¿Qué es la prospectiva?
La prospectiva1
como disciplina tiene su génesis en la década de 1940, como método de anticipación
de escenarios posibles en los ámbitos militar y tecnológico. A partir de allí se transformó en una
base
metodológica y epistemológica para prever o anticipar escenarios en situaciones complejas fuera
de
esos campos.
En efecto, hacia finales de la década del cincuenta, el
filósofo francés Gastón Berger comenzó a hablar de la
necesidad de contar con un espíritu que permitiera al
hombre “observar lejos de una manera amplia y
profunda” (Berger, 1959). Para Berger, “una ciencia del
hombre del mañana” (antropología prospectiva) tiene
como tarea sacar a luz las aspiraciones humanas,
estudiando las diferentes situaciones a las que el
género humano podría enfrentarse en el futuro, y
define el futuro como “la razón de ser del presente”. Es
esta una disciplina orientada a la capacidad de
incidencia del hombre en el futuro lejano (Godet,
2011).
Para ello, se requiere el desarrollo de capacidades
específicas de visión y postura prospectiva que se
resumen en la figura 1, tomando como insumo los
postulados de Godet y Berger.
En español, como en las otras lenguas latinas, el término prospectiva responde a un concepto
idéntico al
concepto en francés (prospective). En inglés, según Michel Godet, no se adaptan ni futurology, ni
futures
studies, ni forecasting, que refieren a la generación de modelos económicos o al pronóstico, algo
que difiere
sustancialmente de la anticipación de futuros. La que más se aproxima es foresight.
Michel Godet define la prospectiva
como aquel esfuerzo por lograr una
previsión o anticipación que
permita aclarar la acción presente
a la luz de los futuros posibles y
deseables. Además, menciona que
lo que sucederá no está escrito, y
pensar en el futuro no elimina la
incertidumbre, aunque nos prepara
para enfrentarla. Todo el mundo
debe hacer frente a los mismos
cambios; lo que marcará la
diferencia será el comportamiento
de cada cual.
Introducción a la Prospectiva – Síntesis metodológica
Figura 1. Elementos de la postura prospectiva
Fuente: Godet y Durance, 2009.
Para la prospectiva, el futuro está por escribirse. Su esencia reposa en la capacidad de discernir los
factores que condicionan realmente el cambio. Es por ello que se busca analizar los factores de
cambio y los factores de permanencia de cada sistema a estudiar. En este sentido hay que poder
visualizar los hechos que contengan futuro (los hechos portadores de futuro), por cuanto son los
hechos que traen aparejadas las mayores consecuencias (Godet y Durance, 2009, p. 17).
Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) define la prospectiva
como:
Un proceso de anticipación y exploración de la opinión experta proveniente de redes de personas
e
instituciones del gobierno, empresas y universidades, en forma estructurada, interactiva,
participativa,
coordinada y sinérgica, para construir visiones estratégicas de la ciencia y la tecnología y su papel
en la
competitividad y el desarrollo de un país, territorio, sector económico, empresa o institución
pública.
(Medina y Ortegón, 2006)
¿Por qué planificar el largo plazo?
Por pensamiento de largo plazo se entiende aquí la función que se ocupa de formular la visión
estratégica de un país, territorio o institución. Es decir, de elaborar una imagen estructurada del
futuro en horizontes temporales de largo alcance (de diez o más años hacia adelante), que
propone y
ordena sus grandes objetivos económicos, sociales, políticos, culturales, científico-tecnológicos y
ambientales. Es complementario al pensamiento estratégico en la medida en que ambos buscan
establecer los grandes lineamientos del desarrollo (Medina, 2001).
En el Manual de prospectiva y decisión estratégica desarrollado por el ILPES para América Latina y
el
Caribe (Medina y Ortegón, 2006), se define que la práctica de las funciones básicas de la
planificación
pública es esencial para orientar las decisiones estratégicas de un país o un territorio.
Introducción a la Prospectiva – Síntesis metodológica
En este sentido, se ha planteado la necesidad de promover e institucionalizar cuatro funciones
básicas de planificación:
1. Prospectiva (visión de largo plazo)
2. Coordinación
3. Evaluación
4. Concertación estratégica
La coordinación de las políticas públicas y, por
consiguiente, de los programas y de los proyectos
facilita el uso de los mecanismos de mercado, disminuye
la asimetría de información entre gobernantes y
gobernados, aumenta el impacto-rentabilidad de los
recursos y, mediante una mayor “cultura de evaluación”
de políticas, programas y proyectos, la sociedad como
un todo conoce mejor el destino de los recursos
tributarios, y por ende, cuenta con mayor información
para definir sus prioridades y transparentar la gestión
pública (Medina y Ortegón, 2006).
Estas funciones permitirían definir una visión de futuro
compartida; facilitarían la formulación concertada de
planes y políticas multisectoriales, sectoriales o
territoriales; apoyarían la gestión por resultados para
conocer los impactos y el cumplimiento de las políticas y
los programas, y respaldarían una mayor participación, tanto pública como privada, en el quehacer
nacional, de manera descentralizada y efectiva (Wiesner, Garnier y Medina, 2000; Ortegón et al.,
2005).
¿Cómo se vincula la prospectiva con la planificación estratégica?
Los conceptos de prospectiva, estrategia y planificación están estrechamente relacionados; cada
uno
apela a los otros y se mezclan. En efecto, Ackoff (1973, citado por Godet, Durance y Prospektiker,
2007). Prospectiva estratégica: problemas y métodos. Cuadernos de LIPSOR) define la planificación
como la forma de “concebir un futuro deseado así como los medios reales para alcanzarlo”. Por su
parte, Carlos Matus (1993) concibe la planificación estratégica como un instrumento para
gobernar y
para actuar; la entiende como una herramienta que se alimenta de un proceso prospectivo de
construcción de caminos posibles que permite lidiar con la incerteza, afrontar problemas críticos,
negociar con multiplicidad y diversidad de actores, intervenir en el juego social, y conducir y
liderar el
proceso de planificación a largo plazo. Estos elementos están en constante retroalimentación y su
transformación dinámica es un desafío para la puesta en marcha de acciones. Así, la prospectiva
estratégica es fundamental para construir acuerdos, para generar alianzas orientadas a la acción y
para consolidar rumbos estratégicos que permitan ejecutar políticas.
En esta línea, Maurice Blandel insistía en que “no se debe prever el futuro, hay que prepararse
para
él”. Así, reflexionar es un paso previo a la acción. Por lo tanto, para serle útil al hombre de acción y
para ser eficaz, la prospectiva debe dilucidar el sentido general y profundo de los hechos
observados,
elaborar planes y programas, recomendaciones de aplicación inmediata, mostrar ideas de acción,
fijar objetivos alcanzables (Bourbon-Busset, 1959).
¿Para qué pensar el futuro?
Esencialmente, para analizar y
crear alternativas, para construir
un proyecto de futuro y enriquecer
el presente con mejores decisiones.
En definitiva, el pensamiento de
largo plazo es útil para contribuir a
la formulación de la visión
estratégica de un país, una región o
una institución pública, la cual
configura los grandes lineamientos
y ejes estructurales que enmarcan
la definición de los objetivos
sociales. (Medina y Ortegón, 2006)
Introducció