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Arrieros

Este documento describe la importancia histórica y cultural de los arrieros y acémilas en la literatura popular andina. Brevemente resume que los arrieros eran transportistas que usaban mulas, llamas y otros animales para mover carga y personas a través de los Andes. Relata algunas historias sobre mulas notables como Manka Senqa y Ninabambina y cómo los arrieros desarrollaron una literatura oral rica sobre sus viajes y experiencias. Finalmente, explica que aunque el oficio del arriero está desapareciendo, su legado cultural permanece a través
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Este documento describe la importancia histórica y cultural de los arrieros y acémilas en la literatura popular andina. Brevemente resume que los arrieros eran transportistas que usaban mulas, llamas y otros animales para mover carga y personas a través de los Andes. Relata algunas historias sobre mulas notables como Manka Senqa y Ninabambina y cómo los arrieros desarrollaron una literatura oral rica sobre sus viajes y experiencias. Finalmente, explica que aunque el oficio del arriero está desapareciendo, su legado cultural permanece a través
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Núm. 2 febrero de 2010

Arrieros y acémilas en la literatura popular andina


Juan José García Miranda1
A Manka Senqa,
Ninabambina y Petizo
mulas y manso caballito
de mis recuerdos infantiles.

Introducción
Manka Senqa2 y Ninabambina3 y petizo4 dos
mulas y un caballo que no se borran de mis
recuerdos infantiles. Con ellos recuerdo las
piaras de acémilas que nos trasladaban desde las
ciudades hacia distintas direcciones para
convivir con los pueblos de las étnias de Ancco
Ayllu5 y Chungui en la provincia de La Mar y
que nos permitió recorrer junto a los arrieros por
la selva del Río Apurímac en el departamento de
Ayacucho y la provincia de Chincheros en el de
Apurímac.
Manka Senqa era una de esas mulas
menuda, “mañosa”, “engreída”, “jovial” de un
color bayo claro con el hocico negro por el que Arrieros de la Amazonía
recibió el nombre de Manka Senqa en alusión al peruana en el año 2003.
color negro de la base de las ollas causada por la
leña de los fogones de los hogares rurales. Según los campesinos entendidos, era la alegría de la
recua de acémilas. Exigía mucha atención. Se le debía dar primero el forraje porque sino excretaba
en el de los demás, o simplemente los pisoteaba. Para tratar con él se debía conocer su “genio” y
sus “mañas” y hacer de este un animal dócil, como lo hacía su “dueño y amigo personal”6 mi
hermano. Por eso en los viajes largos con más de una piara de acémilas se le ponía el cencerro para
que anuncie nuestro paso en los lugares estrechos de los caminos entre las montañas de Ayacucho.
Ninabambina era una mula muy alta, corpulenta, tolerante y muy leal. Cuidaba, con actitud
humana, de su propietario, mi padre7. Su fama acrecentó cuando en la selva peruana de Wayna
Ozambre, mi padre había enfermado de gravedad, Ninabambina, junto con una perrita Diamela,

1
Antropólogo de la Universidad Nacional de Huamanga, Perú.
2
Manka Senqa. Viene de voces del runasimi (idioma nativo del Perú conocido como quechua). Manka es
olla (de barro), Senqa es nariz. La olla como bajilla de cocina se le calienta con leña y se ennegrece por la
base. El hocico de Manka Senqa era negra.
3
Ninabambina. Significa Natural de Ninabamba.
4
Pitizo. Nombre de un caballo.
5
En la provincia de La Mar, existe un distrito Anco que en tiempos remotos era reconocido como Ayllu. Es
decir, los Ayllu quechua de Ancco y Chungui, son colindante con el territorio de los pueblos Chanka de las
provincias de Andahuaylas y Chincheros en el departamento de Apurímac cuyo lídes prehispánico es
Anccowayllu.
6
Su dueño era Carlos Edwin, mi hermano mayor.
7
Mi padre, Juan José García Benavides, profesor rural.
viajó tres días para “avisar” de la emergencia. Al llegar a casa dio cascazos en el suelo y emprendió
retorno hacia su dueño. Mi madre entendió el “mensaje” viajó con la mula otros tres días y
encontraron a mi padre delicado afectado por una grave enfermedad y pudieron atenderlo hasta
sanarlo. Gratitud por el que nunca se olvida a Ninabambina y Diamela. Viajaron cruzando el río
Apurímac y zonas de bosques donde abundan los pumas predadores de equinos y caninos.
Petizo, en cambio, era un caballo muy dócil, alazanado y especializado en el traslado de
niños con quienes congeniaba y aguantaba sus travesuras. Era la madrina de las recuas y piaras de
acémilas en los largos viajes.
Hazañas como éstas y las vicisitudes pasadas por los arrieros y viajeros han generado un
sinnúmero de relatos que se narran entre arrieros, criadores, ganaderos y viajeros, en las pascanas,
tambos o lugares de descanso y pernocte de los arrieros y “postillones”1 y de las tertulias en casa,
en torno al fogón hogareño de los que nos ocuparemos en esta oportunidad.
El ensayo da cuenta de la literatura popular andina inspirada en tales vicisitudes de los
transportistas que utilizan los caminos de herradura para arriar sus acémilas o conducir tropas de
ganado en distintas direcciones. Relatos que han sido registrados por el autor o tomados de otros
autores que han compilado relatos y los han publicado. La memoria colectiva todavía guarda estos
recuerdos pese a que paulatinamente va desapareciendo el arrieraje como actividad económica.

1. Los arrieros
El vocablo arriero tiene muchas acepciones. En genérico se designa al que se dedica al transporte
utilizando acémilas. En el Perú este término tiene muchas otras acepciones: tropero2, llamero3,
wamanguino4, lipuku5, viajante6, negociante7. Es un oficio que ha caracterizado y ocupado, y aún
aún ocupa, a diversos pueblos y que parte de su simbología identitaria sigue siendo el arrieraje.
Este sector poblacional tiene un modo de vida trashumante porque parte del año están fuera del
hogar recorriendo diferentes pueblos con itinerario estacional que asocia ciclos productivos con
festivo rituales. El arriero, puede tener un sistema parental que tolera la poliginia porque aparte de
la esposa en el lugar de origen, pueden tener hijos con parejas de otros lugares8. La esposa y las
otras parejas no se conocen pero sí los hijos, porque cuando tienen capacidad de viaje acompañan a
sus padres en sus travesías.
La Dra. Olga Fernández Latour de Botas (2000),
estudiosa argentina, en un encuentro del Seminario
Internacional sobre Tropeirismo en Bom Jesús, Río Grande del
Sur, Brasil, ha presentado un interesante trabajo sobre las
significaciones y usos espaciales que tienen los términos de
arriero, tropero en latinoamérica, con los que compartimos. En
Perú existe el arrieraje y también el tropero y junto a ellos el
llamero. El arriero es el transportista que utilizando acémilas
traslada equipajes, carga y personas de un lugar de origen a
otro de destino; es genérico. El tropero, es el que traslada de un
lugar a otro ganado de todo tipo por caminos especiales y
muchas veces utilizando horas en las noches para no ser
perturbado ni perturbar a los otros transportistas durante el día.

1
Postillón. Encargado del traslado de remesas de correo de posta a veces usaba acémilas.
2
Tropero, transportista de todo tipo de animales (vacunos, equinos, ovinos, caprinos, etc.).
3
Llamero, transportista que utiliza como medio de transporte la llama (camélido sudamericano).
4
Wamanguino o huamanguino, comerciante que a través del arrieraje comercia productos urbanos en las
zonas rurales.
5
Comerciante viajero de los Andes Centrales principalmente de la Región de Pasco en el Perú.
6
Comerciante viajero.
7
Negociante, se designa en las zonas rurales aquel que compra y recolecta ganado y productos agropecuarios
para luego transportarlos a las ciudades para beneficiarlos o comerciarlos.
8
La estructura de la familia del arriero puede ser poligámica; el varón con varias parejas e hijos. La
matrilocalidad de la mujer hace que la esposa principal radica en el hogar base del arriero (lugar de origen) y
algunas parejas en lugares a los que llega periódicamente. En todos los casos puede tener hijos.

2
El día sol es utilizado para pastar el ganado. El traslado es lento para evitar que los animales
pierdan el peso.
En el Perú el arrieraje, como hemos señalado en los foros anteriores, se establece con la
llegada de los españoles, anteriormente la mensajería oficial estaba a cargo de los Chaski1 y el
transporte de productos era a través de llamas utilizadas como acémilas, para cuyo efecto se había
construido una red vial de más de 25000 km de caminos troncales y secundarios comunicaba los
principales centros administrativos del Tawantinsuyo y que, en parte, se conserva hasta la
actualidad2. La explotación de las minas de plata en Potosí, fomentó el desarrollo del arrieraje y
una estrategia de crianza de equinos en Argentina en la segunda mitad del siglo XVI y desde el
siglo XVII3 a través de mulas entre Lima, Potosí, Buenos Aires y lugares intermedios y aledaños,
longitudinales y transversales, inicialmente utilizando el antiguo camino de los incas.
El uso de mulas para el transporte generó un mercado de ferias anuales de ganado equino y
vacuno que se irradian desde Argentina, principalmente de Salta4, en distintas direcciones y aún se
conservan en el Perú asociado al arrieraje asociado y el comercio en las zonas donde aún no han
llegado las carreteras, como es el caso de la ceja de selva, selva y sierra. Aparte de que en
diferentes etapas las acémilas de los comerciantes arrieros fueron utilizados para conflictos sociales
que van desde el bandolerismo social, movimientos internos y guerras5.

2. La literatura Oral
La literatura oral andina es extensa, engloba mitos, leyendas, cuentos, paremias, refranes, poemas,
canciones y otros relatos creados por el pueblo, no tienen autor identificado, son plásticos y
susceptibles a modificaciones por adaptaciones, recreaciones, reinterpretaciones, que son
transmitidos mediante la oralidad y, al mismo tiempo, pautan el comportamiento no solo de los
arrieros sino también de la población etnocampesina de los Andes peruanos. La mitología en
cualquiera de sus formas tiene contenido formativo porque es medio de socialización y normativo
porque regula el comportamiento social y por consiguiente es también medio de sanción social.
La literatura oral que presentamos corresponde a ciclos míticos diversos de los arrieros con
las deidades tutelares (Apu y Wamani); los lugares encantados (lagunas, montañas, quebradas); las
devociones y santificaciones populares; los bandoleros y cuatreros, los relatos de recreación,
chanza y esparcimiento; y, los del entorno familiar.

1. Los arrieros y las deidades tutelares andinas


La cosmovisión andina concibe el mundo como una unidad entre la naturaleza y la humanidad; se
percibe, al mismo tiempo, como Natural y Sagrada y es considerada como fuente de vida y última
morada del hombre. Como Naturaleza prodiga al hombre de los medios de subsistencia que
permitirá su existencia: los recursos naturales; y, como elemento sagrado “cría a la humanidad” y
asume cualidad maternal, por eso es denominado “Pachamama”6 o Madre Naturaleza. El mundo, el
el cielo con sus elementos, las montañas, las lagunas, la tierra, las aves, etc. son profanos y
sagrados. Útiles como recursos y materia de culto y rituales. La alusión a los elementos de la

1
Chaski. Sistema de mensajería en el Perú prehispánico.
2
El sistema vial inka es conocido como Caminos del Inca, Hatun Ñan, Inka Ñan, Qhapaq Ñan y articulaba
Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile, teniéndose noticias que llegaba hasta lo que es Paraguay y parte
de Colombia. Actualmente estos caminos están siendo identificados, estudiados y, según las condiciones,
puestos en valor para ser declarados por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
3
Por la utilidad y la importancia en el transporte la Mula fue declarada como “Fulgor del Siglo XVII”.
4
La crianza de mulas fue planificado por el Virrey Toledo en la segunda mitad del Siglo XVI y su
comercialización se hizo en ferias anuales de Semana Santa y Corpus Cristo. En Salta se llevaba a cabo la
feria de mulas más grande del mundo.
5
Se ha registrado que las mulas que se traían de Salta hacia el Perú fueron utilizados en las guerras de
emancipación, posteriormente los aguerridos “morochucos” y montoneros utilizaron en conflictos internos y
externos del Perú y hasta en la guerra interna de fines del siglo XIX las acémilas jugaron papel importante ya
en manos de las fuerzas armadas y policiales, de los alzados en armas y de los ronderos (paramilitares).
6
Pachamama. Vocablo que viene de dos voces quechuas: Pacha: Universo, Naturaleza. Mama: Madre.
Traducción: Madre Naturaleza.

3
naturaleza en la literatura oral es recurrente principalmente de los considerados como los de objeto
y escenarios de culto como el Apu o Wamani, la Mamaqocha1, el Amaru2, entre otros. La trama de
los relatos tienen componente axiológico porque refieren aspectos de valores morales, cognitivos y
funcionales que norman y forman la vida social. Los relatos previenen, testimonian, sancionan,
estimulan, premian, por eso las deidades panteístas locales como los Apu-Wamani benefician a los
desvalidos y más pobres y sancionan de diversas maneras a los transgresores que faltan el respeto a
la Pachamama.
Algunos de los relatos que hemos registrado son:

- El Wamani y el arriero
Este es un relato muy difundido en los Andes, trata de dos hermanos socio-económicamente
opuestos. El mayor rico, explotador y sedentario y el menor laborioso, respetuoso y arriero.
Cuentan que el arriero cuando trajinaba con una recura de acémilas, al caer la tarde acampó en un
paraje solitario entre las montañas, ubicándose para pernoctar en una cueva. Antes de conciliar el
sueño, cuando el arriero mascaba la sagrada hoja de coca (Erithroxylon cocae), previo pago a la
Pachamama, escucho que los Wamani moradores de los cerros conversaban entre sí. Uno le decía
al otro “¿Qué le vamos a dar a este nuestro hijo?, yo le daré ceniza”. El otro le respondía “yo le
daré carbón” y el tercero agregaba “y yo harina de maíz”. Cuando despertó al día siguiente,
pensaba en su “sueño” y, de pronto, vio entre su carga tres atados conteniendo ceniza, carbón y
harina que los tomó con cariño y se llevó en la espalda y arriando la recua de acémilas continuó
viaje hacia su hogar. A medida que se acercaba a casa su equipaje iba pesando más y más. Cuando
llegó a la puerta de su casa se deshizo de su carga y constató que se habían convertido en oro, plata
y cobre. Riqueza que le permitió incrementar su ganado y sus cultivos. Así revertió su pobreza con
riqueza.
El hermano ma- yor egoísta y sin senti-
miento comunal, rico y avaro, viendo la prosperi-
dad del arriero, su her- mano, le obligó a confe-
sarle ¿Que había hecho para prosperar? El arriero
se vio obligado a noti- ciarle de lo ocurrido.
Ante la noticia, el her- mano, avaro y codicioso,
fingiendo viajar llegó al mismo lugar, acampó en
la misma cueva y cuando trataba de conciliar el
sueño escuchó conversar a los Apu Wamani, quie-
nes acordaron darle los Puerta de entrada del Señor Wamani disturbado
mismos elementos que al
hermano menor. Al día por la Iglesia Católica en Ayacucho, Perú siguiente, el hermano del
arriero encontró y cargó lo que habían dejado las
deidades y retornaba a su hogar; empero los perros le ladraban, su esposa e hijos, al verlo, le lanza-
ron piedras, sus vecinos lo ahuyentaban mientras él trataba de decirles era el esposo, padre y ve-
cino. Cuando se dio cuenta le había crecido cuernos, cola y el rostro se le había transformado en el
de un ciervo. El avaro murió. Se dieron cuenta que era el hermano avaro porque tenía como piel el
poncho que le había tejido su esposa.

- La laguna de Ullucupata
Este es un relato con una lección de experiencia vivida. En 1963 cuando viajaba con unos arrieros
desde las selvas peruanas hacia la sierra en el distrito de Chungui (Ayacucho, Perú), llegamos a la
localidad de Ullucupata que tenía una hermosa laguna. Ésta se veía quieta y azulina a las tres de la
tarde con límpido sol. El camino bordeaba la laguna e incitaba sentir esa maravilla y al mismo
tiempo de acariciarla. En estas circunstancias recogí una piedra plana y cuando me disponía a
lanzarla sobre el espejo de agua para ver cuantos rebotes podía dar, los arrieros mayores me
llamaron la atención y me advirtieron que no haga semejante cosa. Empero, yo, por contradecirlos

1
Mamaqocha, Mamacocha: Madre Laguna.
2
Amaru: Serpiente sagrada, asociada al agua. Torrente de agua que emerge con fuerza de las entrañas de la
tierra y se traslada como una serpiente por la superficie, arrasando a su paso lo que encuentra.

4
lancé la piedra y vi la furia en sus rostros y escuchaba preocupado la frase “machayman,
machayman” (“a la cueva, a la cueva”). Todos, humanos y acémilas, aceleraron el paso para llegar
pronto a la cueva donde acamparíamos. A medida que íbamos avanzando, el cielo azulino y limpio
se iba nublando y oscureciendo antes de tiempo, mientras la suave brisa de la laguna se iba
convirtiendo en viento. Cuando llegamos a la cueva iniciaba la garúa acompañada de vientos.
Descargamos las acémilas y nos cobijábamos dentro de la cueva y el viento azotaba
horizontalmente dentro de la cueva y la lluvia con granizada menuda nos daba con fuerza en
nuestros rostros, como si nos castigara. Los campesinos luego de proliferar sus ásperas y justas
llamadas de atención, iban calmándose, mascando la sagrada hoja de coca. La lluvia pasó, muchas
cargas se mojaron y el día dio paso a la noche.
Es en estas circunstancias cuando les pedí disculpas, los campesinos se tranquilizaron
mascando la sagrada hoja de Coca y recordaron historias de la laguna encantada. Los arrieros,
guardaban respeto a la laguna que según la tradición oral estaba en sus profundidades morada por
un enorme toro de oro enlazado con una cuerda de oro y que al lazar la piedra había perturbado su
tranquilidad y por eso había oscurecido el cielo, enviado los vientos, la lluvia y la granizada que
nos obligó descansar en la cueva antes de culminar la jornada de viaje. Por mi actitud los arrieros
perdieron un cuarto de día de jornada.
La laguna es sagrada, por eso se le llama Mama Qocha, tiene su ciclo y por si sola puede
moverse con oleadas en las que los niños se bañan y los adultos lavan sus ropas utilizando
detergentes vegetales como la taqsana. Tiene sus momentos de quietud y en este no se le debe de
ofender porque puede molestarse. Lo que hice fue precisamente esto, faltarle el respeto lanzándole
una piedra. Las consecuencias fueron horribles.

- El granizo
Las lluvias, los vientos, las heladas, las granizadas en sus diversas formas expresan el estado de
ánimo de la naturaleza y corresponde al trato que el hombre tiene con ella. Entre los pueblos andi-
nos el hombre dialoga y trata con la naturaleza a diferencia de la sociedad occidental en el que el
hombre lucha con la naturaleza para dominarla o someterla. Los relatos que registramos evidencian
estas relaciones y tratos de los pueblos andinos con la naturaleza y es frecuente recoger relatos en
los que las deidades andinas son arrieros que tienen como sus acémilas a las vicuñas, vizcachas,
alpacas, zorros, ciervos, zorrinos y otros animales silvestres a quienes como los humanos dicen le
hacen sus fiestas, sus marcas y señales por eso, ocasionalmente, los arrieros pueden encontrar
animales silvestres adornados con cintas de colores.
El relato registrado por Condori-Gow (1982) que a continuación reproducimos está
asociado al granizo y como éste asume rol humano para mantener a su madre y en momentos el
papel de arriero. El relato dice:
“Un comerciante de Camara dicen que estaba por una cumbre. En una pampa, en un rincón
de piedra, vivía una mujer. Allí llegó el Camara. “Escóndete, Mis hijos te podrían
hondear”, dijo la mujer y lo tapó con un tinajón.
Cuando estaba escondido el granizo entró tronando:
“Estoy trayendo maíz, trigo estoy trayendo, pero también estoy trayendo cargados en las
mulas”, dijo el granizo.
Cuando los hijos del granizo detonaron tres veces, él llegó como un arriero.
La viejita tenía de lo mejor en su casa, dicen. Papa, chuño, moraya1, huevos, trigo, maíz,
habas. También había reunido muchos animales: maíz y a golpear las chacras detonando.
De allí dicen que también trajo a la gente arreándola como a llamas y mulas. ¡Qué de veces
el granizo está matando a la gente! Su espíritu trae después de matarla. Y la gente va
llegando con papas, moraya y maíz cargados en mula. Lo mejor lleva.
La madre del granizo es la nieve.”
En este caso, el granizo aparece como abastecedor de productos a una anciana asumiendo
el papel de arriero que transporta productos agrícolas y ganaderos en sus espaldas y en acémilas
(llamas y mulas) y refiere a que a veces puede matar a la gente y llevarse lo mejor de los productos.

1
Chuño: papa deshidratada. Moraya: Papa congelada para deshidratar.

5
En este caso, implícitamente, se entiende que esta actitud la asume cuando hay desequilibrios en la
normativa humana. Lo que muestra es la identidad humano-naturaleza y la transmutabilidad que
existe entre ambos.

- Apachita o Saywa Rumi


Las Apachita1 o Saywa Rumi2 ubicados en las cumbres de los cerros por cuyas abras pasan los
caminos por donde transitan los viajeros y los arrieros para entrar dee un valle, una cuenca o una
hoya a otras. Según se dice “La fatiga del viaje, el cansancio es aviso misterioso de que no debe
irse más allá sin ofrendar a la “apachito”. El indio que lo siente y no le envía nada agradable a
aquel espíritu coge una piedrecilla redonda del camino y comienza a frotarse el cuerpo con ella, a
desperezar sus miembros fatigosos después de la fricción y
arrojar la piedra portadora de sus fatigas, entre el montón de
las otras sobre que se yergue el símbolo del cristianismo. Se
dice que las hierbas absorben el cansancio el cansancio (...) se
Apachita o Saywa Rumi y hace aún más evidente cuando practican esta misma operación
Cruces del Camino en con los animales que se les han rendido y, sobre todo, cuando
Salcabamba, Huancavelica
materializan la intención del culto no por medio de una
ofrenda, porque estos transeúntes precisamente no la tienen,
sino por las piedrecillas que recogen del camino, las llevan
consigo un regular trecho y los arrojan como ofrenda a la
“apachito” (Castro Pozo 1979: 149-150).
Las apachitos se localizan en las cumbres, se practica
en todo el sistema de montañas de los Andes que comprende a
los países andinos de Perú, Ecuador, Bolivia y Argentina.
Félix Coluciio (1990) registra información en Argentina y lo
mismo Claudia Forgiani y Norberto Pellicero. Los arrieros
que entregan sus ofrendas aseguran que no tienen
contratiempos durante sus viajes.
Apachita en la
Tapuna3 es un Wamani regional de la Comunidad
provincia de La Mar en el departamento de Campesina de
Ayacucho, protector de los pueblos Iquicha4, Cancha Cancha,
Ayacucho.
junto a esta deidad se localiza el abra del
mismo nombre donde existe una Apachita en
la que los viajeros que penetraban a la ceja de
selva del valle formado por el río Apurímac,
se hincaban y depositaban sus ofrendas para
pedir protección y “preguntar” al señor
Wamani ¿cómo le iría en su viaje? El
Wamani, morador del Tapuna, a través del
sabor, posición y forma5 de las hojas sagradas
de Coca les respondía y pronosticaba el éxito o fracaso del viaje. Con la masificación del uso del
transporte motorizado esta práctica ahora ha sido asumido por los camioneros.

1
Viene del runasimi o quechua Apache que significa envío, encargo. Designa al lugar donde los arrieros y
viajeros depositan sus ofrendas para las deidades tutelares andinas. Generalmente se localiza en las abras de
las cumbres por donde pasan los caminos.
2
Saywa Rumi. Cúmulo de piedras depositadas como ofrendas en las cumbres de los cerros. Comúnmente en
estos lugares se coloca una Cruz de madera.
3
El nombre de la deidad local del señor Wamani Tapuna viene de la voz quechua Tapuy: preguntar y Tapuna
significa “A quien se debe preguntar”.
4
Iquicha. Etnia quechua del norte del departamento de Ayacucho protagonista de gestas contra los incas, los
colonizadores españoles y gobiernos republicanos, buscando defender sus derechos.
5
El sabor amargo o dulce, la forma redonda y sana de la hoja, la posición anversa de la sagrada hoja de coca
anuncia si un proceso va culminar con éxito.

6
Empero, los montículos de piedra, las Cruces de los Caminos, las hornacinas en los que se
depositan las ofrendas continúan operando. Los conductores de camiones, los pocos arrieros que
transitan por la zona y los lugareños continúan todavía considerando al cerro como deidad tutelar.

- Rocas Sagradas
Entre los componentes sagrados de las creencias andinas se ubican también un conjunto de rocas
que por su forma, tamaño, color los pobladores y arrieros le reconocen atributos sagrados. Uno de
éstos es el pronóstico de un viaje.
En el valle del Mantaro, departamento de Junín, existen varias rocas sagradas y uno de
ellos Chapina Wanka1 está asociado a los viajeros y los arrieros. Tiene 17 metros de diámetro en su
parte superior a donde se puede subir escalando con dificultad una altura de, aproximadamente,
cuatro metros.
Los arrieros y viajeros antes de emprender un viaje “consultan a la roca” para saber si
tendrán éxito, para lo cual arrojan sobre la roca desde la vera del camino (aproximadamente treinta
metros), tres piedras juntas. Si las piedras caen y quedan agrupados sobre la gran roca, entonces el
éxito será seguro; pero si alguna de las piedras cae a tierra el éxito será relativo. Sí caen dos piedras
fuera de la superficie de la roca no se recomienda el viaje; y, si caen fuera de la superficie las tres
piedras no se debe de viajar.
Es decir, puede observarse que existe un
contenido esotérico del acto, pero siempre está
asociado a rituales previos realizados antes de
arrojar las piedras. Se masca la sagrada hoja de
Coca y deposita las ofrendas debajo de la piedra.
Rocas sagradas como Chapina Wanka son
frecuentes en los pueblos y los caminos de los
Andes peruanos. Pero no todas las rocas sagradas
están en los caminos y están asociadas a las
prácticas de los arrieros. Por lo general existen otras
que están lejos de los caminos y de los arrieros, se
les identifican como rocas encantadas y se prohíbe en unos casos acercarse y en otros es motivo de
peregrinaciones y rituales.

- El Wamani como arriero y tropero


Así como los negociantes arrieros viajan no solamente
conduciendo acémilas, se cuenta también que el Señor
Wamani tiene su “ganado” y sus tropas de animales a los que
conduce como cualquier arriero y tropero. Conduce sus recuas
trasladando sus riquezas de un lugar a otro. “Sus gallinitas son
las perdices, sus caballitos son los venados y las vicuñas, sus
vaquitas son los ciervos” con los que carga sus bienes
especialmente el oro.
El señor Wamani posee sus propios hatos ganaderos
conformado por los animales silvestres. Los indígenas le
llaman el “ganado del señor”2 a los zorros, zorrinos, pumas, vicuñas, guanacos, ciervos, venados,
perdices, patos silvestres, etc. Cuando recoge sus “cosechas” y productos de extracción minera,
vegetal o animal, los trasporta en éstos animales que hacen de acémilas. Según relatan, trasladan en
piaras, algunos tienen cencerros, indumentaria de cabalgadura muy fina “tejidos con oro y plata”.
En muchos relatos los arrieros aducen haberse encontrado con el señor Wamani y sus
“acémilas” conduciendo su tropa de ganado. Por eso es que el señor Wamani no solamente es

1
Chapina wanka viene de dos voces del quechua Wanka: Chapina que significa consulta y Wanka: roca
sagrada.
2
El trato que se le da a los Apu, Wamani, Jirka, Achachi siempre es de Señor, Padre o Tayta. Tayta Wamani
seguido del nombre nativo del cerro.

7
arriero sino también es tropero. César Pérez (1985) y César Toro (1990) recogen mitos alusivos a
estos acontecimientos. Por eso se cuenta de cómo arrieros encontraron o se encontraron con
animalitos silvestres extraviados con sus atuendos, sus cargas (muchas veces de oro) e inclusive se
dice que tienen sus marcas y señales con cintas. Los arrieros más pobres y que han tenido
comportamientos solidarios, comunitarios, cultivadores de la reciprocidad andinas son los que se
“han encontrado” con estos animales y consideran un “regalo del Señor Wamani”.

2.2. Lugares de protección de los arrieros


A lo largo de las rutas de los arrieros se encuentran lugares de riesgo y protección. Estos centros se
identifican los “lugares peligrosos”1 para los transeúntes por la orografía accidentada, los lugares
de pantanos, lugares de frecuentes operaciones de asaltantes, cuatreros y abigeos, desfiladeros con
abismos a uno o ambos lados de los caminos.
Estos riesgos que afectan a los arrieros ha generado una basta gama de relatos y la creación
de sistemas de protección panteísta y cristianos conservando, a veces, procesos de paralelismo
religioso. Se acude a la protección de la Pachamama, a los espíritus de las montañas y también al
santoral católico ligado asociados a los viajeros, el ganado, principalmente San Antonio
considerado Patrón de los viajeros, San marcos Patrón de los ovinos, San Valentín de los equinos,
Santiago Apóstol de los vacunos y camélidos, San Lucas que ayuda al amansamiento de equinos y
vacunos.
A lo largo de los caminos se identifican estos lugares sagrados y protectores con los
montículos de piedras, cruces y otros elementos. En nuestro caso son, junto con las Saywa Rumi,
las Rocas Sagradas y los ríos, las “almitas del purgatorio”, el santoral católico re-creado desde la
cosmovisión de los arrieros, las devociones populares y hasta los cementerios.
Cuando los viajes son largos los arrieros acampan donde les cae la noche después de cada
jornada. Estos lugares de hospedaje ocasionales son variados: tambos, casas, carpas, cuevas,
locales preestablecidos, capillas, cementerios y campo abierto. En todos los caminos y lugares, la
presencia de ladrones, asaltantes y accidentes son latentes. La necesidad de prevenirlos ha generado
un sistema saberes, creencias y rituales preventivos para evitar o resarcir daños. Entre estas
creencias identificamos almas, capitallas, lugares rituales como ejemplificamos a continuación.

- Las almitas protectoras de los viajeros.


Los arrieros donde les cae la deben de suspender la jornada. Como se ha señalado los lugares de
descanso y pernocte son diversos. Entre éstos están los cementerios identificados como lugares
sacro-tenebrosos, ahí descansan los fallecidos y para los lugareños es un lugar de culto, de temor,
respeto y ritual. Un lugareño no puede osar a introducirse en las noches. Sin embargo, para los
arrieros y viajeros es un lugar seguro porque las “almitas se encargan de custodiar a los viajeros”,
sus aperos, sus acémilas y ellos en gratitud dejan su ofrenda: sagrada hoja de coca, gotas de
aguardiente asperjado en las cuatro direcciones de los puntos cardinales. Pernoctar en la capilla o
en el atrio de la misma, del cementerio, es despreocupante.
En Cajamarca, Mercedes Marcel G., recogió un relato sobre almitas que cuidaban a los
viajeros. El relato dice:
“Un día desos, unos viajeros viajaban y viajaban y lo traiban bien cargados a sus animales,
y venían descansando y así se tardaban en el camino, pidieron posada y los señores de una
casa aceptaron; lo acomodaron sus animales en el potrero y sus cosas junto a los viajeros.
Pero, para esto, los que dieron la posada, eran ladrones y sólo aceptaron con el interés de
robarles sus animales.
Cuando ya sintieron que los viajeros ya estaban dormidos, los ladrones salieron despacito a
robar las mulas, pero al entrar al potrero, vieron alrededor una cantidad de gente con palos
y látigos que les gritaban “¡ladrones; ladrones!”, y por más que quisieron entrar no
pudieron porque recibían palos y latigazos.

1
Los lugares peligrosos pueden ser localizados en zonas cuya orografía puede ocasionar accidentes de las
acémilas; o lugares donde la acción de las betas mineras que afectan no solamente a las acémilas sino
también a los humanos; y los lugares donde se dice existen hechos considerados sobrenaturales.

8
Cuando se vieron perdidos, decidieron avisar a los dueños, engañándoles que habían
escuchado ruido y al salir habían visto a unos hombres queriendo robar sus animales, pero
que bastante gente lo defendía. Pero los dueños no se sorprendieron y les contestaron
alegres “Nosotros dormimos tranquilos porque somos devotos de las Almitas y ellas nos
cuidan a nosotros y a nuestros animales y cosas. Así que no nos preocupamos porque nos
cuidan muy bien”.
Así cogieron sus cosas, alistaron sus mulas y siguieron su camino confiando en las almitas”
(Mires 1988).
Existen muchos relatos sobre las almitas, es el caso que me ha sido relatado por Amparo
Orrego que nos relata como las almitas del purgatorio protegían a los arrieros que viajaban de
Ayacucho a Huancayo. El relato dice:
“Los arrieros que unían Ayacucho con Huancayo debían pasar por el camino de Waqoto
donde el camino era angosto y frecuentemente caían al barranco las acémilas. Los viajeros
tenían miedo este tramo porque cada vez desbarrancaba un animal. Sin embrago, había un
arriero que pasaba sin temor y nunca tenía accidente alguno a pesar de tener mayor
cantidad de acémilas y pocos peones.
Al coincidir los arrieros en una pasacana o tambo para descansar luego de una jornada de
viaje durante las tertulias nocturnas, mientras cuidaban sus acémilas, conversaban entre sí y
preguntaron al arriero ¿por qué no había tenido accidentes? Querían conocer los secretos.
El arriero afortunado les respondió que no tenía accidentes porque siempre se
encomendaba a las almas del purgatorio y que ellos le protegían” (entrevista marzo 2004).

- La función protectora de los cementerios


Los cementerios de los pueblos rurales andinos se construyen fuera del área habitable. El hecho de
que en los camposantos moran las almas1 se les considera un lugar de descanso y también de penas.
Aquí se conjugan los buenos y malos espíritus, los que gozan de Dios y los que padecen en los
infiernos o resarcen sus pecados en el purgatorio. Sin embargo, para los arrieros, cuando están lejos
de sus lugares de residencia habitual los cementerios son lugares de protección y de hospedaje.
Los cementerios andinos tienen una distribución espacial especial: En la entrada existe un
local a manera de corredor donde los acompañantes de un entierro hacen el último descanso entes
de darle sepultar a un difunto. Luego la entrada, el camposanto donde se encuentran las tumbas y al
fondo o en la parte más alta una capilla donde se hacen oraciones y esperan con el difunto hasta
que lo fosa o la sepultura esté disponible.
El local de “descanso”2 o la capilla, a veces, es utilizado como hospedaje y cuando esto
ocurre son protegidos por las almitas del cementerio, para quienes siempre habrá oraciones. Los
viajeros antes de hospedarse en tales escenarios se encomiendan a las “almitas”, les depositan sus
ofrendas mientras mascan la sagrada hoja de coca y proceden al descanso. Las almitas les brindan
protección durante la noche.
No obstante, se señala que un viajero debe evitar hospedarse en el cementerio de su propia
localidad porque la protección es para los forasteros. Las almitas velan por los forasteros
necesitados. Los lugareños que buscan pernoctar en el cementerio local los hacen porque están en
falta y buscan refugiarse en estos lugares y eso se puede castigar con la muerte. Lugareño que
pernocta en el cementerio local está “buscando la muerte” o “llamando a la muerte”.

2.3. Las devociones populares asociadas al arrieraje


La tradición oral andina ha hecho posible procesos de reinterpretaciones del santoral católico desde
la cosmovisión andina para adicionarlas a su sistema simbólico sagrado. Las imposiciones
religiosas de occidente judeocristiano han sido reelaborados y así apropiados involucrados a la
religiosidad andina. Así San Antonio, San Marcos, San Lucas, Santiago Apóstol han sido

1
En este caso se identifica al alma como los difuntos. En el habla popular andino quechua alma ha sido
reconocido como sinónimo de fallecido. Y según la influencia del catolicismo impuesto las almas pueden
gozar de Dios o penar y por eso es que en los cementerios se goza o se pena.
2
Ambiente a la entrada del cementerio donde hacen su último descanso las almitas antes de enterrarlos.

9
indigenizados, tienen dimensión humana y, por consiguiente, cumplen funciones, sienten y padecen
como cualquier ser humano1. Por eso en las Cajas de San Marcos2 estos Santos son infaltables.
Desde la visión etnocampesina San Antonio es el patrón de los viajeros y caminantes, los protege,
ayuda y también puede cometer errores como cualquier ser humano.

- Arrieros y San Antonio


San antonio ha sido entronizado como patrón de los viajeros, en la cosmovisión andina conserva su
dimensión humana y está obligado a cumplir con sus funciones y obligaciones de cuidado de las
acémilas, enseres e indumentaria de los arrieros. El incumplimiento de sus obligaciones es
sancionado como cualquier ser humano común. Al respecto Landa (1993) registra el siguiente
relato:
“Cuenta un arriero de Coracora, que en uno de sus viajes a Caravelí para proveerse de vino
y Pisco, dejó sus asnos en un corral del cual desaparecieron en la noche; en la madrugada al
percatarse de este suceso, enfadado cogió la figura de San Antonio que tenía en su bolsillo
y lo arrojó increpando al “Santo” que no había cuidado de sus animales como era su deber,
el cual al caer se rompió uno de los pies. El arriero se fue a buscar a los asnos por el
camino y se sorprendió de verlos de regreso como si alguien los estuviera arreando. Como
no vio a nadie, preguntó a un caminante que pasaba si había visto a alguien arreando a
estos animales; le contestó que un hombre cojeando los estaba trayendo. Buscó el arriero a
dicha persona; al no hallarlo, recordó inmediatamente que trató mal a San Antonio y que
éste habría ido a buscar a los asnos.
El arriero pensó: “un hombre cojeando no podría ser otro que San Antonio que se había
roto el pie por el golpe de la caída”. Arrepentido con esta actitud volvió a tomar la figurilla
y la envolvió en un pañuelo, prometiendo hacer celebrar una misa en honor al Santo y
mandarlo reparar con el imaginero, lo cual cumplió al volver a Coracora” (Landa, 1993:
107).
Luego, el mismo autor señala que “San Antonio es el protector de las mulas y por
consiguiente también patrono de los arrieros. Es personaje importante en los Cajones de San
Marcos. Los imagineros huamanguinos elaboraban estos cajones a pedido de los criadores y los
enviaban o llevaban personalmente a los diferentes lugares. Muchos arrieros traían de Huamanga
estos “San Marcos” para entregar a cambio de alguna oveja o cabra” (Landa 1993).

- Niño Lachoq de Huancavelica.


El Niño Lachoq es una versión recreada por los indígenas de Huancavelica del Niño Jesús,
se le reconoce como protector de los arrieros. Él, los protege de las temporadas climáticas
adversas, de los abigeos, asaltantes, bandoleros y cuatreros de los caminos. Al respecto
existen leyendas y relatos que dan cuenta de las hazañas o milagros del Niño Lachoq
protegiendo a los arrieros.
Los relatos más frecuentes refieren al papel del Niño Lachoq tratan como protege a
los arrieros principalmente de los asaltantes y cuatreros de los caminos. Uno de los relatos
más frecuentes refiere que cuando los arrieros que se encomiendan al Niño Lachoq están
en inminente peligro de ser víctimas de los asaltantes, éste los protege cubriéndoles de
neblina para que los malhechores no los vean o “enviando” yaros, truenos y granizadas al
lugar donde se encuentran los acechadores. Basta una invocación de los viajeros para que
el Niño Lachoq les dé su protección.

1
Se identifica a los componentes del Santoral católico como seres humanos comunes y sus cualidades han
sido panteizados y reinterpretados como funciones. Por ejemplo la Virgen María es identificada como Agua,
luna que garantiza el agua; Santiago Apóstol como Rayo y Trueno; Santa Bárbara es “borracha” y por eso
actúa con truenos y centellas generando temporales y calamidades; sin San Lucas no será posible Amanzar
bueyes y equinos.
2
Retablos de artesanía ritual dedicada inicialmente a los ganaderos que adquirían los campesinos y en la
actualidad es suntuaria que adquieren los turistas.

10
La fiesta principal del Niño Lachoq es en el mes de Enero y celebrado por los
arrieros con gran pomposidad. En esta fiesta cuando la mayordomía es asumida por un
arriero la vestimenta del Niño es el de un arriero y cuando no lo es le visten como militar,
pues, también, se dice que apoyó a las guerrillas del Cáceres durante la Guerra del
Pacífico1.

- Las canonizaciones populares


En el Cristianismo y específicamente en el católico muchos personajes considerados como
intermediarios entre Dios y la Humanidad fueron canonizados oficialmente como Santas o
Santos. Muchos de éstos alcanzaron tal dimensión por su servicio, su humildad, sabiduría y
por ser mártires. El martirologio y las cualidades de personas sustentan muchas
canonizaciones oficiales y esta situación, al parecer, impacta en las poblaciones y ha
permitido que toda muerte trágica genere un culto con las mismas características que las
ortodoxas. Estas santificaciones “(...) no siempre respetuosa de la ortodoxia romana, suele
canonizar de hecho a personas reales, e incluso imaginarias, a las que la tradición oral
adjudica la realización de verdaderos milagros” (Coluccio 1995).
En el Perú y América Andina existen santuarios a la vera de los caminos de
herradura y ahora carreteros son recurrentes. Mausoleos en miniaturas, capillas, cruces
simbolizan estas sacralizaciones populares que junto a otras han generado cultos diversos
que no son oficialmente aceptados por la Iglesia pero sí toleradas. En el caso de los
arrieros, Castro Pozo registro el caso de Francisco Condorama que a continuación
reproducimos:

- Francisco Condorama
Hisldebrando Castro Pozo (1924) señala que “Otra costumbre, extendida en casi todos los pueblos
indígenas de la costa y sierra, en la que puede observarse restos de culto a los muertos, es el que se
practica en recuerdo a los que fueron victimados en los caminos”. El autor continúa:
“Los arrieros y demás transeúntes, como los habitantes de los caseríos o pueblecitos
vecinos, clasifican a estos muertos en benéficos y maléficos, según lo que refiere la
tradición acerca de su muerte y demás circunstancias de que fue rodeada.
Todo el que pasa por aquel camino o se encuentra en el trance de haber perdido o que le
hayan robado un animal debe acercarse al túmulo o ofrendar al muerto en dinero, velas,
naranjas, chancaca u otros productos de esta naturaleza que, quien venga atrás puede
consumir con la condición expresa de devolver en ceras, a su regreso, el valor que estime
conveniente; acerca de lo cual refiere la superstición muchas leyendas, entre las que, para
ilustración escojo y consigno lo siguiente:
El espíritu de Francisco Condorama, asesinado a balazos, ha muchos años, por una pandilla
de bandoleros, era bueno para todos los caminantes, quienes jamás se quejaron de pérdida
alguna, aunque tuvieran que transitar por aquel trozo de camino en las oscuras noches de
invierno.
La piara desfilaba tranquilamente al solo silbo de los arrieros; las cargas no se volcaban ni
desviábanse fuera del camino (...) Las velas en la tumba del muerto constantemente ardían;
de noche señalaban el rumbo del camino (...).
Pero hete que un buen día el muerto comienza a asustar: ya es un fantasma que separa del
sendero a la recua, perdiéndola entre los matorrales; quejidos de alguien que parece sufrir
una horrible tortura; llamaradas que cruzan el espacio perdiéndose entre los chilcales;
sombras, en fin, que se tienden a interrumpir el aso y espantar los animales (...)

1
Existe en la memoria colectiva episodios que hacen referencia a la protección que brindaba el Niño Lachoq
a los guerrilleros, montoneros y soldados que acompañaban a Andrés A. Cáceres cuando eran perseguidos
por el ejército invasor. El Mariscal Cáceres fue protegido con los mismos procedimientos que a los arrieros.
Según la tradición, también Cáceres fue identificado como arriero.

11
Era indudable el espíritu del muerto había cambiado. Y así transcurrieron las noches, los
meses y años, y medrosos los transeúntes preferían pernoctar a una legua de distancia antes
que aventurarse a sufrir un chasco. Pero como tiene su fin de repente se esparció la noticia
que había muerto un yungano,1 quien al confesarse antes de entregar su alma a nuestro
señor, había declarado al sacerdote que debía „al alma‟ doce reales en mediecitos,2 dos
libras de cera y unos atados de chancaca (...) Ordenaba que le devolvieran todo eso y algo
más. Hoy el „ánima‟ de Francisco Condorama continúa tan buena y milagrosa como antes”
(Castro Pozo 1924).

2.4. Sanción Social


La literatura oral y popular guarda un conjunto de relatos asociados al control social. Los mitos
regulan, controlan y sancionan el comportamiento individual o colectivo. Las transgresiones a la
norma se sanciona de muchas maneras: castigos físicos, ostracismo, muerte. Pero, también hay
sanciones psicológicas e ideológicas. En el Perú, son frecuentes los relatos sobre la transfiguración
humana en animal cuando comete incesto, adulterio o tiene relaciones sexuales prohibidas. Los
transgresores se transforman en animales: llama, mula, gallina, cerdo. Por lo general, se convierten
en llama cuando mujeres y varones cometen incesto, se les denomina “jar-jar”, “jarjaria” o
“jarqacha”3. Se convierten en mula las mujeres que tienen amoríos con curas y los que cometen
adulterio. Muchos relatos son dados como reales por arrieros que han “constatado” tales situaciones
durante sus viajes, como los que reproducimos a continuación.

- La mula
“Un arriero contaba que mientras hacía un viaje llevando aguardiente de contrabando, una
retozada mula se juntó a su recua. Iba adelante, pero al llegar a un puente, la mula se
adelantó y poniéndose a la entrada, no dejó que la recua siguiera. Vano fue todo intento del
arriero. El animal pegadizo se levantaba entre las patas traseras y amenazaba sacarle la
cabeza con las delanteras. Embarazado éste, le pegó una zofera paliza a la intrusa, paliza de
la que salió con la cabeza sangrante y el cuerpo molido.
El día se acercaba y, por fin, la mula dejó paso, huyendo precipitadamente en cualquier
sentido.
Al día siguiente, el arriero llegó a una población, residencia del párroco que en el momento
se hallaba en la capital del departamento de Ayacucho, en plenos ejercicios espirituales.
Había un gran revuelo con la noticia de que Juanacha, hermosa “protegida” del cura se
hallaba moribunda. La gente decía que mientras había ido la hermosa chola a unas chacras
de “arakacha” que tenía el Señor Cura en “El Puente”, un arriero contrabandista le había
pegado hasta herirle por varias partes la cabeza y molerle el cuerpo.
El arriero dice que narró su aventura de la noche, con su sal y su pimienta.
La hermosa mula del puente, no era otra que Juanacha la virtuosa y huraña “protegida”
(Morote, 1952: 155).
Las sanciones ideológicas demuestran que la transgresión a la norma siempre lleva a que el
humano deja su condición de tal para convertirse en animal. Lo humano está asociado al estado de
cultura que debe sujetarse a pautas artificiales de conducta que deben de respetarse. El estado de
naturaleza corresponde al animal que no se sujeta a pautas artificiales. En este caso los que
transgreden la norma artificial vuelven ideológicamente al estado de naturaleza. Es decir, no
merecen la vida humana.

- Los zorros y el burro del arriero

1
Yungano. Natural de la zona yunga. Región natural cálido. Puede ser occidental entre los 1000 y 2000
metros en la vertiente occidental de la cordillera de los Andes y Oriental la ceja de selva y selva.
2
Mediecito, refiere a la fracción de moneda que equivale a cinco centavos o céntimos de la moneda oficial
del Perú, de la época: Sol de oro.
3
Se dan estas denominaciones porque a parte de adoptar las formas de animal emiten voces gangosas
semejantes a tales palabras.

12
“Un viejo arriero que durante todo el día había transportado sal del cerro de Pasco a la
quebrada, fue sorprendido por la oscuridad de la noche. Casi a tientas y con mucha suerte
encontró una cueva donde se cobijó dejando a la entrada a su burro ya desprovisto de la
carga que fue colocada al lado del animal. Así las cosas, se quedó dormido en tanto unos
zorros que merodeaban la carga decidieron robarle la soga.
A la madrugada del día siguiente, cuando el arriero se dio cuenta del robo, se puso a llorar
amargamente. Le habían robado todo lo que poseían. Al verlo el burro compadecido le dijo
al anciano:
- No llores amo. Yo se quienes han robado tus sogas. Anoche no lo pude evitar porque los
ladrones eran numerosos; pero no te preocupes, yo te los voy a recuperar.
Diciendo esto salió al campo y en la parte más visible se tiró al suelo de largo a largo
simulando estar muerto. Un zorro que por allí pasaba lo vio y muy contento fue a avisar a
los demás que, premunidos de las sogas que habían robado, llegaron al lado del burro.
Juzgando que por su tamaño y peso les sería muy difícil transportarlo adecuadamente de
diversas partes del cuerpo con el fin de arrastrarlo a su guarida. Como no podían ni
moverlo optaron por amarrase ellos mismos al otro extremo de la soga; mientras los hacían,
un zorrito, el más pequeño de todos, observaba detenidamente al burro y al momento gritó:
- ¡¡¡Papá, papá, mi tío burro está vivo!!!
- ¡Tú cállate y no te metas –respondió enojado el padre.
Amarrados a las sogas, los zorros comenzaron a tirar del burro plenamente confiados.
Cuando habían avanzado un corto trecho, el burro se incorporó y comenzó a correr a
campo traviesa arrastrando tras de sí a los zorros amarrados que, en las aristas de las rocas
se desplazaban, mientras el zorrito desesperado gritaba.
- ¡¡Yo les dije que estaba vivo... Yo les dije!!!...
Así el arriero recuperó sus sogas” (Pérez 1995: 84).
Como en los relatos anteriores está asociado a un valor moral: la honestidad y la honradez,
que cuando son transgredidos merecen ser sancionados. El valor es la honestidad y la honradez y el
antivalor el robo, el hurto. En el relato los zorros simbolizan el antivalor y el burro héroe el valor y
el beneficiario el arriero. Similares relatos se registran en casi toda la sierra del Perú y que han sido
compilados por distintos autores (Toro Montalvo1997, Pérez1995, Mires1994)

2.5. Sobre asaltantes, ladrones y cuatreros


Los dedicados al oficio de arriero, tropero, llamero y otros, junto con los viajeros están
sujetos a riesgos diversos y entre éstos a la acción de los asaltantes, bandoleros y cuatreros
que los despojan de sus pertenencias en los caminos y las acciones de los arrieros frente a
los malhechores han generado también un conjunto de hazañas que se relatan con
recurrencia. Robos de cargas y acémilas, rapto de mujeres, lugares emblemáticos donde
operan los malhechores son temas recurrentes en los relatos.
Existen zonas donde los arrieros tienen que pasar o cruzar en caravana para hacer
frente al acecho de los ladrones, abigeos, asaltantes y semejantes. Existen bandoleros que
roban para su usufructo o enriquecimiento y otros para redistribuir su botín entre los
pobladores de escasos recursos. Estas hazañas han generado, en la memoria colectiva,
leyendas varias que recuerdan gestas como el Awlico en Antabamba, Apurímac cuya vida
ha sido reproducido hasta en el cine; Luis Pardo en Apurímac cuya imagen ha merecido
que el pueblo le haya erigido un monumento en su tierra natal; o, Pancho Pinilla en el
departamento de La Libertad. Conforme pasa el tiempo, en la memoria popular se tejen y
retejen muchas historias nuevas.
En la comunidad de Ñawinpuquio,1 del Valle del Mantaro, don Baltasar Cristóbal2,
viejo viajero, nos relataba que en su juventud viajaba a pie todos los años a trabajar a las

1
Distrito de Ahuac, provincia de Chupaca, departamento de Junín.
2
Campesino, viajero golondrino (temporario), que tenía más de ochenta años.

13
islas guaneras de Ica, las plantaciones de algodón y uva en Ica, Cañete y de caña de azúcar
en Lima. En la ruta había asaltantes, bandoleros y cuatreros que esperaban a los viajeros,
en lugares estratégicos, para robarles sus pertenencias.
Para contrarrestar los arrieros y viajeros se juntaban en determinados lugares para
pasar en gran número para defenderse mutuamente. Así como se defendían capturaban, con
la ayuda de los gendarmes, a los asaltantes, bandoleros y cuatreros. Así, refiere que cuando
tenía 18 años aproximadamente, los gendarmes, habían capturado a un bandolero y le
habían cercenado los brazos y colocado sobre un pedestal en la plaza de uno de los pueblos
de la costa1, a fin de que los demás malhechores viéndolo puedan desistir de sus actos
delictivos.

2.6. Relatos de esparcimiento


Los descansos en los viajes largos sirven para recuperar energías, preparar alimentos y
pernotar. Durante las noches, mientras mascan la sagrada hoja de coca, siempre hacen
tertulias para intercambiar relatos y experiencias que corresponden a su propia vicisitud.
Relatos que sirven para prevenir y también para ejercitar el talante festivo, creativo, lúdico
y festivo de la vida. El caso que registramos nos muestra este carácter.
Ollita de barro milagrosa. Los arrieros, viajeros y viajantes durante sus largos viajes
llevan consigo su bajilla para cocinar sus alimentos. A estos viajeros se les conoce con el
nombre de wamanguinos.
En cierta oportunidad un grupo de wamanguinos viajaban por parajes solitarios, acamparon
e instalaron su carpa para descansar y pernoctar.
La encargada de preparar la comida hizo su tullpa o micharra lejos de la carpa. Cocinó los
alimentos en una olla de barro. Las ollitas de barro una vez que han estado expuestos al
calor la conservan y su contenido sigue hirviendo aun fuera del fogón.
Cuando termino de cocinar la sopita de chuño llevó el recipiente a donde estaba la carpa y
lo puso sobre el suelo. La comida en la ollita seguía hirviendo. Es cuando observa un
repentino visitante, procedente de Huanta ve que la ollita hierve sin necesidad de fuego y
con admiración exterioriza su asombro y cuando pregunta a la cocinera ésta le contesta
diciendo que es una ollita “milagrosa” y que solamente se le debe decir hierve ollita y la
ollita hierve.
Entusiasmado por su descubrimiento el huantinito le ruega a la dueña le venda la ollita
milagrosa. Estas accede y le da las instrucciones como debe usar y feliz se retira llevando
la ollita para darle alegría a su mujer.
Al llegar a su casa le muestra a su mujer el hallazgo y quiere demostrarle el milagro y
cuando está ya con los ingredientes del potaje empieza a pronunciar la frase de “hierve
ollita, hierve ollita” y la ollita nada de hervir. La mujer le mira, se ríe del huantino y se va a
su cocina, a sacar otra ollita de barro que está hirviendo con una deliciosa sopa de maíz y lo
lleva donde está su esposo, lo deposita en el suelo para servir la comida que también está
hirviendo y le dice a su esposo, esta ollita es también milagrosa mira como hierve sin
necesidad de fuego.
El huantino recién se dio cuenta de que había cometido una “huantinada”. (García /
Miranda, 2002)
El relato ejercita el talante cognitivo, la argucia, la chanza, el sarcasmo, la burla y una
lucha encubierta de una identidad con otras. Este relato registrado por nosotros también ha sido por
Coluccio (1987) para México2 y es pan andino.

1
Don Baltasar Cristóbal aseveraba que los bustos sin brazos de bronce, existentes en las plazas de los
pueblos eran de los asaltantes.
2
Este relato es panandino, contado generalmente por los arrieros y también se han encontrado versiones
semejantes en México y otros. Coluccio (1987) registró que “Pedro Urdemales no sabía cómo obtener dinero
sin trabajar; entonces pensó poner en la orilla de un camino un aollita. Le puso lumbre y agua y empezó a
hervir; luego colocó unas hojas alrededor, de manera que no se vehía el fuego.

14
A manera de conclusiones
Podemos decir que la literatura oral y popular tiene contenido normativo porque constituye una
norma que pauta y regula el comportamiento individual y colectivo de la población. Estimula y
catiga; educa y reeduca.
También tiene contenido formativo porque ayuda a formar la personalidad de un individuo
dentro de una comunidad.
Ambos casos, lo normativo y lo formativo, constituyen un sistema educativo de contexto
que engrana al hogar, la comunidad (localidad) y el mundo total. La difusión de los relatos son
producidos por los arrieros que articulan culturas, lenguas, tradiciones, pautas y patrones de
comportamiento. Aspectos que se aprenden desde lo más íntimo del hogar que es el fogón
hogareño lugar de tertulias.
Finalmente, los relatos tienen valores morales, éticos y axiológicos que ejercita
capacidades cognitivas, creativos y festivos que son componentes de la vida humana.

Relato Trama central Función Función social


simbólica
El arriero y los Wamani Conocimiento de cualidades Valores Estímulo para el que respeta las y
del arriero sanción para los transgresores.
La ollita de barro Ollita que sigue hirviendo Cognitiva Esparcimiento, chanza componente
fuera del fogón lúdico de la vida
El zorro, el burro y el Zorro ladrón y burro Valores Sanciona ladrones
arriero capturador de ladrones
Las almitas protectoras Ladrones que quieren robar Valores Cúltico Castigo físico por espíritus
recua mientras arrieros
duermen
Laguna de Ullucupata Castigo con vientos y Respeto a la Castigo de la naturaleza sacralizada
aguaceros a viajero que naturaleza
disturbó su tranquilidad
Saywa Rumi o Apachita Ofrenda de piedras Protección del cansancio

Bibliografía
Coluccio Félix.
Las devociones populares argentinas. Nuevo Siglo. Biblioteca de la Cultura Argentina, Buenos Aires,
Argentina, 1995.

Coluccio, Félix y Marta Isabel Coluccio


Cuentos de Pedro Urdemales. Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, Argentina, 1987.

García Miranda, Juan J. y Gloria Miranda Zambrano.


“Gastronomía andina: sobre gustos y sabores”, en Revista de Investigaciones Folclóricas No. 17, Buenos
Aires, Argentina, 2002.

Landa Vásquez, Ladislao H.


Arrieros y comerciantes 1890-1950, Aportes para un estudio de la provincia de Parinacochas. Tesis.
Universidad Nacional Mayor de San marcos, Lima, Perú, 1993.

Pasaron unos arrieros y preguntaron cómo era que el agua hervía sin lumbre.
¡Ah! –dijo Pedro-. Es que mi ollita es de virtud.
Los arrieros dijeron:
Véndenos tu ollita.
No, si vale mucho.
Así los tuvo bastante tiempo, hasta que, después de mucho discutir, la vendió. Ellos, muy contentos, tan
pronto como necesitaron poner a cocer su carne, nada más le echaron el aguan y esperaron a que hirviera;
pero nunca llegó el milagro.
Entonces se dieron cuenta que Pedro los había engañado” (Coluccio 1987:79)

15
Mires Ortiz, Alfredo.
El indio pishgo y otros cuentos. Biblioteca Campesina. Bibliotecas Rurales de Cajamarca-Acku Quinde:
Asociacicón andina. Cajamarca, Perú, 1994.

Los seres del más acá. Muestras sobrenaturales en la tradición oral Cajamarquina. Tarea. Lima, Perú 1988.
Cabeza voladora

Pérez Arauco, César


El folklore literario del Cerro de Pasco. Labor Centro de Cultura Popular y San Marcos. Lima, Perú, 1995.

Toro Montalvo, César


Mitos y leyendas del Paerú. Tomo II-Sierra, A.F.A. Editores S. A., reimpresión. Lima, Perú, 1997.

16

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