IMPORTANCIA DE LA PROTECCION RADIOLOGICA
El mal uso de las radiaciones ionizantes puede ser peligroso para los seres vivos,
por lo que en toda actividad en la que puede producirse una irradiació n a partir de
una fuente de radiació n o de una contaminació n radiactiva, es necesario asegurar
que las personas y otros seres vivos que se desea proteger no reciben una dosis
que pueda originarles riesgos radiactivos.
De esto se ocupa la protecció n radioló gica, que se define como el conjunto de
normativa, métodos y acciones que se toman para evitar dichos riesgos y dañ os, así
como las acciones, medidas y aná lisis que se llevan a cabo para comprobar que se
han aplicado correctamente los criterios de protecció n adecuados. En una
instalació n nuclear o radiactiva existe la posibilidad, al menos teó rica, de que se
emitan productos radiactivos al medio ambiente, los cuales podrían perjudicar
luego a los seres vivos; por ello, la protecció n radioló gica se ocupa también de
establecer los límites de emisiones radiactivas al ambiente y la medida de la
radiactividad en éste.
La protecció n radioló gica no ha nacido con las centrales nucleares, sino que al
comprobarse que el uso indebido de las radiaciones es peligroso, en 1901, se
establecieron las primeras normas de protecció n frente a los rayos X, y en 1916 las
primeras recomendaciones sobre protecció n frente a los rayos X y al radio.
Durante las primeras cuatro décadas de nuestro siglo las radiaciones ionizantes se
emplearon ú nicamente en medicina, por lo que la protecció n radioló gica se ocupó
só lo de los usos médicos de las radiaciones.
Cuando hacia la mitad del siglo se produjeron los desarrollos de las aplicaciones de
la energía nuclear, la protecció n radioló gica pasó a ocuparse también de los temas
nucleares y adquirió el auge e importancia que hoy tiene.
Como profesionales, los técnicos en radiología tienen la responsabilidad de
protegerse a sí mismos, a sus colegas y a los pacientes frente a unas radiaciones
excesivas. Aunque para cualquier técnico es esencial tener un conocimiento
completo de la protecció n contra las radiaciones. No obstante, en un curso sobre
posicionamiento de los pacientes en radiología, los principios bá sicos y las
aplicaciones de la protecció n contra las radiaciones deben constituir una parte
esencial. Es responsabilidad del técnico asegurar siempre que la dosis de radiació n
tanto para el paciente como para el propio técnico se mantiene al nivel má s bajo
posible (principio ALARA, as low as reasonably achievable).
En enero de 1994, la Nuclear Regulatory Commission (NRC) estadounidense
modificó algunos de los criterios relativos a las dosis má ximas permisibles. El
término correcto actual para la dosis má xima permisible es límite de dosis
recomendado.
LÍMITE DE DOSIS ANUAL
En los trabajadores expuestos, la recomendació n para el límite de dosis es de 5
rem (50 mSv) de dosis efectiva (DE) corporal total por añ o. Estos 5 rem (o 50 mSv)
se denominan en ocasiones como dosis límite efectiva anual para la exposició n
profesional de todo el cuerpo. La DE para la població n general es de 0,1 rem (1
mSv) por añ o en las exposiciones frecuentes o continuadas, y de 0,5 rem (5 mSv)
por añ o para las exposiciones infrecuentes.
LÍMITE DE DOSIS ACUMULADA
En un trabajador expuesto, el límite de dosis efectiva acumulada es de 1 rem (10
mSv) multiplicado por los añ os de edad. Por ejemplo, en un técnico de 50 añ os la
dosis acumulada permisible má xima es de 50 rem (500 mSv). Sin embargo, y
debido al bajo riesgo de efectos cró nicos de las radiaciones de bajo nivel, los
técnicos deben limitar su exposició n a la mínima cantidad posible, o incluso a
menos de lo permitido (5 rem [50 mSv] por añ o).
Principios ALARA
El principio de protecció n del trabajador contra las radiaciones denominado
ALARA es má s exigente que el nivel de DE. Este principio afirma que la exposició n
ocupacional debe producirse con la dosis mínima posible (As Low As Reasonably
Achievable). Se trata de un principio importante por el que deben esforzarse todos
los técnicos. A continuació n, se exponen cuatro modos significativos para
conseguir este principio:
1. Llevar puesto siempre un dosímetro personal. Aunque el dosímetro no
disminuye la exposició n del trabajador que lo lleva, a largo plazo unos registros
precisos de sus lecturas son importantes para determinar los há bitos de
protecció n.
2. Siempre que sea posible han de utilizarse dispositivos de restricció n de la
movilidad (o bandas de retenció n); só lo como ú ltimo recurso debe permitirse la
presencia de alguien en la sala para sujetar a los pacientes (ademá s, nunca será un
trabajador de la plantilla de radiología). Si es necesario limitar la movilidad de los
pacientes, debe hacerlo alguien que no sea un trabajador con exposició n
ocupacional. Esta persona no debe permanecer nunca de pie frente al haz primario
o ú til y, ademá s, ha de llevar siempre guantes y delantales de protecció n.
3. Acostumbrarse al uso de una estrecha colimació n, filtració n del haz primario, kV
ó ptimo, placas y pantallas con alta velocidad, y repetició n mínima de las
exploraciones. La exposició n del técnico se debe, principalmente, a la radiació n
difusa procedente del paciente y de otras fuentes. Por tanto, la reducció n de la
exposició n del paciente se asocia también con una disminució n de la exposició n del
técnico.
4. Seguir los tres principios fundamentales de la protecció n contra las radiaciones:
tiempo, distancia y protecciones. El técnico en radiología debe permanecer el
menor tiempo posible en el campo de exposició n, mantenerse lo má s lejos posible
de la fuente de las radiaciones, y utilizar protecciones de plomo cuando esté en un
campo de exposició n.
Estos aspectos son importantes en los equipos radioquirú rgicos y en los equipos
portá tiles de radiografía. La protecció n de la radiació n difusa es esencial en las
unidades de fluoroscopia con brazo en C, debido a que las dosis para el paciente y
para el trabajador son má s altas.
DOSIS DEL PACIENTE
PROCEDIMIENTOS DIAGNÓSTICOS GENERALES
Exposició n en la entrada cutá nea (SEE). En una exploració n radioló gica específica,
es posible referirse a diferentes «dosis» relativas al paciente. La cifra citada má s a
menudo es la exposició n de la piel en la regió n en la que la radiació n incide sobre el
cuerpo en primer lugar, denominada con frecuencia exposició n en la entrada
cutá nea o SEE (también puede usarse el acró nimo ESE, de entrance skin exposure).
Esta exposició n corresponde, aproximadamente, a la dosis cutá nea. Aunque la
dosis cutá nea es la que ostenta el valor numérico má s alto de todas las dosis, en
radiología es la que tiene menos importancia bioló gica. A medida que la radiació n
atraviesa el cuerpo hasta llegar al receptor de imagen, su intensidad disminuye
varios centenares de veces. Las dosis medias que reciben los ó rganos específicos
son ú tiles para estimar la probabilidad de que presenten un cá ncer por
radiaciones. Dosis efectiva La dosis efectiva (DE, effective dose) tiene en cuenta la
dosis recibida por todos los ó rganos, así como el riesgo relativo de convertirse en
cá ncer (o, en el caso de las gó nadas, el riesgo de lesió n genética). La DE es la
cantidad que puede utilizarse para comparar la radiació n media que recibe todo el
cuerpo a causa de un procedimiento radioló gico con la recibida debido a la
radiació n de fondo natural.
Las radiaciones se pueden emplear para producir un efecto beneficioso a las
personas: las radiaciones X y gamma se usan con efectos curativos o paliativos en
el tratamiento de tumores en la técnica denominada radioterapia; también, en
medicina, se emplean la radiació n X o los isó topos radiactivos con fines
diagnó sticos, en las especialidades de radiología y medicina nuclear. Pueden
citarse otros ejemplos de utilizació n bioló gica de las radiaciones, que no está n
relacionados con la salud de las personas pero sí con su bienestar, como es el caso
de la inducció n de mutaciones genéticas en cereales para mejorar el rendimiento
de las cosechas o la calidad de las proteínas contenidas en el grano.
Ahora bien, las radiaciones pueden producir dañ os o implicar riesgos para los
seres vivos, aunque también aquí hay que matizar que los efectos producidos por
la radiació n dependen de las dosis recibidas. Con dosis muy altas se produce la
muerte del individuo; con dosis menores, pero todavía altas, se producen lesiones
tanto má s graves cuanto mayor sea la dosis; las dosis bajas no producen
necesariamente un dañ o, sino que hacen aumentar la probabilidad de que se
origine el dañ o, en funció n de la dosis recibida.
Por ello, y fuera de los casos específicos en que la radiació n se emplea
deliberadamente para producir un determinado efecto beneficioso, la
reglamentació n considera que las radiaciones son potencialmente peligrosas y hay
que precaverse frente a ellas.
Principios de Protección Radiológica:
• Justificación.
• Limitación de Dosis.
• Optimización.
Principio de Justificación: Tiene como objetivo, garantizar que toda exposició n
esté debidamente justificada. Casuísticamente, ante cada aplicació n de una prá ctica
que conlleva exposició n a las radiaciones, es necesario realizar un aná lisis “riesgo
beneficio”, donde prevalezca el ú ltimo aspecto. La idea es evitar la realizació n de
prá cticas que suponga exposiciones injustificadas que conlleven un riesgo
innecesario de las personas expuestas.
Principio de Limitación de Dosis: La base fundamental de este principio, es
establecer límites de exposició n para las personas, los principales son los “límites
primarios de dosis” para trabajadores expuestos y pú blico en general. Estos límites
no deben considerarse como la frontera entre la seguridad y el peligro, sino como
un indicador evaluativo de exposició n, de riesgo y de detrimento a la salud.
Actualmente, el cumplimiento de estos límites garantiza, la no aparició n de los
efectos determinísticos y limita al má ximo, el riesgo a padecer los efectos
estocá sticos (cá nceres y alteraciones genéticas) producidos por las radiaciones
ionizantes.
Principio de Optimización: Con este principio se trata de que desde el origen,
planificació n, hasta su uso y aplicació n de cualquier fuente de radiaciones
ionizantes se realice, de forma tal, que se aseguren los niveles má s bajos que
razonablemente se puedan conseguir, teniendo en cuenta factores econó micos y
sociales. Este principio satisface de modo cualitativo el trabajo con las radiaciones
ionizantes.