1) Éramos Wong
Todo comenzó en el año 1942, cuando Don Erasmo Wong y su esposa Ángela
fundan una pequeña bodega en el distrito de San Isidro, ubicado en la avenida Dos
de Mayo, en la cual toda la familia, padres e hijos ayudaban. Así fue creciendo y
mejorando la bodega en paralelo con el desarrollo del distrito, fue entonces que se
hizo la primera ampliación del negocio en 1949 y desde esa época se incorporó tres
áreas bien definidas: los abarrotes, los embutidos y el bazar, áreas que fueron las
células de lo que son ahora las divisiones de los supermercados.
Todos los hijos de Don Erasmo se educaban ya que una de sus principales
preocupaciones era que tuvieran una profesión, pero cuando no estaban
estudiando tenían la obligación de ayudar en el negocio familiar, ya que reconocían
que gracias a la bodega ellos comían, se vestían y tenían un techo donde vivir.
A fines de la década de los 70, Erick el último de los hermanos Wong después de
culminar la carrera de Economía en la Universidad de Lima decidió trabajar en la
gestión de la bodega, surtiendo el negocio de productos de consumo importados
como queso de Holanda, el hoy conocido Corm Flakes, embutidos importados,
productos Gerber; la comida para bebes etc. Todo esto generó un gran flujo de
clientes. Por otro lado los hermanos mayores tenían granja entonces ofertaron los
pollos y huevos a precios de granja, y fue con todas estas ventajas que comenzaron
a tener más clientes de los que podían atender
Su lema siempre fue el cliente tiene la razón
Ocurre que en ocasiones el cliente actúa de manera irracional. En Wong se han
atendido muchos de estos casos teniendo en cuenta que aunque el cliente no tenga
la razón, siempre la tendrá. Por Qué? es simple, y lo explico Wong haciendo
referencia a algunos casos vividos.
Contó que un día una señora reclamaba injustamente un cuarto de kilo de queso, y
se le dio la razón, le solucionaron el problema de inmediato, enganchándola así
como cliente fiel.
Lo que busca Wong es tener clientes para toda la vida, es por eso que los
engríen, los cultivan y le dan el mejor servicio posible, Superan sus propias
expectativas, tratando de sorprenderlos positivamente. El secreto no es solo
precios bajos como es la tendencia de otros muchos negocios Wong piensa
que dar precios bajos a la poca rotación no es suficiente ya que frente a
una estrategia de precios bajos, si su competidor bajara un sol, ellos deberían
bajar un sol diez, entonces el baja un sol veinte y ellos deberían bajar un sol
treinta y entrarían así en una guerra de precios absurda y suicida
Wong es uno de los supermercados reconocidos por dar trabajo a muchos
peruanos.
Se sabe que en sus diversas instalaciones cuenta con un numeroso personal;
proactivo y con alto espíritu laboral, que constantemente están capacitándose
para poder brindar un excelente servicio y realizar las tareas eficientemente.
También se les reconoce por dar oportunidad de trabajo a personas que
tienen algún tipo de limitación, los hacen formar parte del equipo siendo esto
beneficioso para su propia imagen, además según Wong es una clave para
captar a más clientes.
El 16 de diciembre de 2007 se anunció que Wong fue comprada por la compañía
chilena Cencosud , el 100% de los activos de Wong se vendieron por un monto de
500 millones de dólares al grupo chileno, 200 en efectivo y 300 en acciones de la
empresa chilena. Corporación.
Esta acción, más el hecho de que esta misma posibilidad fue negada por el mismo
Efraín Wong unos meses antes fue tomada muy negativamente por la población
peruana; marcando el comienzo de un lento declive en la cuota de mercado de
Wong.
El Desfile del Día de la Independencia de 2008 fue visto por muchos como un fiasco
ya que Wong ya no tenía el "nacionalismo" necesario para celebrar tal evento, sin
embargo, su asistencia aún eclipsó un evento de imitación de Supermercados
Peruanos .
A partir de septiembre de 2008, la participación en el mercado de Wong ha
disminuido a menos del 30% del mercado (desde un máximo del 44% dos años
antes) y no muestra signos de volver a subir. Agregando esto al hecho de que los
precios en Wong -que se normalizaron lentamente a los niveles de Cencosud- han
aumentado un 11% en general en el último año, muestra un futuro incierto para el
ex rey de los supermercados de Perú.
2) Marina Bustamante
Marina Bustamante es dueña y gerente general de Renzo Costa. Proveniente de
una familia de escasos recursos de Barrios Altos, esta perseverante
emprendedora luchó para alcanzar el reconocimiento empresarial.
“Nosotros los que venimos de abajo no nos asusta nada, porque el haber estado
allí nos dio una lección de vida, la cual nos da fortaleza para continuar
adelante”, cuenta Marina Bustamante.
Marina recuerda que su gusto por el cuero nació desde muy niña porque
siempre estuvo relacionada con él, ya que su abuelo fue curtidor de este
material. Por ello, apenas terminó el colegio tuvo la idea de tener una empresa
que le permitiera realizar sus creaciones. Según cuenta, comenzó a
confeccionar las carteras por hobbie.
En ese momento decidió poner un taller en el garaje de su casa, pero su padre
al principio no aceptó porque él quería que su hija estudie una carrera.
Ante la insistencia de su padre, Marina postuló a una universidad para seguir los
estudios de psicología, pero al mismo tiempo puso su taller en el que creaba
carteras de pieles y cinturones de la época de manera artesanal.
Así sus productos comenzaron a hacerse conocidos entre los dueños de las
tiendas, quienes hasta hacían cola para que les hagan las carteras.
Mientras tanto ella seguía estudiando en la universidad donde conoció el amor,
se casó y al poco tiempo nació su primer hijo.
En ese tiempo, a pesar de que Marina no contaba con mucho dinero, se arriesgó
a alquilar una tienda en una conocida galería del Jirón de la Unión y le puso el
nombre de su hijo: Renzo Costa.
“Gracias a Dios apareció una señora trujillana que me dio una cantidad de
dinero para que le confeccione carteras y al mismo tiempo así llené mi tienda
de productos”, recuerda la emprendedora.
Debido a la gran cantidad de gente que acudía a la tienda, contrató a personal y
al poco tiempo compró un local en la cuadra 5 del mismo Jirón de la Unión.
Ahí es cuando decide viajar a Argentina y traer un modelo de las casacas de
cuero e ir entrando en ese rubro. Todo iba de lo mejor. Sin embargo, Marina y
su familia decidieron irse a Chile debido a que el país pasaba por momentos
inseguros. Allí abrieron locales Renzo Costa teniendo también una gran acogida.
Después de varios años, regresan al Perú y continuaron abriendo más locales en
diversos lugares del país.
Todo estaba bien hasta que llegó el Fenómeno del Niño, lo cual les afecto
porque la gente ya no compraba casacas de cuero debido al calor que hacía.
“Ese fue el momento más difícil que tuve que pasar hasta queríamos rematar la
marca pero lo que hicimos fue convertirlo en oportunidad porque decidimos
incursionar en billeteras y accesorios”, dice Marina.
Y así continuó la marca Renzo Costa expandiéndose con locales en Plaza San
Miguel, Jockey Plaza y exportaciones a [Link]., Alemania y Holanda. “No hay
que asustarnos frente a las dificultades siempre hay que ser perseverantes
teniendo confianza en uno mismo”, nos recomienda.
En 2011 Marina Bustamante, fundadora de la reconocida fábrica textil Renzo
Costa junto a otras mujeres de una decena de países fue premiada por su
espíritu emprendedor con los premios International Women’s Entrepreneurial
Challenge (IWEC) -Desafío Empresarial de la Mujer- durante un acto celebrado
en Nueva York.
Actualmente cuenta con más de 30 tiendas en el Perú y 4 tiendas en Chile.
“Uno siempre puede seguir su sueño, luchar por él y consíguelo, porque las
oportunidades existen, solo es cuestión de luchar hasta conseguirla”, nos
recomienda Marina.
3) Nemecio torvisco
Nemecio Torvisco inicio su camino vendiendo golosinas en la puerta de un
cine para, con inteligencia y esfuerzo, convertirse hoy en día en uno de los más
importantes modelos emprendedores peruanos gracias a su empresa de pintura,
Anypsa.
A mediados de la década de los 80, un pequeño Nemecio Torvisco de apenas 14
años se dedicaba a la venta de golosinas en la puerta del cine Riva Agüero, en
el Agustino. Ya desde hace muchos años atrás conocía la fuerza del trabajo,
puesto que luego de que falleciera su padre, Nemencio y sus hermanos tuvieron
que dedicarse a cultivar la tierra en su natal Abancay, empezando la jornada a
las cuatro de la mañana Pero la llegada a la capital representaba una nueva
oportunidad para los hermanos, así que, además de vender caramelos en la
puerta del cine, Nemecio también trabajaba en una carpintería y procuraba
ahorrar todo lo que podía. Durante aquellos años uno de sus hermanos perdió
su empleo en una fábrica de pinturas, pero como ya conocía el negocio decidió
dedicarse a la venta de pinturas.
Nemecio se unió a su hermano en esta primera aventura y decidió apoyarlo en
el negocio. Pero los buenos resultados les dieron una nueva idea: iniciar una
fábrica de pinturas. Los hermanos tomaron los ahorros que tenían y los
invirtieron en la compra de un motor eléctrico. Fue así como nació Anypsa.
Los hermanos consiguieron un local de 100 metros cuadrados que terminó
convirtiéndose en un problema, puesto que el hombre con quien hicieron el trato
no era el verdadero dueño, por lo que terminaron perdiendo su primera
inversión. Pero no se dejaron hundir por este hecho y decidieron buscar un nuevo
espacio, encontrando el ideal en Santa Anita.
El nuevo local no tenía techo, y el imprevisible clima limeño los atacaba con una
persistente garúa, así que los jóvenes emprendedores tuvieron que cortar un par
de bolsas de plástico, coserlas y turnarse para sostenerlas por los extremos
durante varias horas para usarlas como techo, de tal manera que no les arruine
la producción.
Cuando las ventas iniciaron llegó el momento de enfrentarse a un nuevo
problema: la contabilidad de la empresa. Sin mayores conocimientos sobre el
cálculo de impuestos o el sistema correcto de facturación, Nemecio se arriesgó
y arruinó varias facturas hasta que obtuvo una perfectamente
mecanografiada y bien calculada. Fue entonces, cuando el nivel de ventas les
sonreía, que decidieron mudarse a otro local de 500 metros cuadrados en
Naranjal. Pero esto no lo alquiló, sino que gracias al financiamiento del
banco lograron hacerse de un terreno propio.
Desde entonces sus ventas no han hecho más que crecer. Hoy cuentan con una
moderna planta de pintura y un equipo de más de 600 trabajadores. Y aún
quieren más: el mercado internacional los atrae, pero antes desea que Anypsa
termine de conquistar el mercado local.