TUMBACO
TUMBACO
Asistencia de investigación:
Víctor Simba Yánez
Consultor editorial:
Alfonso Ortiz Crespo
Edición:
Sofía Luzuriaga Jaramillo
Fotografías:
Juan Diego Pérez (salvo otra referencia en el texto)
Portada y contraportada:
Vistas generales del valle de Tumbaco
(fotografías de Alfonso Ortiz Crespo)
Dirección de arte:
Rómulo Moya Peralta / TRAMA
Gerente de Producción:
Juan Moya Peralta / TRAMA
Arte:
Amelia Molina Segovia / TRAMA
Diego Enríquez / TRAMA
La entrada al valle es Cumbayá; por ahí se accede a las restantes siete parroquias. En la
última década se ha convertido en un importante centro urbanizado satélite de Quito. La
transformación de pueblo rural a uno de los principales destinos inmobiliarios se debe
a las facilidades de comunicación vial, al pequeño trayecto que la separa de Quito y al
clima privilegiado. Estas condiciones han contribuido para que la “tierra de las guabas”
se convierta en un espacio donde se encuentran urbanizaciones privadas significativas
del Distrito Metropolitano.
Efectivamente, el hecho de encontrarse a menor altura que la ciudad de Quito, hace que
sea un espacio ideal para la ubicación de residencias y quintas. A esto se suma la exis-
tencia de centros de estudio, de salud, infraestructura hotelera, una excelente oferta
gastronómica, el equipamiento comercial y demás servicios que hacen muy atractiva a
la zona. Actualmente los planes de reforestación, los viales y los de ordenamiento urba-
no buscan orientar el desarrollo del valle de Tumbaco.
Justamente, esta publicación nace por el interés del Fondo de Salvamento del
Patrimonio Cultural. El FONSAL tiene a su cargo salvaguardar el patrimonio histórico,
artístico, religioso, y cultural en el Distrito Metropolitano de Quito. Para ello ejecuta pro-
yectos de investigación, restauración, recuperación del espacio público, así como la
rehabilitación y puesta en valor del patrimonio material e inmaterial de la ciudad y de
las parroquias suburbanas del entorno. Las acciones de intervención están acompaña-
das de estudios que contribuyen a difundir la historia, preservar el patrimonio y regis-
trar las posibilidades culturales y turísticas de las parroquias.
El FONSAL trabaja en varios sectores, uno de ellos es el valle de Tumbaco donde ha pro-
cedido a la intervención de la iglesia de Cumbayá, la rehabilitación del núcleo central y
entorno de la parroquia de Tababela, y la recuperación del espacio público de El
Quinche, entre otros.
La investigación fue posible gracias al FONSAL con el apoyo y coordinación del arqui-
tecto Alfonso Ortiz Crespo, a quien agradezco de manera especial, a las acertadas suge-
rencias de las historiadoras Sofía Luzuriaga Jaramillo y Guadalupe Soasti Toscano, a los
pobladores del valle, nuestros anfitriones, que compartieron sus saberes y nos permitie-
ron conocer su cotidianidad y lo extraordinario de su vida y, a Víctor Simba, miembro de
la Junta Parroquial de Cumbayá, que posibilitó con su excelente guía, recorrer el valle
y conversar con sus moradores.
Lucia Moscoso C.
Quito, marzo de 2008
TABLA DE CONTENIDO
CAPÍTULO I: CARACTERIZACIÓN HISTÓRICA DEL VALLE DE TUMBACO 12
1- Ubicación geográfica 13
1.1- Hidrografía
1.2- Clima
1.3- Zonas ecológicas y uso actual del suelo
2- Ocupaciones prehispánicas 17
2.1- Los señoríos étnicos
2.2- Evidencias arqueológicas de las llajtakuna
1- Fiestas y tradiciones 69
2- Lugares de memoria 79
1 Ubicación geográfica
El valle de Tumbaco ubicado al noroeste del Distrito Metropolitano de Quito, está con-
formado por las parroquias de Cumbayá, Tumbaco, Pifo, Puembo, Checa, Tababela,
Yaruquí y El Quinche. El valle, propiamente de Cumbayá-Tumbaco, tiene una altitud
media de 2.300 m.s.n.m. La altiplanicie de Puembo-Pifo-Yaruquí-El Quinche, una alti-
tud de 2.600 m.s.n.m., que va ascendiendo lentamente desde la margen izquierda del río
San Pedro-Guayllabamba hacia la Cordillera Real.
Hacia el sur el Ilaló (3.185 m.s.n.m.) le separa del valle de Los Chillos, al cual se une por gar-
gantas de suaves declives que están entre este cerro y las cordilleras Oriental y Occidental.
Las lomas de Ilumbisí y Guangüiltagua le separan de la meseta de Quito. Las estribaciones
que desde Guayllabamba y Otón ascienden al Pambamarca (4.093 m.s.n.m.) le separan del
valle de Cayambe. En la garganta de unión del valle de Cumbayá-Tumbaco con el de Los
Chillos se encuentra Lumbisí, una comuna de antiquísima raigambre indígena.
Entre el Guambi y el Iguiñaro se encuentra la más amplia y extensa planicie del callejón inter-
andino, la de Caraburo-Oyambaro, también llamada llanura de Ya ruquí. Mide en línea recta
de sureste a noroeste aproximadamente 15 km. de largo por 6 km. de ancho, sin verse entor-
pecida por ningún accidente o colina, por lo que fue seleccionada por los geodésicos de la pri-
mera Misión Científica Francesa (1735) para trazar la línea de base en la triangulación reque-
rida a fin de medir un arco de meridiano terrestre. En la llanura de Yaruquí, de clima fresco
semi húmedo (salvo Puembo que es más bien cálido) se encuentran las parroquias de
Puembo, Pifo, Yaruquí, Checa, Tababela y El Quinche; son tierras agrícolas, aptas para el cul-
tivo de el maíz, fréjol, arvejas, hortalizas, alfalfa y pastizales (Salvador Lara, 2002: 45-47).
Los valles de Cumbayá y Tumbaco están situados a una y otra orilla del río San Pedro, ubi-
cados al norte del valle de Los Chillos, interponiéndose entre este último y el de Tumbaco la
elevación volcánica del Ilaló. El de Cumbayá encerrado entre los ríos Machángara y San
Pedro tiene como complemento el faldeo de Ilumbisí (2.380 m.s.n.m.). Su clima templado semi
seco, permite en sitios muy cercanos a Quito, el cultivo de algunos productos tropicales como
la caña de azúcar, cítricos, café, aguacates, chirimoyas, guabas y algunos otros frutales.
Cruzando el río Chiche que limita hacia el noreste con el valle de Tumbaco, puede entrarse en
esta llanura que se inclina desde las faldas de la Cordillera Oriental hasta las abruptos peñas-
cos que caen al Guayllabamba. De sureste a noroeste la cortan las brechas profundas del
Chiche, Gaumbi e Iguiñaro. Puembo, Pifo y Checa, ubicados en el sector intermedio, tienen un
clima fresco semi húmedo. Tanto por su altitud como por ciertos factores climáticos, el sector de
Puembo tiene gran similitud con Tumbaco, de tal modo que bien podría considerárselo como
una transición entre esta unidad geográfica y la anterior (Terán, 1962: 11-19).
14
Hidrografía
El sistema hidrográfico de la provincia de Pichincha se reduce a un enorme
Debemos mencionar también al río Pita que atraviesa todo el valle de Los Chillos y casi
al pie del Ilaló se une con el San Pedro, pasa entonces este río al valle de Cumbayá-
Tumbaco, donde recibe, por el oeste el aporte del río Machángara, que le trae aguas
desde el Atacazo y el Pichincha; y por el este la contribución del río Chiche, alimentado
a su vez por el Inga, con lo que acepta envíos de la Cordillera Oriental (Fitocorrales,
Guamaní) y del Ilaló. Luego se conectan los ríos Guambi, Inguiñaro y Quinche, también
originarios de la Cordillera Real (Puntas y Pambamarca), y sólo entonces se le une el
Pisque (Salvador Lara, 2002: 25-26).
Clima
El gobierno metropolitano desarrolla su propio sistema de clasificación,
1.2 dividiendo al Distrito en tres regiones amplias, de acuerdo con las carac-
terísticas de precipitación, altitud y temperatura. Estas clasificaciones se
centran en áreas de asentamientos humanos y no incorporan a las zonas
elevadas e inhabitadas de la cadena montañosa occidental.
El área que nos ocupa está catalogada como “Zona Interandina I”, localizada entre 2.400
a 3.100 m.s.n.m., incluye la mayor parte de la ciudad de Quito y los valles templados al
este y el sur: Cumbayá, Tumbaco, Puembo, Pifo, Yaruquí, El Quinche, Checa, Nono,
Calacalí, Nayón, Zámbiza, Lloa.
paisajes, sus concurridos balnearios y porque se han desarrollado en esta zona hermo-
sas quintas vacacionales y urbanizaciones residenciales.
El valle cuenta con aguas termales, algunas de ellas utilizadas como balnearios y otras
en estado natural sin infraestructura turística e inclusive de muy difícil acceso.
El valle de Tumbaco, conocido también como valle de Cumbayá o de Puembo, ha sido ocu-
pado desde tiempos prehispánicos. Su sistema vial antiguo permitió que esta zona inme-
diata a Quito abastezca con sus productos a la ciudad, sea paso obligado a la Amazonía,
trayecto sagrado de las peregrinaciones y ruta hacia la Costa cuando todavía recorría el
f e rro c a rril Quito-San Lorenzo. Valle fecundo, que abrigó a diversidad de grupos étnicos.
2 Ocupaciones prehispánicas
En un momento anterior a estas dos invasiones, gran parte del territorio estaba organi-
zado en señoríos étnicos también llamados cacicazgos o curacazgos, conformados por
ayllus.2 A los señoríos étnicos se los puede definir como una
“[…] pequeña agrupación de familias gobernadas por un noble aborigen y sus dependientes.
Cada una consistía ordinariamente de 20 a 100 unidades y con 70 a 400 personas. Tales módu-
los eran denominados ‘parcialidades’ por los españoles [...]. Existieron dos maneras de constituir
llajtakuna, por un lado una sola parcialidad podía constituir una comunidad autónoma en cuyo
caso su señor llevaba el título de cacique, tal fue el caso en tres pequeños asentamientos […] el
Inga, Pingolquí y Puembo. Por otro lado, algunas parcialidades podían ser agregadas bajo una
sola unidad política. Cuando esto ocurría, una de las parcialidades ocupaba un rango superior al
2 El ayllu era un conjunto de fami-
resto. Su Señor era llamado cacique, dejando al resto de los mandatarios étnicos como principa-
lias emparentadas, descendientes
de un antepasado común, estaban les […]”(Salomon, 1980: 194).
unidas por un vínculo consanguí-
neo, compartían un mismo territo-
rio y trabajaban la tierra colectiva- Por otra parte, estas parcialidades manejaban una estructura de producción comunitaria
mente. Fue la base y núcleo de la y espacialmente se las distinguía como parcialidades de anasaya y urinsaya, como se
estructura cacical pues facilitó la
organización laboral, militar, reli- explicará más adelante.
giosa y tributaria.
18
Los cacicazgos del valle mantuvieron comunicación con los pueblos de la Amazonía.
Vestigios hallados por el arqueólogo Max Uhle en Cumbayá, restos en Oyacachi y otros
en la ruta Quito-Papallacta-Baeza son una evidencia sólida de los intercambios entre
Sierra y Amazonía. La ruta comercial a Quijos va por Papallacta-Baeza-Archidona-Tena
hasta Puerto Napo.
Los productos amazónicos enviados a Quito, que traían los merc a d e res o m i n d a l a e s,
incluían la canela, como artículo de comercio estimado por su valor medicinal, los coloran-
tes vegetales como el bandul, con el que los aborígenes pintaban sus ro s t ros en cere m o-
nias, y la coca que parece haber sido transportada por especialistas Quijos. La sal y el algo-
dón serían los productos llevados hacia la montaña oriental (Salomon, 1980: 174-175).
A su llegada, los españoles encontraron un territorio multiétnico; re c o rdemos que los incas
e m p l e a ron como principal estrategia de conquista, el trasladar población de un lugar a
o t ro. Controlada una población, se reestructuraba en base a grupos de mitimaes,4 y se
nombraba un re p resentante del Inca, sin quitar el señorío de los curacas del a y l l u.
Con respecto a su particular forma de organización, Salomon señala que los incas,
siguiendo un principio surandino distinguían las “mitades“ -los lados de arriba y abajo-
llamados anan y urin. En cada repartimiento existieron dos parcialidades, el anasaya y
el urinsaya, cada una tenía un cacique principal. Los incas dividieron el anansaya y urin -
saya por una línea que atravesaba el centro de Quito, aproximadamente este y oeste,
extendida hasta las dos cordilleras. El sistema de mitades de Quito comparada con el
Cuzco, está invertida geográficamente: si el anan Cuzco se asienta al norte, el anan
Quito se asienta hacia el sur (Salomon, 1980: 258-262). Al parecer esta división significó
el establecimiento de dos centros de poder. Este esquema anan y urin aparece en los
libros de Cabildo. Para 1594, incluso los alcaldes de naturales fueron nombrados en
3 Plural de llajta, palabra de ori- pares anan/urin. Podemos ver entonces, alcaldes de anansaya o alcaldes de urinsaya.
gen quichua, escogida para desig- Las poblaciones del valle de Tumbaco pertenecieron a la jurisdicción urinsayas, esto es
nar “pueblo de naturales”. Llajta
es un conjunto de personas que Cumbayá, Puembo, Pifo, Tumbaco, Yaruquí y El Quinche.
comparten derechos hereditarios
sobre trabajo, herramientas,
infraestructuras. Reconocen como En cuanto a la producción agrícola, la visita de 1559 da información de producción alta
autoridad política a un miembro de maíz. La agricultura pudo haber sido de frutas y vegetales. Para 1650, Rodríguez
privilegiado del propio grupo,
autoridad que se denomina señor Docampo, nos habla de la producción de garbanzos, frijoles, maní, ají, membrillos,
étnico, cacique, curaca o principal higos, guayabas. Parece que debido a esta preciosa arboleda de frutas y jardines flora-
(Salomon:1980:87-88).
les parte de la explanada de Cumbayá fue escogida para conformar las tierras privadas
4 Los mitimaes fueron poblaciones
del Inca (Salomon, 1980).
traídas al actual territorio ecuato-
riano, de otros sitios como el
Cuzco o Bolivia. Al respecto ver: Sobre el antiguo paisaje forestal del valle, el mismo Docampo ofrece indicios inequívo-
Moreno, 1981:105 y Salomon,
1980:237. cos que demuestran que hasta por lo menos la década de 1650 todavía era posible
19
Evidencias arqueológicas
de las llajtakuna
Las investigaciones arqueológicas, especialmente las de Robert Bell (1965),
2.2 determinan que el valle de Tumbaco estuvo poblado desde hace 7.800 años
aproximadamente. La evidencia de materiales arqueológicos de los perío-
dos Paleoindio, Desarrollo Regional y de Integración demuestran ocupacio-
nes sistemáticas en los distintos momentos de la época prehispánica.
Durante la invasión incaica, las etnias del valle debieron estar involucradas con otros
cacicazgos, especialmente con el de Cayambe (tan cercano a El Quinche), para hacer
frente a la invasión cuzqueña.
El arqueólogo Ernesto Salazar nos dice que las evidencias de presencia humana en la
zona pertenecen a la época del Holoceno (que comenzó hace diez mil años aproximada-
mente), cuando el deshielo de los glaciares empujó el límite de las nieves y el páramo a
alturas más elevadas, y cuando el bosque montano cubrió, probablemente, todo el valle
de Ilaló. Determinar la base de subsistencia de las bandas de Ilaló resulta, pues, comple-
ja por la ausencia total de restos orgánicos en los sitios arqueológicos de la zona.
Lo que se puede anotar es que para estos cazadores era fundamental conseguir
materia prima para fabricar sus artefactos, por lo que realizaban viajes periódicos
para aprovisionarse o posiblemente recurrían al intercambio. Al parecer una de las
razones que llevaron al habitante temprano a ocupar la zona del Ilaló fue la dispo-
nibilidad casi inmediata de materia prima. Dos enormes flujos de basalto provenien-
tes de la Cordillera Oriental se hallan ubicados en el centro mismo del valle del Ilaló.
En cuanto a la obsidiana, pequeños depósitos secundarios de este material se
encuentran en el valle, enterrados en la cangahua o al fondo de las quebradas
(Salazar, 1984). 5
La cerámica muestra claras relaciones estilísticas con la Costa, sobre todo en los platos
trípodes, sin embargo, no cabe duda, que es una producción local. Figurinas relaciona-
das con Jama-Coaque (Manabí) y La Tolita (Esmeraldas), muestran estrechos nexos
comerciales entre la Sierra y la Costa, propiciada por las vías naturales de acceso. El
5 También en “Los primeros habi-
período de Integración que se inicia desde el 700 d.C. a 1.500 d.C., e incluye la cerámi-
tantes del Ecuador”, Universidad
Andina Simón Bolívar, Taller de ca inca, muestran cambios en el uso del espacio evidenciándose asentamientos exten-
Estudios Históricos. sos, conformados por múltiples agrupamientos domésticos y las evidencias de casas,
http://www.dlh.lahora.com.ec/pag
inas/historia/historia1.htm pozos de almacenamiento y hasta tumbas.
6 Los basureros arqueológicos son
la acumulación de desperdicios de Existen datos históricos del período colonial que mencionan la presencia de tolas7 y
la actividad humana. Ofrecen evi- material arqueológico en la zona. Ambrosio Jácome, hacendado del sitio Tababela,
dencias de objetos de uso diario,
restos de alimentación y habita-
denunció en 1754 la existencia de una “guaca de gentiles” en Yaruquí. Presentamos
ción. También se llaman lugares un breve resumen de su exposición:
de desechos culturales.
7 Tola o montículo artificial es un “[…] por ser uno de los herederos de diego Montero y depositario de las haciendas Anraburo,
acumulamiento de tierra construi-
Ichimangue, le dio noticia Juan de Ayala, mayordomo de la hacienda Anraburu, que en una
da por el ser humano. Utilizada
especialmente para entierros o tola de dicha hacienda que será de una media cuadra de largo y media cuadra de ancho haber
viviendas.
21
encontrado al pie de dicha tola una hachuela de bronce que sería para servir en la cangahua.
Y, un indio Juan Llamatumbi había hallado en dicha tola otra hachuela de bronce a manera de
media luna y sin duda están fabricadas de manos de gentiles porque se metió la reja sin
poderla sacar. […] Muchas personas han visto que en dicha tola arde fuego y llamaradas. […]
Hago otra denuncia que dentro del pueblo de Yaruquí de unas tierras por donde corren el
agua del remanente del obraje algunas personas han hallado algunos granos de oro [solicita]
que los caciques y gobernadores de dicho pueblo me den lo que se necesitase y concurran
al trabajo […]”.8
Los hallazgos arqueológicos del sector de Tababela, para el año 2006, fueron encontra-
dos durante los trabajos de nivelación y compactación de tierras, para la construcción
del nuevo aeropuerto de Quito. Se expone a continuación la información oficial de la
Corporación Aeropuerto y Zona Franca del Distrito Metropolitano de Quito, CORPAQ,
proporcionada el mes de octubre de 2006.
Los vestigios culturales corresponden al período de Integración (500 d.C. a 1500 d.C.).
Constituyen parte del patrimonio cultural del sector y revelan la presencia de asentamien-
tos humanos que existieron en la zona nororiental de Quito. Todas las piezas (cerámica, líti-
ca) y osamentas encontradas son cuidadosamente inventariadas y serán parte del Museo que
se construirá en el sector y que constituirá otro de los grandes atractivos de la Aerotrópolis.
En El Quinche las numerosas tolas descubiertas en el contorno del pueblo prueban que
fue un asentamiento de importancia antes de la llegada de los incas. Por sus beneficios
naturales y su posición estratégica debió ser un centro de aprovisionamiento. El Quinche
debió ser uno de los tambos organizados en el gran camino de comunicación durante el
incario. (Vargas, 2005: 336).
Cicala al comentar los alrededores de Quito a mediados del siglo XVIII dice:
“Hay allí también otras dos poblaciones de indios, cada una en un valle, o bella llanura llama-
das, la una Tumbaco, y la otra Cumbayá, con gran abundancia de fruta, granos, aves, trigo,
cebada, maíz. Entre las dos está el amplio y espacioso valle llamado Cayabamba, donde hay
haciendas de caña de azúcar, para la elaboración de azúcar blanco, azúcar negro y miel: en
dicho valle encuéntrase muchísimas frutas americanas y también europeas […] dirigiéndose
del norte al oriente y luego de pasar algunas montañas […] se entra […] en otro valle llamado
Chillo […]”(Cicala, 1994: 201).
Los cronistas describen vagamente la región de Tumbaco, sin embargo, las fuentes pri-
marias nos permiten determinar las implicaciones del proceso de colonización a partir
de las estrategias administrativas que el sistema colonizador implantó en el valle.
Los caciques y gobernadores de indios del período colonial, cuyo poder prehispánico se
redujo totalmente, tenían como funciones principales recoger el tributo y organizar a los
indígenas de sus parcialidades para la mita. Constituyeron la figura central en la relación
entre la administración colonial y la sociedad indígena. Al mismo tiempo que la institución
de encomienda desaparecía, los caciques y gobernadores de indios perd i e ron importancia.
La posición que ocupaba el cacique dentro del sistema colonial fue delicada e ingrata,
era cabeza por vía hereditaria de la parcialidad, depositario de la preservación de la tra-
dición y liderazgo; era al mismo tiempo el agente de percepción fiscal e instrumento de
que se valía la sociedad dominante para presionar a la población aborigen. Según las
circunstancias tenía que actuar de portavoz de los indios y de herramienta de explota-
ción de los blancos (Albornoz, 1978: 10). Lo que significa que el cacique colonial exito-
so tenía que legitimar su autoridad tanto en la esfera española como en la indígena; esto
requería la satisfacción simultánea de los dos grupos. El mantenimiento del poder resi-
día en la habilidad que el cacique tenía para cumplir su contrato con el régimen colo-
nial (Powers Viera, 1994: 174).
Desde el siglo XVIII, los caciques, enfrentaron presiones como la competencia crecien-
te por el cargo, que procedía de otros indios de elites locales y también de los foraste-
ros. Su margen de maniobra se veía cada vez más reducida, presionados al mismo tiem-
po por las exigencias de autoridades coloniales y las posibilidades de su población,
resultándoles más difícil cumplir con las demandas del Estado español sin poner en peli-
gro las relaciones con la sociedad indígena local.
El panorama étnico de los “indios Quitos” que vivían desde ‘muy antiguo’, establecidos
en el valle de Tumbaco, eran los Collahuaso, Pillajo, Collaconcha, Tupiza, Azaña,
Guallachicomen, Tituaña, Atuña. Con respecto a los mitmas, fueron los Cóndor,
Chuquicóndor; Cachiguangos de las altiplanicies de Bolivia (en el valle pertenecieron a
la parcialidad de Cumbayacoto), que mezclaron su sangre con los Quito. Los Huancas y
Cañaris ubicados en El Quinche y Yaruquí. Los Umatambo que fueron mitmas quichuas
y los Chachas, mitmas de Chachapoyas (Costales, 1992: 238-267).
A finales del siglo XVII y principios del XVIII, los cacicazgos y parcialidades, de la
Audiencia de Quito, estuvieron expuestos a una ola implacable de intrusiones por parte
de forasteros, que emigraban como una estrategia de supervivencia (Powers, 1994: 223-
386). Estos “vagabundos” o “forasteros”, fueron en su mayoría indígenas y minoritaria-
mente mestizos e incluso mulatos, que llegaron al valle, huyendo de otras reducciones
para evitar servir la mita o pagar tributos. Sin embargo, la política de las reducciones
estaba orientada a controlarlos de tal forma que no escapen al cumplimiento del resto
de la población indígena.
25
26
Los forasteros representaron una amenaza para las parcialidades buscando, por diferen-
tes medios, apropiarse de tierras de comunidad. Por esta razón, los caciques colabora-
ban con la administración española para sujetarlos. En 1794, se solicitó el título de
Gobernador de Puembo y Pifo, para Miguel Guamán, aduciendo “que ha cumplido
dando cuenta de los indios forasteros residentes en dicho pueblo y su anejo” (se refiere
a Pifo), lo hizo por espacio de cinco años, a partir de la muerte de Pedro Nolasco Leal
quien había sido gobernador. Se solicitó el correspondiente título y se señaló las tierras
que había poseído desde sus antecesores.10
Para inicios del siglo XIX, el cacique principal de Tumbaco, Santiago Aynapicol, levan-
taba una queja, sobre:
“[…] un hombre forastero […] José Salazar, avecindado en el pueblo, pretende apoderarse de
las tierras y casas de indios, con diversas formas de seducción y engaño […] tiene un mula-
to con el que nos asusta y maltrata […] ese mulato tuvo el atrevimiento de poner sus manos
en la cara de un cacique anciano como yo, que me puso en brazos de la muerte […].”
10 ANQ, Serie indígenas, c.138,
exp.18, 11-X-1794, f. 1 (Solicitud También menciona que habiendo fallecido con la epidemia del “mal de manchas”11 el
título de gobernador).
común de indios de la parcialidad de Tolagasi, que esta dentro del pueblo de Tumbaco,
11 Debe referirse a la viruela,
Salazar aprovechó de esta circunstancia para el despojo de las tierras.12 Estas declara-
sarampión o “alfombrilla”(ver
nota al pie 19). ciones muestran a los forasteros alterando la situación socio-económica al ocupar tierras
de comunidades incluso de forma coercitiva.
12 ANQ, Serie indígenas, c. 168,
exp. 6, 26-XI- 1817, ff. 1-4 (Queja
cacique de Tumbaco).
27
Los que huían de sus comunidades, evadiendo las obligaciones tributarias, se viero n
exentos del servicio de la mita al carecer de tierras de comunidad. Pero cuando algu-
nos forasteros de segunda o tercera generación iban adquiriendo tierras, por arr i e n d o
o compras, sus obligaciones con el Real Erario se iban transformando. A fines del perí-
odo colonial las autoridades pedían que se quitara la odiosa diferenciación entre foraste-
ros y originarios, pues con el paso del tiempo los forasteros habían aumentado (Bonnett,
1992: 94-107).
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Implantación de instituciones
económicas coloniales
A partir de la conquista se organizaron los gobiernos coloniales dependien-
Las primeras concesiones fueron hechas por Francisco Pizarro a inicios de la Colonia;
las efectuadas por La Gasca (1548) estuvieron mejor organizadas para el cobro de tribu-
tos a los indígenas.
Mientras el encomendero no podía vivir en los pueblos de su encomienda, los curas doc-
trineros vivían en las jurisdicciones a ellos designadas. Corría de cuenta del encomen-
dero y de los indios la construcción de la iglesia, los gastos de culto y el sostenimiento
del sacerdote doctrinero (Albuja, 1998: 27). El Rey, en Cédula de 1718, incorporó todas
las encomiendas a la Corona, “anulando las segundas vidas”, de esta manera la enco-
mienda fue desapareciendo después de dos siglos de existencia.
La erección de la Diócesis de Quito fue en 1545. Para el cierre del siglo contaba con 208
parroquias y doctrinas, entre ellas, Cumbayá Tumbaco, Puembo, Yaruquí y El Quinche.
A inicios del período colonial, las parroquias más por la clase social que por la extensión
del territorio o por el número de feligreses, contaba con párrocos sólo para españoles y
curas doctrineros para indios, por ello a muchas parroquias se las denominó “doctrinas
de indios”, en las cuales, el sacerdote tenía como objetivo principal la enseñanza de la
doctrina cristiana.
En un primer momento los encomenderos contratan al cura doctrinero para los reparti-
mientos de indios, luego a partir de 1551, las doctrinas dependieron directamente de los
obispos (Albuja, 1998: 63). En 1609, por Cédula Real, las doctrinas fueron declaradas
inamovibles dando origen a las parroquias,14 sus ejes vitales fueron las iglesias y las
casas parroquiales. A mediados del siglo XVI, los indígenas estaban constituidos en peque-
ños poblados atendidos por sus respectivos curas doctrineros.
En ciertos casos era posible solicitar la exoneración del pago de tributos a indígenas que
desempeñaban cierto tipo de cargos, especialmente los que tenían que ver con la Iglesia.
Por ejemplo, el cura de Puembo y Pifo, en 1781, solicitó no se cobre tributos a Gregorio
Arenas sacristán de la iglesia de Pifo; Santiago Gualli de la iglesia de Puembo y los indios
c a n t o res: Agustín Luachamín, Joaquín Chapi, Javier Pintajoa, apresados por no pagarlo.
Estos oficios estaban por lo general designados a hijos de caciques, pero en este caso de
Puembo y Pifo, “al no haber preparado a ninguno para que cante los divinos oficios y sal-
17 Indios: es una categoría colo- mos en las misas conventuales, fueron escogidos otros, de entre los l l a c t a y o s”.21
nial, se llamó así a la población
nativa que ocupaba el territorio
antes de la llegada de los españo- El caso de la mita, que significa “turno”, fue una institución de origen prehispánico, un
les. En el período prehispánico
había “grupos étnicos” cuyo
sistema tributario de trabajo personal que movilizaba indígenas a trabajar por turno en
núcleo familiar fue el ayllu, térmi- labores de construcción de caminos, puentes, fortalezas, centros administrativos, entre
no explicado anteriormente.
otros. Los españoles la utilizaron en su beneficio para proveerse de mano de obra con-
18 Los datos de la población tribu- virtiéndola en un sistema de trabajo forzado. Había mita agraria, de minas, de caminos,
taria son una aproximación.
de trabajo textil u obrajera, ganadera y en trapiches, entre otras. Incluía a toda la pobla-
19 Alfombrilla: enfermedad infec- ción indígena tributaria comprendida entre los 18 y 50 años de edad. La distribución de
ciosa, muy semejante al saram-
pión, produce fiebre alta y man-
indios mitayos corrió por cuenta de los caciques, de las diferentes parcialidades, que
chas en la piel. tenían la obligación de proveer de fuerza de trabajo indígena a todas las actividades
20 ANQ, Fondo Especial, 13-XII- económicas de las elites coloniales. En el caso del valle de Tumbaco, a las haciendas y
1694, caja 6, vol. 14. obrajes principalmente.
21 ANQ, Serie indígenas, c. 106,
exp. 19, 17-VIII-1781, ff. 4-9-29.
Imagen: “Padre borreguero hechando el manto y llevarse el borrego”, en Imágenes de identidad. Acuarelas d quite-
ñas del siglo XIX, Quito, FONSAL, 2005.
31
A partir de la segunda mitad del siglo XVII, la intensa movilidad indígena produjo el
aumento de población forastera itinerante en la Audiencia de Quito. Por lo tanto, si la
mita dependía de la integridad de los pueblos indígenas, el movimiento de nativos ale-
jándose de sus comunidades, debilitó, y destruyó a la mita formal. Estas migraciones
nativas fomentaron el desarrollo de un mercado laboral libre. El siglo XVII fue testigo de
una continua salida de recursos humanos desde las comunidades hacia obrajes y hacien-
das agrícolas. La mita continuó existiendo hasta el siglo XVIII, pero su importancia dis-
minuyó notablemente (Powers, 1994: 389-390).
Con respecto a los diezmos, podemos decir que, apenas organizado el aparato adminis-
trativo colonial y creado el Obispado de Quito, la Real Audiencia dio las primeras dispo-
siciones para la recaudación del diezmo. El Cabildo, en 1549, determinó que se pague
la décima parte “[...] de todo el maíz, trigo, semillas, sal, aves, ganados y de las demás
cosas que se sembrase o cogiese [...]”.22 La renta decimal se distribuía de la siguiente
manera: 25% para el obispo, 25% para el Cabildo Eclesiástico, el 50% restante se divi-
día en nueve partes: para el Rey, construcción de la catedral, hospital y para curas,
sacristanes y otros (Pareja, 1975:136-137). El diezmo recayó en la producción agropecua-
ria, por lo tanto pagaban los hacendados civiles, el clero terrateniente y los indígenas por
sus parcelas.
Estructura de la propiedad
y tenencia de la tierra
La información de los libros de proveimientos de tierras, del Cabildo de
Quito, dan razón de las concesiones de tierras, inmediatas a la conquista
3.3 española. Las mercedes de tierras realizadas por la Audiencia y el Cabildo
fueron los mecanismos más utilizados para obtener propiedades. Este pri-
mer reparto dio origen al latifundio que se consolidó en los siglos XVII y XVIII con crio-
llos herederos. Un ejemplo de algunas de las primeras asignaciones se encuentra en los
cuadros siguientes:
33
Para finales del siglo XVII, en el valle de Tumbaco, el mayor propietario fue el regidor
Salvador Pérez Guerre ro con sus haciendas Palago, Oyamburo, Cariburo y Cuniburo, la
estancia Chanta y otras en los pueblos de Pifo, Puembo y Yaruquí. Estas propiedades
alcanzaron una extensión de aproximadamente 215 caballerías.26 O t ro propietario impor-
tante fue el maestre de campo, Manuel Ponce de León y Castrillejo con la hacienda de
Itulcachi, en las cercanías de Tumbaco, con 124 caballerías (Moreno Yánez, 1981: 238).
Francisco Atahualpa fue hijo de Huayco Ocllo, llevaba también el apellido de Tupac-
Atauchi y se le distinguía en Quito con el título de Auqui, príncipe, correspondiente a su
ascendencia (Navarro, 1930: 93-94). En Cumbayá estuvo la propiedad más extensa que
tuvo el Auqui medía 19 caballerías (210 hectáreas) de las cuales entregó 2 a su hija natu-
ral Joana, las restantes a su mujer Beatriz Ango y a su hijo Alonso. La cronología de la
propiedad podría ser:
27 En el trabajo de Christiana
Borchart se encuentra un intere-
sante cuadro de mercedes de tie-
rras, remates, ventas y donaciones
correspondientes al valle de
Tumbaco, desde los años 1556
hasta 1680.
34
Durante los siglos XVII y XVIII, la lucha por la posesión de tierras fue constante. Las hacien-
das en formación, pertenecientes a españoles, agrandaron sus propiedades a costa de usurpa-
ción de tierras a los indios. Pero también a través de donaciones, compra ventas y herencias
muchas de las propiedades indígenas pasaron a españoles, criollos y mestizos. El obraje, del
que hablaremos más adelante, tuvo su apogeo y decadencia en estos dos siglos. Para el siglo
XIX se consolidó el latifundio, el valle estaba conformado por haciendas y estancias que se
mantuvieron gracias a las posibilidades de acceso a mano de obra indígena.
Los obrajes
El Estado español, al organizar la encomienda y la recaudación de tributo, tenía
en los obrajes una excelente forma de recaudar el tributo a los indígenas y con-
3.4 tar con su mano de obra. Existieron dos tipos de obrajes: los de comunidad, per-
teneciente a comunidades indígenas que permitieron obtener el dinero necesario
para pagar el tributo a los encomenderos. Por otra parte estaban los obrajes de particulares o
privados, cuyos propietarios fueron españoles encomenderos o comerciantes que conformaron
una elite dentro de la organización social obteniendo excelentes ganancias. Estos últimos, se
ubicaron cerca de los pueblos y contaron con fuerza de trabajo indígena que la adminis-
tración española les garantizaba por medio de la mita.
Hubo también otras unidades de producción textil de tipo doméstico, menos grandes que los
obrajes, llamadas obrajuelos y chorrillos, ubicados generalmente en áreas urbanas. El obraje
estaba equipado con batán, torno, telar mecánico, cardador mecánico; el chorrillo era más
pequeño, no tenía batán y se trabajaba con mano de obra contratada. Las comunidades re l i-
28 Los expedientes de este litigio giosas (jesuitas, mercedarios y dominicos) también mantuvieron obrajes en la Real
se encuentran en la serie Indíge-
nas del Archivo Nacional de Qui-
Audiencia de Quito. La Compañía de Jesús, por ejemplo, tuvo uno en el valle de Los
to. Son analizados por Loreto Re- Chillos.
bolledo en su tesis Comunidad y
resistencia, el caso de Lumbisí en
la Colonia, publicado por FLACSO Para obtener mano de obra existieron tres formas: los indios de entero o tributarios de las comu-
y Abya Yala en 1992.
nidades, quienes obligados a cubrir el peso de la tasa tributaria asignada a la comunidad, se
29 Chacras: parcelas o huertos pa- debieron enrolar como fuerza de trabajo a los obrajes; los indios mitayos o quintos, asignados
ra sus cultivos.
35
2) Tienen más facilidad de pagar en los obrajes las deudas que han contraído por hur-
tos o por préstamos que se les ha hecho, mientras que en las cárceles no tendrán que
comer ni en que trabajar.
3) Porque desde que se han visto libres de los obrajes se han entregado con más osadía
a los fraudes, robos y muertes.
Sánchez de Orellana, en 1788 pidió al Juez Pedáneo, obligue a los indios a trabajar y los
saque del poder de cualquier hacendado donde estuviesen, “que no se ha de perder un
obraje en que su valor pende en indios y sus deudas”. En el inventario se habla de una
casa con oratorio, 85 cabezas de ganado vacuno, 80 árboles de limones, membrillos,
duraznos, nogales, capulíes y guarango.33
Finalizando el siglo XVIII, el obraje de Yaruquí mantenía mano de obra, en gran parte,
con indios presos por deudas a particulares y deudas de tributos. En 1787, se informaba
al fiscal protector de naturales sobre los abusos de los que eran víctimas:
“[…] estos miserables encerrados en aquellas casas padecen un mal tratamiento […] han lle-
gado a perecer algunos de hambre y por los muchos azotes que les dan y la fatiga del traba-
jo a que los obligan, sin que por esto se haya verificado que alguno se libre de la deuda, por
que el que administra el obraje, figura que el trabajo de estos miserables no alcanza a satis-
facer aquel alimento cortísimo con que los mantienen […]”. 34
La situación en los obrajes fue espantosa, los operarios indígenas eran forzados a traba-
jar por largas jornadas, con escasa alimentación y estaban sujetos a toda clase de abu-
sos. Al parecer el obraje de Yaruquí fue el más temido por los indígenas. Las autorida-
des facultaron a un funcionario para perseguir
“[…] a todos los vagos que se hallan ocultos o a los que con el nombre de mestizos están
perjudicando el Real haber de su Majestad […] que se haga pesquisas y los ponga en el obra-
je de Yaruquí y practique esto en Puembo, Pifo, Yaruquí, Quinche, Guayllabamba […] para
cuyo fin todos los gobernadores, caciques y demás principales de dichos pueblos le acom-
pañen y le den los auxilios necesarios”. 35
Los indígenas huían del trabajo en los obrajes. Sánchez de Orellana, en 1791, tuvo que
llevar desde Quito indígenas presos para trabajar en su obraje, él mismo comunicó la
decadencia en la que se encontraba, manifestando que de 15 trozos de bayeta que se
laboraba en cada mes, la producción bajó a la mitad por la escasez de indios que había
en la zona. Sabemos que para ese año se producía en aquel obraje; paños, bayetas, jer-
gas, lienzos, polainas y que contaba con los siguientes empleados: un maestro que cui-
daba el batán, portero, recogedor, cinco indios cardadores, cinco percheros, 25 hilado-
res. El salario se pagaba parte en dinero y parte en efectos (granos) traídos de su hacien-
da Isacata.36
33 ANQ, Serie Obrajes, c. 30, exp.
5, 9-III-1788, ff. 45 (Obraje de
Yaruquí, Sánchez de Orellana ).
El obraje de Yaruquí, dependía del trabajo de los convictos, lo que por un lado permitía
a estos pagar deudas e indemnizaciones y, por otro, proporcionaba al Estado una alter-
34 ANQ, Serie indígenas, c. 122,
exp. 28, 6-XII-1787, f. 1, 46, 46v.
nativa para mantener a los prisioneros en lugares diferentes a las cárceles.
(Informe de obrajes).
35 ANQ., Serie indígenas, c. 122, La carga exagerada de trabajo impuesta en los obrajes motivaba a que los indígenas se
exp. 28, 6-XII-1787, f. 1, 46, 46v. enrolaran en las haciendas, por lo que, dueños de haciendas y obrajeros se disputaban
(Disposición sobre mano de obra
para obrajes).
la mano de obra del valle. En 1683, el capitán Martín de Aybar, propietario de un obra-
je en términos del pueblo de Yaruquí -cuyo dueño anterior fue su suegro, el capitán
36 ANQ, Serie Obrajes, c. 30, exp.
17, 28-V-1791, f. 25 (Obraje
Joan de Santiesteban-, solicitaba se cumpla con la asignación de mano de obra autori-
Yaruquí de Sánchez de Orellana). zada años atrás, por el licenciado Martín de Arriolla, presidente de la Real Audiencia.
37 ANQ, Serie Obrajes, c.15, exp. Exigía se ejecute el mandato y se le entreguen los 100 muchachos hiladores y 12 mita-
10, 9-VII- 1683, f. 7, 9, 9v yos para servicio, “[…] conforme están señalados y repartidos por sus ayllus […] porque
(Solicitud de mano de obra).
el gobernador y caciques del pueblo, se excusan, que los vecinos del dicho pueblo y
valle de Yaruquí ocultan los muchachos en sus estancias”.37
37
Una descripción general de cómo operaban los obrajes en su aspecto material, basada
en el obraje de Tilipulo (Latacunga), dice que “la vivienda era extensa, como galpón,
con pequeñas ventanas defendidas por rejas de hierro, que dejaban pasar poca cantidad
de luz, con una puerta; en su interior se encontraban los mismos instrumentos y apara-
tos primitivos que los indios los inventaron y con los cuales trabajaban sus tejidos: la
rueca, el telar primitivo, las cardas, las devanaderas. En sección aparte estaban las enor-
mes pailas utilizadas en la tintorería; completaba la fábrica el famoso batán, situado en
orillas de un río o de una acequia; en donde lavaban las lanas, los tejidos, los hilos; en
donde curtían y devastaban la lana y en donde secaban esos productos al calor del sol y
prensaban las telas” (Patiño, 1993).
Conformación de la hacienda
Luego de la crisis obrajera se fortaleció la producción agrícola bajo el régi-
En cuanto a la mano de obra, sin vigencia legal la mita, el indígena fue libre de con-
c e rtarse de manera voluntaria. Este procedimiento permitió recluir en la hacienda a
una masa considerable de campesinos a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.
Fue entonces cuando otras formas de captación de mano de obra prosperaron y diero n
nacimiento a los trabajadores rurales desvinculados de su comunidad de origen. Al
mismo tiempo que la hacienda se consolidaba también crecía una población campesina-
indígena en su interior.
En 1918, se suprimió el apremio personal o prisión por deudas, lo que significó la aboli-
ción del concertaje y por tanto se estimuló la libre oferta y demanda de trabajo. El tér-
mino concierto fue entonces reemplazado por el de “huasipunguero”, porque en defini-
tiva el trabajador agrícola estaba arraigado en la hacienda por el pedazo de tierra asig-
nado, permaneciendo voluntariamente en ella porque podía acceder a tierras, agua y lo
más interesante había conformado una comunidad dentro del predio. Si en algún caso
buscaron salir del sistema hacendatario, sería para trasladarse de una unidad producti-
va a otra, respondiendo a la oferta de mejores condiciones de subsistencia (Carlos
Marchán, 1986:35).
Más allá de una definición étnica de los actores sociales, podemos observar que al igual
que en todo el país, el valle de Tumbaco fue conformando para el siglo XX una sociedad
rural, agraria y campesina.
Las tierras de comunidad como el caso de Lumbisí, actualmente única comuna de la
parroquia de Cumbayá, y muchas otras que todavía sobreviven en el valle, se acogieron
a la Ley de Comunas (1937), que les confirió personería jurídica. Con la Ley de la
Reforma Agraria (1964),47 grandes extensiones de tierras se entregaron a los campesi-
nos, “[…] considerando el número de beneficiarios, el valor catastral de la tierra y los
años de servicio prestados por el huasipunguero” (Costales, 1971: 120). Estos beneficia-
rios, conformaron comunas, algunas convertidas en barrios durante la segunda mitad
del siglo XX.
Las haciendas y población del valle, en varias ocasiones, resistieron erupciones, terre m o-
tos e incluso pestes. Durante el período colonial las pestes de viruela, sarampión y alfom-
brilla afectaron a la ciudad de Quito y sus valles. Sin embargo el paludismo estuvo pre s e n-
te hasta mediados del siglo XX, constituyendo una amenaza para el área de Tumbaco. La
condición palúdica de la hoya del Guayllabamba se extendió a los valles debido a que
estos reunían las condiciones climáticas y de suelo permitiendo la supervivencia de mos-
quitos port a d o res del parásito palúdico. Sabemos que algunos trabajadores del ferro c a rril
que atravesaba el Valle fueron víctimas del paludismo.
Para enfrentar al paludismo, en 1941 el gobierno de Carlos Arroyo del Río decretó la creación
de fondos para la llamada “Defensa del Valle de Los Chillos”. En el considerando dice que el
paludismo ha aparecido con caracteres alarmantes en la zona de San Pedro de El Tingo, ame-
nazando con invadir el valle de Los Chillos y Tumbaco. Dispuso que todos los propietarios de
las parroquias de estos valles hagan una erogación obligatoria del uno por ciento sobre el
valor de sus propiedades por una sola vez. Este monto se invertiría en los trabajos de sanea-
miento de los valles de Los Chillos, Tumbaco y Pomasqui (Rivadeneira, 1941:36-39).
Tumbaco enfrentó también, para el siglo XIX, una “plaga de langostas”. 48Un informe
enviado al presidente Carondelet, en 1807, motivó a una verdadera pesquisa de langos-
tas con participación de todos los hacendados, indígenas y mestizos. Los sitios afectados
fueron La Tola, Chichipata, Callaqui, Churuloma, San Blas, Sullun, Cochabamba,
Tolagasí, Las Chorreras y los contornos del Obraje. El documento menciona incluso el
envío de algunas langostas vivas para ser estudiadas.
“[…] se hizo una matanza con gran trabajo […] pues dichos animales no andaban en copia,
sino una por ahí y otra por allá y así dispersas levantaban el vuelo hasta una cuadra y se ele-
vaban otro tanto. […] Indios y mestizos dijeron que nunca habían faltado en este pueblo par-
ticularmente en los sitios donde había las yerbas llamadas mosquera y chamana […]”.49
Estas plagas fueron reportadas en 1916 en el actual cantón Mira (provincia del Carchi),
y para 1947 una invasión de langostas en El Oro y Loja (principalmente en el valle del
Catamayo).50
Con respecto a las consecuencias de las erupciones del Cotopaxi, Dionisio de Alcedo y
Herrera en su “Descripción de la Presidencia de Quito” habla de la erupción del volcán
ocurrida en el año 1698. Pero del siglo XVIII provienen las mayores fuentes sobre erup-
ciones del gran Cotopaxi: julio de 1742, noviembre de 1744. La erupción de abril de
1768 es catalogada como la más catastrófica, causó un terremoto que se sintió en la ciu-
dad de Quito, los lahares alcanzaron el valle de Los Chillos y el de Tumbaco, afectándo-
se extensas áreas agrícolas.51
La erupción, de junio de 1877, provocó flujos de lodo que nuevamente llegaron a los
valles. Al noreste de la hacienda San Rafael, los tres ríos, Pita, Cununyacu y San Pedro,
48 Especie de saltamontes de 5 a se juntaron en un solo curso para atravesar la planicie de Conocoto y dirigirse hacia
12 centímetros, capaces de formar Tumbaco. Allí invadió terrenos, destruyó un molino, sembríos de caña de azúcar y causó
plagas que acaban con grandes
extensiones de cosechas, poseen algunas víctimas.52
largas patas posteriores que les
permiten saltar y un aparato bucal
para masticar y comer hojas. Su Según el Instituto Geofísico las erupciones pasadas del Cotopaxi estuvieron caracterizadas
actividad generalmente es noctur- por seis clases de fenómenos eruptivos que re p resentan peligro para el hombre y las obras
na. Las pestes de langostas se
conocen en América desde la de infraestructura: flujos de escombros y lodo (lahares), caídas de piroclástos y ceniza, flu-
época de la Colonia. jos piroclásticos, derrames de lava, gases volcánicos y vapor caliente, y sismos volcánicos.
49 ANQ, Serie Gobierno, c.63,
exp. 18, 22-I-1807, f. 3 (Reporte Pero son los lahares los que afectaron al valle de Tumbaco, comprenden una mezcla de
Plaga de Langostas).
materiales volcánicos (rocas, ceniza, pómez, escoria) y agua que viaja rápidamente pen-
50 Virgen de caridad libra de lan-
diente abajo siguiendo el curso de las quebradas, estos flujos pueden transportar gran-
gostas a Mira. Sitio Web de los po-
bladores de Mira. des bloques de roca, arrasando con todo lo que encuentran a lo largo del cauce y a ori-
http://www.mira.ec/Paginas/VCar llas de los drenajes afectados. Para el Instituto Geofísico, la zona con una alta probabi-
idad/VirgenCaridad.aspx
lidad de ser afectada en caso que se generen lahares, está comprendida por los cauces
51 Historia Eruptiva del Volcán
y las orillas de los ríos Salto, Pita, Santa Clara y San Pedro. Por estos cauces han transi-
Cotopaxi. Sitio Web part i c u l a r, fun-
damentado en Instituto Geofísico tado en épocas históricas los flujos de escombros de los períodos eruptivos de 1744, 1768
de la Escuela Politécnica Nacional. y 1877, así como innumerables flujos de escombros de la época pre-colonial, como lo
http://library.thinkquest.org/03oct/
00642/c_historia.html atestiguan los depósitos de los flujos pertenecientes a esta etapa del volcán.
52 Ing. Eduardo Aguilera, “Flujo
de lodos en el Cotopaxi”, Quito.
Escuela Politécnica Nacional.
http://publiespe.espe.edu.ec/art i-
culos/vulcanismo/flujo-de-
lodos/infocoto.htm
45
4 infraestructura tradicional,
caminos y puentes
La catástrofe de 1744 asoló a las provincias de Cotopaxi y Pichincha: la erupción del
Cotopaxi arrebató gran parte de los puentes penosamente levantados por la pobreza
colonial. Las aguas del “inmenso aluvión” subieron más de cien metros en el río
Guayllabamba. Uno de los mayores daños fue la destrucción del puente del río Pita. El
cura de Tumbaco, Felipe García Aguado , propuso ayuda, ante el aislamiento en que
quedaron los pueblos de Yaruquí, Puembo, Pifo, impedidos de comunicarse con Quito,
salvo con el auxilio de “tarabitas” o andariveles. Planteó construir un gran túnel para
reemplazar al puente derruido e impedir que el río volviera a llevárselo.
En el año 1759, el sacerdote comunicó al Cabildo que el puente había sido arrebatado
una vez más por las crecientes del río y pidió apoyo para la terminación del socavón.
Años después, el 9 de julio de 1773, el doctor Aguado entraba en la inmortalidad, sobre
el túnel construido bajo su dirección, pasó el ferrocarril: los siglos han respetado la obra
del célebre eclesiástico colonial y el río no ha vuelto a saltar la valla que el abnegado
cura le puso (Tobar Donoso: 1953: 38-39).
“[…] con notable horror e incomodidad se trajina hoy por un puente de palizada tan peligroso
que continuamente se le está llevando el río y luego apelar al auxilio de una espantosa tarabi-
ta que da horror pasar por ella con riesgo de la vida, sondeando su vado las bestias en que
casi todos los días mueren mulas, es inexplicable el trabajo que los pueblos circunvecinos
padecen y con la esperanza perdida de no poder fabricar un puente de cal y canto por no
haber sitio para ello por la anchura de sus veredas como por la suma pobreza de sus morado-
res que no son paces de costear los miles que se necesitan […]”.55
El 13 de marzo 1767 fue adjudicada la obra al marqués de Villa Orellana; cuatro años
más tarde, la obra estaba finalizada y los indígenas nuevamente manifestaban su des-
contento por la contribución impuesta. El marqués consideraba que son los “hacenda-
dos los que acarrean en bestias […] por lo tanto los contribuyentes no son los indios”, sin
tomar en cuenta a aquellos que venían con sus cargas de productos a comerciar en la
zona y en la misma ciudad de Quito. Los indígenas comerciantes recurrían a cargar los
efectos a sus espaldas para evitar la contribución.
El camino al Oriente
El camino que va por el valle de Tumbaco a Papallacta fue una de las vías comerciales
preincaicas, que más tarde también utilizaron los incas y luego los españoles. Los pro-
ductos amazónicos enviados a Quito incluían la “canela”, el colorante vegetal llamado
bandul, que utilizaban los aborígenes para pintar el rostro en ceremonias y la coca del
Oriente que parece haber sido transportada por especialistas quijos. Desde Quito, lleva-
ron la sal y también el algodón (Salomon, 1980: 174-175). Los testimonios orales de
varios pobladores de Tumbaco y Pifo mencionan a los “yumbos”, como indígenas comer-
ciantes que llegaban del Oriente por vía Papallacta-Pifo.
Pocos años después de fundada la villa de San Francisco de Quito, comenzaron las expe-
diciones a la región oriental. Las riquezas encontradas en la conquista y las noticias que
los indígenas daban sobre esta región fueron estímulo para los viajes que emprendieron
los españoles. Las referencias tenían que ver con el origen amazónico del oro y con la
abundancia del árbol de canela. Animados los conquistadores pusieron en marcha el
mito del “País de la Canela”, que según decían los indios estaba al oriente de Quito.
Organizaron sus expediciones resueltos a emprender a toda costa la conquista del país
56 Acerca de los yumbos del sub-
trópico quiteño, remitirse a Tulipe
de la canela donde estaban seguros encontrarían grandes ciudades, imperios opulentos y
y la cultura yumbo. Arqueología señores con inmensas riquezas.
comprensiva del subtrópico quite -
ñ o, del arqueólogo Hólguer Jara,
cuya primera edición del 2006 es El primero que se aventuró a explorar la región oriental ecuatoriana fue Gonzalo Díaz
del Fondo de Salvamento de Quito.
de Pineda.57 En septiembre de 1538, salió de Quito por orden de Francisco Pizarro. Su
57 Conquistador español, nació en expedición se componía de unos ciento treinta españoles, entre los cuales había cuaren-
Asturia-España, en 1533 participó
en la captura de Atahualpa.
ta y cinco de a caballo, treinta ballesteros y diez arcabuceros. En equipar la expedición
Exploró la región oriental (zonas gastó más de ocho mil pesos y fabricó la primera pólvora que se hizo en Quito. Los expe-
de Quijos y Canelos). En 1538
organizó otra expedición al “País
dicionarios tomaron el camino por Cumbayá y Tumbaco, trasmontaron la cordillera por
de la Canela”, encontrando el Guamaní y descendieron a Papallacta: cuando comenzaron a internarse en los bosques
valle de Cosanga y el río Sumaco.
En 1539, fue nombrado teniente
de Atunquijos, les salieron al encuentro algunos indios de guerra y les disputaron el
gobernador de Quito, y en 1541 paso, sin embargo, siguió hasta llegar al valle de Cosanga después de haber atravesado
participó en la expedición de
Pizarro y Orellana al Oriente.
el río de Maspa,58 llegó hasta a las faldas del volcán de Sumaco. Desalentado sin encon-
trar el “País de la Canela”, regresó a Quito (González Suárez, 1901: 3-17).
58 El río de Maspa tiene su ori-
gen en la cordillera de Pam- Gonzalo Pizarro resolvió verificar su entrada a la provincia de la Canela por el mismo camino
b a m a rca; pasa por Oyacachi, y cerro de Guamaní, por donde había viajado el capitán Díaz de Pineda, a quien lo llevó en
recibe pequeños tributarios y se
su compañía por el conocimiento de aquellas regiones. De igual forma lo hizo Francisco de
dirige hacia el este. El río Co-
sanga nace tras del Antisana, se Orellana, explorador del Amazonas. Para 1559, Gil Ramírez Dávalos llegó, siguiendo la
encontrarse con el Maspa, para misma ruta, a la planicie entre el Coca y el Cosanga y fundó Baeza de los Quijos.
constituir juntos el caudaloso
Coca (González Suárez, 1901: 5).
Imagen: “Indio del Napo”, en Imágenes de identidad, acuarelas quiteñas del siglo XIX, Quito, FONSAL, 2005, p. 221..
48
Desde mediados del siglo XVI hacia adelante, son los misioneros dominicanos los que
frecuentaron este camino, en sus viajes de visita a los pueblos de la misión de Baeza y
los cofanes. En 1777 se presenta el informe más completo sobre las condiciones de viaje
por esta vía desde Quito al Amazonas. Se lo debemos a la iniciativa del presidente de
Quito don José Dibuja, que mandó hacer una descripción detallada del camino.
El capitán Julián Rosales, en 1788, dirigió una solicitud al presidente Juan Joseph
Villalengua y Marfil, describiendo las consecuencias de llevar indios de Cumbayá a las
expediciones a Maynas:
“[…] a los poquísimos indios de este mi pueblo de Cumbayá […] se obliga a llevar las cargas,
por lo que resulta un gravísimo perjuicio […] Si prosiguen con este insoportable trabajo se
exterminarán y acabará enteramente esta cortísima población y quedará solo el cura sin tener
feligreses a quienes enseñar la doctrina cristiana [...] solicito que a estos miserables de
Cumbayá […] los dejen descansar después de tantos viajes que han hecho a costa de sus
vidas y salud […] caen muertos con los riñones podridos y la orina suelta imposibilitados a
trabajar para mantenerse y sustentar sus pobres mujer e hijos.” 59
Su propuesta concluye sugiriendo tomar indios del pueblo de Zámbiza, que asegura
tiene cuatro a cinco mil indios, o de Santa Clara, Alangasí, Sangolquí, Pintag,
Guangopolo, para que sirvan en la conducción de las cargas.
Recordemos que ya en 1618 el virrey concedió a Diego Vaca de Vega el derecho de con-
quistar Maynas (en el Marañón) y lo nombró gobernador de ese territorio.
Posteriormente, se iniciaron las misiones de la Compañía de Jesús. La misión tenía 41
reducciones atendidas por 28 misioneros, que estuvieron al frente desde 1636 hasta
1767, año en cual los jesuitas fueron expulsados de las colonias de América. A pesar que
los franciscanos se ofrecieron como voluntarios, las reducciones disminuyeron. En 1783,
las misiones se entregaron al obispo de Quito (Negro, 2000: 186-198).
Los “caminos” que vincularon Maynas con la Sierra y Costa fueron, desde Quito: par-
59 ANQ, Serie Indígenas, caja 124, tiendo a caballo en dirección sureste se cruzaba la cordillera llegando al pueblo de
exp. 11, 15-X-1788 (Sobre expedi- Papallacta en un promedio de dos días; a partir de ahí, a pie, o “en hombros de indios”
ción a Maynas).
durante 12 días de caminos desiertos, sin pueblos donde pudiesen auxiliarse los viajan-
60 Se refiere a Baños, Pro v i n c i a tes, se llegaba al río Napo, donde existía un pequeño poblado y a partir de ahí, en bal-
de Tungurahua. Hace referencia
sas o canoas por el río Napo se llegaba a la parte baja del Marañón. El viaje duraba un
de 10 días de jornada a pie, desde
Baños al pueblo de Canelos, lugar promedio de 25 a 30 días. A más de otras rutas: por Baños,60 Jaén de Bracamoros,
donde se embarcaban en canoas
Moyabamba, Lamas y Chachapoyas (Reyes Flores, 1999).
en el río Bobonaza, se pasaba al
Pastaza y se arribaba finalmente
a la parte superior del río
Los testimonios de los viajeros dan razón de la precariedad del camino de acceso al
Marañón en un promedio de 25 a
30 días de viaje. Oriente por la vía Pifo-Papallacta-Baeza y de las dificultades que se presentaban para el
61 La Comisión Científica Es- para la obtención de indígenas que acompañasen como guías o cargueros.
pañola del Pacífico se desarrolló
entre 1862 y 1866 y recorrió todos
Cuando Jiménez de la Espada llegó al Ecuador (1862-1866) con la Comisión Científica
los países del litoral pacífico ame-
ricano. Conoció buena parte del Española,61 relató acerca del uso de métodos coercitivos para conseguir cargueros. En
Ecuador, desplazándose al Orien- su diario dice que en Tumbaco, población en la que se iniciaba el camino al Napo, el
te; los científicos miembros que
dejaron escritos sus diarios fueron:
teniente político los tenía encarcelados para evitar su deserción aconsejándole que les
Marcos Jiménez de la Espada, amarrase cada noche si no quería verse expuesto a ser abandonado con las cargas en
Francisco de Paula Martínez,
medio de los bosques. Cuando no era posible retenerlos encarcelados, se utilizaba el
Manuel Almagro y Juan Isern.
chantaje reteniendo a familiares directos de los cargueros hasta que estos acudían y se
sometían a las demandas de los españoles (Jiménez de la Espada, 1998: 83-103-104).
49
“De Quito sale un camino al Oriente llamado del Napo, el itinerario es de Quito hasta Papallacta,
se viaja a caballo durante dos días, se sube a la cordillera de los Andes, se atraviesa por una
abra natural llamada encañada, luego a la colina Guamaní y se desciende al pueblo de
Papallacta, desde allí a pie, hasta el pueblo de Archidona siguiendo el río Maspa y luego se
haciende a la planicie del Quijos (Cosanga, y Baeza)” (Manuel Villavicencio, 1984: 138- 139).
En el Ecuador del siglo XIX, los presos políticos eran trasladados al Oriente (Napo y
Macas), Esmeraldas y a las Islas Galápagos, por ser lugares aislados e inaccesibles. En
el período garciano, por ejemplo, se confinó al oriente a varios opositores políticos.
Hassaurek (1860), dejó un testimonio sobre las condiciones en que se realizaba los con-
finamientos en esa época:
“Los prisioneros políticos son tratados generalmente de la manera más bárbara y cruel [...] En
numerosas ocasiones, los presos políticos eran desterrados a la selva del Napo […] Para
entender la magnitud de esta crueldad, se debe tener en cuenta que el camino al Napo, que
empieza en el poblado de Papallacta -a dos días de camino de Quito- es solamente una
senda accesible con caballos y mulas. Los prisioneros, con las piernas maceradas por los gri-
lletes que debieron cargar consigo en la prisión, tienen que caminar sobre rocas y abrirse
paso entre los densos bosques; bajando las frías y nevadas cimas de la cordillera para des-
pués navegar por corrientes profundas y rápidas […]” (Hassaurek, 197: 252-253).
En 1906, dada la importancia de esta ruta, se contrató a Francisco Cahuatijo para cons-
truir el camino de herradura Papallacta a Baeza, de 40 km. El gobierno proporcionó ope-
rario y material explosivo para romper roca.62 A principios de 1931, una compañía ingle-
sa, encargó a H. L. Holloway un informe sobre la geografía y los recursos económicos-
minerales de la casi inexplorada provincia de Oriente. Este investigador dijo que hay
dos rutas: la una por Quito-Papallacta- Baeza; la otra por Ambato-Baños-Mera.
Comentaba que la entrada desde Pifo a Papallacta se hacia en mula hasta llegar a Baeza
(Holloway, VI:47). Hamilton Rice63 en 1903 también entró a la Amazonía por Pifo.
En 1900, el Decreto Ejecutivo emitido por el Ministerio del Interior exoneraba a los veci-
nos de El Quinche de la construcción del camino de Quito a esa parroquia. 64 A este
camino a veces se denominó carretera de Quito a Puembo, pero por su dirección y pen-
diente es un camino de herradura. Partía del ejido, frente al hipódromo, desde ahí empe-
zaba el descenso siguiendo la orilla del río Machángara.65 La ruta utilizada desde el
período prehispánico atravesó el valle de Tumbaco para seguir el camino de Pifo a
Papallacta. Durante la conquista española dichas rutas fueron utilizadas para acceder a
62 Informes Ministeriales, Informe innumerables recursos. La continuidad de la utilización de esta vía de acceso perdura
Dirección General de Obras Pú- hasta nuestros días.
blicas, Anexos y Oficios, Imprenta
Nacional, Quito, 1906, p. 5.
Yaruquí y la primera
5 Misión Geodésica francesa
El resultado de esa medición determinó, entre otras cosas, el metro como unidad de
medida, y el sistema métrico decimal como método de medición. La línea básica de
triangulación midió 12.228 m. y sus extremos fueron Caraburo, al noroeste a 2.352
m.s.n.m. y Oyambaro, al sureste a 2.602 m.s.n.m. El triángulo se completó con el vértice
del Pambamarca, en la Cordillera Real, cuya cumbre más alta se denominó desde enton-
ces Francés-U rco, por el mojón allí puesto por los académicos (Salvador Lara, 2002: 46).
El diario de viaje de Carlos María de la Condamine relata que la planicie muy uniforme
cerca del pueblo de Yaruquí sirvió para medir una de sus bases. En 1740, se concedió
permiso para la construcción de las pirámides:
Como consecuencia la orden fue que las inscripciones sean suprimidas y que de la
Condamine sea amonestado. Al regreso de los académicos a Francia, en 1748 la Real
Audiencia dio órdenes para la demolición de las pirámides. Hoy existen en los mismos
lugares en donde fueron reconstruidas por el presidente Rocafuerte, esto es en Caraburo
y Oyambaro.
“[…] sin faltar al respeto a los académicos Franceses, puedo asegurar que en la actuali-
68 Francés nacionalizado en el dad los edificios ofrecen más solidez que los construidos la primera vez; en razón de que
Ecuador, fue Ministro de Estado de ellos lucharon para conseguir materiales y mano de obra. Acompañaron el trabajo el
en el gobierno de Vicente Roca-
fuerte. Cura de Yaruquí, los Alcaldes del Pueblo y en diferentes ocasiones el Canciller del
“Los académicos Franceses, Luis Godin, Pedro Bouguer y Carlos María de la Condamine,
mandados por Luis XV Rey de Francia, levantaron estas pirámides en el mes de Noviembre
de 1736, fueron destruidas por orden de los Reyes de España y restablecidas 100 años des-
pués en Noviembre de 1936 en los mismos puntos determinados por los académicos de
Francia, de orden del Sr. Vicente Rocafuerte presidente de la República del Ecuador”.
El rey Luis Felipe de Francia aplaudió la labor de Rocafuerte y le envío una caja de oro
con brillantes que debió utilizarse para rapé. La viuda de Rocafuerte donó la joya a la
Municipalidad de Guayaquil (Borja, 1937: 93- 97).
Posteriormente, en 1901, una segunda Misión Geodésica Francesa visitó el Ecuador con
el objetivo de comprobar los resultados obtenidos por sus científicos en el siglo XVIII;
fue comandada por el General Charles Terrier. En esta expedición participó el etnólogo
Paul Rivet.70
Respecto de los primeros geodestas, el desenlace de los actores tuvo un carácter de tra-
gicomedia. Couplet murió en Cayambe, al comienzo mismo de los trabajos. Juan
Seniergues, médico de la expedición, fue asesinado en una plaza de toros en Cuenca.
Morainville, el dibujante de los geodésicos, murió cayéndose de un andamio al proyec-
tar la iglesia de Cicalpa. El botánico José de Jussieu perdió el juicio al ver deshecha su
colección de plantas andinas, que había cuidadosamente recogido durante todo un lus-
t ro. Igual suerte de enajenación mental tuvo Mabillon. Luis Godín aceptó el cargo de
70 Antropólogo y etnólogo francés astrónomo de la Universidad de San Marcos de Lima. Juan Godín des Odonais se casó
quien sugirió que el hombre su-
en Quito con Isabel de Grandmaison. Lo mismo hizo también el relojero Hugot. De la
damericano provenía de Australia
y de la Melanesia. Al final de la comitiva que constaba de diez, re g re s a ron a París, por la vía de Bogotá Cartagena,
misión, se quedó en América del P e d ro Bouguer y el capitán Ve rguin. En cuanto a la Condamine, el protagonista de la
Sur durante seis años. Su obra más
importante y famosa fue Éthnogra -
expedición, decidió volver a su patria por el río Amazonas, re c o rriéndola por el Pongo
phie ancienne de l’Équateur de Manseriche (Va rgas, 2005: 255).
(Etnografía antigua del Ecuador).
Un elemento de modernización
6 en el valle: el ferrocarril
A principios del siglo XX, con el triunfo del liberalismo, una de sus políticas prioritarias fue
unir las regiones de Costa y Sierra a través del ferrocarril. En 1906 Eloy Alfaro suscribe
el acta para los trabajos de construcción del ferrocarril Quito-Ibarra-San Lorenzo, cuya
línea férrea atravesaba el valle de Tumbaco. Los trabajos se iniciaron en 1914, al mismo
tiempo que el ferrocarril Sibambe-Cuenca.
Con el fin de comprender el inmenso trabajo que significó la construcción del ferroca-
rril, en lo que comprende el valle, presentamos una síntesis informativa basada en los
informes presentados por los responsables al Ministerio de Obras Públicas.
Para 1920, los trabajos de la sección Quito-Puembo estuvieron bajo la dirección del inge-
niero ecuatoriano Pedro Pinto Guzmán, quien enfrentó dificultades de mano de obra, la
escasez de peones se debía a la negativa de trabajar en las quebradas por temor a con-
traer el paludismo y los riesgos por la pésima calidad del terreno. 72
Una obra importante que se hizo durante el año 1920, fue el túnel, en el km. 24 (entre
Cumbayá-Tumbaco), de 42 m. de longitud a un costo de 4.360,17 sucres. Se inicio tam-
bién la construcción del gran túnel de 370 m. de longitud.73
En 1922, en la planicie entre Tumbaco y Monteserrín, la línea primitiva fue ubicada de tal
modo que permitía unir estos dos puntos terminales. Las profundas quebradas que interru m-
pen esta meseta fueron vencidas por intermedio de descensos y ascensos por sus laderas.
Se introdujo la variante entre Puembo y Yaruquí, que aunque un poco más larga, cruza-
ba la quebrada de Huambo. 74
La variante o trecho Yaruqui-Otón cruza las quebradas en los puntos donde la planicie,
tocando las faldas de la Cordillera Oriental, se arruga y forma una cuchilla más eleva-
da, cortos túneles facilitaron el cruce de las quebradas. Continuaron las labores en el
Chiche y quebrada de Huambo, así como los trabajos en la quebrada San Carlos.
Los últimos trabajos correspondientes al año 1928 fueron: la construcción de siete puen-
tes de acero de doce metros de luz75y los edificios para las estaciones del ferrocarril en
Ibarra, Atuntaqui, Cajas, Quinche, Pifo y Puembo,
“[…] dichos edificios aunque de modesta apariencia, reúnen las condiciones de comodidad y
capacidad suficientes, apropiadas al movimiento ferroviario y su costo fue de 7.000 sucres
cada uno. Para la provisión de agua y petróleo se han construido 4 tanques de acero que van
a ser colocados en el sitio respectivo, a demás de un tanque de mampostería del km. 43”.76
Entre 1918 y 1926 se ejecutó y concluyó el tramo Cumbayá-El Quinche. Más tarde el
ferrocarril cayó en el abandono. De poco sirvieron los esfuerzos a fines de los años 80
para rehabilitarlo con la adquisición de nuevas locomotoras traídas de Francia.
El 11 de septiembre de 2004, la Corporación Vida para Quito, con una inversión de US$
335 mil dólares, entregó a la ciudadanía la ruta ecológica metropolitana “Chaquiñán”, (cir-
culación peatonal y en bicicletas) ubicada en el valle de Tumbaco, entre Cumbayá y
Puembo. Se constru y e ron además cinco portales a lo largo de los 20 km. de la vía, en los
sectores de Cumbayá, La Viña, La Esperanza, El Chiche y Arrayanes; fueronrehabilitadas
las fachadas y cubiertas de las estaciones de tren de Tumbaco y Puembo; también acompa-
ñó al proyecto con tra-
bajos de arborización,
mobiliario, miradores y
señalización.
El objetivo es recupe-
rar la antigua vía del
tren, para convertirla
en una opción turísti-
ca, paisajística y recre-
ativa, para los habi-
tantes del Distrito
Metropolitano y, parti-
c u l a rmente del valle
de Tumbaco. Actualmente (2007) La Corporación Vida para Quito continúa con los trabajos
de rehabilitación de esta ruta ecológica. La Cámara de Comercio de Quito, CCQ, desde
junio de 2005 colabora con el mantenimiento para los más de 60 mil usuarios anuales.
Plano de la meseta de Quito por Francisco Terán, Orografía e Hidrografía de la Hoya del Guayllabamba, México D.F., IPGH, 1962.
59
Plano de la llanura de Puembo, Pifo y Yaruquí por Francisco Terán, Orografía e Hidrografía de la Hoya del Guayllabamba, México D.F., IPGH, 1962.
60
Plano de la hoya de Quito por Francisco Terán, Orografía e Hidrografía de la Hoya del Guayllabamba, México D.F., IPGH, 1962.
61
62
63
64
65
CAPÍTULO II
CONTINUIDAD Y MEMORIA
EN EL VALLE DE TUMBACO:
RECUPERACIÓN DEL
PATRIMONIO INTANGIBLE
69
1 Fiestas
y tradiciones
Para hablar del proceso de ocupación humana en el valle de Tumbaco no se puede dejar
de mencionar el aporte multicultural al que ha estado expuesto desde la época prehis-
pánica. La transformación del paisaje natural en un paisaje cultural es entendido como
un producto humano que con el tiempo va construyendo su propia memoria e historia.
Las múltiples expresiones culturales se visibilizan en el amalgamamiento de lo indio y
lo mestizo, esto se materializa en uno de los aspectos de mayor importancia como es la
fiesta. En ella encontramos significados, representaciones y prácticas con los que la
gente se vincula e interactúa y, a través de ellas, construye simbólicamente su parroquia
otorgando sustento a sus identidades sociales. En la fiesta emergen los estereotipos
sobre unos y otros, entonces, los elementos que caracterizan a los indígenas y a los mes-
tizos no son resultado de esencias inalterables sino productos de una construcción social.
La fiesta cobra importancia por su relación simbólica ancestral que mantiene con su terr i-
torio, como un eje que les conecta con el pasado, con la identidad y con su propia existen-
cia. La fiesta religiosa es el nexo que sólo puede ser materializado a partir del terr i t o r i o
como fundamento de su carácter ancestral. Si bien la fiesta es indígena, en sus espacios
sagrados y profanos, también cobra importancia lo mestizo vitalizando las identidades.
La memoria litúrgica de san Bartolomé apóstol dice que su fiesta es el 24 de agosto. Fue
uno de los 12 apóstoles de Jesucristo, es la misma persona que Natanael, según el libro lla-
mado El Mart i rologio Romano. Se dice que san Bartolomé predicó el Evangelio en la India,
Mesopotamia, Persia, Egipto y Armenia, donde convirtió a mucha gente y murió márt i r.
Todavía con vida le arr a n c a ron la piel y fue decapitado; según la tradición este martirio
o c u rrió en Abanopolis, en la costa occidental del mar Caspio. Debido al suplicio que pade-
ció, es considerado patrono de aquellos cuyo trabajo está relacionado con la piel: curt i d o-
res, peleteros, trabajadores del cuero, fabricantes de guantes, pieles, carniceros, fabricantes
de libros, zapateros, sastres, mercaderes de queso y viñadores, entre otros.
Además está el guía de la comparsa, la banda de la comuna y las niñas loadoras. Los
personajes hacen alusión a las tradiciones y sobre todo al carácter multiétnico de la
población del valle que afianza la memoria y la dinámica de la interacción cultural.
Los invitados especiales son las autoridades locales, presidentes de las juntas parroquia-
les, autoridades de policía y políticos. Entre los actos que cierran la fiesta está la prepa-
ración del famoso plato “gallo mote”.
“Gallos, gallinas maíz, garbanzo, fréjol se acostumbra desde los antiguos abuelos por la fiesta
del Patrono, las familias Quishpes y Sacancelas hacían esta comida ahora hace toda la comu-
na. Antes se llamaban capitanes se ponían una vestimenta con sombreros y unas telas cruza-
das en el pecho que se llamaban catey y montaban a caballo. En esta fiesta para el mote gallo
entró 10 quintales de maíz, 2 quintales de fréjol y 300 aves entre gallos y gallinas. Colaboran
todas las familias, las mujeres preparan la comida y se organiza desde meses atrás, porque para
sacar fondos se hacen varios actos, también empieza desde que se recogen los granos. Cada
casa o familia colabora con una porción de granos, gallos criollos o gallinas, una semana ente-
ra para pelar el mote y realizar la chicha, cuando se tiene los ingredientes se empieza desde el
día anterior en pailas grandes de bronce, se hacen unas llamaradas, cuando esta listo esta
comida comen los empadronados o nativos de Lumbisí, los invitados y otra gente que vienen
de otros lugares” (María Quishpe, comunera Lumbisí, 2006).
Imágenes superiores: festejos en Lumbisí, con personajes representando a capariches, payasos, vacas, entre otros.
Fotografías de Lucía Moscoso.
Imágenes inferiores: preparación del “gallo mote”. Fotografías de Lucía Moscoso.
72
Como vemos la fiesta ha estado sujeta a cambios, inicialmente estaba organizada por
dos familias de la elite de Lumbisí, posteriormente fue socializada con la intervención
directa de todas las familias de la comuna.
Las loas son alabanzas al santo patrono, recuerdan su vida, martirio y milagros. Cada
año se nombra una niña loadora que por su condición de púber es la más indicada para
alabar al santo como símbolo de pureza. El comité de fiesta elige a una loadora cada año,
los padres ayudan a escribir la loa, el comité de fiestas la lee y la entrega al sacerdote
de la parroquia quien la mejora. Luego la niña se aprende de memoria el texto, y con un
poco de mímica entra a la plaza a caballo, acompañada de las comparsas y las recita.
1.2 gridad interna de las comunidades. Las fiestas en su honor son hasta nuestros
días eventos religiosos y sociales muy importantes. El santo patrón, o patrona,
se convirtió en un símbolo de la identidad comunitaria; su culto definió las
f ronteras de las comunidades y los roles sociales de sus miembros. Hasta nuestros días la
concentración para este tipo de fiestas fortalece la integridad comunitaria.
Al inicio del período colonial, las oraciones, los rituales y las ofrendas dedicadas a los san-
tos tenían un carácter más prehispánico que católico. La intención de los rituales era ase-
gurar el bienestar de la comunidad que estaba íntimamente ligada al bienestar del santo.
Así, con el tiempo, la religión católica de alguna manera fortaleció la integridad de las
comunidades indígenas dentro de las fuerzas ‘desintegrativas’ del sistema colonial.
Desde finales del siglo XVI, el mantenimiento del culto a los santos fue dado a las cofra-
días religiosas. Durante la Colonia, las cofradías fueron asociaciones voluntarias de
miembros que se organizaron en todos los estratos sociales, cada una bajo la protección
de un santo patrón, estuvieron vinculadas a gremios como los de zapateros, plateros,
sastres, entre otros. Su principal función era el ejercicio de obras pías, la administración
de bienes y la percepción de rentas. Los miembros aprendían, recibían los sacramentos
y cumplían con ciertas devociones.
Se fue conformando una religiosidad popular integrada alrededor de los santos patronos y
de las cofradías dedicadas a estos santos, así como a otras imágenes cristianas. Pero las
cofradías indígenas que contaban con recursos económicos propios y con un sistema de
c a rgos para su funcionamiento, lograron proteger los bienes de sus comunidades colocan-
do dichos bienes (tierras, animales, otros) a nombre de la Cofradía y su Santo Patrón.
Debieron existir varias cofradías en los distintos pueblos del valle de Tumbaco. Sin
embargo, creemos que la Cofradía de San Bartolomé de Lumbisí, fundada en 1590, es
de las más antiguas. El cura de Cumbayá, Januario Montesdeoca, cuando presentó el
libro de su fundación a propósito del litigio de tierras con las monjas conceptas, allá por
el año 1762, menciona de manera muy particular la devoción a este Santo Patrono
(Rebolledo, 1992: 201-202).
Imágenes de izquierda a derecha: san Pedro, patrono de Cumbayá y Santiago apostol, patrono de Puembo.
Imagen de la página siguiente: altar mayor de la iglesia de Yaruquí.
75
76
José Luis tiene 48 años, nació en Tumbaco, en el sector Tola Chica. Del
1.3 mismo barrio fueron sus padres Ramón Cóndor y María Juana Chasipanta.
Su esposa María del Carmen Pérez y sus tres hijos apoyan su trabajo, que
lo aprendió en Quito del maestro Fausto Granda. Es mejor hacedor de cas-
tillos para las fiestas del valle de Tumbaco. Es presidente de Los Pirotecnias de
Pichincha. Con unos cuantos compañeros inició el proyecto de formar el gremio.
Menciona a su compañera de oficio, Natalia Hernández, riobambeña que vive en
Conocoto. Ha tenido muchos discípulos en este peligroso oficio que le hizo perder los
dedos de la mano izquierda cuando apenas tenía 18 años.
Imagen superior: taller del maestro José Luis Cóndor, carri zos para gases de aguante y ruedas de castillos.
Imagen infe ri o r: “La vaca loca”, en Imágenes de Identidad, acuarelas quiteñas del Siglo XIX, Quito, FONSAL, 2005,
p. 435.
78
El indígena le dijo que en la antigüedad existía un rey de Quito, perdió su poder y enfer-
mó porque un jefe envidioso que vivía en Píntag hizo alianza con el rayo, trueno y la
tempestad, haciendo que se descargue una tormenta sobre el Ilaló, Alangasí, Lumbisí,
Puengasi y el cerro Auqui, desde Ayauma hasta Uyalá. El asombro fue grande cuando
desde la cumbre de Uyalá se había abierto una quebrada con dirección a Cumbayá, para
tragar a los caminantes, especialmente a los yumbos, que venían desde el Oriente para
rendir tributo al rey. La boca era tan grande que podía comer a los naturales de Lumbisí,
Cumbayá, Tumbaco, Puembo y Pifo.
Los yumbos no podían llegar con frutas, yerbas y los remedios de las montañas. El rey
pidió a los brujos de Quito, den la vuelta a la cara del cerro Uyalá y pongan la boca para
el lado de Guápulo. Pero el cerro estaba embrujado por los de Píntag que aprendían la
brujería de los mismos yumbos del Oriente. El rey, desde Huanguiltahua, gritó a la gente
que estaba en el cerro de Auqui, para que traigan del Oriente brujos finos que den la
vuelta la cara del cerro. Encontraron al brujo más fino de todos; estaba en el río más
grande de todos en un Hatun-Yacu. Él dio la vuelta la cara del Uyalá, poniéndole la
boca frente a Guápulo, para que no se coma a la gente. El rey de Quito hizo fiestas
nunca vistas, la reina le dio al brujo mucha chicha él para halagarla sacó agua e hizo
esta vertiente llamada Curipogyo, “que como se ve, no se sabe de dónde, sino es bruje-
ría, puede salir el agua, porque esta muy arriba del cerro y todo el cerro es seco de lado
y lado” (Andrade Marín, 2003:19-21).
Mencionamos a continuación las creencias comunes del imaginario popular, entre las
que se repiten frecuentemente está el “mal de ojo” y el “mal de aire”. Algunas enfer-
medades y malestares son producidos por el mal de aire, causado por sitios llamados
“pesados” (quebradas, cementerios, encrucijadas en los caminos). De igual forma,
alguien de mirada fuerte o envidiosa, puede causar el mal de ojo. Cientos de personas
que enferman en el valle, atribuyen sus males a estas circunstancias; sin embargo no
están desprotegidos, cuentan con practicantes de la medicina tradicional o ancestral,
en cada una de sus parroquias: curanderas, parteras, sanadores, como por ejemplo
Jacinto Robles, terciario franciscano que con su ritual y oraciones ayuda en la sana-
ción; o Rafael Cóndor, quien “limpia” a sus pacientes con remedios naturales, hierbas,
f l o res, piedras y oraciones.
Los seres llamados “aparecidos” son los más populares, entre ellos está “El Huacay-
sique” personaje muy nombrado. Se presenta como un niño recién nacido, que según
dicen fue abandonado por su madre. Se aparece a los caminantes en senderos solitarios
y por lo general en la noche. Llama su atención llorando; al ser un niño tan pequeño, la
gente se acerca y lo recoge. La sorpresa es que tiene dientes, está convertido en un
demonio y puede llevarse al comedido. Además, está “El Duende”, un ser travieso,
quizá el más visto por los pobladores, descrito como un hombre pequeño, un enano con
un gran sombrero; aparece en cualquier lugar especialmente en las plantas de guaran-
go. (bebida fermentada estimulante obtenida de la penca). Finalmente, “La Viuda”: un
espíritu que aparece en la noche para asustar a los hombres que han bebido licor.
79
2 Lugares de memoria
Santuario y devoción
a la Virgen de El Quinche
Según el padre José María Va rgas, Diego de Robles fue el primer imagine-
ro que trabajó en Quito a fines del siglo XVI. En 1584 talló la imagen de
2.1 Nuestra Señora de Guadalupe81 colocada en la iglesia de Guápulo. En 1598
trabajó la imagen de la Vi rgen que se trasladó a Oyacachi, porque -de
acuerdo al sacerdote Miguel Sánchez Solmirón-82 la imagen se hizo para una capilla que
estaba a una legua de la ciudad de Quito, en el valle de Lumbisí, donde hubo alre d e d o r
de cuarenta naturales que concert a ron con Robles la hechura. Sin embargo, indica, los
indios no tuvieron para pagarle por lo que se la puso en el pueblo de Oyacachi.83 Sus
habitantes originalmente fueron naturales de Cayambe, quienes llegaron ahí huyendo de
Huaynacapac; luego fueron descubiertos por los españoles y convertidos en indios enco-
mendados (Vargas, 2005: 322).
Se dice que el primer milagro de esta Virgen (Nuestra Señora de Oyacachi) lo hizo al
mismo artista Robles, quien luego de cobrar la paga por su hechura, a su regreso, cayó
de un puente al río quedando su pie enredado. Mientras estaba suspendido en el aire
imploró la ayuda de la Virgen, recibiendo inmediato socorro de algunos indígenas.84
Otra tradición oral dice que para los años de 1580 hubo una plaga de osos que atacó, espe-
cialmente, a los niños del antiguo Oyacachi y que sus pobladores se refugiaron en una
cueva. En varias ocasiones pasó por la cueva una mujer con un niño en brazos que les
pedía acepten ser evangelizados. Cuando el artista Diego de Robles llegó a Oyacachi con
la imagen, los indígenas vieron que era la misma señora de las apariciones, y colocaron a
la Vi rgen en la cueva, de ahí que también se la conocía como la Virgen de la Peña.
El obispo López de Solís conoció de esta novedad, le pareció una idolatría, una irreve-
rencia, inmediatamente envió a Oyacachi una comisión con orden de apresar a los cul-
pables. Al verse sorprendidos en la fiesta, los indígenas huyeron. Luis de Quisinán fue
apresado en la cárcel pública de Quito, en la que murió a los pocos días sin recibir sen-
tencia. Estos hechos facilitaron la decisión de trasladar la imagen de la Virgen a El
Quinche. Se lo hizo con gran solemnidad el 10 de marzo 1604. Esto significa que estuvo
en Oyacahi 13 años, desde 1591 hasta 1604. Por mucho tiempo se la siguió llamando
Virgen de Oyacachi, en recuerdo a los milagros acontecidos en aquel pueblo.
Dos jesuitas nos hablan de la Virgen, el primero, Leonardo Gassó, ofrece una descrip-
ción de la imagen en 1896:
“La estatua es tallada […] lleva manto de la misma madera, pintado de azul con ribete dorado; y
el niño vestido de rojo, con ribete dorado […] Tiene 65 cm. y la peana 6 cm. y 5 décimas. Por la
postura de los dedos de la virgen como quien coge con el índice y el pulgar un rosario y lo mismo
el Niño se ve que es del Rosario. Esta compuesta de tres maderas: de la izquierda de arriba a abajo
hasta mitad del cuerpo es una pieza; la derecha es de dos maderas hasta la cintura y otra de hay
hasta la base. Le faltan varios pedacitos de las fimbrias cortadas a navaja por devoción. Total del
alto 71 cm. 5 décimas. Toda es de cedro” (Vargas, 205: 338) .
“Más abajo y más allá hay un valle muy fértil, con varias poblacioncitas de indios, entre otras
la llamada del Quinche, distante de Quito más de doce leguas. Allí hay una imagen, pequeña
escultura de tres palmos, llamada Nuestra Señora del Quinche, muy milagrosa y a la que en
las más graves calamidades y en las necesidades más apremiantes de la ciudad, casi todo el
pueblo de Quito acude al Quinche para conducirla en procesión y colocarla en la catedral
donde todas las órdenes religiosas y todos los grupos eclesiásticos y seglares le hacen una
solemnísima y devota novena. […] Y en verdad que siempre se experimenta de inmediato el
gran patrocinio de aquella pequeña imagen, por lo demás riquísima en joyas, vestidos precio-
sísimos y perlas sin número[…]” (Cicala, 1994: 200-201).
Imagen: “Nuestra Señora de la Peña de Oyacachi”, por Manuel Zambrano, óleo Siglo XIX, 1 x 0.78. Sala de Arte
decimonónico, Museo Banco Central del Ecuador. Fotografía de Sebastián Crespo.
81
El hermano coadjutor Jacinto Pankieri (orden de don Bosco), realizó los planos básicos
entre 1904 y 1905. El vicario capitular, Ulpiano Pérez Quiñónez, colocó la primera pie-
dra el 2 de febrero de 1905. Para el año 1912, el arzobispo de Quito, González Suárez,
confió al padre pedro Brüning( arquitecto arquidiocesano en el Ecuador desde 1899) la
dirección de la obra.
Desde 1913, se empieza a derrocar completamente el viejo templo sobre el cual levanta-
rían la gran obra. Brüning hace su primera intervención cuando realiza los planos para la
cúpula, el tambor y la linterna. Tres años después construía los cimientos para las pilastras
de los muros, la bóveda central, las arquerías del templo, y daría inició a los trabajos de la
fachada. La bendición solemne fue el 12 de julio de 1924. Paralelamente a la constru c c i ó n
de la gran basílica, Brüning en 1920, realizaba los planos para la casa parroquial, una edi-
ficación de grandes dimensiones. Esta obra concluyó en 1937 (Romero, 1994: 178).
El santuario posee decenas de cuadros votivos, una modalidad de exvotos, que testimo-
nian los milagros de la Virgen y en su gran mayoría fueron patrocinados por los fieles
que recibieron un milagro. Constituyen registros históricos y muchos de ellos son una
hermosa expresión de arte popular. Las peregrinaciones e incluso las visitas diarias sue-
len dejar exvotos por los milagros obtenidos o por los favores solicitados.
Entre los valles de Los Chillos y de Tumbaco, en la margen derecha del río San Pedro,
se levanta el cerro Ilaló,85 de cima alomada, de sus faldas brotan las fuentes termales
mejor aprovechadas en el país para la instalación de balnearios: La Merced y Alangasí,
en las faldas meridionales; de El Tingo en las del suroeste y las de Cununyacu en las
occidentales (Terán, 1962:11-19). Las fuentes termales que brotan de todos los costados
del Ilaló, le han dado merecida celebridad. Está a 9 km. de Quito, las vías de acceso a
pie al Ilaló son múltiples, ya sea por de El Tingo, La Merced o desde Cununyacu. Desde
el Ilaló se pueden observar los valles de Tumbaco y Los Chillos.
El Ilaló está formado por erupciones de lava y tiene una copa ancha de la que se des-
prenden lomas tendidas en toda dirección. En el punto culminante del Ilaló está el pue-
blo de Guangopolo (Bustamante, 1952: 88). La sucesión de lomas corren longitudinal-
mente desde la cima hasta la base, separadas por quebradas poco profundas que con-
fluyen en el río Chiche.
Don Luciano Andrade Marín ha llamado la atención sobre el hecho de que el Ilaló sirve,
además, de límite entre dos grandes subregiones climáticas de la hoya:
“la mitad (sur) del anfiteatro andino de la provincia pertenece a un tipo común de valles húme-
dos, sean estos de temperamento frío o templado, y que la mitad norte se caracteriza por
tener, en su mayor parte, valles de tipo cálido seco. La línea de separación de estos dos
caracteres coincide, aproximadamente, con la línea de latitud de la ciudad de Quito y con el
cerro Ilaló, que es un promontorio volcánico que constituye un mojón o frontera climatológi-
85 Según el Instituto Geofísico, el
Ilaló es un “estrato volcán” con
ca entre la región interandina seca del norte de la provincia de Pichincha […]” (en Salvador
actividad Plio-Cuaternaria. Lara, 2002: 39).
Latitud: 0.26 S; Longitud: 78.41 W;
Altura: 3.185 m.s.n.m.; zona: 15
Km. Al este de Quito; temperatu- En lo que toca a las fuentes en las laderas
ra: 10ª 21 “C; precipitación: 500 a
del Ilaló, todas las aguas que brotan en las
2000 mm. Cuaternario: es el perí-
odo de la historia geológica inicia- laderas del Ilaló son termales y radioacti-
do hace 2 millones de años. Está vas86 y han dado origen a concurridos bal-
constituido por dos épocas: el
Pleistoceno (2 millones – 10 000 nearios, municipales y particulares.
años antes del presente) y el
Holoceno (10 000 hasta el presen-
te). Estratovolcán: significa, edifi-
En primer lugar están las aguas del
cio volcánico de flancos con fuer- Cununyacu. Se encuentran en las faldas
tes pendientes construido por el
apilamiento de flujos de lava y
noroccidentales del Ilaló, a orillas del río
niveles de tefra o piroclastos Tumbaco, y a 2.360 m.s.n.m. Usadas
(material volcánico fragmentado,
desde tiempo inmemorial, como lo mani-
expulsado por el volcán).
fiesta el nombre quichua que significa
86 Aguas Radioactivas: en su conte-
“aguas calientes”, brotan a una tempera-
nido se encuentra radón-gas,
radioactivo de origen natural, no tura de 27° C, diez grados más que las del
tiene efecto negativo, al contrario, ambiente. Son cloruradas, magnésicas,
están indicadas para afecciones del
sistema neurovegetativo, endocrino débilmente alcalinas y mineralizadas.
y para afecciones respiratorias cró-
nicas, reumatológicas y dérmicas.
Imagen: fotografía familiar de 1967. El periodista Gonzalo Bonilla Cortés con sus dos hijos, José Gonzalo y Xavier
(el caricaturista Bonil) en el ingreso al balneario Cununyacu.
Luego, podemos señalar las aguas de El Tingo. Se encuentran al pie de las faldas meri-
dionales del Ilaló, a 2.430 m.s.n.m.. Se trata de varias fuentes de origen volcánico que
brotan a una temperatura de entre 35° C a 38° C, con aguas termominerales, acidula-
das, alcalino-térreas y clorurado-sódicas.
Por otra parte, están las aguas de Alangasí (La Merced). Se ubican al pie del Ilaló, cerca
del antiquísimo poblado de Alangasí, en el lugar denominado Pillivaro, en las faldas
suroccidentales del cerro. Las aguas son mesotermales, ferruginosas, alcalinas, magné-
sico-cácicas, medianamente mineralizadas.
Para terminar, mencionaremos a las aguas de El Carmen, situadas al sur de Sangolquí,
en la hacienda de este nombre. Son atermales, alcalino-magnésico-cálcicas, bicarbona-
tadas y sulfato-cálcicas (Salvador Lara, 2002: 31-32).
”[…] desde tiempo inmemorial tenemos una loma llamada Illahalo de comunidad por habernos
dado y señalado su majestad para […] nuestra gente y habiéndolo poseído en pacifica pose-
sión […] doña Bern a rdina de Noboa a inquietado a don Vicente Cachiguango, cacique, a que le
venda media caballería de tierras, en cuyo contrato le tiene dado 15 pesos y llegando noticia
[…] nuestro protector […] Joseph Salazar impidió la dicha venta […] como también lo impidió
“[…] impidiendo entradas y salidas, quitándoles la leña y maltratando a quienes van a pastar
el ganado. Nos considera indefensos y pobres por tener en su poder los instrumentos de
nuestra defensa y recibimos tantos agravios de la introducción de esta dicha Señora […] que
sus aradas las beneficia con bueyes nuestros […]“.
Por lo que solicitan les sea devueltos los documentos de propiedad de la loma Ilaló.
Presentamos de forma breve las características principales de las parroquias que confor-
man el valle de Tumbaco. Esta información básica se obtuvo en la Administración Zonal
de Tumbaco, en los “Planes de Desarrollo Participativo” que hiciera el Gobierno de la
Pichincha con UNICEF entre los años 2003 y 2004, en documentos de algunas juntas
parroquiales, y con las informaciones orales de los pobladores.
Imágenes de Cumbayá en las dos páginas siguientes: pintura mural, la iglesia y la plaza de Cumbayá.
87
Situación actual:
Cumbayá es la parroquia de
ingreso al valle de Tumbaco, lle-
gando desde la ciudad de Quito.
En la última década se ha con-
vertido en el los más importantes
centros urbanizados satélite de
Quito. Existe un proceso de
urbanización acelerado, sin
embargo todavía existen espa-
cios cultivados y pastizales, ubi-
cados alrededor de comunas y
b a rrios. Cumbayá a crecido
notablemente en número de
habitantes debido al acelerado
proceso urbano que la ha con-
vertido el área en un sitio resi-
dencial debido a la cercanía con
la cuidad de Quito, el acceso a
servicios y las facilidades de
comunicación.
A más de tener un excelente clima, brinda facilidades de comunicación vial, con tres vías
de acceso que la conectan con Quito: vía de Los Conquistadores que atraviesa Guápulo;
la nueva vía Oriental termina al norte de Quito en la avenida Eloy Alfaro; la vía
Interoceánica; y, el túnel Oswaldo Guayasamín. Cumbayá es también residencia de un
buen número de extranjeros que se han radicado en el famoso “Pueblo de las Guabas”.
88
89
90 http://www.enciclopediacatoli-
ca.com/o/ordenfranciscana.htm
Imágenes de Tumbaco en estas páginas: iglesia antigua, terciarios franciscanos y escudo de la capilla.
91
92
El nombre de la parroquia:
Feliciano Checa (1779-1846) fue hijo de José Ignacio Checa y Carrasco, corregidor de
Loja. Participó en la primera reunión patriótica del 25 de diciembre de 1808 en el valle
de Los Chillos y en la del 9 de agosto de 1809 en casa de Manuela Cañizares. Su hijo
fue el prócer arzobispo de Quito José Ignacio Checa95 que murió envenenado el jueves
94 Según diccionario quichua-
santo de 1877 siendo presidente Ignacio de Veintemilla.
español: Chillpi: s. especie de
arbusto / Chilpe: Chala u hoja de
maíz seca. Checa escapó a la persecución de que fueron víctimas los patriotas Marchó al sur con
95 Quinto arzobispo de Quito, nació Carlos Montúfar a luchar en Guaranda. En 1812 fue confinado a Loja. Al igual que los
en Quito el 4 de agosto de 1829, m a rqueses de Selva Alegre y Villa Orellana. Tomó parte en la batalla de Pichincha. Luego
falleció en 1877. En 1855 se ordenó
s a c e rdote, estudió en Roma. En tuvo cargos políticos: jefe político, comandante militar del cantón Latacunga, comandante
1865 fue senador de la provincia de de armas y gobernador de la provincia e Chimborazo, Colector de ramo de contribución
León (Cotopaxi). Fue obispo de
Ibarra en 1867. En 1868, fue arz o b i s- de indígenas, corregidor del cantón Quito. Juan José Flores lo nombró prefecto del
po de Quito. El 25 de marzo de 1874, D e p a rtamento de Quito y ministro de la Alta Corte Marcial (Alarcón: 2000: 158).
en la presidencia de Gabriel García
Moreno, consagró a Quito al
Sagrado Corazón de Jesús. El coronel Feliciano Checa fue propietario de la hacienda San José conocida como Obraje,
96 Comprada a Juan Hidalgo. En 1856, en la actual parroquia de Checa, antes llamada Chilpe, anejo de Yaruquí.96 En 1863, su
el arrendatario era Felicísimo Vega.
97
Imagen: retrato de José Ignacio Checa, anónimo, óleo, 1785, 1.93 c1.20. Museo del Banco Central del Ecuador.
99
LA AEROTRÓPOLIS DE QUITO
La ejecución de este gran complejo aero p o rtuario fue impulsada una vez que el Gobiern o
Nacional, mediante el decreto 885 del 23 de octubre de 2000, transfirió al Municipio de
Quito la competencia del manejo aero p o rt u a r i o .
La Corporación Aeropuerto y Zona Franca del Distrito Metropolitano, creada como enti-
dad de derecho privado, mediante resolución 114 del 25 de octubre de 2000, del Cabildo
quiteño, es la encargada de desarrollar el proyecto. Tiene bajo su responsabilidad la cons-
trucción, operación, administración y mantenimiento del nuevo aero p u e rto internacional
de Quito, incluyendo las vías de acceso y obras complementarias y conexas; administra-
ción, operación, mejoramiento y mantenimiento del aero p u e rto internacional Mariscal
S u c re y desarrollo de la zona franca.
La operación del actual aero p u e rto Mariscal Sucre y la construcción del nuevo fue conce-
sionado a la Canadian Commercial Corporation, entidad del gobierno de Canadá que
avala directamente la ejecución de la obra.
El nuevo aero p u e rto de Quito será operativo en el 2010 y dotará a la capital de los ecua-
torianos con uno de los más modernos aeródromos de América Latina. Tendrá capacidad
para cinco millones de pasajeros y 270 mil toneladas de carga en su primera etapa.
Contará con seis mangas telescópicas, áreas de salida y llegada nacional e internacional,
48 mostradores para compañías de aviación, una pista de 4.100 metros, asociada a dos taxi
ways y todos los servicios básicos sujetos a las normas OACI que regula la actividad aero-
náutica mundial. Su diseño está elaborado para ampliarlo por etapas, conforme aumen-
te la demanda.
Se trata de un aero p u e rto totalmente nuevo, para cuya construcción ha sido necesario
mover siete millones de metros cúbicos de tierra para nivelar y compactar el terreno y
98 Agradecemos la amable cola- dotarle de toda la infraestructura básica como alcantarillado, agua, energía eléctrica, telé-
boración de Florha Proaño de COR- fonos, fibra óptica para Internet, a más de los servicios e instalaciones propias de la acti-
PAQ y de María Fernanda Cedeño
de Quiport S.A. El texto de Quiport vidad aero p o rtuaria.
fue elaborado en base a un art í c u l o
publicado en la I n t e rnational Air-
p o rt Review, No2, 2008, con la re s -
pectiva autorización.
La inversión para la construcción del nuevo aero p u e rto internacional de Quito proviene
del sector privado, otorgado directamente a la concesionaria, que asume totalmente el
105
La ubicación del nuevo aero p u e rto en la meseta de Caraburo, fue determinada por la
Dirección General de Aviación Civil en los años de 1970, por reunir las mejores condicio-
nes para esta actividad, según determ i n a ron empresas consultoras especializadas.
P reviamente se analizaron diez sitios en Quito y sus alre d e d o res. En el año de 1989, la
DAC procedió a la compra de los terrenos, cuyo trámite fue finiquitado por la CORPAQ,
una vez que asumió su responsabilidad, para viabilizar la ejecución del proyecto.
RED VIAL
La ejecución de esta red vial fue aprobada por el Cabildo quiteño. Está integrada por
cuatro opciones viales que se construirán por etapas:
La primera fase incluye la construcción de las t res primeras vías citadas. La Gualo –
nuevo aero p u e rto será la primera en ejecutarse con crédito de la Corporación Andina de
Fomento (CAF) por 120 millones de dólare s .
106
Enclavada en las montañas, Quito, la capital de Ecuador, se levanta a 2. 800 metros sobre
el nivel del mar. Y a esa misma altura se encuentra el Aero p u e rto Internacional Mariscal
S u c re, ubicado en medio de la zona norte de la ciudad. Para este país sudamericano, que
limita al norte con Colombia y al sur con Perú, el turismo es la tercera fuente de ingre s o s
más importante, después del petróleo y el banano. Las exportaciones de productos agro i n-
dustriales, también son un ru b ro importante para el desarrollo de este país de 256. 370
Km.2 y cerca de trece millones de habitantes. La construcción del nuevo aero p u e rto es uno
de los grandes proyectos que marcará el desarrollo de Quito y el país.
Siendo la concesión por 35 años y tratándose de una inversión en una obra de desarro l l o
a largo plazo, las proyecciones de utilidades (previstas en alrededor del 18 por ciento)
podrían comenzar a generarse a partir del 2018. Esto, dependiendo de una eficiente ope-
ración aero p o rtuaria. El contrato de concesión garantiza la expansión de los servicios. Es
decir, la Corporación Quiport S.A. construirá, cuando sea necesario, una pista adicional y
multiplicará la capacidad de terminales y otras facilidades, sin inversión pública ni aumen-
to de las tarifas aero p o rtuarias (a no ser el ajuste de inflación) desde la fecha en que se
i n a u g u re la obra en el 2010.
En el año 2040, Quiport S.A. entregará al Estado ecuatoriano un aero p u e rto en perfectas
condiciones operacionales, con modernas instalaciones y capaz de entregar servicios de
calidad a sus usuarios.
En el mundo -y Quito no será la excepción- la actividad aeronáutica es una generadora
inminente de empleo que se relaciona no sólo con la población que abastece sino con las
funciones mismas del aero p u e rto, es decir, del número de vuelos.
La cantidad de pasajeros guarda una relación directa con la cantidad de empleos que se
generan directa e indirectamente. En el primer caso y de forma inmediata: aerolíneas, ser-
vicios de apoyo, transporte… En el segundo, y al año de apertura del aero p u e rto: servicios
de apoyo (catering, mantenimiento de aviones…), servicios para empleados de aero l í n e a s
y pasajeros (hoteles, restaurantes, alquileres de autos…), y servicios de transporte relacio-
nados (aduanas, zona franca, carga…).
107
Este desarrollo del proyecto está concebido bajo un estricto respeto por el ambiente y la
comunidad que habita en el sector. Por ello, se ha establecido una red de empresas audi-
toras especializadas que, constantemente, monitorean la calidad de la construcción del
nuevo aeropuerto de Quito, desde el punto de vista de la ingeniería, las finanzas y el eco-
sistema. Estas entidades re p o rtan a las compañías socias de Quiport y a los organismos
internacionales de crédito.
En octubre de 2010, Quito tendrá un nuevo aero p u e rto; una monumental obra que conju-
ga infraestructura de primer orden, incremento del turismo, crecimiento de las export a c i o-
nes y aumento del empleo, entre otras ventajas y necesidades que se verán netamente
satisfechas.
Para finalizar, y en la óptica de recuperar las voces de los pobladores de la zona frente a
esta obra, detallamos sus puntos de vista en el siguiente cuadro:
Imagen de las páginas siguientes: vista aérea de lo que será el aereopuerto en Tababela. Fotografía de Alfonso Ortiz
Crespo, gracias al préstamo del helicóptero de la Policía Nacional.
110
FUENTES CONSULTADAS
FUENTES PRIMARIAS
ARCHIVO NACIONAL Quito (ANQ)
Serie Cacicazgos
Caja 15, exp. 4, 1749
Caja 14, exp. 2, Tumbaco, 25-V-1629, f. 118
Caja 14, exp. 4, Tumbaco, 28-IX-1684, f. 8
Caja 14, exp. 5, Tumbaco, 20-IX-1694, f. 19
Caja 14, exp. 9, Tumbaco, 15-VII-1702, f. 36
Caja 15, exp. 4, Tumbaco, 11-III-1749, f. 21
Caja 15, exp. 8, Tumbaco, 12-VI-1755, f. 26
Caja 15, exp. 10, Quinche, 20-VI-1757, f. 19
Caja 15, exp. 13, Quinche, 1-VI-1765, f. 17
Caja 15, exp. 18, Cumbayá, 11-I-1781, f. 16
Serie Diezmos
Caja 9, exp.15, 1799, f. 5
Caja 12, exp. 38, 1817, f. 4
Caja 13, exp.16, 1818, f. 2
Caja 10, exp. 28, 1810, f. 12
Caja 11, exp. 42, 1813
Caja 12, exp. 11, 1814, f. 5
Caja 13, exp. 2, 1817, f. 34
Caja 13, exp. 8, 1818, f. 3
Caja 10, exp. 9, 1805, f. 12
Serie Empadronamientos
Caja 28, Pichincha
Serie Gobierno
Caja 22, exp. 22, 9-III-1767, f.16
Caja 63, exp. 18, 22-I-1807, f.3
Serie Indígenas
Caja 8, exp. 16, Cumbayá, 11-IX-1666, f. 3
Caja 18, Tumbaco, 30-VI-1690; 17, Puembo y Pifo, 21-VII-1690, f. 12
Caja 34, exp. 2, Yaruquí, 1-II-1715, f. 32
Caja 37, exp. 1, 15-IX-1721
Caja 40, exp. 3, Tumbaco, 9-V-1725, f. 11
111
Serie Minas
Caja 5, 1846
Serie Obrajes
Caja 15, exp. 10, 9-VII-1683
Caja 18, exp. 6, 1-IV-1742, f.11
Caja 19, exp. 4, 1752, f. 4
Caja 20, exp. 6, 1758
Caja 29, exp.5, 26-VIII-1785.f.2
Caja 30, exp. 5, 9-III-1788, f. 45
Caja 30, exp. 4, 18-I-1788
Caja 30, exp.17, 28-V-1791, f. 25
Caja 31, exp. 3, 7-IX-1793
Caja 32, exp. 6, 14-III-1797, f.56
Serie Pesos
Caja 95, exp. 4, 3-IX-1765, f. 7
Serie Tierras
Caja 93, 14-XII-1762
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de Estudios Históricos Alejandro Reyes Flores, Hacendados y
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Lamas, Maynas (1770-1820), Lima, Juan Brito, 1999.
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“La Orden Terciaria” ria/Hacen_comer/indice.htm
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Diario la Hora – Taller de Estudios Históricos TEHIS
Escuela Politécnica del Ejército, Publicaciones Soasti, Guadalupe, “El apogeo del orden colonial (Siglo
Académicas XVII), Historia del Ecuador”, Diario la Hora.
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ujo-de-lodos/infocoto.htm Agrupación de profesionales de Mira-Ecuador
Virgen de caridad libra de langostas a Mira
Instituto Geofísico-Escuela Politécnica Nacional http://www.mira.ec/Paginas/VCaridad/VirgenCarid
“Historia Eruptiva del Volcán Cotopaxi” ad.aspx
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ria.html
imagen de la página siguiente: vista aérea del valle y parte de su sistema vial. Fotografía de Alfonso Ortiz Crespo,
gracias al préstamo del helicóptero de la Policía Nacional.
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1) Al margen de la historia. Leyendas de pícaros, frailes y caballeros, 2003 (Cristóbal de Gangotena y Jijón).
2) La lagartija que abrió la calle Mejía. Historietas de Quito, 2003 (Luciano Andrade Marín).
3) Púlpitos quiteños. La magnificencia de un arte anónimo, 2004 (Ximena Escudero).
4) Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito. Tomo I de la calle Egas a la calle Chile, 2004 (Fernando
Jurado Noboa).
5) El derecho y el revés de la memoria. Quito tradicional y legendario, 2005 (Édgar Freire Rubio).
6) Imágenes de Identidad. Acuarelas quiteñas del siglo XIX, 2005 (Alfonso Ortiz Crespo et. al.).
7) La crónica prohibida. Cristóbal de Acuña en el Amazonas, 2006 (Hugo Burgos).
8) Luz a través de los muros. Biografía de un edificio quiteño, 2006 (María Antonieta Vásquez Hahn).
9) Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito. Tomo II. Protagonistas y calles en sentido oriente-occi-
dente. De 1534 a 1950, de la calle Espejo a la calle Bolívar, 2006 (Fernando Jurado Noboa).
10) Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito. Tomo III. Protagonistas y calles en sentido oriente-occi-
dente. De 1534 a 1950, de la calle Rocafuerte a la calle Portilla, 2006 (Fernando Jurado Noboa).
11) Tulipe y la cultura yumbo. Arqueología comprensiva del subtrópico quiteño, tomos 1 y 2, 2006/2007 (Hólguer
Jara Chávez).
12) Familia, honor y poder. La nobleza de la ciudad de Quito en la época colonial tardía (1765-1822), 2007
(Christian Büschges).
13) El Pueblo de Quito, 1690-1810. Demografía, dinámica sociorracial y protesta popular, 2007 (Martin Minchom).
14) Arte colonial quiteño. Renovado enfoque y nuevos actores, 2007 (Carmen Fernández-Salvador y Alfredo
Costales Samaniego).
15) Carondelet. Una autoridad colonial al servicio de Quito, 2007 (Carlos Manuel Larrea, José Gabriel Navarro,
Jorge Núñez Sánchez y María Antonieta Vázquez Hahn).
16) Mejía. Portavoz de América (1775-1813), 2008 (Jorge Nuñez, María Antonieta Vásquez Hahn, Eduardo
Estrella, Erick Beerman, María José Collantes, Hernán Rodríguez Castelo).
17) Radiografía de la piedra. Los jesuitas y su templo en Quito, 2008 (Jorge Moreno Egas, Jorge Villalba, S. J.,
Peter Downes, Christiana Borchart de Moreno, Valeria Coronel Valencia, Alfonso Ortiz Crespo, Ximena
Escudero Albornoz, Diego Santander Gallardo, José Luis Micó Buchón, S.J.,Patricio Placencia, Manuel
Jiménez Carrera).
18) Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito. Tomo IV. Protagonistas de la Plaza Mayor y la Calle de
las Siete Cruces, 2008 (Fernando Jurado Noboa).
- Imágenes de identidad. Acuarelas quiteñas del siglo XIX, versión resumida, 2005 (a cargo de Evelia Peralta).
- Tulipe y la cultura yumbo. Arqueología comprensiva del subtrópico quiteño, versión resumida, 2007 (a cargo
de Olga Fernández y Sofía Luzuriaga).
- Las ideas políticas de un quiteño en España. José Mejía Lequerica (1775-1813), 2007 (Jorge Núñez).
- Rincones que cantan. Una geografía musical de Quito, Fernando Jurado Noboa, 2006.
- Gonzalo Benítez. Tras una cortina de años, Adrián de la Torre y Pablo Guerrero Gutiérrez, 2007.
1) Surge la Nación. La Ilustración en la Audiencia de Quito, 2005 (Ekkehart Keeding, edición del Banco Central del Ecuador).
2) Vida, pasión y muerte de Eugenio de Santa Cruz y Espejo, 2005 (Marco Chiriboga Villaquirán, edición del FONSAL).
3) Familia, honor y poder. La nobleza de la ciudad de Quito en la época colonial tardía (1765-1822), 2007 (Christian
Büschges, edición del FONSAL).
4) Carondelet. Una autoridad colonial al servicio de Quito, 2007 (varios autores, edición del FONSAL).
5) El pueblo de Quito, 1690-1810. Demografía, dinámica sociorracial y protesta popular, 2007 (Martin Minchom, edición
del FONSAL).
6) Guía descriptiva, bibliográfica y documental sobre la Independencia en el Ecuador, 2007 (Guadalupe Soasti, edición
del FONSAL).
7) Juicio a Eugenio Espejo, 2007 (Carlos Paladines, edit., edición de la Casa de la Cultura Ecuatorina).
8) Mejía. Portavoz de América (1775-1813), 2007 (Jorge Nuñez, María Antonieta Vásquez Hahn, Eduardo Estrella, Erick
Beerman, María José Collantes, Hernán Rodríguez Castelo, edición del FONSAL).
REVISTAS:
FOLLETOS:
- Territorio o nación. Reforma y disolución del espacio imperial en Ecuador, 1765-1830. Federica Morelli, Madrid,
Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2005.
- Contribuciones a la Historia del Arte en El Ecuador. José Gabriel Navarro, Quito, Edición de la Fundación Gabriel
Navarro y TRAMA 2007 [1921-1952].
- En la tierra, Quito… la ciudad, la pintura. Lenin Oña (prólogo y selección), Jorge Enrique Adoum (textos), Quito,
Ediciones Archipiélago 2004.
- … y en el cielo un huequito para mirar a Quito la ciudad, la poesía. Jorge Enrique Adoum (selección), Quito, Ediciones
Archipiélago, 2004.
- José Enrique Guerrero. El pintor de Quito. La Palabra Editores (Patricio Herrera Crespo).
- 200 años de escutura quiteña. Xavier Michelena, Citymarket, 2007.
- 200 años de humor. Esteban Michelena, Citymarket, 2007.