Las Peticiones de Gracia
2.1 Manifestación específica del derecho de petición
El derecho de petición es reconocido expresamente como parte de los derechos fundamentales
enumerados en el artículo 2 de la Constitución. En el inciso 20 de dicho artículo se establece que
toda persona tiene derecho “a formular peticiones, individual o colectivamente, por escrito ante la
autoridad competente, la que está obligada a dar al interesado una respuesta también por escrito
dentro del plazo legal, bajo responsabilidad”. Ricardo Salazar Chávez sostiene que el contenido
mínimo del derecho de petición “está configurado como la facultad de formular petición, sin
perjuicio para el peticionante por el hecho de efectuarla, con las obligaciones para el sujeto pasivo
de la petición de admitir la petición, acusar recibo de la misma, tramitarla directamente - si es
competente - o remitirla al órgano competente, examinar materialmente la petición, pronunciarse
motivadamente dentro de un plazo razonable sobre la petición y comunicar al peticionante el
pronunciamiento”. Ciertamente, el núcleo duro o contenido esencial del derecho de petición está
conformado por la facultad de formular solicitudes a la Administración Pública, a efectos de que
esta, obligatoriamente, emita una respuesta. La Constitución exige como condición formal para el
ejercicio del derecho, que las peticiones sean escritas, y prevé, como garantía de la satisfacción del
derecho, que la respuesta también sea escrita y además emitida dentro del plazo legal. El Tribunal
Constitucional ha establecido que el contenido del derecho de petición comprende:
a) Admitir el escrito en el cual se expresa la petición.
b) Exteriorizar el hecho de la recepción de la petición.
c) Dar el curso correspondiente a la petición.
d) Resolver la petición, motivándola de modo congruente con lo peticionado.
e) Comunicar al peticionante lo resuelto.
Para la eficacia de este derecho fundamental, es necesario que la Administración cumpla con un
conjunto de obligaciones a su cargo, entre las cuales el Tribunal Constitucional ha enumerado las
siguientes: “a) Facilitar los medios para que el ciudadano pueda ejercitar el derecho de petición sin
trabas absurdas o innecesarias. b) Abstenerse de cualquier forma o modo de sancionamiento (sic)
al peticionante, por el solo hecho de haber ejercido dicho derecho. c) Admitir y tramitar
el petitorio. d) Resolver en el plazo señalado por la ley de la materia la petición planteada,
ofreciendo la correspondiente fundamentación de la determinación. e) Comunicar al peticionante
la decisión adoptada”.
Como se puede apreciar, la satisfacción del derecho de petición, entendido autónomamente y
desvinculado de los demás derechos fundamentales y legales que el ordenamiento jurídico
reconoce, si bien se agota con la respuesta -incluso no satisfactoria- por parte de la
Administración, ello presupone admitir a trámite la solicitud y dar cumplimiento a las reglas del
procedimiento administrativo para la emisión del pronunciamiento, lo que supone cumplir los
plazos y fundamentar la decisión. Sin embargo, la existencia del derecho de petición no garantiza
que la respuesta de la Administración satisfaga el interés expresado en la solicitud del ciudadano.
El T.U.O. de la Ley del Procedimiento Administrativo General prevé cuáles son las formas que
puede adoptar la petición de un ciudadano ante la Administración Pública:
a) Solicitudes en interés particular del administrado,
b) Solicitudes en interés de la colectividad,
c) Contradicciones o impugnaciones de actos administrativos,
d) Solicitudes de información,
e) Consultas y
f) Peticiones de gracia.
Petición de gracia: Un inversionista desea ejecutar un proyecto de estacionamiento vehicular, para
lo cual es necesario constituir un derecho de superficie para la construcción en el subsuelo de un
parque distrital. No obstante, no hay condición suficiente prestablecida legalmente para la
aprobación del proyecto.
Como se puede apreciar, salvo la petición de gracia, todas las modalidades de ejercicio de derecho
de petición implican el reconocimiento de un derecho del administrado a exigir que su pretensión
sea no sólo atendida sino además aceptada, en caso cuente con un derecho específico para tal
efecto, sea este de reconocimiento constitucional, legal o infralegal. En dichos supuestos, la
Administración, además de respetar la vigencia del derecho de petición mediante la tramitación y
evaluación de la solicitud, está obligada a proveer favorablemente al solicitante, si su pedido se
ajusta a ley. Sin embargo, en el caso de la petición de gracia, la Administración no tiene ese tipo de
obligaciones. Al respecto, el Tribunal Constitucional ha explicado que la petición de gracia “no se
sustenta en ningún título jurídico específico, sino que se atiene a la esperanza o expectativa de
alcanzar una gracia administrativa. A lo sumo, expone como fundamento para la obtención de un
beneficio, tratamiento favorable o liberación de un perjuicio no contemplado jurídicamente, la
aplicación de la regla de merecimiento”. En ese sentido, respecto de las peticiones de gracia, el
derecho de petición no es un vehículo para el goce de otro derecho subjetivo sino únicamente
para la eventual atención de una expectativa jurídicamente no exigible. Por tal razón, ante esta
clase de peticiones, la actividad de la Administración se agota con el acuse de recibo de la
solicitud, su tramitación, evaluación material y emisión de respuesta, sea esta favorable o no.