Especifismo
Y
plataformismo
Eduardo Colombo
Entrevista realizada a Eduardo Colombo por la compañera Gladys del
Grupo GLAD (Grupo Libertario acción directa de Madrid) durante el
Encuentro Internacional Anarquista desarrollado, en St. Imier (Suiza),
en Agosto del año 2012.
Gladys (GLAD).: Cuál es tu percepción del Especifismo, como forma
organizativa que parece estar en auge en la actualidad y sobre el cual se
está produciendo un importante debate en el Anarquismo a nivel
internacional.
E. Colombo: Yo pienso que hay una situación histórica particular, que
hace que el Anarquismo no tenga hoy en día la implantación obrera que
tenía en sus orígenes cuando el proletariado militante se integró en las
luchas sociales. Ese proletariado ha ido diluyéndose en los países
occidentales, y adquiriendo un cierto modo de integración que yo llamé,
en un artículo de hace ya unos cuarenta años, una integración
imaginaria al sistema, en el sentido que permiten todos los órdenes
legalistas, una cierta participación al consumo y a las elecciones
políticas, lo que hace que las condiciones de una posición de
enfrentamiento de clases de tipo revolucionario se hayan diluido.
Y el problema del Especifismo está centrado sobre eso, en la medida en
que no hay una base social definida, clara, sobre la que el Anarquismo
se apoye, los anarquistas se encuentran en la situación de reconocerse
entre ellos, es decir, de formar un grupo ideológico lo que lleva
necesariamente, a través de la formación de federaciones definidas
como anarquistas específicas, a una estructura que –desde un punto de
vista crítico de una posición no especifista– tiene un poco la estructura
de los partidos políticos.
A mí, me parece que lo que expresa este conflicto Especifismo/anti-
Especifismo, que fundamentalmente en la historia del movimiento en
América Latina tiene un sentido claro, es que, –y esta es una impresión
un tanto personal–, se está produciendo una amalgama, una sinergia,
entre dos conceptos diferentes y que la gente los utiliza como si fueran
una misma cosa, es decir, que en la medida que el Especifismo se
enraíza y aparece como la única posibilidad organizativa, las posiciones
plataformistas que se escondían detrás, empiezan a integrarse o a
amalgamarse con el Especifismo, de tal forma que defendiendo a éste al
mismo tiempo se están defendiendo posiciones plataformistas. Esas dos
posiciones ideológicas que no son claras para la mayoría, están
produciendo un cambio que, desde el punto de vista de otras posiciones
anarquistas, que yo considero más abiertas, no es favorable, porque
cierran un poco la discusión. Por eso es importante decir el origen en
América Latina del Especifismo, porque yo creo que también viene de
América Latina la problemática actual a causa de las acciones
guerrilleras, o de tipo “guevarista”.
En el origen del movimiento obrero en Argentina los anarquistas
tuvieron una posición preponderante desde 1880 y tantos. Fue el
momento de un gran debate sobre la organización obrera. Tanto los
socialistas como anarquistas formaban parte de lo que era la población
obrera de América del Sur, sobre todo el Río de la Plata: Buenos Aires,
Montevideo. Más importante era Buenos Aires por la extensión, pero el
movimiento internacionalista probablemente comienza en Montevideo
con la actuación de exiliados de la Commune de París. Luego se forman
los grupos bakunninianos en Buenos Aires, y el debate fundamental
giraba sobre lo que se llamaba el anarco-comunismo.
La idea era la de un anarco-comunismo anti-organizador, que se oponía
a la organización permanente porque decían los compañeros que
cuando los anarquistas se organizaban creaban todas las estructuras de
poder internas de un partido, y criticaban mucho a Malatesta por su
posición organizativa, lo llamaban en los periódicos de argentina el
“organomaníaco”. Toda esa tendencia anti-organizadora, que no era
individualista, -eso es importante porque luego muchos historiadores
los llaman individualistas por ignorancia o lo que fuera-, fue perdiendo
terreno en la medida de que el Anarquismo se integró en el movimiento
obrero y se creó junto con los socialistas la primera Federación obrera
que era la FOA en Argentina en 1901, que a partir de 1903 cambia su
denominación por FORA, habiéndose agregado a Organización Obrera la
designación Regional, lo que muestra la influencia anarquista que lleva a
la declaración del V° Congreso (1905) que afirma que la finalidad de la
organización obrera es luchar por el comunismo anárquico. Lo que se
llamó la declaración finalista de la FORA del V° Congreso.
O sea, que a partir de ese momento el Finalismo se opuso al
Especifismo, porque la idea finalista era que los obreros se organizaban
en tanto que obreros, por su posición de clase, y que esa organización
debería llevarlos a la comprensión de su situación de explotación y a
tener una imagen de futuro y de cambio social que estaba expresada
por la más alta expresión de la emancipación humana que era el
Anarquismo. Entonces la declaración anarquista decía: los obreros
organizados, conscientes, tienen que propagar entre sus hermanos las
ideas anarco-comunistas que son las que los llevarán a la liberación
final, pero sin exigir al obrero que se organizaba una adhesión al
Anarquismo. Eso fue lo que se llamó el Finalismo.
Gladys (GLAD): Lo que sería coincidente con el anarco-sindicalismo, a
grandes rasgos…
E. Colombo: Claro, lo que pasa es que ese es otro de los problemas
históricos. En esa época la palabra anarco-sindicalista no existía.
Anarco-sindicalismo empezó a utilizarse entre las dos Guerras y se
generalizó después de la segunda. En realidad la denominación anarco-
sindicalista aparece con la CNT española después del Congreso en el
Teatro de la Comedia cuando se hace la declaración “finalista”, como
dirían los foristas, es decir, la afirmación del Comunismo Anárquico. Y
después, poco a poco se llamó anarco-sindicalista a todo lo que es
organización obrera revolucionaria.
Pero eso oculta también una distinción importante en la historia de las
ideas, que es el conflicto que se hizo evidente en el Congreso de
Amsterdam entre los anarquistas organizadores en el movimiento
obrero y el Sindicalismo Revolucionario. Porque el Sindicalismo
Revolucionario no es sinónimo de Anarco-sindicalismo.
El sindicalismo revolucionario está representado por la Charte d’Amiens
y expresa la situación de la condición obrera en Francia a comienzos del
siglo pasado, que es la base de la discusión de Amsterdam entre
Malatesta y Monatte. Bueno, todo eso para decir que en Argentina, por
ejemplo, la posición especifista no alcanzó a producir verdaderamente
una organización anarquista. Hubo un solo congreso en los años 20 que
no dio nada, y después de la represión del 30, cuando el movimiento
obrero estaba totalmente debilitado con las condenas a muerte, la
represión por asociación ilícita, etc., nace la primera organización
verdaderamente específica que fue la FACA (Federación Anarco-
Comunista Argentina), creada en la cárcel de Villa Devoto durante lo
más intenso de la represión militar.
Yo me fui de Argentina en el 70. Hasta ese momento mi militancia se
centró en la FORA y en La Protesta, el periódico anarquista de más larga
duración de Argentina. En esa época en que yo me fui la corriente
especifista era minoritaria. La gran corriente era la que estaba ligada a
la organización obrera. Cosa que ahora ha cambiado. He vuelto a la
Argentina por primera vez 18 años después de mi partida y algunas
veces más y ahora todo el mundo, salvo los pequeños grupos que se
mantienen o se están desarrollando, como la FORA, que empiezan de
nuevo a publicar su periódico Organización Obrera, la gran mayoría de
los muchachos jóvenes que conozco no se reconocen en otra cosa sino
en el Especifismo, sin tener necesariamente una definición
plataformista.
Yo insisto en la definición plataformista, porque crea, a mi manera de
ver en todo caso, una división importante en el movimiento anarquista.
Porque a través de la Plataforma aparecen formas organizacionales que
llevan a un cierto centralismo democrático.
Hablando de Organización
Gladys (GLAD): Te preguntaba por el tema del Especifismo porque me
parece que es un debate que se está planteando en el Anarquismo a
nivel internacional. Los compañeros plataformistas, que se identifican a
sí mismos como Especifistas y también como anarco-comunistas, son
bastante activos a la hora de proponer su forma organizativa, y me
parece que en cierta manera eso ha planteado a nivel internacional un
debate que por lo que me has estado contando es el de siempre: una
tendencia anti-organizativa y otra ultra-organizativa dentro del
Anarquismo. Y lo que a mí me parece es que entremedias se abre un
espacio teórico y práctico…
E. Colombo: Disculpa que te interrumpa pero, es importante ver que
las tendencias finalistas, de las que hablaba hace un momento, no son
formas anti-organizativas, son formas organizativas pero centradas
sobre las actividades reales de la vida misma. O sea, la idea del anti-
Especifismo finalista es que los anarquistas se organizan en función de
la tarea productiva que les corresponde. Si es el movimiento obrero, se
organizan en el movimiento obrero, organizados bajo las formas
asamblearias, sindicales o sociedades de resistencia, como sea, es un
tipo de organización, lo mismo que los anarquistas se organizan para
publicar, editar, poner en relación con los otros, se organizan para hacer
comunidades, para colectividades barriales, en fin. Pero la organización
tiene una función social que está dada por la función social misma y no
por el hecho de que son anarquistas; es decir, los anarquistas organizan
la anarquía en las tareas que la sociedad les permite, les exige o les
propone, no es una posición anti-organizadora, la organización está
centrada en la tarea y no determinada por la ideología.
Gladys (GLAD): La impresión que tengo, por lo que conozco del
movimiento anarquista de América Latina, es que muchas veces se da
una convergencia entorno a posiciones a lo mejor insurreccionalistas,
anti-organizativas por un lado, y en cierta medida como reacción a a eso
posturas plataformistas…
E. Colombo: Claro, porque la situación actual es muy fluida, muy
cambiante. […] Hay dos tipos de Insurreccionalismo: hay una posición
insurreccionalista que está ligada al desarrollo del movimiento social, es
decir, que la insurrección, como es mi posición, es algo necesario en el
camino hacia la revolución. Y otra, es la posición de la revolución
inmediatista, que es el no future, no hay futuro, lo que hay que hacer es
la acción armada, la rapiña o la expropiación individual forzosa… No es
la misma forma de Insurreccionalismo. Esas dos formas coexisten en
ciertos momentos sociales en otros se distancian, una palabra las unifica
pero la realidad social las diferencia.
Los movimientos espontáneos
Gladys (GLAD): Nuestra percepción, mía personalmente y creo que
compartida por el resto de compañeros en nuestro grupo de afinidad,
es que entre ambas posturas se abre un espacio teórico y práctico muy
importante que sería el más propio del Anarquismo que busca una
incidencia social, pero que le falta un poco de articulación en el sentido
de dotarse de unos contenidos teóricos más explícitos y una práctica
también. ¿Te parece también que existe ese espacio para rellenar?
E. Colombo: Seguramente porque, además, es lo que se presenta al
espíritu de todo militante cuando se discute sobre los movimientos,
vamos a llamarlos movimientos espontáneos de masas; es decir, el
hecho de que la gente se rebele y busque organizarse a través de
movimientos en las plazas públicas, en la ocupación de ciertos espacios
particulares (no es lo mismo ocupar las plaza que ocupar las fabricas), es
visto como un movimiento de tipo espontáneo, y habría que explicar
por qué se los considera espontáneos, porque no lo son especialmente.
Algo de la experiencia histórica se reproduce en ellos. Y ese algo es la
posición básica del movimiento revolucionario anti-autoritario, es la
construcción de un espacio político plebeyo: la gente decide en común,
en asambleas primarias; sobre la asamblea primaria se instalan formas
de delegación controlada, y sobre eso se desarrolla un tipo de expresión
de la acción pública que niega los líderes, que se opone a la aparición de
formas de delegación permanente que reconstruyen el poder político.
Todo esto es la base misma de lo que formó el movimiento
revolucionario anti-autoritario.
Esto se produce de una manera que se dice espontánea porque la gente
lo pone en marcha sin saber de dónde viene, pero el espontaneísmo,
como siempre ha sido el caso, no expresa más que las tendencias que
han arraigado y que no reconocen sus propias fuentes. Pero es lo que
hizo la gente del pueblo el 18 de julio del `36, se levanta y se lanza a la
lucha espontáneamente y comienzan a hacer las colectividades. Lo
hacen espontáneamente, pero ¿por qué? Porque hubo 3 años de
insurrección antes y 20 años de propaganda anarquista. Ese es el
terreno para que la espontaneidad se exprese. Lo mismo pasa con los
movimientos actuales, el hecho de que la estructura anti-autoritaria de
las asambleas se produzca espontáneamente es la consecuencia de una
tradición, una historia, que ha puesto ese tipo de problemáticas en el
primer plano.
Y lo que discutíamos ayer, los problemas que aparecen, que se
plantean, por ejemplo la dificultad de mantener una actividad
asamblearia con una cierta permanencia y el hecho que eso exija una
participación, que ocupe tiempo, y la decisión de meterse en el asunto,
eso crea nuevos problemas. Nuevos problemas que para nosotros son
fundamentales y nos interesan porque nos ponen frente a la dificultad
de resolverlos en la practica por ejemplo, lo que se decía ayer: en una
asamblea de los Indignados tu vienes con un programa anarquista y te
van a decir “no no, si los anarquistas traen un programa son como los
políticos…”, ahí está el problema, cómo se hace para plantear ideas que
son fundamentalmente emancipadoras y necesarias, ya que sin una
comprensión de lo que uno quiere hacer la acción se agota en sí misma,
sin ideas, sin proyecto, el movimiento no puede avanzar, entonces
¿cómo se articula el proyecto y la acción?
¿Cómo puedes hacer comprender que hay una finalidad que va más allá
de la situación inmediata, finalidad que es la transformación
revolucionaria de la sociedad, y cómo esa transformación exige formas
de actividad que se prolonguen más allá del movimiento espontáneo
que se agota en sí mismo? Esa problemática no tiene una solución ya
hecha, de una pieza, no la puede tener porque yo creo que lo que se
está gestando, como hemos visto en España, pero también en Estados
Unidos, también en Israel, en distintos lugares, es la aparición de un
nuevo sujeto revolucionario, es decir, el sujeto colectivo, el sujeto
revolucionario no está determinado históricamente con anterioridad o
sea la visión marxista de origen de que el proletariado tienen que
cumplir la misión histórica de transformación de la sociedad, ese sujeto
revolucionario no existe, ni existió tampoco antes, es una visión del
espíritu. Pero lo que es cierto es que en cada revolución, el proceso que
lleva a la revolución es la gestación de un nuevo sujeto revolucionario
que se expresa en el acto, en el momento insurreccional.
Para dar un ejemplo de lo que quiero decir. La revolución francesa, que
es el modelo digamos, se dice que es una revolución burguesa, eso es
absolutamente falso. La burguesía es la que se queda con el producto
del proceso revolucionario, la que expropia la revolución en su
provecho. El proceso revolucionario comienza con las insurrecciones
campesinas. Todos los castillos de Francia son quemados durante los
dos años antes del 14 de julio. El 14 de julio está presente una burguesía
esclarecida, que es la que tiene las cosas más claras, pero al mismo
tiempo se pone en marcha el proceso seccional con el movimiento sans
culotte, que es lo que va a servir de germen de otra revolución en el
seno de la revolución. Luego, cuando la burguesía retoma la posición
dominante, la revolución deja de existir. Todo esto para decir que no es
una revolución burguesa, sino que es un proceso que ha gestado un
sujeto revolucionario compuesto, complejo que incluye clases y
fragmentos de clases dominadas y que es él el que lleva a cabo la
revolución antes que una fracción de la burguesía se apropie del poder
político.
Por cierto que lo que posiblemente se está produciendo en estos
momentos -tal vez es sólo nuestro deseo- y que no es visible
directamente, porque toda situación histórica es siempre opaca a los
ojos del que la vive, es esta construcción de un proceso que nos lleve
hacia una mutación profunda de la sociedad y que se hará en sentido
libertario solamente si somos capaces de influenciar el cambio con
nuestra acción en cada momento del presente.
Son esas modificaciones subterráneas las que dan la impresión que los
movimientos aparecen bruscamente y las gentes que los vive, incluso
los militantes que se están preparando y luchando, se sienten
sorprendidos cuando aparece. Yo creo que es lo que está pasando, que
nuestra tarea es la de siempre, mantener y profundizar un tipo de
estrategia, si se pude llamar de esa manera, de difusión de las ideas, de
difusión de las formas organizativas prácticas.
Para mí es muy importante, lo hablábamos ayer, cuando Bakunin afirma
que en el proceso revolucionario “la acción está dirigida por las masas
nada más. Pero los individuos son fundamentales en la construcción de
las ideas y de las formas organizativas que expresan o que pueden
expresar lo que el pueblo quiere en esa situación insurreccional“.
Bakunin quería evitar la aparición de dirigentes que controlen o que
tengan la pretensión de dar la orientación al proceso.
Rompiendo el imaginario establecido
Gladys (GLAD).: Con esto nos hemos metido de lleno en el otro gran
tema del Anarquismo a nivel internacional ahora mismo, y local
evidentemente, que es precisamente la implicación de las anarquistas y
las vías de participación que se abren con el surgimiento de estos
movimientos espontáneos, espontáneos relativamente hablando
porque vienen de un trabajo previo. Algo que comentábamos ayer es
también que este tipo de movimientos tampoco se da en un vacío
político. El hecho de que la gente no tenga una participación política
activa y radical no significa que no tenga un imaginario político, lo que
tiene es el imaginario político del sistema entonces eso muchas veces
nos ha dado la impresión de que aunque las formas organizativas
espontáneas sean anti-jerarquicas, horizontales y demás, les lleva a
reincorporarse muy rápidamente otra vez al funcionamiento político
normal en el momento en que se dan las condiciones de normalidad,
como lo que pasó en argentina con el corralito en el 2001.
E. Colombo: Y una cosa que hay que ver bien claro : Todos estamos
socializados en un tipo de sociedad. Nosotros vivimos en una sociedad
llamada democrática que es fundamentalmente una oligarquía, un tipo
de elite, que controla el proceso político. Y la gente está formada a ver
el mundo a través de esas formas jerárquicas, todos, los anarquistas
también. Es que nosotros hemos adquirido otra visión contestataria,
rebelde, nos ponemos en contra, la combatimos, pero en el fondo
cuando aparecen las situaciones emocionales profundas en distintos
aspectos, reaparecen esas formas jerárquicas de las relaciones
interpersonales, que están en el origen de la socialización del niño, en la
familia. Bakunin decía que en un rincón oscuro del cerebro del más
activo, ardoroso, hijo del pueblo, duerme un policía. Es decir, nosotros
también tenemos que luchar contra una parte de la sociedad actual que
está interiorizada en nosotros mismos. Ese proceso se va a producir de
una manera evidente en el proceso revolucionario. Si hay una sociedad
futura anti-autoritaria, la tendrán que crear al mismo tiempo los
hombres capaces de vivir en ese modelo de sociedad. Los hombres de
hoy no son capaces de vivir en una sociedad libre. Tiene que haber toda
una transformación profunda de la sociedad.
Lo que ocurre en la situación actual, yo pienso, es que uno de los
elementos centrales de la situación política, es lo que podríamos llamar
la apatía política de la mayoría. ¿Por qué? No es porque la gente del
pueblo no vea la necesidad de cambiar la sociedad, sino porque no ve la
posibilidad de hacerlo. Cada uno tiene el sentimiento, que le ha
inculcado el sistema, de que individualmente no puede hacer nada, y
colectivamente no tiene las formas organizacionales para ir más
adelante. Entonces hay como un freno de la acción política dado por la
desilusión que produjo el siglo pasado a través probablemente del
sufrimiento y la derrota.
El proceso revolucionario fue muy activo en la primera mitad del siglo
XX, hasta culminar en la revolución española, pero todas las revueltas
fueron ahogadas en sangre. Además tuvimos las experiencias de los
totalitarismos. Una parte del proceso de emancipación socialista quedó
estancado y ahogado por el bolchevismo. Todo eso produjo, sobre todo
a partir del último cuarto del siglo pasado, a partir de los ’60, que es
cuando comienza la desilusión global, la pérdida de las aspiraciones
revolucionarias, a pesar de algunos sobresaltos como en el ‘68.
Gladys (GLAD): Como tu decías para que pueda surgir un movimiento
espontáneo la gente tiene que estar dotada de un imaginario colectivo
diferente, un imaginario colectivo revolucionario diferente del que ha
implantado el sistema mediante el proceso de enculturación.
E. Colombo: Claro, y ese es un proceso lento de formación del sujeto
revolucionario.
Gladys (GLAD): El problema es la relación que tiene ese nuevo
imaginario colectivo revolucionario que se está intentando crear con
una contra-cultura, porque efectivamente ese imaginario va a dar lugar
a una contra-cultura, y ésta hasta qué punto corre el riesgo de
convertirse en un ghetto y quedarse en un ámbito en que ya no pueda
dar el salto.
E. Colombo: Yo personalmente soy reticente a los movimientos
llamados contra-culturales. Pienso que si bien el desarrollo de una
cultura alternativa me parece fundamental, esta contra-cultura debe
estar ligada a la acción social y política, es decir al hecho de que es la
lucha en los espacios públicos o las fabricas, los lugares de trabajo, las
ocupaciones, la que crea el movimiento social y la dinámica
revolucionaria. No es quedándose en procesos puramente culturales,
como aparece en cierto Anarquismo un poco místico, o dandy. A lo que
lleva esto es a la idea, para mi primordial, de que la revolución, si
llegamos algún día a realizar algo que tenga un sentido revolucionario,
será la obra de la gente del pueblo, no de los revolucionarios. Los
revolucionarios no hacen la revolución; la cuestión de las “minorías
actuantes” es fundamental, pero no son los diferentes ni los marginales,
sino la gente común que participa, que va al trabajo todos los días, la
que puede producir una revolución.
Gladys (GLAD): Para explotar tu faceta de psicólogo, hasta qué punto se
puede generar ese imaginario colectivo revolucionario sin redundar en
una contra-cultura.
E. Colombo: Eso es difícil de decirlo. Desde el punto de vista psicológico,
lo que es interesante, es que las ideas no funcionan en el vacío, en el
limbo, sino que están relacionadas con la actividad humana, y con las
pasiones humanas. Las ideas son activas, vivaces, cuando se unen a los
deseos y emociones de los hombres y mujeres que las viven, y pueden
adquirir así una fuerza colectiva.
Las ideas de emancipación, de libertad, de igualdad, están siempre
presentes, ellas existen intelectualmente, pero en el correr monótono
de los días están desconectadas de la realidad, son como ideas utópicas,
es decir, todo el mundo, si uno lo pregunta, las conoce pero no
intervienen en la vida colectiva. ¿Cómo se integran a la realidad
cotidiana? Yo creo que es a través de los procesos sociales en los que
nos sentimos involucrados. Por eso insisto en que la revuelta o las
insurrecciones colectivas son un momento necesario en los procesos
revolucionarios. Es la insurrección colectiva la que rompe la capa de
plomo del imaginario establecido. Es en el momento en que ese
imaginario establecido se fractura, que la gente entra a participar, a
hacer vivir y a apropiarse de las ideas manumisoras
Lo que quiero decir con esto, es que nosotros no pensamos solos, ni
nosotros ni nadie. Es un error creer que uno piensa solo, uno piensa con
el mundo, piensa con los otros, uno piensa con lo que es y con lo que
puede ser, con lo que existe y con lo que podría existir, con la realidad
en la que uno cree que está y en la que los otros dicen estar, y eso
estructura el pensamiento, crea el imaginario colectivo, y al mismo
tiempo el imaginario individual se articulan en los movimientos de lucha
que hacen que la gente adquiera conciencia de su situación. Lo vemos
cada vez que hay un proceso social importante como las grandes
huelgas, es en la acción donde la gente se politiza, después unos se van
y otros quedan.
Gladys (GLAD): Ese es en parte el análisis que hacíamos nosotros del
movimiento de los Indignados en España. Lo importante no es tanto el
movimiento en sí, sino lo que va a quedar de ese movimiento en dos,
tres o cinco años en el sentido de, digamos, generalizar ese imaginario
revolucionario, generalizar estas opciones.
Elaborando ideas
Gladys (GLAD): Retomando el tema de los movimientos sociales. Como
tu decías es natural que se resquebraje el techo de plomo del
imaginario institucional, en el que nos enculturizamos todos. Eso
depende en buena medida de la propia situación del sistema, es decir
en la medida en que el sistema sea capaz de mantener y dar una cierta
estabilidad a sus discursos, que en el caso del capitalismo actual es un
discurso de la opulencia…
E. Colombo: Sí, pero es en ese nivel donde yo creo que intervienen los
movimientos colectivos como instrumentos de ruptura del imaginario
establecido. El sistema ha aprendido, -digamos que en el proceso
histórico los defensores del sistema han aprendido- a utilizar los medios
represivos de manera más inteligente y más solapada. Por ejemplo, en
la época en que yo entré en el movimiento, el Anarquismo estaba
totalmente perseguido. Ser anarquista significaba ir a la cárcel. Eso ha
ido desapareciendo poco a poco. Porque hoy en día no son las ideas en
tanto tales las que inquietan al poder político, te dejan hablar, con tal
que tus palabras queden encerradas, aisladas, en ese especie de ghetto
que el Estado crea para controlar la disidencia. Por ejemplo, si tu
quieres hacer pornografía hazlo en el lugar que corresponde y nadie te
va a decir nada, pero si no lo haces donde corresponde tendrás un
problema. Si tu escribes en el Le monde Libertaire o en el periódico
anarquista X, confidencial, de una circulación reducida, escribes por
ejemplo: “necesitamos usar la violencia, poner bombas, destruir la
sociedad”, nadie se ocupará de ti; si logras publicar eso en un medio de
gran difusión tendrás que rendir cuentas
Es decir el sistema ha aprendido a manejar ese tipo de cosas. Por eso en
las ideas lo importante es su re-elaboración en la acción, no para
modificar lo que uno piensa, sino para elaborarlas sobre la situación
real, actual, para que prendan en la carne y la mente de los oprimidos.
Gladys (GLAD): ¿Crees que se están haciendo contribuciones para llenar
ese espacio? Además, como comentábamos ayer, esos movimientos
espontáneos no sólo abren un campo de aplicación de nuestras ideas,
sino que también nos obligan a replanteárnoslas. Vemos que hay cosas
que funcionaban para un grupo de 20 personas que no funcionan para 3
mil, entonces tenemos que replanteárnoslas.
E. Colombo: Hay un aspecto que es importante de tener en cuenta, lo
que Foucault llama episteme, que es la estructura de un conocimiento
de base propio a una época a partir del cual uno piensa, que sin ser un
conocimiento inconsciente no es tampoco crítico y por lo tanto
permanece como latente en la mentalidad colectiva. Nosotros damos
por sentado una cantidad de cosas y a partir de ellas pensamos.
Yo, que soy muy crítico de las teorías del poder de Foucault, pienso que
la discusión que se ha entablado últimamente con lo que se llama el
post-Anarquismo es una discusión importante, porque obliga al
Anarquismo a revisar las ideas vigentes en una cantidad de espacios
intelectuales que no son directamente anarquistas, pero que están
influenciados por las ideas anarquistas o libertarias. El post-Anarquismo
construye un puente con el neo-liberalismo al reactivar, sin darse
cuenta, un campo epistemológico construido sobre el viejo arquetipo de
la sumisión, donde el sujeto es un sujeto sometido por las redes que
tejen las practicas y discursos que lo condicionan, digamos para ser
breves, un sujeto determinado por la estructura del sistema.
Gladys (GLAD): Se trataría entonces más que nada de cambiar lo que se
asume como de sentido común, lo que se entiende como lo normal.
Entonces, cómo podemos los anarquistas incidir en ese proceso, porque
evidentemente nuestra práctica de divulgación, nuestra propaganda, ha
fracasado los últimos 30-40 años, no ha conseguido romper este
imaginario e implantar uno nuevo.
E. Colombo: Porque un imaginario colectivo, un mundo de
representaciones y creencias, no puede marchar solo; por un lado está
el trabajo elaborativo a través de la discusión ideológica que toca a ese
nivel, y al mismo tiempo ese trabajo debe estar ligado a los procesos
sociales, como estábamos hablando antes, porque esos dos procesos no
son extraños entre sí.
Hay un elemento en sociología que siempre ha sido fuente de fuertes
discusiones: ¿Cómo pasan las ideas a la realidad social? Yo pienso que el
pasaje está en el doble movimiento de la elaboración crítica de las ideas
y en los movimientos sociales de desobediencia, de protesta, de
insurgencia. Es ahí donde se hace esa conjunción, aunque esa
conjunción no sea evidente para los que la viven.
Gladys (GLAD): Un profesor mío decía que la principal tarea pendiente
de la filosofía del pensamiento moderno era dilucidar la convergencia
entre el individuo y la sociedad, se puede pensar el individuo, se puede
pensar la sociedad, pero es mucho más difícil pensar en el proceso en
que se articulan ambos.
E. Colombo: El problema es interesante, en eso estoy trabajando en
estos momentos. La idea misma de que hay un individuo y hay una
sociedad es ya una idea del sistema, porque el “individualismo” está en
la base del pensamiento liberal. Según esta ideología, el individuo es
libre y completo en el estado de naturaleza y cede una parte de su
libertad para entrar en sociedad. Como si la libertad pudiera existir para
un individuo solo, aislado, antes de encontrarse con los otros. Es una
posición atomista, liberal. En realidad el “individuo” es fabricado por el
medio social. Detrás de la imagen del individuo se perfila el sujeto
agente de sus actos que se construye como tal en la serie de
interacciones sociales que lo movilizan desde la cuna hasta la tumba. Mi
identidad es una identidad que yo me he construido, haciendo mía o
metabolizando la influencia de los otros, de todos los otros, porque ella
depende del grupo lingüístico, de la familia, del grupo local, etc., pero
soy yo quien la asume y la integra.
Desde el punto de vista social es la autonomía del sujeto y no la
independencia del individuo la que tenemos que defender. El individuo
independiente es el individuo que soporta todas las dominaciones. El
sujeto autónomo es el proyecto a construir socialmente, y ese sujeto es
siempre un sujeto-agente, un autor, un sujeto activo, yo soy individuo,
pero soy un individuo colectivo, soy un sujeto construido, o auto-
construido, en la relación con los otros.
Gladys (GLAD): Como decía Bakunin sobre una sociedad de hombres
libres se podrá construir hombres libres, personas libres. Como tu
decías por mucho que nosotros intentemos liberarnos de todas estas
determinaciones heterónomas que adoptamos del sistema mediante el
proceso de enculturación, el sistema es un ente más, tampoco existe en
un abstracto metafísico lo construyen siempre los demás. Entonces lo
que se plantea es lo de siempre de los movimientos de transformación y
sobre todo del Anarquismo, cómo se da el paso, cómo las personas que
no pueden llegar a ser libres porque no han crecido en una sociedad
libre, pueden construir una sociedad libre.
E. Colombo: Eso es lo que decíamos hace un rato. Para mi ese proceso
se da en el combate social, por eso valoro fundamentalmente los
momentos insurreccionales, porque son los momentos en los que se
produce la irrupción de lo diferente, de lo excluido, en que se extiende
el horizonte de lo posible, y las ideas heterogéneas al sistema se hacen
visibles y audibles para la gente que vive en el tiempo de las
revoluciones.
Gladys (GLAD): Antes de concluir, una de las cosas que nos parece
importante en nuestro grupo es que la gente sea consciente de que
cuando se habla de crisis capitalista, crisis de la deuda, que tampoco la
economía es un aspecto desligado de la sociedad que exista
autónomamente en un limbo metafísico que se imponga sobre la
sociedad es decir nosotros la reproducimos continuamente,
reproducimos el sistema capitalista, somos nosotros los que
reproducimos la crisis cotidianamente y somos nosotros también los
que tenemos la posibilidad de cambiarla igual que podemos cambiar
cualquier otro aspecto de la sociedad si nos decidimos a ello.
E. Colombo: Fundamentalmente porque los procesos sociales funcionan
como un todo. Es decir la crisis puede ser financiera, pero la crisis
financiera está ligada a los Estados nacionales. Las elites que controlan
los Estados nacionales están articuladas directamente con los agentes
internacionales de la circulación de capital. Nosotros no podemos
olvidar, en tanto anarquistas, que uno de los elementos fundamentales
de nuestra posición es la abolición de la propiedad privada.
Actualmente la gente habla como si la propiedad privada no se toca, ni
se discute, sino que está ahí como un hecho natural. No, la propiedad
privada, la idea de que un individuo es propietario, o un grupo o clase
tiene la propiedad de los medios de producción o de la tierra, es uno de
los elementos centrales del sistema, que se está en alguna medida
olvidando de combatir porque se considera que atacar el derecho de
propiedad es una idea utópica.
Gladys (GLAD): Por eso me parece que el Anarquismo ocupa en el caso
de esta crisis un lugar clave o sea está en una parte del discurso político
que es imprescindible. Porque a través del devenir izquierda marxista,
socialdemócrata y demás han llegado a tener una dependencia teórica
también del sistema. Después de la caída del bloque soviético después
del abandono de los modelos de partido, en un nivel epistemológico, y
del modelo autoritario no tienen prácticamente ningún discurso, el
único discurso que pueden aportar es “gestionemos el capitalismo de
una manera diferente”, “en vez de aplicar recortes apliquemos políticas
de estimulación de empleo”, pero no son capaces de trascender el
discurso del sistema capitalista.
Entiendo que los anarquistas somos los únicos que en estos momentos
podemos aportar, previa elaboración extensa evidentemente, o
seguimos manteniendo un discurso plenamente revolucionario y somos
los únicos que estamos en una posición de aportar elementos para
construir ese nuevo imaginario colectivo.
E. Colombo: Yo creo que la justeza de nuestra posición de base nos
permite avanzar en la elaboración de las ideas, pero nos falta un trabajo
en un nivel económico-social. ¿Cómo funcionan, por ejemplo, el
capitalismo en el entrecruzamiento del Estado y las finanzas
internacionales? Estamos preparando, en el equipo de la revista
francesa Réfractions, un número sobre el Estado y las modificaciones
actuales a nivel nacional e internacional, y nos interesa un aspecto
difícil. ¿En qué manera la pérdida de soberanía los Estados nacionales
está ligada a la circulación de capitales, y cómo se recomponen las élites
político-financieras que aprovechan de la situación? Pero la gran
mayoría de economistas no tienen un pensamiento que le permita salir
del sistema económico para verlo.
Gladys (GLAD): Otro aspecto que nos parece muy interesante de estos
movimientos espontáneos es que van ligados de una manera más
telúrica, menos espectacular, es que van ligados a la construcción de
alternativas prácticas. No necesariamente son procesos que se den
conjuntamente pero si son procesos convergentes. por ejemplo en el
caso de España se vienen dando la construcción de redes de
cooperativas agroecológicas ,de producción y de consumo, que ahora se
han imbricado con las asambleas populares, con iniciativas de
autogestión de la salud, nos parece muy interesante porque, como una
vez me corrigió un compañero en una feria del libro, es necesario
otorgar alternativas a la gente no sólo en términos ideológicos de que
vas a construir un imaginario, sino además prácticos: Vamos a funcionar
así. Además, este tipo de iniciativas nos permite ensuciarnos las manos
con la autogestión. En este sentido esto incidiría en una discusión que
había el otro día acerca de una revolución-blanda/revolución-dura. Es
decir la construcción de este tipo de estructuras no van a sustituir nunca
a una revolución propiamente dicha, una insurrección armada que es
evidentemente necesaria en última instancia. Tu crees que puede ser
una aportación interesante la construcción de este tipo de iniciativas.
E. Colombo: Yo creo que todas estas iniciativas son fundamentales, si se
ven a si mismas como formas combativas para una nueva sociedad y no
como una forma de adecuación interior a la sociedad en que vivimos,
ese aspecto es muy importante. A lo largo de mi vida he visto lo que ha
pasado con las comunidades, por ejemplo, si una comunidad se cierra
en su vida interna, fracasa necesariamente, la sociedad global la
fagocita. Si esa comunidad, como se decía en la Comunidad del Sur
(Montevideo), se concibe a sí misma como una comunidad combatiente
por un futuro nuevo, ella tiene un valor positivo aunque sucumba frente
al poder represivo.
Gladys (GLAD): En ese sentido seriamos las anarquistas los que
podríamos darle esa finalidad y ese objetivo de nuevo finalista.
E. Colombo: Pienso que sí, que es uno de los elementos centrales. Si
abandonamos la dimensión utópica del cambio, seguiremos repitiendo
de una manera acrítica todas las perversiones del sistema. “Cuando el
proyecto no existe el gesto de la revuelta se transforma en repetitivo”.
Te revelas porque te hace mal, porque no soportas más, pero mañana
tendrás que revelarte de nuevo, y pasado tendrás que hacerlo otra vez.
Tendrás el destino de Sisifo.
Gladys (GLAD): En ese sentido sería también lo que llevó a fracasar el
movimiento espontáneo de Argentina en 2001, el no tener una visión de
transformación del sistema.
E. Colombo: El “que se vayan todos” era una expresión de deseo, pero
¿y después? ¿A quién ponemos en el lugar para llenar el vacío? Había
que poner a alguien en el Trono, porque no se habían pensado otra
cosa. Entonces pusieron a todos los que estaban antes.
Gladys (GLAD): Para terminar y antes que nada darte las gracias por la
entrevista y dedicarnos una hora larga de tu tiempo…
E. Colombo: Nada, es interesante siempre discutir, te obliga a pensar
las cosas de nuevo.
Gladys (GLAD): Efectivamente, me parece que nos encontramos en un
momento crítico para en Anarquismo, es una enésima hora final que
afrontamos en la que tenemos que producir algo, que tener que
conseguir un efecto, y nos encontramos un poco con todo por elaborar,
como se llama un periódico que publican unos compañeros está todo
por hacer. Tienes también esa impresión de que si dejamos pasar esta
oportunidad nos enfrentamos a lo mejor a una capitalismo diferente
pero capaz de reconstruir su discurso para otros 30 o 40 años.
E. Colombo: ¿Yo prefiero no dar una respuesta por una razón simple, no
quiero ser optimista, ni tampoco quiero dejar el optimismo para
tiempos mejores, como se dice. Para mi siempre tuvo un valor personal
una frase de Landauer que dice que “los hombres creen que llegará un
día en que serán libres e iguales cuando hayan destruido los obstáculos
que le impiden serlo, sin darse cuenta que sólo lo son mientras luchan
para conseguirlo.”.
Organizadores y antiorganizadores en la
Argentina de fin de siglo1
Una mirada hacia el pasado puede ser un modo de acrecentar la
conciencia crítica de nuestra situación presente. La historia del
movimiento revolucionario nos ayuda a ver y a buscar esa articulación
de la idea y la práctica, del proyecto y la acción, que es la condición
necesaria para morder sobre la realidad, para transformar el mundo.
El problema de la organización se planteó desde que comienza a existir
el movimiento comunista anárquico. Y no surgió, como podría creerse,
de una crítica del anarco-individualismo filosófico o terrorista. Fue una
discusión estratégica dentro del anarquismo social, obrero y
revolucionario. Veamos un ejemplo ya lejano tanto en el tiempo como
en el espacio: los orígenes del anarquismo en la Argentina.
Corren los últimos años de la década de 1880. Buenos Aires conoce las
primeras tensiones de la industrialización. En toda la Argentina
(2.700.000 km2) vivían entonces unos 4 millones de personas y el 37%
de la población se agrupaba en ciudades de más de 2 mil habitantes. Es
la época de la gran inmigración de origen europeo que se desarrolla
entre 1869 y 1914. Al final de esta ola inmigratoria los “extranjeros” -es
decir los habitantes nacidos en otras latitudes- forman la mitad de la
población activa total.
En 1880-1890 la agitación obrera fue importante y las huelgas
numerosas. Paran los ferroviarios, zapateros, obreros de los trabajos del
Riachuelo, peluqueros, gráficos, cigarreros, albañiles, panaderos...
En 1887 Malatesta, de paso por Buenos Aires, -como veremos
enseguida- había contribuido a fundar el primer sindicato obrero del
país, la Sociedad de Resistencia de Obreros Panaderos. La actividad de
los anarquistas imprimió una orientación revolucionaria y de acción
1
*Publicado en: La Lanterne Noire, N° 6-7 Paris, noviembre de 1976
directa que fue duradera en el sindicato y que marcó mayoritariamente
el movimiento obrero argentino organizado en la Federación Obrera
Regional Argentina (FORA) por más de 30 años.
Las polémicas y las rivalidades entre anarquistas y socialistas eran
intensas en aquella época, en Argentina como en todas partes, ya que lo
que estaba en juego era la influencia de un proyecto político
determinado sobre la organización y la acción del proletariado naciente.
Además del hecho que anarquistas y socialistas formaban parte de una
misma familia. No hay que olvidar tampoco que el socialismo de la
época espantaría por su radicalismo a los socialistas actuales y que la
separación definitiva de las dos corrientes no se había efectuado
todavía en el plano internacional. Cosa que ocurrió en Italia en el
Congreso de Génova en 1892 e internacionalmente en el Congreso de
Londres de 1896 .
Pero lo que nos interesa ahora es la discusión en el interior del
movimiento anarquista entre organizadores y antiorganizadores.
En la Argentina la corriente anarco-comunista era, en esos años de fines
del 80 y comienzos del 90, mayoritariamente anti-organizadora.
La primera manifestación del anarquismo en Buenos Aires que nos es
conocida fue la creación del Centro de Propaganda Obrera de
orientación bakuninista, en 1876. A partir de 1879 se publica un
periódico El Descamisado, pero el primer intento duradero fue El
Perseguido que agregaba al título: Periódico anarquista. Aparece
cuando puede. Se publica por suscripción voluntaria. El primer número
salió a la calle el 18 de mayo de 1890. En el origen de la publicación
estaba el grupo Los Desheredados, ya sistemáticamente acosado por la
policía.
La posición de Los Desheredados era claramente anarco-comunista y
era ésta la corriente ideológica que prevalecía en los círculos
anarquistas al comienzo de la década del 90. Es la línea que va a
defender encarnizadamente El Perseguido.
La preeminencia del anarco-comunismo y los nombres mismos de los
grupos y periódicos nos dan una idea de lo que va a ser la característica
del anarquismo en la Argentina: un movimiento de masas
revolucionario y obrero.
Las discusiones entre corrientes rivales dentro del anarquismo eran
importantes pero más bien teóricas y en cierto sentido eran una
prolongación de problemas europeos. Por ejemplo, la discusión de los
que defendían el anarco-comunismo se mantenía con los anarco-
colectivistas que aportaban las definiciones de la Federación Regional
Española y con los anarco-socialistas italianos.
Desde este punto de vista Malatesta tuvo mucha influencia en la
Argentina porque se encontraba en una posición de bisagra: defendía
una línea organizativa y representaba el comunismo anárquico.
Por esos años Malatesta, de regreso a Europa, preconizaba desde
L’Associazione la constitución de un partido internacional socialista-
anárquico revolucionario y los anarquistas de Buenos Aires ligados a la
tendencia anarco-socialista (que eran en buena medida italianos)
enviaron un delegado al congreso territorial de Capolago . El Perseguido
criticó las resoluciones del congreso que, “al querer atenuar la
disparidad entre las diferentes corrientes en el anarquismo, hace
confusa la imagen de la sociedad anarquista futura que es la meta final
de la revolución”, como así también criticó el proyecto de organizar un
“partido anarquista”. La idea misma de federación era considerada por
esta tendencia como contraria a los principios del anarquismo en
relación con la organización obrera y no ya con la organización
específica. Lo que se discutía no eran cuestiones abstractas y de
principios sino problemas mucho más concretos y cotidianos: la
estrategia y la táctica de la acción revolucionaria frente a las
reivindicaciones de clase y a las organizaciones de defensa del
proletariado.
Sobre el trasfondo de la crisis económico-financiera en la Argentina del
90 la polarización de clases se acentúa y las luchas obreras se vuelven
cada vez más importantes. En esta época comienzan los primeros
intentos de crear una federación de sindicatos obreros. Los anarco-
comunistas anti-organizadores redoblan sus críticas y extienden su
actitud, negando valor y eficacia a las huelgas en la lucha para conseguir
mejores condiciones de trabajo y salario.
Hubo numerosas huelgas en la época: ferroviarios, sombrereros,
tipógrafos, peluqueros, toneleros, peones municipales, tabaqueros, etc..
El Perseguido manifestaba comprensión por las motivaciones de esos
movimientos, pero añadía que las ventajas logradas eran anuladas por
los patrones a través del aumento del precio de venta de los productos.
Y que las ventajas obtenidas no beneficiaban a la clase trabajadora en
su conjunto sino, a veces, a una parte de la misma, lo que empeoraba la
situación de otros sectores laborales. La clase obrera solo podrá
beneficiarse, decían, denunciando el régimen del salario, haciendo la
revolución social.
Pero a mediados de la década del 90 se produce una evolución
significativa de la tendencia organizadora en el anarquismo. Aparecen
tres periódicos adictos a la corriente pro-organización: El Obrero
Panadero, perteneciente a la Sociedad de Resistencia de Obreros
Panaderos, El Oprimido y La Questione Sociale, en italiano .
El Oprimido se convirtió en un quincenario regular y en un vocero
importante del anarquismo partidario de la organización. Apoyaba
plenamente las huelgas obreras. En un artículo editorial decía: «Toda
huelga, pequeña o grande, salga triunfante o derrotada, será de
resultados excelentes porque entonará más los ánimos... porque nos
adiestraremos en la pelea y porque al fin nos hará comprender que el
camino más corto para llegar a la sociedad igualitaria... es el de la
revolución social.»
La preponderancia inicial de los anarco-comunistas antiorganizadores se
compensa y finalmente se invierte a medida que avanza el decenio.
La tendencia anarco-comunista organizadora, que habría de impregnar
totalmente el anarquismo en la Argentina, encuentra un empuje
fundamental hacia 1897 con la aparición de un nuevo periódico La
Protesta Humana, que es al principio semanario, cambia su nombre por
La Protesta en 1903 y sale cotidiano desde abril de 1904. La Protesta
será siempre el vocero de la organización obrera revolucionaria de
tendencia anarquista (la FORA) en la Argentina.
Después de un primer intento fracasado, la primera Federación Obrera
(FOA) fue fundada en 1901 en medio de una incesante lucha gremial
donde se sucedían las huelgas por la reducción de la jomada de trabajo,
contra el trabajo “a destajo” y el trabajo nocturno. En 1902 se realizó el
2° congreso donde se produjo la escisión de la minoría socialista. En el
4° congreso (1904) la Federación Obrera cambia su nombre por el de
Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y en el 5° congreso se
adopta la resolución finalista anárquica que dará su sello particular al
movimiento obrero revolucionario en la Argentina de la época.
La importancia de esta polémica entre organizadores y
antiorganizadores es que ella tiene lugar en el seno mismo de la
tendencia anarco-comunista y que la resultante final será una influencia
duradera del anarquismo en la organización obrera, al mismo tiempo
que en el movimiento específico persistirá una tendencia más o menos
permanente contraria a la declaración de principios anarquistas en la
organización obrera.
Los antiorganizadores consiguieron que los anarquistas no perdieran su
carácter de tales en el seno de la organización obrera, porque éste era
precisamente su principal argumento: que dentro de las Sociedades de
Resistencia los anarquistas se anulaban, perdían su especificidad
anárquica, y concluían por desentenderse de todo lo que tuviera
atingencia con el ideal, para preocuparse tan sólo de las luchas
gremiales, de las cuestiones relacionadas con los aspectos materiales de
los jornales y de la organización del trabajo .
Por otro lado quedó en el movimiento anarquista de la región un
eslogan como un principio: El anarquismo es específicamente
inorganizable.
Eduardo Colombo es un compañero anarquista de amplia trayectoria. De
origen argentino, ha militado en la Federación Obrera de la Regional
Argentina (FORA), así como también ha sido parte de la CNT francesa, entre
otros espacios en los que ha desarrollado su militancia. Pero si hay un aspecto
por el que este compañero se ha hecho ampliamente conocido es por su
trabajo, altamente riguroso, en el campo teórico de la Idea, desde sus
conocimientos en psicoanálisis, filosofía e historia, convirtiéndose en todo un
referente del pensamiento anarquista contemporáneo. En tal sentido,
Colombo ha desarrollado interesantes aproximaciones a las nociones, entre
otras, de imaginario social y espacio público, las cuales marcan uno de los
ejes que consideramos más importantes de su producción teórica: la que tiene
que ver con su propuesta por articular una filosofía política del Anarquismo.
Colombo colabora actualmente, entre otros, con la revista anarquista de
filosofía política Réfractions. Algunos títulos que destacamos de su amplia
bibliografía son: El espacio político de la anarquía. Esbozos para una filosofía
política del Anarquismo (2000, ed. Nordan-Comunidad); De la polis y del
espacio social plebeyo (1993, en La sociedad contra la política, ed. Nordan-
Altamira); El imaginario social (1989, ed. Nordan-Tupac)