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Mito

1. Sísifo era un astuto rey de Corinto que engañó a los dioses en varias ocasiones. Como castigo, los dioses ordenaron a Tánatos, el dios de la muerte, que diera muerte a Sísifo. Sin embargo, Sísifo engañó a Tánatos y lo encarceló. 2. Como resultado, nadie podía morir durante ese tiempo. Hades, el dios del inframundo, se enfureció y le pidió a Zeus que castigara a Sísifo. 3. El castigo
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Mito

1. Sísifo era un astuto rey de Corinto que engañó a los dioses en varias ocasiones. Como castigo, los dioses ordenaron a Tánatos, el dios de la muerte, que diera muerte a Sísifo. Sin embargo, Sísifo engañó a Tánatos y lo encarceló. 2. Como resultado, nadie podía morir durante ese tiempo. Hades, el dios del inframundo, se enfureció y le pidió a Zeus que castigara a Sísifo. 3. El castigo
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LOS MITOS SON LAS NARRACIONES Y DOCTRINAS TRADICIONALES, NO JUSTIFICADAS RACIONALMENTE, Y GENERALMENTE TRASMITIDAS

POR LOS POETAS, ACERCA DEL MUNDO, LOS HOMBRES Y LOS DIOSES.

Del griego mythos (palabra, narración, discurso). En el mundo griego, los mitos eran narraciones transmitidas oralmente
y fueron sistematizadas por Hesíodo (“Teogonía” y “Los Trabajos y los Días”) y Homero (“La Iliada” y “La Odisea”). Los mitos
contaban a los griegos el origen del mundo, el origen, relación genealógica y número de los dioses, el origen del hombre...;
describían igualmente aspectos vitales como los relativos a la vida, la muerte, el amor, el destino, la libertad, la culpa. Los
mitos les enseñaban también reglas políticas, sociales y morales, e incluso reglas técnicas para la fabricación de armas y
útiles de trabajo.
Con la aparición de la filosofía los mitos compitieron con las descripciones racionales en su pretensión de explicar los
acontecimientos básicos de la Naturaleza (tormentas, viento, nacimiento de animales y hombres) y el sentido último de la
existencia.
ACTITUD MÍTICA
EL RASGO PECULIAR DE ESTA ACTITUD CONSISTE EN UTILIZAR MITOS, RELATOS O LEYENDAS PARA COMPRENDER Y DOMINAR EL
MUNDO, CASI SIEMPRE APELANDO A LA INTERVENCIÓN DE FUERZAS MÁGICAS O SOBRENATURALES.

Aunque la antropología no ha llegado a una conclusión unánimemente aceptada en cuanto al significado y valor de los
mitos, las siguientes consideraciones parecen bastante obvias: todas las culturas tienen mitos, lo que muestra qué estos y la
actitud vital fundamental que los genera deben descansar en cuestiones de absoluta necesidad para el hombre; y las
necesidades básicas del hombre se refieren a dos géneros de problemas:
problemas relativos a su vida práctica, tales como la obtención de alimentos, la victoria en la guerra, la cura de las
enfermedades, la procreación...
problemas teóricos en la comprensión del mundo: es común a todos los seres humanos la necesidad de comprender cómo
es el mundo, de qué entidades está poblado, de dónde viene el grupo al que uno pertenece y en último término la especie
humana misma, qué se sigue tras la enfermedad y la muerte...; todas las culturas han intentado dar soluciones teóricas a
estas grandes cuestiones, y, hasta la aparición de la filosofía y la ciencia, las soluciones han tenido la forma de mitos o
leyendas y de descripciones religiosas.
La cuestión fundamental en la que se resumen los dos géneros de problemas anteriores y en la que hay que situar una de
las claves para la comprensión de la actitud mítica es la angustia ante el futuro y ante la ignorancia del entorno.
La actitud mítica genera mitos, ritos y fetiches como instrumentos fundamentales para la resolución de aquellos problemas
básicos. La facultad que más interviene en la creación de mitos, ritos y fetiches es la imaginación.
Cabe destacar tres rasgos en la “lógica” de la actitud mítica:
1. Personifica y diviniza las fuerzas naturales: la muerte, la vida, el amor, el trueno, la guerra, la fertilidad, la lluvia... son
dioses a los que se les puede pedir una intervención beneficiosa para el individuo y el grupo mediante oraciones y plegarias.
2. Los sucesos del mundo se hacen depender de la voluntad de un dios: si no llueve o si llueve en exceso es porque
no se ha rendido culto adecuadamente al dios de la lluvia; si una enfermedad diezma nuestro poblado es porque un dios
está irritado con nosotros; si perdemos la guerra es porque el enemigo tenía dioses más poderosos que los nuestros...
3. Los objetos tienen propiedades distintas a las naturales: una piedra tras el ritual correspondiente por el que se
convierte en talismán, es mágica, no posee sólo las propiedades naturales (peso, tamaño, dureza...), además con ella
curamos enfermedades, convocamos a los dioses o a los espíritus...
Mediante los mitos el hombre conseguía dar una explicación a los distintos acontecimientos de su vida, tanto los relativos
a cuestiones concretas pero fundamentales de su existencia (el desenlace de una batalla, la muerte de un amigo...), como a
los grandes problemas de la vida (el nacimiento, la muerte, el sufrimiento, el origen del mundo...), y mediante los ritos y
los fetiches creía poder dominar las fuerzas de la naturaleza y de la vida social de acuerdo con sus propios intereses.
Estos tres elementos llevan a considerar que en el mundo reina el capricho, la ARBITRARIEDAD de los dioses, y, por lo
tanto, que en la actitud mítica el mundo se presenta como siendo un CAOS más que un Cosmos. Los dioses son arbitrarios
en su conducta, aunque no tanto como para que no se puedan controlar mediante ritos y plegarias (no es extraño que un
elemento común en toda cultura que posea mitos sea el que los hombres pueden atraer la voluntad de sus dioses mediante
algún tipo de práctica ritual).
El mundo griego anterior a la aparición de la filosofía vivía instalado en esta actitud; el gran acontecimiento espiritual que
inician los griegos en el siglo VI a.C. consiste precisamente en intentar superar esta forma de estar ante el mundo con otra
forma revolucionaria que apuesta por la razón como el instrumento de conocimiento y de dominio de la realidad. Sin embargo,
no hay que creer que la actitud mítica desaparece completamente a partir de esta fecha, más bien ocurre que son unas pocas
personas las que viven en el nuevo y revolucionario modo de pensar, y que éste poco a poco se va haciendo más universal.
Pero la actitud mítica todavía no ha desaparecido: en nuestra época muchos siguen confiando en explicaciones de este tipo,
y personas que parecían haber conquistado definitivamente este nuevo estado, caen en la actitud mítica cuando su vida se
torna difícil o en ella hay imprevistos no solucionables con el ejercicio de la razón.
Actitud Racional
Actitud consistente en utilizar la razón para la comprensión y dominio del mundo natural y humano.
Frente a la explicación mítica del mundo aparece en Grecia en el siglo VI a. C. la actitud racional, actitud en la que se debe
englobar no sólo la filosofía sino también la ciencia pues en este momento no hay fronteras definidas entre ambas.
La categoría más importante de este nuevo estado mental es la de necesidad: las cosas suceden cuando, donde y como
deben suceder. El griego descubre que las cosas del mundo están ordenadas siguiendo leyes, descubren que el mundo es
un COSMOS, no un Caos.
Además, los griegos desarrollaron otro concepto vinculado profundamente con el anterior: el concepto de permanencia
o esencia. El que las cosas se comporten siguiendo leyes quiere decir que un cuerpo no se manifiesta primero de una manera
y luego de otra completamente distinta, sino que en su manifestación hay cierto orden, hay sólo un ámbito de posibilidades
para la expresión de cada objeto, y eso es así en virtud de lo que los griegos denominaron Esencia o Naturaleza de los objetos.
A partir de esta actitud racional los primeros pensadores griegos desarrollaron una serie de conceptos opuestos que han
influido radicalmente en la filosofía posterior:

SENTIDOS RAZÓN

CONOCIMIENTO
CONOCIMIENTO
IMPERFECTO O MERA
PERFECTO O CIENCIA
OPINIÓN

APARIENCIA REALIDAD

la pluralidad la unidad

lo cambiante lo permanente

lo que parece ser (los lo que es (la esencia o


fenómenos) naturaleza)

lo particular lo universal

Es habitual resumir la diferencia entre la actitud mítica y la racional mediante la frase


“la filosofía nace con el paso del mito al logos” y el siguiente esquema:

MITO IMAGINACIÓN ARBITRARIEDAD CAOS

LOGOS RAZÓN NECESIDAD COSMOS


1. El mito de Sísifo
Sísifo fue un personaje de la mitología griega que fundó el reino de Corinto. Era tan astuto que había conseguido engañar a
los dioses. Ambicionaba el dinero y para conseguirlo recurría a cualquier forma de engaño. También se dice de él, que fomentó
la navegación y el comercio.
La leyenda cuenta que Sísifo fue testigo del secuestro de Egina, una ninfa, por parte del dios Zeus. Decide guardar silencio
frente al hecho, hasta que su padre, Asopo, dios de los ríos, llega a Corinto preguntando por ella. Es cuando Sísifo encuentra
su oportunidad para proponerle un intercambio: el secreto, a cambio de una fuente de agua dulce para Corinto. Asopo acepta.
Al enterarse, Zeus entra en cólera y envía a Tánatos, dios de la muerte, para que dé muerte a Sísifo. La apariencia de Tánatos
era terrorífica, pero Sísifo no se inmuta. Lo recibe amablemente y lo invita a comer en una celda, en la que lo sorprende
haciéndolo prisionero de un momento a otro.
Por un tiempo prolongado, nadie murió y el que ahora entra en cólera es Hades, dios del inframundo. Este último exige a Zeus
(su hermano) que resuelva la situación. Zeus decide enviar a Ares, dios de la guerra, para que libere a Tánatos y conduzca a
Sísifo al inframundo. Sin embargo, con anticipación Sísifo había pedido a su esposa que cuando muriera no le rindiera honras
fúnebres. La mujer cumplió cabalmente con el compromiso.
Estando Sísifo ya en el inframundo, empezó a quejarse con Hades. Le dijo que su esposa no cumplía con el deber sagrado
de rendirle honra fúnebre alguna. Hades lo ignoró en principio, pero debido a su insistencia le otorgó el favor de volver a la
vida para reprender a su esposa por tal ofensa. Por supuesto, Sísifo tenía planeado de antemano no regresar al inframundo.
Vivió por muchos años hasta que finalmente accedió a ser regresado por Tánatos al inframundo.
Estando allí, Zeus y Hades, que para nada estaban contentos con las tretas de Sísifo, deciden imponerle un castigo ejemplar.
Dicho castigo, consistía en subir una pesada piedra por la ladera de una montaña empinada. Y cuando estuviera a punto de
llegar a la cima, la gran roca caería hacia el valle, para que él nuevamente volviera a subirla. Esto tendría que repetirse
sucesivamente por toda la eternidad.

1. El mito de Sísifo
Sísifo fue un personaje de la mitología griega que fundó el reino de Corinto. Era tan astuto que había conseguido engañar a
los dioses. Ambicionaba el dinero y para conseguirlo recurría a cualquier forma de engaño. También se dice de él, que fomentó
la navegación y el comercio.
La leyenda cuenta que Sísifo fue testigo del secuestro de Egina, una ninfa, por parte del dios Zeus. Decide guardar silencio
frente al hecho, hasta que su padre, Asopo, dios de los ríos, llega a Corinto preguntando por ella. Es cuando Sísifo encuentra
su oportunidad para proponerle un intercambio: el secreto, a cambio de una fuente de agua dulce para Corinto. Asopo acepta.
Al enterarse, Zeus entra en cólera y envía a Tánatos, dios de la muerte, para que dé muerte a Sísifo. La apariencia de Tánatos
era terrorífica, pero Sísifo no se inmuta. Lo recibe amablemente y lo invita a comer en una celda, en la que lo sorprende
haciéndolo prisionero de un momento a otro.
Por un tiempo prolongado, nadie murió y el que ahora entra en cólera es Hades, dios del inframundo. Este último exige a Zeus
(su hermano) que resuelva la situación. Zeus decide enviar a Ares, dios de la guerra, para que libere a Tánatos y conduzca a
Sísifo al inframundo. Sin embargo, con anticipación Sísifo había pedido a su esposa que cuando muriera no le rindiera honras
fúnebres. La mujer cumplió cabalmente con el compromiso.
Estando Sísifo ya en el inframundo, empezó a quejarse con Hades. Le dijo que su esposa no cumplía con el deber sagrado
de rendirle honra fúnebre alguna. Hades lo ignoró en principio, pero debido a su insistencia le otorgó el favor de volver a la
vida para reprender a su esposa por tal ofensa. Por supuesto, Sísifo tenía planeado de antemano no regresar al inframundo.
Vivió por muchos años hasta que finalmente accedió a ser regresado por Tánatos al inframundo.
Estando allí, Zeus y Hades, que para nada estaban contentos con las tretas de Sísifo, deciden imponerle un castigo ejemplar.
Dicho castigo, consistía en subir una pesada piedra por la ladera de una montaña empinada. Y cuando estuviera a punto de
llegar a la cima, la gran roca caería hacia el valle, para que él nuevamente volviera a subirla. Esto tendría que repetirse
sucesivamente por toda la eternidad.
2. Mito Prometeo y el robo del fuego
De acuerdo con la mitología más aceptada, Prometeo era hijo de Jápeto y la oceánide Asia o de la también oceánide Clímene.
Era hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio, a los que superaba en astucia y engaños. No tenía miedo a ninguno de los dioses,
y ridiculizó a Zeus y a su poca perspicacia. Sin embargo, Esquilo afirmaba en su Prometeo encadenado que era hijo de Gea
o Temis. Según una versión minoritaria, el gigante Eurimedonte violó a Hera cuando esta era una niña y engendró a Prometeo,
lo que causó la furia de Zeus.
Prometeo fue un gran benefactor de la humanidad. Urdió un primer engaño contra Zeus al realizar el sacrificio de un gran buey
que dividió a continuación en dos partes: en una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre del buey
y en la otra puso los huesos pero los cubrió de apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses.
Zeus eligió la capa de grasa y se llenó de cólera cuando vio que en realidad había escogido los huesos. Desde entonces los
hombres queman en los sacrificios los huesos para ofrecerlos a los dioses, y comen la carne.
Indignado por este engaño, Zeus prohibió a los hombres el fuego. Prometeo decidió robarlo, así que subió al monte Olimpo y
lo cogió del carro de Helios o de la forja de Hefesto, y lo consiguió devolver a los hombres en el tallo de una cañaheja, que
arde lentamente y resulta muy apropiado para este fin. De esta forma la humanidad pudo calentarse y utilizarlo para llevar a
cabo sacrificios de animales.
En otras versiones (notablemente, el Protágoras de Platón), Prometeo robaba las artes de Hefesto y Atenea, se llevaba
también el fuego porque sin él no servían para nada, y proporcionaba de esta forma al hombre los medios con los que ganarse
la vida.
Para vengarse por esta segunda ofensa, Zeus ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla llamada Pandora. Zeus le
infundió vida y la envió por medio de Hermes al hermano de Prometeo, Epimeteo, en cuya casa se encontraba la jarra que
contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quería castigar a la humanidad.
Epimeteo se casó con ella para aplacar la ira de Zeus por haberla rechazado una primera vez (a causa de las advertencias de
su hermano de no aceptar ningún regalo de los dioses; en castigo Prometeo sería encadenado). Pandora terminaría abriendo
el ánfora, tal y como Zeus había previsto.
Tras vengarse así de la humanidad, Zeus se vengó también de Prometeo e hizo que lo llevaran al Cáucaso, o al Argimusco
donde fue encadenado por Hefesto con la ayuda de Bía y Cratos. Zeus envió un águila (hija de los monstruos Tifón y Equidna)
para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo este inmortal, su hígado volvía a crecer cada noche, y el águila volvía a
comérselo cada día. Este castigo había de durar para siempre, pero Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de
camino al jardín de las Hespérides y lo liberó disparando una flecha al águila. Esta vez no le importó a Zeus que Prometeo
evitase de nuevo su castigo, ya que este acto de liberación y misericordia ayudaba a la glorificación del mito de Heracles,
quien era hijo de Zeus. Prometeo fue así liberado, aunque debía llevar con él un anillo unido a un trozo de la roca a la que fue
encadenado.
Agradecido, Prometeo reveló a Heracles el modo de obtener las manzanas doradas de las Hespérides.
Sin embargo, en otra versión Prometeo fue liberado por Hefesto tras revelar a Zeus el destino de que si tenía un hijo con la
nereida Tetis, este hijo llegaría a ser más poderoso que su padre, quien quiera que este fuera. Por ello Zeus evitó tener a Tetis
como consorte y el hijo que tuvo esta con Peleo fue Aquiles quien, tal y como decía la profecía, llegó a ser más poderoso que
su padre.
3. El mito de Eco y Narciso
Eco era una ninfa del bosque que protagonizó varios mitos y leyendas. Era muy charlatana y juguetona, y solía entretener así
a la diosa Hera, mientras su esposo, Zeus, aprovechaba para irse a hacer de las suyas.
Cuando Hera se enteró de las infidelidades de Zeus, condenó a la ninfa Eco a no poder hablar por sí misma, sino sólo repetir
las últimas palabras de lo que escuchara. Asustada y maldita, Eco abandonó los bosques que solía habitar y se recluyó en
una cueva cerca de un riachuelo.
Por otra parte, Narciso era un joven de gran belleza que al nacer, el adivino Tiresias predijo que ver su propia imagen en un
espejo causaría su perdición. Advertida, su madre evitó siempre espejos y demás objetos en los que Narciso pudiera verse
reflejado.

Así creció ignorando la enorme belleza con la que contaba y se volvió un muchacho muy introvertido. Le gustaba dar largas
caminatas, sumergido en sus pensamientos, y en una oportunidad pasó cerca de la cueva de Eco, que al verlo –sin que él la
notara- quedó fascinada por él.
Narciso repitió varias veces el paseo cerca de la cueva de Eco, y ella siempre le esperaba y le seguía de lejos para admirarlo.
Un día, sin darse cuenta, la ninfa pisó una ramita seca y el ruido hizo que Narciso la descubriera. Le preguntó que hacía allí y
por qué lo seguía, pero ella no pudo más que repetir las últimas palabras. Él continuó hablando y ella repitiendo, sin poder
decir lo que realmente quería.
Finalmente, y con ayuda de animales del bosque, Eco pudo confesarle su amor a Narciso. Esperanzada, la pobre Eco sólo
recibió de parte de Narciso una risa que le rompió el corazón y regresó a su cueva llorando. Allí permaneció sin moverse,
repitiendo las últimas palabras de Narciso: «qué tonta… tonta…», y así se consumió, volviéndose una con la cueva y dejando
sólo su voz flotando en el aire.
Otra versión cuenta que Eco era una ninfa del agua y que sí podía hablar cuando conoció a Narciso, pero éste pasaba horas
mirando su reflejo en el estanque. La ninfa le pidió ayuda a Afrodita, puesto que el joven la ignoraba. Afrodita le dijo que haría
que Narciso le prestara atención sólo por unos minutos y que en ese tiempo ella debía enamorarlo. De lo contrario, quedaría
condenada a repetir las últimas palabras de los hombres. Claro que la pobre ninfa no lo logró.
Sin embargo, Narciso no salió impune. Se dice que la diosa Némesis, que había presenciado todo, aprovechó uno de los
paseos de Narciso para despertar en él una poderosa sed. El joven recordó el riachuelo junto a la cueva de Eco al beber de
él, vio su imagen reflejada en el agua. Tal como había predicho Tiresias, su propia imagen causó su perdición, pues quedó
tan admirado de ésta que ahí mismo murió de inanición. Otras versiones dicen que se ahogó al querer reunirse con su amado
reflejo en el agua. Allí donde él murió, surgió una flor que lleva su nombre: el Narciso, que crece sobre las aguas, reflejándose
en ellas.
4. Mito de Aquiles, el invencible
Para la mitología griega, Aquiles fue el principal héroe de la Guerra de Troya y el más fuerte, rápido y bello guerrero de la
Iliada de Homero. Hijo de Peleo, rey de los Mirmidones en Ftia, y de Tetis, una ninfa marina, Aquiles era considerado invencible,
pero no inmortal.
Para explicar la invulnerabilidad de Aquiles, existen dos versiones: una nos dice cuando nació, su madre Tetis lo sostuvo del
talón y lo sumergió en el río Estigia para volverlo inmortal, pero su talón jamás tocó las aguas, permaneciendo vulnerable como
el de cualquier otro mortal.
Otra versión cuenta que Tetis lo ponía al fuego del hogar para quemar las partes mortales de su cuerpo y luego ungía al niño
con ambrosía, hasta que fue interrumpida por Peleo, quien le arrebató al niño de sus manos y éste quedó con un talón
carbonizado. Enfurecida, Tetis los abandonó a ambos y Peleo sustituyó el talón quemado de Aquiles por la taba del gigante
Dámiso, famoso por su gran velocidad. Esta versión también comenta por qué le llamaban “el de los pies ligeros”.
Aquiles creció junto a Patroclo en el monte Pelión, donde se alimentaba de fieros jabalíes, entrañas de león y médula de oso
para aumentar su valentía. También aprendió el tiro con arco, el arte de la elocuencia y el canto, y la curación de las heridas.
Si bien la Ilíada de Homero es el relato más famoso de las hazañas de Aquiles en la Guerra de Troya, ésta solamente abarca
unas pocas semanas de la guerra y no narra la muerte de Aquiles.
Durante una de las batallas, los troyanos lograron hacer retroceder a las fuerzas griegas y asaltaron sus barcos. Dirigidos por
el príncipe Héctor, los griegos parecían estar a punto de caer, hasta que Patroclo logró repeler a los troyanos de las playas,
pero murió a manos de Héctor antes de que lograsen tomar la ciudad de Troya.
Cuando Aquiles supo la noticia, la ira y el dolor lo invadieron de tal manera que estuvo a punto de quitarse la vida. Patroclo
fue velado toda la noche, y Aquiles juró que vengaría su muerte. Le pidió a su madre una nueva y más poderosa armadura y
salió al campo de combate, donde mató a Héctor y luego ató su cuerpo inerte a su carro, arrastrándolo por nueve días en
torno a los muros de Troya, sin permitir que tuviera los ritos funerales. Hasta que la ayuda del dios Hermes, el rey Príamo lo
convenció a Aquiles de que le permitiese celebrar los ritos funerarios de su hijo.
El poderoso Aquiles, aparentemente invencible, finalmente fue derrotado por el príncipe troyano Paris, quien le disparó una
flecha envenenada según algunas versiones dirigida por el dios Apolo al talón izquierdo y lo mató. Sus restos fueron mezclados
con los de su gran amigo Patroclo y su mítica armadura abrió una disputa entre Ulises y Áyax el Grande, primo mayor de
Aquiles. Luego su madre Tetis consiguió para su hijo la inmortalidad y esté vivió en la isla de Leuce en la desembocadura del
Danubio, donde se le rindió culto
5. Mito de Perseo y medusa
Medusa, que significa guardiana o protectora, era una bellísima sacerdotisa del templo de Atenea (diosa de la sabiduría).
Tenía unos hermosos cabellos que la dotaban de una belleza sin igual. Muchos eran los pretendientes y enamorados de
Medusa.
Poseidón, dios del mar, quedo prendido de la belleza de la sacerdotisa. Enamorado de ella, elaboro un plan para reunirse con
su amada. Poseidón se transformó en ave para entrar en el templo de Atenea y juntarse con Medusa. La diosa Atenea se
sintió muy ofendida, no le gusto que su templo fuese usado para otros fines distintos a los que tenía destinados. Desato su
enfado contra Medusa y como castigo, trasformo sus hermosos cabellos en serpientes y otorgo un don fatal a los ojos de la
sacerdotisa: el poder de transformar en piedra a todos cuantos mirarse.
La joven sacerdotisa se convirtió en una especie de terrible monstruo con serpientes en el cabello y causando con su mirada
la transformación en piedra de todo aquel que miraba. Los dioses completaron con horror el mal que estaba provocando
Medusa y quisieron acabar con ella, para dar por finalizados los males.
Polidectes, el rey de Sérifos, decidió enviar a Perseo, hijo del Dios Zeus y la mortal Dánae, para que matara a Medusa. Para
que Perseo logrará su objetivo, los dioses le otorgaron útiles regalos: Hermes, dios de las fronteras y los viajeros le dio unas
sandalias aladas y una capa de invisibilidad. Hades, dios de los muertos, una espada, un casco y un escudo espejado. Atenea
le ofreció su espejo. Con el escudo y el espejo, Perseo podría ver los objetos sin poder ser visto. Así podría ver a Medusa sin
ser visto por ella y convertido en piedra.
Así fue como Perseo, llegó hasta la sacerdotisa sin que esta se percatase de su presencia, conducido por Atenea cortó la
cabeza de Medusa. Esta cabeza se convirtió en un trofeo para Perseo, lo llevaba a todas partes y lo empleaba para convertir
en piedra a todos sus enemigos.
Perseo logró vencer a todos sus enemigos y le entrego a Atenea la cabeza de Medusa.

5. Mito de Perseo y medusa


Medusa, que significa guardiana o protectora, era una bellísima sacerdotisa del templo de Atenea (diosa de la sabiduría).
Tenía unos hermosos cabellos que la dotaban de una belleza sin igual. Muchos eran los pretendientes y enamorados de
Medusa.
Poseidón, dios del mar, quedo prendido de la belleza de la sacerdotisa. Enamorado de ella, elaboro un plan para reunirse con
su amada. Poseidón se transformó en ave para entrar en el templo de Atenea y juntarse con Medusa. La diosa Atenea se
sintió muy ofendida, no le gusto que su templo fuese usado para otros fines distintos a los que tenía destinados. Desato su
enfado contra Medusa y como castigo, trasformo sus hermosos cabellos en serpientes y otorgo un don fatal a los ojos de la
sacerdotisa: el poder de transformar en piedra a todos cuantos mirarse.
La joven sacerdotisa se convirtió en una especie de terrible monstruo con serpientes en el cabello y causando con su mirada
la transformación en piedra de todo aquel que miraba. Los dioses completaron con horror el mal que estaba provocando
Medusa y quisieron acabar con ella, para dar por finalizados los males.
Polidectes, el rey de Sérifos, decidió enviar a Perseo, hijo del Dios Zeus y la mortal Dánae, para que matara a Medusa. Para
que Perseo logrará su objetivo, los dioses le otorgaron útiles regalos: Hermes, dios de las fronteras y los viajeros le dio unas
sandalias aladas y una capa de invisibilidad. Hades, dios de los muertos, una espada, un casco y un escudo espejado. Atenea
le ofreció su espejo. Con el escudo y el espejo, Perseo podría ver los objetos sin poder ser visto. Así podría ver a Medusa sin
ser visto por ella y convertido en piedra.
Así fue como Perseo, llegó hasta la sacerdotisa sin que esta se percatase de su presencia, conducido por Atenea cortó la
cabeza de Medusa. Esta cabeza se convirtió en un trofeo para Perseo, lo llevaba a todas partes y lo empleaba para convertir
en piedra a todos sus enemigos.
Perseo logró vencer a todos sus enemigos y le entrego a Atenea la cabeza de Medusa.
6. El mito de Eurídice
Eurídice era una dríade (ninfa) y era a la esposa de Orfeo (poeta y músico divino).
Orfeo amaba profundamente a su bella esposa quien acostumbraba pasear con las náyades.
Una vez en que la bella Eurídece caminaba en uno de sus paseos, por un prado de Tracia fue vista -según Virgilo- por Arsisteo,
quien prendado inmediatamente de ella, la persigue para hacerla suya. Ella escapa con gran velocidad y miedo, pues su
corazón sólo le pertenece a Orfeo. En su huída, Eurídice es mordida por una serpiente y muere.
Orfeo, desconsolado la llora y su desesperación no encuentra consuelo, por lo que toma la arriesgada decisión de ir en busca
de su dulce y amada esposa al Hades, la tierra de los muertos.
Con su dulce canto y su poesías, Orfeo logró conmover a Caronte, quien lo deja atravesar el río Estigia, límite entre el mundo
de los vivos y los muertos. Después, también con sus habilidades artísticas Orfeo logra convencer a Perséfone y a Hades de
que le permitan llevarse a Eurídice.
Las divinidades subterráneas aceptan que se la lleve, pero Orfeo debe prometer que no intentará ver a su esposa hasta que
la haya llevado a la luz del sol.
Entonces, según lo convenido, Eurídice seguía a Orfeo en el camino hacia la luz, y en el momento en que estaban a punto de
abandonar las oscuras profundidades, Orfeo tuvo dudas.
Así, empezó a pensar en la posibilidad de que Perséfone lo hubiera engañado y que Eurídice no viniera tras él, por lo que no
pudo soportar la tentación y se volvió para mirarla y corroborar que ella venía con él.
Cuando esto ocurrió, Eurídice fue arrastrada por una fuerza irresistible otra vez hacia el Hades. Orfeo, desesperado, intenta ir
de nuevo a rescatar a su amada, pero esta vez Caronte no se lo permite.
Orfeo regresó a la Tierra solo y desamparado y mantuvo fidelidad a su esposa hasta su muerte.

6. El mito de Eurídice
Eurídice era una dríade (ninfa) y era a la esposa de Orfeo (poeta y músico divino).
Orfeo amaba profundamente a su bella esposa quien acostumbraba pasear con las náyades.
Una vez en que la bella Eurídece caminaba en uno de sus paseos, por un prado de Tracia fue vista -según Virgilo- por Arsisteo,
quien prendado inmediatamente de ella, la persigue para hacerla suya. Ella escapa con gran velocidad y miedo, pues su
corazón sólo le pertenece a Orfeo. En su huída, Eurídice es mordida por una serpiente y muere.
Orfeo, desconsolado la llora y su desesperación no encuentra consuelo, por lo que toma la arriesgada decisión de ir en busca
de su dulce y amada esposa al Hades, la tierra de los muertos.
Con su dulce canto y su poesías, Orfeo logró conmover a Caronte, quien lo deja atravesar el río Estigia, límite entre el mundo
de los vivos y los muertos. Después, también con sus habilidades artísticas Orfeo logra convencer a Perséfone y a Hades de
que le permitan llevarse a Eurídice.
Las divinidades subterráneas aceptan que se la lleve, pero Orfeo debe prometer que no intentará ver a su esposa hasta que
la haya llevado a la luz del sol.
Entonces, según lo convenido, Eurídice seguía a Orfeo en el camino hacia la luz, y en el momento en que estaban a punto de
abandonar las oscuras profundidades, Orfeo tuvo dudas.
Así, empezó a pensar en la posibilidad de que Perséfone lo hubiera engañado y que Eurídice no viniera tras él, por lo que no
pudo soportar la tentación y se volvió para mirarla y corroborar que ella venía con él.
Cuando esto ocurrió, Eurídice fue arrastrada por una fuerza irresistible otra vez hacia el Hades. Orfeo, desesperado, intenta ir
de nuevo a rescatar a su amada, pero esta vez Caronte no se lo permite.
Orfeo regresó a la Tierra solo y desamparado y mantuvo fidelidad a su esposa hasta su muerte.
7. TESEO Y EL MINOTAURO
El Rey Minos, de Creta, tenía varios hijos: Ariadna, Fedra, Glauco, Catreo, pero su predilecto era Androgeo, joven fuerte y
vencedor en el gimnasio y la palestra.
Cuando en Atenas se organizaron los juegos en honor de Palas Atenea, se reunieron los mejores atletas griegos, y allí partió
Androgeo, para medirse con los más fuertes paladines de la Hélade, con el beneplácito de Minos, quien esperaba a su hijo
regresar con la corona del triunfo.
El joven príncipe logró vencer en todas las pruebas a sus rivales, los mejores campeones de la ciudad. Pero los atenienses,
en lugar de victorearlo, hicieron recaer su furia sobre él, por haber derrotado a sus luchadores, y esa misma noche le dieron
muerte.
Al recibir la noticia el Rey Minos, sintió un inmenso dolor, pero inmediatamente se despertó en él un irrefrenable deseo de
venganza, y marchó con un numeroso ejército a sitiar a Atenas, hasta que logró que se rindieran incondicionalmente, e impuso
condiciones y penas terribles.
Entre sus condiciones, estableció que durante nueve años, los atenienses debían enviar a la isla de Creta a siete robustos
jóvenes y a siete doncellas, quienes serían las víctimas que se ofrecerían para ser devorados por el minotauro.
El minotauro, mitad hombre y mitad toro, vivía en un laberinto, cercano a Cnosos, capital de Creta. Estaba encerrado en dicho
laberinto y se alimentaba de carne humana, de esclavos y prisioneros de guerra, así como los jóvenes atenienses, que enviaba
el rey Minos.
Año a año, llegaban los mensajeros de Creta a elegir a sus víctimas.
Al tercer año, un joven y gallardo joven hijo del rey ateniense Egeo, llamado Teseo, se ofreció voluntariamente, pues se
consideraba capaz de enfrentar y dar muerte al minotauro.
Al enterarse el Rey Minos, expresó:
- Como miembro de la familia real estás eximido de ir como víctima. Pero si insistes, te diré que, aunque mates al minotauro,
jamás encontrarás la salida del laberinto.
-No me importa- respondió el joven Teseo, me basta con matar al monstruo y ser útil a Atenas.
Ariadna, quien escuchó el diálogo, secretamente, por la noche se acercó al joven y le entregó un puñal y un ovillo de hilo,
diciendo:
-Con este puñal mágico, podrás atravesar el corazón del minotauro, y si sigues el hilo de este ovillo podrás hallar la salida.
Agradecido quedó el joven Teseo, y penetró en el laberinto, desenvolviendo el ovillo de hilo. Durante horas recorrió el laberinto
hasta enfrentarse con la bestia. Después de ardua lucha, logró atravesar el corazón del monstruo con el puñal que le entregara
la bella Ariadna. El minotauro expiró entre convulsiones. Y Teseo rescató a sus compañeros, con los que emprendió el camino
de regreso siguiendo el hilo.
Fue aclamado por la gente de Cnosos por haberlos liberado del monstruo y del salvaje castigo que año a año debían tributar
al minotauro.
Teseo, victorioso, regresó a Atenas en su nave con las velas desplegadas.
8. El mito de Ícaro
El mito de Ícaro no comienza con la construcción por parte de su padre, Dédalo, de las alas para escapar de Creta. Tampoco
con la construcción del laberinto del Minotauro. No. El origen de este mito hay que buscarlo antes, en el momento en el que
el rey Minos promete a Poseidón sacrificar el primer ser que surja del mar.

Poseidón hizo salir del agua un hermoso ejemplar de toro blanco. Minos, lejos de cumplir su palabra, se apiadó del precioso
animal y lo incorporó a su rebaño como uno más de sus animales.
Cómo todos sabemos, si hay algo que molestaba a los dioses griegos era la falta de respeto a su persona. Eran dioses
bastante engreídos y este tipo de actos eran vistos como una total afrenta. Así pues, Poseidón se enfadó muchísimo, y quiso
por tanto castigar a Minos. Hizo que su esposa, Pasífae, se enamorara perdidamente de este toro blanco.
Así sucedió. La reina quedó completamente embaucada por las formas y color de este gran animal. Tanto fue su amor, que
Dédalo se vio obligado a construir una vaca de madera para meterse dentro, así podría estar con su objeto de deseo. El toro,
nada más ver la vaca de madera, decidió montarla, algo que daría como resultado un embarazo y un horrible hijo, el Minotauro.
Fue en este momento cuando Minos pidió a Dédalo construir un laberinto para encerrar al Minotauro. Un laberinto realmente
complejo que nadie jamás sería capaz de descifrar. Nadie excepto Teseo, que aleccionado por Ariadna, que a su vez había
conseguido la información del mismo Dédalo, consiguió penetrar en este laberinto y dar muerte al famoso Minotauro.
Minos se enfadó considerablemente, y decide encerrar tanto a Dédalo como a su hijo en el laberinto, con el fin de que jamás
pudieran salir de esa trampa.
Dédalo era un hombre de recursos, así pues, fabricó para él y su hijo unas alas para poder escapar volando. Las fijó con cera
en los hombros de Ícaro y en los suyos, y acto seguido emprendieron el vuelo.
El padre aconsejó a su hijo que no volcara demasiado alto. No obstante, Ícaro era joven, imprudente y orgulloso. Decidió no
hacer caso a las indicaciones de su padre y comenzó a elevarse más de lo recomendable. Tanta altura tomó que el sol
comenzó a impactar directamente sobre la cera, derritiéndola y haciendo que Ícaro, desprovisto de sus alas, se precipitara
hacia el vacío.
Otra versión indica que no eran alas, eran barcos de vela. Según esta versión, Dédalo habría inventado así la primera vela
conocida por los hombres, construyendo un barco para él y otro para su hijo. No obstante, su hijo fue incapaz de controlar este
vehículo y pereció en alta mar.
9. El mito de Edipo
En Edipo rey, Sófocles narra la versión más conocida de este mito: Edipo, muchacho lleno de virtudes y cualidades heroicas,
condenado a violar el orden natural, no puede escapar de su destino.
Los reyes de Tebas, Layo y Yocasta, habían acudido a Delfos, donde el oráculo predijo que su hijo mataría a su padre y
yacería con su madre. Por eso, cuando Yocasta dio a luz a un niño, Layo le perforó los pies y lo abandonó, atado en un monte.
Allí fue encontrado por un pastor, que lo salvó y se lo llevó a los reyes de Corinto, Póbilo y Mérope, que le dieron el nombre
de Edipo ("pie hinchado")
Años después, durante una celebración, un muchacho se mofó de Edipo, y lo acusó de no ser hijo de Póbilo. Aquello dejó
confuso y dolido a Edipo, que viajó hasta Delfos para consultar al oráculo, quien le advirtió de que daría muerte a su padre y
desposaría a su madre. Edipo, creyendo que escaparía de aquel destino, huyó a de Corinto. Por el camino, mató a un hombre,
por desgracia, era Layo, su padre, aunque Edipo no lo supiese en aquel momento.
Antes de llegar a Tebas, Edipo tuvo que enfrentarse con la Esfinge, un monstruo que asesinaba a todo aquel que no pudiese
responder a sus cuestiones y no dejaba de atormentar a los tebanos. El acertijo fue: "¿Qué tiene cuatro piernas por la mañana,
dos al mediodía y tres por la tarde?". Edipo acertó respondiendo "El hombre" (ya que gatea siendo bebé, camina erguido
durante su madurez y se sirve de un bastón en la vejez), y la Esfinge, llena de furia, se suicidó ahogándose en el mar. De este
modo, Edipo fue recibido como un héroe en la cuidad. Fue nombrado rey, y le pidieron que se casase con la reina, Yocasta,
que acababa de convertirse en viuda. Tebas se convirtió en una ciudad próspera durante su reinado, y con su esposa-madre
tuvo cuatro hijos: dos varones, Polinices y Eteocles, y dos muchachas, Antígona e Ismene.
La prosperidad terminó años después, cuando Tebas fue víctima de la sequía, el hambre y las enfermedades. Edipo se dirigió
una vez más al oráculo de Delfos en busca de respuestas, y su respuesta fue que los males cesarían una vez que los tebanos
expulsasen al asesino de Layo. Entonces, Edipo emprendió la búsqueda, y consultó al famoso adivino Tiresias, y de este
modo descubrió la horrible verdad: aquel hombre al que había asesinado en el camino era su verdadero padre y, para mayor
estupor, Edipo había desposado a su madre y se había acostado con ella.
Después de conocer tan terrible verdad, Yocasta se suicidó ahorcándose y Edipo se arrancó los ojos. Repudiado por todos,
incluso por sus hijos, Edipo se exilió, acompañado sólo por su hija Antígona, quien lo cuidaría hasta su muerte.
10. Odiseo y el canto de las sirenas.
Después de pasar una larga temporada en el palacio de Circe, Ulises emprendió definitivamente el camino a Ítaca. La diosa,
antes de dejarle marchar, le adelantó algunas de las aventuras que iba a vivir en los siguientes días. La primera de ellas sería
el encuentro con las sirenas.

Las sirenas han sido siempre famosas conquistadoras del amor, porque según la mitología eran capaces de hechizar con su
voz a los marinos con la intención de raptarlos. Al cantar, parecían ser hermosas doncellas, pero los que se entregaban ante
sus encantos, pronto averiguaban su verdadera naturaleza. El canto de las sirenas servía para desviarles de su camino hacia
un lugar sin salida, por lo que las sirenas podrían acabar con los marineros. Vivían en la isla de Artemisa, donde yacían los
huesos de los marineros que habían sido atraídos por sus tentadores cantos.
Ulises, advertido del peligro de este canto hechicero, pidió a sus marineros que le atasen al mástil del barco, habiendo antes
colocado en los oídos de sus marinos tapones de cera para prevenir que los marineros cayesen en la trampa de las sirenas.
Ulises, al atravesar la zona de peligro, pudo ver y escuchar, y sin embargo no pudo moverse ni pidió a sus hombres que lo
desataran en momentos de tentación. Cuenta el mito que las sirenas, devastadas por su fracaso, se lanzaron al mar y murieron
ahogadas.

10. Odiseo y el canto de las sirenas.


Después de pasar una larga temporada en el palacio de Circe, Ulises emprendió definitivamente el camino a Ítaca. La diosa,
antes de dejarle marchar, le adelantó algunas de las aventuras que iba a vivir en los siguientes días. La primera de ellas sería
el encuentro con las sirenas.

Las sirenas han sido siempre famosas conquistadoras del amor, porque según la mitología eran capaces de hechizar con su
voz a los marinos con la intención de raptarlos. Al cantar, parecían ser hermosas doncellas, pero los que se entregaban ante
sus encantos, pronto averiguaban su verdadera naturaleza. El canto de las sirenas servía para desviarles de su camino hacia
un lugar sin salida, por lo que las sirenas podrían acabar con los marineros. Vivían en la isla de Artemisa, donde yacían los
huesos de los marineros que habían sido atraídos por sus tentadores cantos.
Ulises, advertido del peligro de este canto hechicero, pidió a sus marineros que le atasen al mástil del barco, habiendo antes
colocado en los oídos de sus marinos tapones de cera para prevenir que los marineros cayesen en la trampa de las sirenas.
Ulises, al atravesar la zona de peligro, pudo ver y escuchar, y sin embargo no pudo moverse ni pidió a sus hombres que lo
desataran en momentos de tentación. Cuenta el mito que las sirenas, devastadas por su fracaso, se lanzaron al mar y murieron
ahogadas.
11. El mito de la caverna

Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo
ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que
tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos,
la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo
largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el
público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
- Ya lo veo-dijo.
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa
la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos
portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus
compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar
ante ellos?
- Forzosamente.
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que
pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus!- dijo.
- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos
fabricados.
- Es enteramente forzoso-dijo.
- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza,
les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a
andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos
objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes
y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más
verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno
de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que
entonces se le mostraba?
- Mucho más-dijo.
II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia
aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .?
- Así es -dijo.
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de
haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz,
tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante
todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos.
Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de
las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
- ¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol
en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
- Necesariamente -dijo.
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de
la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no
crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que,
por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían
pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder,
¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos,
o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin
patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los
ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente -dijo.
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las
sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que
necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos
estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de
echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?.
- Claro que sí -dijo.
III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar
la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En
cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma
hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad
sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y
con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que
hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella
la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su
vida privada o pública.
- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.

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