Pretnciones
Demanda
¿Cómo se lleva a cabo un proceso de resolución de contrato de compraventa cuando se incorpora
un pacto comisorio (Art. 1937 CC)?
Se celebra un contrato de compraventa
- Se agrega un pacto comisorio
- El comprador no paga en el tiempo convenido
¿Cómo se lleva a cabo un proceso de resolución de contrato de compraventa, cuando se incorpora
un pacto de rectracto o mejora de venta (Art. 1944 CC)?
Cuando en una compraventa se incluye voluntariamente un pacto concediendo al vendedor el
derecho de retracto, se dice que hay retracto convencional. En dicha cláusula, denominada
también pacto de retro, se prevé que el vendedor podrá recuperar la cosa vendida devolviendo el
precio y pagando los gastos.
El retracto dura 1 año desde la fecha del contrato.
Durante este tiempo, el comprador tiene un derecho de propiedad revocable sobre la cosa.
Las partes no están obligadas a devolverse los provechos obtenidos.
principal: que se declare la rewsolucion del contrato de compraventa.
subsidiaria: restitucion del bien, la condena del demandado a pagar el valor de los frutos
producidos por el mismo y el perjuicio que le haya ocacionado al demndante.
Actuaciones en la demanda
• Una vez presentada la demanda y admitida, el juez profiere auto admisorio de conformidad con
el art 1937 del c.c; que dispone que si estipula que por no pagarse el precio en el tiempo
convenido se resuelva ipso facto el contrato. El comprador podrá hacerlo subsistir pagando el
precio a más tardar las 24 horas hábiles subsiguientes a la notificación judicial de la demanda
• Objeto del proceso: se busca que el juez declare la resolución del contrato y ordene la
devolución del bien objeto de litigio
• Competencia: juez civil municipal o juez de circuito en primera instancia; en segunda instancia la
conoce la sala civil del tribunal superior del distrito judicial.
• Legitimados por activa: el vendedo
• Legitimados por pasiva: el comprador incumplido
Anexos: poder conferido al abogado y el contrato de compraventa
Se tramita a través de un proceso declarativo verbal
Si se incorpora un pacto comisorio o un pacto de retracto se deberán seguir las normas sobre
disposiciones especiales
Es necesario agotar el requisito de procedibilidad
El vendedor presenta demanda de resolución de contrato de compraventa
(a) Que se ordene el pago en las veinticuatro (24) horas siguientes a la notificación de la demanda.
(b) Que de no realizarse el pago se proceda a la resolución del contrato.
El comprador realiza el pago:
El juez dictará sentencia que declare extinguida la obligación (del comprador de realizar el pago)
El comprador NO realiza el pago:
Se sigue el trámite del proceso declarativo verbal (disposiciones generales):
- Se realizan las audiencias (inicial, de instrucción y juzgamiento)
- Se dicta sentencia. Esta puede declarar:
La resolución del contrato.
Desestimada la pretensión del vendedor.
Se debe tener en cuenta lo siguiente...
Condiciones que exige la resolución de un contrato de compraventa
Toda persona que participa en un contrato de compraventa debe saber cómo proceder ante la
resolución de un contrato considerando los siguientes requisitos
Preexistencia de un contrato con prestaciones mutuas
El individuo que reclama la resolución del contrato haya cumplido con su obligación
La persona que recibe la invitación es quien no ha cumplido de manera fiel con su obligación
REGLA GENERAL: Si lo que busca la parte cumplida es el cumplimiento de la obligación o la
resolución del contrato de compraventa, se siguen las disposiciones generales del proceso
declarativo verbal.
EXCEPCIÓN: Si dentro del contrato de compraventa se incorpora una clausula de:
PACTO COMISORIO
PACTO DE RETRACTO
Se deberán seguir las normas sobre disposiciones especiales del proceso declarativo verbal
¿Qué se busca al momento de iniciar un proceso de resolución de contrato de compraventa?
Este proceso se inicia para obtener:
A) El cumplimiento de la obligación indemnización de perjuicios
Implica la ejecución de la obligación: i) pagar el precio o; ii) entregar la cosa
B) La resolución del contrato de compraventa indemnización de perjuicios
Implica la disolución del vínculo contractual regresando las cosas al estado anterior a la
celebración del contrato por medio de las restituciones mutuas.
RESOLUCIÓN DE CONTRATO DE COMPRAVENTA
El contrato de compraventa
Todo contrato bilateral lleva envuelta la condición resolutoria en caso de no cumplirse lo pactado
por uno de los contratantes. Esto implica que no es necesario pactar cláusula alguna al respecto,
pues esa pretensión es inherente al contrato y surge en favor del contratante que ha cumplido sus
obligaciones frente al que las incumple.
La resolución del contrato implica la extinción del mismo, su desaparición, por lo tanto, se hace
inoponible por la ausencia de todo vínculo jurídico que pudo derivarse de su existencia. En efecto,
la principal consecuencia de la resolución de un contrato es que tiene el efecto de volver las cosas
a como estaban antes de la celebración del mismo
Cuando en la demanda se solicite la resolución del contrato de compraventa en virtud de la
estipulación consagrada en el artículo 1937 del Código Civil, el juez dictará sentencia que declare
extinguida la obligación que dio origen al proceso, siempre que el demandado consigne el precio
dentro del término señalado en dicho precepto.
Entregar la cosa
Se notifica del auto admisorio de la demanda al demandado (comprador)
- Se pueden presentar dos (2) posibilidades
Pagar el precio
- En el tiempo convenido
- En el lugar convenido
Art. 374 CGP
Las normas jurídicas de resolución de los contratos en el
ordenamiento colombiano
Revista Nº 8 Jul.-Sep. 2005
por Fabricio Mantilla EspinosayFrancisco Ternera Barrios
1. Consideraciones previas (1)
El régimen general de la resolución de los contratos en el derecho
colombiano (C.C., art. 1546 y C. Co., art. 870) (2) establece, palabras más,
palabras menos, que los contratos bilaterales pueden resolverse, en caso
de incumplimiento, por uno de los contratantes (3) .
Antes de comenzar el análisis normativo es importante hacer un par de
precisiones terminológicas respecto de lo que se entiende por “norma”,
“contrato”, “contratos bilaterales” y “resolver” (4) .
El vocablo “norma” es muy ambiguo. “… carece de un significado preciso
y es utilizado en diversos contextos con diferentes sentidos. Así,
expresiones como ‘regla’, ‘pauta’, ‘guía’, ‘precepto’, ‘modelo’, ‘patrón’,
‘prescripción’, ‘directiva’, ‘disposición’ y ‘directriz’ aparecen como
sinónimos parciales del vocablo norma” (5) . Sin embargo, en este ensayo
se utilizará, exclusivamente, para hacer referencia a prescripciones
emitidas por una autoridad jurídica competente y destinadas a dirigir la
conducta de unos agentes. Adicionalmente, es importante precisar la
diferencia que existe entre “formulaciones normativas” y “normas”. Las
primeras son los meros enunciados emitidos a través de un código
lingüístico, mientras que las segundas se refieren al significado de las
formulaciones normativas, es decir, a las prescripciones que, mediante
interpretación, se infieren de los textos legales. En este orden de ideas,
el ordenamiento estaría conformado por normas —interpretadas— y no
por simples formulaciones normativas (6) .
La palabra “contrato” se refiere a una “institución jurídica” regulada
mediante normas “institutivas”, “consecualistas” y de “extinción” (7) . Las
primeras determinan las condiciones de existencia del mismo: el acuerdo
de voluntades aparente entre dos o más personas para crear, modificar o
extinguir vínculos jurídicos (C.C., art. 1495 y C. Co., art. 864). Las
normas consecualistas establecen los distintos vínculos jurídicos que
implica la existencia del contrato, esto es, derechos de crédito,
obligaciones, potestades, sujeciones, etc. (8) .
Por su parte, las normas de extinción determinan las formas de
terminación de los contratos y, por ende, de los vínculos jurídicos que
aquella implica. En este orden de ideas, cuando se habla de “extinción
del contrato”, se trata, exclusivamente, de “normas jurídicas extintivas”,
es decir, aquellas disposiciones que establecen las condiciones por las
que un contrato dejará de existir y de producir efectos jurídicos.
Por “contratos bilaterales” se deben entender aquellas convenciones
cuyas “normas consecualistas” establecen obligaciones recíprocas en
cabeza de las partes (C.C., art. 1496) (9) .
Respecto del significado de la palabra “resolución”, que constituye el
principal tema de análisis de este ensayo, resulta preciso hacer una
mayor reflexión en la que se tratará de determinar de forma precisa qué
se quiere expresar al decir que un contrato se “resuelve” (10) . Si bien una
de las múltiples acepciones de esta palabra en el lenguaje ordinario es
“deshacer” o “destruir” (11) , ¿qué se podría entender por “destruir un
contrato” mediante la resolución, en el lenguaje particular del derecho
privado colombiano?
En principio, un contrato no es una entidad material, como un automóvil
y, por ende, no se destruye como ocurre con estos bienes. En realidad se
trata de un “hecho institucional”, creado mediante una convención
social (12) y estructurado a través de normas jurídicas. Así pues, un
contrato se resuelve cuando se le da aplicación a la “norma jurídica
extintiva de resolución”. Pero, ¿qué implica esto? En otras palabras,
¿cuáles son los efectos de la resolución de los contratos?
La aplicación de la norma jurídica de resolución implica la extinción del
contrato y de los vínculos jurídicos que este conlleva, con una
particularidad importante: “La retroactividad”. En efecto, al igual que a la
nulidad (C.C., art. 1746), a la resolución se le suelen reconocer (13) efectos
retroactivos, es decir que, en virtud de su declaratoria, las partes deberán
proceder a las restituciones mutuas, como si no hubiera existido
convención. Esto es lo que se conoce con el nombre de “ficción
jurídica” (14) .
Es innegable que antes de la resolución existía la institución “contrato”.
No obstante, el legislador autoriza a actuar “como si nunca lo hubiera
habido” y, de lo anterior, deduce que las partes deben quedar en el
mismo estado en que se hallarían si no hubiera existido el contrato
resuelto (15) . La ficción consiste en suponer que nunca existió un contrato
que, evidentemente, sí existió antes de la aplicación de la norma de
resolución. El efecto jurídico que se desprende de ella es claro: se trata
de dejar los patrimonios de las partes en el estado en el que se
encontrarían si no hubiese existido la convención.
Ahora bien, en ciertas hipótesis no es viable aplicar los efectos
retroactivos de la resolución, como ocurre con ciertos contratos de
ejecución sucesiva en los que al menos una de las partes no podría
proceder a las restituciones correspondientes —por ejemplo, en la
hipótesis de la resolución de un contrato de arrendamiento—. En este
supuesto, obviamente, no proceden tales restituciones. En tales hipótesis
la norma extintiva no implica la ficción que permite la retroactividad y se
entiende que las obligaciones ejecutadas con anterioridad a la
terminación correspondieron al cumplimiento de un contrato que solo se
extinguió en el momento de su resolución (16) .
Al respecto, se considera importante hacer una pequeña precisión
terminológica: parte de la doctrina, principalmente la francesa (17) , se sirve
del vocablo “résiliation” para designar la resolución del contrato, cuando
este opera sin efectos retroactivos. Sin embargo, en el derecho
colombiano hay que tener especial cuidado con ese término, por cuanto
la jurisprudencia nacional parece utilizarlo para referirse a la extinción del
contrato por consentimiento mutuo (C.C., arts. 1602 y 1625) (18) . Esto,
eventualmente, puede generar problemas interpretativos ocasionados
por la ambigüedad (19) .
La resolución de un contrato y sus efectos retroactivos, en principio,
afectan también a terceros. Esto se puede explicar mediante un ejemplo
sencillo: Pedro y Rodolfo celebran un contrato de compraventa, en virtud
del cual el primero se obliga a transferirle al segundo la propiedad de la
cosa X. El segundo, a su vez, se compromete a pagarle un precio por
ella. Pedro, muy juiciosamente, cumple con su obligación, pero Rodolfo
incumple la suya. Pedro consigue que el contrato se extinga mediante la
aplicación de la norma de resolución. Como ya se explicó, esta situación
implica una ficción que consiste en considerar que nunca hubo contrato
entre las partes.
Así las cosas, Rodolfo tendría en su poder una cosa que pertenece a
Pedro —quien nunca se la transfirió en ejecución de ninguna obligación
contractual— y, por ende, este podría exigirle su restitución. Ahora
invitemos a la historia a un nuevo personaje, el famoso tercero: Juan.
Cuando Pedro le exige a Rodolfo la restitución, este le informa que antes
de la resolución del contrato él la había transferido a Juan.
Si se continuara con el desarrollo lógico de la aplicación de los efectos
retroactivos de la resolución se podría afirmar que, en virtud de la
resolución, el contrato entre Pedro y Rodolfo nunca existió y, por
consiguiente, el primero nunca realizó la transferencia de dominio en
ejecución de ninguna obligación contractual. Así mismo, si Rodolfo nunca
fue dueño de la cosa X, nunca pudo haberla transferido a Juan. Por
consiguiente, este se encontraría en posesión de una cosa que le
pertenece a Pedro, quien bien podría reivindicarla (20) .
Así pues, se está frente a dos intereses contrapuestos, dignos de
protección: el de Pedro, para recuperar la cosa por la cual nunca le
pagaron, y el de Juan, quien desea conservar la cosa que adquirió de
manos de quien, en cierto momento, fue su dueño. Ante este dilema, el
legislador tomó partido por una vía intermedia: en unas hipótesis protege
los intereses de Pedro y en otras los de Juan.
En el primer caso, como regla general, se sigue con el principio de la
retroactividad y, por ende, Juan debe restituirle la cosa cuya propiedad
nunca adquirió (21) . Respecto de Juan se trata de una excepción: si logra
probar que fue adquirente de buena fe, exenta de culpa, operará otra
ficción jurídica según la cual adquirió la propiedad de la cosa X de manos
de Rodolfo, como si este hubiera sido el dueño, y, dentro de esta
perspectiva, Pedro no podría reivindicarla. Rodolfo, entonces, estaría
obligado a restituirle su equivalente en dinero. Esta solución es aplicable
tanto en el caso de bienes muebles (C.C., art. 1547) (22) , como en el caso
de inmuebles (C.C., art. 1548) (23) , siempre dentro de los parámetros
impuestos por el artículo 955 del Código Civil (24) .
Hechas estas precisiones preliminares, se presentan a continuación unos
breves comentarios sobre la resolución de los contratos en el derecho
colombiano, sin que esto implique, por nuestra parte, ninguna pretensión
de agotar el tema. En este orden de ideas, se abordará sucesivamente
su naturaleza jurídica y, posteriormente, la aplicación de la norma que la
consagra.
2. Comentarios sobre la naturaleza jurídica de la resolución de los contratos
En primer lugar se debe aclarar que, mediante la ambigua expresión
“naturaleza jurídica” (25) , no se pretende hacer referencia a una supuesta
“esencia”, a un significado real e innato de las normas estudiadas —lo
cual no se cree que exista—. Esta primera parte tiene como único
propósito tratar de precisar las diferencias y los “parecidos de familia”
que existen entre la resolución de los contratos y algunas otras
instituciones jurídicas. Luego se analizará la posibilidad de explicar las
normas extintivas de la resolución a través de una sola teoría general.
2.1. Parecidos de familia entre la resolución y otras normas jurídicas
Como se afirmó anteriormente, la norma de resolución del contrato
permite su extinción cuando se presenta la inejecución de una obligación
contractual. Dicho de otro modo, la resolución sanciona una vicisitud que
se presenta en el período de ejecución de la convención. Esta precisión
es fundamental para establecer la primera diferenciación de la resolución
con la nulidad.
La nulidad del contrato permite su extinción en términos muy similares a
los de la resolución (26) . En efecto, si este no cumple con las condiciones
establecidas principalmente en el artículo 1502 del Código Civil
colombiano, el sujeto normativo (27) puede solicitar al juez que declare su
nulidad, lo que implica su “destrucción” con efectos retroactivos, de forma
análoga a lo establecido para la resolución.
Se puede ver cómo las similitudes entre la nulidad y la resolución
parecen limitar a sus consecuencias jurídicas, es decir, a la extinción del
contrato con efectos retroactivos, en principio. Sin embargo, en las
hipótesis de nulidad por ausencia de objeto (C.C., arts. 1517 y 1518) y
por ausencia de causa (C.C., art. 1524, incs. 1.º y 3.º) estos “parecidos
de familia” se extienden también a ciertas condiciones de aplicación de
las normas. Para mayor claridad: los artículos 1517 y 1518 del Código
Civil colombiano exigen que un contrato, en su período de formación,
tenga un objeto existente o por lo menos se espera que exista, bajo
ciertas condiciones. En el caso contrario, la otra parte puede demandar la
nulidad del contrato por falta de objeto.
Un ejemplo de lo anterior puede ser el siguiente: Luis y Francisco
celebran un contrato de franquicia en virtud del cual el primero se obliga
frente al segundo, entre otras cosas, a permitirle la utilización de su
nombre comercial “Empanadas Express” y de su receta secreta de
“empanadas diet”. No obstante, Luis nunca ha explotado ningún nombre
comercial, ni tiene la menor idea sobre la preparación de empanadas.
Esto no puede ser considerado un verdadero know how, susceptible de
ser transferido mediante contrato de franquicia. Así las cosas, la
obligación de Luis se hallaría desprovista de objeto y, por ende,
Francisco podría solicitar la nulidad del contrato. Pero, además, la
obligación de este último de pagar el precio se encontraría desprovista
de causa, a pesar de que, en efecto, se comprometió a pagar por
ese know how. La causa de su obligación es el objeto de la obligación del
contratante y, si este no existe, su obligación también se hallará
desprovista de causa. En este orden de ideas, el contrato se podría
anular tanto por falta de objeto —la obligación de Luis—, como por falta
de causa —la obligación de Francisco— (28) .
La hipótesis de la resolución es similar. Un contrato se puede resolver
cuando una de las partes incumple su obligación, lo cual implica, en
principio, que el objeto de la obligación incumplida existió en el momento
de la formación de la convención, pero que, en el período de ejecución,
se dejó insatisfecho a su acreedor, con ocasión del incumplimiento (29) . En
este orden de ideas y expresándolo en términos simples, se puede
afirmar que la nulidad por falta de objeto —y por falta de causa— implica
una insatisfacción del acreedor que se manifiesta desde el período de
formación del contrato. La resolución, por su parte, opera por una
insatisfacción del acreedor, que se presenta en el período de ejecución.
Sin embargo, la división entre el período de formación y el de ejecución
de los contratos no es tan evidente y no se puede pretender trazarla con
un bisturí. Existen límites imprecisos, difusos, que hacen dudar sobre el
hecho de que una situación corresponda a uno o al otro momento de la
convención o, incluso, respecto de ciertas situaciones que bien podrían
corresponder a ambos (30) . “Por ejemplo, si una persona se obliga a
cumplir con una prestación, que, desde el momento mismo del acuerdo
de voluntades, no estaba en medida de cumplir, el acreedor de esta
prestación puede, ya sea obtener la nulidad del contrato (…), por
ausencia de causa de su propia obligación al momento de la celebración
del contrato, ya sea obtener la resolución del contrato, (…) por la
inejecución de las obligaciones de la otra parte” (31) .
En un segundo lugar, se puede afirmar que la redacción misma del
artículo 1546 del Código Civil puede conducir a graves confusiones. En
efecto, la disposición denomina a la resolución del contrato como
“condición resolutoria”. Esto, a primera vista, podría dar a entender que
se trata de una variedad de la “condición resolutoria de la obligación”
(C.C., art. 1536) (32) .
Sin embargo, entre la “resolución” y la “condición resolutoria” existen, por
lo menos, dos grandes diferencias: en primer lugar, mientras que la
resolución es una norma de extinción de la institución denominada
contrato, la condición resolutoria se refiere a la extinción de una
obligación contractual (C.C., art. 1625, num. 9.º), lo que no implica,
necesariamente, la terminación de la convención. En segundo término, la
resolución obedece a la estructura obligacional misma del contrato y
opera cuando se presenta un hecho específico interno, esto es, el
incumplimiento de una obligación contractual. La condición resolutoria,
por su parte, opera por el acaecimiento de un hecho externo al
contrato (33) , a cuya ocurrencia las partes decidieron sujetar la existencia
de la obligación (34) .
Así las cosas, las similitudes que existen entre la resolución y la
condición resolutoria, principalmente en lo que respecta a sus efectos
retroactivos, no son suficientes para pretender explicar las dos normas
mediante una única abstracción (35) .
Es importante distinguir la resolución de los contratos y las normas de
indemnización de perjuicios contractuales —responsabilidad contractual
—. El hecho de que los mismos textos que consagran la resolución (C.C.,
art. 1546 y C. Co., art. 870) hagan referencia expresa a la posibilidad de
pedir indemnización de perjuicios, no implica que la resolución del
contrato y la responsabilidad contractual sean lo mismo.
En efecto, la resolución permite al contratante que no ha incumplido
extinguir el contrato cuando la otra parte ha incurrido en un
incumplimiento grave. Al igual que la nulidad, tiene, en principio, efectos
retroactivos. Es decir, una vez terminado el contrato las partes deben
proceder a las restituciones mutuas de forma tal que queden en el mismo
estado en que se encontrarían si la convención nunca se hubiese
celebrado (36) . Por su parte, la responsabilidad contractual se refiere a la
norma que establece la obligación de reparar un daño causado a una
parte en un contrato, por la inejecución de una obligación contractual en
cabeza de su contratante.
Así las cosas, no solo puede haber responsabilidad contractual sin
resolución y resolución sin responsabilidad, sino que, además, las
restituciones mutuas, consecuencia de la resolución, no corresponden a
la noción de daño. La existencia de un perjuicio sufrido por el acreedor
insatisfecho no es una condición de la resolución (37) . Además, vale la
pena aclarar que en el supuesto de la inejecución de obligaciones de
medios, el incumplimiento —condición de la resolución— es muy distinto
a la culpa —condición de la responsabilidad civil—.
En efecto, este concepto constituye una noción objetiva: el no haber
realizado la conducta prescrita por la norma contractual, lo que no
implica, necesariamente, una culpa. Esta, por su parte, tiene una
connotación subjetiva: haber procedido de forma negligente o
imprudente, actuando de manera distinta de como lo hubiese hecho un
sujeto hipotético, colocado en las mismas circunstancias del contratante.
En este orden de ideas, la palabra culpa se utiliza para expresar una
desaprobación, un reproche, y no, simplemente, para enunciar que se
desaprueba. Implica, entonces, un “juicio de valor” (38) .
2.2. Examen de una pretendida teoría general de la resolución
Cierta doctrina (39) ha tratado de explicar la resolución de los contratos
mediante la teoría general de la “causa de la obligación”. Su
razonamiento consiste en que, en materia de contratos, la palabra causa
se utiliza para designar dos nociones distintas. La primera se refiere a la
“causa de la obligación”, es decir, aquellos móviles que normalmente se
presentan en todos los contratos pertenecientes a una misma categoría.
Algunos ejemplos son los siguientes: (i) en los contratos a título gratuito,
se trata de la intención liberal; (ii) en los contratos a título oneroso, de la
existencia de una contrapartida —la cual será el objeto de la obligación
del otro contratante en los contratos bilaterales— y, (iii) en el supuesto de
los contratos unilaterales, una contrapartida exterior —generalmente
anterior— al contrato, si este es consensual o, si es real, la entrega
material de la cosa.
Sin embargo, estos motivos no son analizados como móviles
particulares, circunstanciados y subjetivos de los contratantes, sino como
categorías generales, objetivas y pretederminadas, iguales para todos los
contratos particulares pertenecientes a una misma categoría. “… [L]a
causa de la obligación es una noción abstracta que no varía de acuerdo
ni con la personalidad, ni con vaivenes de la voluntad de los contratantes,
sino que depende de la calificación del contrato celebrado” (40) .
La segunda noción de “causa del contrato” tiene que ver con aquellos
motivos particulares de los contratantes —los cuales pueden variar de un
contrato a otro hasta el infinito—, que son susceptibles de control en un
caso bien determinado: cuando estos móviles sean ilícitos o inmorales —
si están prohibidos por la ley o contrarían el orden público o las buenas
costumbres—.
Así pues, el artículo 1524 del Código Civil colombiano parece consagrar
tanto la “causa de la obligación”, en sus incisos primero y tercero —al
exigir la existencia de una causa, así no se haya expresado en el
contrato—, como la “causa del contrato”, en sus incisos primero y
segundo —al exigir su conformidad con el orden público y las buenas
costumbres—. Ahora, en los contratos bilaterales, la noción de causa de
la obligación se manifiesta a través de diferentes normas jurídicas, tanto
en el período de formación como en el de ejecución de la convención (41) .
En este orden de ideas, esta interdependencia —el equilibrio entre las
obligaciones de las partes— sería protegida mediante las acciones de
nulidad y de rescisión por lesión enorme, durante el período de
formación, y por la excepción de contrato no cumplido y la resolución, en
el de ejecución.
Dentro de esta óptica se recreará la situación con el ejemplo inicial:
Pedro se obligó para con Rodolfo a entregarle la cosa X, porque este, a
su vez, se comprometió a pagarle el precio; si Rodolfo no le paga a
Pedro, la obligación de este último se encuentra desprovista de causa y,
por consiguiente, puede solicitar la resolución del contrato (42) .
Además, para sostener que el incumplimiento de la obligación de un
contrato trajo como consecuencia el privar de causa a la obligación de la
otra parte, aquel debe ser considerado como grave (43) . Esta palabra es
muy vaga (44) y, por consiguiente, le permite al juez proceder con una gran
libertad en el momento de determinar su aplicación para cada caso
específico (45) . Sin embargo, no se debe perder de vista que la gravedad
del incumplimiento siempre se debe analizar teniendo en cuenta las
circunstancias particulares de cada contrato.
En este orden de ideas, la Corte Suprema de Justicia colombiana
sostuvo: “[S]e impone el examen de todas las circunstancias de hecho
aplicables al caso: la cuantía del incumplimiento parcial; la renuncia del
acreedor a recibir el saldo; el propósito serio de pagar lo que el deudor
mantuvo siempre; la aceptación del acreedor a recibir pagos parciales
por fuera de los plazos estipulados y su exigencia de intereses por esa
mora que él consintió, etc.” (46) .
Se aprecia cómo la alusión a la interdependencia de las obligaciones —
mediante la noción de causa de la obligación—, en principio, parecería
servir de explicación teórica general de la norma de resolución. Pero,
¿hasta qué punto esta explicación es suficiente? En otras palabras, ¿la
referencia a la causa de la obligación nos permite siempre justificar la
existencia de la norma resolutoria? Así mismo, lo que es aún más
importante, ¿es esta realmente necesaria?
Con el fin de responder a estos interrogantes se deben analizar dos
grandes objeciones que, en principio, se le podrían formular a dicha
teoría: “No todos los contratos bilaterales consagran la posibilidad de
extinción mediante la norma de resolución”, y “algunos contratos que no
son bilaterales pueden resolverse en los mismos términos”.
En caso de incumplimiento del deudor, el artículo 2294 del Código Civil,
referido al contrato de renta vitalicia (47) , establece que se excluye
expresamente la posibilidad de que el acreedor opte por la resolución del
contrato. Respecto de esta disposición se analizará brevemente su
validez como argumento en contra de la teoría general de la resolución
basada en la causa, en primer término, y su pertinencia como excepción,
en segundo.
Es así como afirmar que el hecho de que, a manera de excepción, no se
permita la resolución en la renta vitalicia desvirtúa la teoría general de la
resolución basada en la interdependencia entre las obligaciones de las
partes es, por decir lo menos, bastante exagerado. En efecto, la gran
mayoría —si no son todas— de las normas jurídicas generales no son
universales (48) . Es decir, se aplican a todos los casos, salvo ciertas
excepciones que el legislador establece por diferentes motivos.
Así, por ejemplo, el inciso primero del artículo 947 del Código Civil
dispone que todos los bienes muebles se pueden reivindicar mientras
que, en el segundo, excluye aquellos que fueron adquiridos en una feria,
tienda o almacén. Por su parte, el inciso 2.º del artículo 874 del Código
de Comercio establece que las obligaciones contraídas en divisas se
cubrirán en moneda colombiana, salvo si la ley, a manera de excepción,
permite para ciertos casos que se haga en moneda extranjera, tal como
sucede en materia de hidrocarburos, de acuerdo con lo dispuesto en el
artículo 16 de la Ley 9.ª, del 17 de enero de 1991.
La gran diversidad y