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Renta Básica: Solución a la Desigualdad

Este documento discute la desigualdad y las crisis recurrentes del sistema capitalista, y argumenta que la renta básica puede ser una alternativa para garantizar los derechos y la vida digna de las personas. Señala que las crisis sucesivas del capitalismo recaen en los trabajadores a través de la pérdida de empleos y condiciones laborales precarias, lo que conduce a la pobreza y desigualdad. Además, la cuarta revolución industrial amenaza con reemplazar aún más puestos de trabajo humanos. La renta básica se

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Renta Básica: Solución a la Desigualdad

Este documento discute la desigualdad y las crisis recurrentes del sistema capitalista, y argumenta que la renta básica puede ser una alternativa para garantizar los derechos y la vida digna de las personas. Señala que las crisis sucesivas del capitalismo recaen en los trabajadores a través de la pérdida de empleos y condiciones laborales precarias, lo que conduce a la pobreza y desigualdad. Además, la cuarta revolución industrial amenaza con reemplazar aún más puestos de trabajo humanos. La renta básica se

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DESIGUALDAD Y CRISIS DEL SISTEMA: LA RENTA BÁSICA O LA

OPCIÓN A LA VIDA DIGNA1


Jaime Alberto Rendón Acevedo2

INTRODUCCIÓN
Después de algunas décadas de intentos por ubicar el tema de Renta Básica o ingreso de
ciudadanía en los debates de política pública, las distintas y sistemáticas crisis del sistema
han logrado que lo que propia democracia había impedido: hoy la Renta Básica ya no se mira
como una reivindicación salida de tono, sino que empieza a constituirse en una alternativa a
las dificultades estructurales del sistema, en tanto la generación de puestos de trabajo no solo
se dificultó en el modelo postfordista sino que hoy con la llamada cuarta revolución, el
trabajo comienza a perder su naturaleza como fuente de ingresos para la sociedad.
Este artículo recoge algunos elementos para la discusión sobre la necesidad de una Renta
Básica como garantía de derechos, no solo económicos, sino de vida para las poblaciones,
individuos y familias en las sociedades capitalistas. Alternativa sin duda a las formas
precarias de vida impuestas por una sociedad caracterizada por la pobreza y la desigualdad.

CRISIS Y DESIGUALDAD
Tal vez una de los hitos económicos de mayor relevancia en la historia del capitalismo ha
sido la crisis del año 2007 (de la cual continúan sus efectos, profundizados incluso por las
nuevas guerras comerciales y nacionalistas), producto de los desafueros financieros del
Sistema, o mejor de su propia inmoralidad, manifestada desde la crisis inmobiliaria,
hipotecas, subprime, en fin de los engaños que desde el sistema financiero el sistema realizó
a miles y miles de familias que terminaron por perderlo todo cuando creían estar ganándolo,
estar protegiendo su futuro al obtener ganancias extraordinarias en inversiones de papel.
Como ha sido siempre en la propia evolución del sistema capitalista, que ante todo es un
sistema de crisis sucesivas, son los trabajadores quienes deben asumirlas desde las pérdidas
de sus puestos de trabajo, o cuando no, con la pérdida de garantías laborales o debiendo
soportar la diminución real de los salarios. Esto ha conducido no solo a mantener unas magras
condiciones para los trabajadores, sino que las estructuras del sistema mantienen en lo
general, dos características que le son propias: la pobreza, que ya es de por si un lastre que el
sistema ha llevado siempre y que le es funcional en tanto le permite mantener bajos los
salarios de los trabajadores; y la segunda, que se trata de un elemento propio de la injusticia
redistributiva del sistema: la desigualdad, que es más abrumadora en cuanto más pobres son
los países, tal y como es el caso particular de América Latina.

1
Publicado originalmente en la revista El punto sobre la i. México, mayo – junio de 2018.
[Link]
2
. Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Universidad Complutense de Madrid. Docente investigador
de la facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad de la Salle, Bogotá, Colombia, Integrante del
Grupo de investigación en Economía y Desarrollo Humano. Investigador Corporación Latinoamericana SUR.
Correo electrónico: jarendon@[Link]
En efecto, la instauración de los regímenes militares en América Latina sirvió no solo para
contener los miedos frente a la expansión de la revolución cubana, sino, ante todo, como una
forma de instaurar el modelo neoliberal en el Continente. Así, las armas, el miedo, el terror,
se unieron al endeudamiento, al despilfarro, al saqueo continuado de recursos, para
posteriormente verse el Continente obligado a asumir las estrictas agendas del mal llamado
Consenso de Washington, una serie de reformas estructurales que tras la idea de lograr
equilibrios macroeconómicos condujeron a la privatización de los bienes públicos y a
acrecentar los niveles de concentración de la riqueza, ya de por sí exagerados como reflejo
del atraso productivo, las precariedades laborales y sociales, en definitiva, producto del
subdesarrollo.
La reacción social y política en el Continente condujo a la elección de gobiernos con una
visión social de reivindicación y del pago de la deuda social histórica, un intento de rescate
a los trabajadores de sus precarias condiciones, pero también unos logros que sin duda alguna
le significaron a algunos países de la región, presentar mejoras sustanciales en temas como
accesos a servicios públicos domiciliarios, educación, goce efectivo de derechos, que
permitieron reducir brechas, fortalecer las condiciones económicas de la población
reduciendo pobreza y desigualdad (Rendón, 2016)
Sin embargo, las pretensiones políticas de conservar el poder condujeron a estos
movimientos, que en algún momento desde Venezuela se les llamó el Socialismo del Siglo
XXI, a cambiar las condiciones normativas y constitucionales, y lo que tal vez es peor, a
realizar actos, no en todos los caos, de corrupción y negociaciones con grupos de poder para
conservar el control del Gobierno. Todos los casos fueron disímiles, lejos están de hacer sido
un modelo homogeneo de desarrollo para el Continente (Buendía y otros 2013), pero lo que
si es cierto es que permitieron encontrar caminos distintos a los tradicionales. Entre los casos
que vale la pena mencionar, están los de la Bolsa Escuela en Brasil o la renta Ciudadana para
personas mayores y en condición de discapacidad en Ecuador, solo para citar dos casos
exitosos de generación de ingresos y mejoramiento sustancial de las condiciones de vida de
las familias.
Después del gran auge de los precios de los commodities, en particular de los precios del
petróleo, con las influencias de la crisis en la región y el marchitamiento de los gobiernos
llamados alternativos, las derechas han vuelto a retomar el poder en los distintos países de la
región y han comenzado a desmontar aquellos logros que en materia económica y social han
permitido disminuir las brechas de pobreza y desigualdad. Ya han comenzado los ajustes
fiscales y se retoman temas de privatización, en especial en aspectos sensibles como
pensiones o en educación. Dicho de otra manera, es un péndulo donde las posiciones
neoliberales, las derechas del Continente, retoman el poder para satisfacer ansias de
concentración y control de la riqueza.
Los años venideros, sin duda alguna, serán de reversión de los logros mencionados, de
pugnas, de limitaciones de derechos, incluso de reorganización de los movimientos y partidos
progresistas que hicieron posible algunos cambios, pero que hoy están en situaciones
difíciles, en crisis. A todo esto y, lo más seguro, resistiendo el embate neoliberal que se
comienza a respirar en el continente, empezando por Argentina, Brasil, Chile, Perú y
Colombia, se suma un elemento que hará más fuerte no solo el empleo sino los temas de
seguridad social que están atados al contrato de trabajo: la cuarta revolución industrial es
decir, la robótica, la nanotecnología, la biotecnología, las búsquedas de mayores
productividades con base en los logros de la ciencia, la tecnología y la información (Schwab,
2016).
Así, la región comenzará a experimentar una nueva época de deterioro de sus condiciones de
vida, reflejadas sustancialmente en la precariedad del mundo laboral, el cual, dadas las
dificultades estructurales en el continente, se mantiene bajo fenómenos como lo bajos salarios
o la informalidad, es decir, cerca del 40% de la población en la Continente vive del trabajo
informal, lo que implica no poder acceder a sistemas de seguridad social, a no ser que sean
suministrados por el Estado como regímenes subsidiados (Gutiérrez, 2018)
El modelo neoliberal ya había profundizado las dificultades estructurales, socavando incluso
los logros, por cierto, débiles, del modelo de sustitución de importaciones. El sector
manufacturero, así como el sector rural, han venido perdiendo participación en la economía,
pero también valor en términos absolutos, es decir, hoy, exceptuando casos como Brasil,
estos sectores han cedido participación y valor ante industrias de extracción minero
energéticas o ante sectores como comercio y comunicaciones, los primeros son poco
generadores de empleo, y los otros generan empleo, pero precarios, de baja calidad.
Difícil entonces el panorama social y económico de la América Latina. Ha lo vivido, a los
fracasos de los distintos modelos sean de izquierda o de derecha, para generar mejores
condiciones de vida, hoy se suma un fantasma bastante real, una revolución tecnológica solo
imaginada en las películas de ficción pero que es ya una realidad que atacará como ninguna
otra al trabajo humano haciendo más complicadas las ya difíciles situaciones de pobreza y
desigualdad en la región.

LA RENTA BÁSICA COMO JUSTICIA REDISTRIBUTIVA


Distintos países en el mundo han empezado por auscultar el tema de la Renta Básica, del
ingreso de ciudadanía como una opción posible y necesaria para garantizar la vida de las
personas. Han sido los países de mayor desarrollo, quienes han comenzado a explorar esta
alternativa como una forma de garantizar la estabilidad económica de las familias. Si se
prefiere entender de esta manera, el capitalismo, como hace 90 años, después de la primera
gran crisis mundial, cuando asumió las propuestas keynesianas del Estado benefactor para
salvaguardar la demanda agregada; se apresta hoy a diseñar una nueva forma de pervivencia,
lo distinto es que se niega a reconocer que el modelo de la competitividad, del libre mercado
lo ha llevado al fracaso y por el contrario se profundiza no solo con la revolución tecnológica
sino con guerras comerciales y los nuevos nacionalismos como expresión no de
reivindicaciones de desarrollo y crecimiento endógeno, sino como resultado de posiciones
extremas de negación a los otros, una paradoja en el supuesto fundamental de un mundo libre
y globalizado.
Pero si es una alternativa para los países de altos ingresos y condiciones estructurales sólidas,
también lo puede y debe ser para los países pobres. No obstante, la Renta Básica como
propuesta de política pública ha estado ligada, desde sus detractores, a una serie de mitos que
la misma evidencia ha venido desmontando. Probablemente, el más afincado, que se ha
utilizado como sofisma para desmontar el Estado Benefactor y el Estado de Derechos, es el
que la renta Básica se convierte en un instrumento no virtuoso que conduce a la pereza
productiva y a la dependencia absoluta de las personas en las rentas proporcionadas por el
Estado.
Nada más insensato. El sistema capitalista, que basa sus ganancias en la explotación del
trabajo, ha encontrado también en los bajos salarios y en el desempleo, argumentos
suficientes para mantener al máximo las condiciones de sometimiento de la población. La
escasez de trabajo y por ende de recursos, conduce a una situación inhumana de sumisión
monetaria, a una dependencia absoluta de las decisiones económicas del capital o a lo sumo
de las bondades que desde el Estado se quieran proporcionar.
De esta manera el tema de los subsidios y de los derechos cobra relevancia. La Renta Básica
debe ser un derecho de ciudadanía, no un subsidio que dependa de la benevolencia del
gobernante. Es un derecho, por lo tanto, innato a la condición humana y al derecho de tener
una vida digna, sin depender económicamente de nadie, esto es un derecho que posibilite la
libertad económica de las personas y por ende la dignidad de su existencia.
De esta manera, al obtener la Renta Básica los individuos y sus familias eliminan su grado
de dependencia del salario para poder garantizar sus condiciones mínimas de existencia. Esto
le resta entonces al sistema su principal instrumento de sometimiento: si no se tiene un trabajo
y con este algún ingreso, las familias no pueden tener acceso a los bienes necesarios para su
subsistencia. La Renta Básica tiene el propósito esencial de garantizar la vida material de las
personas, es entonces un principio esencial para la dignidad humana.
Ahora, la entrada al sistema productivo se realiza con base en capacidades y en oportunidades
(Sen, 2000), es decir, la educación se constituye en un aspecto fundamental para la vida, pero
a la vez, las oportunidades son esenciales para la concreción de los proyectos de vida que se
promulgan desde la formación. Quiere decir esto que uno de los elementos sustanciales es el
primer empleo, por ejemplo, de los jóvenes, su inicio al mercado laboral es con base en los
emprendimientos; pero estos tienen impedimentos a la entrada, entre ellos está el capital de
trabajo, los distintos apoyos para lograrlos, pero en especial, el que las familias les exigen a
los jóvenes aportar dinero para el ingreso familiar, cuando no es que ellos ya deben hacerse
cargo de su sostenimiento.
La Renta Básica cumple entonces esta primera función: es la posibilidad que la juventud, o
si se quiere, los que desean hacerlo no siendo jóvenes, puedan realizar y dedicarse a sus
emprendimientos, sin que las necesidades por la consecución de los ingresos para satisfacer
sus demandas básicas sea un impedimento para desarrollar nuevas empresas. La Renta Básica
se convertiría en un aliciente a la formación de emprendimientos, al autoempleo (Raventós,
2007) ya que facilitaría la no dependencia a una relación salarial para el sostenimiento
individual o de las familias.” (Rendón, 2008, 76).
De otra parte, una Renta Básica se convierte en un incentivo económico fundamental, es
decir, al tener un mayor ingreso, o lo que podría considerarse un aumento real de los salarios;
los trabajadores tendrían dos impactos fundamentales: el primero es un efecto
microeconómico, es decir, con un mayor salario, la productividad por trabajador tendería a
aumentar, lo que representa una ganancia para el sistema en su conjunto. El segundo impacto,
ya de carácter macroeconómico, se refiere al incremento de la demanda agregada producto
de los mayores salarios disponible entre la ciudadanía.
Como se ve entonces, por fuera de los miedos y los desafueros conceptuales en ápocas de la
postverdad, la Renta Básica, más que un instrumento perverso para la sociedad debe
convertirse en todo lo contrario, esto es, en un elemento generador de espirales virtuosas,
donde un mayor ingreso, producto de la justicia redistributiva en el sistema (Sen, 2010),
deberá conducir a la sociedad hacia estadios superiores de crecimiento y desarrollo.
La Renta Básica entonces no puede ser un instrumento de política pública solamente para los
países de alto ingresos; que son los lugares donde se vienen realizando procesos de
implementación, presionados por los movimientos sociales cansados de la alta concentración
de los ingresos y de las crisis en donde son los trabajadores quienes terminan soportando el
peso de los ajustes (Piketty, 2014)
También en los países subdesarrollados, en especial en la América Latina, pobre,
estructuralmente rezagada y desigual, deben ser objeto de estas medidas, cumpliendo, como
se ha dicho, un papel de fortalecimiento al sistema productivo y a la demanda agregada, a
través de la protección de los ingresos, la promoción a la productividad, el emprendimiento,
el autoempleo y el fortalecimiento financiero a los sistemas de seguridad social, es decir la
Renta Básica también está atada a los aportes sociales para lograr un sistema de protección
social universal. Esto será esencial en momentos donde el mundo se enfrenta a los impactos
que tendrá sobre los mercados laborales, la llamada cuarta revolución, el desarrollo de
inteligencias artificiales y, por lo tanto, el sometimiento del mundo del trabajo a unas lógicas
aún escasamente conocidas, pero que ya no hay duda de que harán del mundo del trabajo un
escenario completamente distinto al que hoy ase conoce.
De otra parte, la propuesta de renta Básica tiene que ver con la justicia redistributiva, de
lograr que todos los seres humanos tengan derecho a una vida digna, libres económicamente,
libres políticamente, instrumentos que posibiliten la dignidad humana (Raventós, 2007, SP
(2013))

BIBLIOGRAFÍA
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