APURÍMAC
APURÍMAC
Apurimeños célebres
(Fuente: Libro Apurímac, pobrezas y riquezas.- Nemesio Espinoza Herrera)
José María Arguedas nace en Andahuaylas en 1911 y fallece en Lima en 1969. Escritor
y etnólogo peruano, renovador de la literatura de inspiración indigenista y uno de los
más destacados narradores peruanos del siglo XX.
Sus padres fueron el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas Arellano, que se
desempeñaba como juez en diversos pueblos de la región, y Victoria Altamirano
Navarro. En 1917 su padre se casó en segundas nupcias (la madre había muerto tres
años antes), y la familia se trasladó al pueblo de Puquio y luego a San Juan de Lucanas.
Al poco tiempo el padre fue cesado como juez por razones políticas y hubo de trabajar
como abogado itinerante, dejando a su hijo al cuidado de la madrastra y el hijo de ésta,
quienes le daban tratamiento de sirviente.
Después de realizar sus estudios secundarios en Ica, Huancayo y Lima, ingresó en 1931
a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima para
estudiar Literatura. Entre 1932 y 1937 trabajó como auxiliar de la Administración
Central de Correos de Lima, pero perdió el puesto al ser apresado por participar en una
manifestación estudiantil a favor de la República Española.
Por otro lado, en Arguedas la labor del literato y la del etnólogo no están nunca
totalmente disociadas, e incluso en sus estudios más académicos encontramos el mismo
lenguaje lírico que en sus narraciones. Y aunque no era diestro en el manejo de las
técnicas narrativas modernas, su literatura (basada especialmente en las descripciones)
supo comunicar con gran intensidad la esencia de la cultura y el paisaje andinos.
Arguedas vivió un conflicto profundo entre su amor a la cultura indígena, que deseaba
se mantuviera en un estado "puro", y su deseo de redimir al indio de sus condiciones
económicas y sociales. Se puede decir que la añoranza a las formas tradicionales de la
vida andina hizo que postulara un estatismo social, en abierta contradicción con su
adhesión al socialismo.
Su obra revela el profundo amor del escritor por la cultura andina peruana, a la que
debió su más temprana formación, y representa, sin duda, la cumbre del indigenismo
peruano. Dos circunstancias ayudan a explicar la estrecha relación de Arguedas con el
mundo campesino. En primer término, que naciera en una zona de los Andes que no
tenía mayor roce con estratos occidentalizados; en segundo lugar, que a la muerte de su
madre, su madrastra lo obligara a permanecer entre los indios. De esa manera asimiló la
lengua quechua, y lo mismo sucedió con las costumbres y los valores éticos y culturales
del poblador andino.
Ya desde sus primeros relatos se advierte la problemática que terminaría por presidir
toda su escritura: la vida, los azares y los sufrimientos de los indios en las haciendas y
aldeas de la sierra del Perú. Allí también se presenta esa escisión esencial de dos grupos,
señores e indios, que será una constante en su obra narrativa. El espacio en que se
desarrollan sus relatos es limitado, lo que permite a esta oposición social y cultural
mostrarse en sus aspectos más dramáticos y dolorosos. Ya el derrotero de Arguedas está
trazado; aunque en su fuero interno vive intensamente la ambigüedad de pertenecer a
dos mundos, su actitud literaria es muy clara, en la medida en que determina una
adhesión sin atenuantes al universo de los indígenas, generando dos cauces de expresión
que se convertirán en sendos rasgos de estilo: la representación épica y la introspección
lírica.
Su primer libro reúne tres cuentos con el título de Agua (1935), que describen aspectos
de la vida en una aldea de los Andes peruanos. En estos relatos se advierte el primer
problema al que se tuvo que enfrentar en su narrativa, que es el de encontrar un lenguaje
que permitiera que sus personajes indígenas (monolingües quechuas) se pudieran
expresar en idioma español sin que sonara falso. Ello se resolvería de manera adecuada
con el empleo de un "lenguaje inventado": sobre una base léxica fundamentalmente
española, injerta el ritmo sintáctico del quechua.
En Agua los conflictos sociales y culturales del mundo andino se observan a través de
los ojos de un niño. El mundo indígena aparece como depositario de valores de
solidaridad y ternura, en oposición a la violencia del mundo de los blancos.
Con Todas las sangres, de 1964, Arguedas reanudó, sobre bases más amplias, la
representación del mundo andino. Del relato autobiográfico se pasa a un cuadro general
que comprende las transformaciones económicas, sociales y culturales que suceden en
la sierra peruana. A través de la historia de una familia de grandes latifundistas, el autor
afronta las consecuencias del proceso de modernización que avanza sobre un mundo
todavía feudal.
Todas las sangres es un proyecto narrativo de largo aliento y mucho más ambicioso,
pues pretende sopesar todos los modelos que se presentan como alternativos para
construir y configurar la sociedad peruana. A ello obedece su estructura coral, en la cual
se enfrentan el proyecto capitalista, el orden feudal y un boceto de capitalismo nacional.
Pero el autor invalida cada uno de ellos, proponiendo como legítimo un modelo social
comunitario que no desdeña, empero, la modernización. Todas las sangres eleva el
problema indígena a problema nacional, e incluso le brinda un tinte universal, en la
medida en que el conflicto expresado en la novela corresponde ya en ese momento al
llamado Tercer Mundo.
La última novela de Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, que se publicó
póstuma en 1971, quedó inacabada por el suicidio del escritor. Los capítulos que
consiguió escribir están ambientados en Chimbote, un puerto pesquero del norte, que
sufre un desarrollo impetuoso y caótico. El autor alterna la representación dramática de
los costes humanos de este crecimiento, especialmente la pérdida de identidad cultural
de los indios trasplantados a la ciudad, con apuntes de diario, de los cuales emerge la
decisión, cada vez más inexorable, de suicidarse.
La imagen literaria de Arguedas se completa también con sus Relatos completos,
reunidos en 1975, y con importantes investigaciones antropológicas y folclóricas,
además de su producción poética en lengua quechua.
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(Lima 20 de diciembre de 2008)
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Fuente: [Link]
El siglo XVII significó la consolidación del Cusco como espacio primordial para artistas
criollos e indígenas. Tanto la producción dramática como la literatura erudita integraron
los aportes literarios de sacerdotes españoles y criollos, así como de nobles indígenas
cusqueños. Al permanecer la élite andina en la antigua capital del Incario, la
administración colonial aseguró este fenómeno cultural a través de una agresiva política
evangelizadora. La Iglesia Católica auspició la producción intelectual castellana y
quechua, convirtiendo al Cusco en un importante ámbito intelectual.
Este esfuerzo eclesiástico se vio precozmente afirmado con el impacto del teatro
quechua, entre los que destacan el Ollantay y el Usca Páucar, de autor anónimo, El
pobre más rico, de Gabriel Centeno de Osma, El rapto de Proserpina y el sueño de
Endimión y El hijo pródigo, ambos de Juan de Espinosa Medrano (1629-1688),
apodado “el Lunarejo”. Quizá, el aporte del Lunarejo al autosacramental quechua
afianzó las aspiraciones de la doctrina católica en su afán de acercarse a la élite andina,
pues el tema central desarrollado en sus producciones dramáticas vinculaba su amplio
conocimiento de la tradición clásica con el quechua.
El Lunarejo
El predicador
El texto en su conjunto consta de doce secciones: la misma distribución de la Eneida de
Virgilio o La Cristiada de fray Diego de Hojeda. Al igual que en la Poética, de
Aristóteles, y en el Arte poética, de Horacio, reafirma su intención de interpretar los
aportes estéticos de Góngora. Espinosa Medrano quiere ser predicador y guía de los
hechos que expondrá en su crítica. Veamos ahora algunos puntos importantes del
Apologético:
El estudio de Espinosa Medrano llega a su punto más alto con su análisis de las
Soledades y la Fábula de Polifemo y Galatea. La identificación del genio poético, como
enigma para descifrar el sentido del texto, configura la relación evidente entre el autor y
el receptor de la poesía gongorina. El análisis interpretativo de Faria le sirve para
involucrarse como lector de la Fábula. La significación mitológica no depende –asegura
el Lunarejo– de una imitación exacta con respecto a los modelos clásicos, sino, en la
apropiación de los mismos para sugerir al mundo hispánico como nuevo espacio
poético. Un nuevo esquema
A manera de colofón, las dos últimas secciones cierran el primer estudio crítico indiano.
Los criterios usados por Juan de Espinosa priorizan, sin duda, la propuesta de un nuevo
esquema de interpretación literaria bajo las mismas categorías que la retórica clásica
había expuesto en la Antigüedad. Estos mismos cánones coinciden en la premisa sobre
la que gira su análisis: “ajenos descuidos nos gastan el papel, el tiempo y la vida, sin
acordarse de que, mientras pelean, no nos han enseñado ni un átomo de la verdad”
(sección XII). En consecuencia, ¿la aproximación a la lírica gongorina en el
Apologético debe entenderse como la aplicación de un nuevo estudio literario o se
sugeriría, acaso, la inserción de los criollos americanos en la producción intelectual
hispana? ¿Era consciente el autor de la importancia de su aporte crítico? Si bien
Espinosa Medrano se propone corregir la apreciación española con respecto al sector
criollo a través de un extraordinario estudio crítico, reafirma su preocupación por
profundizar el papel del erudito en la intelectualidad hispana. Es probable que el
Lunarejo haya querido presentarse ante la corona como el mentor de la élite letrada en
Indias en su intención de obtener favores por parte la metrópoli, como también lo
hicieran el Inca Garcilaso y Guamán Poma de Ayala aunque desde perspectivas
distintas.
l constante afán de Espinosa por reconocerse criollo, a pesar de que su origen étnico no
ha podido ser identificado, se suma a su labor evangelizadora en su producción
dramática quechua. Esta posibilidad, sin embargo, no llegó a consolidarse como acredita
su testamento donde se consigna la austeridad de su enterramiento. Clérigo y literato
Juan de Espinosa Medrano (1629-1688), conocido como “el Lunarejo”, fue clérigo
y literato.
Lo llamaban así por el lunar o lunares que marcaban su rostro, y en vida fue ya toda una
leyenda. Se sabe que gracias a su precoz talento se le abrieron las puertas del Seminario
de San Antonio Abad y luego las de la Universidad de San Ignacio, donde se graduó.
Políglota y polifacético, antes de los 18 años ya escribía autos sacramentales, componía
música sacra y dominaba el latín, el griego, el hebreo y, por supuesto, el quechua.
Su primera obra tal vez sea El rapto de Prosepina, drama que llegó a ser representado en
Madrid y Nápoles. También para el teatro compuso El amar su propia muerte, y el auto
sacramental en quechua El hijo pródigo. Además, escribió en latín el tratado Curso de
filosofía tomística, y treinta de sus sermones fueron agrupados póstumamente en 1695,
bajo el título de La novena maravilla.
Fue su Apologético en favor de don Luis de Góngora la obra que le aseguró un lugar en
la posteridad. Publicada en 1662, es una apasionada defensa del gran poeta cordobés,
pero también un ejercicio de estilo y la aplicación de ideas avanzadas para su época y,
en algún caso, próximas a las de la estilística del siglo XX, como lo remarca Dámaso
Alonso.
Fuente:
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Juan de Espinosa Medrano (1629?-1688), escritor peruano, gran figura del barroco
americano y, sin duda, autor del más importante ejemplo de prosa crítica y erudita del
periodo.
Nacido en un pueblo cerca de Cuzco y apodado El Lunarejo, por los lunares que lucía
en la cara, fue el mayor defensor y discípulo de Góngora en la América colonial. Los
datos de su biografía son escasos y están entremezclados con leyendas y supercherías,
tal vez porque sus primeros comentaristas y biógrafos fueron la novelista cuzqueña
Clorinda Matto de Turner y el tradicionista Ricardo Palma, que imaginaron un pobre
clérigo, que por ser indio o mestizo tuvo que sufrir postergaciones y quizá vejaciones a
partir de datos no probados. Hay quienes documentan que era hijo legítimo, que
desempeñó algunos importantes cargos eclesiásticos (entre ellos el de canónigo
magistral de Cuzco) y administrativos, y que estaba lejos de ser pobre, pues tenía
propiedades, siervos y esclavos.
Micaela Bastidas
[Link]
Por ese entonces Tamburco era un pueblo conocido por sus abundantes pastos y una
agricultura floreciente, principalmente de granos, papas y frutas[cita requerida], y, como
lugar obligado de descanso de los viajeros que llegaban tras el paso lento de los mulos
en largas y penosas jornadas. Esto explica la desahogada situación económica de sus
habitantes.
Hija de Manuel Bastidas y Josefa Puyucahua, la joven Micaela era de esbelta belleza y
clara tez mestiza, con el cabello ligeramente ondulado, lo que llevó a muchos a llamarla
"zamba", nombre que se da en Abancay a las personas que por esta característica se
distinguen de las personas típicamente andinas. Lo que más resaltan los historiadores e
investigadores, sin embargo, no son sus rasgos físicos, sino ese temperamento férreo
que marcó su derrotero.
Se casó muy joven en 1760, a los 15 años con José Gabriel Condorcanqui, Túpac
Amaru II, uno de los próceres de la historia del Perú, en la iglesia de Nuestra Señora de
la Purificación, en el pueblo de Surimana, lugar del curacazgo de su marido.
Micaela Bastidas ha de haber tenido también algunos estudios escolares, pues sabía leer
y escribir en castellano. Hasta hace poco, algunos autores sostenían lo contrario,
apoyándose en la noticia de que tuvo varios amanuenses a su disposición durante la
etapa de la rebelión. No obstante, una prueba concluyente de sus conocimientos
idiomáticos es una carta escrita de su puño y letra cuyo original se encuentra en el
Archivo Nacional de Lima.
La lideresa de las huestes tupacamaristas compartió con su marido, desde un inicio, los
ideales de libertad, y aun discutió los planes estratégicos de la rebelión. Incluso parece
haber sido más enérgica que el propio Túpac Amaru en cuanto a la disciplina de las
tropas y la decisión de tomar el Cusco. Se sabe que su habilidad logística fue decisiva
para obtener la victoria de Sangarará el 18 de noviembre de 1780. Sin embargo, la
comprensión y el cariño entre ellos fue evidente, como se desprende del trato que
Condorcanqui daba constantemente a Micaela, hasta en su correspondencia, llamándola
con los diminutivos de "Mica" y "Micaco".
"El papel que desempeñó doña Micaela Bastidas Puyucawa tiene capital importancia
para conocer la rebelión de Tinta. Puede asegurarse que, desde el primer momento, ella
fue el principal consejero de Túpac Amaru, junto al rumoreado Consejo de los Cinco. Y
aunque el caudillo actuó mediante decisiones propias, por sus ideas e iniciativas aparece
la figura de esta enérgica y prócer mujer con los caracteres de un personaje de valor
innegable"
Fue capturada luego del fracaso de la sublevación, Micaela Bastidas fue ejecutada, sus
verdugos le cortaron la lengua, le anudaron al cuello una cuerda que tiraron desde lados
opuestos y, mientras agonizaba, la patearon en el vientre y en el pecho, en la Plaza de
Armas del Cusco, el 18 de mayo de 1781, a los 36 años de edad, habiendo tenido antes
que presenciar la ejecución de su hijo Hipólito y a la vista de su esposo
[Link]
Chabuca Granda
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Chabuca Granda
Fuente: [Link]
A esta etapa pertenecen “Lima de veras”, “La flor de la canela”, “Fina estampa”,
“Gracia”, “José Antonio”, “Zeñó Manué” y muchas otras.
En aquel momento rompió con la estructura rítmica convencional del vals y sus
melodías, de tesitura muy amplia, alternarán el nuevo lenguaje que propuso con el de
los antiguos valses de salón. Su producción también revela una estrecha relación entre
letra y melodía, que fue variando con el tiempo hacia una tendencia poética cada vez
más sintética.
Murió por una disfunción cardíaca en una clínica Miami, en marzo del ‘83. Su voz y su
vasta creación se extendieron más allá de las fronteras de su país, recreadas también por
intérpretes de todo el mundo que han visto en sus obras una fina y sensible expresión de
la música del Perú.
Fue muy amiga de pintores, poetas, periodistas, historiadores, artistas y se dice que
organizaba en su casa reuniones muy simpáticas fungiendo siempre de buena anfitriona
y era admiradora del cantautor cubano Pablo Milanés.
“Su música fue un legado para Latinoamérica, las letras nos pintaban el paisaje y
además la magia de sus letras evadían todas las rimas posibles, una mujer increíble
referente de la cultura de América”, señaló Víctor Heredia en su recuerdo.
“Fue un motor inspirador en muchos creadores que siguieron sus pasos, junto a Violeta
(Parra) y Víctor (Jara), lamentablemente todos fallecidos, fueron nuestros verdaderos
maestros. Muchos de los que hoy componemos hemos aprehendido de su sabiduría y de
sus vivencias”, manifestó.
Chabuca Granda tuvo en sus últimos años un círculo de amigos músicos de raza negra a
quienes estimaba mucho entre los que se contaban a Carlos “Caitro” Soto (percusión),
Félix Casaverde (guitarra), Rodolfo Arteaga (percusión), junto a Álvaro Lagos
(guitarra), Rubén Flores (cantante y padre del tenor Juan Diego Flores). Ella fue
-juntamente con Nicomedes Santa Cruz- la principal impulsora del afro-peruanismo en
la música, que aunque estuvo presente en el sentir popular no había llegado a los
grandes escenarios. Entre sus principales composiciones se destacan: “Bello
durmiente”, “El gallo camarón”, “Cardo o ceniza”, “El dueño ausente”, “El puente de
los suspiros”, “José Antonio”, “Lima de veras” y “Señor Manué”, entre muchas otras.
(Télam)
15 de diciembre de 2008
Terminé mi media mas o menos en 1957 y así, chibolo, antes de cumplir 18, me vine a
la capital y trabaje 3 meses como “chupe” en una farmacia en la autoridad portuaria del
Callao. Lo que ganaba en dicha chamba, me servia para prepararme en una academia
para ingresar a la gran universidad de San Marcos a estudiar derecho, lo que mas tarde
concreté satisfactoriamente… La universidad y la radio
Mi formula talvez se forjó a manera de venganza cuando me di cuenta que los cholos
que venimos de “adentro” casi siempre éramos el “punto”, la burla…es decir, nos
“cochineaban” en todo momento y en todo lugar. Y precisamente de ese mismo
“cochineo” que nos hacían los limeños, saqué a ese personaje avispado quechua-
hablante, orgulloso de sus raíces, y de su cholería, que no solo enamoraba a la cholita de
la hacienda, si no también, a la misma hija del patrón. Es así que triunfé en radio a
rabiar, pero me chupaba de salir en TV…actitud que tuve desde el momento que visité
un set [Link] primera impresión fue que no era algo para mi, porque sentía
que la radio era mas calurosa (siempre había publico en vivo que aplaudía y se reía
abiertamente sin tapujos).
Por el otro lado, en cambio, sentia a la TV mas fría y parametrada (un director muy
esquematizado, demasiados técnicos alrededor…todo se veía para mi muy
complicado…en ese momento)
Es así que fijé mis expectativas artísticas entre la radio y talvez el teatro, pero siempre y
cuando se mantenga un esquema libre y entusiasta (público en vivo), ademas de
divertido…como la misma radio, medio en el cual me inicié…Continúe mis estudios,
pero me di cuenta que todo se encarecía progresivamente…los libros cada vez eran mas
caros y lo que mi padre me enviaba ya no me alcanzaba…esto, sumado a la insistencia
de la TV, quienes comenzaron a llamarme (ya me habían convocado unas 3 veces, pero
yo me negué, entre otras cosas porque el libreto consistía en mostrarme como un cholo
zonzo, tozudo y estúpido, algo que no me gusta, pues como ya les comente, tenia en
mente otra cosa muy distinta).
En 1996, Neira aportó una amplia reflexión sobre nuestra problemática histórica. "Hacia
la tercera mitad, Perú XVI-XX. Ensayos de relectura herética" es un libro que
continuaba la tradición de los "Siete ensayos" o "Perú: problema y posibilidad", pero
poniendo un mayor énfasis en el contexto internacional de nuestro proceso histórico.
Fuente: Diario El Comercio. 15/12/08
19 de diciembre de 2008
Lectura herética
HUGO NEIRA
¿Por qué cree usted que la educación es considerada "la última rueda del coche"?
Porque hemos elegido a las malas autoridades. Un método de volver estúpida a la gente
son las pruebas con múltiples respuestas. Cuando terminé secundaria en el colegio
nacional Melitón Carbajal y luego ingresé a la Universidad de San Marcos, no había
este sistema, teníamos que desarrollar un tema. Educar a alguien no es enseñarle cosas
para que repita.
Dice Savater que el buen maestro es el que educa al alumno para que sea independiente
de él, para que aprenda a aprender. ¿Qué es aprender? Es pensar, es sopesar,
argumentar. Ver el pro y el contra de cada cosa. Ver cómo una afirmación puede ser
parcialmente verdadera y parcialmente falsa. Con este sistema hemos formado varias
promociones de gentes que son analfabetos potenciales porque no se les ha enseñado a
razonar y la razón desde Aristóteles a la fecha son silogismos, son encadenamientos
lógicos. (Página Web de la Biblioteca Nacional)
Publicado por Apurímac, Perú en 19:58
4 comentarios:
ricardo dijo...
Orgulloso del pueblo Apurimeño con el talento dado al país, José Maria
Arguedas es y será un referente en cuánto a cultura andina. Me siento orgulloso
de tener orígenes de Andahuaylas, de ser Alumno en la Unmsm y de tener como
profesor a Nemesio Espinoza en mi primer [Link] me guíe por el camino
para lograr cambios en apurimac como revalorizar los valores andinos, mejorar
la nutrición desde la niñéz, mejorar la educación enfocada a la realidad andina al
amor a su lugar de origen, mejorar la salud(educando a las personas como
mejorar su dieta),etc.
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