0% encontró este documento útil (0 votos)
228 vistas18 páginas

Historia de la Caza de Brujas

La caza de brujas fue la persecución de personas, principalmente mujeres, acusadas de brujería en Europa entre los siglos XV y XVIII. Se basaba en la creencia de que las brujas habían hecho un pacto con el diablo y practicaban la magia negra. Miles de personas fueron sometidas a juicios injustos y torturadas para obtener confesiones, resultando en muchas ejecuciones. La caza de brujas alcanzó su punto máximo entre 1550-1650 antes de declinar, aunque algunos procesos continuaron ocur

Cargado por

Louis Castro
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
228 vistas18 páginas

Historia de la Caza de Brujas

La caza de brujas fue la persecución de personas, principalmente mujeres, acusadas de brujería en Europa entre los siglos XV y XVIII. Se basaba en la creencia de que las brujas habían hecho un pacto con el diablo y practicaban la magia negra. Miles de personas fueron sometidas a juicios injustos y torturadas para obtener confesiones, resultando en muchas ejecuciones. La caza de brujas alcanzó su punto máximo entre 1550-1650 antes de declinar, aunque algunos procesos continuaron ocur

Cargado por

Louis Castro
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Caza de brujas

De Wikipedia, la enciclopedia libre


Saltar a navegación, búsqueda
Para la persecución de intelectuales y políticos en [Link]. durante la década de 1950,
véase Macarthismo.

Hoja relatando la quema de una bruja que en 1531, con ayuda del Demonio, quemó la
ciudad de Schiltach.

La caza de brujas es la búsqueda de brujos, brujas o evidencias de brujería, que llevaba a


acusar a la persona afectada de brujería, a un juicio y finalmente a una condena. Muchas
culturas, tanto antiguas como modernas, han reaccionado de forma puntual a las
acusaciones de brujería con miedo supersticioso y han castigado, o incluso asesinado, a los
presuntos o presuntas practicantes.

La caza de brujas como fenómeno generalizado es característica de la Europa Central a


inicios de la Época Moderna. Base para la persecución masiva de mujeres (puntualmente
también menores y hombres e incluso animales) por la Iglesia y sobre todo por la justicia
civil, fue la idea, extendida entre teólogos y juristas, de una conspiración del Demonio para
acabar con la Cristiandad.

Las cazas de brujas todavía ocurren en la actualidad y suelen clasificarse dentro del llamado
pánico moral. De forma general, el término ha llegado a denotar la persecución de un
enemigo percibido (habitualmente un grupo social no conformista) de forma
extremadamente sesgada e independiente de la inocencia o culpabilidad real.

Contenido
[ocultar]

 1 Antecedentes
o 1.1 La Antigüedad
o 1.2 La Edad Media
o 1.3 Inquisición
 2 La caza de brujas en la Europa moderna
o 2.1 La imagen de la bruja
o 2.2 La bula Summis desiderantes
o 2.3 La posición de Lutero frente a la caza de brujas
o 2.4 Desarrollo de los procesos
o 2.5 Procesos célebres
o 2.6 Las víctimas
o 2.7 Distribución geográfica
 3 La lucha contra la caza de brujas
 4 Historiografía
 5 La caza de brujas en la actualidad
 6 Referencias
 7 Bibliografía
o 7.1 Fuentes históricas
o 7.2 Ficción
 8 Véase también
 9 Enlaces externos
o 9.1 Fuentes

[editar] Antecedentes
[editar] La Antigüedad

La creencia en magos se puede documentar en las grandes culturas del pasado. Las artes
mágicas eran observadas de cerca en la época y a menudo se temía que fueran magia negra.
Tanto en el Código de Hammurabi (la prueba del agua) de Babilonia como en el Antiguo
Egipto se castigaba a los magos. Sin embargo nunca llegó a una persecución masiva de
presuntas brujas, como se realizaría más tarde a comienzos de la Época Moderna.

La Biblia, sobre todo el Antiguo Testamento, prohíbe la magia: «No realizaréis


adivinación ni magia» (Levítico 19,26; Deuteronomio 10,10). Además llama a la
persecución de la magia: «Los magos no los dejarás vivir» (Éxodo 22,17). Esta
formulación fue traducida, de forma gramaticalmente correcta, más tarde por Lutero como
«Las magas no las dejarás vivir». Pero brujas, en el sentido moderno, no aparecen en la
Biblia, lo que no evitó que los teóricos de la brujería usaran estas menciones como prueba
de su existencia y para su condena.
En otros lugares de la Biblia, encuentros con magos y adivinadores se relatan de forma algo
más positiva. El rey Saúl busca consejo en la Bruja de Endor (I Samuel 28,5-25), a pesar de
que él mismo había prohibido la adivinación, por su desesperación ante los filisteos. En
cambio, los Reyes Magos que rinden homenaje al niño Jesús (Evangelio de Mateo 2,1-2),
no son realmente hechiceros o adivinos; el original griego utiliza la palabra magi, que en
ese entonces designaba más bien a sabios y científicos, más que a brujos.

La Iglesia primitiva en general no participa de estas persecuciones. Sin embargo existen


casos aislados, como el martirio de la filósofa neoplatónica Hipatia por una turba cristiana
en el año 415, confundida en su ignorancia ante los vastos conocimientos de la
filósofa[cita  requerida]. Este hecho fue condenado oficialmente por la Iglesia como una gran
vergüenza. No había entonces una persecución explícita, aunque ya la Iglesia primitiva
rechazaba las prácticas y el pensamiento de la brujería como una superstición (Canon
episcopi).

[editar] La Edad Media

Los germanos antes de su conversión al cristianismo conocían la quema de los magos que
realizaban encantamientos perjudiciales. Sin embargo en la Baja Edad Media carolingia no
hubo caza de brujas. De hecho, el Concilio de Paderborn del año 785 castigaba tanto la
creencia en brujas como su persecución:

Quien, cegado por el Demonio, cree como los paganos que alguien es una bruja y come a personas,
y la queme por ello o deja comer su carne por otros, será castigado a pena de muerte.

Carlomagno lo validó con una ley, probablemente relacionada con las prácticas paganas de
los sajones contra las que el rey luchaba en la década de los años 80 del siglo VIII.

En Hungría se refieren a ellas en latín como strigis y temprano en la Baja Edad Media, el
rey Colomán de Hungría (1095-1116) sancionó en uno de sus libros de ley un artículo que
rezaba: "De strigis vero, quae non sunt, nulla quaestio fiat" ("Sobre las brujas, ya que éstas
no existen, no se harán examinaciones indagando por ellas"). Tras esto fue el reino cristiano
y católico húngaro una de las excepciones durante la época medieval en donde la brujería
no fue perseguida. De hecho, los posteriores monarcas húngaros fueron en extremo
flexibles con los judíos, cumanos y uzbecos musulmanes, así como con las otras étnias
croatas, serbias y eslovacas que habitaban dentro de las fronteras del reino, respetando sus
idiomas y particularidades culturales.

En Alemania, las primeras pruebas de la existencia de la palabra bruja, Hexe, aparecen en


los Frevelbüchern (leyes) de la ciudad de Schaffhausen de finales del siglo XIV (1368/87)
como ha demostrado Oliver Landolt. En Lucerna aparece la palabra por primera vez en
1402.

[editar] Inquisición
Las primeras condenas de brujos y brujas se realizan en el siglo XIII, con la aparición de la
Inquisición, cuya actividad principal no es la brujería, sino los herejes.

La brujería no resultaba inicialmente un peligro tan grande como las demás herejías
medievales. La cuestión aparece aclarada en las instrucciones del Papa Alejandro IV del 20
de enero de 1260 a los inquisidores, de forma que las brujas no deben ser perseguidas de
forma activa, sino sólo bajo denuncia. Los procesos contra brujos y brujas deberán ser
relegados sin falta tiempo: la lucha contra las herejías tiene prioridad. Más tarde, la
Inquisición incluso condenaría los procesos a brujas.

[editar] La caza de brujas en la Europa moderna

Vuelo de las brujas de Vaud. Miniatura en un manuscrito de Martin Le France, Le


champion des dames, 1451.

La llamada caza de brujas por excelencia se realizó a comienzos de la Época Moderna


sobre todo en Europa Central. Se basaban en la denuncia a supuestos seguidores de la
llamada ciencia de las brujas. En la persecución de 1450 – 1750 (con un máximo entre
1550 y 1650) se trataba sólo en parte de una acción eclesiástica contra la herejía,
principalmente se trataba de un fenómeno de histeria colectiva contra la magia y la brujería,
que convirtió la magia en un delito y tuvo como consecuencia recriminaciones, denuncias,
procesos públicos en masa y ejecuciones.

Investigaciones recientes muestran que frecuentemente se sospechaba de brujería en


mujeres viejas y en las personas socialmente más débiles. A menudo bastaban rumores o
denuncias para poner en marcha la maquinaria judicial, que llevaba a conseguir confesiones
falsas a través de la tortura.
De parte de las iglesias católica y protestantes hubo críticas aisladas a la caza de brujas:
Johannes Brenz, Johann Matthäus Meyfart, Anton Praetorius, Friedrich von Spee.

Silvia Federici, (Italia, 1948), en su libro Caliban y la bruja defiende la teoría según la cual
"La caza de brujas está relacionada con el desarrollo de una nueva división sexual del
trabajo que confinó a las mujeres al trabajo reproductivo" y en concreto con los inicios del
capitalismo que requería acabar con el feudalismo y aumentar el mercado de trabajo
eliminando la agricultura de subsistencia y cualquier otra práctica de supervivencia
autónoma ligada en ocasiones a tareas agrícolas en terrenos comunales. Federici sostiene
que la irrupción del incipiente capitalismo fue "uno de los periodos más sangrientos de la
historia de Europa", al coincidir la caza de brujas, el inicio del comercio de esclavos y la
colonización del Nuevo Mundo. Los tres procesos estaban relacionados: se trataba de
aumentar a cualquier coste la reserva de mano de obra.

[editar] La imagen de la bruja

A finales de la Edad Media empezó a configurarse una nueva imagen de la bruja, que tiene
su principal origen en la asociación de la brujería con el culto al Diablo (demoniolatría) y,
por lo tanto, con la idolatría (adoración de dioses) y la herejía (desviación de la ortodoxia).
Si en fechas anteriores los principales interesados en el castigo de los delitos de brujería
habían sido los propios convencidos de la existencia de brujos, que sufrían directamente sus
supuestas acciones maléficas, una vez que se estableció la relación de la brujería con el
culto diabólico pasó a ser un asunto de interés directo tanto para la Iglesia del reino,
encargada de mantener la ortodoxia, como para las autoridades civiles.

Aunque el primer proceso por brujería en que están documentadas acusaciones de


asociación con el Diablo tuvo lugar en Kilkenny, Irlanda, en 1324-1325, solo hacia 1420-
1430 puede considerarse suficientemente consolidada la imagen de la bruja presente en la
inmensa mayoría de las "cazas de brujas" de la Edad Moderna en Europa. Aunque existen
variantes regionales, pueden ser descritas una serie de características básicas, reiteradas
tanto en las actas de los juicios como en la abundante literatura culta sobre el tema que se
escribió en Europa durante los siglos XV, XVI y XVII.

Se atribuía a los acusados de brujería un pacto con el diablo. Se creía que al concluir el
pacto, el Diablo marcaba el cuerpo del brujo o bruja, y que una inspección detenida del
mismo podía permitir su identificación como hechicera. Mediante el pacto, la bruja o brujo
se comprometía a rendir culto al Diablo a cambio de la adquisición de algunos poderes
sobrenaturales. Entre estos poderes estaba, lógicamente, la capacidad de causar maleficios
de diferentes tipos, que podían afectar tanto a las personas como a elementos de la
naturaleza; en numerosas ocasiones, junto a estos supuestos poderes se consideraba también
a las brujas capaces de volar (en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos), e
incluso el de transformarse en animales (preferentemente lobos). No todos los teólogos de
la época creyeron en la realidad física de los vuelos y metamorfosis de brujas y brujos:
algunos los atribuían a ilusiones o ensueños inducidos por el Diablo.
Según estas creencias, las brujas y brujos acudían en determinadas fechas a reuniones
nocturnas denominadas "aquelarres", o más generalmente "sabbats", a las que se
desplazaban en ocasiones por medios ordinarios y otras veces de forma sobrenatural. En los
aquelarres tenían lugar ceremonias que eran básicamente una inversión sacrílega de
aspectos de la liturgia cristiana, reinaba la promiscuidad sexual, y se realizaban actividades
repulsivas (las acusaciones más frecuentes eran las de infanticidio y canibalismo infantil).
El Diablo (descrito de muy diferentes formas: a veces con forma humana, pero también
frecuentemente de macho cabrío u otro animal), era adorado por las brujas y brujos (con
ceremonias como el llamado "osculum infame"), y a veces se unía sexualmente en orgías.

No todos los sospechosos de brujería eran mujeres (hubo un significativo porcentaje de


hombres procesados y ejecutados por delitos de brujería), pero se consideraba a la mujer
más inclinada al pecado, más receptiva a la influencia del Demonio, y, por tanto, más
proclive a convertirse en bruja. El concepto de brujería en la Edad Moderna tiene un fuerte
carácter misógino.

Este estereotipo negativo de la bruja tiene estrechos puntos de contacto con las imágenes
igualmente negativas adjudicadas históricamente a herejes y a judíos. Muy revelador es el
nombre de "sabbat" (el sábado hebreo) para designar las reuniones de brujas.

De gran significado era la idea de una confabulación de brujas. De la transformación de


prejuicios que se había tendido contra los judíos durante siglos, se formó la imagen de una
«Synagoga Satanae», Sinagoga de Satanás, que más tarde se llamaría sabat de las brujas o
aquelarre. Se pensaba que se trataba de una reunión orgiástica en la que se escarnecía a
Dios y a su Iglesia. La misma existencia de la Cristiandad estaría amenazada por esta secta
de brujas.

Portada del Malleus maleficarum en una edición de 1669.


Este concepto de brujería se difundió por toda Europa mediante una serie de tratados de
demonología y manuales para inquisidores que se publicaron desde finales del siglo XV
hasta avanzado el siglo XVII. El primero en alcanzar gran repercusión, gracias a la reciente
invención de la imprenta, fue el Malleus Maleficarum ("Martillo de las brujas", en latín), un
tratado filosófico-escolástico desapasionado y racional publicado en 1486 por dos
inquisidores dominicos, Heinrich Kramer (Henricus Institoris, en latín) y Jacob Sprenger.
El libro no solo afirmaba la realidad de la existencia de brujos y brujas, conforme a la
imagen antes mencionada, sino que afirmaba que no creer en brujas era un delito
equivalente a la herejía: «Hairesis maxima est opera maleficarum non credere» (La mayor
herejía es no creer en la obra de las brujas). El Malleus llegaría a ser el manual más
utilizado en la caza de brujas en los estados católicos del Sacro Imperio Romano
Germánico, a pesar de que constaba en el Index de libros prohibidos por la Iglesia Católica.

Gran importancia tuvo también el Tractatus de Hereticis et Sortilegiis, publicado en 1524


por Paulus Grillandus.

[editar] La bula Summis desiderantes

La bula papal contra la brujería redactada por Heinrich Institoris en 1484 y firmada por el
Papa Inocencio VIII, la Summis desiderantes, sólo tuvo una influencia duradera en los
territorios católicos, pero fue apoyada y aceptada por las demás iglesias occidentales:
luteranos, reformados, anglicanos y puritanos. Sólo las iglesias orientales no participaron en
la caza de brujas.

[editar] La posición de Lutero frente a la caza de brujas

Lutero, Zuinglio y Calvino estaban convencidos de la posibilidad del pacto con el Diablo,
de tener sexo con el Demonio y de la magia negra, y apoyaba la persecución judicial de
magos y brujas.

La afirmación del Antiguo Testamento «los brujos no deberás dejar con vida» tenía toda
validez para Lutero. La cuestión está clara en su prédica del 6 de mayo de 1526 sobre la
frase en la que muestra su profundo rechazo al mal de la brujería y justifica el implacable
enjuiciamiento de las mujeres sospechosas:

Es una ley muy justa, que las brujas sean muertas, porque producen muchos daños, lo que ha sido
ignorado hasta el presente, pueden robar leche, mantequilla y todo de una casa... Pueden encantar a
niños... También pueden generar misteriosas enfermedades en la rodilla, que el cuerpo se
consuma... Daños los producen a cuerpo y alma, dan pociones y encantamientos, para generar odio,
amor, tormentas y destrozos en las casas, en el campo, que nadie puede curar... Las magas deben ser
ajusticiadas, porque son ladronas, rompedoras de matrimonios, bandidos, asesinas... Dañan de
muchas formas. Así que deben ser ajusticiadas, no sólo por los daños, sino también por que tratan
con Satanás

Lutero era un claro partidario de la pena de muerte para la magia negra, con un fuerte
acento misógino. En su prédica del 6 de mayo de 1526, Lutero afirma cinco veces «deben
ser ajusticiadas». Sin embargo, Lutero no era un cazador de brujas celoso.
Innumerables teólogos, predicadores y juristas luteranos se refirieron más tarde a las
contundentes afirmaciones de Lutero. Hasta la actualidad existen referencias a la brujería y
a la magia en el Pequeño Catecismo de Lutero y en Catecismo reformado de Heidelberg.

[editar] Desarrollo de los procesos

La persecución contra la brujería se realizaba, al contrario que en el caso de la Inquisición,


por juzgados civiles y en muchos casos por denuncias populares. Un ejemplo conocido es
el de la madre de Johannes Kepler, que fue denunciada por brujería por una vecina en 1615
a causa de un disputa entre ambas. Estuvo presa más de un año, amenazada de tortura, pero
fue finalmente liberada gracias a los esfuerzos del hijo.

Los procesos en caso de brujería se hacían según el siguiente sistema:

Prueba del agua, portda del escrito de Hermann Neuwalt, Helmstedt 1581.

1. Acusación. A menudo precedía a la acusación una fase de rumores que podía durar
años. La acusación podía ser debida a una denuncia de una bruja o brujo que ya
había sido detenido, posiblemente bajo tortura. Rara vez se permitía a las presuntas
brujas una defensa.
2. Detención. Las cárceles, en el sentido moderno, todavía no existían, por lo que se
mantenía a los presos en mazmorras o torres. Las llamadas torres de brujas que
todavía se conocen en muchos lugares, no eran exclusivamente para brujos, sino
eran para todo tipo de prisioneros. A menudo eran simples torres de las murallas de
la ciudad.
3. Interrogatorio. Normalmente se distinguían tres fases: el interrogatorio por las
buenas, el interrogatorio con explicación y muestra de los instrumentos de tortura y
el interrogatorio doloroso, en la que se empleaba la tortura. En los casos de procesos
por brujería la limitación a una hora no era respetada, ya que se trataba de crimen
exceptum (crímenes excepcionales), lo que exigía una dureza especial. A menudo se
empleaban las empulgueras, la rueda, el potro y la bota española. Tampoco se
respetaba la regla habitual de que sólo se podía torturar a un preso tres veces y, si
hasta ese momento no se había producido una confesión, liberar al preso. En el
Malleus maleficarum se recomendaba declarar la retoma ilegal de la tortura son
pruebas nuevas como una continuación.
4. Pruebas a las brujas. Los procesos oficiales no prevían las pruebas de brujas, de
hecho estaba prohibido su uso. Sin embargo muchos tribunales en diversos lugares
emplearon este elemento. La valoración de las pruebas era tan distinta como su
empleo. A veces se empleaban como prueba fuerte, a veces como prueba débil. Las
siguientes son las más conocidas:
o Prueba del agua (judicium aquae, también llamada baño de la bruja), de la
que existían dos variantes. Con agua caliente, el acusado debía sacar un
objeto del agua hirviendo. Con agua fría, se descendía a la víctima atada a
un pozo y si se hundía resultaba inocente (proceso en el que podía morir
ahogada).
o Prueba del fuego (empleada rara vez) agrupa a diversas pruebas en las que la
bruja o brujo tenía que andar sobre o transportar hierro candente o meter la
mano en el fuego.
o Prueba de la aguja. Si se encontraba una marca del Demonio, se pinchaba
con un hierro. Si la zona sangraba se consideraba buena señal.
o Prueba de las lágrimas, puesto que se creía que quien ejercía la brujería no
podía llorar.
o Prueba del peso, porque se afirmaba que una bruja o brujo no podía pesar
más de 5 kg., ya que tenía que poder flotar (prueba del agua) y volar.
5. Confesión. A comienzos del Renacimiento, nadie podía ser juzgado sin confesión –
lo que también era válido para los casos de brujería. Pero, debido a que se ignoraban
las habituales reglas durante la tortura, la probabilidad de obtener una confesión se
multiplicaba enormemente con respecto a los procesos normales.
6. Interrogatorio para obtener cómplices. Ya que según la ciencia de la brujería, las
brujas debían encontrarse en aquelarres y por lo tanto una bruja debía conocer a
otras. En un segundo interrogatorio se preguntaba a las acusadas por los nombres de
otras brujas o brujos, a veces bajo nuevas torturas. Así se alargaba siempre más la
lista de sospechosas, ya que, bajo tortura, siempre se acusaba a más personas. El
resultado eran procesos en cadena.
7. Condena.
8. Ajusticiamiento. Al delito de brujería le correspondía muerte por fuego, es decir, la
hoguera, en la que eran quemadas vivas. Como acto piadoso se consideraba el cortar
la cabeza o ahogar antes o colgar un saco de pólvora al cuello.

[editar] Procesos célebres

 En Francia, un caso muy representativo es el conocido como el de "los demonios de


Loudun" (1634), en el cual el sacerdote Urbain Grandier fue acusado de brujería por
las monjas ursulinas del convento de Loudun, localidad cercana a Poitiers. En este
caso hubo claras motivaciones políticas, ya que Grandier era un conocido opositor
al cardenal Richelieu. El acusado murió en la hoguera tras haber sido torturado.

 Otro caso de Francia, fue el de Juana de Arco; acusada de brujería por oír
angelicales voces en su cabeza, y tener visiones, supuestamente enviadas por el
mismo Dios, o por algunas vírgenes o santos. Juana no fue solamente acusada de
herejía, sino también de blasfemia (Por negar ser una bruja), y lesbianismo, ya que,
estando presa en una torre en Ruán, los ingleses la despojaron de sus ropas, la
violaron, y la obligaron a vestirse con una armadura de hombre. Luego llamaron a
uno de los que cuidaba su celda, y le dijeron que Juana había hecho aparecer la ropa
de hombre con ayuda demoníaca.

 En Inglaterra, las persecuciones de brujas más famosas fueron las llevadas a cabo
por Matthew Hopkins en los condados de Suffolk y Essex, entre los años 1644 y
1646, en plena Guerra Civil Inglesa. Se calcula que Hopkins envió a la muerte a
unas 200 brujas.

 En las colonias inglesas de América (futuros Estados Unidos), alcanzó gran


celebridad el caso de las "brujas de Salem" (1692), que se saldó con la ejecución de
25 personas, en su mayoría mujeres. Este caso fue llevado al teatro por el
dramaturgo Arthur Miller, en su obra Las brujas de Salem, o en inglés, The
Crucible (1957).

 En Friul, en el norte de Italia, tuvieron lugar entre los años 1575-1580, varios
procesos por brujería a miembros de una secta conocida como los "benandanti", que
afirmaban que, mientras dormían, sus espíritus salían a combatir contra las brujas.
Los benandanti se consideraban a sí mismos buenos cristianos. Sus prácticas, sin
embargo, según su principal estudioso, Carlo Ginzburg, parecen estar relacionadas
con antiguos ritos de la fertilidad.

[editar] Las víctimas

El número total de víctimas de la caza de brujas no puede ser establecido de modo


completamente fiable, debido a que una gran cantidad de actas de juicios se han perdido, y
muchos procesos no se registraron nunca de forma oficial.

Los primeros cálculos que se hicieron eran muy exagerados, tanto porque tomaban
literalmente algunas declaraciones de los cazadores de brujas en que se vanagloriaban del
número de brujos y brujas que habían enviado a la muerte, como por la difusión, gracias a
la literatura y luego también al cine, de una imagen del fenómeno que buscaba acentuar su
carácter negativo. En la actualidad existe un cierto consenso, basado en las cifras parciales
de que se dispone, en que el número total de procesos en Europa para toda la Edad
Moderna debió de rondar los 110.000, que habrían producido unas 60.000 ejecuciones.

La cuestión de si las brujos ejecutados eran o no culpables de los delitos de los que se les
acusaba es objeto de debate. Dejando aparte el hecho de que muchos de los delitos que se
les achacaban son imposibles según las leyes de la Naturaleza, es posible que cierto número
de brujas y brujos sí practicaran la magia negra, tomaran parte en reuniones nocturnas y
tuvieran una verdadera intención de dañar. No obstante, es muy probable que la mayoría de
las víctimas fuera absolutamente inocente de practicar la magia, y su acusación respondiera
únicamente al hecho de haber sido delatadas por otros procesados sometidos a tortura, o a
la reacción de la comunidad ante un hecho aparentemente inexplicable. Se debate
actualmente hasta qué punto algunas de las actividades atribuidas a la brujería, como la
asistencia a los aquelarres, tuvieron lugar en realidad, o son producto de la aplicación
sistemática de la tortura a los acusados.

La inmensa mayoría de las personas procesadas por brujería fueron mujeres. En la mayoría
de las regiones de Europa, la proporción de mujeres sobrepasó el 75%, y en algunas llegó
incluso al 90%. Esto se explica en gran medida por el fuerte carácter misógino de muchos
de los tratados sobre la brujería escritos en la época (como el antes mencionado Malleus
maleficarum), que consideraban a las mujeres moralmente más débiles y presa más fácil
para el Diablo. Muchas de estas mujeres eran curanderas, aunque también cocineras y
comadronas, así como las encargadas de cuidar niños, fueron objeto de la caza de brujas.
Gran parte de ellas eran de edad avanzada, mayores de 50 años, lo que se ajusta al
estereotipo tradicional de la bruja. La mayoría de las mujeres acusadas de brujería eran
solteras o viudas, y en general pertenecían a los niveles más bajos de la sociedad.

No quiere esto decir que todas las personas ejecutadas en las cazas de brujas se ajustaran a
este perfil. Muchos hombres fueron también ajusticiados bajo las mismas acusaciones, y en
algunas regiones (en España, por ejemplo) el número de víctimas masculinas y femeninas
fue bastante parejo, y en otros (como en Rusia) los hombres fueron mayoría.

En Suiza hubo dos casos en los que se acusó y se llevó ante el juez a grupos de niños. En el
primer proceso, los niños no fueron liberados hasta que intervinieron inquisidores de Roma.
En el segundo, el tribunal civil obligó a los padres a elegir entre expulsar de casa a los
niños y presentar un certificado de su muerte o envenenar ellos mismos a sus hijos. Parece
ser que muchos padres efectivamente envenenaron a los hijos.

Sobre todo durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) causó estragos la caza de
brujas. La guerra, que se dirigía hacia su punto máximo, había devastado los campos,
destruido las casas y decimado a la población. El hambre y las enfermedades cobraban
muchas vidas. Precisamente en este tiempo de guerra, mucha gente sospechaba de brujería
y las denunciaba ante tribunales.

Una de las últimas mujeres acusadas de brujería fue Anna Schnidenwind, que fue
ajusticiada el 24 de abril de 1751 en Endingen am Kaiserstuhl. Posiblemente la última
muerte de una bruja en territorio del Sacro Imperio fue en 1756 en Landshut. El 4 de abril
de 1775 se procesó a Anna Schwegelin en la colegiata de Kempten en el Allgäu. La
sentencia del príncipe abad Honorius von Schreckenstein, al que gracias a un privilegio
imperial le correspondía sentenciar en temas religiosos y civiles, no se llevó a cabo por
razones desconocidas. En Suiza, la última bruja, Anna Göldin, fue ajusticiada en junio de
1782.
La última muerte documentada de una bruja en Centroeuropa fue en 1793 en la el Gran
Ducado de Posen. Pero aun en 1836 una presunta bruja fue sometida a la prueba del agua
por los pescadores de la península de Hel. Ya que la bruja no se hundía, la ahogaron a la
fuerza.

[editar] Distribución geográfica

Los territorios que sufrieron con mayor intensidad la caza de brujas fueron los sometidos a
la autoridad del Sacro Imperio Romano Germánico, para los cuales se barajan cifras de
entre 20.000 y 30.000 ejecuciones, lo que supone un altísimo porcentaje del total (alrededor
de un 40%). Dentro del Imperio, la persecución se centró fundamentalmente en los estados
del sur y del oeste, en una zona de unidades políticas muy fragmentadas, que incluye
lugares como Würzburg, Bamberga, Eichstätt, Württemberg y Ellwangen, entre otros. Se
trata de estados de pequeño tamaño, que gozaban de una alta autonomía jurisdiccional: un
ejemplo muy significativo es la Fürtspropei de Ellwangen, un territorio diminuto en el que
fueron ejecutadas 400 personas solo entre los años 1611 y 1618. Los estados de mayor
tamaño, como Austria, Baviera o Bohemia, fueron, en cambio, bastante más moderados en
la caza de brujas. Un territorio del nordeste de Alemania que sufrió intensamente la
persecución de la brujería fue el Ducado de Mecklemburgo, protestante, donde tuvieron
lugar aproximadamente 4.000 juicios, que causaron unas 2.000 ejecuciones.

La Confederación Helvética fue otro de los lugares en los que se realizó una caza de brujas
particularmente intensa. Se ha calculado que dentro de sus fronteras fueron ejecutadas unas
10.000 personas. Solo en el cantón de Vaud el número de ejecuciones superó las 3.000 (se
trata, además, del lugar de Europa en el que se ha constatado un porcentaje más alto de
ejecuciones con respecto al total de procesados (alrededor de un 90%).

La persecución fue también muy intensa en algunos territorios que nominalmente formaban
parte del Imperio, pero que en la práctica gozaban de un elevado grado de autonomía: el
Ducado de Lorena, el Franco Condado y los Países Bajos. En Lorena, Nicolas Rémy envió
a la muerte a 800 brujas entre 1586 y 1595, y a más de 2.000 a lo largo de toda su carrera.

En Francia, el número de ejecuciones, con ser elevado, fue significativamente menor que en
los territorios del Imperio, aun cuando la población del país galo era solo ligeramente
menor que la del Imperio. Levack sugiere una cifra de alrededor de 4.000 ejecuciones para
los territorios efectivamente sometidos a la autoridad real, de las cuales la mayoría tuvieron
lugar en la fase inicial de la caza de brujas, durante el siglo XVI. Debe tenerse en cuenta
que en Francia las zonas más afectadas por la caza de brujas fueron regiones periféricas que
se distinguían también por su resistencia al centralismo de la monarquía absoluta, lo cual se
ha explicado de dos formas: bien porque la caza de brujas fue un modo de consolidar el
poder central, bien porque la mayor independencia de estos territorios con respecto a la
autoridad estatal posibilitó una mayor libertad en la actuación de los tribunales locales.

En las Islas Británicas (Inglaterra, Escocia e Irlanda) y en las colonias inglesas de América
la caza de brujas conoció una intensidad bastante menor que en los territorios alemanes. Su
incidencia fue bastante menor que en los territorios centroeuropeos, e incluso que en
Francia. Para el conjunto de estos territorios, las cifras oscilan entre las 1.500 y las 2.500
ejecuciones. Debe destacarse, sin embargo, el caso particular de Escocia, donde hubo dos
grandes cazas de brujas en los períodos 1590-1592 y 1661-1662. En Irlanda apenas hubo
persecuciones. En cuanto a las colonias americanas, solo en Nueva Inglaterra puede
hablarse de una auténtica caza de brujas, ya que en el resto de las colonias apenas hubo
ejecuciones o no se produjeron en absoluto. La mitad de las 234 víctimas en Nueva
Inglaterra corresponde al año 1692, fecha de los conocidos juicios de Salem.

Para Escandinavia, Levack calculado un número total de alrededor de 5.000 procesos, de


los cuales habrían resultado entre 1.700 y 2.000 ejecuciones. La parte del león corresponde
a Dinamarca, donde hubo, según los cálculos más fidedignos, un total de 2.000 procesos y
unas 1.000 ejecuciones. Bastante menor fue la cifra de ejecuciones en Suecia (unas 300),
Noruega (sobre 350) y Finlandia (115), que en la época formaba parte de Suecia. La
incidencia de la caza de brujas en Escandinavia fue bastante menor que la que tuvo en
Centroeuropa; es bastante superior, en cambio, a la de los territorios británicos, si tenemos
en cuenta que en los países escandinavos la población era algo menos de la mitad que en
éstos.

En el este de Europa, el fenómeno de la caza de brujas fue bastante tardío (la mayor parte
de los procesos tuvo lugar en el último tercio del siglo XVII y el primer cuarto del XVIII).
En líneas generales, puede decirse que la mayoría de los procesos tuvo lugar en zonas
fronterizas con Alemania, o con una importante población alemana. La inmensa mayoría de
las cazas de brujas de los países del este de Europa se concentró en Polonia. Aunque los
procesos de Polonia no están todavía bien estudiados, algunos especialistas han cifrado las
ejecuciones en 10.000, de las cuales la mayoría corresponden a la parte occidental del
reino, con una fuerte influencia de Alemania, por lo que Levack se inclina a considerar la
caza de brujas en Polonia como una extensión tardía de la alemana. En Hungría hubo un
total aproximado de 1.500 procesos, de los cuales al menos 450 terminaron en ejecuciones.
La mayor parte de los procesos se llevaron a cabo en el siglo XVIII. En cuanto a Rusia, la
persecución de la brujería parece haberse desarrollado al margen de las teorías
predominantes en Europa acerca de la asociación de las brujas con el Diablo, y el número
de víctimas no parece haber sido tan elevado. Algo similar ocurrió en Transilvania y en las
regiones de Valaquia y Moldavia, entonces bajo el dominio del Imperio otomano. En líneas
generales, puede decirse que en el Este de Europa la incidencia de la caza de brujas fue
bastante menor en los territorios de religión ortodoxa. En los territorios europeos del
Imperio Otomano, a excepción de los casos antes citados de Valaquia y Moldavia, no se
llevaron a cabo cazas de brujas.

Si exceptuamos estos últimos, la zona de Europa en la que hubo menos ejecuciones por
brujería fue la región mediterránea. Si se excluyen las regiones alpinas de lengua italiana,
entre Italia, España y Portugal (incluyendo los territorios ultramarinos en América de estos
últimos) la cifra es muy baja: alrededor de 500. Esto no quiere decir que la brujería no se
persiguiese en estos territorios: el número de procesos fue bastante elevado, pero el
porcentaje de ejecuciones sobre personas encausadas fue muy bajo. Esto significa que en
los países mediterráneos los procesos de brujería fue tratada con bastante templanza, a
diferencia de lo que ocurrió en otros lugares de Europa. La mayoría de los delitos juzgados
en España, por ejemplo, fueron castigados con penas menores. Destaca especialmente la
templanza con que la Inquisición llevó a cabo estos juicios, ya que la proporción de
ejecuciones en procesos juzgados por los tribunales inquisitoriales es bastante menor que la
de los juzgados por tribunales civiles. Además, en España no llegaron a existir cazas
masivas, con la posible excepción de los procesos de Zugarramurdi (1610), en los que fue
precisamente la Inquisición la que extinguió la psicosis que se había desencandenado por la
intervención de los tribunales ordinarios.

[editar] La lucha contra la caza de brujas


Las críticas a la caza de brujas comenzaron prácticamente al mismo tiempo que las
persecuciones de la Édad Moderna. Al principio había sobre todo recelos por parte de los
jueces y la administración por la creación de un sistema de juicios extraordinarios paralelo
a los órganos jurídicos estatales.

La crítica contra la superstición que representaba la creencia en brujas apareció más tarde.
Anterior a la Ilustración fue el jesuita Friedrich Spee von Langenfeld, catedrático en la
Universidad Alma Ernestina en Rinteln, que escribió Cautio Criminalis en 1631. Fue el
más influyente, aunque no el único, entre los que atacaron los procesos de brujos. Su libro
era la respuesta a la obra estándar de la teoría de la brujería Processus juridicus contra
sagas et veneficos, escrita por su colega en la universidad Hermann Goehausen en 1630.

El sacerdote protestante Anton Praetorius, predicador en la corte del Príncipe en Birstein, se


comprometió en 1597 con la causa de las brujas y abogó por su liberación. Atacó de tal
forma a los torturadores que paralizó el proceso y la última presa que seguía viva fue
liberada. Es el único caso documentado en el que un religioso haya conseguido paralizar un
proceso y la tortura a una bruja. En las actas aparece en antiguo alemán porque el cura
local se ha opuesto de forma contundente que se torture a las mujeres, se ha abandonado
esta vez.

Como primero cura reformado, Praetorius publicó bajo el nombre de su hijo Johannes
Scultetus en 1598 el libro Von Zauberey vnd Zauberern Gründlicher Bericht (Informe
exhaustivo de magia y magos) contra la locura de la caza de brujas y las torturas
inhumanas. En 1602 se atrevió a poner su propio nombre en la segunda edición. En 1613
apareció la tercera edición con un prefacio escrito por él.

En 1635, el pastor Johann Matthäus Meyfart, catedrático en la facultad de Teología luterana


de Erfurt, se opuso a la caza de brujas y a la tortura con su libro Christliche Erinnerung, An
Gewaltige Regenten, vnd Gewissenhaffte Praedicanten, wie das abscheuwliche Laster der
Hexerey mit Ernst außzurotten, aber in Verfolgung desselbingen auff Cantzeln vnd in
Gerichtsheusern sehr bescheidlich zu handeln sey (Recuerdo cristiano a poderosos
regentes y predicadores con conciencia de como eliminar en serio la falta de la brujería,
pero cuya persecución en cancillerías y juzgados debe ser manejada con modestia).

El Hochnötige Unterthanige Wemütige Klage Der Frommen Unschültigen (Muy necesaria


y sumisa lamentación de los piadosos inocentes) de Hermann Löher se editó en 1676, al
finalizar la ola más dura de la persecución. Es relevante porque el autor ejerció en las
décadas de 1620 y 1630 como voluntario en el sistema de persecución y a través de esa
experiencia llegó a oponerse a la caza de las brujas. Por ello da la visión desde dentro del
proceso y las luchas de poder que lo acompañan, lo que no se encuentra en textos de otros
opositores.

En 1700, cuando los procesos a brujos ya se habían hecho escasos, el estudioso de Halle
Christian Thomasius publica sus escritos contra la creencia en brujos. Sin embargo, el
conocido médico Friedrich Hoffmann también de Halle estaba convencido todavía a
principios del siglo XVIII en la posibilidad de que brujas pudiesen causar enfermedades
con encantamentos, en relación a los poderes sobrenaturales que les daba el Demonio.

[editar] Historiografía
La caza de brujas ha sido tratada una y otra vez tanto en los círculos de historiadores como
en los políticos.

Durante el Kulturkampf (lucha cultural) de los prusianos se acusó a la iglesia católica como
única culpable de la persecución de las brujas y se daba como número de muertos 9
millones, cifra a todas luces exagerada.

Durante el Tercer Reich, la NSDAP y otros estamentos estimulaban los estudios sobre la
brujería. Se intentaba convertir a las brujas en representantes de la primitiva religión
germana, que había sido atacada por la Iglesia. Pero, sobre todo en las SS, se formó un
núcleo de oposición, para el que las brujas eran Volksschädlinge, parásitos sociales, que
habían sido eliminadas por una liga de hombres con la que se identificaban ellos mismos.

Bajo el manto del feminismo se trató el tema de forma intensa en la década de 1980. En el
siglo XXI, el estudio histórico se centra principalmente en la historia local y regional del
fenómeno.

[editar] La caza de brujas en la actualidad


También en regiones no cristianas o que han sido cristianizadas recientemente aparece una
y otra vez la persecución de brujas, la brujería o de la magia.

Han saltado a la actualidad los casos de los niños brujos del Congo. En el norte de
Sudáfrica, sobre todo en regiones de religiones tradicionales, se acusa cada año a cientos de
hombres y mujeres de brujería, personas que son a menudo asesinadas por las masas
enfurecidas. En Tanzania se acusa cada año a cientos de personas de brujería, que son
asesinadas o mutiladas. El caso también se da en Kenia. En algunos estados africanos
existen incluso leyes específicas contra la brujería.

También se conocen casos de caza de brujas en América del Sur.


En México y en algunos otros países Latinoamericanos el término "Cacería de Brujas" se
utiliza de manera coloquial y popular al referirse a la especial observación de una o varias
personas con el fin de detallar sus actividades con el objetivo de mostrar algún fallo
referente a alguna temática en particular, sin que esto signifique algún tipo de actividad en
brujería. El uso de este término se debe a la influencia estadounidense referente al
Macarthismo.

[editar] Referencias
1. ↑ Traducción propia de la cita de Soldan/Heppe:[]er vom Teufel verblendet nach
Weise der Heiden glaubt, es sei jemand eine Hexe und fresse Menschen, und diese
Person deshalb verbrennt oder ihr Fleisch durch andere essen lässt, der soll mit
dem Tode bestraft werden."
2. ↑ Caliban y la bruja, de Silvia Federicci, en [Link]
3. ↑ Capitalistas contra brujas, Público, 18/10/2010
4. ↑ Levack, p. 70.
5. ↑ La creencia en la marca de la bruja se desarrolló tardíamente, a partir del siglo
XVI, y fundamentalmente en el ámbito protestante (ref: Levack, p. 80)
6. ↑ Al tratarse de un libro relativamente temprano, algunas características propias de
la imagen de los brujos no están todavía reflejados en él. No hay referencias, por
ejemplo, al osculum infame o a la marca del diablo (ref: Levack, p. 84)
7. ↑ Traducción propia del original alemán: Es ist ein überaus gerechtes Gesetz, dass
die Zauberinnen getötet werden, denn sie richten viel Schaden an, was bisweilen
ignoriert wird, sie können nämlich Milch, Butter und alles aus einem Haus
stehlen… Sie können ein Kind verzaubern… Auch können sie geheimnisvolle
Krankheiten im menschlichen Knie erzeugen, dass der Körper verzehrt wird…
Schaden fügen sie nämlich an Körpern und Seelen zu, sie verabreichen Tränke und
Beschwörungen, um Hass hervorzurufen, Liebe, Unwetter, alle Verwüstungen im
Haus, auf dem Acker, über eine Entfernung von einer Meile und mehr machen sie
mit ihren Zauberpfeilen Hinkende, dass niemand heilen kann... Die Zauberinnen
sollen getötet werden, weil sie Diebe sind, Ehebrecher, Räuber, Mörder… Sie
schaden mannigfaltig. Also sollen sie getötet werden, nicht allein weil sie schaden,
sondern auch, weil sie Umgang mit dem Satan haben.
8. ↑ Prédica: Predigt 6. Mai 1526, WA 16, 551f.
9. ↑ En 1786 Gottfried Christian Voigt llegó a cifrar nueve millones el número total de
brujas ajusticiadas, un dato completamente irreal.
10. ↑ Levack, p. 49
11. ↑ Según Levack (p. 37): "La mayoría de las personas acusadas de brujería no
practicó ninguna clase de magia, pero fueron acusadas de provocar daños por
medios mágicos cuando alguna desgracia inexplicable golpeaba a uno de sus
convecinos o cuando eran mencionadas como cómplices de otras brujas durante
alguna gran caza."
12. ↑ La cifra de 20.000 ejecuciones es la calculada por Behringer, en "Erhob sich das
ganze Land". Schormann, en Hexenprozesse in Deutschland, p. 71, estima en un
mínimo de 30.000 el total de procesamientos (ambos autores citados en Levack, p.
246). Levack sugiere que la cifra pudo ser aún más elevada.
13. ↑ Levack, p. 247
14. ↑ Levack menciona las siguientes cifras: 1.000 ejecuciones en Bohemia, 900 en
Austria y unas 300 en Baviera (ref: Levack, p. 248).
15. ↑ HEXENFORSCHUNG archives - February 2006 (#7)
16. ↑ Levack, p. 249. Otros autores (Bader, Hexenprozesse in der Schweiz, pp. 211
ss.)cifran el total de ejecuciones en 5.417.
17. ↑ Levack, p. 253
18. ↑ Levack, p. 252
19. ↑ Si bien la cifra puede parecer insignificante en comparación con la de otros
territorios, debe tenerse en cuenta que la población de Nueva Inglaterra en esa época
era de unas 100.000 personas, por lo cual el número de ejecuciones por habitante es
bastante elevado.
20. ↑ Levack, p. 260.
21. ↑ Henningsen, "Witchcraft in Denmark", citado en Levack, p. 262.
22. ↑ Uno de los casos más célebres de la caza de brujas en Noruega fue el de Anna
Pederstotter Absalon, que fue quemada en Bergen en 1590. La historia de este
proceso se narra, con bastantes libertades, en la película Dies irae de Carl Theodor
Dreyer
23. ↑ Estas cifras están tomadas de este informe de Rita Volmer, y coinciden, grosso
modo, con las ofrecidas por Levack (pp. 260-269)
24. ↑ Levack, p. 270
25. ↑ Klaniczay, "Hungary", p. 222. Citado en Levack, p. 274.
26. ↑ Levack, p. 279
27. ↑ Traducción propia del original: „weil der Pfarrer alhie hefftig dawieder gewesen,
das man die Weiber peinigte alß ist es dißmahl deßhalben underlaßen worden.“
28. ↑ AFP (21 de mayo de 2008). «11 mujeres quemadas vivas en Kenia acusadas de
brujería». [Link]. Prisacom. Consultado el 2 de mayo de 2008.

[editar] Bibliografía
 Behringer, Wolfgang: Hexen. Glaube, Verfolgung, Vermarktung. Tercera edición.
Beck, Munich 2002, ISBN 3-406-41882-1
 Beier-de Haan, Rosmarie (Ed.) (2002) Hexenwahn - Ängste der Frühen Neuzeit.
Deutsches Historisches Museum, Berlin edición en línea modificada
 Decker, Rainer: Hexen. Magie, Mythen und die Wahrheit. Darmstadt, Ed. Primus
2004, ISBN 3-89678-247-9
 Hammes, Manfred: Hexenwahn und Hexenprozesse. Frankfurt, [Link], 1977
 Hansen, Joseph: Quellen und Untersuchungen zur Geschichte des Hexenwahns und
der Hexenforschung im Mittelalter. Mit einer Untersuchung der Geschichte des
Wortes Hexe von Johannes Franck. Nachdruck Olms, Hildesheim 1963 (fuente de
información básica, pero la representación del desarrollo está anticuada)
 Levack, Brian P.: La caza de brujas en la Europa moderna. Madrid, Alianza
Editorial, 1995. ISBN 84-206-2814-X.

[editar] Fuentes históricas


 Heinrich Kramer (Institoris): Der Hexenhammer (Malleus maleficarum). Deutscher
Taschenbuch Verlag 2000, ISBN 3-423-30780-3
 Spee, Friedrich von: Cautio Criminalis oder Rechtliches Bedenken wegen der
Hexenprozesse. Deutscher Taschenbuch Verlag 2000, ISBN 3-423-30782-X

[editar] Ficción

 Hasler, Eveline: Anna Göldin. Letzte Hexe, ISBN 3-423-10457-0, ISBN 3-538-
06942-5 (novela histórica sobre el último proceso a una bruja en Suiza)

[editar] Véase también

También podría gustarte