Dialéctica Hegeliana y Crítica Marxista
Dialéctica Hegeliana y Crítica Marxista
es
ARTÍCULOS
ORIENTAR LA DIALÉCTICA
DOMINGO BLANCO FERNANDEZ
Málaga
Desde supuestos materialistas sigue vigente esa críti- También la dialéctica materialista exige entender ca-
ca de la parcialidad. El joven Marx censura a Hegel por- da cosa en su versión al conjunto. Lo concreto, ijara
que había visto los aspectos positivos del trabajo pero no Marx, es la apropiación del mundo por el pensamiento
sus aspectos negativos; y la Miseria de la filosofía ridiculiza mediante la síntesis de muchas determinaciones, la unidad
la pretensión proudhoniana de rechazar los «lados malos» de lo múltiple. También aquí, como en el idealismo, lo
del capitalismo conservando los «buenos». (Es la misma verdadero tiene que ser tensión al todo. La capital dife-
miseria filosófica, sea dicho de paso, la que pretendería rencia está en que , para la dialéctica materialista, el todo es
enjuiciar aisladamente los aspectos «positivo» y «negati- lo imposible. El contenido racional que en Hegel coincidía
vo» del socialismo real). El entendimiento parcial, que ve con la omnitudo realitatis, con todo lo que merece llamar-
lo negativo como separable del conjunto actual, y sólo lo se realidad, se reduce ahora a una coincidencia definitiva-
positivo de la alternativa que ofrece, se incapacita para ar- mente parcial, que descarta incluso cualquier perspectiva
ticular un proyecto viable a la medida de lo real y de acercamiento asintótico. La síntesis de muchas deter-
condena su crítica a la inoperancia o a una eficacia exclusi- minaciones (¿cuántas bastan?) no podrán convertirse en la
vamente destructiva. Engels había advertido claramente síntesis de todas las determinaciones. Ahora se reconoce
que la negación dialéctica presupone en cada caso un con- que todo sistema de pensamiento opera una sustracción.
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Sí no es la conciencia de los hombres la que determina su contenido significativo.'*. ¿Cómo romper el círculo vicioso
ser, sino su ser (social y natural) el que determina su con- de la razón, el concepto del concepto, sin saltar por eso a
ciencia, toda empresa de conocimiento responsable co- lo irracional.-*. Supongamos que se sostiene, como el jo-
mienza in medias res, sin que pueda saldar su deuda con la ven Fichte, que el tipo de filosofía que se elige depende
materia infinita y heterogénea de que resulta. del tipo de hombre que se es. Una de dos: o se ha perpe-
trado de antemano la subrepción de una xx^ología (unos
Al levantar acta de la heterogeneidad realidad-orden hombres buscan la seguridad y otros prefieren la liber-
conceptual y de la primacía del orden práctico-material, el tad), en cuyo caso esa interpretación de los tipos de hom-
niaterialismo crítico declara imposible el concepto del bre tendría que depender de los tipos de hombre así in-
concepto en cuanto círculo totalizador de lo real-racional. terpretados y la famosa sentencia significa que el tipo de
Un pensamiento dialéctico se sabe materialista cuando se filosofía que se elige depende de la filosofía que se ha ele-
resigna a presuponer conocimientos y preferencias dados. gido (quede para el debate posterior si no habrá que decir
otro tanto de la referencia de Spranger-Wittgenstein a la
En suma, Hegel y Marx tendrá siempre razón contra Lebensform, de la Lehenswelt fenomenológica y de cualquier
las críticas que niegan lo real al confrontarlo con un de- presunta teoría de la praxis); o bien se renuncia al reduc-
ber-ser imaginario. Que lo que sólo es real en su co- cionisnio teórico y nos atenemos a la pluralidad humana
nexión a otra cosa reciba un ser propio y una determi- que está ahí, compleja y contradictoria, en la diversidad
nación separada será siempre el temible poder de la ima- indefinida de lo singular, en cuyo caso la filosofía quese
ginación y del entendimiento. Ahora bien, por mucho elige se hace depender de ilimitados imponderables, es
que logre articularse un proyecto de nuevas estructuras decir, de todo y de nada.
sociales, por más que haya procurado atender la multipli-
cidad de aspectos y su entrelazamiento, por fuerza se ten- Excluida la interpretación totalizadora del Materialis-
drá que asentar sobre síntesis parciales. Y puesto que mo Histórico y dado que la síntesis dialéctica ha de reco-
nunca completará el exhaustivo examen de los factores nocerse no-total y no-imparcial, ¿cómo eludir el volunta-
en juego, de posibilidades y de consecuencias, ningún rismo, la arbitrariedad y la contingencia del contenido?.
grado de concreción le garantiza contra imprevistos que le Si, contra la ilusión del idealismo absoluto, el proceso de
desvíen muy lejos de sus objetivos. El 23 de abril de pensamiento o el movimiento de la Idea no es productor
1885, Engels escribía a Vera Zassulich: de la realidad, tampoco la reproduce en su totalidad con-
creta y nunca podemos asegurar que su razón no sea insu-
«Quienes se gloriaban de haber hecho una revolución, se ficiente. ¿Cómo evitar entonces que la dialéctica materia-
dieron cuenta al día siguiente de que no sabían lo que ha- lista siga siendo una razón a la deriva?. ¿Qué podría U-
bían hecho; vieron, en fin, que la revolución realizada no mitar, anclar, orientar la síntesis materialista para, poner
se parecía en modo alguno a lo que ellos habían querido fin a la desorientación actual?. Este problema, el proble-
hacer». ma de nuestro tiempo, y desde luego el de una filosofía
que hoy se proponga salir del atolladero hegeliano, lo
Pero Engels prefirió tachar lo que había escrito a había formulado Kant en el decisivo opúsculo de 1786:
continuación: «Acaso sea esto lo que el futuro nos reserva Was heisst sich in Denken orientierenl.
también a nosotros». Tachadura tan elocuente, al menos,
como la confidencia. Se comprende que los pensadores
revolucionarios no den al viento semejantes considera-
ciones, porque no se moviliza a las masas con incertidum- 2. LA RESPUESTA K A N T I A N A
bres, ni un suelo vacilante puede ofrecerse como punto
de apoyo a la palanca revolucionaria. Pero bajo el silencio
queda intacto el problema de un materialismo crítico y re-
Orientarse, en sentido propio, significa encontrar el
volucionario.
oriente. Para ello, dice Kant, para orientarme en el hori-
zonte, convencionalmente dividido en cuatro regiones,
La dialéctica es materialista porque reconoce la no- me es indispensable experimentar respecto de mí mismo
fílosofía definitiva del primun vivere y, con ella, una dis- el sentimiento de una diferencia: la de la derecha y la iz-
persión exterior. Si el ser determina la conciencia, en quierda. Habida cuenta de los datos objetivos, como la sa-
efecto, sólo por irreflexión pretendería la conciencia determi- lida del sol, sólo me oriento geográficamente por medio
nar el ser que la determina. ¿Pero no es este dialelo el que de un principio de diferenciación subjetivo.
arriesga consumar el Materialismo Histórico al determi-
nar la Idea del Modo de Producción determinante del
Pero ¿hay algún principio subjetivo de diferencia-
orden de las ideas?. Un Sistema de los Modos de Produc- ción, algo equivalente a la distinción de la mano derecha y
ción presentado como La Ciencia de la Historia es una de la izquierda, por lo que se refiere a la orientación del
Metateoría de la Praxis y de la Teoría a la que para ser un pensamiento?.
idealismo absoluto no falta otra cosa quela conciencia y el
reconocimiento explícitos.
Kant responde que sí: el reconocimiento de la nece-
El problema se planteó y se planteará siempre que se sidad inherente a la razón. No la necesidad de la razón en
postula un fundamento de la racionalidad teórica. En efec- su uso teórico, pues nada nos obliga a buscar una razón
to, ¿cómo evitar la subrepción de la Idea en el fundamento, suficiente de todo lo contingente. Al contrario, la filosofía
salvo vaciando a éste de toda determinación?, 'Lz. pretensión crítica se propone librar a la razón especulativa de sus em-
de saltar a una practicidad material que funda el cono- brollos dialécticos a partir de una clara delimitación de sus
cimiento ¿no nos condena a una preconcepción arbitraria fronteras, impidiendo que aplique a la. experiencia la idea
de esa praxis o, de lo contrario, a despojarla de cualquier de totalidad. Entonces, dada la insuficiencia de los prin-
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cipios objetivos deí conocimiento para que la razón deter- vertidamente, puedan enturbiar o corromper nuestra vo-
mine su propio poder de juzgar en todo lo que exceda los luntad de racionalidad. No digo que el diálogo conlleve
estrictos límites de la experiencia, ¿cuál puede ser ese haber optado por un tipo de hombre, porque no hace fal-
principio subjetivo de diferenciación?. El pensamiento no ta decir tanto, sino que intentar sinceramente la comuni-
se orienta, no efectúa una elección entre ideas referentes cación significa una preferencia por el comportamiento,
a lo extrasensible, por ningún conocimiento, por ningún que tiende al entendimiento mutuo. No se razona fuera
concepto, sino por la incondicionada necesidad que la ra- de la racionalidad. Por tanto, o bien la razón se quiere a sí
zón experimenta en su uso práctico. El uso puro práctico misma, y sólo puede quererse en la docta ignorancia de su
de la razón consiste, no en conocimiento (la filosofía prác- libre origen, o prende transgredir la ley que limita su sa-
tica no podría ser el contrasentido de una concepción de ber a la vez que lo posibilita, y en este caso trabaja en su
la libertad, de una teoría de lo suprasensible), sino en la autodestrucción. El entusiasmo de la razón, el desborda-
prescripción de las leyes morales que conducen al mayor miento exaltado de sus límites, la Schwármerei conduce
bien posible: la moralidad, qué no es posible más que por bien pronto, dice Kant, a la confusión de lenguas {die
la libertad (Kant, Akademie Ausgabe, T. VIII, pp. 138 Sprachverwirrun¿), a la Babel de las interpretaciones,
s.). Ante la formulación de esa ley moral, ya la Crítica de puesto que sólo las prescripciones de la razón son univer-
la razón pura había previsto la decepción del filósofo lec- salmente válidas y, sin sujetarse a ellas, queriendo pro-
tor que exclamaría: «¿Esto es todo lo que sabe decir la ra- nunciarse sobre un absoluto heterogéneo que está más
zón pura cuando abre perspectivas más allá de los límites allá de su alcance, cada uno selecciona abandonándose al
de la experiencia.'* (...). ¡Sin duda que el entendimiento capricho de su inspiración. Cuando la razón pasa así a
común habría podido decirnos otro tanto sin necesidad de creerse independiente de su propia necesidad, cuando el
llamar a consulta a los filósofos!». Y Kant había respon- espíritu humano llega al penoso estado de la incredulidad
dido: «¿Por ventura exigís entonces que un conocimiento para con sus propias leyes morales y rechaza cualquier de-
que afecta a todos los hombres rebase el entendimiento ber incondicional, cuando se niega a reconocer el impera-
común y solamente pueda seros descubierto por filóso- tivo universal de libertad que su propio discurso supone,
fos.'*. Lo que censuráis es precisamente la mejor confirma- sólo la fuerza de la autoridad exterior puede impedii: que
ción de la exactitud de nuestras afirmaciones, pues des- los asuntos civiles caigan en el mayor desorden, precisa-
cubre que, en relación con lo que interesa a todos los mente a costa de someter el pensamiento, como los de-
hombres sin distinción, no puede acusarse a la naturaleza más asuntos, a los reglamentos del país. Pues no sólo la li-
de parcialidad en la distribución de sus dones. La más ele- bertad de hablar o de escribir puede sernos arrebatada
vada filosofía no puede llegar más lejos, en lo concernien- por un poder superior, y esta advertencia kantiana es de-
te a los fines más esenciales de la naturaleza humana, que cisiva, sino también la libertad de pensar: «¿Acaso pensaría-
la guía que esa misma naturaleza ha otorgado igualmente mos de verdad, pensaríamos bien si no pensáramos, por
incluso al entendimiento más común» (KrV, A 831). Pues así decirlo, en común con otros que nos hacen partícipes
bien, esta razón común es la que tiene prioridad sobre la de sus pensamientos y a los que comunicamos los nues-
razón teórica, es la queorienta «no ciertamente por medio tros?». Por eso, concluye, el Estado que arrebata a los
de fórmulas generales abstractas, sino por el uso ordina- hombres la libertad de comunicar públicamente sus pen-
rio, en algún modo como la distinción de la mano derecha samientos, que impide o coarta el ^hitúisrao público, les
y de la mano izquierda» (KpV 277). quita igualmente la libertad de pensar—el único tesoro
que nos queda pese a todas las cargas civieles y el único
La razón humana, dice Kant, no cesa jamás de tender capaz de aportar remedio a los niales de esa condición ci-
hacia la libertad. Porque razón y libertad son la fuente de vil—. Contra la Schwármerei en filosofía que es el mal radi-
todo conocimiento, su poder es insondable; la crítica de la cal porque al destruir la autonomía racional pone rumbo a
razón práctica se limita a registrar la ley de universalidad la locura, el tribunal de la allgemeine Menschenvernunft de-
que la razón común se da a sí misma para garantizar su li- be proclamar de nuevo «el contrato social de la razón» en
bre ejercicio, pero como ese poder no podría ser deter- la salvaguardia de la libertad de pensar. La razón es para sí
minado por ningún conocimiento por su misma capacidad misma, ante todo, un deber-ser de la libertad intersubje-
de franquear toda predeterminación, la conciencia que al- tiva que la posibilita, y por esta necesidad de la razón se
canzamos de la razón y de la libertad sólo puede ser con- orienta el pensamiento.
ciencia delnó-saber. Esta es precisamente, advierte Kant,
la gran dificultad de la filosofía del no-saber: la de que de-
be remontar hasta las fuentes del conocimiento. Lo que
Kant hace, por tanto, no es postular unas bases del cono-
cimiento precomprendiéndolas arbitrariamente, como ha- 3. ORIENTARLA
bría hecho la primera Introducción fichteana del 97 si DIALÉCTICA MATERIALISTA
nuestra interpretación era correcta, sino registrar y dejar
grabada, para que no se nos vaya de la memoria, la ley
que todo discvurso presupone en la práctica como su con- ¿Cuál puede ser la pertinencia de este recuerdo de
dición de posibilidad, hasta para negarla. Por eso, para li- Kant al tratar de la dialéctica materialista?.
mitar la razón, no es preciso salir de ella y hacerla depen-
der de intereses externos o de uno u otro tipo de hom- A) Nos permite poner de relieve, ante todo, los si-
bre, sino que la alternativa es interior al ejercicio racional. guientes cuatro puntos fundamentales, comunes a las dos
Desde el momento en que se habla y se escucha, y en la posiciones:
misma medida se toma partido por la racionalidad, se ha
elegido un modo de conducirse, sin que decir esto impli- 1°) Materialismo significa, sin más, limitación crítica
que tipología ni reduccioniso, y sin prejuzgar nada acerca de la razón especulativa y exclusión de sus pretensiones
del surtido de intenciones mixtas que, más o menos inad- totalizadoras; o lo que lo mismo, significa que el orden
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del saber no limita con una teoría de la praxis, sino con la Pues bien, es de este legítimo carácter «materialista»,
conciencia del no-saber, con algo como un negativo de y por la misma ambigüedad del término, de donde deriva
conciencia o una conciencia negativa, desde la cual puede el peligroso error de conceder prioridad absoluta, en la
y debe jerarquía de las necesidades, a las «materiales» o corpo-
rales, a costa de la libertad. La Etica materialista arriesga
2°) otorgarse prioridad a la conciencia práctica así diluirse en una general indeterminación, puesto que
común como ley de universalidad, que prescribe tratar a no es posible referirse a las necesidades naturales hacien-
cada individuo humano como fin en sí y nunca meramen- do abstracción de su decurso histórico, pero con éste se
te como medio; introduce una relatividad que amenaza la incondiciona-
lidad de las prescripciones de razón práctica. Por eso, no
3°) la orientación del pensamiento por esta necesi- cabe hablar de filosofía práctica materialista si no se
dad radical y universal de emancipación, de liberación que comienza por dejar sentado categóricamente:
supone
1°) Que la relatividad de las necesidades no afecta,
4°) el pluralismo público, la posibilidad de comunicar obviamente, al límite existencia! sin cuyo mínimo no sería
y hacernos partícipes de nuestros pensamientos a la luz posible preservar en su integridad o normalidad y repro-
pública. N o se insistirá bastante en el necesario recono- ducir la vida corporal;
cimiento público del pluralismo. El monolitismo ideoló-
gico público desata la fermentación desordenada de la 2°) que la relatividad tampoco puede afectar a la
opinión privada. No es fácil transmitir el alcance de ese necesidad de libertad, al margen la cuestión de si la exten-
pluralismo privado, en el que la incomunicación se hace sión histórica de las necesidades desarrolla paralelamente
también intrasubjetiva, a. quien no ha experimentado có- el deseo de más libertad; y
mo se piensa en el detalle de una vida cotidiana al dictado
ideológico, pero un trato prolongado con esa experiencia 3°) que no se da solución de continuidad entre esas
social obliga a tomar en serio la advertencia kantiana necesidades-límite y el sistema variable de necesidades re-
sobre la Sprachveruñrrung y el viaje a la locura, y justifica sultante del consensus social, pero que sólo en aquellos mi-
el énfasis con que concluye apelando a los «hombres de nima moralia encuentran todas las variaciones consensúa-
gran talento» para que no cuestionen a la razón el privile- les sus puntos fijos de embaste o su esqueleto subtensor.
gio de ser la piedra de toque decisiva de la verdad.
Nunca falta quien, de buena fe «materialista», espera
B) Y, en segundo lugar, nos permite perfilar el ca- «compensar» la pérdida de libertad acentuando el iguali-
rácter ético-materialista por contraste con el formalismo tarismo en cuanto a la satisfacción de las necesidades na-
kantiano de la praxis: turales. En el extremo de esta línea, la defensa de las li-
bertades llega a parecer sintomática de derechismo. Que
Pues, en efecto, para Marx, «el fin en sí», «el ver- esta posición se siga autoconsiderando marxista no es la
dadero reino de la libertad» sólo empieza allí donde ter- menor de sus paradojas. Contra los socialistas antilibera-
mina el trabajo impuesto por la necesidad material y por les, siempre dispuestos a conquistar la igualdad al precio
la coacción de fines externos, pero, por eso mismo, sólo de la libertad, Marx creía y escribía que los trabajadores
puede florecer sobre la base de ese reino de la necesidad «tienen necesidad de su coraje, del sentimiento de su dig-
en el que los productores asociados regularán racional- nidad, de su orgullo y de su espíritu de independencia
mente su intercambio de materias con la naturaleza y lo aún mucho más que de su pan» (reléase completo el ar-
pondrán bajo su control común, con el menor gasto po- tículo del Deutsche Brüssekr Zeitung, 12 septiembre
sible de esfuerzo y en las condiciones más dignas de su 1847). Habría que conveinir en otro calificativo para la
condición humana. dialéctica post-idealista, ya que incluso el pensamiento de
Marx parece haber caído bajo la maldición que pesa sobre
el término «materialista»: la de evocar el altruismo del
N o más que en Kant, tampoco en Marx «filosofía de Gran Inquisidor.
la praxis» puede significar el absurdo de una teoría de lo
preobjetivo; pero sí una regresión determinadora de las Pensar por sí mismo no es necesidad particular ni
implicaciones en un ejercicio dialéctico que no puede re- suntuaria. Si hay evidencias morales, ésta debe ser una,
ducirse a seguir el entrelazamiento entre las ideas, porque por más que, en cenáculos intelectuales, la encontremos
la mediación abre a la imaginación productiva con sus menesterosa hoy de más ayuda que en el siglo XVIIL Sin
raíces en la sensibilidad y en el orden de la actividad embargo, quizá es aún más decisivo y palmario que, sin li-
práctico-material. Es en la organización, necesidades, te- bertad, en el paradójico igualitarismo-autoritario, se hace
mores y jerarquía de preferencias del cuerpo propio don- imposible averiguar hasta dónde se satisfacen o no las
de encuentra su tope y su referencia fija la Babel de las necesidades naturales. Por su extremosidad es bien cono-
interpretaciones. No hay reflexión que deconstruya la cido, o debería serlo, que mientras en Occidente (incluso
carne. La necesidad radical de emancipación no podría ser por un Josué de Castro) se saludaba la victoria de la revo-
un imperativo puramente formal dado su obvio condicio- lución china sobre el hambre milenaria, el hambre pro-
namiento a la satisfacción no sólo de las necesidades vocaba en aquel país, entre 1959 y 1962, unos cincuenta
transhistóricas (comer, beber, vestirse, cobijarse, reprodu- millones de muertos (datos del P. La Dany, redactor del
cirse) sino de las necesidades generales en su concreción y China News Analysis). Para negar el kantiano formalismo
grado históricos, ya que a medida que se desarrolla la de la praxis no hay que postular el primado de las nece-
producción material se extiende el reino de la necesidad sidades de supervivencia sobre la necesidad de libertad,
natural y se extienden también las fuerzas productivas sino su co-implicación, nexo dialéctico o entrelazamiento,
capaces de satisfacerlas. puesto que aquéllas y ésta aparecen mediadas por el
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imperativo de universalidad y de verdad. La Escuela de metafísicas, las expectativas podrían reformularse, por
Budapest ha destacado como merece que, entre las ejemplo, como proceso superador de la exterioridad fuer-
notwendigen Bedürfnisse, Marx no incluía sólo las necesi- zas de trabajo-condiciones de trabajo; como reconversión
dades «materiales», sino también la de formar y ejercer la de la enseñanza básica y secundaria, de los mass-media, de
capacidad del juicio crítico o la libre adscripción a un sin- las organizaciones políticas y laborales para volverlos más
dicato. Porque cada libertad está en función de las demás, permeables a las necesidades efectivas, por una parte, y
decía, atentar contra una es atentar contra la indivisible más aptos para informar y formar sobre los problemas
libertad: «nada es más absurdo que creer, cuando se trata concernientes a los fines comunes, por otra parte, de mo-
de una existencia particular de la libertad, que ésa sea una do que sus cometidos específicos puedan complementarse
cuestión particular» (Werke, Dietz, I, 76 s.). En su conti- en la tarea de elevar y generalizar la capacidad ciudadana
nuada lucha contra la censura, incluso dentro del partido de servirse del propio entendimiento; como necesidad de
obrero alemán, sabía en juego la salud mental: «La cen- articular la imprescindible, autonomía de la investigación
sura consagra el principio de que la enfermedad es un es- científico-tecnológica con órdenes de prioridades al servi-
tado normal, o que el estado normal, la libertad, consti- cio de un interés general democráticamente definido. (En
tuye una enfermedad» (Ibid. I, 59). este segundo plano de la interacción teoría-praxis, remitir
al interés general sin la última precisión postularía el ca-
N o son, pues, categorías ni ideas lo que orienta la xhino más corto al jacobinismo de turno). Por otro lado,
dialéctica post-idealista, sino prescripciones universales y habría que preguntarse si no apela asimismo a una ra-
mutuamente independientes, a cuya sujeción absoluta se cionalidad totalizante, olvidada de su libre origen preci-
condiciona cualquier ulterior interacción entre teoría y samente indisociable del flujo de las necesidades, la in-
práctica. tención de someter a estricta obediencia el volumen cam-
biante de las necesidades por la medición de éstas y del
En consecuencia, la primera tarea que ante sí debería tiempo de trabajo disponible, y por la determinación del
reconocer una filosofía de la praxis (una crítica no-forma- tiempo de trabajo socialmente necesario para cada activi-
lista de la ra2Ón práctica) sería la de preguntarse en qué dad. Aunque no pueda por menos de acusarlo el dinamis-
mo innovador, no se elimina la casualidad del mercado
quedan los criterios, prescripciones o indicadores clásicos,
por el coup de des de la planificación. A ésta vendrá a ser el
marxianos, una vez depurados de su confusión con posi-
mercado paralelo como la moral paralela a la ideología
bles elementos utópicos o metafísicos, y con las extrapo-
oficial.
laciones de una Antropología filosófica que, quizá por no
haberse explicitado en la obra de Marx, parece haber es-
capado a la piqueta crítica.
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El segundo y decisivo paso de la filosofía de la praxis dad que condiciona la posibilidad de todas las demás revi-
será el de explicitar los mínima moralia lo suficiente conio siones).
para asegurarse de que la contradicción no se cobija en el
propio esqueleto normativo. La alternativa, en suma, no sería la de «austeridad o
esfuerzo» porque ni ambas opciones se excluyen, ni el es-
Empezando por el principio, ¿de qué se trata?. ¿De fuerzo en cuestión se orientaría preferentemente al con-
desarrollar indefinidamente las necesidades naturales y las sumo de bienes materiales, sino a las necesidades de rea-
fuerzas productivas o de limitar su crecimiento en bene- lización personal e intersubjetiva que, por su misma supe-
ficio del tiempo libre?. La célebre página de referencia rioridad, son las que deberán limitar unas necesidades ma-
{Das Kapital III, 828, Dietz) vincula la necesidad de redu- teriales por sí mismas no susceptibles de saturación
cir la jornada de trabajo, condición fundamental para que (Agnes Heller). En las'artes o en el pensamiento, la frui-
florezca das wahre Reich der Freiht (y condición que no pa- ción ni siquiera es separable del studium autoformador,
rece involucrar contenidos doctrinales), con la necesidad del esfuerzo de producción y reproducción.
de desarrollar la productividad del trabajo como condi-
ción para aumentar la riqueza material de la sociedad. Hay que reparar en esta dialéctica para no positivizar
Perdida la confianza decimonónica en el crecimiento ili- el fin en sí que Marx situaba en la actividad libre del ocio
mitado, parece irremediable pronunciarse por la austeri- creativo. Incluso la intensidad del tiempo más gratuito y
dad contra el crecimiento o por el consumo contra el ajeno a méritos, el del amor, la amistad, el juego o la
tiempo libre. (La crisis energética viene a recordar brutal- fiesta guarda proporción a la carencia, a la soledad, al
mente a la filosofía dialéctica su materialismo, es decir, su reino de la necesidad y al tiempo de la disciplina.
estado de expuesta a la comunicación con la no-filosofía.
Bien entendido que la «comunicación con la no-filosofía»
apenas puede llevarse más lejos que a la disponibilidad Esta precisión delimita y aclara, pero no invalida la
crítica para contar con su posible irrupción per hiatum sentencia de Marx: Wealth is disposable time and nothing
desbaratando esquemas y forzando esenciales replantea- more. ¿Responsabilizaremos, entonces, a los trabajadores
mientos. Entrelazado con los dos anteriores, éste es el porque, en su «aburguesamiento», no asuman ya inequí-
plano más general de la interacción teoría-praxis). vocamente la finalidad última del tiempo libre?. ¿Quién
rectificaría a las vanguardias si, en lugar de corregir la
alienación de los trabajadores, la reforzaran a partir de la
Ni siquiera nos sentimos ya tan seguros como lo es- suya propia.-*. A la pregunta sobre cómo orientar debería
tuvo Marx de que, puestos ante la disyuntiva, la inmensa añadirse otra, todavía más inquietante, por el «quién
mayoría de los trabajadores preferiría las horas libres (ne- orienta». Quién orienta, en efecto, si al testimonio de An-
cesidad radical) al mayor salario (necesidad particular). drás Hegedüs sobre los dirigentes de las organizaciones
Esta opción se entrelaza, además, con otra que plantea el obreras resultaría muy difícil negarle alcance general:
mismo pasaje cuando postula que el intercambio de ma-
terias con la Naturaleza se regule racionalmente y en co-
mún «con el mínimo gasto de esfuerzo» y «en las condi- «Es raro el caso de los políticos que permanezcan en
ciones más dignas de la naturaleza himiana». Doble con- el poder y se dejen guiar por sus propios sistemas de
dición que impone otra pregunta: ¿es más humanista pro- valores, que sean capaces de enfrentarse a la sociedad y a
mover la progresiva incorporación del mayor número a la la historia con responsabilidad, no sólo con sus actos sino
dignidad de una capacitación filosófica, estética, científica también con sus ideas. En su lugar aparecen diversas cla-
o tecnológica, que exigiría paralelamente esfuerzos cre- ses de organization men cuyos pensamientos y acciones
cientes (moral del Streben, como en Fichte) o, por el con- están dirigidos, no por la propia inspiración, sino por las
trario, orientarse hacia un progreso de la comodidad facciones internas al sistema institucional con que guardan
como el que defendía el renaciente comunismo de Ba- relación. Su responsabilidad individual se diluye en el sis-
beuf: «7/ s'agit de trouver un état oü chaqué individu, avec la tema de «irresponsabilidad organizada». {Socialismo y bu-
moindre peine, puisse jouir de la vie la plus commode» (moral rocracia, 286).
del mínimo esfuerzo, que es también la de un Paul Lafar-
gue)?. ¿'O se trata de postular entre ambos extremos algu- Mientras esta observación siga siendo certera, de po-
na fórmula de compromiso, algún punto medio difícil- co serviría que una filosofía de la praxis llegase a articular
mente determinable?. propuestas viables. Dada la disposición de las «fuerzas de
la cultura» supuestamente dialéctico-materialistas hacia la
Ante la enormidad de estas cuestiones, baste apuntar reflexión filosófica y, sobre todo, hacia las leyes morales,
aquí algunos criterios mínimos. 1°) El imperativo de aus- prácticamente volatilizadas, puede muy bien pasar otro si-
teridad, que vendría impuesto por la perspectiva de creci- glo sin saber, para decirlo kantianamente, dónde tienen la
miento industrial limitado o cero, es preciso disociarlo de mano derecha.
una moral del mínimo esfuerzo. 2°) También aquí el
ejercicio de la racionalidad toma partido por la dignidad y Serán precisamente quienes siguen considerando a
el esfuerzo consiguiente (sin por eso autorizarse a repri- las libertades públicas como un lujo superestructural del
mir el derecho a la diferencia de los que rehusen). 3°) La que puede prescindirse durante decenios o siglos de tran-
necesidad de elegir es inexorable y cada opción contiene sición, los que estimen más pesimista la conclusión: sin las
su propia negatividad. Si la ambivalencia real es la primera condiciones críticas mínimas aquí articuladas no sé cómo
verdad de la dialéctica, mal podría eludirse al pensar los se orienta una dialéctica materialista pero con esas cautelas
fines. Una dialéctica materialista repudia cualquier figu- no sé cómo se hace la revolución social, como no sea
ración de positividad utópica y se obliga a postular un poco a poco. En una duración mucho más larga que la de
telos finito, positivo y negativo, y en apertura crítica a su cada una de las figuraciones, interpretaciones o represen-
propia revisión (excepto hacia el imperativo de universali- taciones de lo que deba ser.
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