Nancy Bedford
Estimados y estimadas:
Los dos temas que andan circulando en el grupo, la ordenación de las mujeres (dicho sea de paso: no existe
“la mujer”) y la manera de gobierno eclesial quizá estén más vinculados de lo que parecen a primera vista.
¿Qué significa la “ordenación” para los bautistas? (más allá del sexo de la persona ordenada). Se me ocurre que
ese es un punto álgido a tratar.
Precisamente esta cuestión de los criterios, sin embargo, nos reorienta a la discusión acerca del sentido de la
ordenación pastoral entere los bautistas. ¿Qué significa? Si tomamos en serio nuestra tradición, no significa ni
un cambio en nuestro status ontológico, ni la incorporación a una casta sacerdotal, sino simplemente el hecho
de ser “ministro a los ministros,” un primos/prima pares cuya función es la de ayudar a que todo el cuerpo
crezca y se desarrolle; en general los mejores pastores son lo que aman profundamente a la gente, no los
caudillos (ni las generalas) de corte autoritario. La autoridad nada tiene que ver con el autoritarismo; los que
recurren al autoritarismo no tienen verdadera autoridad. Sin el profundo amor por la gente (que proviene del
Señor) y la “ardiente paciencia” que tal amor requiere, todo lo demás en el pastorado se termina desmoronando,
lo digo como educadora teológica que desea que los pastores y las pastoras estén muy bien preparados, es decir,
sin pensar que la preparación intelectual vaya en desmedro del amor por la gente –todo lo contrario. Uno se
prepara lo mejor posible por amor a la congregación que le tocó o que le tocará.
En realidad, el miedo a que las mujeres sean reconocidas como pastoras surgen en general cuando ya hay
fallas profundas en la concepción de lo que significa ser pastor o pastora. Me pregunto hasta qué punto los
conflictos que estamos teniendo entre los bautistas provienen en gran medida de las ambiciones de personas
que quieren armar un engendro de modelo pastoral con los peores aspectos de diversas tradiciones: el prestigio
de ser cura en América Latina pero sin la disciplina ni los votos de pobreza y castidad que caracterizan a los
mejores sacerdotes católicos; la relativa facilidad de acceder al pastorado de nuestras tradiciones “libres”, pero
sin respetar la difícil tarea de vivir como una congregación contrahegemónica (diversidad en la congregación)
que ejerce el discernimiento; la impronta (llamado) del caudillo, pero sin siquiera el sentimiento feudal de
obligación hacia los pobres; la libertad de interpretar la Biblia, pero sin el trabajo de exégesis, de estudio de las
lenguas bíblicas, de sopesar y revisar el texto con una hermenéutica responsable; la fácil evocación del Espíritu
Santo, pero sin temor y temblor por lo que nos dice el Nuevo Testamento acerca de la seriedad de pisotear ese
nombre. La cosa es seria, muy seria. Todos nos tenemos que preguntar si pertenecemos a aquellos que hacen
tropezar a los más pequeños. Por mi parte, aunque a Dios gracias hasta ahora en general me he congregado en
iglesias con pastores de Lujo (algunos de los cuales están en este grupo), tiemblo cuando pienso en la cantidad
de lobos vestidos, no ya de ovejas, sino de príncipes de la iglesia, que hay pululando en todas las latitudes. En
el norte y en el sur, apelan al pragmatismo como justificación de sus prácticas (como me dijo un alumno del
Seminario Bautista de Buenos Aires una vez, que por lo menos tuvo la virtud de la sinceridad: “Sé que
teológicamente lo que hago no está bien; pero funciona”). Como decía Yoder, sin embargo, Jesús no nos llama
a tener “éxito” ni a ser “eficaces” sino a seguirlo hasta las últimas consecuencias.
Un abrazo para todos (sería lindo reunirnos alguna vez y charlar todo esto en persona).
Nancy
monillo247@[Link]
Aron
davidsolish@[Link]
Adrianag78@[Link]