Raquel Castillo de Oyagüe / Jaime del Río Highsmith /
Andrés Sánchez Turrión / Benjamín Serrano Madrigal /
Madrid
Introducción
A lo largo de la historia han ido apareciendo numerosos articuladores
cuya creación se ha visto motivada por la evolución conceptual de la
prótesis, al entenderse ésta en su vertiente rehabilitadora de una parte
mutilada del organismo y no como simple reponedora de piezas
perdidas.
El primero fue ideado por Gairot en 1805 al enfrentar los modelos
superior e inferior entre sí fijándolos con una llave de escayola que
permitía su separación. Evans en 1840 y posteriormente Bonwill en
1958 crearon los primeros articuladores multiposicionales capaces de
efectuar movimientos de lateralidad. En este sentido la principal
aportación de Bonwill fue describir un triángulo equilátero entre los
cóndilos mandibulares y el punto interincisivo inferior (Serrano 2001a;
Serrano 2001b). Desde entonces y hasta llegar al modelo más
sofisticado y actual que incluye programas informatizados, se han ido
comercializando distintos prototipos en función del continuo avance
en los conocimientos anatomofisiológicos del complejo
estomatognático (Casado 1991; Del Río Higsmith 1992).
Concepto
El articulador se define como “un aparato mecánico que representa las
articulaciones temporomandibulares y componentes de los maxilares
al que pueden incorporarse modelos del maxilar y de la mandíbula
para simular el movimiento de estos últimos” (Academy of Denture
Prosthetics 1977).
Los articuladores recrean, aunque no duplican, todos los movimientos
mandibulares bordeantes, de modo que su función primaria es actuar
como si fuera un paciente en ausencia del mismo, reproduciendo la
dinámica mandibular a nivel condíleo y su relación con las arcadas
dentarias y el macizo cráneo-facial.
A pesar de que se ha dicho con frecuencia que “la boca del paciente es
el mejor articulador”, estos dispositivos mecánicos ofrecen muchas
ventajas sobre la boca para el desarrollo de la oclusión, entre otras:
— Los modelos bien montados permiten ser observados desde las
caras linguales y con ello detectar posibles interferencias oclusales
que en boca serían difíciles de identificar.
— La cooperación del paciente deja de ser un factor crítico una vez
obtenidos los registros requeridos para programar el articulador.
— Se evita la molestia que supone la saliva, lengua y carrillos del
paciente, lo que simplifica los procedimientos de diagnóstico
(incluyendo los encerados), planificación y ajuste oclusal (Winkler
1982).
— En prótesis fija permiten una correcta reconstrucción de las
superficies oclusales; en prótesis parcial removible son útiles para un
correcto montaje de dientes artificiales y en prótesis completa su uso
es imprescindible para conseguir una oclusión balanceada bilateral
(Suárez 1999; Departamento de Prótesis Bucofacial U.C.M 2002).
Los requisitos mínimos que se exigen a un articulador son los
siguientes:
— Debe conservar con precisión la relación horizontal y vertical de los
modelos del paciente, lo que conlleva la necesidad de que el
articulador cuente con un dispositivo de fijación de relación céntrica.
— Los modelos del paciente podrán además retirarse con facilidad y
colocarse sobre el articulador sin perder dicha relación correcta
horizontal y vertical.
— El articulador tendrá un vástago para la guía incisal con un torque
positivo que pueda ajustarse y calibrarse. Esto permite al dentista y al
técnico del laboratorio controlar la dimensión vertical del paciente.
— Permitirá hacer coincidir su eje de apertura-cierre con el eje de
bisagra terminal y reproducir los movimientos bordeantes
mandibulares.
— Debe aceptar la transferencia de un arco facial utilizando un punto
de referencia anterior. Esto hará posible introducir cambios menores
en la dimensión vertical del paciente sin apenas modificar la posición
de céntrica. Además, la transferencia del punto de referencia anterior
facilita la disposición del grupo incisivo con la inclinación vestíbulo-
lingual deseada.
— Su construcción será precisa, rígida y de material no corrosivo. Las
partes móviles deben resistir el desgaste. Será necesario poder
efectuar los ajustes con libertad y fijarlos de forma definitiva.
— Su diseño garantizará una distancia adecuada entre los miembros
superior e inferior, sin obstaculizar la visión de la parte posterior. El
articulador debe ser estable sobre la mesa de trabajo y no resultar
voluminoso ni pesado.
— La mesa de la guía incisal puede ser una plataforma metálica
ajustable en el plano frontal y sagital (ej.: Dentatus); o una mesa de
plástico personalizable con resina autopolimerizable (ej.: Perfect).
— Finalmente, el articulador permitirá un ajuste al menos relativamente
sencillo de la inclinación de la trayectoria condílea y el ángulo de
Bennett (Winkler 1982; Suárez 1999; Forcén 2002a; Departamento de
Prótesis Bucofacial U.C.M. 2002).
Clasificación de los articuladores
Los articuladores se pueden clasificar
atendiendo a dos criterios (Pessina 1995;
Suárez 1999):
— En función de la posición que ocupan los
elementos condilares.
— Por la capacidad de ajuste y reproducción de
los movimientos condíleos específicos del
paciente.
1. Posición que ocupan los elementos
condilares
Los articuladores se subdividen en dos grupos principales:
— Articuladores Arcon (articulated condyle): Whip-mix, Perfect, Denar,
Dentatus ARA, Hanau 130-21, Protar 2…
— Articuladores no Arcon (non articulated condyle): Dentatus
ARL/ARH, Hanau H2.
Los de tipo arcon presentan la cavidad condilar unida a la rama
superior del articulador y las esferas condilares en la parte inferior. La
disposición de las cavidades y esferas condilares en los no arcon es a
la inversa.
En los articuladores no arcon las esferas condilares describen un
trayecto obligado dentro de las cavidades condíleas, por lo que,
independientemente del tipo de movimiento, no es posible que dichas
esferas pierdan contacto con las cavidades. Esto no sucede en los
articuladores arcon, en que las cavidades están simplemente
apoyadas sobre las esferas, y dado que en protrusión y lateralidad
dichas esferas pueden perder el contacto con las cavidades condilares
con relativa facilidad, los articuladores no arcon son los de elección
cuando la rehabilitación requiera una oclusión balanceada bilateral
(Pessina 1995).
Por otra parte, hay autores que afirman que los articuladores de tipo
arcon permiten un ajuste más exacto de la trayectoria condílea
respecto de los no arcon, indicando que la diferencia en el ajuste es de
8º (Casado 1991; Shillinburg 2000).
2. Capacidad de ajuste
Los articuladores se clasifican también en función de su grado de
ajustabilidad, es decir, de la posibilidad de regularlos según los
parámetros individuales del paciente. Se dividen así en no ajustables y
ajustables, subdividiéndose estos últimos a su vez en semiajustables y
totalmente ajustables.
2.1. Articuladores no ajustables
Son posicionadores de guías fijas que pueden efectuar movimientos
siguiendo inclinaciones predeterminadas y no modificables, que se
corresponden con valores promedio y estadísticamente
representativos de la mayor parte de la población; como son la guía
condílea de 40º y el ángulo de Bennett de 15º para la realización de
prótesis completa y 25º/10º para prótesis fija. En cambio sí permiten
regular la altura del puntero incisal.
Estos articuladores admiten la transferencia de un arco facial y su uso
se limita a la reconstrucción de prótesis fijas no muy extensas, que
deberán ser equilibradas de forma adecuada, tras su colocación en
boca. También pueden utilizarse en prótesis parcial removible
dentosoportada o dentomucosoportada, en aquellos casos en que
esté indicada la máxima intercuspidación, que ésta sea estable y no
exista patología funcional (Del Río Higsmith 1992; Pessina 1995;
Departamento de Prótesis Bucofacial U.C.M. 2002).
Dentro de este grupo de articuladores podrían incluirse los oclusores o
charnelas, que simplemente posicionan los modelos en máxima
intercuspidación sin tener en cuenta el factor condilar y sólo permiten
movimientos de apertura-cierre que ni siquiera reproducen con
exactitud los trayectos que siguen los dientes del paciente, puesto que
la distancia de las cúspides a los cóndilos no se transfiere.
Únicamente pueden reproducir la posición de máxima
intercuspidación sin registro de cera intermedio. El resto de las
posiciones y movimientos no se corresponden con los reales del
paciente (Departamento de Prótesis Bucofacial U.C.M 2002).
2.2. Articuladores semiajustables
Este tipo de articuladores permite individualizar algunos parámetros guía.
Utilizando un arco facial anatómico definido, es posible correlacionar la orientación
espacial del modelo superior respecto a un plano craneal de referencia, por
ejemplo, el plano del eje orbitario. Para programar la inclinación condilar horizontal
y el ángulo de Bennett se emplean registros en cera de protrusión y lateralidad
mandibulares.
Esta sistemática tiene un límite, ya que toma como referencia un punto de partida
que viene facilitado por el registro de la posición más retruida no forzada,
habitualmente denominada “cera en céntrica”, y puntos de llegada, representados
por la posición borde a borde de los dientes guía antagonistas, ya sea en
protrusión o lateralidad. De este modo los controles del articulador se ajustan
según trayectos rectilíneos, mientras que en el paciente el desplazamiento
realizado por el cóndilo en la cavidad glenoidea es curvo, teniendo en cuenta la
estructura anatómica de esta última. Obviamente, siempre es posible programar en
valores promedio (Pessina 1995).
Las indicaciones de un articulador semiajustable son:
— Diagnóstico y análisis oclusal.
— Tallado selectivo
— Encerados de estudio.
— Confección de prótesis completa.
— Confección de prótesis parcial removible.
— Confección de prótesis fija.
— Confección de prótesis mixta.
— Confección de prótesis sobre implantes.
— Remontaje y ajuste oclusal (Del Río Highsmith 1992; Departamento de Prótesis
Bucofacial U.C.M 2002).