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SALMO 5
Este Salmo en particular, es una petición de justicia divina contra los enemigos malvados del rey. Y la idea
que trasmite, es como la de alguien que ha sido acusado injustamente, que tiene que presentar su caso ante un
tribunal, y que su confianza no está en su inocencia sino en su Dios bondadoso y leal.
El salmista usa aquí los elementos clásicos de la oración: Introducción a la petición (vers. 1-3), palabras de
confianza (vers. 4-7), petición (vers. 8-10) y alabanza (vers. 11, 12).
I. Introducción a la petición (vers. 1-3) Leer…
En estos versículos, se deja ver claramente, la urgencia, la energía y la involucración del corazón del salmista
en su petición. Las expresiones: «mi lamento», «la voz de mi clamor» o de «mi oración»; y también «está
atento», «considera», «escucha». No son palabras que revelan una oración fría, desganada, e impasible, sino
todo lo contrario.
El término “gemir” significa literalmente: “susurrar” de manera que esta oración no estaba formada por sus
palabras solamente, sino también por su meditación.
Esta también iba hacer una oración ordenada. La palabra presentaré (V3) es una palabra hebrea que se usaba
cuando alguien se refería a poner en orden la leña y los trozos de la víctima sobre el altar, y se usaba también
para poner el pan de la proposición sobre la mesa.
Y en este verso lo que significa es precisamente esto: Ordenar nuestra oración para presentarla delante de
Dios. Se puede traducir también como: Ordenaré mi oración delante de Ti. No te voy a decir cualquier cosa,
sino que pensaré y ordenaré mis pensamientos antes de ponerlos delante de ti.
Decía un Puritano: La oración sin fervor es como cazar con un perro muerto, y la oración sin preparación es
ir a la caza con un halcón ciego…·
Por último, esta oración también iba ser una oración expectante. La palabra esperaré (V3) significa en el
hebreo: Estar observando, por lo que podría traducirse como «voy a observar o a estar observando la
respuesta a mi oración.
Decía Spurgeón: Somos como el avestruz, que pone sus huevos y no se preocupa de sus pequeños. Sembramos
la simiente, pero somos demasiado indolentes para recoger la cosecha. Que la preparación santa se una a la
expectativa paciente, y tendremos respuestas mucho más abundantes a nuestras oraciones.
Así que, el salmista introduce su oración, revelando su fervor, su reflexión, su orden y su expectativa en la
oración. Notros también deberíamos comenzar nuestras oraciones de esa manera: Con fervor, acompañada de
meditación, ordenada y con ese espíritu de expectación.
En segundo lugar, el salmista declara su confianza en Dios, que es el segundo elemento que debe tener toda
oración.
II. Palabras de confianza. (4-7) Leer…
En estos versículos, él declara su confianza en la justicia de Dios. Él sabe que el Rey soberano no puede ser
indiferente al mal. Por tanto, describe a sus enemigos con seis calificativos y menciona seis sentencias que les
espera de parte del Dios justo:
Él los describe como: malos, insensatos, inicuos, mentirosos, sanguinarios y traidores. Y menciona la
manera en la que Dios trata a estas personas: No se complace con ellos, no habita junto a ellos, no los recibe,
los aborrece, los destruirá y los detesta. Porque Dios es un rey justo.
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En nuestras oraciones, nosotros también debemos revelarle a Dios nuestra confianza en todo lo que él es.
Cuando vemos las oraciones de las Escrituras, generalmente los santos del pasado hacían alusión a su
soberanía, a su santidad, a su misericordia, etc. dependiendo de la razón de su oración. ¿No deberíamos
hacerlo nosotros también?
En tercer lugar, toda oración debe tener alguna petición y en este caso se encuentra en los vs (8-10)
III. Petición (vers. 8-10)
Primero, declara que su cercanía a Dios está basada, no en su inocencia, sino en la abundancia de la
misericordia de Dios. Y entonces pide por:
a) Guía de parte de Dios. O que Dios hiciera claro el camino de su providencia para él.
b) Que Dios hiciera justicia o retribuyera su castigo a los malvados.
¿Es correcto un pedido como éste? Sin abundar en muchos detalles, debemos decir, que como la mayoría de
las imprecaciones que aparecen en este libro, el salmista pide a Dios que haga lo que de cualquier manera ya
Dios ha afirmado que hará: Exponer y castigar el pecado y a los pecadores. El salmista no se venga
personalmente, sino que deja la acción a Dios. Por otra parte, su oración es motivada por el daño hecho a Dios
y no por animosidad personal.
Por último, el salmista tiene un tiempo de alabanza a Dios.
IV. Alabanza (vers. 11, 12) Leer.
Dice Spurgeon: “El gozo es el privilegio del creyente. Cuando los pecadores sean destruidos nuestro regocijo
será completo. Ellos se ríen primero y llorarán después para siempre; nosotros lloramos ahora, pero nos
gozaremos eternamente.
Dios quiera que nuestras oraciones revelen el fervor, el orden, la expectativa, la sinceridad, la confianza y el
regocijo de esta oración.