Historia Argentina III
Presentación de Resumen
Bibliografía: Smith, Peter H., Carne y política en la Argentina, Ed.
Hyspamérica, Buenos Aires, 1986, 1era edición 1968, pp. 254.
El libro, cuyo autor es el profesor norteamericano Peter Smith, pretende dar cuenta
acerca de una problemática transversal dentro de la historia argentina contemporánea:
las relaciones conflictivas entre diferentes grupos sociales tanto en el ámbito económico
como político, en torno a la industria y comercio de la carne en la Argentina, desde fines
del siglo XIX hasta 1946. La principal virtud de este trabajo se encuentra en la
posibilidad de abordar no solo aquellos aspectos que son inherentes a la producción de
carne, sino también, en como los grupos sociales participantes se van relacionando entre
si y en el interior de ellos mismos. Esto supone realizar un análisis de las formas de
reproducción y ejercicio del poder, en sentido amplio.
El presente trabajo pretende ser un resumen del libro de Peter H. Smith. El mismo
contiene nueve capítulos, más una introducción y una conclusión. También contiene un
apartado donde se explicita la bibliografía y documentación consultada.
La introducción pretende dar cuenta de una caracterización sucinta de la situación
política, económica y social de Argentina entre 1900 y 1946. La industria de la carne
argentina durante este periodo se afianza como el sector puntero de la economía
nacional, participando en casi la mitad de los bienes exportados. A partir de ello, el
autor define y aclara ciertas particularidades que estarán presentes a lo largo del trabajo:
el concepto de poder y sus tipos, definición del concepto de clase, y la distinción entre
lo “urbano” y lo “rural”.
Una preocupación central guiará el trabajo: el examen de la extensión en que la
distribución del poder político corresponde a la distribución del poder social y
económico. Por lo que será clave tener en cuenta cómo se produjeron los intentos
persistentes de los grupos perjudicados por transferir sus quejas económicas al sistema
político, trasformando de esta suerte injusticias privadas en problemas políticos. A partir
de esto, el autor nos brinda un esquema temático de los capítulos siguientes: el Capítulo
I intentará delinear algunas tendencias principales de la evolución del país durante la
primera mitad del siglo XX. El Capítulo II tratará de las funciones económicas, la
composición y liderazgo de los grupos de interés implicados. El resto de los capítulos
trazarán respuestas a los cambios sucesivos de las circunstancias económicas, desde el
comienzo de siglo hasta la década del 40, poniendo especial énfasis sobre el surgimiento
y resolución de conflictos y el comportamiento de los participantes. Finalmente, se
expondrá una serie de conclusiones en un último apartado.
El Capítulo I titulado “Argentina: el proceso de modernización”, como se dijo
anteriormente, pretende dar algunas pautas generales en torno al proceso de evolución
del país durante la primera mitad del siglo XX. Por ello, Smith describe diferentes
aspectos y características propias de dicho espacio, tales como: lo que él considera
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como una sociedad tradicional, y su relación con la doctrina liberal; el sistema
económico imperante, o sea, el sistema basado en exportaciones e importaciones y su
relación con el fenómeno de inmigración e inversiones extranjeras en el sector de
transporte (ferrocarril); la composición de estructura social; el sistema político vigente,
en proceso de centralización y expansión; y finalmente, las ideologías del anti
imperialismo. Este último respondió a una postura de nacionalismo económico, la cual
criticaba la dependencia económica de Argentina con respecto a las economías más
desarrolladas. A pesar de ello, esta ideología en el país, tuvo dos maneras de concebirla:
“tradicional” y “moderna”.
El siguiente capítulo, titulado “Visión general: la industria y los grupos de interés”,
pretende esclarecer cuestiones relacionadas a los grupos que participaron en el devenir
de las relaciones dentro de la industria de la carne. Concretamente, el estudio de la
industria de la carne permite observar la pauta del crecimiento económico del país,
siguiendo la lógica de exportación e importación. Esta industria, que se encontraba
vinculada y financiada por capitales foráneos, se halló envuelta en los intereses de
varios grupos significativos, lo que supuso la identificación de estos con “problemas
nacionales”.
Un primer desarrollo de la producción y comercialización de carnes, fue impulsado y
controlado por inversores de origen inglés. Junto con ello, la mejora de la calidad trajo
consigo un aumento en las ventas de este producto alimenticio, especialmente a las
innovaciones en materia de conservación (refrigeración). La venta de carne congelada
hacia el Reino Unido fue modificándose, hasta el punto de ser desplazada parcialmente
por la venta de carne enfriada. En cuanto a los animales destinados a la matanza y
posterior venta, sea al mercado interno como exterior, se puede plantear una jerarquía o
categorización: 1. Ganado chillers, novillo de calidad y engordado con alfalfa; 2.
Freezer, animales no siempre engordados pero destinados igualmente en cierta medida
al comercio externo; 3. Carne destinada para el consumo interno, por lo general vaca y
no ternera, teniendo una calidad mediana; y 4. El ganado de inferior calidad era
destinado para el congelamiento y envasado. Por otro lado, el autor también destaca la
presencia de cinco grupos de intereses, que a posterior son caracterizados: 1. Los
empresarios de frigoríficos; los ganaderos, eventualmente divididos en: 2. Criadores y 3.
Invernadores; los consumidores del Gran Buenos Aires; y 5. Los obreros de los
frigoríficos.
La caracterización detenida en los tres primeros grupos se debe a la importancia que
tendrán durante el desarrollo del libro. En primer lugar, los empresarios de los
frigoríficos cumplían el rol de intermediario, o sea, compraban ganado listo para la
matanza y vendían carne para ser consumida. Los precios absolutos del ganado y la
carne no interesaban mucho en sí mismo; lo importante era el margen entre esos
precios, pues allí era donde el frigorífico obtenía o perdía su beneficio. La inversión
para erigir un frigorífico resultaba sumamente onerosa, lo cual la inversión de capitales
británicos y norteamericanos era una pieza clave. Al poseer una competencia demasiada
potente en cuanto al poder de inversión dentro del país, estos capitales extranjeros se
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hacían con el monopolio del mercado ganadero, en relación al poder de compra del
mismo. Estas firmas privadas extranjeras, que poseían escasa o nula representación
política, se convirtieron en pools que dominaban el 80% del mercado. En segundo lugar,
un rol importante ocupan los ganaderos, considerando una subdivisión en su interior.
Por un lado hablamos de los criadores, quienes se ocupaban de tareas enfocadas en la
atención a la cría, nacimiento y crianza del ganado. Dichas tareas lo mantenían, en la
mayoría del tiempo, sujeto a la vida en el campo y lejos de Buenos Aires. Vendían el
ganado, ya sea a los invernadores, o en el mercado de Liniers. Por su parte, los
invernadores se encargaban de las tareas de engorde del ganado, haciendo uso de sus
tierras aptas para el pastoreo. Una vez cumplida esta tarea, se encargaban de vender el
ganado a los frigoríficos, especialmente novillos chillers. Por lo tanto su rango de
beneficio lo obtenían mediante compra de ganado a un precio muchísimo menor del que
en definitiva lo terminaban vendiendo. La mayoría del tiempo, vivieron en la ciudad
debido a la necesidad de mantenerse en contacto con los empresarios frigoríficos y por
mantener un estilo de vida condescendiente con su rango de terrateniente.
Una vez presentados los principales actores, se puede considerar que las principales
razones por las que podía estallar el conflicto serian: precio del ganado, precios de la
carne, salarios y condiciones de trabajo. En este sentido, el Capítulo III titulado
“Yanquis, guerras y trusts” intenta el primer conflicto, hacia los primeros años del siglo
XX, que experimentó la industria de la carne debido a la expansión de importantes
firmas norteamericanas. Estas suponían una amenaza para el virtual monopolio
británico, quienes intentando remediar tal situación, se volvieron a su gobierno pidiendo
ayuda diplomática, y también buscando apoyo entre los ganaderos argentinos.
De esta forma, Peter Smith plantea que la posición de los ganaderos no fue homogénea.
Obviamente, quienes comercializaban con capitales británicos apoyaban el reclamo
proveniente desde Londres, en el caso de quienes comercializaban con los Estados
Unidos suponía una situación similar. En este sentido, el conflicto intra-clase de los
ganaderos era eminentemente económico, no político. Es importante remarcar que los
proyectos anti-trusts no tuvieron éxitos debido a la negativa de la dirigencia de la
Sociedad Rural Argentina pro norteamericana.
En tiempos de la Primera Guerra Mundial, las ganancias tuvieron un aumento marcado.
La demanda de parte de los ejércitos europeos para alimentar a sus tropas, permitió a la
industria de la carne una acumulación de beneficios y ganancias considerables, siendo
tal la magnitud de la demanda que llegado un momento se temió por la escasez de
animales, debido a la sobrematanza. Esta situación zanjó transitoriamente las divisiones
dentro del sector ganadero argentino, aunque no por demasiado tiempo. Hacia finales de
la guerra, había claramente dos sectores descontentos por diversas razones pero con un
enemigo en común en frente: los empresarios frigoríficos. Una nueva alianza se
conformaba en base a estos grupos descontentos: los representantes de los consumidores
y los criadores. Los representantes de los consumidores objetaban el precio creciente y
la escasez de carne, y los criadores de ganado de mayor calidad sostenían que se les
pagaba lo suficiente por la venta de su ganado. Dicha alianza dio como resultado la
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sanción una ley anti trusts en agosto de 1923, con el objetivo de trasfondo de beneficiar
en definitiva a los criadores y no a los consumidores.
En el capítulo IV titulado “Crisis”, el autor trabaja al periodo posterior al boom de
ventas de carnes congeladas. Durante estos años se genera momentos de tensiones
socioeconómicas, que se pronto se trasformarán en cuestiones de tipo política, entre los
ganaderos y los empresarios de los frigoríficos. El advenimiento de la crisis se produce
por la sobreproducción de ganado destinado al comercio de carne congelada, y una
aguda merma en la demanda de parte de los mercados europeos. A pesar de ello,
simultáneamente el comercio carne enfriada volvía a repuntar, logrando los niveles
anteriores a la guerra.
Para sobrellevar los efectos de la crisis, en especial la caída de los precios, el sector
ganadero no consensuó una política a llevar. Es importante aclarar que las capacidades
de sortear estos efectos eran diferentes, teniendo en cuenta si se trata de un gran o
pequeño dueño de ganado. A pesar de ello, desde este sector, se emprendía de a poco
una campaña de pedido de acción estatal ante tal situación de crisis. Dicha intervención
por parte del estado, era buscada para recortar los beneficios que obtenían los
intermediarios (empresarios de frigoríficos) a costa de las pérdidas de los ganaderos y
hacendados. Resulta obvio aclarar que los empresarios de frigoríficos se oponían a esta
petición.
La intervención estatal se produjo finalmente bajo la presidencia de Marcelo T. de
Alvear. De esta manera se traducía al ámbito político las quejas económicas de este
sector, logrando la obtención de una legislación protectora, la cual incluía una ley de
precios mínimos. Esta movida contó con la ayuda de base que brindó el anti-
imperialismo. No obstante, los frigoríficos tomaron la decisión de dejar de comprar
ganado, intentando que el conflicto volviese al campo de lo económico. Dicha táctica
tuvo resultado en conjunto con la influencia que este grupo ejerció sobre el Poder
Ejecutivo, ya que se suspendió la ley de los precios mínimos. Ante tal situación, los
invernadores emprendieron una lucha contra los criadores, evitando así las regulaciones
del mercado por parte del estado.
El siguiente capítulo, cuyo título es “La era de la guerra de la carne”, lleva a cabo el
análisis de un periodo marcado por dos procesos de marcada importancia: en primer
lugar, la apertura de un periodo de competencia sin restricciones entre los empresarios
de frigoríficos, abandonando su pool, denominado “La guerra de las carnes”. En
segundo lugar, los británicos redujeron el consumo de carne extranjera, abrazando
progresivamente la protección imperial. En este marco, los hacendados argentinos se
volvieron nuevamente hacia su gobierno nacional.
La llamada “Guerra de las carnes” tuvo su inicio en abril de 1925, en las que las
pequeñas compañías frigoríficas no pudieron hacer frente desapareciendo finalmente en
algunos casos o, uniéndose a otros frigoríficos o apuntando al mercado interno. Dicha
contienda tuvo como protagonistas a: la Swift, firma norteamericana, y la Vestey, firma
inglesa. Los índices de exportaciones disminuyeron, llevando a que los ganaderos
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terminen haciéndose cargos de los costos y pérdidas de los empresarios frigoríficos,
reflejado en las desventajosas transacciones que significaba la venta de su ganado a bajo
precio. Esta situación, sin lugar a dudas, generó la reacción de los estancieros quienes
pidieron nuevamente la intervención del estado, evidenciado en dos medidas: el
levantamiento de un censo ganadero, y la construcción de un frigorífico nacional.
Por otro lado, desatada la competencia sin restricción en el mercado de la carne del
Reino Unido, suscitó la protesta de parte de los ganaderos británicos y llevó a sostener
que la carne argentina se hallaba infectada de aftosa por lo que se redujo el ingreso de
dicho producto en Inglaterra, y prohibiéndose en los Estados Unidos. Esta situación
generó no solo un profundo resentimiento en los ganaderos argentina en virtud de la
postura norteamericana, sino también el temor de llegar a perder el mercado del Reino
Unido. Por ello, durante en este periodo se acuñó el eslogan de política comercial:
“Comprar a quien nos compra”, creado por Luis Duhau, presidente de la Sociedad
Rural Argentina desde 1926 hasta 1928. Dicho eslogan no solo demuestra la intención
de vincular (¿recuperar?) la economía mercantil argentina con la británica en calidad de
“nación más favorecida”, sino que también una postura hostil contra los Estados
Unidos, producto del embargo de carne argentina.
La defensa del eslogan no solo se limitó a la retórica, sino que se transformó
rápidamente en presiones de parte de la Sociedad Rural al gobierno nacional para que se
logre un cambio en la política comercial. Este reforzamiento de las relaciones anglo-
argentinas, beneficiaba tanto a ganaderos como a frigoríficos. El fallido tratado D
´Abernon debe ser comprendido en este contexto político y económico.
El Capítulo VI, titulado “Reacción ante la depresión” el autor analiza un periodo donde
la conocida “Crisis de 1929” ha provocado la caída de los volúmenes de exportaciones
de carne de ultramar, lo cual conlleva la caída de los precios y consecuentemente la
reducción del poder adquisitivo en el exterior. Esta crisis impacta al sector ganadero,
especialmente a los invernadores. Sumado a ello, la realización de la Conferencia de
Ottawa, en donde el Reino Unido decide optar por los intereses y la unidad del imperio
británico en detrimento de las exportaciones argentinas, genera revuelo y temor en los
ganaderos rioplatenses. Esta situación de disminución de las exportaciones de carne,
genera pérdidas en los frigoríficos, que como en ocasiones previas, decide transferir
tales pérdidas en los ganaderos. De esta manera se genera un espacio de hostilidad y
resistencia, nuevamente.
En este sentido, la firma del Pacto Roca-Runciman, justamente a pedido ante el
gobierno de Agustín P. Justo de una misión diplomática de parte de los ganaderos, fue
aprobado por la gran mayoría de los grupos vinculados con la producción de carne. Sin
embargo hubo ciertos puntos específicos en el que demostraban cierta inconformidad o
recelo, pero sin repudiar dicho tratado. El mismo fue ratificado y aprobado por el
Senado, con claro apoyo de parte de la Concordancia, en contra de la negativa de la
oposición (socialistas y demócratas progresistas).
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Una vez conseguido el tratado con el Reino Unido, los ganaderos (criadores e
invernaderos) eran conscientes de la necesidad de una ley que los protegiera, en
detrimento de los abusos que sufrían de parte de los frigoríficos. Dicha legislación será
conocida como la Ley de Carnes, la cual estipulaba la conformación de una Junta
Nacional de Carnes (órgano controlador del comercio de dicho producto) y la creación
de un frigorífico municipal. Dicha victoria de los ganaderos se verá neutralizada por la
incorporación de un miembro de los empresarios frigoríficos a la Junta recientemente
creada, evitando acciones sorpresivas de parte de los ganaderos, representados por la
Sociedad Rural, cuyo “plan orgánico” parecía marchar sin problemas hasta el momento.
Es allí cuando proliferan los conflictos entre los ganaderos, más precisamente los
representados por la Sociedad Rural y los del CARBAP (Confederación de
Asociaciones Rurales de Buenos Aires y la Pampa), produciéndose la victoria de los
primeros. Esto suponía nuevamente una derrota de los criadores en manos de los
invernadores.
El siguiente capítulo del libro se titula “El gran debate”. En el mismo, el autor aborda el
escandaloso episodio protagonizado por Lisandro de la Torre en 1935. Asimismo, Smith
sostiene que el senador se valió de la ideología anti imperialista para desacreditar al
gobierno y a los empresarios frigoríficos. A partir de 1934, una comisión investigadora,
impulsada por la propuesta del mismo de la Torre, tuvo como objetivos determinar: 1.
Si los precios pagados por el ganado argentino estaban en concordancia con los precios
pagados por las carne en mercados extranjeros; 2. Qué proporción del aumento, en su
valor en pesos, de la carne vendida al exterior, determinado por una devaluación oficial
del peso, se transfería a los hacendados; 3. Si los precios del ganado australiano eran
realmente superiores a los que se pagaban en la Argentina; y 4. A cuánto ascendían los
beneficios de los frigoríficos. La comisión conformada por de la Torre junto a
Landaburu y Serrey, sostuvieron luego de un año de investigaciones, que los
empresarios de frigoríficos dominaban injustamente la industria de la carne argentina,
un virtual monopolio representado por el 80% de las exportaciones.
Hacia julio de 1935, Lisandro de la Torre lanza su ataque en plena sesión del Senado
contra el gobierno de Justo y los empresarios de frigoríficos. Tal arremetida, se basó en
tres cuestiones concretas: 1. La complicidad personal del ministro de Agricultura, Luis
F. Duhau; 2. El empleo de la cuota del 11% concedida a un frigorífico sostenido por el
Estado, en términos de lo establecido en el Pacto Roca-Runciman; y 3. Los impuestos
pagados por los frigoríficos al gobierno argentino. La solución para los problemas
mencionados, según la postura del senador, debía radicar en el establecimiento de un
monopolio del estado sobre la industria de la carne argentina. Obviamente, el gobierno
rechazó tales acusaciones, teniendo como voceros a Luis Duhau y Federico Pinedo. El
debate fue tan acalorado que en el fragor de la discusión, se produjo el asesinato del
senador Enzo Bordabehere, zanjando la querella.
Peter Smith sostiene que si bien la denuncia de de la Torre no logró su cometido,
terminó afectando en definitiva a la imagen del gobierno y su supuesta complicidad con
los empresarios de frigoríficos. De esta manera, el debate fue considerado por una
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cantidad importante de personas como el “símbolo de la ilegitimidad gubernamental”.
Conviene aclarar que este apasionante y controvertido debate se guio por diferentes
estrategias de la retórica, de parte de ambos contendientes. De la Torre llevó un
conflicto endógeno de una clase, a un conflicto que buscaba generar la sensación de una
lucha anti imperialista. En síntesis, el objeto del ataque del senador santafecino se
centró en el gobierno de la Concordancia. Consideraba que el pool de frigoríficos
funcionaba como un instrumento de dominación extranjera, con lo cual, si el gobierno
defendía a estos empresarios, era porque había una complicidad evidente entre ambos.
El capítulo VIII, titulado “La lucha por el dominio” muestra como a partir de lo
sucedido en el Gran Debate encabezado por Lisandro de la Torre, no hubo grandes
conflictos dentro de la industria de la carne. Una excepción a esta situación fue el
conflicto desatado entre los criadores e invernadores hacia 1938. El núcleo de la disputa
radicaba en el dominio de las dos instituciones creadas por la Ley de Carnes de 1933: la
Junta Nacional de Carnes por un lado, y por otro, la Corporación Argentina de
Productores de Carne (CAP).
La cuestión que produjo la ruptura dentro del sector ganadero, fue los subsidios
otorgados por la Junta de Carnes, en calidad de “acción solidaria”, a los frigoríficos. Tal
subsidio sólo estaba destinada para la carne enfriada, excluyendo a las de menor
calidad, estableciendo un trato preferencial por el ganado chillers. Esta política llevó a
que se elaboraran quejas provenientes desde el sector de los criadores. Las principales
eran: 1. Escasa representación en la Junta de Carnes; 2. Subversión de la CAP por obra
de la Junta de Carnes, especialmente por medio de la diversión de los fondos de los
Mercados de Haciendas y Carnes; 3. El fracaso de la Junta en la instauración de un
sistema eficaz de clasificación y tipificación; y 4. Injusticias en los procedimientos
votación de la CAP. Estas quejas solo se solucionarían, según la visión de los criadores,
tomando el control del CAP.
Tras idas y vueltas en torno a discusiones parlamentarias, en la cual contendían los
representantes de ambos bandos, el conflicto entre criadores e invernadores se resolvió
mediante la intervención del estado. Gracias a la influencia que mantenía sobre el
gobierno, a través del ministro de Agricultura Cosme Massimo Ezcurra, se llevó a cabo
el control administrativo de la CAP. Finalmente, en 1942 a través de un decreto, Ramón
Castillo estipulaba que ningún director de la Corporación podía mantener ningún tipo de
relación con cualquier organización que tuviera bajo la vigilancia de las leyes que
controlaban el comercio de carnes (frigoríficos, casas de remate de ganado, etc.). Por
otro lado, también abolía las categorías para el procedimiento de votación dentro de la
Corporación. Los directores debían ser elegidos por región y no por el número de
acciones que tuvieran en la CAP.
En el capítulo IX, titulado “Nueva alineación del conflicto”, Peter Smith analiza como
las masas empiezan a tener progresivamente un papel pujante dentro del juego político
que supuso la industria de la carne. Aun cuando los grupos de la clase baja ejercían
presión en busca de un cambio, el sistema político se vio alterado por la realización de
un golpe de estado en 1943, encabezado por el GOU.
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Hasta dicha fecha, cada vez que los consumidores intentaban algún movimiento contra
los ganaderos, terminaban perdiendo. Tampoco demostraban mucha influencia
económica, lo cual agravaba aún más el cuadro. Un ejemplo de lo planteado
anteriormente, son los esporádicos intentos por parte de los socialistas porteños, dentro
del Concejo Deliberante, de impulsar ciertas medidas en relación a la defensa del
consumidor de carne. Estas intenciones se veían truncadas por el veto del intendente. De
esta manera el poder político de los consumidores (más bien sus representantes) no
tenían el peso necesario para hacer frente a los intereses de los ganaderos.
Producido el golpe de estado, el gobierno nacional, y especialmente el coronel Juan
Domingo Perón, expresarán una preocupación real por los consumidores. Una muestra
de ello, será que a principios de 1946 el gobierno declaró que la CAP, sería considerada
en lo sucesivo una entidad “semioficial”, y no la exclusiva propiedad de los ganaderos,
fijando así límites estrictos a cualquier esfuerzo por elevar los precios del ganado y de la
carne.
El movimiento obrero propio de los trabajadores de los frigoríficos, desde el inicio del
siglo XX, tuvo una escasa participación política, por lo que esto suponía su principal
debilidad. Junto a ello, la falta de organización se vio acentuada debido a que no había
un sindicato que conglomerara a todo los trabajadores de los frigoríficos. Más bien,
cada grupo de trabajadores de frigorífico, formaban su propio sindicato. Hubo un
intento que no tuvo demasiada efectividad, encabezado por el comunista José Peter en
1932 con la Federación Obrero de la Industria de la Carne. Si bien hacia 1936, se
unirían a la CGT, bajo el liderazgo de Peter y el existente sistema político, los
trabajadores de los frigoríficos no pudieron alcanzar sus metas.
En medio de este contexto, y bajo el liderazgo de Perón, las masas obreras
intensificaron el proceso de sindicalización. El momento de irrupción y mayor peso
político de los trabajadores de frigoríficos en el escenario de conflicto, lo logró a través
de la conformación de la Federación de Sindicatos Obreros de la Industria de la Carne y
Afines en junio de 1944. Quien encabezó este movimiento fue el líder nacionalista
Cipriano Reyes, dejando de lado la tendencia comunista de José Peter.
En definitiva, cuando Perón subió al gobierno, la pauta hasta entonces característica del
conflicto rural de intra-clase llegó su fin. Los criadores, los invernadores, los
empresarios de frigoríficos y hasta los cultivadores de trigo continuaron persiguiendo
sus propios intereses, desde luego, pero sus consideraciones particulares tenían ahora
una importancia secundaria si se las comparaba con los conflictos más amplios con las
masas urbanas. La fase de luchas funcionales, en las que los grupos rurales de la clase
alta podían permitirse perseguir sus intereses económicos con impunidad, había
concluido. Ahora los enfrentaba grupos urbanos, de clase baja, consagrados a un líder
carismático y ayudados por el gobierno. Como la política de cualquier otra cosa, la
política de las carnes inició una nueva era cuando Perón apareció en escena.
A manera de conclusión, el autor sostiene que el estudio de los conflictos inherentes a la
industria argentina proporciona una amplia base analítica de la modernización política
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del país. En primer lugar, esta actividad al estar inminentemente relacionado al sector
“rural” y ser la base de la estructura económica de importación-exportación, poco tuvo
que ver con la naciente industrialización en el país. Por otro lado, al tener un acceso
relativamente fácil al gobierno, las acciones de los sectores ganaderos y empresarios
frigoríficos estuvieron influenciados por los intereses propios de su actividad
económica. Durante este primer momento, quienes tendrían escasa participación serían
los sectores pertenecientes a los consumidores, pero especialmente, los trabajadores de
los frigoríficos. Estos tendrán su momento de protagonismo a partir del golpe de estado
efectuado por el GOU, el cual permitiría al coronel Perón como el artífice e impulsor de
la sindicalización del sector obrero, entre ellos los trabajadores de la industria de la
carne. Es conveniente aclarar que las batallas libradas entre los grupos rurales de la
clase alta antes de la década de 1940 se refirieron a cuestiones económicas. Incluso,
cuando estos conflictos fueron transferidos a la esfera política, los mismos conservaban
su carácter y definición de corte económico.
En el caso de los empresarios frigoríficos, incluso a pesar del gran poderío económico
que poseían debido a las inversiones extranjeras, la escasa representación política que
poseían hizo que debieran valerse de representantes indirectos en varias ocasiones (por
ejemplo, los invernadores) para defender sus intereses dentro del gobierno argentino.
Estos inversores tampoco pudieron respaldarse plenamente en la acción diplomática de
sus respectivos gobiernos de origen, excepto en situaciones concretas. Por el contrario,
los ganaderos cuando se vieron perjudicados por los intereses de los empresarios
frigoríficos, intentaron utilizar todo su poder e influencia política. Este uso se plasmó en
tres ámbitos: a través de las organizaciones institucionales (la Sociedad Rural
Argentina); representantes de los estancieros, que poseían ganado, dentro del gobierno;
o los servicios prestados por aquellos “profesionales” políticos de la carne (delegados de
los ganaderos que no poseían ganado pero que servían en calidad de representantes en el
gobierno). Una vez que se trasladaban los conflictos desde el ámbito económico al
político, los mecanismos de defensa de intereses variaban.
Otro aspecto importante a destacar, la escasa participación de los sectores externos en
los conflictos propios de la industria de la carne. Tanto industriales como cultivadores
de trigo, según hipótesis del autor, mantenían esta postura de indiferencia debido a su
actitud de compromiso general con los prevalecientes sistemas político y económico. En
cuanto no sufrieran algún tipo de perjuicio proveniente de los conflictos entre los
ganaderos y los empresarios frigoríficos, estos grupos ajenos no se expresaron.
En relación al plano ideológico, tanto el laissez-faire como el nacionalismo, sirvieron
para como una herramienta retorica para concertar alianzas entre los elementos urbanos
y rurales. En el caso del primer principio ideológico, intentaba mantener el conflicto
dentro del plano económico. Por el contrario, el nacionalismo fue utilizado como arma
política interna. No obstante, es importante mencionar el peso que también jugó el anti-
imperialismo. Este intento transferir el conflicto desde el sector económico hacia la
esfera política, alentando el ataque contra los empresarios frigoríficos y la presencia de
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capitales extranjeros que desarrollaban sus actividades libremente, como si Argentina
haya sido una de sus tantas colonias.
A modo de cierre, se puede decir que el análisis de las luchas relativas a la industria de
la carne revela un largo estado de transición a partir de una sociedad “tradicional”
durante el cual tuvieron lugar conflictos en el seno de una aristocracia rural dinámica.
En el proceso de modernización política y económica, los sectores medios tendieron a
considerar como propios los intereses de los grupos más enconados de la sociedad, que
se hallaban envueltos en una lucha de intra-clase. De esta manera, cuando los sectores
más bajos entran en escena tras un prolongado letargo, supuso una nueva alineación en
el proceso del conflicto y el fin de una era crítica de la política de la carne argentina.
Esto se puede ver plasmado en la siguiente periodización:
Primera Fase (fines del s. XIX-1930): el poder político coincidió con el poder
económico. La fuerza efectiva correspondía a los sectores rurales, cuya
superioridad económica se tradujo en la lid política. Los invernadores eran más
fuertes que los criadores, y los ganaderos (los dos anteriores unidos) eran más
fuertes que los consumidores y los trabajadores de los frigoríficos.
Segunda Fase (1930-1943): la distribución del poder dentro de la clase alta rural
quedó modificada por la organización y actividades de los criadores, a través del
Ministerio de Agricultura y la CARBAP. Se trató de una puja endémica de los
ganaderos, lo cual no supuso cambios significativos para los trabajadores o
consumidores.
Tercera Fase (1943 en adelante): el golpe de estado de 1943 supuso el fin del
gobierno de Ramón Castillo, y también la derrota de los empresarios frigoríficos
y a los hacendados a manos de los obreros. Esta situación fue posible por el
conjunto de políticas implementadas por Juan Domingo Perón, produciéndose el
desplazamiento del poder político. Éste ya no correspondía con el poder
económico.
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