EN DIOS HAY ESPERANZA DE VIDA
Rut 1
INTRODUCCIÓN
La familia.
¿Qué significa que en una familia israelita hayan muerto todos los varones sin dejar
descendencia alguna y no exista posibilidad conocida de suscitarla?
El hambre y la violencia…La muerte, enemigo de la humanidad inevitable, produce dolor y
amargura en el alma. DESAMPARO para tres mujeres viudas…
Esta historia bíblica nos enseña que: “Lejos de Dios hay pérdida, pero si regresamos a
Dios encontramos ESPERANZA de vida”
Dios cuida de sus hijos en medio de las crisis trayendo ESPERANZA cuando
escuchamos su Palabra, caminamos en obediencia y esperar en sus promesas.
En medio del desamparo de tres viudas Dios les DA ESPERANZA CUANDO:
A. ESCUCHAN SU PALABRA. “…se levantó con sus nueras, y regresó de los campos
de Moab; porque “OYO” en el campo de Moab que “JEHOVA había VISITADO a su
pueblo para darles PAN” Vs. 6
Noemí vuelve de Moab, uno de los pueblos considerados como opresores de Israel,
precisamente en tiempos de los jueces, como indica Jue 3. Y de Moab es Rut.
Noemí tiene que emigrar a causa del hambre. Veamos mejor la situación y la ironía que
capta el lector ante las palabras de lamento de Noemí. Va de su pueblo sin medios para
vivir, con hambre y carestía, pero lleva al menos a su marido y sus dos hijos. En Moab
pueden comer y subsistir, pero pierde al marido y los dos hijos.
Es decir, pierde el FUTURO, la DESCENDENCIA. Vuelve sin hambre pero vacía de
hombres. Todo parece decir que la vuelta es peor que la ida. Ahora, aunque pueda
tener bienes, no tiene a nadie. ¿Pero es eso verdad?
El texto que nos ocupa comienza a desmentir esta situación de aparente desgracia. Las
mujeres sin hombres y sin hijos no son nada. Ésa es la convicción general.
En medio de la crisis Dios tiene una PALABRA de ESPERANZA.
Una mujer viuda lidera el REGRESO junto a sus nueras…
La FE es una DECESION. Aunque emocionalmente este dolida por las pérdidas. La tierra
se nos hace “amarga” para que AMEMOS el cielo.
B. CAMINAN EN OBEDIENCIA. Vs. 7 “…y comenzó a CAMINAR para volverse a la
tierra de Judá”
a. Más allá de nuestro propio bienestar. Vs. 8- 10
Andad VOLVED cada una a la casa de su madre; y Jehová haga con vosotras
MISERICORDIA…Vs. 8
Os conceda Jehová que halléis descanso, cada una en su casa de su marido.
Nosotras IREMOS contigo a tu pueblo.
a. Más allá de nuestro propio futuro. Vs. 11-14
Volved hijas mías; ¿para que habéis de ir conmigo? ¿tengo yo más hijos…? No hijas.
Mayor AMARGURA tengo Yo que vosotras. Orfa besó a su suegra…Volvió a Moab.
RUT se quedó con ella
Orpá también es libre y vuelve a su pueblo una vez que ha comenzado un camino de
libertad con Noemí.
Pero Rut ama a Noemí y elige sus nuevas pertenencias.
Esta elección es un momento fundamental en la vida de cualquier persona. Por motivos
diferentes un ser humano puede renunciar a su identidad y pertenencias dadas, incluso las
más sagradas, para elegir pertenecer a otras instancias. Se puede adquirir otra identidad por
libre elección. Y en la mayoría de los casos es señal de madurez, de elección adulta y
responsable. Se puede renunciar a la propia nacionalidad y adscribirse a otra. Se puede
renunciar al Dios de la tradición y elegir otro, más auténtico o menos, o elegir ser
ateo. Se puede, incluso, renunciar a la propia identidad sexual y elegir otra, como vemos en
nuestros tiempos.
Pues bien, Rut renuncia a su identidad moabita, a la pertenencia a su pueblo, cultura,
religión y familia y ELIGE el pueblo, la cultura, la religión y la familia de Noemí. Su suegra no
la engaña, sino todo lo contrario, la hace consciente de sus posibilidades de futuro porque
es joven. Noemí le dice la verdad y llega a mostrarle como ejemplo la conducta lógica de
Orpá. De este modo el narrador hace más valiosa la elección de Rut que queda realzada.
Pero el motivo que se desprende es el AMOR que tiene a su suegra (“…tu nuera que te
AMA…4.15). Muestra de ello es la referencia continua a la segunda persona que aparece en
su discurso a la suegra: donde TÚ vivas... donde TÚ vayas... TU pueblo... TU Dios... El
contraste que propone el narrador entre el personaje de Rut y el de Orpá no es la
oposición malo-bueno.
Orpá no ha elegido mal, ni algo malo. Su elección es buena. El contraste tiene como
finalidad ensalzar a la heroína, por eso la elección se dirime entre bueno y mejor. Orpá
no es un personaje negativo, sin embargo contrasta con la decisión de Rut que cautiva al
lector desde el comienzo.
Esta adhesión personal y afectiva de Rut a Noemí conlleva en seguida unos efectos.
No es una mera confesión emotiva. Tampoco aparece como pura dependencia porque Rut
personaliza. El ritmo paralelo y correlativo del pronombre y posesivo de segunda persona tú
y de primera persona mi indica el proceso personalizador que el afecto realiza en Rut. Y
prueba de la efectividad es que se marcha con la suegra y se juega su futuro con
ella. La última frase implica un primer reconocimiento del Dios de Israel, cuando dice: «Que
el Señor me castigue.»
b. La FE es una CONVICCION. Vs. 15- 18 “…vuélvete tú tras ella… Vs. 15
No me ruegues que te deje y me aparte de ti porque:
1. Donde quiere que tú fueres iré YO
2. Dondequiera que vivieres, viviré
3. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios
4. Donde tú murieres, moriré YO y allí seré sepultada…
C. ESPERAN EN SUS PROMESAS Vs. 19- 22 . “Anduvieron, pues ellas dos hasta que
llegaron a Belén…”
a. Toda la ciudad se conmovió por causa de ellas…¿No es está Noemí (Dulce)? No
llamadme “Amarga”. Grande es la amargura que me ha puesto el Todopoderoso…
Yo fue LLENA (esposa, los hijos), pero Jehová me ha VUELVO con las manos vacías… el
Todopodero me ha afligido. Dios llena a las vidas vacías por su GRACIA.
b. Esperanza. “Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada” Vs. 22
4:11. “Testigos somos. Jehová haga a la MUJER que entra en tu CASA como Raquel
y Lea, las cuales EDIFICARON la CASA de Israel…y seas de RENOMBRE en BELEN…”
4:14. Loado sea Jehová, que hizo que NO te faltase hoy pariente, cuyo nombre será
celebrado en Israel; el cual será RESTAURADOR de tu alma y sustentara tu vejez; puies tu
nuera que te AMA, lo ha dado a luz; y ella es de más VALOR para ti que siete hijos” Obed
abuelo del rey DAVID.
Noemí llega a su pueblo. La gente la reconoce aunque la frase de saludo es ambigua. ¡Si es
Noemí! puede entenderse como un comentario gozoso de volverla a recibir en el pueblo o
puede entenderse como una expresión de incredulidad y cierta perplejidad: ¿Cómo es que
has vuelto? ¿No te han ido bien las cosas? Y posiblemente tenga este doble significado.
Lo cierto es que ella se siente obligada a dar una explicación.
Noemí advierte el contraste irónico entre su nombre, dador de identidad, y la
situación en la que se encuentra. Por eso corrige su nombre, es decir, corrige su
identidad y lo hace en un marco religioso. La creencia de que la calamidad era castigo de
Dios y responsabilidad de cada cual, se deja ver en sus palabras correctoras.
Noemí significa la dulce. La historia completa, cuando llega a su fin la reprende por NO
CONFIAR en lo que su propio nombre indica y le predice. Ella es la verdadera
protagonista de este relato, la que SE LEVANTA (1,6, el verbo qüm se utiliza a menudo para
iniciar historias de trascendencia para Israel) y comienza esta historia y a la que, al final, le
ha nacido un hijo (de Rut, 4,17) dando fin así al relato.
A Noemí, la conciencia de su identidad narrada en su nombre y la propia honestidad, le
llevan a no soportar ser lo que no es. Por eso a la pregunta de las mujeres sobre su
identidad «¿No es ésta Noemí?», cuando vuelve a Belén responde con una rectificación a su
identidad, a su nombre: «No me llaméis Noemí (la dulce), llamadme Mará (la amarga)»
(1,19-20), indicativa del resumen de su vida que es su situación actual: fue llevada de su
país por su marido, por su muerte quedó viuda, se le murieron sus dos hijos y ahora no
tiene seguridad y además tiene hambre. Su suerte va en dos direcciones divergentes:
cuando salió de su Belén natal estaba llena porque iba con marido e hijos, pero le faltaba
comida (hambre en su tierra).
Ahora vuelve vacía, sin marido e hijos, a su tierra que está llena porque Dios le ha dado
pan. La falta de unidad de las dos dimensiones de su vida crean la tensión con la que
comienza la historia. Y será su nuera Rut la que una ambas cuestiones después de una
compleja mezcla de situaciones.
Más que virtudes morales familiares
Habría que trasladarse mentalmente a la época en que se desarrolla la acción del libro de
Rut, para comprender el drama de la familia de Elimélec que llevan consigo las dos mujeres
solitarias: Noemí y Rut, y desde esta perspectiva estudiar la finalidad del libro
¿Qué significa que en una familia israelita hayan muerto todos los varones sin dejar
descendencia alguna y no exista posibilidad conocida de suscitarla?
Significa la pérdida del nombre (cf Rut 4,5), lo que equivale a la aniquilación total de
la existencia, a la eliminación de la pertenencia a una estirpe y, consiguientemente,
al pueblo de los antepasados. Es, por tanto, como si no se hubiera existido.
El matrimonio entre Rut y Boaz da la solución a un problema que parecía insoluble
es el final feliz de una triste historia
Pero la solución de esta historia crea una nueva serie de interrogantes a los lectores,
oyentes e intérpretes de todos los tiempos ¿Cómo se explica que el rey mas representativo
del pueblo de Israel descienda directamente de una hija de Moab-Rut la moabita-, pueblo
despreciado y odiado en Israel? ¿Qué clase de matrimonio es el de Rut y Boaz? ¿A qué
legislación se ajusta, a la del levirato? El matrimonio entre Rut y Boaz es mixto, ¿qué
sentido tiene este matrimonio en la hipótesis, nada inverosímil, de que el libro haya sido
escrito después de Esdras y Nehemias?
El relato del libro de Rut está de tal manera concebido que debe terminar en boda. Esta es el
fin natural de todas las peripecias que acontecen desde el principio. El autor conduce con
mano maestra la acción de los personajes y prepara el animo de los lectores para asistir
activamente a la boda entre Boaz y Rut, entre un betlemita y una moabita Los más que
probables prejuicios en contra del matrimonio entre un israelita y una extranjera caen
por tierra gracias a la consumada habilidad del autor. Él ha sabido entrelazar la simpatía en
favor de Rut, la moabita, con una situación que tiene algún parecido con el de la institución
ancestral en Israel y pueblos vecinos, el levirato.
En aquellos tiempos se tenían en muy alta estima los valores de la estirpe y de la
familia, entre los que sobresalía el que ningún miembro de ella, especialmente varón,
quedara sin descendencia. Era una cuestión de honor familiar, que se plasmó en la ley
del levirato «Sí dos hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin hijos, la viuda no
saldrá de casa para casarse con un extraño, su cuñado se casará con ella y cumplirá con
ella los deberes legales de cuñado, el primogénito que nazca continuará el nom- bre del
hermano muerto, y así no se extinguirá su nombre en Israel» (Dt 25,5-6)
En Gen 38 Judá pone en práctica esta ley o costumbre «Judá le busco mujer a Er, su
primogénito, la mujer se llamaba Tamar. Pero Er, el primogénito de Judá, no agradaba al
Señor, y el Señor lo hizo morir. Entonces Judá dijo a Onán Cásate con la viuda de tu
hermano, según tu obli- gación de cuñado, y procúrale descendencia a tu hermano Pero
Onán, sa- biendo que la descendencia no iba a ser suya, cuando se llegaba a la viuda de su
hermano derramaba por tierra para no procurar descendencia a su hermano. Desagradó al
Señor lo que hacía y lo hizo morir también» (Gen 38, 6-10). La histona sigue, pero queda
constancia de que el levirato " estaba reconocido en Israel. Es evidente que el levirato, en
sentido estricto, no se aplica al matrimonio entre Rut y Boaz, puesto que Boaz no es cuñado
de Rut, pero muchos autores los relacionan entre sí.
Matrimonios mixtos y matrimonio entre Rut y Boaz
En el matrimonio entre Rut y Boaz hay otros aspectos tan importantes o más que el del
levirato, como es el de ser un matrimonio mixto: una y otro pertenecen a pueblos
diferentes, que no adoran al mismo Dios. ¿Se ha propuesto el autor de Rut dar una
respuesta a este grave problema?
Apertura de universalidad
Creo que de una u otra manera todos los comentaristas, antiguos y modernos, están
conformes en subrayar uno de los aspectos más positivos del libro de Rut: su apertura a
la universalidad. Lo que en Israel siempre se consideró un privilegio, es decir, la
manifestación de la bondad del Señor con su pueblo, se hace extensible a todos los
pueblos. Un soplo de bondad, un espíritu de comprensión recorre todo el libro y es como
su columna vertebral. La aceptación de Rut, la moabita, en la sociedad rural de Belén,
corazón histórico del pueblo de Israel, ES PARADIGMA y símbolo de lo que Dios quiere
entre todos los pueblos y naciones. Con razón los autores han relacionado el espíritu que
alienta en el libro de Rut con el del libro de Jonás y con el cumplimiento de las bendiciones
divinas a los Patriarcas, má- xima aspiración de un pueblo con un larguísimo recorrido
histórico.
Y un hombre emigro. La escasez de alimentos y de recursos para sobrevivir ha sido
siempre una de las causas principales para emigrar de un sitio a otro. Es ley de vida a la
que obedecen hasta los mismos animales. En nuestro relato el hambre es un mero
recurso literario para hacer que una familia se ponga en movimiento, salga del lugar
seguro de su patria y vaya al inseguro del extranjero, desde Belén de Juda a la campiña
de Moab" Belén de Juda (Jue 19, 1-2 18, 1 Sam 17,12), la patria de David (1 Sam 16,1,
17,12), a unos 8 Km al sur de Jerusalen.
La campiña de Moab es una denominación tan amplia que es difícil determinar. Por Moab
se entiende principalmente el territorio al este del mar Muerto desde wadi el-Hesa al sur
hasta poco más al norte del Arnon (wadi el- Mojib) Al este de Moab se extiende el desierto '"
La comunicación entre Belén de Juda y Moab no era difícil, si se bordeaba el norte del mar
Muerto por Jericó.
16 Rut quiere interrumpir definitivamente la cantinela de Noemí, su resolución es
irrevocable No insistas mas No da razón ninguna, pero sin duda es el afecto, el amor a
Noemí lo que hace que se funda con ella en un mismo destino. Adonde tu vayas, iré
yo Si Rut no se aleja de Noemí, es que seguirá siempre con ella En v 14 leíamos que «Rut se
quedó con ella», con Noemí, literalmente «se adhirió a ella», en contraposición a Orfá que se
separó de Noemí y volvió a su casa, a su pueblo Rut tiene intención de seguir a Noemí en su
viaje de retorno y de asentarse donde ella se asiente donde tu vivas, viviré yo. Porque
también ella espera, como Noemí, descansar y establecerse definitivamente en Belén de
Judá, de donde había salido Noemí hace años en busca del sustento necesario. La unión
entre Rut y Noemí es tan estrecha, tan fuerte que no sólo compartirán camino y
residencia, sino también nacionalidad y religión. El autor pone en boca de Rut las
palabras más solemnes que un israelita puede pensar Tu pueblo es mi pueblo y tu Dios mi
Dios Desde este momento y por libre elección Rut, la moabita, se considera a sí misma parte
integrante del pueblo de Israel y fiel adoradora de su Dios, que es el Dios de Noemí*
ACCION INTENSIFICADA. FE EN EL CAMINO
1. Decisión de regresar
2. Convicción de acompañar
2. Contexto
El libro de los Jueces situaba el origen de la concubina del levita en Belén. Allí va su marido
a buscarla. Y a Belén, que es su ciudad de origen, vuelve Noemí, protagonista del libro de
Rut. Podemos fijarnos fundamentalmente en el contraste y en algunas semejanzas no sólo
de estas dos mujeres, sino de ambos libros. El libro de los Jueces se caracteriza, como decía
en su momento, por la violencia y la guerra, la conquista y el espacio público de la
política en el que actúan los hombres. El libro de Rut, en cambio, se caracteriza por la paz,
el diálogo, el mundo de la convivencia privada más típico o estereotípico de las mujeres. Y
este contraste es más palpable en lo que a las mujeres se refiere. Si la concubina no tenía
voz, ni palabra, ni un grito siquiera para pedir ayuda, si se encontraba sometida,
dependiente como propiedad del marido... en Rut aparece todo lo contrario: son mujeres
independientes, solas, protagonistas de sus propias vidas que pueden amar y
sentirse amadas. Y la figura masculina central, Booz, difiere de las figuras de los hombres
del libro de los Jueces y aparece, asimismo, en fuerte contraste. Y todo ello, según Rut 1,1,
«en tiempo de los jueces». Posiblemente, como ha indicado algún autor contemporáneo, se
trate de una estrategia irónica que agudiza el contraste y da que pensar al lector.
Es el contraste el que predomina también en lo que a los personajes secundarios se refiere.
Y cada uno de ellos resalta por ese contraste. Como quedaba indicado en la introducción al
libro, la escena del texto que vamos a comentar pertenece a la puesta en marcha del relato y
narra las circunstancias por las que Noemí vuelve a su pueblo natal con una de sus
nueras.
En este momento de la historia la misma Noemí juega con el significado de su nombre y
pretende dar una clave de significado a toda su historia presente y futura, sobre todo al
explicar su vuelta.
A menudo en la Biblia la identidad de un personaje está expresada en su nombre. Hay
ocasiones en que incluso ese nombre decide la propia historia. Y es que Israel condensa
esas historias en sus personajes y así los nombres acaban siendo auténticas narraciones
(nombres narrados).
En el libro de Rut encontramos algo parecido y es el final de la historia el que nos da las
claves de su comprensión global. Así en 4,11, los ancianos que actúan como testigos en los
asuntos legales de Booz, la ley del go'el y la del levirato, le dicen en una especie de coro o de
voz colectiva: «Que YHWH haga que la mujer que entra en tu casa sea como Raquel y
como Lía, las dos edificaron la casa de Israel. Hazte poderoso en Efratá y créate un
nombre en Belén. Que tu casa sea como la de Fares, que Tamar parió a Judá, por la
descendencia que YHWH te dará de esta joven.» La casa de Israel está edificada sobre
personas. La historia del pueblo no es la sucesión de hechos externos, no son los
aconteceres del azar. La historia de Israel la sustentan y la protagonizan unos nombres
cargados de historia o, mejor, unas historias llenas de nombres con significado. Y no es un
juego de palabras, porque es cierto que los personajes llevan su nombre o su identidad
hechos uno con lo que cada uno protagoniza.
Y en sus interrelaciones, con sus complejidades, sus ambigüedades, sus aciertos y sus
equivocaciones, Dios va tomando partido. Es ese partido el que va delineando unos rasgos
que hacen que esas historias sean la historia sagrada, la misma historia de Dios. Y éste
es otro de los grandes contrastes entre Jueces y Rut. Jueces (los hombres dirigen su
historia) en Rut (Dios dirige la historia de los personajes)
El libro de Rut nos habla de unos personajes con nombre propio. En el comienzo de la
historia hay tres mujeres que se quedan solas. Y esa soledad es punto de partida. La
iniciativa de una de ellas, Noemí, marca un hito no sólo en la historia de Israel, sino en la
misma historia de Jesús. Rut es una de las mujeres ancestros de su genealogía.
Comentario al texto: Lazos afectivos y efectivos
Noemí vuelve de Moab, uno de los pueblos considerados como opresores de Israel,
precisamente en tiempos de los jueces, como indica Jue 3. Y de Moab es Rut.
Una extranjera. Noemí tiene que emigrar a causa del hambre. Veamos mejor la situación
y la ironía que capta el lector ante las palabras de lamento de Noemí. Va de su pueblo sin
medios para vivir, con hambre y carestía, pero lleva al menos a su marido y sus dos hijos.
En Moab pueden comer y subsistir, pero pierde al marido y los dos hijos. Es decir,
pierde el futuro, la descendencia. Vuelve sin hambre pero vacía de hombres. Todo
parece decir que la vuelta es peor que la ida. Ahora, aunque pueda tener bienes, no
tiene a nadie. ¿Pero es eso verdad?
El texto que nos ocupa comienza a desmentir esta situación de aparente desgracia. Las
mujeres sin hombres y sin hijos no son nada. Ésa es la convicción general.
A lo largo de la historia las mismas mujeres se revelarán en su importancia por ellas
mismas. Por eso, las palabras de Noemí, que desea cambiar su nombre, coherentemente con
el desarrollo de su pasada historia, son irónicas. Tiene a Rut, pero no sabe que con ella
tiene un tesoro, como le dirán las mujeres del pueblo en 4,15, una nuera que vale más que
siete hijos.
Rut se presenta aquí como la mujer libre que puede elegir. Por ser mujer tenía el deber de
casarse y tener hijos. Sólo así sería plenamente admitida en su sociedad y posiblemente
también en su propia religión. El destino le era dado. Pero ahora, con la muerte del marido
las cosas cambian. Y es el vínculo afectivo que la une a Noemí el que pone en cuestión sus
pertenencias dadas de etnia, afectos y religión y la sitúa en libertad para elegir. La decide el
cariño a su suegra en uno de los escasísimos textos bíblicos en que las mujeres aparecen
vinculadas y solidarizadas entre sí y en los que aparece un vínculo afectivo tan intenso.
Orpá también es libre y vuelve a su pueblo una vez que ha comenzado un camino de
libertad con Noemí. Pero Rut ama a Noemí y elige sus nuevas pertenencias.
Esta elección es un momento fundamental en la vida de cualquier persona. Por motivos
diferentes un ser humano puede renunciar a su identidad y pertenencias dadas, incluso las
más sagradas, para elegir pertenecer a otras instancias. Se puede adquirir otra identidad por
libre elección. Y en la mayoría de los casos es señal de madurez, de elección adulta y
responsable. Se puede renunciar a la propia nacionalidad y adscribirse a otra. Se puede
renunciar al Dios de la tradición y elegir otro, más auténtico o menos, o elegir ser
ateo. Se puede, incluso, renunciar a la propia identidad sexual y elegir otra, como vemos en
nuestros tiempos. Pues bien, Rut renuncia a su identidad moabita, a la pertenencia a su
pueblo, cultura, religión y familia y elige el pueblo, la cultura, la religión y la familia de
Noemí. Su suegra no la engaña, sino todo lo contrario, la hace consciente de sus
posibilidades de futuro porque es joven. Noemí le dice la verdad y llega a mostrarle como
ejemplo la conducta lógica de Orpá. De este modo el narrador hace más valiosa la elección
de Rut que queda realzada.
Pero el motivo que se desprende es el cariño que tiene a su suegra. Muestra de ello es la
referencia continua a la segunda persona que aparece en su discurso a la suegra: donde tú
vivas... donde tú vayas... tu pueblo... tu Dios... El contraste que propone el narrador
entre el personaje de Rut y el de Orpá no es la oposición malo-bueno.
Orpá no ha elegido mal, ni algo malo. Su elección es buena. El contraste tiene como
finalidad ensalzar a la heroína, por eso la elección se dirime entre bueno y mejor. Orpá
no es un personaje negativo, sin embargo contrasta con la decisión de Rut que cautiva al
lector desde el comienzo.
Esta adhesión personal y afectiva de Rut a Noemí conlleva en seguida unos efectos.
No es una mera confesión emotiva. Tampoco aparece como pura dependencia porque Rut
personaliza. El ritmo paralelo y correlativo del pronombre y posesivo de segunda persona tú
y de primera persona mi indica el proceso personalizador que el afecto realiza en Rut. Y
prueba de la efectividad es que se marcha con la suegra y se juega su futuro con
ella. La última frase implica un primer reconocimiento del Dios de Israel, cuando dice: «Que
el Señor me castigue.»
La identidad de Noemí
Noemí llega a su pueblo. La gente la reconoce aunque la frase de saludo es ambigua. ¡Si es
Noemí! puede entenderse como un comentario gozoso de volverla a recibir en el pueblo o
puede entenderse como una expresión de incredulidad y cierta perplejidad: ¿Cómo es que
has vuelto? ¿No te han ido bien las cosas? Y posiblemente tenga este doble significado.
Lo cierto es que ella se siente obligada a dar una explicación. Noemí advierte el contraste
irónico entre su nombre, dador de identidad, y la situación en la que se encuentra .
Por eso corrige su nombre, es decir, corrige su identidad y lo hace en un marco religioso.
La creencia de que la calamidad era castigo de Dios y responsabilidad de cada cual, se deja
ver en sus palabras correctoras.
Noemí significa la dulce, placentera. La historia completa, cuando llega a su fin la
reprende por NO CONFIAR en lo que su propio nombre indica y le predice. Ella es la
verdadera protagonista de este relato, la que SE LEVANTA (1,6, el verbo qüm se utiliza a
menudo para iniciar historias de trascendencia para Israel) y comienza esta historia y a la
que, al final, le ha nacido un hijo (de Rut, 4,17) dando fin así al relato. A Noemí, la
conciencia de su identidad narrada en su nombre y la propia honestidad, le llevan a no
soportar ser lo que no es. Por eso a la pregunta de las mujeres sobre su identidad «¿No es
ésta Noemí?», cuando vuelve a Belén responde con una rectificación a su identidad, a su
nombre: «No me llaméis Noemí (la dulce), llamadme Mará (la amarga)» (1,19-20),
indicativa del resumen de su vida que es su situación actual: fue llevada de su país por su
marido, por su muerte quedó viuda, se le murieron sus dos hijos y ahora no tiene
seguridad y además tiene hambre. Su suerte va en dos direcciones divergentes: cuando
salió de su Belén natal estaba llena porque iba con marido e hijos, pero le faltaba comida
(hambre en su tierra).
Ahora vuelve vacía, sin marido e hijos, a su tierra que está llena porque Dios le ha dado
pan. La falta de unidad de las dos dimensiones de su vida crean la tensión con la que
comienza la historia. Y será su nuera Rut la que una ambas cuestiones después de una
compleja mezcla de situaciones.
La identidad de Rut
Rut según algunos autores significa compañera. Desde el comienzo aparece caracterizada
por su condición de extranjera, moabita. Moab es para los israelitas una tierra no sólo de
opresión sino de tentación a la promiscuidad.
El amor de Rut a su suegra, que caracteriza su identidad, el texto lo expresa con el verbo
aba, que se utiliza a menudo para hablar del amor fuerte y vinculante en la pareja y para
hablar de afectos muy intensos.
Pero la identidad de Rut no es clara desde el principio. La historia más bien plantea un
cambio y desarrollo en esa identidad que el relato va desvelando poco a poco y que pasa por
diversas etapas que el texto indica por la forma en que ella se nombra a sí misma y por la
forma en que la nombran los otros. Primero ella es ante sí misma y ante los demás sólo una
extranjera (2,10).
Luego se atreve a llamarse sierva (2,13) y más adelante con otra palabra que la acerca más
al status de la concubina, amah (3,9). Y los otros la van nombrando también en un ascenso
progresivo de su status y una clarificación en su identidad: primero es la moabita, y la
nuera de Noemí, a los ojos de Booz es la joven (¿de quién...? 2,5), hija mía (2,8), una mujer
recta (3,11) y al final es la mujer que entra en tu casa (4,11) comparada a las madres de
Israel.
Pero es sólo al final, a la luz de tres mujeres israelitas, Raquel, Lía y Tamar, cuando más
allá de lo que ella dicede sí misma y de la identidad que otros le van dando, se puede
delinear su perfil. Ella acaba siendo la ESPERANZA de Noemí y de Booz. Pero sólo lo
consigue a través de determinadas transgresiones entre las que ocupa un lugar importante
la escena de la noche en la era. Rut representa, en su juventud y aparente escasa identidad,
la importancia del espíritu (vinculado a YHWH y a Israel a través de su amor a Noemí) frente
a la letra (es extranjera, obedece ciertas normas sin saber muy bien qué significan, etc). Y
Dios se pone de parte de ella. A la luz de Raquel y Lía, Rut es la que unifica para el varón
los dos aspectos de la mujer que ambas representan (la belleza y sexualidad y la fecundidad
y maternidad) y la que hace consciente al varón de sus propios temores e inseguridades
ante la mujer como luego dirá el relato en una de sus escenas. Rut es la que haciendo
converger la divergencia de Noemí entre la tierra que da de comer (dimensión social de la
historia: ley del go'el) y la descendencia que dan los hijos (dimensión personal de la
historia, descendencia: ley del levirato) construye la casa de Israel junto con esas tres
mujeres de la historia israelita
(4,11-12).
Pero esta identidad que el libro entero desarrolla tiene una característica básica que
aparece desde el comienzo hasta el final. Rut se define por sus relaciones. Es el rasgo
típico que decide su futuro. EL AMOR POR NOEMÍ.
Y, en seguida, esa relación arrastra otras, como decíamos. Los demás la van identificando
por ellas, hasta que es ella misma la que las personaliza y, por ello, se personaliza y afirma
asentando su propia identidad en elecciones libres y arriesgadas.
La historia comienza en la decisión de Noemí de volver a su tierra natal. Todo empieza,
así, con un movimiento y es el movimiento el que caracteriza a las mujeres de esta
narración. Todas se mueven en algún sentido. Noemí y Rut en una dirección, Orpá en
otra.
No son mujeres pasivas que esperan el futuro o se resignan.
El pasado no las ata.
Las desgracias no inhiben las posibilidades.
Esta movilidad aparece llenando el primer capítulo a través de los numerosos verbos de
movimiento.
Las mujeres entran en el futuro por su propio pie y, con ello muestran asimismo su
capacidad de riesgo.