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Reporte de Investigacion

Este documento trata sobre el desarrollo sustentable y la relación entre la industria y el medio ambiente. Resume que las empresas tienen un rol importante para resolver problemas ambientales y deben adoptar una responsabilidad ambiental que beneficie a la sociedad actual y futura. También describe los diferentes impactos que tienen diferentes industrias en el medio ambiente y cómo la industrialización ha alterado sistemas sociales y acelerado el crecimiento económico a nivel mundial.

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Reporte de Investigacion

Este documento trata sobre el desarrollo sustentable y la relación entre la industria y el medio ambiente. Resume que las empresas tienen un rol importante para resolver problemas ambientales y deben adoptar una responsabilidad ambiental que beneficie a la sociedad actual y futura. También describe los diferentes impactos que tienen diferentes industrias en el medio ambiente y cómo la industrialización ha alterado sistemas sociales y acelerado el crecimiento económico a nivel mundial.

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Materia:

Desarrollo sustentable

Tema:
Industria y medio ambiente

Nombre:
Christian obil zarate

Grado y Grupo:
601

Docente:
Juan Rosario Pérez Jáuregui

Las Choapas, Ver., a Mayo 2020


Introducción

Las empresas asumen un rol importante para resolver el problema del medio ambiente. Es
muy importante Indicar a los empleados, clientes, proveedores, comunidad y sociedad en
general por medio de planes gerenciales que, fomenten el bienestar común, el reto implica
adoptar una responsabilidad ambiental empresarial en beneficio de la sociedad actual y
futura. Ante problemas tan graves como la contaminación, el cambio climático, su entorno
social y ambiental; las empresas deben minimizar el daño ambiental a través de una política
ambiental responsable, la importancia de la contaminación ambiental por parte de todos y
cada uno de nosotros.

Se evidencia un cambio en el pensamiento del ser humano que repercute en su entorno, este
cambio se encuentra asociado al fomento de una cultura de la prevención, la cual no
formaba parte de la cultura del hombre; cuando hace decenios empezó la protección
medioambiental, en ese entonces sólo se contemplaban métodos de control a menudo
llamados dispositivos de última etapa para solucionar problemas de aguas contaminadas,
atmósfera tóxica, y las demás consecuencias del desarrollo industrial y de la actividad
humana. La actual protección del medio ambiente está evolucionando e incorpora una
nueva estrategia para evitar los residuos y la contaminación que desde siempre han
caracterizado el desarrollo industrial.
Industria y medio ambiente

El impacto ambiental que las industrias tienen sobre el medio ambiente y los recursos
naturales ha sido considerable, no tan sólo como resultado del crecimiento de la producción
sino también gracias a que dicho crecimiento se concentró en sectores de alto impacto
ambiental.

Tal impacto es derivado no sólo de la actividad industrial misma y de los residuos que
genera, sino también de la posición que se tenga acerca de que el cuidado ambiental no es
un lujo sino una fuente de competitividad y ahorro. En este contexto, se ha identificado
-con fines ilustrativos- una tipología de empresas mexicanas en materia de su preocupación
ambiental. En un extremo se encuentra un segmento de empresas, en general altamente
exportadoras, que tienen una alta preocupación por innovar procesos y buscar cumplir con
su responsabilidad ambiental más allá incluso de lo que la normatividad les exige; un
segundo segmento, en general de grandes empresas orientadas al mercado interno, que
busca aprovechar las oportunidades de ahorro y negocios que les plantea el cuidado
ambiental; un tercer segmento de empresas generalmente medianas y altamente
exportadoras, que busca tener un desempeño ambiental que no merme su competitividad
internacional, pero frecuentemente enfrentan problemas de índole financiera; un cuarto
segmento de empresas, tanto grandes como medianas, en general orientadas al mercado
interno o a bienes básicos, que reconocen oportunidades de ahorro y eficiencia a través de
inversiones que conllevan mejoría ambiental, pero también frecuentemente no tienen
condiciones de acceso a recursos para hacerlo; y un quinto segmento que carece de interés
o de recursos, que fundamentalmente está integrado por pequeñas y microempresas, aunque
no faltan empresas grandes o medianas. Las empresas de este último segmento representan
la mayoría de las empresas del país, al menos en número, aunque cabe destacar que este
comportamiento no es generalizable a todas las pequeñas y microempresas ya que en
muchos casos se presenta un comportamiento ambiental bastante positivo.

Ante un escenario diverso y complejo como el anterior, una de los imperativos de la


política ambiental es la existencia de un inventario exhaustivo de contaminantes totales
generados por el sector industrial. Por tanto, se ha procurado estimar la importancia de las
diferentes industrias a través de métodos indirectos. Destacan entre los giros industriales
que más afectan el ambiente la petroquímica básica, la química y la industria metalúrgica,
que en total pueden representar más de la mitad de la contaminación generada por el sector.
En materia de residuos peligrosos, las industrias química, metalúrgica y automotriz son los
sectores industriales con mayor generación, les siguen la industria eléctrica y la de
alimentos.

Dada la desigual distribución geográfica de la industria y la dispar presencia de tipos de


industrias en cada región, sus efectos ambientales difieren sustantivamente. Se puede
distinguir estados con una alta intensidad de generación de contaminantes con relación a su
producto, como parece ser el caso de Chiapas, Guanajuato, Querétaro, Tabasco,
Tamaulipas, Tlaxcala y Veracruz. Otros estados, en cambio, a pesar de su alta
concentración de industrias, presentan una baja intensidad de contaminación por unidad de
producto industrial, como es el caso de los estados de México, Puebla, Jalisco, Nuevo León
y el Distrito Federal. Cabe señalar que el análisis anterior no considera la existencia de
equipo de control, sino las características tecnológicas de los procesos industriales
analizados, si bien una parte importante de las industrias de mayor tamaño han incorporado
equipos de control atmosférico y de tratamiento de aguas residuales, lo que hace disminuir
sensiblemente su aportación medida indirectamente.

Civilización Industrial

Es frecuente la expresión «civilización industrial» para referirse al mundo contemporáneo.


Sin embargo, este es un término un tanto vago y que pareciera querer calificar un sistema
mundial progresivamente más complejo y en el cual tiene una función principal la
industrialización.

El proceso de industrialización representa el aspecto más dinámico del fenómeno del


desarrollo. Es evidente que los países que hoy se consideran desarrollados, han pasado por
un proceso de industrialización tal, que ha modificado la estructura de todo su sistema. Por
este carácter dinámico y la capacidad de transformación estructural que le es inherente, los
países en desarrollo ven en la industrialización la piedra angular sobre la cual asentar su
desarrollo económico y social.

La expansión industrial ha alterado profundamente los sistemas sociales, creando nuevos


bienes, diversificando los patrones de consumo, introduciendo nuevas necesidades,
alterando las estructuras económicas, sociales y políticas y, fundamentalmente, acelerando
el proceso de expansión económica a nivel mundial.

Como el proceso de industrialización permea a todas las manifestaciones del sistema social,
afectará al medio ambiente tanto a través de su impacto directo como indirectamente, al
provocar alteraciones en la dinámica social.

El impacto directo de la industria sobre la naturaleza se produce básicamente por la


ocupación del espacio, la utilización de los recursos naturales y la generación de residuos:
desechos y contaminantes. De estos impactos, la contaminación es el aspecto que ha sido
examinado más detalladamente, y no es raro encontrar opiniones en el sentido de que sería
la única forma de impacto de la industria sobre el medio. Más aún, ciertos programas de
industria y medio ambiente se limitan exclusivamente a dicha manifestación.

Este enfoque prevalece en los países industrializados, cuyos habitantes sufren los efectos de
la contaminación directamente, efecto en muchos casos inmediato. El hombre común lo
percibe en sus lugares de trabajo o en sus zonas de residencia.

Sin embargo, hay otro vínculo estrecho entre la naturaleza y la actividad fabril, y es el que
está constituido por la utilización de los recursos naturales.

El impacto sobre el medio que provoca la extracción de los recursos naturales generalmente
no es perceptible por el hombre común y, a veces, no lo es ni siquiera para aquel que lleva a
cabo la explotación de la naturaleza. Sin embargo, es obvio que tal extracción altera al
ecosistema natural, produciendo cambios en su estructura y modificando su dinámica.

Por otro lado, los recursos naturales no son inagotables. Al menos no lo son en la
dimensión temporal humana. Así pues, su utilización no puede llevar a cabo ad infinitum.
El agotamiento de un recurso natural tiene un impacto negativo sobre el medio ambiente,
pudiendo causar su colapso definitivo, que arrastraría con él al sistema social que depende
de él para su subsistencia. Pero además tiene efectos graves sobre el proceso de desarrollo,
al comprometerlo en el largo plazo.

Una de las características de la industria moderna ha sido su persistente tendencia al


aumento de la escala de producción, con lo cual los impactos ambientales que produce
tienden también a ser mayores.

Es difícil encontrar una concentración de recursos naturales tal que permita el desarrollo de
la industria en la escala de la era moderna. Aun cuando los recursos provienen de diversas
partes del globo, se procesan en su gran mayoría en los establecimientos fabriles ubicados
en el centro del sistema mundial. De ahí la identificación de países desarrollados con países
industrializados. Son también estos países los que consumen la mayor parte de los
productos de la actividad industrial. Por lo tanto, el impacto de la utilización de los recursos
naturales debido al desarrollo industrial se da fundamentalmente en los países en desarrollo,
que conforman la periferia del sistema mundial. En consecuencia, serán estos países los
primeros afectados por el agotamiento o el uso irracional de los recursos naturales. La
industria --dentro de ciertos rangos y dependiendo del tipo de recurso requerido-- podrá
encontrar siempre fuentes alternativas, tal vez de menor calidad o ubicadas más
desfavorablemente; pero estos factores en el corto y mediano plazo se traducirían sólo en
incremento de costos, fácilmente trasladables a los precios. En cambio, el agotamiento del
recurso produce un impacto irreversible sobre el ecosistema local y --dependiendo de su
importancia relativa en el sistema económico-- puede comprometer el proceso de desarrollo
futuro del sistema social. Como tal agotamiento no tiene expresión monetaria, se tiende a
ignorarlo y no se refleja explícitamente en el mercado.

La industria no requiere sólo recursos naturales, sino también espacio. La forma en que se
va ocupando el espacio tiene efectos importantes en el sistema natural e, indirectamente, en
el sistema social, sobre todo cuando esa ocupación se lleva a cabo a expensas de otros
recursos y, muy en especial, de los terrenos agrícolas. La ocupación del espacio agrícola
por establecimientos industriales significa no sólo un determinado impacto ambiental, sino
también la pérdida del recurso tierra para la producción de alimentos. Por lo tanto, reduce
las capacidades de sustentación del ecosistema natural frente a una población creciente.
La forma en que la industria ha vinculado países centrales con periféricos ha sido
examinada extensamente en la bibliografía de que disponemos. Sin embargo, parece
conveniente hacer un breve resumen del fenómeno destacando aquellos aspectos de directa
incidencia en la relación entre sistemas sociales y medio ambiente.1

La declaración y el programa aprobado en Lima en la segunda conferencia de UNIDO, las


discusiones sobre el nuevo orden económico internacional, reconocen explícitamente que el
modelo de industrialización adoptado por los países en vías de desarrollo no ha logrado los
objetivos que se esperaban. En efecto, las condiciones de miseria y desigualdad no han sido
superadas, y en más de un país se han acentuado las rupturas internas del sistema,
revelando en toda su magnitud cierto carácter asimétrico de los efectos de la
industrialización. Mientras dinamiza, por un lado, una parte del sistema, acentúa, por otro,
las desigualdades dentro del mismo.

Esta característica asimétrica del proceso de industrialización se manifiesta en el plano


internacional y es el reflejo de la estructuración del sistema sobre la base de una división
internacional de trabajo que responde a la dinámica del modelo de desarrollo de las
formaciones sociales dominantes del sistema mundial. Tal modelo de desarrollo ha llevado
a una creciente interdependencia en un sistema mundial en que algunas formaciones
socioeconómicas asumen un carácter dominante, constituyéndose en el centro del sistema,
mientras que las restantes se integran a él como periferia. La dinámica de esa periferia está
supeditada a la de la estructura dominante a cuyo proceso de acumulación sirve.

Para entender el proceso de industrialización que se lleva a cabo en la periferia es necesario


lograr una compresión adecuada de los mecanismos y la forma en que dicho proceso se
inserta en una dinámica mucho más amplia: la del sistema capitalista mundial. Centro y
periferia constituyen parte de un sistema integral y no se puede entender el funcionamiento
de una de ellas sino en función del papel que desempeña en la dinámica del sistema global.

Las fases depresivas del sistema mundial se han traducido históricamente en adaptaciones
del sistema productivo de la periferia. ésta mantiene su función generadora de excedentes
en beneficios del centro, a través de la alteración de su especialización productiva en el
plano internacional. La industrialización de la periferia no se impone a través de un proceso
espontáneo, autónomo y autosustentado de la misma, sino que nace, crece y se consolida
estimulada por las rupturas del esquema de una división internacional del trabajo cuyas
características se modifican mediante un proceso de relocalización industrial y de la
actividad económica a nivel mundial.

La dinámica mundial, que en último término define la especialización de la periferia, ha


sido por regla general escasamente considerada en el análisis del proceso de
industrialización de los países periféricos. Este último tiende a ser examinado como un
esfuerzo interno, que se materializa a consecuencia de estrangulamientos del sector externo.
Tales estrangulamientos son la manifestación en los países periféricos de la crisis del
sistema mundial y de su centro hegemónico. Es decir, el examen se centra en la respuesta al
estímulo --crisis del sector externo--, sin examinar en profundidad las causas de ese
estímulo y sus características, que son las que en último término orientan y, en cierta
medida, condicionan la respuesta.

La periferia se industrializa por diversificación de su estructura productiva para adaptarse a


un mercado de consumo comparativamente más diversificado y que --hasta el momento de
la crisis-- había sido abastecido desde el exterior. Es un modelo de industrialización
orientado y definido por el patrón gasto-demanda preexistente, que imita patrones de
consumo de la economía central. Tal imitación se hace posible y está a su vez condicionada
por la distribución del ingreso. El sector industrial que así se desarrolla desempeña un papel
complementario del sector exportador, ya que es éste el que sigue generando los excedentes
necesarios para desarrollar la estructura productiva interna y, al mismo tiempo, es el que
permite diversificar la estructura de la demanda.

Ese proceso de industrialización diversifica la estructura productiva en función de una


demanda interna preexistente, y no altera, por lo tanto, la estructura de las exportaciones,
que es la que sigue proporcionando los excedentes necesarios para el desarrollo del país.

El modelo de industrialización de la periferia, en particular en Latinoamérica, ha sido


modelo sustitutivo. Reemplaza una oferta externa por una producción interna cuando
estrangulamientos externos imposibilitan la satisfacción de la demanda interna.

De acuerdo con las características de los productos sustituidos, se van definiendo nuevos
requerimientos a satisfacer desde el exterior en forma de equipos, materiales e insumos
imprescindibles para la industria naciente. Ello se manifiesta en un aumento y una
diversificación creciente de la estructura de las importaciones, que se va haciendo menos
flexible y presiona cada vez más sobre la capacidad de importar del país. La importación
pasa así a constituirse en elemento estratégico de la oferta global, confiriendo a la actividad
económica interna una extrema vulnerabilidad frente a las fluctuaciones del mercado
internacional, y perpetuando, y aun acentuando, una situación de dependencia.

Se acostumbra señalar diferentes fases de este proceso de industrialización que se iniciaría


con la sustitución de bienes de consumo no duraderos, siguiendo con la industria liviana,
para llegar en algunos casos a la industria pesada y a la sustitución de bienes intermedios de
consumo duradero y de capital. El paso de una fase a otra vendría determinado, en parte,
por el agotamiento de la fase anterior y, en parte, por las posibilidades reales de cada país
de pasar a la fase siguiente.

Los productos de la primera fase sustitutiva de importaciones, aun cuando responden a una
estructura de demanda determinada por la distribución del ingreso, son manufacturas más
bien simples, de uso común y precios relativamente bajos; es decir, son bienes ya populares
en las economías centrales (textiles, calzado, vestuario, etc.). De tal modo --y aún cuando
es bajo el ingreso medio de país periférico--, con políticas adecuadas (sistemas de crédito,
incremento de la ocupación terciaria, monetarización de la economía de subsistencia etc.)
es posible incorporar al consumo de estos productos una cierta parte de la población.

Esta capacidad de ampliación del mercado local va disminuyendo a medida que se avanza
en el proceso de sustitución de bienes de consumo duraderos, generalmente con precios
más elevados y, por lo tanto, más alejados de las posibilidades de los ingresos locales.

Características

Característica importante de dicho proceso es su expresión espacial. Orientado este proceso


por la estructura de consumo existente y, por lo tanto, encaminado a satisfacer las
demandas de los estratos sociales de mayores ingresos, las industrias tenderán a localizarse
próximas al mercado consumidor. Así pues, no es una industrialización que responda a la
utilización de una constelación dada de recursos naturales o el aprovechamiento pleno del
potencial económico del país. El mayor o menor grado de dependencia de equipos e
insumos importados acentuará dicho proceso de localización, cuya consecuencia inmediata
e inevitable es la concentración de la actividad económica en los centros urbanos más
importantes. Ello agrava la desintegración y los desequilibrios internos sociales y
regionales de los países periféricos, así como sus problemas ambientales.

Por otro lado, las economías centrales emplean tecnologías desarrolladas de acuerdo con la
constelación de sus recursos productivos, que tienden a ahorrar trabajo y se basa en la
utilización de ecosistemas de clima templado, mientras que la periferia se encuentra en
zonas tropicales y subtropicales.

El proceso de industrialización de América Latina se basa en tecnologías importadas


intensivas en capital, con lo cual sus efectos, desde el punto de vista de la ocupación, son
relativamente débiles y no solucionan los problemas de empleo ni aquellos derivados de los
desequilibrios sectoriales y regionales, sino que tienden a acentuarlos. A ello se suman
todos los problemas de una creciente dependencia tecnológica.

La industrialización por sustitución de importaciones no responde a una estrategia


claramente definida ni a la superación de contradicciones internas. Es resultado de intentos
sucesivos para defender una serie de situaciones adquiridas --niveles de ingresos, empleo,
consumo, etc.--, que se ven amenazadas por las repercusiones en la periferia de las crisis de
acumulación en las economías centrales. Éstas son, en definitiva, las que determinan la
crisis del sistema mundial como un todo.

Por otra parte, la superación de la crisis del centro hegemónico y del sistema en su
conjunto, supone una readaptación de cada una de las partes que pasan a desempeñar las
funciones concretas requeridas por la dinámica del sistema mundial.

En cada fase expansiva del sistema capitalista mundial, le ha tocado a la industria


desempeñar un papel importante, siendo un tipo específico y perfectamente determinado de
actividad fabril el que asume el papel dinámico e innovador del sistema. Así, la revolución
industrial vio en la industria textil su actividad motora. Su expansión contribuyó en gran
medida a modificar la estructura agraria, pues obligó a incrementar las tierras dedicadas al
pastoreo, lo que se tradujo en la destrucción de sistemas tradicionales de uso y tenencia de
la tierra, en el desplazamiento de la población rural y en la introducción de nuevas técnicas
de cultivo, sin contar otros efectos sobre la estructura social institucional y política
existente. Por otro lado, estimuló la creación de telares mecánicos, el uso de energía a vapor
y el desenvolvimiento de un determinado sistema de organización fabril.

El desarrollo de la siderurgia y, en general, de la metalurgia señala una fase en que la nueva


industria dinámica vuelve a modificar la estructura del sistema productivo, alterando las
estructuras de consumo y afectando profundamente las estructuras sociopolíticas e
institucionales.

Posteriormente, son los grandes complejos metalúrgicos y la industria de bienes duraderos


de consumo --cuya expansión se ve favorecida por el desarrollo siderometalúrgico-- los que
reemplazan esta última actividad como motor del sistema.

A cada uno de estos periodos le corresponden fases de innovación científica y tecnológica


que van determinando la estructura tecnológico-productiva del sistema, condicionando, al
mismo tiempo, el proceso de desarrollo y definiendo una forma concreta de utilización del
medio ambiente.

El marco adecuado para analizar el proceso de industrialización en los países periféricos


está dado por el mecanismo de desarrollo del sistema capitalista mundial y su
industrialización, que supone una clara distribución de funciones entre centro y periferia.
Las funciones que dentro de este proceso han sido históricamente asignadas a la periferia
son básicamente dos: a) creación de una gran oferta mundial, a precios bajos, de productos
requeridos por la economía central en su proceso de diversificación, y b) contribución al
proceso de acumulación de la economía central.

La importancia relativa y las características cuantitativas y cualitativas de ambas funciones


varían de acuerdo con el desarrollo del sistema capitalista mundial y las características de
su centro hegemónico. El desarrollo industrial está supeditado a un proceso de expansión y
diversificación en el cual desempeña un papel importante la innovación tecnológica que se
concreta en un determinado tipo de industria y desarrolla una función dinamizadora. Con el
avance del proceso, dicho papel dinámico lo ejercen distintas actividades fabriles. Durante
la Revolución industrial era la actividad textil la que desempeñaba tal papel, estimulando y
permitiendo la materialización directa o indirecta de la innovación tecnológica.

A medida que estas industrias --en virtud de la dinámica propia del sistema-- pierden
importancia relativa, dejan de ser el elemento motor e incluso pueden constituirse en un
freno a la expansión del sistema mismo.

Por otro lado, las crecientes diversificación y especialización requieren recursos


productivos que las economías centrales, en sus primeras fases, sustraen a actividades
primarias. Así, en Gran Bretaña los recursos humanos y agrícolas tuvieron que dedicarse al
desarrollo industrial incipiente, en la forma de proveedores de materias primas y mano de
obra barata. Esta reasignación de recursos suponía que los bienes alimenticios, que
permitían mantener el funcionamiento del sistema, tenían que provenir --a un bajo costo,
compatible con los salarios obreros-- de otra fuente. La necesidad de diversificación fue
definiendo una de las funciones esenciales de la periferia en el capitalismo industrial que se
iba consolidando: proveer a la economía central de alimentos baratos.

La Revolución industrial requería que la tierra se destinara fundamentalmente a la


producción de las materias primas exigidas por el desarrollo fabril, en sus primeros
periodos la industria textil. La alteración de los sistemas de producción agrícola necesaria
para el proceso liberaba al mismo tiempo mano de obra a un ritmo que permitía mantener
bajos los salarios. Dentro de este esquema, a la periferia le correspondía producir los
alimentos que la economía central dejara de producir, pero que necesitaba en volúmenes
crecientes y a bajo costo, dando el crecimiento urbano y el bajo nivel de ingreso la nueva
masa obrera en aumento.

La producción de alimentos a precios muy bajos por parte de los países periféricos se
traduce en una reducción del valor real de la fuerza de trabajo en los países centrales. Por lo
tanto, es un mecanismo complementario para mantener baja la tasa de salarios y combatir
en la industria una prematura caída de la tasa de ganancias. Esta especialización de la
periferia se revela en algunos hechos concretos muy ilustrativos. Por ejemplo, entre 1865 y
1914 casi 70% de la inversión de Gran Bretaña en el extranjero se orientó a países de clima
templado en los que había una dotación de recursos favorables al cultivo de los alimentos
requeridos por la expansión industrial europea. Estas regiones estaban escasamente
pobladas, tenían una productividad elevada y permitían aumentos rápidos de producción.

A medida que la economía central diversificaba su consumo, ampliaba su mercado


consumidor y se hacía cada vez más compleja, la especialización de la periferia se iba
redefiniendo. El primer paso en este proceso fue la incorporación de materias primas
baratas a los alimentos que ya exportaba.

El desarrollo industrial es, pues, el que va sentando las bases y definiendo las características
de la división internacional del trabajo. El actual centro hegemónico no necesita que la
periferia lo abastezca de alimentos, con lo cual esta función de la periferia del sistema
capitalista mundial pierde importancia relativa con respecto a las otras.

En vísperas de la segunda guerra mundial, los suministros alimenticios de Gran Bretaña


estaban constituidos en 75% por importaciones, mientras que en Estados Unidos esa
participación alcanzaba sólo 5%. Al mismo tiempo, los países periféricos --en especial los
de América Latina y, dentro de ella, Argentina-- eran, junto con Estados Unidos y Canadá,
los grandes productores de cereales del mundo, siendo las exportaciones netas de cereales
latinoamericanos muy superiores a las de Norteamérica. A consecuencia de la conjunción
de factores diversos, América Latina es hoy importador neto de alimentos, mientras que
Estados Unidos y Canadá aportan las tres cuartas partes de la exportación mundial de trigo,
cereales y forraje.

El hecho de que una industria deje de desempeñar el papel de liderazgo en el proceso lleva
implícitos, entre otros, los siguientes fenómenos:

Su proceso de innovación tecnológica se hace más lento y es cualitativamente diferente.

Sus productos se popularizan.

Su tasa de ganancia tiende a reducirse.

Por oposición, la industria que tiende a asumir el papel dinámico se caracteriza por
responder a un rápido proceso de innovación tecnológica y a una elevada tasa de beneficio.

La consolidación del capitalismo monopolico en el centro hegemónico acelera el


crecimiento de salarios, llevando consecuentemente a una disminución rápida de la tasa de
ganancia, contradicción que puede ser superada en la medida en que la periferia asuma
funciones específicas.

La localización en la periferia de aquellas industrias que han dejado de ser dinámicas en el


centro permite liberar recursos en la economía central y asignarlos a industrias más
dinámicas. La economía central deja de exportar hacia la periferia bienes de consumo no
duraderos y productos de la industria liviana, en los cuales la innovación tecnológica se
hace lenta y la tasa de ganancia disminuye. Se inicia entonces la exportación de bienes
intermedios y equipos que requiere el proceso de industrialización sustitutivo de
importaciones de la periferia. Es decir, a las funciones que ésta desempeñaba se agrega
ahora la de liberar a la economía central de su obligación de proporcionarle ciertos
productos manufacturados de consumo no duradero, lo que permite la reasignación de
recursos en la economía central en favor de industrias más dinámicas y con tasas de
ganancia más elevadas. Contribuye asimismo a la expansión del mercado para bienes
intermedios y de equipo que produce la economía central.

Simultáneamente, se intensifica la función proveedora de materias primas de uso industrial


y energía a precios bajos. La expansión del sistema industrial de la economía central
requiere grandes cantidades de esos productos, de los cuales es deficitaria o cuyos costos de
producción son elevados. La producción de esos recursos básicos puede efectuarse en la
periferia relativamente bien dotada con importación de tecnología moderna de elevada
productividad, y al mismo tiempo se beneficia de bajas tasas de salarios, lo cual facilita el
proceso de acumulación en beneficio del centro. Se redefinen entonces nuevamente las
funciones de la periferia y se vuelve a alterar el carácter de la especialización internacional
del trabajo, en función siempre de las necesidades de crecimiento del centro.

Lo que importa destacar en este proceso es que las industrias que se transfieren producen
bienes cuyos precios experimentan bajas. A través de tales bajas se masifica el consumo de
esos productos, masificación requerida por la expansión del sistema. Así, dentro de este
proceso, la periferia siempre tiende a especializarse en bienes cuyos precios tienden a
descender.
Asimismo, es preciso tener en cuenta que la industria transferida --aun cuando se
caracteriza por un proceso de innovación tecnológica en vías de agotamiento, o más lento--
es siempre una actividad productiva estructurada sobre un desarrollo tecnológico
concordante con la dotación de recursos y los requerimientos del mercado de la economía
central; es decir, es una tecnología ahorradora de mano de obra que ocasiona desempleo.
Esto contribuirá a mantener bajos los salarios, siendo garantía de la tasa de ganancia
elevada en términos absolutos que requiere el centro.

La utilización de dicha tecnología en los países periféricos cumple las exigencias del
sistema: creación del mercado necesario para ese tipo de bienes producidos por la economía
central, y mecanismo creador de oferta creciente de mano de obra que permita la fijación de
la tasa de salarios al más bajo nivel. Esta oferta responde a la dinámica del sistema y a las
exigencias de la economía central y no a una característica inherente a la llamada economía
subdesarrollada que --de acuerdo con el planteamiento ya clásico de Lewis-- enfrentaría
una oferta ilimitada de mano de obra.

El análisis anterior contribuye a explicar por qué el proceso de industrialización de América


Latina no le ha permitido superar su situación de subdesarrollo. La industria que incorpora
la periferia es la que ha dejado de ser dinámica, y su ciclo de innovación tecnológica tiende
a agotarse.

La industrialización periférica tiene un carácter diferente a la de la economía central. En


esta última el proceso va creando al obrero, pero también al consumidor, y para crecer está
obligada a ampliar su propio mercado. En último término, debe masificar y popularizar los
bienes que produce. La industria periférica nace como respuesta a una estructura de
consumo ya creada. El carácter limitado del mercado y la política proteccionista van
perfilando una estructura monopólica, protegida de la competencia externa, y --en virtud de
una sobreexplotación del trabajo-- obtiene tales tasas de beneficios, que no incentivan una
ampliación del mercado. Por otro lado, la industrialización sustitutiva de importaciones es
un proceso por etapas: primero un cierto tipo de industrias y después otras. En cambio, en
la economía central la industrialización se ha expandido en distintos frentes desarrollando
casi simultáneamente la producción de equipos y bienes de capital y la de bienes de
consumo. En la Revolución industrial, la expansión de la industria textil se manifestaba
también en un desarrollo de la industria productora de telares y la ligada al mejoramiento
de la máquina de vapor.

La industrialización de la periferia no logró crear internamente su centro dinámico propio.


Internalizó ciertas variables dinámicas, pero éstas siguieron dependiendo de las leyes que
rigen el proceso de acumulación del sistema capitalista a nivel mundial. Es decir, el
crecimiento de la economía periférica sigue supeditado a la dinámica de la economía
central, a sus contradicciones y crisis. La industria que desarrolla es la que ha perdido
dinamismo en el proceso de industrialización del centro.

En lo anterior subyace en gran medida la razón de que el proceso de industrialización


sustitutiva de importaciones no logra transformar realmente la economía periférica, es
incapaz de darle dinámica propia y no contribuye a su self reliance. Obsérvese un aspecto
importante de tal proceso: por un lado, debe proporcionar a precios bajos los recursos
requeridos por la economía central; por otro, recibe industrias que allí dejaron de ser
dinámicas y cuyos productos se han «popularizado». Sus precios, por lo tanto, tienden a la
baja. Así, la periferia se especializa en la producción de bienes que tienen una desfavorable
tendencia de precios.

Mirando el problema desde otro punto de vista, se aprecia que una de las condiciones para
que la industria se transfiera a la periferia es que ésta disponga de mano de obra barata que
contribuya a contrarrestar la tendencía a la caída de la tasa de beneficio. A su vez, los bajos
salarios es un factor que permite la exportación al centro de recursos de bajos precios.

La especialización de la periferia viene determinada, por un lado, por el proceso de


industrialización del centro, y por otro, por la existencia de una baja tasa de salarios, y no
sólo por su disponibilidad de recursos naturales. No se debe únicamente a condiciones
naturales y diversidad de recursos que se traducen en ventajas comparativas, sino también a
diferencias salariales.

De hecho, los enfoques teóricos explicativos de la división internacional del trabajo se


traducen en esfuerzos de legitimación de una situación cuando ésta ya se ha producido, y ha
respondido generalmente a un proceso intelectual que se ha desarrollado en los países
centrales.
El más claro ejemplo de lo anterior es la «ley de las ventajas comparativas», que tiene tal
vez una de sus expresiones más acabadas en el teorema de Hecksher-Ohlin. Sus premisas
fundamentales son que la especialización internacional, basada sobre las ventajas
comparativas de cada país, crea las mismas posibilidades de desarrollo merced a la
igualación de los precios de los factores. Las ventajas comparativas de cada país son
función de las dotaciones naturales de factores productivos.

Este planteamiento es la base de muchas teorías posteriores, que han impregnado el


pensamiento vigente sobre el comercio internacional. Centrando el análisis en variables
aisladas, logra interpretaciones del proceso de especialización internacional del trabajo, que
tiende a la justificación de la estructura predominante.

Por lo demás, tal interpretación es ahistórica, ya que parte de la diferencia de dotación de


recursos debida a hechos naturales. La especialización de la periferia es explicada, entre
otras cosas, por la abundancia de mano de obra; pero se ha visto que no es simplemente
dicha abundancia la que define cierta especialización, sino el hecho de que esta mano de
obra está disponible a una tasa de salarios extremadamente baja. Esto a su vez se explica no
por hechos naturales, sino por factores históricos, entre los cuales desempeñan un papel
importante los mecanismos del sistema que permiten la generación del excedente de mano
de obra en la periferia.

El planteamiento tradicional ignora por completo la dinámica del proceso de


industrialización. Más aún, es un análisis estático que parte de la dotación natural de
recursos en un momento dado. Los recursos naturales, en sí mismos, no definen ventaja
alguna. En efecto, su utilización está determinada por los conocimientos tecnológicos y su
posibilidad de aprovechamiento y por las necesidades de la sociedad de dichos recursos,
que es definida por la dinámica del proceso de industrialización. De tal manera, la ventaja
lo es en función de los requerimientos del centro dinámico en un momento histórico dado, y
es el centro el que se beneficia de su utilización a bajo costo.

En tal sentido, se podría aun afirmar que la diferente dotación de recursos naturales, al ser
utilizada en función de la dinámica de la economía central, tiene un efecto contrario al
postulado por Hecksher-Ohlin, tendiendo no a la igualación de los precios de los factores,
sino a acentuar sus diferencias entre países centrales y países periféricos.
La transferencia de industrias es una exigencia de la dinámica del sistema. Uno de los
elementos elegidos en este intento de legitimización es la transferencia de industrias por
razones ambientales.

Dentro de la indiscutible validez y gravedad del problema ambiental, y de la necesidad


apremiante de enfrentarlo, es preciso individualizar aquellos elementos utilizados como
instrumentos de racionalización de procesos cuya causal dinámica es otra.

Las industrias en proceso de transferencia son aquellas que han perdido su papel dinámico,
básicamente relacionadas con la industria siderúrgica, la petroquímica, y las de bienes de
consumo duradero. Son estas mismas industrias las que tienen un alto impacto sobre el
medio ambiente, ya sea por sus exigencias de recursos naturales y energía, por sus
requerimientos de espacios o por sus efectos contaminantes.

El espacio es un factor cada vez más escaso en la economía central. Lo mismo sucede con
la energía, cuyo aumento de precio encarece el transporte de las materias primas y su
utilización. Por otro lado, las políticas de control del medio ambiente se traducen en nuevas
inversiones e incrementos en la estructura de costos, afectando así a la tasa de ganancia.
Simultáneamente, las exigencias en cuanto a calidad del medio ambiente en estos países
impone nuevos costos y limitaciones a su ocupación, que acentúan, por lo tanto, su pérdida
de dinamismo.

Se habla así de las ventajas comparativas de ciertos países en virtud de sus mayores
disponibilidades de espacio y mayor capacidad de carga ambiental, características que se
dan en los países en vías de desarrollo que, en muchos casos, disponen además de recursos
naturales y energéticos.

Reporte de Investigación

El medio ambiente está siendo considerado como un factor natural, que define una ventaja
comparativa más en el análisis tradicional. Está siendo utilizado para «explicar» la
relocalización industrial a nivel internacional y legitimar dicho proceso desde un particular
punto de vista. El medio ambiente, así como todo factor natural, no define por sí solo
ventaja alguna para un país si éste está supeditado a la dinámica del centro, que es el que se
aprovechará en definitiva de la misma.

Autores como D’Arge señalan que uno de los recursos naturales clave es la capacidad de
absorción del medio ambiente, es decir, la capacidad de la naturaleza para absorber y
neutralizar flujos de desechos incluyendo entre estos últimos la contaminación. Si se acepta
esta situación --argumenta D’Arge-- debería producirse un movimiento importante y un
proceso de relocalización hacia países con normas ambientales menos restrictivas. Este
planteamiento contiene dos falacias fundamentales. Primero, ¿cómo se determina y calcula
la capacidad del medio ambiente para absorber desechos? Segundo, es claro que se está
confundiendo una ventaja natural con una ventaja que se podría calificar de institucional:
una norma ambiental menos rígida. Así, ante la imposibilidad de cuantificar una aparente
ventaja, se le asimila a la norma, que es el resultado de una decisión del grupo social en
función de la forma en que se percibe el problema y del proceso de negociación interno en
el sistema socioeconómico y político. La norma, evidentemente, es resultado de un acuerdo
entre los que contaminan, los que consumen y sufren la contaminación, y el nivel político.
Los efectos ambientales deben ser considerados como parte del proceso de planificación
industrial, pero lo importante es que sean introducidos en la toma de decisiones como una
dimensión más, que tiene su propia razón de ser dentro del proceso de desarrollo, y no
como un impuesto más, un costo monetario a ser considerado en la estructura de costos.

Las normas sólo constituyen un complemento para fiscalizar y controlar, pero por sí solas
son insuficientes para incorporar el factor ambiental en el proceso de planificación. La
implantación de normas ambientales en los países en desarrollo se está llevando a cabo por
simple reproducción de normas ambientales imperantes en los países industrializados, es
decir, normas adoptadas en función de las características naturales de esos países que son
diferentes de las de la periferia. La contaminación no es simplemente emisión de
contaminantes, sino producto de la emisión de esos contaminantes en su interacción con el
medio. El deterioro de la naturaleza está determinado por esta mutua interacción y, por lo
tanto, las normas deben ser establecidas en función de las características de cada medio
ambiente.
Entre otros, son los aspectos anteriores los que dan a la industrialización ese carácter
integrador que llega a definir la civilización contemporánea como civilización industrial.
Indudablemente el mundo de hoy es mucho más integrado que el de cualquier otra época
histórica de la humanidad, y es claro que el desarrollo industrial ha desempeñado un papel
fundamental en este proceso de integración. Sin embargo, si la industria tiene un carácter
internacional, en su desarrollo han de tomarse en cuenta las características de cada sistema
natural y la interrelación entre éste y el sistema social. Dentro de esta dinámica debe ser
estimulada y promovida la industrialización como factor de crecimiento y desarrollo
orientado a la satisfacción de las grandes masas de población. Y en ese contexto debe
examinarse su capacidad de creación de excedentes.

Es evidente que en el origen de la creación del excedente y del proceso de acumulación se


encuentra la búsqueda en las diferentes culturas de una forma de seguridad frente a
eventuales adversidades futuras, y más adelante como elemento básico en el proceso de
crecimiento. Sin embargo, ese carácter social de la acumulación deja de percibirse como tal
por el individuo de la civilización industrial. La acumulación tiene así un carácter hedonista
de acopio de bienes materiales para la satisfacción de necesidades individuales, muchas
veces superfluas. El esfuerzo de acumulación adquiere características diferentes desligadas
de su primitivo papel social, pasando a ser un elemento perturbador que crea tensiones
dentro del sistema social y entre éste y el sistema natural. En este contexto, la civilización
industrial pareciera ver al medio ambiente cada vez más como una esfera susceptible de
explotación, apropiación e instrumento de acumulación individual, y cada vez menos como
la base sobre la cual se sustentan el grupo social y el proceso de desarrollo.

La creciente sensibilización en torno a la protección del medio ambiente ha dado lugar a la


creación de diversas normativas tanto nacionales como internacionales con el fin de
controlar y limitar las emisiones de la industria al exterior, así como para mejorar la calidad
de los ambientes de trabajo.

Cuando hablamos del control ambiental de las condiciones en el interior de una instalación
nos referimos al ambiente al que están expuestos los trabajadores. Las diversas normativas
varían en función de la actividad que se desarrolla en la factoría. Evidentemente no serán
iguales para una actividad, por ejemplo, relacionada con la manufactura de alimentos que
con una dedicada a la metalurgia.

Sin embargo pueden establecerse algunos factores que todo espacio de trabajo debe cumplir
para ajustarse a las condiciones de seguridad y confortabilidad dictadas por la ley:

Temperatura y humedad: Deben mantenerse entre determinados valores en función de los


trabajos que se realicen.

Iluminación: Debe ser adecuada para las actividades que se lleven a cabo.

Ruido: Es el causante de las enfermedades profesionales más comunes. Debe evitarse y


proveer a los trabajadores del correspondiente EPI.

Contaminación: El desempeño de ciertas actividades especialmente en lugares cerrados


provoca atmósferas nocivas para los trabajadores. Debe garantizarse la correcta ventilación
del lugar y protección de los operarios.

Control de las emisiones al exterior

Todas las plantas industriales que desarrollan procesos químicos tienen la obligación de
controlar las emisiones que se descargan al medio ambiente, es decir, están sujetas a una
monitorización para verificar que sus actividades se ajustan a la legislación vigente.

El diseño de la monitorización del impacto que tiene una industria respecto al medio
ambiente se realiza de manera específica para cada tipo de instalación. Los aspectos
fundamentales donde debe incidir el control son:

 Control de emisiones a la atmósfera y calidad del aire.


 Control de aguas e inspección de vertidos.
 Control de residuos.
 Control de suelos y aguas subterráneas.
Concretamente en el apartado de emisiones de gases y vapores a la atmósfera pueden
definirse cinco contaminantes principales que se deben evitar: Monóxido de carbono,
óxidos de azufre, hidrocarburos, óxidos de nitrógeno y material en partículas.

Existen varias técnicas para monitorizar las emisiones gaseosas y detectar los diferentes
contaminantes. En función de los compuestos químicos que se estén buscando podemos
hablar de cromatografía de gases (GC), espectroscopia de absorción atómica (AAS),
plasma de acoplamiento inductivo (ICP)…

Ante la perspectiva de legislaciones cada vez más restrictivas resulta imprescindible


adecuar las instalaciones industriales para no llegar a incurrir en sanciones por emisiones
contaminantes y mantener un espacio de trabajo saludable para los trabajadores. No dude
en ponerse en contacto con Ingenieros Asesores para adelantarse a los problemas y
conseguir una empresa limpia y eficiente.
Conclusión

La cultura Ambiental en las empresas es una fuente de ventajas competitivas por sus
consecuencias para comerciar libremente, por el impulso al desarrollo tecnológico y a la
modernización y racionalización de los procesos productivos y la mejora de la imagen de
marca de la empresa y del producto, no solo frente a los consumidores sino también frente
la parte social de la empresa.

Los directivos no pueden cerrar los ojos ante esta evolución del entorno si desean mantener
la capacidad competitiva de su empresa. No se trata solo de asumir la responsabilidad
social por crecimiento económico sino razones éticas.

De un modo u otro, se hace necesario tener presente que el medio ambiente debe
introducirse en el pensamiento estratégico al constituirse como una parte fundamental del
entorno empresarial.

Por último se debe tener en cuenta algunas recomendaciones tanto riesgos como
oportunidades si se utiliza la Cultura Ambiental en las Empresas. Los riesgos más comunes
son el pago por contaminación, cierre de empresas, enfermedades de trabajadores o
comunidades locales, posición de la empresa en su mercado, relación con la comunidad.
Así mismo se obtienen oportunidades como reducción del consumo de energía y recursos,
venta del producto en un mercado con requerimientos ambientales, acceso a financiación,
innovación.

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