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León Xiii

El documento describe el pontificado de León XIII, el papa que gobernó la Iglesia Católica desde 1878 hasta 1903. Aborda las relaciones del papado con varios países europeos durante ese periodo, incluyendo Italia, Alemania, Francia y otros, y los esfuerzos de León XIII por modernizar la Iglesia y mejorar las relaciones con los gobiernos seculares.
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León Xiii

El documento describe el pontificado de León XIII, el papa que gobernó la Iglesia Católica desde 1878 hasta 1903. Aborda las relaciones del papado con varios países europeos durante ese periodo, incluyendo Italia, Alemania, Francia y otros, y los esfuerzos de León XIII por modernizar la Iglesia y mejorar las relaciones con los gobiernos seculares.
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UN PROLONGADO PAPA DE TRANSICIÓN.

León XIII (1878-1903). Italia. Alemania. Francia. El Ralliement. Austria. Suiza. Gran
Bretaña. España. Portugal. Magisterio pontificio.

1. León XIII (1878-1903). Después del dogma de la infalibilidad pontificia y la pérdida del
Estado de la Iglesia había dudas sobre el lugar de la celebración del cónclave. Algunos
cardenales (Ledóchowski, Franzelin y Manning) querían que fuese fuera de la Ciudad Eterna, al
final se impuso el sentido común y fue elegido en el Vaticano. El nuevo pontífice iba a ser el
primer papa en un Estado que no formaba parte de la Iglesia. Se deseaba un vicario de Cristo
conciliador, dialogante y capaz de superar la actitud de condena de Pío IX. No querían intervenir
los Estados con sus vetos, salvo que fuese elegido un continuador de Pío IX. Había 74 electores,
asistieron al cónclave 60 y el cardenal Pecci sacó 44 votos. El cónclave de 1878 fue el más breve
de cuantos se habían celebrado a lo largo de la historia. Fue elegido un papa de avanzada edad
(casi 69 años) y de delicada salud: un papa de transición, que luego gobernó la Iglesia casi 26
años y no le sobrevivió ninguno de sus electores. No faltaron, tras su elección, los humorísticos
comentarios italianos: “non è Pio, non è Clemente, Leone senza dente”.

* En el nuevo panorama político de finales de siglo, ya no necesitaba tanto el apoyo de los


regímenes políticos, sino el del pueblo fiel.
* Estados cristianos debían constituir una manifestación pública de la civilización cristiana.
Tuvo como modelo al admirado Inocencio III y la “cristiandad medieval”. No acertó en algunos
aspectos de su programa en la nueva situación política, pero se le escuchó más que a Pío IX.
Procuró mejorar las relaciones con los Estados europeos. Fue el primer papa abierto a las
democracias: maestro en la política, aunque fracasó respecto a la labor política con Italia.
* Nació en Carpineto, cerca de Anagni, (Roma) el 2-03-1810. Fue nuncio en Bruselas
(1843-46), con poco éxito, en tiempos difíciles del catolicismo liberal. Gobernó la sede de
Peruggia durante 32 años, donde aplicó lo aprendido en Bélgica y Alemania y su seminario fue
considerado uno de los mejores de Italia. Fue nombrado cardenal (1853) y a la muerte de
Antonelli (secretario de Estado de Pío IX, a quien le parecía un hombre sospechoso), Pío IX lo
nombró camarlengo (1878). En las cartas pastorales se mostró partidario de una relación
armónica con la cultura moderna.
* Fue elegido con 68 años. Entronizado en 20-2-1878 en la capilla Sixtina y no en la basílica
de San Pedro, como actitud de protesta por el tema de la “cuestión romana”. Murió el
20-07-1903 y está sepultado en la Basílica de Letrán (Roma). Hombre de carácter frío, pero muy
trabajador y con buena cultura clásica. Veía que el origen de muchos males eclesiales estaba en la
falta de autoridad de la Iglesia católica y de liderazgo del romano pontífice. Tomó conciencia de
que la “cuestión social” formaba parte del mensaje integral del Evangelio.

* En su ministerio pontificio se manifestó como un jefe nato: visión clara de las cosas,
dominio de sí mismo, sentido de lo posible y talante pastoral pragmático. Su pontificado supuso
un giro: reconciliar la Iglesia con el mundo moderno. En esta actividad estuvo asistido por sus
cuatro secretarios de Estado: Alessandro Franchi (1878), Lorenzo Nina (1878-1880), Ludovico
Jacobini (1880-1887) y Rampolla del Tindaro (1887-1903). Pero León XIII llevó personalmente
las riendas del poder.

* Trató de cristianizar la vida moderna y modernizar la vida cristiana: apertura del Archivo
Secreto Vaticano y Biblioteca a los investigadores; potenció la Specola Vaticana (observatorio
astronómico y científico); celebró Año Santo en 1900; los jubileos romanos (1888, 1893, 1900,
1902) pretendieron reforzar el valor de la romanidad, que había perdido el poder pontificio, pero
seguía siendo sede de “verdad” para el mundo; consagró la humanidad al Corazón de Jesús
(1899) y potenció la devoción mariana; animó la celebración de congresos eucarísticos
internacionales (1881 y que llegan hasta nuestros días). Comenzó una nueva época con
relaciones más cordiales con los gobiernos europeos. Dice Laboa: “las actitudes de Pío IX y
León XIII no fueron tan diferentes, pero sus estrategias sí lo fueron. León XIII no fue un
pontífice moderno, no comprendió o al menos no aceptó el liberalismo, pero fue consciente de
que el rechazo de la sociedad moderna tal como había hecho su predecesor sólo conducía a la
marginación eclesial” (p. 230). León XIII pasó de la resistencia y condena al acercamiento y al
diálogo, alcanzando un gran respeto y autoridad. Centralizó la Iglesia con los nuevos poderes
concedidos a los nuncios (1885): no eran sólo sus representantes ante los gobiernos, sino también
sus delegados ante los obispos y fieles (consecuencia visible de la definición del Vaticano I).

2. Italia. Defendió la causa del poder temporal usurpado y pretendió recuperar los Estados de la
Iglesia. En este tema siguió la política de Pío IX. En 1881 durante el traslado de los restos de Pío
IX a la Basílica de San Lorenzo, un grupo de intolerantes ofendió verbalmente al difunto
pontífice y pretendieron arrojar su ataúd con el cadáver al río Tíber. León XIII reaccionó con
dureza. El gobierno Crispi se mostró en la línea de la separación hostil. El papa pensó
trasladarse a España y se le ofreció El Escorial. Tampoco los gobiernos italianos se encontraron
en una situación cómoda: no podían contar con el apoyo de los católicos. Una gran figura en la
diplomacia Vaticana fue el Secretario de Estado Mariano Rampola, el papa tenía entonces 77
años y él 44, pero se movió en una actitud prudente y activa.

3. Alemania. Las relaciones Alemania-Santa Sede quedaron marcadas por el problema del
Kulturkampf (= guerra por la cultura). Batalla antieclesiástica que dirigía el canciller Otto
Bismarck, llamado el canciller de hierro, después de vencer a Francia (1870) y a Austria (1866),
dando origen al nuevo imperio alemán (1871) quiso sujetar la Iglesia romana al Estado.
Señalaban como causas: la fundación del partido católico llamado Zentrum (considerados
enemigos del Rey), el dogma de la infalibilidad pontificia, la coalición antigermánica de los
estados católicos, hostilidad al control eclesial de la escuela. Bismarck contaba con el apoyo de
los liberales (antirromanos o antieclesiales) y de los viejos católicos, eran pocos pero con
notables influencias. Se multiplicaron las medidas anticlericales:

* Año 1872: expulsión de jesuitas, redentoristas, lazaristas y PP. del Espíritu Santo.
* Año 1873. Leyes de mayo. Control de las escuelas privadas por el Estado: intromisión
en la organización eclesiástica vetando los nombramientos de párrocos, control de los
seminarios(los seminaristas debían estudiar tres años en la Universidad) y escuelas
confesionales; destitución de cargos; impedimentos al papa y a la curia en la jurisdicción
disciplinar en Alemania; supresión de la exención del servicio militar a los clérigos y otras
normas.

Dice Laboa: “las medidas del Kulturkampf iban, de hecho, contra la Constitución imperial
y contra la libertad de religión y de conciencia y favorecían la intromisión estatal en el ámbito de
las conciencias, pero el canciller Bismarck no parecía atender a estos detalles cuando estaban en
juego los intereses políticos, y su concepción del Estado, absolutamente soberano, con un poder
legislativo ilimitado” (p. 233).

* Año 1876. Todas las sedes episcopales se hallaban vacantes y 1/4 parte de las
parroquias no tenían párroco. El partido de Zentrum (con el carismático Windhorst) comenzó su
ataque en el parlamento. El Kulturkampf fue negativo para la Iglesia y duradero. Con León XIII
comienza un lento cambio de situación, pero también por los intereses políticos de Bismarck.
Los jesuitas no fueron admitidos en Alemania hasta 1917. Entre 1880-1883 se suavizan las
disposiciones antieclesiásticas.
* Año 1883. La situación pastoral en Alemania comienza a cambiar y entra en la vía de la
normalidad, aunque todavía controlada (seminarios).* Año 1887. Bismarck pidió a León XIII
que mediara entre el Imperio y España con motivo de las Islas Carolinas (1885), lo que significa
un cambio en la política y revela el prestigio alcanzado por el papa Pecci.

4. Francia. El centenario de la muerte de Voltaire tuvo un carácter anticatólico, pero fue


matizado con diversas cartas abiertas publicadas por Mons. Dupanloup. Durante el gobierno de
Gambetta el catolicismo francés se hallaba bastante dividido por las diversas opciones políticas:
republicanos, ultramontanos (L’Univers) y liberales (Le Correspondant). Además el ámbito
político-cultural (Zola, Dumas, Taine, Littré, Sully, Proudhomme) no veían con buenos ojos el
prestigio de la Iglesia (congregaciones religiosas, acción caritativo-social y presencia educativa
en la escuela). El propio Gambetta definió el clericalismo como el verdadero enemigo: Le
cléricalisme, voilà l’ennemi, aunque en realidad el ataque iba dirigido a la Iglesia. Radical
campaña anticlerical con dos objetivos: la enseñanza y las órdenes religiosas. En 1880 los
obispos franceses son excluidos del Consejo Superior de Instrucción Pública. Se defiende una
escuela laica, fundamentada en la ciencia, la razón y el patriotismo. Los republicanos pretendían
una unidad nacional, organizando “una humanidad sin Dios y sin rey”. En 1880 se suprime la
Compañía de Jesús y se dispersan 8.000 religiosos y unas 100.000 religiosas de diversas órdenes.
El objetivo era claro: destruir el sistema escolar católico.

5. El Ralliement. León XIII intentó acercarse a la República anticlerical y a los republicanos


tratando de que se suspendiesen las leyes laicistas. Para ello intentó que los católicos aceptasen la
República: invita a los católicos a aceptar el régimen republicano (Nobilíssima Gallorum gens,
1884); indiferencia de la doctrina cristiana respecto a las formas de gobierno (Immortale Dei,
1885). Muchos católicos franceses eran legitimistas y rechazaron las orientaciones del papa. La
encíclica Au milieu des sollicitudes (1892) invita a los franceses a adherirse sin reservas a la
República, pero en muchas diócesis no fue publicada. León XIII trató de facilitar la presencia de
los católicos en la sociedad y se apoyó en el cardenal Lavigerie (arz. de Argel) en la defensa de la
República, siendo sus ideas bien acogidas por los periódicos L’Univers, Le Monde y La Croix.
Pero el cardenal de Paris (Richard) y 62 obispos no aceptaron del todo las orientaciones
pontificias, lo que obligó al papa a dirigir una carta a los cardenales franceses: “Aceptad la
República, es decir, el poder que viene de Dios”.

Las elecciones de 1893 favorecieron a los republicanos moderados, pero no lograron


crear un partido que aglutinase a todos los católicos. Esta desunión favoreció la coalición
Waldeck-Rousseau y su programa anticlerical. A partir de 1898 el tema de Dreyfus modificó la
situación en perjuicio de los católicos, aunque León XIII estaba convencido de la inocencia de
Dreyfus. El nuevo gobierno legisló la Ley de Asociaciones (1901). Consecuencias: desaparición
de congregaciones religiosas, de su labor religiosa y de su presencia social. Unos 20.000
religiosos fueron expulsados. El gobierno francés intentó separar la causa del clero secular del
regular. El error pontificio estuvo en creer que la aceptación de la República tendría como
compensación gubernamental la libertad de conciencia. La política del ralliement fue un fracaso:
los gobiernos siguieron en su línea de desconfianza e intolerancia hacia la Iglesia y se agudizó la
profunda división de los católicos franceses.

6. Austria. El influjo de la Prusia protestante generaba la tentación del tradicional josefinismo:


indebida ingerencia política en el ámbito eclesial. Austria, formada por un mosaico de
nacionalidades, tenía en el catolicismo un factor integrador. El gobierno trató de que el clero no
alentase los movimientos nacionalistas ni la promoción de lenguas en la liturgia, mientras el papa
confiaba en la ayuda de Viena. En Hungría se aprueban leyes que introducen el matrimonio civil
(1884-1895) y normas que restringen los derechos de los católicos en los matrimonios mixtos.
Los católicos conservaron el poder en las escuelas y se organizaron en el Partido popular y en
una Unión de trabajadores.
7. Suiza. La Iglesia sufrió limitaciones y persecución. La Constitución (1874) concede al Estado
federal el poder someter a la Iglesia a sus deseos. Los minoritarios viejos-católicos fueron
favorecidos. León XIII consiguió nombrar algunos obispos suizos: Mons. Mermillod para
Ginebra, no sin protestas calvinistas. Los católicos consiguieron fundar la Universidad católica
de Friburgo, fomentar las organizaciones supracantonales y crear escuelas y colegios. En
Holanda, católicos y calvinistas unidos, consiguieron restablecer la subvención estatal a las
escuelas confesionales (1889) y los católicos fundaron un partido católico (1896).

8. Gran Bretaña. La comunidad católica, que contaba con unos dos millones y medio, estaba
formada por emigrantes irlandeses, ingleses de clases pobres y nobleza rural. El catolicismo
inglés no fue transformado por el espíritu de Newman, más dispuesto al diálogo con las otras
iglesias protestantes, y permaneció cerrado en sí mismo. El cardenal Manning alcanzó gran
popularidad por su mediación en las huelgas del puerto de Londres. Gran Bretaña consideró
como un honor propio el nombramiento cardenalicio de Newman (1878). Mejoraron las
relaciones diplomáticas, pero esto no impidió que el papa considerase inválidas las ordenaciones
anglicanas mediante la bula Apostolicae curae (1896), en cuya redacción intervino Merry del
Val. Esto no debe juzgarse como una actitud antiecuménica. León XIII fundó en Roma el colegio
Beda (1898) para clérigos convertidos del anglicanismo, proclamó doctor dela Iglesia a Beda el
Venerable (1899) y se celebró en Londres el Congreso Eucarístico internacional (1908). Las
relaciones Santa Sede-Irlanda estuvieron llenas de incomprensiones. En Noruega el Parlamento
aprobó una ley (1891) de reconocimiento de la libertad de las Iglesia y mejoró la situación de los
católicos (elección de dirigentes, validez civil del matrimonio canónico, concesión de
personalidad jurídica).

9. España. División de los católicos españoles: integristas y liberales. León XII mantuvo buenas
relaciones con Alfonso XII. Dirigió a los españoles la encíclica Cum multa (1882) invitándoles a
superar los enfrentamientos. El presbítero Sardá y Salvany (1884) publicó El liberalismo es
pecado, obra representativa del talante integrista español, junto con la actitud de algunas
congregaciones religiosas y algunos periódicos (El Siglo Futuro).

Se progresó en los ámbitos caritativo y educativo, en la formación del clero y en las


publicaciones filosófico-científicas: La Ciencia Tomista (1881), La Ciudad de Dios (1891) y
Razón y Fe (1901), abiertas a la problemática europea, pero que no supieron responder a las
experiencias culturales del momento: la Institución Libre de Enseñanza, de Giner de los Ríos. Se
erigió la diócesis de Madrid (1885). La carta Non mediocri cura reforzó la reforma de los
seminarios españoles. Se creó el Colegio Español en Roma por el beato Manuel Domingo y Sol
(1892) y el Seminario de Comillas y pero no fue restaurada la universidad de Salamanca hasta el
franquismo (1940). Estas instituciones renovaron el nivel intelectual y moral del clero español.

Sin embargo, la encíclica Rerum novarum (1891) no fue acogida con excesivo
entusiasmo, pero en la peregrinación a Roma (1894) de 14.000 obreros, aprovechó el papa para
hablar de reconciliación y progreso social. Los congresos católicos nacionales (Madrid, Zaragoza
(1890), Sevilla y otros) tuvieron poca repercusión práctica. No se consiguió la unión entre los
católicos ni entre los obispos: enfrentamiento entre los arzobispos de Toledo (Sancha) y Sevilla
(beato Spínola). No se adaptó la Iglesia a la nueva situación socio-cultural, mucho más
secularizada y plural de lo que parecía. La pérdida de las últimas colonias (Cuba, Filipinas,
Puerto Rico) en 1898 creó un clima de pesimismo nacional.

10. Portugal. Se aprobó una nueva organización diocesana (1881): de 17 diócesis, se pasó a 9
diócesis sufragáneas y 3 metropolitanas. León XIII abrió en Roma el colegio portugués (1900).
La proclamación de la República (1910) entre discursos anticlericales, produjo la separación
Iglesia-Estado, que condenó Pío X (1911). La persecución favoreció la unión eclesial y el
compromiso socio-político. Se crea el Centro católico (1917), instancia de compromiso social y
político. Portugal y la Santa Sede firmaron un concordato y un acuerdo misionero (1940). Con
Salazar hay una mayoría dispuesta al entendimiento con el nuevo Estado nacionalista, pero existe
también un sector social contestatario, cuyo exponente más conocido fue el obispo de Oporto
(Antonio Ferreira Gomes), que fue exiliado (1959).

11. Magisterio pontificio. León XIII estableció relaciones diplomáticas con cuantos países pudo,
firmando concordatos con varias naciones: Austria, Bosnia Herzegovina, Suiza, Montenegro,
Portugal y Colombia. Publicó numerosas encíclicas sobre la legitimidad de las libertades
populares y de la libertad en sí misma. Existen dos aspectos nucleares en su pensamiento:
rechazo de las tesis de Rousseau en el Contrato social y el agnosticismo y sus consecuencias.
Asimismo rechazó la tesis simplificadora de que la Iglesia y la verdad sobrenatural sólo podían
sostenerse en el Antiguo Régimen. Carlistas e integristas españoles no fueron capaces de
sintonizar con él.
Como indica Laboa el mérito de León XIII fue “hacer ver a amigos y enemigos que la
Iglesia era indiferente a los regímenes políticos, que no se identificaba con monarquías o
imperios” (p. 244).
Fomentó asimismo la cohesión eclesial: asociaciones con fines religiosos, caritativos,
culturales y sociales; la prensa; los congresos; los colegios nacionales en Roma; las
canonizaciones (S. Pedro Claver, S. Alfonso Rodríguez, S. Juan Bautista de la Salle; agrupó a las
familias benedictinas; ayudó a los partidos católicos a aceptar sus ideas democristianas. Al final
de su pontificado, debido a su ancianidad, el poder lo ostentaron personas no muy identificadas
con su talante pastoral, pero a su pontificado se le concedió unánimemente un juicio positivo.

J. Mª. LABOA, Historia de la Iglesia. IV: Época Contemporánea (= Sapientia Fidei, 27),
Madrid, BAC, 2002, pp. 227-245.

VIDA RELIGIOSA Y ECLESIAL.

Una Iglesia más compacta. Un clero piadoso y creativo. Métodos de pastoral. Nuevas formas de
presencia. Formación y catecismo. Devociones y espiritualidad. Liturgia, arte y música. Vida
pastoral y espiritual. Misiones populares. Congresos Eucarísticos Internacionales.

El pensamiento dominante parecía conducir al rechazo de todo lo sobrenatural, mientras


que el racionalismo quería convertirse en la clave del pensamiento y de la actuación humana. Sin
embargo hasta el Concilio Vaticano II, en gran parte del mundo católico, las expresiones del
sentimiento religioso popular en su rica multiplicidad han acompañado y enriquecido la vida
religiosa diaria. Los cristianos manifestaron que la existencia humana no era comprensible ni
completa sin el anuncio de Dios en Cristo, expresada en actos colectivos, devociones
institucionalizadas y propagadas.

1. Una Iglesia más compacta


El clero puso el acento en la afectividad, la tradición, la autoridad, favoreciendo un
espíritu de cuerpo eclesial más impermeable, más compacto y más autoritario. Para F. Lamennais
el poder espiritual de la Iglesia católica podía imponerse a todas las fuerzas adversas en la
medida en que se apoyara en la autoridad doctrinal del papado. Hubo un influjo de las normas y
costumbres romanas en la vida diaria de la Iglesia. Surgen multiplicidad de libros, revistas y
hojas de espiritualidad. Personalidades relevantes: S. Juan Bosco, S. Antonio María Claret: nueva
actividad apostólica.
2. Un clero piadoso y creativo
El clero diocesano quedó como el único actor de la evangelización durante la primera
mitad del siglo XIX, ya que la mayoría de las congregaciones religiosas habían desaparecido
debido a la Revolución, desamortización y secularización. El clero era modesto, piadoso y
entregado ejemplarmente a su tarea. La parroquia se convierte en el centro de la evangelización,
en la casa (“hogar de las almas”) de todos y en comunidad misionera en la que todos se sientan
responsables. En su formación la exigencia intelectual no era rigurosa: apenas sobrepasa el nivel
de un catecismo para adultos.

Frente a una educación del sacerdote tradicionalmente concebida como fuga del mundo y
de carácter pesimista, se busca en los seminarios más alumnos santos que sabios. Los sacerdotes
provenían de ámbitos sobre todo rurales, aunque a principios del siglo XX comenzaron a
proliferar las vocaciones urbanas. Algunas congregaciones religiosas (jesuitas y dominicos)
acaparan las pocas vocaciones provenientes de la burguesía y nobleza. La situación económica
del clero era precaria y la intelectual inadecuada para un mundo pluralista y secularizado.

Las leyes liberales tendían a convertir al sacerdote en un ciudadano común, sin ninguno
de los privilegios o consideraciones tradicionales. Los obispos sentían especial preocupación por
la soledad de los sacerdotes. Buscan formas de vida comunitaria y de solidaridad apostólica:
Sacerdotes del Prado, fundados por Antonio Chevrier en 1870; y el Movimiento de la amistad
sacerdotal, fomentado en la diócesis de Vitoria por Rufino Aldabarde. Se fomenta también la
necesidad de practicar con asiduidad la oración mental y los retiros comunitarios: Enrique de
Ossó (Un cuarto de hora de oración, 1890). El cardenal Mercier, arzobispo de Malinas, fue el
primero en hablar de la especificidad de la espiritualidad sacerdotal diocesana, basándola en la
misma naturaleza de su sacerdocio y de su vida apostólica en medio del mundo. Tema que se ido
enriqueciendo en el siglo XX. Nuevas publicaciones: La Vie Spirituelle (1919), Revue
d’ascètique (1920) y el Dictionnaire de Spiritualité (1932).

3. Métodos de pastoral
Abundan los manuales de predicación. Pedagogía del infierno, y de los pecados de la
carne (inmoralidad->moral personal, poco social), el orden civil y político no era posible sin la fe
cristiana. Los enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne. A pesar de todo la Iglesia
tenía gran influencia en la educación familiar. Predomina un cierto talante autoritario. El siglo
XIX fue el siglo de la confesión: practica sacramental esencial (el Cura de Ars y San Alfonso
María Ligorio). Importancia de los manuales de confesión: La llave de oro (1860) del P. Claret.
El sacerdote se convierte en protagonista de algunas novelas (Graham Greene, Guareschi,
Bernanos y otros). Documentos pontificios: Ad catholici sacerdoti (Pío XI, 1925) y Menti
nostrae (Pío XII, 1950).

4. Nuevas formas de presencia


Se multiplicaron las iniciativas en favor de las personas más necesitadas, cada vez más
marginadas y más numerosas. Los cristianos respondieron con instituciones y propuestas
capaces de coordinar la generosidad y los medios existentes y de aliviar la miseria y la
enfermedad. Nacen Caritas (1897) en Colonia y otras instituciones (Guanella, Orione,
Conferencias de San Vicente Paul).
A finales de siglo, ante el aumento de la descristianización y de la indiferencia de las
masas, los sacerdotes salieron de los presbiterios en busca de almas (misiones parroquiales).
Naturalmente, no siempre las formas de pastoral fueron las más adecuadas, ni los obispos fueron
capaces de responder a los retos del mundo moderno secularizado, ni la mayoría de los
sacerdotes tuvo la creatividad necesaria para adaptarse a la nueva mentalidad. Pero no cabe duda
de que era una Iglesia más pobre, sencilla y evangélica, no solo porque había perdido privilegios
tradicionales, sino porque había comprendido mejor el sentido de ser luz y sal del mundo. Se
multiplicaron los sínodos diocesanos y provinciales, pero no se favorecieron los concilios
nacionales por miedo al galicanismo.

5. Formación y catecismo
La vivencia revolucionaria y el exilio incitaron a formar a la juventud y a recristianizar al
campesinado; a esta tarea se dedicaron Chaminade, Champangnat y Rosmini. La enorme
importancia de las congregaciones femeninas en el desarrollo pastoral de los últimos dos siglos
ha llevado a algún historiador a definir el proceso como “feminización de la religión”. Abunda la
credulidad y era necesario madurar y sustanciar las manifestaciones de religiosidad. Era
necesaria una formación más doctrinal. En España fueron muy importantes las Escuelas
Dominicales (Mariano Cortés, S.I.) y Dolores Rodríguez Sopeña (Damas Catequistas).
Sobresale la obra catequética del obispo y beato Manuel González (Málaga y Palencia).

6. Devociones y espiritualidad
Tres son las devociones del momento: la Eucaristía, el Sagrado Corazón de Jesús y la
devoción mariana. En el siglo XIX la recepción de los sacramentos constituía el punto focal de
la acción pastoral, sobre todo la confesión y la comunión pascual. Muy importantes son también
la adoración perpetua y la adoración nocturna. La comunión frecuente fue extendiéndose
lentamente con una cuidada preparación de la primera comunión. S. Pío X establece la edad de
la primera comunión a los 7 años y que fuesen capaces de distinguir el pan eucarístico del
ordinario. Se va implantando una espiritualidad más confiada y optimista. “No hay que rezar y
cantar en misa, sino rezar y cantar la misa”.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se convirtió en el estímulo más poderoso


gracias a los jesuitas que favorecieron su propagación. Pío IX incluyó en el calendario litúrgico
la fiesta del Sagrado Corazón (1856) y en 1864 beatificó a Margarita Mª de Alacoque. León XIII
consagró el mundo al Sagrado Corazón (1899). El rey Alfonso XIII consagro España al Sagrado
Corazón en el Cerro de los Ángeles (1923). Surgieron devociones subsidiarias: 1º viernes,
monumentos... Planteamiento penitencial, expiatorio, reparador y cercanía con Cristo sufriente.
Favoreció el desarrollo de la cristología. Fue muy decisiva también la devoción mariana. La
devoción a S. José tuvo menos intensidad. Las devociones a santos fueron también muy
numerosas.
7. Liturgia, arte y música
Nace un interés por la purificación y revalorización de la liturgia. Dom Guéranger hizo
más comprensiva la liturgia al tiempo que favorecía el abandono de los ritos regionales y la
adopción del rito romano. Dom Photier trabajó por la reconstrucción del oficio gregoriano. Pío
X presentó el gregoriano como el modelo de música sacra. Reformó el Breviario y sus
disposiciones sobre el Misal romano. Pío XII, publica la encíclica Mediator Dei y lleva a cabo la
reforma de la Semana Santa. El Concilio Vaticano II publica la constitución Sacrosanctum
Concilium. Alcanzó en España gran popularidad la Misa de San Pío X, que se cantaba en muchos
pueblos. El romanticismo llevó a la revalorización del gótico y al convencimiento de que se
trataba de un arte profundamente religioso.

8. Vida pastoral y espiritual


Sacerdotes y laicos buscan mejorar la vida religiosa y espiritual de la sociedad. La prensa
se convirtió en un arma de doble filo. Los movimientos y personas anticlericales usaron y
abusaron de ella para atacar a la Iglesia. Buena parte del clero leía estos periódicos como base de
sus sermones. Cuando la Iglesia no pudo ya con la censura, favoreció la llamada “buena
prensa” (periódicos y revistas que favoreciesen su doctrina) en las diversas naciones (Cf. Laboa,
p. 263-264). La Iglesia vio con nitidez los problemas a los que enfrentaba la familia con la
institución del matrimonio civil y del divorcio, y con la propagación de unas costumbres más
libres. A finales del siglo XIX se multiplicó el interés por el sentido espiritual de la vida tanto en
su vertiente mundana como eclesial. La vuelta a la figura de Cristo y la meditación de sus
misterios fortaleció y enriqueció la vida espiritual. En los ámbitos intelectuales se produjo un
movimiento de vuelta al cristianismo, aunque no eran claras todavía las condiciones. Autores que
nos ayudan a comprender el cristianismo de su tiempo: G. Greene, Chesterton, J. Green,
Bernanos, Bloy, Claudel, Mauriac, Péguy, Papini, Unamuno, Torrente Ballester.

9. Misiones populares
En una sociedad con un alto nivel de analfabetismo, las misiones fueron una llamada de
atención a la conciencia individual y a los valores cristianos. Duraban 3-4 semanas con varias
charlas al día. El objetivo: la confesión y la comunión. León XIII fue consciente del necesario
apoyo de los seglares a la Iglesia para poder influir en la sociedad: surgen interesantes iniciativas
en diversos países. Varios teólogos van matizando la idea de la Iglesia como “sociedad perfecta”
clerical y jurídica, para insistir en la idea de “cuerpo místico” y pueblo de Dios. Los cristianos
poco a poco van tomando conciencia de la necesidad de renovarse interiormente, de reconquistar
la presencia espiritual en la vida social y de reconciliar la Iglesia con la cultura moderna.

J.Mª. LABOA, Historia de la Iglesia. IV. Contemporánea, pp.247-267.

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