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Análisis de géneros literarios y su impacto

Este documento presenta tres resúmenes de cuentos cortos. El primer cuento trata sobre un jardinero que cree haber visto a la muerte y le pide ayuda a su príncipe. Más tarde, la muerte le explica que solo estaba sorprendida de verlo lejos de su ciudad. El segundo cuento es sobre una flecha y a qué distancia empezamos a preocuparnos. El tercer cuento describe la manera en que el narrador ama y odia a su pareja durante diferentes momentos del día.
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Análisis de géneros literarios y su impacto

Este documento presenta tres resúmenes de cuentos cortos. El primer cuento trata sobre un jardinero que cree haber visto a la muerte y le pide ayuda a su príncipe. Más tarde, la muerte le explica que solo estaba sorprendida de verlo lejos de su ciudad. El segundo cuento es sobre una flecha y a qué distancia empezamos a preocuparnos. El tercer cuento describe la manera en que el narrador ama y odia a su pareja durante diferentes momentos del día.
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LOS GÉNEROS LITERARIOS.

Pág. 86

El cuento.

El gesto de la muerte
[Minicuento - Texto completo.]

Jean Cocteau

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:


-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta
noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la
Muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos
de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.
FIN

Cálculo
[Minicuento - Texto completo.]

George Steiner

¿A qué distancia tiene que estar una flecha para que empecemos a preocuparnos?
FIN

Te quiero a las diez de la mañana


[Minicuento - Texto completo.]

Jaime Sabines

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda
mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde,
o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el
trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la
mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que
de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello,
y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo.
Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos
metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en
que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los
hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti
durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?
FIN

La novela.

EMILY BRONTË. Cumbres Borrascosas

Capítulo I

1801.

Acabo de regresar de hacer una visita a mi casero, el solitario vecino con el que sin duda
acabaré teniendo algunos conflictos. ¡Es realmente hermosa esta región! No creo que en toda
Inglaterra pudiera haber encontrado otro lugar tan completamente ajeno al bullicio de los
círculos sociales. Un auténtico paraíso para misántropos: y el señor Heathcliff y yo somos la
pareja perfecta para repartirnos esta desolación. ¡Qué magnífico compañero! Poco pudo
imaginar la simpatía que sintió mi corazón hacia él cuando, al acercarme a caballo, descubrí
que sus negros ojos se removían suspicaces bajo las cejas y cuando luego, al presentarme, sus
dedos se refugiaron con celosa resolución en las profundidades de su chaleco.
El ensayo.

¡No pasé!
10/06/2016

Por: Selnich Vivas Hurtado, escritor y profesor UdeA


"...La universidad pública con sus exámenes fallidos y tramposos
obliga a la mayor parte de la población estudiantil a endeudarse
para ingresar a la universidad privada. Y el Estado lo sabe y ofrece
préstamos. En otros casos peores, el ser excluido de la universidad
pública es síntoma de un descenso social y de una gran frustración
interior..."

¿Cómo explicarle a una hija de escasos 18 años que haber ocupado el puesto
2142 entre los 5468 aspirantes a un cupo para Medicina en la Universidad de
Antioquia no significa que ella sea menos inteligente, menos persona, que los
135 que fueron admitidos, no sabemos bajo qué circunstancias, y que sus
deseos de estudiar esa carrera no se han frustrado irremediablemente?

¿Cómo hacerle comprender que el tipo de examen utilizado, y en especial el


modelo de preguntas, no necesariamente mide lo que la gente es, sino apenas
lo que les interesa a los supremos señores formuladores de preguntas? ¿Cómo
impedir que se le acabe la vida a una jovencita que sabe que su derecho a
estudiar en una universidad pública, la misma en la que trabaja su padre, le
está siendo negado, violado?¿Cómo no imaginar la tristeza de más de 30 mil
familias de todo el país, no solo de Antioquia, que cifraron sus ilusiones en el
buen desempeño de sus hijos e hijas y que ahora ven con furia y dolor que ya
no tendrán un profesional en casa, es decir, una salida a los problemas más
inmediatos?

No conozco otro ejemplo más contundente para explicar la injusticia y la


violencia de un país —que le sigue apostando a las bondades de la guerra—
que los erráticos exámenes de admisión a las universidades públicas. El
examen de admisión es, obviamente, apenas uno de los problemas más
visibles de un sistema educativo pensado para la exclusión. Cuando la
educación es para unos pocos, se precisa de un filtro. Cuando hay cupos
limitados en las universidades públicas, se necesita de la selección social.
Hacer de la educación superior un negocio y un privilegio para la minoría
evidencia nuestras terribles inconsistencias como sociedad. No hemos
construido una sociedad apasionada y dispuesta al conocimiento y al afecto;
apenas una sociedad que ve en la educación un reglón más de la economía y
de las disputas por el poder. Detrás de un examen de admisión hay numerosas
instituciones que ofrecen cursos preuniversitarios.

Hay incluso redes de influencias que venden cupos para las carreras más
apetecidas. Es decir, lo que la universidad pública no es capaz de solucionar, o
tal vez lo que ella hace con la intención de no solucionar, es aprovechado
jugosamente por los astutos hombres de genio que ostentan universidades
privadas e institutos técnicos. Somos simplemente incapaces de crear una
universidad pública para la sociedad de la que vienen nuestros estudiantes.
Desde el examen de admisión los vamos llevando por la senda de la
sistematización y la selección múltiple. La universidad pública con sus
exámenes fallidos y tramposos obliga a la mayor parte de la población
estudiantil a endeudarse para ingresar a la universidad privada. Y el Estado lo
sabe y ofrece préstamos. En otros casos peores, el ser excluido de la
universidad pública es síntoma de un descenso social y de una gran frustración
interior.

Deprimente. Mientras mi hija presentaba el examen en el bloque 19, yo vigilaba


a un grupo de 30 jovencitas en el bloque 14. Todas mujeres. Miré sus rostros
compungidos y supe que ninguna pasaría. Venían de varios departamentos del
país. Venían con el pánico de perder una oportunidad única, existencial. Y
sudaban, se mordían los labios con miedo y angustia. Yo hacía lo mismo,
cuando me puse a leer el examen. Desde la primera hoja supe que yo no era
capaz de aprobar este amasijo de trampas, cáscaras y retóricas burocráticas.
Todo estaba armado para confundir; no para enseñar ni dialogar. Las
preguntas no tenían nada que ver con la realidad del país ni mucho menos con
la posibilidad de estimular la pasión por el conocimiento o por el análisis de un
fenómeno. Eran preguntas bobas enmarañadas en un léxico rebuscado,
arcaico.

Me ofende que se sigan utilizando las fórmulas vacías de hace treinta años,
esas que dicen que todas las opciones son idiotas, excepto una que es imbécil.
¿Quién hace estos exámenes? ¿A quién le conviene preguntar de este modo?
Al mecanicismo del pensar. A la monotonía del sentir. En una palabra, al
embrutecimiento de las conciencias. Las preguntas son formatos, ¿por qué
tratar a los seres humanos como autómatas?

Me asusté. Leí la prueba de competencia lectora. La leí a las nueve y a las tres
de la tarde y me avergoncé de mí mismo, de ser profesor de una universidad
en la que yo promuevo el valor de la pluralidad, del respeto a las culturas, de la
necesidad de la crítica. La prueba de competencia lectora era otra vez la
expresión del provincianismo paisa. Cómo puede ser que los supremos
formuladores de preguntas piensen que todos los miembros de la comunidad
universitaria somos y tenemos que ser paisas. Pues bien, la joya es valiosa: los
textos de la mañana (tres) fueron escritos por tres paisas; los textos de la tarde
(dos) por dos paisas. Y lo peor los cinco textos del mismo estilo con las mismas
ideas preestablecidas son fruto de la inteligencia de cinco hombres, varones
ilustres de Indias, entre los que se afirma, por ejemplo, que el ensayo es más
antiguo que la poesía. Qué sorpresa, qué fruto de la innovación local. Los
supremos censores formuladores de preguntas ni siquiera se dan cuenta de
que están atrapados en un dispositivo cultural que los obliga a pensar como
varones y como paisas. A creer que ellos son el centro del mundo y que sus
ideas son más universales que las de los mismos autores europeos que
tematizan. No se dan cuenta de que esta reducción del pensamiento es
proporcional al descalabro de miles y miles de familias, al descalabro de un
país que sigue adoleciendo de la colonización del conocimiento .

Por último, me pregunto, a quién le parece que solo se pueda hacer una
prueba de lectura a partir de textos que hablan, desde un estilo trivialmente
argumentativo, de los conocimientos apaisanados y masculinos que provienen
del mundo europeo. A quién se le ocurrió que el ensayo (siempre malos
ejemplos de ensayo, pésimamente editados, mutilados) es el único modo
legítimo de leer y escribir. Dejamos de lado descaradamente el pensar
femenino, el aporte afro e indígena de nuestro país, la literatura infantil y hasta
las tradiciones intelectuales latinoamericanas porque nos parece que son poco
adecuadas para un examen. ¿Por qué razón no es posible emplear otro tipo de
textos, incluyendo los poéticos, los visuales, los interactivos si se trata de
explorar el nivel de lectura que dominan los aspirantes? ¿Por qué no, si los
jóvenes de hoy, más que nosotros los profesores, están super preparados y
son diestros en la lectura de videos, fotografías y obras multimediales? ¿Por
qué poner a leer a la comunidad sorda textos pensados por la comunidad
hablante? ¿Por qué poner a leer ensayos artificiales, habiendo ensayos
seductores, de factura?¿Por qué seguir pensando que las mujeres tienen que
ser educadas por los hombres? No tengo miedo al decirlo: el examen de
admisión es un acto inmoral, una ignominia; yo, uno de sus vigilantes, uno de
sus cómplices.

El teatro.
Hamlet
Frontispicio de la edición de Hamlet de 1605 (Q2)

La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca (título original en inglés: The


Tragedy of Hamlet, Prince of Denmark), o simplemente Hamlet, es
una tragedia del dramaturgo inglés William Shakespeare.1 Su autor
probablemente basó Hamlet en dos fuentes: la leyenda de Amleth y una
perdida obra isabelina conocida hoy como Ur-Hamlet o Hamlet original (hecho
que se deduce de otros textos).

La poesía.

Soy un discurrir de arena que resbala


[Poema - Texto completo.]

Samuel Beckett

soy un discurrir de arena que resbala


entre la duna y los guijarros
la lluvia del verano llueve sobre mi vida
sobre mí vida mía que me persigue y huye
y tendrá fin el día del comienzo
caro instante te veo
en el retroceder de este telón de bruma
donde ya no deberé pisar estos largos umbrales movedizos
y viviré lo mismo que una puerta
que se abre y se vuelve a cerrar

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