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Amor Fraternal en 1 Pedro 1:22-25

El documento habla sobre el amor fraternal entre los creyentes. Explica que para amar a los hermanos, es necesario experimentar el nuevo nacimiento a través de la Palabra de Dios y obedecer la verdad mediante el Espíritu Santo. También describe cómo el amor debe ser no fingido, entrañable y de corazón puro. El amor es fundamental para los cristianos.
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Amor Fraternal en 1 Pedro 1:22-25

El documento habla sobre el amor fraternal entre los creyentes. Explica que para amar a los hermanos, es necesario experimentar el nuevo nacimiento a través de la Palabra de Dios y obedecer la verdad mediante el Espíritu Santo. También describe cómo el amor debe ser no fingido, entrañable y de corazón puro. El amor es fundamental para los cristianos.
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“EL AMOR FRATERNAL”

TEXTO 1 Pedro 1:22-25

Introducción

Habiendo enfatizado la primera responsabilidad del creyente (santidad de vida, v.14-21), el


apóstol Pedro ahora habla de la segunda responsabilidad, que es la de amar a los hermanos en la
Iglesia. Este es el tema de los versos que estudiaremos a continuación, y es un tema de gran
importancia. Una de las características de la vida cristiana debe ser el amor. El Señor y los
apóstoles lo enfatizaron constantemente (1 Tes 4:9-10; Heb 13:1; 1 Juan 3:18).

El amor fraternal es uno de los énfasis en las cartas de Pedro (1 Ped 2:17; 3:8; 4:8; 2 Ped 1:7). En
estos versos, Pedro describe el camino al amor, y las características del amor. Veamos estos dos
puntos en mayor detalle.

1. EL CAMINO AL AMOR

Amar no es fácil. Amar a los hermanos en la iglesia frecuentemente es difícil. Por eso es
importante hacer la pregunta, ¿cómo podemos amar? Pedro nos ofrece dos respuestas:

a. El Nuevo Nacimiento (v.23)

Dios es amor; Satanás es el homicida. La naturaleza pecaminosa sigue la senda de Satanás, y


tiende a matar; no puede amar de verdad. Por lo tanto, para poder amar a otros, es necesario
experimentar el nuevo nacimiento. Necesitamos tener la naturaleza de Dios, quien es amor (1
Juan 4:8). La marca de la nueva naturaleza es el amor (1 Juan 4:7).

Nuestros padres nos dieron el nacimiento natural; este nacimiento se debe a una “simiente
corruptible”. Produce una vida corruptible; literalmente, una ‘simiente que se decae y se
marchita’. La vida humana es caracterizada por el egoísmo, el rencor, el odio, etc. Somos
capaces de amar, es cierto, pero el amor humano se marchita, decae y se desvanece. En las
tensiones de la vida, el amor humano no dura. No es suficientemente fuerte para soportar los
conflictos interpersonales.

Es por eso que para amar, es necesario un nuevo nacimiento; un nacimiento que proviene de una
“simiente…incorruptible”. Esa ‘simiente’ viene de Dios el Espíritu Santo (Juan 3:5-8). Sin
embargo, Pedro pone el énfasis sobre el papel de la palabra de Dios en el nuevo nacimiento. Él
afirma que el nuevo nacimiento viene “por la palabra de Dios”. Pablo confirma esto. La fe
viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios (Rom 10:17).

Pedro describe dos características de esta “palabra”:


i. Es una palabra que “vive” (v.23b); es decir, tiene vida (es viviente, tiene poder, y
actúa), y produce vida.

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ii. Es una palabra que “permanece para siempre” (v.23b). La vida humana es muy
transitoria; tiene poca duración. La palabra de Dios comparte la cualidad del Autor –
es decir, la eternidad; permanece para siempre.

Las personas a quienes Pedro escribe eran creyentes; ya habían experimentado el poder de la
Palabra de Dios en sus vidas. Habían experimentado el nuevo nacimiento; tenían una nueva
naturaleza. Por lo tanto, su responsabilidad ahora es dejar que esa naturaleza nueva se manifieste
en sus vidas. Una manera de hacerlo, es por medio del amor fraternal.

Aunque experimentar el poder de la Palabra de Dios, en el nuevo nacimiento, es fundamental, no


es suficiente. Todo creyente debe también obedecer la Palabra. Por eso Pedro habla de la
importancia de “la obediencia a la verdad” (v.22). Es por medio de esa obediencia que se logra
la segunda cosa que ayuda al creyente a amar a sus hermanos en la iglesia; a saber:

b. La Purificación Espiritual (v.22a)

Muchas veces hay cosas en nuestros corazones que no nos permiten amar a nuestros hermanos en
la manera que debemos hacerlo. Estas cosas incluyen el egoísmo, los celos, la vanagloria, etc.
Todas estas manifestaciones de la ‘carne’ militan contra el amor fraternal. Por lo tanto, para amar
como debemos amar, tiene que haber una purificación de nuestras almas.

¿Cómo logramos esa purificación espiritual? En dos maneras:

i. “por la obediencia a la verdad” (v.22a)

La verdad a la cual Pedro se refiere es la ‘verdad’ del evangelio (ver v.25); es la ‘verdad’ que
radica en la Palabra de Dios. El creyente ha sido salvo por la verdad; ahora tiene la
responsabilidad de obedecer esa verdad. Es en la medida en que lo hace, que irá purificando su
alma, y abriendo el camino para poder amar bien a sus hermanos espirituales.

REFLEXIÓN: Si no estamos amando a nuestros hermanos, entonces tenemos que preguntarnos


en qué áreas de nuestras vidas estamos desobedeciendo la verdad del evangelio y
de la Palabra de Dios.

ii. “mediante el Espíritu” (v.22a)

Pero, ¿cómo podremos obedecer la verdad, cuando nuestra ‘carne’ nos lleva a la desobediencia?
La respuesta es, por medio del poder del Espíritu Santo. Es solo el Espíritu Santo quien nos
puede dar el deseo de vivir en santidad, de obedecer la Palabra de Dios, y así purificar nuestras
almas (Rom 8:9, 13).

REFLEXIÓN: Si no estamos amando a nuestros hermanos, entonces tenemos que preguntarnos


si estamos viviendo en la llenura del Espíritu Santo (ver Efe 5:18-25). La falta de
la llenura del Espíritu Santo se manifestará en una falta de amor hacia nuestros
hermanos.
2. LA MANERA DEL AMOR

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Habiendo observado cómo podemos llegar a amar a nuestros hermanos espirituales, la segunda
pregunta que debemos contestar es cómo debemos expresar ese amor. Pedro ofrece TRES
respuestas

a. Debe ser un Amor “no fingido” (v.22b)

La palabra en griego significa, un amor ‘no hipócrita’, ‘sin hipocresía’. La palabra ‘hipocresía’,
viene de un término en griego (‘hupocrites’). Esta palabra se usaba para hablar de la máscara
que un actor se colocaba, cuando interpretaba cierto personaje en una obra teatral. La máscara
representaba el carácter de esa persona (alegre, triste, etc.).

Muchas veces, en la iglesia, usamos ‘máscaras’. Es decir, sonreímos cuando a veces estamos
tristes, o hablamos amablemente con alguien, cuando en realidad guardamos un fuerte
resentimiento contra esa persona. Pedro sabía esto. Sabía que es demasiado fácil fingir el amor.
Por eso exhorta a los hermanos a tener un verdadero amor, los unos por los otros. Pablo exhorta
lo mismo, en Rom 12:9.

A veces fingimos el amor, ‘sanamente’, en el sentido que preguntamos el uno al otro por cómo
están, cómo va el trabajo, etc. Esta pregunta pareciera mostrar amor, pero muchas veces hacemos
la pregunta en forma mecánica, sin mayor interés en la persona. Pedro nos animaría a hacer
dichas preguntas con un verdadero interés.

Lamentablemente, a veces fingimos el amor en forma casi maliciosa. Hacemos esto cuando
sonreímos a otro creyente a quien realmente odiamos, o cuando hablamos con gran preocupación
por otra persona, cuando en realidad estamos encubriendo un tremendo celo de dicha persona. A
veces aun pretendemos estar bien preocupados por un hermano, cuando en realidad no lo
queremos, y hablamos mal de esa persona cuando estamos con nuestros amigos.

Pedro indica que todo esto está mal. Es parte de la ‘carne’, y debemos luchar contra ello.
Debemos pedir al Señor que nos conceda un verdadero amor por todos los hermanos en la iglesia.

b. Debe ser un Amor ‘entrañable’ (v.22b)

La palabra que Pedro usa, en griego, significa ‘ferviente’ (ver 1 Ped 4:8). El amor entre
hermanos cristianos no debe ser frío ni formal, sino ferviente. Debe haber un ‘calor’ en ese amor;
ciertos sentimientos de cariño y afecto.

El ‘calor’ de este amor debe manifestarse en acciones concretas. Debe haber la disposición de
perdonar faltas, de tener paciencia con las imperfecciones de los hermanos, de ayudar en
momentos de necesidad, de ser hospitalarios, de valorarse mutuamente, de servir a otros con el
uso de los dones espirituales, etc.

c. Debe ser un Amor “de corazón puro” (v.22b)

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Un peligro del amor entre los hermanos en la iglesia es que la ‘carne’ fácilmente puede llevar a
ese amor por un mal camino. Algunos pueden abusar de ese amor, aprovechándose de los
hermanos de la iglesia, en términos materiales. Otros pueden llevar ese amor por un rumbo
sensual. Pablo advirtió a Timoteo de la importancia de amar a las hermanas en la iglesia
sanamente, tratándolas como hermanas (1 Tim 5:2b). Esto es muy importante, especialmente en
el contacto físico, que fácilmente se presta para otras cosas. Por eso el beso entre los hermanos
debe ser un beso santo (Rom 16:16).

Conclusión

De todas las virtudes cristianas, el amor es la más importante (1 Cor 13). Dios quiere que le
amemos con el ‘primer amor’ (Apo 2:4), y el amor a Dios debe manifestarse en un profundo
amor por los hermanos. El amor es la insignia del creyente; es su marca distintiva (Juan 13:34-
35). En un mundo donde abunda el pecado, la gracia debe abundar – la gracia del amor cristiano.

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