El Franquismo: El Regimen Y La Oposicion: Cuadernos de Archivos Y Bibliotecas de Castilla - La Mancha. 5
El Franquismo: El Regimen Y La Oposicion: Cuadernos de Archivos Y Bibliotecas de Castilla - La Mancha. 5
EL REGIMEN Y LA OPOSICION
VoIumenI
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 2000 - El franquismo, el regímen y la oposición. : actas de las IV Jornadas de Cas[...]
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EL FRANQUISMO:
EL RÉGIMEN Y LA OPOSICIÓN
GUADALAJARA, 2000
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Cuadernos de Archivos y Bibliotecas de
Castilla-La Mancha, S
Este libro ha sido editado con la colaboración del MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA y DEPORTE
Yde la JUNTA DE COMUNIDADES DE CASTILLA-LA MANCHA.
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ÍNDICE
Página
PRÓLOGOS
Pilar Sánchez Castro ........................................................................................................... II
Carlos Flores Varela ............................................................................................................ 13
Manuel M. Martín Galán ..................................................................................... ,.............. 15
Riansares Serrano Morales ................................................................................................. 17
PONENCIA INAUGURAL
Paul Preston. Franco: AnatO/nía de un dictador .............................................................. 21
PRIMERA PONENCIA
Julio Aróstegui. Política y Administración en el Régimen de Franco ............................ 35
COMUNICACIONES
Javier Castillo Fernández. La depuración de funcionarios de la Administración Lo-
cal: El caso de la Diputación Provincial de Murcia. Fuentes documentales y estudio
tipológico ............................................................................................................................. 69
Vicente Camarena Merino. El Poder Local y Provincial en Guadalajara tras la uni-
ficación política, 1937-1941 ............................................................................................... 87
Damián Alberto González Madrid, Pedro Rodrigo Romero. Un comienzo difícil. La
Falange en Castilla-La Mancha ....................................................................................... 103
Heidy Cristina Senante Berendes. La política europea de Franco: La indefinición ante
Europa ................................................................................................................................ 123
Pedro Rodrigo Romero, Damián Alberto González Madrid. El personal político del
primer franquismo en la provincia de Ciudad Real. ¿ Cambio o continuidad? ........... 135
Olimpia López Rodríguez, María Dolores Pereira Oliveira. Una institución fran-
quista en la provincia de Lugo: La Junta Provincial de Protección a la MujerO ....... 159
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Daniel Sanz Alberola. Poder político y conflictividad en la posguerra alicantina ...... 173
Juan Manuel Covelo López. El ordenamiento jurídico-militar en el primer franquismo ...... 189
Domingo García Ramos. Las elecciones municipales del franquis/1lO .......................... 253
Femando Telmis Soto. Los Estados Unidos y la perduración del franquisl1lo. 1939-1959 ..... 285
SEGUNDA PONENCIA
Miguel Ángel Jaramillo Guerreira. Fuentes documentales para el estudio del fran-
quisl1lo ................................................................................................................................ 305
COMUNICACIONES
Ángel Laso Ballesteros. Fondos documentales de las Instituciones Franquistas en
el Archivo Histórico Provincial de Valladolid ................................................................ 337
Carla Cociña Iglesias, Dulce María Yillares Cuba. La Jurisdicción Social en el Régi-
men Franquista: La Magistratura de Trabajo de la provincia de Lugo ...................... 431
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Mariano García Ruipérez, Rafael Gómez Díaz. La Protección Civil en los ayuntamien-
tos espail0les (1941-1975): Organización, competencias y tipología documental ............. 485
Xavier Gayán Félez, LIuisa Rodríguez Muñoz. Censura de prensa y justicia penal
en el régimen franquista ................................................................................................... 503
Pedro López GÓmez. El Archivo del Reino de Galicia en los calabozps (1936-1955) ........ 549
TERCERA PONENCIA
Julián Casanova. Guerra de exterminio, paz incivil: Los fundamentos de la dicta-
dura franquista .................................................................................................................. 579
COMUNICACIONES
Francisco Javier Díaz González. El Tribunal de Orden Público ................................... 591
Julio Prada Rodríguez. Orden Público, Represión y terror blanco. Las milicias de 2"
línea y el control de la retaguardia (Ourense, 1936-1939) ........................................... 635
Pedro Barruso Barés, David O. Melero Sánchez. Para un estudio de la violencia fran-
quista. Elaboración de una propuesta metodológica a partir de la fuentes
archivÍsticas ....................................................................................................................... 651
MESA REDONDA
Moderador: Luis Martínez García. Participantes: Manuel Ortiz Heras, Aurelio Martín
Nájera, Luis Eugenio Togores Sánchez, Maribel Sánchez Maroto, José Luis La Torre
Merino. La recuperación de fuentes del franquismo .................................................... 709
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CUARTA PONENCIA
Alicia Alted Vigil. El Exilio republicano español de 1939: Rasgos de conjunto.
Refugiados en Francia ...................................................................................................... 735
COMUNICACIONES
Miguel Cabañas Bravo. El Exilio Artístico del 39 en México: Etapas y actividad
del artista transterrado durante los años cuarenta ........................................................ 753
QUINTA PONENCIA
Antonio Elorza. Sobre la naturaleza del franquismo ..................................................... 813
SEXTA PONENCIA
Gonzalo Santonja. La cara de anteayer .......................................................................... 835
COMUNICACIONES
Pedro José Pradillo y Esteban. Patrimonio arquitectónico y franquismo. Destruc-
ción y reconstrucción del Palacio del Infantado ............................................................ 845
Pedro Aguilar Serrano. La oposición alfranquismo en Guadalajara entre 1940 y1968 ...... 859
Julián Sanz Hoya. Catolicismo y Anticlericalismo en la prensa falangista de posguerra ..... 907
Cristina Gómez Cuesta. Los fastos del primer franquismo: Celebraciones y con-
memoraciones en Valladolid (1939-1941) ....................................................................... 925
Maria del Mar Araus Segura. La Editorial ZYX, S.A.: Editorial Obrera frente al
franquismo ....................................................................................................................... 1001
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Estando en prensa estas páginas nos llega la triste noticia
del fallecimiento de Carlos Álvarez García, Director del
Archivo Histórico Provincial de Soria.
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Del 9 al 12 de Noviembre del pasado año 1999, se celebraron en Guadalajara,
organizadas por la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La
Mancha, a través del Archivo Histórico Provincial de esta ciudad, las IV Jornadas de
Castilla-La Mancha sobre Investigación en Archivos, cuyas actas ahora presentamos.
A lo largo de esos cuatro días de Noviembre, y como tema central de las Jornadas,
se trataron aspectos fundamentales de nuestra historia, relacionados con un período
histórico de enorme influencia en la configuración de nuestra sociedad actual: el
franquismo.
Con estas Jornadas no hemos pretendido ahondar en un oscuro pasado ni abrir viejas
heridas; no tratamos de sacar a la luz antiguas historias olvidadas, que aún puedan hacer
aflorar odios y rencores ocultos. De lo que se trata es de que una comunidad política
de ciudadanos libres no pueda construirse sobre el olvido y sobre la censura del pasado,
o sobre actuaciones, episodios y documentos cuidadosamente expurgados.
Desde la Consejería de Cultura consideramos que actividades como estas Jornadas,
pueden ayudamos a recuperar la memoria histórica, a recordar lo vivido, a no olvidar
lo pasado, a, en definitiva, conocer para comprender.
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No cabe duda de que la época franquista ejerce un poderoso atractivo en el público.
En muchas ocasiones, los nuevos descubrimientos, interpretaciones o datos relativos
a esta etapa histórica trascienden el ámbito académico para convertirse en noticia
general, seguida con interés por la población. Sin duda, la cercanía cronológica con-
tribuye a ello, de forma que las exposiciones -a veces sólo posiciones- de los inves-
tigadores se comparan casi inconscientemente con nuestra propia percepción del ré-
gimen, con nuestros propios datos, obtenidos de la experiencia personal o familiar. A
lo largo las Jornadas cuyas Actas se publican aquí, los recuerdos personales y las
anécdotas han formado parte de muchas intervenciones. Todavía las alusiones a Fran-
co pueden encontrarse con facilidad en el ambiente, desde tertulias radiofónicas a
canciones, pasando por novelas y hasta por celebraciones deportivas, y en cada caso,
más o menos inconscientemente, más o menos matizadamente, todos tomamos una
postura personal. Esta implicación íntima del público con la Historia no se encuentra
en otros períodos y sería inconcebible si de lo que se tratase fuera, por ejemplo, del
reinado de Fernando VI o del gobierno del arzobispo Gelmírez.
Por otro lado, la documentación relativa a este momento histórico ha estado some-
tida, y en parte todavía lo está, a severas restricciones para su consulta. No sólo las
normas legales impiden el acceso a determinados documentos, sino que también la
propia sensibilidad social ante este asunto ha influido en muchos custodios para
escamotearlos, ocultando su existencia, entregándolos en manos privadas o simplemente
destruyéndolos. Estas dificultades para encontrar datos fiables en los que basar las
investigaciones sobre el franquismo han contribuido, unidas al peso de los recuerdos,
a crear una especie de aureola legendaria -rosa o negra, según la situación personal
de cada uno- en torno a esta época.
Afortunadamente, la situación está cambiando. El mismo paso del tiempo contri-
buye, hasta cierto punto, a desvincular la investigación de las experiencias vitales del
investigador. Los historiadores más jóvenes, salidos de las facultades en los últimos
años, no han vivido el régimen ni siquiera en sus estertores y, en gran medida, lo
contemplan no como parte de su vida, sino como parte de su trabajo. Un síntoma de
este cambio puede ser la proliferación de trabajos basados en fuentes orales, es decir,
la utilización de las percepciones personales como simple dato, sometido a crítica y
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que el investigador analiza desde fuera. Pero, además, las limitaciones y las preven-
ciones sobre el acceso a los documentos escritos también van siendo superadas. Poco
a poco, al ritmo marcado tanto por la legislación como por la menor susceptibilidad
de los custodios, se permite consultar libremente más y más documentación, lo que
suele llamarse «abrir los archivos». En los archivos públicos puede afirmarse que las
únicas barreras a este uso son las estrictamente legales, y también progresivamente cabe
esperar una evolución similar en los archivos privados o en manos privadas.
En este sentido, además, hay que señalar que el material conservado es muy abun-
dante, tanto el que puede libremente consultarse como el que todavía espera su mo-
mento. La Administración franquista fue muy compleja y llegó a burocratizarse hasta
extremos alarmantes. El resultado de ello fue una producción documental inmensa, por
momentos exagerada, que hoy llena en gran medida nuestros archivos, frecuentemente
con el añadido de su grave desorganización. Téngase en cuenta que confusión es una
forma de ocultación. Por eso, también en estas páginas se testimonia el esfuerzo de
los archiveros por ofrecer los documentos de la manera más adecuada, evitando que
los investigadores puedan perderse en una maraña de papeles, fichas y todo tipo de
material informativo generado, a veces de forma casi anárquica, por la maquinaria
administrativa de la época.
Las Jornadas de cuya actividad científica se da aquí testimonio son una de las mejores
formas de tomar conciencia de que los esfuerzos de ambos colectivos, investigadores
y archiveros, están dirigidos al mismo fin, es decir, a la comprensión desapasionada
de un período crucial de nuestra Historia. Y ello no sólo en términos teóricos, sino
en la práctica diaria. Por eso, en esta ocasión como en las tres anteriores, para ANABAD
Castilla-La Mancha es un honor poder participar en ellas y publicar sus Actas. De esta
forma, no sólo creemos que contribuimos al desarrollo profesional de unos y otros, sino
también, en este caso, a arrojar una luz serena y clara sobre un período de nuestra
Historia todavía demasiado oscurecido por el peso de los sentimientos.
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Afortunadamente, ya va siendo una agradable mtina la presentación periódica de
las Actas de las Jornadas de Investigación en Archivos, en cuya organización participa
activamente la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Guadalajara,
con cuya presidencia me honro. En esta ocasión, la cuarta, el tema que centró la reunión,
celebrada en nuestra ciudad del 9 al 12 de noviembre de 1999, fue «El Franquismo:
el Régimen y la Oposición». Del éxito de la convocatoria dan fe el elevado número
de participantes activos, como testificaron en su día las páginas de la prensa local, con
los salones de actos llenos a rebosar en varias de sus sesiones. El interés científico queda
patente en las páginas que ahora ven la luz, donde se recogen las ponencias y comu-
nicaciones allí presentadas. Su atenta lectura satisfará, sin duda, al crítico más exigen-
te. Ello nos hace dar por bueno los múltiples esfuerzos realizados hasta que han visto
la luz y las muchas horas de intenso y silencioso trabajo que hay tras ellas. Por eso
es por lo que interpreto el sentir de toda la Asociación al expresar sinceramente nuestro
agradecimiento a todas aquellas personas -citando en lugar muy destacado al personal
del Archivo- e instituciones qUe han hecho posible la realización de las Jornadas y
la edición de sus Actas. Y, por otra parte, me resulta grato anunciar que las V Jornadas
están en marcha,pmeba de que se trata de un acontecimiento firmemente asentado en
el panorama cultural de Guadalajara. Y esperamos que, con el esfuerzo y el trabajo
de todos, se salden, como las anteriores, positivamente. Para, inmediatamente, comen-
zar con las Sextas ...
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La publicación que ahora presentamos, «El Franquismo: El Régimen y la Oposi-
ción», contiene las ponencias y comunicaciones presentadas a las IV Jornadas de
Castilla-La Mancha sobre Investigación en Archivos, organizadas por el Archivo
Histórico Provincial de Guadalajara y celebradas en esta ciudad del 9 al 12 de noviem-
bre de 1999.
En esta cuarta ocasión, fieles a nuestra cita bianual con la investigación, los archivos
y la historia, se han estudiado y debatido las características y peculiaridades de un
régimen político de enorme trascendencia para la España contemporánea: el franquismo.
Casi veintinco años después de la muerte de Franco, en estas IV Jornadas ha sido
analizada, con rigor científico y objetividad histórica, la estructura ideológica, política
e institucional de un régimen que estuvo vigente en España durante cuatro décadas.
En las Jornadas se trataron, en especial, algunos aspectos de vital importancia para la
comprensión de este período histórico: la propaganda política, la represión, el exilio,
la oposición al régimen desde dentro y desde fuera de nuestras fronteras, así como las
fuentes documentales para el estudio del franquismo, conservadas en archivos públi-
cos y privados, junto con toda la problemática derivada de la necesidad de recupera-
ción de las fuentes dispersas y del acceso a estas mismas fuentes.
Las Jornadas pusieron de manifiesto el desarrollo de los estudios de historia con-
temporánea y la importancia de los archivos como fuentes primarias para su conoci-
miento e interpretación, considerando, además, otras fuentes significativas, como las
periodísticas y las orales. No hay que olvidar, sin embargo, que en el estudio de períodos
históricos recientes, como el que nos ocupa, existen algunas limitaciones legales,
derivadas de la necesidad de proteger la intimidad de las personas. Hay que tener en
cuenta que el respeto al honor, a la intimidad personal y a la propia imagen debe quedar
a salvo en la documentación que custodian los archivos, garantizando su control y la
seguridad en el acceso mediante una gestión profesional por parte de los archiveros,
al mismo tiempo que ha de hacerse compatible con el libre acceso como norma ge-
neral. En este sentido, se revela significativo y eficaz el diálogo y las interrelaciones
entre archiveros -custodios de la memoria contenida en los documentos- e historia-
dores -usuarios de las fuentes documentales-, para así avanzar en el conocimiento y
defensa del Patrimonio Documental.
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Para terminar, quiero agradecer la colaboración de las instituciones que han par-
ticipado en la organización de las Jornadas o que han colaborado de alguna manera
en su desarrollo: la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La
Mancha, la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Guadalajara,
la Asociación Nacional de Archiveros, Bibliotecarios, Museólogos y Documentalistas
(Sección Territorial de Castilla-La Mancha), el Ayuntamiento de Guadalajara, la Fun-
dación de Cultura y Deporte de Castilla-La Mancha y la Diputación Provincial de
Guadalajara, entre otras.
Por último, y especialmente, agradezco al personal del Archivo Histórico Provin-
cial de Guadalajara su ilusión, esfuerzo y dedicación en la organización de las Jorna-
das, renovados en cada convocatoria.
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PONENCIA INAUGURAL
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FRANCO: ANATOMÍA DE UN DICTADOR
Paul Preston
London School of Economics and Political Science
Hay muchas dificultades para biografiar a Franco, y una de las mayores para
comprenderle, evidentemente, es la espesa cortina de propaganda que le ocultaba en vida
y después. En el Poder, fue comparado con Alejandro el Magno, con Carlomagno, con
Napoleón, con el Arcángel Gabriel y con otros tantos seres reales e imaginarios. Hasta
cierto punto, esta mistificación se puede superar al considerar que es normal que el
aparato de propaganda de una dictadura diga cosas de este tipo. Sin embargo, en el caso
de Franco, la propaganda dificulta -y paradójicamente al mismo tiempo facilita- la com-
prensión del Caudillo, por una razón, por la medida en que el mismo Franco se lo creía.
Evidentemente esto significa que, de alguna forma, tenemos que tomarlo en cuenta y
hasta ver la manera de utilizarlo como instrumento para comprender mejor al dictador.
Hay, además, un problema análogo, procedente de todo lo que se ha dicho de Franco
desde la izquierda. Aunque se trata de una literatura crítica, no deja tampoco de ser
sospechosa de alguna forma. A mi entender, como desahogo de su propia impotencia
durante la dictadura de Franco, la izquierda ha manifestado una tendencia a subvalorar
la figura de Franco. Hay una literatura extensa, muy valiosa en muchos sentidos, pero
una literatura, en fin, que pierde utilidad por descontar las dotes políticas y militares
de Franco, tildándole de ser una mediocridad, que había llegado al poder por suerte.
Claro está que esto era un desahogo, un símbolo de una impotencia, y por tanto explica
poco. No explica como es posible que una persona llegase al poder absoluto y como
logrará disfrutar ese poder absoluto durante treinta y ocho años. Franco no funcionaba
solamente a base de suerte, las cosas que le pasaban a Franco no pasaban por azar,
los triunfos de Franco eran fruto de una lucha abnegada por su parte; en fin, se puede
decir que él se imponía a las circunstancias. Por tanto, la idea de la izquierda de Franco
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como mediocridad que gana el poder por el azar, es una idea absolutamente sin sus-
tancia. Por lo cual, tanto las críticas de la izquierda, como las alabanzas de la derecha,
son, en algún sentido, obstáculos que tenemos que superar para comprender a Franco.
La literatura antifranquista tiene, en resumidas cuentas, el defecto de no tomar a
Franco suficientemente en serio para comprenderlo. Esto es perfectamente comprensible,
dado el hecho de que hay una cantidad enorme de información fidedigna que nos muestra
indudablemente un Franco poco culto y poco sofisticado. Si intentamos, por ejemplo,
comparar a Franco. con Hitler y Mussolini, y evidentemente, tiene mucho en común con
ambos, ¿cómo es posible encajar en esa comparación el hecho de que Franco tenía la
afición de jugar a la quiniela ganando de vez en cuando? Es imposible pensar en Hitler
haciendo la quiniela, pero en Franco si. Si intentamos tomar en serio a Franco ¿qué
hacemos con la creencia de Franco que, por ejemplo, podría solucionar todos los pro-
blemas económicos de España, con una especie de petróleo tipo Nescafé, es decir, un
petróleo instantáneo de polvo, que mezclado con agua haría de España uno de los países
más ricos del mundo en petróleo? Eso no sólo lo creía, sino que pagaba unas cantidades
enormes al inventor, o mejor dicho, al timador que se inventó la idea. Las memorias
de personas cercanas a él, como por ejemplo su cuñado Ramón Serrano Suñer, su primo
Francisco Franco Salgado Araujo, su ministro Pedro Sainz Rodríguez, sus médicos,
Vicente Gil y Vicente Pozuelo, nos muestran, algunas veces quizás inadvertidamente,
un Franco que era un ser francamente mediocre. Sin embargo, nada de dicha materia
justifica que nos centremos en la mediocridad para subvalorar las dotes políticas de
Franco.
Más bien al contrario, a veces estas fuentes son un fiel reflejo del enorme esfuerzo
de Franco para ser impenetrable en cuanto a lo que realmente le interesaba en cada
momento. Su capellán, el padre José María Bulart, captaba muy bien esta dimensión
de Franco cuando decía «quizá era frío como han dicho algunos, pero nunca lo apa-
rentó. En realidad, nunca aparentó nada». Este afán de Franco de esquivar la definición
revelaba un deseo de controlar su propia imagen. Era tan así que constituyen un obs-
táculo para biografiar a Franco, incluso las fuentes procedentes de la mano del propio
biografiado. Evidentemente, al hacer una biografía se buscan las fuentes del personaje,
es decir, los escritos, los discursos, las cartas, las entrevistas, o sea todas las materias
posibles que provienen del mismo biografiado. Franco sí que escribía de forma prolí-
fica, aunque sus obras completas parecieran pobres en comparación con los treinta y
seis tomos de la Opera Omnia de Mussolini además de sus ocho tomos de apéndices.
A pesar de lo que se ha dicho de los pocos afanes intelectuales de Franco, era novelista,
escribía una novela, escribía cientos de artículos de prensa. Aparte de sus libros y sus
muchos artículos, evidentemente también están los discursos. Los discursos de Franco
ocupan muchos tomos. Eran cientos de discursos y una gran parte del texto de cada
uno de esos discursos le fue hecho por funcionarios, Directores Generales y hasta los
Ministros. Sin embargo, se puede decir que la parte más estadística de los discursos
de Franco, era la parte suministrada por los funcionarios, pero en cambio, siempre en
los discursos del Caudillo se puede encontrar una parte donde se oye la auténtica voz
de Franco; era la parte que escribía él y en esa parte de sus discursos hay una especie
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de diálogo consigo mismo. Por lo tanto, los discursos son una buena fuente para el
biógrafo de Franco y, curiosamente, una fuente que enlaza muy fructíferamente con la
propaganda a la que ya hemos hecho referencia.
Tanto en sus discursos, como en las múltiples entrevistas con él aparecidas en la prensa
española y extranjera, y en las conversaciones con él relatadas en las memorias de
parientes y colaboradores que convivían con él, hay algo que es a la vez una verdadera
pista y un gran obstáculo para la comprensión de Franco. Se trata de 10 que se podría
llamar la mentira cotidiana de Franco, por lo cual me refiero a la constantemente
cambiada y mejorada idea que él tenía de sí mismo. Es decir, en conversaciones, en
entrevistas, en escritos y apuntes y en discuros, él mismo no dejaba de pulir su propia
biografía. Apenas hay algún incidente de la vida de Franco que el mismo Franco no
estaba reconstruyendo, recontando, perfeccionando de alguna forma, para que en la
versión de cualquier momento luciese él de la mejor forma. Como fuente empírica, este
retrato constantemente cambiable constituye un gran obstáculo para llegar a compren-
derle. Sin embargo, lo mismo que la propaganda y sus propios discursos, lo que este
aspecto nos indica de sus propias inseguridades, nos proporciona una pista muy impor-
tante para la comprensión del Caudillo.
¿Cómo entonces llegar a comprenderle? Por mi parte, en el libro que escribí sobre
él, opté por una técnica muy simple. Es decir, dados los obstáculos de interpretación,
hacía falta adoptar una especie de técnica de Sherlock Holmes -es decir, centrarse en
los hechos, ir detrás de él con una lupa enorme, estudiarle día a día durante toda su
vida-o La idea de hacer así una biografía clásica nace de la conclusión de que, con tantos
obstáculos, con tantas cortinas de humo, la única forma de llegar a conocerle es estu-
diar sus acciones. Aún así, tampoco resultó ser tan fácil. Para poner solo un ejemplo,
después de haber pasado muchos años estudiando la Guerra Civil, incluso habiendo escrito
un libro sobre la Guerra Civil, pensaba que el papel de Franco durante la Guerra Civil
iba a ser la parte más fácil del libro, y me resultó ser la parte más difícil. Resultaba
así -hablo de un período previo al m,agnífico libro de Javier Tusell sobre Franco en la
Guerra Civil- porque al leer las muchas biografías existentes sobre Franco, en la parte
con'espondiente a la Guerra Civil, ninguno hablaba con gran precisión de la actuación
diaria de Franco. De la misma forma, ningúno de los muchísimos libros que existían
sobre la Guerra Civil, se centraba en la figura de Franco. Se hablaba en términos poco
precisos de la banda nacional o de los generales franquistas pero de hecho no se pre-
cisaba dónde estaba Franco en cualquier momento, el cómo o el por qué de sus de-
cisiones clUciales.
Por otra parte, si para solventar las dificultades de las ofuscaciones del mismo Franco,
se recurriese a la técnica de la biografía clásica, se podría sacar provecho de estas mismas
falsificaciones para enriquecer el análisis con cierto conocimiento de las fuentes psico-
lógicas de las acciones de Franco. El estudio de la imagen que tenía Franco de sí mismo
me llevaba a la conclusión de que quizás el elemento más característico era una con-
vicción neurótica de su propio éxito, algo que tenía sus raíces en su niñez, lógicamente.
Fue hijo de una familia provinciana radicada en El Ferrol, una familia cuya cabeza,
su padre Nicolás Franco Salgado Araujo, era un hombre bebedor, infiel a su mujer, que
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finalmente abandonó a la familia. Así que Franco se crió en un hogar bastante infeliz.
El hecho es que Franco fue un niño muy tímido, muy identificado con su madre, que
crecía con un odio nunca reconocido hacia su padre. Dentro de la reconstrucción cons-
tante de su propia vida, quizás el tema a que más energías dedicaba y que fue más logrado
fue la relación con su padre. Franco, a lo largo de su vida, recrea a su padre de una
forma francamente sorprendente.
En el año 1922, cuando Franco redacta un libro contando sus experiencias en África,
incluye una escena que presenta como si fuera verdadera -en el fondo, evidentemente,
era ficticia- en que un joven oficial de la Legión, pasa por una calle en Tetuán y se
cruza con un viejo legionario. Se paran a saludarse militarmente y en ese momento cruzan
sus miradas, se reconocen y resulta que el viejo, el veterano legionario, es el padre que
había perdido el joven oficial muchos años antes. Evidentemente, esto es el primer intento
de Franco de explicar la falta de su padre quien, en 1907, había abandonado el hogar
familiar para vivir con su querida en Madrid. En la versión ficticia, este abandono
vergonzoso se convierte en el gesto patriótico de ir a luchar a África.
A finales del año cuarenta y principios del cuarenta y uno, cuando Franco escribe
su novela Raza, hace lo mismo de forma más espectacular. Ya convierte a su padre en
un capitán de navío español que había muerto de manera heroica en el fatídico año noventa
y ocho, luchando contra los Estado Unidos. Cuando de verdad muere su propio padre,
el 24 de febrero del año 1942, Franco hace secuestrar el cadáver de la casa donde vivía
con su compañera y crea un nuevo pasado para su padre a quien se entierra con plenos
honores militares. La relación de Franco con su padre es una relación muy importante.
De hecho, el padre de Franco deja la familia en el año 1907, que es el mismo año en
que el joven, el pequeño niño, quien no ha cumplido todavía quince años, está a punto
de ir a la Academia Militar de Toledo. Pasa del ambiente acogedor de Galicia, a la ciudad
dura, casi en medio de un desierto, que es Toledo. Pasa de un ambiente tierno, a un
ambiente muy brutal, el mismo año en el que abandona, finalmente, el padre a la familia.
Pasa a estudiar en una Academia Militar. En ninguna época las Academias Militares
han tenido un ambiente muy acogedor; las Academias Militares españolas de finales de
siglo, menos. Franco, siendo un adolescente pequeño, bajo, delgado, de voz afilada, es
la clásica víctima de las novatadas que hacen en las Academias Militares, y sin em-
bargo, decide, con quizás la primera manifestación de la fuerza de voluntad que va a
ser siempre su gran recurso, hacer frente a eso. Decide que va a superar esa experiencia
siendo mejor militar que sus compañeros. De momento, no lo logra, no llega a ser el
primero de su promoción, sino que llega al número doscientos cincuenta y uno, de
trescientos doce. Nunca fue muy estudioso pero, sin embargo, es el primero de su
promoción que llega a ser general. Fue durante su paso por la experiencia de la Aca-
demia donde decide que va a ser el mejor militar y empieza a crear algo que yo creo que
realmente se podría utilizar como un modelo para explicar el resto de la vida de Franco.
El estudio de los escritos, discursos y conversaciones de Franco nos ayuda a ver que,
para hacer frente a una vida dura, construye una serie de personajes falsos que le servirán
de máscara y de cáscara. Se los cree de forma tan aferrada que termina, al final,
con vertiéndose en esos personajes; y el primer personaje que crea y que él se cree es
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lo del Héroe del Desierto. Franco se proponía convertirse en el tipo de héroe galante
de las películas de la legión francesa, y lo lograba de maravilla. Desde el momento en
que va a Marruecos a finales de 1911 empieza ya una carrera espectacular, yeso no
es azar, sino fruto de su dedicación a su carrera de forma realmente única. Mientras sus
compañeros sobreviven a las durezas del norte de África, de una guerra colonial increí-
blemente cruel y brutal, con diversiones nocturnas con bebidas, mujeres y cartas, él en
cambio se dedica, con una dedicación que hasta cierto punto indica una especie de vacío
interno, porque no tiene otra vida, a distinguirse como militar. Se va haciendo famoso,
porque dentro de poco la prensa empieza a referirse a las distintas hazañas de Franco
llegando en los años veinte a llamarle el «As de la Legión» y el mismo Franco muestra
interés y capacidad para congraciarse con los periodistas. Pasa a ser Capitán muy joven,
el Comandante más joven del ejército, luego el Teniente Coronel más joven, el Co-
ronel y el General de Brigada más joven también.
Siempre se ha mostrado como una de las grandes contradicciones de la carrera del
cauteloso Franco que, en esa época, era un hombre aparentemente irresponsable, que se
exponía a las balas del enemigo. Lo que tiene en común el Franco bravo y galante de
esa época con el Franco cauteloso de después es la ambición y la determinación. En
ese momento se proponía llegar 10 antes posible a ser general y de hecho cumplirá esa
ambición y, si para hacerlo necesitaba exponerse a las balas del enemigo, lo hacía sin
contemplaciones. Franco tenía una determinación realmente fuera de lo común. Llega
a ser General con treinta y tres años cumplidos, y a partir de este momento, el 31 de
enero del año 1926, ya cambia radicalmente su vida. El soldado bravo, irresponsable
quizás, cambia. Además, el año veintiséis cobra significación no solamente por ser el
año en que llega a ser General, sino por ser también el año en que nace su hija. Por
tanto, es un momento en que él asume otro tipo de ambiciones menos arriesgadas y,
a la vez, pasa a otro modelo de personalidad. Deja el modelo o el personaje del «Héroe
del Desierto»; ya se propone otra finalidad, otra ambición, la de ser no uno más de los
generales significados, sino el General más importante de España. Es un momento en
el que empiezan a perfilarse grandes ambiciones. Cabe la posibilidad de llegar a ser
Capitán General de una Región Militar aunque su gran ambición en esta época, previa
a la Guerra Civil, era ser Alto Comisario en Marruecos. Es un período en el que, a
finales de los años veinte, Franco ha llegado a General, ha tenido una actuación muy
importante en la Batalla de Alhucemas, ha llegado a ser un favorito del Rey, es gen-
tilhombre de cámara del Rey, es una especie de cortesano militar. Irónicamente, en el
poder, vivió como una especie de rey civil y rodeándose de cortesanos. En el año 1927,
ha llegado a ser Director de la Academia Militar en Zaragoza y las perspectivas para
su ambición son muy buenas, hasta que se ven destrozados todos sus sueños con la llegada
de la Segunda República. Pasa de ser el niño mimado militar de la monarquía a ser
simplemente otro General más con la República.
La República, o mejor dicho Manuel Azaña, cometió serios errores con Franco que
muy probablemente tuviesen su origen en el hecho de haber conocido muy bien al hermano
de Franco, a Ramón. Por 10 tanto, Azaña trataba a Francisco Franco de forma que
quizás hubiera sido muy eficaz de haberse aplicado a su hermano Ramón -un personaje
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10..
muy ligero, muy superficial, muy volátil que poco tenía en común con su hermano
Francisco-. Entonces, Azaña trataba a Francisco Franco con una táctica de palo y
zanahoria. Primero le apartaba de su puesto de Director de la Academia Militar de
Zaragoza, un puesto que le había gustado enormemente, le mantenía varios meses sin
destino y al final le daba un destino bastante respetable, que era el de Comandante
Militar en la Coruña. Y quizás, en el caso de Ramón, este castigo seguido de un pequeño
premio hubiera funcionado muy bien, pero en el caso de un hombre de ambición tan
colosal como Francisco Franco, no funcionaba y sólo tenía como consecuencia aumentar
su resentimiento hacia la República y, muy especialmente hacia Azaña.
Sin embargo, la tirantez entre Franco y Azaña no justifica la opinión, muchas veces
repetida en la propaganda franquista, de que Franco veía con una visión clarísima que
había que acabar cuanto antes con la República para dar paso a otra España autori-
taria. Al contrario, en la segunda época de la República, en la época de los gobiernos
Radical-Cedistas, Franco pasó a recuperar la situación de militar mimado de la que había
gozado durante la monarquía, porque con el visto bueno de Lerroux, siendo Ministro
de Guerra Diego Hidalgo, Franco fue ascendido a General de División. Mucho más
importante es que, en octubre de 1934, al Ministro Diego Hidalgo, se le ocurre nada
menos que prácticamente cederle a Franco todos sus poderes para dirigir la represión
de la insurrección de Asturias y de la rebelión de Cataluña. Difícilmente se puede
exagerar el significado de esta iniciativa ya que durante un Estado de Guerra los poderes
del Ministro de la Gobernación se trasladaban a la jurisdicción del Ministro de Guerra.
Lo que hizo Diego Hidalgo era instalar a Franco en su despacho, comprometiéndose
a firmar los decretos redactados por Franco. Fue una experiencia increíblemente formativa
para Franco pasar tres semanas disfrutando un poder inmenso. Realmente era una especie
de entrenamiento, una muestra de lo que podrían ser los poderes dictatoriales. Este mes
de experiencia le convenció de su capacidad para acabar con lo que él veía como la
amenaza izquierdista y, en consecuencia, le inflaba las ambiciones de una forma incal-
culable. Después pasó a ser Comandante Jefe de las Fuerzas Militares en Marruecos,
un puesto que le gustaba enormemente. Poco después, se le hizo Jefe de Estado Mayor,
también un puesto que le gustaba y estaba acorde con su estimación de sí mismo.
Por tanto, la idea convencional de que la hostilidad de Franco a la República fuera
inevitable tiene poco o ningún fundamento. Fácilmente Franco podía haber estado con
la República en la Guerra Civil. En la famosa carta de 23 junio de 1936, que Franco
escribió al entonces Primer Ministro y Ministro de la Guerra, Santiago Casares Quiroga,
una carta muy confusa y muy ambigua por cierto, como todos los escritos de Franco,
muestra una disposición de colaborar con la República, imponiendo él los términos de
la cooperación. Leyendo entre renglones este carta, se puede ver que Franco hace una
oferta en la que, si se le vuelven a dar los poderes que había tenido para reprimir la
insurrección de octubre de 1934, él insinua que podría acabar con todo brote de cons-
piración ~n el Ejército. El precio era bastante alto, siendo difícil de concebir que cual-
quier Primer Ministro de la República pudiera haber respondido a esa carta de forma
positiva. En cambio, lo que sí se podría haber concebido es que Casares Quiroga pudiera
haber respondido de alguna forma, en vez de lo que hizo, que era ignorar totalmente
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la carta. Podía haber utilizado la carta como oportunidad para traer a Franco a Madrid,
ponerle bajo arresto, negociar con él, hacer lo que fuera para neutralizarle. El hecho
es que, retrospectivamente, se puede ver que sin Franco los nacionales difícilmente
podrían haber ganado la guerra.
Si hubiera sido posible en la primavera de 1936 lograr que Franco no estuviera con
los rebeldes, habría sido de una importancia enorme. Como no se intenta asegurar la
lealtad de Franco, el dieciocho de julio, se encuentra con los rebeldes destinado a le-
vantar las Fuerzas Militares de Marruecos, cruzar el Estrecho de Gibraltar y con los
Jefes Militares de otras provincias caer sobre Madrid. Los conspiradores militares no
habían contado primero con el nivel de resistencia obrera en la Península, y no habían
contado, en absoluto, con el hecho de que iba a haber un motín en la flota republicana.
Por tanto, con la flota en manos de marinos de izquierdas, el Ejército de África se
encuentra bloqueado dentro de Marruecos. En un momento en que las fuerzas suble-
vadas están realmente cabizbajas, es buena muestra de la fuerza de voluntad de Fran-
co, que en un momento en que muchas voces muy autorizadas de los sublevados están
convencidos de que todo está perdido, Franco se impone sobre la situación, adoptando
la idea, evidentemente concebida en colaboración con otros asesores, de romper el bloqueo
a través de un puente aéreo y mediante el llamado Convoy de la Victoria. Entonces un
puente aéreo militar era una idea increíblemente novedosa. Para poner en práctica la
idea, hacía falta disponer de aviones, y realmente fue la convicción del mismo Franco
la que los consiguió. El mismo Franco convenció a los representantes locales en
Marruecos del partido Nazi y a las autoridades italianas de Tánger. Mientras fracasan
los intentos de los enviados de Mola de entablar relaciones con los alemanes y con los
italianos, Franco, sin embargo, tiene éxito gracias a su extraordinaria fuerza de con-
vicción. Tiene un lema que utiliza siempre durante la Guerra Civil: «¡Fe ciega en la
victoria!». Una persona normal, con reacciones normales, capaz de imaginación, capaz de
sentir miedo, capaz de tener dudas de sí mismo, no muestra esa convicción neurótica
en sus propias capacidades que tiene Franco.
Se ha comentado en este artículo que Franco superaba las dificultades en su vida
a base de crear personajes en los que él creía, que canalizaban sus energías y detrás
de los cuales actuaba libre de sus inseguridades naturales. De joven, su personaje-máscara
fue el gran «Héroe del Desierto» y durante la guerra de España, adoptó otro personaje
que va a ser el de «Salvador de España», una imágen que tiene mucho que ver con
El Cid. Una vez establ~cido en la Península, Franco monta un aparato de propaganda
y empieza ya a crear, muy deliberadamente, una identificación de su propia persona-
lidad con los grandes héroes guerreros de la historia medieval, un proyecto propagan-
dístico para el que sirve muy bien el hecho de que la iglesia empiece hablar de la Cruzada.
Haciendo caso omiso de la realidad de que traía mercenarios marroquíes a la Península,
su aparato de prensa se aprovechaba de toda la retórica de la Reconquista para montar
este nuevo personaje de una especie de «El Cid» del siglo XX.
Esta imagen servía a Franco como su hilo conductor a lo largo de la guerra. No es
este el lugar para entrar en el análisis detallado de la historia militar de la guerra. Sin
embargo, se debe hacer un comentario respecto a las cualidades de Franco como mi-
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litar. Es un tópico de la historiografía franquista que Franco era un genio militar. En
cambio, tanto la historiografía antifranquista como las observaciones contemporáneas
de generales italianos y alemanes han coincidido en que Franco era un general muy
mediocre, que era un militar cuyas experiencias le habían preparado para una pequeña
guerra colonial y, por tanto, incapaz de maniobrar con grandes ejércitos y con grandes
visiones estratégicas.
Franco, puede ser que fuera un estratega mediocre, pero en ningún momento se
proponía una guerra de gran estilo estratégico, del tipo que se proponía, por ejemplo,
Napoleón, o del tipo que se proponía Rommel. Franco pensaba, estando ya identificado
con el personaje de «El Cid», que su responsabilidad era la de limpiar de España la Anti-
España de masones y de «rojos-separatistas». Franco tenía la idea de que hasta Felipe
II, España había funcionado muy bien por ser un Estado unitario y autoritario dando
paso a la decadencia planificada por la masonería y el liberalismo. Por tanto, erradicar
lo que él consideraba los tres siglos malditos, eso era su principal objetivo en la Guerra
Civil, un objetivo difícilmente alcanzable con grandes operaciones estratégicas de mucho
estilo, porque el problema para él con operaciones rápidas como las de Napoleón o
del Blitzkrieg alemán, es que dejan vivos muchos enemigos.
Lo que se proponía Franco en la Guerra Civil era una guerra de aniquilamiento. A
primera vista puede parecer que Franco cometió un error al desviar sus fuerzas de un
Madrid indefenso para ir a liberar el Alcázar de Toledo, siendo inconcebible que
Napoleón, haciendo la misma guerra, haga semejante desviación. De la misma forma,
puede parecer un error que Franco se meta en la Batalla de Ternel para reconquistar
un territorio que, estratégicamente significa poco, o en la Batalla del Ebro, cuando fá-
cilmente podría haber obligado a las fuerzas republicanas a quedarse donde estaban
mientras él organizaba ataques a Barcelona o a Madrid. Esas decisiones no se pueden
entender sino como intentos de facilitar grandes batallas de desgaste cuya finalidad era
matar a la cantidad mayor posible de republicanos, porque lo que llevaba a cabo Franco
era una guerra de terror, en la que no solamente morían grandes números de las tropas
republicanas, sino que además a los civiles que no mataba les dejaba aterrorizados, de
forma que no levantasen cabeza durante los treinta años siguientes. En eso sí que fue
un General de un éxito enorme, precisamente porque logró lo que se proponía.
Al lograrlo, es decir, al alcanzar la victoria en la Guerra Civil, había cumplido con
el papel que se había propuesto como «Salvador de España», presentándose como un
héroe semejante a los héroes reales medievales -una comparación manifiesta en las
repeticiones constantes por parte suya y de sus propagandistas de la frase «los Reyes
Caudillos»-. De hecho, solamente había cumplido una parte de su ambición para la
resurrección de la grandeza de España. Como caudillo tipo «El Cid», había repetido
la gesta de la Reconquista, es decir, había limpiado (su) España de los tres siglos mal-
ditos, pero quedaba por hacer la segunda parte. Para volver a la España de Felipe lI,
la segunda parte de la tarea exigía crear un imperio. En el verano de 1940, en una visita
al Archivo General de Indias en Sevilla, invitado a firmar en el libro de oro, escribió:
«Ante las reliquias de un imperio, con la promesa de otro». Desafortunadamente para
Franco, si las divisiones internas de la República con el favorable contexto interna-
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 2000 - El franquismo, el regímen y la oposición. : actas de las IV Jornadas de Cas[...1
cional, le permitían dar cierta realidad a los sueños implícitos en su imágen de ser «El
Cid» del siglo XX, la situación española de la inmediata posguerra no era ni econó-
mica ni militarmente propicia para que él pasara a ser un Felipe II del siglo XX. Franco
no iba a poder crear un nuevo Imperio con el ejército que había ganado la Guerra Civil.
Franco sabía que la única forma de crear el Imperio con el que él soñaba era con
la ayuda de Hitler. Sin embargo, la intoxicación de la victoria de 1939 es tanta que Franco,
en tanto en cuanto siempre había creido en sus máscaras-personajes, a pesar de la
evidencia concreta de lo contrario, ya se creía Felipe II. Existen unos despachos de
representantes americanos, alemanes, británicos y portugueses a lo largo del año 1939 en
que los diplomáticos destinados en Madrid muestran su extrañeza frente al hecho de que
una persona que siempre les ha parecido un hombre cauteloso, cuidadoso y lento, casi
se había enloquecido. Franco pierde su cautela de siempre durante un período, desde
finales de la Guerra Civil en abril de 1939, hasta finales del año cuarenta. Es compren-
sible que Franco estuviera embriagado con su victoria en la Guerra Civil. Para él en su
embriaguez era una victoria que abría paso a la posibilidad de crear un gran imperio
tipo Felipe II. Tuvo la suerte de que su intoxicación no le llevara a la guerra, porque
aunque después se vanagloriaba de su astucia en mantener la neutralidad española en
la Guerra Mundial, de lo que no cabe duda es que Franco sí quería entrar en la Guerra
Mundial, y al lado de Hitler.
La idea de que Franco engañó inteligentemente a Hitler ha sido muy barajada por
sus muchos admiradores. Entre los admiradores de Franco, quizás el admirador más
empedernido era el mismo Franco, y durante los últimos treinta años de su vida, con-
sideraba que el regalo más precioso de los muchos que él había dado a España fue la
neutralidad en la guerra. España fue neutral en la Guerra Mundial a pesar de Franco,
no a causa de Franco. El quería entrar y afortunadamente para él no fue posible. Sin
embargo, los hagiógrafos de Franco, quizás más característicamente los guionistas de
la película «Franco, ese hombre», declaran que: «La habilidad de un hombre contuvo
lo que no consiguieron contener todos los ejércitos de Europa». De hecho, en junio del
año 1940, cuando Alemania ya ha derrotado a Francia y parece que está a punto de
.derrotar a Gran Bretaña, Franco pensando que la guerra va a durar tres o cuatro días
más, ofrece entrar en la guerra; pero el mismo Hitler, consciente de la ayuda poco eficaz
de Mussolini, se pregunta ¿para qué sirve tener otra boca en la mesa para alimentar?
y rechaza la oferta. Cuando Franco repite la oferta en el verano, tampoco le interesa
a Hitler.
Cuando finalmente se entrevistan Franco y Hitler en el gran encuentro del 23 de
octubre del año 1940, ya han cambiado las cosas algo porque ya se ve ahí que la derrota
de Inglaterra no va a ser tan inmediata. A Hitler le interesa algo, no demasiado, la
posibilidad de conquistar Gibraltar, pero cuando sale de Alemania a ver a Franco, no
sólo se entrevista con Franco. El hecho es que el Führer se encuentra en un viaje de
compra, porque el día 22 de octubre se entrevista con Laval, el día 23 con Franco y
el día 24 con Pétain; y lo que quiere ver es qué ventajas hay para él en dos posibilidades
distintas: o dejar el imperio francés en manos de los franceses de Vichy, o darlo, como
quiere Franco, a España. Lo suyo es un viaje de reconocimiento. No es que Franco
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 2000 - El franquismo, el regímen y la oposición. : actas de las IV Jornadas de Cas[...
pronunciara frases mágicas para persuadir a Hitler de que no desencadenara doscien-
tas divisiones. Pensando cómo funcionaba Hitler y cómo cumplió sus amenazas con
otros países, resulta difícil concebir qué es lo que podría haberle dicho Franco al Führer.
El hecho es que Hitler no pensaba amenazar a Franco cuya amistad servía muy bien
a los intereses del Tercer Reich. El problema que tenía es que no se podía permitir
gastar los recursos necesarios para rehacer la economía española y sufragar el rearme
total de las fuerzas armadas españolas. Además, a Hitler le parecía más sensato per-
mitir a los propios franceses defender su propio imperio, dentro del nuevo orden mundial
del Tercer Reich, antes que arriesgar que los franceses de las colonias pasasen a De
Gaulle, por lo cual ya no podía pagar el precio que quería Franco para entrar en la
guerra, que era el imperio francés. Ofreció a Franco entrar en guerra a cambio de la
promesa de hablar de premios una vez ganado el conflicto.
Así que Franco, que quiso entrar en la guerra, no pudo por la postración económica
de España en 1940 y por el hecho de que no importaba suficientemente su participa-
ción a Hitler. Fue una suerte irónica que la debilidad militar y la debilidad económica de
España en ese momento, hicieron que no fuera el aliado que le hubiera convenido a Hitler.
Hacia el final de la guerra, Franco muestra su increible capacidad para reescribir su
propia historia. La guerra termina y al día siguiente la prensa franquista proclama la
paz como «La victoria de Franco», como si todo hubiera sido obra de él. Entonces cambia
brutalmente la vida de Franco. Hasta la reunión con Hitler, Franco ha experimentado
toda una serie de triunfos; de joven, cuando era el «Héroe del Desierto», ascenso tras
ascenso; durante la Guerra Civil, también triunfo tras triunfo, logra sacar el Ejército
de África del bloqueo republicano de Marruecos, llega rápidamente a Madrid, le hacen
Generalísimo, le hacen Caudillo, organiza su partido único, llega a ser Jefe Nacional.
Termina la Guerra Civil con más poderes -teóricamente- que el propio Felipe II. Ya
pasa de una época fingiendo ser «El Cid», para intentar fingir ser Felipe lI. El hecho
de que no puede entrar en la guerra como aliado de Hitler, y la posterior derrota del
Führer, significan la ruptura de esta cadena de triunfos. Sin embargo, no se inmuta y
muestra otra vez su fuerza de voluntad adoptando, al final de la Guerra Mundial, otro
tipo de personaje-máscara, que es el del Comandante de Numancia.
Quizás una persona nonnal, con sentimientos normales, capaz de sentir el miedo, con
capacidad de imaginación, al terminar la guerra, hubiera hecho lo que aconsejaban
muchos franquistas a Franco, largarse a Suiza a un retiro decoroso para dar paso a la
monarquía. Franco decide aguantar la hostilidad de los aliados y es entonces donde
empieza a obrar su increíble astucia haciendo una cosa que no permite que nadie dude
de su inteligencia política. Es la llamada larga noche negra del franquismo en que, dentro
de círculos franquistas, sus amigos le dicen que, derrotadas Italia y Alemania, no hay
otra posibilidad que abrir camino a la monarquía, y como mínimo pasar a la reserva
a la Falange. Es un consejo lógico, pero Franco tiene la astucia de ver que si hace esto,
es el primer paso hacia su propia retirada. Él ve que los monárquicos pueden contar
con el apoyo de Inglaterra y de los Estados Unidos, de forma que no van a necesitar
a Franco. Entonces hace todo lo contrario, mantiene la Falange, porque sabe que los
falangistas no tienen otro lugar a donde ir, o sea que sabe instintivamente que tiene en
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la Falange una especie de guardia «kamikaze», que está con él hasta el final. Precisa-
mente cuando hay presiones para democratizar el régimen, Franco empieza a ser -con su
retórica como mínimo- más falangista que nunca. Sus sueños de recrear el Imperio de
Felipe II ya han ido al traste. Entonces inventa la idea de que él es el Comandante de
Numancia, rodeado de sus fieles numantinos falangistas. Se inventa la idea del cerco
internacional. Claro, de cerco internacional, había relativamente poco, porque el con-
texto le favorecía enormemente a Franco. En la Guerra Fría, a las grandes potencias
occidentales, \es interesaba mucho más, para sus intereses económicos y militares, que
en España estuviera en el poder un dictador autoritario a que existiese una República
con participación de socialistas y comunistas y otros rojos peligrosos. Con lo cual, el
famoso ostracismo o aislamiento international no fue más que superficial. Sin embargo,
Franco utilizaba el cerco internacional a través de un montaje de progaganda realmen-
te inteligente para intensificar la idea de que él era el guardián indispensable de España.
Esta época termina ya con su gran triunfo, que es el acuerdo con los Estados Unidos
en 1953. En la cúspide del poder, Franco busca otra máscara o personaje -pasa a ser el
padre de su pueblo, duro pero justo, el padre que él mismo echaba siempre de menos-o
Es un papel que con el paso del tiempo se convertirá en el del abuelo bondadoso de
su pueblo. Sin embargo, Franco no solamente no cumple sus sueños de imperio, sino
que está rigiendo un país que padece un auténtico empobrecimiento gracias a su po-
lítica. A lo largo de los años cuarenta y en los primeros años cincuenta, Franco aplica
un modelo de economía, la autarquía, que no solamente no funciona en el sentido de
no cumplir con lo que él promete en todos sus discursos, que España va a ser un país
riquísimo dentro de poco, sino que lleva a España a la bancarrota.
Cuando finalmente, en 1957 es evidente que España está al borde de la bancarrota,
Franco está en una edad en la que la mayoría de la gente piensa ya en la jubilación,
tiene ya sesenta y cinco años. La envergadura y complejidad de los problemas econó-
micos con los que se enfrenta España, le lleva a Franco a aceptar que hace falta ce-
rebros más expertos que el suyo. Muy a regañadientes, acepta lo que le cuenta Navarro
Rubio respecto a lo que opinan el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Al principio, Franco dice que no, porque él no quiere que los extranjeros se mezclen
en la economía española; él piensa que esto será un truco para acabar con su poder
personal y está convencido de que los banqueros extranjeros son todos masones. So-
lamente cuando Navarro Rubio, en unas escenas muy tensas, le amenaza con la vuelta
de gasógeno s a las calles de España, Franco, de muy mala gana, encoge los hombros
y dice: «pues bien, usted haga lo que quiera».
Ese es el momento en que Franco se jubila como Jefe de Gobierno ejecutivo, para
empezar el largo camino a ser Jefe de Estado simbólico. Porque es el momento que cede
el poder político y económico a una serie de técnicos, que son realmente los que, cada
vez más, llevan los asuntos más complicados de gobernación diaria. Franco dedica el
resto de su vida a preparar el posfranquismo, un reinado civil, dentro del cual él puede
elegir a su propio sucesor. En total, ha sido una vida que, para entenderla, el biógrafo
tiene que comprender las motivaciones psicológicas reveladas por las sucesivas más-
caras del Héroe del Desierto, del Salvador de España, del nuevo Emperador, del
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Comandante de Numancia y del padre y abuelo del pueblo. Son unas máscaras que
ocultan en cada momento la ambición de Franco, dan a sus ambiciones un barniz de
patriotismo y hacen posible que el mismo Franco no sabe distinguir entre el bien de
España y su propio bien.
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PRIMERA PONENCIA
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POLÍTICA Y ADMINISTRACIÓN EN EL
RÉGIMEN DE FRANCO
Julio Aróstegui
Universidad Complutense de Madrid
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un Ministerio, un partido político o una Universidad. La documentación burocrática
archivada debe organizarse con la misma estructura que el aparato burocrático I que la
emite. Si se trata de personas individuales parece evidente que el criterio general será
el de la estructura de las propias actividades de tal persona que generan documentos.
El caso general de una estructura orgánica es el de las instituciones de cualquier tipo
que tienen necesidad del archivado de su huella documental.
Se comprende que, como derivación de lo dicho, en función de la eficacia de la
investigación documental, por parte de historiadores, archiveros u otros estudiosos, del
régimen de Franco, sea muy destacable la importancia de un conocimiento suficiente
de la estructura institucional de aquel régimen, de su Política y su Administración, en
cuanto que las propias concepciones acerca del sistema político, del régimen que con-
forme a ello se instala y del Estado 2 y aparato administrativo que lo sirven están es-
trechamente ligadas y derivadas las unas de las otras. Entiendo, por tanto, que el interés
máximo de esta exposición estribaría en una descripción histórica -yo hablo siempre desde
esa óptica- del aparato institucional que puso en marcha el régimen de Franco. Un aparato
organizativo que, en todo caso, nunca sería inteligible sin el análisis histórico profundo
de las circunstancias en que se instala, de las ideologías, los intereses y lo objetivos a
corto y largo plazo que lo inspiraron. En el caso concreto que nos ocupa, nada sería
inteligible sin partir del hecho del que el régimen de Franco tuvo su origen en una guerra
civil, que, a su vez, culminaba una profunda crisis -la más profunda de la Edad
Contemporánea- de la sociedad española en los años treinta, que englobó en sí clara-
mente una crisis del Estado.
Una exposición sobre la política del régimen y sobre el Estado y su Administración
(obsérvese que esas expresiones asumen claramente que «el Estado se administra») debería
apoyarse, desde luego, en el trabajo de distintos tipos de analistas: los historiadores, los
politólogos y los sociólogos políticos que trabajan sobre el sistema franquista, el Par-
tido Único, sus elites, burocracia y tecnocracia y, también, en el trabajo de los juristas
administrativistas. De hecho, la Política de un determinado Estado y su Administración
son cosas que en la realidad son difícilmente distinguibles.
I Los textos de técnica archivística citables a este efecto son muy abundantes y variados. Para abre-
viar, la cuestión que exponemos aquí se resume bajo el rótulo general de «principio de proveniencia»
(principe de provenance): la documentación que llega a un archivo debe ser respetada en la integridad
de cada fondo, reproduciendo la estructura del organismo emisor. Ello prohíbe taxativamente su
desmembración. M. CHAMPAGNE y D. CHOUINARD: Le traitement d'un Fonds d'Archives. Ses
documents historiques. Montreal, Documentor, 1987, especialmente p. 23 y ss.
2 Hablando con rigor en Politología y en Historia Política conviene distinguir entre estos tres concep-
tos, el de sistema político, régimen político y Estado que son perfectamente distinguibles. En el caso del
régimen de Franco esta distinción es bastante pertinente ya que es el «régimen» lo que verdaderamente
suscita la discusión histórica sobre su naturaleza y origen, y no la estructura del Estado o el sistema político,
cuestiones más comunes, al tratarse de una forma de plantear y resolver la «convivencia política», es decir,
la forma en que se ejerce el poder en relación con la comunidad. La fórmula de la «democracia orgánica»,
que no tiene nada que ver con una verdadera democracia formal, preside este régimen. Véase, para
definiciones sencillas M. DE PUELLES: Diccionario básico de Política y Administración. Madrid, UNED,
1989.
36
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J
En relación con ello, he escrito ya en otra ocasión que «la creencia de que la
Administración del Estado es algo realmente distinto del componente político del apa-
rato estatal vine comúnmente a hacer más opaca la comprensión de la historia. Los
historiadores, por ejemplo, pueden no tener en cuenta lo que han escrito los especia-
listas en Administración, cuando ella misma es un elemento del Estado de clarísima
implicación y dirección política. La Administración de un Estado es clave para entender
el proyecto estatal mismo. Los juristas, a su vez, no siempre están atentos en lo debido
a los aspectos menos formales de la estructura misma de la Administración del Esta-
do»' .
Existen autorizadas opiniones que apoyan y complementan esta visión personal que
acabo de citar. García de Enterría dice ver el tema de la Administración «como una
realidad política»; «la Administración (no es vista) como una empresa, sino, y
permítaseme poner énfasis en lo que a muchos ha de parecer una obviedad, como Estado,
como organización insertada en, y al servicio de, la comunidad política»4. Otra obser-
vación es la que señala que « el análisis aislado de las variables puramente políticas,
o estrictamente administrativas, ignora elementos de comprensión de gran valor para la
interpretación del Estado contemporáneo en sus diversas formulaciones ideológicas, puesto
que resulta inadecuado desligar la legitimidad, la eficacia y la efectividad de una es-
tructura de gobierno en su organización administrativa»5.
Nadie debe esperar aquí, en consecuencia, una exposición de temáticas por demás
conocidas, aunque no deje de aludirse a ellas. Nuestro tema central no será la «natu-
raleza del franquismo», ni las vicisitudes del régimen, ni su origen, ni sus «familias».
La cuestión central será la relación que estableció aquel Estado tan peculiar entre sus
formulaciones y objetivos políticos y el aparato administrativo que lo sirvió. Porque ese
asunto es el que contiene precisamente algunas de las más significativas peculiaridades
que definieron el régimen salido de la guerra civil y es el que mejor explica, por otra
parte, qué tipo de régimen fue el franquista y qué tipo de política practicó. Complemen-
tariamente, este enfoque es el que mejor permite la iniciación a la exploración de la
huella documental que estos casi cuarenta años de historia española han dejado.
La exposición, en todo caso, a efectos de claridad, no tiene más remedio que fijar
primero la entidad de unas ciertas estructuras institucional-políticas, para hablar des-
pués en una segunda parte de su funcionamiento.
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1. LA CONFORMACIÓN DEL RÉGIMEN: «UNA DICTADURA
DE «PSEUDO-DERECHO»
de rechazo o consenso, expresados a través de indicadores muy diversos, que pueden constatarse histó-
ricamente en la relación del régimen con la sociedad, un tema acerca del que existen esbozos de estudio
pero ningún trabajo completo y suficiente. Cfr. F. BARBAGALLO, C. BORDERÍAS, M. CAMINAL y
OTROS: Franquisllle. Sobre resistellcia i conse/lS a Catalun)'a (1938-1959). Barcelona, Centre de Treball
i Documentació/Editorial Crítica, 1990.
xCfr. J. A. LÓPEZ GARCÍA: Estado y Derecho en elfranquislllo. Elllacionalsindicalismo: F J. Conde
y LlIis Legaz Lacalllbra. Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1996. Un libro en exceso juridicista,
pero con aspectos de interés.
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Pasó por diversas etapas en su autoconsideración y en su autoconstitución, desde el
«Estado Nuevo» de devoción fascista, hasta un régimen, en la práctica, de Monarquía
sin rey con regencia dotada de poderse excepcionales, instituyentes, que se basaron
siempre en unos principios del «Movimiento Nacional», sustentados por un Partido Único.
Como todo régimen implantado por la fuerza, no nacido de la voluntad mayoritaria
de una comunidad expresada democráticamente, el complejo del franquismo ideológico
y político pasó sus años intentando argumentar y fundamentar su legitimidad, que
pretendió sustentar en todo tipo de argumentos jurídico-políticos, históricos o de rea-
lidades de hecho, dado que nunca pudo hacerlo sobre el consentimiento de los goberna-
dos. Y ello ocurrió hasta el fin mismo del régimen. Tardó tanto tiempo en
institucionalizarse políticamente que estuvo produciendo leyes políticas «fundamentales»
hasta treinta años después de haberse producido la sublevación (las célebres «Leyes
Fundamentales» del Régimen, que fueron siempre de aprendizaje obligatorio en el sis-
tema escolar y que fueron sucesivamente ampliadas y reelaboradas).
Por lo demás, el régimen político que instauró el general Franco y que presidió hasta
su muerte fue también muy específico en la clase de personal, de elites sociales y de
profesionales en función política o burocrática, que tuvo a su servicio en el aparato y
que conformaron los más eminentes escalones de la adhesión y el sustento de la maqui-
naria estatal. El «personal político» del régimen es otro de los temas que ha suscitado
también interés de los estudiosos Y•
y Ver los ejemplos de C. VIVER PI-SUNYER: El personal político de Franco (1936-1945). Barce-
lona, Editorial Vicens Vives, 1978. R. JEREZ MIR: Elites políticas y centros de extracción en Espaiia,
1938-1957. Madrid, Tecnos, 1982. G. SÁNCHEZ RECIO: Los cuadros políticos illlermedios del régimen
franquista, 1936-1959. Alicante, Instituto Juan Gil Albert, 1996.
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por «la ilegitimidad de los poderes actuantes en 18 de julio de 1936», como hemos di-
cholO.
En principio, por tanto, la legitimación del «alzamiento nacional» y del régimen
derivado de aquél se basaba en la negación de legitimidad a los poderes constituidos contra
quienes se dirigió el alzamiento. El mecanismo jurídico fue, justamente, la más perversa
retorsión de los argumentos, la de imputar a los agredidos el delito mismo que la agresión
suponía, es decir, el de «auxilio a la rebelión», según expresaban los primeros Bandos mili-
tares de los sublevados y según establecieron leyes represivas posteriores, fundamental-
mente la de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939, que sirvieron para conde-
nar a los defensores de la República. Es decir, se usó una figura delictiva que no tenía
más ámbito de aplicación precisamente que el de los propios levantados militarmente.
La retórica posterior, desde la histórica a la teológica y desde la política a la filo-
sófica, cargó de razones y justificaciones jurídicas aquella rebelión que según sus
hagiógrafos se habría hecho contra una revolución de tipo soviético que habría estado
en marcha supuestamente en la primavera de 1936 11 ; contra el comunismo, la des-
cristianización y la persecución de la Iglesia, el despojo de los propietarios ... y demás
extremos repetidos durante décadas. Sólo cuando el régimen puso en marcha una fas-
tuosa celebración de la efemérides de los 25 años de Paz, al comienzo de la década de
los sesenta, esa cantinela legitimadora se cambió por otra: el discurso pragmático de
lo que el régimen había hecho por España. A la legitimidad «de origen» se prefirió desde
entonces una supuesta legitimidad «de ejercicio» 12.
Como hemos apuntado antes, la empresa de fondo en la legitimación de aquel ré-
gimen cabalgó siempre sobre el empeño de ser tenido por un verdadero «Estado de
Derecho». La apelación de «Estado totalitario» aparece por vez primera el 30 de oc-
tubre de 1937 en un Bando de la Junta Técnica del Estado sobre Ayuntamientos y
Diputaciones. Pero la orientación legitimadora basada en la construcción de un «Nuevo
Estado», de imitación fascista, supuestamente fundado en una «revolución» al estilo de
10 Esa era la formulación exacta del célebre Dictamen de la comisión sobre la ilegitimidad de los poderes
actuantes en 18 de julio de 1936. Editora Nacional, (Imprenta de la S.G. de P., S.A., Barcelona), Año
de la Victoria, (I939). En la tal comisión, creada en diciembre de 1938, siendo ministro de la Goberna-
ción Serrano Súñer, presidida por el magistrado del Supremo Ildefonso Bellón Gómez, figuraban perso-
najes como Antonio Goicoechea, el Conde de Romanones, Fernández Prida, Eduardo Aunós, José Manuel
Pedregal y el falangista Rafael Garcerán. Su primer dictamen fue emitido en febrero de 1939.
11 Circularon en 1936, una vez comenzada la sublevación, documentos falsiticados que «probaban»
la existencia de una conspiración para establecer un «soviet» en España. La falsigficación fue obra de Tomás
Borrás, un escritor y periodista franquista. Esos documentos clandestinos falsos fueron difundidos por los
sublevados y llegaron hasta la prensa francesa de ultraderecha (el periódico Gringoire). El recientemente
fallecido H. R. SOUTHWORTH probó claramente la falsedad de todo este montaje. Cfr.: Conspiración
contra la República. En HISTORIAI6, 1978, 3 (26), pp. 41-57.
11 Véanse los comentarios de P. AGUILAR FERNÁNDEZ: Memoria y olvido de la guerra civil
espaiíola. Madrid, Alianza Editorial, 1996. Interesa el cap. 2°. La de las dos legitimidades es, como se
sabe, una vieja doctrina procedente de los clásicos de la contrarrevolución, ubicados normalmente en el
carlismo (Tradicionalismo) que el complejo ideológico del franquismo empleó muy bien. Véase P.
GONZÁLEZ CUEVAS: Pelfil ideológico de la derecha espaíiola (Teología política y orden social en la
Espaiía contemporánea). 2 vol. Madrid, Universidad Complutense, 1993. (Tesis Doctoral).
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 2000 - El franquismo, el regímen y la oposición. : actas de las IV Jornadas de Cas[...
J
las italiana o alemana creadoras de un nuevo modelo de Estado, fue prontamente
abandonada. Impulsada por la cada vez más notable influencia del pensamiento con-
servador católico y monárquico en el nuevo régimen, esa orientación fue sustituida por
la de la legitimidad de un «reino social-cristiano», como dijeron también los textos del
régimen.
La terminología de origen fascista fue sustituida paulatina pero rápidamentepor la
que insistía en la naturaleza de «Estado de Derecho» que el régimen tendría según sus
sustentadores y «teóricos» -teólogos católicos, juristas especialmente, políticos y algún
politólogo-. Los textos justificativos que el régimen produjo -desde instancias ideoló-
gicas como el Instituto de Estudios Políticos, el Ministerio de Información y Turismo,
diversos servicios del Movimiento, etc.- son perfectamente indicativos de esta intención.
El régimen pretendió siempre ocultar su carácter de «Estado de excepción» permanente
para considerarse un Estado basado en el derecho político tradicional cristiano, occiden-
tal y, por definición, antirrevolucionario, es decir, antiliberal. El papel de la Iglesia fue
esencial en ello y por ello se ha dicho con total justicia que lo que el régimen mate-
rializó fu un nacional-catolicismo 13.
Pero si, como hemos insistido, la discusión del tipo de régimen que fue el de Franco
es un tema que pocas novedades y vías heurísticas aprovechables puede aportar ya hoy,
en el contexto de todo tipo de conceptuaciones posibles -fascismo, bonapartismo, dic-
tadura militar, régimen autoritario, Monarquía sin Rey, etc. 14_, algún interés más podría
tener, por lo que representa de análisis de esa relación régimen-sociedad, la atención
a lo que contiene lo que podríamos llamar «complejo ideológico del franquismo»15. ¿Qué
es «franquismo» fuera de algunos tópicos al uso? ¿Es realmente un sistema político
distinto, es un régimen de estructuración del poder (la democracia orgánica), es algo
más que eso hasta convertirse en una corriente política o social, o es una doctrina?
De hecho, debe prestarse atención a que los verdaderos regímenes fascistas, entre
los que nace el «franquismo», nunca fueron conocidos como «mussolinismo» ni
«hitlerismo», pero sí se habla, por ejemplo, del «salazarismo« portugués. Ello puede ser,
a nuestro juicio, síntoma de dos cosas. Primera, de que con parecido grado de perso-
1) A efectos de la caracterización que hacemos aquí es esencial el libro de A. REIG: Frallco «Cau-
dillo»: mito y realidad. Madrid, Tecnos, 1995, que no es modo alguno una biografía más del Caudillo,
sino un diversificado y excelente estudio de las bases ideológicas de su dominación y de su régimen.
14 Véase una recopilación de estas conceptuaciones y una discusión de ellas en las obras citadas en
nota (6). Naturalmente, la bibliografía es más amplia y bastante conocida. Es útil también, entre otras muchas
publicaciones citables, el trabajo que presenta diversos puntos de vista de J. TUSELL: La dictadura de
Franco. Madrid. Alianza Editorial, 1988. Hasta 1993 puede ser útil en general la consulta de J.
AROSTEGUI: La Historiografía ... a.c.
15 La exposición mejor en términos sencillos y completos de este complejo es, a mi juicio, la de A.
REIG, o.e.
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nalismo caudillista en todos ellos, los regímenes verdaderamente fascistas tenían un
contenido doctrinal de mucha mayor potencia como para no necesitar designarse como
movimientos derivados de la personalidad misma del líder, sino con un identificativo de
la doctrina: fascismo, nacionalsocialismo J6 • Segundo, que tanto franquismo, como salaza-
rismo -como, si se nos apura, peronismo, varguismo, etc.-, eran en buena parte producto
del acarreo de muchas ideas y doctrinas viejas, periclitadas y contrarrevolucionarias,
amalgamadas en torno a la figura de un «salvador» político en una coyuntura histórica
complicada. Cosa que difícilmente puede decirse del verdadero fascismo. Los regímenes
de «mímesis» fascista J7 eran de una dificultad bastante grande de definición y lo más
sencillo era llamarlos con el nombre de sus fundadores, como ocurre con los populismos
en general.
En función de lo que decimos, es por lo que resulta tan escasamente riguroso de-
signar como franquismo una época de la historia española, como es ya costumbre casi
inexpugnable, cuando vemos que el apelativo es tan complejo y tan circunstancial. Dada
la peculiaridad especifica casi irreductible de este régimen de Franco es por lo que la
palabra franquismo resulta quizás más adecuada para nombrar un irrepetible tipo de
régimen político. Pero es cierto también que la existencia de aquel régimen vino a coincidir
con, primero, y a determinar después, un cierto lapso o momento histórico del proceso
de la sociedad española contemporánea que, en términos convencionales también, repre-
senta una fase de la marcha española hacia la modernidad europea, es decir, en el camino
hacia las sociedades industrializadas, socialmente abiertas y políticamente dotadas de
una democracia liberal formal.
Por ello, tanto puede hablarse de que la época de Franco coincide con una tercera
gran fase de la contemporaneidad, que estuvo precedida por las dos anteriores de las
revoluciones liberales (1808-1874) y de la estabilización del capitalismo agrario
oligárquico (1875- 1939), como de que la época de Franco queda rota por el fenómeno
crucial de toda la historia contemporánea española, el que se produce en la década de
los años 1960 con el definitivo salto a las formas de la sociedad industrial contem-
poránea. Sería así, pues, en la década de los años sesenta cuando se entre en esa tercera
etapa, en la que continuamos.
El franquismo es la última gran conformación de un régimen político y una base
social producto de la España del capitalismo agrario subdesarrollado que surge recom-
puesta de la resolución de la última gran crisis -la de los años 30- sufrida por la sociedad
de la Restauración, mediante una sublevación militar. En buena medida, significa una
restauración de las realidades muy amenazadas por los barruntos de revolución social
que se presentan coincidiendo con la implantación de la na Republica. La paulatina
desaparición de las realidades creadas por el régimen franquista, empezando por su sis-
16 En España, la voz «Nacional-Sindicalismo» fue poco más que una fórmula de uso interno del
falangismo, que el régimen como tal prácticamente no adoptó nunca, reservándose al lenguaje del Partido
(como la fórmula ritual «Por Dios, España y su revolución nacional-sindicalista»), y que pasó a ser pronto
un tópico sin contenido, pese a la fuerza del sindicalismo vertical. Pero esa era otra historia.
17 Es una expresión que me parece muy adecuada y que recojo de 1. JIMÉNEZ CAMPO: El fascisl7lO
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tema político propiamente IX, es la primera consecuencia derivada del gran cambio his-
tórico de los años 60 del siglo.
En la relación entre el régimen y las estructuras sociales a las que aquél conforma
políticamente, la Ciencia Política maneja, a veces, el concepto de apoyo ofrecido por
una cierta masa social a una determinada conformación política. La instancia política
o, si se quiere, la conformación precisa de un sistema político que regule la «asigna-
ción de recursos y valores» en una determinada coyuntura de dominación social, está
necesitada de un determinado grado de consenso social, de apoyo externo, puesto que
de lo contrario el aparato político se convertiría en pura tiranía, o tendría mucho más
dificultada su pervivencia. Si bien la dictadura es el sistema político que más cerca
se encuentra de ser ese mero montaje de dominación política tiránica, no existen dic-
taduras históricas que no cuenten con un nivel, por mínimo que sea, de apoyo en sectores
de la masa social.
El apoyo social a un determinado sistema o régimen político puede ser captado y
definido en términos estrictamente sociohistóricos cuando se observa en la sociedad
global en la que el régimen se ubica la existencia de ciertos colectivos -grupos, clases
sociales; fracciones de clase, corporaciones, instituciones orgánicas- especialmente
implicados en su defensa y sostenimiento o, simplemente, «especializadas» en ello. Las
instancias especializadas en sostener regímenes son realidades bien conocidas en el caso
de dictaduras y totalitarismos. En el comportamiento de tales grupos puede observarse
que o bien tienen un rol «necesario» en la creación de tal régimen, o que se han
constituido como vectores para la canalización de adhesiones más generalizadas que
propicien el mantenimiento de la situación o como núcleos de extracción privilegiada
de aquellos elementos que integran y componen el aparato gubernativo o el de pene-
tración y control social que el régimen crea. Es decir, que forman lo que conocemos
como «personal político» del régimen.
Todo régimen, incluso el más opresor, ha de captar apoyos más o menos ge-
neralizados. Los apoyos se ubican en diversos niveles de la estructura social. Todos
aquellos elementos de la estructura social -estructura que se entiende como conjunto
de grupos pero también de relaciones y de instÍluciones- que resultan decisivos en los
grandes procesos de reproducción y perpetuación de esas estructuras, en los procesos
de regulación social y política, pueden, de alguna manera, incluirse dentro de esos
determinantes apoyos sociales del régimen. En el caso del franquismo, se incluyen en
ellos grupos que se mantuvieron cuando menos «neutrales», pero jamás hostiles, fren-
'te al ejercicio de la hegemonía.
Existen, más allá de eso, ciertos grupos que operan especialmente como sus
sustentadores privilegiados. Este tipo de funciones de apoyo que ciertos sectores de la
sociedad realizan a favor de «su» régimen político es captable, sobre todo, como fun-
ciones obra de colectivos, de grupos sociales en su estricto sentido, o de carácter más
IX Es cierto que ese régimen no ha desaparecido sino con la muerte de su fundador, jamás derribado.
Lo que quiere decirse es que el cambio de la propia fonnación social española como consecuencia del proceso
histórico de la industrialización hace entrar en grave e irreversible crisis al régimen en vida del creador.
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o menos orgánico -las iglesias, por ejemplo- o corporativizado -los militares o la
magistratura-, pero también la calificación de «apoyo» social de un determinado ré-
gimen puede predicarse de individuos de la suficiente relevancia social, económica o
ideológica. Apoyo y legitimación del régimen son cuestiones estrechamente entrela-
zadas y correlacionadas. Si no existe algún tipo de apoyo no existe legitimación. Por
tanto, un régimen puede disponer de tal apoyo ab origine, o bien habrá de buscarlo
mediante los resortes habituales que posee el Poder.
El régimen franquista contó con muy diferentes géneros de apoyos sociales dada la
especial peculiaridad de su origen en una guerra con fuerte contenido social que polarizó
al país. Este fue un régimen de los «vencedores» que contaba, por tanto, con variados
tipos de «adhesiones inquebrantables» como se acostumbraba a señalar en el propio
lenguaje estereotipado oficial. La existencia de apoyos sociales fue incuestionable desde el
origen; los institucionales se crearon desde el propio aparato del Estado y fueron modifi-
cándose con el tiempo. El conjunto del Movimiento Nacional no era sino un ingente orga-
nismo de este tipo, aunque tuviese también otras claras funciones de encuadramiento IY •
En definitiva, el fin del franquismo se explica en lo esencial por la transformación
de la sociedad, lo que representaba una transformación también de esos apoyos, que
a su vez nos señala igualmente también por qué es erróneo intentar poner fechas preci-
sas a su proceso de destrucción y a la supuesta «total desaparición» de todas las rea-
lidades sociohistóricas que han convergido en él. No ha habido una desaparición global
de ese género. Ha tardado mucho tiempo en desaparecer -y aún, ¿ha desaparecido
enteramente?- lo que es el franquismo como forma de comportamiento político.
El franquismo como ideología, si es que puede hablarse con propiedad de tal cosa
en toda su historia, se presenta, a través de aportes heterogéneos nunca bien amalga-
mados, como un proyecto sistemático de «conformación social» que en más de un
sentido intenta reproducir supuestos modelos históricos precedentes -se autocalifica
siempre de «tradicional»- y que intenta aportar soluciones globales. El franquismo se
convierte en un sistema cerrado y excluyente, que elimina físicamente a sus adversa-
rios, que no permite alternativas y que representa un pacto entre diferentes grupos
sociales o corporativos -en algún caso, y con poca precisión, se han querido identi-
ficar como «familias» del franquism0 20-. La existencia y naturaleza de ese pacto permite
también introducir la idea de apoyo social.
El franquismo, como sistema articulado de dominación y con independencia del grado
de su coherencia, se apoyaba más que en una dominación de casta, grupo o corporación
IY Todo el texto sobre la cuestión de los apoyos sociales y demás consideraciones histórico-sociales
sobre el régimen de Franco procede de una Memoria redactada en 1991 por mí mismo como explicación
del proyecto de investigación en grupo Estructuras sociales españolas y régimen de Frallco (sobre los
apoyos sociales del jranquislIlo). La subvención que se pedía no se concedió y el proyecto quedó en
suspenso. La teoría de los apoyos expuesta se basaba, sobre todo, en las concepciones sistémicas del poder
político derivadas de las tesis de David Easton, Davis Apter, etc.
20 La cuestión de las familias del franquismo fue introducida por A. DE MIGUEL: Sociología del
frallquisl11o. Barcelona, euros, 1975 y fue retomada y ampliada por J. TUSELL: La dictadura de Franco,
a.c., aunque habla de ello también en otros lugares.
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delimitada por sí misma -el Ejército, los propietarios agrarios, la Iglesia- en su ca-
pacidad de perpetuar la representación de intereses salvados en una guerra civil frente
a las «fuerzas disolventes» -la expresión es del propio régimen-o Se trataba de un pro-
yecto ideológicamente confuso y retrógrado, sin duda, cerrado, de espaldas a su con-
texto geopolítico y contra las corrientes históricas que se desarrollaban a su alrededor,
que supo, sin embargo, adaptarse a sucesivas coyunturas históricas internacionales
El Partido Único que, como es bien sabido, es el producto de una unificación de grupos
políticos preexistentes, en plena guerra civil, dando lugar a la organización llamada Falange
Española Tradicionalista y de las JONS, nunca fue ni un verdadero partido al estilo de
los Partidos fascistas italiano o alemán u otros de menor importancia, a los que pretendía
imitar, ni controló realmente el Estado, ni consiguió ser verdaderamente único, ni, en
definitiva, Partid0 21 . Pero sirvió para cumplir determinadas funciones de estructuración,
apoyo y encuadramiento en los comienzos del régimen, para «aparcar» en él a determi-
nados personajes, colectivos e intereses y, a través de una evolución muy peculiar tam-
bién, para constituir una especie de carcasa, el «Movimiento Nacional», que era a la vez
un conjunto de doctrinas y una organización, donde teóricamente se encuadrarían los cada
vez más complejos y divergentes aportes a la perpetuación del régimen.
Toda la estructuración del Partido en sus cuadros y en sus órganos centrales y
territoriales llegó a producir un aparato que empezó siendo paralelo, o sea, doblaba,
al de la propia administración del Estado en los niveles que iban desde las funciones
atribuidas al gobierno central y los ministerios hasta las estructuras provinciales y
municipales 22 • En ese Partido la preeminencia primera fue de los falangistas clásicos
que nunca llegaron a amalgamarse plenamente con otros integrantes procedentes de
muchos ámbitos de la derecha clásica, desde la CEDA a los carlistas. Franco mismo
nunca pretendió de veras hacer un Partido homogéneo 23 , sino más bien todo lo con-
trario. De esa forma pudo repartir parcelas de Poder, absolutamente al margen del su-
puesto Partido Único, entre las «familias» que sostenían el régimen.
En consecuencia, el Estado franquista mantuvo en principio, junto al aparato guber-
nativo normalizado, tras el primer gobierno constituido por Franco a fines de enero de
1938, unas estructuras paralelas del Partido, en buena parte imitadas de sus homólogas
en los regímenes italiano y alemán, creando una situación que necesariamente obligó a
prontas reestructuraciones, en especial desde que el régimen fue alejándose de sus orí-
genes de imitación fascista. Junto al Gobierno estaba el Partido. En otro plano estaba
el Ejército. Más allá hubo un conato de creación de una estructura sindical como poder
autónomo también, que sería la CNS (Central Nacional-Sindicalista).
21 Sobre toda la problemática que va desde la aparición de los primeros grupos fascistas en España,
su papel en la guerra civil y su aportación a la articulación de ese régimen y Estado franquistas, existe
una amplia literatura histórica. Escojamos: 1. JIMÉNEZ CAMPO, o.c. S. G. PAYNE: Falange. Historia
del fascismo espaiiol. Paris, Ruedo Ibérico, 1965, obra pionera aunque con errores. R. CHUECA: El
fascismo en los comienzos del régimen de Franco. Vil estudio sobre FET-Jolls. Madrid, CIS, 1983. Ch.
RUDEL: La Phalange. Histoire du fascisme en Espagne. Paris, Edition Spéciale, 1972.
22 Más adelante hablamos de ello.
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No se tardaría mucho tiempo, tras la guerra civil, y en especial más tarde, tras la
derrota final de los fascismos, en emprender un camino político que llevaría a la re-
fundición de todos estos supuestos contrapoderes en el aparato de un gran Estado
burocrático, con un mecanismo gubernamental administrativamente único, centraliza-
do, enteramente sujeto al poder del Jefe del Estado y sustentado en principios doctrinales
y jurídicos cada vez más amalgamados y complejos. Las estructuras propias del Par-
tido fueron quedando marginadas, reducidas en importancia, privadas de poder real,
y aunque algunas de ellas subsistieron mucho tiempo careCÍan de cualquier tipo de
influencia social real.
Una de las más llamativas peculiaridades del régimen, que no siempre ni mucho
menos ha sido debidamente tenida en cuenta, es el amplio lapso temporal que necesitó
emplear en adecuar sus fundamentos políticos constitutivos a los objetivos histórico-
políticos confesados --el orden «cristiano», el anticomunismo, la propiedad, etc.,- que
sirvieron siempre como legitimación de una sublevación contra los poderes legítimos
y de la subsiguiente construcción estatal por la fuerza de las armas. Es probable que
esa lentitud tuviera entre sus causas el hecho de la transformación misma que el ré-
gimen fue experimentando desde sus posiciones cercanas al fascismo, cuando existían
Estados fascistas, hacia las de una dictadura mucho más conse'rvadora y tradicional,
más arcaica también, bajo el ropaje del «Estado de Derecho».
Lo que, desde luego, no puede negarse al régimen político instaurado y a su apa-
rato estatal es la capacidad de adaptación, casi camaleónica, a la variabilidad de las
coyunturas históricas y, hasta llegar al gran cambio de los años sesenta, que desborda
ya los propios fundamentos del régimen, a la propia evolución de la estructura social
española. Aunque esa adaptación real al cambio social fue ya imposible de realizar en
el grado adecuado para permitir la supervivencia del franquismo. El episodio más sig-
nificativo de ese proceso adaptador es, seguramente, el que adviene a raíz de la ter-
minación de la Guerra Mundial, en 1945, y el esfuerzo de salvación del régimen que
hubo de efectuarse entonces.
En su adecuación como régimen político (lo que no cabe decir como sistema, donde
el arcaísmo era más que evidente), el de Franco estuvo acompañado de una eficaz
versatilidad. Por ello es posible observar el paso pe aquel régimen por etapas como la
originaria de devoción fascista, el impulso tecnocrático posterior y el pragmatismo
«aperturista», frustrado al fin. El reflejo más inmediato de los caracteres de tal historia
es, indudablemente, la legislación política. Y aquí no cabe sino partir de la espectacular
realidad de un régimen que tardó en realizar su institucionalización ¡prácticamente trein-
ta años!, partiendo del Fuero del Trabajo hasta llegar a la Ley Orgánica del Estado (LOE).
Un repaso detenido y glosado de la selva de las Leyes Políticas del franquismo entre
1937 y 1968, resultaría aquí poco útil, además de ser un empeño excesivamente amplio
para que sea posible abordarlo. El conjunto de las Leyes Políticas franquistas ha sido
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recopilado con frecuencia y estudiado muchas veces 24 . Tal vez, lo que fuera interesan-
te no pasar por alto aquí es el general carácter coyuntural que estas leyes tuvieron entre
1937 y 1947, es decir, en la primera etapa del régimen, cuando se operó el gran cambio
al que obligó, además, la derrota misma de las potencias fascistas. A partir de esa fecha
y comenzando por la Ley de Principios del Movimiento Nacional de 17 de mayo de
1958, se entra en la fase de las leyes pretendidamente «constitucionales»25, o sea, que
intentaban diseñar una visión jurídica completa del régimen y del Estado y no asuntos
particulares -como era el caso de las anteriores-o
El proceso concluye con la que es la ley más importante de todas, la Ley Orgánica
del Estado, de I O de enero de 1967, que fue la que se pretendió hacer pasar por una
Constitución y la que integraba de forma definitiva Estado y Movimiento. El Preám-
bulo aludía a todas las demás Leyes anteriores y en ella se dedica espacio amplio al
Consejo Nacional del Movimiento. Se consumaba el paso de FET de las JONS a
Movimiento Nacional calificando a éste ideológicamente de «ordenada concurrencia
de criterios» (Art. 4.). Establecía que el Presidente del Gobierno, una figura que sustituye
definitivamente a la de Franco reservando a éste para el Olimpo que representaba la
Jefatura del Estado (prácticamente un rey sin corona), ejercería la Jefatura Nacional
del Movimiento, asistido del Consejo Nacional y del Secretario General. El Título IV
se destinaba entero al Consejo Nacional del Movimiento. La LOE acababa hablando
del Recurso de Contrafuero, una figura muy celebrada por los juristas del régimen con-
siderándolo salvaguarda fundamental de los derechos de los ciudadanos. Ninguno de
los Títulos, sin embargo, se dedica al poder legislativo o Cortes.
Con posterioridad a la promulgación de la LOE, se publican algunas otras comple-
mentarias con el carácter del Leyes Orgánicas, como aquellas que completan la «cons-
titución». La Ley Orgánica del Movimiento y su Consejo Nacional es de 28 de junio
de 1967. El Reglamento del Consejo aparece el 24 de septiembre del mismo año y el
Estatuto Orgánico del Movimiento en 20 de diciembre.
Una cuestión distinta incardinada en la conformación del régimen y del Estado
franquistas y crucial para su funcionamiento sería la del juego real de los mecanismos
de poder, las vías de acceso a él y su ejercicio en relación con la sociedad. Ello nos
lleva a la cuestión esencial de los procedimientos de representación y designación de
los políticos. El régimen elaboró la doctrina de la democracia orgánica como propia
de la representación y la participación. Pero, naturalmente, como régimen autocrático
nunca pretendió llevar una verdadera democracia a la elección de los gobernantes. Sólo
en el nivel municipal, de una manera estrictamente controlada y muy tardíamente, hubo
Espmlolas. Madrid, Boletín Oficial del Estado, 1969, 1991 pp, llevada a cabo por F. GARRIDO FALLA
con algunos colaboradores. En 1971 apareció un pequeño Anejo que contenía fundamentalmente la última
Ley Sindical de ese mismo año. Un libro introductorio a las instituciones políticas del régimen, muy útil
y utilizado ha sido el de J. SOLÉ TURA: Introducción al Regilllen Político Espaíiol. Barcelona, Ariel,
1972, más meritorio aún por la fecha en que aparece.
25 Cosa de la hablaría el jurista del régimen R. FERNÁNDEZ CARVAJAL: La Constitución Espa·
ñola. Madrid, Editora Nacional, 1969, libro aparecido a raíz de la publicación de la LOE.
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ciertos mecanismos de elección libre de las concejalías, donde los candidatos fueron
agrupados en «tercios», uno de los cuales, el familiar, permitió el acceso al cargo de
algunas personas independientes.
El mecanismo típico de la supuesta representación fue las Cortes, cuyos miembros,
llamados Procuradores, nunca fueron objeto de una verdadera elección democrática.
La composición de las Cortes y los mecanismos de elección de sus miembros cam-
biaron a lo largo de la historia del régimen, aunque se mantuvieron algunos rasgos per-
manentes, como la presencia en elevado número de miembros natos, por razón del cargo
o la inclusión automática de los miembros del gobierno. El mecanismo más evolucio-
nado que llegó a consentir el régimen fue, como hemos señalado ya, la elección mediante
el voto de las «cabezas de familia» de concejales y procuradores en el tercio de los
candidatos reservado a la representación familiar. Otro tercio fue el sindical también
con un contenido semielectivo.
D) EL PERSONAL POLÍTICO
Quiénes fueron los servidores del régimen, qué personas, grupos ideológicos y co-
lectivos de diversas índole se integraron, o fueron integrados, en el aparato del poder o,
más sencillamente, en el burocrático del régimen, ha sido objeto de diversas investiga-
ciones de carácter general, desde las pioneras de Viver y Jerez Mir, hasta las de Sánchez
Recio y las de carácter regional o local que le han seguid0 26 . Se les llame al conjunto
de estos servidores «personal político» o se especifique la. situación de los detentadores
de poder a diversas escalas sociales como «élites», siempre se halla presente el hecho
de la heterogeneidad notable, de la dispersión de las adscripciones políticas previas -
en un espectro político obviamente ceñido a la derecha más o menos extrema- de muchas
personas que se integraron en el aparato político-burocrático del partido. Dada la diversa
extracción política de estos colaboradores, pero la común orientación de todos ellos
participantes o favorables a la empresa de la rebelión antirrepublicana de 1936, Sánchez
Recio ha hablado de que formarían una «coalición reaccionaria»27.
La cuestión importa tanto para la clarificación del grado de consenso que el régi-
men suscitó, como para la precisión de los centros de extracción de sus élites buro-
crático-políticas o para el análisis de las peculiaridades de su administración y, espe-
cialmente, de la peculiar forma en que se construye una burocracia política o una política
burocrática. Hoy sabemos algo tanto de la procedencia de los cuadros altos del
franquismo, que estudió Viver Pi-Sunyer, como de las capas sociales principales que
proporcionaron el personal de lo que se ha llamado una «burguesía de servicios», como,
lo que no tiene menor interés, la extracción de los miles de individuos que formaron
los cuadros medios, desde los Procuradores en Cortes 2X , hasta los alcaldes y concejales
pasando por los cuadros provinciales del Partido.
espa/lolas, 1943-1970. Vil análisis de cohortes. En SISTEMA (Madrid), n° 8 y 9, enero y abril de 1975.
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La aglutinación de este personal político al servicio del régimen se operó a través
de un fenómeno que ha analizado Sánchez Recio y que partiría de la diversidad del
origen político de esos cuadros, hasta que el régimen los reúne en una identidad de
intereses. En el plazo de la vida entera del régimen puede observarse que los años 60
marcaron también una cesura de importancia, como en todos los órdenes de la historia
del régimen, en la extracción del personal político. La aparición en el país de una nueva
burguesía en esa década hace que a los cuadros de la administración y política del
régimen acudan ahora ciertas gentes que después acabaron formando los reductos
incipientemente reformistas que habrán de jugar un papel importante en la época de
la transición posfranquista.
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toma de decisiones, con ninguna otra instancia, ni verdaderos mecanismos de control,
puede decirse que en la España de Franco existió o bien una Política burocrática,
rutinizada, reglamentada, o una Burocracia política, un funcionariado escasamente
distinguible de los gestores políticos. En este sentido, es absolutamente cierto que uno
de los fundamentos del régimen fue la desmovilización política.
La diferencia entre Política y Administración casi no existe en el Estado franquista
y no ya como los elementos consustanciales que ambos componentes son en la marcha
de un Estado, sino que esa distinción apenas existe entre los servidores del Estado. Y,
en definitiva, en la Administración se incluyen muchos aparatos institucionales y de en-
cuadramiento ideológico, social y económico, donde no cabía hacer Política sino sólo
la absoluta subordinación a ese único poder estatal encamado en Franco. Las adminis-
traciones del Partido, Sindicatos, Fuerzas Armadas y del Orden y, casi, Iglesia, se inte-
gran en el aparato estatal como partes de él, sin capacidad de decisión autónoma, pero
añadiendo confusión y duplicidad a todo el sistema.
31 Denominación en la que, sin duda, junto a la manifestación de la voluntad de acabar con la Re-
pública y crear un orden estatal distinto, hay también un cierto mimetismo de terminologías a la moda,
como era el caso de la portuguesa ..
)2 R. SERRANO SÚÑER: Entre el silencio)' la propaganda, la Historia como fue. Memorias. Bar-
celona, Planeta, 1989. Y también Entre Hendaya y Gibraltar (Noticia y reflexión, frente a U/la leyenda,
sobre nuestra política en dos guerras). Madrid, Ediciones y Publicaciones Españolas, 1947. Véase su
primera parte: «Hacia la improvisación de un Estado».
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Ese Estado que recogía elementos y estructuras -Jefatura, Gobierno, Cortes, Par-
tido, Sindicato, Ejército, además de todas las estructuras periféricas- de tan diverso
origen e inspiración y que fue variando, al menos, en el sistema de relaciones entre
las instituciones, de forma que unas ganaban relevancia a costa de las otras o perdían
su carácter originario tras una profunda transformación, tuvo, sin embargo, unos prin-
cipios o pautas de fondo que sí resultaron inamovibles en los casi cuarenta años de
duración del régimen. Detengámonos brevemente en ellas
Lo primero que cabe destacar es la naturaleza asfixiantemente centralista,jerarquizada,
que tuvo el Estado, el sistema y el régimen originados por la guerra civil y presididos
permanentemente por Franco hasta su muerte. Pero no cabe llamarse a engaño: el régi-
men no inventó en esto, como en algunos otros extremos que analizaremos después, nada
en absoluto, limitándose únicamente a rectificar ciertas «desviaciones» anteriores y a
insuflar, tal vez, un nuevo espíritu al sistema. El régimen, en efecto, continuó el proceso
que había abierto la construcción del Estado liberal en el siglo XIX, fundamentalmente
según el modelo del partido moderado, al crear un sistema estatal y un aparato admi-
nistrativo estrictamente centralizados, considerando un territorio homogéneo para el Poder
y concentrando todo éste en el órgano central de decisión, el gobierno.
El Estado franquista, fiel a una ideología ultraconservadora enemiga furibunda de
los nacionalismos regionales y de toda idea de reconsideración de la distribución te-
rritorial de los poderes del Estado", destruyó la obra constitucional de reorganización
del Estado con poderes regionales autónomos que había ensayado la República y volvió
a una estructura política del territorio basada estrictamente en las Provincias y los
Municipios desprovistos de cualquier ápice de poder político autónomo. Sólo en el
terreno económico se permitió una excepción con las antiguas provincias forales de
Álava y Navarra dado el comportamiento que sus autoridades tuvieron al producirse
el alzamiento de julio de 1936, concediéndoles ciertos privilegios «forales» en materia
recaudatoria e inversora.
Una segunda característica sería la que procedía del repudio completo del sistema
gubernativo de raigambre liberal al establecer una estricta unidad de poder, y el re-
chazo de todo origen democrático de éste, con una expresión que figura como tal en
los propios textos doctrinales que atribuyen todos los poderes finales al Caudillo, una
atribución que los sucesivos textos políticos fueron considerando paulatinamente como
«excepcionales» e intransmisibles, según se establecía en las leyes de sucesión. Ni las
Cortes del régimen fueron nunca un organismo representativo desligado del poder eje-
cutivo, ni menos aún tuvo autonomía alguna la Justicia. El Poder se consideraba in-
divisible, como en una Dictadura o en el modelo fascista y emanaba sólo del Jefe,
responsable únicamente «ante Dios y ante la Historia», como decían los estatutos del
Partido único.
"Es este un asunto del que se habla con alguna extensión, en relación con el proyecto de Estado del
liberalismo español, en 1. AROSTEGUI: El Estado espaiiol cOlltemporáneo, O.e.
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Con carácter histórico más coyuntural, pero de gran significación en sus anteceden-
tes y muy definidor de la peculiaridad del régimen, destacó en toda la época el pre-
dominio del poder militar, en último extremo. Salvo las declaraciones programáticas
que las doctrinas del franquismo tomaron de formulaciones anteriores, como aquella
de Calvo Sotelo de que el Ejército es «la columna vertebral de la Patria», es evidente
que en los textos legales franquistas no se consagra nunca de forma explícita esa
supremacía militar, al modo en el que lo habría hecho una dictadura militar y lo hizo,
de hecho, un régimen de tal tipo como fue el de Primo de Rivera a partir de 1923.
Pero la realidad fue la misma.
En efecto, la historia empírica del desarrollo de los resortes del poder en la época
muestra inequívocamente que la supremacía de lo militar fue un hecho incuestionable
hasta, por lo menos, la desaparición de Carrero Blanco a fines de 1973. Esta persis-
tente situación es, seguramente, una de las connotaciones que de forma más clara y
empírica permitirían en cualquier caso caracterizar sin rebujos al régimen de Franco
de verdadera «dictadura» militar que siempre pretendió, inútilmente, como en otros
muchos aspectos, permanecer enmascarada. La supremacía del poder militar no sig-
nificó, sin embargo, una verdadera situación de privilegio social para la generalidad
de los propios componentes de las Fuerzas Armadas 34 , que no atravesaron situaciones
menos penosas que el resto de la población en los años difíciles. El poder residía en
la alta cúpula militar en la que Franco se apoyó siempre y que fue favorecida con cargos
políticos y económicos de importancia.
y no se trataba ya sencillamente de que una buena parte del «personal político»
que sirvió al régimen -ministros, altos cargos ministeriales, presidentes de organismos
(incluidos consejos de Administración de Bancos y otros organismos económicos
públicos como el INI o empresas públicas concretas), gobernadores civiles, magistra-
dos, además de la propia administración militar- fuese de procedencia militar, de que
fuesen militares en activo o en la reserva y de que muchos proviniesen de los cuerpos
jurídicos de las Fuerzas Armadas. Sino que se trataba, lo que era más importante, de
que el Poder militar, como una estructura incrustada en el propio Estado, tenía capa-
cidades decisorias a escala central y territorial.
ASÍ, las Capitanías Generales fueron las únicos grandes instituciones de poder de
carácter regionaJ35 -si descartamos las Audiencias Territoriales- existentes, a través de
las cuales los Capitanes Generales ejercían poder prácticamente omnímodo y siempre
decisorio en última instancia en su territorio por encima de cualquier otro. Todas las
provincias tenían igualmente un Gobernador militar. Las atribuciones jurisdiccionales
en materia política, o incluso en cuestiones de delincuencia común o «laboral», conce-
,. Salvo en ciertos casos de legislación específicamente protectora y discriminatoria como fue la Ley
de Destinos Civiles favorecedora del personal militar retirado.
1; El régimen elevó a nueve el número de Capitanías Generales en que se dividía el territorio, al añadir
la de Granada, eliminando las Divisiones Orgánicas, ocho, que había creado la República. Ello además
de los mandos militares propios de las islas Baleares y Canarias, para los cuales vale aún con más fuerza
lo que se afirma en el texto.
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didas a la Justicia Militar fueron amplísimas, incluyendo todas las de orden público
hasta la fase final del régimen. El Orden Público, en efecto, estuvo prácticamente
siempre en manos de personal procedente del Ejército, con los cuerpos de policía
militarizados, una cuestión en la que los precedentes eran también claros 36 . No se trataba,
en definitiva, de que el «orden militar» en los asuntos políticos formase una estructura
paralela al civil, y fuera del control de éste, sino que era claramente preeminente.
Por último, cabe hablar de una característica que conformaba también el perfil clásico
de este régimen de excepción: el Caudillaje. La jefatura del Estado no era una ma-
gistratura, sino que se entregaba a un Caudillo, en un sistema que recoge a un tiempo
perceptibles resonancias de instituciones históricas hispanas, medievales, que habían
sido incluso transferidas a América. La semántica del término y la función de liderazgo
del caudillaje, que son históricamente complejas, se reconvierten no obstante en el
contexto de la crisis bélica civil española de los años treinta por la clara influencia de
los ejemplos fascistas, donde la figura del Jefe adopta denominaciones míticas -Führer,
Duce- que inducen, sin duda, en España la reposición de la vieja palabra en contextos
como «Una patria, un caudillo, una espada» o «Una patria, un caudillo, un imperio».
La cuestión de teoría del poder que se incardina en la figura del Caudillo es objeto
incluso de una formulación doctrinal del régimen que pretende ser seria, la del teórico
político Francisco Javier Conde 3? En cierto modo, esta teoría es la trascripción del
führerprinzip nazi. La figura del Caudillo es una providencia de la Historia, una ne-
cesidad restauradora en tiempos de profunda zozobra y no tiene nada que ver con la
figura del dictador; el caudillaje se justifica por la identidad entre los objetivos que
se fija y lo que el pueblo demanda. Esta es la justificación de su poder omnímodo:
sigue los designios de la historia y satisface las apetencias populares. Esta es la «le-
gitimación de la autocracia».
La dualidad primigenia Estado-Partido que es uno de los rasgos esenciales de los
regímenes y Estado fascistas no tardaría mucho en desaparecer, según hemos señalado
antes. En el tiempo en que esa dualidad tuvo alguna realidad no dejaron de plantearse
conflictos, entre Ejército y Partido, por ejemplo, o entre Iglesia y Partido. Pero la
evolución fue rápida y unidireccional: Falange Española Tradicionalista y de las JONS
acabó convirtiéndose en una parte más de la Administración del Estado, en buena medida
parasitaria y con muy escaso poder de decisión. Los Jefes Provinciales del Partido se
funden con la vieja figura gubernativa de los gobernadores civiles. Los sindicatos, por
el contrario, evolucionarán hasta convertirse en un gran aparato de encuadramiento del
mundo productivo y laboral, pero como un aparato de control, de fuerte impronta
burocrática y bajo el dominio absoluto del sistema gubernativo al convertirse también
la Delegación Nacional de Sindicatos en un ministerio. Y hasta los primitivos «Servi-
53
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cios» del Partido, a los que nos referiremos después van siendo progresivamente vacia-
dos de sus funciones que pasarán a los ministerios correspondientes.
En todo caso, es preciso destacar el papel que jugaron ciertas instituciones políticas
que fueron creación típica del régimen en su afán de urdir una imagen «democrática».
Dos elementos clave de esa urdidumbre fueron las Cortes Españolas, de creación tem-
prana y que sufrieron modificaciones importantes en su conformación y reclutamiento
y el Consejo Nacional del Movimiento, otra vieja institución totalmente remozada luego
para convertirla en una supuesta cámara legislativa. Ambas instituciones son importan-
tes por cuanto pretendían ser el meollo del sistema o poder legislativo del Estad0 3x .
"Las Cortes cuentan cono tratamientos en la literatura del propio régimen. Así, el sindicalista C.
IGLESIAS SELGAS: Las Cortes Espaíiolas. Pasado, Presente, Futuro. Madrid, Cabal editor, 1973. El
Consejo Nacional del movimiento no cuenta, en lo que yo sé, con ninguna monografía parecida.
,') OLMEDA GÓMEZ, a.c., pp. 40-41, nota.
4() M. LANERO T ÁBOAS: Una milicia de la Justicia. La política judicial del franquisl1lo ( 1936-1945J.
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aspecto sigue desgraciadamente viva en su fondo a los casi veinticinco años de su
desaparición. Los políticos españoles siguen distinguiendo entre responsabilidades ju-
rídicas y responsabilidades políticas en el ejercicio del poder y sólo reconocen -aun-
que, de hecho, únicamente en la teoría, no en la práctica- las segundas una vez es-
tablecidas las primeras, con lo que lo que los artilugios judiciales predominan sobre
la responsabilidad política.
La jungla legislativa en la que vivía la administración del Estado franquista no se
intentó empezar a despejar hasta los esbozos de sistematización de la función pública
que se producen a fines de los años 60, coincidiendo con el intento de organizar también
el Estado de forma sistemática y «constitucional». Poco antes se había promulgado la
Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado, de 1957. También aquí cabe
decir que el Estado franquista heredaba realidades españolas anteriores 41 en la intrin-
cada estructura del aparato funcionarial. La cuestión del ordenamiento de la función
pública ha sido clave en España desde la instauración en el siglo XIX del Estado liberal
centralista en España. La gran reforma de la función pública en la época de Franco
se efectuó en 1963-1964 (Ley de Funcionarios Civiles del Estado, 1964) que fue la
que prácticamente cristalizó el funcionariado del régimen y condicionó su futuro.
Mediante una ley que pretendió modernizar los cuerpos de funcionarios, sus atribu-
ciones, retribuciones y la carrera funcionarial como tal, se consagró una situación, como
ha señalado García de Enterría, que, lejos de ser un hito en la profesionalización de la
carrera funcionarial, lo que hizo fue promover «la conversión virtual de todos los pues-
tos de trabajo en puestos de libre designación -por el simple procedimiento de la no apro-
bación de las plantillas orgánicas ni la clasificación de los puestos de trabajo»42-. Ello
representaba el retorno al «patronazgo político de los funcionarios». Nada más acorde
con la ideología del régimen y nada también que no se haya pretendido perpetuar des-
pués hasta el momento actual.
Dos rasgos finales de esta política burocrática podrían ser señalados. Uno es el de
la confusión entre la función ideológico-gubernativa de los centros de poder y la función
administrativa propiamente dicha. Paralelamente a ello, la general falta de preparación
adecuada del funcionariado español. Puestos ambos rasgos en relación, a su vez, con el
excluyente carácter centralista de esta administración, se produce el fenómeno particular
de la administración española de que sus ramas periféricas, emanación siempre del poder
central, no fuesen propiamente ni técnicas ni políticas sino una mezcla de ambas. García
de Enterría hizo a este efecto una sugerente comparación entre las figuras del Prefecto
francés y la del Jefe Político (de las Provincias), luego Gobernador Civil y después, con
el franquismo, Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento español. Eran dos
personajes y dos funciones muy divergentes 43 .
~I Sobre la historia y otros aspectos del funcionariado español son altamente recomendables los di-
versos trabajos de A. NIETO, entre ellos La retribución de los funcionarios en Espaíia.
~2 GARCÍA DE ENTERRÍA, a.c., VI.
4, Ibidel11, pp. 51 Y ss.
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C) LAS ADMINISTRACIONES ESPECIALIZADAS
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c.2) El Partido y el Movimiento Nacional
45 Es de observar como esta frase consagra la inclusión en la hagiografía de las luchas por los «valores
eternos» en la España contemporánea de las guerras carlistas del siglo XIX, ahora que la Comunión
Tradicionalista había quedado integrada en el Partido que por ello se llamaría «Tradicionalista».
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El Partido se organizaba desde el nivel local hasta la Jefatura Nacional: se estable-
CÍan jefaturas Locales y Provinciales, una Junta Política, un Consejo Nacional y en la
cúspide el Jefe. Pero junto a esta estructura de mando se creaba una gran parafernalia
de Servicios, Milicias, Sindicatos, Delegaciones y Sección Femenina. En 1934 sólo
existía un Servicio -el de Administración, Contabilidad y Tesorería-, en 1937 se habían
sumado los de la Sección Femenina, Auxilio de Invierno y Prensa y Propaganda. En
los Estatutos de 1939 se pasaría a doce Servicios. Y dos más, aunque no figurasen como
tales, el de Sindicatos y el de Milicias. Las Milicias u organizaciones paramilitares del
Partido desparecerían con gran rapidez completando una política que Franco había
emprendido ya en plena guerra de poner todo aparato militar en manos del Ejército.
Los sindicatos seguirían una evolución propia estrictamente separados del propio partido
tras una primera experiencia que pilotó Gerardo Salvador Merin0 4ó .
Los grandes órganos de FET y de las JONS, los que perduraron, no tuvieron con
el tiempo sino un destino hacia la burocratización. El Consejo Nacional (CN) quedó
en vía muerta, sobre todo desde la Ley de Cortes de julio de 1942. Los miembros del
CN pasaron a ser miembros natos de las Cortes, lo que les restaba aún importancia
y desde entonces el CN funcionó como fuente de extracción de personal para cargos
en el Partido y el Estado. Posteriormente, por la Ley Orgánica del Estado, el Consejo
Nacional del Movimiento pasó a actuar como una falsa segunda Cámara junto a las
mismas Cortes, hasta el final del régimen. Un Reglamento de diciembre de 1942 creó
Comisiones en su seno: Ordenación Fundamental y Relaciones entre Estado y Movi-
miento, Secciones del Partido, Educación Popular y Servicios del Partido.
La Junta Política desapareció también de hecho tras salir Serrano Suñer del gobier-
no a fines de 1941. Según el Estatuto de 1939 tendría un Presidente, que no era el Jefe
Nacional, doce miembros, seis nombrados por el CN y seis por el Jefe Nacional. Tanto
la presidencia como poco después la propia Junta Política desaparecieron prácticamente
el caer Serrano Suñer. El Decreto de Unificación de 19 de abril de 1937 hablaba de
la creación de un «Secretariado o Junta Política», lo que no se realizó puesto que ambas
instancias, Junta Política y Secretaría General, fueron creadas y quedaron separadas.
La Secretaría General ganó en entidad mientras la perdía la JP.
La Secretaría General se fue convirtiendo en la instancia real que dirigía el Partido
a medida que Franco iba perdiendo interés directo en ello. El Ministro Secretario General
del Movimiento adquirió definitivamente, según la Ley de Régimen Jurídico de la
Administración del Estado de 26 de julio de 1957, carácter de Ministro sin cartera. Y
lo mismo se dispuso por Decreto de 29 de octubre de 1969 para el Delegado Nacional
de Sindicatos, llamado más tarde ministro de Relaciones Sindicales 47 • La estructura de
esa Secretaría, con rango de Ministerio y con el secretario general integrado en el
Consejo de Ministros, fue cambiada muchas veces en la vida del régimen.
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,CUADRO 2
I SECRETARíA GENERAL I
I
ISECClONESJ IOBRASJ
·1 SERVICIOSI
IVicesecretaría
General
I Vicesecretaría
de
Vicesecretaría
de
Vicesecretaría
de
Obras Sociales Educación Popular Servicios
I
Delegaciones Delegaciones Delegaciones Delegaciones
Nacionales de: Nacionales de: Nacionales de: Nacionales de:
Provincias Sindicatos Prensa Justicia y Dcho.
Sección Femenina Excombatientes Propaganda Información
Frente Juventudes Excautivos Radio Sanidad
Servicio Exterior Auxilio Social Espectáculos Deportes
Educ. Nacional Administración
Transporte
Personal
I l
I I
I JEFE DE MILICIAS I I DELEGADO PROVINCIAL DE SINDICATOS I
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La conversión del Secretario General del Partido en un ministro más ilustra ya bien
sobre el destino del Partido único en el conjunto de la burocracia estatal. Un depar-
tamento ministerial, prácticamente vaCÍo de poderes ejecutivos reales, como no fueran
en principio su intervención en el nombramiento de cargos, y más bien marginado pro-
gresivamente. El sometimiento del Partido a la voluntad de Franco y su automarginación
refugiada en el escaso poder que daba esta Secretaría fue obra especial de un hombre,
José Luis de Arrese, varias veces secretario general. Con fidelidad a un insobornable
espíritu centralista, en la SG se creó una Delegación Nacional de Provincias (sic),
encargada del despacho con los Inspectores Regionales y Jefes Provinciales y a cuyo
cargo corría el enlace con la Dirección General de Administración Local. Los poderes
políticos locales, los alcaldes, Jefes Locales del Movimiento, eran, en principio y en
parte, controlados por el Partido.
La reorganización de 1941 cambió muchas cosas e introdujo una reestructuración
que se mantuvo en algunas de sus creaciones durante muchos años. Fue entonces cuando
el aparato del Partido estructuró sus tareas, que venían a doblar en menor escala la propia
estructura de la Administración del Estado, en una serie de Servicios o Delegaciones
cuya vida fue muy dispareja. Los principales de estos Servicios fueron: Agricultura (que
desaparecería en 1939 mismo), Deportes (destinado a una larga vida y a cierta auto-
nomía como Delegación Nacional de Deportes), Falange Exterior4x (que tuvo cierta
actividad en América Latina y del que nació el Consejo de la Hispanidad creado por
Serrano Súñer en 1949), Prensa y Propaganda (con mucha intervención también de
Serrano Súñer y mucha relevancia en el control de la Prensa hasta la creación del
Ministerio de Información y Turismo), Auxilio Social (yen la guerra «Frentes y
Hospitales», institución de origen carlista), Información e Investigación (especie de
servicios policiales paralelos, desaparecidos también pronto), Justicia y Derecho, Ex-
Cautivos, Ex-Combatientes, Sanidad, Sección Femenina, Tesorería y Administración.
El viejo Sindicato Español Universitario, el SEU, se reconstruiría como servicio o
delegación el 21de noviembre de 1937 y se haría obligatorio en 194449 • No tuvo re-
lación con las estructuras del sindicato vertical.
Las Delegaciones o Servicios tenían también sus órganos a escala Provincial depen-
dientes del Jefe Provincial del Movimiento. Pero esa estructura sufrió un eclipse cuando
en 1944 se creó la figura del Subjefe Provincial del Movimiento (mientras la jefatura
pasaba al Gobernador Civil de la Provincia), a cuyo cargo se pusieron la mayor parte
de las atribuciones de las delegaciones 50 • El monstruoso crecimiento de la burocracia y
de los gastos pudo ser una de las razones, junto al cambio político de finales de la Guerra
Mundial, de este corte fundamental. Los Subjefes del Movimiento pasaban a ser los
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verdaderos jefes del Partido en cada Provincia, pues el gobernador civil era un cargo
mucho más gubernativo, como delegado del gobierno y responsable del orden público.
Una etapa de distinto espíritu adviene con la promulgación en mayo de 1958 de
la Ley de Principios del Movimiento Nacional, origen del gran viraje en el significado
y función del Partido Único, en vísperas de un viraje significativo también del régi-
men en su conjunto al abrir una nueva política económica. Desde 1957 la apelación
FET de las JONS había dejado de usarse y sería progresivamente sustituida por la de
Movimiento Nacional. La Ley Orgánica del Estado, de \O de enero de 1967, con una
sociedad española sujeta ya a un profundo cambio, remachó aún más el cambio.
Para delimitar definitivamente los papeles del Movimiento Nacional y del Consejo
Nacional del Movimiento que se le atribuían en esa nueva ley general organizativa del
Estado se publicaron algunas otras o reglamentos específicos, como la Ley Orgánica del
Movimiento y su Consejo Nacional, de 28 de junio de 1967 y el reglamento del Consejo
Nacional del Movimiento de septiembre de 1968. El estatuto orgánico del Movimiento
apareció en diciembre de 1968. Por fin, en septiembre de 1970, aparecería el Decreto
que regulaba las Bases del Procedimiento Electoral del Movimiento. En definitiva, la
última acomodación del Partido queel régimen acometió duró ¡más de diez años!
1
rl CONSEJO NACIONAL DEL MOVIMIENTO ~ lSECRETARIO GENERAL DEL MOVIMIENTO I
1
I PRESIDENTE
(el del Gobierno)
VICEPRESI.D~NTE I~~
(S. G. Movimiento) I VICESECRETARíA GENERAL I
SECCIONES
Y IINSTITUTO DE ESTUDIOS POLíTICOS I
PONENCIAS
{PLENOJ
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Una única remodelación posterior de los organismos del Movimiento, que tenía
antecedentes, sin embargo, se relacionó ya con un proceso distinto: aquel que, en la
crisis final del régimen, pretendió buscar un camino al aperturismo, a la reforma en
algún sentido del monolítico sistema que impedía toda verdadera representación de
opiniones políticas. Cuando la oposición al régimen empezaba a cobrar indudable fuerza,
algunos de los servidores de él acertaron entonces a expresar en una fórmula rimbom-
bante la necesidad de reforzar la iniciativa política y la defensa de la situación y em-
pezaron a hablar con cierta frecuencia del «rearme ideológico del régimen».
Pero en el marasmo final de una ideología en abierto desacuerdo con la realidad social,
el Partido Único no tenía otro acomodo posible a una opinión que se había diversificado
y endurecido ampliamente que el de intentar acercarse a ella. Ello llevó a la creación
de la Delegación Nacional de Asociaciones del Movimiento. El Titulo III del Estatuto
Orgánico del Movimiento de 1968 hablaba de «Las entidades asociativas del Movimiento»
que podrían constituirse para fomentar los intereses de la familia, los de una profesión
determinada, los valores culturales, la doctrina de los Principios del Movimiento u otros
intereses reconocidos por el Consejo Nacional. Poco más que una maniobra inmovilista.
Existió ya una nueva ley de asociaciones en 1964, que no contemplaba de forma clara
las asociaciones políticas, aunque sí implícitamente para cierto tipo de posiciones polí-
ticas 51 . Pero, como demostró el proceso final del régimen, todo el discurso del aperturismo,
el contraste de pareceres, el asociacionismo político, aunque siempre dentro de los cauces
que marcaba el propio Movimiento, no fue sino un discurso vacío dentro de una situa-
ción sin salida. Un Estatuto de Asociaciones Políticas del Movimiento apareció en 1970
y en 1974 un nuevo Estatuto Jurídico del Derecho de Asociación Política.
5] Al calor de esta ley surgieron agrupaciones de «carácter cultural» cuya finalidad política era clara.
Los Círculos Vázquez de Mella, de inspiración carlista, los Balmes, monárquicos juanistas o los Círculos
José Antonio de inspiración falangista disidente.
51 RAMIRO LEDESMA RAMOS: Escritos Políticos. La Conquista del Estado, 1931. Madrid, He-
rederos de Ramiro Ledesma Ramos, 1986. Véase especialmente, 267-271. Y del mismo autor ¿Fascismo
en Espaíla? La Patria Libre. Nuestra Revolución. Madrid, Herederos de Ramiro Ledesma Ramos, 1988.
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to acabaría fundiéndose con Falange Española en 1934, aportando al nuevo partido,
Falange Española de las JONS, ese ideal de estructuración sindical.
La relación de todo ello también con el sindicalismo estatal concebido por Mussolini
en Italia era evidente -si bien el sindicalismo vertical tiene un carácter en parte dis-
tinto- y ya en plena guerra civil el Nuevo Estado presidido por Franco adoptó esta fór-
mula de estructuración de toda la actividad económica y la organización laboral a través
de un aparato sindical «vertical», es decir, sin sindicatos de clase sino con grandes
agrupaciones de todos los «productores», empresarios y asalariados, en sindicatos por
ramas de producción que, en definitiva, eran parte del propio Estado s3 . Algunos de los
juristas del régimen contribuirían después desde el ángulo del derecho a la formula-
ción del nacional-sindicalism0 54 • Los sindicatos empezaron a tomar estructura en el
sistema político franquista ya en 1938 cuando se crea el primer gobierno, con ciertas
pretensiones de autonomía y adopción de formas doctrinales del partido de preguerra,
siendo su hombre clave Gerardo Salvador Merino.
Pero la trayectoria de esta estructura fue agitada, y las pretensiones de autonomía fueron
muy pronto yuguladas. En el verano de 1939, al tiempo que se aprueban unos nuevos
Estatutos de FET de las JONS, desaparece el primitivo Ministerio de Organización y
Acción Sindical, a cuyo frente había estado Salvador Merino, y sus servicios se diluían.
Los sindicatos verticales pasaron a estructurarse en una Delegación Nacional de Sindi-
catos, dependiente del Movimiento y del Ministerio del Trabajo, cuya organización se
fue ramificando y complicando. El Delegado Nacional de Sindicatos, cargo de impor-
tancia, acabaría adquiriendo el rango de ministro en 1969, como hemos dicho.
La estructura interna de la organización sufrió también diferentes modificaciones,
siendo la más decisiva de ellas, sin duda, la creación como gran marco general del
sindicalismo de dos Consejos Nacionales, el de Empresarios y el de Trabajadores. Con
ello el real «verticalismo» del sindicato quedaba desvirtuado, pues se establecían dos
grandes agrupaciones distintas, que recordaban la vieja estructuración de Mussolini en
Italia, de trabajadores y de empresarios tendiendo un puente entre ellos la burocracia
misma del sindicalismo. Los distintos momentos previos de la reestructaración del sin-
dicalismo vertical cristalizaron en la organización que sería ya más estable a partir de
1945. Todo el sindicalismo agrario se vehículo a través de las Hermandades de La-
bradores. El número de sindicatos por ramas se estabilizó en veinticuatro.
La estructura general respondería entonces a la existencia de unos órganos que
empezaban en el Ministro Delegado Nacional, un secretario nacional, los dos grandes
Consejos, de Empresarios y de Trabajadores, que juntos constituían el Consejo Nacio-
nal de Sindicatos, dos Vicesecretarías, de Ordenación Económica y de Ordenación Social
-que correspondían a los dos grandes Consejos-, los presidentes de los Sindicatos
Nacionales por ramas, todo ello con sus correspondientes organizaciones de nivel pro-
vincial, y los llamados Servicios y Obras Sindicales -Educación y Descanso, Artesanía,
Previsión Social, de la Mujer, entre otras-o
5~
Cabe citar en especial la obra de L. LEGAZ LACAMBRA: Introducción a la teoría del Estado
Nacionalsindicalista. Barcelona, Editorial Bosch, 1939
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CUADRO 4
PRESIDENTE
Delegado Nacional de Sindicatos
-
........
_Ir-------------~------------~
I SECRETARIO GENERAL DE LA O.S.
0\
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SERVICIOS OBRAS
~ Artesanía
INTERVENCiÓN Colonización
SINDICATO 18 de Julio
NACIONAL DE Formación
Profesional
. Cooperación
Educación y
Descanso
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C_E_N_T_RA
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NGRESO SINDICAL OBRER9---~
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La teorización del régimen sobre el sindicalismo fue prolija, y a ella hicieron apor-
taciones personajes como José Luis de Arrese, y gentes dedicadas por entero al sindi-
calismo como Fermín Sanz Orrio, José Solís o Julio Iglesias Selgas 55 , de la misma forma
que fue prolija también la legislación, pretendiendo siempre que el sindicalismo era una
verdadera organización del sistema productivo, un elemento esencial del régimen y una
salvaguarda de la «libertad sindical», lejos del sindicalismo clásico obrero o patronal.
La última Ley Sindical fue la promulgada en 1971, la más extensa y completa de todas.
La importante Ley de Convenios Sindicales de 1958 marcó una flexión de enorme
importancia en el sindicalismo vertical, porque introducía formas de negociación de
las condiciones de trabajo entre empresarios y trabajadores b~o la vigilancia del aparato
oficial, permitiendo convenios por ramas de producción, y porque ello abrió la puerta
a la penetración en el sindicalismo estatal de organizaciones clandestinas del sindica-
lismo de oposición, de forma que tiene importancia en el origen inmediato de la crea-
ción de sindicalismos de oposición nuevos como lo fueron las Comisiones Obreras 56 .
a
55 C. IGLESIAS SELGAS: Los sindicatos en EsPQlla. Madrid, Ediciones del Movimiento, 1966 (2 ),
D. RUIZ (Dir.): Historia de Comisiones Obreras (1958-1988). Madrid, Siglo XXI editores, 1993. A.
MATEOS: .Comunistas, socialistas y sindicalistas ante las elecciones del Sindicato Vertical, 1944-1967.
En ESPACIO, TIEMPO Y FORMA, (Madrid), UNED, 1, 1988, pp. 379-412.
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católico tradicional, fue más instrumental que otra cosa, pues la bases ideológicas de
la dominación de clases y poderes tradicionales no fueron nunca alterados realmente.
Pero es claro que el régimen recorrió un largo y lento camino hacia su instucionalización
como Estado no dictatorial sino regido por leyes políticas básicas y «democráticas».
Al rechazar las formas de la democracia normalizada individualista sin sustituirla por
ningún mecanismo de expresión real de los gobernados, el régimen no abandonó nunca
su significación de dictadura.
Si la política franquista vista en la adecuada perspectiva no puede ser calificada de
otra cosa que Estado de excepción, producto de una coyuntura y de una encrucijada
excepcional asimismo en la Historia española contemporánea, a tono con un contexto
internacional, el de los años treinta y cuarenta del siglo, que favoreció la adopción de
soluciones excepcionales, la Administración del Estado español sometido a ese régi-
men político fue objeto de una atención especial, de una inmensa legislación y de un
intento de consolidar, y hasta de modernizar, las prácticas de la Administración pú-
blica.
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COMUNICACIONES
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LA DEPURACIÓN DE FUNCIONARIOS DE LA
ADMINISTRACIÓN LOCAL: EL CASO DE LA
DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE MURCIA.
FUENTES DOCUMENTALES Y ANÁLISIS
TIPOLÓGICO
Siglas. AGRM, Diputación: Archivo General de la Región de Murcia, fondo Diputación Provincial.
I
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to que incidiera en el ámbito laboral y profesional, especialmente en el de la Admi-
nistración.
Las instituciones franquistas contaron desde antes del fin del conflicto con una norma-
tiva para autodepurar a sus funcionarios por la vía administrativa3 • Para las zonas ocupa-
das en los últimos meses de la guerra se dictó Ley de la Jefatura del Estado, de 10 de
febrero de 1939, sobre depuración de funcionarios de la Administración en relación con
el Movimiento Nacional, que tenía como objeto «readmitir al servicio del Estado a quie-
nes son dignos de ello y sancionar... la conducta de aquellos funcionarios a los que al-
cancen las responsabilidades». Por el arto 8 de esta Ley se establecía que todos los fun-
cionarios de territorios liberados quedaban suspensos de empleo hasta que no se inves-
tigase su conducta político-social con respecto al Nuevo Régimen. Una amplia maquina-
ria de depuración de «responsabilidades» de los empleados públicos se ponía en marcha4 •
En el ámbito concreto de la Admistración Local, la Orden del Ministerio de la
Gobernación de 12 de marzo de ese mismo año pretendía «adaptar sus preceptos a la
modalidad que ofrecen los empleados de las Corporaciones locales» debido a su auto-
nomía limitada y a la peculiaridad de las normas de traslado de sus funcionarios. La
principal diferencia consitía en que, mientras en las oficinas dependientes de los minis-
terios el encargado de decidir el destino de los funcionarios era el propio ministro (art.
7 de la Ley), en las corporaciones se reservaba esta decisión a los distintos plenos; al
mismo tiempo que se establecía una jerarquía de penas más amplia para los empleados
de la Administración Local (art. 8 de la Orden) y fijaba los mecanismos de recurso ante
el Ministerio de Gobernación (art. 9), a través del cauce obligado del Gobernador Civil,
instancia que controlaría hasta el mínimo detalle el procedimiento sancionador (art. 11).
Asimismo, el ordenamiento dejaba a criterio de los entes locales el destino de los
empleados interinos, que no quedaban sujetos a este procedimiento (art. 14).
1 Cfr. MIR CUCÓ, c., Violencia política, coacción legal y oposición interior, Ibídem, pp. 125-126
Y PEDRAZ PENALVA, E., La Administración de Justicia durante la guerra civil en la Espaila Nacional
(Jurisdicciones ordinarias)' especiales), en Justicia en guerra. Jornadas sobre la administración de justicia
durante la Guerra Civil espaíiola: instituciones y fuentes documentales, Madrid, Dirección de Archivos
Estatales, 1990, pp. 343-345. Para el ámbito local, PRIETO BORREGO, L., Los expedientes de depu-
ración de funcionarios municipales. Una fuente para el estudio de la violencia institucional, «Baetica».
21 (1999), pp. 451-467.
4 La investigación sobre depuraciones ha avanzado considerablemente en la última década. El trabajo
pionero, precisamente a través de un fondo murciano -el de la Confederación Hidrográfica del Segura-, fue
el de NICOLÁS MARÍN, M' E., Los expedientes de depuración: una fuente para historiar la violencia política
delfranquismo, «Áreas. Revista de Ciencias Sociales», 9 (1988), pp. 101-124. La represión sobre el ma-
gisterio, una de los colectivos más numerosos, ha atraído el mayor número de investigaciones, desde los
estudios de ÁLVAREZ OBLANCA, W. para León (La represión de postguerra en León. Depuración de la
enseíianza (/936-1943), León, 1986) o de CRESPO REDONDO, 1., SÁINZ CASADO, J. L. y PÉREZ
MANRIQUE, C., sobre Burgos (Purga de maestros ellla Guerra Civil. La depuración del magisterio nacional
de la provincia de Burgos, Valladolid, Ámbito, 1987), pasando por el más ambicioso y general de MONTERO
VALERO, F. (La escuela y el Estado Nuevo: la depuración del Magisterio Nacional (1936-1943), Valla-
dolid, Ámbito, 1997), hasta el más reciente de FERNÁNDEZ SORIA, 1. M. y AGULLÓ, M. c., Maestros
valencianos bajo el Franquismo: la depuración del magisterio, 1939-1944, Valencia, Instituto Alfons el
Magnanic, 1999. Para el caso murciano cfr. JIMÉNEZ MADRID, R., La depuración de maestros en Murcia,
1939-/942 (primeros papeles), Murcia, Universidad, 1997.
70
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?í
a
5 NICOLÁS MARÍN, M E., Instituciones murcianas en el franquismo, 1939-1962, Murcia, Editora
si se caracterizan por otros acuerdos que los relacionados con depuraciones y adhesiones», Instituciones
murcianas ... , p. 346.
10 El impreso advertía de que habría «de entregarse en la Secretaría de la Diputación Provincial
antes del día 25 del corriente mes de abril, debiendo acompañar cuantos documentos estimen nece-
sarios en descargo de su actuación». La mayoría de las declaraciones que se conservan fueron cum-
plimentadas entre los días 19 y 28 de dicho mes. Otras, la mayor parte, se recibieron a través del
Gobierno Civil. AGRM, Diputación, Personal, Libro registro de entrada de correspondencia, años 1939-
1941, passim.
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mativas de depuración de los empleados provinciales 11, facultándole para designar a
un secretario l2 •
Aunque formalmente la actividad del incipiente negociado de depuración de fun-
cionarios no comenzó hasta el4 de mayo de 1939 13 , ya desde el 27 de abril se empezó
a remitir desde allí listas de empleados a las diferentes instancias que podían informar
de su conducta político social: Gobierno Civil, Auditoría de Guerra del Ejército de
Ocupación, Comandancia de la Guardia Civil, Servicio de Información de Falange y
Servicio de Información y Policía Militar l4 •
El mismo 4 de mayo el instructor dio por recibidas las declaraciones juradas de-
positadas en el Registro General y ordenó: «Procédase a la apertura de los sobres que
las contienen; clasifíquense los funcionarios por categorías; procédase a solicitar in-
formes ... procediéndose conforme se vayan recibiendo a su archivo en el expediente
informativo de cada uno de los interesados».
La normativa legal establecía una jerarquía a la hora de proceder a la depuración, con
objeto de que pasasen este trámite rápidamente los funcionarios de mayor categoría l ) o
aquéllos que se consideraban afectos al Nuevo Régimen (art. 4 de la Ley). Así, ellO
de junio el instructor elevó a la Corporación la primera de una serie de propuestas
conjuntas por la que pedía la reincoporación a sus puestos para 19 empleados entre los
que se encontraban el secretario de la Diputación, el depositario y hasta once funciona-
rios que habían sido cesados al comienzo de la guerra. En sucesivas resoluciones del
instructor tendrían cabida tanto las peticiones de reincorporación de funcionarios afectos
como las de apertura de expediente de depuración para los considerados desafectos ló .
Otra serie de medidas represivas tampoco se hicieron esperar. El 13 de mayo la
Comisión Gestora excluyó de nómina y consideró cesados, sin perjuicio de los poste-
riores expedientes, a quince funcionarios que no se habían presentado en su puesto y
a los que se consideraba incursos en los supuestos de la Orden de 9 de febrero l7 . Treinta
días más tarde el instructor reiteraba a la Comisión la necesidad de sancionar a aquellos
II Miembro de una de las más caracterizadas familias de la oligarquía murciana y uno de los máximos
dirigentes de Acción Popular en la provincia, pasó buena parte de la guerra en la cárcel condenado por
la frustrada sublevación de la capital murciana en julio del 36. GONZÁLEZ MARTÍNEZ, c., Guerra
civil en Murcia. Vil análisis sobre el poder y los compartimientos colectivos, Murcia, Universidad, 1999,
pp. 59 Y 170.
11 El cargo recayó inicialmente en Francisco Pérez Beltrán, miembro de la Gestora, siendo sustituido
En adelante, cuando no se haga expresa mención a otra fuente se remite a estas diligencias.
14 Entre ese día y el 3 de mayo se enviaron seis relaciones que recogían 184 nombres, completada
localidad».
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funcionarios que no hubiesen cumplimentado la declaración jurada o que no se hubie-
sen presentado en su puesto de trabajo, aún cuando se afirmaba saber que bastantes
de ellos se encontraban en diferentes prisiones en calidad de presos políticos.
Tanto la Ley (art. 8) como la Orden (art. 6) declaraban suspensos en sus cargos a
los empleados sujetos a investigación, mientras durase ésta, si bien se podía mantener
en su puesto a personal no depurado siempre que fuese «de la absoluta confianza» del
Presidente de la Corporación lH • Una disposición posterior estableció que los funcio-
narios sujetos a pesquisas cobrasen sólo el 50 % de sus haberes lY , aclarándose más tarde
que dicha rebaja sólo afectaría a aquellos sujetos a los que se incoase expediente de
depuración formal, desde la fecha de su apertura20 • Entre finales de mayo y finales de
agosto se comunicó a unos 40 funcionarios la supensión de la mitad de su salario como
incursos en expediente de depuración, cantidades que en el caso de ser readmitidos
nunca llegarían a recuperar21 •
La labor del instructor se centraba en recoger y estudiar las declaraciones juradas
-«base de la investigación» como rezaba el art. 4 de la Ley-, los informes evacuados
por instancias represivas colaboradoras 22 , y otros testimonios 23 y documentación 24 ,
información a partir de los cuales elevaba dos tipos de propuestas a la Comisión Gestora:
la readmisión del funcionario o la apertura de expediente de depuración cuando ad-
vertía algunos indicios de «delito» (art. 5).
El negociado también colaboró activamente con otras instituciones -ayuntamientos,
diputaciones provinciales, ministerios como el de Obras Públicas ...- en la depuración
de funcionarios sobre los que se conoCÍan antecedentes, al tiempo que evacuaba infor-
mes sobre la conducta de sus propios empleados encausados por tribunales militares 25 .
IX Una Orden del Ministerio de la Gobernación de I de abril de 1939 establecía que esta suspensión
no fuese aplicable con carácter general al personal sanitario, ante las necesidades de los servicios de salud.
19 Orden de la Vicepresidencia del Gobierno de 29 de abril de 1939 «determinando los haberes que
22 Además de estos informes concisos se contó para formar opinión con los «expedientes instruidos
por el Juzgado Militar de Funcionarios que han llegado hasta la fecha y se han unido a los respectivos
. de depuración». Se trataba de aquellos procedimientos informativos en que los encausados habían sido
absueltos.
2J En varios expedientes de información se encuentra un modelo, impreso expresamente para la
Diputación, en el que se interroga, por medio de 25 preguntas, a los avaladores de los encausados sobre
la conducta de estos últimos.
2~ Fue instrumento de cargo fundamental un oficio, fechado en noviembre de 1936, por el que se
comunicaba la constitución, con empleados pertenecientes al sindicato «La Democracia» afecto a la U.G.T.,
de una Comisión del Frente Popular en la Diputación. También aparece en varios expedientes testimo-
nio de la constitución, en diciembre de ese año, de una comisión de asesoramiento a la dirección en
cada uno de los establecimientos benéficos con funcionarios afiliados a dicho sindicato. Todos los
empleados que formaron parte de estos comités serían sancionados y casi en su totalidad expulsados.
25 El Juzgado Militar de Funcionarios Civiles solicitó diversos informes a la Diputación durante la
primavera y el verano de 1939. AGRM, Diputación, Correspondencia General, 1939. Para el caso del
magisterio, cfr. JIMÉNEZ MADRID, R., Op. cit., p. 57.
73
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1
1
1 ,
,,1 Los expedientes informativos se fueron acabando entre julio y agosto del 39. Las últimas
diligencias que relizó La Cierva son del mes de septiembre, fecha en que prácticamente
i1,
r
se habían finalizado los procedimientos y en la que fue sustituido en esta labor, al solicitar
licencia en la Corporación, por el vocal de la Gestora Mariano Espinosa Almela26 •
1
!I
la designación de un oficial del Cuerpo Jurídico para la instrucción de los expedientes de los funcionarios.
AGRM, Diputación, Personal, Libro registro de salida de correspondencia, año 1939,2" serie, n° 144.
,0 Este abogado sería nombrado posteriormente vocal de la Comisión Gestora de la Diputación tras
la remodelación de 10 de junio de 1940, para pasar a ocupar la vicepresidencia y la presidencia de la
Corporación Provincial entre 1942 y 1945. También fue Delegado de Sindicatos. Cfr. NICOLÁS MARÍN,
M" E., Instituciones murcianas ... , pp. 371-376.
,1 Es muy posible que la gratificación de 1.000 ptas que la Corporación le concedió en octubre de
1939 tuviera como objeto premiar su dedicación. Al mes siguiente sería ascendido a oficial segundo,
con un sueldo anual de 4.000 ptas.
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Las diligencias de depuración quedaban perfectamente establecidas en la legislación
represora (arts. 6-10 de la Ley y 5-8 de la Orden). De acuerdo con esto, los instructores
de la Corporación procedieron a la recepción de los procedimientos informativos, a la
incoación de los expedientes, dando audiencia a los interesados y a todo tipo de testigos,
recibiendo pruebas, formando los pliegos de cargos, recibiendo los de descargo y ela-
borando un informe-resumen de las diligencias con la propuesta elevada a la Comisión
Gestora, que en la casi totalidad de los supuestos asumió las sugerencias del instructor 32 .
El artículo 7 de la Orden recogía, «con carácter enunciativo y no limitativo», las causas
consideradas como suficientes para la imposición de sanciones que iban desde los hechos
que hubieren dado lugar a sentencias por Tribunales Militares o por el Tribunal de
Responsabilidades Políticas (apartado a), pasando por la aceptación de ascensos no re-
gulados y la prestación de servicios ajenos al cuerpo (b), hasta llegar a la pasividad para
hacer triunfar el Movimiento Nacional (c). El último apartado, el (d), aludía a las acciones
u omisiones que sin estar recogidos en los anteriores supuestos implicaran significación
contraria al Movimiento. Pues bien, este último y ambiguo precepto fue el esgrimido
machaconamente en los expedientes de depuración de los funcionarios provinciales 33 •
Como adelantamos, la Orden de depuración para la Administración Local (art. 8)
preveía más supuestos punitivos que la propia Ley. De menor a mayor, eran los siguien-
tes: traslado forzoso (con prohibición de solicitar vacantes entre uno y cinco años),
postergación de uno a cinco años, inhabilitación para puestos de mando o confianza,
suspensión de empleo y sueldo (de un mes a dos años), separación del servicio sin
prohibición de solicitar empleo en otra corporación, separación con prohibición de
solicitar empleo y, finalmente, destitución con pérdida de todos los derechos (salvo los
de carácter pasivo). Esta última y más dura sanción sería la mayoritariamente solici-
tada por los instructores, como veremos más adelante al analizar cuantitativamente las
depuraciones 34 . Reseñar que, además, en al menos nueve casos de destitución -los
declarados en rebeldía-, se aplicó por el juez instructor el artículo 109-2° del Regla-
mento de funcionarios municipales de 192435 .
32 Si se produjo alguna modificación fue para agravar la pena. En el caso del practicante P. M. F.,
aunque el instructor propuso la suspensión de tres meses de empleo e inhabilitación para puestos de
mando durante un año, la Corporación ordenó su destitución definitiva.
D 36 de las resoluciones que conocemos se fundaban en este supuesto, de las cuales cuatro también
lo unían al apartado (b) Y una al artículo 13 -que se refería a la reapertura de expediente cuando existiesen
nuevos elementos de juicio-o Cfr. el caso similar de la Confederación del Segura. NICOLÁS MARÍN,
Ma E., Los expedientes ... , p. 122. En el resto de las resoluciones de las que tenemos noticia -dos- se
invocaron, respectivamente, los apartados (a) y (b).
34 Como se encargó de aclarar la Dirección General de Administración Local se debía entender el
derecho pasivo a la jubilación de los cesados, «no como jubilación forzosa, sino de que dicho derecho
empezará a tomar efecto el día que reglamentariamente empiece la jubilación». AGRM, Diputación. Actas
del pleno, sesión del II-X-40.
35 Su texto decía lo siguiente: «A los efectos del artículo 248 del Estatuto [que se refería al ingreso,
ascenso y separación de los empleados municipales] se reputarán como faltas graves: ... 2. El abandono
del servicio». Real Decreto de 23 de agosto de 1924, Reglamento de secretarios de ayuntamientos,
interventores de fondos y empleados municipales en general.
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La mayoría de los expedientes instruidos al amparo de la legislación depuradora
fueron resueltos entre finales del 39 y primeros meses de 1940, si bien algunos se
prolongaron o se volvieron a abrir cuando aparecieron nuevos elementos de juicio,
normalmente condenas por los Tribunales Militares, lo que en la mayoría de los casos
agravó la pena iniciapó. El último expediente, el de un celador de la Casa Provincial
1"
del Niño, se cerró con la destitución del encausado en septiembre de 1944.
Ninguno de los ocho recursos de alzada que elevaron otros tantos condenados serían
estimados, en los meses siguientes, por la Dirección General de Administración Local
del Ministerio de la Gobernación. La purificación de los funcionarios provinciales
quedaba zanjada.
)1
"1' LAS ÚLTIMAS DEPURACIONES
'1
j!
'1 Al margen de la depuración de los funcionarios ingresados con anterioridad al 18
I
de julio del 36, la Comisión Gestora consideró necesario extender el procedimiento
I
l'
a los empleados interinos ingresados tras el fin de la guerra y que, por diversas causas,
"11
I
no habían podido ser investigados a fondo. Por acuerdo del pleno de 22 de agosto de
1940 se designó al diputado Enrique García Gallud 37 , auxiliado por el también vocal
de la Gestora Carlos Valcárcel y Valcárcepx, para que llevase a cabo «información de
la conducta político-social de todas las personas que se nombren de aquí adelante para
cualquier cargo y que no hayan sido depuradas previamente» y de los nombrados con
posterioridad al final de la guerra 39 •
Este nuevo proceso depurador no contaba con ningún tipo de garantías de procedi-
miento al no afectarle la legislación específica dictada para los funcionarios ingresados
con anterioridad a la guerra. De estos casos casi no queda rastro documental, pues
seguramente no generaron ningún tipo de expediente 40 ; de hecho, como se quejaba
amargamente años después uno de los afectados, ni se formularon cargos ni se les
concedió audiencia a los interesados. Sabemos que afectó a diecisiete empleados de los
que ocho fueron destituidos o separados del servicio «por desafección al Régimen
Nacional Sindicalista» entre enero y marzo de 1941. A partir de entonces, cada vez que
1(, Los expedientes de depuración también sirvieron como antecedente acusador para la Auditoría de
Guerra. En marzo de 1940 se remitió a la jurisdicción militar testimonio de los depurados para unirlos
a su procesos. AGRM, Diputación, Personal, Libro de registro de salida de correspondencia, año 1940,
n° 257.
17 Funcionario falangista y voluntario en la División Azul entre julio del 41 y agosto del 42, pos-
teriormente sería Subjefe Provincial del Movimiento en dos ocasiones. NICOLÁS MARÍN, M' E.,
Instituciones murcianas ... , pp. 366 Y 374.
1X Este abogado era «camisa vieja» de Falange y fue secretario provincial de este partido en 1935.
Ibídem. Sería el encargado, asimismo, de acabar la instrucción de los expedientes de depuración incon-
clusos y los reabiertos.
1Y Fue tal la fiebre pUnflcadora que el vocal Herrero solicitó la depuración de todo el personal jubilado
de la Corporación; AGRM, Diputación, Actas del pleno, sesión del 15-XI-1940.
40 Sólo se conserva una lista de los investigados y los oficios pidiendo informes sobre los inismos.
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se quería esclarecer la conducta «político-social» de cualquier empleado se designaría
un instructor para que de modo fulminante actuara en el cas0 41 •
Conviene recordar que el Nuevo Estado hizo tabla rasa de toda la labor realizada
por las instituciones republicanas desde, al menos, el 18 de julio de 1936. La diligen-
cia del Libro de registro de personal de la Corporación murciana es bastante elocuen-
te: «Con motivo de la liberación de la provincia de Murcia y su incorporación a la
España nacional, quedan cesantes en sus cargos todos los funcionarios nombrados con
posterioridad al 18 de julio de 1936 hasta la fecha, quedando vigente, en su consecuen-
cia, el escalafón de funcionarios que lo era en el expresado año 1936».
En el caso de la Corporación Provincial murciana -que hizo amplio uso de las
atribuciones que respecto de su personal interino le confería el arto 14 de la Orden-
, según los cálculos hechos a partir del estudio de los distintos escalafones y de la nómina
de diciembre de 1938, esta medida afectó a un centenar de empleados, tanto tempo-
rales como aquellos que habían conseguido plaza en propiedad a lo largo de la guerra;
la gran mayoría de ellos personal subalterno -porteros, celadores/as- de los centros
benéficos provinciales: Hospital, Casa Provincial del Niño y Manicomi0 42 . A estos
funcionarios y empleados habría que añadir algunos otros relacionados con la Corpo-
ración pero que no formaban parte del escalafón, como la decena de auxiliares y
recaudadores delegados del impuesto de cédulas personales distribuidos por toda la
provincia --que serían cesados en junio del 39-, las 18 profesoras de la Escuela Fe-
menina del Hogar -mayoritariamente despedidas- o la media docena de médicos
internos del Hospital Provincial. En total cesaron unas 125 personas. La depuración
«formal» se reservaba solamente a los funcionarios consolidados y con antigüedad 43 .
No es posible saber cuántos funcionarios fueron sometidos al trámite de la depura-
ción, pues se conservan pocos expedientes completos; como mínimo serían unos 70 si
instructor de la investigación contra el sirviente 1. E. B., que inicialmente había sido cesado por su
condición de interino. AGRM, Diputación, Personal, Libro registro de salida de correspondencia, año
1941, n° 460.
42 El escalafón de la Diputación murciana estaba compuesto, en vísperas de la guerra, por 167
empleados además de 42 puestos vacantes; en total, 209 plazas. El Consejo Provincial republicano, con
mayores y más amplias competencias, alargó ampliamente su plantilla, sobre todo entre mayo y diciem-
bre de 1937, de tal modo que el escalafón del año siguiente recoge un total de 228 empleados y 70
vacantes, casi 300 plazas, un 30% más de las existentes en 1936.
41 Sin embargo existen diligencias previas contra algunos de estos funcionarios. En otros casos, algunos
empleados lucharon por -y consiguieron- ser reconocidos como funcionarios anteriores a julio del 36
y ser depurados formalmente. Este caso afectó, al menos, a cuatro empleadas: dos celadoras que serían
admitidas sin sanción y tres profesoras de la Escuela del Hogar, cuyos expedientes fueron sobreseídos
provisionalmente. AGRM, Diputación, Actas del pleno, sesiones de 9, 16 y 23-IX, 17-X, 16-XII-39, 3-
11-1940. Sobre el «temor a no ser depurado», cfr. NICOLÁS MARÍN, Ma E., Los expedientes... , p. 107.
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consideramos que uno de los procedimientos va signaturado con este número. Lo que
sí hemos podido reconstruir, casi al completo, son las penas impuestas a los sometidos
a este amargo trance. Del estudio de las resoluciones se advierte que la Corporación
murciana actuó con especial dureza a la hora de sancionar a sus empleados, como se
aprecia en el cuadro adjunto.
Resolución Número %
Admitidos sin sanción44 15 23'4
Traslado forzos0 45 1 1'5
Postergación (1 a 5 años) O -
Inhabilitación puestos de mand046 (2) -
Suspensión empleo y sueldo (1 mes a 2 años)47 5 7'S
Sobreseídos provisionalmente 3 4'6
Separación del servicio, sin prohibición solicitar en otras corporaciones 5 7'S
Destitución con pérdida de derechos 25 39
Destitución con p. d. (en rebeldía) S 12'5
Archivo diligencias por pena de muerte 2 3' 1
Total expedientados 64 lOO
N° de sancionados 46 71 'S
Causan baja en el escalafón de 1936 40 62'5
44 Entre los admitidos, hubo alguno que fue posteriormente jubilado y otro que sería expulsado, años
Algunas de las penas impuestas iban desde la libre absolución pasando por 6 meses y 1 día, 12 y 20
años hasta dos condenas a muerte. En el caso del médico F. M. B. la instancia judicial que llevaba su
proceso era el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo.
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A estas cifras, que constituyen un mínimo, habría que añadir otras depuraciones
sutiles, como las jubilaciones por inutilidad física -que, al menos en tres casos, obe-
decían a causas políticas-, las cuatro destituciones como consecuencia de expedientes
disciplinarios en estos primeros años o en los en sucesivos -algunos de los cuales habían
sido sometidos a depuración y admitidos sin sanción inicialmente-; sin olvidar los otros
ocho empleados, ingresados tras el final de la guerra y que fueron considerados des-
afectos al Régimen y expulsados en 1941.
Si comparamos con otros procesos depurativos del entorno, destaca aún más la dureza
de la represión administrativa en la Diputación murciana. En la Corporación provin-
cial de Albacete los depurados rondarían la quincena 49 • En la misma provincia de
Murcia, otros procesos similares, estudiados en los últimos años, no alcanzarían nunca
tales cotas de ensañamiento: en el numeroso colectivo de los maestros, en el que fueron
investigadas más de 1.200 personas y expedientadas no menos de 920, la máxima pena
-separación del servicio- recayó sólo en 68 funcionarios 50 • En la Confederación
Hidrográfica del Segura, que contaba con un número de funcionarios equivalente al
de la Diputación, casi 300, parece fueron expulsados por su condición de interinos unos
40 y sometidos a expediente de depuración 25, de los que resultaron destituidos sólo
catorce 5l .
¿Cómo incidieron estas cesantías en los distintos niveles de la Corporación? En
principio, las más afectadas fueron las escalas más bajas, por otra parte más numero-
sas y en buena lógica más identificadas con el ideario de izquierdas. Pero también se
advierte un número relativamente importante de facultativos, técnicos de grado medio
y personal de administración entre los despedidos.
didos de empleo y sueldo medio centenar y trasladados forzosamente algo más de 100. JIMÉNEZ
MADRID, R., Op. cit., pp. 105-108.
a
51 NICOLÁS MARÍN, M E., Los expedientes .. , pp. 121-122.
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NIVEL PROFESIONAL DE LOS EMPLEADOS CESADOS
EN LA DIPUTACIÓN DE MURCIA (1939~1944)52
El nivel retributivo superior, compuesto por los funcionarios más destacados (se-
cretario, interventor, depositario, oficial mayor, jefes de sección y de negociado, médicos
de primera ... ), que en su mayoría habían ingresado en la Corporación durante el rei-
nado de Alfonso XIII y que pertenecían a la élite del funcionariado, no sufrieron en
absoluto la represión. Por contra, la gran mayoría de los funcionarios expulsados, 28,
habían ingresado en la Diputación con posterioridad al advenimiento de la República,
entre los años 1932 y 1935, ingresos que se efectuaron sobre todo en cuerpos espe-
cialmente afectados por la depuración, como el de practicantes y el de celadores, según
veremos a continuación. La edad media de los expulsados, en 1939, e'staba en tomo
a los 40 años.
En términos absolutos el nivel retributivo más afectado fue el 4°, que constituye
más de la mitad del grupo total de cesados. Si descendemos al nivel de cuerpos y escalas,
se detecta una importante incidencia sobre los sirvientes de los establecimientos públi-
S2 Tomamos como referencia para esta tabla el nivel con el que contaban los depurados inmedia-
tamente antes de la guerra. Algunos de ellos ascendieron, a veces de forma fulgurante, durante los años
que duró el conflicto y, precisamente, eso constituyó uno de los cargos en su contra, como ya se en-
cargaba de esclarecer una de las preguntas de la declaración jurada y de punir el artículo 7 b) de la
Orden. Siglas de los destinos: A, Administración; H, Hospital Provincial; M, Manicomio Provincial; N,
Casa Provincial del Niño.
SJ Los niveles retributivos los hemos confeccionado para tratar de establecer las correspondencias
entre escalas a partir de los salarios anuales. Así, el I correspondería a empleos con un sueldo de más
de 6.000 ptas I año; el 2, entre 5.000 y 6.000; el 3, entre 2.500 y 4.999; el 4, entre 2.000 y 2.499 Y
el 5, menos de 1.000 ptas laño.
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cos benéficos (celadores), en el que los expulsados sobrepasan el 40 % del total de
ese cuerpo. También es de destacar el impacto sobre el grupo de los practicantes de
2a categoría: uno de cada tres fue despedido. En el nivel retributivo segundo llama la
atención la separación de tres médicos y de la farmacéutica del hospital, la mayoría
de ellos destacados miembros de partidos republicanos y de izquierdas. Como la mayor
parte de los empleados provinciales estaban asignados a los centros benéficos (Hos-
pital, Manicomio y Casa Provincial del Niño) resulta lógico que la mayoría de los en-
causados también pertenezcan a estas instituciones.
Si nos interesamos por la incidencia de los procesos de depuración en función de
los sexos, el primer dato que salta a la vista es la escasez de mujeres en la plantilla
de 1936. Sólo seis empleadas: una farmacéutica, tres administrativas de distintos ni-
veles, una comadrona y una celadora, que suponían menos del 3'6 % del total, ya que
el grueso de las vacantes pertenecían a los cuerpos femeninos'4. De estas seis, la mitad
fueron despedidas -la farmacéutica y la única celadora femenina depuradas; la coma-
drona jubilada por inutilidad física- y una oficial administrativa sancionada con sus-
pensión de empleo y sueldo durante seis meses. En términos relativos la depuración
golpeó duramente a las escasas funcionarias.
Aunque se sale del ámbito de nuestro estudio, conviene recordar que parte de este
cúmulo de vacantes fueron cubiertas, pues así se determinó legalmente", con ex-com-
batientes, ex-cautivos y mutilados de guerra, con lo que la afección al Nuevo Régimen
quedaba garantizada56 •
Renunciamos a entrar en el estudio de la revisión de los expedientes de depuración,
porque desborda nuestras pretensiones. Sólo apuntar que una Orden del Ministerio de
Gobernación de 21 de diciembre de 1951 daba esa posibilidad a las Corporaciones,
en un proceso estrechamente vigilado por el gobierno central y en el que sólo se tenían
en cuenta defectos de forma. A ella se acogieron 16 de los sancionados: cuatro serían
reintegrados entre 1956 y 1958, siendo el resto de los recursos desestimados. Sólo alguno
más lo conseguió en años sucesivos 57.
54 Al completarse estos empleos a lo largo de la guerra, su cese automático al final de la misma afectó
«para el bando nacional». MORENO, F., La represión en la posguerra, en Víctimas de la Guerra Civil,
JULIÁ, S. (coord.), Madrid, 1999, p. 360.
'6 En la sección de Personal, caja 231, existe abundante correspondencia de las comisiones provin-
ciales de Reincorporación al Trabajo del Combatiente y de Mutilados de Guerra interesándose por la
colocación de sus patrocinados. En una relación remitida al gobernador civil en febrero de 1941 se incluye
el nombre de 3 caballeros mutilados, de 14 ex-combatientes y de 8 ex-cautivos admitidos al servicio de
la Diputación para cubrir vacantes.
57 Otros no lo hicieron nunca. Se dio la triste circunstancia de un celador que, tras múltiples recursos,
vio revisada su separación por la Diputación en diciembre de 1970; el Subsecretario de Gobernación ratificó
tal decisión el 2 de julio de 1971, justo un día después del fallecimiento del interesado. Su viuda recibió,
como única compensación, dos mensualidades o pagas de toca: 7.800 ptas en total. Más recientemente, en
agosto de 1983, a un antiguo sirviente que pretendía acogerse a la Ley 46 / 1977 de Amnistía se le denegó
el recurso por su condición de interino y por haber sobrepasado ya la edad de jubilación.
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2. LOS EXPEDIENTES DE DEPURACIÓN. ESTUDIO TIPOLÓGICO
Las necesidades de control y de adhesión del personal al servicio del Nuevo Ré-
gimen generó una función, que ya contaba con precedentes más o menos lejanos en
la historia de España (reinado de Fernando VII, primeros meses de la Guerra CiviL),
como fue la de purificación ideológica de los empleados públicos. En la Diputación
murciana surgió un efímero Negociado de Depuración de Funcionarios, creado dentro
de la sección de Personal y que generaría un volumen documental que sólo parcial-
mente se ha conservado.
En fechas recientes hemos procedido a la ordenación de las series generadas por
este negociado y otras relacionadas directamente con esta función depuradora. La do-
cumentación que se conserva es la siguiente:
- Un expediente general informativo para la depuración de funcionarios (4-VI7-IX-
1939), que recoge las diligencias inquisitivas y las propuestas elevadas a la Co-
misión Gestora para la admisión sin cargos o la apertura de expedientes de de-
puración.
- Un cuadernillo con copias de acuerdos del pleno de la Comisión Gestora rela-
tivos a las depuraciones (l0-VI-1939/12-1II-1943)
- Correspondencia de entrada del negociado de depuración (1939-1940)
- Correspondencia de salida del negociado de depuración (1939-1941). Ambas series
-incompletas- contienen, básicamente, oficios pidiendo y remitiendo listas de fun-
cionarios e informes a, y desde, las instituciones investigadoras.
- Declaraciones juradas, generalmente de funcionarios consolidados tras julio del
36 y de personal interino, que no generaron expediente (1939).
- Un expediente de información político-social de empleados nombrados con pos-
terioridad al fin de la guerra (1941).
- Un expediente general de revisión de los de depuración, a instancia de varios ex-
funcionarios (1952-1955), con las diligencias realizadas por la ponencia designa-
da al efecto y las resoluciones del Ministerio de la Gobernación.
- Expedientes personales de depuración y de revisión (193911971). Esta serie está
compuesta por los procedimientos individuales, o parte de los mismos, ordenados
por orden alfabético de los encausados. Algunos van unidos físicamente a los
procesos de revisión de las depuraciones que se realizaron a lo largo de varias
décadas (entre 1951 y 1971).
Ésta es, sin duda, la serie más interesante, compuesta por 27 procedimientos, de
los que sólo once están completos. Formalmente se presentan en una carpetilla, enca-
bezada con el título: «Diputación Provincial de Murcia. Expediente de depuración de
funcionarios», que recoge los siguientes datos: nombre y empleo del encausado, nú-
mero del expediente, año de la pesquisa y nombres del instructor y secretario. Tras el
estudio pormenorizado de tales expedientes sabemos que se estructuran en dos partes,
que se corresponden con otras tantas fases del procedimiento:
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a) La instrucción de diligencias informativas previas, realizadas por un miembro de
la Comisión Gestora, que incluyen:
- Extracto de las diligencias realizadas y relación de documentos reunidos.
- Declaración jurada del empleado, según el modelo previsto en la legislación.
- Informes de su conducta política-social evacuados por diversos organismos gu-
bernativos.
- Declaraciones de testigos (generalmente compañeros del encausado) y avales.
- En algún caso, otros documentos inculpatorios (como pertenencia a comités).
- Informe del instructor proponiendo a la Comisión Gestora la apertura de ex-
pediente depurador.
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- Las comunicaciones al interesado (directamente o a través de oficio de remi-
sión al director de la prisión correspondiente), al interventor para proceder a
baja en la nómina y al gobernador civil cierran el expediente.
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, ir los libros de actas del pleno de la Comisión Gestora (1939-1948) Y de la Diputación
(1949-1956), que incluyen los acuerdos de incoación y resolución de los expedientes,
además de toda otra serie de contingencias relacionadas con ellos (como nombramien-
to de instructores, órdenes de suspensión de empleo y sueldo, recursos de alzada,
revisión de los expedientes, etc.).
La sección de Personal contiene series de gran valor, además de los expedientes de
depuración, como son los de revisión de los mismos (1951-1970) -gracias a los cuales,
y unidos a ellos, se han conservado buena parte de los expedientes originarios-, los
expedientes personales de funcionarios y los de jubilación. Con los precisos libros de
registro de personal, que incluyen la fecha de nacimiento del funcionario, la de ingreso
en la Corporación y en el cargo, la posición en el escalafón, el sueldo anual, etc., se pueden
reconstruir los escalafones anteriores y posteriores a 1939 y todo tipo de contingencias
a lo largo del año (excedencias, jubilaciones, fallecimientos, separaciones del servicio ... ).
Las diversas plantillas y escalafones resultan de utilidad, si bien la mayoría de ellas vienen
recogidas en los libros anteriormente reseñados. Los libros de registro de corresponden-
cia de esta sección, a falta de buena parte de la documentación original, aportan infor-
mación valiosa y ayudan a reconstruir cronológicamente el proceso.
Dentro de Habilitación, la serie de nóminas muestra qué número real de emplea-
dos, incluidos o no en el escalafón, prestaba servicio en cada momento. Desgraciada-
mente existe una laguna entre 1938 y 1944, lo que impide reconstruir los períodos en
que los funcionarios encausados pasaron a percibir sólo la mitad de su sueldo.
Finalmente, también hemos localizado algún documento excepcional, como el in-
forme evacuado en 1942 por el presidente de la Diputación al fiscal de la Causa General
de Murcia, que resume -aunque no agota- la incidencia de la depuración en esa ins-
titución: incluye a 36 de los 40 expulsados, con su afiliación política y actividad en
la guerra, los cargos formulados y el destino final de algunos de ellos óO .
Pero conviene apuntar que fuera de los depósitos del Archivo General de la Región
de Murcia existen expedientes originales de depuración. En el archivo del antiguo
Gobierno Civil de Murcia -hoy Delegación del Gobierno-, a través del cual se trami-
taban los recursos de alzada ante la Administración Central, nos consta se conservan
algunos expedientes de depuración de empleados municipales de la provincia y de la
propia Diputación 61 • Otra serie muy interesante para recomponer el proceso es la de
correspondencia con los entes locales, ya que nada relativo a personal se realizaba sin
comunicarlo al gobernador. La Dirección General de Recursos Humanos y Organiza-
6() AGRM, Diputación, Correspondencia general, año 1942, n° 153. Por este informe sabemos que
dos depurados en rebeldía, Julián Calvo Blanco y Juan Martínez Rogel, se encontraban exiliados en México
y que, al menos, otros doce habían pasado por o aún permanecían en la cárcel. Existe copia de este
prolijo informe en el Archivo General de la Guerra Civil Española, Causa General de Murcia, caja 1068,
pieza 7", fols. 48-51, según cita GONZÁLEZ MARTÍNEZ, c., OJ!. cit., p. 49, nota 68.
61 Es significato que esta serie, y su valoración, venga expresamente recogida en las Normas para
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ción Administrativa de la actual Comunidad Autónoma conserva también algunos pro-
cedimientos de depuración que forman parte de los expedientes personales de funcio-
narios que fueron readmitidos a lo largo de la Posguerra y que pasaron a fomar parte
de la Comunidad Autónoma tras la disolución de la Diputación Provincial en 1982.
No sería de extrañar que entre la documentación de la antigua Dirección General de
Administración Local, custodiada en el Archivo General de la Administración 62 , se
encuentren algunos expedientes vistos en recurso de alzada y correspondencia relativa
a personal remitida desde los distintos gobiernos civiles.
Por último, señalar que un concienzudo vaciado de la prensa oficial (Boletín Ofi-
cial de la Provincia) y local (diarios La Verdad, Arriba y Línea) nos puede aportar
información adicional e interesante, pues además de las aperturas de informaciones
públicas sabemos se publicaban algunas listas de depurados 63 •
su inserción en el boletín provincial, una lista de los funcionarios destituidos por expediente de depu-
ración y declarados en rebeldía. AGRM, Diputación, Personal, Libro registro de salida de correspon-
dencia, año 1940, n° 74.
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EL PODER LOCAL Y PROVINCIAL EN
GUADAL AJARA TRAS LA UNIFICACIÓN
POLÍTICA, 1937-1941
1. INTRODUCCIÓN
El 19 de abril de 1937 el general Franco fundió a los núcleos políticos nacionales
mediante decreto 1, en un único partido que adoptó el nombre de Falange Española
Tradicionalista y de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas (FET y de las JONS)2.
Esta comunicación trata de acercarse a la realidad local y provincial de las relaciones
entre las instituciones y los cargos que las detentan, con los cuadros del nuevo partido,
unificado bajo la égida del general Franco. El Ayuntamiento y el Gobierno Civil en-
cuentran un reflejo político en la nueva estructura de FET y de las JONS, donde las
jefaturas Provincial y Local, se sitúan de forma paralela a aquellos, dentro del mismo
espacio geográfico y político, todo ello junto con las autoridades militares, que durante
Aranzadi.
2 Las siglas y abreviaturas utilizadas son: Archivo General de la Administración (AGA), Archivo
Histórico Provincial de Guadalajara (AHPGU), Servicio Histórico de la Guardia Civil (SHGC), Instituto
Nacional de Estadística (INE), Boletín Oficial del Estado (BOE), Junta de Defensa Nacional (JDN), Junta
Técnica del Estado (JTE) , Secretaría general del Movimiento (SGM), Delegación Nacional de Provin-
cias (DNP), Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), Cuerpo de Tropas Voluntarias
italiano (CTV).
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la guerra ejercen la autoridad superior en la demarcación que controlan. Pretendo tener
en cuenta los enfrentamientos que se dieron entre los dirigentes provinciales del par-
tido y los gobernadores civiles, los procesos de designación de cargos locales, la colisión
de competencias, las luchas internas y externas del personal fetista, que se dieron en
unos momentos, donde los jefes sublevados comienzan a sentar las bases políticas y
administrativas de lo que será el régimen de Franco.
Para la realización de esta investigación se han consultado dos tipos de fuentes: las
depositadas en archivos y las impresas. Dentro de la documentación de archivos, se
encuentran los fondos del Archivo General de la Administración, de los que se han
consultado dos secciones: Interior/Gobernación, donde nos acercamos a los expedien-
tes de las comisiones gestoras provinciales y locales, y Presidencia, donde se encuen-
tra el fondo de la Secretaría General del Movimiento, que contiene la documentación
generada por la Delegación Nacional de Provincias, que permite aproximamos al fun-
cionamiento de las Jefaturas Provinciales de FET y de las JONS. La consulta es ampliada
con la documentación sobre la Jefatura Local de la localidad de Horche, que se en-
cuentra depositada en el Archivo Histórico Provincial de Guadal aj ara, y con los fon-
dos del Servicio Histórico de la Guardia Civil, donde nos encontramos con informa-
ción acerca de la sublevación militar y la guerra civil. En cuanto a las fuentes impre-
sas, destacar la legislación publicada en el BOE y los censos y anuarios estadísticos
editados por el INE, además de la bibliografía consultada.
El marco cronológico de este trabajo, abarca desde la fecha de publicación del
Decreto de Unificación en abril de 1937, hasta la solución de la crisis política de mayo
de 1941, desatada entre elementos falangistas y militares por ocupar una posición más
relevante en la jerarquía del régimen, que se salda con el nombramiento de Arrese como
Secretario General del Movimiento.
Nueve meses después del fracaso del pronunciamiento militar antirrepublicano,
frustrados los sucesivos intentos de tomar Madrid y derrotar a la República, se da
un paso decisivo para la configuración del futuro régimen franquista. Desde el Cuartel
General del Generalísimo, se aborda la unificación de los distintos grupos de la coa-
lición reaccionaria que apoyan a los sublevados, suprimiendo de manera oficial, todas
las organizaciones políticas y sindicales en la zona nacional y, a partir de ese mo-
mento, toda actividad política y sindical deberá circunscribirse a la futura normativa
fetista. El nuevo partido quedaba instituido desde el poder militar -desde arriba-
para servir a los militares sublevados en el control y ordenación del territorio bajo
su jurisdicción.
El régimen que se pretende establecer, requiere una organización y unos cuadros
políticos para administrarlo, y la persona clave en este largo proceso será el cuñado
de Franco, Ramón Serrano Suñer que, evadido de la zona controlada por el gobierno
republicano, llega a Salamanca en febrero de 1937. Inmediatamente ocupa un lugar
principal junto a su cuñado como consejero político. Serrano había sido vicepresidente
del grupo parlamentario de la CEDA, durante las Cortes del gobierno del Frente Po-
pular y amigo personal de José Antonio Primo de Rivera; además era buen conocedor
de los principios y organización del Estado fascista italiano.
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Desde el momento mismo de la sublevación, una de las principales preocupaciones
de los mandos insurrectos, fue conseguir la unidad de criterio y de actuación, con el
fin de optimizar los recursos disponibles, humanos y materiales, para llevar a cabo los
objetivos militares 3 •
En Comunión Tradicionalista y Falange Española se alzan importantes voces
discordantes con la esperada unificación política. Manuel Fal Conde, delegado de los
Tradicionalistas, aglutina a su alrededor el sector más beligerante, pero finalmente se
imponen las tesis del conde de Rodezno, partidario de la idea del Cuartel General de
Franco.
Los problemas en Falange son muy graves, pues el decreto de unificación llega
en un momento, en el cual pugnan hasta tres grupos diferentes por hacerse con el
control del partido. Razones de índole ideológica se unen a la lucha personal por el
poder. Tras el fusilamiento de Primo de Rivera, le ha sustituido como presidente de
la Junta de Mando provisional, Manuel Hedilla, partidario de dar una orientación al
partido, antiburguesa y revolucionaria. Pero su liderazgo es puesto en cuestión por
otros grupos falangistas más próximos a Franco y Serrano. Con un enfrentamiento
de por medio -con víctimas mortales- entre partidarios de Hedilla y de Sancho Dávila,
el Consejo Nacional de Falange ratifica a Hedilla por escaso margen de votos como
Jefe Nacional. Esta votación no consigue solucionar los problemas de mando del
partido, por lo que Franco decide la presentación del decreto, que aparece en el BOE
del día 20 de abril de 1937.
La organización del nuevo partido es incompatible con la presencia de otros gru-
pos, quedando disueltas todas las organizaciones políticas, como se expone en el decreto.
El nombre que se da al nuevo partido, Falange Española Tradicionalista y de las Juntas
de Ofensiva Nacional Sindicalistas, tiene en principio carácter provisional. Los mili-
tantes del nuevo partido son los portadores del verdadero espíritu del Alzamiento
Nacional y quedan bajo el mando del Caudillo, que nombrará a los miembros de sus
dos órganos de dirección: la Junta Política y el Consejo Nacional. Franco, que es Jefe
del Estado y del Gobierno, Generalísimo de los ejércitos Nacionales de Tierra, Mar
y Aire, lo es ahora también del partido único.
El uniforme de los militantes será la camisa azul con el yugo y las flechas falangistas
y la boina roja de los requetés carlistas. El saludo oficial será similar al fascista, excepto
para los militares, y se declaran cantos nacionales el Cara al Sol falangista, el Oriamendi
carlista y el Himno de la Legión 4•
1 Dentro de este contexto se sitúa el Bando de la JDN presidida por el general Cabanellas, con fecha
de 28 de julio de 1936. El Estado de Guerra ya estaba vigente en algunas provincias de la Zona Nacional,
pero ahora se hace extensivo a todo el Estado «con el tin de establecer una unidad de criterio, tan necesaria
en estos instantes».
4 Decreto de 24 de abril de 1937.
89
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2. ANTECEDENTES: LA GUERRA Y LA POLÍTICA
2.1. FALANGE Y CARLISMO EN GUADALAJARA: DOS GRUPOS POLÍTICOS SIN
APENAS SIGNIFICACIÓN
5AGA. Presidencia SGM/DNP. Caja n° 24. Informe sobre la provincia de Guadalajara, 1-08-1940.
bMoreno Luzón relata como «en febrero de 1950, unos meses antes de moril; Álvaro de Figueroa
y Torres se interesaba por e/nombramiento del alcalde de Va/derachas». MORENO LUZÓN, l.,
Romanones. Caciquismo y política liberal, Alianza, Madrid 1998, p. 439.
7 AGA. Presidencia SGM/DNP. Caja n° 24. Informe político de la provincia de Guadalajara, 12-11-
1939.
x SHGC. Historia de la 203 Comandancia de la Guardia Civil de Guadalajara. Actuación de la Fuerza
de la 213 Comandancia en la Guerra, p. 17.
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de julio, la provincia de Guadalajara se encuentra dentro de la zona que controla el
gobierno republicano. La capital cuenta con el regimiento de Aerostación como uni-
dad militar importante. Después de varios días de indefinición, los militares se unen
al pronunciamiento. Al caer la tarde del día 21 la capital está en manos de los suble-
vados, que cuentan con la ayuda de la mayor parte de los mandos de la Guardia Civil,
confinando a las autoridades republicanas y procediendo a declarar el Estado de Guerra.
El escaso contingente sublevado espera la ayuda de las tropas de García Escamez en
vano, en una ciudad que posee pocos baluartes para su defensa. Desde Alcalá de
Henares, parte una columna republicana al mando del coronel Puigdéndolas junto a
un contingente de milicianos, cuyo jefe es Cipriano Mera. Los republicanos irrumpen
en la ciudad y recuperan el control de la capital sobre las siete de la tarde del día 22
de julio. La mayoría de los mandos sublevados mueren en las escaramuzas.
Entre tanto, en la provincia se han sucedido acontecimientos como el asesinato el
día 20, del presidente de la Casa del Pueblo de Sigüenza por falangistas. Ese mismo
día, elementos izquierdistas de Budía, localidad del partido de Brihuega, se enfrentan
con falangistas que previamente han tomado las armas de los guardias civiles del pueblo,
con el resultado de varios muertos.
El control republicano se hace extensivo a casi toda la provincia, con la excepción
de la zona de Malina de Aragón. Numerosos elementos derechistas son detenidos y
encarcelados en la Prisión Provincial, a los que les espera el Tribunal Popular de
Guadalajara. El 27 de julio aparece el cadáver torturado del Obispo de Sigüenza,
Eustaquio Nieto Martín, que había sido hecho prisionero al intentar huir hacia la zona
nacional, convirtiéndose en uno de los primeros mártires de los nacionales.
En diciembre de 1936, como represalia del bombardeo de la capital alcarreña por
aviones franquistas, se produce una saca en la cárcel provincial de la que apenas quedan
supervivientes.
A finales de febrero de 1937, el ejército de Franco prepara una nueva ofensiva para
intentar tomar Madrid y poner fin a la guerra. Para ello se cuenta con una unidad moderna,
el CTV italiano, que será apoyado por tropas españolas. La mañana del 8 de marzo co-
menzó la operación acompañada de mal tiempo. Los italianos partiendo de los alrede-
dores de Sigüenza, logran desarbolar las líneas republicanas que, gracias a los refuerzos
llegados del frente del Jarama, intentan taponar a duras penas el avance en Trijueque,
Torija y Brihuega, mientras esperan la llegada del IV Cuerpo de Ejército al mando de
Jurado. El día 9 en medio de la desorganización republicana, el tiempo empeora y el avance
de los nacionales se ralentiza. La noche del día 10 los italianos toman por sorpresa
Brihuega, pero se estancan en el barro debido a la persistente lluvia, que además les impide
recibir apoyo aéreo. A pesar de la ocupación de Brihuega, los italianos se encuentran
en precarias condiciones, lo que es aprovechado por las tropas republicanas para con-
traatacar. El día 12 los republicanos recuperan el bosque de Brihuega, y en la madrugada
del día 13 se produce la desbandada de la vanguardia italiana. Hasta el día 20 los ita-
lianos retrocedieron perdiendo Brihuega, quedándose a las puertas de esta localidad. Este
sería el último intento por tomar Madrid y la primera victoria en campo abierto de las
tropas republicanas. Franco cambió entonces de estrategia en la conducción de la guerra.
91
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La provincia quedaba dividida en dos zonas hasta el final de la guerra, cuando el
28 de marzo de 1939, se derrumban definitivamente los frentes y es ocupada la capital
alcarreña Y•
y La zona nacional abarca los partidos de Molina de Aragón, Atienza, Sigüenza, parte de CogoIludo,
parte de Cifuentes y parte de Brihuega. La zona republicana engloba a los partidos de Guadalajara,
Sacedón, Pastrana y las partes de CogoIludo, Cifuentes y Brihuega no ocupadas por los nacionales.
10 Este acontecimiento se inscribe en la doctrina oficial del nuevo Partido, tendente a colocar un
de Guadalajara, 31-10-1939.
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Las alusiones al caciquismo son constantes en los informes enviados a la Delega-
ción Nacional de Provincias del Partido. El nombre de Antonio Bernal, político próxi-
mo a Romanones, aparece con frecuencia como uno de los principales culpables del
mantenimiento de la vieja política.
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Aunque la unificación no supone, de momento, el establecimiento de un par-
tido de fuerte cohesión e ideológicamente homogéneo, sí parece plantearse la
obtención de un instrumento político de obediencia al servicio del Jefe Nacional l ".
Alemania e Italia, los países totalitarios que apoyan al bando nacional, son trata-
dos como aliados. Se realizan el reconocimiento laudatorio de falangistas Uuven-
tud y estilo político moderno, similar al de la Italia Fascista) y tradicionalistas
(soldados, portadores de las tradiciones y católicos). Como referencia al programa
del nuevo partido, se establece la adopción de los veintiséis puntos de Falange
Española y de las JONS, eliminando el punto veintisiete por consagrar la supre-
macía de Falange. La falta de definición política que se deduce de la carencia de
un programa y unas competencias concretas, aparece como algo premeditado por
parte de los asesores del Cuartel General del Generalísimo. Finalmente, como única
concesión al carlismo, se habla del regreso de la monarquía, pero se piensa en un
sistema diferente al que dio paso a la República.
La parte dispositiva del Decreto consta de tres artículos. En el primero 13 queda
consagrada la jefatura del general Franco sobre el nuevo Partido, aunque curiosamente
no se aporta ningún argumento justificativo, dejando en el aire la idea de provisionalidad
o accidentalismo hasta en el nombre del nuevo Partido. El segundo artÍCulo crea los
órganos del Partido. El tercer artÍCulo ordena la unificación de las milicias, bajo el mando
de Franco, nombrado jefe del Partido y Caudillo.
12 Chueca afirma que después de neutralizar a las milicias paramilitares falangistas y requetés, cabe
I~ Payne hace referencia al BOE del 22 de abril de 1937, donde aparece la primera misión enco-
mendada a FET y de las JONS. PAYNE, S. G., Falange. Historia del fascismo español, Ruedo Ibérico,
París 1965, p. 143 Y 235.
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Los primeros estatutos del partido no se publican hasta el 4 de agosto de 1937. Lo
más destacable de éstos es que se atienen en gran medida a la organización de Falange
Española. El denominado Movimiento, se estructurará con diversos servicios ls orga-
nizados a modo de ministerios, como el Servicio Exterior, el de Educación Nacional,
el de Sindicatos, Justicia y Derecho, Organización de Excombatientes, Organización
de Excautivos, Prensa y Propaganda, Sección Femenina, Organización Juvenil, Obras
Sociales, Comunicaciones y Transportes, Tesorería y Administración e Información
e Investigación. A partir de la unificación se van a producir una larga serie de con-
flictos, generados por la superposición de las instituciones y el Partido, que ocupa-
rán gran parte de las peculiares relaciones, entre el embrión de un Estado que parece
dirigirse en estos primeros momentos hacia el fascismo, y su reflejo en un partido
político único.
Los servicios tenían su reflejo en la ordenación del Partido a escala provincial y
local. La estructura de FET y de las JONS quedaba establecida de forma paralela a
la del Estado franquista, donde al Jefe del Estado le corresponde el Jefe Nacional, al
Gobernador Civil se le opone el Jefe Provincial y por último al Alcalde se le sitúa
enfrente un jefe local del partido.
Para Chueca, el decreto no fue eficaz excepto en lo concerniente «a la obtención
(por parte de Franco) del mando y control de sobre el conjunto de las organizaciones
políticas que integran el nuevo órgano político», pero aclara que quizás fuera esto lo
que se persiguiera 1ó • Resulta significativo que hasta diciembre de 1937, el nuevo par-
tido no tuviera Secretario General, cargo que recayó en Raimundo Fernández Cuesta,
recién canjeado de la zona republicana, que había sido Secretario General de Falange
Española. Durante su mandato fueron reformados los Estatutos de FET y de las JONS,
mediante Decreto de 31 de julio de 1939, situándose al frente de la Junta Política Serrano
Suñer.
El 9 de agosto de 1939, se hace cargo de la Secretaría General del Movimiento el
general Agustín Muñoz Grandes, aunque el verdadero rector del Partido sigue siendo
el cuñado de Franco. Durante su mandato se promulgaron leyes sobre los sindicatos
verticales, Frente de Juventudes y sobre las Milicias del Partido, que conformaron
aún más el carácter prefascista que estaba tomando el régimen. Después del con-
flicto entre militares y falangistas que motivaron la renovación del Gobierno de 1941,
Arrese es nombrado Secretario General del Movimiento, en sustitución de Muñoz
Grandes.
1.1 LA TORRE, 1. L., «Fuentes documentales para el estudio de las principales instituciones fran-
t
·l' ·
cuentro de Investigadores del Franquismo, Barcelona 1992, pp. 5-8. El autor hace un repaso a la
organización interna del Partido, destacando la evolución sufrida a lo largo del régimen franquista.
16 CHUECA, op. cit., pp. 149-150.
95
•i
'·1
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4. DOS PODERES PARALELOS: EL NUEVO PARTIDO Y EL ES-
TADO
4.i. GOBERNADORES CIViLES Y JEFES PROViNCiALES
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sus puestos a finales de ese año. En numerosas ocasiones se hace referencia a la ne-
cesidad de fundir en uno, los cargos de jefe Provincial del Movimiento y el de Go-
bernador Civil, para conseguir dirigir de manera unificada, la política provinciaF' .
•~ El problema de los abastecimientos tiene su punto de fricción, debido a la pugna
;.~i.. por controlar la exportación de ganado entre la Delegación Provincial de Abastecimiento
;~. y Transportes, dependiente del Gobierno Civil, con el Sindicato de Ganadería de la pro-
Jf vincia. La Delegación de Abastecimiento no transfiere las competencias en materia de
.l.f ganado al Sindicato Provincial, que por normativa, al estar constituido, debe ocuparse
; de ell022 • Detrás de todo, se encuentra la lucha por controlar la exclusiva del negocio
''1.'
.,~~c de grandes cantidades de cabezas de ganado, con las que comercian de forma venta-
josa, personajes que se aprovechan de la situación de carencia en que se halla el país.
Algunos de los problemas se suscitaban entre las jefaturas locales y la Provincial
por acotar sus competencias. Así nos encontramos con el conflicto entre la provincial
y la Jefatura Local de Horche, por ser prerrogativa del Jefe Provincial la confirmación
de las altas y bajas del partido que está realizando el Jefe Local, o por el nombramien-
to de Delegado Local Sindical, que pretende realizarlo el jefe del partido en Horche,
siendo atribución del Jefe Provincial23.
21 Tusell afirma que, a partir del nombramiento como Gobernador Civil del Jefe Provincial de Sevilla,
Pedro Gamero del Castillo, la situación se quiso imitar por otros jefes provinciales. TUSELL, 1., Franco
en la guerra civil, una biografía política, Tusquets, Barcelona 1992, p. 240.
22 AGA. Ídem. Parte Mensual del mes de Agosto de 1940.
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de profesión que representa al partido de Guadalajara. Los gestores designados son
Rafael Criado, médico por Atienza; Mariano Agustín, labrador por Brihuega y Cifuentes;
Enrique Sánchez, labrador y veterinario por Cogolludo; Vicente Díez, abogado por
Molina de Aragón; y por último, José María Bachiller, labrador y abogado por Pastrana
y Sacedón. Todas estas personas son de la total confianza del Gobernador Civil de la
provincia y responden al perfil político de personas de derechas o de orden, dispues-
tos a colaborar con el régimen.
En octubre de 1940, se produce una nueva renovación de la Comisión Gestora de
la Diputación Provincial, a instancias del Gobernador Civil.
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a otros asesoramientos pertinentes. El número de cargos de cada corporación quedará
de la siguiente forma: Hasta 500 habitantes, tres gestores. De 501 a 1000, cinco. De
1.001 a 3.000, siete. De 3.001 a 6.000, nueve. De 6.001 a ll.OOO, once. De 11.001
a 25.000, trece. De 25.001 a 50.000, quince. De 50.001 a 100.000, diecinueve. De
100.001 a 300.000, veintiuno. De 300.001 en adelante, veintitrés gestores. Se fija el
número de representantes en las corporaciones provinciales. La provincia de Guadalajara
no aparece, debido a su situación como frente de guerra y encontrarse dividida en dos
zonas. Las personas propuestas para su designación como gestores locales y provin-
ciales, deben demostrar solvencia moral y conducta intachable, no pudiendo ser pro-
puestas las que hubiesen pertenecido a organizaciones políticas del Frente Popular. El
Gobernador es el responsable de que ello no ocurra.
Entre marzo y junio de 1939 son revisadas las gestoras municipales de la provincia
de Guadalajara 2X , que si nos atenemos al censo de población del año 1930, cuenta con
un total de 408 ayuntamientos (407 en el censo de 1940)29. El estado de las gestoras
es remitido a Gobernación, especificándose en su caso, las necesidades de cambios o
de cubrir vacantes en las corporaciones. En el caso de nuevos gestores, el nombramiento
lo hace efectivo el Ministro de la Gobernación, previa propuesta del Gobernador Civil.
Con la finalización de la guerra, aparecen una serie de nuevos gestores que lo son en
función de su participación en la sublevación o la contienda. Se da entrada en las
corporaciones municipales a multitud de ex combatientes, ex cautivos, evadidos o
colaboradores en la sublevación. Esta característica junto con la pertenencia a FET y
de las JONS, es reconocida como prioritaria en la designación de los gestores.
En gran parte de las gestoras, los cargos municipales son confirmados por el Go-
bernador. Los casos de Torremocha de Jadraque, Embid, Arbancón, Angón, Checa,
Navalpotro, Paredes de Sigüenza, Riba de Saelices, Ujados, Santiuste, Argecilla,
Alustante o Navas de Jadraque, son ejemplo de corporaciones que continúan en sus
cargos. El Gobernador Civil informa de la conveniencia de su continuidad, enviando
la lista de las personas que ejercen los cargos en cada ayuntamiento.
Otras gestoras se consideran no adecuadas por distintas razones, procediendo el
Gobierno Civil a trasladar su propuesta de cambio ante Gobernación. En la gran mayoría
de las gestoras que se cambian, las razones que se alegan atienden a la falta de com-
penetración o nula idoneidad de sus componentes. Hiendelaencina, Atienza, Traid,
Lebrancón, Morenilla, Piqueras, Turmiel, Setiles, Torete, Anquela del Ducado, Valher-
moso, Tordellego, Miedes de Atienza, Povo de Dueñas, Villel de Mesa o Pozancos son
algunas de ellas. Gestoras que son sustituidas por otros motivos son las de Fuentecantos,
donde se dice que los gestores están en sus cargos desde el año 1934; Gomaz, Madrigal,
Bujarrabal, Cendejas, Chequilla o Mandayona, donde se aduce que los cargos proceden
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de 1931; en Sigüenza los gestores proceden de 1937 además de haber vacantes por
cubrir; en Molina de Aragón se encuentran varios puestos vacantes y a juicio del
Gobernador Civil, existen importantes discrepancias entre los miembros de la corpo-
ración. En La Riba de Saelices, el alcalde es denunciado por los mandos de la Policía
Militar del Ejército Centro por conducta cercana a los republicanos, siendo destituido
inmediatamente por el Ministro de la Gobernación.
Entre enero y junio de 1940 se producen renovaciones totales y parciales de ges-
toras municipales. El Gobernador Civil, en función de las nuevas atribuciones que la
Orden de 21 de junio de 1939 le confiere, nombra directamente a los gestores de las
localidades con menos de 3000 habitantes, que no son cabeza de partid030 • Los nom-
bramientos requieren la aprobación y el informe del Jefe Provincial del Partido. Es
preciso destacar que con esta orden, el Gobernador Civil de Guadalajara designa de
forma directa a más del noventa por ciento de los alcaldes y gestores de la provincia.
Las renovaciones parciales están motivadas por el traslado de residencia de algún gestor,
incompatibilidades, dimisiones, etc. Son los casos de Val de San García, Torija, Fonar,
Fuentes de la Alcarria o Valdenuño, entre otras. En Humanes, el alcalde es destituido
por emitir informes contradictorios para la depuración de funcionarios. Otro caso curioso
es el del alcalde de Azuqueca de Henares, destituido y pendiente de ser procesado al
ser acusado de traficar ilegalmente con mercancías intervenidas.
Las renovaciones totales son generalmente producidas por provenir las gestoras de
nombramiento militar en período de guerra. Son los casos de Alpedrete de la Sierra,
y élamos de Arriba, Valdenoches, Irueste, Valdesaz, Zorita de los Canes, Valdenuño
Fernández, Beleña del Sorbe, Uceda, El Cubillo de Uceda, Archilla, Romancos,
Escopete, El Olivar, Tórtola de Henares, Fuentes de la Alcarria o Yélamos de Abajo
entre otros, todos ellos ocupados al finalizar la contienda.
10 BOE de 22 de junio de 1939. En las localidades cabeza de partido y las mayores de 3.000 habitantes,
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de la Calle Silos, Felipe Solano Antelo y Agustín García Manzano; y Gestores, Fran-
cisco López Moratilla, Julio Cordovías Sorrosal, Pedro Barra Medrano, Armando García
León, Gaspar Montes Alonso, Pedro Atarés Ruiz, Juan A. Saenz Martínez, Julio Angós
Novellón y Gonzalo Marín Née. Aparecen seis ex cautivos, un ex combatiente, un
evadido y dos depurados por la República. La mayoría proviene de las filas de Acción
Popular, o es catalogada como derechista o sin filiación política anterior a la guerra.
Cuatro de ellos son militantes del Partido.
Investido con las prerrogati vas que le son conferidas por el decreto de 21 de junio
de 1939 antes citado, el gobernador procede a nombrar una nueva gestora en la capital
alcarreña, con la aprobación de la Jefatura Provincial del Movimiento. El día 16 de
marzo de 1940 la gestora es confirmada por el ministerio. El nuevo alcalde será Fran-
cisco Ruiz Fernández; los tenientes de alcalde Felipe Solano Antelo, Enrique Sánchez
Jiménez y Agustín García Manzano; los gestores designados son Pedro Sanz V ázquez,
Antonio Viejo Antón, Pablo Llorente Ordoyo, Vicente Borobia Marqueta, Tomás
Camarillo Hierro, Alfredo Villalba Cuesta, Francisco Palazón Menéndez, Bernardo
Sobrino Martínez y José Juan García Ruiz. Aparecen siete ex cautivos, un excombatiente
y un gestor depurado por la república. En cuanto a la filiación política, uno es falangista,
cuatro derechistas católicos, cinco derechistas y tres sin filiación anterior a la guerra.
Cinco de ellos son militan en FET y de las JONS.
La llegada de un nuevo Gobernador Civil a la provincia, hace que se proponga una
nueva gestora, bajo el pretexto de solucionar los problemas de la vivienda y el abas-
tecimiento de aguas que afecta a Guadalajara. En el fondo parece que lo que se pro-
pone es nombrar una gestora que sea de su confianza. El alcalde nombrado es Felipe
Solano Antelo; tenientes de alcalde serán Ángel Hernando Sastre, José Pina Monzón
y Estanislao de Grandes Urosa; como gestores aparecen Juan Antonio Saez Martínez,
Rafael González Sánchez, Pedro Sanz Vázquez, Antonio Vicenti del Amo, Federico
Vega López, Pablo Llorente Ordoyo, Alfredo Villalba Cuesta, Regino del Río Martínez
y Ángel Escribano Tabernero. En esta gestora hay diez personas catalogadas como
derechistas y tres de la derecha católica. Nueve son militantes fetistas y tres adheridos.
Es interesante destacar como algunos gestores ostentan cargos en comisiones dife-
rentes, como el caso del abogado Felipe Solano, o de Pedro Sanz V ázquez, médico
de profesión y director del Hospital de Guadalajara. También se dan los casos de gestores
que han tenido responsabilidades en el Partido a nivel provincial, como Estanislao de
Grandes o Francisco López Moratilla, que fueron Jefes Provinciales. Son nuevos cua-
dros que van conformándose como políticos provinciales o locales del Nuevo Estado.
CONCLUSIONES
Franco y sus colaboradores siguieron dando absoluta prioridad a las cuestiones
militares, lo que dio lugar a que el proceso unificador se mostrara lento y enormemente
complejo. La falta de orientación en las tareas y la poca definición en las funciones
políticas del nuevo partido, llevaron a una superposición de instituciones administrativas
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I1
1
li
1.1 y políticas, donde FET y de las JONS reproducía a modo de paraestado, la estructura
~I
1 institucional del propio Estado.
Lejos de traer consigo un programa político, el Decreto por el cual se unificaban
las fuerzas políticas y sociales que apoyaban al bando nacional, solo aludía a un
movimiento, dejando el programa y la organización pendiente de un proceso que, según
el decreto, quedaba» sujeto a la elaboración, revisión y mejora continua».
La peculiar situación de la provincia de Guadalajara durante la guerra, dio lugar
a numerosos nombramientos de gestoras por parte de las autoridades militares que, a
medida que se conformaba el poder gubernativo provincial, fueron sustituidas por
personal de la confianza de las autoridades civiles.
La vieja política se colocó perfectamente dentro del entramado político del nuevo
régimen, acaparando poder político y económico. Es representativo el desembarco
protagonizado por romanonistas en Comunión Tradicionalista en los primeros momentos
de la sublevación.
La diversidad del personal de las gestoras confirma el reparto del poder local entre
las diversas organizaciones políticas que apoyaron a los militares sublevados. Como
puede observarse, la composición de estas gestoras responde a la propia diversidad de
tendencias e ideologías que conformaron la coalición antirrepublicana y que fueron
unificadas bajo la jefatura del general Franco, aunque parece confirmarse la escasa
presencia de camisas viejas y la casi nula proporción de elementos llegados del car-
lismo en esta provincia. Los elementos derechistas y católicos ocupan la mayoría de
los cargos en el ayuntamiento de la capital. La actuación durante la sublevación y la
guerra, sigue siendo importante como mérito a tener en cuenta para la designación como
gestor o alcalde. La filiación al Partido se considera como necesaria a medida que se
va conformando la estructura de FET y de las JONS, lo que se puede observar en la
composición de la última gestora de la capital alcarreña.
Las principales fricciones provocadas por la presencia de dos poderes en la pro-
vincia, se concretaron al principio, en la designación de las gestoras y el personal de
los servicios del Partido. Con el final de la guerra, toman cuerpo las disputas en todo
lo relativo a los abastecimientos y la ganadería, sin que por ello terminen los proble-
mas derivados de la provisión de cargos.
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UN COMIENZO DIFÍCIL. LA FALANGE EN
CASTILLA - LA MANCHA
I En este país sabemos que ha sido justo al revés, primero hemos hecho la síntesis y valoración de
conjunto y luego la hemos puesto a prueba estudiando las diferentes casuísticas locales y regionales.
1 En este sentido compartimos la opinión de NICOLÁS MARÍN, E., Los poderes locales y la
103
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las mejores formas para que acabemos entendiendo la relación de la sociedad con la
dictadura en toda su extensión'.
No tan alentador resulta sin embargo el panorama historiográfico de Castilla-La
Mancha (CLM), remediado en parte y a marchas forzadas gracias a la labor de la
Universidad regional. Apenas si superamos la media docena de trabajos que aborden
aspectos del franquismo en cualquiera de las cinco provincias (y ninguno específico
sobre FET) entre los que destacan los de Ortíz Heras, Gómez Herráez, José M. Sabín,
Alía Miranda (guerra civil en Ciudad Real), la mencionada obra colectiva sobre la Di-
putación de Ciudad Real y la coordinada por Isidro Sánchez aglutinando dos siglos de
historia contemporánea regional 4 • Corto balance todavía al que se une este artÍCulo que
solo pretende mostrar algunos aspectos característicos de lo que fue FET-JONS en las
actuales provincias castellanomanchegas a partir de los informes internos del partido
conservados en el Archivo General de la Administración. El lector ha de tener muy
en cuenta que la acotación cronológica del trabajo se circunscribe a 1939-1940, ape-
nas un año y que en muchos lugares podría reducirse a escasos meses.
3 Muy interesantes pueden resultar al lector las valoraciones que sobre la historia local ha realizado
ASÍN VERGARA, R., en VY.AA. Historia de la Diputación PlVvincial de Ciudad Real (1838-1999),
BAM, Ciudad Real, 1999, p. 15-18. También las ya clásicas de: ARÓSTEGUI, J., La Historiografía
sobre la Espaíia de Franco. PlVmesas y debilidades» en Historia Contemporánea, 7 (1992) p. 77-79
Y CANALES, A. F., Las lógicas de la victoria. Modelos de funcionamiento político local y provincial
bajo el primer franquismo, en II Encuentro de Investigadores del Franquismo, Alicante, 1995 (vol. 1),
p.74.
4 SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I. (coord.) Castilla-La Mancha contemporánea (1800-1975), Biblioteca Añil,
Madrid, 1998
5 Que también mostraba una dualidad similar entre el federale (partido fascista) y el prefetto (de-
legado gubernamental). Pero a diferencia de España era el partido el que dominaba al representante del
Estado y no al revés, además de no ser fusionados. Como escribe Canales Serrano (op.cit.) Falange viene
impuesta por una victoria militar, nunca política y mucho menos social, de ahí su debilidad frente al
tradicional representante del poder central que no se produce en una Italia movilizada a favor del
fascismo.
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por conseguir la unificación de ambos cargos en un representante propio y no quedar
así relegada a un plano secundario en lo político y lo que sería peor: en lo social. Resultó
que FET había hecho la guerra para luego contemplar como las élites tradicionales
recuperaban altas cotas de poder.
Al igual que en otros puntos del país, en varias provincias de CLM también de-
tectamos al menos entre 1939-1940 tensas relaciones de poder entre el Gobernador Civil
y el partido único. Atendiendo a la tipología de los enfrentamientos, podemos concluir
que éstos son similares a otros analizados para Cataluña, Aragón, Valencia, Alicante
o Murcia. El primer enfrentamiento directo que documentamos en Cuenca, nace a raíz
de una dura carta enviada por el Gobernador al Subsecretario del Ministerio de Go-
bernación, en la que acusa a FET de impedir o retrasar la formación varios ayunta-
mientos por su desidia e ineficacia a la hora de remitirle los pertinentes informes. El
Jefe Provincial, indignado al conocer el oficio defiende su capacidad ante el Delegado
Nacional al que manifiesta entre otras cosas que el Gobernador no cuenta en absoluto
con el partido como lo demuestra el hecho de pedir, comprobar y rectificar informes
con la Guardia Civil (enfrentando así ambas instituciones) o pedirlos directamente a
la Delegación Provincial de Información o a las locales sin informar al responsable
provincial; por supuesto denuncia que los informes favorables que emiten no revierten
luego en nombramientos algo que no comprende puesto que «si yo soy el Jefe político,
alguna intervención debo tener para asegurar la buena marcha de la política y ges-
tión municipales» 6. Pero el Gobernador no solo actúa por omisión, también utiliza el
ataque directo y así la Jefatura Provincial denuncia en un informe elevado a la De-
legación Nacional las «continuadas y desacertadas resoluciones, inspiradas por los
politiquillos caciquiles que nos odian cordialmente.»? llevadas a cabo por el Gober-
nador y que se resumen en varios casos de «injusticias» cometidas contra militantes
y jefes locales, consistentes en multas y encarcelamientos por difamaciones y fraude
en materia de abastos, esto último algo bastante común en toda CLM entre gestores
y falangistas. Como vemos en 1939 FET-JONS era ninguneada políticamente y san-
cionada con dureza ejemplar en cuanto se presenta la ocasión con el consiguiente
desprestigio y desgaste que acarreaban ambas actuaciones. Por eso el Jefe Provincial
de Á vila en un informe sobre la provincia se permite asegurar que:
«el sistema de que el Gobernador Civil y el Jefe Provincial sean personas diferentes
es tan malo que, aún recayendo en personas de buena voluntad y de buenos propósitos
los resultados son malos. Cualquiera de los dos, el Gobernador o el Jefe Provincial que
llevasen los dos mandos realizarían una labor mucho más eficaz que no trabajando
aisladamente. Al Gobernador le falta el calor de la Falange y al Jefe Provincial le falta
la autoridad del Gobernador»x.
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Para Guadalajara no tenemos un enfrentamiento tan claro pero las malas relaciones
son evidentes entre la Falange provincial y un gobernador cercano y dispuesto a de-
fender al tradicionalismo:
«El Gobernador es hombre listo (... ); tiene un verdadero vicio de «mangonear»; le gusta
que acuda mucha gente a su despacho, preside muchas Juntas ( ... ) se podría decir del
«mangoneo» que es una «manera feminoide de ejercer el predominio sobre otroS»»9.
" AGA/PRES/SGM/DNP/Caja 24. Memoria sobre la provincia de Guadalajara elaborada por el Jefe
Provincial de Á vila (31-10-39). De 403 ayuntamientos (500 pueblos), sólo 303 tenían Organización en
esta fecha.
10 El problema de los presos políticos lo documentamos también para Cuenca. Hemos de compren-
der que el quebranto para las economías familiares y locales era enorme. En Cuenca el Jefe Provincial
de Avila cifra en 7.000 los presos en la provincia; el mismo informante calcula para Guadalajara la
presencia de 4.628 encarcelados. Las malas comunicaciones impedían el traslado de presos o tribunales
para proceder a los juicios con lo que la situación no se solucionaría a corto plazo. En Guadalajara la
situación sería aun peor con la llegada de gentes procedentes de Toledo y Ciudad Real en busca de pan
y trabajo tal y como lo refleja Auxilio Social en un oficio dirigido a la Delegación Nacional de Pro-
vincias el 28-5-40 (AGA/PRES/SGM/DNPI Caja 24).
1I En un informe remitido por la D.Nacional de Información al Secretario General de FET sobre Ciudad
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y reorganice el Partido, en el que hay incrustados elementos rojoides, o gentes que
se han habituado a los métodos marxistas» 12.
En la vecina Albacete, uno de los feudos tradicionales de la izquierda, no tardamos
en documentar las primeras y serias pugnas entre el Partido y el Gobernador Civil Antonio
Parellada, lucha que trasciende de los despachos para hacerse «pública y ostensible». El
gobernador, ordena que para llevar a cabo la depuración de entidades dependientes del
Estado no se utilice otra fuente informativa distinta de la suya; el partido se apresura a
cotejar informes del Gobernador con los suyos propios y los de la Guardia Civil ll~gan
do a la conclusiones contradictorias. Naturalmente también prescinde de los informes de
FET para el nombramiento de gestoras l3 . Otra actuación del Gobernador en detrimento
del Partido consistió en suprimir las facultades recaudatorias de la Comisión Local de
Subsidio al Combatiente por no entregarle los tickets con las cantidades aportadas por
cada comercio, cuando esos recibos no podían rellenarse por falta de papel; el secretario
de dicha comisión fue incorporado al funcionariado del gobierno civil aduciendo una
necesidad abrumadora de personal más que dudosal 4 .
Las diferencias entre el gobernador civil y el jefe provincial se manifiestan públi-
camente protagonizando infantiles incidentes protocolarios, algo por otra parte, bas-
tante extendido l). Así, el gobernador exige en un oficio remitido al Secretario General
del Movimiento el 26-10-39 que en todos los actos públicos en los que se entone el
himno nacional y el caralsol, se acompañen del himno de Oriamendi y que los gritos
fascistas de España, Una, Grande y Libre los profiera la «autoridad más caracteri-
zada» es decir, el gobernador. El jefe provincial Lozano Navarro le contesta que lo
del himno de Oriamendi no está recogido en la legalidad vigente y en cuanto a los gritos
opina que «tales gritos son los peculiares y propios del Movimiento, y que éste, en
la Provincia, lo encarna el Jefe Provincial, representante directo del Caudillo, por lo
que reclamo para mi jerarquía ese derecho»ló.
8-39.
1.1 AGA/PRES/SGMIDNP/Caja 12. Informe incidentes entre el gobernador Parellada y la Comisión
nuestro.
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El conocido como caso Gotor, será también motivo de polémica entre las dos au-
toridades provinciales. Antes del alzamiento, Antonio Gotor fue decano del Colegio
de Abogados de Albacete. Durante el breve levantamiento fascista, nada hizo por apo-
yarles, al contrario, ayudó a su hijo a esconder a Eleazar Huerta Valcárcel, más tarde
alcalde rojo, decano de los abogados y director general de lo contencioso del Estado
con Negrín. Se le acusa de ser protegido de los republicanos y de haberles jurado lealtad.
Liberado Albacete, se renueva el Colegio de Abogados con falangistas y leales al
Movimiento, pero por extrañas circunstancias (acompañadas de una orden ministerial)
se reponen en sus cargos a los mismos que los ejercían a 18 de julio de 1936 incluido
Gotor y escapando así el y su hijo de posibles responsabilidades. El gobernador Parellada
es acusado por FET de propiciar esta situación:
«Todo esto no pasa inadvertido para la gente ( ... ) que ve defraudadas sus esperan-
zas (... ) y comienza a desdeñar a FE. T que estiman bien intencionada pero sin fuerza
decisiva en las resoluciones provinciales.
Como consecuencia de esta dualidad observada en los representantes del poder, la
provincia se halla escindida en dos partes antagónicas ... »I7.
tado de una inspección realizada por la D. N. de Información, sin fecha (probablemente últimos días
de 1939) ni firma.
IX Sirva de ejemplo el caso de Hellín. El jefe local Guerrero Guirado se queja de la nula colabo-
ración que tiene del alcalde Alarcón Palacios en unos momentos en los que la situación en materia dc
abastos parece muy grave y FET es señalada con dedo acusador. El Ayuntamiento es acusado de no frenar
los acaparamientos de productos y los consiguientes encarecimientos; el alimento se reparte entre amigos
y allegados, la mayor parte de los días el pueblo carece de pan pero no de caras golosinas, en AGA/
PRES/SGM/DNP/Caja 12. Informe jefatura local de Hellín (1-4-40).
I~AGA/PRES/SGM/DNP/Caja 12. Informe del Jefe Provincial Lozano Navarro al Delegado Nacional
de Provincias sobre Albacete 18-10-1939.
20 AGA/PRES/SGM/DNP/Caja 44bis. Informe sobre la provincia de Toledo (14-10-1939).
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2. LOS COMIENZOS DE F.E.T. Y LA UNIFICACIÓN
Es generalmente asumida la teoría de que P.E., futuro embrión de FET era antes
del 18 de julio de 1936 un partido residual del complejo panorama político español 21 •
Su transición de la nada a co-regentar España no será fácil y en muchos lugares tu-
vieron que empezar desde cero y sin el apoyo de una población escéptica, cuando no
contraria. Falange no movilizó a la sociedad española, no ganó la calle, tampoco lo
necesitaba. En cuanto a la Unificación ha sido considerada como la absorción defini-
tiva del partido fascista por el Estad0 22 , el inicio de su burocratización y su progresivo
alejamiento de los españoles. ¿La unificación creó un partido ex novo o solo refundió
lo existente?, una pregunta que obtiene su respuesta desde la atalaya local; en provin-
cias como Ciudad Real o Albacete el partido nace tras la guerra porque antes apenas
existía y la unificación carece de sentido porque no había nada que unificar, mientras
que en Guadalajara el tradicionalismo y el caciquismo ahogan el desarrollo de FET.
Ya a finales de 1939 cundía el descontento entre una población conquense que empieza
a sentirse defraudada al ver como la afamada «revolución nacional-sindicalista» no se
realiza manteniéndose las mismas e injustas situaciones de privilegio, al tiempo que FET
no gozaba «de más influencia que la que le da el prestigio personal de sus jefes y sus
doctrinas» 23. Y es que a pesar de los numerosos votos obtenidos allí por José Antoni0 24
que podrían hacemos pensar en una Falange fuerte, el Partido en Cuenca estaba todavía
en 1940 por constituir: «Nuestra Organización en esta provincia, apenas ha nacido.
Es aún débil, tiene mucho que aprender y que corregir. .. »25, tan solo cabría destacar
la local de Mota del Cuervo «cuna del Falangismo de Cuenca» de la que procederán
el tercer Jefe Provincial José Andrés Melgarej0 26 (los dos primeros, hermanos y des-
tituidos fulminantemente) y sus dos secretarios. Sin duda el gran problema de la Falange
conquense era la tradición conservadora de la provincia firmemente consolidada a tra-
vés de un complejo entramado caciquil liderado por Joaquín Fanjul, aunque durante los
21 Algo así como lo que recoge Marín i Corbera para Sabadell «se la consideraba algo así como
una mera palabra exótica (... ) nadie conocía los principios ni la doctrina falangista»; recogido de las
memorias de Josep M.Marcet i Coll. Martí Marín i Corbera, FET y de las faNS a Sabadell, 1939-1945.
Els primers temps. L'avenc,:, 157 (marzo, 1992), p.32-39. O también como escribe THOMÁS I ANDREU,
que se consideraba a FET como algo oficial, como el Instituto de Higiene y no como parte de la realidad
social, en El régimen de Franco en Cataluiia: conflictos entre falangistas en la Tarragona de los alias
1939-1940» en Tussel et.al. (eds.) op.cit. p. 123-134.
22 Recordar que el posible pacto con otros partidos políticos se negaba en el desaparecido punto 27.
ser cabeza de aquella lista; hechos que entroncan con la más genuína reputación «cunera»de La Man-
cha: «Si aspiras a diputado/busca Ull distrito en La Mancha/que allí no siendo manchego/segura tielles
el acta» (El Diario de La Mancha, 1910) recogido en Isidro Sánchez Sánchez (coord.) al'. cit. p.124.
25 AGA/PRES/SGM/DNP/Caja 35.Informe Jefatura Provincial sobre denuncia del Gobierno Civil por
la Hispano Corchera S. A.
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años republicanos fuera la CEDA su cabeza visible; sin olvidar las gravísimas defi-
ciencias de vías de comunicación que prácticamente aislaban la provincia. Pero en 1941
la situación no va a mejorar, en un informe del secretario provincial accidental Tomás
Pujalte, denuncia la «caótica situación en que se encuentra la Jefatura de esta pro-
vincia y en consecuencia todos los servicios dependientes de la misma» incluido Auxilio
Social mientras «siguen los niños muriendo de hambre»; a las jefaturas locales «ni se
las atiende ni se les resuelve nada» siendo ya preocupante el alejamiento entre el pueblo
y el partido «hoy en la capital se conoce a la Falange por la exhibición de uniformes
( ... ); en el resto de la provincia, ni aún eso»27.
La unificación en principio y a tenor de los documentos consultados no presentó
en Cuenca demasiadas dificultades a pesar de que en un informe 2x se advirtiese de un
sospechoso aumento de militantes tradicionalistas cuando antes de la guerra eran pocos
y de mucha edad; la explicación del informante es la apetencia de cargos que les re-
porten poder y beneficios económicos «son los clásicos señoritos de provincia, inmo-
rales, sin solidez religiosa, incultos y amantes de la más turbia modernidad represen-
tada por el cine y el Jazz». En ese mismo informe se hace referencia a que las disi-
dencias entre falangistas y requetés son aprovechadas en los ámbitos rurales por los
caciques de turno, aunque matiza que «La escisión en los pueblos obedece al típico
antagonismo y la secular división en bandos»29. Pero las luchas por el poder no se
limitan al mal comunicado medio rural, en Cuenca (1941) al partir el jefe provincial
efectivo Vicente Navarro con la División Azul se inició una interesante pugna entre
el secretario Pujalte y «su bando» y el jefe accidental Rafael Echevarría que derivó
en un proceso disgregador de consecuencias tan graves como las arriba descritas.
Tampoco encontramos en Guadalajara una FET-JONS mínimamente establecida. Tras
el receso bélico, la Organización alcarreña tiene que partir de cero con apenas un puñado
de afiliados y poco entusiastas, con una población que no les concede demasiado cré-
dit0 30 y padeciendo serias dificultades para ocupar los puestos de responsabilidad local:
«... el punto de vista de la Falange,(en la constitución de gestoras) no es tenido en
consideración en ningún caso, salvo en aquellos en que, por una casualidad, se ha
llegado a la coincidencia. »31, lo cual según el jefe provincial provoca el debilitamiento
mucho más clara que en el urbano, FET-JONS se convirtió en una plataforma que permitió la reproduc-
ción de las tradicionales rivalidades locales, aquellas que habían dividido a estas pequeñas sociedades
tal vez durante generaciones». Cfr. CENARRO LAGUNAS, Á., Cruzados y camisas azules. Los orígenes
del franquismo en Aragón (/936-1945). Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 1997, p. 147.
JO AGA/PRESISGM/DNP/Caja 24. Información sobre la provincia de Guadalajara elevada por la
58 alcaldías propuestas, solo han sido nombradas 17. El propio Jefe Provincial de Á vila en un informe
sobre la provincia conservado en la misma caja (31-10-39) denuncia que «los puestos retribuidos del
Estado (oO.) se dan sin tener en cuenta ni solicitarse el informe de Falange». El mismo informante señala
que de 403 ayuntamientos (500 pueblos), solo 303 tenían organización en esa fecha.
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o la muerte misma de muchas falanges locales acosadas por el caciquismo, el tradi-
cionalismo y las malas comunicaciones. La escasa influencia de la Organización lle-
garía hasta el punto de que la Junta Depuradora funcionaba sin el representante de la
Jefatura provincial.
Una de las causas de la debilidad falangista de los primeros meses podría estar
motivada por « ... la falta absoluta de personas aprovechables »32; hay jerarquías que
sustituir pero no encuentran a las personas adecuadas entre los liberales romanonistas
recalificados y empapados de tradicionalismo e incluso entre «el sector izquierdista,
que no delincuente, ofrece un margen de confianza y crédito, a nuestro juicio muy uti-
lizables ... »33. La FET-JONS de 1939 estaba integrada por personas de ambos sectores
que obviamente no poseían «la manera de ser» de Falange y por tanto no podían ofrecer
perspectivas alentadoras a la Organización.
Pero sin lugar a dudas los grandes problemas de la FET-JONS de Guadalajara
vinieron determinados por la pervivencia de las sólidas estructuras caciquiles
romanonistas y la fortaleza del tradicionalismo carlista, un mal compañero de viaje de
cara a las pretensiones de supremacía falangista tras una ficticia unificación; aclarar,
no obstante, que ambos extremos están íntimamente relacionados.
En un informe elaborado por el Jefe Provincial de Guadalajara sobre la situación
del partid0 34 se diferencia entre la zona nacional desde el principio de la guerra (partido
de Molina de Aragón fundamentalmente) y la liberada al final de la misma. En la primera
detectamos la presencia de Acción Ciudadana (mayoritariamente cedistas y encuadra-
dos en milicias), Comunión Tradicionalista y F.E. que nutrieron banderas y tercios.
Decretada la unificación, documentamos que se realizó en falso al contar con la opo-
sición de los jerarcas tradicionalistas y al no admitir la nueva FET a los procedentes
de Acción Ciudadana. Esta situación desembocó en una verdadera lucha fratricida por
el control del partido único entre falangistas y tradicionalistas que desembocará en una
importante ausencia de FET en las gestoras municipales, favoreciendo a tradicionalistas
y romanonistas reconvertidos a los nuevos tiempos y abiertamente en contra de la
unificación 3\ liderados por José M' Arauz de Robles. La situación debió ser de tal
gravedad que el Jefe Provincial denuncia como en algunos pueblos la FET local se reunía
)2 Ibidem. Memoria provincia Guadalajara elaborada por el Jefe Provincial de Ávila (31-10-39).
)J lbidem. Informe Político sobre la provincia de Guadalajara a petición de la Inspección Nacional
de Delegaciones Provinciales de la Secretaría General (12-11-39).
)4 AGA/PRES/SGM/DNPI Caja 24 (29-2-1940).
" Gestoras en esta línea fueron las de Molina, Milmarcos, Cobeta, Torremocha del Pinar, Villar de
Cobeta, Tortuera, Olmeda de Cobeta, El Pobo de Dueñas y Orea entre otras. El caso de Orea puede
resultar interesante [Ver AGA/PRES/SGM/DNP/Caja 24. Informe sobre Guadalajara elaborado por el
Jefe Provincial M. Pamplona (18-6-40)]; allí tras unos incidentes ocurridos con motivo de la fiesta de
la Unificación y protagonizados por sectores no unificados, el Jefe Provincial se queja del nulo apoyo
recibido por el Gobernador Civil que minimiza lo acontecido al tiempo que defiende la actitud de los
'tradicionalistas por considerarla favorable al espíritu de la unificación. Y es que el Gobernador José
M' Sentís demostró en numerosas ocasiones su debilidad por la causa tradicionalista en detrimento de
la falangista.
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clandestinamente por temor a represalias. Esta situación no hubiese sido posible sin
el apoyo del Gobernador e incluso de esferas mucho más altas 3ó •
Otra característica interesante de esta zona es la existencia de una tutela política
o cacicato materializado por la Guardia Civil al ser sus informes los que triunfan a la
hora de los nombramientos y no los FET37.
La zona que permaneció más tiempo en manos republicanas, presenta unas carac-
terísticas diferentes. En ella, tras la liberación, se crearon gran número de jefaturas
locales que nacen ya depuradas tras casi tres años de luchas, pero que chocan con una
alarmante falta de «hombres capacitados». La unificación tampoco planteará mayores
problemas en esta zona «dado el escaso número de supervivientes de la antigua ( ... )
FE. Y el más escaso todavía de la c.T. (... ) Las organizaciones creadas nacen ya
unificadas.» . Los únicos problemas políticos de la zona vienen protagonizados por los
viejos políticos romanonistas que «se dicen ahora requetés»3X cuando realmente son:
«unos señores que, dícense de «derechas» de «orden», etc. añoran un pasado en el
que eran dueños de vidas y haciendas en la provincia y que desean y sueñan con una vuelta
a la «normalidad», entendiendo por normalidad el estado de cosas anterior al 14 de Abril;
jornales de miseria, uso inmoderado del derecho de propiedad, etc. ... ».
En nuestra opinión, estas líneas resumen a la perfección la situación de FET-JONS
en Ciudad Real una vez acabada la guerra3Y •
«... puede asegurarse que no había Organización de Falange antes del Movimiento,
pues todo se reducía a algunas fONS como la de Daimiel. Campo de Criptana y
Puertollano y algunos afiliados, muy pocos en Ciudad Real...
Ahora, triunfante el Glorioso Movimiento, solo hay camisas viejas perseguidos,
cautivos, y todos prestos a presentar la factura»4o.
derechas (del Conde de Romanones»> de ahí que consideremos seriamente la teoría de una continuidad
real de las élites caciquiles de la Restauración en el nuevo orden franquista alcarreño especialmente
en la zona de Molina.
J~ Todos los datos para la guerra civil en Ciudad Real en: ALÍA MIRANDA, F., La guerra civil en
retaguardia, Ciudad Real (1936-1939), Biblioteca Autores Manchegos, Ciudad Real, 1994.
4ü AGAlPRES/SGM/DNP/Caka 6. La Delegación Nacional de Información remite al Secretario General
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Otro informe que ofrece los resultados de una inspección ordenada por la Delega-
ción Nacional de Información 41 se redacta en los mismo términos:
En Ciudad Real, Falange tenía que organizarse partiendo casi desde cero, había que
nombrar gestores y cargos del partido en casi todos los pueblos, de ahí que Francisco
Richard (secretario provincial) solicitase en 1940 una asignación extraordinaria de 1500
pesetas para sufragar gastos de inspección y poder remitir relaciones de personas aptas
para desempeñar puestos de responsabilidad, pero además señala otras dos buenas
razones: inspeccionar algunas falanges locales que no funcionan inmersas en pugnas
caciquiles y evitar las diferencias entre alcaldes y jefes locales detectadas en muchos
municipios 42 • Al no existir prácticamente ni falangistas ni tradicionalistas, no hubo lugar
a la unificación.
Más información acerca de la realidad de las falanges locales manchegas nos la
brindan unas respuestas a un modelo de cuestionario anónimo probablemente rellanado
por un inspector provincial desplazado a cada una de las localidades que ahora re-
ferimos 43 • En Calzada de Calatrava (1-12-40) ante una pregunta sobre la opinión que
genera la Falange en el pueblo se contesta «No tiene ninguna ( ... ) existe nada más
que para los Jerarcas, que valiéndose del cargo medran al amparo del mismo ... ».
En Almadén (sin fecha pero probablemente parecida a la anterior) se responde: « ... Es
solamente un conglomerado de individuos de las más diversas tendencias que visten
la camisa azul, a manera de escudo protector ( ... ) buscando solamente al encuadrarse
en ella, los unos hacer olvidar su verdadera manera de pensar y los otros saciar
sus deseos de figurar y ( ... ) su lucro personal... ». En Corral de Calatrava (sin fecha)
el Jefe de Falange aparece como fundador de la Casa del Pueblo y el delegado de
Auxilio Social presidió la mesa electoral de izquierda republicana y combatió con
la república como sargento. En Manzanares (4-12-40) se denuncia el apartamiento
de Falange de las personas de orden y de derechas por estar liderada la organización
por incompetentes de escasa confianza.
Al igual que en C. Real, en Albacete tampoco hubo problemas de unificación porque
el tradicionalismo no tenía apenas representación, aunque como sucedía en Cuenca, se
percibía un aumento sospechoso de sus simpatizantes con la única finalidad de disfrutar
de cotas de poder. Como vimos anteriormente el gran problema para el nacimiento y
consolidación de FET en estos primeros meses es la férrea oposición del Gobernador
Parellada y su apoyo a la promoción de políticos no falangistas y representantes de la
10-1940.
4) AGA/PRES/SGMIDNP/Caja 52. Carpeta 34.
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vieja política. Entre 1939-1940 el responsable provincial del Partido fue F. Navarro
Lozano, farmacéutico y camisa vieja que sustituyó al primer jefe, el cacique y monár-
quico Conde de Salvatierra.
De Toledo son pocos aún los datos que tenemos, pero son suficientes para docu-
mentar la existencia de algunos grupos tradicionalistas en Talavera, Consuegra y Toledo
aunque de escasa importancia. En 1933 aparece José Saínz, promotor de la Falange
toledana que «logró pronto formar núcleos de Falange en la Capital y algunos pue-
blos, principalmente aquellos en los cuales el marxismo era más violento como Mora,
Madridejos, Carpio de Tajo, Fuensalida, Villa de Don Fadrique etc.» 44.
Falange consiguió bastantes filiaciones gracias a la propaganda realizada por el
propio José Antonio y apoyados por Renovación Española, aunque su mejor momento
parece llegar tras las elecciones de febrero de 1936 con incorporaciones de jóvenes
de J.A.P. y Acción Católica. La unificación se desarrolló sin problemas e incluso recibida
de buen grado por casi todos los tradicionalistas 45 .
La situación parece ideal pero «la verdad es que FE. T. Y de las J. D.N.S. cayó en
cierto desprestigio en la provincia, y que algunas personas de buena conducta y lim-
pias de intención, no entran en ella por esa causa ( ... ) funciona sin espíritu y sin el
se corre el riesgo de convertirse en una fría burocracia»4ó. Sobre las jefaturas locales
se afirma que se encuentran la mayoría en <<1nanos inexpertas» y detectamos una dura
pugna en Talavera entre Ayuntamiento y Jefatura Provincial que podemos hacer ex-
tensible a otros pueblos: «En bastantes pueblos ( ... ) se provocan pugnas entre el Alcalde
y el Jefe Local, más por viejas reminiscencias caciquiles o diferencias personales... »47
y se propone la unión en una sola persona de ambas autoridades.
47 Sirva como ejemplo el caso de Ventas de Retamosa. Unos excombatientes denuncian por desafec-
tos a cargos locales de FET y el Jefe Provincial Cándido Torres (profesor de química órgánica de la facultad
de farmacia de Barcelona) achaca la denuncia a maquinaciones tradicionalistas y al pedir su opinión
al antiguo párroco de la localidad le contesta que «basta que fulano vista la camisa azul para que el
otro se plante en talla de reto la boina del color que sea; y con este motivo se deshacen haciendo la
vida imposible a los verdaderos patriotas. Esto ha dado motivos a los cambios más bruscos de ideal ... »
AGA/PRES/SGM/DNP/Caja 44bis (20-4-1940).
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antes del Movimiento, no exento de odios y rivalidades personales 4x . En CLM también
documentamos estos extremos especialmente en Guadalajara y Cuenca. Otro aspecto
común al resto de España, es el ambiente generalizado de corrupción institucional,
reflejado sobre todo en materia de abastos, donde además de propiciarse el lucro per-
sonal, servía de cauce para ejecutar numerosas represalias y venganzas personales.
Si Encama Nicolás habla de «cuadernos de quejas»49 para la comunicación entre
la ciudadanía y el poder tras un cambio revolucionario y refiriéndose a las protestas
de personas y entidades ante un paternal gobernador civil, una definición similar po-
dríamos aplicar a todo este tipo de denuncias-queja que a través de los conductos
jerárquicos del FET, se vierten desde los ámbitos locales y provinciales. Veamos al-
gunas que pueden ser interesantes.
Entre las denuncias por caciquismo en Cuenca, podemos encontrar casos tan cu-
riosos como el de Fuentelespino de Moya donde una mujer Antonia Navarro Ruescas
«que tiene el mayor capital del pueblo» se erigía en abanderada de las izquierdas,
no por compartir sus ideas sino por oponerse a Enrique Domínguez representante de
los partidos monárquicos. El caso es que alrededor de los odios ancestrales de estos
dos personajes giraba todo el puebl0 50 • Anécdotas aparte nos interesa la reflexión del
inspector que informa ya que podemos hacerla extensible a muchos pueblos de
Cuenca: «... pero conociendo lo que son estos Ayuntamientos humildes en los que los
Concejales y en muchos casos la Ley, son manejados al capricho y antojo de cuatro
señores erigidos en señores feudales ... ». En cuanto a los fraudes alimentarios debie-
ron ser muy numerosos y generalmente protagonizados por jerarquías locales del
partido, del ayuntamiento y la guardia civil, que utilizaban el sustento de sus veci-
nos como armas para coaccionar, amedrentar o vengarse. Es el caso del pueblo de
Villalpardo donde el alcalde y el delegado de la CNS además de «perder» por el
camino varias sacas de harina cometían arbitrariedades en el reparto dejando carti-
llas sin cubrir51 • El propio Jefe Provincial se lamenta de conocer demasiados casos
y demasiado graves, de irregularidades en abastos y de no tener la suficiente fuerza
para detener esta escalada.
En Guadalajara, donde el caciquismo adquiere la categoría de mito a través de la
figura de Romanones, esta práctica no desapareció con la contienda, sobrevivió a la
misma, le sobraba fuerza para adaptarse a la nueva situación y continuó ejerciendo su
anterior influencia en un ejercicio exitoso de travestismo político:
SÁNCHEZ, A., La vuelta a la historia: caciquismo y franquismo, en Historia Social, 30 (1998) p. 119-
132. También GONZÁLEZ MADRID, D., ORT1Z HERAS, M. y RODRIGO ROMERO, P. (GEAS) Juntos
pero /lO revueltos: discrepancias ideológicas en la organización de la Espaíia triunfal (1938-1939) en
IV Encuentro de Investigadores del Franquismo, Valencia 1999 (en prensa).
4Y Ver NICOLÁS MARÍN, E., Los gobernadores civiles ... op. cit. p. 146.
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«La tupida red del caciquismo romanonista, subsiste aun en la Provincia, si bien
desconectada de sus mandos supremos. El caciquismo que va, desde el más absorvente
y repudiable de tipo usurario que casi siempre se funda en el dominio de la tierra, hasta
el tolerable de tipo patriarcal. Los caciques que en la zona que fue nacional se pusieron
la camisa azulo boina roja, en esta otra tratan de cotizar las persecuciones de que,
según ellos han sido objeto para continuar mangoneando».
Los caciques de tumo seguirán colocando a sus testaferros, esta vez en el partido único
como fórmula inmejorable de controlar el ámbito local, y así lo documentamos en el pueblo
de Alcolea del Pinar donde varios excombatientes se dirigen a la provincial solicitando
ser admitidos como afiliados y organizar el partido en aquella localidad. El Jefe provin-
cial en un oficio dirigido a la Secretaría General señala la posibilidad de que uno de esos
excombatientes esté relacionado con el antiguo cacique romanonista52 •
En Ciudad Real también documentamos gran cantidad de denuncias por corruptelas
políticas de tipo caciquil que pueden ayudamos a completar el panorama político-social
de la Falange manchega. Especialmente significativo resulta el caso de Femancaballero5\
un pueblo cercano a la capital donde al menos desde que fue instaurada la República
«alternaban en el disfrute del poder dos «caciques» llamados Eloy Víctor y Fortunafo
Ferreras. El primero con cuatro hijos, reunía en su domicilio cinco jefaturas de partido
ya que todos ellos se hallaban «convenientemente distribuidos» .... desde FE. a Progre-
sistas ... ».
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 2000 - El franquismo, el regímen y la oposición. : actas de las IV Jornadas de Cas[...
exorbitantes y si le convenía se quedaba directamente con el bien hipotecado arrui-
nando familias enteras S4 .
Otros tipo de problemas le van a venir a la provincial derivados de su condición
de zona de retaguardia durante la guerra. Así el jefe provincial Casimiro Íñigo solicita
la opinión del Secretario General en un oficio de octubre de 1939 acerca de la circuns-
tancia de que ostenten puestos de mando «muchos camaradas (... ) que no fueron a luchar
por el Caudillo» de forma voluntaria s5 • En enero de 1940 Elola Olaso somete a la
consideración de la Secretaría General varias dudas que le surgen tras estudiar las
solicitudes de ingreso en el partido como militantes y sugiere que en zonas de dominio
rojo no se apliquen estrictamente los estatutos aprobados al respecto y se deje un margen
de maniobrasó .
Por último destacar que si la falange ciudarrealeña no gozaba de buena salud, las
perspectivas de futuro no eran alentadoras si hacemos caso de un informe de inspec-
ción redactado por el delegado provincial de la 0.1. tras visitar varios pueblos de la
provinciaS? que refleja serios problemas de encuadramiento de la juventud derivados
de la disminución de afiliaciones a la obra predilecta. Las causas son bien sencillas,
las familias pobres necesitaban de sus hijos para subsistir y los patronos no estaban
por la labor de permitirles ausentarse del trabajo; por su parte las clases pudientes
naturalmente llevaban a sus hijos a colegios religiosos y los padres no entregaban a
sus hijos a la disciplina de 0.1. argumentando que les apartaban de su estudio, además
de que en sus colegios contaban con más y mejores medios técnicos, por no hablar
de la oposición directa de los mismos religiosos que no estaban por ceder su selecta
clientela sx .
Una situación similar la encontramos en Toledo:
57 Tan importantes como Alcázar de S.Juan, Campo de Criptana, Socuéllamos, Manzanares, Valdepeñas
dad aragonesa, campo de batalla de la pugna entre la Iglesia y FET-JONS (1939-1945), en Tusell et.al.
(eds.) op. cil. p. 29-40.
5Y AGA/PRES/SGM/DNP/Caja 44bis. Informe sobre la provincia de Toledo (14-10-1939).
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o la gestora de Quintanar de la Orden, acusada por el jefe local de vender el arroz
destinado a los niños, cobrar el trigo a precios abusivos y repartirse entre varios el cereal
procedente de fincas incautadas y trabajadas en común por los republicanos óo •
En Albacete ya hemos comentado la penosa situación que atravesaba la localidad
de Hellín en materia de abastos, una situación, por otra parte bastante común en otras
localidades en 1939 y ante la que el Partido se siente poco más o menos que impo-
tente; conoce y denuncia los casos, pero no puede actuar:
«... el control es aún más ineficaz porque la mayor parte de los Alcaldes designados
son del tipo de los «monterillas» o «caciquillos», que dan el ejemplo de burlar e in-
cumplir las disposiciones sin que nuestras Jefaturas Locales puedan hacer una lahor
de fiscalización y colaboración eficaz por la falta de atribuciones (... ), porque no puedo
atender sus quejas o denuncias por no tener yo tampoco atribuciones propias ni existir
espíritu de armonía y colaboración por parte del Gobernador Civil»ól.
4. CONCLUSIONES GENERALES
l. Excepto en Toledo, entre 1939- I 940 documentamos en Albacete, Cuenca,
Guadalajara y Ciudad Real, serias diferencias políticas (y personales) entre los
diferentes gobernadores y los responsables del Partido. Estos conflictos de poder
no difieren sustancialmente de los investigados para otros lugares de España.
2. El punto más importante de estas fricciones, es la marginación casi absoluta de
FET en las decisiones para el nombramiento de gestoras, lo que supone estar fuera
del ámbito de acción del poder local. Cuando las pretensiones del partido son
escuchadas, su triunfo puede considerarse relativo por cuanto la potestad de
destituir a un gestor o un alcalde es exclusiva del gobernador.
3. La falta de colaboración y zancadillas protagonizadas por ambos cargos vienen
determinadas en estos primeros dos años por la recuperación del poder por las élites
Gobernador civil sobre anormalidades descubiertas en el almacén provincial de esta delegación (4-6-
1940).
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 2000 - El franquismo, el regímen y la oposición. : actas de las IV Jornadas de Cas[...
tradicionales que se niegan a dejar paso a unos falangistas advenedizos. La unifica-
ción de ambos cargos, no devolverá el poder al partido pero si pacificará la situación.
4. La tónica general en las cinco provincias de CLM es una Falange débil política
y socialmente, con serias deficiencias en su funcionamiento interno e inmersa en
numerosas luchas por el poder a nivel local y provincial. En Guadalajara, Cuen-
ca y Toledo encontramos una Falange mínimamente establecida, pero que lejos
de tener fácil su crecimiento, vemos como la primera ha de hacer frente a la
oposición declarada de tradicionalistas y romanonistas recalificados; la FET de
Cuenca es debilitada desde su arraigado conservadurismo y la toledana que
aparentemente aparece sin graves problemas internos, ha perdido el apoyo po-
pular por los errores cometidos.
En Ciudad Real y Albacete documentamos una FET que nace tras la guerra con
las facilidades organizativas que eso conlleva, pero agotan su vitalidad en la lucha
por el poder que mantienen con sus respectivos gobiernos civiles, además de no
contar con demasiado apoyo ciudadano.
5. La única provincia donde podemos afirmar con seguridad que hubo serios pro-
blemas para la unificación es Guadalajara (en el partido judicial de Molina de
Aragón que cayó prontamente en manos nacionales) donde un arraigado tradi-
cionalismo, ocultando no pocas veces a los bien posicionados caciques
romanonistas, lograron imponerse a una débil FET, gracias también al apoyo del
gobernador y altas jerarquías gubernamentales.
6. En Cuenca, Guadalajara y Ciudad Real documentamos casos reales de prácticas
caciquiles. En Albacete y Toledo la situación no debió ser muy diferente, pero
todavía carecemos de pruebas documentales.
7. Las cinco provincias castellanomanchegas coinciden en la presentación de un pa-
norama de corrupción generalizada y protagonizada fundamental pero no exclu-
sivamente por gestores, alcaldes y responsables locales de FET. Las corruptelas
se refieren en su mayoría a fraudes en abastos, pero también en comisiones de
recuperación agraria, provisión de cargos funcionariales ... etc. los mandos del
partido concen los casos pero carecen de competencias y fuerza para actuar.
8. En las provincias de Toledo y Ciudad Real existen indicios de lo que podría ser
una incipiente pugna entre la Iglesia y FET-Ol por el control de la juventud. Es
evidente la división de la sociedad. Los hijos de las élites económicas evitan ir
a la 01 por prejuicios de clase y los más desfavorecidos no tienen tiempo porque
tienen que trabajar. La gran perjudicada es Falange que no consigue cimentar la
base de su predominio social; la Iglesia si lo hará ganando la batalla en los
despachos y en la sociedad.
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 2000 - El franquismo, el regímen y la oposición. : actas de las IV Jornadas de Cas[...
rados por las distintas organizaciones de FET a nivel local y provincial y que se remiten
jerárquicamente a las instancias superiores (Delegación Nacional de Provincias, Secre-
taría GeneraI...etc.); algunos de ellos reflejan perfectamente la situación política y social
de la localidad remitente o su entorno. El investigador los podrá encontrar con grandes
facilidades geográficas y cronológicas en Presidencia / Secretaría General del Movi-
miento-Delegación Nacional de Provincias, junto con otra fuente que se nos antoja fun-
damental: los partes mensuales.
Una aproximación a la reciente y abundante producción sobre FET de carácter local
y regional podría ser, con las consiguientes reservas la siguiente que nosotros hemos
utilizado:
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ELLWOOD, S. Prietas las filas. Historia de Falange Española, 1933-1983, Crítica,
Barcelona, 1984.
GÓMEZ RODA, J.A. «La primera jefatura provincial de FET-JONS de Valencia, 1939-
1943», en IJ Encuentro de Investigadores del Franquismo, Alicante, 1995.
MARÍN I CORBERA, M. «FET y de las JONS a Sabadell, 1939-1945: els primers
temps», en L'aven~, 157 (marzo, 1992).
MORENO FONSERET, R. y SÁNCHEZ RECIO, G. «Los partes mensuales: la infor-
mación interna de FET y de las JONS y el control político de la sociedad españo-
la», , en 1 Encuentro de Investigadores del Franquismo, Barcelona, 1992
NICOLÁS MARÍN, E. «Los gobiernos civiles en el franquismo: la vuelta a la tradi-
ción conservadora en Murcia (1939-1945)>>, en Javier Tusell et.al. (editores) El
régimen de Franco (1936-1975). Política y relaciones exteriores, Congreso Inter-
nacional, UNED, 1993, Madrid. / «Los poderes locales y la consolidación de la
dictadura franquista», en Ayer, 33 (1999).
ORTÍZ HERAS, M. «El liderazgo de los Gobiernos Civiles como institución básica
de la administración provincial», en 11 Encuentro de Investigadores del Franquismo,
Alicante, 1995.
PAYNE, S. Falange.Historia delfascismo español. Sarpe, Madrid, 1985/ «Fins a quin
punt van ser «feixistes», la Falange i el régim franquista», en L'aven~, 186 (1994).
RUÍZ CARNICER, M.A. «Violencia, represión y adaptación. FET-JONS, 1943-1945»,
en 11 Encuentro de Investigadores del Franquismo, Alicante, 1995.
SANZ ALBEROLA, D. «Jefatura provincial de FET y de las JONS y Gobierno Civil
en Alicante: la unión personal», en 11 Encuentro de Investigadores del Franquismo,
Alicante, 1995.
SÁNCHEZ BRUN, G. «El mensaje político de los gobernadores civiles turolenses
(1936-1961 )>>, en 11 Encuentro de Investigadores del Franquismo, Alicante, 1995.
THOMÁS I ANDREU, J. M". « La Jefatura Provincial de FET y de las JONS de
Barcelona en 1940», , en I Encuentro de Investigadores del Franquismo, Barcelo-
na, 1992. / «El régimen de Franco en Cataluña: conflictos entre falangistas en la
Tarragona de los años 1939-1940», en Javier Tusell et.al. (editores) El régimen de
Franco (1936-1975). Política y relaciones exteriores, Congreso Internacional,
UNED, 1993, Madrid. / «Las falanges de Barcelona entre 1934 y 1940», en His-
toria y Fuente Oral, 7 (1992) / «La configuración del franquismo. El partido y las
instituciones», en Ayer, 33 (1999)./ «Feixisme a la periféria: la Falange mediterrá-
nea (1933-1936)>>, en L'aven~, 186 (1994).
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LA POLÍTICA EUROPEA DE FRANCO:
LA INDEFINICIÓN ANTE EUROPA
ABREVIATURAS
AMAE Archivo Ministerio de Asuntos Exteriores
. BM Banco Mundial
CEE Comunidad Económica Europea
EFTA Asociación Europea de Libre Comercio
EURATOM Comunidad Europea de la Energía Atómica
FMI Fondo Monetario Internacional
OECE Organización Europea de Cooperación Económica
OTAN Organización del Tratado del Atlántico Norte
PAC Política Agrícola Común.
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a una Europa de la que recelaba. El Ministerio de Asuntos Exteriores, consciente de
este grave inconveniente, se mantuvo siempre muy atento a la evolución política del
proceso unitario europeo, siguiendo muy de cerca la actividad que se desarrollaba en
las instituciones europeas I .
El nombramiento de Castiella como Ministro de Asuntos Exteriores había coincidi-
do con un momento de importantes transformaciones tanto en el ámbito europeo, donde
se había producido el relanzamiento de la integración europea a través de la creación
del Mercado Común y de la EURATOM, como en el interno, donde el cambio de rumbo
de la política económica pondría en marcha una serie de medidas destinadas a erradicar
el sistema autárquico e insertar la economía española en el contexto del multilateralismo
económico. La firma de los Tratados de Roma despertó en Exteriores una seria preocupa-
ción, ya que advirtió el riesgo de aislamiento político y económico que podría supo-
ner para España en caso de no definirse una política de acercamiento al proceso de
construcción europea. Consciente del peligro de descolgamiento, el nuevo Ministro de
Exteriores trató de dar un nuevo impulso a la vertiente europea de la política exterior
española intentando una decidida aproximación a las organizaciones europeas (OTAN,
OECE, Consejo de Europa) que tendrá su recompensa en el éxito que supuso la entrada
de España en la OECE. Pero aunque Castiella fuera partidario de la aproximación de
conjunto a las organizaciones regionales europeas, en realidad apostaba concretamente
por el proceso de construcción europea estimando que la opción de mayor futuro para
España la constituía la Europa de los Seis. Sin embargo, a pesar de este firme conven-
cimiento, durante cuatro largos años la estrategia de la política exterior española en su
vertiente europea fue la de mera expectación. No se formuló posición política alguna
con respecto al proceso de integración europea. Se optó deliberadamente por lo que
oficiosamente se denominó «política de compás de espera».
La indefinición ante Europa, en el periodo que transcurre desde la firma de los
Tratados de Roma a la petición de asociación a la CEE, en opinión de Moreno Juste,
responde básicamente a la prioridad que se dan a las necesidades económicas globales
de España sobre las prioridades políticas que diseña Castiella ante las organizaciones
regionales europeas. Para el Régimen la aproximación a Europa tendría un fondo
eminentemente económico que sobrepasaría en mucho el político. Pero aunque España
se empeñara en tratar el problema del acercamiento al Mercado Común desde un punto
de vista económico el fondo del asunto se revelaría como una cuestión política. El Mi-
nisterio de Asuntos Exteriores sabía, a través de sus contactos diplomáticos, que las
cancillerías europeas no sólo se interesaban por la evolución económica del régimen
sino que deseaban que ésta se viera acompañada de transformaciones políticas. Tanto
democristianos como socialistas se oponían a admitir en el seno de las Comunidades
a un país que no contara con un sistema democrático, base sobre la que se quería construir
la unión política europea. Precisamente este punto será el techo contra el que choque
I Los embajadores de París y de Bruselas mantenían informado al ministro Castiella de todo lo que
acontecía al respecto. Así, se seguían atentamente aquellos temas que podían ayudar a definir el acuerdo
que en su día podía llegar a establecerse entre España y la CEE. AMAE, Leg. R-5747, Exp. 24.
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repetidamente la labor de Castiella, que no cesó de defender ante las cancillerias eu-
ropeas que la inserción de España en Europa haría evolucionar políticamente al Ré-
gimen.
Lo cierto es que ni Franco ni Carrero pretendían tal cosa. Tampoco los ministerios
técnicos parecían captar la importancia del aspecto político que acompañaba a la inserción
de España en Europa. Existía una dualidad en la percepción del problema europeo por
parte de la Alta Administración franquista que se manifestará en las diferencias que al
respecto surgirán entre el Ministerio de Asuntos Exteriores y los Ministerios de Comer-
cio y Hacienda. El primero observaba la situación desde los beneficios políticos, en-
contrando la inserción en el Mercado Común como un fin en sí mismo que favorecería
no sólo la situación política exterior de España, al consolidarse el fin del aislamiento
con la plena participación en Europa, sino también la interna, ya que la aceptación del
régimen podría provocar su propia evolución. Una visión no compartida por los minis-
terios técnicos que entendían la aproximación a Europa sólo como una parte, aunque
necesaria, del diseño global de la política económica2 • Al éxito de esta última concep-
ción, más afín a la idea de Franco sobre la política a seguir con respecto a Europa,
respondería la opción de la política de compás de espera. Las aspiraciones del Minis-
terio de Asuntos Exteriores quedaban, por consiguiente, como un elemento secundario
dentro del plan económico del Régimen.
Así, la aproximación a Europa se pospuso, en un primer momento, a la necesidad
de acabar con la autarquía y poner en marcha una nueva política económica cuyo
horizonte era el de la cooperación económica. Una vez conseguida la aproximación a
éste mediante el ingreso en la OECE, pareció a las autoridades económicas españolas
que dicho ámbito era el más propicio para la inserción en Europa, sobre todo cuando
en su seno se intentó el proyecto de establecer una zona de libre comercio entre los países
no pertenecientes a la CEE. El acceso de España a la proyectada zona de libre comercio
resultaría menos difícil políticamente, aunque también menos interesante económicamente
que el Mercado Común. Precisamente la disyuntiva de acercarse a la CEE o a la
proyectada zona de libre cambio retrasaría la definición ante Europa en un segundo
momento en el que se consolida la política de compás de espera y en el que las medidas
liberalizadoras y estabilizadoras convierten al Mercado Común en problema secundario
para las autoridades económicas. A la indecisión ante Europa contribuían, además, las
distintas interpretaciones y variadas posibilidades de participación que a terceros países
ofreCÍa el Tratado de Roma, a lo que más adelante se añadiría otro factor de suma
importancia: la constitución de la EFTA, por el Tratado de Estocolmo de 4 de enero
de 1960, que abría otro camino para participar en la cooperación económica europea.
El Tratado de Estocolmo dividía a la Europa Occidental en dos grandes áreas comer-
ciales: EFTA y CEE, que quedarán consolidadas a fines de año, en diciembre de 1960,
cuando la OECE pierde su carácter meramente europeo al admitir a los Estados Unidos
2 MORENO JUSTE dedica un capítulo muy interesante a explicar las rivalidades que provocan las
distintas concepciones que sobre la política europea tienen el Ministerio de Exteriores y los Ministerios
Técnicos, en su libro Franquismo y construcción Europea, Tecnos, Madrid, 1998, pp. 143-152.
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y Canadá. A pesar de la nueva situación, todavía se retrasaría la definición de España
ante Europa: España optaba por «esperar y ver». Tan sólo una vez dilucidada la
disyuntiva EFTA-CEE y después de recoger los frutos del Plan de Estabilización, a partir
del verano de 1961 se planteará una nueva estrategia ante la integración europea al pasar
a ser entendida como un elemento indispensable para poder llevar a acabo con éxito
la nueva etapa económica que se quería poner en marcha a través del Plan de Desa-
rroll0 3 •
Hasta entonces la orientación de la política exterior hacia Europa estuvo marcada
por la política de compás de espera. Una política que queda bien definida en unas
declaraciones que el Ministro y Presidente del Consejo de Economía Nacional, Gual
Villalbi, realizó a la prensa valenciana:
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ticas con la CEE y, de acuerdo con las Autoridades de la Comunidad, pedir el esta-
blecimiento de las mismas y la aceptación como Jefe de Misión Diplomática del
Embajador español en Bruselas, conde de Casa Miranda 7 • Desde el 9 de diciembre de
1960 el gobierno español va a contar con una Misión Diplomática acreditada cerca de
la Comunidad Económica Europea x•
El objetivo fundamental de la Misión, según el propio Casa Miranda, consiste en
informar al Ministerio sobre todas las cuestiones importantes relacionadas con el Merca-
do Común y proporcionar así una impresión exacta sobre las perspectivas y el desarrollo
de la integración económica europea. Transcurrido año y medio de la creación de la
Misión, el propio embajador en Bruselas da cuenta del trabajo realizado en una carta
que dirige al Ministro de Asuntos Exteriores cuyo contenido tiene la intención de acla-
rar los «rumores y críticas que en sistema de comentario de pasillo existen sobre el trabajo
que se realiza en relación con las Comunidades Europeas». En dicha carta Casa Miranda
j. afirma que durante el año 1960 se remitieron 56 despachos de carácter informativo,
muchos de ellos extensos, así como alrededor de veinte cartas y notas en los que él mismo
daba cuenta de todos aquellos asuntos relacionados con la CEE. Así mismo, en lo
transcurrido de 1961 (hasta octubre) se enviaron 265 despachos y 18 cartas dirigidas
al Ministro. Para llevar a cabo esta tarea se queja Casa Miranda de la carencia de personal
y medios con los que ha contado, pero lo que aún es más relevante, de la falta de
instrucciones precisas para desarrollar la actividad desempeñada~. De hecho, se mues-
tra desilusionado y llega a afirmar que no tiene ningún interés especial en dirigir la Misión
cerca de la CEE:
Dr. Walter Hallstein, solicitando mantener relaciones regulares con la CEE, es el que sigue: «Señor
Presidente: Desde que fue creada la Comunidad Económica Europea, el Gobierno de España ha seguido
su evolución y actividades con el mayor interés. Deseado de mantener relaciones regulares y perma-
nentes con la Comunidad Económica Europea, ha decidido poner en conocimiento de Y.E. este deseo
de acreditar una Misión cerca de esa Comunidad. A este fin quisiera manifestarle que el Gobierno español
ha nombrado Jefe de Misión Diplomática a Don Carlos Mirandas y Quartin, Conde de Casa Miranda.
Hago votos porque esta decisión contribuya a estrechar los vínculos entre la Comunidad y mi país. Le
ruego señor que acepte el ruego de mi más alta consideración».
" Asimismo, desde el 22 de junio y el 5 de julio de 1962, respectivamente, se formalizaron sendas
misiones, también de carácter diplomático, acreditadas cerca de la CECA y de la EURATOM. Estas
Misiones se establecieron tras las recomendaciones al respecto que hicieron las autoridades comunita-
rias con el objetivo de facilitar el éxito de la petición de asociación al Mercado Común formulada unos
meses antes.
" « ... en ningún momento se me ha dicho de que pié cojea la labor que se ha realizado ni en que
temas la información es insuficiente. En efecto, aparte de algunas peticiones referentes al envío de textos
publicados por el Mercado Común y acuses de recibo, en cerca de dos años únicamente se me han enviado
poco más de una docena de órdenes referentes a gestiones concretas o problemas específicos y que, como
es lógico, he cumplimentado con la mayor puntualidad. Sin embargo, los servicios del Ministerio nunca
me han hecho la menor observación de la forma en que se realizan los trabajos referentes al Mercado
Común. Observaciones que, de otra parte, hubieron sido muy bien recibidas, pues nada hay más des-
moralizador que la sensación de lo que se hace cae en el vacio». AMAE, Carta del Embajador en Bruselas
al Ministro de Asuntos Exteriores, 19-8-1961, p. 4, Leg. R-8034, Exp. 3
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. Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 2000 - El franquismo, el regímen y la oposición. : actas de las IV Jornadas de Cas[...
«Como te he dicho muchas veces no tengo el menor interés en dirigir nuestra Misión
cerca de la CEE, pues la Embajada en Bruselas me da de por sí suficiente trabajo y
preocupaciones. Sin embargo, no creo que teniendo en cuenta la actitud actual de nues-
tro Gobierno con respecto del Mercado Común, esté justificado el gasto que, sin duda,
ocasionaría una Segunda Misión Diplomática en Bruselas, gasto que actualmente el Estado
ahorra integramente, pues si bien las exigencias en lo que al trabajo y la actuación social
se refiere, son mucho mayores, el apoyo que he recibido para realizar un trabajo de gran
complejidad, consiste en una mecanógrafa más, y a partir del mes que viene, un nuevo
Secretario» 10.
Así pues, a pesar de haberse realizado el acercamiento diplomático creando una Misión
cerca de la CEE, desde el Palacio de Santa Cruz se sigue sin establecer otra línea de
actuación, ni se mandan otras instrucciones que no sean la de recabar información y
la de «esperar y ver», aunque ahora se espere con más atención y se vea más de cerca
el desenvolvimiento de todos los asuntos relacionados con las Comunidades Europeas
gracias a una Misión creada ex profeso, aunque ésta no sólo carezca de medios sino
de interés para su máximo responsable. Y, peor aún, para el propio Ministerio de Asuntos
Exteriores que no se molesta en diseñar las directrices para el desarrollo de sus fun-
ciones. Sin embargo, a fines de 1961, según revela el tono de la carta que Casa Miranda
dirige a Castiella, parece existir en Madrid una cierta inquietud o descontento sobre el
trabajo que se desarrolla en la Misión, lo suficientemente trascendente para obligar al
Jefe de la misma a explicar y justificar la actividad que con respecto a la CEE se ha
llevado a cabo en casi dos años de existencia de aquella. Esta preocupación puede que
responda a la nueva sensibilidad con que Exteriores asume, desde mediados de 1961,
el desarrollo de los acontecimientos ligados con el proceso integrador ya que, en esos
momentos, la evolución de los mismos va a precipitar un cambio de estrategia de la
política exterior española con respecto al proyecto unitario europeo al revelar el ago-
tamiento de la vía de la política de compás de espera.
Ya a fines de 1960, el Ministro de Comercio, Alberto Ullastres, escribe al Ministro
de Exteriores, Fernando María Castiella, una carta en la que le expresa la necesidad
de dar un paso adelante. Considera que:
«en los últimos meses, con el Plan de Estabilización y el nuevo Arancel recién
estrenados, la táctica más prudente era la de esperar los acontecimientos sin adoptar
decisión. Pero dado que tanto el Mercado Común como la EFTA dan muestras de
dinamismo que cada vez los alejan más de nosotros se debería avanzar enviando una
nota verbal a ambos organismos, en la que a título de información y sin prejuzgar la
postura española definitiva, se preguntara sobre la acogida que se presentaría a España
en caso de solicitar su ingreso» ".
En agosto de 1961, el Jefe de la Misión cerca de la CEE, advierte del peligro de
que se acrecienten las dificultades para que España ingrese en la CEE:
10Ibidem, pp. 6 Y 7.
AMAE, Carta del Ministro de Comercio al Ministro de Exteriores del 2 de diciembre de 1960.
11
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« ... Si esta opinión mía se confirma, una eventual asociación de España a la CEE
será difícil de conseguir y, si se consigue, España deberá pagar un precio alto por la misma.
Este precio podría consistir en la renuncia a una ayuda económica considerable( ... ) Por
otra parte, una plena adhesión de España al Mercado Común también encontraría difi-
cultades de tipo político( ... ) Estas dificultades unidas a la falta de interés de la burocracia
de la CEE respecto a una posible negociación con España, harán que la posición de nuestro
país en una posible negociación con la CEE no sea nada fácil. Incluso me atrevo a opinar
que es probable que una vez integradas en la CEE, Gran Bretaña, Irlanda, Noruega y
Dinamarca, y asociadas Suiza y Austria (es decir, dentro de un plazo que variará de uno
a dos años) la posición negociadora española sea todavía más débil»12.
12 AMAE, Carta de Bruselas del 22 de agosto de 1961. Leg. R-6415, Exp. 26.
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6. El transcurso del tiempo impone menos posibilidades para España de participar
en la elaboración de normas tan importantes para nuestro país en la CEE, como
la política agrícola etc.
7. Caso de una eventual aproximación española a la CEE, el aumento del número
de países adheridos implicará mayores obstáculos a superar al tener que armonizarse
mayor número de intereses. Al ser España el único país europeo que quedaría fuera
del Mercado Común, su posición negociadora resultaría tan débil, que la negocia-
ción se transformaría en un verdadero diktat 13 •
de la Asamblea parlamentaria, que contenía las orientaciones que constituían la doctrina oficial de la
Comunidad para negociar las solicitudes de adhesión y asociación. Se publicó el 15 de enero de 1962.
130
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en el que quedaban planteadas las bases de la PAe. Dos meses después, la Comisión
proponía la implantación de un sistema de prevelements para los productos no comu-
nitarios. Este acontecimiento no pasa desapercibido al Jefe de la Misión española cerca
de las Comunidades, que escribe al Ministro de Exteriores alertando del peligro que dicha
medida suponía para las exportaciones españolas. La PAC quedaría aprobada defini-
tivamente por el Consejo el 14 de febrero de 1962 momento a partir del cual la política
agrícola común pasaría de la teoría a la práctica.
La convergencia de esta serie de acontecimientos traerá consigo que el Ministerio de
Asuntos Exteriores se replanteé su postura europea, e inicie una etapa activa con la intención
de facilitar una eventual apertura de negociaciones con la CEE. Para llevar a cabo ade-
cuadamente esta tarea la Dirección General de Organismos Internacionales señalaba, en
el citado informe, que una eventual participación de España en la Comunidad Económica
Europea debía ceñirse a los límites que había fijado el propio Jefe de Estado. Franco, en
su discurso del 2 de octubre en el Real Monasterio de las Huelgas l5 , había condicionado
la participación de España en la integración europea a dos clases de factores: económicos
(<<que la economía española no padeciese perjuicios en sus sectores básicos») y políticos
(<<que se salvaguarden la continuidad de las instituciones españolas»). Para despejar estas
dos incógnitas se propone una labor proyectada en dos direcciones, una exterior y una
interior. En el orden interior se proponía la conveniencia de realizar los estudios apropia-
dos a fin de preparar a España para un régimen de plena competencia en el plano euro-
peo, estableciendo al mismo tiempo las condiciones para que los sectores básicos de la
economía no se perjudicasen en el momento en el que España pudiese incorporarse a la
CEE. En el sector exterior, que constituiría la responsabilidad propia del Ministerio de
Asuntos Exteriores, se tendría que sondear mediante contactos diplomáticos la posibilidad
de garantizar la premisa política. En este sentido, se considera que la labor desarrollada
hasta la fecha nada más ha tenido un carácter esporádico y, dadas las nuevascircuns-
tancias, se propone que se deberían realizar sondeos y entrevistas específicas que permi-
tiesen esclarecer la actitud que la Comunidad adoptaría ante una posible solicitud espa-
ñola, así como los apoyos con que ésta contaría por parte de las cancillerías europeas 16.
15 Las palabras que refirió a Europa en dicho discurso fueron las siguientes: « El hecho transcendente
de los movimientos de integración económica europea son tenidos en cuenta para nuestro desarrollo.
Sin embargo, la integración de la economía española en una estructura internacional es meditada sin
apresuramientos' imprudentes y sin peligrosas improvisaciones ... Las estructuras de integración econó-
mica europea tienen un fondo político que no conviene olvidar. España debe marchar al ritmo de Europa,
pero tiene también que conservar sin intromisiones ni condicionamientos, su estabilidad política y su
independencia nacional. Por ello cualquier posibilidad de integración ha de analizarse teniendo presente
que la economía española no padezca perjuicios en ninguno de sus sectores básicos, y salvaguardando
siempre la continuidad de las instituciones políticas a las que España debe su nivel de vida actual, su
creciente crédito exterior y su firme posición exterior».
1ó En este sentido se encuentra imprescindible el aval de Francia y de Alemania. «Solamente con-
tando con el apoyo político claro de Francia y, eventualmente, con la posición favorable de Alemania
es posible iniciar los trabajos de estudio y exploración con ciertas posibilidades de éxito», AMAE,
Dirección General de Organismos Internacionales: Posible nueva orientación española en cuanto a la
integración europea, 2 de noviembre de 1961, Leg. R-6415, Exp. 27.
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A este respecto se insta a provocar una oportuna entrevista entre los Ministros de
Exteriores y Comercio españoles con sus homólogos franceses y, más tarde, una visita
al Sr. Hallstein con el fin de proponer la creación de una comisión compuesta por
españoles y representantes de la Comunidad para «desbrozar el camino que estudiara
los problemas políticos y económicos de todo orden que sería necesario resolver caso
de que la relación de España y la CEE fuera considerada oficialmente».
La propuesta realizada no cae en saco roto. Otro informe, redactado tan sólo un mes
después del anterior, tratará de «en primer lugar precisar el contenido político del
movimiento de integración, del que el Tratado de Roma, es el elemento básico, y en
segundo analizar, o intentar analizar, las repercusiones que una eventual participación
de España en el mismo podría tener para la continuidad de las instituciones políticas
españolas»l7. Se estudiaba, por tanto, la premisa política planteada por el Jefe de Estado.
El autor del informe, Román Oyarzun, reitera a lo largo del estudio la importancia del
aspecto político de la integración europea, advirtiendo que no debe caerse en el error
de enjuiciar la posición de España ante el movimiento integrador únicamente sobre la
base de consideraciones económicas 1x • Las principales conclusiones a las que llega el
informe así lo confirman. Estas son las que siguen: en primer lugar, se desdirta la
posibilidad de que España postule una adhesión plena al Mercado Común y a sus
consiguientes instituciones políticas debido a los inconvenientes que plantea el espíritu
que anima a los promotores del Tratado de Roma, aunque no específicamente sus
estipulaciones jurídicas, y la eventual institucionalización de «la unión de los pueblos
europeos» proyectada en el informe Fouchet que excluye a los países que no son miembros
del Consejo de Europa. En segundo lugar, debido a ésta falta de afinidad política entre
España y la CEE, se resuelve que el método más adecuado para la participación de
nuestro país en el Mercado Común es el de asociación ya que este camino no presenta
ninguno de los anteriores inconvenientes y servirá de antesala, para que en su día, se
consiga el objetivo último de la plena integración. Por último se afirma la oportunidad
de solicitar la asociación en el momento actual (el informe se redacta el 3 de diciembre
de 1961) debido a las excelentes relaciones que se mantienen con Francia en esos
momentos y al beneficio que supone que los países de tendencias socialistas, como los
escandinavos, no fueran aún miembros de pleno derecho del Mercado Común. Un mes
más tarde se seguía insistiendo en esta premisa, el momento era el oportuno. Ni siquiera
la discusión en la Asamblea Parlamentaria del Informe Birkelbach, que contenía las
17 AMAE, Roman Oyarzun: Aspectos políticos-institucionales del Mercado Común: incidencia de los
mismos en una eventual aproxiI.:~ción de España a la CEE, 12 de diciembre de 1961, Leg. R-64l5,
Exp.26.
IX « El Mercado Común es un instrumento que utiliza medios económicos para alcanzar finalidades
de orden político. Pero esto que parece tan evidente, no ha sido comprendido cen suficiente claridad
y precisión en todos los medios responsables de la Administración española, ya que todavía algunos
parecen unas eventuales negociaciones para la participación de España en el Mercado común como unas
meras discusiones sobre rebajas arancelarias» Esta es una clara referencia que reneja las diferencias
que existen entre Exteriores y los Ministerios Técnicos de entender las relaciones con la CEE a la que
nos hemos referido con anterioridad. Ibidem.
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orientaciones políticas a seguir por la CEE ante las solicitudes de asociación y de
adhesión, las cuales podían llegar a constituir una importante dificultad para la soli-
citud española, desalentó a los funcionarios de Exteriores que siguieron recalcando el
peligro de aislamiento que suponía la indefinición ante Europa e insistiendo en la pre-
mura con que debía realizarse la petición de asociación. A las ventajas de oportunidad
se añadía ahora la observación de que no debía desperdiciarse el beneficio de que los
Gobiernos de Alemania, Francia y potencialmente Gran Bretaña estuvieran compuestos
mayoritariamente por políticos conservadores en esos momentos lY •
El Ministerio de Asuntos Exteriores se mostraba explícito: había llegado el momento
de actuar. No se podía continuar esperando. Se necesitaba una nueva estrategia que
rompiese con la política de compás de espera. Pero había que tener en cuenta que las
dificultades políticas aconsejaban cautela para adoptar la decisión de solicitar la aper-
tura de negociaciones con la CEE. El Jefe de Estado había dejado claro que no estaba
dispuesto a modificar el sistema jurídico e institucional del Régimen. Bajo esta premisa
habría que intentar el acercamiento al Mercado Común.
La solicitud de apertura de negociaciones con la CEE no se haría esperar mucho más.
La decisión se adoptará en la reunión del 19 de enero de 1962 de la Comisión Delegada
del Gobierno para Asuntos Económicos. El paso decisivo se dio el 9 de febrero de 1962
cuando el Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, dirige una carta
al presidente del Consejo de la CEE, solicitando en nombre del gobierno español «una
asociación susceptible de llegar en su día a la plena integración después de salvar las
etapas indispensables para que la economía española pueda alinearse con las condicio-
nes del Mercado Común»20. El 9 de febrero de 1962, con la solicitud de ingreso, se había
puesto el broche de oro al viraje español hacia Europa.
'" AMAE, Informe de F. Armijo y J. Elorza, 24 de enero de 1962. , R-Leg. 6916, Exp. 6
20MORENO JUSTE, en su libro Franquismo y construcción europea, op. cit, dedica un apartado
a desgranar el mito de la «carta Castiella» concluyendo que éste descansa en la interpretación sesgada
de la buena acogida en los medios comunitarios de los términos en que se había realizado la solicitud
española. pp. 225-233.
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EL PERSONAL POLÍTICO DEL
PRIMER FRANQUISMO EN LA
PROVINCIA DE CIUDAD REAL.
¿CAMBIO O CONTINUIDAD?l
Sin lugar a dudas uno de los temas que más interés ha suscitado entre los inves-
tigadores sobre el régimen franquista ha sido el del personal político. Los estudios de
este tipo se han llevado a cabo en dos niveles distintos: el de los que ocupaban la cúspide
del poder en el franquismo 2 ; y el de los que se hallaban en un estrato más bajo del
mismo, los que denominamos cuadros políticos intermedios 3 . Resulta evidente la
I La presente comunicación se inserta en los trabajos que se llevan a cabo por el proyecto del Plan
Nacional de I+D, con referencia PB 98-0322, cuyo título es «Castilla-La Mancha contemporánea:
Asociacionismo y sociabilidad», y cuyo investigador principal es Manuel Ortíz Heras.
2 Ver: Amando DE MIGUEL: Sociología del franquismo. Exito, Barcelona, 1978; Miguel JEREZ MIR:
Elites políticas y centros de extracción en España, 1938-1957. CIS, Madrid, 1982; Caries VIVER PI-
SUNYER: El personal político de Franco, 1936-1945. Contribución empírica a una teoría del régimen
franquista. Vicens Vives, Barcelona, 1978; y el reciente de Mariano BAENA DEL ALCÁZAR: Elites
y conjuntos de poder en Espaiia (1939-1992). Vn estudio cuantitativo sobre Parlamento, Gobierno )'
Administración y gran empresa. Tecnos, Madrid, 1999.
1 Al referirnos a cuadros políticos intermedios seguimos la terminología y definición utilizada por
Glicerio Sánchez Recio: Los cuadros políticos intermedios del régimen franquista, 1936-1959. Diver-
sidad de origen e identidad de intereses. Juan Gil Albert, Alicante, 1996, p. 10.
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existencia de este personal, que desde las instituciones locales y provinciales del
régimen, colaboraron en la institucionalización del franquism0 4 • Es precisamente de
este personal de las capas intermedias e inferiores del régimen, el que pretendemos tratar
en esta comunicación.
El interés de los historiadores ha aumentado al haberse impuesto la delimitación
local y regional en la investigación histórica. Sin pretender ser polémico, parece ne-
cesario que para conocer el proceso de consolidación del nuevo régimen y su rela-
ción con la sociedad, se hace prácticamente obligatorio partir del conocimiento de
la variedad regional'. Los enfoques de carácter regional tendrán validez conforme
se vallan desarrollando los estudios que utilicen una metodología comparativaó . Sólo
cuando tengamos el número suficiente de estudios podremos establecer comparacio-
nes y llegar a generalizaciones casi definitivas. Lo cierto es que, algunas aportacio-
nes de carácter local, han problematizado muchas de las interpretaciones generales
sobre el régimen. No pretendemos mediante el estudio localista contradecir la
homogeneización política llevada a cabo por el franquismo, sino confirmarla. Aun
así cada territorio seguía teniendo sus propias características políticas, económicas,
sociales, sus propias necesidades, etcétera. Por tanto, cada realidad sociopolítica tuvo
que adaptarse a unas nuevas circunstancias. En este marco los estudios regionales
pueden resultar de una gran importancia, ofreciéndonos valiosos datos de cómo se
llevo a cabo el juego político en cada una de las regiones. No olvidemos que el férreo
sistema centralizado impuesto por Franco podrá funcionar con la colaboración del
personal político, unido por los intereses comunes y separado por las luchas de poder.
Además, los estudios de historia local permiten indagar sobre la continuidad o dis-
continuidad del sistema de dominación a través del estudio del personal político y
de sus redes ideológicas y económicas.
Ante un panorama historiográfico no muy alentador para una región como la caste-
llano-manchega, se hace aún más necesaria la realización de este tipo de trabajos. En
4 Son numerosos los estudios que se están realizando en los últimos años sobre este personal in-
termedio, mostrándonos la pluralidad de origen político, los enfrentamientos de las distintas facciones
y el problema de la integración. Para ver el panorama historiográfico al respecto y las obras manejadas
para la realización del presente trabajo remito al apéndice bibliográfico.
s Resultan interesantes las apreciaciones que sobre la historia local hacen María Encarna NICOLÁS
MARÍN: «Conflicto y consenso en la historiografía de la dictadura franquista: una historia social por
hacer», en Trujillano Sánchez, J. M. y GAGO GONZÁLEZ, J. M. (eds.): Historia y fuentes orales.
Historia y memoria del Franquismo. Actas IV jornadas. Ávila, octubre 1994. Fundación Cultural Santa
Teresa. 1997; Antonio F. CANALES: Las lógicas de la victoria. Modelos de funcionamiento político
local y provincial bajo el primer franquismo, en II Encuentro de Investigadores del Franquismo, Ali-
cante, 1995 (vol. 1), p. 74.
" María Encarna NICOLÁS MARÍN: Los poderes locales y la consolidación de la dictadurafran·
quista, en Ayer, n° 33 (1999), p. 67. Un claro ejemplo de estudio para historia comparada en Alfonso
BOTTI: Los fantasmas de Clio. A propósito de franquismo )' fascismo en la perspectiva de la historia
comparada en Anales Universidad de Alicante, 8-9, pp. 21-34. Otro ejemplo de historia comparada,
ahora desde el punto de vista local es el trabajo de Antonio F. CANALES SERRANO: Op. Cil., pp.
74-81.
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los últimos años la Universidad Regional esta remediando en parte este grave proble-
ma para el conocimiento de la historia de Castilla-La Mancha 7 •
Así pues, el estudio de los cuadros políticos del régimen, de aquellos que desem-
peñaron alguna función en la gestión de la política local o provincial en estos primeros
años, nos debe mostrar como se institucionalizó el régimen en la provincia de Ciudad
Real y, a su vez, reflejará los intereses que defendieron, ya sean económicos, políticos
o sociales, para mantener un status o para crearlo. Conviene señalar que este personal
debía cumplir la doble función de gestionar los intereses políticos y de carácter ad-
ministrativo del régimen y, a su vez, ejercer la mediación entre los poderes políticos
del régimen y la sociedad española a través de su presencia simultánea en las insti-
tuciones locales y provinciales y en las organizaciones económicas, profesionales y cul-
turales, de forma que pudieron canalizar y condicionar todo tipo de demandas que partían
de sus respectivos campos de influencia, y conseguir extender de esta forma los apo-
yos que el régimen necesitaba. No dejaremos de lado la diversidad del origen político
e ideológico de sus miembros que nos ayudará a entender mejor qué es y en qué consiste
la denominada coalición reaccionaria.
Debemos justificar qué personal político estudiar. Creemos que si lo que se pre-
tende es determinar el grado y las formas de participación de los grupos locales en las
estructuras políticas del Nuevo Estado, el estudio y conocimiento de los miembros de
las comisiones gestoras, tanto de los ayuntamientos como de la Diputación, puede
resultar de una crucial importancia.
En cuanto a las fuentes que hemos utilizado para la elaboración de la comunicación,
han sido fondos provenientes del archivo General de la Administración de Alcalá de Henares,
Sección Gobernación, fondos relativos a Gestoras. La propuesta de nombramiento de
gestores era una iniciativa que el Gobernador Civil hacia llegar al Ministerio de la
Gobernación junto a los informes de cada persona emiti