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Léxico y Dialectos de Venezuela

El documento describe las características del léxico venezolano, incluyendo las diferencias regionales y la influencia del centro del país en establecer una norma nacional. Se discuten varios dialectos regionales como el caribeño y el andino, así como la incorporación de palabras de origen indígena, africano y reciente. El léxico venezolano se caracteriza por su permeabilidad al cambio y adaptación a la neología dentro de un contexto de respeto a las tradiciones lingüísticas.
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Léxico y Dialectos de Venezuela

El documento describe las características del léxico venezolano, incluyendo las diferencias regionales y la influencia del centro del país en establecer una norma nacional. Se discuten varios dialectos regionales como el caribeño y el andino, así como la incorporación de palabras de origen indígena, africano y reciente. El léxico venezolano se caracteriza por su permeabilidad al cambio y adaptación a la neología dentro de un contexto de respeto a las tradiciones lingüísticas.
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El léxico es un elemento de cohesión, partiendo de esta premisa podremos formular el

principio de contrastes del habla venezolana, respecto de las variedades regionales que
hablan de un país fragmentado, con individualidades locales, pero que se propone
reafirmarse en la generalidad de lo nacional.

Las peculiaridades léxicas, los modismos y la fraseología que cada región privilegia como
forma auténtica de expresión del mundo, junto a una general manifestación lingüística de
constitución de un léxico con rostro identificable, son las notas distintivas del estado actual
del habla venezolana.

Diferencias dialectales que responden a necesidades regionales y que perviven junto a un


avasallante impulso de un léxico general que viene irradiado desde el centro del país o, más
bien, desde los centros de generación del pensamiento, la comunicación y la cultura.

Estos centros que son el Centro, aunque no siempre geográficamente entendidos, están
ejerciendo fuerzas que uniforman el léxico nacional. Los medios de comunicación, el
universo editorial, la reticulación informativa virtual, la generación de cultura y
pensamiento están imprimiendo a nuestra modalidad léxica una uniformación y una
universalización expresiva que condiciona la aceptación de diferencias regionales, vistas a
veces como discrepancias a la norma.

El habla de Caracas y de la región central del país constituyen la norma rectora en materia
de léxico, reproduciendo en cierta medida la realidad de las hablas hispanoamericanas
frente a la modalidad peninsular, la capital ha ejercido una supremacía impositiva en cuanto
a denominaciones de las realidades, a los modos sacralizados del decir venezolano y a la
construcción de la expresión léxica venezolana, la potencia y fuerza ejercidas por el centro,
en este caso generador de la actividad constructora de la nación, hizo que, aunque en una
calidad de invisibilidad no fácil de precisar, las hablas regionales excluidas de la imagen
general, a no ser en eximios casos de folklórico exotismo, se solidificaran en su
microcosmos regional y se conservaran como enclaves estancos de un modo de expresión
léxica incontaminada. Sin embargo, esta situación comienza a cambiar y el dominio
absoluto del habla de Caracas empieza a permearse, debido al desarrollo socio-económico y
cultural de otras metrópolis nacionales que imponen de alguna manera su faz léxica,
Maracaibo, Valencia, Mérida, San Cristóbal, Barquisimeto y, más parcamente, Puerto
Ordaz, Maturín y Puerto La Cruz, están consolidándose como focos de irradiación de un
léxico propio, carente del estigma de lo regional, que alimenta al habla general de
Venezuela.

Pensando siempre las diferencias regionales. Así, puede hablarse de un léxico caribeño, Por
caribeño estamos entendiendo el léxico usado en todas las regiones costeras e insulares del
país y abarcando, entonces, las geografías más distantes, aunque no radicalmente disímiles.
Existe un marcador constante en la caracterización del léxico caribeño venezolano que lo
iguala, por una parte, al del resto de las hablas caribeñas (Cuba, Puerto Rico, Santo
Domingo, la costa atlántica de Colombia, entre otras) y de otro andino, que registra la
pervivencia de numerosos arcaísmos léxicos como constituyentes medulares del habla
nacional, signadas por las altas montañas de los Andes, en conexión con el mundo andino
del continente (de Colombia, especialmente) y con zonas circunvecinas del piedemonte
andino (sur del lago de Maracaibo y cercanías llaneras).

Restarían, en esta reflexión, los otros ámbitos léxicos (el llanero y el guayanés) que no
presentan una cohesión tan marcada como el caribeño y el andino para la constitución del
léxico venezolano general.

La riqueza de modalidades y condiciones de uso de nuestro léxico por niveles y


condiciones de uso es en donde el léxico venezolano nos permite un reflejo de sus valores
más caracterizadores: permeabilidad al cambio, adaptabilidad a la neología y creatividad
dentro de un contexto de respeto a las tradiciones lingüísticas, son una constante para
definir el habla de Venezuela, gracias a esto conviven en ella las fuentes léxicas de sus
orígenes étnicos hispánicos, indígenas y negroides (la presencia de este tipo de unidades
léxicas en el habla del país es identificable, aunque cuantitativamente no sea muy
numerosa: bululú 'Desorden', burundanga 'Desorden', cune ne 'Pequeño, especialmente un
niño', lembe 'Golpe', mandinga 'El diablo', mondongo 'Comida a base de panza de vaca',
quilombo 'Andurrial', entre otras) en imperceptible entremezcla con lo modernísimo y
cambiante de la vida vertiginosa y fugaz de los últimos tiempos.

De la tradición léxica están activas las fuerzas que generan· y explican la presencia de los
llamados venezolanismos, entendidos como unidades de uso venezolano diferenciales
frente al español peninsular, permitiendo englobar la generalidad de los procesos distintivos
en el habla venezolana en materia de léxico y en muchos casos, también de fonológica
(aspiración de consonante /s/ en posición final, caída de la /di en terminación de participios,
confusión de consonantes líquidas /1/ y /r/, entre otros fenómenos) y morfosintáctica
(queísmo 'insisto que aceptes', dequeísmo 'pienso de que').

No sólo resulta un venezolanismo aquella unidad de significante desconocido en España,


sino, también, la de significante conocido, pero con significado desconocido, así, esta
noción hace posible reunir:

1) venezolanismos propiamente dichos (arepa, bochinche, butaque, flux, lavativa, palo de


hombre, tinajero).

2) nuevas acepciones (coger, dilatar, huevo, levante, listado, paloma, pena, suspiro, tercio,
voltearse, yeso, yunta).

3) indigenismos (botuto, budare, cabuya, casabe, cocuiza, guasacaca).

4) coloquialismos (carrizo, chévere, culebrón, desguañangado, ex, fregado, guayabo,


impasable, lambida, mamotreto, mandraque, montarral, orillero, patota, pestón, pucho,
rolitranco, rosca, sutanejo, taparazo, tobo, tuturo, veranoso, vergatario, yerna, zafado,
zarataco) de raíz muy diversa.

El registro de la zoonimia y de la fotonimia, también considerado en la descripción de los


venezolanismos, comprende un muy numeroso grupo de unidades.
De incorporación más reciente y acorde con los cambios ciudadanos, comunicacionales y
culturales, el habla venezolana se nutre de unidades Bondad y maldad de las léxicas nuevas.
Tecnicismos (emailear, overnight), extranjerismos (minilunch 'Pastelito relleno de jamón y
queso que se expende en panaderías. Se pronuncia generalmente: minilunch o minilún',
sandwich 'Se pronuncia generalmente sanguche o sanduche', strapless, standby ), nombres
marca (curita, frigidaire, gillette, harina pan, mqdess, papermate, ser frescolita, ser un
caterpillar, sobre manila), unidades con cifras (en dos platos, estar en tres y palabras
implicaban una visión de país).

En general, imprimen un rasgo nivelador y cumplen una función igualadora más que
diferenciadora, universo aparte, dentro de lo que en la mutación de la vida suponen los
órdenes ciudadanos y la modernidad, lo problemático social reflejado en· el léxico.
Comportamientos marginales, viciosos y excluidos constituyen la base sobre la que el
léxico jergal se nutre para, a veces, también nutrir los niveles coloquiales y estándares del
habla. Léxico de la delincuencia, la drogadicción y la juventud parecen reunirse en
amalgama léxica de cuestionada pervivencia.

El ámbito de lo tabuizado resulta en el habla de Venezuela, como en la generalidad de las


hablas hispánicas, muy rico y de poderosa creatividad lingüística por su permanente
entremezcla con lo eufemístico: atender por los dos teléfonos (ser bisexual un hombre); dos
poderosas razones (senos muy grandes de una mujer). Algunas muestras podrían ser las
siguientes: ¡animal! (Juv. Se usa para demostrar admiración o sorpresa); bobo (Juv, Delinc.
Reloj pulsera); derraparse (Juv. Abandonar una persona las costumbres socialmente
admitidas adoptando conductas que se consideran impropias); estar enAlaska (Drog. Estar
una persona alejada del consumo de drogas); estar up (Drog. Encontrarse bajo los efectos
de un estimulante); los vidrios (Juv. Se usa como fórmula de despedida).

El léxico venezolano de hoy puede caracterizarse por estos rasgos de tradición y novedad,
de creatividad en la tradición y de contraste en la unidad. Este léxico nos habla
poderosamente de una cosmovisión y de una expresión. Expresión americana de una
naturaleza distinta, de una historia particular, de costumbres y alimentos, de fiestas y
privaciones, de glorias y simplezas, es el caso de Venezuela, ante la inexistencia de un
documento físico, esas palabras y construcciones son nuestro apego a la historia, tras
formas de entendernos como pueblo, de realizar nuestras ilusiones, de congeniar lo
esplendoroso y lo frustrado, de equilibrar nuestros deterioros culturales que el lenguaje no
hace sino recordarnos.

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