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Viacrucis

Simón de Cirene es obligado por un soldado romano a ayudar a Jesús a cargar su cruz hacia el Calvario, ya que Jesús se ha debilitado demasiado. Simón duda inicialmente debido a su religión judía, pero teme recibir 100 azotes si se niega. A regañadientes, carga la cruz de Jesús para ayudarlo en su camino.
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Viacrucis

Simón de Cirene es obligado por un soldado romano a ayudar a Jesús a cargar su cruz hacia el Calvario, ya que Jesús se ha debilitado demasiado. Simón duda inicialmente debido a su religión judía, pero teme recibir 100 azotes si se niega. A regañadientes, carga la cruz de Jesús para ayudarlo en su camino.
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VIERNES SANTO

VIACRUCIS

INVOCACIÓN INICIAL: En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu


Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN: Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de


todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón,
porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no
volver a pecar y confío que por tu infinita misericordia me has de conceder
el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
CANTO PENITENCIAL: Perdón Señor, de tu pueblo ten piedad…
MONICIÓN:
Nosotros, cristianos, somos conscientes de que el vía crucis del Hijo de
Dios no fue simplemente el camino hacia el lugar del suplicio, sino que
creemos que cada paso de Jesucristo, cada gesto o palabra suya, así como
lo que vieron e hicieron todos aquellos que tomaron parte en este drama,
nos hablan continuamente. En su pasión y en su muerte, Cristo nos revela
también la verdad sobre Dios y sobre el hombre.

Hoy queremos reflexionar con particular intensidad sobre el contenido de


aquellos acontecimientos, para que nos hablen con renovado vigor a la
mente y al corazón, y sean así origen de la gracia de una auténtica
participación. Participar significa tener parte. Y ¿qué quiere decir tener parte
en la cruz de Cristo? Quiere decir experimentar en el Espíritu Santo el amor
que esconde tras de sí la cruz de Cristo. Quiere decir reconocer, a la luz de
este amor, la propia cruz. Quiere decir cargarla sobre la propia espalda y,
movidos cada vez más por este amor, caminar... Caminar a través de la
vida, imitando a Aquel que «soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está
sentado a la diestra del trono de Dios» (Hb 12,2).

Oremos: Señor Jesucristo, colma nuestros corazones con la luz de tu


Espíritu Santo, para que, siguiéndote en tu último camino, sepamos cuál es
el precio de nuestra redención y seamos dignos de participar en los frutos
de tu pasión, muerte y resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de
los siglos. Amén.
PRIMERA ESTACIÓN
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: Entonces Pilatos entró de nuevo al pretorio y llamó a


Jesús y le dijo: ¿eres tú el rey de los judios? Respondio Jesús ¿dices
eso por tu cuenta o es que otros te lo han dicho de mí? Dice Pilato, tu
pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿qué has
hecho? Jesús le responde: mi Reino no es de este mundo, si fuera de
este mundo mi gente habría combatido para que no me entregaran.
PILATOS: ¡Sacerdotes de Jerusalén! ¡Pueblo de Israel! Pongan
atención a mis palabras. Ustedes me han traído a este Jesús de
Nazareth; lo acusan de alborotar al pueblo. Sin embargo, yo no he
encontrado ningún delito en él. Lo envíe al rey Herodes, y él tampoco
encontró ningún delito en él. Por consiguiente, me veo obligado a
dejarlo en libertad.
NARRADOR: Caifás carcomido por su orgullo gritó.
CAIFAS: ¡Te equivocas Pilatos! Si tú lo dejas en libertad, no eres
amigo del Cesar. Hace algunos días, pusieron sus mantos en el
camino, cortaron ramos de los árboles y lo proclamaron rey de Israel,
rey de los judíos. Y en el imperio romano, no puede haber dos reyes; o
el Cesar de Roma, o Jesús de Nazareth Rey de los judíos. Y si te
pones de parte de Jesús de Nazareth, estarás en contra del Cesar de
Roma; y él te condenara como enemigo suyo.
PILATOS: Entonces, ¿Qué quieren que haga con Jesús de Nazareth,
rey de los judíos?
CAIFAS: Crucifícalo, yo Caifás con la autoridad que tengo, proclamo
que no tenemos más rey que el Cesar. ¡A Jesús crucifícalo!
PILATOS: Repito que no he encontrado ningún delito en Jesús de
Nazareth. (Mientras se lava las manos) yo no me hago responsable de
la muerte de este hombre. Allá ustedes. ¡Ustedes responderán por la
sangre derramada de Jesús de Nazareth!
SOLDADO: Jesús de Nazaret ha sido condenado a morir en la cruz.
La sentencia debe cumplirse de inmediato ¡pongámonos en marcha!

Padrenuestro.
FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre, al pie de la cruz. Amén.
Canto: Perdona a tu pueblo Señor.

SEGUNDA ESTACIÓN
JESÚS CARGA CON LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: Condenado a muerte, Jesús quedó en manos de los


soldados del procurador, que lo llevaron consigo al pretorio y, reunida
la tropa, hicieron mofa de él. Uno de los soldados le dice:
SOLDADO: Conforme a la ley romana, el condenado a morir en la
cruz, debe cargar con su cruz, ¡aquí está tu cruz (empujando a Jesús
con el pie). Jesús de Nazaret! ¡Cárgala sobre tus hombros! La
sentencia de muerte se debe de cumplir ¡Adelante hacia el calvario!

Avemaría.
FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre al pie de la cruz. Amén.
Canto: Perdona a tu pueblo, Señor.
TERCERA ESTACIÓN
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: Nuestro Salvador, agotadas las fuerzas por la sangre


perdida en la flagelación, debilitado por la acerbidad de los
sufrimientos físicos y morales que le infligieron aquel día, en ayunas y
sin haber dormido, apenas pudo dar algunos pasos y pronto cayó bajo
el peso de la cruz. Se sucedieron los golpes e imprecaciones de los
soldados, las risas y expectación del público. Jesús, con toda la fuerza
de su voluntad y a empellones, logró levantarse para seguir su
camino.

SOLDADO: Levántate Jesús de Nazareth, que acaso con esa fuerza


decías ser rey. (espera a que Jesús se ponga de pie) El reo ya está
en condiciones de seguir adelante. La sentencia de muerte se debe
cumplir. ¡Adelante hacia el calvario!

Padrenuestro.

FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre al pie de la cruz. Amén.
Canto: Cómo le pagaré al Señor.

CUARTA ESTACIÓN
JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: En su camino hacia el Calvario, Jesús va envuelto por


una multitud de soldados, jefes judíos, pueblo, gentes de buenos
sentimientos... También se encuentra allí María, que no aparta la vista
de su Hijo, quien, a su vez, la ha entrevisto en la muchedumbre. Pero
llega un momento en que sus miradas se encuentran, la de la Madre
que ve al Hijo destrozado, la de Jesús que ve a María triste y afligida,
y, en cada uno de ellos, el dolor se hace mayor al contemplar el dolor
del otro, a la vez que ambos se sienten consolados y confortados por
el amor y la compasión que se transmiten.

Nos es fácil adivinar lo que padecerían Jesús y María pensando en lo


que toda buena madre y todo buen hijo sufrirían en semejantes
circunstancias. Esta es sin duda una de las escenas más
conmovedoras del Vía crucis, porque aquí se añaden, al cúmulo de
motivos de dolor ya presentes, la aflicción de los afectos compartidos
de una madre y un hijo. María acompaña a Jesús en su sacrificio y va
asumiendo su misión.

Avemaría.

FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre al pie de la cruz. Amén.

Canto: Saliendo del pretorio.

QUINTA ESTACIÓN
JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: Jesús salió del pretorio llevando a cuestas su cruz,


camino al Calvario; pero su primera caída puso de manifiesto el
agotamiento del reo. Temerosos, uno de los soldados pensaba que la
víctima iba a sucumbir antes de la hora prevista, pensaron en buscarle
un sustituto. Uno de los soldados dice:
SIMON: (moviéndose entre las personas, con las manos sucias).
(Jesús cae de rodillas; cayendo la cruz a un lado suyo).
SOLDADO: El condenado a muerte ya no tiene fuerzas para cargar
con su cruz. Es costumbre que el reo cargue su cruz hasta el sitio
donde será crucificado (lo dice de manera prepotente). Pero en este
caso, no es posible, pues este hombre Jesús de Nazareth ha perdido
mucha sangre, y se encuentra ya muy débil. Por consiguiente, deberá
ser ayudado por otra persona. (Empieza a buscar entre el pueblo
señalando con el dedo) tú (señalando a Simón) ¿Quién eres? ¿Cómo
te llamas?

SIMON: Me llamo Simón de Cirene. Soy campesino. (Alzando sus


manos temblorosamente) Vengo de trabajar la tierra; tengo dos hijos:
Alejandro y Rufo.

SOLDADO: ¿Conoces a este hombre, Jesús de Nazareth?

SIMON: He oído hablar de él; ha ayudado a mucha gente necesitada:


a leprosos, a enfermos, a ciegos y paralíticos. Desde hace tiempo oí
decir que las autoridades lo andaban buscando para matarlo, pues
decían que andaba alborotando al pueblo.

SOLDADO: Tu estas fuerte, y el apenas puede cargar la cruz. ¡Vas a


tener que ayudarlo!

SIMON: Señor, no puedo hacerlo. Yo trabajo, y soy una persona


honrada; yo no soy ningún delincuente para andar cargando una cruz.
Más aun, mi religión judía me impide acercarme a delincuentes y
malhechores, y menos a cargar la cruz de ellos porque quedaría
manchado con el pecado de ellos. Y para poder celebrar la fiesta de la
Pascua, necesito estar limpio de todo pecado, de toda mancha.

SOLDADO: ¡A mí no me importan las creencias de tu religión judía! Yo


soy romano y de religión romana. Este hombre no puede cargar con
su cruz, o mando que los guardias te den cien azotes. Y entonces
ciertamente no podrás celebrar tu fiesta de Pascua. (Simón duda un
momento; por fin, carga la cruz de Jesús sobre sus propios hombros).
Simón de Cirene ayudara a Jesús a cargar la cruz. ¡Adelante hacia el
calvario!
Padrenuestro.

Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre, al pie de la cruz. Amén.

Canto: Saliendo del pretorio.

SEXTA ESTACIÓN
LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: La Verónica decía al ver a su maestro: ¡Mira Judith! ¡Ahí


está el maestro! ¡Mira como viene! ¡Azotado, coronado de espinas,
abandonado por sus apóstoles! ¡Apenas puede caminar! Ahí está
María, su madre, acompañando al hijo en sus sufrimientos. ¡Todos lo
han abandonado!

Mira como tiene su cara llena de sangre, de salivazos, de tierra y de


sudor; le voy a limpiar el rostro. Yo sé que es el Mesías; y está
sufriendo a manos de sus perseguidores; voy a limpiarle el rostro con
este sudario.
¡Dios ha hecho el milagro! Dios ha demostrado que la salvación de
nosotros viene cuando ayudamos a nuestro prójimo.

SOLDADO: ¡Guarden silencio! Dejen que el reo continúe su camino.


La sentencia de muerte se debe de cumplir ¡Adelante hacia el
Calvario!

Avemaría.

FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.
Amén.

Canto: Siervo doliente.

SÉPTIMA ESTACIÓN
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: Jesús había tomado de nuevo la cruz y con ella a


cuestas llegó a la cima de la empinada calle que daba a una de las
puertas de la ciudad. Allí, extenuado, sin fuerzas, cayó por segunda
vez bajo el peso de la cruz. Faltaba poco para llegar al sitio en que
tenía que ser crucificado, y Jesús, empeñado en llevar a cabo hasta la
meta los planes de Dios, aún logró reunir fuerzas, levantarse y
proseguir su camino. Uno de los soldados dice:

SOLDADO: ¡Alto! El reo acaba de caer por segunda vez; debemos


esperar mientras se repone.
Avemaría

Fraile: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre al pie de la cruz. Amén.

Canto: Siervo doliente.

OCTAVA ESTACIÓN
JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: María Magdalena decía: ¡No es posible! ¡Miren como


viene Jesús el maestro! El que perdono mis pecados. ¡Miren como lo
han atormentado! Jesús de Nazareth, Maestro: yo soy María
Magdalena, María la que era una pecadora pública. Tú me perdonaste
mis pecados, tú me devolviste la dignidad que yo había perdido
delante de todos. ¡No es posible que te estén atormentando en esa
forma!

JESUS: ¡Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes


mismas y por sus hijos! Porque vendrán días en que se dirá: Dichosas
las que no tuvieron hijos, dichosos los vientres que no concibieron y
los pechos que no amamantaron. Entonces la gente comenzara a
decir a los cerros: ¡caigan sobre nosotros! Y dirán a las colinas
¡escóndanos! Porque si eso hacen con el árbol verde ¿Qué no harán
pues con el seco?
SOLDADO: ¡Apártense del camino mujeres! Y dejen avanzar la
procesión. La sentencia de muerte se debe de cumplir. ¡Adelante
hacia el calvario!

Padrenuestro.

FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre, al pie de la cruz. Amén.

Canto: Siervo doliente.

NOVENA ESTACIÓN
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: Una vez llegado al Calvario, en la cercanía inmediata


del punto en que iba a ser crucificado, Jesús cayó por tercera vez,
exhausto y sin arrestos ya para levantarse. Las condiciones en que
venía y la continua subida lo habían dejado sin aliento. Había
mantenido su decisión de secundar los planes de Dios, a los que
servían los planes de los hombres, y así había alcanzado, aunque con
un total agotamiento, los pies del altar en que había de ser inmolado.

¡Soldado! Ayude al reo a ponerse de pie, y que empiece a caminar. La


sentencia de muerte se debe de cumplir ¡adelante hacia el calvario!

Oremos en esta estación por cada uno nosotros, para que siguiendo el
ejemplo de Cristo, siempre seamos signo de esperanza con aquellos
que tenemos a nuestro lado.

Avemaría.
FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.
Amén.

Canto: Nadie te ama como yo.

DÉCIMA ESTACIÓN
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: los soldados despojaron a Jesús, sin cuidado ni


delicadeza alguna, de sus ropas, incluidas las que estaban pegadas
en la carne viva.
SOLDADO: Echaremos a suerte las vestidura de este hombre, del que
se hace llamar hijo de Dios. (En estos momentos se ríe).

Padrenuestro.

FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.
Amén, Jesús.

Canto: Nadie te ama como yo.


DÉCIMAPRIMERA ESTACIÓN
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR:
«Y lo crucificaron». Había llegado el momento terrible de la crucifixión,
y Jesús fue fijado en la cruz con cuatro clavos de hierro que le
taladraban las manos y los pies. Levantaron la cruz en alto y el cuerpo
de Cristo quedó entre cielo y tierra, pendiente de los clavos y apoyado
en un saliente que había a mitad del palo vertical. En la parte superior
de este palo, encima de la cabeza de Jesús, pusieron el título o causa
de la condenación: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos».
También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro
a su izquierda.
Avemaría.

FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.
Amén, Jesús.

Canto: Pequé, Señor, pequé.


DÉCIMASEGUNDA ESTACIÓN
JESÚS MUERE EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: Desde la crucifixión hasta la muerte transcurrieron tres


largas horas que fueron de mortal agonía para Jesús. Desde el
principio, muchos de los presentes, incluidos las autoridades
religiosas, se desataron en ultrajes y escarnios contra el Crucificado.
Poco después ocurrió el episodio del buen ladrón, a quien dijo Jesús:
«Hoy estarás conmigo en el paraíso». Viendo Jesús a su Madre junto
a la cruz y con ella a Juan, dice a su Madre:

JESÚS: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»


NARRADOR: luego dice al discípulo:
JESÚS: «Ahí tienes a tu madre»
NARRADOR: desde aquella hora, el discípulo la acogió en su casa.
Poco después, Jesús gritó con voz fuerte:
JESÚS: Eloí, Eloí, ¿lamá sabactaní?
NARRADOR: que significa Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abadonado? Al oir esto algunos de los presentes, decían, mira llama a
Elías. Entonces fue uno corriendo a empapar una esponja en vinagre,
y sujetándola a una caña, le ofrecía de beber, diciendo: dejénlo,
vamos a ver si viene Elías a descolgarlo. Pero Jesús lanzando un
fuerte grito:
JESÚS: Padre en tus manos encomiendo mi espíritu.
NARRADOR: en este momento, el velo del santuario se rasgó en dos,
de arriba abajo, tembño la tierra y las rocas se partieron.
Ofrecemos esta estacion por todos los hermanos Postulantes para que
el Buen Dios les regale la gracia de su Espiritu Santo, y puedan
perseverar en su santo servicio.

Padrenuestro.

FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.
Amén, Jesús.

Canto: Diario de María

DECIMATERCERA ESTACIÓN
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ
Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: Para que los cadáveres no quedaran en la cruz al día


siguiente, que era un sábado muy solemne para los judíos, éstos
rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran; los
soldados sólo quebraron las piernas de los otros dos, y a Jesús, que
ya había muerto, uno de los soldados le atravesó el costado con una
lanza.

Después, José de Arimatea y Nicodemo, discípulos de Jesús, obtenido


el permiso de Pilato y ayudados por sus criados o por otros discípulos
del Maestro, se acercaron a la cruz, desclavaron cuidadosa y
reverentemente los clavos de las manos y los pies y, con todo
miramiento, lo descolgaron. Al pie de la cruz estaba la Madre, que
recibió en sus brazos y puso en su regazo maternal el cuerpo sin vida
de su Hijo.
Una lanza había atravesado el costado de Cristo, y la espada que
anunció Simeón acabó de atravesar el alma de la María.

Avemaría.

Fraile: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.


Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.
Amén, Jesús.

Canto: Diario de María

DECIMOCUARTA ESTACIÓN
JESÚS ES SEPULTADO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.


R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

NARRADOR: José de Arimatea y Nicodemo tomaron luego el cuerpo


de Jesús de los brazos de María y lo envolvieron en una sábana limpia
que José había comprado. Cerca de allí tenía José un sepulcro nuevo
que había cavado para sí mismo, y en él enterraron a Jesús. Mientras
los varones procedían a la sepultura de Cristo, las santas mujeres que
solían acompañarlo, y sin duda su Madre, estaban sentadas frente al
sepulcro y observaban dónde y cómo quedaba colocado el cuerpo.
Después, hicieron rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro
y regresaron todos a Jerusalén.

Oramos por todas las familias de estos conjuntos residenciales, para


que Jesús les ayude en cada unas de sus necesidades y en este
Triduo Pascual puedan experimentar la gracia de Dios en sus vidas.

Padrenuestro.
FRAILE: Señor, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
y los dolores de su santísima Madre. Amén.

Canto: Diario de María

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