fortuna improvisa-
da (13:11; 20:21); del crédito (22:7) y de los hombres que adulan o prometen grandes cosas (20:19);
a no frecuentar demasiado la casa del amigo, porque es propio de la naturaleza humana que él se
harte de nosotros y nos cobre aversión (25:17). Otras veces nos descubre las más escondidas mise-
rias del corazón humano (por ejemplo: 28:13; 29:19, etc.), y no vacila en usar expresiones cuya
exactitud va acompañada de un exquisito humorismo; por ejemplo: el comparar la belleza en una
mujer insensata, con un anillo de oro en el hocico de un cerdo (11:22).
Casi todos los pueblos antiguos han tenido su sabiduría, distinta de la ciencia, y síntesis de la
experiencia que enseña a vivir con provecho para ser feliz. Aún hoy se escriben tratados sobre el
secreto del triunfo en la vida, del éxito en los negocios, etc. Son sabidurías psicológicas, humanis-
tas, y como tales harto falibles. La sabiduría de la Sagrada Escritura es toda divina, es decir, inspi-
rada por Dios, lo cual implica su inmenso valor. Porque no es ya sólo dar fórmulas verdaderas en sí
mismas, que pueden hacer del hombre el autor de su propia felicidad, a la manera estoica; sino que
es como decir: si tú me crees y te atienes a mis palabras, yo tu Dios que soy también tu amantísimo
Padre, me obligo a hacerte feliz, comprometiendo en ello toda mi omnipotencia. De ahí el carácter
y el valor eminentemente religioso de este libro, aún cuando no habla de la vida futura sino de la
presente, ni trata de sanciones o premios eternos sino temporales.
El libro de los Proverbios debe su nombre al versículo 1:1, donde se dice que su contenido
lo constituyen las "parábolas" o "proverbios" de Salomón. Sin embargo, ni el nombre de parábola
ni el de proverbios, corresponde al hebreo "Maschal" (plural Meschalim). La Sagrada Escritura
llama Maschal no sólo a las parábolas o semejanzas, sino más bien a todos los poemas didácticos, y
en particular a las sentencias y máximas que encierran una enseñanza. Muchas veces el Maschal se
acerca, por su oscuridad, al enigma.
En el título se expresa el objeto del Libro (v.1:1-6). Los primeros nueve capítulos se leen
como una introducción que contiene avisos y enseñanzas generales, mientras los capítulos 10-22:16
forman un cuerpo de sentencias cortas de Salomón, que versan sobre temas variadísimos, no te-
niendo conexión unas con otras. A ellas se añade un apéndice que trae "las palabras de los sabios"
(22:17-24:34). Un segundo cuerpo de sentencias salomónicas, compiladas por los varones de Eze-
quías, se presentan en los capítulos 25 a 29, a los cuales se agregan tres colecciones: los proverbios
de Agur (30:1-22), los de la madre de Lemuel (31:1-9) y el elogio de la mujer fuerte (31:10-31).
El autor del Libro, con excepción de los apéndices, es según los títulos (1:1; 10:1; 25:1), el
rey Salomón quien en sabiduría no tuvo igual (I Reyes 3:11 ss.), atribuyéndole la Sagrada Escritura

Página 120
"3000 proverbios y 1005 canciones" (I Reyes 4:32). El presente libro de los Proverbios contiene
solamente 550, cuarenta de las cuales repetidas casi textualmente.
Los exegetas creen que la última redacción del libro se hizo en tiempos de Esdras.

Bosquejo:
A. Proverbios de Salomón que tratan de la sabiduría, caps. 1 al 9
B. Proverbios de Salomón acerca de los justos y los impíos, de la vida diaria
y sus normas, caps. 10 al 24
C. Proverbios de Salomón compilados por los escribas de Ezequías, caps. 25 al 29
D. Las palabras de Agur, cap. 30
E. Las palabras de Lemuel, cap. 31

ECLESIASTÉS

Eclesiastés, en hebreo Qohélet significa predicador, o sea el que habla en la asamblea; nom-
bre que corresponde por todo concepto a su contenido, porque predica en forma de sentencia y con-
sejo, en prosa y verso, la vanidad de las cosas creadas. Los bienes de este mundo son vanos; vanas
por tanto todas las ambiciones, vana la ilusión de felicidad terrera fuera del sencillo bienestar; la
verdadera felicidad consiste en temer, o sea, reverenciar a Dios nuestro Padre, y observar sus man-
damientos para que en ellos hallemos la vida (Proverbios 4:13).
El autor del libro habla, desde el título como hijo de David, por lo cual las tradiciones judía
y cristiana, que siempre reconocieron su canonicidad, lo atribuyeron a Salomón. Con todo la crítica
moderna y también numerosos exegetas modernos se creyeron obligados a admitir que ciertos pasa-
jes podrían ser de una época posterior a Salomón (P.ej. las referencias sobre la tiranía de los reyes,
la corrupción de los magistrados, la opresión de los súbditos). Señalan, además, que el lenguaje y el
estilo no son los del tiempo salomónico. Por todo lo cual opinan algunos que el Eclesiastés sufrió
posteriormente una transcripción al lenguaje más moderno; otros piensan que el autor se sirvió del
nombre de "hijo de David" sólo con el fin de dar más realce a la obra, y fijan la composición del
Eclesiastés entre los años 300 a 200 antes de Cristo. Podemos admitir la posibilidad de estas fe-
chas, puesto que el libro sagrado no se presenta como escrito por Salomón sino por un autor anóni-
mo que nos refiere dichos del sabio rey. No dice, en efecto: yo, el hijo de David, sino que pone
como título: palabras del Eclesiastés (= predicador), hijo de David rey de Jerusalén (1:1) y empieza
mencionándolo en tercera persona: "dijo el Eclesiastés" (1:2), para hacerlo hablar luego en primera
persona (1.12 ss.). Lo mismo hace en el epílogo (12:8 y ss.), donde refiere que el Eclesiastés era
sapientísimo, que compuso muchas parábolas, etc., cosas todas que sabemos son exactas respecto
de Salomón (I Reyes 4:34; Proverbios 1:1), a quien el autor se refiere con toda evidencia (1:12,16,
etc.), del mismo modo como los Evangelios se refieren a Cristo y nos dan sus palabras, pudiendo
nosotros decir con toda exactitud: "el evangelio de nuestro Señor Jesucristo", y afirmar que en él
habla en divino Maestro, no obstante saber todos que El no lo escribió. No hay, pues, pura ficción
en el autor de este divino libro del Eclesiastés, sino que, reconociendo su inspiración sobrenatural,
debemos creer que quiere transmitirnos las palabras y sabiduría de Salomón, tal como lo hicieron
con Cristo los escritores del Nuevo Testamento, aún aquellos que no lo habían escuchado directa-
mente.
El Eclesiastés no es sistemático. No le atraen las síntesis, y parece desinteresarse de las con-
clusiones de sus asertos, aún cuando suenen a discordantes. Pablo pudo gloriarse de predicar
igualmente: "no con palabras persuasivas según la sabiduría humana, sino mostrando la verdad con
el Espíritu Santo y la fuerza de Dios" (1 Corintios 2:4). De ahí que estas sentencias, tremendas
para la suficiencia humana, hayan escandalizado hasta ser tildadas de epicúreas. En realidad la irre-
sistible elocuencia de este Libro revulsivo, con su apariencia de pesimismo implacable, es quizás lo

Página 121
más poderoso que existe para quitarnos la venda que oculta, a nuestra inteligencia oscurecida por el
pecado congénito, los esplendores de la vida espiritual, y remover así ese gran obstáculo con que "el
padre de la mentira" (Juan 8:44) pretende escondernos las bienaventuranzas.
Los hebreos dividían los libros sagrados en tres grupos: La Torá (Ley); Los Nebiyim (Profe-
tas) y los Ketubim (Hagiógrafos). A este tercer grupo pertenece el Eclesiastés, que era contado
también entre los 5 Meghillot, o sea, libros pequeños que se escribían en rollos aparte, para uso li-
túrgico.

A. Del problema de la vida, cap. 1:1-11


B. Observaciones en cuanto al problema, caps. 1:12 al 12:8
C. Conclusión, cap. 12:8-14

CANTAR DE LOS CANTARES

El libro describe el amor y casamiento de Salomón (llamado el amado) y una joven campe-
sina (denominada la sulamita). Consiste totalmente de discursos, pronunciados principalmente por
la sulamita y Salomón. Puesto que se trata de poesía oriental antiquísima, difiere básicamente de la
manera que un escritor devoto de la actualidad podría presentar las mismas ideas básicas. Describe
la belleza del amor puro entre una mujer y un hombre, que se profundiza en una devoción mutua e
imperecedera. El mensaje fundamental es la pureza y el carácter sagrado del amor en el matrimonio
—un mensaje muy necesario en nuestros días de tantas promesas matrimoniales quebrantadas y
fáciles divorcios—.
Al mismo tiempo, el Cantar de los Cantares nos recuerda que lo que respalda todo amor hu-
mano puro es el más grande y profundo de todos los amores -el amor de Dios, que sacrificó a su
hijo para redimir a los pecadores, y el amor del Hijo de Dios que sufrió y murió por su esposa la
Iglesia-. El Cantar de los Cantares no es ni alegoría ni tipo, sino una parábola del amor divino que
constituye el fondo y la fuente de todo verdadero amor humano.
El título (1:1) indica que Salomón es el autor. Esto concuerda bien con el contenido del li-
bro, especialmente la descripción de la naturaleza. Nadie ha presentado un caso convincente contra
la paternidad literaria de Salomón. Fue rey de Israel entre los años 973 al 933 antes de Cristo apro-
ximadamente.

Bosquejo:
A. Título del libro, 1:1
B. La sulamita y su amado se deleitan mutuamente, 1:2 - 2:7
C. Se profundiza el amor de la sulamita y su amado, 2:8 - 3:5
D. La solemnización de su matrimonio, 3:6 - 5:1
E. Ausencia transitoria seguida de una reunión feliz, 5:2 - 8:4
F. El esposo y la esposa conversan de su amor inextinguible, 8:5 - 14

Página 122
LOS DIECISIETE LIBROS PROFÉTICOS

LOS CINCO PROFETAS MAYORES

ISAÍAS

No todos los profetas nos han dejado sus visiones en forma de escritos. De Elías y de Eli-
seo, por ejemplo, sólo sabemos los que nos narran los libros históricos del Antiguo Testamento,
principalmente los Libros de los Reyes.
Entre los líricos cuyos escritos poseemos es sin duda el mayor Isaías, hijo de Amós, de la
tierra de Judá, quien fue llamado al duro cargo de profeta en el año 738 a.C., y cuya muerte ocurrió
probablemente bajo el rey Manasés (692-639). Según una antigua tradición judía, murió aserrado
por la mitad a manos de los verdugos de este impío rey.
Isaías es el primero de los profetas del Antiguo Testamento, desde luego por lo acabado de
su lenguaje, que representa el siglo de oro de la literatura hebrea, pero sobre todo por la importancia
de los vaticinios que se refieren al pueblo de Israel, los pueblos paganos y los tiempos mesiánicos y
escatológicos. Ningún otro profeta vio con tanta claridad al futuro redentor, y nadie, como él, reci-
bió tantas ilustraciones acerca de la salvación mesiánica, de manera que le conoce como "el evange-
lista entre los profetas".
Se distingue en el libro de Isaías un prólogo (cap. 1) y dos partes principales. La primera
(caps. 2-35) es una colección de profecías, exhortaciones y amonestaciones, que tienen como punto
de partida el peligro asirio, y contiene vaticinios sobre Judá e Israel (2:1 - 12:6), oráculos contra las
naciones paganas (13:1 - 23:18); profecía escatológica (24:1 - 27:13); amenazas contra la falsa se-
guridad (28:1 - 33:24), y la promesa de la salvación de Israel (34:1 - 35:10). Entre las profecías
descuellan las consignadas en los capítulos 7 - 12. Fueron pronunciadas en tiempos de Acaz y tie-
nen por tema la Encarnación del Hijo de Dios, por lo cual son también llamadas " El Libro de En-
manuel".
Entre la primera y segunda parte media un trozo de 4 capítulos (36 - 39) que forma algo así
como un bosquejo histórico.
El capítulo 40 da comienzo a la parte segunda del libro (caps. 40 - 66), que trae 27 discursos
cuyo fin inmediato es consolar con las promesas divinas a los que iban a ser desterrados a Babilo-
nia.
Fuera de eso su objeto principal es anunciar el misterio de la Redención y de la Salvación
mesiánica, a la cual precede la Pasión del "Siervo de Dios", que se describe proféticamente con la
más sorprendente claridad.
No es de extrañar que la crítica racionalista haya atacado la autenticidad de esta segunda
parte, atribuyéndola a otro autor posterior al cautiverio babilónico. Contra tal teoría que se apoya
casi exclusivamente en criterios internos y lingüísticos, se levanta no sólo la tradición judía, sino
también toda la tradición cristiana.

A. Profecías concernientes a Judá y Jerusalén, caps. 1 al 12


B. Profecías concernientes a las naciones, caps. 13 al 23
C. Profecías de juicios contra las naciones, con la restauración de Jerusalén en victoria, caps.
24 al 35
D. La invasión de Senaquerib. Judá es liberado de Senaquerib, cap. 36 al 37
E. División histórica del libro: la invasión asiria, caps. 38 al 39
F. La enfermedad e imprudencia de Ezequías, caps. 38 al 39
G. Profecías de consolación y paz, caps. 40-66

Página 123
JEREMÍAS

En cuanto a los datos biográficos, Jeremías es el menos ignorado entre todos los profetas de
Israel. Hijo del sacerdote Hilcías, nació en Anatot, a 4 kilómetros al Norte de Jerusalén, y fue desti-
nado por Dios desde el seno materno para el cargo de profeta (1:5). Empezó a ejercer su altísima
misión en el decimotercero año del rey Jocías (638 - 608 a.C.), es decir, en 625. Durante más de 40
años, bajo los reyes Josías, Joacaz, Joacim, Joaquín, (Jeconías) y Sedecías siguió amonestando y
consolando a su pueblo, hasta que la ciudad impenitente cayó en poder de los babilonios (587 a.C.).
Jeremías no compartió con su pueblo la suerte de ser deportado a Babilonia sino que tuvo la
satisfacción de ser un verdadero padre del pequeño y desamparado resto de los judíos que había
quedado en la tierra de sus padres. Mas cuando sus compatriotas asesinaron a Godolías, gobernador
del país desolado, obligaron al profeta a refugiarse con ellos en Egipto, donde según tradición anti-
quísima, lo mataron porque no cesaba de predicarles la Ley de Dios.
Jeremías es un ejemplo de vida religiosa, creyéndose que se conservó soltero (16:1 s.). Aus-
tero y casi ermitaño, se consumió en dolores y angustias (15:17 s.) por amor a su pueblo obstinado.
Para colmo se levantaron contra él falsos profetas y consiguieron que, por mandato del rey, fuesen
quemadas sus profecías. Él mismo fue encarcelado y sus días habrían sido contados, si los babilo-
nios, al tomar la ciudad, no le hubiesen libertado.
Su libro se divide en dos partes, la primera de las cuales, contiene las profecías que versan
sobre Judá y Jerusalén (caps. 2 - 45), y la segunda reúne los vaticinios contra otros pueblos (caps.
46 - 51). El primer capítulo narra la vocación del profeta, y el último capítulo (52) es un apéndice
histórico.
Cuanto menos comprendido fue Jeremías por sus contemporáneos, tanto más lo fue por las
generaciones que le siguieron. Sus vaticinios alentaban a los cautivos de Babilonia, y a él se dirigí-
an las miradas de los israelitas que esperaban la salvación mesiánica. Tan grande era su autoridad
que muchos creían que volvería de nuevo, como se ve en el episodio de Mateo 16:14.

Bosquejo:
A. Profecías contra Judá ante de la invasión Caldea, caps. 1 al 35
B. Historia de Jeremías y sus profecías escritas, caps. 36 al 45
C. Profecías contra las naciones, caps. 46 al 51
D. Apéndice histórico, cap. 52

LAMENTACIONES

La tradición atribuye unánimemente a Jeremías la colección de las lamentaciones que va


unida al libro de sus profecías.
Se llaman Lamentaciones o, según el griego, Trenos, porque expresan en la forma más con-
movedora el amarguísimo dolor del santo profeta por la triste suerte de su pueblo y la ruina del
templo y de la ciudad de Jerusalén. Fueron compuestas bajo la impresión de la tremenda catástrofe,
inmediatamente después de la caída de la ciudad (587 a.C.).
Este pequeño libro pertenece al género de poesías lírico-elegíaco, distinguiéndose, además,
por el orden alfabético de los versos en los capítulos 1 -4. Su estilo es vivo y patético, pero a la vez
tierno y compasivo como la voz de una madre que consuela a sus hijos. No hay en toda la antigüe-
dad obra alguna que puede compararse, en cuanto a la intensidad de los sentimientos, con una de
estas elegías inmortales.
En el canon judío las Lamentaciones formaban parte de los 5 libros (Megillot) que se leían
en ciertas fiestas.

Página 124
Bosquejo:
A. Descripción de la Jerusalén arruinada, caps. 1 al 4
B. Súplica a Dios en pos de Su misericordia, cap. 5

EZEQUIEL

Ezequiel, hijo de Buzí, de linaje sacerdotal, fue llevado cautivo a Babilonia junto con el rey
Jeconías de Judá (597 a.C.) e internado en Tell-Abib a orillas del río Cobar. Cinco años después, a
los treinta de su edad (Cf. 1:1), Dios lo llamó al cargo de profeta, que ejerció entre los desterrados
durante 22 años, es decir, hasta el año 570 a.C.
A pesar de las calamidades del destierro, los cautivos no dejaban de abrigar falsas esperan-
zas, creyendo que el cautiverio terminaría pronto y que Dios no permitiría la destrucción de su
Templo y de la ciudad santa (véase Jeremías 7:4). Había, además, falsos profetas que engañaban al
pueblo prometiéndole en un futuro cercano el retorno al país de sus padres. Tanto mayor fue el
desengaño de los infelices cuando llegó la noticia de la caída de Jerusalén. No pocos perdieron la fe
y se entregaron a la desesperación.
La misión del profeta Ezequiel consistió principalmente en combatir la idolatría, la corrup-
ción por las malas costumbres, y las ideas erróneas acerca del pronto regreso a Jerusalén. Para con-
solarlos pinta el profeta, con los más vivos y bellos colores, las esperanzas de la salud mesiánica.
Se divide el libro en un prólogo, que resalta el llamamiento del profeta (caps. 1-3), y tres
partes principales. La primera (caps. 4-24) comprende las profecías acerca de la ruina de Jerusalén;
la segunda (25-32), el castigo de los pueblos enemigos de Judá; la tercera (caps. 33-48), la restaura-
ción.
Es notable la última sección del profeta (40-48) en que nos describe en forma verdadera-
mente geométrica la restauración de Israel después del cautiverio: el templo, la ciudad, sus arrabales
y la tierra toda de Palestina repartida por igual entre las doce tribus.
Las profecías de Ezequiel descuellan por la riqueza de alegorías, imágenes y acciones sim-
bólicas, de tal manera que se le conoce por "mar de la palabra divina" y "laberinto de los secretos de
Dios".
Según tradición judía, Ezequiel murió mártir.

Bosquejo:
A. Profecías para los judíos antes de la caída de Jerusalén, caps. 1 al 24
B. Profecías contra las naciones, caps. 25 al 32
C. Amonestaciones y promesas para Israel y Judá, caps. 33 al 39
D. Profecías acerca de un futuro glorioso, caps. 40 al 48

DANIEL

Daniel, a quien la misma Biblia cita como prototipo de santidad (Ezequiel 14:14 y 20) y
sabiduría (Ezequiel 28:3), vivió, como Ezequiel, en Babilonia durante el cautiverio; pero no fue
sacerdote que adoctrinase al pueblo como aquél y como Jeremías en Jerusalén; sino un alto persona-
je en la corte de un rey pagano, como fueron José en Egipto y Ester y Mardoqueo en Persia. De ahí,
sin duda, que la Biblia hebrea lo colocase más bien entre los Hagiógrafos, y que el Talmud viese en
él una figura del Mesías por su fidelidad en las persecuciones.
Su libro, último de los cuatro profetas mayores en el orden cronológico y también por su
menor extensión, reviste, sin embargo, importancia extraordinaria; debido al carácter mesiánico y
escatológico de sus revelaciones. En él se contienen admirables y especialísimos vaticinios del esta-
do político del mundo, y también del de la iglesia, desde su tiempo hasta la Encarnación del Verbo

Página 125
Eterno y, después, hasta la consumación del siglo.
Precisamente por ello, el Libro de Daniel es uno de los más misteriosos del Antiguo Testa-
mento; el primer Apocalipsis, cuyas visiones quedarían en gran parte incomprensible, si no tuviéra-
mos en el Nuevo Testamento un libro paralelo, el Apocalipsis de Juan. Es, por lo tanto, muy prove-
choso leer los dos juntos, para no perder una gota de su admirable doctrina. Algunas de las revela-
ciones sólo se entenderán en los últimos tiempos, dice el mismo Daniel en 10:14; y esos tiempos
bien pueden ser los que vivimos nosotros.
El Libro de Daniel se divide en dos partes principales. La primera (caps. 1 al 6) se refieren a
acontecimientos relacionados principalmente con el profeta y sus compañeros, menos el capítulo se-
gundo que es una visión profética dentro de la parte histórica. La segunda (caps. 7 al 12) contienen
exclusivamente visiones proféticas. Anuncia, en cuatro visiones notables, los destinos sucesivos de
los grandes imperios paganos, contemplados, sea en ellos mismos, sea en sus relaciones con el pue-
blo de Dios: Primero, las cuatro bestias, que simbolizan la sucesión de las monarquías paganas y el
advenimiento del reino de Dios (cap. 7); Segundo, el carnero y el macho cabrío (cap. 8); Tercero,
las setenta semanas de años (cap. 9); Cuarto, las calamidades que el pueblo de Jehová deberá sufrir
de parte de los paganos hasta su glorioso restablecimiento (cap. 10-12). El orden seguido en cada
una de estas dos partes es el cronológico.
En algunas Biblias con libros apócrifos, se le añade al capítulo 3 los versículos 24 al 90 y un
apéndice apócrifo de dos capítulos (13-14) (es lo que se llama la parte Deuterocanónica). El Libro
está escrito, como lo fue el de Esdras, en dos idiomas entremezclados: parte en hebreo (1:1-2:4a;
caps. 8-12) y parte en Arameo (2:4b-7:28) y cuya traducción por los LXX ofrece tan notables diver-
gencias con el texto Masorético que ha sido adoptada en su lugar para la Biblia griega la de Teodo-
ción; de la que Jerónimo tomó los fragmentos deuterocanónicos (3:24-90 y los capítulos 13-14) para
su versión latina. El empleo de dos lenguas se explica por la diferencia de los temas y destinatarios.
Los capítulos escritos en arameo, que en aquél tiempo era el idioma de los principales reinos orien-
tales, se dirigen a éstos (véase 2:4), mientras que los escritos en hebreo, que era el idioma sagrado
de los judíos, contienen lo tocante al pueblo escogido, y en sus últimas consecuencias, a nosotros.
Muchos se preguntan si los sucesos históricos que sirven de marco para las visiones y profe-
cías, han de tomarse en sentido literal e histórico, o si se trata sólo de tradiciones legendarias y crea-
ciones de la fantasía del hagiógrafo, que, bajo forma y apariencia de relato histórico o de visión pro-
fética, nos hubiera transmitido, inspirado por Dios, sus concepciones sobre la intervención de Dios
en el gobierno de los imperios y el advenimiento de su Reino. Algunos exegetas abogan por el sen-
tido literal e histórico, y su ejemplo se ha seguido con algunas excepciones, por muchos intérpretes,
de modo que las dificultades que se oponen al carácter histórico de los relatos daniélicos, han de
solucionarse en el campo de la historia y de la arqueología bíblica, así como muchas de sus profecí-
as iluminan los datos de la historia profana y se aclaran recíprocamente a la luz de otros vaticinios
de ambos Testamentos.
También contra la autenticidad del Libro de Daniel se han levantado voces que pretenden
atribuirlo en su totalidad o al menos en algunos capítulos, a un autor más reciente. Felizmente exis-
ten no pocos argumentos en favor de la autenticidad, especialmente, el testimonio de Ezequiel
(14:14 ss.; 28:3), y del mismo Jesucristo quien habla del "profeta Daniel" (Mateo 24:15), citando un
pasaje de su libro (Daniel 9:27). Poseemos, además, una referencia en el historiador judío Flavio
Josefo, quien nos dice que el Sumo Sacerdote Jaddua mostró las profecías de Daniel a Alejandro
Magno, lo que significa que este Libro debe ser anterior a la época del gran conquistador del siglo
IV, es decir que no puede atribuirse al período de los Macabeos, como sostienen aquellos críticos.
Lo mismo se deduce de la incorporación del Libro de Daniel en la versión griega de los LXX, la
cual se hizo en el siglo III o II a.C.
No obstante, los problemas históricos planteados en este libro divino, sus profecías fueron
de amplia y profunda influencia, particularmente durante las persecuciones en el tiempo de los Ma-

Página 126
cabeos. En los relatos y en las revelaciones de Daniel el pueblo de Jehová poseía un documento au-
téntico que le prometía claramente la liberación final gracias al Mesías. En ellas encontraron los ju-
díos perseguidos por el tirano Antíoco Epifanes el mejor consuelo y la seguridad que los reinos pa-
ganos, por más poderosos que fuesen, no conseguirían destruirlos y que, pasado el tiempo de los
gentiles, vendrá el Reino de Dios que el profeta anuncia en términos tan magníficos (Cf. 2:44; 7:13
ss.; 9:24 ss.). Para nosotros, los cristianos, no es menor la importancia del libro de Daniel, siendo,
como es, un libro de consoladora esperanza y una llave de inapreciable valor para el apocalipsis de
Juan. Un estudio detenido y reverente de las profecías de Daniel nos proporciona no solamente
claros conceptos acerca de los acontecimientos del fin, sino también la fortaleza para mantenernos
fieles hasta el día en que se cumpla nuestra "bienaventurada esperanza" (Tito 2:13).

Bosquejo:
A. Parte histórica, caps. 1 al 6
B. Parte profética, caps. 7 al 12

LOS DOCE PROFETAS MENORES


OSEAS

Con Oseas comienza la serie de los Doce Profetas Menores. Se llaman «Menores» no por-
que fuesen profetas de una categoría menor, sino por la escasa extensión de sus profecías, con rela-
ción a los Profetas Mayores.
Oseas u Osee, profeta de las diez tribus del Norte, como su contemporáneo Amós, vivió en
el siglo VIII a.C. , mientras Isaías y Miqueas profetizaban en Judá, es decir, bajo el reinado del rey
Jeroboam II de Israel (783-743 a.C.) y de los reyes Ocías (Amasías) (789-738 a.C.), Joatán (738-
736 a.C.), Acaz (736-721 a.C.) y Ezequías (721-693 a.C.), reyes de Judá. Sus discursos proféticos
se dirigen casi exclusivamente al reino de Israel (Efraín, Samaria), entonces poderoso y depravado,
y sólo de paso a Judá. Son profecías duras, cargadas de terribles amenazas contra la idolatría, la
desconfianza en El y la corrupción de costumbres y alternadas, por otra parte, con esplendorosas
promesas (Cf. 2:14 ss.) y expresiones del más inefable amor (Cf. 2:23;11:8, etc.). El estilo es sucin-
to y lacónico, pero muy elocuente y patético y a la vez riquísimo en imágenes y simbolismos.
La primera parte (cap. 1-3) comprende dos acciones simbólicas que se refieren a la infideli-
dad del reino de Israel como esposa de Jehová. La segunda (cap. 4-14) es una colección de cinco
vaticinios (cap. 4,5,6,7-12; 12-14) en que se anuncian los castigos contra el mismo reino y luego la
purificación de la esposa adúltera, en la cual se despierta la esperanza en el Mesías y su glorioso rei-
nado.

Bosquejo:
A. Historia doméstica-profética del profeta, caps. 1 al 3
B. Discursos a la nación israelita, caps. 4 al 14

JOEL
De Joel, profeta de Judá e hijo de Fatuel, nada sabemos fuera de los tres capítulos de profe-
cías que llevan su nombre. El tiempo de su actividad ha de ser calculado después de separarse de la
casa de David las diez tribus, pero antes del destierro. El hecho que solamente se mencionen los
sacerdotes, y no los reyes, hace conjeturar que Joel haya escrito en tiempos del rey Joás de Judá
(836-797 a.C.) cuando el sumo sacerdote Joiada en nombre del rey niño manejaba las riendas del
gobierno (II de Reyes 11). Una minoría de exegetas ubica a Joel en el período después del Destie-
rro, fundándose especialmente en 3 a 6, donde se mencionan los griegos (Cf. Nácar Colunga). Su

Página 127
anuncio, como dice este mismo autor, es escatológico, cosa que no debe olvidarse al interpretarlo.
En el primer discurso profético describe Joel una plaga terrible de langostas, fenómeno co-
nocido en Judea, como figura del oprobio de Israel por parte de las naciones. Ello da ocasión al pro-
feta, en el segundo discurso (2:18-3:21), para exhortar a Israel a la construcción y anunciar el "día
del Señor" y el juicio de las naciones o castigos de los enemigos del pueblo santo, y en el reino me-
siánico, siendo especialmente de notar la aplicación que san Pedro hizo de esta profecía (Hechos
2:28-31) el día de Pentecostés, a los carismas traídos por el Divino Espíritu.

Bosquejo:
A. Cosas presentes, caps. 1:1 al 2:27
B. Cosas futuras, caps. 2:28 al 3:21

AMÓS

Antes de su vocación, Amós fue pastor y labrador que apacentaba sus ovejas y cultivaba ca-
brahigos en Tecoa, localidad de la montaña de Judá, situada a 20 kms. al Sur de Jerusalén. A pesar
de su pertenencia al reino de Judá, Dios lo llamó al reino de Israel (Cf. 1:1; 7:14 s), para que predi-
case contra la corrupción moral y religiosa de aquel país cismático que se había separado de Judá y
el Templo. Alguna vez menciona también a Judá (2:4) y a todo el pueblo escogido (9:11). Amós
desempeñó su cargo en los días de Ocías (Azarías), rey de Judá (789-738 a.C.) y Jeroboam II rey de
Israel (783-743 a.C.).
Desde un principio, el profeta se mostró intrépido defensor de la Ley de Dios, especialmente
en su encarnizada lucha contra el culto del becerro adorado en Betel. Perseguido por Amasías, sa-
cerdote de aquel becerro (7:10), el profeta murió mártir, según una tradición judía.
Los primeros dos capítulos contienen amenazas contra los pueblos vecinos, mientras los
capítulos 3 a 6 comprende profecía contra el reino de Israel. Los capítulos 7-9 presentan cinco vi-
siones proféticas acerca del juicio de Dios sobre su pueblo y el reino mesiánico, a cuyas maravillas
dedica los últimos versículos, como lo hacen también Oseas, Joel, Abdías y casi todos los profetas
Mayores y Menores.

Bosquejo:
A. Juicios contra las naciones vecinas, caps. 1:1 al 2:5
B. Juicios contra Israel, caps. 2:6 al 6:14
C. Visiones del juicio de Israel, caps. 7:1 al 9:10
D. Profecías de la restauración de Israel, cap. 9:11-15

ABDÍAS

Son muy escasas las noticias que poseemos sobre Abdías, cuyo nombre hebreo Obadyah
significa siervo de Jehová. Algunos expositores antiguos lo identifica con aquel Abdías, mayordo-
mo de Acab, que alimentó a los cien profetas que habían huido del furor de Jezabel (I Reyes 18:2
ss.). Los escrituristas modernos, en su mayoría no se adhieren a esta opinión. Sea lo que fuere, el
tiempo en que actuó el autor de esta pequeña pero muy impresionante profecía, debe ser anterior a
los profetas Joel, Amós y Jeremías, los cuales ya la conocían y la citaban. Lo más probable parece
que haya profetizado en Judá alrededor de 885 años a.C., cuando Elías profetizaba en Israel.
Su único capítulo contiene dos visiones. La primera se refiere a los idumeos (edomitas), un
pueblo típicamente irreligioso y enemigo hereditario de los judíos y que se unían siempre a sus per-
seguidores. Pero el día del Señor se aproxima; Dios se vengará a sí mismo y vengará a Israel, contra
los idumeos y contra todas las naciones gentiles. Los israelitas al contrario serán bendecidos; se

Página 128
apoderarán del territorio de sus opresores y luego Jehová reinará gloriosamente y para siempre en
Sión. A esta restauración de Israel y reino mesiánico se refiere la segunda parte de la profecía.

Bosquejo:
A. La humillación de Edom, vs. 1 al 9
B. Las causas de la humillación, vs. 10 al 16

JONÁS

No hay motivos para dudar que Jonás es el mismo profeta hijo de Amati o Amitai (Cf. 1:1)
que en tiempo de Jeroboam II (783-743 a.C.) predijo una victoria sobre los asirios (II Reyes 14:25).
La tradición judía cree que fue también el que ungió al rey Jehú por encargo del profeta Eliseo (II
Reyes 9:1 ss.).
Los cuatro capítulos del libro no son profecía propiamente dicha, sino más bien relatos pro-
bablemente escritos por el mismo Jonás, aunque habla en tercera persona de un viaje del profeta a
Nínive y de las dramáticas aventuras que el ocurrieron con motivo de aquella misión. Sin embargo,
tomados en conjunto revisten carácter profético, como lo atestigua el mismo Jesucristo en Mateo
12:40, estableciendo al mismo tiempo la historicidad de Jonás, que algunos han querido mirar como
simple parábola (Cf. 2:1). Jerónimo, el traductor de la Vulgata, empleando un juego de palabras,
dice que "Jonás, la hermosa paloma (Yona significa en hebreo paloma), fue en su naufragio figura
profética de la muerte de Jesucristo. Él movió a arrepentimiento al mundo pagano de Nínive, y le
anunció la salvación venidera".
La nota característica de esta emocionante historia consiste en la concepción universalista
del reino de Dios y en la anticipación del Evangelio de la misericordia del Padre Celestial, "que es
bueno con los desagradecidos y malos" (Lucas 6:35). El caso de Jonás encierra así un vivo repro-
che, tanto para los que considera el reino de Dios como una cosa reservada para ellos solos, cuantos
para los que se escandalizan de que la Divina Bondad supere a lo que el hombre es capaz de conce-
bir.
En cuanto a la personalidad de Jonás, para formarse de ella un concepto exacto ha de tenerse
presente que Dios no se propone aquí ofrecernos un ejemplo de vida santa, ni de celo en la predica-
ción, ni de sabiduría, como en Jeremías, Ezequiel o Daniel, sino, a la inversa, mostrarnos la lección
de sus yerros. La labor profética de Jonás en este libro, se limita a un versículo (3:4), donde anun-
cia y repite escuetamente que Nínive será destruida, sin exponer doctrina, ni formular siquiera un
llamado a la conversión. Y en cuanto a la actuación y conducta personal del profeta, vemos que
empieza con una desobediencia (1:3) y que no obstante la gran prueba que sufre y de la cual Dios lo
salva (cap.. 2), termina con dos distintos accesos de ira (4:4 y 8), uno por falta de misericordia hacia
los pecadores (Cf. 2:9), y el otro por falta de resignación. Lejos, pues, de proponérselo Dios como
tipo de imitación, la enseñanza del Libro consiste, al contrario, en descubrirnos al desnudo las debi-
lidades del profeta; lo cual es ciertamente un espejo precioso para que aprendamos a reconocer que
las miserias nuestras no son menores que las de Jonás, y lo imitemos, eso sí, en la rectitud con que
se declara culpable (1:12) y en la confianza que manifiesta su hermosa plegaria del capítulo dos.
Jonás es figura de Cristo, que fue "muerto y sepultado y al tercer día resucitó de entre los
muertos", y cuya resurrección es prenda de la nuestra. José es también tipo de nuestro Salvador en
cuanto Enviado que desde Israel trajo la Salvación a los gentiles (Lucas 2:32) y representa de este
modo la vocación apostólica del pueblo de Dios.

Bosquejo:
A. El mensajero rebelde, cap. 1
B. El mensajero humillado, cap. 2

Página 129
C. El mensajero obediente, cap. 3
D. El mensajero corregido, cap. 4

MIQUEAS

La Sagrada Escritura conoce a dos profetas que llevan el nombre de Miqueas; uno que vivió
en el reino de Israel (I Reyes 22:8 ss) en tiempo de rey Acab (873-854 a.C.), y otro que profetizó en
el reino de Judá (Jeremías 26:18), reinando Jotán (738-736 a.C.), Acaz (736-721 a.C.) y Ezequías
(721-693 a.C.). Este segundo nos dejó el presente libro. De su vida solamente sabemos que era
oriundo de Morasti (Moréset), pequeño lugar cerca de Eleuterópolis (hoy Beit Dschibrin) al Sudoes-
te de Jerusalén.
El marco histórico en que se encuadra la actividad de Miqueas es determinado por los tres
reyes mencionados en 1:1, apogeo de Judá bajo Joatán; humillación e invasiones enemigas en el rei-
nado de Acaz y Ezequías; idolatría y vicios que provocaron la restauración del culto por este santo
rey.
El libro se compone de tres discursos. El primero (cap. 1-2) se dirige contra los reinos de Is-
rael y Judá a los cuales predice la ruina, pero también el regreso del cautiverio y la erección del re-
ino mesiánico. El segundo discurso (cap. 3-5) trae amenazas contra los príncipes y jueces, contra
falsos profetas y malos sacerdotes, contra Sión y el Templo, el cual será destruido en castigo de las
maldades, pero al mismo tiempo promete felicidad futura, gloria para Jerusalén como centro de to-
dos los pueblos, la restauración del reino de David y la venida del Mesías que nacerá en Belén. El
tercer discurso (cap. 6-7) contiene exhortaciones al arrepentimiento, anuncia el perdón y muestra el
camino de la salvación. Concluye el libro con un himno rebosante de promesa y de esperanza.
Miqueas se distingue por la belleza y sublimidad de su lenguaje, que es "terrible, desnudo y
audaz en las conminaciones (3:12), elevado y grandioso en las promesas (4:1 ss.; 5:1 ss.), tierno y
patético en sus quejas y lamentos (6:1 ss)". Tiene mucha semejanza con su contemporáneo Isaías,
junto con el cual Miqueas inaugura el siglo de oro de la Literatura Hebrea.

Bosquejo:
A) El primer mensaje: la destrucción de Samaria a causa del pecado, cap. 1 y 2
B) El segundo mensaje: la sentencia de Dios a los magistrados malos y a los falsos profetas. El
juez traerá paz, caps. 3 al 5
C) El tercer mensaje: Dios llama a cuenta a su pueblo, caps. 6 y 7

NAHUM
Nahum nació en el siglo VII a.C.; según la tradición judía, bajo el rey Manasés (693-639), o
quizás Josías (638-608), y profetizó contra Nínive, capital del reino de los asirios. Fuera de este orá-
culo no poseemos nada de su actividad profética, la cual está colocada entre la de Isaías, de quien
cita varios pasajes (Cf. 1:4 = Isaías 33:9; 1:15 = Isaías 52:7; 3:5 = Isaías 47:3 y 9); y la de Jeremías
que, a la inversa, cita a nuestro profeta (Cf. 1:13 = Jeremías 30:8; 3:5,13,17 y 19 = Jeremías 13:12
ss; 50:37; 51:30; etc.).
Lo único que acerca de la vida de Nahum indica la Sagrada Escritura (Nahum 1:1) es el lu-
gar de su nacimiento, pues lo llama Elcos (1:1), es decir, de Elkosch, situada, según unos, en Gali-
lea, según otros en Judea, y cuyas ruinas se veían allí todavía en tiempos de Jerónimo el traductor
de la Vulgata. Menos fundada es la opinión que naciera en Elkosch, situada cerca de Mosul, donde
los nestorianos veneran su sepulcro.
Como Abdías se consagró esencialmente a anunciar la ruina de los idumeos, hijos de Esaú y
enemigos envidiosos de Israel, aunque hermanos suyos según la carne, así el fin de la profecía de
Nahum es prevenir a sus lectores contra la poderosa capital asiria, y darle la seguridad que será des-

Página 130
truida la que un día pareció realizar la hazaña -única entre los pueblos gentiles- de convertirse al
Dios de Israel (Cf. Jonás 3) para caer luego en la apostasía y ser su más terrible enemigo (1:11). En
tal sentido las profecías de Nahum y Jonás son correlativas, y cada una revela la gran importancia
de la otra en el plan divino. En tiempo de Nahum, Nínive había ya llevado cautiva a las diez tribus
del norte (Israel) en 721 a.C., y amenazaba orgullosamente a Jerusalén bajo Senaquerib (2 Reyes
18:15 s.), a cuya invasión de Judea milagrosamente frustrada por un ángel (Cf. Isaías 36-37), pare-
cería aludir Nahum en 1:12 s.
Bosquejo:
A. Mensaje de consolación a Judá, cap. 1
B. La destrucción de Nínive en visión profética, cap. 2
C. Las razones para el castigo de Nínive, cap. 3
HABACUC

El libro de Habacuc no da detalle sobre la vida del profeta. Nada sabemos de su vida salvo el
retrato psicológico que él mismo nos pinta en los tres capítulos de su libro. Habacuc se muestra
dominado por ciertas dudas respecto al porvenir de su pueblo y al reino de Dios, mas su confianza y
su fe son mayores aún. El es el justo "que vive de la fe" según esta profundísima sentencia que él
nos dejó y que Pablo cita tres veces. Cf. 2:4 y los últimos versículos del capítulo 3.
Habacuc profetizó antes de la invasión de Judá por los caldeos (605) puesto que tal calami-
dad es objeto de su vaticinio, después de la cual Habacuc predice la ruina de Babilonia, como predi-
jo Nahum la de Nínive, ambos crueles enemigos del pueblo y del reino de Dios. La identidad de su
persona con aquel Habacuc que se menciona en el libro de Daniel (Daniel 14:32), no es probable
por razones cronológicas, pues éste último aparece unos cien años después.
El libro comienza con un diálogo entre Dios y el profeta sobre el castigo de Judá, se dirige
luego contra los babilonios y termina con un magnífico y célebre cántico (cap. 3), y que por la ri-
queza de su estilo denota, como Miqueas y Joel, la edad de oro de la lengua hebrea. En él, Haba-
cuc, que es el profeta de la fe, expresa la segura esperanza en la salvación que viene de Dios y la
destrucción de los enemigos de su pueblo.

Bosquejo:
A. El diálogo entre Habacuc y Jehová, caps. 1 y 2
B. La oración consecuente de Habacuc, cap. 3

SOFONÍAS

Sofonías, contemporáneo de Habacuc, descendiente directo, según parece decirlo él mismo,


del santo rey Ezequías (Cf. 1:1), profetizó durante el reinado de Josías (638 a 608 a.C.) probable-
mente antes o en el curso de la reforma del culto que llevó a cabo este otro santo rey.
El profeta se dirige contra la idolatría y la injusticia reinantes en Judá, no obstante el aparen-
te despertar de la piedad traída por aquella reforma y anuncia, como Habacuc, la próxima desola-
ción del país por los enemigos. Luego vaticina contra los pueblos paganos, en primer lugar los filis-
teos y asirios, y termina como casi todos los profetas, prediciendo la salvación mesiánica con pala-
bras que denotan un asombroso amor de Dios por Israel.

Bosquejo:
A. El día de Jehová en relación con el residuo falso de Judá, cap. 1
B. El día de Jehová en relación con las naciones rebeldes a Dios, caps. 2:1 al 3:8
C. El día de Jehová en relación con el residuo fiel de todo el pueblo de Dios, cap. 3:9-20

Página 131
HAGEO

Con Hageo (en hebreo Haggai) empieza el período post-exílico de la profecía de Israel, en el
cual le acompañará Zacarías y le sucederá, casi un siglo más tarde, Malaquías. Como muchos otros
de los profetas menores, Hageo no es conocido más que por algunas pocas noticias. Sus cuatro dis-
cursos se refieren todos al segundo año de Darío I (520 a.C.). y fueron pronunciados en menos de
cuatro meses (Cf. 1:1; 2:10 y 21).
Su nombre como el de Zacarías se menciona en Esdras 5:1 y 6:14, y allí vemos, como en los
profetas anteriores, el ambiente decaído de los "restos" de Israel vueltos de Babilonia (tribus de Ju-
dá y Benjamín), que estos enviados de Dios trataron de levantar en aquel período, y que tan lejos
estaban de la restauración soñada según los vaticinios de los profetas. En el orden político Israel
estaba sometido a la tiranía extranjera; en el religioso y moral, reinaba la horrible decadencia que
Malaquías enrostra a sacerdotes y pueblo, al que el mismo Hageo condena por su impureza (2:10
ss.), y por su indiferencia en construir el nuevo templo (1:4 ss.), que debería haber sido el objeto de
todas sus ansias, según las esplendorosa promesas del profeta Ezequiel (Cf. Ezequiel 40:1 ss.). É-
poca "penosa y aún dolorosa, porque la teocracia hallaba, de parte de los hombres, muchos obstácu-
los para salir de sus ruinas y el desaliento se había apoderado de los judíos, también del punto de
vista religioso" (véase Esdras 1:2).
En el primer discurso (1:2-2:1) Hageo exhorta a los judíos, remisos en reanudar la recons-
trucción del templo; en el segundo (2:2-10) consuela a los que habían visto la gloria y magnificen-
cia del templo salomónico; en el tercero (2:11-20) anuncia la bendición de Dios y la futura gloria
del templo; en el cuarto (2:21-24), se dirige a Zorobabel prometiéndole recompensa divina y forta-
leciéndole con la promesa del reino mesiánico futuro, "con los cual se ve una vez más que esta res-
tauración precaria de aquellas pocas tribus, que tanto había de sufrir aún en tiempos de los Maca-
beos, y caer luego en el deicidio y la total dispersión, no era sino figura de aquella otra que consti-
tuía la esperanza de Israel". Véase Sofonías 3:20.

Bosquejo:
A. El primer mensaje: reprensión y exhortación a los regresados, cap. 1:1-11
B. El segundo mensaje: aliento para Zorobabel, cap. 1:12-15
C. El tercer mensaje: la casa de Dios, cap. 2:1-9
D. El cuarto mensaje: promesa de bendición, cap. 2:10-19
E. El quinto mensaje: profecías, cap. 2:20-23

ZACARÍAS

El nombre de Zacarías, común a más de veinte personajes del Antiguo Testamento, tiene en
hebreo el hermoso significado de "Dios se acuerda", o "el recordado de Dios", es decir que su sola
enunciación significaba un acto de fe en el Dios vivo.
Zacarías hizo de Baraquias, y nieto de Iddó (Esdras 5:1 y 6:14 le llama hijo de éste en senti-
do lato), comenzó a profetizar en el mismo año que Hageo (520 a.C.). No parece, pues ser, como
muchos creyeron, el mismo sacerdote Zacarías que Jesús cita en Mateo 23:35, y Lucas 11:51, pues
se considera que éste fue asesinado unos 330 años antes, por orden del rey Joás (2 Crónicas 24:21),
que era hijo de Joiadá, siendo este nombre, un apodo de Baraquías. La actividad profética de Zaca-
rías abarca dos años (520-518 a.C.). Según otros, algo más.
Mientras Hageo exhorta al pueblo principalmente a la restauración del Templo, Zacarías,
con su autoridad de profeta y de sacerdote de la tribu de Leví (Nehemías 12:16), y con un celo que
se alaba en Esdras 6:14, "tomando como punto de partida el estado de aflicción en que se hallaba

Página 132
entonces Jerusalén ... anima, consuela, exhorta, mostrando el porvenir brillante reservado a Israel y
las bendiciones abundantes que se unirán a la restauración del santuario de Jehová", para lo cual
expone ante todo ocho visiones (Capítulos 1-6). Los capítulos 7-8 que forman la respuesta a una
consulta, contienen enseñanzas espirituales y son un nexo entre la primera y la última parte de la
profecía. En los restantes capítulos (9-14), cuya magnificencia es parecida a la de Isaías, el profeta
vaticina el reino mesiánico, que es el fin y objeto principal de sus profecías, y muestra a Cristo en
sus dos venidas: rechazado y doliente en la primera, triunfante y glorioso en la segunda. Véase y
compárese Zacarías 9:9 (el Mesías montado en un asnillo: Cf. Mateo 21:5); 11:12 s. (traicionado y
vendido, Cf. Mateo 27:9); 12:10 ss (traspasado por la lanza; Cf. Juan 19:37); 13:7 (abandonado por
los suyos: Cf. Mateo 26:31).
La crítica racionalista niega la unidad de este Libro, atribuyendo la última parte (9-14) a otro
escritor anterior al cautiverio de Babilonia. A estos se opone la tradición constante de la sinagoga y
de la iglesia, demostrando principalmente, no sólo que no existe prueba alguna de ello, sino también
que la vuelta de la cautividad es presentada en ambas partes de Zacarías como imagen de la felici-
dad futura prometida a Israel, y descrita de la misma manera.

Bosquejo:
A. Introducción y ocho visiones, caps. 1 al 6
B. Introducción acerca de ayunos y el culto a Dios, caps. 7 y 8
C. Dos cargas proféticas, caps. 9 al 14

MALAQUÍAS

Malaquías significa "mensajero mío" (Cf. 3:1), o "ángel del Señor" (así lo llama la versión
griega), y de ahí que Clemente alejandrino, Orígenes y otros Padres, a falta de datos sobre la perso-
na del profeta, lo tomasen por un ser celestial. Pero tal opinión no se funda en argumento real algu-
no; tampoco la admiten los exegetas modernos. El Tárgum de Jonatán dice en cambio que Mala-
quías era simplemente un nombre adaptado por el mismo Esdras para escribir la profecía.
La serie de los profetas menores se cierra con Malaquías, que vivió en tiempos de Esdras y
Nehemías, casi un siglo después de los profetas Hageo y Zacarías, cuando el Templo estaba ya re-
edificado y se había reanudado el culto. Malaquías sólo será sucedido, cuatro siglos más tarde, por
el Precursor, a quien él mismo anuncia (como también la vuelta de Elías: Cf. 3:1 y 4:5 s.), y a quién
Jesús había de caracterizar como el último y mayor profeta del Antiguo Testamento, al decir: "La
ley y los profetas llegan hasta Juan" (Lucas 16:16).
Después de recordar, como una sentencia que agrava la culpa de Israel, cuánto fue el amor
de Dios por su pueblo, Malaquías lucha contra los mismos abusos contra los cuales se dirigen los li-
bros de Esdras y Nehemías, es decir, la corrupción de las tribus vueltas de Babilonia. "El estado
moral de los judíos en palestina se hallaba entonces bien lejos de ser perfecto. Una profunda depre-
sión se había producido a este respecto desde los días mejores en que Hageo y Zacarías promulga-
ban sus oráculos. Malaquías nos muestra a la nación teocrática descontenta de su Dios porque tar-
daba mucho, según ella, en realizarse las promesas de los profetas anteriores".
Empieza tratando de los sacerdotes y el culto, por lo cual reprende a los ministros del Señor
que se han olvidado del carácter sagrado de su cargo (1:6; 2:9). Predica luego contra la corrupción
de las costumbres en el pueblo (2:10; 3:18), los matrimonios mixtos y los frecuentes divorcios, y
exhorta a pagar escrupulosamente los diezmos.
Al final anuncia el profeta la segunda venida de Elías como precursor del gran día de Señor,
juntamente con predicciones mesiánicas muy importantes. Cf. 3:1; 4:5-6

Página 133
Bosquejo:
A. Introducción: el amor de Jehová para Su pueblo, caps. 1:1-5
B. Discursos censurando a los sacerdotes, caps. 1:6 al 2:9
C. Reprensión por las condiciones sociales, cap. 2:10-17
D. El mensajero, el Angel del Pacto y el Día del Señor, cap. 3:1-4
E. Reprensión por haber robado a Dios, cap. 3:5-18
F. El Día del Señor, el precursor y el Sol de justicia, cap. 4:1-6

Página 134
EL NUEVO TESTAMENTO

LOS CUATRO EVANGELIOS


MATEO
De la vida de San Mateo, que antes se llamaba Leví, sabemos muy poco. Era publicano, es
decir, recaudador de tributos, en Capernaum, hasta que un día Jesús lo llamó al apostolado, dicién-
dole simplemente: "Sígueme"; y Leví "levantándose le siguió" (Mateo 9:9).
Su vida apostólica se desarrolló primero en Palestina, al lado de los otros apóstoles; más
tarde predicó probablemente en Etiopía (África), donde por lo que parece también padeció el marti-
rio.
San Mateo escribió la buena nueva en forma de libro, entre los años 40-50 de la Era Cris-
tiana. Lo compuso en lengua aramea o siriaca, para los judíos de Palestina que usaban aquel idioma.
Más tarde este Evangelio, cuyo texto arameo se ha perdido, fue traducido al griego.
El fin que San Mateo se propuso fue demostrar que Jesús es el Mesías prometido, porque en
El se han cumplido los vaticinios de los profetas. Para sus lectores inmediatos no había mejor prue-
ba que ésta, y también nosotros experimentamos, al leer su Evangelio la fuerza avasalladora de esa
comprobación.

Bosquejo:
A. Desde el nacimiento hasta el principio del ministerio de Cristo, caps. 1:1 al 4:16
B. El ministerio hasta la Transfiguración, caps. 4:17 al 16:28
C. Desde la Transfiguración hasta la Resurrección, caps. 17 al 28:20

MARCOS
Marcos, que antes se llamaba Juan, fue hijo de aquella María en cuya casa se solían reunir
los discípulos del Señor (Hechos 12:12). Es muy probable que la misma casa sirviera de escenario
para otro acontecimiento sagrado, como la última Cena y la venida del Espíritu Santo.
Con su primo Bernabé acompañó Marcos a Pablo en el primer viaje apostólico, hasta la ciu-
dad de Perges de Panfilia (Hechos 13:13).
Más tarde, entre los años 61-63, lo encontramos de nuevo al lado del Apóstol de los Gentiles
cuando éste estaba preso en Roma.
San Pedro llama a Marcos su "hijo" (1 Pedro 5:13), lo que hace suponer que fue bautizado y
era discípulo de éste. La tradición más antigua confirma por unanimidad que Marcos en Roma
transmitía a la gente las enseñanzas de Pedro, escribiendo allí, en los años 50-60, su Evangelio, que
es por consiguiente, el de San Pedro.
El fin que el segundo evangelista se propone, es demostrar que Jesucristo es Hijo de Dios y
que todas las cosas de la naturaleza y aún los demonios le están sujetos. Por lo cual relata principal-
mente los milagros y la expulsión de los espíritus inmundos.
El Evangelio de Marcos, el más breve de los cuatro, presenta en forma sintética, muchos

Página 135
pasajes de los sinópticos, no obstante lo cual reviste singular interés, porque narra algunos episodios
que le son exclusivos y también por muchos matices propios, que permiten comprender mejor los
demás Evangelios.

Bosquejo:
A. La preparación del Siervo, cap. 1:1-13
B. El ministerio del Siervo, caps. 1:14 al 13:37
C. El sometimiento del Siervo a la muerte, caps. 14 y 15
D. El triunfo del Siervo, cap. 16

LUCAS
El autor del tercer Evangelio, "Lucas, el médico" (Colosenses 4:14), era un sirio nacido en
Antioquía, de familia pagana. Tuvo la suerte de convertirse a la fe de Jesucristo y encontrarse con
Pablo, cuyo fiel compañero y discípulo fue por muchos años, compartiendo con él hasta la prisión
en Roma.
Según su propio testimonio (1:3) Lucas se informó "de todo exactamente desde su primer
origen" y escribió para dejar grabada la tradición oral (1:4). No cabe duda que una de sus princi-
pales fuentes de información fue el mismo Pablo, y es muy probable que recibiera informes también
de la madre de Jesús, especialmente sobre la infancia del Señor, que Lucas es el único en referirnos
con cierto detalle.
Lucas es llamado el Evangelista de la Misericordia por ser el único que nos trae las parábo-
las del Hijo Pródigo, de la Dracma Perdida, del Buen Samaritano, etc.
Este tercer Evangelio fue escrito en Roma a fines de la primera cautividad de Pablo, o sea,
entre los años 62 y 63. Sus destinatarios son los cristianos de las iglesias fundadas por el Apóstol de
los Gentiles, así como Mateo se dedicó más especialmente a mostrar a los judíos el cumplimiento
de las profecías realizadas en Cristo. Por eso el Evangelio de Lucas contiene un relato de la vida de
Jesús que podemos considerar el más completo de todos y hecho a propósito para nosotros los cris-
tianos de la gentilidad.

Bosquejo:
A. Introducción, cap. 1:1-4
B. Nacimiento y niñez de Jesús, caps. 1:5 al 2:52
C. La preparación, caps. 3:1 al 4:13
D. El ministerio en Galilea, caps. 4:14 al 9:50
E. El ministerio en Perea y Judea, caps. 9:51 al 19:27
F. El viaje de Galilea a Jerusalén, caps. 19:28 al 21:38
G. La pasión y muerte, caps. 22:1 al 23:56
H. La resurrección y ascensión, cap. 24

JUAN
Juan natural de Betsaida de Galilea, fue hermano de Santiago, hijos ambos de Zebedeo, y de
Salomé, siendo primeramente discípulo de Juan Bautista y buscando con todo corazón el reino de
Dios, siguió después a Jesús, y llegó a ser pronto su discípulo predilecto. Desde la cruz, el Señor le
confió a su madre.
Juan era aquél discípulo "al cual Jesús amaba" y que en la última Cena estaba "recostado so-
bre el pecho de Jesús" (Juan 13:23), como amigo de su corazón y testigo íntimo de su amor y de sus
penas.
Después de la resurrección se quedó Juan en Jerusalén como una de las "columnas de la
Iglesia" (Gálatas 2:9), y más tarde se trasladó a Éfeso del Asia Menor. Desterrado por el emperador

Página 136
Domiciano (81-95) a la isla de Patmos, escribió allí el Apocalipsis. A la muerte del tirano pudo re-
gresar a Éfeso, ignorándose la fecha y todo detalle de su muerte (Cf. Juan 21:23).
Además del Apocalipsis y tres epístolas, compuso a finales del primer siglo, es decir, unos
treinta años después de los sinópticos y de la caída del Templo, este Evangelio, que tiene por objeto
robustecer la fe en la mesianidad y divinidad de Jesucristo, a la par que sirve para completar los
Evangelios anteriores, principalmente desde el punto de vista espiritual, pues ha sido llamado el
Evangelista del Amor.
Su lenguaje es de lo más alto que nos ha legado la Escritura Sagrada, como ya lo muestra el
Prólogo, que por la sublimidad sobrenatural de su asunto, no tiene semejante en la literatura de la
Humanidad.

Bosquejo:
A. El prólogo, cap. 1:1-18
B. Cristo se revela a los judíos y a los gentiles, caps. 1:19 al 12:50
C. La revelación más completa a Sus discípulos fieles, caps. 13 al 17
D. La revelación por la cruz y por el sepulcro vacío, caps. 18 al 20
F. El epílogo, cap. 21.

EL LIBRO HISTÓRICO

LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES

El libro de los Hechos no pretende narrar lo que hizo cada uno de los Apóstoles, sino que
toma, como lo hicieron los evangelistas, los hechos principales que el Espíritu Santo ha sugerido al
autor para alimento de nuestra fe (Cf. Lucas 1:4; Juan 20:31). Dios nos muestra aquí, con un interés
histórico y dramático incomparable, lo que fue la vida y el apostolado de la Iglesia en los primeros
decenios (años 30-63 del nacimiento de Cristo), y el papel que en ellos desempeñaron los Príncipes
de los Apóstoles, Pedro (cap. 1-12) y Pablo (cap. 13-28). La parte más extensa, se dedica, pues, a
los viajes, trabajos y triunfos de éste Apóstol de los gentiles, hasta su primer cautiverio en Roma.
Con esto se detiene el autor casi inopinadamente, dando la impresión que pensaba escribir más ade-
lante otro tratado.
No hay duda que ese autor es la misma persona que escribió el tercer Evangelio. Terminado
éste, Lucas retoma el hilo de la narración y compone el libro de los Hechos (véase 1:1), que dedica
al mismo Teófilo (Lucas 1:1 ss.). Los Padres de la Iglesia, principalmente Policarpo, Clemente
Romano, Ignacio Mártir, Ireneo, Justino, etc., como también la crítica moderna, atestiguan y reco-
nocen unánimemente que se trata de una obra de Lucas, nativo sirio antioqueño, médico, compañe-
ro y colaborador de Pablo, con quien se presenta él mismo en muchos pasajes de su relato (16:10-
17; 20:5-15; 21:1-18; 27:1-28. 16). Escribió, en griego, el idioma corriente entonces, pero su len-
guaje contiene también arameísmos que denuncian la nacionalidad del autor.
La composición data de Roma hacia el año 63 poco antes del fin de la primera prisión roma-
na de Pablo, es decir, cinco años antes de su muerte y también antes de la terrible destrucción de
Jerusalén (70 d.C.), o sea, cuando la vida y el culto de Israel continuaban normalmente.
El objeto de Lucas en este escrito es, como en su Evangelio (Lucas 1:4), confirmarnos en la
fe y enseñar la universalidad de la salvación traída por Cristo, la cual se manifiesta primero entre los
judíos de Jerusalén, después de Palestina y por fin entre los gentiles.
El cristiano de hoy, a menudo ignorante en esta materia, comprende así mucho mejor gracias
a este libro, el verdadero carácter de la Iglesia y su íntima vinculación con el Antiguo Testamento y
con el pueblo escogido de Israel. La iglesia tuvo su primer estadio en Jerusalén, donde había nacido
(1:1-8:3); en su segundo estadio se extendió de Jerusalén a Judea y Samaria (8:4-11:18); tuvo un

Página 137
tercer estadio en Oriente con sede en Antioquía de Siria (11:19-13:35), y finalmente se estableció en
el mundo pagano y en su capital Roma (13:1-28:31), cumpliéndose así las palabras de Jesús a los
Apóstoles, cuando éstos reunidos lo interrogaron creyendo que iba a restituir inmediatamente el
reino a Israel: "No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni momentos que ha fijado el Padre
con su potestad. Pero cuando descienda sobre vosotros el Espíritu Santo recibiréis poder y me seréis
testigos en Jerusalén y en toda la Judea y Samaria y hasta los extremos de la tierra" (1:7 s.). Este
testimonio del Espíritu Santo y de los Apóstoles lo había anunciado Jesús (Juan 15:26 s.) y lo ratifi-
ca san Pedro (1:22; 2:32; 5:32, etc.).
El admirable libro, cuya perfecta unidad reconoce aún la crítica más adversa, podría llamar-
se también de los "Hechos de Cristo Resucitado". "Sin él, fuera de algunos rasgos esparcidos en las
epístolas de Pablo, en las epístolas universales, y en los raros fragmentos que nos restan de los pri-
meros escritores eclesiásticos, no conoceríamos nada del origen de la Iglesia".

Bosquejo:
A. El testimonio en Jerusalén, caps. 1 al 7
B. El testimonio en Judea y Samaria, caps. 8:1 al 11:18
C. El testimonio "hasta lo último de la tierra", caps. 11:19 al 28:31

LAS EPÍSTOLAS PAULINAS


ROMANOS

Pablo escribió esta carta desde Corinto, a principios del año 58, con el ánimo de preparar su
viaje a Roma, acreditando sus títulos ante esos fieles, que no lo conocían aún. Muchos la consi-
deran posterior a la epístola a los Gálatas (Cf. Gálatas 2:1), pero es sin duda anterior a la carta a los
Efesios y demás epístolas llamadas de la cautividad, que fueron escritas al final del tiempo de los
Hechos, durante la primera prisión del Apóstol en Roma (año 61-63), es decir, después de su paso
definitivo a los gentiles (Hechos 28:23 ss.). El Apóstol explica en la primera parte (capítulos 1-11),
como lo hace también a los gentiles de Galacia, el misterio de la justificación mediante la fe que Je-
sucristo nos mereció gratuitamente, igualando en ella a judíos y gentiles, y revela el misterio de la
conversión final de Israel según los anuncios del Antiguo Testamento, confirmados por Jesús en el
Evangelio. En la segunda parte trata otras cuestiones de vida espiritual, y añade, en la doxología fi-
nal una referencia al "misterio oculto desde tiempos eternos" que expondrá especialmente en las
cartas a los Efesios y a los Colosenses.
Pablo alude a su vocación especial como Apóstol de los gentiles, que, sin ser él de los Doce,
recibió de Jesús directamente (Gálatas 1:12 ss.; 2:8).

Bosquejo:
A. Prólogo, cap. 1:1-17
B. Condenación, caps. 1:18 al 3:20
C. Justificación, caps. 3:21 al 5:21
D. Santificación, caps. 6 al 8
E. Israel y su relación con el Evangelio, caps. 9 al 11
F. Exhortaciones prácticas y salutaciones, caps. 12 al 16

1 CORINTIOS

El Apóstol escribió esta epístola durante su tercer viaje apostólico, en Éfeso, a principios del
año 57. Entre los cristianos de Corinto se habían producidos disensiones y partidos que se comba-

Página 138
tían mutuamente: uno de Apolo, otros de Pedro y de Pablo, y hasta uno que se proclamaba partido
de Cristo. Además, cundían entre ellos grandes abusos y escándalos, procesos y pleitos, desórdenes
en los ágapes, ciertas libertades de las mujeres en la iglesia, y otras cuestiones que llamaban la aten-
ción de Pablo. Ningún otro documento apostólico pinta tan clásicamente las dificultades de la igle-
sia en medio de un mundo pagano.

Bosquejo:
A. Introducción, cap. 1:1-9
B. Unidad y disciplina en la Iglesia, caps. 1:10 al 6:20
C. Contestaciones a preguntas, caps. 7 al 14
D. Sobre la resurrección, cap. 15
E. Colecta para los creyentes pobres, etc., cap. 14

2. CORINTIOS

Esta segunda epístola fue escrita poco después de la primera, a fines del año 57, en Macedo-
nia, durante el viaje del Apóstol de Éfeso a Corinto. Tito, colaborador de Pablo, le trajo buenas
noticias de Corinto, donde la primera carta había producido excelentes resultados. La mayoría aca-
taba las amonestaciones de su padre espiritual. No obstante, existían todavía intrigas que procedían
de judíos y judío-cristianos. Para deshacerlas les escribió el Apóstol por segunda vez antes de lle-
garse personalmente a ellos.

Bosquejo:
A. Acción de gracias e instrucciones acerca de la obra de Dios, caps. 1 al 7
B. La ofrenda para los pobres de Jerusalén, caps. 8 y 9
C. La defensa de Pablo de su apostolado, caps. 10 al 13

GÁLATAS

Los habitantes de Galacia, provincia romana del Asia Menor, fueron ganados al Evangelio
por Pablo en su segundo y tercer viaje misional. Poco después llegaron judíos o judío-cristianos que
les enseñaban "otro Evangelio", es decir, un Jesucristo deformado y estéril, exigiendo que se cir-
cuncidasen y cumpliesen la ley mosaica, y pretendiendo que el hombre es capaz de salvarse por sus
obras, sin la gracia de Cristo. Además sembraban desconfianza contra el Apóstol, diciendo que él
no había sido autorizado por los primeros Apóstoles y que su doctrina no estaba en armonía con la
de aquellos. Para combatir la confusión causada por esos doctores judaizantes, Pablo, escribió esta
carta probablemente desde Éfeso, según suele creerse, entre los años 49 y 55 (Cf. 2:1) Su doctrina
principal es: el cristiano se salva por la fe en Jesucristo, y no por la ley mosaica.

Bosquejo:
A. La vindicación del Evangelio recibido por revelación, caps. 1 y 2
B. La doctrina de la justificación por la fe en Cristo, caps. 3 y 4
C. La exhortación a estar firmes en la libertad de Cristo, caps. 5 y 6

EFESIOS
Toda esta epístola es un insondable abismo de misterios divinos que hemos de conocer por-
que nos revelan el plan de Dios sobre nuestro destino, e influyen de un modo decisivo en nuestra
vida espiritual, situándonos en la verdadera posición, infinitamente feliz, que nos corresponde gra-

Página 139
cias a la Redención de Cristo. Frente a tales misterios la conducta de la mayoría de los cristianos
dista muy poco de la que tendrían si creyeran que el Cristianismo era una fábula. Éfeso, capital de
Asia Menor, donde más tarde tuvo su sede el Apóstol Juan, es la ciudad en la que Pablo, en su ter-
cer viaje apostólico, predicó el Evangelio durante casi tres años, la carta, escrita en Roma en el pri-
mer cautiverio (61-63), se dirige tal vez no sólo a los efesios sino también a las demás iglesias, lo
que se deduce por la ausencia de noticias personales y por la falta de las palabras "en Éfeso" (v.1),
en los manuscritos más antiguos. Algunos han pensado que tal vez podría ser esta la enviada a
Laodicea según Colosenses 4:16.

Bosquejo;
A. La Iglesia: origen, establecimiento y propósito de Dios, caps. 1 al 3
B. La vida conforme a la vocación, caps. 4 al 6

FILIPENSES
La cristiandad de Filipos, ciudad principal de Macedonia, y primicias de la predicación de
Pablo en Europa, había enviado una pequeña subvención para aliviar la vida del Apóstol durante su
prisión en Roma. Conmovido por el gran cariño de sus hijos en Cristo, el Apóstol, desde lo que él
llama sus cadenas por el Evangelio, les manda una carta de agradecimiento, que es, a la vez, un
modelo y un testimonio de la ternura con que abrazaba a cada una de las iglesias por él fundada. La
epístola fue escrita en Roma hacia el año 63.

Bosquejo;
A. El amor y gozo del apóstol, caps. 1:1-26
B. Exhortaciones, con Cristo el ejemplo, caps. 1:27 al 2:30
C. Progreso en la vida cristiana, cap. 3
D. Exhortaciones y salutaciones, cap. 4

COLOSENSES
El Apóstol escribe esta carta desde Roma donde estaba preso, hacia el año 62, con el fin de
explayarles, como a los Efesios, aspectos siempre nuevos del Misterio de Cristo, y de paso desen-
mascarar a los herejes que se habían introducido en la floreciente comunidad cristiana, "con apa-
riencia de piedad" (2 Timoteo 3:5), inquietándola con doctrinas falsas tomadas del judaísmo y paga-
nismo (necesidad de la Ley, de la observancia de los novilunios y de la circuncisión, culto exagera-
do de ángeles, gnosticismo, falso ascetismo). A este respecto véase, la epístola a los Gálatas, es-
pecialmente el capítulo 2.

Bosquejo:
A. Introducción, cap. 1:1-12
B. La doctrina de Cristo, caps. 1:13 al 2:5
C. Exhortaciones basadas sobre la doctrina, caps. 2:6 al 4:6
D. Salutaciones, cap. 4:7-18

1 A LOS TESALONICENSES

Tesalónica (hoy Salónica), capital de Macedonia, recibió la luz del Evangelio en el segundo
viaje apostólico de Pablo. No pudiendo detenerse allí a causa de la sedición de los judíos, el Após-
tol se dirige a ellos mediante esta carta, escrita en Corinto hacia el año 52 -es decir, que es la prime-
ra de todas las epístolas- para confirmarlos en los fundamentos de la fe y la vocación de la santidad,
y consolarlos acerca de los muertos con los admirables anuncios que les revela sobre la resurrección

Página 140
y la segunda venida de Cristo.

Bosquejo:
A. Acción de gracias del apóstol, cap. 1
B. El siervo de Dios y su ministerio, cap. 2
C. La visita de Timoteo y la oración de Pablo, cap. 3
D. La vida del creyente y la venida de Cristo, caps. 4 y 5

2 A LOS TESALONICENSES
Esta segunda carta fue también escrita en Corinto, poco después de la anterior, como lo
acredita la permanencia de Silvano y Timoteo (Cf. 1 Tesalonicenses 1:1), para tranquilizar a los
tesalonicenses que, por lo que se ve (2:2), eran engañados por algunos sobre el alcance de aquella
carta, cuyo contenido, lejos de rectificarlo, confirma el Apóstol en 2:15. Porque no faltaban quienes
descuidaban sus deberes cotidianos, creyendo que el día de Cristo había pasado ya, y que por consi-
guiente, el trabajo no tenía valor (Cf. 1 Tesalonicenses 4:16), o que las persecuciones que sufrían
(v.4; 1 Tesalonicenses 2:14) pudiese ser ya las del "día grande y terrible del Señor" sin que ellos hu-
biesen sido librados por el advenimiento de Cristo y la reunión con él (2:1). Pablo los confirma en
su esperanza (v. 5-12) y les da las aclaraciones necesarias refiriéndose en forma sucinta a lo que
largamente les había conversado en su visita. De ahí que, para nosotros, el lenguaje de esta carta
tenga hoy algún punto oscuro que no lo era entonces para los Tesalonicenses (Cf. 2:5). ¿No debe
esto despertarnos una santa emulación para no saber hoy menos que aquellos antiguos?

Bosquejo:
A. Consuelo en medio de la persecución, cap. 1
B. El Día del Señor y fenómenos relacionados con él, cap. 2:1-12
C. Exhortaciones, caps. 2:13 al 3:18

1 A TIMOTEO
Timoteo, hijo de padre pagano y de madre judía, era el discípulo más querido de Pablo,
acompañante en su segundo viaje apostólico y compañero durante el primer cautiverio en Roma.
Después de ser puesto en libertad, Pablo le llevó al Asia Menor, donde le confió la dirección de la
iglesia de Éfeso. Esta primera carta, escrita probablemente hacia el año 65, quiere alentar a Timo-
teo en su lucha contra las falsas doctrinas y darles instrucciones referente al culto y a las cualidades
de los ministros de la iglesia, por lo cual constituye una lección permanente de espíritu pastoral,
dada por el mismo Espíritu Santo, junto con la segunda a Timoteo, que es un doloroso cuadro de la
apostasía, y la de Tito, análoga a la presente, que contempla más el ordenamiento particular de cada
iglesia.

Bosquejo:
A. Instrucciones para la Iglesia, caps. 1:1 al 3:13
B. Instrucciones para el ministerio de Timoteo, caps. 3:14 al 6:21

2 A TIMOTEO
El entrañable amor de Pablo a su "hijo carísimo" es el móvil ocasional de esta segunda carta,
escrita en Roma en el año 66 o 67, que contiene, podemos decir, el testamento espiritual de Pablo
como Apóstol y mártir. Estaba de nuevo en cadenas, esta vez en la cárcel mamertina, y sentía la
proximidad del martirio, por lo cual pide a Timoteo que se llegue a Roma tan pronto como le fuese

Página 141
posible, y con tal motivo exhorta a sus discípulos a la constancia en la fe, les anuncia la apostasía y
los previene contra las deformaciones de la doctrina y la defección de muchos pretendidos apósto-
les.
Bosquejo:
A. La vocación santa, cap. 1
B. El siervo del Señor, cap. 2
C. Vendrán tiempos peligrosos, cap. 3
D. Cumple tu ministerio, cap. 4

TITO
La presente carta, contemporánea de la 1 Timoteo, fue dirigida, hacia el año 65, a Tito com-
pañero apostólico de Pablo en varios viajes y más tarde pastor de la isla de Creta. Tito, nacido de
padres paganos, era "hijo querido según la fe", lo que quiere decir que el Apóstol mismo lo había
ganado para Cristo. La situación religiosa en la isla era muy triste: los cretenses se entregaban a mu-
chos vicios, eran mentirosos, perezosos, inmorales; sin hablar de los herejes que allí se habían infil-
trado. Por lo cual Pablo escribe aquí otra de sus epístolas llamadas pastorales, para consolar a su
hijo en la fe, dándole a la vez instrucciones para el ejercicio del ministerio pastoral.

Bosquejo:
A. La corrección de lo que falta, cap. 1
B. La necesidad de la doctrina sana, cap. 2
C. La necesidad de las buenas obras, cap. 3

FILEMÓN
Una mera carta privada, casi una esquela; pero sin embargo una joya de la Sagrada Escritu-
ra. Tal es esta epístola, escrita por Pablo en Roma, por el año 63. Su objeto es interceder por el es-
clavo Onésimo que había huido de la casa de su amo Filemón de Colosas. La huida contribuyó a
salvar el alma del fugitivo que se hizo esclavo de Jesucristo y entonces volvió voluntariamente a su
dueño, sin preocuparse de la servidumbre material pues ya era libre en el alma, según lo que Pablo
enseña en 1 Corintios 7:20-24. La carta es un documento clásico para demostrar la posición de la
iglesia primitiva respecto de los esclavos (Tito 2:9 s.). Filemón, el destinatario de la epístola, pare-
ce haber sido uno de los principales cristianos de la ciudad, dado que en su casa tenían los fieles sus
reuniones; por otra parte, es llamado colaborador del Apóstol, es decir, uno de aquellos que le pres-
taron ayuda en la difusión del Evangelio.

Bosquejo:
A. La salutación, v. 1-3
B. Acción de gracias por Filemón, vs. 4-7
C. La petición a favor de Onésimo, vs. 8-21
D. La conclusión, vs. 22-25

HEBREOS
¿Por qué una carta a los Hebreos? Si bien el final de la carta muestra que fue para una colec-
tividad determinada, su doctrina era para los judío-cristianos en general. También Santiago, y San
Pedro se dirigen epistolarmente, y en varios discursos de los Hechos, a todos los hebreos de la dis-
persión (Santiago 1:1; 1 Pedro 1:1), muchos de los cuales se hallaban en peligro de perder la fe y
volver al judaísmo, no sólo por las persecuciones a que estaban expuestos, sino más bien por la len-
titud de su progreso espiritual (5:12) y la atracción que ejercía sobre ellos la magnificencia del
Templo y el culto de sus tradiciones. El amor que el apóstol tiene para con sus compatriotas (Ro-

Página 142
manos 9:1 ss.) le hace insistir aquí en predicarles una vez más como lo hacía en sus discursos de los
Hechos, no obstante su reiterada declaración de pasarse a los gentiles (Hechos 13:46; 18:6). Su fin
es inculcarles la preexcelencia de la nueva Alianza sobre la antigua y exhortarlos a la perseverancia
-pues no los mira aún como maduros en la fe (3:14), con la cual tendían a mezclar lo puramente
judaico (Hechos 21:17 ss., etc.)- y a la esperanza en Cristo resucitado (cap. 8 ss.) en quien se cum-
plirían todas las promesas de los Profetas (Hechos 3:19-26). Muchos exegetas, que solían descono-
cerla por falta del usual encabezamiento y firma, admiten hoy la paternidad paulina de esta epístola,
tanto por su espíritu cuanto por indicio, como la mención de Timoteo en 13:23, y consideran que
san Pedro, al mencionar las epístolas de Pablo (2 Pedro 3:15 s.), se refiere muy principalmente a
esta carta a los Hebreos. El estilo acusa cierta diferencia con el de las demás cartas paulinas, por lo
cual algunos exegetas suponen que Pablo pudo haberla escrito en Hebreo (Cf. Hechos 21:40) para
los hebreos, siendo luego traducida por otro, o bien valerse de un colaborador, hombre espiritual,
como por ejemplo Bernabé, que diera forma a sus pensamientos. Fue escrita probablemente en Ita-
lia (13:24), y todos admiten que lo fue antes de la tremenda destrucción del Templo de Jerusalén
por los romanos en el año 70, atribuyéndosele comúnmente la fecha de 63-66, si bien algunos ob-
servan que, por su contenido, es coetánea de la predicación que Pablo hacía aún a los judíos en
tiempo de los Hechos de los Apóstoles, es decir, antes de apartarse definitivamente de aquellos,
para dedicarse por entero a su misión de Apóstol de los gentiles (Hechos 28:23 ss.; 2 Timoteo 4:17)
y explayarle el misterio escondido del Cuerpo Místico, como lo hizo especialmente en las epístolas
que escribió en su primera cautividad en Roma.

Bosquejo:
A. Prólogo, cap. 1:1-4
B. Cristo es más excelente que los ángeles, caps. 1:5 al 2:18
C. Cristo es mayor que Moisés, cap. 3:1-6
D. Cristo mejor que Josué, cap. 3:7-19 y 4:1-10
E. El sacerdocio de Cristo es superior al Levítico, caps. 4:11 al 8:5
F. La superioridad del Nuevo Pacto, cap. 8:6-13
G. La superioridad del sacrificio de Cristo, caps. 9:1 al 10:25
H. Advertencia del que peca deliberadamente, cap. 10:26-39
I. Ejemplos de fe, cap. 11
J. Exhortaciones, caps. 12-13

LAS SIETE EPÍSTOLAS UNIVERSALES


SANTIAGO

La carta de Santiago es la primera entre las siete epístolas no paulinas que, por no señalar
varias de ellas un destinatario especial, han sido llamadas genéricamente católicas o universales,
aunque en rigor la mayoría de ellas se dirige a la cristiandad de origen judío y las dos últimas de
Juan tienen un encabezamiento aún más limitado.
El autor, que se da a sí mismo el nombre de: "Santiago, siervo de Dios y de nuestro Señor
Jesucristo" es el hermano del Señor Jesús (Gálatas 1:19; Cf. Mateo 13:55 y Marcos 6:3).
Santiago es mencionado por Pablo entre las "columnas" o Apóstoles que gozaban de mayor
autoridad en la iglesia (Gálatas 2:9). Por su fiel observancia de la Ley tuvo grandísima influencia,
especialmente sobre los judíos, pues entre ellos ejerció el ministerio como obispo de Jerusalén.
Escribió esta carta no mucho antes de morir y con el objeto especial de fortalecer a los cris-
tianos del judaísmo que a causa de la persecución estaban en peligro de perder la fe. Se dirige por
tanto a "las doce tribus que están en la dispersión" (1:1), esto es, a todos los hebreo-cristianos de-
ntro y fuera de Palestina (Romanos 10:18).

Página 143
Ellos son de profesión cristiana, pues creen en el Señor Jesucristo de la Gloria (2:1), esperan
la Segunda Venida de Cristo en que recibirán el premio (1:18) bajo la nueva ley de libertad (1:25;
2:12), y se les recomienda la unción de los enfermos (5:14 ss.).
La no alusión a los paganos se ve en que Santiago omite referirse a lo que Pablo suele com-
batir en éstos: idolatría, impudicia, ebriedad (1 Corintios 6:9 ss.; Gálatas 5:19 ss.). En cambio, la
epístola insiste fuertemente contra la vana palabrería y la fe de pura fórmula (1:22 ss.; 2:14 ss.),
contra la maledicencia y los estragos de la lengua (3:2 ss.; 4:2 ss.; 5:9), contra los falsos doctores
(3:1), el celo amargo (3:13 ss.), los juramentos fáciles (5:12).
El estilo es conciso, sentencioso y extraordinariamente rico en imágenes, siendo clásica por
su elocuencia las que dedica a la lengua en el capítulo tres y a los ricos en el capítulo cinco y el pa-
ralelo de éstos con los humildes en el capítulo dos. Más que en los misterios sobrenaturales de la
gracia con que suele ilustrarnos Pablo, especialmente en las epístolas de la cautividad, la presente es
una vigorosa meditación sobre la conducta frente al prójimo y por eso se la ha llamado a veces el
Evangelio Social.

Bosquejo:
A. La prueba de la fe, caps. 1 y 2
B. El control de la lengua, cap. 3
C. Varias exhortaciones, caps. 4 y 5

1ª y 2ª de PEDRO

Simón Bar Jona (hijo de Jonás), el que había de ser san Pedro (Hechos 15:14; 2 Pedro 1:1);
fue llamado al apostolado en los primeros días de la vida pública del Señor, quien le dio el nombre
de Cefas (en arameo Kefa), o sea, "piedra", de donde el griego petros, Pedro (Juan 1:42). Fue ele-
gido Apóstol junto con los otros discípulos del Señor (Mateo 10:2, Marcos 3:16, Lucas 6:14,
Hechos 1:13). Pablo nos hace saber que a él mismo, como Apóstol de los gentiles, Jesús le había
encomendado directamente (Gálatas 1:16) el evangelizar a éstos, mientras que a Pedro, como a San-
tiago y a Juan, la evangelización de los judíos (Gálatas 2:7-9; Cf. Santiago 1:1). Desde Pentecostés
predicó Pedro en Jerusalén y Palestina, pero hacia el año 42 se trasladó a "otro lugar" (Hechos
12:17), no sin haber antes admitido al bautismo al pagano Cornelio (Hechos 10), como el diácono
Felipe lo había hecho con el "prosélito" etíope (Hechos 8:26 ss.). Pocos años más tarde lo encon-
tramos nuevamente en Jerusalén, con ocasión del concilio de los Apóstoles (Hechos 15) y luego en
Antioquía. La Escritura no da más datos sobre él.
Su primera carta se considera escrita poco antes de estallar la persecución de Nerón, es de-
cir, cerca del año 63 (Cf. 2 Pedro 1:1), desde Babilonia (5:13). Su fin es consolar principalmente a
los hebreo-cristianos dispersos (1:1) que, viviendo también en un mundo pagano, corrían el riesgo
de perder la fe. Sin embargo, varios pasajes atestiguan que su enseñanza se extiende también a los
convertidos de la gentilidad (2:10). A los mismos destinatarios (2 Pedro 3:1), pero extendiéndola "a
todos los que han alcanzado la fe" (1:1). Va dirigida la segunda carta, que el apóstol escribió, según
lo dice, poco antes de su muerte (2 Pedro 1:14), de donde se calcula su fecha por los años 64-67.
En las comunidades cristianas desamparadas se habían introducidos ya falsos doctores que despre-
ciaban las Escrituras, abusaban de la grey y, sosteniendo un concepto perverso de la libertad cristia-
na, decían también que Jesús nunca volverían. Contra esos y contra los muchos imitadores que ten-
drán en todos los tiempos hasta el fin, levanta su voz Pedro, para prevenir a las iglesias presentes y
futuras, siendo de notar que mientras Pedro usa generalmente los verbos en futuro, Judas, su parale-
lo, se refiere ya a ese problema como actual y apremiante (Judas 3 ss.; Cf. 2 Pedro 3:17).
En estas breves cartas llenas de la más preciosa doctrina y profecía, vemos la obra admirable
del Espíritu Santo, que transformó a Pedro después de Pentecostés. Aquel ignorante, inquieto y co-

Página 144
barde pescador y negador de Cristo es aquí el Apóstol lleno de caridad, de suavidad y de humilde
sabiduría, que (como Pablo en 2 Timoteo 4:6), nos anuncia la proximidad de su propia muerte que
el mismo Cristo le había pronosticado (Juan 21:18). San Pedro nos pone por delante, desde el prin-
cipio de la primera epístola hasta el fin de la segunda, el misterio del futuro retorno de nuestro Se-
ñor Jesucristo como el tema de meditación por excelencia para transformar nuestras almas en la fe,
el amor y la esperanza (Cf. Santiago 5:7 ss.; Judas 20). La principal enseñanza dogmática de la se-
gunda de Pedro consiste incontestablemente en la certidumbre de la Segunda Venida de Cristo y, en
consecuencia, de las retribuciones que le acompañaran (1:11 y 19; 3:4-5). En función de esta espera
es como debe entenderse la alternativa entre la virtud cristiana y la licencia de los "burladores" (2:1-
2 y 19). Las garantías de esta fe son: los oráculos de los profetas, conservados en la vieja Biblia
inspirada, y la enseñanza de los Apóstoles testigos de Dios y mensajeros de Cristo (1:4 y 16-21;
3:2). El Evangelio es ya la realización de un primer ciclo de las profecías, y esta realización acrece
tanto más nuestra confianza en el cumplimiento de las posteriores (1:19). Es lo que el mismo Jesús
resucitado, cumplidas ya las profecías de su Pasión, su Muerte y su Resurrección, reiteró sobre los
anuncios futuros de "su gloria" (1 Pedro 1:11) diciendo: "Es necesario que se cumpla todo lo que
está escrito acerca de mí en la Ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos" (Lucas 24:44).

Bosquejo:

1 DE PEDRO:
A. Los privilegios del creyente, cap. 1
B. Los deberes del creyente, caps. 2:1 al 4:11
C. La aflicciones del creyente, caps. 4:12 al 5:14

2 DE PEDRO
A. El conocimiento de Dios, cap. 1
B. Habrán falsos doctores, cap. 2
C. El día del Señor vendrá, cap. 3

1ª, 2ª Y 3ª DE JUAN
Las tres cartas que llevan el nombre de Juan -una más general, importantísima, y las otras
muy breves- han sido escritas por el mismo autor del cuarto Evangelio. Este es aquél discípulo que
Jesús amaba (Juan 21:7) y al que fueron revelados los secretos del cielo; aquél que se reclinó en la
Cena sobre el pecho del Señor (Juan 21:20).
La primera epístola carece de encabezamiento, lo que dio lugar a que algunos dudasen de su
autenticidad. Pero, a pesar de faltar el nombre de su autor, existe una unánime y constante tradición
en el sentido que esta carta incomparablemente sublime ha de atribuirse, como las dos que le siguen
y el Apocalipsis, al Apóstol Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago. La falta de título al co-
mienzo y de saludo al final se explicaría, según la opinión común, por su íntima relación con el
cuarto Evangelio, al cual sirve de introducción (1:3), y también de corolario, pues se ha dicho con
razón que si el Evangelio de Juan nos hace franquear los umbrales de la Casa del Padre, ésta epísto-
la íntimamente familiar hace que nos sintamos allí como "hijitos" en la propia casa.
Según lo dicho se calcula que data de fines del primer siglo y se la considera dirigida, como
el Apocalipsis, a las Iglesias del Asia proconsular -y no sólo a aquellas siete del Apocalipsis (Cf.
1:4)- de las cuales, aunque no eran fundadas por él se habría hecho cargo el Apóstol después de su
destierro en Patmos, donde escribiera su gran visión profética. El motivo de esta carta fue adoctri-
nar a los fieles en los secretos de la vida espiritual para prevenirlos principalmente contra el pre-
gnosticismo y los avances de los nicolaitas que contaminaban la viña de Cristo. Y así la ocasión de
escribirla fue probablemente la que el mismo autor señala en 2:18 ss., como sucedió también con la

Página 145
de Judas (Judas 3 ss.).
Veríamos así a Juan, aunque "Apóstol de la circuncisión" (Gálatas 2:9), instalado en Éfeso y
aleccionando -treinta años después del Apóstol de los gentiles y casi otro tanto después de la des-
trucción de Jerusalén- no sólo a los cristianos de origen israelita sino también a aquellos mismos
gentiles a quienes Pablo había escrito las más altas epístolas de su cautividad en Roma. Pablo seña-
laba la posición doctrinal de hijos del Padre. Juan les muestra la íntima vida espiritual como tales.
No se nota en la epístola división marcada; pero sí, como en el Evangelio de Juan, las gran-
des ideas directrices: "luz, vida y amor", presentada una y otra vez bajo los más nuevos y ricos as-
pectos, constituyendo sin duda el documento más alto de espiritualidad sobrenatural que ha sido
dado a los hombres. Insiste sobre la divinidad de Jesucristo como Hijo del Padre y sobre la realidad
de la Redención y de la Segunda Venida de Cristo, atacada por los herejes. Previene además contra
esos "anticristos" e inculca de una manera singular la distinción entre las divinas personas, la filia-
ción divina del creyente, la vida de fe y confianza fundada en el amor con que Dios nos ama, y la
caridad fraterna como inseparable del amor de Dios.
En las otras dos epístolas Juan se llama así mismo "el anciano" (en griego, presbítero), título
que se da también San Pedro haciéndolo extensivo a los pastores de las comunidades cristianas (1
Pedro 5:1).

Bosquejo:
1 DE JUAN
A. Introducción, cap. 1:1-4
B. El mensaje de Luz, caps. 1:5 al 2:11
C. El mensaje de Amor, caps. 2:12 al 5:3
D. El mensaje de vida, cap. 5:4-21
2 DE JUAN
A. Salutación a "la señora elegida", vs. 1-3
B. El deber de andar en verdad y amor, vs. 4-6
C. El deber de evitar la doctrina falsa, vs. 7-11
D. Conclusiones, vs. 12-13
3 DE JUAN
A. Salutación al "muy amado Gayo", vs. 1-2
B. Gozo porque anda en la verdad, vs. 3-4
C. La hospitalidad de Gayo, vs. 5-8
D. Amonestaciones contra Diótrefe, vs. 9-11
E. Encomio de Demetrio, v.12
F. Conclusión, vs. 13-15

JUDAS
Judas, hermano de Santiago, compuso la presente carta entre los años 62 y 67, con el fin de
fortalecer en la fe a los judío-cristianos y prevenirlos contra la doctrina de los falsos doctores. Sobre
esta preocupación común en todos los escritos apostólicos, véase 2 Pedro 3:17. En muchos pasajes
tiene esta carta notoria semejanza con 2 Pedro 2 (Cf. v.17 s.)

BOSQUEJO:
A. Salutación, vs. 1-2
B. Propósito de la carta, v.3
C. Condenación de los herejes, vs. 4-16
D. El deber del verdadero cristiano, vs. 17-23
E. Doxología, vs. 24-25

Página 146
UN LIBRO DE PROFECÍAS
EL APOCALIPSIS

La clave de este libro se encuentra en el versículo inicial: "la Revelación de Jesucristo". El


propósito principal consiste en revelar al Señor Jesucristo como el Redentor del mundo y el Con-
quistador del mal, y presentar en forma simbólica el programa mediante el cual él desempeñará su
obra.
La estructura del Apocalipsis se fundamenta en cuatro grandes visiones, cada una de las cua-
les comienza por la frase: "En el espíritu", y contiene un aspecto de la persona de Cristo en su capa-
cidad de juzgar al mundo.
El Apocalipsis comienza con cartas dirigidas por el Señor a las Siete Iglesias de la era Apos-
tólica, que fueron típicas de las iglesias de todos los tiempos. En ellas expresa sus elogios y críticas,
terminando con una advertencia y una promesa.
Comenzando por el cuarto capítulo, el vidente es trasladado al cielo, donde contempla "las
cosas que sucederán después de éstas" (4:1). Mediante una sucesión de juicios, los sellos, las trom-
petas y las copas de ira, la tierra es castigada por su pecado, iniciándose el gran día de la ira de
Dios. No se nos da indicio de la duración del proceso, aunque parece que se acelera al aproximarse
a su fin.
En el capítulo 17 y hasta el 20 inclusive, se nos da una vista detallada de la consumación de
la edad. Se representa el retorno de Cristo en gloria con los ejércitos del cielo (19:11-21), el estable-
cimiento del reino y su conclusión en el juicio final del gran trono blanco (20:1-15), y la creación de
un nuevo mundo (21:1-8). La última visión es prolongación de la tercera al describir con más am-
plitud la naturaleza de la ciudad de Dios (21:9-22:5).
La conclusión del libro es un llamado a la devoción. Si Cristo va a retornar, la santidad y el
trabajo son obligatorios en lo que respecta a su pueblo. La oración al final debe expresar el deseo de
todo creyente: "si, ven, Señor Jesús" (22:20).

Bosquejo:

A) Las cosas que has visto, la visión de Cristo en gloria, cap. 1


B) Las cosas que son, las características de la Iglesia durante esta época, caps. 2-3
C) Las cosas que han de ser después de éstas, el juicio final y el triunfo culminante del Reino
de Dios, caps. 4 al 22

Página 147
RECOMENDACIONES

Para estudiar ésta, y las posteriores asignaturas, es recomendable que siempre tenga usted a
mano el siguiente material:

1. Una Biblia (versión de Reina y Valera).


2. Una Biblia de estudio (puede ser la Thompson).
3. Otras diferentes versiones de la Biblia, para consultas.
4. Un Diccionario Bíblico. [Puede ser el Nuevo Diccionario Bíblico Ilustra-
do de Vila-Escuaín, de la Editorial Clíe).
5. Un Diccionario Enciclopédico de la Lengua Castellana.
6. Alguna Enciclopedia de la Biblia o de temas bíblicos.

Para estudiar esta asignatura de «INTRODUCCIÓN BÍBLICA», es imprescindible


que usted tenga a mano también los libros de texto oficiales de esta materia, titulados:

TU PALABRA ES VERDAD
LA ESCRITURA: SU ORIGEN, SUFICIENCIA Y PERTINENCIA
Autor: Robert J. Sheehan
Editorial Peregrino

***
TEOLOGÍA EVANGÉLICA I
INTRODUCCIÓN A LA TEOLOGÍA Y LA BIBLIOLOGÍA
Autor: Pablo Hoff
Editorial Vida

***
¿CÓMO LLEGÓ LA BIBLIA HASTA NOSOTROS?
Compilado por Pedro Puigvert
Unión Bíblica -- Editorial Clíe

***

DIOS HA HABLADO
DEBATE CONTEMPORÁNEO SOBRE LAS ESCRITURAS
Autor: Paul Wells
Publicaciones Andamio

***
Y las lecciones de este módulo

Página 148
PRUEBA ACADÉMICA DE EVALUACIÓN A DISTANCIA

EXÁMENES

SEGUIDAMENTE TIENE LAS


PRUEBAS DE EVALUACIŁN.

CONSISTEN EN LO SIGUIENTE:

1º): Prueba objetiva de comprensión:


Indicar la veracidad o falsedad de cada frase.
Cada frase está tomada de uno de los libros de texto, y se piden para verificar la com-
prensión global de la temática por parte del alumno.
Al lado de cada frase se indica tres opciones (C - V - F) para que usted elija la opción
correcta. Usted debe encerrar en un círculo la letra que le parezca más correcta.

La «C» indica que la frase es cuestionable


La «V» indica que la frase es verdadera
La «F» indica que la frase es falsa

2º): Prueba de lectura crítica:


Consiste en hacer un ejercicio crítico literario sobre otro de los libros de texto.

3º): Prueba de Conocimiento:


Desarrollar un cuestionario de preguntas abiertas de lo estudiado en el módulo de es-
tudio.

4º): Recensiones
Hará la recensión de un libro de lectura recomendado.
Según el modelo dado en el módulo introductorio.

5º) Prueba de Ensayo


Redacción de un ensayo, de acuerdo con las instrucciones dadas en el módulo introduc-
torio.

Todas estas pruebas y ejercicios están basado en lo que usted ha estudiado,


tanto en los libros de texto como en el módulo de estudio.
Le deseo un feliz examen.

Una vez más, como profesor tutor de esta asignatura, me vuelvo


a poner a su servicio. Si necesita orientación en esta asignatura,
no dude en consultarme. Siempre estoy a su servicio.

Página 149
SUGERENCIAS PRÁCTICAS:

Compre hojas DIN/A-4. En la primera página identifique su trabajo escribiendo su nom-


bre, señas, localidad y su número de matrícula.

Escriba siempre con máquina de escribir o con ordenador. Sea concreto y conciso.

Después tiene que redactar la prueba de ensayo (un trabajo redaccional). Trate de sujetarse
al tema propuesto por el profesor. Aporte el máximo de datos y cite siempre que pueda la Escritura
con su cita (capítulo y versículo). Para realizar bien este ejercicio, lea con detenimiento y atención
lo que al respecto se le dice en el Módulo o Guía de Estudio Introductoria. Le aconsejamos que
trate de hacerlo siguiendo los pasos que se dan allí. Por último hará una reseña de un libro recomen-
dado.

****
1.- Para la Prueba Objetiva de Comprensión, utilice las hojas que ya se dan prepara-
das para hacer los ejercicios. (Si no quiere arrancar las hojas, fotocópielas). Esta
prueba está basada en lo estudiado en el libro: Tu Palabra es Verdad.

Esta prueba consiste en elegir la respuesta correcta: (V) si es verdadera, (F) si


es falso, o (C) si es cuestionable.

2.- Para la Prueba de lectura crítica, conteste en hojas tamaño DIN/A-4. Esta prueba
está basada en lo estudiado en el libro: ¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros?

El presente ejercicio consiste en que el alumno lea detenidamente el libro y


luego, en una extensión de no menos de 3 páginas ni más de 5 páginas, escriba una
crítica literaria sobre el mencionado libro.

Página 150
3.- Para la Prueba de Conocimiento (preguntas abiertas), utilice hojas tamaño DIN/
A-4. Esta prueba está basada en el desarrollo de la asignatura en el módulo de estudio
y en el libro de Pablo Hoff.

En esta prueba, antes de contestar debe de escribir el enunciado del ítem tal
como viene redactado. No cambie el enunciado, ni lo interprete, ni lo escriba
mal. Si lo hace y se equivoca al contestar, dicha respuesta será considerada
como mal.

4. Prueba de Lectura y Recensión.


Igual, hojas tamaño DIN/A-4, y en una extensión de entre 3 a 6 páginas.

5. Prueba de ensayo.
La redacción debe de ser realizada de acuerdo siempre con las instrucciones
dadas en el módulo introductorio. Si el alumno no se ajusta a las instrucciones
dadas, el profesor puede devolverle el ejercicio para que lo realice de nuevo.

****
Cuando haya realizado todo, envíe las 5 Pruebas de Evaluación juntas
(se sugiere que sean encuadernadas con espiral), por correo certificado.
Sería bueno que se quedara con una copia, pues a veces el Correo ex-
travía las cartas, de ahí la conveniencia de enviarlos siempre certifica-
dos. El CEIBI no se hace responsable de los exámenes que se extravíen
en el correo; si ocurre esto, el alumno debe de enviar de nuevo sus tra-
bajos al centro.

****
Sólo me queda darle ánimos y quedar a la espera de sus trabajos y no-
ticias.

Página 151
Página 152
Nombre y apellidos ________________________________________________

Señas ___________________________________________________________
________________________________________________________________

D.P. ___________Localidad: _________________________________________

Provincia ___________________________________ Nº de alumno\a _______

PRUEBA OBJETIVA DE COMPRENSIÓN

C = cuestionable \ V = verdadero \ F = falso — * — Encerrar en un círculo la mejor opción

La presente prueba está basada en el libro:


TU PALABRA ES VERDAD

El libro se puede conseguir sin dificultad en


Editorial Peregrino -- Apartado 19 -- 13350 Moral de Calatrava (Ciudad Real).

Página 153
C-V-F- 01.- El filósofo Aristóteles consideraba la teología como el estudio del ser y de la existencia.
C-V-F- 02.- La teología es el estudio de las conjeturas humanas.
C-V-F- 03.- Un teólogo no debe fabricar ideas; sólo ha de analizar y explicar la verdad.
C-V-F- 04.- Se debe interpretar la revelación apegándose a las tradiciones del pasado.
C-V-F- 05.- Un peligro constante para un teólogo es el de estudiar la revelación de Dios como un mero
ejercicio académico.
C-V-F- 06.- La teología propiamente dicha se divide en cuatro partes: Exegética, Cronológica,
Sistemática y Práctica
C-V-F- 07.- En los tiempos bíblicos no se daba el ateísmo.
C-V-F- 08.- La Biblia fue escrita con un propósito evangelístico.
C-V-F- 09.- Son sólo los cielos los que revelan a Dios (Salmo 19:1-6).
C-V-F- 10.- El hombre es por naturaleza irreligioso.
C-V-F- 11.- El Ángel de Jehová revelado en las teofanías era Dios Hijo
C-V-F- 12.- El contacto que los profetas tuvieron con Dios fue principalmente por sueño y visiones, pero a
Moisés le fue dado el ver la apariencia de Jehová.
C-V-F- 13.- Toda la revelación especial de Dios tiene su centro en Jesucristo.
C-V-F- 14.- El hecho de que fueran hombres específicos quienes recibieron la revelación
especial conlleva que ésta podría perderse a menos que fuera registrada.
C-V-F- 15.- Los profetas eran la boca de Dios y también la mano de Dios, sus portavoces y sus escribientes.
C-V-F- 16.- Los judíos consideraban que el canon de A.T. se componía de 45 libros.
C-V-F- 17.- El orden de los libros en nuestras Biblias es igual del de la Biblia hebrea.
C-V-F- 18.- La Ley y los Profetas es lo mismo que A.T..
C-V-F- 19.- La existencia de paralelismos entre libros canónicos con los apócrifos implica
relación directa.
C-V-F- 20.- Algunos falsos maestros comenzaron a escribir cartas falsas como si fueran de los apóstoles.
C-V-F- 21.- El Apóstol Juan sometió a los cristianos a una prueba de ortodoxia.
C-V-F- 22.- La razón fundamental para aceptar formalmente un libro como parte del NT era la
inspiración divina dada a su escritura, inspiración que era comunicada o acreditada por un apóstol.
C-V-F- 23.- Ahora ya no hay ataques contra la visión tradicional de la Escritura.
C-V-F- 24.- La gran necesidad del mundo no es la humildad de Dios en usar una Biblia
falible, sino la humildad del hombre para postrarse ante la infalible e inspirada
Palabra de Dios.
C-V-F- 25.- Una solución a la presencia de problemas en las Escrituras es la inerrancia limitada.
C-V-F- 26.- Las Escrituras originales, o autógrafas, tal y como surgieron de las manos de sus
escritores, están guardadas en la Biblioteca Vaticana y el Museo Británico.
C-V-F- 27.- El problema de los manuscritos del NT es que no hay dos iguales.
C-V-F- 28.- El Textus Receptus lo creó Erasmo en 1516.
C-V-F- 29.- Debemos distinguir cuando comparemos las traducciones, entre los comentarios de quienes se
dejan llevar por prejuicios y quienes se guían por principios.
C-V-F- 30.- Cuando se nos rete a creer tal o cual idea para agradar a Dios, tenemos todo el derecho a pedir una
prueba tomada de la Palabra de Dios de que tal creencia es requerida por Dios. Si no hay una
prueba bíblica, no puede haber tal requisito.

Página 154
La presente prueba está basada en el libro:

¿CÓMO LLEGÓ LA BIBLIA HASTA NOSOTROS?

El libro se puede conseguir sin dificultad en:


Unión Bíblica -- Sant Josep 13, Altell -- 08950 Esplugues de Llobregat (Barcelona)

PRUEBA LECTURA CRÍTICA

EL PRESENTE EJERCICIO CONSISTE EN QUE EL ALUMNO LEA DETENIDAMENTE EL


LIBRO Y LUEGO, EN UNA EXTENSIÓN DE 3 A 5 PÁGINAS, ESCRIBA UNA CRÍTICA
LITERARIA SOBRE EL MENCIONADO LIBRO.

¿Cuáles son los propósitos de la crítica de un libro? ¿Qué finalidad tiene? ¿Cómo es ejercida al ex-
plorar los libros de texto? Sin duda la reflexión (no la respuesta) sobre estos planteamientos puede
llevarnos horas e incontables páginas. Pero no pretendemos ser tan pretenciosos. Le indicamos al-
gunos pasos a seguir:

CONCEPTO: La crítica literaria es aquella actividad con la que se pretende analizar el significado y alcance
bien de un texto doctrinal, bien de un texto literario.

ESTRUCTURA: Para la crítica literaria se pueden seguir los siguientes pasos:

Página 155
ANÁLISIS DE LA IDEA O IDEAS FUNDAMENTALES CONTENIDAS EN EL LIBRO:
• Estudio del problema que plantea cada autor en el libro.
• Historia del problema planteado por cada autor.
• Originalidad de cada autor.
• Determinantes personales y doctrinales que influyen en las ideas de cada autor.
• Influencia en cada autor de ideas procedentes de otros campos del saber...

ESTUDIO CRÍTICO:
• Critica a cada problema planteado.
• Crítica al lenguaje utilizado para plantearlo.
• Critica a los supuestos en que se basa.
• Crítica al método planteado.
• Crítica a las ideas.
• Crítica a las conclusiones.
• Crítica al pensamiento general de cada autor.
• Crítica a la escuela o línea teológica-filosófica en la que puede encuadrarse cada autor...

CONCLUSIONES:
• Valor actual de los problemas planteados.
• Valoración personal de cada problema.
• Valoración personal de las conclusiones de cada autor.
• Aportación personal al tratamiento de cada problema planteado.
• Aportación personal a la solución de los problemas planteados.

Lo que se pretende ahora con este ejercicio es que el estudiante sepa construir su propia opinión
crítica acerca de lo dicho por los diferentes autores en los temas que tratan.

Le recordamos que no se trata de un ejercicio de SÍNTESIS (no es resumir, ni es compendiar, ni es


extractar el libro leído). Tampoco es un ejercicio de RECENSIÓN. Se trata de un ejercicio de crítica
literaria; es decir, de un examen y juicio crítico del lector acerca del libro leído.

La extensión pedida es de no menos de 3 páginas ni más de 5 páginas.

Página 156
PRUEBA DE CONOCIMIENTO

Cuestionario de preguntas sobre las lecciones


estudiadas en el Módulo de estudio.
01. Señale por qué a la Escritura se la llama «Sagrada Biblia».
02. Enumere las 20 razones que se presentan para rechazar los libros apócrifos del Antiguo Tes-
tamento.
03. Describa lo más ampliamente posible el nombre «Biblia».
04. Señale en qué consiste la revelación natural.
05. ¿Qué cosas incluían los medios de revelación? Seis puntos.
06. Distinga la diferencia que hay entre inspiración y revelación.
07. Describir bien qué es la inspiración parcial.
08. Describir bien qué es inspiración natural.
09. Describir bien qué es inspiración mecánica.
10. Describir bien qué es inspiración de pensamientos.
11. Describir bien qué es inspiración verbal y plenaria.
12. De todas estas hipótesis de inspiración, ¿cuál es para usted la verdadera y por qué? Explique
bien.
13. ¿Qué es theópneustos? En verdad, ¿cuál es el contenido de esta palabra griega?
14. Escriba la definición que el autor Pinnock hace de la inspiración. Luego en una frase de no
más de tres líneas trate de sintetizar lo dicho por este autor.
15. Señalar qué es la unidad de escritores en el tema de la inspiración de la Biblia. Luego ex-
ponga lo que le dice a usted esto.
16. Señalar qué es la unidad orgánica en el tema de la inspiración de la Biblia.
17. Señalar qué es la unidad de enseñanza en el tema de la inspiración de la Biblia.
18. Señalar cuál ha sido el efecto que ha tenido la Biblia sobre la humanidad.
19. ¿Por qué la profecía es la evidencia principal en apoyo de la inspiración de la Biblia?
20. ¿Qué materiales se utilizaron en las inscripciones y en las escrituras? Descríbalos concisa-
mente.
21 Señalar detalladamente por qué es importante el lenguaje en la Biblia.
22 Dé una explicación detallada sobre cada lengua o idioma empleados en la escritura de la Bi-
blia.
23. Trazar detalladamente qué es la Alta crítica
24 Trazar detalladamente qué es la Baja crítica.
25. Enumere seguidamente las 9 preguntas que se hacen al examinar la canonicidad de la Escri-
tura. Luego escriba una breve consideración suya propia sobre estas preguntas.
26. Describa qué son las variantes de lectura.
27. Explique detalladamente lo que son los Targumes.
28. Explique detalladamente lo que son los Talmuds.
29. ¿Qué es un códice? Explique (ayúdese de un diccionario).
30. Enumere seguidamente algunos de los más importantes Códices que existen del A.T. y del
NT.

Página 157
31. Enumere seguidamente los manuscritos más importantes del NT.
32. Definir bien la palabra Canon.
33. ¿Qué número de libros componen el canon de las Escrituras? Haga una lista con los títulos
de cada uno de los libros que componen el canon de las Escrituras.
34. Señalar cómo se determinó el canon del Antiguo Testamento.
35. Señalar cómo se confirmó el canon del Nuevo Testamento.
36 Defina ampliamente la palabra «apócrifo» (puede ayudarse de un diccionario o enciclope-
dia).
37. Los libros apócrifos del A.T. son llamados por los católicos como «Deuterocanónicos».
Haga una lista de los libros conocidos como «deuterocanónicos».
38. Conteste: ¿Cómo se clasifican los apócrifos siguiendo su carácter literario?
39. ¿Qué motivos tuvo el Concilio de Trento para declarar canónicos a algunos de los libros
apócrifos? Aclare: ¿Es aceptable su formulación de libros deuterocanónicos? Explique por
qué sí o por qué no.
40. Tarea: Lea el libro de Daniel en una Biblia católica (Nácar-Colunga; Jerusalén, etc.). Luego
haga una COMPARACIÓN del texto leído con el libro de Daniel en la Reina-Valera. Describa
su descubrimiento y haga una evaluación crítica sobre lo descubierto. La tarea tiene que
ver con el contenido del libro y no con la exégesis.
41 Enumere los libros apócrifos del Nuevo Testamento.
42. Definir bien lo que es la Pseudoepígrafa.
43. Aclare bien cuál es la diferencia entre libros «apócrifos» y libros «pseudoepígrafos».
44. Contestar: ¿Por qué hay una ausencia de manuscritos hebreos antiguos?
45. ¿De qué dos tipos eran los manuscritos del NT? Explíquese.
46. Enumere y explique cuáles son los 5 manuscritos que hay del NT casi enteros.
47. ¿Quién publicó (e hizo imprimir en imprenta) por primera vez el NT en griego y en qué
año?
48. Indique seguidamente los errores intencionales e involuntarios en que podían incurrir los co-
pistas.
49. Enumere las diferentes versiones antiguas destinadas a los cristianos
50. Referida a la Biblia, (a) ¿Qué es una políglota? (b) ¿Para qué sirven las políglotas?
51. Enumere las diferentes políglotas que existen.
52. Relatar una biografía de Casiodoro de Reina (ayúdese de libros, enciclopedias, etc.)
53 Relatar una biografía de Cipriano de Valera (ayúdese de libros, enciclopedias, etc.)
54 Conteste: ¿Cuál es la mejor versión de la Biblia para usted, y por qué?
55 Diga: ¿Cuántas y cuáles versiones de la Biblia posee usted, y cuántas y cuáles de ellas ha
leído con asiduidad?
56. Escriba la sinopsis de los siguientes libros:
1 y 2 de las Crónicas
Ester
Daniel
Evangelio de San Juan
Apocalipsis
La redacción debe de ser diferente de las que vienen desarrolladas en el módulo. Primero
hay que leer los libros en la misma Biblia y luego haga la sinopsis pero con un marcado
tono personal, siempre bien fundamentado. Le recordamos que esta tarea se trata solo de
hacer una sinopsis de los libros bíblicos indicados.

Página 158
EJERCICIOS Y TAREAS DE REFLEXIÓN Y DE REPASO RELACIONADAS CON EL ESTUDIO
GENERAL DE LA ASIGNATURA:

57. Aparte de los libros de texto (que se supone ha leído ya), ¿Cuántos y cuáles otros libros
acerca de los temas dados en toda la asignatura ha leído durante el tiempo que ha estado es-
tudiado? (Indicar autor, título y editorial, etc.)
58. Conteste: ¿En qué Concilios, y en qué años, ratificaron la canonicidad del Nuevo Testamen-
to?
59. Haga una lista de los diferentes estilos y géneros literarios con los que se escribió la Biblia.
60. Conteste: ¿Cuál debe ser la actitud de un teólogo al considerar los misterios no resueltos en
algunos pasajes de la Biblia que tienen que ver con la ciencia?
61 Señalar qué personaje dividió la Biblia en capítulos y en qué año. ¿En qué año y por quién
se distribuyó la Biblia en versículos?
62 ¿Podría decir por qué no conviene decir: «primera de Samuel», «segunda de Samuel», «pri-
mera de Reyes», «segunda de Reyes», «primera de Crónicas», «segunda de Crónicas»?
63. Todas las teorías falsas sobre la Inspiración de la Biblia nacieron de conceptos filosóficos.
Conteste: (a) ¿Cuál es el argumento que ofrece el racionalismo? (b) ¿Qué dice la neo-
ortodoxia?
64. Señalar la actitud que debe de mantener un creyente ante una persona que se burla de la Bi-
blia.
65. Contratar: ¿Por qué la Naturaleza y la Biblia tienen un mismo origen común?
66. Tarea: Lea en varios Diccionarios y Enciclopedias el vocablo «VERSO». Luego conteste:
¿Por qué no debemos llamar «versos» a los versículos de la Biblia?
67. Mencione tres características de Jesús que sorprendieron a sus contemporáneos y que ya se
habían pronosticado en el Antiguo Testamento.
68. Según su opinión, ¿por qué no ha intervenido el Espíritu Santo en una forma más directa y
explícita en la formación del canon?
69. ¿Por qué es de tanta importancia para nosotros que los eruditos comparen con mucho cui-
dado los diferentes manuscritos?
70. ¿Qué frases, o expresiones, o palabras, de la versión de la Biblia que usted lee no entende-
rían las personas de su entorno? ¿Cuál sería para usted una solución?

EJERCICIOS Y TAREAS RELACIONADAS CON EL LIBRO DE PABLO HOFF


«TEOLOGÍA EVANGÉLICA I. Introducción a la Teología y a la Bibliología».

71. Señalar y describir las 5 razones por las cuales los cristianos deben de estudiar la teología
72. Señalar y describir las 4 disciplinas que tienen una relación estrecha con la teología.
73. Enumerar y explicar las 6 ramas que abarca la teología.
74. Señalar y describir 5 características de la teología evangélica conservadora.
75. Señalar y explicar los 6 sistemas teológicos evangélicos.
76. Lea todo el capítulo 6º «LA CRÍTICA MODERNA DE LA BIBLIA» (pp.107-134). Tarea:
Haga un resumen de cada una de las secciones [hay 9 secciones: - La introducción y desde la
A a la H]. La extensión de cada resumen es de un tercio de folio, 3 páginas en total. Luego
háganos llegar también un dictamen suyo acerca de lo leído.
77. Señalar y explicar los 5 argumentos que se da a favor de la inerrancia
78. Señalar y explicar las 7 maneras de solucionar las dificultades de la inerrancia y las 5 consi-
deraciones que hay que tener en cuenta al definir la inerrancia bíblica.

Página 159
79. Tarea: Busque un solo ejemplo sacado de un libro o de una revista, acerca de un ataque que
se haya hecho acerca de la veracidad de la Biblia. Luego en un par de párrafos, refútelo.
80. Tarea: En la extensión de sólo 3 páginas haga una crónica con ilustraciones recogidas de
TEÓLOGOS que hayan enseñado alguna teoría racionalista o del liberalismo teológico. Se
puede consultar algún tratado sobre la teología contemporánea, o alguna obra de un teólogo
moderno. Si la teoría escogida trata sobre la inspiración natural se podrá encontrar argumen-
tos en obras de filósofos que defienden el materialismo o el escepticismo. El ejercicio debe
de ser de UNA SOLA teoría (por favor, no mezcle conceptos filosófico-teológicos, ni hable
sobre varias teorías, el ejercicio es sólo sobre una sola teoría).

000. Haga una evaluación de la asignatura. Exprese con franqueza las debilidades del módulo, así
como las de los libros de texto. Las dificultades que encontró. Los aspectos más positivos,
etc. etc. Así como los errores de mecanografiado e impresión que usted haya podido encon-
trar.

Página 160
PRUEBA DE LECTURA Y RECENSIÓN
Tarea:
1º paso:

Lea y estudie el libro:

DIOS HA HABLADO
Debate Contemporáneo sobre las Escrituras

Por Dr. Paul Wells

Ediciones Andamio

2º paso:

Luego haga la recensión del libro

Número de páginas: No menos de 3 ni más de 6.


Se pide del estudiante que siga las instrucciones dadas
en el módulo introductorio y que haga
la recensión conforme a las instrucciones.

Página 161
Tarea: Realizar un trabajo escrito, entre 10 a 15 páginas, en hojas DIN -A 4, en la que se haga una investiga-
ción sobre el siguiente tema:

Para hacer este trabajo, basta buscar datos en Diccionarios, Enciclopedias, libros
especializados, etcétera, y tratar de refundir los datos, haciendo una Prueba de Ensayo del
mismo. Puede orientarse sirviéndose también de algún libro que usted conozca que trate el
tema. Sea imaginativo. Puede ayudarle si hace primero un guión, siguiendo el modelo que
se ofrece en la Guía Introductoria.

Nota: Aunque se pueden hacer citas de autores siempre que se les dé crédito a pie de página, el trabajo
NO DEBE DE SER COPIADO literalmente de los libros. Utilice pensamientos, frases y palabras propias. Antes de
hacer este ejercicio lea detenidamente otra vez las instrucciones que al respecto se le dan al alumno en la Guía
introductoria. Ajústese al tema que se pide.

Al menos tenga presente los siguientes elementos:

1.- Introducción y planteamiento del tema y del argumento que desea presentar.
2.- Desarrollo del tema, señalando bien los argumentos esenciales del mismo y su fun-
damentación. Conviene ordenar los diferentes argumentos planteados por su impor-
tancia. Divídalos en capítulos y sub-capítulos.
3.- Referencia a otros autores a pie de página, de modo que se enriquezca la argu-
mentación.
4.- Precisión y matización del argumento mantenido, comparándolo con otros.
5.- Conclusión final, que debe ser de tipo crítico y con un marcado tono personal,
siempre bien fundamentado.
6.- Bibliografía consultada.
***

Página 162
Página 163
CEIBI

«Aplica tu corazón a la enseñanza


y tus oídos a las palabras de sabiduría»
Proverbios 23:12

Página 164

También podría gustarte