Competencias:
el
cambio
de
paradigma
en
educación
A
los
roles
profesionales
que
habitualmente
han
acompañado
al
profesorado
se
suma
un
nuevo
perfil
dibujado
por
la
inclusión
de
las
competencias
en
el
marco
educativo.
De
forma
habitual,
se
considera
que
el
profesorado
debe
procurar
dar
al
alumnado
una
formación
completa
de
su
área
o
materia.
Asimismo,
se
valora
de
forma
significativa
atender
a
los
procesos
madurativos
del
alumnado,
y
parte
del
profesorado
prioriza
este
aspecto
educativo
vinculado
a
las
funciones
de
la
acción
tutorial
sobre
la
de
conseguir
el
aprendizaje
global
de
la
materia.
De
estas
concepciones
se
derivará
el
marco
teórico
que
cada
docente
construye
para
gestionar
el
qué,
dónde,
cómo,
cuándo
y
para
qué
enseñar,
cuestiones
claves
en
el
fundamento
de
la
práctica
educativa.
La
inclusión
de
las
competencias,
como
elemento
integrado
en
el
currículo,
significa
entender
la
formación
del
alumnado
desde
un
punto
de
vista
holístico
y
considerar
las
áreas
o
materias
no
como
elementos
con
identidad
propia
suficiente
como
para
ser
tratados
por
separado,
sino
como
aspectos
interrelacionados
que
dibujan
una
misma
realidad.
Así,
el
nuevo
rol
profesional
dibuja
al
docente
dentro
de
una
comunidad
con
la
que
se
relaciona
para
construir
su
práctica
educativa,
-‐coordinación
con
el
profesorado
de
otras
áreas
o
materias
con
el
que
comparte
equipos
educativos,
con
el
resto
de
profesores
y
profesoras
del
claustro,
con
el
resto
de
la
comunidad
educativa
de
su
centro-‐,
y
que
contempla
al
alumnado
como
elemento
prioritario
en
el
desempeño
de
su
práctica
profesional.
Desde
esta
perspectiva,
se
persigue
una
formación
integral
del
alumnado
donde
los
contenidos
de
las
distintas
áreas
o
materias
no
tienen
sentido
si
no
contribuyen
a
enriquecer
sus
posibilidades
de
acción
sobre
la
realidad
de
manera
libre,
consciente
y
exitosa.
1
Este
nuevo
rol
deriva
del
cambio
de
paradigma
educativo
en
el
que
estamos
inmersos.
En
este
modelo,
los
objetivos
de
la
educación
son
radicalmente
distintos,
así
como
el
papel
que
cada
actor
desempeña,
y
las
herramientas
y
procesos
del
pasado
quedan
obsoletos
en
un
marco
en
el
que
lo
que
se
considera
conocimiento
válido
se
aleja
de
las
concepciones
tradicionales.
La
atención
se
desvía
de
los
contenidos
al
alumnado,
de
las
verdades
inamovibles
a
la
resolución
de
problemas
en
contextos
reales
y
cercanos,
de
la
teoría
al
margen
de
la
práctica
a
la
teoría
vinculada
a
su
práctica,
de
las
áreas
o
materias
aisladas
al
currículum
integrado,
de
los
departamentos
didácticos
a
los
proyectos
educativos,
de
las
aulas
cerradas
a
la
docencia
compartida
y
a
las
comunidades
de
aprendizaje.
En
la
práctica,
si
analizamos
las
responsabilidades
que
tienen
el
alumnado
y
el
profesorado
en
el
proceso
de
enseñanza
y
en
el
de
aprendizaje
nos
encontramos,
por
ejemplo,
con
lo
siguiente:
RESPONSABILIDADES
DEL
ALUMNADO
RESPONSABILIDADES
DEL
PROFESORADO
EL
APRENDIZAJE
LA
ENSEÑANZA
Identificar
problemas
y
buscar
mecanismos
Identificar
los
aprendizajes
imprescindibles.
de
solución.
Búsqueda
y
procesamiento
de
la
Escoger
situaciones
de
aprendizaje
información
relevante
para
la
solución
de
relevantes.
Diseñar
tareas.
Buscar
la
problemas
.
interdisciplinariedad.
Valoración
crítica
de
la
información.
Elaborar
propuestas
didácticas
ricas.
Utilización
de
metodologías
significativas
y
cooperativas.
Aportación
de
soluciones
alternativas.
Diagnosticar
en
qué
situación
se
encuentra
el
alumnado
con
respecto
al
nivel
de
logro
de
las
competencias
para
establecer
el
punto
de
partida.
Integración
en
el
grupo
y
colaboración
en
el
Determinar
los
instrumentos
e
indicadores
de
aprendizaje
entre
iguales.
evaluación
adecuados
al
acompañamiento
del
proceso
de
aprendizaje.
Desarrollar
actitudes
coherentes
con
los
Reajustar
el
diseño
de
las
propuestas
valores
aprendidos.
didácticas
a
la
diversidad
y
al
desarrollo
del
aprendizaje.
Evaluar
para
la
mejora.
Integrar
al
alumnado
en
el
proceso
de
evaluación.
Desarrollar
actitudes
de
volición
y
Integrar
la
práctica
educativa
individual
en
la
responsabilidad
que
contribuyan
a
colectiva
desde
el
marco
del
proyecto
mantener
la
motivación
y
la
autoexigencia.
educativo.
Atendiendo
únicamente
a
lo
contemplado
en
la
tabla,
se
percibe
claramente
que
el
cambio
que
se
exige
es
complejo.
No
es
suficiente
conocer
el
nuevo
modelo
porque
la
teoría
sola,
en
sí
misma,
no
equivale
a
aprendizaje;
así,
para
implementar
una
nueva
práctica
es
2
necesario
pasar
a
la
acción.
Ser
agente
de
cambio
implica
revisar
el
conjunto
de
creencias
que
se
posee
y
trabajar
con
él,
establecer
hipótesis
y
contrastarlas
(la
mayoría
de
los
agentes
de
cambio
están
fuera
del
aula,
lo
que
supone
un
obstáculo
que
hay
que
solventar),
para
acompañar
entonces
los
procesos
en
los
centros
educativos.
Es
necesario
trabajar
de
entrada
con
las
creencias
del
profesorado,
proporcionar
seguridad
en
relación
con
la
permanencia
del
nuevo
modelo,
legitimar
actitudes
que
promuevan
las
buenas
prácticas
dentro
del
profesorado,
lograr
conductas
de
apoyo
y
de
intercambio
de
experiencias,
y
trabajar
de
forma
colegiada
con
los
claustros
para
que
sean
a
su
vez
agentes
de
cambio
desde
sus
centros.
Es
fundamental
no
dictar
lo
de
se
debe
hacer,
sino
analizar
lo
que
se
hace
para
establecer
el
punto
de
partida
(a
esto
contribuye
el
papel
de
asesor
como
acompañante
de
procesos).
Para
ello,
es
útil
registrar
los
movimientos
realizados
en
la
dirección
del
nuevo
paradigma:
desviando
la
mirada
hacia
el
alumnado
al
hablar
de
capacidades,
de
habilidades
y
de
actitudes
(los
primeros
pasos
se
registran
en
la
LOGSE);
buscando
otras
metodologías
al
hablar
de
aprendizaje
significativo,
de
aprendizaje
cooperativo
o
entre
iguales,
de
motivación,
de
proyectos,
de
diálogo
o
de
comunidades
de
aprendizaje;
evolucionando
en
nuestro
concepto
de
evaluación
al
introducir
las
tareas
como
indicadores
de
calificación,
al
atender
a
los
procesos
en
lugar
de
atender
a
los
exámenes
únicamente.
Llevamos
tiempo
hablando
de
integración,
aunque
ahora
lo
hagamos
de
inclusión,
y
hemos
buscado
una
escuela
para
todas
y
todos;
educamos
en
valores
sabiendo
que
es
la
escuela
el
germen
de
toda
sociedad,
la
ciudadanía
futura
sale
de
sus
muros
y
pretendimos
que
fuera
la
mejor
posible.
Al
establecerse
los
significados
de
uso
de
los
conceptos
inherentes
a
todo
paradigma
se
corre
el
riesgo
de
incluir
sentimientos
de
alejamiento
o
de
idealización
que
tergiversan
el
verdadero
sentido
del
modelo.
En
este
caso,
se
discute
la
primacía
de
la
teoría
o
la
de
la
práctica,
del
mismo
modo
que
se
hace
con
las
competencias
y
los
conocimientos
o
las
competencias
y
las
disciplinas,
la
memorización
y
la
comprensión,
la
escuela
tradicional
y
la
formación
integral,
entre
otras.
También
se
discute
qué
competencias
son
las
prioritarias
y
se
pregunta
qué
ocurre
con
las
competencias
que
no
tienen
una
disciplina
asociada.
Este
proceso
tiene
muchos
riesgos
asociados,
encubre
el
deseo
de
continuar
con
las
mismas
prácticas
que
conocemos
y
nos
garantizan
el
éxito
que
necesitamos
y
la
seguridad
suficiente.
Este
éxito
no
implica
buenos
resultados
educativos,
sólo
implica
la
supervivencia
en
el
sistema
sobre
referentes
conocidos.
Es
importante
la
revisión
de
todas
estas
creencias
y
significados,
por
lo
que
sería
adecuado
trabajar
con
las
definiciones
de
conceptos
diversos1.
1
Les
adjunto
una
tabla
de
términos
elaborada
este
curso
en
un
centro
de
la
comunidad
que
ya
había
recibido
formación
sobre
competencias
básicas,
metodología,
evaluación
y
sobre
la
integración
de
las
nuevas
tecnologías
en
la
práctica
docente.
Deberán
diseñar
un
acompañamiento
para
este
proceso
en
los
términos
que
se
señalan
en
el
documento
tarea
1:
“Glosario
de
términos”.
3
1.1 Relación
entre
teoría
y
práctica
Cuando
se
entiende
como
dicotomía
la
relación
entre
teoría
y
práctica
se
pierde
el
enriquecimiento
que
ésta
supone
sobre
la
primera.
El
saber
en
sí
mismo
y
para
sí
mismo
es
un
valor
ampliamente
defendido
por
nuestras
sociedades.
Podemos
compartir
este
valor,
pero
del
aprendizaje
de
conocimientos
no
se
puede
inferir
que
el
saber
es
suficiente
para
el
hacer.
Enseñar
conocimientos
al
margen
de
la
práctica
sólo
es
garantía
de
que,
en
el
momento
de
la
evaluación
en
la
que
el
alumnado
debe
reproducir
lo
aprendido,
podremos
valorar
lo
que
dicho
alumnado
demuestra.
No
hay
garantías
de
que
el
aprendizaje
perdure
en
el
tiempo
ni
de
que
pueda
convertirse
en
práctica
alguna
o
en
resolución
de
problemas.
Mucho
menos
la
hay
de
que
pueda
convertirse
en
creatividad
y
desarrollo
de
nuevos
modos
de
afrontar
conflictos2.
Por
otro
lado,
cuando
consideramos
la
adquisición
de
conocimientos
con
una
finalidad
propedéutica,
orientamos
toda
la
educación
a
los
estudios
universitarios
y,
por
tanto,
nos
olvidamos
también
del
objetivo
inicial
de
una
educación
integral
y
para
todas
las
personas.
¿Cuál
es
el
objetivo
de
la
educación?
Si
en
la
evaluación
continuamos
considerando
como
indicador
adecuado
la
reproducción
de
los
contenidos,
¿qué
ocurre
con
los
procedimientos,
estrategias,
habilidades,
actitudes
o
valores?
¿No
son
también
objetivos?
Quizás
en
este
punto
debamos
reconsiderar
nuestras
creencias.
1.2 Los
conocimientos
en
el
marco
de
las
competencias
Si
atendemos
al
impacto
que
sobre
los
conocimientos
tienen
las
competencias,
se
ha
interpretado
que
optar
por
una
enseñanza
basada
en
competencias
parece
una
apuesta
por
la
práctica
y,
en
consecuencia,
un
rechazo
a
los
conocimientos.
En
este
punto
entran
en
conflicto
los
modelos
de
escuela,
la
tradicional
y
la
activa.
Los
procesos
de
enseñanza
y
aprendizaje
son
tremendamente
complejos,
y
cuando
se
simplifican
y
etiquetan
se
tergiversan
y
anulan
mutuamente.
Se
necesita
la
comprensión
previa
de
los
conocimientos
para
su
posterior
memorización
si
queremos
el
éxito
educativo,
-‐además
del
académico-‐,
y
la
comprensión
es
un
2
Ángel
Pérez
Gómez,
Catedrático
de
Didáctica
y
Organización
Escolar
de
la
Universidad
de
Málaga,
en
su
conferencia
sobre
las
competencias
básicas
impartida
en
el
IV
Congreso
Regional
de
Educación
de
Cantabria,
expone
un
caso
práctico
que
evidencia
el
absurdo
de
la
dicotomía
teoría-‐práctica:
su
familia
debe
salir
de
viaje
unos
días
en
periodo
lectivo
y
la
hija
exige
volver
con
tiempo
la
tarde
antes
de
un
examen
porque
tiene
que
estudiar,
afirma
no
poder
hacerlo
antes
porque
no
se
acordaría
de
lo
aprendido.
Ángel
Pérez
aclara
que
su
hija
está
perfectamente
adaptada
en
el
instituto
y
que
saca
notas
altas
en
todas
las
materias;
se
pregunta
entonces
qué
aprendizajes
estamos
dando
al
alumnado
si
sólo
permanecen
un
día.
En
el
ámbito
universitario
ocurre
lo
mismo
si
se
observan
los
horarios
de
apertura
de
las
bibliotecas:
en
las
dos
semanas
anteriores
a
los
exámenes
están
abiertas
permanentemente,
mientras
que
el
resto
de
los
días
el
horario
es
reducido.
El
tercer
ejemplo
que
pone
es
de
una
maestra
muy
joven
que
acaba
de
salir
de
la
facultad
donde
el
mismo
Ángel
Pérez
ejerce
la
docencia,
se
cuestiona
aquí
también
los
aprendizajes
de
su
alumnado
cuando
comprueba
cómo
en
este
caso
la
maestra
no
logra
hacerse
con
una
clase
de
alumnado
y
alumnas
de
nueve
años
en
tres
meses
de
trabajo,
-‐aunque
aclara
en
este
caso
que
no
se
pueden
hacer
generalizaciones
aunque
haya
tomado
el
ejemplo
para
la
reflexión.
4
proceso
personal
que
supone
la
reconstrucción
del
objeto
de
estudio
mediante
operaciones
mentales
muy
complejas3.
Esta
evidencia
no
puede
derivar
en
una
relativización
o
menosprecio
de
los
contenidos
conceptuales.
Estos
son
necesarios
para
la
construcción
de
los
mapas
internos
que
permiten
continuar
aprendiendo,
se
convierten
en
cimientos
de
los
nuevos
aprendizajes
y
dotan
de
criterio
a
las
personas
al
estructurar
de
forma
adecuada
el
conocimiento.
Es
necesario
sistematizar
la
enseñanza
porque
lo
importante
no
es
decidir
entre
aprendizajes
activos
o
memorísticos,
sino
cuándo,
cómo,
por
qué
y
para
qué
debe
realizarse
cada
una
de
las
actividades
que
completan
el
aprendizaje.
Las
competencias
superan
estas
dicotomías,
puesto
que
se
refieren
a
los
aprendizajes
reales
de
las
personas.
No
hay
ninguna
acción
humana
donde
las
estrategias,
los
componentes
factuales
o
conceptuales
y
las
actitudes
o
principios
de
acción
que
los
dirigen
aparezcan
por
separado.
El
debate
sobre
la
importancia
de
un
componente
u
otro
del
aprendizaje
no
se
sostiene.
1.3 Relación
de
las
competencias
con
los
objetivos
de
la
educación
Las
competencias
deben
contribuir
al
pleno
desarrollo
de
la
personalidad
en
todos
los
ámbitos
de
la
vida.
Para
hablar
sobre
qué
competencias
se
deben
enseñar
o
sobre
la
función
de
la
escuela,
instructiva
o
educadora,
vamos
a
reseñar
las
consideraciones
que
sobre
las
competencias
realiza
Ángel
Pérez
Gómez,
Catedrático
de
Didáctica
y
Organización
Escolar
de
la
Universidad
de
Málaga,
en
la
Conferencia
inaugural:
Competencia
y
currículo:
transformar
el
currículo
para
reinventar
la
escuela,
en
el
IV
Congreso
Regional
de
Educación
de
Cantabria4.
Para
Ángel
Pérez
el
concepto
de
competencia
es
el
motor
de
la
innovación
en
la
escuela.
Aclara
que
parte
del
rechazo
inicial
del
concepto
deriva
de
su
estrecha
relación
con
el
término
capacidad
utilizado
en
el
modelo
conductista
de
enseñanza-‐aprendizaje
usado
en
los
años
60
en
los
Estado
Unidos.
La
metodología
que
utiliza
está
basada
en
relaciones
relativamente
automáticas
entre
estímulos
y
respuestas,
y
se
ubica
dentro
del
contexto
de
la
enseñanza
vocacional
o
profesional.
Esta
concepción
descompone
la
acción
en
microtareas
simples
o
microconductas
sobre
las
que
trabaja.
Para
ello,
parte
del
principio
de
que
esas
microconductas
pueden
sumarse
después
para
componer
una
macroconducta.
El
problema
es
que
no
hay
competencias
humanas
al
margen
de
las
personas;
como
decíamos
antes,
las
acciones
llevan
integrados
todos
sus
componentes
y
estos
forman
un
todo
indisoluble.
Una
persona
competente
es
aquella
que
utiliza
sistemas
complejos
de
reflexión
y
de
acción,
que
se
definen
como
conjuntos
de
conocimientos,
habilidades,
destrezas,
actitudes,
valores
y
motivaciones.
Dichos
conjuntos
incluyen
conocimientos
pero
son
mucho
más
que
los
conocimientos,
incluyen
habilidades
pero
son
más
que
las
habilidades,
incluyen
actitudes
pero
3
Parte
del
profesorado
aconseja
al
alumnado
que
utilice
únicamente
estrategias
de
memorización
para
los
aprendizajes
que
requieran
una
actividad
conceptual
demasiado
compleja.
Esto
garantiza
el
éxito
en
los
exámenes
y
mejora
las
estadísticas,
pero
no
significa
éxito
educativo.
4
[Link]
5
son
más
que
las
actitudes.
Y
son
sistemas
que
componen
formas
de
saber,
saber
hacer
y
querer
hacer.
Si
una
persona
sabe
pero
no
quiere,
no
es
competente.
Piensa
el
autor
que
en
el
ámbito
educativo
se
ha
desvirtuado
el
concepto
de
competencia
y
cree
en
la
necesidad
de
una
reformulación
de
lo
que
se
define
como
conocimiento
así
como
una
subversión
del
currículo.
Se
refiere
a
la
formulación
de
competencias
básicas
que
se
hace
en
DeSeCo
como
un
conocimiento
activo,
aplicado,
no
meramente
acumulado,
que
atiende
a
las
implicaciones
que
pueden
tener
las
herramientas
cognitivas
para
entender
mejor
la
complejidad
del
mundo
en
que
vivimos
en
todas
sus
manifestaciones,
desde
las
ciencias
a
las
humanidades
pasando
por
el
arte.
Por
tanto,
el
conocimiento
es
una
herramienta
no
una
finalidad,
ya
que,
la
mente
no
es
un
contenedor
sino
un
procesador
lógico,
crítico
y
creativo.
Las
disciplinas
son
los
medios,
los
verdaderos
fines
se
diluyen
en
los
contenidos
si
atendemos
al
fin
real
que
es
formar
ciudadanos.
Ángel
Pérez
nos
recuerda
las
tres
competencias
que
recoge
DeSeCo
y
nos
advierte
que,
de
las
ocho
competencias
que
se
trabajan
en
España,
cinco
se
refieren
únicamente
a
la
primera:
• competencia
para
utilizar
interactivamente
las
herramientas
e
instrumentos
que
requiere
la
sociedad
contemporánea
(lenguajes,
códigos,
símbolos,
plataformas
tecnológicas,
etc.)
• competencia
para
funcionar
en
grupos
sociales
cada
vez
más
complejos,
con
el
otro,
el
cercano
y
el
lejano,
que
permita
convivir
con
el
diferente.
• competencia
para
actuar
de
forma
autónoma,
para
desarrollar
la
identidad
personal,
construir
los
criterios
propios;
requiere
el
autoconocimiento,
la
autoestima,
la
autorregulación
(proponerse
procesos
de
mejora
personal,
etc.).
Atender
esta
puntualización
implica
preguntarnos
si
nuestro
esfuerzo
en
las
aulas
está
equilibrado,
volver
a
la
cuestión
de
qué
pasa
con
las
competencias
que
no
tienen
una
disciplina
asociada.
Este
interrogante
revela
que
no
se
conciben
las
competencias
desde
una
perspectiva
holística,
que
se
siguen
relacionando
con
las
disciplinas
y
que
son
los
contenidos
los
fines
de
esa
educación.
Las
competencias
en
la
educación
permiten
compensar
los
defectos
que
se
derivan
de
los
procesos
de
socialización.
En
virtud
del
proceso
de
socialización
los
niños
y
niñas
construyen
recursos
personales,
sin
ser
del
todo
conscientes
de
ello,
a
partir
de
la
adquisición
de
las
herramientas
culturales
que
les
proporciona
el
entorno
en
el
que
se
desenvuelven
(familia,
escuela,
medios,
amigos).
Esta
construcción
es
acrítica,
depende
de
las
experiencias
particulares
y
no
garantiza
la
autonomía
de
las
personas,
en
cuanto
tiende
a
perpetuar
los
patrones
recibidos.
Por
tanto,
la
socialización
siendo
básica
no
es
suficiente
para
desarrollar
un
individuo
autónomo;
para
ello
es
necesario
otro
proceso:
la
educación.
Con
ella
permitimos
a
los
individuos
que
cuestionen
el
valor
de
los
esquemas
que
han
adquirido,
fomentando
la
reconstrucción
de
estos
modelos
a
través
de
la
confrontación
con
otros
derivados
del
conocimiento
científico
y
humanista.
Esta
reconstrucción
supone
el
éxito
educativo;
en
caso
contrario,
cuando
la
educación
no
atiende
a
los
esquemas
mentales
del
alumnado,
sólo
estamos
garantizando
el
éxito
académico.
Cuando
el
profesorado
explica
sus
disciplinas
cree
en
los
modelos
que
enseña,
tienen
significado
completo.
La
meta
está
en
conseguir
que
también
lo
tengan
para
el
alumnado.
El
valor
del
conocimiento
en
la
escuela
debe
ser
valor
de
uso,
y
no
el
de
cambio,
por
una
nota.
Por
este
motivo
hay
terror
ante
los
exámenes
finales,
el
6
que
se
haya
trabajado
por
la
nota
convierte
este
tipo
de
pruebas
en
verdaderas
hazañas
al
no
hacer
sido
adquiridos
los
aprendizajes
de
forma
significativa.
A
continuación,
y
para
terminar,
se
adjunta
una
lista
de
sugerencias
concretas
que
se
derivan
de
la
incorporación
de
las
competencias
al
sistema
educativo:
• Reducción
drástica
de
las
prescripciones
centrales
del
currículum:
reducirlo
a
un
documento
mínimo
centrado
en
los
ejes
de
la
cultura
con
los
que
queremos
trabajar.
• Importancia
de
la
elaboración
local
del
currículum:
la
contextualización
permite
trabajar
con
situaciones
de
aprendizaje
reales
y
cercanas.
• Las
competencias
exigen
la
integración
de
las
disciplinas.
• Las
competencias
no
pueden
ser
un
listado
equivalente
al
de
los
contenidos.
• El
currículum
debe
acercarse
a
la
realidad,
basarse
en
problemas,
en
situaciones
actuales.
• Cambios
en
las
estrategias
didácticas,
empezando
por
la
primacía
de
la
actividad:
learning
by
doing.
• Actividades
con
sentido
basadas
en
problemas
reales,
e
integradas
en
un
proyecto
(de
búsqueda,
de
análisis,
de
comprensión,
etc.)
• La
amplitud
va
en
contra
de
la
profundidad;
la
extensión
es
esclava
de
la
cantidad.
• Concebir
una
evaluación
para
los
aprendizajes,
que
sea
enriquecedora.
• Implicar
activamente
a
los
estudiantes
en
el
proceso
de
búsqueda
e
integración
y
utilización
de
los
conocimientos.
Elaborar
proyectos
con
sentido.
Es
necesario
desarrollar
la
capacidad
de
razonar;
la
reflexión
sobre
la
práctica
y
el
desarrollo
de
los
proyectos
de
trabajo
son
claves
para
que
se
integren
en
los
modelos
mentales
del
alumnado
y
puedan
así
transferirse
a
la
práctica
en
el
futuro.
• Acercar
la
escuela
a
la
sociedad
y
la
sociedad
a
la
vida.
La
escuela
ha
de
nutrirse
de
los
problemas
reales,
con
instrumentos
alternativos
a
los
utilizados
por
los
mass
media,
por
la
televisión,
instrumentos
y
procedimientos
distintos
que
rompan
la
distancia
con
la
vida.
• Debemos
enseñar
a
los
futuros
ciudadanos
en
la
incertidumbre,
en
el
cambio
permanente.
El
individuo
ha
de
aprender
a
tomar
decisiones
en
el
ámbito
en
el
que
domina
la
duda.
Por
eso
es
necesario
aprender
a
aprender.
• El
centro
escolar
ha
de
convertirse
en
un
núcleo
de
vivencias
científicas
y
culturales,
escuelas
saturadas
de
productos
de
la
vida
intelectual
más
rica
de
la
comunidad,
debe
estar
presente
la
innovación
cultural.
Los
representantes
de
esa
cultura
innovadora
debemos
ser
los
docentes:
tendencias
más
actuales
y
problemas
más
actuales
de
todas
las
disciplinas
humanas.
Ese
es
el
clima
adecuado
para
las
competencias.
• Los
horarios
de
los
centros
han
de
ser
flexibles
y
las
aulas,
abiertas.
El
funcionamiento
de
los
centros
debe
estar
al
servicio
del
proyecto
educativo
y
no
a
la
inversa,
construir
proyectos
a
la
medida
de
los
horarios.
• La
finalidad
del
proceso
de
enseñanza
está
al
servicio
de
las
capacidades
del
alumnado,
que
debe
aprender
a
gobernar
su
proceso
de
aprendizaje.
Han
de
conocer
sus
fortalezas
y
debilidades,
los
docentes
los
acompañarán
en
ese
proceso
para
irse
retirando
progresivamente,
a
medida
que
la
autonomía
y
la
capacidad
de
aprender
a
aprender
sea
mayor.
• Cooperación
entre
iguales,
esta
es
la
estrategia
didáctica
que
más
componentes
tiene
en
valores
sociales
e
individuales,
para
el
enriquecimiento
mutuo,
y
la
que
mejor
genera
actitudes
y
disposición
para
el
diálogo.
7
• Es
necesaria
la
conquista
previa
de
un
clima
de
confianza,
de
respeto
mutuo.
El
desarrollo
de
un
clima
afectivo
es
la
condición
indispensable
para
que
se
pueda
realizar
el
aprendizaje.
• La
evaluación
no
puede
ser
el
obstáculo
para
todas
estas
tareas.
Debe
ser
formativa.
En
la
etapa
posobligatoria
sí
tiene
sentido
una
evaluación
calificadora
porque
queremos
formar
a
los
mejores
profesionales,
pero
no
en
la
etapa
obligatoria
donde
el
sentido
es
construir
ciudadanos.
1.4 Once
ideas
clave
Una
vez
matizados
los
significados
que
presentan
más
controversia
dentro
del
profesorado,
vamos
a
concluir
con
las
11
ideas
clave
sobre
cómo
aprender
y
enseñar
competencias
de
Zabala
y
Arnau
(2007).
Esta
reseña
pretende
tanto
cerrar
un
apartado
de
dudas
frecuentes
y
definiciones
como
abrir
el
siguiente
capítulo
de
este
módulo,
“las
competencias
en
la
práctica
docente”.
1. El
uso
del
término
“competencia”
es
una
consecuencia
de
la
necesidad
de
superar
una
enseñanza
que,
en
la
mayoría
de
los
casos,
se
ha
reducido
al
aprendizaje
memorístico
de
conocimientos,
hecho
que
conlleva
la
dificultad
para
que
éstos
puedan
ser
aplicados
en
la
vida
real.
2. La
competencia,
en
el
ámbito
de
la
educación
escolar,
ha
de
identificar
aquello
que
necesita
cualquier
persona
para
dar
respuesta
a
los
problemas
a
los
que
se
enfrentará
a
lo
largo
de
su
vida.
Por
lo
tanto,
la
competencia
consistirá
en
la
intervención
eficaz
en
los
diferentes
ámbitos
de
la
vida,
mediante
acciones
en
las
que
se
movilizan,
al
mismo
tiempo
y
de
manera
interrelacionada,
componentes
actitudinales,
procedimentales
y
conceptuales.
3. La
competencia
y
los
conocimientos
no
son
antagónicos,
ya
que
cualquier
actuación
competente
siempre
implica
el
uso
de
conocimientos
interrelacionados
con
habilidades
y
actitudes.
4. Para
poder
decidir
qué
competencias
son
objeto
de
la
educación,
el
paso
previo
es
definir
cuáles
deben
ser
sus
finalidades.
Existe
un
acuerdo
generalizado
en
que
éstas
deben
contribuir
al
pleno
desarrollo
de
la
personalidad
en
todos
los
ámbitos
del
a
vida.
5. Las
competencias
escolares
deben
abarcar
el
ámbito
social,
interpersonal,
personal
y
profesional.
6. El
aprendizaje
de
una
competencia
está
muy
alejado
de
lo
que
es
un
aprendizaje
mecánico,
implica
el
mayor
grado
de
significatividad
y
funcionalidad
posible,
ya
que
para
poder
ser
utilizada
deben
tener
sentido
tanto
la
propia
competencia
como
sus
componentes
procedimentales,
actitudinales
y
conceptuales.
7. Enseñar
competencias
implica
utilizar
formas
de
enseñanza
consistentes
en
dar
respuesta
a
situaciones,
conflictos
y
problemas
cercanos
a
la
vida
real,
en
un
complejo
proceso
de
construcción
personal
con
ejercitaciones
de
progresiva
dificultad
y
ayudas
contingentes
según
las
características
diferenciales
del
alumnado.
8. El
análisis
de
las
competencias
nos
permite
concluir
que
su
fundamentación
no
puede
reducirse
al
conocimiento
que
aportan
los
distintos
saberes
científicos,
lo
que
implica
8
llevar
a
cabo
un
abordaje
educativo
que
tenga
en
cuenta
el
carácter
metadisciplinar
de
una
gran
parte
de
sus
componentes.
9. Una
enseñanza
de
competencias
para
la
vida
exige
la
creación
de
un
área
específica
para
todos
sus
componentes
de
carácter
metadisciplinar,
que
permita
la
reflexión
y
el
estudio
teórico
y,
al
mismo
tiempo,
su
aprendizaje
sistemático
en
todas
las
otras
áreas.
10. No
existe
una
metodología
propia
para
la
enseñanza
de
las
competencias,
pero
sí
unas
condiciones
generales
sobre
cómo
deben
ser
las
estrategias
metodológicas,
entre
las
que
cabe
destacar
la
de
que
todas
deben
tener
un
enfoque
globalizador.
11. Conocer
el
grado
de
dominio
que
el
alumnado
ha
adquirido
de
una
competencia
es
una
tarea
bastante
compleja,
ya
que
implica
partir
de
situaciones-‐problema
que
simulen
contextos
reales
y
disponer
de
los
medios
de
evaluación
específicos
para
cada
uno
de
los
componentes
de
la
competencia.
9