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TUMBACO

El documento presenta un estudio histórico del valle de Tumbaco ubicado cerca de Quito, Ecuador. Resume la ocupación prehispánica y colonial de la región, incluyendo la organización de los pueblos indígenas, la estructura de la propiedad de la tierra, y el desarrollo de la infraestructura como caminos, ferrocarriles y comunicaciones. El estudio analiza aspectos culturales como tradiciones, fiestas y lugares de memoria para preservar el patrimonio cultural inmaterial del valle de Tumbaco

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TUMBACO

El documento presenta un estudio histórico del valle de Tumbaco ubicado cerca de Quito, Ecuador. Resume la ocupación prehispánica y colonial de la región, incluyendo la organización de los pueblos indígenas, la estructura de la propiedad de la tierra, y el desarrollo de la infraestructura como caminos, ferrocarriles y comunicaciones. El estudio analiza aspectos culturales como tradiciones, fiestas y lugares de memoria para preservar el patrimonio cultural inmaterial del valle de Tumbaco

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PACO MONCAYO GALLEGOS

Alcalde Metropolitano de Quito

CARLOS PALLARES SEVILLA


Director Ejecutivo del Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural de Quito
FONSAL
Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural de Quito
Venezuela 914 y Chile / Telfs.: (593-2) 2 584-961 / 2 584-962.

Lucía Moscoso Cordero

Asistencia de investigación:
Víctor Simba Yánez

Consultor editorial:
Alfonso Ortiz Crespo

Edición:
Sofía Luzuriaga Jaramillo

Comercialización de las publicaciones del FONSAL


Verónica Ortiz
Montúfar N4-77. Quito
Tel.: (593 2) 2280722

Fotografías:
Juan Diego Pérez (salvo otra referencia en el texto)

Portada y contraportada:
Vistas generales del valle de Tumbaco
(fotografías de Alfonso Ortiz Crespo)

Dirección de arte:
Rómulo Moya Peralta / TRAMA

Gerente de Producción:
Juan Moya Peralta / TRAMA

Arte:
Amelia Molina Segovia / TRAMA
Diego Enríquez / TRAMA

Primera edición, abril de 2008

Diseño y realización: TRAMA DISEÑO


Preimpresión: TRAMA
Impresión: Imprenta Mariscal
Impreso en Ecuador

TRAMA: Juan de Dios Martínez N34-367 y Portugal


Quito- Ecuador
Telfs.: (593 2) 2 246 315 / 2 255 024
Correo electrónico: [email protected]
http://www.trama.ec / www.libroecuador.com

ISBN: 978 - 9978 - 92 -526 - 3

PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL SIN AUTORIZACIÓN


PRESENTACIÓN
El valle de Tumbaco, ubicado al nororiente de Quito, tiene una extensión de 63.826 hec-
táreas. De acuerdo a la información proporcionada por la Administración Zonal, tiene
una población fija de aproximadamente 120.000 habitantes y una población flotante de
80.000 pobladores -entre turistas y mano de obra-; la densidad es de 1.8 habitantes por
hectárea. Está conformado por ocho parroquias: Cumbayá, Tumbaco, Puembo, Pifo,
Tababela, Yaruquí, Checa y El Quinche. El clima que predomina es cálido-seco, mante-
niendo una media de 12 a 26°c. Tres vías de acceso conectan a Quito con el valle de
Tumbaco: la vía de Los Conquistadores que pasa por el pueblo de Guápulo, la autopis-
ta oriental y la autopista interoceánica.

La entrada al valle es Cumbayá; por ahí se accede a las restantes siete parroquias. En la
última década se ha convertido en un importante centro urbanizado satélite de Quito. La
transformación de pueblo rural a uno de los principales destinos inmobiliarios se debe
a las facilidades de comunicación vial, al pequeño trayecto que la separa de Quito y al
clima privilegiado. Estas condiciones han contribuido para que la “tierra de las guabas”
se convierta en un espacio donde se encuentran urbanizaciones privadas significativas
del Distrito Metropolitano.

Efectivamente, el hecho de encontrarse a menor altura que la ciudad de Quito, hace que
sea un espacio ideal para la ubicación de residencias y quintas. A esto se suma la exis-
tencia de centros de estudio, de salud, infraestructura hotelera, una excelente oferta
gastronómica, el equipamiento comercial y demás servicios que hacen muy atractiva a
la zona. Actualmente los planes de reforestación, los viales y los de ordenamiento urba-
no buscan orientar el desarrollo del valle de Tumbaco.

El presente estudio es una aproximación al conocimiento histórico del valle de Tumbaco.


No contempla un análisis de los nuevos actores, espacios y demandas originados por la
transformación urbana reciente. Esta historia local centra su interés en revalorizar el
patrimonio difundiendo su historia y cultura local, con miras a contribuir a la confirma-
ción de una identidad histórica, ser un soporte al turismo cultural y aportar a futuras
investigaciones, que profundicen los temas aquí tratados respecto de este territorio que
conforma el cantón Quito.

Justamente, esta publicación nace por el interés del Fondo de Salvamento del
Patrimonio Cultural. El FONSAL tiene a su cargo salvaguardar el patrimonio histórico,
artístico, religioso, y cultural en el Distrito Metropolitano de Quito. Para ello ejecuta pro-
yectos de investigación, restauración, recuperación del espacio público, así como la
rehabilitación y puesta en valor del patrimonio material e inmaterial de la ciudad y de
las parroquias suburbanas del entorno. Las acciones de intervención están acompaña-
das de estudios que contribuyen a difundir la historia, preservar el patrimonio y regis-
trar las posibilidades culturales y turísticas de las parroquias.

El FONSAL trabaja en varios sectores, uno de ellos es el valle de Tumbaco donde ha pro-
cedido a la intervención de la iglesia de Cumbayá, la rehabilitación del núcleo central y
entorno de la parroquia de Tababela, y la recuperación del espacio público de El
Quinche, entre otros.

La investigación se apoyó en la revisión bibliográfica así como en la ubicación de docu-


mentación colonial y republicana que, luego de su sistematización, permitió puntualizar
los principales temas del proceso histórico del valle. Tal es el caso de los diferentes fon-
dos consultados en el Archivo Nacional de Historia, que permitieron conocer especial-
mente la historia colonial de la zona. La investigación de campo posibilitó registrar tes-
timonios orales, utilizando entrevistas abiertas a informantes calificados y observar in
situ las potencialidades turísticas y culturales. La utilización de los métodos histórico y
etnológico fue lo más acertado, tratándose del estudio de sociedades contemporáneas,
ambas disciplinas constituyen una suerte de lentes de un binocular que enfocan un
único recorrido. Esta recuperación histórica y etnológica del valle facilitó la localización
y estudio de numerosos elementos clave de su pasado.

El trabajo está estructurado en dos capítulos. El primero, sobre la caracterización histó-


rica del valle de Tumbaco, proporciona información general de su geografía para tener
una idea espacial y dimensión ambiental del área de estudio. En este contexto, de mane-
ra cronológica, hablamos de las ocupaciones prehispánicas, los señoríos étnicos y por
consiguiente de las evidencias arqueológicas de las llajtakuna del valle. Luego tratamos
la ocupación colonial española con sus implicaciones, como son la organización de los
pueblos indígenas, la implantación de instituciones económicas coloniales. En este
punto, observamos la estructura de la propiedad y tenencia de la tierra, los obrajes en el
siglo XVII, hasta la conformación de la hacienda en el valle. Temas importantes que se
ven reforzados cuando abordamos cuestiones fundamentales como son, la comunicación
vial-especialmente la ruta al Oriente también conocida como la “ruta de la canela”-, la
primera Misión Geodésica Francesa por ser un evento científico de importancia, y el
tema del ferrocarril como un elemento de modernización en el valle.

En el segundo capítulo, sobre la continuidad y memoria en el valle de Tumbaco y la


recuperación del patrimonio cultural intangible, pretendemos describir las expresiones,
representaciones y prácticas de la vida de las comunidades, porque consideramos que
el patrimonio inmaterial muestra la diversidad cultural, es dinámico y evoluciona infun-
diendo un sentimiento de identidad. Debido a que es recreado constantemente también
es vulnerable, por ello la importancia de registrarlo. Tratamos, entonces, sobre las fies-
tas y tradiciones de la zona, acompañando de una breve reseña sobre el cohetero del
valle, con el afán de mencionar un oficio tradicional y un personaje vinculado con las
fiestas. En cuanto a los lugares de memoria escogimos al Ilaló, al Santuario y devoción
a la Virgen de El Quinche como más representativos. Finalmente, apoyándonos en fuen-
tes proporcionadas por los gobiernos locales, el trabajo presenta una información parro-
quial básica sobre barrios y comunas que conforman cada parroquia, sitios de interés
naturales y culturales, límites, servicios, actividades económicas, entre otros.

La investigación fue posible gracias al FONSAL con el apoyo y coordinación del arqui-
tecto Alfonso Ortiz Crespo, a quien agradezco de manera especial, a las acertadas suge-
rencias de las historiadoras Sofía Luzuriaga Jaramillo y Guadalupe Soasti Toscano, a los
pobladores del valle, nuestros anfitriones, que compartieron sus saberes y nos permitie-
ron conocer su cotidianidad y lo extraordinario de su vida y, a Víctor Simba, miembro de
la Junta Parroquial de Cumbayá, que posibilitó con su excelente guía, recorrer el valle
y conversar con sus moradores.

Asimismo, agradezco la atención esmerada para con el investigador que caracteriza al


personal del Archivo Nacional de Historia, a la Biblioteca Museo Aurelio Espinosa Pólit
y a la Biblioteca del Banco Central del Ecuador y sus fondos documentales(Quito).
Igualmente, quisiera dejar constancia de la grata colaboración de las diferentes juntas
parroquiales -especialmente la de Cumbayá y Tababela- y de la buena voluntad de los
párrocos, principalmente de Puembo, Tababela, Yaruquí y Pifo.

Lucia Moscoso C.
Quito, marzo de 2008
TABLA DE CONTENIDO
CAPÍTULO I: CARACTERIZACIÓN HISTÓRICA DEL VALLE DE TUMBACO 12

1- Ubicación geográfica 13
1.1- Hidrografía
1.2- Clima
1.3- Zonas ecológicas y uso actual del suelo

2- Ocupaciones prehispánicas 17
2.1- Los señoríos étnicos
2.2- Evidencias arqueológicas de las llajtakuna

3- Ocupación colonial española 22


3.1- Organización de los pueblos indígenas: cacicazgos
3.2- Implantación de instituciones económicas coloniales
3.3- Estructura de la propiedad y tenencia de la tierra
3.4- Los obrajes
3.5- Conformación de la hacienda

4- Comunicación vial en el valle: infraestructura tradicional, caminos y puentes 45


4.1- La ruta al Oriente

5- Yaruquí y la primera Misión Geodésica francesa 50

6- Un elemento de modernización en el valle: el ferrocarril 53

CAPÍTULO II: CONTINUIDAD Y MEMORIA EN EL VALLE DE TUMBACO:


RECUPERACIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL INTANGIBLE 68

1- Fiestas y tradiciones 69

1.1- La fiesta a San Bartolomé de Lumbisí


1.2- Cofradías y Santos Patronos
1.3- José Luis Cóndor el cohetero del valle
1.4- Tradición oral, creencias y aparecidos

2- Lugares de memoria 79

2.1- Santuario y devoción a la Virgen de El Quinche


2.2- El Ilaló: un lugar de memoria

3- Información parroquial básica 86

3.1- Parroquia de Cumbayá


3.2- Parroquia de Tumbaco
3.3- Parroquia de Puembo
3.4- Parroquia de Pifo
3.5- Parroquia de Checa o Chilpe
3.6- Parroquia de Tababela
3.7- Parroquia de Yaruquí
3.8- Parroquia de El Quinche

4- El nuevo aeropuerto de Quito 104

FUENTES CONSULTADAS 110

PUBLICACIONES DEL FONSAL 118


CAPÍTULO I
CARACTERIZACIÓN HISTÓRICA
DEL VALLE DE TUMBACO
13

1 Ubicación geográfica

El valle de Tumbaco ubicado al noroeste del Distrito Metropolitano de Quito, está con-
formado por las parroquias de Cumbayá, Tumbaco, Pifo, Puembo, Checa, Tababela,
Yaruquí y El Quinche. El valle, propiamente de Cumbayá-Tumbaco, tiene una altitud
media de 2.300 m.s.n.m. La altiplanicie de Puembo-Pifo-Yaruquí-El Quinche, una alti-
tud de 2.600 m.s.n.m., que va ascendiendo lentamente desde la margen izquierda del río
San Pedro-Guayllabamba hacia la Cordillera Real.

Hacia el sur el Ilaló (3.185 m.s.n.m.) le separa del valle de Los Chillos, al cual se une por gar-
gantas de suaves declives que están entre este cerro y las cordilleras Oriental y Occidental.
Las lomas de Ilumbisí y Guangüiltagua le separan de la meseta de Quito. Las estribaciones
que desde Guayllabamba y Otón ascienden al Pambamarca (4.093 m.s.n.m.) le separan del
valle de Cayambe. En la garganta de unión del valle de Cumbayá-Tumbaco con el de Los
Chillos se encuentra Lumbisí, una comuna de antiquísima raigambre indígena.

La altiplanicie de Puembo-Pifo-Yaruquí-El Quinche es un amplio peldaño o terraza situado


entre el profundo y abrupto cañón del Guayllabamba y la Cordillera Oriental. Cruzan la pla-
nicie los ríos Chiche, Guambi e Iguiñaro, que desembocan en el Guayllabamba.

Entre el Guambi y el Iguiñaro se encuentra la más amplia y extensa planicie del callejón inter-
andino, la de Caraburo-Oyambaro, también llamada llanura de Ya ruquí. Mide en línea recta
de sureste a noroeste aproximadamente 15 km. de largo por 6 km. de ancho, sin verse entor-
pecida por ningún accidente o colina, por lo que fue seleccionada por los geodésicos de la pri-
mera Misión Científica Francesa (1735) para trazar la línea de base en la triangulación reque-
rida a fin de medir un arco de meridiano terrestre. En la llanura de Yaruquí, de clima fresco
semi húmedo (salvo Puembo que es más bien cálido) se encuentran las parroquias de
Puembo, Pifo, Yaruquí, Checa, Tababela y El Quinche; son tierras agrícolas, aptas para el cul-
tivo de el maíz, fréjol, arvejas, hortalizas, alfalfa y pastizales (Salvador Lara, 2002: 45-47).

Los valles de Cumbayá y Tumbaco están situados a una y otra orilla del río San Pedro, ubi-
cados al norte del valle de Los Chillos, interponiéndose entre este último y el de Tumbaco la
elevación volcánica del Ilaló. El de Cumbayá encerrado entre los ríos Machángara y San
Pedro tiene como complemento el faldeo de Ilumbisí (2.380 m.s.n.m.). Su clima templado semi
seco, permite en sitios muy cercanos a Quito, el cultivo de algunos productos tropicales como
la caña de azúcar, cítricos, café, aguacates, chirimoyas, guabas y algunos otros frutales.

Cruzando el río Chiche que limita hacia el noreste con el valle de Tumbaco, puede entrarse en
esta llanura que se inclina desde las faldas de la Cordillera Oriental hasta las abruptos peñas-
cos que caen al Guayllabamba. De sureste a noroeste la cortan las brechas profundas del
Chiche, Gaumbi e Iguiñaro. Puembo, Pifo y Checa, ubicados en el sector intermedio, tienen un
clima fresco semi húmedo. Tanto por su altitud como por ciertos factores climáticos, el sector de
Puembo tiene gran similitud con Tumbaco, de tal modo que bien podría considerárselo como
una transición entre esta unidad geográfica y la anterior (Terán, 1962: 11-19).
14

Hidrografía
El sistema hidrográfico de la provincia de Pichincha se reduce a un enorme

1.1 y único drenaje: el del torrentoso y profundo río Guayllabamba. Su sistema


arterial formado por varios ríos penetra al valle de Cumbayá y Tumbaco
para unirse con el río Machángara a pocos pasos del socavón de Tumbaco
y prosigue el caudal de aguas con el nombre de Guayllabamba, recibiendo por su dere-
cha, aguas de los ríos Tumbaco, Chiche, Guambi (que se compone del Santa Rosa y del
Cartagena), y de numerosas aguas de Yaruquí, Checa y Quinche (Andrade Marín, 1946:
18-19).

Debemos mencionar también al río Pita que atraviesa todo el valle de Los Chillos y casi
al pie del Ilaló se une con el San Pedro, pasa entonces este río al valle de Cumbayá-
Tumbaco, donde recibe, por el oeste el aporte del río Machángara, que le trae aguas
desde el Atacazo y el Pichincha; y por el este la contribución del río Chiche, alimentado
a su vez por el Inga, con lo que acepta envíos de la Cordillera Oriental (Fitocorrales,
Guamaní) y del Ilaló. Luego se conectan los ríos Guambi, Inguiñaro y Quinche, también
originarios de la Cordillera Real (Puntas y Pambamarca), y sólo entonces se le une el
Pisque (Salvador Lara, 2002: 25-26).

Clima
El gobierno metropolitano desarrolla su propio sistema de clasificación,

1.2 dividiendo al Distrito en tres regiones amplias, de acuerdo con las carac-
terísticas de precipitación, altitud y temperatura. Estas clasificaciones se
centran en áreas de asentamientos humanos y no incorporan a las zonas
elevadas e inhabitadas de la cadena montañosa occidental.

El área que nos ocupa está catalogada como “Zona Interandina I”, localizada entre 2.400
a 3.100 m.s.n.m., incluye la mayor parte de la ciudad de Quito y los valles templados al
este y el sur: Cumbayá, Tumbaco, Puembo, Pifo, Yaruquí, El Quinche, Checa, Nono,
Calacalí, Nayón, Zámbiza, Lloa.

La principal estación lluviosa ocurre de septiembre a noviembre, con un período lluvio-


1 Depósito de documentos de la so menos pronunciado de diciembre a abril, y una estación seca que se extiende de
FAO, Sharon Murria, El contexto
de Quito, Características biofí -
mayo a agosto. La precipitación anual promedio es de aproximadamente 960 milímetros
sicas, Departamento de Montes, de lluvia. Las temperaturas promedio van de 10 a 16 grados C°.1
Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la
Alimentación, Roma, 1998. La “Zona Interandina Seca”, corresponde a los valles bajos al extremo norte de la región
http://www.fao.org/docrep/W744
5S/w7445s03.htm
metropolitana, cerca de la Línea Equinoccial (San Antonio, Calderón, Guayllabamba).
Según el Instituto Nacional de Finalmente, la “Zona Interandina II” incluye las zonas más altas de Píntag al sureste y
Meteorología e Hidrología
(INAMHI) el cambio climático en
la cadena montañosa al occidente.
el Ecuador influiría en las precipi-
taciones, presentándolas irregula-
res y la temperatura media, mos-
La parte baja del valle, Cumbayá-Tumbaco es la más abrigada, con excelentes cultivos
traría ciertas anomalías. Sin de guabas, cítricos, aguacates, chirimoyas, hortalizas, pastos, maíz y caña de azúcar. Es
embargo, son más notables en la
zona del litoral por influencia de
un punto de atracción para la gente del sector urbano y alrededores de Quito por sus
las corrientes marinas.
15

paisajes, sus concurridos balnearios y porque se han desarrollado en esta zona hermo-
sas quintas vacacionales y urbanizaciones residenciales.

El valle cuenta con aguas termales, algunas de ellas utilizadas como balnearios y otras
en estado natural sin infraestructura turística e inclusive de muy difícil acceso.

Andrade Marín reporta la existencia de recursos mineralógicos para la zona. De algu-


nos, hay evidencias de explotación ancestral, como en el caso de la piedra volcánica
conocida con el nombre de obsidiana, que fue utilizada para la fabricación de herra-
mientas desde el período Paleoindio.
16
17

Zonas ecológicas y uso actual


del suelo
El valle de Tumbaco tiene una extensión de 63.826 hectáreas. Una pobla-
ción fija aproximada de 120.000 habitantes y una flotante de 80.000 pobla-
1.3 dores, con una densidad de 1.8 habitantes por hectárea.

El valle de Tumbaco, conocido también como valle de Cumbayá o de Puembo, ha sido ocu-
pado desde tiempos prehispánicos. Su sistema vial antiguo permitió que esta zona inme-
diata a Quito abastezca con sus productos a la ciudad, sea paso obligado a la Amazonía,
trayecto sagrado de las peregrinaciones y ruta hacia la Costa cuando todavía recorría el
f e rro c a rril Quito-San Lorenzo. Valle fecundo, que abrigó a diversidad de grupos étnicos.

2 Ocupaciones prehispánicas

Los señoríos étnicos


La insuficiente investigación arqueológica constituye un gran limitante para

2.1 entender el proceso sociocultural de los pueblos que habitaron el valle de


Tumbaco. La información etnohistórica permite una comprensión un poco
más amplia de estos pueblos, aunque de manera tardía, nos remite al
momento de la invasión inca y también a su encuentro con los conquistadores españoles.

En un momento anterior a estas dos invasiones, gran parte del territorio estaba organi-
zado en señoríos étnicos también llamados cacicazgos o curacazgos, conformados por
ayllus.2 A los señoríos étnicos se los puede definir como una

“[…] pequeña agrupación de familias gobernadas por un noble aborigen y sus dependientes.
Cada una consistía ordinariamente de 20 a 100 unidades y con 70 a 400 personas. Tales módu-
los eran denominados ‘parcialidades’ por los españoles [...]. Existieron dos maneras de constituir
llajtakuna, por un lado una sola parcialidad podía constituir una comunidad autónoma en cuyo
caso su señor llevaba el título de cacique, tal fue el caso en tres pequeños asentamientos […] el
Inga, Pingolquí y Puembo. Por otro lado, algunas parcialidades podían ser agregadas bajo una
sola unidad política. Cuando esto ocurría, una de las parcialidades ocupaba un rango superior al
2 El ayllu era un conjunto de fami-
resto. Su Señor era llamado cacique, dejando al resto de los mandatarios étnicos como principa-
lias emparentadas, descendientes
de un antepasado común, estaban les […]”(Salomon, 1980: 194).
unidas por un vínculo consanguí-
neo, compartían un mismo territo-
rio y trabajaban la tierra colectiva- Por otra parte, estas parcialidades manejaban una estructura de producción comunitaria
mente. Fue la base y núcleo de la y espacialmente se las distinguía como parcialidades de anasaya y urinsaya, como se
estructura cacical pues facilitó la
organización laboral, militar, reli- explicará más adelante.
giosa y tributaria.
18

Los pueblos de Tumbaco, Puembo, Cumbayá, El Quinche, Pifo y Yaruquí (incluso


Guápulo) son epónimos de llajtakuna3 antiguas. Durante las reducciones, en estos fue-
ron consolidados un gran número de centros menores. Entre los ‘pueblos fantasmas’ del
siglo XVI estuvieron Apianda y Pingolquí, ambos vecinos de Tumbaco. Itulcache pare-
ce haber sido una comunidad separada. El pueblo de “Puembo Viejo” es mencionado
en un libro de bautizos de 1570, de acuerdo a la información proporcionada por
Salomon. Raracachi y Chinangachi que salen hacia el páramo llamado Curumburu y
Cachuqui, Ciquiluli y Pillaquil, al parecer pertenecieron a Yaruquí (Salomon, 1980: 105).

Los cacicazgos del valle mantuvieron comunicación con los pueblos de la Amazonía.
Vestigios hallados por el arqueólogo Max Uhle en Cumbayá, restos en Oyacachi y otros
en la ruta Quito-Papallacta-Baeza son una evidencia sólida de los intercambios entre
Sierra y Amazonía. La ruta comercial a Quijos va por Papallacta-Baeza-Archidona-Tena
hasta Puerto Napo.

Los productos amazónicos enviados a Quito, que traían los merc a d e res o m i n d a l a e s,
incluían la canela, como artículo de comercio estimado por su valor medicinal, los coloran-
tes vegetales como el bandul, con el que los aborígenes pintaban sus ro s t ros en cere m o-
nias, y la coca que parece haber sido transportada por especialistas Quijos. La sal y el algo-
dón serían los productos llevados hacia la montaña oriental (Salomon, 1980: 174-175).

A su llegada, los españoles encontraron un territorio multiétnico; re c o rdemos que los incas
e m p l e a ron como principal estrategia de conquista, el trasladar población de un lugar a
o t ro. Controlada una población, se reestructuraba en base a grupos de mitimaes,4 y se
nombraba un re p resentante del Inca, sin quitar el señorío de los curacas del a y l l u.

Con respecto a su particular forma de organización, Salomon señala que los incas,
siguiendo un principio surandino distinguían las “mitades“ -los lados de arriba y abajo-
llamados anan y urin. En cada repartimiento existieron dos parcialidades, el anasaya y
el urinsaya, cada una tenía un cacique principal. Los incas dividieron el anansaya y urin -
saya por una línea que atravesaba el centro de Quito, aproximadamente este y oeste,
extendida hasta las dos cordilleras. El sistema de mitades de Quito comparada con el
Cuzco, está invertida geográficamente: si el anan Cuzco se asienta al norte, el anan
Quito se asienta hacia el sur (Salomon, 1980: 258-262). Al parecer esta división significó
el establecimiento de dos centros de poder. Este esquema anan y urin aparece en los
libros de Cabildo. Para 1594, incluso los alcaldes de naturales fueron nombrados en
3 Plural de llajta, palabra de ori- pares anan/urin. Podemos ver entonces, alcaldes de anansaya o alcaldes de urinsaya.
gen quichua, escogida para desig- Las poblaciones del valle de Tumbaco pertenecieron a la jurisdicción urinsayas, esto es
nar “pueblo de naturales”. Llajta
es un conjunto de personas que Cumbayá, Puembo, Pifo, Tumbaco, Yaruquí y El Quinche.
comparten derechos hereditarios
sobre trabajo, herramientas,
infraestructuras. Reconocen como En cuanto a la producción agrícola, la visita de 1559 da información de producción alta
autoridad política a un miembro de maíz. La agricultura pudo haber sido de frutas y vegetales. Para 1650, Rodríguez
privilegiado del propio grupo,
autoridad que se denomina señor Docampo, nos habla de la producción de garbanzos, frijoles, maní, ají, membrillos,
étnico, cacique, curaca o principal higos, guayabas. Parece que debido a esta preciosa arboleda de frutas y jardines flora-
(Salomon:1980:87-88).
les parte de la explanada de Cumbayá fue escogida para conformar las tierras privadas
4 Los mitimaes fueron poblaciones
del Inca (Salomon, 1980).
traídas al actual territorio ecuato-
riano, de otros sitios como el
Cuzco o Bolivia. Al respecto ver: Sobre el antiguo paisaje forestal del valle, el mismo Docampo ofrece indicios inequívo-
Moreno, 1981:105 y Salomon,
1980:237. cos que demuestran que hasta por lo menos la década de 1650 todavía era posible
19

encontrar bosques autóctonos. En su conocida Relación afirma la existencia de “[…]


montes de donde se saca mucha madera, vigas, cuartones, tijeras, tablas, umbrales,
cumbreras, costaneras y mucha leña [….]” (Hidalgo, 1998: 33). En este valle los árboles
de guabas o pacays eran abundantes, los Libros de Cabildo de la ciudad contienen refe-
rencias que lo sugieren. La Relación de 1573, dice “un árbol llamado pacay; lleva un
fruta que llaman guaba” (Enríquez, 1938: 21). Tal parece haber sido la cantidad de esta
especie arbórea, que Cumbayá, pasó a ser conocida como “pueblo de las guabas”.

Actualmente, la búsqueda de testimonios orales ha permitió localizar a los últimos car-


boneros de Tumbaco quienes efectivamente nos confirmaron no sólo la existencia de
este relicto, sino también la de una importante fauna de zorros y pumas ahora ya des-
aparecida. Todos ellos coinciden en que una de las actividades laborales más recurrida
por los campesinos de la zona después de la agricultura y la arriería fue la elaboración
de carbón en los bosques del Ilaló y de las faldas occidentales de la Cordillera Real
(Hidalgo, 1998:33-35).

Evidencias arqueológicas
de las llajtakuna
Las investigaciones arqueológicas, especialmente las de Robert Bell (1965),

2.2 determinan que el valle de Tumbaco estuvo poblado desde hace 7.800 años
aproximadamente. La evidencia de materiales arqueológicos de los perío-
dos Paleoindio, Desarrollo Regional y de Integración demuestran ocupacio-
nes sistemáticas en los distintos momentos de la época prehispánica.

Durante la invasión incaica, las etnias del valle debieron estar involucradas con otros
cacicazgos, especialmente con el de Cayambe (tan cercano a El Quinche), para hacer
frente a la invasión cuzqueña.

Evidencias arqueológicas encontradas en el sitio de El Inga (Tumbaco), ubicado en la


base del cerro Ilaló por su lado oriental, a 2.500 m.s.n.m., dan cuenta de una antigüedad
de 7.800 a.C. Para esta época, se establece que los habitantes tempranos eran cazado-
res recolectores. Las investigaciones realizadas por Robert Bell, permitieron recuperar
material lítico de obsidiana y rocas basálticas con las que elaboraron cuchillos, raspado-
res, buriles y puntas de proyectil de diversas formas y tamaños.
20

El arqueólogo Ernesto Salazar nos dice que las evidencias de presencia humana en la
zona pertenecen a la época del Holoceno (que comenzó hace diez mil años aproximada-
mente), cuando el deshielo de los glaciares empujó el límite de las nieves y el páramo a
alturas más elevadas, y cuando el bosque montano cubrió, probablemente, todo el valle
de Ilaló. Determinar la base de subsistencia de las bandas de Ilaló resulta, pues, comple-
ja por la ausencia total de restos orgánicos en los sitios arqueológicos de la zona.

Lo que se puede anotar es que para estos cazadores era fundamental conseguir
materia prima para fabricar sus artefactos, por lo que realizaban viajes periódicos
para aprovisionarse o posiblemente recurrían al intercambio. Al parecer una de las
razones que llevaron al habitante temprano a ocupar la zona del Ilaló fue la dispo-
nibilidad casi inmediata de materia prima. Dos enormes flujos de basalto provenien-
tes de la Cordillera Oriental se hallan ubicados en el centro mismo del valle del Ilaló.
En cuanto a la obsidiana, pequeños depósitos secundarios de este material se
encuentran en el valle, enterrados en la cangahua o al fondo de las quebradas
(Salazar, 1984). 5

Max Uhle excavó en Cumbayá, en los sitios Callanabamba y hacienda Santa


Lucía, varios cementerios aborígenes. En su informe explica que pre d o m i n a ro n
las sepulturas de forma redonda y ovalada. El ajuar que acompañaba al difunto,
por lo general, tenía huesos de venado, piezas de cerámica, objetos de piedra
(piedras de moler: manos y metates) y rara vez objetos de metal (cobre). Para
Uhle los hallazgos son similares a los que Jacinto Jijón hiciera en Imbabura
(Uhle, 1926: 1-23).

E n t re 1986-1993, se re a l i z a ron excavaciones arqueológicas en la urbanización


“ J a rdines del Este”, antigua hacienda “El Cevollar” y Santa Lucía, parroquia de
Cumbayá. A una altura de 2.400 m.s.n.m., en la ribera del río Machángara. La
datación del sitio fue de 500 a.C. a 600 d.C, correspondiente al período de
D e s a rrollo Regional. Se re c u p e r a ron 20 tumbas y 15 basure ro s . 6 Las tumbas tienen
ajuar funerario que consiste en ollas decoradas, concha, cuencos pequeños de
cerámica y figurinas.

La cerámica muestra claras relaciones estilísticas con la Costa, sobre todo en los platos
trípodes, sin embargo, no cabe duda, que es una producción local. Figurinas relaciona-
das con Jama-Coaque (Manabí) y La Tolita (Esmeraldas), muestran estrechos nexos
comerciales entre la Sierra y la Costa, propiciada por las vías naturales de acceso. El
5 También en “Los primeros habi-
período de Integración que se inicia desde el 700 d.C. a 1.500 d.C., e incluye la cerámi-
tantes del Ecuador”, Universidad
Andina Simón Bolívar, Taller de ca inca, muestran cambios en el uso del espacio evidenciándose asentamientos exten-
Estudios Históricos. sos, conformados por múltiples agrupamientos domésticos y las evidencias de casas,
http://www.dlh.lahora.com.ec/pag
inas/historia/historia1.htm pozos de almacenamiento y hasta tumbas.
6 Los basureros arqueológicos son
la acumulación de desperdicios de Existen datos históricos del período colonial que mencionan la presencia de tolas7 y
la actividad humana. Ofrecen evi- material arqueológico en la zona. Ambrosio Jácome, hacendado del sitio Tababela,
dencias de objetos de uso diario,
restos de alimentación y habita-
denunció en 1754 la existencia de una “guaca de gentiles” en Yaruquí. Presentamos
ción. También se llaman lugares un breve resumen de su exposición:
de desechos culturales.

7 Tola o montículo artificial es un “[…] por ser uno de los herederos de diego Montero y depositario de las haciendas Anraburo,
acumulamiento de tierra construi-
Ichimangue, le dio noticia Juan de Ayala, mayordomo de la hacienda Anraburu, que en una
da por el ser humano. Utilizada
especialmente para entierros o tola de dicha hacienda que será de una media cuadra de largo y media cuadra de ancho haber
viviendas.
21

encontrado al pie de dicha tola una hachuela de bronce que sería para servir en la cangahua.
Y, un indio Juan Llamatumbi había hallado en dicha tola otra hachuela de bronce a manera de
media luna y sin duda están fabricadas de manos de gentiles porque se metió la reja sin
poderla sacar. […] Muchas personas han visto que en dicha tola arde fuego y llamaradas. […]
Hago otra denuncia que dentro del pueblo de Yaruquí de unas tierras por donde corren el
agua del remanente del obraje algunas personas han hallado algunos granos de oro [solicita]
que los caciques y gobernadores de dicho pueblo me den lo que se necesitase y concurran
al trabajo […]”.8

Los hallazgos arqueológicos del sector de Tababela, para el año 2006, fueron encontra-
dos durante los trabajos de nivelación y compactación de tierras, para la construcción
del nuevo aeropuerto de Quito. Se expone a continuación la información oficial de la
Corporación Aeropuerto y Zona Franca del Distrito Metropolitano de Quito, CORPAQ,
proporcionada el mes de octubre de 2006.

“Entierros prehispánicos, fósiles humanos, vasijas, herramientas y otras evidencias arqueoló-


gicas fueron localizados y rescatados en la planicie de Caraburo, en donde se construye la
Aerotrópolis de Quito. Estos encuentros fueron el resultado de la investigación arqueológi-
ca que realiza la CORPAQ, en el área de construcción de ese complejo aeroportuario, en
cumplimiento de las disposiciones de la Ley de Patrimonio Cultural y bajo su estricta super-
visión y fiscalización.

Los vestigios culturales corresponden al período de Integración (500 d.C. a 1500 d.C.).
Constituyen parte del patrimonio cultural del sector y revelan la presencia de asentamien-
tos humanos que existieron en la zona nororiental de Quito. Todas las piezas (cerámica, líti-
ca) y osamentas encontradas son cuidadosamente inventariadas y serán parte del Museo que
se construirá en el sector y que constituirá otro de los grandes atractivos de la Aerotrópolis.

La investigación fue realizada por un equipo de investigación multidisciplinario, tanto para la


prospección, rescate, preservación y análisis de laboratorio. La prospección se efectuó en toda
el área del nuevo aeropuerto y especialmente en el sector de lo que será la pista, terminales y
parqueaderos. Los trabajos de movimiento de tierras que realizamos para la construcción del
nuevo aeropuerto se ejecutan una vez que han sido liberadas las áreas investigadas, a tra-
8 Archivo Nacional, Quito, (ANQ),
vés de informes del Instituto Patrimonio Cultural y de la CORPAQ.
Serie Indígenas, caja 67, exp. 12,
2-VIII-1754, f. 7 (solicitud de par-
ticipación en una guaca). Imagen: trabajos arqueológicos en el sector del nuevo aereopuerto de Quito. Fotografía de Alfonso Ortiz Crespo.
22

Para la prospección contamos con la interpretación de fotografías aéreas y la colaboración de


ingenieros geógrafos. En la etapa de rescate arqueológico se puso todo el cuidado para obte-
ner la mayor información posible de las áreas investigadas, definiéndose la presencia de
varias ocupaciones prehispánicas, caracterizadas por estructuras rituales y tumbas asocia-
das. Los análisis de materiales que efectuarán investigadores de distintas disciplinas aporta-
rán con datos que permitirán detallar aún más la forma en que las sociedades investigadas se
articularon con su entorno.”

En El Quinche las numerosas tolas descubiertas en el contorno del pueblo prueban que
fue un asentamiento de importancia antes de la llegada de los incas. Por sus beneficios
naturales y su posición estratégica debió ser un centro de aprovisionamiento. El Quinche
debió ser uno de los tambos organizados en el gran camino de comunicación durante el
incario. (Vargas, 2005: 336).

3 Ocupación colonial española


El 29 de agosto de 1563 se crea la Real Audiencia de Quito, conformada por goberna-
ciones y corregimientos. Además de las ciudades de fundación española, se conserv a ron
en Quito varios asientos indígenas, entre ellos Tumbaco, Cumbayá, Pifo, Puembo, Yaruquí
y El Quinche. Esta política contribuyó a la continuidad de la presencia de la sociedad indí-
gena, posibilitando la supervivencia de autoridades étnicas, como los caciques, que fue-
ron asimilados a la burocracia española para efectos de administración, recaudación de
impuestos y obtención de mano de obra.

Cicala al comentar los alrededores de Quito a mediados del siglo XVIII dice:

“Hay allí también otras dos poblaciones de indios, cada una en un valle, o bella llanura llama-
das, la una Tumbaco, y la otra Cumbayá, con gran abundancia de fruta, granos, aves, trigo,
cebada, maíz. Entre las dos está el amplio y espacioso valle llamado Cayabamba, donde hay
haciendas de caña de azúcar, para la elaboración de azúcar blanco, azúcar negro y miel: en
dicho valle encuéntrase muchísimas frutas americanas y también europeas […] dirigiéndose
del norte al oriente y luego de pasar algunas montañas […] se entra […] en otro valle llamado
Chillo […]”(Cicala, 1994: 201).

Los cronistas describen vagamente la región de Tumbaco, sin embargo, las fuentes pri-
marias nos permiten determinar las implicaciones del proceso de colonización a partir
de las estrategias administrativas que el sistema colonizador implantó en el valle.

9 Acerca de política de Toledo se


El virrey Toledo (1569-1581) utilizando información demográfica, territorial y sobre la
puede revisar “La visita general
del virrey Francisco de Toledo en
administración incaica, organizó el virreinato, estableciendo las bases de lo que sería el
1570-1775, en el Boletín de la sistema colonial. Durante su mandato, centralizó los aspectos esenciales de la adminis-
Sociedad Geográfica de Lima,
número especial, Lima, 1975.
tración colonial regulando la encomienda y la mita.9
También Alejandro Málaga
Medina, “Las reducciones en el
Perú durante el gobierno del
virrey Francisco de Toledo”, en
Anuario de Estudios Americanos,
No. 31, Sevilla, 1974, pp. 819-842.
23

Organización de los pueblos


indígenas: cacicazgos
Como ya se ha mencionado, la organización cacical anterior a la conquista
española consistió en llajtakuna o parcialidades g o b e rnadas por caciques
3.1 (Salomon, 1980: 194). Esta organización fue utilizada, por la administración
española, en su beneficio, además de incorporar el nombramiento de un indí-
gena “Gobernador” que era elegido de entre varios de los caciques de la zona.

Los caciques y gobernadores de indios del período colonial, cuyo poder prehispánico se
redujo totalmente, tenían como funciones principales recoger el tributo y organizar a los
indígenas de sus parcialidades para la mita. Constituyeron la figura central en la relación
entre la administración colonial y la sociedad indígena. Al mismo tiempo que la institución
de encomienda desaparecía, los caciques y gobernadores de indios perd i e ron importancia.

La posición que ocupaba el cacique dentro del sistema colonial fue delicada e ingrata,
era cabeza por vía hereditaria de la parcialidad, depositario de la preservación de la tra-
dición y liderazgo; era al mismo tiempo el agente de percepción fiscal e instrumento de
que se valía la sociedad dominante para presionar a la población aborigen. Según las
circunstancias tenía que actuar de portavoz de los indios y de herramienta de explota-
ción de los blancos (Albornoz, 1978: 10). Lo que significa que el cacique colonial exito-
so tenía que legitimar su autoridad tanto en la esfera española como en la indígena; esto
requería la satisfacción simultánea de los dos grupos. El mantenimiento del poder resi-
día en la habilidad que el cacique tenía para cumplir su contrato con el régimen colo-
nial (Powers Viera, 1994: 174).

Los caciques (principales o curacas), fueron un reducido segmento de autoridades situa-


das por encima de la población tributaria (llamados “indios del común”). Las ventajas
de los primeros tuvieron que ver con la exoneración del tributo, de la mita y el otorga-
miento de algunos privilegios.

Desde el siglo XVIII, los caciques, enfrentaron presiones como la competencia crecien-
te por el cargo, que procedía de otros indios de elites locales y también de los foraste-
ros. Su margen de maniobra se veía cada vez más reducida, presionados al mismo tiem-
po por las exigencias de autoridades coloniales y las posibilidades de su población,
resultándoles más difícil cumplir con las demandas del Estado español sin poner en peli-
gro las relaciones con la sociedad indígena local.

La interpretación del cuadro en la página siguiente, nos permite obtener información de


las parcialidades entre los años 1678-1786. Es muy probable que existieran más grupos
foráneos, debido a la dinámica en la movilidad poblacional y a la diversidad de la socie-
dad indígena colonial en el valle, como es el caso de otavalos y pomasques asentados en
Tumbaco y Yaruquí. La parcialidad de Lumbisí en Cumbayá es otro ejemplo, provenían
de Licto y Punín, se trasladaron trayendo con ellos la devoción a San Bartolomé y con su
imagen fundaron una capilla al instalarse en Lumbisí (Rebolledo, 1992: 199).
24

El panorama étnico de los “indios Quitos” que vivían desde ‘muy antiguo’, establecidos
en el valle de Tumbaco, eran los Collahuaso, Pillajo, Collaconcha, Tupiza, Azaña,
Guallachicomen, Tituaña, Atuña. Con respecto a los mitmas, fueron los Cóndor,
Chuquicóndor; Cachiguangos de las altiplanicies de Bolivia (en el valle pertenecieron a
la parcialidad de Cumbayacoto), que mezclaron su sangre con los Quito. Los Huancas y
Cañaris ubicados en El Quinche y Yaruquí. Los Umatambo que fueron mitmas quichuas
y los Chachas, mitmas de Chachapoyas (Costales, 1992: 238-267).

A finales del siglo XVII y principios del XVIII, los cacicazgos y parcialidades, de la
Audiencia de Quito, estuvieron expuestos a una ola implacable de intrusiones por parte
de forasteros, que emigraban como una estrategia de supervivencia (Powers, 1994: 223-
386). Estos “vagabundos” o “forasteros”, fueron en su mayoría indígenas y minoritaria-
mente mestizos e incluso mulatos, que llegaron al valle, huyendo de otras reducciones
para evitar servir la mita o pagar tributos. Sin embargo, la política de las reducciones
estaba orientada a controlarlos de tal forma que no escapen al cumplimiento del resto
de la población indígena.
25
26

La propia administración colonial favoreció ese fenómeno, distinguiendo a los origina-


rios/llajtayos, de los forasteros/vagabundos, con tasas/impuestos y obligaciones distin-
tas. El hecho es que en el valle de Tumbaco, los segundos debieron crecer, durante el
período colonial, hasta constituir una buena parte de población, que daba cuenta de la
intensidad de las migraciones internas. Así, el valle fue escenario de una interacción
multiétnica durante toda la Colonia.

Los forasteros representaron una amenaza para las parcialidades buscando, por diferen-
tes medios, apropiarse de tierras de comunidad. Por esta razón, los caciques colabora-
ban con la administración española para sujetarlos. En 1794, se solicitó el título de
Gobernador de Puembo y Pifo, para Miguel Guamán, aduciendo “que ha cumplido
dando cuenta de los indios forasteros residentes en dicho pueblo y su anejo” (se refiere
a Pifo), lo hizo por espacio de cinco años, a partir de la muerte de Pedro Nolasco Leal
quien había sido gobernador. Se solicitó el correspondiente título y se señaló las tierras
que había poseído desde sus antecesores.10

Para inicios del siglo XIX, el cacique principal de Tumbaco, Santiago Aynapicol, levan-
taba una queja, sobre:

“[…] un hombre forastero […] José Salazar, avecindado en el pueblo, pretende apoderarse de
las tierras y casas de indios, con diversas formas de seducción y engaño […] tiene un mula-
to con el que nos asusta y maltrata […] ese mulato tuvo el atrevimiento de poner sus manos
en la cara de un cacique anciano como yo, que me puso en brazos de la muerte […].”
10 ANQ, Serie indígenas, c.138,
exp.18, 11-X-1794, f. 1 (Solicitud También menciona que habiendo fallecido con la epidemia del “mal de manchas”11 el
título de gobernador).
común de indios de la parcialidad de Tolagasi, que esta dentro del pueblo de Tumbaco,
11 Debe referirse a la viruela,
Salazar aprovechó de esta circunstancia para el despojo de las tierras.12 Estas declara-
sarampión o “alfombrilla”(ver
nota al pie 19). ciones muestran a los forasteros alterando la situación socio-económica al ocupar tierras
de comunidades incluso de forma coercitiva.
12 ANQ, Serie indígenas, c. 168,
exp. 6, 26-XI- 1817, ff. 1-4 (Queja
cacique de Tumbaco).
27

Los que huían de sus comunidades, evadiendo las obligaciones tributarias, se viero n
exentos del servicio de la mita al carecer de tierras de comunidad. Pero cuando algu-
nos forasteros de segunda o tercera generación iban adquiriendo tierras, por arr i e n d o
o compras, sus obligaciones con el Real Erario se iban transformando. A fines del perí-
odo colonial las autoridades pedían que se quitara la odiosa diferenciación entre foraste-
ros y originarios, pues con el paso del tiempo los forasteros habían aumentado (Bonnett,
1992: 94-107).
28

Implantación de instituciones
económicas coloniales
A partir de la conquista se organizaron los gobiernos coloniales dependien-

3.2 tes de la metrópoli española y se implantaron instituciones económicas y


sociales de dominación colonial que tuvieron que ver básicamente con el
trabajo y el tributo. Una de las primeras instituciones fueron las encomien-
das, sistema de origen castellano, un derecho concedido por merced real a los conquis-
tadores españoles. Consistió en someter a la autoridad del encomendero a un número de
familias indígenas con sus propios caciques. El encomendero se obligaba a protegerlos
y cuidar de su instrucción religiosa con los auxilios del cura doctrinero, a cambio, adqui-
ría el derecho de beneficiarse con servicios personales para distintos tipos de trabajo y
de exigirles el pago de los tributos, sin que esto signifique derechos sobre la propiedad
del suelo. En principio la encomienda tenía una duración de dos vidas, a la muerte del
encomendero por lo general le sucedía la viuda o el hijo mayor.

Las primeras concesiones fueron hechas por Francisco Pizarro a inicios de la Colonia;
las efectuadas por La Gasca (1548) estuvieron mejor organizadas para el cobro de tribu-
tos a los indígenas.

Mientras el encomendero no podía vivir en los pueblos de su encomienda, los curas doc-
trineros vivían en las jurisdicciones a ellos designadas. Corría de cuenta del encomen-
dero y de los indios la construcción de la iglesia, los gastos de culto y el sostenimiento
del sacerdote doctrinero (Albuja, 1998: 27). El Rey, en Cédula de 1718, incorporó todas
las encomiendas a la Corona, “anulando las segundas vidas”, de esta manera la enco-
mienda fue desapareciendo después de dos siglos de existencia.

Diego Rodríguez Docampo, para 1650, describe la situación de las encomiendas


de Quito:

“El distrito de Guayllabamba tenía 8 pueblos: Guayllabamba, Quinche, Yaruquí, Puembo,


Pifo, Cumbayá y Guápulo, contaba con 1700 indios tributarios. Los encomenderos eran: La
Real Corona, la Duquesa de Lerma y Lázaro Fonte. Servían seis sacerdotes, con 400 pesos
de renta cada uno” (Vargas, 1957: 163-164).
29

La erección de la Diócesis de Quito fue en 1545. Para el cierre del siglo contaba con 208
parroquias y doctrinas, entre ellas, Cumbayá Tumbaco, Puembo, Yaruquí y El Quinche.

A inicios del período colonial, las parroquias más por la clase social que por la extensión
del territorio o por el número de feligreses, contaba con párrocos sólo para españoles y
curas doctrineros para indios, por ello a muchas parroquias se las denominó “doctrinas
de indios”, en las cuales, el sacerdote tenía como objetivo principal la enseñanza de la
doctrina cristiana.

En las primeras décadas de la Colonia, la organización de doctrinas y parroquias fue


incipiente, pero a partir del primer Sínodo del Obispado de Quito (1570), se puso en
marcha la estructuración de la Diócesis. Fray Pedro de la Peña, que estuvo frente de ella
desde 1565 hasta 1583, fue el organizador de la administración eclesiástica y el creador
práctico de las doctrinas, que más tarde se convertirían en parroquias. En el valle de
Tumbaco los doctrineros pertenecieron al clero Secular.13

En un primer momento los encomenderos contratan al cura doctrinero para los reparti-
mientos de indios, luego a partir de 1551, las doctrinas dependieron directamente de los
obispos (Albuja, 1998: 63). En 1609, por Cédula Real, las doctrinas fueron declaradas
inamovibles dando origen a las parroquias,14 sus ejes vitales fueron las iglesias y las
casas parroquiales. A mediados del siglo XVI, los indígenas estaban constituidos en peque-
ños poblados atendidos por sus respectivos curas doctrineros.

En los procesos coloniales de evangelización y organización de pueblos indios, la pre-


sencia del franciscano Jodoco Rike15 es de suma importancia, calificado como inspirador
de una gran cantidad de poblaciones indígenas en el actual territorio ecuatoriano.
Muchos hijos primogénitos de caciques, educados en el convento, por profesores fran-
ciscanos e indígenas volvían a sus jurisdicciones y se convertían en el agente principal
de sus pueblos. Son varios los que estuvieron bajo el amparo de Fray Jodoco Rique: don
Diego Topica, cacique del pueblo de Pingolquí; Sebastián Guara, de Pifo; Francisco
Salamba, de Yaruquí, Cristóbal Tuquiri, del Quinche y Francisco Guanona, cacique del
13 Constituido por sacerdotes pueblo de Cumbayá.16
católicos no sujetos a congregacio-
nes religiosas; fueron los encarga-
dos de administrar las parroquias Jodoco Rike fue más allá de la doctrina y empezó la transformación agrícola, pues, estos
adscritas a los obispados o dióce-
caciques enseñaron a los indígenas a cultivar el trigo, la cebada, las vides, los olivos, los
sis, cuyo titular era el obispo.
duraznos, las naranjas, las manzanas, y casi todas las frutas de la Península Ibérica, y,
14 Fueron beneficios perpetuos a
por supuesto, las legumbres, las cebollas, los apios, el perejil, el culantro, entre otros.
partir del 4 de abril de 1609, Real
Cédula de Felipe III. De esta Jodoco Rique supo admirar sus costumbres, fomentó la conservación de las danzas indí-
manera las doctrinas se convirtie- genas, que las hacía representar todos los sábados en la plaza de San Francisco.
ron en parroquias.
Asimismo, recogió sus melodías y las utilizó en el culto religioso y a su vez, les enseñó a
15 Fray Jodoco Rique, nacido en
preparar vistosos juegos pirotécnicos, que hasta el día de hoy son la delicia de las fies-
1498 (países bajos-Holanda y
Bélgica), franciscano, figura des-
tas populares (Moreno, 2002: 33-43).
tacada del proceso de descubri-
miento y evangelización de
América. Llegó a Quito en 1535.

16 Para conocer sobre el proyecto


franciscano y mirar la lista comple-
ta de caciques que estudiaron en
el Colegio de San Juan
Evangelista (San Andrés), se
puede consultar la obra del padre
Agustín Moreno, titulada Fray
Jodoco Rique y Fran Pedro Social
Apóstoles y Maestros Franciscanos
de Quito 1535-1570) publicada en
Abya-Yala en 1998.
30

Continuando con la descripción de las institu-


ciones económicas impuestas, están los tribu-
tos, la mita y los diezmos. Los tributos eran
pagados por los indios17 comprendidos entre
los dieciocho y cincuenta años de edad, cada
seis meses, diciembre (navidad) y junio (San
Juan). Los caciques fueron los encargados de
recogerlos para entregarlos al encomendero.
La cantidad del tributo anual variaba según
las tasas señaladas, a más de entregar ciertas
cosas en especie que podían consistir en man-
tas de algodón o maíz.

En la visita general, de 1576, realizada a todos


los repartimientos, se pudo constatar que el
número de indios tributarios alcanzaba la cifra
de cincuenta mil en todo el distrito de la Real
Audiencia de Quito (Albuja, 1998: 36- 373).18
En 1694 el número de indios tributarios dismi-
nuyó considerablemente, muchos murieron
víctimas de la viruela, alfombrilla19 y saram-
pión. Se ordenó a encomenderos caciques y
doctrineros den cuenta del número de indios
para organizar el cobro de tributos.20 Una
peste anterior de viruela y sarampión se
reporta para 1587, en las Relaciones
Geográficas de Indias.

En ciertos casos era posible solicitar la exoneración del pago de tributos a indígenas que
desempeñaban cierto tipo de cargos, especialmente los que tenían que ver con la Iglesia.
Por ejemplo, el cura de Puembo y Pifo, en 1781, solicitó no se cobre tributos a Gregorio
Arenas sacristán de la iglesia de Pifo; Santiago Gualli de la iglesia de Puembo y los indios
c a n t o res: Agustín Luachamín, Joaquín Chapi, Javier Pintajoa, apresados por no pagarlo.
Estos oficios estaban por lo general designados a hijos de caciques, pero en este caso de
Puembo y Pifo, “al no haber preparado a ninguno para que cante los divinos oficios y sal-
17 Indios: es una categoría colo- mos en las misas conventuales, fueron escogidos otros, de entre los l l a c t a y o s”.21
nial, se llamó así a la población
nativa que ocupaba el territorio
antes de la llegada de los españo- El caso de la mita, que significa “turno”, fue una institución de origen prehispánico, un
les. En el período prehispánico
había “grupos étnicos” cuyo
sistema tributario de trabajo personal que movilizaba indígenas a trabajar por turno en
núcleo familiar fue el ayllu, térmi- labores de construcción de caminos, puentes, fortalezas, centros administrativos, entre
no explicado anteriormente.
otros. Los españoles la utilizaron en su beneficio para proveerse de mano de obra con-
18 Los datos de la población tribu- virtiéndola en un sistema de trabajo forzado. Había mita agraria, de minas, de caminos,
taria son una aproximación.
de trabajo textil u obrajera, ganadera y en trapiches, entre otras. Incluía a toda la pobla-
19 Alfombrilla: enfermedad infec- ción indígena tributaria comprendida entre los 18 y 50 años de edad. La distribución de
ciosa, muy semejante al saram-
pión, produce fiebre alta y man-
indios mitayos corrió por cuenta de los caciques, de las diferentes parcialidades, que
chas en la piel. tenían la obligación de proveer de fuerza de trabajo indígena a todas las actividades
20 ANQ, Fondo Especial, 13-XII- económicas de las elites coloniales. En el caso del valle de Tumbaco, a las haciendas y
1694, caja 6, vol. 14. obrajes principalmente.
21 ANQ, Serie indígenas, c. 106,
exp. 19, 17-VIII-1781, ff. 4-9-29.
Imagen: “Padre borreguero hechando el manto y llevarse el borrego”, en Imágenes de identidad. Acuarelas d quite-
ñas del siglo XIX, Quito, FONSAL, 2005.
31

A partir de la segunda mitad del siglo XVII, la intensa movilidad indígena produjo el
aumento de población forastera itinerante en la Audiencia de Quito. Por lo tanto, si la
mita dependía de la integridad de los pueblos indígenas, el movimiento de nativos ale-
jándose de sus comunidades, debilitó, y destruyó a la mita formal. Estas migraciones
nativas fomentaron el desarrollo de un mercado laboral libre. El siglo XVII fue testigo de
una continua salida de recursos humanos desde las comunidades hacia obrajes y hacien-
das agrícolas. La mita continuó existiendo hasta el siglo XVIII, pero su importancia dis-
minuyó notablemente (Powers, 1994: 389-390).

Por otro lado, debido al desarrollo de la actividad agrícola y a la demanda de trabajado-


res, la mita no logró abastecer de mano de obra a todas las haciendas y su existencia
perdió importancia. En términos legales, en el siglo XVII, la Corona reglamentó la libre
oferta de mano de obra (1601) prohibió la mita de servicios personales y se estimuló a
los indios para que ofrecieran “su trabajo en lugares públicos”. En 1704, una Cédula
Real prohibió la mita en los obrajes y permitió que solamente trabajadores voluntarios
sean empleados. Finalmente, en 1812 en las Cortes de Cádiz, José Joaquín Olmedo
apoyó la abolición de la mita en América.

Con respecto a los diezmos, podemos decir que, apenas organizado el aparato adminis-
trativo colonial y creado el Obispado de Quito, la Real Audiencia dio las primeras dispo-
siciones para la recaudación del diezmo. El Cabildo, en 1549, determinó que se pague
la décima parte “[...] de todo el maíz, trigo, semillas, sal, aves, ganados y de las demás
cosas que se sembrase o cogiese [...]”.22 La renta decimal se distribuía de la siguiente
manera: 25% para el obispo, 25% para el Cabildo Eclesiástico, el 50% restante se divi-
día en nueve partes: para el Rey, construcción de la catedral, hospital y para curas,
sacristanes y otros (Pareja, 1975:136-137). El diezmo recayó en la producción agropecua-
ria, por lo tanto pagaban los hacendados civiles, el clero terrateniente y los indígenas por
sus parcelas.

22 Archivo Histórico Municipal


(AMQ), Cabildo de Quito, Vol.
XXII, 9-VII-1594, p. 224
(Disposiciones sobre diezmos).

23 ANQ, Serie Diezmos, c 12, exp.


38, 1817, ff. 4. C 13, exp.16, 1818,
ff. 2. C. 13, exp. 16, 1818, ff. 2. C13,
exp. 16, 1818, ff. 2. C 9, exp. 15,
1799, ff. 5. C. 10 exp. 28, 1810, ff.
12. C11, exp. 42, 1813, ff. C 12,
exp. 11, 1814, ff. 5. C 13, exp. 2,
1817, ff. 34. C13, exp. 8, 1818, ff. 3.
1, exp. 12, 1717, ff. 2. C10, exp. 9,
1805, ff. 12

24 José Jiménez remató (1838) en


760 pesos el diezmo de Tumbaco y
como garantía dejo una estancia,
una casa y un solar situados en
aquella parroquia.

25 José Gortaire remató el diezmo


en 1811 e hipoteca la hacienda
Mangaguantac.
32

La Iglesia remataba el diezmo de un área geográfica determinada entregándolo al mejor


postor. Este procedía a recaudarlo para recuperar la inversión pero utilizando una serie
de estrategias de extorsión para recobrar el desembolso y obtener ganancia. Los produc-
tos recogidos se comercializaban, de manera que el diezmero incluso controlaba parte
del mercado. La documentación histórica indica que la gran mayoría de diezmeros fue-
ron hacendados que participaban en los remates correspondientes a las jurisdicciones
donde tenían sus propiedades. Debían ser terratenientes pues sus propiedades eran
hipotecadas por la fianza que por seguridad la Iglesia les exigía. Los remates de diezmo
se efectuaban los primeros días de cada año o bienio, al contado o a plazos (Moscoso,
1994: 134-135).

En el período republicano el sistema tributario del diezmo continuó. Con el Concordato


de 1862, promovido por García Moreno, la tercera parte del diezmo pasaba al Estado y
el resto a las diócesis. Luego, en 1866, el 50% se destinó al Estado y el 50% para la
Arquidiócesis y Diócesis (Marchán, 1986: 26-132-133). Estas acciones beneficiaron al
Estado y al clero-terrateniente, pero perjudicaron al clero secular, que lo destinaba a
necesidades de culto. Con el tiempo el diezmo, se convirtió en un impuesto fiscal y no
eclesiástico, cobrado a nombre de la Iglesia, por lo que en enero de 1884 se decretó su
abolición, en la presidencia de Ignacio de Veintemilla. En 1891 se lo sustituyó por el
impuesto del 3 por 1.000 a los predios rústicos.

Estructura de la propiedad
y tenencia de la tierra
La información de los libros de proveimientos de tierras, del Cabildo de
Quito, dan razón de las concesiones de tierras, inmediatas a la conquista
3.3 española. Las mercedes de tierras realizadas por la Audiencia y el Cabildo
fueron los mecanismos más utilizados para obtener propiedades. Este pri-
mer reparto dio origen al latifundio que se consolidó en los siglos XVII y XVIII con crio-
llos herederos. Un ejemplo de algunas de las primeras asignaciones se encuentra en los
cuadros siguientes:
33

Para finales del siglo XVII, en el valle de Tumbaco, el mayor propietario fue el regidor
Salvador Pérez Guerre ro con sus haciendas Palago, Oyamburo, Cariburo y Cuniburo, la
estancia Chanta y otras en los pueblos de Pifo, Puembo y Yaruquí. Estas propiedades
alcanzaron una extensión de aproximadamente 215 caballerías.26 O t ro propietario impor-
tante fue el maestre de campo, Manuel Ponce de León y Castrillejo con la hacienda de
Itulcachi, en las cercanías de Tumbaco, con 124 caballerías (Moreno Yánez, 1981: 238).

En 1692, el visitador Ron registró en el valle de Tumbaco, 112 posesiones: 22 en Puembo


y Pifo; 33 en Yaruquí; 27 en Tumbaco; 13 en Cumbayá y 17 en El Quinche. En cuanto a
las propiedades de congregaciones religiosas, constan los predios del Convento de la
Concepción en Lumbisí-Cumbayá; Caraburo que perteneció a los jesuitas y luego de su
expulsión a las Temporalidades. Las propiedades más conocidas fueron la hacienda y
obraje de Cariburo, las haciendas Oyamburo, Itulcachi, Chilpe, Tababela y Uravia. Y
mencionemos en Cumbayá, la estancia de Francisco Atahualpa hijo del Inca Atahualpa,
que para 1692 ya pertenecía a Antonio Joseph Cabrera27 (Borchart, 1998: 179-193).

Francisco Atahualpa fue hijo de Huayco Ocllo, llevaba también el apellido de Tupac-
Atauchi y se le distinguía en Quito con el título de Auqui, príncipe, correspondiente a su
ascendencia (Navarro, 1930: 93-94). En Cumbayá estuvo la propiedad más extensa que
tuvo el Auqui medía 19 caballerías (210 hectáreas) de las cuales entregó 2 a su hija natu-
ral Joana, las restantes a su mujer Beatriz Ango y a su hijo Alonso. La cronología de la
propiedad podría ser:

26 Caballería de tierra: equivale a


42 hectáreas.

27 En el trabajo de Christiana
Borchart se encuentra un intere-
sante cuadro de mercedes de tie-
rras, remates, ventas y donaciones
correspondientes al valle de
Tumbaco, desde los años 1556
hasta 1680.
34

Con respecto a la antigua comunidad de Lumbisí, a principios de 1537, Fray Jodoco


Rique, recibió en herencia del difunto primer Alcalde de la ciudad Diego de Tapia, las
tierras y los indígenas de Lumbisí (Cumbayá), y puso bajo su especial amparo a los indí-
genas de esa jurisdicción (Moreno, 2002: 33). Para 1786, mientras la mayoría de indíge-
nas había perdido gran parte de sus tierras, la parcialidad de Lumbisí contaba con eji-
dos propios. Tengamos en cuenta que los indígenas de Lumbisí, en 1674, promovieron
un juicio de tierras contra las monjas Conceptas, el mismo que duró hasta 1824.28

Cuando los indígenas de Lumbisí llegaron procedentes de Licto y Punín, no tenían


cura doctrinero, por lo que permitieron a cambio de servicios religiosos, que el cura
Alonso de Aguilar tome prestado terrenos para mantener sus animales. El sacerdote
formó una hacienda y al morir entregó las tierras a las monjas de la Concepción. En
1802 se dictó sentencia favorable para las monjas, pero el protector apeló al Rey de
España y este, por Cédula Real de 1805, ordenó reabrir la causa. El fiscal favoreció a
los indios y entregó las tierras como “pueblo de indios” con chacras29 para cada uno
(Rebolledo: 1992: 200-206).

Durante los siglos XVII y XVIII, la lucha por la posesión de tierras fue constante. Las hacien-
das en formación, pertenecientes a españoles, agrandaron sus propiedades a costa de usurpa-
ción de tierras a los indios. Pero también a través de donaciones, compra ventas y herencias
muchas de las propiedades indígenas pasaron a españoles, criollos y mestizos. El obraje, del
que hablaremos más adelante, tuvo su apogeo y decadencia en estos dos siglos. Para el siglo
XIX se consolidó el latifundio, el valle estaba conformado por haciendas y estancias que se
mantuvieron gracias a las posibilidades de acceso a mano de obra indígena.

Los obrajes
El Estado español, al organizar la encomienda y la recaudación de tributo, tenía
en los obrajes una excelente forma de recaudar el tributo a los indígenas y con-
3.4 tar con su mano de obra. Existieron dos tipos de obrajes: los de comunidad, per-
teneciente a comunidades indígenas que permitieron obtener el dinero necesario
para pagar el tributo a los encomenderos. Por otra parte estaban los obrajes de particulares o
privados, cuyos propietarios fueron españoles encomenderos o comerciantes que conformaron
una elite dentro de la organización social obteniendo excelentes ganancias. Estos últimos, se
ubicaron cerca de los pueblos y contaron con fuerza de trabajo indígena que la adminis-
tración española les garantizaba por medio de la mita.

Hubo también otras unidades de producción textil de tipo doméstico, menos grandes que los
obrajes, llamadas obrajuelos y chorrillos, ubicados generalmente en áreas urbanas. El obraje
estaba equipado con batán, torno, telar mecánico, cardador mecánico; el chorrillo era más
pequeño, no tenía batán y se trabajaba con mano de obra contratada. Las comunidades re l i-
28 Los expedientes de este litigio giosas (jesuitas, mercedarios y dominicos) también mantuvieron obrajes en la Real
se encuentran en la serie Indíge-
nas del Archivo Nacional de Qui-
Audiencia de Quito. La Compañía de Jesús, por ejemplo, tuvo uno en el valle de Los
to. Son analizados por Loreto Re- Chillos.
bolledo en su tesis Comunidad y
resistencia, el caso de Lumbisí en
la Colonia, publicado por FLACSO Para obtener mano de obra existieron tres formas: los indios de entero o tributarios de las comu-
y Abya Yala en 1992.
nidades, quienes obligados a cubrir el peso de la tasa tributaria asignada a la comunidad, se
29 Chacras: parcelas o huertos pa- debieron enrolar como fuerza de trabajo a los obrajes; los indios mitayos o quintos, asignados
ra sus cultivos.
35

a los obrajes particulares y a las activida-


des agropastoriles vinculadas; y los
muchachos entre 12 a 17 años, asignados
también para los obrajes particulares, bajo
el nombre de “aprendices”, mientras se
familiarizaban con las diferentes fases
del trabajo textil.30

Otra manera de contar con mano de


obra consistió en obligar a los indíge-
nas al trabajo en los obrajes, para can-
celar deudas y pagar condenas por sus
delitos, utilizando así a los obrajes
como cárceles. El 9 de enero de 1665, el
Cabildo de Quito expuso las razones
que justificaban este procedimiento:

1) Porque quedarían impunes los delin-


cuentes de pena capital, pues como no
se les daba pena de muerte, ni se les ponía en galera sino en obrajes, relevados de esta
condena, quedarían sin castigo.

2) Tienen más facilidad de pagar en los obrajes las deudas que han contraído por hur-
tos o por préstamos que se les ha hecho, mientras que en las cárceles no tendrán que
comer ni en que trabajar.

3) Porque desde que se han visto libres de los obrajes se han entregado con más osadía
a los fraudes, robos y muertes.

4) Porque la experiencia ha demostrado que ni los azotes ni la cárcel, son suficientes


30 Guadalupe Soasti Toscano,
para corregirlos, por lo que a pocos días que se les ha impuesto estas penas, vuelven a
“Sobre los obrajes en la Real
Audiencia”, en Diario la Hora y cometer los mismos delitos.
Taller de Estudios Históricos TE-
HIS,http://www.dlh.lahora.com.ec
/paginas/historia/index.htm 5) Porque los tributos no se cobran en las cárceles con la eficacia que en los obrajes.

31 Desde la primera mitad del


siglo XVI, se dispuso el nombra- 6) Porque los indios son bárbaros, no temen a Dios, a las cárceles a los azotes, ni la horc a
miento de los “protectores de misma, sino solo a los obrajes, por ser de naturaleza ociosos, dados a la embriaguez, ladrones.
naturales”, tenían la representa-
ción legal de la población indíge-
na en los litigios que presentaban, 7) Porque el comercio de estos depende de las ventas del ganado que les hacen los españo-
sean causas civiles, criminales y
administrativas. Desde 1554, los les y así pueden cobrarles haciéndoles devengar en los obrajes (Enríquez: 1916: 148-149).
protectores fueron los fiscales de
la Audiencia, españoles titulados
de bachilleres o licenciados. María Quimbiaulco denunciaba al protector de naturales31 que su hijo Julian Chilimba
Recibían un salario proveniente de fue preso en el obraje de Yaruquí por el cobrador de tributos, pagó lo que adeudaba,
las exacciones pagadas por los
indios. Clases de protectores: pro- pero el arrendador del obraje, Gregorio Sánchez de Orellana, no lo dejó libre.32 Sánchez
tectores generales radicados en la de Orellana, era dueño de caballerías en Añaquito, había rematado la hacienda
ciudad de Quito. Protectores parti-
darios, no siempre titulados que Cangahua en Cayambe, la de Caraburo, Urapamba y el obraje de Yaruquí.
actuaban bajo la supervisión de un
abogado (Bonnett:1992).

32ANQ, Serie Obrajes, c. 29, exp.


5, 26-VIII, 1785, f. 2 (Denuncia
indio por libertad).

Imagen: hacienda Tucugsagua en El Quinche. Fotografía de Lucía Moscoso.


36

Sánchez de Orellana, en 1788 pidió al Juez Pedáneo, obligue a los indios a trabajar y los
saque del poder de cualquier hacendado donde estuviesen, “que no se ha de perder un
obraje en que su valor pende en indios y sus deudas”. En el inventario se habla de una
casa con oratorio, 85 cabezas de ganado vacuno, 80 árboles de limones, membrillos,
duraznos, nogales, capulíes y guarango.33

Finalizando el siglo XVIII, el obraje de Yaruquí mantenía mano de obra, en gran parte,
con indios presos por deudas a particulares y deudas de tributos. En 1787, se informaba
al fiscal protector de naturales sobre los abusos de los que eran víctimas:

“[…] estos miserables encerrados en aquellas casas padecen un mal tratamiento […] han lle-
gado a perecer algunos de hambre y por los muchos azotes que les dan y la fatiga del traba-
jo a que los obligan, sin que por esto se haya verificado que alguno se libre de la deuda, por
que el que administra el obraje, figura que el trabajo de estos miserables no alcanza a satis-
facer aquel alimento cortísimo con que los mantienen […]”. 34

La situación en los obrajes fue espantosa, los operarios indígenas eran forzados a traba-
jar por largas jornadas, con escasa alimentación y estaban sujetos a toda clase de abu-
sos. Al parecer el obraje de Yaruquí fue el más temido por los indígenas. Las autorida-
des facultaron a un funcionario para perseguir

“[…] a todos los vagos que se hallan ocultos o a los que con el nombre de mestizos están
perjudicando el Real haber de su Majestad […] que se haga pesquisas y los ponga en el obra-
je de Yaruquí y practique esto en Puembo, Pifo, Yaruquí, Quinche, Guayllabamba […] para
cuyo fin todos los gobernadores, caciques y demás principales de dichos pueblos le acom-
pañen y le den los auxilios necesarios”. 35

Los indígenas huían del trabajo en los obrajes. Sánchez de Orellana, en 1791, tuvo que
llevar desde Quito indígenas presos para trabajar en su obraje, él mismo comunicó la
decadencia en la que se encontraba, manifestando que de 15 trozos de bayeta que se
laboraba en cada mes, la producción bajó a la mitad por la escasez de indios que había
en la zona. Sabemos que para ese año se producía en aquel obraje; paños, bayetas, jer-
gas, lienzos, polainas y que contaba con los siguientes empleados: un maestro que cui-
daba el batán, portero, recogedor, cinco indios cardadores, cinco percheros, 25 hilado-
res. El salario se pagaba parte en dinero y parte en efectos (granos) traídos de su hacien-
da Isacata.36
33 ANQ, Serie Obrajes, c. 30, exp.
5, 9-III-1788, ff. 45 (Obraje de
Yaruquí, Sánchez de Orellana ).
El obraje de Yaruquí, dependía del trabajo de los convictos, lo que por un lado permitía
a estos pagar deudas e indemnizaciones y, por otro, proporcionaba al Estado una alter-
34 ANQ, Serie indígenas, c. 122,
exp. 28, 6-XII-1787, f. 1, 46, 46v.
nativa para mantener a los prisioneros en lugares diferentes a las cárceles.
(Informe de obrajes).

35 ANQ., Serie indígenas, c. 122, La carga exagerada de trabajo impuesta en los obrajes motivaba a que los indígenas se
exp. 28, 6-XII-1787, f. 1, 46, 46v. enrolaran en las haciendas, por lo que, dueños de haciendas y obrajeros se disputaban
(Disposición sobre mano de obra
para obrajes).
la mano de obra del valle. En 1683, el capitán Martín de Aybar, propietario de un obra-
je en términos del pueblo de Yaruquí -cuyo dueño anterior fue su suegro, el capitán
36 ANQ, Serie Obrajes, c. 30, exp.
17, 28-V-1791, f. 25 (Obraje
Joan de Santiesteban-, solicitaba se cumpla con la asignación de mano de obra autori-
Yaruquí de Sánchez de Orellana). zada años atrás, por el licenciado Martín de Arriolla, presidente de la Real Audiencia.
37 ANQ, Serie Obrajes, c.15, exp. Exigía se ejecute el mandato y se le entreguen los 100 muchachos hiladores y 12 mita-
10, 9-VII- 1683, f. 7, 9, 9v yos para servicio, “[…] conforme están señalados y repartidos por sus ayllus […] porque
(Solicitud de mano de obra).
el gobernador y caciques del pueblo, se excusan, que los vecinos del dicho pueblo y
valle de Yaruquí ocultan los muchachos en sus estancias”.37
37

En el caso de Tumbaco, en 1742, el obra-


je pertenecía a los sucesores del capitán
Martín de Jerovi, quien tenía derecho a
20 indios “de los naturales” y también a
indios forasteros residentes en Tumbaco y
Cumbayá; ordenó entonces a caciques y
principales hagan puntualmente “[…] los
e n t e ros de los 20 indios para el servicio
del obraje sin excusa ni dilación alguna
[…]”.38 En cuanto a los forasteros, estos
debían contratarse libremente.

La Marqueza de Maenza, esposa de


Gregorio Matheu, fue propietaria del
obraje de Cumbayá para el año 1752. Ya
en 1687 había obtenido licencia para fun-
dar un chorrillo de labrar bayetas en el
pueblo de Toacaso, (Provincia de
Cotopaxi).39 En Puembo, a fines del siglo
XVII, se implementó el conocido “Chiche
Obraje”, hacienda que combinada la pro-
ducción de cereales y textiles (Soasti
Toscano:1990).

Los obrajes del valle funcionaron gracias a


la mano de obra indígena que fue someti-
da a un trabajo especializado y deshuma-
nizado en el que participaban los llajtayos-
mitayos que interactuaban y convivían en
el valle.

Una descripción general de cómo operaban los obrajes en su aspecto material, basada
en el obraje de Tilipulo (Latacunga), dice que “la vivienda era extensa, como galpón,
con pequeñas ventanas defendidas por rejas de hierro, que dejaban pasar poca cantidad
de luz, con una puerta; en su interior se encontraban los mismos instrumentos y apara-
tos primitivos que los indios los inventaron y con los cuales trabajaban sus tejidos: la
rueca, el telar primitivo, las cardas, las devanaderas. En sección aparte estaban las enor-
mes pailas utilizadas en la tintorería; completaba la fábrica el famoso batán, situado en
orillas de un río o de una acequia; en donde lavaban las lanas, los tejidos, los hilos; en
donde curtían y devastaban la lana y en donde secaban esos productos al calor del sol y
prensaban las telas” (Patiño, 1993).

Sería importante para la historia económica de la Real Audiencia de Quito conocer el


aporte, dentro de la producción textil, que tuvieron los obrajes del valle de Tumbaco en
el contexto global de la Real Audiencia. Lamentablemente, al momento no existen estu-
38 ANQ, Serie Obrajes, c. 18, exp. dios suficientes que nos permitan comparar los niveles de producción de unos y otros
6, I-IV-1742, f.11 (Asignación
distribuidos en el resto del territorio.
mano de obra indígena mitaya).

39 ANQ, Serie obrajes, 1752, C.19,


exp. 4, f.4 (Solicitud para fundar
un chorrillo).
Imagen: circuitos comerciales de los mercaderes quiteños, Enfoques y estudios, Quito a través de la Historia,
Dirección y Planificación del Municipio de Quito, 1992, p. 91.
38

La producción obrajera decayó en el siglo XVIII debido a la crisis de la producción mine-


ra de Potosí que afectó a la estructura comercial de toda la región. Por otra parte, el
poder político de España que estaba en los Habsburgo40 fue reemplazado por los
Borbones, esto determinó un cambio en la política económica para las colonias españo-
las. Las reformas borbónicas,41 emprendidas por Felipe V y Carlos III, introdujeron
medidas destinadas a promover el comercio. Esta nueva política promovía la libre circu-
lación de mercancías, suprimía las aduanas internas y permitía la libre introducción de
efectos europeos en América, sobre todo textiles.

La decadencia de los obrajes se agravó con la introducción de tejidos extranjeros que


competían con otros de mejor calidad, a esto se añade la escasez de mano de obra que
se disputaban obrajeros y hacendados. Finalmente, los obrajes fueron cerrando sus
puertas y dando paso solamente al fortalecimiento de la producción agraria.

Conformación de la hacienda
Luego de la crisis obrajera se fortaleció la producción agrícola bajo el régi-

3.5 men de hacienda y fue consolidándose la clase terrateniente. Las haciendas


del valle fueron diversificando su producción (cereales, frutas, ganado,
entre otros) de acuerdo a los pisos ecológicos que ocupaban.

En cuanto a la mano de obra, sin vigencia legal la mita, el indígena fue libre de con-
c e rtarse de manera voluntaria. Este procedimiento permitió recluir en la hacienda a
una masa considerable de campesinos a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.
Fue entonces cuando otras formas de captación de mano de obra prosperaron y diero n
nacimiento a los trabajadores rurales desvinculados de su comunidad de origen. Al
mismo tiempo que la hacienda se consolidaba también crecía una población campesina-
indígena en su interior.

Durante el siglo XVIII, se fortaleció el latifundio gracias al proceso de concentración de


40 Durante los siglos XVI y XVII la tierra en manos de españoles, criollos y mestizos. La disminución de la propiedad indí-
gobernaron España, los monarcas de gena incidió en la utilización de la fuerza de trabajo por parte de las haciendas. Sin tie-
la Casa de Habsburgo (los austrias).
rras los indios vendían (voluntariamente) su trabajo bajo el mecanismo del “concertaje”.
41 Conjunto de grandes cambios A pesar de estar estipulada la asignación de un salario por sus servicios y una parcela
económicos, políticos y adminis-
trativos que impulsaron los reyes
para sembrar y vivir con su familia (huasipungo),42 el concertaje tenía una serie de res-
Borbones de España, para la ponsabilidades económicas y sociales. El concierto se endeudaba constantemente con el
metrópoli y sus colonias, durante
el siglo XVIII. Por ejemplo la libe-
patrón imposibilitando que en algún momento pudiera dar por terminado su contrato.
ración del comercio entre los puer- Pedía adelantos en dinero, llamados socorros u suplidos, especialmente para gastos de
tos españoles y americanos, cuan-
do Carlos III dictó el decreto de
fiesta, y era responsable del costo por animales muertos, todo esto lo endeudaba debien-
Libre Comercio en 1778. Al res- do pagarlo con trabajo, creando así una relación laboral mediatizada por el endeuda-
pecto ver el trabajo de Rosmarie
Terán Najas, Los proyectos del
miento. La permanencia en la hacienda se prolongaba por generaciones, pues la deuda
imperio Borbónico en la Real era transmitida a los hijos. Mencionemos también a los peones sueltos o libres que tra-
Audiencia de Quito, Quito, Tehis,
1988.
bajaban en las haciendas, por un tiempo y salario determinado, muchos eran parte de
las tierras de comunidad43 que sobrevivieron a la Colonia y a la presión terrateniente en
42 Por ello también el nombre de
indios conciertos o “huasipungueros”.
el período republicano.

43 Las tierras de comunidad tam-


bién llamadas tierras de indios
libres, por ejemplo, Lumbisí.
39

44 El cuadro contiene inform a c i ó n


general de las propiedades del valle
de Tumbaco y de ninguna manera
está completo. Es producto de una
a rdua investigación que realizara el
Banco Central del Ecuador, apo-
yándose en información de la Serie
Ti e rras y las Notarias del Archivo
Nacional de Quito.

45 Temporalidades: término que


se aplica a todos los bienes expro-
piados a los jesuitas a raíz de su
expulsión de la Real Audiencia de
Quito en 1767.
40

46 Elia Liut: piloto. Nació en Italia


en 1894, falleció en Quito en 1952,
p a rticipó en la Primera Guerra
Mundial como piloto de combate,
en 1913 alcanzó el record mundial
de velocidad en aviación. En 1920
llegó a Guayaquil, sobrevoló por
primera vez los Andes, realizó
varios vuelos pioneros entre varias
ciudades del país. Fundó una
escuela de aviación en Guayas, se
casó con Carmen Angulo Tobar.
41
42

En 1918, se suprimió el apremio personal o prisión por deudas, lo que significó la aboli-
ción del concertaje y por tanto se estimuló la libre oferta y demanda de trabajo. El tér-
mino concierto fue entonces reemplazado por el de “huasipunguero”, porque en defini-
tiva el trabajador agrícola estaba arraigado en la hacienda por el pedazo de tierra asig-
nado, permaneciendo voluntariamente en ella porque podía acceder a tierras, agua y lo

Imagen: ruinas de la hacienda Oyambarillo, en la parroquia de Tababela.


43

más interesante había conformado una comunidad dentro del predio. Si en algún caso
buscaron salir del sistema hacendatario, sería para trasladarse de una unidad producti-
va a otra, respondiendo a la oferta de mejores condiciones de subsistencia (Carlos
Marchán, 1986:35).

Más allá de una definición étnica de los actores sociales, podemos observar que al igual
que en todo el país, el valle de Tumbaco fue conformando para el siglo XX una sociedad
rural, agraria y campesina.
Las tierras de comunidad como el caso de Lumbisí, actualmente única comuna de la
parroquia de Cumbayá, y muchas otras que todavía sobreviven en el valle, se acogieron
a la Ley de Comunas (1937), que les confirió personería jurídica. Con la Ley de la
Reforma Agraria (1964),47 grandes extensiones de tierras se entregaron a los campesi-
nos, “[…] considerando el número de beneficiarios, el valor catastral de la tierra y los
años de servicio prestados por el huasipunguero” (Costales, 1971: 120). Estos beneficia-
rios, conformaron comunas, algunas convertidas en barrios durante la segunda mitad
del siglo XX.

Las haciendas y población del valle, en varias ocasiones, resistieron erupciones, terre m o-
tos e incluso pestes. Durante el período colonial las pestes de viruela, sarampión y alfom-
brilla afectaron a la ciudad de Quito y sus valles. Sin embargo el paludismo estuvo pre s e n-
te hasta mediados del siglo XX, constituyendo una amenaza para el área de Tumbaco. La
condición palúdica de la hoya del Guayllabamba se extendió a los valles debido a que
estos reunían las condiciones climáticas y de suelo permitiendo la supervivencia de mos-
quitos port a d o res del parásito palúdico. Sabemos que algunos trabajadores del ferro c a rril
que atravesaba el Valle fueron víctimas del paludismo.

Para enfrentar al paludismo, en 1941 el gobierno de Carlos Arroyo del Río decretó la creación
de fondos para la llamada “Defensa del Valle de Los Chillos”. En el considerando dice que el
paludismo ha aparecido con caracteres alarmantes en la zona de San Pedro de El Tingo, ame-
nazando con invadir el valle de Los Chillos y Tumbaco. Dispuso que todos los propietarios de
las parroquias de estos valles hagan una erogación obligatoria del uno por ciento sobre el
valor de sus propiedades por una sola vez. Este monto se invertiría en los trabajos de sanea-
miento de los valles de Los Chillos, Tumbaco y Pomasqui (Rivadeneira, 1941:36-39).

47 Los hacendados fundamenta-


dos en la Ley de Adjudicaciones y
Expropiaciones de Tierras, dictada
en 1938, iniciaron las adjudicacio-
nes de tierras a los “huasipungue-
ros”. Se inició entonces la entrega
anticipada de huasipungos, consi-
derando que la Ley de Reforma
Agraria se expidió en 1964.
Imagen: Erupción del Cotopaxi, 24-IX-1854, en Imágenes de Identidad, acuarelas quiteñas del Siglo XIX, Quito,
FONSAL, 2005.
44

Tumbaco enfrentó también, para el siglo XIX, una “plaga de langostas”. 48Un informe
enviado al presidente Carondelet, en 1807, motivó a una verdadera pesquisa de langos-
tas con participación de todos los hacendados, indígenas y mestizos. Los sitios afectados
fueron La Tola, Chichipata, Callaqui, Churuloma, San Blas, Sullun, Cochabamba,
Tolagasí, Las Chorreras y los contornos del Obraje. El documento menciona incluso el
envío de algunas langostas vivas para ser estudiadas.

“[…] se hizo una matanza con gran trabajo […] pues dichos animales no andaban en copia,
sino una por ahí y otra por allá y así dispersas levantaban el vuelo hasta una cuadra y se ele-
vaban otro tanto. […] Indios y mestizos dijeron que nunca habían faltado en este pueblo par-
ticularmente en los sitios donde había las yerbas llamadas mosquera y chamana […]”.49

Estas plagas fueron reportadas en 1916 en el actual cantón Mira (provincia del Carchi),
y para 1947 una invasión de langostas en El Oro y Loja (principalmente en el valle del
Catamayo).50

Con respecto a las consecuencias de las erupciones del Cotopaxi, Dionisio de Alcedo y
Herrera en su “Descripción de la Presidencia de Quito” habla de la erupción del volcán
ocurrida en el año 1698. Pero del siglo XVIII provienen las mayores fuentes sobre erup-
ciones del gran Cotopaxi: julio de 1742, noviembre de 1744. La erupción de abril de
1768 es catalogada como la más catastrófica, causó un terremoto que se sintió en la ciu-
dad de Quito, los lahares alcanzaron el valle de Los Chillos y el de Tumbaco, afectándo-
se extensas áreas agrícolas.51

La erupción, de junio de 1877, provocó flujos de lodo que nuevamente llegaron a los
valles. Al noreste de la hacienda San Rafael, los tres ríos, Pita, Cununyacu y San Pedro,
48 Especie de saltamontes de 5 a se juntaron en un solo curso para atravesar la planicie de Conocoto y dirigirse hacia
12 centímetros, capaces de formar Tumbaco. Allí invadió terrenos, destruyó un molino, sembríos de caña de azúcar y causó
plagas que acaban con grandes
extensiones de cosechas, poseen algunas víctimas.52
largas patas posteriores que les
permiten saltar y un aparato bucal
para masticar y comer hojas. Su Según el Instituto Geofísico las erupciones pasadas del Cotopaxi estuvieron caracterizadas
actividad generalmente es noctur- por seis clases de fenómenos eruptivos que re p resentan peligro para el hombre y las obras
na. Las pestes de langostas se
conocen en América desde la de infraestructura: flujos de escombros y lodo (lahares), caídas de piroclástos y ceniza, flu-
época de la Colonia. jos piroclásticos, derrames de lava, gases volcánicos y vapor caliente, y sismos volcánicos.
49 ANQ, Serie Gobierno, c.63,
exp. 18, 22-I-1807, f. 3 (Reporte Pero son los lahares los que afectaron al valle de Tumbaco, comprenden una mezcla de
Plaga de Langostas).
materiales volcánicos (rocas, ceniza, pómez, escoria) y agua que viaja rápidamente pen-
50 Virgen de caridad libra de lan-
diente abajo siguiendo el curso de las quebradas, estos flujos pueden transportar gran-
gostas a Mira. Sitio Web de los po-
bladores de Mira. des bloques de roca, arrasando con todo lo que encuentran a lo largo del cauce y a ori-
http://www.mira.ec/Paginas/VCar llas de los drenajes afectados. Para el Instituto Geofísico, la zona con una alta probabi-
idad/VirgenCaridad.aspx
lidad de ser afectada en caso que se generen lahares, está comprendida por los cauces
51 Historia Eruptiva del Volcán
y las orillas de los ríos Salto, Pita, Santa Clara y San Pedro. Por estos cauces han transi-
Cotopaxi. Sitio Web part i c u l a r, fun-
damentado en Instituto Geofísico tado en épocas históricas los flujos de escombros de los períodos eruptivos de 1744, 1768
de la Escuela Politécnica Nacional. y 1877, así como innumerables flujos de escombros de la época pre-colonial, como lo
http://library.thinkquest.org/03oct/
00642/c_historia.html atestiguan los depósitos de los flujos pertenecientes a esta etapa del volcán.
52 Ing. Eduardo Aguilera, “Flujo
de lodos en el Cotopaxi”, Quito.
Escuela Politécnica Nacional.
http://publiespe.espe.edu.ec/art i-
culos/vulcanismo/flujo-de-
lodos/infocoto.htm
45

Comunicación vial en el valle:

4 infraestructura tradicional,
caminos y puentes
La catástrofe de 1744 asoló a las provincias de Cotopaxi y Pichincha: la erupción del
Cotopaxi arrebató gran parte de los puentes penosamente levantados por la pobreza
colonial. Las aguas del “inmenso aluvión” subieron más de cien metros en el río
Guayllabamba. Uno de los mayores daños fue la destrucción del puente del río Pita. El
cura de Tumbaco, Felipe García Aguado , propuso ayuda, ante el aislamiento en que
quedaron los pueblos de Yaruquí, Puembo, Pifo, impedidos de comunicarse con Quito,
salvo con el auxilio de “tarabitas” o andariveles. Planteó construir un gran túnel para
reemplazar al puente derruido e impedir que el río volviera a llevárselo.

En el año 1759, el sacerdote comunicó al Cabildo que el puente había sido arrebatado
una vez más por las crecientes del río y pidió apoyo para la terminación del socavón.
Años después, el 9 de julio de 1773, el doctor Aguado entraba en la inmortalidad, sobre
el túnel construido bajo su dirección, pasó el ferrocarril: los siglos han respetado la obra
del célebre eclesiástico colonial y el río no ha vuelto a saltar la valla que el abnegado
cura le puso (Tobar Donoso: 1953: 38-39).

El puente de Tumbaco fue motivo de enfrentamientos entre españoles hacenda-


dos e indios. El documento de 1765, registra la posición adoptada por los indíge-
nas en el cobro que se realizaba por su tránsito. En efecto, luego de concluida la
obra, se dispuso que los habitantes del valle no paguen por su uso, pero sí los
f o r a s t e ros, quienes debían pagar medio real para los costos de bejucos y otras
refacciones. En principio existió la disposición que un blanco y un indio, a cam-
bio de un real por día, se encarguen de los cobros. Los indígenas pre s e n t a ron, al
p rotector general, una solicitud para que la responsabilidad sobre el puente
recaiga únicamente en un cacique, como era de suponerse los hacendados estu-
53 ANQ, Serie Pesos, c. 95, exp. 4, v i e ron en desacuerdo.
3- IX- 1765, f.7 (Sobre Puente de
Tumbaco).
La solicitud de los indígenas hablaba del esfuerzo que hicieron por constru i r l o ,
54 En la nómina de los hacenda-
l l e g a ron a participar hasta 100 indios cada día y costeando de su propio peculio
dos de la región que pagaban una
contribución cada año para el los cabrestos (tiras de cuero). Reclamaban también que el “tarabitero” exigía el
mantenimiento del puente, cons-
pago de medio real a cada individuo. El protector general se dirigió a la Real
tan: la marquesa de Maenza, Pe-
tronila Iriarte, doctor Poveda, Audiencia con la solicitud de los caciques del pueblo de Tumbaco y pidió que
Esteban Recalde, Martín Soria,
estos cuiden el puente y cobren medio real a los que transiten con bestias y que
Javier Barba, Nicolás Yépez, Cris-
tóbal Balladares, Joaquín Chiri- no fueren indios. Contribución que serviría para la manutención del port e ro y la
boga, Gregoria Guerrero, Joseph
refacción del puente. 53
Guerrero, señora, Najera, Mariano
Ubillus, Josepha Jijón, Joaquín
Alaba, Javier Álvarez, la Hacienda
Luego que los indígenas lograran el control del puente, 54 dos años más tarde, en
de la Compañía, Diego Donoso
Ignacio Salcedo, Justo Pazmiño, 1767, el marqués de Villa Orellana se dirigió al presidente de la Audiencia, comu-
Mario Martínez, Clemente Sán- nicando que, a cuenta propia, quiere trabajar la obra del socavón del río de
chez, los señores Pinos, Pedro Al-
ban, hijo e hija de Pedro Alban,
Tumbaco. Describe como la angostura del socavón, sostenida de un costosísimo
Alejandro Olmedo, Andrea Chá- t a j a m a r, se destruyó ocasionando que el curso de las aguas siga su antigua vere-
vez, pobladores propietarios de Pi-
da, produciéndose derrumbos e impidiendo el desagüe en perjuicio del vecindario
fo y Yaruquí, haciendo un total de
160 pesos. y las fincas:
46

“[…] con notable horror e incomodidad se trajina hoy por un puente de palizada tan peligroso
que continuamente se le está llevando el río y luego apelar al auxilio de una espantosa tarabi-
ta que da horror pasar por ella con riesgo de la vida, sondeando su vado las bestias en que
casi todos los días mueren mulas, es inexplicable el trabajo que los pueblos circunvecinos
padecen y con la esperanza perdida de no poder fabricar un puente de cal y canto por no
haber sitio para ello por la anchura de sus veredas como por la suma pobreza de sus morado-
res que no son paces de costear los miles que se necesitan […]”.55

O f reció concluir la obra del socavón, a expensas de su propio peculio, no cobrar a


ningún vecino hasta terminar la obra, con la condición que durante diez años se le
pague medio real por cada bestia mular cargada que pase, y todos aquellos que
transiten a pie lo hagan sin costo alguno. Obligaciones que recaían en españoles,
mestizos e indios.

El 13 de marzo 1767 fue adjudicada la obra al marqués de Villa Orellana; cuatro años
más tarde, la obra estaba finalizada y los indígenas nuevamente manifestaban su des-
contento por la contribución impuesta. El marqués consideraba que son los “hacenda-
dos los que acarrean en bestias […] por lo tanto los contribuyentes no son los indios”, sin
tomar en cuenta a aquellos que venían con sus cargas de productos a comerciar en la
zona y en la misma ciudad de Quito. Los indígenas comerciantes recurrían a cargar los
efectos a sus espaldas para evitar la contribución.

La importancia económica y cultural de la infraestructura tuvo que ver básicamente con


la interacción entre las poblaciones del valle y el acceso al centro de Quito. Así también
el nexo con las poblaciones orientales, vía Pifo-Papallacta, con las que tradicionalmente
las poblaciones del valle mantenían comunicación.

El camino al Oriente

Las relaciones interzonales de la gente amazónica con los andinos existie-

4.1 ron desde el período prehispánico (Salomon, 1980: 172-174). El trabajo


arqueológico del sacerdote Pedro Porras demuestra la antigüedad preincai-
ca de estos vínculos, restos de su llamada “Fase Cosanga” fueron también
encontrados en Cumbayá, Oyacachi y en las alturas del páramo de la antigua ruta
Quito-Papallacta- Baeza (Porras, 1974).

El camino que va por el valle de Tumbaco a Papallacta fue una de las vías comerciales
preincaicas, que más tarde también utilizaron los incas y luego los españoles. Los pro-
ductos amazónicos enviados a Quito incluían la “canela”, el colorante vegetal llamado
bandul, que utilizaban los aborígenes para pintar el rostro en ceremonias y la coca del
Oriente que parece haber sido transportada por especialistas quijos. Desde Quito, lleva-
ron la sal y también el algodón (Salomon, 1980: 174-175). Los testimonios orales de
varios pobladores de Tumbaco y Pifo mencionan a los “yumbos”, como indígenas comer-
ciantes que llegaban del Oriente por vía Papallacta-Pifo.

55 ANQ, Serie Gobierno, c. 22,


exp. 22, 9-III-1767, f.16 (Propuesta
de marques de Villa Orellana).
47

“Los yumbitos venían del Oriente, llegaban por


Pifo o Puembo, llegaban caminando, pidiendo
descanso y tomando agüita. Tenían camisa,
pantalón blanco y plumas en la cabeza.
Antiguamente los Yumbos venían a participar
en las fiestas, por eso ahora se disfrazan de
yumbos en las fiestas, porque ellos ya no vie-
nen. Yo me disfrazo de yumbo y mis nietos tam-
bién se disfrazan y saben bailar como los yum-
bos” (Ipólito Sacansela Pichu , 77 años,
Cumbayá).

La palabra “yumbo” es un término genéri-


co que se aplica a cualquier miembro de
una etnia tropical o selvática, se usa para
designar a gente de la montaña de la
cuenca amazónica, particularmente a los
quijos. Pero en el período colonial yumbo
también se refería a los nativos de los flan-
cos occidentales del volcán Pichincha56
(Salomon, 1980: 111).

Pocos años después de fundada la villa de San Francisco de Quito, comenzaron las expe-
diciones a la región oriental. Las riquezas encontradas en la conquista y las noticias que
los indígenas daban sobre esta región fueron estímulo para los viajes que emprendieron
los españoles. Las referencias tenían que ver con el origen amazónico del oro y con la
abundancia del árbol de canela. Animados los conquistadores pusieron en marcha el
mito del “País de la Canela”, que según decían los indios estaba al oriente de Quito.
Organizaron sus expediciones resueltos a emprender a toda costa la conquista del país
56 Acerca de los yumbos del sub-
trópico quiteño, remitirse a Tulipe
de la canela donde estaban seguros encontrarían grandes ciudades, imperios opulentos y
y la cultura yumbo. Arqueología señores con inmensas riquezas.
comprensiva del subtrópico quite -
ñ o, del arqueólogo Hólguer Jara,
cuya primera edición del 2006 es El primero que se aventuró a explorar la región oriental ecuatoriana fue Gonzalo Díaz
del Fondo de Salvamento de Quito.
de Pineda.57 En septiembre de 1538, salió de Quito por orden de Francisco Pizarro. Su
57 Conquistador español, nació en expedición se componía de unos ciento treinta españoles, entre los cuales había cuaren-
Asturia-España, en 1533 participó
en la captura de Atahualpa.
ta y cinco de a caballo, treinta ballesteros y diez arcabuceros. En equipar la expedición
Exploró la región oriental (zonas gastó más de ocho mil pesos y fabricó la primera pólvora que se hizo en Quito. Los expe-
de Quijos y Canelos). En 1538
organizó otra expedición al “País
dicionarios tomaron el camino por Cumbayá y Tumbaco, trasmontaron la cordillera por
de la Canela”, encontrando el Guamaní y descendieron a Papallacta: cuando comenzaron a internarse en los bosques
valle de Cosanga y el río Sumaco.
En 1539, fue nombrado teniente
de Atunquijos, les salieron al encuentro algunos indios de guerra y les disputaron el
gobernador de Quito, y en 1541 paso, sin embargo, siguió hasta llegar al valle de Cosanga después de haber atravesado
participó en la expedición de
Pizarro y Orellana al Oriente.
el río de Maspa,58 llegó hasta a las faldas del volcán de Sumaco. Desalentado sin encon-
trar el “País de la Canela”, regresó a Quito (González Suárez, 1901: 3-17).
58 El río de Maspa tiene su ori-
gen en la cordillera de Pam- Gonzalo Pizarro resolvió verificar su entrada a la provincia de la Canela por el mismo camino
b a m a rca; pasa por Oyacachi, y cerro de Guamaní, por donde había viajado el capitán Díaz de Pineda, a quien lo llevó en
recibe pequeños tributarios y se
su compañía por el conocimiento de aquellas regiones. De igual forma lo hizo Francisco de
dirige hacia el este. El río Co-
sanga nace tras del Antisana, se Orellana, explorador del Amazonas. Para 1559, Gil Ramírez Dávalos llegó, siguiendo la
encontrarse con el Maspa, para misma ruta, a la planicie entre el Coca y el Cosanga y fundó Baeza de los Quijos.
constituir juntos el caudaloso
Coca (González Suárez, 1901: 5).
Imagen: “Indio del Napo”, en Imágenes de identidad, acuarelas quiteñas del siglo XIX, Quito, FONSAL, 2005, p. 221..
48

Desde mediados del siglo XVI hacia adelante, son los misioneros dominicanos los que
frecuentaron este camino, en sus viajes de visita a los pueblos de la misión de Baeza y
los cofanes. En 1777 se presenta el informe más completo sobre las condiciones de viaje
por esta vía desde Quito al Amazonas. Se lo debemos a la iniciativa del presidente de
Quito don José Dibuja, que mandó hacer una descripción detallada del camino.

El capitán Julián Rosales, en 1788, dirigió una solicitud al presidente Juan Joseph
Villalengua y Marfil, describiendo las consecuencias de llevar indios de Cumbayá a las
expediciones a Maynas:

“[…] a los poquísimos indios de este mi pueblo de Cumbayá […] se obliga a llevar las cargas,
por lo que resulta un gravísimo perjuicio […] Si prosiguen con este insoportable trabajo se
exterminarán y acabará enteramente esta cortísima población y quedará solo el cura sin tener
feligreses a quienes enseñar la doctrina cristiana [...] solicito que a estos miserables de
Cumbayá […] los dejen descansar después de tantos viajes que han hecho a costa de sus
vidas y salud […] caen muertos con los riñones podridos y la orina suelta imposibilitados a
trabajar para mantenerse y sustentar sus pobres mujer e hijos.” 59

Su propuesta concluye sugiriendo tomar indios del pueblo de Zámbiza, que asegura
tiene cuatro a cinco mil indios, o de Santa Clara, Alangasí, Sangolquí, Pintag,
Guangopolo, para que sirvan en la conducción de las cargas.

Recordemos que ya en 1618 el virrey concedió a Diego Vaca de Vega el derecho de con-
quistar Maynas (en el Marañón) y lo nombró gobernador de ese territorio.
Posteriormente, se iniciaron las misiones de la Compañía de Jesús. La misión tenía 41
reducciones atendidas por 28 misioneros, que estuvieron al frente desde 1636 hasta
1767, año en cual los jesuitas fueron expulsados de las colonias de América. A pesar que
los franciscanos se ofrecieron como voluntarios, las reducciones disminuyeron. En 1783,
las misiones se entregaron al obispo de Quito (Negro, 2000: 186-198).

Los “caminos” que vincularon Maynas con la Sierra y Costa fueron, desde Quito: par-
59 ANQ, Serie Indígenas, caja 124, tiendo a caballo en dirección sureste se cruzaba la cordillera llegando al pueblo de
exp. 11, 15-X-1788 (Sobre expedi- Papallacta en un promedio de dos días; a partir de ahí, a pie, o “en hombros de indios”
ción a Maynas).
durante 12 días de caminos desiertos, sin pueblos donde pudiesen auxiliarse los viajan-
60 Se refiere a Baños, Pro v i n c i a tes, se llegaba al río Napo, donde existía un pequeño poblado y a partir de ahí, en bal-
de Tungurahua. Hace referencia
sas o canoas por el río Napo se llegaba a la parte baja del Marañón. El viaje duraba un
de 10 días de jornada a pie, desde
Baños al pueblo de Canelos, lugar promedio de 25 a 30 días. A más de otras rutas: por Baños,60 Jaén de Bracamoros,
donde se embarcaban en canoas
Moyabamba, Lamas y Chachapoyas (Reyes Flores, 1999).
en el río Bobonaza, se pasaba al
Pastaza y se arribaba finalmente
a la parte superior del río
Los testimonios de los viajeros dan razón de la precariedad del camino de acceso al
Marañón en un promedio de 25 a
30 días de viaje. Oriente por la vía Pifo-Papallacta-Baeza y de las dificultades que se presentaban para el
61 La Comisión Científica Es- para la obtención de indígenas que acompañasen como guías o cargueros.
pañola del Pacífico se desarrolló
entre 1862 y 1866 y recorrió todos
Cuando Jiménez de la Espada llegó al Ecuador (1862-1866) con la Comisión Científica
los países del litoral pacífico ame-
ricano. Conoció buena parte del Española,61 relató acerca del uso de métodos coercitivos para conseguir cargueros. En
Ecuador, desplazándose al Orien- su diario dice que en Tumbaco, población en la que se iniciaba el camino al Napo, el
te; los científicos miembros que
dejaron escritos sus diarios fueron:
teniente político los tenía encarcelados para evitar su deserción aconsejándole que les
Marcos Jiménez de la Espada, amarrase cada noche si no quería verse expuesto a ser abandonado con las cargas en
Francisco de Paula Martínez,
medio de los bosques. Cuando no era posible retenerlos encarcelados, se utilizaba el
Manuel Almagro y Juan Isern.
chantaje reteniendo a familiares directos de los cargueros hasta que estos acudían y se
sometían a las demandas de los españoles (Jiménez de la Espada, 1998: 83-103-104).
49

La descripción más simple de esta ruta es la de Villavicencio:

“De Quito sale un camino al Oriente llamado del Napo, el itinerario es de Quito hasta Papallacta,
se viaja a caballo durante dos días, se sube a la cordillera de los Andes, se atraviesa por una
abra natural llamada encañada, luego a la colina Guamaní y se desciende al pueblo de
Papallacta, desde allí a pie, hasta el pueblo de Archidona siguiendo el río Maspa y luego se
haciende a la planicie del Quijos (Cosanga, y Baeza)” (Manuel Villavicencio, 1984: 138- 139).

En el Ecuador del siglo XIX, los presos políticos eran trasladados al Oriente (Napo y
Macas), Esmeraldas y a las Islas Galápagos, por ser lugares aislados e inaccesibles. En
el período garciano, por ejemplo, se confinó al oriente a varios opositores políticos.
Hassaurek (1860), dejó un testimonio sobre las condiciones en que se realizaba los con-
finamientos en esa época:

“Los prisioneros políticos son tratados generalmente de la manera más bárbara y cruel [...] En
numerosas ocasiones, los presos políticos eran desterrados a la selva del Napo […] Para
entender la magnitud de esta crueldad, se debe tener en cuenta que el camino al Napo, que
empieza en el poblado de Papallacta -a dos días de camino de Quito- es solamente una
senda accesible con caballos y mulas. Los prisioneros, con las piernas maceradas por los gri-
lletes que debieron cargar consigo en la prisión, tienen que caminar sobre rocas y abrirse
paso entre los densos bosques; bajando las frías y nevadas cimas de la cordillera para des-
pués navegar por corrientes profundas y rápidas […]” (Hassaurek, 197: 252-253).

En 1906, dada la importancia de esta ruta, se contrató a Francisco Cahuatijo para cons-
truir el camino de herradura Papallacta a Baeza, de 40 km. El gobierno proporcionó ope-
rario y material explosivo para romper roca.62 A principios de 1931, una compañía ingle-
sa, encargó a H. L. Holloway un informe sobre la geografía y los recursos económicos-
minerales de la casi inexplorada provincia de Oriente. Este investigador dijo que hay
dos rutas: la una por Quito-Papallacta- Baeza; la otra por Ambato-Baños-Mera.
Comentaba que la entrada desde Pifo a Papallacta se hacia en mula hasta llegar a Baeza
(Holloway, VI:47). Hamilton Rice63 en 1903 también entró a la Amazonía por Pifo.

En 1900, el Decreto Ejecutivo emitido por el Ministerio del Interior exoneraba a los veci-
nos de El Quinche de la construcción del camino de Quito a esa parroquia. 64 A este
camino a veces se denominó carretera de Quito a Puembo, pero por su dirección y pen-
diente es un camino de herradura. Partía del ejido, frente al hipódromo, desde ahí empe-
zaba el descenso siguiendo la orilla del río Machángara.65 La ruta utilizada desde el
período prehispánico atravesó el valle de Tumbaco para seguir el camino de Pifo a
Papallacta. Durante la conquista española dichas rutas fueron utilizadas para acceder a
62 Informes Ministeriales, Informe innumerables recursos. La continuidad de la utilización de esta vía de acceso perdura
Dirección General de Obras Pú- hasta nuestros días.
blicas, Anexos y Oficios, Imprenta
Nacional, Quito, 1906, p. 5.

63 Importante explorador y estu-


dioso del Orinoco.

64 Decretos ejecutivos expedidos


por el Ministerio del Interior, No.
1329, 13-II-1900, p. 123.

65 Informes del Ministerio del


Interior, Imprenta Nacional, Quito,
1901 p. 147
50

Yaruquí y la primera
5 Misión Geodésica francesa

En la célebre llanura de Yaruquí, al noroeste de Quito, la primera Misión Geodésica


francesa que llegó al Ecuador en (1736-1744), levantó las pirámides de Caraburu y
Oyambaro. La misión fue enviada por la Academia de Ciencias de París, para medir y
dar los valores exactos del arco de meridiano ecuatorial, medida que serviría para deter-
minar la verdadera forma y dimensiones de la Tierra. Estuvo compuesta por Carlos
María de la Condamine, Luis Godin, Pedro Bouguer, astrónomos y físicos; José Jussieu,
botánico; Juan Seniergues, médico cirujano y los marinos españoles, Jorge Juan y
Antonio de Ulloa, entre otros. Colaboró también el científico riobambeño Pedro Vicente
Maldonado.66

El resultado de esa medición determinó, entre otras cosas, el metro como unidad de
medida, y el sistema métrico decimal como método de medición. La línea básica de
triangulación midió 12.228 m. y sus extremos fueron Caraburo, al noroeste a 2.352
m.s.n.m. y Oyambaro, al sureste a 2.602 m.s.n.m. El triángulo se completó con el vértice
del Pambamarca, en la Cordillera Real, cuya cumbre más alta se denominó desde enton-
ces Francés-U rco, por el mojón allí puesto por los académicos (Salvador Lara, 2002: 46).

El diario de viaje de Carlos María de la Condamine relata que la planicie muy uniforme
cerca del pueblo de Yaruquí sirvió para medir una de sus bases. En 1740, se concedió
permiso para la construcción de las pirámides:

“El sitio donde debía ser colocada la pirá-


mide que marcaba el extremo austral de la
base de Oyambaro, era una pequeña coli-
na de terreno apropiado para una construc-
ción sólida. El terreno de la pirámide sep-
tentrional en Caraburu, era de una consis-
66 Pedro Vicente Maldonado: tencia diferente y encontraba allí obstácu-
nació en Riobamba el 24 de no- los que no me esperaba. La planicie de
viembre de 1704 y falleció en Lon-
dres el 17 de noviembre de 1748. Yaruquí en la que habíamos medido nues-
Estudió en el colegio de los jesui-
tra base, tiene una pendiente hacia el norte;
tas de Quito. Fue alcalde ordinario
de Riobamba, gobernador de Es- acaba en una depresión o valle de gran
meraldas. Realizó la primera carta
p rofundidad por donde corre el río
geográfica “Mapa del Reino de
Quito”. Presentó sus trabajos cien- Guayllabamba.”
tíficos en Europa, recibió reconoci-
mientos. En España, la Corte de
Madrid lo titula “Caballero de la
Utilizó madera de árbol de capulí y encargó a carpinteros de Quito labrarlos en pilotes.
Llave de Oro”; en París, la Las piedras apropiadas para las inscripciones fueron sacadas de la quebrada de
Academia de Ciencias le honra Chaupimolino (en Pifo), estas fueron labradas antes de colocar las inscripciones. Aunque
como su “Miembro Correspon-
diente” y la Sociedad Científica de
no hizo grabar en la piedra los nombres de los dos oficiales españoles, Jorge Juan y
Londres lo designa “ M i e m b ro a Antonio de Ulloa. Esta omisión originó un juicio en su contra por parte de la Real
Perpetuidad”. Considerado el gran Audiencia, para la que significó una injuria al reino español y el Rey, a esto se sumó el
exponente de la ciencia ecuatoria-
haber colocado una flor de lis67 en la cúspide de las pirámides, lo que también lastima-
na del siglo XVIII.
ba el honor de la Persona Real. Estas debían tener dos coronas de bronce como se repre-
67 Flor de lis o lirio, símbolo de las senta en el escudo de la monarquía de España y debían ir sobre las flores de lis hechas
armas de Francia. en piedra (de la Condamine: 1986: 195-217).

Imagen: un geodesta realizando mediciones, detalle de un grabado de la obra de Juan y Ulloa


51

Como consecuencia la orden fue que las inscripciones sean suprimidas y que de la
Condamine sea amonestado. Al regreso de los académicos a Francia, en 1748 la Real
Audiencia dio órdenes para la demolición de las pirámides. Hoy existen en los mismos
lugares en donde fueron reconstruidas por el presidente Rocafuerte, esto es en Caraburo
y Oyambaro.

El capitán de navío Hipólito Soulin,68 en comunicación del 24 de Julio de 1837 dirigi-


da al ministro secretario de Estado, en el despacho de guerra y Marina, comunica
haber concluido el restablecimiento de las pirámides de Oyambaro y Caraburu dando
fin a la comisión que el gobierno le dio de construir tan interesantes monumentos.
Para empezar los trabajos de Oyambaro y edificar el cimiento con solidez desbarató
los restos del edificio antiguo, encontrando la piedra de molino antigua con la inscrip-
ción “Meta Australis”, que se suponía perdida, la sacó con palancas y llenó el hueco
con piedras y una mezcla de cal y arena, para volver a colocar pues sólo tenía tres pul-
gadas de grueso.

En Caraburu tuvo dificultades para el acarreo de materiales especialmente de piedras.


Cuidó que las proporciones de las dos pirámides sean iguales a las que de la Condamine
señalaba; e informó que cada monumento tiene 15 pies de altura sobre la superficie de
la tierra, exactamente igual a lo indicado por de la Condamine en su relación histórica.
Concluía diciendo, que

“[…] sin faltar al respeto a los académicos Franceses, puedo asegurar que en la actuali-
68 Francés nacionalizado en el dad los edificios ofrecen más solidez que los construidos la primera vez; en razón de que
Ecuador, fue Ministro de Estado de ellos lucharon para conseguir materiales y mano de obra. Acompañaron el trabajo el
en el gobierno de Vicente Roca-
fuerte. Cura de Yaruquí, los Alcaldes del Pueblo y en diferentes ocasiones el Canciller del

69 Remitirse a “Documentos His-


Consulado de Francia.”69
tóricos, Restablecimientos de las
Pirámides de Oyambaro y Cara-
buru”, en Boletín de la Academia
Nacional de Historia, Vol. VIII,
No. 21, 22, 23, I- VI, Quito 1924,
pp. 250- 252.

Imagen: pirámide de Oyambaro.


52

Al iniciarse las obras el 24 de noviembre de 1836, el presidente Rocafuerte se trasladó a


Yaruquí con una comitiva y Ramón Barberán, cura de la parroquia de Tumbaco, bendi-
jo el cimiento. El presidente tomó en su mano una pequeña arca de madera que ence-
rraba monedas de oro y plata y la colocó en el cimiento. También llevó una plancha de
plata en la que estaba gravada la inscripción:

“Los académicos Franceses, Luis Godin, Pedro Bouguer y Carlos María de la Condamine,
mandados por Luis XV Rey de Francia, levantaron estas pirámides en el mes de Noviembre
de 1736, fueron destruidas por orden de los Reyes de España y restablecidas 100 años des-
pués en Noviembre de 1936 en los mismos puntos determinados por los académicos de
Francia, de orden del Sr. Vicente Rocafuerte presidente de la República del Ecuador”.

El rey Luis Felipe de Francia aplaudió la labor de Rocafuerte y le envío una caja de oro
con brillantes que debió utilizarse para rapé. La viuda de Rocafuerte donó la joya a la
Municipalidad de Guayaquil (Borja, 1937: 93- 97).

Posteriormente, en 1901, una segunda Misión Geodésica Francesa visitó el Ecuador con
el objetivo de comprobar los resultados obtenidos por sus científicos en el siglo XVIII;
fue comandada por el General Charles Terrier. En esta expedición participó el etnólogo
Paul Rivet.70

Respecto de los primeros geodestas, el desenlace de los actores tuvo un carácter de tra-
gicomedia. Couplet murió en Cayambe, al comienzo mismo de los trabajos. Juan
Seniergues, médico de la expedición, fue asesinado en una plaza de toros en Cuenca.
Morainville, el dibujante de los geodésicos, murió cayéndose de un andamio al proyec-
tar la iglesia de Cicalpa. El botánico José de Jussieu perdió el juicio al ver deshecha su
colección de plantas andinas, que había cuidadosamente recogido durante todo un lus-
t ro. Igual suerte de enajenación mental tuvo Mabillon. Luis Godín aceptó el cargo de
70 Antropólogo y etnólogo francés astrónomo de la Universidad de San Marcos de Lima. Juan Godín des Odonais se casó
quien sugirió que el hombre su-
en Quito con Isabel de Grandmaison. Lo mismo hizo también el relojero Hugot. De la
damericano provenía de Australia
y de la Melanesia. Al final de la comitiva que constaba de diez, re g re s a ron a París, por la vía de Bogotá Cartagena,
misión, se quedó en América del P e d ro Bouguer y el capitán Ve rguin. En cuanto a la Condamine, el protagonista de la
Sur durante seis años. Su obra más
importante y famosa fue Éthnogra -
expedición, decidió volver a su patria por el río Amazonas, re c o rriéndola por el Pongo
phie ancienne de l’Équateur de Manseriche (Va rgas, 2005: 255).
(Etnografía antigua del Ecuador).

Imagen: pirámide de Caraburo. Fotografía de Alfonso Ortíz Crespo.


53

Un elemento de modernización
6 en el valle: el ferrocarril

A principios del siglo XX, con el triunfo del liberalismo, una de sus políticas prioritarias fue
unir las regiones de Costa y Sierra a través del ferrocarril. En 1906 Eloy Alfaro suscribe
el acta para los trabajos de construcción del ferrocarril Quito-Ibarra-San Lorenzo, cuya
línea férrea atravesaba el valle de Tumbaco. Los trabajos se iniciaron en 1914, al mismo
tiempo que el ferrocarril Sibambe-Cuenca.

Con el fin de comprender el inmenso trabajo que significó la construcción del ferroca-
rril, en lo que comprende el valle, presentamos una síntesis informativa basada en los
informes presentados por los responsables al Ministerio de Obras Públicas.

Para la construcción del ferrocarril Quito-Esmeraldas el Gobierno celebró contrato con


la Casa “Orenstein & Koppel-Arthur Koppel”. Se estableció que la vía Quito-Ibarra ten-
dría una longitud de 167 km., San Lorenzo-Ibarra 199 km. El total la línea sería de 366
km. Su costo, incluyendo el nuevo puerto en San Lorenzo, se calculó en 23’431.400
sucres. La primera sección Quito-Puembo tuvo un movimiento de tierras de de 723.040
metros cúbicos.

En el año 1918, R. Wulckow, ingeniero en jefe de la construcción del ferrocarril Quito-


Esmeraldas, explica los detalles del trabajo, menciona a los participantes del proyecto:
en los estudios trabajó el ingeniero Wendt, y colaboraron los ingenieros Carlos Browe
(estadounidense), Miguel Carrera, Rogelio Jarrín, José Guerra Barreiro (ecuatorianos);
en oficina, el ingeniero Austriaco Jaroslav Jizba; como dibujantes Bruno Conradus (ale-
mán), Ricardo Rodríguez y Luis Benítez (ecuatorianos); y los perfileros, Tulio Arellano y
Gregorio Reyes (ecuatorianos).71 Reporta la entrega del proyecto completo y demás
documentos (planos topográficos, perfiles longitudinales, planos de las estaciones, per-
files de los túneles, depósito de locomotoras en El Quinche, planos de puentes, de alcan-
tarillas, túneles, socavones, movimiento de tierra, telégrafo y señales, entre otros).

Para 1920, los trabajos de la sección Quito-Puembo estuvieron bajo la dirección del inge-
niero ecuatoriano Pedro Pinto Guzmán, quien enfrentó dificultades de mano de obra, la
escasez de peones se debía a la negativa de trabajar en las quebradas por temor a con-
traer el paludismo y los riesgos por la pésima calidad del terreno. 72

En la quebrada de Chiche (150 m. profundidad, 460 m. de un borde hasta el otro), por


ejemplo, fue necesario realizar túneles, muros de contención, socavones y atarjeas para
el desagüe de las quebradas laterales y los taludes. Para resolver el descenso en el
Chiche se hizo un puente de 20 m. de luz, (construcción de acero), se proyectó un puen-
te colgante de 40 m. de luz sobre el Chiche para facilitar el tráfico de peones y materia-
71 Informes Ministeriales, Informe
les de construcción.
Ministerio Obras Públicas (1917-
1918), Informe de jefe de estudios
y construcción del ferrocarril Los trabajos efectuados en la quebrada del Huambo fueron mayores a los de la quebra-
Quito-Esmeraldas, No. 78, 10-VI-
1918. pp. 15-21.
da del Chiche. La variante pasaba por el camino de Yaruquí a Pifo, cruzando la quebra-
da Huambo con un puente de acero de 37.5 m. La línea continuaba cerca de la pirámi-
72 Informes Ministeriales, Informe
de de Oyambaro, cruzaba la quebrada Santa Rosa, frente a la hacienda del mismo nom-
M i n i s t ro Obras Públicas, Anexo
(1919-1920), pp. 27-29. bre y empalmaba con la línea primitiva en el borde de la quebrada Calvario.
54

Una obra importante que se hizo durante el año 1920, fue el túnel, en el km. 24 (entre
Cumbayá-Tumbaco), de 42 m. de longitud a un costo de 4.360,17 sucres. Se inicio tam-
bién la construcción del gran túnel de 370 m. de longitud.73

En 1922, en la planicie entre Tumbaco y Monteserrín, la línea primitiva fue ubicada de tal
modo que permitía unir estos dos puntos terminales. Las profundas quebradas que interru m-
pen esta meseta fueron vencidas por intermedio de descensos y ascensos por sus laderas.

Se introdujo la variante entre Puembo y Yaruquí, que aunque un poco más larga, cruza-
ba la quebrada de Huambo. 74

La variante o trecho Yaruqui-Otón cruza las quebradas en los puntos donde la planicie,
tocando las faldas de la Cordillera Oriental, se arruga y forma una cuchilla más eleva-
da, cortos túneles facilitaron el cruce de las quebradas. Continuaron las labores en el
Chiche y quebrada de Huambo, así como los trabajos en la quebrada San Carlos.

El 13 de febrero de 1928, el Decreto Supremo No. 33, encomendó a la Dirección General de


Obras Públicas la continuación de los trabajos del ferro c a rril, pues los empresarios Dobbie y
Simmons concluyeron conforme al contrato celebrado el 6 de febre ro de 1925. A la fecha
de este decreto se encontraba tendida la línea férrea desde Quito hasta el km. 81, (Otón-
Guachalá), y aunque había rieles para extender la línea hasta el km 148 (Ilumán), estas se
hallaban en Guayaquil, por no haberse pagado su valor, a consignación de los Bancos de
73 La documentación histórica, Descuento y Anglo South American.
referente al túnel, lamentable-
mente no ha sido ubicada para el Cancelados los créditos y solucionado el problema del transporte, se continuaron los traba-
período colonial.
jos. El 9 de julio de 1928, se inauguró el servicio ferroviario en Cayambe (km. 110); el 31 de
74 Informes Ministeriales, Informe octubre se extendió el servicio a Otavalo (km. 148); y el 17 de julio de 1929, con una gran
Ministro Obras Públicas, Anexos,
1922.1923, pp. 63-65.
inauguración oficial, la locomotora llegó a Ibarr a .
55

Los últimos trabajos correspondientes al año 1928 fueron: la construcción de siete puen-
tes de acero de doce metros de luz75y los edificios para las estaciones del ferrocarril en
Ibarra, Atuntaqui, Cajas, Quinche, Pifo y Puembo,

“[…] dichos edificios aunque de modesta apariencia, reúnen las condiciones de comodidad y
capacidad suficientes, apropiadas al movimiento ferroviario y su costo fue de 7.000 sucres
cada uno. Para la provisión de agua y petróleo se han construido 4 tanques de acero que van
a ser colocados en el sitio respectivo, a demás de un tanque de mampostería del km. 43”.76

Entre 1918 y 1926 se ejecutó y concluyó el tramo Cumbayá-El Quinche. Más tarde el
ferrocarril cayó en el abandono. De poco sirvieron los esfuerzos a fines de los años 80
para rehabilitarlo con la adquisición de nuevas locomotoras traídas de Francia.

75 Medida utilizada, cuando se


habla de longitud, en obras de
infraestructura.

76 I n f o rmes Ministeriales, Infor-


me de la Dirección General de
Obras Públicas, 1930, pp. 7 y 8.
Imagen superior: Isidro Ayora en el vagón del ferrocarril en El Quinche, 1928. Banco Central del Ecuador.
Imágenes inferiores (de izquierda a derecha): puente actual y antiguo del Chiche.
56

El 11 de septiembre de 2004, la Corporación Vida para Quito, con una inversión de US$
335 mil dólares, entregó a la ciudadanía la ruta ecológica metropolitana “Chaquiñán”, (cir-
culación peatonal y en bicicletas) ubicada en el valle de Tumbaco, entre Cumbayá y
Puembo. Se constru y e ron además cinco portales a lo largo de los 20 km. de la vía, en los
sectores de Cumbayá, La Viña, La Esperanza, El Chiche y Arrayanes; fueronrehabilitadas
las fachadas y cubiertas de las estaciones de tren de Tumbaco y Puembo; también acompa-
ñó al proyecto con tra-
bajos de arborización,
mobiliario, miradores y
señalización.

El objetivo es recupe-
rar la antigua vía del
tren, para convertirla
en una opción turísti-
ca, paisajística y recre-
ativa, para los habi-
tantes del Distrito
Metropolitano y, parti-
c u l a rmente del valle
de Tumbaco. Actualmente (2007) La Corporación Vida para Quito continúa con los trabajos
de rehabilitación de esta ruta ecológica. La Cámara de Comercio de Quito, CCQ, desde
junio de 2005 colabora con el mantenimiento para los más de 60 mil usuarios anuales.

Imagen superior: puente del Huambi.


Imagen inferior: señalética de la ruta ecológica Cumbayá-Puembo.
57
58

Plano de la meseta de Quito por Francisco Terán, Orografía e Hidrografía de la Hoya del Guayllabamba, México D.F., IPGH, 1962.
59

Plano de la llanura de Puembo, Pifo y Yaruquí por Francisco Terán, Orografía e Hidrografía de la Hoya del Guayllabamba, México D.F., IPGH, 1962.
60

Plano de la hoya de Quito por Francisco Terán, Orografía e Hidrografía de la Hoya del Guayllabamba, México D.F., IPGH, 1962.
61
62
63
64
65
CAPÍTULO II
CONTINUIDAD Y MEMORIA
EN EL VALLE DE TUMBACO:
RECUPERACIÓN DEL
PATRIMONIO INTANGIBLE
69

1 Fiestas
y tradiciones
Para hablar del proceso de ocupación humana en el valle de Tumbaco no se puede dejar
de mencionar el aporte multicultural al que ha estado expuesto desde la época prehis-
pánica. La transformación del paisaje natural en un paisaje cultural es entendido como
un producto humano que con el tiempo va construyendo su propia memoria e historia.
Las múltiples expresiones culturales se visibilizan en el amalgamamiento de lo indio y
lo mestizo, esto se materializa en uno de los aspectos de mayor importancia como es la
fiesta. En ella encontramos significados, representaciones y prácticas con los que la
gente se vincula e interactúa y, a través de ellas, construye simbólicamente su parroquia
otorgando sustento a sus identidades sociales. En la fiesta emergen los estereotipos
sobre unos y otros, entonces, los elementos que caracterizan a los indígenas y a los mes-
tizos no son resultado de esencias inalterables sino productos de una construcción social.

El rico calendario de fiestas que se ha evidenciado en el valle de Tumbaco, no es más


que el producto sincrético que nos remite al tiempo sagrado y profano, que encierra un
profundo contenido simbólico y ritual, que sobrepasa la cotidianidad.

La fiesta a San Bartolomé de Lumbisí


Uno de los ejemplos más significativos que se ha logrado recuperar en el proce-
so de investigación es la fiesta de la única comuna de la parroquia de Cumbayá,
1.1
77 Yanakuna: personas que esta-
ban en la situación inferior a la del San Bartolomé de Lumbisí. La comida la bebida, las ofrendas, la devoción y el
pueblo o hatunruna, por lo gene-
ral eran prisioneros de guerra a
advenimiento entran en el tiempo ritual en el que se materializa la fiesta.
quienes se les había perdonado la
vida a cambio de sus servicios per-
“San Bartolomé viene desde el Perú con 30 españoles hasta Riobamba, de allí viene con 33
sonales al Inca y de la nobleza, no
formaban parte de un ayllu. Su indígenas a posesionarse en Lumbisí en el año 1535. En 1625 comienza el litigio de las tierras
origen se presume se inició con de Lumbisí con los tutores españoles encargados de la defensa de los indígenas, enfrentan
Tupac Inca Yupanqui, contra un
un juicio con las monjas conceptas por las tierras de Lumbisí, las dos sentencias fueron total-
grupo de rebeldes a los cuales
perdonó la vida a cambio de sus mente desfavorables para los indígenas ante lo cual se revelan rehusando tanta injusticia. Los
servicios permanentes. Los yana - indígenas apelan la tercera instancia, directamente al Rey de España, pasan dos siglos, en
kuna eran entregados a una per-
1824 el rey de España dicta la sentencia de 600.12 hectáreas para los indígenas (yanacu-
sona o institución, su condición
era hereditaria. nas)77 y 250 hectáreas para las monjas conceptas. […] Lumbisí tiene hoy en la actualidad 471
años, es por eso que cada 24 de Agosto celebramos con gran emoción las festividades de
78 Texto tomado del tríptico del pro-
grama de fiestas, Comisión de Fiestas
nuestro patrono “San Bartolomé de Lumbisí”.78
de la Comuna, Lumbisí, 2006.
Imágenes: fiesta de san Pedro, barrio San Juan en Cumbayá. Fotografías de Lucía Moscoso.
70

Según los comuneros, desde 1535 hasta


1937, tuvieron sus propias autoridades:
gobernador, alcalde, alguacil, fiscal, fiscali-
to o ayudante del fiscal, siendo el gobern a-
dor que más años re p resentó a Lumbisí
Lucas Usiña, desde 1907 a 1937. En ese año
el general Jorge Enríquez, presidente del
Ecuador, aprobó la Ley de Comunas.
Lumbisí se inscribe en el Registro del Libro
de Comunas y cambia sus autoridades por:
p residente, vicepresidente, secretario, teso-
re ro y síndico. En 1980, sus tierras son codi-
ciadas por las cooperativas; presentan un
juicio de afectación por 500 hectáreas,
mientras tenían como presidente a Nicolás
Sacancela. Con el apoyo de los sacerdotes
salesianos, triunfan ante la invasión de la
Cooperativas Jaime Roldós y Simón Bolívar.

La fiesta cobra importancia por su relación simbólica ancestral que mantiene con su terr i-
torio, como un eje que les conecta con el pasado, con la identidad y con su propia existen-
cia. La fiesta religiosa es el nexo que sólo puede ser materializado a partir del terr i t o r i o
como fundamento de su carácter ancestral. Si bien la fiesta es indígena, en sus espacios
sagrados y profanos, también cobra importancia lo mestizo vitalizando las identidades.

La memoria litúrgica de san Bartolomé apóstol dice que su fiesta es el 24 de agosto. Fue
uno de los 12 apóstoles de Jesucristo, es la misma persona que Natanael, según el libro lla-
mado El Mart i rologio Romano. Se dice que san Bartolomé predicó el Evangelio en la India,
Mesopotamia, Persia, Egipto y Armenia, donde convirtió a mucha gente y murió márt i r.
Todavía con vida le arr a n c a ron la piel y fue decapitado; según la tradición este martirio
o c u rrió en Abanopolis, en la costa occidental del mar Caspio. Debido al suplicio que pade-
ció, es considerado patrono de aquellos cuyo trabajo está relacionado con la piel: curt i d o-
res, peleteros, trabajadores del cuero, fabricantes de guantes, pieles, carniceros, fabricantes
de libros, zapateros, sastres, mercaderes de queso y viñadores, entre otros.

En Lumbisí, la fiesta se extiende desde el


13 hasta el 24 de agosto, con antelación se
preparan actos deportivos, litúrgicos
(misa, procesiones), comparsas (disfraza-
dos, carros alegóricos) y la comida típica
del “gallo mote”(sus detalles se anotan
más adelante).

La comparsa se inicia en una casa cercana


a la plaza, en ella se visten, comen y
beben para luego salir al recorrido por las
calles y finalizar en la plaza. Los persona-
jes que participan en la fiesta son disfra-
zados de negros y negras, capariches,
payasos, yumbos, otavalos, entre otros.

Imagen superior: san Bartolomé, patrono de Lumbisí. Fotografía de Lucía Moscoso.


Imagen inferior: carro alegórico que representa la iglesia de Lumbisí. Fotografía de Lucía Moscoso.
71

Además está el guía de la comparsa, la banda de la comuna y las niñas loadoras. Los
personajes hacen alusión a las tradiciones y sobre todo al carácter multiétnico de la
población del valle que afianza la memoria y la dinámica de la interacción cultural.

Los invitados especiales son las autoridades locales, presidentes de las juntas parroquia-
les, autoridades de policía y políticos. Entre los actos que cierran la fiesta está la prepa-
ración del famoso plato “gallo mote”.

“Gallos, gallinas maíz, garbanzo, fréjol se acostumbra desde los antiguos abuelos por la fiesta
del Patrono, las familias Quishpes y Sacancelas hacían esta comida ahora hace toda la comu-
na. Antes se llamaban capitanes se ponían una vestimenta con sombreros y unas telas cruza-
das en el pecho que se llamaban catey y montaban a caballo. En esta fiesta para el mote gallo
entró 10 quintales de maíz, 2 quintales de fréjol y 300 aves entre gallos y gallinas. Colaboran
todas las familias, las mujeres preparan la comida y se organiza desde meses atrás, porque para
sacar fondos se hacen varios actos, también empieza desde que se recogen los granos. Cada
casa o familia colabora con una porción de granos, gallos criollos o gallinas, una semana ente-
ra para pelar el mote y realizar la chicha, cuando se tiene los ingredientes se empieza desde el
día anterior en pailas grandes de bronce, se hacen unas llamaradas, cuando esta listo esta
comida comen los empadronados o nativos de Lumbisí, los invitados y otra gente que vienen
de otros lugares” (María Quishpe, comunera Lumbisí, 2006).

Imágenes superiores: festejos en Lumbisí, con personajes representando a capariches, payasos, vacas, entre otros.
Fotografías de Lucía Moscoso.
Imágenes inferiores: preparación del “gallo mote”. Fotografías de Lucía Moscoso.
72

La fiesta se mantiene una semana y consiste en decenas de actos: competencias depor-


tivas, presentación de bandas, elección de la reina, juegos infantiles, juegos pirotécni-
cos, quema de chamiza,79 palos ensebados, pelea de gallos, vacas locas, desfile con per-
sonajes disfrazados. Varias ceremonias religiosas: rezo del Rosario a san Bartolomé y la
misa campal con su respectiva procesión por las calles de la comunidad.

Como vemos la fiesta ha estado sujeta a cambios, inicialmente estaba organizada por
dos familias de la elite de Lumbisí, posteriormente fue socializada con la intervención
directa de todas las familias de la comuna.

Esta resignificación involucra directamente a la preparación de la comida, que en el sen-


tido simbólico abre espacios de solidaridad, trabajo compartido y de conciliación con lo
institucional y hegemónico. Por otro lado, representa la generosidad de la tierra. La fies-
ta está relacionada con la cosecha de granos y la producción de aves de corral.

Las loas son alabanzas al santo patrono, recuerdan su vida, martirio y milagros. Cada
año se nombra una niña loadora que por su condición de púber es la más indicada para
alabar al santo como símbolo de pureza. El comité de fiesta elige a una loadora cada año,
los padres ayudan a escribir la loa, el comité de fiestas la lee y la entrega al sacerdote
de la parroquia quien la mejora. Luego la niña se aprende de memoria el texto, y con un
poco de mímica entra a la plaza a caballo, acompañada de las comparsas y las recita.

“San Bartolomé glorioso apóstol del señor


patrono San Bartolomé Natanael su propio
nombre, valiente difusor del Santo Evangelio
procedente de Caná de Galilea, humilde hom-
bre del pueblo, fue llamado por Jesucristo
para acompañarle en su noble misión, nuestro
pueblo de Lumbisí con gran fe te venera
desde Caná su gran Patria, llegaste a la Patria
celestial, recorre pueblos y aldeas junto a su
divino maestro, aunque las turbas lo acosen
siempre dice la verdad. El martirio de San
Bartolomé a todo el mundo nos enseña que
trabajemos todos unidos, buscando un
mundo mejor. Bartolomé predicó el evangelio
en Ponto y las indias orientales, también la
convierte a la hija del Rey y por eso fue degollado, gran ferviente caminante por Mesopotamia
79 La chamiza: ramas de árboles,
y Persia. Lumbisí siempre espera la mano de San Bartolomé, no hay ningún santo en el cielo
secas, un poco largas, que se acos-
tumbra acarrearlas generalmente
que tenga la honra de San Bartolomé, porque tiene el cuchillo en la mano, el pellejo al hom-
a la plaza o lugar de fiesta para bro y el diablo a sus pies. Viva San Bartolomé , viva nuestro pueblo de Lumbisí y que todas
prenderlas fuego.
las personas siempre te veneren así” (Loadoras: Leonela y Carla Imbaquingo, 2006).

Imágenes superiores: banda de Lumbisí y entrada a la plaza.Fotografías Lucía Moscoso.


Imagen inferior: loadora del año 2006, Leonela Imbaquingo.
73

Cofradías y Santos Patronos


El culto a los santos patronos fue fundamental en el mantenimiento de la inte-

1.2 gridad interna de las comunidades. Las fiestas en su honor son hasta nuestros
días eventos religiosos y sociales muy importantes. El santo patrón, o patrona,
se convirtió en un símbolo de la identidad comunitaria; su culto definió las
f ronteras de las comunidades y los roles sociales de sus miembros. Hasta nuestros días la
concentración para este tipo de fiestas fortalece la integridad comunitaria.

Al inicio del período colonial, las oraciones, los rituales y las ofrendas dedicadas a los san-
tos tenían un carácter más prehispánico que católico. La intención de los rituales era ase-
gurar el bienestar de la comunidad que estaba íntimamente ligada al bienestar del santo.

Imagen derecha:iglesia de Lumbisí.


Imagen izquierda: sacristán de la iglesia de Lumbisí, Espíritu Ushiña Sacancela.
74

Así, con el tiempo, la religión católica de alguna manera fortaleció la integridad de las
comunidades indígenas dentro de las fuerzas ‘desintegrativas’ del sistema colonial.

Desde finales del siglo XVI, el mantenimiento del culto a los santos fue dado a las cofra-
días religiosas. Durante la Colonia, las cofradías fueron asociaciones voluntarias de
miembros que se organizaron en todos los estratos sociales, cada una bajo la protección
de un santo patrón, estuvieron vinculadas a gremios como los de zapateros, plateros,
sastres, entre otros. Su principal función era el ejercicio de obras pías, la administración
de bienes y la percepción de rentas. Los miembros aprendían, recibían los sacramentos
y cumplían con ciertas devociones.

Se fue conformando una religiosidad popular integrada alrededor de los santos patronos y
de las cofradías dedicadas a estos santos, así como a otras imágenes cristianas. Pero las
cofradías indígenas que contaban con recursos económicos propios y con un sistema de
c a rgos para su funcionamiento, lograron proteger los bienes de sus comunidades colocan-
do dichos bienes (tierras, animales, otros) a nombre de la Cofradía y su Santo Patrón.
Debieron existir varias cofradías en los distintos pueblos del valle de Tumbaco. Sin
embargo, creemos que la Cofradía de San Bartolomé de Lumbisí, fundada en 1590, es
de las más antiguas. El cura de Cumbayá, Januario Montesdeoca, cuando presentó el
libro de su fundación a propósito del litigio de tierras con las monjas conceptas, allá por
el año 1762, menciona de manera muy particular la devoción a este Santo Patrono
(Rebolledo, 1992: 201-202).

Imágenes de izquierda a derecha: san Pedro, patrono de Cumbayá y Santiago apostol, patrono de Puembo.
Imagen de la página siguiente: altar mayor de la iglesia de Yaruquí.
75
76

José Luis Cóndor el


cohetero del valle
80

José Luis tiene 48 años, nació en Tumbaco, en el sector Tola Chica. Del

1.3 mismo barrio fueron sus padres Ramón Cóndor y María Juana Chasipanta.
Su esposa María del Carmen Pérez y sus tres hijos apoyan su trabajo, que
lo aprendió en Quito del maestro Fausto Granda. Es mejor hacedor de cas-
tillos para las fiestas del valle de Tumbaco. Es presidente de Los Pirotecnias de
Pichincha. Con unos cuantos compañeros inició el proyecto de formar el gremio.
Menciona a su compañera de oficio, Natalia Hernández, riobambeña que vive en
Conocoto. Ha tenido muchos discípulos en este peligroso oficio que le hizo perder los
dedos de la mano izquierda cuando apenas tenía 18 años.

En su taller, construye castillos y voladores de muchas formas, vacas locas, toros de


fuego, corazones, estrellas, incluso el escudo del Ecuador. Los diseños son producto de
su creatividad, de su imaginación. Para diseñar los castillos, utiliza papel, carrizo, figu-
ras de cartulina, papel de funda de azúcar (para enrollar la mecha), carbón, pólvora,
80 A los coheteros, se los denomina
“cueteros”, personas que elaboran
azufre, nitrato de potasio, clorato de potasio, clorato de bario, nitrato de estancio y
juegos pirotécnicos (cohetes, vola- bicarbonato de sodio.
dores, castillos) para las fiestas.
77

Son varios tipos de voladores: voladores de


luces, voladores de tiro, voladores de paraca-
ídas. Unos son para el día y otros para la
noche. Los hay de duración variada para que
exploten en secuencias, controladas con los
llamados “gases de aguante”, que son
mechas de determinado tamaño, unas más
l a rgas que otras, las que se iluminan una tras
de otra, dependiendo el tiempo previsto. El
maestro Cóndor nos habla de las dos condi-
ciones para que el oficio salga bien:

“Es creencia de los pirotécnicos que si un


matrimonio no se lleva bien y hay problemas
en el hogar, todas las cosas le salen mal y
están expuestos a que se prenda de fuego el
taller. También es importante, para que el tra-
bajo salga bien, invocarse a la fiesta que va
ha entregar los castillos por ejemplo, si es
fiesta de san Pedro, invocarse a él, si es a la
Churona invocarse a ella […]” (José Luis
Cóndor, Tumbaco, 2006).

Los castillos que fabrica el maestro Cóndor


convierten a la pólvora en un verdadero acto de magia, que se muestra en las decenas
de fiestas celebradas a lo largo del año, en todo el valle de Tumbaco.

Imagen superior: taller del maestro José Luis Cóndor, carri zos para gases de aguante y ruedas de castillos.
Imagen infe ri o r: “La vaca loca”, en Imágenes de Identidad, acuarelas quiteñas del Siglo XIX, Quito, FONSAL, 2005,
p. 435.
78

Tradición oral, creencias y aparecidos


La leyenda “Uyala, una tradición inédita sobre el reino de Quito y sus
Amazonas” fue registrada por el historiador Luciano Andrade Marín, cuan-
1.4 do un indígena principal de Lumbisí, llamado Lucas Ushiña y Laymiña, le
transmitió la tradición mientras re c o rría un antiguo camino llamado
Curipogllo o Puripogyo. Resumimos el testimonio:

El indígena le dijo que en la antigüedad existía un rey de Quito, perdió su poder y enfer-
mó porque un jefe envidioso que vivía en Píntag hizo alianza con el rayo, trueno y la
tempestad, haciendo que se descargue una tormenta sobre el Ilaló, Alangasí, Lumbisí,
Puengasi y el cerro Auqui, desde Ayauma hasta Uyalá. El asombro fue grande cuando
desde la cumbre de Uyalá se había abierto una quebrada con dirección a Cumbayá, para
tragar a los caminantes, especialmente a los yumbos, que venían desde el Oriente para
rendir tributo al rey. La boca era tan grande que podía comer a los naturales de Lumbisí,
Cumbayá, Tumbaco, Puembo y Pifo.

Los yumbos no podían llegar con frutas, yerbas y los remedios de las montañas. El rey
pidió a los brujos de Quito, den la vuelta a la cara del cerro Uyalá y pongan la boca para
el lado de Guápulo. Pero el cerro estaba embrujado por los de Píntag que aprendían la
brujería de los mismos yumbos del Oriente. El rey, desde Huanguiltahua, gritó a la gente
que estaba en el cerro de Auqui, para que traigan del Oriente brujos finos que den la
vuelta la cara del cerro. Encontraron al brujo más fino de todos; estaba en el río más
grande de todos en un Hatun-Yacu. Él dio la vuelta la cara del Uyalá, poniéndole la
boca frente a Guápulo, para que no se coma a la gente. El rey de Quito hizo fiestas
nunca vistas, la reina le dio al brujo mucha chicha él para halagarla sacó agua e hizo
esta vertiente llamada Curipogyo, “que como se ve, no se sabe de dónde, sino es bruje-
ría, puede salir el agua, porque esta muy arriba del cerro y todo el cerro es seco de lado
y lado” (Andrade Marín, 2003:19-21).

Mencionamos a continuación las creencias comunes del imaginario popular, entre las
que se repiten frecuentemente está el “mal de ojo” y el “mal de aire”. Algunas enfer-
medades y malestares son producidos por el mal de aire, causado por sitios llamados
“pesados” (quebradas, cementerios, encrucijadas en los caminos). De igual forma,
alguien de mirada fuerte o envidiosa, puede causar el mal de ojo. Cientos de personas
que enferman en el valle, atribuyen sus males a estas circunstancias; sin embargo no
están desprotegidos, cuentan con practicantes de la medicina tradicional o ancestral,
en cada una de sus parroquias: curanderas, parteras, sanadores, como por ejemplo
Jacinto Robles, terciario franciscano que con su ritual y oraciones ayuda en la sana-
ción; o Rafael Cóndor, quien “limpia” a sus pacientes con remedios naturales, hierbas,
f l o res, piedras y oraciones.

Los seres llamados “aparecidos” son los más populares, entre ellos está “El Huacay-
sique” personaje muy nombrado. Se presenta como un niño recién nacido, que según
dicen fue abandonado por su madre. Se aparece a los caminantes en senderos solitarios
y por lo general en la noche. Llama su atención llorando; al ser un niño tan pequeño, la
gente se acerca y lo recoge. La sorpresa es que tiene dientes, está convertido en un
demonio y puede llevarse al comedido. Además, está “El Duende”, un ser travieso,
quizá el más visto por los pobladores, descrito como un hombre pequeño, un enano con
un gran sombrero; aparece en cualquier lugar especialmente en las plantas de guaran-
go. (bebida fermentada estimulante obtenida de la penca). Finalmente, “La Viuda”: un
espíritu que aparece en la noche para asustar a los hombres que han bebido licor.
79

2 Lugares de memoria

Santuario y devoción
a la Virgen de El Quinche
Según el padre José María Va rgas, Diego de Robles fue el primer imagine-
ro que trabajó en Quito a fines del siglo XVI. En 1584 talló la imagen de
2.1 Nuestra Señora de Guadalupe81 colocada en la iglesia de Guápulo. En 1598
trabajó la imagen de la Vi rgen que se trasladó a Oyacachi, porque -de
acuerdo al sacerdote Miguel Sánchez Solmirón-82 la imagen se hizo para una capilla que
estaba a una legua de la ciudad de Quito, en el valle de Lumbisí, donde hubo alre d e d o r
de cuarenta naturales que concert a ron con Robles la hechura. Sin embargo, indica, los
indios no tuvieron para pagarle por lo que se la puso en el pueblo de Oyacachi.83 Sus
habitantes originalmente fueron naturales de Cayambe, quienes llegaron ahí huyendo de
Huaynacapac; luego fueron descubiertos por los españoles y convertidos en indios enco-
mendados (Vargas, 2005: 322).

Se dice que el primer milagro de esta Virgen (Nuestra Señora de Oyacachi) lo hizo al
mismo artista Robles, quien luego de cobrar la paga por su hechura, a su regreso, cayó
de un puente al río quedando su pie enredado. Mientras estaba suspendido en el aire
imploró la ayuda de la Virgen, recibiendo inmediato socorro de algunos indígenas.84

Otra tradición oral dice que para los años de 1580 hubo una plaga de osos que atacó, espe-
cialmente, a los niños del antiguo Oyacachi y que sus pobladores se refugiaron en una
cueva. En varias ocasiones pasó por la cueva una mujer con un niño en brazos que les
pedía acepten ser evangelizados. Cuando el artista Diego de Robles llegó a Oyacachi con
la imagen, los indígenas vieron que era la misma señora de las apariciones, y colocaron a
la Vi rgen en la cueva, de ahí que también se la conocía como la Virgen de la Peña.

La fama de los milagros de Nuestra Señora de Oyacachi fue creciendo. El sacerdote


F e rnando Cisneros tomo a cargo pedir limosna en Quito para proveer a la iglesia de
Oyacachi de lo necesario para el culto y también se convirtió en el primer cronista de los
milagros de la Vi rgen. Por su parte, el sacerdote Pedro de Balenzuela propagó en Quito la
81 La Virgen de Guadalupe, patro- devoción e introdujo la costumbre de celebrar la fiesta en su honor, el 21 de noviembre, día
na de Extremadura, recibió culto de la Purificación de Nuestra Señora. Dotó a la sencilla iglesia de adornos y ornamentos,
en las colonias españolas en
América.
fundó una cofradía de devotos españoles, y cuando la Virgen fue trasladada a El Quinche,
Balenzuela encargó hacer una nueva imagen y la puso en el altar vacío de Oyacachi.
82 Vicario capitular de la Catedral
de Quito para 1629.
El obispo de Quito, Luis López de Solís, con el fin de establecer la continuidad y fort a l e-
83 Oyacachi fue doctrina del pue-
cer el culto, desmembró la doctrina de Oyacachi de la parroquia de El Quinche, constitu-
blo de El Quinche. Actualmente
pertenece a la provincia del Napo. yéndola en beneficio independiente, de esa forma aseguraba que Oyacahi cuente, de
manera permanente, con sacerdotes que atiendan la demanda de devotos romeriantes.
84 Sobre este milagro, existe un
cuadro pintado por Joaquín Pinto,
Continuamente nombró curas para Oyacachi, pero ninguno resistía las incomodidades del
llamado “Salvación milagrosa del
escultor Diego de Robles”.
80

ambiente (Vargas, 2005: 332-333).


Sacerdotes y romeriantes se quejaban por
las dificultades del camino para llegar a
Oyacachi y habiendo crecido la devoción
se vio la conveniencia de sacar a la ima-
gen a El Quinche.

El gobernador de Oyacachi, Luis de


Quisinán, edificó una nueva capilla y org a-
nizó una fiesta, el número principal fue

“una general borrachera en que se había de


hacer pública ofrenda en honra de la cabeza
de un oso muerto, que se había de poner
sobre un altar a la entrada de dicha casa,
a d o rnada toda ella de gargantillas y chaqui-
ras, compuestas de distintas flores” (Vargas,
2005: 334).

El obispo López de Solís conoció de esta novedad, le pareció una idolatría, una irreve-
rencia, inmediatamente envió a Oyacachi una comisión con orden de apresar a los cul-
pables. Al verse sorprendidos en la fiesta, los indígenas huyeron. Luis de Quisinán fue
apresado en la cárcel pública de Quito, en la que murió a los pocos días sin recibir sen-
tencia. Estos hechos facilitaron la decisión de trasladar la imagen de la Virgen a El
Quinche. Se lo hizo con gran solemnidad el 10 de marzo 1604. Esto significa que estuvo
en Oyacahi 13 años, desde 1591 hasta 1604. Por mucho tiempo se la siguió llamando
Virgen de Oyacachi, en recuerdo a los milagros acontecidos en aquel pueblo.
Dos jesuitas nos hablan de la Virgen, el primero, Leonardo Gassó, ofrece una descrip-
ción de la imagen en 1896:

“La estatua es tallada […] lleva manto de la misma madera, pintado de azul con ribete dorado; y
el niño vestido de rojo, con ribete dorado […] Tiene 65 cm. y la peana 6 cm. y 5 décimas. Por la
postura de los dedos de la virgen como quien coge con el índice y el pulgar un rosario y lo mismo
el Niño se ve que es del Rosario. Esta compuesta de tres maderas: de la izquierda de arriba a abajo
hasta mitad del cuerpo es una pieza; la derecha es de dos maderas hasta la cintura y otra de hay
hasta la base. Le faltan varios pedacitos de las fimbrias cortadas a navaja por devoción. Total del
alto 71 cm. 5 décimas. Toda es de cedro” (Vargas, 205: 338) .

El segundo es el jesuita, Mario Cicala, que al comentar los alrededores de Quito, a


mediados del siglo XVIII, nos habla de la devoción a la Virgen diciendo:

“Más abajo y más allá hay un valle muy fértil, con varias poblacioncitas de indios, entre otras
la llamada del Quinche, distante de Quito más de doce leguas. Allí hay una imagen, pequeña
escultura de tres palmos, llamada Nuestra Señora del Quinche, muy milagrosa y a la que en
las más graves calamidades y en las necesidades más apremiantes de la ciudad, casi todo el
pueblo de Quito acude al Quinche para conducirla en procesión y colocarla en la catedral
donde todas las órdenes religiosas y todos los grupos eclesiásticos y seglares le hacen una
solemnísima y devota novena. […] Y en verdad que siempre se experimenta de inmediato el
gran patrocinio de aquella pequeña imagen, por lo demás riquísima en joyas, vestidos precio-
sísimos y perlas sin número[…]” (Cicala, 1994: 200-201).

Imagen: “Nuestra Señora de la Peña de Oyacachi”, por Manuel Zambrano, óleo Siglo XIX, 1 x 0.78. Sala de Arte
decimonónico, Museo Banco Central del Ecuador. Fotografía de Sebastián Crespo.
81

Su imagen fue coronada canónicamente en 1943, y es la patrona de la provincia de


Pichincha. En 1985, el Vaticano declaró a El Quinche Santuario Nacional del Ecuador,
y el 21 de noviembre de cada año se realizan romerías ofrecidas a la Virgen.
Una vez llegada la imagen a El Quinche fue colocada en la iglesia primitiva. Bajo el
gobierno episcopal del obispo fray Pedro de Oviedo (1630), se comenzó la construcción
del nuevo santuario, edificado de ladrillo crudo (adobe), con una hermosa torre de cal y
ladrillo. Con entusiasmo se insistió en la decoración interior. Los terremotos de 1859 y
1868 causaron deterioros, se cayeron las torres, se cuartearon los muros, el artesonado
se vino al suelo debiéndose reparar en su totalidad.

El hermano coadjutor Jacinto Pankieri (orden de don Bosco), realizó los planos básicos
entre 1904 y 1905. El vicario capitular, Ulpiano Pérez Quiñónez, colocó la primera pie-
dra el 2 de febrero de 1905. Para el año 1912, el arzobispo de Quito, González Suárez,
confió al padre pedro Brüning( arquitecto arquidiocesano en el Ecuador desde 1899) la
dirección de la obra.

Desde 1913, se empieza a derrocar completamente el viejo templo sobre el cual levanta-
rían la gran obra. Brüning hace su primera intervención cuando realiza los planos para la
cúpula, el tambor y la linterna. Tres años después construía los cimientos para las pilastras
de los muros, la bóveda central, las arquerías del templo, y daría inició a los trabajos de la
fachada. La bendición solemne fue el 12 de julio de 1924. Paralelamente a la constru c c i ó n
de la gran basílica, Brüning en 1920, realizaba los planos para la casa parroquial, una edi-
ficación de grandes dimensiones. Esta obra concluyó en 1937 (Romero, 1994: 178).

Imagen: S a n t u a rio de la Virgen de El Quinche.


82

En el año 2006, el FONSAL inauguró las obras de recuperación de la imagen urbana de


la parroquia El Quinche. Los trabajos fueron desde el mejoramiento total del parque
central, las edificaciones patrimoniales que circundan el parque hasta el mejoramiento
de los locales comerciales situados en el pretil de la iglesia. Hoy la plaza luce con ado-
quín multicolor, piedra gris, la pileta del parque se reubicó, y se instalaron nuevas jardi-
neras y zonas adecuadas para el descanso de los visitantes. También estrena ilumina-
ción ornamental en plaza e iglesia.

El santuario posee decenas de cuadros votivos, una modalidad de exvotos, que testimo-
nian los milagros de la Virgen y en su gran mayoría fueron patrocinados por los fieles
que recibieron un milagro. Constituyen registros históricos y muchos de ellos son una
hermosa expresión de arte popular. Las peregrinaciones e incluso las visitas diarias sue-
len dejar exvotos por los milagros obtenidos o por los favores solicitados.

Imágenes superiores: muro de la iglesia de El Quinche con placas de agradecimientos a la Virgen.


Imagen inferior: detalles de las placas de agradecimientos en el Santuario de El Quinche.
83

El Ilaló un lugar de memoria


“El Ilaló es hembra y el Cotopaxi macho. Una noche el Cotopaxi le visitó al Ilaló y le
dijo que le quiere poner un poncho blanco, el Ilaló le contestó: no, como voy ha dejar-
2.2 me poner un poncho blanco y mis hijos donde van a quedar, donde van a guarecer-
se del frío y no aceptó” (María del Carmen Pérez, barrio Tola Chica, Tumbaco 2006).

Entre los valles de Los Chillos y de Tumbaco, en la margen derecha del río San Pedro,
se levanta el cerro Ilaló,85 de cima alomada, de sus faldas brotan las fuentes termales
mejor aprovechadas en el país para la instalación de balnearios: La Merced y Alangasí,
en las faldas meridionales; de El Tingo en las del suroeste y las de Cununyacu en las
occidentales (Terán, 1962:11-19). Las fuentes termales que brotan de todos los costados
del Ilaló, le han dado merecida celebridad. Está a 9 km. de Quito, las vías de acceso a
pie al Ilaló son múltiples, ya sea por de El Tingo, La Merced o desde Cununyacu. Desde
el Ilaló se pueden observar los valles de Tumbaco y Los Chillos.

El Ilaló está formado por erupciones de lava y tiene una copa ancha de la que se des-
prenden lomas tendidas en toda dirección. En el punto culminante del Ilaló está el pue-
blo de Guangopolo (Bustamante, 1952: 88). La sucesión de lomas corren longitudinal-
mente desde la cima hasta la base, separadas por quebradas poco profundas que con-
fluyen en el río Chiche.

Don Luciano Andrade Marín ha llamado la atención sobre el hecho de que el Ilaló sirve,
además, de límite entre dos grandes subregiones climáticas de la hoya:

“la mitad (sur) del anfiteatro andino de la provincia pertenece a un tipo común de valles húme-
dos, sean estos de temperamento frío o templado, y que la mitad norte se caracteriza por
tener, en su mayor parte, valles de tipo cálido seco. La línea de separación de estos dos
caracteres coincide, aproximadamente, con la línea de latitud de la ciudad de Quito y con el
cerro Ilaló, que es un promontorio volcánico que constituye un mojón o frontera climatológi-
85 Según el Instituto Geofísico, el
Ilaló es un “estrato volcán” con
ca entre la región interandina seca del norte de la provincia de Pichincha […]” (en Salvador
actividad Plio-Cuaternaria. Lara, 2002: 39).
Latitud: 0.26 S; Longitud: 78.41 W;
Altura: 3.185 m.s.n.m.; zona: 15
Km. Al este de Quito; temperatu- En lo que toca a las fuentes en las laderas
ra: 10ª 21 “C; precipitación: 500 a
del Ilaló, todas las aguas que brotan en las
2000 mm. Cuaternario: es el perí-
odo de la historia geológica inicia- laderas del Ilaló son termales y radioacti-
do hace 2 millones de años. Está vas86 y han dado origen a concurridos bal-
constituido por dos épocas: el
Pleistoceno (2 millones – 10 000 nearios, municipales y particulares.
años antes del presente) y el
Holoceno (10 000 hasta el presen-
te). Estratovolcán: significa, edifi-
En primer lugar están las aguas del
cio volcánico de flancos con fuer- Cununyacu. Se encuentran en las faldas
tes pendientes construido por el
apilamiento de flujos de lava y
noroccidentales del Ilaló, a orillas del río
niveles de tefra o piroclastos Tumbaco, y a 2.360 m.s.n.m. Usadas
(material volcánico fragmentado,
desde tiempo inmemorial, como lo mani-
expulsado por el volcán).
fiesta el nombre quichua que significa
86 Aguas Radioactivas: en su conte-
“aguas calientes”, brotan a una tempera-
nido se encuentra radón-gas,
radioactivo de origen natural, no tura de 27° C, diez grados más que las del
tiene efecto negativo, al contrario, ambiente. Son cloruradas, magnésicas,
están indicadas para afecciones del
sistema neurovegetativo, endocrino débilmente alcalinas y mineralizadas.
y para afecciones respiratorias cró-
nicas, reumatológicas y dérmicas.
Imagen: fotografía familiar de 1967. El periodista Gonzalo Bonilla Cortés con sus dos hijos, José Gonzalo y Xavier
(el caricaturista Bonil) en el ingreso al balneario Cununyacu.
Luego, podemos señalar las aguas de El Tingo. Se encuentran al pie de las faldas meri-
dionales del Ilaló, a 2.430 m.s.n.m.. Se trata de varias fuentes de origen volcánico que
brotan a una temperatura de entre 35° C a 38° C, con aguas termominerales, acidula-
das, alcalino-térreas y clorurado-sódicas.

Por otra parte, están las aguas de Alangasí (La Merced). Se ubican al pie del Ilaló, cerca
del antiquísimo poblado de Alangasí, en el lugar denominado Pillivaro, en las faldas
suroccidentales del cerro. Las aguas son mesotermales, ferruginosas, alcalinas, magné-
sico-cácicas, medianamente mineralizadas.
Para terminar, mencionaremos a las aguas de El Carmen, situadas al sur de Sangolquí,
en la hacienda de este nombre. Son atermales, alcalino-magnésico-cálcicas, bicarbona-
tadas y sulfato-cálcicas (Salvador Lara, 2002: 31-32).

Dentro de un enfoque histórico,“Los caciques de Tumbaco reclaman la posesión del


Ilaló”. Este es un interesante documento histórico del año 1757, referente a la propiedad
del Ilaló, que describe a los indígenas de Tumbaco reclamándolo como suyo. Resumimos
a continuación la comparecencia que hacen ante el fiscal protector general, Balentín
Chuquillangui, gobernador del pueblo de Tumbaco, Francisco Cachiguango cacique
principal de dos parcialidades, Diego Caguascango cacique principal y don Berna
Amaguaña, principal, diciendo:

”[…] desde tiempo inmemorial tenemos una loma llamada Illahalo de comunidad por habernos
dado y señalado su majestad para […] nuestra gente y habiéndolo poseído en pacifica pose-
sión […] doña Bern a rdina de Noboa a inquietado a don Vicente Cachiguango, cacique, a que le
venda media caballería de tierras, en cuyo contrato le tiene dado 15 pesos y llegando noticia
[…] nuestro protector […] Joseph Salazar impidió la dicha venta […] como también lo impidió

Imagen: cordillera Oriental desde Tumbaco.


el Gobernador y demás indios cuando el mismo Cachiguango intentó hacer la misma venta a
doña Josefa de Luna”. 87

En años anteriores también se había intentado comprar otros sitios pertenecientes a la


comunidad de indios. Las autoridades indígenas sostenían que Bernardina de Noboa
retuvo los papeles que demuestran la posesión que ellos tenían de esas tierras, denun-
ciaban que ocupaba toda la loma

“[…] impidiendo entradas y salidas, quitándoles la leña y maltratando a quienes van a pastar
el ganado. Nos considera indefensos y pobres por tener en su poder los instrumentos de
nuestra defensa y recibimos tantos agravios de la introducción de esta dicha Señora […] que
sus aradas las beneficia con bueyes nuestros […]“.

Por lo que solicitan les sea devueltos los documentos de propiedad de la loma Ilaló.

Durante el proceso dio testimonio Nazario de la Vega, cacique principal y maestro de


capilla del pueblo, expuso que el difunto cacique Gregorio Anugaña acudió, hace más
de 20 años, a la Real Audiencia de Quito, con el fin de que ningún cacique pueda ven-
der las tierras de la loma Ilaló por ser comunes a todos los indios del pueblo. Otros argu-
mentaron que
87 ANQ, Serie indígenas, c.70,
exp. 7, Quito, 28-IV- 1757, ff. 1-10
“[…] sus antepasados y abuelos de este pueblo han tenido pacíficamente tierras de comuni-
(Reclamo de indios de Tumbaco dad de la loma Ilaló y sus rinconadas en las mismas que tienen ganado mayores y menos,
por el Ilaló).
abastecimiento de leña y madera para el servicio de la comunidad”.88
88 ANQ, Serie indígenas, c.70,
exp. 7, Quito, 28-IV- 1757, f. 9 Finalmente recuperaron el Ilaló y el protector general de naturales pidió se apremie con
(Reclamo de indios de Tumbaco
todo rigor a Bernardina Noboa para que entregue los títulos que usurpó a los indígenas.
por el Ilaló).

Imagen: volcán Ilaló y valle de Tumbaco.


86

3 Información parroquial básica

Presentamos de forma breve las características principales de las parroquias que confor-
man el valle de Tumbaco. Esta información básica se obtuvo en la Administración Zonal
de Tumbaco, en los “Planes de Desarrollo Participativo” que hiciera el Gobierno de la
Pichincha con UNICEF entre los años 2003 y 2004, en documentos de algunas juntas
parroquiales, y con las informaciones orales de los pobladores.

3.1 Parroquia de Cumbayá

Imágenes de Cumbayá en las dos páginas siguientes: pintura mural, la iglesia y la plaza de Cumbayá.
87

Situación actual:

Cumbayá es la parroquia de
ingreso al valle de Tumbaco, lle-
gando desde la ciudad de Quito.
En la última década se ha con-
vertido en el los más importantes
centros urbanizados satélite de
Quito. Existe un proceso de
urbanización acelerado, sin
embargo todavía existen espa-
cios cultivados y pastizales, ubi-
cados alrededor de comunas y
b a rrios. Cumbayá a crecido
notablemente en número de
habitantes debido al acelerado
proceso urbano que la ha con-
vertido el área en un sitio resi-
dencial debido a la cercanía con
la cuidad de Quito, el acceso a
servicios y las facilidades de
comunicación.

Llega a tener una de las más


altas plusvalías. Es sede de pres-
tigiosos centros educativos. Al
mismo tiempo que alberga urbanizaciones con una población de altos niveles de ingre-
so, también están decenas de barrios antiguos que algún momento fueron parte de cono-
cidas haciendas.

A más de tener un excelente clima, brinda facilidades de comunicación vial, con tres vías
de acceso que la conectan con Quito: vía de Los Conquistadores que atraviesa Guápulo;
la nueva vía Oriental termina al norte de Quito en la avenida Eloy Alfaro; la vía
Interoceánica; y, el túnel Oswaldo Guayasamín. Cumbayá es también residencia de un
buen número de extranjeros que se han radicado en el famoso “Pueblo de las Guabas”.
88
89

3.2 Parroquia de Tumbaco


90

La Orden Terciaria de Tumbaco:

A un costado de la plaza central y junto a la


iglesia antigua, se encuentra la capilla de la
O rden Terciaría franciscana construida en
1883, aunque los Terciarios aseguran que la
orden funcionó desde 1570. Las placas a la
entrada de la capilla indican que su re s t a u-
ración fue realizada por el Banco Central del
Ecuador en el año 1985.

Hasta el día de hoy existe la llamada cofra-


día de la Orden Terciaria franciscana. En la
década de los cuarenta eran aproximada-
mente 350 miembros. Entre sus misiones
estaban: visitar enfermos, asistir a funera-
les, socorrer a los necesitados y hacer sana-
ción a quien necesite. Actualmente son
doce miembros y algunos acompañantes,
sus edades fluctúan entre 56 y 95 años. Se
reúnen los sábados a las cuatro de la tarde
para rezar el rosario y la oración a san
Francisco de Asís. El viernes último de
cada mes el párroco de Tumbaco celebra
una misa para ellos. El movimiento de la
Orden Terciaria también estuvo presente
en Pifo.89

Esta tercera orden fue ideada por San


Francisco como un tipo de estado interme-
dio entre el claustro y el mundo, para
aquellos que deseando seguir los pasos del
santo, estuvieran impedidos por matrimo-
nio u otros compromisos. El nombre de
“terciarios” es dado a las personas que
viven conforme a la Regla de las terceras
órdenes religiosas (1ª frailes, 2ª monjas, 3ª
seglares).90 Es probable que la conforma-
ción de terciarios se deba a la colaboración
que el franciscano fray Jodoco Rike diera
en la evangelización de las doctrinas del
valle de Tumbaco.

89 Consta en la visita que el


movimientoTe rciario hiciera en
Pifo en 1941, registrado en la
revista “El Ecuador Franciscano”,
No. 1, Quito, 1941.

90 http://www.enciclopediacatoli-
ca.com/o/ordenfranciscana.htm
Imágenes de Tumbaco en estas páginas: iglesia antigua, terciarios franciscanos y escudo de la capilla.
91
92

3.3 Parroquia de Puembo

91 Existe un libro en el archivo


parroquial de Puembo que data de
1754.
93

92 La Capilla de Chiche Obraje.


Según investigación histórica del
FONSAL (1990) la capilla fue
parte de una hacienda productora
de cereal cuyo origen se remonta
al año 1600 aproximadamente. A
finales del siglo XVII, la hacienda
se complementa con la creación de
un obraje, acondicionando su
arquitectura para cumplir con
requerimientos de bodegas para
reserva de lanas. Alrededor del
año 1800 se construye la capilla
como un oratorio particular, y en
1826 se la declara “capilla públi-
ca”, prestando servicios religiosos
como templo auxiliar de la iglesia
de Puembo.

93 Santuario María Madre de la


Unidad y Vi rgen de Gruta. La
m o d e rna iglesia tiene hermosos
vitrales y un retablo mayor traba-
jado en madera y pan de oro por
artistas de la ciudad de Ibarra,
Una de sus fundadoras es la
Señora Maria Eugenia Crespo de
Pallares.
Imagen: altar mayor de la iglesia Puembo.
94

3.4 Parroquia de Pifo


95

Imágenes: pobladoras del valle, realizando actividades agrícolas.


96

3.5 Parroquia de Checa o Chilpe 94

El nombre de la parroquia:

La parroquia lleva su nombre en honor al coronel Feliciano Checa. Antes de la parro-


quialización se llamó Chilpe y fue anejo de Yaruquí.

Feliciano Checa (1779-1846) fue hijo de José Ignacio Checa y Carrasco, corregidor de
Loja. Participó en la primera reunión patriótica del 25 de diciembre de 1808 en el valle
de Los Chillos y en la del 9 de agosto de 1809 en casa de Manuela Cañizares. Su hijo
fue el prócer arzobispo de Quito José Ignacio Checa95 que murió envenenado el jueves
94 Según diccionario quichua-
santo de 1877 siendo presidente Ignacio de Veintemilla.
español: Chillpi: s. especie de
arbusto / Chilpe: Chala u hoja de
maíz seca. Checa escapó a la persecución de que fueron víctimas los patriotas Marchó al sur con
95 Quinto arzobispo de Quito, nació Carlos Montúfar a luchar en Guaranda. En 1812 fue confinado a Loja. Al igual que los
en Quito el 4 de agosto de 1829, m a rqueses de Selva Alegre y Villa Orellana. Tomó parte en la batalla de Pichincha. Luego
falleció en 1877. En 1855 se ordenó
s a c e rdote, estudió en Roma. En tuvo cargos políticos: jefe político, comandante militar del cantón Latacunga, comandante
1865 fue senador de la provincia de de armas y gobernador de la provincia e Chimborazo, Colector de ramo de contribución
León (Cotopaxi). Fue obispo de
Ibarra en 1867. En 1868, fue arz o b i s- de indígenas, corregidor del cantón Quito. Juan José Flores lo nombró prefecto del
po de Quito. El 25 de marzo de 1874, D e p a rtamento de Quito y ministro de la Alta Corte Marcial (Alarcón: 2000: 158).
en la presidencia de Gabriel García
Moreno, consagró a Quito al
Sagrado Corazón de Jesús. El coronel Feliciano Checa fue propietario de la hacienda San José conocida como Obraje,
96 Comprada a Juan Hidalgo. En 1856, en la actual parroquia de Checa, antes llamada Chilpe, anejo de Yaruquí.96 En 1863, su
el arrendatario era Felicísimo Vega.
97

familia: Alegría Barba Borja y Borja


viuda del coronel Checa, el obispo José
Ignacio Checa, Manuel Checa,
Florencio Barba y su esposa Mercedes
Checa, Ignacia Checa (célibe), como
herederos venden la hacienda a Ramón
Borja. Los linderos eran:
Queserapamba, Chaupipotre ro ,
P a rcaloma, por el pie con tierras de
vecinos del pueblo por la derecha por
tierras de vecinos del pueblo y la
hacienda de Chinangachi y las tierr a s
de Sangugulia, un camino que va a los
sitios de Yacupamba. Por la cabecera al
Oriente y septentrión con tierras de
indígenas. El tercer cuerpo de la
hacienda es el páramo y linda con las
hacienda de la Tola y Lalagachi, las fal-
das del río Pucara, quebrada de Quirato
y con la mitad del cerro de Punta
Grandes. El costo fue de 13 mil pesos de
contado, se incluyen todas sus aguas,
servidumbres, quedan incorporados a
la hacienda los terrenos comprados a
varios part i c u l a res y los indígenas con-
c i e rtos, es decir sus deudas.97

97 ANH/EP/P, 6ta., (1863- 1864),


T.118, pp. 51-53.

Imagen: retrato de José Ignacio Checa, anónimo, óleo, 1785, 1.93 c1.20. Museo del Banco Central del Ecuador.
99

3.6 Parroquia de Tababela

Imagen de la página anterior: poblador de Checa en la plaza frente a la iglesia.


100

3.7 Parroquia de Yaruquí

Imagen de la página siguiente: pobladoras cruzando la plaza frente a la iglesia de Yaruquí.


102

3.8 Parroquia de El Quinche

Imagen de la página siguiente panorámica del sector de la iglesia de El Quinche.


104

4 EL NUEVO AEROPUERTO DE QUITO


En esta última sección del estudio, re p roducimos dos textos -de la CORPAQ y de Quiport
S.A. entregados para la presente publicación.98 Estos se complementan y dan cuenta de
los aspectos principales del nuevo aero p u e rto, obra angular en este nuevo siglo para el
país, Quito y el valle de Tumbaco.

LA AEROTRÓPOLIS DE QUITO

La Aerotrópolis es una de las obras de mayor importancia que se construye actualmente


en Quito y el país, bajo la responsabilidad del Municipio de Quito y la CORPAQ. Está in-
tegrada por un aero p u e rto totalmente nuevo, zona franca, p a rque tecnológico y centro
logístico. Se ubica en el sector de Tababela, sobre un área de 1.500 hectáreas. Se des-
arrolla con una inversión superior a los 600 millones de dólares y será dinamizadora de
la economía y el nuevo polo de desarrollo del país.

La ejecución de este gran complejo aero p o rtuario fue impulsada una vez que el Gobiern o
Nacional, mediante el decreto 885 del 23 de octubre de 2000, transfirió al Municipio de
Quito la competencia del manejo aero p o rt u a r i o .

La Corporación Aeropuerto y Zona Franca del Distrito Metropolitano, creada como enti-
dad de derecho privado, mediante resolución 114 del 25 de octubre de 2000, del Cabildo
quiteño, es la encargada de desarrollar el proyecto. Tiene bajo su responsabilidad la cons-
trucción, operación, administración y mantenimiento del nuevo aero p u e rto internacional
de Quito, incluyendo las vías de acceso y obras complementarias y conexas; administra-
ción, operación, mejoramiento y mantenimiento del aero p u e rto internacional Mariscal
S u c re y desarrollo de la zona franca.

La operación del actual aero p u e rto Mariscal Sucre y la construcción del nuevo fue conce-
sionado a la Canadian Commercial Corporation, entidad del gobierno de Canadá que
avala directamente la ejecución de la obra.

El nuevo aero p u e rto de Quito será operativo en el 2010 y dotará a la capital de los ecua-
torianos con uno de los más modernos aeródromos de América Latina. Tendrá capacidad
para cinco millones de pasajeros y 270 mil toneladas de carga en su primera etapa.
Contará con seis mangas telescópicas, áreas de salida y llegada nacional e internacional,
48 mostradores para compañías de aviación, una pista de 4.100 metros, asociada a dos taxi
ways y todos los servicios básicos sujetos a las normas OACI que regula la actividad aero-
náutica mundial. Su diseño está elaborado para ampliarlo por etapas, conforme aumen-
te la demanda.

Se trata de un aero p u e rto totalmente nuevo, para cuya construcción ha sido necesario
mover siete millones de metros cúbicos de tierra para nivelar y compactar el terreno y
98 Agradecemos la amable cola- dotarle de toda la infraestructura básica como alcantarillado, agua, energía eléctrica, telé-
boración de Florha Proaño de COR- fonos, fibra óptica para Internet, a más de los servicios e instalaciones propias de la acti-
PAQ y de María Fernanda Cedeño
de Quiport S.A. El texto de Quiport vidad aero p o rtuaria.
fue elaborado en base a un art í c u l o
publicado en la I n t e rnational Air-
p o rt Review, No2, 2008, con la re s -
pectiva autorización.
La inversión para la construcción del nuevo aero p u e rto internacional de Quito proviene
del sector privado, otorgado directamente a la concesionaria, que asume totalmente el
105

riesgo de esta inversión: el Municipio de Quito y el Gobierno Nacional no aportan con


garantía financiera.

La ejecución del proyecto es supervisada y fiscalizada por la CORPAQ, a través de la


Asociación Louis Berg e r-Tahal, catalogada entre las primeras del mundo en esta actividad,
a más de fiscalizadores de la concesionaria y de los prestamistas que vigilan el avance de
la obra para cumplir con los más altos estándares de calidad.

La ubicación del nuevo aero p u e rto en la meseta de Caraburo, fue determinada por la
Dirección General de Aviación Civil en los años de 1970, por reunir las mejores condicio-
nes para esta actividad, según determ i n a ron empresas consultoras especializadas.
P reviamente se analizaron diez sitios en Quito y sus alre d e d o res. En el año de 1989, la
DAC procedió a la compra de los terrenos, cuyo trámite fue finiquitado por la CORPAQ,
una vez que asumió su responsabilidad, para viabilizar la ejecución del proyecto.

ZONA FRANCA, PARQUE TECNOLÓGICO Y CENTRO LOGÍSTICO

La zona franca, parque tecnológico y centro logístico que complementan la Aero t r ó p o l i s ,


serán desarrolladas directamente por la CORPAQ. En él se instalarán unidades de pro-
ducción propias de zona franca para dinamizar el comercio exterior, el turismo, la atrac-
ción de inversiones, generación de empleo.

En el parque tecnológico se instalarán centros de investigación y empresas de tecnología


avanzada para generar la transferencia de conocimiento y el cambio de patrones de pro-
ducción, mientras que el centro logístico facilitará el transporte de productos con eficien-
cia y rapidez.
La meta es hacer de esta Zona Franca la de mayor desarrollo en América del Sur al 2020.
La inversión inicial para el desarrollo de estas instalaciones será de alrededor de 50 millo-
nes de dólares, provenientes del sector privado,

RED VIAL

La CORPAQ desde el inicio de su gestión realizó estudios especializados para la constru c-


ción de una red vial que no sólo conduzca hacia el nuevo aero p u e rto de Quito sino que
p romueva el desarrollo de la zona nororiental del distrito.

La ejecución de esta red vial fue aprobada por el Cabildo quiteño. Está integrada por
cuatro opciones viales que se construirán por etapas:

- Vía Gualo – Nuevo aero p u e rto (ruta Zámbiza)

- Optimización de la vía Interoceánica

- Construcción de la ruta sur

- Corredor del norte que parte de Coto al nuevo aero p u e rt o

La primera fase incluye la construcción de las t res primeras vías citadas. La Gualo –
nuevo aero p u e rto será la primera en ejecutarse con crédito de la Corporación Andina de
Fomento (CAF) por 120 millones de dólare s .
106

EL NUEVO AEROPUERTO DE QUITO

Enclavada en las montañas, Quito, la capital de Ecuador, se levanta a 2. 800 metros sobre
el nivel del mar. Y a esa misma altura se encuentra el Aero p u e rto Internacional Mariscal
S u c re, ubicado en medio de la zona norte de la ciudad. Para este país sudamericano, que
limita al norte con Colombia y al sur con Perú, el turismo es la tercera fuente de ingre s o s
más importante, después del petróleo y el banano. Las exportaciones de productos agro i n-
dustriales, también son un ru b ro importante para el desarrollo de este país de 256. 370
Km.2 y cerca de trece millones de habitantes. La construcción del nuevo aero p u e rto es uno
de los grandes proyectos que marcará el desarrollo de Quito y el país.

La Canadian Commercial Corporation (CCC), agencia oficial del gobierno canadiense, es


la concesionaria de la construcción del nuevo aeropuerto, la que delegó su ejecución a
la Corporación Quiport S.A, un consorcio de importantes empresas canadienses, brasile-
ras y estadounidenses que han apostado a un proyecto de indiscutible necesidad para el
desarrollo del país: AECON, Andrade Gutiérrez Concesiones (AGC), Airport
Development Corporation (ADC), Houston Airport System (HAS).
Q u i p o rt, junto a entidades financieras multilaterales de crédito como el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), Export Development Canada (EDC), Export - I m p o rt
Bank of the United States (Ex-Im Bank) y Overseas Private Investment Corporation (OPIC)
financian esta obra, única en las Américas.
El modelo financiero que se aplica en el actual sistema aero p o rtuario es el Project Finance,
que ganó el premio internacional otorgado por el International Finance Legal Review.

La inversión de la Corporación Quiport S.A., que no incluye ninguna garantía financiera


del Estado ecuatoriano, asciende a 450 millones de dólares para una obra cuyo plan finan-
c i e ro integral es superior a los 600 millones de dólares.

Siendo la concesión por 35 años y tratándose de una inversión en una obra de desarro l l o
a largo plazo, las proyecciones de utilidades (previstas en alrededor del 18 por ciento)
podrían comenzar a generarse a partir del 2018. Esto, dependiendo de una eficiente ope-
ración aero p o rtuaria. El contrato de concesión garantiza la expansión de los servicios. Es
decir, la Corporación Quiport S.A. construirá, cuando sea necesario, una pista adicional y
multiplicará la capacidad de terminales y otras facilidades, sin inversión pública ni aumen-
to de las tarifas aero p o rtuarias (a no ser el ajuste de inflación) desde la fecha en que se
i n a u g u re la obra en el 2010.

En el año 2040, Quiport S.A. entregará al Estado ecuatoriano un aero p u e rto en perfectas
condiciones operacionales, con modernas instalaciones y capaz de entregar servicios de
calidad a sus usuarios.
En el mundo -y Quito no será la excepción- la actividad aeronáutica es una generadora
inminente de empleo que se relaciona no sólo con la población que abastece sino con las
funciones mismas del aero p u e rto, es decir, del número de vuelos.

La cantidad de pasajeros guarda una relación directa con la cantidad de empleos que se
generan directa e indirectamente. En el primer caso y de forma inmediata: aerolíneas, ser-
vicios de apoyo, transporte… En el segundo, y al año de apertura del aero p u e rto: servicios
de apoyo (catering, mantenimiento de aviones…), servicios para empleados de aero l í n e a s
y pasajeros (hoteles, restaurantes, alquileres de autos…), y servicios de transporte relacio-
nados (aduanas, zona franca, carga…).
107

Adicionalmente, y en un período mayor de tiempo, la vecindad del aeropuerto se benefi-


ciará con la presencia de industrias relacionadas como estaciones de gasolina, abasteci-
miento y vivienda para los trabajadores del aero p u e rto, negocios atraídos por el aero p u e r-
to que no tienen una actividad directamente relacionada con el mismo, pero que aumen-
tan su valor con la proximidad con la terminal por razones de prestigio, facilidad del ser-
vicio aéreo o acceso de personal por vía aére a .

Este desarrollo del proyecto está concebido bajo un estricto respeto por el ambiente y la
comunidad que habita en el sector. Por ello, se ha establecido una red de empresas audi-
toras especializadas que, constantemente, monitorean la calidad de la construcción del
nuevo aeropuerto de Quito, desde el punto de vista de la ingeniería, las finanzas y el eco-
sistema. Estas entidades re p o rtan a las compañías socias de Quiport y a los organismos
internacionales de crédito.

En octubre de 2010, Quito tendrá un nuevo aero p u e rto; una monumental obra que conju-
ga infraestructura de primer orden, incremento del turismo, crecimiento de las export a c i o-
nes y aumento del empleo, entre otras ventajas y necesidades que se verán netamente
satisfechas.

Para finalizar, y en la óptica de recuperar las voces de los pobladores de la zona frente a
esta obra, detallamos sus puntos de vista en el siguiente cuadro:

Imagen de las páginas siguientes: vista aérea de lo que será el aereopuerto en Tababela. Fotografía de Alfonso Ortiz
Crespo, gracias al préstamo del helicóptero de la Policía Nacional.
110

FUENTES CONSULTADAS
FUENTES PRIMARIAS
ARCHIVO NACIONAL Quito (ANQ)

Serie Cacicazgos
Caja 15, exp. 4, 1749
Caja 14, exp. 2, Tumbaco, 25-V-1629, f. 118
Caja 14, exp. 4, Tumbaco, 28-IX-1684, f. 8
Caja 14, exp. 5, Tumbaco, 20-IX-1694, f. 19
Caja 14, exp. 9, Tumbaco, 15-VII-1702, f. 36
Caja 15, exp. 4, Tumbaco, 11-III-1749, f. 21
Caja 15, exp. 8, Tumbaco, 12-VI-1755, f. 26
Caja 15, exp. 10, Quinche, 20-VI-1757, f. 19
Caja 15, exp. 13, Quinche, 1-VI-1765, f. 17
Caja 15, exp. 18, Cumbayá, 11-I-1781, f. 16

Serie Diezmos
Caja 9, exp.15, 1799, f. 5
Caja 12, exp. 38, 1817, f. 4
Caja 13, exp.16, 1818, f. 2
Caja 10, exp. 28, 1810, f. 12
Caja 11, exp. 42, 1813
Caja 12, exp. 11, 1814, f. 5
Caja 13, exp. 2, 1817, f. 34
Caja 13, exp. 8, 1818, f. 3
Caja 10, exp. 9, 1805, f. 12

Serie Empadronamientos
Caja 28, Pichincha

Fondo Especial o Presidencia de Quito


Caja 6, vol. 14, 1694
Caja 4, vol. 11, doc. 327, 1686
Caja 4, vol. 10, 1678
Caja 11, vol. 28, doc. 893-130, 1730
Caja 9, vol. 24, doc. 761-107, 1721

Serie Gobierno
Caja 22, exp. 22, 9-III-1767, f.16
Caja 63, exp. 18, 22-I-1807, f.3

Serie Indígenas
Caja 8, exp. 16, Cumbayá, 11-IX-1666, f. 3
Caja 18, Tumbaco, 30-VI-1690; 17, Puembo y Pifo, 21-VII-1690, f. 12
Caja 34, exp. 2, Yaruquí, 1-II-1715, f. 32
Caja 37, exp. 1, 15-IX-1721
Caja 40, exp. 3, Tumbaco, 9-V-1725, f. 11
111

Caja 42, exp. 22, Tumbaco y Cumbayá, 21-VI-1729, f. 10


Caja 45, exp. 14, 1-IX-1732, f. 2
Caja 51, exp. 10, Tumbaco, 13-X-1739, f. 30
Caja 67, exp. 12, 2-VIII-1754, f. 7
Caja 70, exp. 7, 28-IV- 1757, f. 40
Caja 71, exp. 10, 24-XII-1757, f.3
Caja 106, exp. 19, 17-VIII-1781, f. 62
Caja 111, exp.13, 23- XI-1783, f. 27
Caja 113, exp. 17, Yaruquí, 6-X-1784
Caja 122, exp. 28, 06-XII-1787, f.58
Caja 124, exp.11, 15-X-1788.f.2
Caja 131, exp. 19, Puembo, 24-IX-1791, f. 6
Caja 138, exp.18, 11-X-1794, f. 3
Caja 154, exp. 12, Puembo, 9-I-1805, f. 3
Caja 168, exp. 6, 26-XI-1817, f. 4

Serie Minas
Caja 5, 1846

Serie Obrajes
Caja 15, exp. 10, 9-VII-1683
Caja 18, exp. 6, 1-IV-1742, f.11
Caja 19, exp. 4, 1752, f. 4
Caja 20, exp. 6, 1758
Caja 29, exp.5, 26-VIII-1785.f.2
Caja 30, exp. 5, 9-III-1788, f. 45
Caja 30, exp. 4, 18-I-1788
Caja 30, exp.17, 28-V-1791, f. 25
Caja 31, exp. 3, 7-IX-1793
Caja 32, exp. 6, 14-III-1797, f.56

Serie Pesos
Caja 95, exp. 4, 3-IX-1765, f. 7

Serie Tierras
Caja 93, 14-XII-1762

Fondo Notarias / Protocolos


Notaria 6ta., T.118, 10-III-1863
Notaria 6ta., T.1, 13-I-1945
Notaria 4ta., Vol. 76, T. 1, 3-IV-1903
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112

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Organización de las Naciones Unidas para la


Agricultura y la Alimentación
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imagen de la página siguiente: vista aérea del valle y parte de su sistema vial. Fotografía de Alfonso Ortiz Crespo,
gracias al préstamo del helicóptero de la Policía Nacional.
118

PUBLICACIONES DEL FONDO DE


SALVAMENTO DEL PATRIMONIO
CULTURAL DE QUITO
COLECCIÓN BIBLIOTECA BÁSICA DE QUITO (BBQ):

1) Al margen de la historia. Leyendas de pícaros, frailes y caballeros, 2003 (Cristóbal de Gangotena y Jijón).
2) La lagartija que abrió la calle Mejía. Historietas de Quito, 2003 (Luciano Andrade Marín).
3) Púlpitos quiteños. La magnificencia de un arte anónimo, 2004 (Ximena Escudero).
4) Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito. Tomo I de la calle Egas a la calle Chile, 2004 (Fernando
Jurado Noboa).
5) El derecho y el revés de la memoria. Quito tradicional y legendario, 2005 (Édgar Freire Rubio).
6) Imágenes de Identidad. Acuarelas quiteñas del siglo XIX, 2005 (Alfonso Ortiz Crespo et. al.).
7) La crónica prohibida. Cristóbal de Acuña en el Amazonas, 2006 (Hugo Burgos).
8) Luz a través de los muros. Biografía de un edificio quiteño, 2006 (María Antonieta Vásquez Hahn).
9) Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito. Tomo II. Protagonistas y calles en sentido oriente-occi-
dente. De 1534 a 1950, de la calle Espejo a la calle Bolívar, 2006 (Fernando Jurado Noboa).
10) Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito. Tomo III. Protagonistas y calles en sentido oriente-occi-
dente. De 1534 a 1950, de la calle Rocafuerte a la calle Portilla, 2006 (Fernando Jurado Noboa).
11) Tulipe y la cultura yumbo. Arqueología comprensiva del subtrópico quiteño, tomos 1 y 2, 2006/2007 (Hólguer
Jara Chávez).
12) Familia, honor y poder. La nobleza de la ciudad de Quito en la época colonial tardía (1765-1822), 2007
(Christian Büschges).
13) El Pueblo de Quito, 1690-1810. Demografía, dinámica sociorracial y protesta popular, 2007 (Martin Minchom).
14) Arte colonial quiteño. Renovado enfoque y nuevos actores, 2007 (Carmen Fernández-Salvador y Alfredo
Costales Samaniego).
15) Carondelet. Una autoridad colonial al servicio de Quito, 2007 (Carlos Manuel Larrea, José Gabriel Navarro,
Jorge Núñez Sánchez y María Antonieta Vázquez Hahn).
16) Mejía. Portavoz de América (1775-1813), 2008 (Jorge Nuñez, María Antonieta Vásquez Hahn, Eduardo
Estrella, Erick Beerman, María José Collantes, Hernán Rodríguez Castelo).
17) Radiografía de la piedra. Los jesuitas y su templo en Quito, 2008 (Jorge Moreno Egas, Jorge Villalba, S. J.,
Peter Downes, Christiana Borchart de Moreno, Valeria Coronel Valencia, Alfonso Ortiz Crespo, Ximena
Escudero Albornoz, Diego Santander Gallardo, José Luis Micó Buchón, S.J.,Patricio Placencia, Manuel
Jiménez Carrera).
18) Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito. Tomo IV. Protagonistas de la Plaza Mayor y la Calle de
las Siete Cruces, 2008 (Fernando Jurado Noboa).

VERSIONES RESUMIDAS DE LA BIBLIOTECA BÁSICA DE QUITO (BBQ):

- Imágenes de identidad. Acuarelas quiteñas del siglo XIX, versión resumida, 2005 (a cargo de Evelia Peralta).
- Tulipe y la cultura yumbo. Arqueología comprensiva del subtrópico quiteño, versión resumida, 2007 (a cargo
de Olga Fernández y Sofía Luzuriaga).
- Las ideas políticas de un quiteño en España. José Mejía Lequerica (1775-1813), 2007 (Jorge Núñez).

COLECCIÓN QUITO Y SU MÚSICA:

- Rincones que cantan. Una geografía musical de Quito, Fernando Jurado Noboa, 2006.
- Gonzalo Benítez. Tras una cortina de años, Adrián de la Torre y Pablo Guerrero Gutiérrez, 2007.

OTRAS OBRAS EDITADAS:

- El Fondo de Salvamento, 1988-1992 (FONSAL).


- El Fondo de Salvamento, 1992-1996 (FONSAL).
- Centro Histórico de Quito: Testimonios, 1996 (FONSAL).
- El Fondo de Salvamento, 1996-2000 (FONSAL).
- Recuperando la Historia, 2002 (FONSAL).
- Teatro Nacional Sucre 1886-2003, 2003 (FONSAL).
- Origen, traza y acomodo de la ciudad de Quito, 2004 (Alfonso Ortiz Crespo).
- Un siglo de imágenes 1860-1960. El Quito que se fue (edición conjunta con la Academia Nacional de Historia),
2004.
- Reforzamiento estructural en las edificaciones patrimoniales (memorias del seminario taller), 2004.
- Las técnicas vernáculas en la restauración del patrimonio (memorias del seminario taller), 2005.
- Los quiteños, 2005 [1981], (Francisco Tobar García, en coedición con La Palabra).
- Quito. Sueño y laberinto en la narrativa ecuatoriana, 2005 (Peter Thomas en coedición con La Palabra).
- La Linares, 2005 (Iván Égüez, edición bilingüe).
- El retrato iluminado. Fotografía y república en el siglo XIX, 2005 (Lucía Chiriboga y Silvana Caparrini).
- Vida, pasión y muerte de Eugenio Santa Cruz y Espejo, 2006 (Marco Chiriboga Villaquirán).
- Quito. Historia y destino, 2006 (Gonzalo Ortiz Crespo).
- Damero, 2007 (Alfonso Ortiz Crespo, Matthias Abram, José Segovia Nájera).
- Gonzalo Benítez. Tras una cortina de años, 2007 (Adrián de la Torre y Pablo Guerrero).
- De memorias. Imágenes públicas de las mujeres ecuatorianas de comienzos y fines del siglo veinte, en coedició
con Flacso, 2007 (Ana María Goetschel, Andrea Pequeño, Mercedes Prieto y Gioconda Herrrera).
- Quito. Escudo de armas y títulos, 2007 [1914] (Pedro P. Traversari).
- Guía descriptiva, bibliográfica y documental. Sobre la Independencia en el Ecuador, 2007 (Guadalupe Soasti
Toscano).
119

- Catálogo de publicaciones del FONSAL, 2007.


- Los años viejos, 2007 (X. Andrade, María Belén Calvache, Liset Cova, Martha Flores, Ángel Emilio Hidalgo, Carlos
Tutivén Román, María Pía Vera).

BIBLIOTECA DEL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA (EN COORDINACIÓN CON OTRAS INSTITUCIONES):

1) Surge la Nación. La Ilustración en la Audiencia de Quito, 2005 (Ekkehart Keeding, edición del Banco Central del Ecuador).
2) Vida, pasión y muerte de Eugenio de Santa Cruz y Espejo, 2005 (Marco Chiriboga Villaquirán, edición del FONSAL).
3) Familia, honor y poder. La nobleza de la ciudad de Quito en la época colonial tardía (1765-1822), 2007 (Christian
Büschges, edición del FONSAL).
4) Carondelet. Una autoridad colonial al servicio de Quito, 2007 (varios autores, edición del FONSAL).
5) El pueblo de Quito, 1690-1810. Demografía, dinámica sociorracial y protesta popular, 2007 (Martin Minchom, edición
del FONSAL).
6) Guía descriptiva, bibliográfica y documental sobre la Independencia en el Ecuador, 2007 (Guadalupe Soasti, edición
del FONSAL).
7) Juicio a Eugenio Espejo, 2007 (Carlos Paladines, edit., edición de la Casa de la Cultura Ecuatorina).
8) Mejía. Portavoz de América (1775-1813), 2007 (Jorge Nuñez, María Antonieta Vásquez Hahn, Eduardo Estrella, Erick
Beerman, María José Collantes, Hernán Rodríguez Castelo, edición del FONSAL).

REVISTAS:

- Revista Patrimonio de Quito


N.° 1: “Quito, espacio para lo sagrado”, junio de 2005
N.° 2: “La Compañía de Quito: joya barroca de América” (contiene CD), diciembre 2005.
N.° 3: “El San Juan de Dios: el hospital de Espejo”, agosto de 2006.
N.° 4: “Quito: vientos de revolución”, abril de 2007.
- Revista ¡Viva La Ronda! Siete publicaciones de circulación gratuita, 2007.

FOLLETOS:

- Tesoros de Quito. Cinco publicaciones.


- Quito 10 razones para escogerla
- Nuestro día al sol (una mirada al monumento de la Independencia en sus cien años).
- Itchimbía, de loma tureral a centro cultural.

PUBLICACIONES INSERTAS EN EL DIARIO EL COMERCIO:

- Quito: Semana Santa 2007. Coedición con la Corporación Metropolitana de Turismo.


- Quito es patrimonio vivo, 2007.
- 1809: Vientos de revolución, 2007.

ADQUISICIÓN DE EJEMPLARES DE OTRAS EDITORIALES:

- Territorio o nación. Reforma y disolución del espacio imperial en Ecuador, 1765-1830. Federica Morelli, Madrid,
Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2005.

OBRAS DE OTRAS EDITORIALES AUSPICIADAS POR EL FONSAL:

- Contribuciones a la Historia del Arte en El Ecuador. José Gabriel Navarro, Quito, Edición de la Fundación Gabriel
Navarro y TRAMA 2007 [1921-1952].
- En la tierra, Quito… la ciudad, la pintura. Lenin Oña (prólogo y selección), Jorge Enrique Adoum (textos), Quito,
Ediciones Archipiélago 2004.
- … y en el cielo un huequito para mirar a Quito la ciudad, la poesía. Jorge Enrique Adoum (selección), Quito, Ediciones
Archipiélago, 2004.
- José Enrique Guerrero. El pintor de Quito. La Palabra Editores (Patricio Herrera Crespo).
- 200 años de escutura quiteña. Xavier Michelena, Citymarket, 2007.
- 200 años de humor. Esteban Michelena, Citymarket, 2007.

PROYECTOS EDITORIALES EN MARCHA PARA LOS PRÓXIMOS MESES:

- El sabor de la memoria. Historia de la cocina quiteña (Julio Pazos Barrera).


- Diccionario arquitectónico de Quito.
- Biografía de Carlos Montúfar.
- El canto del ruiseñor. Biografía del maestro José María Trueba.
- La recoleta mercedaria de El Tejar.
- Las mujeres en la Independencia.
- La revolución y contrarrevolución quiteñas (1809-1822).

OTROS PRODUCTOS CULTURALES:


- Juegos, rompecabezas, camisetas, calcomanías, figuras de cerámica, postales, discos compactos (Tadashi Maeda,
Carlota Jaramillo, Luis Alberto Valencia, Gerardo Guevara, Banda Municipal, Alex Alvear), calendarios, afiches.
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Se imprimieron 1.000 ejemplares, abril de 2008.


TRAMA
www.trama.com.ec

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