NO QUIERO MIGAJAS
R.A
El poder del conformismo
Tiempo atrás al terminar de predicar un domingo por la mañana se acercó una mujer
para pedirme oración por un problema que debía resolver. Cuando le pregunté qué
esperaba recibir del Señor me respondió: “Y… me conformo con lo que sea”. En ese
momento comenzó a dar vueltas dentro de mí algo una ira santa. No podía aceptar que
una persona se presentara ante un apóstol con una unción reconocida para quebrar
yugos financieros y se conformara sólo con las sobras de la bendición. Cuando la
confronté con este pensamiento religioso absurdo me citó el pasaje de las Escrituras
donde la mujer siro fenicia declaró: “Sí, Señor… pero hasta los perros comen debajo de
la mesa las migajas que dejan los hijos” (Marcos 7:28).
El error de esta persona fue que aún se consideraba indigna para participar del
banquete preparado por el Señor. Cuando Jesucristo dio su vida por cada uno de
nosotros abrió el camino para que todos los que lo reciban como su salvador personal
puedan salir de debajo de la mesa para sentarse con libertad a disfrutar del banquete
del Padre. Pero la mentalidad religiosa no le permite a la gente sentirse libres como para
disfrutar de todos los beneficios que el Señor conquistó en la Cruz. Dios no nos hace un
favor cuando nos invita a sentarnos en su mesa a disfrutar de su compañía, ¡está
reconociendo nuestro derecho adquirido cuando nos adoptó como sus hijos!
Más allá de las posibilidades
Jesucristo declaró que todo es posible para el que cree. Esto significa que la única
condición para ver las maravillas de Dios, y disfrutar de todos los beneficios adquiridos
de su bendición, es creer que en el poder del Señor todas las cosas son sí y amén, sin
importar su grado de complejidad. Si un enfermo cree que puede ser libre de la
enfermedad será completamente sano por el poder manifiesto del Espíritu Santo en su
vida. Lograr esto es imposible si consideramos sólo nuestras fuerzas humanas, porque
son limitadas; pero cuando abrimos un espacio por medio de la fe para que el poder de
Dios se manifieste accedemos a un plano ilimitado de gobierno.
El Señor estableció a su Iglesia para cambiar el curso de los destinos de la humanidad,
porque nuestras acciones determinarán la historia que se contará acerca de cada
nación. Como empresario del Reino de Dios debe aprender a ver más allá de sus
recursos limitados. Uno de los obstáculos más serios a la hora de ver el poder del Señor
obrando en los negocios es la experiencia adquirida. Los profesionales se acostumbran a
ver que las cosas ocurren de una determinada manera pero cuando los planes,
proyectos y estrategias conocidas no les funcionan, les cuesta mucho abrir un espacio
en sus empresas para la sobrenaturalidad.
Los historiadores modernos
Cuando en los medios de información podemos leer, ver y oír noticias como prosperidad,
bonanza, desarrollo y paz, estamos ante una Iglesia involucrada y activa en el desarrollo
de su misión en ese país. Pero si las noticias que nos llegan hablan acerca de guerras,
hambre, miseria, pobreza, violencia y atraso, denuncian a una Iglesia que actúa de
cuerpo presente pero está absolutamente ausente en la historia de ese país. Las líneas
de pensamiento humanista dieron a luz líderes apartados de la dimensión sobrenatural,
que a su vez formaron empresas alejadas del pensamiento del Reino. Cuando les
enseño a los empresarios de nuestro ministerio a creer en los milagros para hacer
negocios en el poder de Dios, en la mayoría de los casos no es un proceso sencillo,
porque toman sus decisiones afincados en un paradigma humanista.
Aunque al principio renegaba por todas las dificultades que debíamos atravesar, no me
daba cuenta del alcance que tendría la formación que el Señor había delineado para mi
vida. Cada una de las experiencias que tuve que superar se transformó en una escuela
que me sigue formando hasta el día de hoy. Así aprendí a aplicar el poder sobrenatural
del Espíritu Santo en mi vida como un respaldo evidente al mensaje apostólico. Esa
escuela basada en la aplicación práctica del poder de Dios me entrenó y preparó para
asumir los desafíos que debo enfrentar hoy en día. Si hasta ahora usted se conformó
con las migajas, es tiempo de clamar al Señor y arrepentirse por esta condición para
acceder a dimensiones más profundas del mover de su Espíritu Santo.
Comer sólo migajas
Cuando nos acostumbramos a comer migajas desarrollamos patrones de pensamiento
que se transforman en conductas que producen escasez. En esta situación todo desafío,
más allá de su complejidad, terminará como una amenaza insuperable. Cualquier
conflicto que se presente desatará una crisis de pánico que terminará paralizándonos.
Antes que podamos darnos cuenta llegamos al punto donde casi nadie reconoce que
somos cristianos. Todas nuestras opiniones, reacciones y consejos estarán determinados
por nuestros paradigmas de vida y no por la palabra profética que Dios estableció sobre
su Iglesia. Entonces tratamos de comportarnos como cristianos, pero al mismo tiempo
pensamos como mundanos.
El resultado es un estado de alienación mental que nos lleva a conformarnos con
migajas, cuando Dios nos abrió su mesa llena de banquetes inimaginables. Cuando
reaccionamos sólo por lo que vemos a través de nuestros sentidos, quedamos atados al
plano natural e inmediatamente bloqueamos cualquier acceso al poder de Dios en
nuestra vida. La ecuación no puede ser más triste: comenzaremos a disfrutar la vida
eterna cuando lleguemos al Cielo, pero vivimos atados a una vida temporal repleta de
tragedias, escasez y padecimientos.
Una sola salida
La única salida ante este dilema es convertir radicalmente nuestros patrones de
pensamiento y rendirnos ante la Palabra de Dios. El resultado de esta decisión será una
vida que refleje las victorias, hazañas y proezas que ya fueron profetizadas sobre cada
uno de nosotros desde antes de la fundación del mundo. La complejidad de los conflictos
del mundo no es una limitante para la transformación de la sociedad, el problema es la
incredulidad de quienes se acostumbraron a comer sólo las migajas de la vida.
El pasaje de 2 Crónicas 16:9 declara: “El Señor recorre con su mirada toda la tierra y
está listo para ayudar a quienes le son fieles”. ¿Fieles a qué? A la visión que Jesucristo
le encomendó a la Iglesia cuando envió a sus discípulos a llenar la Tierra con las
manifestaciones del poder de su Reino. Sin lugar a dudas, estas personas deben estar
más allá de la maraña de confusión de la religiosidad o las posiciones filosóficas
humanistas de su tiempo. Cuando perdemos de vista el mandato original que el Señor
nos encomendó realizar, terminaremos nuestros días hastiados y cansados por aceptar
los “beneficios temporales”, en lugar de buscar nuestro propósito eterno.
Salir de la comodidad
Las migajas representan la comodidad. Es mucho más fácil echarse debajo de la mesa
donde no se exige un protocolo determinado para presentarse ante el Rey que asumir
nuestra identidad real y sentarnos en nuestro lugar asignado junto al Padre. Estamos en
el mejor tiempo para clamar por un bautismo de inconformismo santo y no detenernos
en la profundización del conocimiento del Señor. No podemos manifestar una vida
sobrenatural si nunca nos ocupamos de desarrollar una relación de intimidad con Él,
para ir más allá de cualquier situación particular que nos toque atravesar. La única
manera de atravesar toda la maldad que nos rodea a diario, y establecer el Reino de
Dios, es conociendo cara a cara al Rey que está sentado a la diestra del Padre.
La Biblia no tiene el poder para remover los pensamientos que alimentan nuestra mente
secular, ¡hasta los brujos usan partes de las Escrituras fuera de contexto para hacer sus
conjuros! Es necesario anular los efectos negativos del espíritu humanista sobre nuestra
manera de pensar y entrar en un proceso de transformación para manifestar sin límites
la nueva criatura que vive dentro de nosotros. Para lograr esto debemos permitir que el
Espíritu Santo traiga vida a cada palabra que Dios hable sobre nuestro corazón por
medio de las Escrituras. Sólo así podremos tomar decisiones que nos mantengan en el
camino del Reino y concretar nuestro propósito eterno en la vida.
Aprender a obedecer
Hebreos 5:8 dice: “Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer”. Es
claro que Jesucristo era Dios y hombre al mismo tiempo. Como Dios, era perfecto en
todo y no necesitaba aprender nada, pero como hombre debía aprender a obedecer para
que su sacrificio vicario por cada uno de nosotros pueda ser viable. Esta es la clave que
nos permitirá recorrer todo el proceso que nos perfeccionará cada día y nos hará crecer
en madurez hasta llegar a la medida de la estatura de Cristo. Si todo se limitara a las
manifestaciones externas del poder de Dios y los mensajes que recibimos después de
tantos años de oír la palabra de revelación, las naciones deberían estar incendiadas por
el poder del Espíritu Santo.
Por eso la clave no descansa en el poder o la calidad de los mensajes que nos ministran,
aunque sin dudas son vitales para nuestro desarrollo dentro del Reino. A menos que
decidamos obedecer lo que Dios nos enseña y nos demuestra a diario, nunca podremos
ver la manifestación plena de su gloria. La obediencia nos abre caminos para que se
pueda expresar lo que el Espíritu Santo depositó dentro de cada uno de nosotros, por
eso es necesario y vital aprender a sujetarnos a la voluntad del Señor y obedecerlo en
todo.
Víctimas de la manipulación
Los desobedientes siempre serán víctimas del espíritu de manipulación. La Biblia
dice: “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo
del corazón” (Proverbios 20:27). Si no permitimos que esa lámpara cumpla su función
jamás tendrá efectos positivos sobre nuestra vida. La manipulación no es más que una
mentira cuidadosamente elaborada para que la persona sin Cristo la asuma como una
verdad absoluta que no tiene posibilidad de cambio. Este convencimiento transformará a
una vil mentira en un paradigma de vida a través del cual perciben el mundo que los
rodea y dictará sus acciones. Una persona que asume su identidad sobrenatural es
ilimitada, aunque circunstancialmente se encuentre dentro una caja natural llamada
cuerpo.
Libres para expresar el Reino
La nueva criatura tiene tanto poder que al liberarlo arrasará con todas las obras de las
tinieblas para expresar el Reino de Dios. Por eso debemos ser libres de las cadenas
emocionales y convertir nuestros patrones de pensamiento hacia la verdad del Evangelio
de Jesucristo. Una vez que se inició este proceso estamos en condiciones de hacer
cualquier cosa que nos propongamos. Los límites representan una maldición que nos
impuso el pecado luego de la caída de Adán. Si recuperamos la conciencia que el Padre
nos adoptó como sus hijos, Jesús nos llamó hermanos (co-herederos) y el Espíritu Santo
se definió como nuestro amigo y consolador; la mentira de los límites dejará de tener
sentido para nosotros. El problema que enfrentamos en este tiempo no es el aumento
del poder de las tinieblas, sino la limitación que nos imponemos cuando aceptamos las
mentiras de Satanás.
Lea bien la tarjeta de invitación
Los problemas que aquejan a muchas personas es que nunca leyeron bien la tarjeta de
invitación que les envió el Padre. El Salmos 23:5 dice: “Dispones ante mí un banquete
en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa
a rebosar”. Aquí vemos tres afirmaciones que reflejan el punto de vista del Padre acerca
de nosotros. La tarjeta de invitación que nos extendió dice:
1)Preparé un banquete exclusivo para nosotros dos
2)Te escogí especialmente porque quiero disfrutarlo contigo
3)Busqué el mejor vino para que tu corazón se mantenga siempre alegre
Conformarse sólo con las migajas implica desconocer el alcance y la dimensión eterna
de nuestra condición en el Reino, analizando la realidad desde una perspectiva humana,
limitada y circunstancial. Ambas situaciones son irreconciliables, por eso para acceder a
la mente de un co-heredero del Reino de Dios junto con Cristo debemos morir a nuestra
manera de pensar viciada de complejos y nacer a una nueva vida. Cuando el Espíritu
Santo nos muestra las cosas desde la perspectiva del Reino, sólo nos resta correr a
postrar nuestros pensamientos a los pies de nuestro Señor.
alabras finales
Si usted es un empresario o un emprendedor y al leer este artículo se sintió identificado
con algunos de los problemas que presenté, esa área de su vida necesita experimentar
el poder de la conversión. Sólo así dejará de conformarse con las migajas de la vida
porque su tarjeta de invitación lo habilita para participar del banquete Real. El germen
de la rebeldía anida en nuestros patrones de pensamiento carnales, por eso el único
camino para acceder a la verdadera libertad que desata la bendición de Dios a nuestro
favor es morir a nuestra manera de pensar y manifestar la mente de Cristo. Nuestros
pensamientos estarán orientados hacia el Reino y la sobrenaturalidad del Evangelio será
nuestro norte. Cuando somos libres para creerle a Dios por todo lo que nos habla no nos
sentaremos a esperar un “golpe de suerte” o “el negocio salvador”.
El favor de Dios nos transformará en un imán poderoso que atraerá las oportunidades y
todos los recursos que necesitamos para concretar nuestro propósito en la vida. Las
manifestaciones de la bendición de Dios comenzarán a buscar el camino más corto para
alcanzarnos y proyectarnos hacia dimensiones del Reino que hasta el día de hoy no
conocimos. Sin duda, asumir el desafío de rendir su vida, su familia y su empresa a los
pies del Señor es la mejor inversión que puede realizar en toda su vida.