Introducción
Cuando se presenta la Convención Constitucional en los Estados Unidos a fines del siglo
XVIII, el motivo principal como menciona Burger (1986) era la superación de conflictos
que sufrían las Trece colonias, que en pos de defender la libertad y autonomía de sus
territorios, no lograban organizar un gobierno estable que buscara el beneficio general de
los estados que lo componen. Se cuenta que esta convención fue resistida por los estados
que veían amenazada su libertad, sin embargo era necesario que existiera un Estado común
entre los estados federales, una misma moneda, una ley en general, una organización que
permitiera crear una “verdadera nación”.
La “verdadera nación” a la que apuntaban los independentistas Norteamericanos no era más
que la forma de gobierno desarrollada en el periodo europeo de la “ilustración”, que quedó
resumida en la obra del Barón de Montesquieu, “El espíritu de las leyes”, una forma de
gobierno como alternativa a las decadentes monarquías del siglo XVIII que ya no podían
sostener el dinamismo de los intelectuales. Ambos momentos son fundamentales para
comprender el cómo y porqué las naciones se organizan de esta forma, en realidad, la
inserción del Estado de Chile al concierto de las naciones explican, no solo los colores
revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad (rojo, blanco y azul), si no que un Estado
que busca materializar las ideas de Montesquieu, tal como lo había hecho Estados Unidos, a
fin de efectuar un gobierno lejos de la tiranía monárquica y que por el contrario, dispongan
de leyes generales en beneficio de la nación.
Cuando planteamos el concepto de verdadera nación, no es más que la búsqueda de la
definición de este concepto, para ello tanto la Convención Constitucional como “El espíritu
de las leyes” entregan aportes claves para comprender la organización del Estado,
construido por tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que son instituciones
representativas, y que en la forma en que se relacionan está la estabilidad de una nación.
Durante la instauración de las diversas constituciones, tanto en Chile como en todos los
países donde impera un orden de este tipo, los poderes buscan una coherencia entre sí, la
finalidad no es construir gobiernos donde el Ejecutivo se sobreponga a los demás poderes
del Estado, la idea es que los tres poderes se interrelacionen, no que se mantengan en
discusión por quien concentra más poder.
El desafío es clave para un gobierno estable, por ello el gran miedo que tenían en la
Convención Constitucional en Estados Unidos era la creación de un Estado central donde
se impusiera la voluntad de un Ejecutivo fuerte, que no hiciera extrañar la concentración de
poder de las Monarquías europeas, “El espíritu de las leyes” de Montesquieu también
buscaba una alternativa a la concentración de poder del Estado, por tanto la pregunta
debiera orientarse a ¿Cómo el Poder Ejecutivo en Chile se relaciona con los demás poderes
del estado? para ello tenemos como objetivo, Explicar el rol del Poder Ejecutivo en la
organización del Estado de Chile actual. Relacionar los principios de Montesquieu con el
Poder Ejecutivo actual. Identificar valores de la Convención Constitucional Norteamericana
para el Estado de Chile.
Desarrollo
Nuestro país ha buscado formas organizativas desde 1810, desde juntas de gobiernos hasta
el establecimiento de regímenes democráticos constitucionales, es por ello que dentro de la
historia de nuestro país nos encontramos con periodos de ensayos constitucionales, de
periodos presidencialistas o parlamentarios hasta la ruptura constitucional de 1973, de ahí
en más, explicaremos la estructura del Poder Ejecutivo presente en la actual constitución,
aprobada en 1980.
Aprobada la Constitución de 1980 por la dictadura militar, se estableció un sistema de
funciones y atribuciones a la figura del Presidente de la República, formando un sistema
presidencialista con un equilibrio de poder por el Legislativo, es decir, el Congreso. Lo
curioso es que ambas figuras eran ausentes al momento de su aprobación, puesto que el
ejercicio del poder recaía en la figura de la “Junta Militar” y un poder Judicial
nominalmente autónomo; No va a ser hasta 1990 donde el Congreso va a reactivar sus
funciones, permitiendo un orden similar al sistema organizativo chileno construido desde
mediados del siglo XIX.
La Constitución de 1980 tiene en el capítulo 4 las funciones y atribuciones del presidente
de la República, desde el art. 24 hasta el art. 32, siendo este último el que define en 22
puntos la función del Presidente, entre las cuales queda establecida la plena potestad en el
nombramiento de cargos de suma confianza, ministeriales, contralor de la república,
magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, además dictar leyes en cuanto el congreso le
otorgue dicha potestad. Estamos en presencia de un régimen presidencialista, puesto que el
Ejecutivo posee atribuciones especiales y es el Congreso quien en el art. 51 y art. 52 debe
fiscalizar los actos del Presidente y su equipo ministerial, con plena obligación de recibir
respuesta.
Sin embargo, ¿por qué la dictadura militar redactó una organización estatal que obviamente
no existía, o si existía estaba en oposición a su propio ejercicio del poder? Lo cierto es que
una respuesta a esta interrogante se esconde en los orígenes de la nación y la construcción
del Estado a mediados del siglo XIX. La razón es que desde la Ilustración, las naciones del
mundo se evalúan o se legitiman en el cumplimiento de las funciones establecidas en
Montesquieu y en el triunfo de las Revoluciones norteamericanas y francesa. Al respecto,
Montesquieu es el más brillante a la hora de cimentar la distribución del poder y la
organización del Estado moderno como resultado histórico de la oposición a la Monarquía.
“El espíritu de las leyes” de Montesquieu es el aporte más gravitante para los procesos
Revolucionarios de fines del siglo XVIII, en este texto queda estipulado el origen del
Estado moderno, el cual tiene raíces en las instituciones griegas y que permiten comprender
cómo funciona un gobierno. En el libro XI, capítulo VI, Montesquieu es enfático en señalar
que todo Estado está compuesto por tres poderes y radica en el equilibrio entre dichos
poderes la definición del Estado mismo, por ejemplo, el desequilibrio producido por la
acumulación de Poderes puede generar Estados despóticos, cuando el Ejecutivo y el
Legislativo son encarnados en una misma figura, un Rey, un Príncipe, una Junta, puede
privar de la libertad a los ciudadanos que conforman la nación. Esto es clave puesto que el
mismo autor entiende por libertad, el derecho de cada ciudadano a ejercer sus derechos, y
ante la prohibición de estos o la arbitrariedad por el abuso de poder, nos encontramos en
una crisis profunda del Estado moderno.
El riesgo de que una nación sea catalogada como despótica es fatal, sobre todo en tiempos
de globalización, por tanto la Constitución de 1980 en Chile, recoge definiciones
fundamentales para el establecimiento de un Estado moderno, con un gobierno equilibrado
y estable, al margen de que la acumulación de poder durante dicha época generó la inacción
de los tres poderes, el texto redactado se apoya en los principios de Montesquieu, donde un
cuerpo magistrado se encarga de hacer leyes, corrigiendo o abogando por las que ya existen
y al ejecutivo le corresponde velar por la seguridad nacional y las relaciones exteriores, por
medio de embajadas o consulados. La interrelación de estos poderes son los que permiten la
libertad del ciudadano, en lo que Montesquieu llamó “Estados libres”, idealmente
compuesto por un Legislativo representado por ciudadanos, que debían elegir sus
representantes, y un Ejecutivo centrado en un Monarca, puesto que Montesquieu cree en la
eficacia de la administración de “uno”.
Es probable que la Convención Constitucional de 1787 en Estados Unidos recogiera el
“espíritu” del texto de Montesquieu, la lucha emprendida por Washington frente a la
Corona Británica hizo ver que las 13 colonias buscaron un beneficio comercial pseudo
independiente y no así la construcción de Estado moderno. Burger escribe que la
construcción de un Estado expuesta en dicha Convención, fue el suceso más importante y
fundamental en materia de derechos en Estados Unidos, por supuesto que el conflicto
principal era la representatividad del pueblo en una cámara legislativa, sin embargo, un
Ejecutivo fuerte era materia de disgusto entre quienes firmaron el acta. Es ahí donde se
concentra la idea de libertad defendida por Estados Unidos, para Burger es la defensa de
este ideal de Estado moderno, la “verdadera nación” es la que posee una representatividad
legislativa y un ejecutivo eficiente, capaz de velar por la seguridad y el interés general, ya
no un monarca, si no que un gran representante, como menciona Burger, debe existir un
sistema que permita equilibrar constantemente ambos poderes y mantener autónomo el
poder judicial.
Este juego de poder llamado “Check and Balance”, debe generar formas de contener y
equilibrar los poderes, en el caso chileno, la constitución de 1980 dispone de un organismo
para este fin, Capítulo VIII, art. 92, se crea el Tribunal Constitucional, cuyo principal
atributo es abogar por el cumplimiento de las leyes, mantener un sistema presidencialista
(énfasis en el Ejecutivo) pero con equilibrio por parte del Legislativo y en última instancia,
el Tribunal Constitucional dirime respecto a cualquier conflicto, siendo este la principal
influencia de la Convención Constitucional Norteamericana para Chile.
Para entender este sistema presidencialista (énfasis en el Ejecutivo) en Chile, podríamos
ejemplificar con la conformación del Ejecutivo y el legislativo en los últimos dos
gobiernos, no en afán comparativo, si no para explicar porqué estamos frente a un sistema
presidencial y cómo se relaciona el Poder Ejecutivo con el Legislativo. Por ejemplo, para el
primer periodo presidencial de Sebastián Piñera (2010-2014), el Ejecutivo era formado por
el partido derechista RN, al margen del nombramiento de ministros que en su mayoría no
militaban en partidos políticos o si lo hacían, también eran de la derecha. En este periodo,
el Ejecutivo era respaldado por solo 17 diputados de 120, y 55 en el caso de su unión con el
partido UDI, es decir, el Ejecutivo se vio obligado a generar alianzas para sus proyectos
políticos, en una clara minoría; Al periodo siguiente, Michelle Bachelet del partido de
izquierda PS, contó con 16 diputados de 120, que en el conjunto de partidos de izquierda
pudo dar alguna mayoría en algunos proyectos de ley. En un gobierno parlamentario, es la
mayoría del congreso la que otorga gobernabilidad y consigue favorecer un ejecutivo que
represente dicha mayoría, sin embargo, cuando el gobierno es de carácter presidencialista,
puesto que el ejecutivo se conforma por la representación popular y es labor de él otorgar
coherencia a su gobierno, el Ejecutivo debe convenir y permitir generar alianzas en el
congreso, de no lograrlo, podrá ver dificultado su administración, impidiendo la voluntad
única del Presidente, que pudiera ser de interés privado y no para la mayoría, por ejemplo.
En definitiva, una preponderancia del poder Ejecutivo en Chile, tiene la capacidad de ser
limitado por la voluntad del congreso, impidiendo que los intereses privados o las mayorías
circunstanciales administren el poder a su antojo, por otro lado, el Ejecutivo es fiscalizado
por el Legislativo, permitiendo un juego de balances (check and balance) para la estabilidad
del país. La verdadera nación planteada desde Montesquieu, no es más que la capacidad de
lograr una representatividad en los tres poderes y que tengan la capacidad de relacionarse
entre sí, evitando imponer voluntades propias y ajenas al beneficio de la mayoría.
Conclusión
Desde la “ilustración”, emergió una crítica profunda a los sistemas monárquicos de
gobierno, junto a ello, las independencias en América buscaron formas de gobierno
distintas a las monarquías, siguiendo el concepto de Estado moderno o libre promulgado
por Montesquieu, es decir, el Estado moderno tal cual lo conocemos hoy es precedido por
los postulados de la Ilustración europea y su implementación en las independencias del
siglo XVIII y XIX. Todo Estado posee tres poderes en ejercicio, el Ejecutivo, Legislativo y
Judicial, pero es el equilibrio entre poderes lo que define la estabilidad del Estado, en este
caso, un poder Ejecutivo que es fiscalizado por el Legislativo es el equilibrio que ha
encontrado nuestro país desde 1990.
El poder Ejecutivo chileno se relaciona con los demás poderes del Estado, no solo en la
institucionalidad, si no en la dinámica misma del poder, por medio de los “check and
balance” del sistema. En primer lugar, el Ejecutivo es regulado por el legislativo por la
conformación partidista del gobierno, necesita el Ejecutivo una mayoría estable en el
congreso para llevar a cabo sus propuestas, de lo contrario, la oposición al gobierno se
presenta como el primer contrapeso, por otro lado, el Ejecutivo debe ser fiscalizado por el
legislativo como dispone la constitución, en último caso, la figura del Tribunal
Constitucional es la instancia para los conflictos legales entre ambos poderes, por otro lado
el poder Judicial también funcionaría como organismo fiscalizador.
Lo fundamental del poder Ejecutivo en el desarrollo de nuestro país es la construcción de
un Estado moderno, de una verdadera nación, para esto la Constitución de 1980 definió sus
atribuciones, sin embargo, al observar la falta de garantía que tenía el ejercicio del poder,
puesto que todo se concentraba en la Junta militar, la explicación posible para la
promulgación de dicha constitución no es más que la necesidad de legitimar un Estado, la
noción de verdadera nación, donde el Ejecutivo es regulado por otros poderes y no la
imagen de Estado despótico que deslegitimaría la presencia de Chile en un mundo
globalizado. Los Estados deben regirse por principios republicanos, de legítimo orden y
democráticos, es por ello que a pesar de vivir en dictadura durante la década de los 80, la
constitución generó un modelo de gobierno como lo evaluó Montesquieu y como se
institucionalizo en la Convención de 1787 en Estados Unidos. Es el poder Ejecutivo el que
debe ser fiscalizado, evitando la concentración de poder en una sola figura, la estabilidad de
la nación depende de cómo el pueblo debe hacer respetar sus leyes, sus derechos y
mantener una posición fiscalizadora de sus representantes.
Bibliografía
Burger, W. (1986) La constitución de los Estados Unidos de América. Repositorio
Universidad Católica, Vol. 13
Cea, J. (1993) Separación de órganos y funciones en el estado contemporáneo. Revista
derecho. Vol. 4, p. 7-20
Montesquieu (1748) El espíritu de las leyes. Madrid