0% encontró este documento útil (0 votos)
76 vistas14 páginas

Introducción a la Revolución Rusa

Este documento presenta una introducción a la historia de Rusia y la importancia de estudiar la Revolución Rusa. Explica que la Revolución Rusa fue el primer intento exitoso de imponer un sistema anticapitalista y que tuvo un gran impacto en el mundo, modificando las relaciones sociales, el arte y la asignación de recursos. También señala dos paradojas sobre el conocimiento y la empatía hacia la Revolución Rusa en la actualidad y propone estudiarla para entender sus condiciones y potenciar la imaginación política.

Cargado por

Pepa Lui
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
76 vistas14 páginas

Introducción a la Revolución Rusa

Este documento presenta una introducción a la historia de Rusia y la importancia de estudiar la Revolución Rusa. Explica que la Revolución Rusa fue el primer intento exitoso de imponer un sistema anticapitalista y que tuvo un gran impacto en el mundo, modificando las relaciones sociales, el arte y la asignación de recursos. También señala dos paradojas sobre el conocimiento y la empatía hacia la Revolución Rusa en la actualidad y propone estudiarla para entender sus condiciones y potenciar la imaginación política.

Cargado por

Pepa Lui
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

HISTORIA DE RUSIA

Clase Teórica de introducción general a la materia


14 de abril de 2020

Presentación

Bienvenidos a Historia de Rusia. Luego de haber presentado la dinámica de la cursada, en esta


primera clase haremos una breve introducción a la historia rusa. Luego haremos una breve reseña
de las corrientes historiográficas, presentaremos algunas cuestiones metodológicas y, finalmente,
indicaremos algunos de los núcleos problemáticos de la historia rusa y soviética.

Para comenzar, les pido que se detengan unos instantes en las siguientes preguntas:

¿Por qué Rusia?


¿Cuál es la importancia de su historia?
¿Qué nos puede ayudar a comprender?

Hay varios elementos que podríamos citar, pero hay uno que es central y es sobre el cual está
estructurado la materia que es la Revolución Rusa.

Muchos de los fenómenos de nuestra historia reciente como la derrota del nazismo, la carrera
espacial, la Guerra Fría, la expansión del Estado de Bienestar o la descolonización, entre otros, no
se pueden entender sin hacer referencia a la Revolución Rusa y a la Unión Soviética. Tal fue la
importancia de la Revolución que para Eric Hobsbawm el siglo XX se abre y se cierra prácticamente
con la experiencia soviética.1 La Revolución Rusa fue un suceso que, entre otras cuestiones:

• Creó una nueva forma de gestión política de lo social a través de los soviets
• Redefinió los límites geográficos europeos y del propio mundo, al correr del centro a la
misma Europa e incluir a regiones que, previamente a la descolonización, eran miradas
como distantes
• Trastocó las relaciones afectivas y familiares al legalizar el aborto, despenalizar la
homosexualidad y permitir el divorcio
• Modificó para siempre las formas en las cuales se desarrollaba el arte, a través de las
vanguardias artísticas y las exploraciones respecto la cultura proletaria
• Diseñó una nueva forma de asignar los recursos de una sociedad que excedía al mercado,
como lo demuestra el sistema de planificación centralizada.

1
Eric Hobsbawm, Historia del Siglo XX. Buenos Aires, Crítica, 1998, p. 13.

1
La Revolución Rusa fue la primera revolución anticapitalista triunfante en el mundo. Es decir, fue el
primer intento de imponer un nuevo sistema sino socialista al menos anticapitalista. Y ese intento,
al menos en principio, triunfó. Acá reside la importancia de la historia de Rusia pero también el
componente político que hay que tener en cuenta: hacer una historia de la Unión Soviética lleva
inevitablemente a un juicio valorativo sobre el comunismo y esto es algo que deberemos tener en
cuenta esto durante toda la cursada.

Alrededor de la Revolución Rusa existen dos paradojas:

1. PARADOJA 1. Se conoce mucho sobre la Revolución Rusa, de hecho tal vez sea uno de
los hechos históricos más conocidos ya que todo el mundo sabe algo sobre él. Pero,
paradójicamente, es un evento muy mal conocido, ya que estuvo cruzado históricamente
por intereses políticos e ideológicos. Por citar dos ejemplos cercanos, si tienen abono en
Netflix pueden ver allí dos series que muestran con claridad cómo un acontecimiento como
la Revolución Rusa o alguno de sus protagonistas centrales puede ser distorsionado,
banalizado o reinterpretado en clave conservadora. Se trata de las series Trotsky (2017) y
Peregrinación por los caminos del dolor (2017), ambas financiadas por el Ministerio de
Cultura de la Federación Rusa. No hace falta ver la serie completa, incluso se puede ver
en el tráiler que les comparto aquí: [Link]

2. PARADOJA 2. Gracias a la apertura de los archivos, cada día se conoce más sobre la
Revolución pero, paradójicamente, se empatiza menos con ella. Estamos presenciando un
contexto en el cual la idea de revolución está en caída. La propia disolución de la Unión
Soviética y la idea desarrollada por algunos filósofos del “fin de la historia” ha colaborado
en ese sentido. La izquierda tradicional ha venido sosteniendo discursos autocelebratorios
que poco sirven para hacer una revisión crítica de la experiencia soviética. La derecha, a
su vez, sostiene discursos condenatorios. En la propia Rusia, la idea de revolución está
condenada: hasta el propio presidente Putin considera que allí comenzó el desastre de
Rusia (como pueden leer en la siguiente nota:
[Link]
[Link]) Durante 2017, en el año del Centenario, casi no hubo
celebraciones oficiales y se prefirió dejar que los historiadores se encargaran de “averiguar
la verdad”. La Revolución Rusa así se desplazó del debate público y se despolitizó.

La propuesta de la cátedra es entonces ofrecer un espacio de formación en donde este evento


central en la historia de la humanidad pueda ser analizado, debatido y comprendido. Pero también
pretendemos recuperar la Revolución Rusa en un sentido opuesto las posiciones dominantes: no
tanto para celebrarla acríticamente ni para condenarla furiosamente sino para, como sostienen M.
Hardt y S. Medrazza,2 generar una historia que nos permita “recordar el futuro”. Es decir, más allá
de los balances que podemos hacer sobre su experiencia y la de la Unión Soviética, sobre sus
logros y fracasos, sobre sus alcances y límites, lo que me parece fundamental es apreciar el modo
en el cual la ruptura producida por la Revolución Rusa mostró nuevos horizontes para el
pensamiento político y la vida cotidiana, haciendo posible lo que hasta ese momento era
impensable. La Revolución Rusa fue una notable fuente para la innovación del pensamiento
teórico. Pero también abrió nuevos y vastos horizontes para la imaginación política a un punto tal
que todavía hoy, enormes territorios de ese universo desconocido iluminado por la Revolución
esperan ser explorados y experimentados. Aquí es donde reside su mayor potencial: la posibilidad
de hacernos desear lo que previamente no podíamos ni siquiera imaginar.

2
Michael Hardt y Sandro Mezzadra, “October! To Commemorate the Future”, en The South Atlantic Quarterly
116 (4), pp. 649-668.

2
La Revolución Rusa hizo que el futuro
formara parte del presente

Si de algo sirve estudiar hoy la Revolución Rusa, entonces, es para rescatarla de las manos de
nuestros enemigos y redescubrirla como un legado de nuestros posibles ancestros respecto del
potencial que tienen los momentos de ruptura. Y para recordarnos que tal ruptura política radical
todavía es posible, aún si las condiciones actuales no parecen propicias.

De esta manera, nuestra exploración actual de la Revolución Rusa tiene que poder servirnos hoy
para entender cuáles fueron las condiciones que la hicieron posible y, aún más, para estimular y
liberar nuestra imaginación política para, de ese modo, dotar de un nuevo sentido emancipatorio a
nuestro presente.

3
Una reseña de la historiografía sobre la Revolución y la Unión Soviética

La forma de contar la historia de la Revolución Rusa dominante en la actualidad tiene un sentido


profundamente conservador, ya que la moraleja es que no importa cuánta energía, cuántos deseos
de emancipación pongamos los hombres y mujeres en sociedad para cambiar el mundo, no importa
con cuánta convicción lo hagamos, finalmente terminaremos teniendo el destino del aprendiz de
brujo que intenta controlar las artes de la brujería y termina desatando fuerzas que se ponen en su
contra.

Llegados a este punto debemos preguntarnos:

• ¿Cómo fue narrada la historia de la Revolución Rusa?


• ¿Cuáles fueron los sentidos que se desprendieron de tales interpretaciones?
• ¿Siempre ha predominado un sentido conservador?

En lo que sigue, entonces, les propongo hacer un breve repaso por las distintas corrientes que
narraron la historia de la Revolución y de la Unión Soviética. Este repaso se complementa con el
texto que está indicado en el programa como bibliografía obligatoria.

La versión oficial del Partido Comunista y el caso Prokovsky

En las narrativas oficiales, prácticamente inalteradas durante toda la existencia de la Unión


Soviética luego de que se publicara la Breve historia del Partido Comunista de la URSS a mediados
de la década de 1930, se construye un relato en el cual se encorseta el caudal múltiple del proceso
revolucionario de 1917 en un esquema lineal y abstracto de la historia. Allí se establece la
existencia de una sucesión de modos de producción a través de la cual se supone que lo que pasó
en 1917 fue una revolución que permitió el paso de un modo de producción capitalista al modo de
producción socialista. Esta revolución fue encabezada por la clase que se suponía que era la
sepulturera del capitalismo, la clase obrera, conducida por el partido más consciente de esa clase,
el Partido Bolchevique. De esta manera la Revolución de 1917 se entiende como la cadena de
eventos que condujo a la toma del poder por parte del Partido bolchevique y a la instauración de
un régimen nuevo. Y así es cómo se legitimaba al régimen resultante.

El problema con esta forma de narrar los hechos es que selecciona y mide los hechos de 1917
de acuerdo a la vara de un proceso lineal. Se construye primero una narrativa central de lo que
pasa en el poder político exclusivamente. De allí se derivan los nombres de revolución “de
febrero” y revolución “de octubre”, la primera indicando el cambio de la caída de gobierno zarista
y la segunda indicando la caída del Gobierno provisional. Esos hechos políticos son los que
definen las fronteras de la revolución y se deja en la sombra o incluso se oculta a veces
deliberadamente toda la serie de acontecimientos que no tuvieron que ver con aquello que
sucedía en la esfera del poder político. Por otro lado, también en la medida en que se piensa o
se sostiene que es la clase obrera la que lidera y conduce ese proceso revolucionario, también
quedan en la sombra la cantidad y variedad de grupos sociales que participaron en la
revolución, además de los obreros.

En definitiva, se construye desde el Partido Comunista una narrativa que está centrada en
elites, en este caso en los dirigentes de los partidos políticos. En el mejor de los casos las
clases subalternas son un especie de coro que enmarca la acción de estas elites que son las
que conducen la revolución.

4
Una excepción a esta interpretación, dentro de la Unión Soviética, la marcó la escuela de Mijail
Pokrovksy. Pokrovsky era un historiador marxista y entendía que la tradición histórica rusa
tendía a exagerar el rol de los factores políticos internos y a subestimar los factores económicos
externos. Para el historiador, “los intentos de entender la historia de cualquier país sin tener en
cuenta los vínculos con la historia de la humanidad como un todo están destinados al fracaso”.
En su Historia de Rusia desde los tiempos antiguos (1910-13) y en su Breve historia de Rusia
(publicada en la década de 1920 y aclamada por Lenin) sostuvo que el intento de analizar la
historia rusa como una narrativa independiente y aislada podían llevar a legitimar los mitos de
los occidentalistas -que veían todos los errores de Rusia a la insuficiente influencia de occidente-
y los eslavófilos -que veían que los males se debían a un exceso de influencia-. Los marxistas
“legales” no hicieron mucho para mejorar la situación ya que veían la historia del país
aisladamente del proceso mundial y el desarrollo era percibido como una carrera en la cual los
competidores se movían al mismo tiempo y en la misma dirección pero en carriles paralelos.

Una visión como la de Pokrovsky sólo pudo mantenerse hasta 1937. A partir de allí, sus trabajos
fueron condenados por “antipatrióticos” y desechados por la vuelta a una visión de la historia
prerrevolucionaria: la URSS como culminación triunfante de años de historia de intentar superar
el atraso ruso. Así, el marxismo soviético no hace más que actualizar las ideas del liberalismo;
no las critica ni las supera. En un sentido, la interpretación liberal y la de la burocracia
soviética coinciden: se trata de una sociedad comunista, con dos clases sociales amigas
-proletariado y campesinado- y un grupo social aliado-los intelectuales-. Solo cambia la
valoración: para unos es condenada y para otras alabada, pero su falta de dinámica no ayudan
en nada para entender los cambios de esta sociedad.

La historiografía de izquierda no académica

Desde el marxismo ajeno al Partido Comunista de la Unión Soviética se ensayaron varias


corrientes de interpretación de la URSS, siempre desde un marxismo más vinculado a la “herejía”
que a la “ortodoxia”, no siempre desde la academia y no siempre conformando corrientes
homogéneas. Aquí podemos reunirlas en 3 grandes corrientes de interpretación:

1. Tesis del capitalismo de estado. Interpretación que aparece temprano, primero en la


socialdemocracia (Kautsky), Martov en la propia Rusia y luego algunos disidentes del Este.
El propio Mao utilizará la expresión para referirse a la URSS de Khrushchev. Finalmente,
en algunos intelectuales desencantados con la URSS y esperanzados por el modelo chino,
como Ch. Bettelheim en Francia. La tesis que sostiene esta corriente, que no es del todo
homogénea, es que la Unión Soviética no es un régimen socialista porque la propiedad
estatal de medios de producción no es igual al carácter colectivo de los medios de
producción; las relaciones de producción dominantes son iguales a las del capitalismo ya
que hay una división del trabajo que somete al obrero; y la burguesía sigue existiendo bajo
una forma modificada: gerentes de empresas, ingenieros, etc. Las impugnaciones que
surgieron apuntaron que le cuesta sostener una teoría “por la positiva”. Esto fue señalado
entre otros por L. Trotsky y P. Sweezy. Un régimen de propiedad estatal, aun sin ser
socialista, deja de ser [Link] otra parte, la burguesía ha sido expropiada y por lo
tanto eliminada como clase y la penetración de formas mercantiles sólo se dio al final de
estas experiencias y de manera despareja.

5
2. Tesis del estado obrero degenerado. Estas ideas aparecen en el último Lenin y son
retomadas por la oposición de izquierda y sistematizada teóricamente por Trotsky. Luego
se puede rastrear en autores como E. Carr, I. Deutscher y P. Anderson. La tesis que
sostiene esta corriente es que el proceso de transición del capitalismo al socialismo quedó
congelado por la degeneración burocrática de la sociedad. En ese sentido, el estalinismo
es la expresión política de un proceso social: la formación y consolidación de un estrato
burocrático. El Estado sigue siendo obrero aunque burocráticamente degenerado. No es
una contrarrevolución social sino política ya que mantiene las relaciones de propiedad
postcapitalistas. La legitimidad de la burocracia depende de la defensa del estado obrero.
La burocracia no tiene destino histórico. Su dominación es transitoria: o bien el proletariado
recupera el poder a través de una revolución política o el régimen burocrático sumido en la
crisis sucumbe ante el capitalismo. Las impuganaciones que se le hicieron a esta posición
provienen de algunos autores de la tradición trotskista como C. Lefort, C. Castoriadis o
algunos ajenos a esa tradición como R. Bahro. Entre otras cosas, sostienen que la
caracterización de la URSS como “transición bloqueada” impidió entender a las sociedades
como formaciones sociales específicas y que el atraso y el aislamiento no alcanzan para
explicar la degeneración. Además ven cierto fatalismo histórico en Trotsky, en el sentido
de que el socialismo es una etapa necesaria de la historia. Finalmente, la definición propia
de estado obrero se hace sobre la base de la propiedad estatal de los medios de
producción; esto es condición necesaria pero no suficiente.

3. Tesis del colectivismo burocrático. Nace como diferenciación crítica de la anterior. La


URSS como forma social de opresión de nuevo tipo, ni socialista ni capitalista. Sociedad
que extrema ciertas tendencias del capitalismo: burocratización, planificación, estatismo,
etc. a un grado tal que termina enfrentándose con él. Y que es estable y no una formación
en tránsito hacia otra. La burocracia es la nueva clase dominante, no un estrato parasitario.
Es una corriente muy heterogénea e incluso cada autor no logra una interpretación
coherente como Trotsky. El representante más conocido sea tal vez C. Castoriadis, quien
realiza un aporte teórico innovador: las relaciones de producción dominantes son
antagónicas y dividen a dirigentes y ejecutantes. La burocracia dispone de los medios de
producción y explota al resto de la sociedad. La clase obrera está sometida a relaciones
salariales y la planificación burocrática reemplaza al mercado como asignador de recursos.
También hay que incluir aquí a R. Bahro, quien en La Alternativa sostuvo que la URSS no
es un orden esbozado según Marx, sino algo distinto; no es una desviación ni una
deformación, es algo distinto: una máquina estatal burocrática. La “alternativa” comunista
sólo puede provenir desde abajo, como revolución comunista y cultural de obreros e
intelectuales. Las impugnaciones a esta corriente se basó principalmente en la idea de que
la crisis y reconversión del capitalismo desde 1970 ha mostrado que algunas de las
tendencias que estos autores veían que llevaban a la superación del capitalismo
(planificación, regulación estatal, etc.) sólo eran propias de una forma histórica del mismo
(fordismo).

6
La Escuela del Totalitarismo y la sovietología clásica

Durante la segunda posguerra, una corriente conocida como sovietología clásica tendió a
considerar a la URSS como un régimen totalitario. A partir del desenvolvimiento de la Guerra Fría,
autores como Hannah Arendt, Carl Friedrich y Zbigniew Brzezinski observaron que la clave para
entender al estalinismo pasaba únicamente por sus rasgos políticos y sistematizaron el uso del
término “totalitarismo”. Para estos autores y demás integrantes de la sovietología -que en su
mayoría eran politólogos- esta nueva forma de dominación monolítica se caracterizaba por rasgos
que compartían con la Alemania Nazi: el predominio de un único movimiento político obediente a
su líder, quien a su vez hacía uso del terror para imponer sobre las masas atomizadas la ideología
del partido y sus objetivos. El Estado, además, concentraba en sus manos el monopolio de los
medios de comunicación y la dirección central de toda la economía. De este modo la agencia
individual quedaba eliminada y todas las actividades sociales estaban estrictamente controladas
por el Estado, impidiendo así el desarrollo de cualquier capacidad de reacción social.

Dentro de este esquema, la Revolución es interpretada como el resultado de la acción de un


partido reducido, no representativo y totalitario en estado de embrión que gracias a la maníaca
determinación de Lenin por asumir el poder, la férrea organización del partido y la disciplina,
pudieron enfrentarse a la oposición dividida y a un zar pusilánime. Eso les permitió “usurpar” el
poder, con lo cual en estos relatos la palabra “revolución” es sustituida por la de “golpe de
Estado”. Luego, los bolcheviques dominan la política a través de la violencia, la ortodoxia
ideológica, el dogmatismo programático y la organización burocrática centralizada. Eso ayudó
a ganar la guerra civil pero el desgaste de la guerra y la sucesión de Lenin hacen que retroceda
del totalitarismo con la NEP, para retomar fuerzas. Una vez puesto en orden el partido, Stalin,
ganado por el fanatismo ideológico consuma el asalto totalitario de la sociedad. Emerge un
partido-estado totalitario. Se destruyen los límites entre estado y sociedad.

Este es el esquema básico de interpretación consensuado. Pero alli no hay ningún interés por
una explicación histórica, que reconozca los alcances del proceso de modernización económica
impulsado por el Estado. Octubre aparece como un desafortunado accidente histórico. De etsa
interpretación de desprende además la tesis de la continuidad: el bolchevismo es un embrión
del estalinismo y habría una línea directa entre Lenin y Stalin.

Así, las investigaciones empíricas se hacían entrar dentro de este chaleco interpretativo, que
interpretaciones o sacó de estudios parciales interpretaciones globales. Fue más lo que
oscureció que lo que reveló. El análisis histórico se ajustó a la tesis de una inevitable continuidad
sin quiebres a lo largo de la historia de la URSS. Eliminó todo lo diverso y lo problemático de su
objeto de investigación. La sovietología se cerró en sí misma y clausuró así su propio desarrollo:
estaba todo dicho.

El consenso aparece a partir de los '40 y con el recrudecimiento de los prejuicios de la Guerra
Fria: antes había variedad de enfoques, interpretaciones y perspectivas políticas que iban desde
la hostilidad a la URSS hasta la simpatía e incluso la apología. Las fundaciones privadas
otorgaron millones de dólares para el financiamiento de los estudios rusos generales pero el
contexto político impulsó la investigación vinculada con lo político, que fue apoyada además por
la CIA. Relaciones cercanas y complejas con agencias gubernamentales. Profesión altamente
politizada, imbuida de compromisos políticos, compromiso de cruzada queriendo “conocer al
enemigo”. Utilitaria y carente de autocrítica, la sovietología fue decayendo a medida que decaía
la Guerra Fría.

7
Los académicos “revisionistas”

Hacia mediados de la década de 1960, en un contexto en donde en la propia URSS comenzaba a


realizarse una revisión del pasado inmediato, surgió una crítica al enfoque de la Escuela del
Totalitarismo que puso en evidencia muchas de sus falencias. El Deshielo, por ejemplo, puso en
evidencia una realidad “no totalitaria”. Aparecieron nuevos materiales para estudiar, había menos
límites culturales y se permitieron viajes a la Unión Soviética. Los orígenes de esta revisión son
diversos: por un lado, autores inspirados en la Teoría de la modernización comenzaron a reconocer
la situación de atraso relativo de Rusia de principios de siglo. Esto es lo que habría obligado al
zarismo a iniciar una industrialización desde arriba que exacerbó la brecha entre gobierno y pueblo
en un contexto de competencia internacional. Esto nos aleja de interpretaciones tales como
“debilidad del zar” o “alta organización de los revolucionarios” para centrarse en los procesos
sociales aunque por lo general olvidan a los actores sociales y construyen relatos fatalistas.

Por otro lado, dentro de la sovietología norteamericana, surgió una corriente llamada
“revisionista”, que atacó fuertemente el concepto de totalitarismo. De hecho, puso fin a la
ortodoxia en los estudios soviéticos. Con una importante base empírica, estos investigadores
denunciaron el carácter eminentemente ideológico de la sovietología y expusieron la deficiencia
que esa perspectiva poseía para analizar los fenómenos políticos en el contexto social en el
cual surgieron, ya que se limitaba a remarcar los efectos del poder pero no sus fuentes sociales.

Los nuevos estudios dejaron de explicar al estalinismo en términos de una división entre lo
público y lo privado para concentrarse en el desarrollo de la dinámica social. Aunque tiene una
visión estrecha, ya que se queda en la dirigencia política, desemboca en una crítica del modelo
totalitario, basado en tres puntos:

• Refutación de una concepción estática de la política soviética


• Desarrollo un panorama más amplio del conflicto político, en donde se destaca el
complejo proceso de toma de decisiones que involucra a facciones, grupos de intereses
y redes burocráticas
• Rechazo de la idea de asimilación entre URSS y Alemania Nazi. Los conflictos evidentes
dentro de la burocracia, por ejemplo, obligaron a estos estudiosos a discutir la visión
“totalitaria” de un poder monolítico.

Por otra parte, sus exploraciones señalaron un alto grado de apoyo activo por parte de la clase
obrera durante los primeros años del gobierno de Stalin y la existencia de estrategias de
resistencia al régimen desconocidas hasta entonces. Así, la imagen que se obtuvo de la URSS
de esos años se vio notablemente renovada y complejizada. Si bien autoritario, el gobierno
soviético no podía ser considerado totalitario y la sociedad soviética podía ser entendida como
algo más que un ente pasivo manipulado por el dictador. Los nuevos estudios rechazaron la
tesis de la continuidad entre bolchevismo y estalinismo, remarcando elementos de ruptura entre
ambos fenómenos. Algunos de sus miembros más destacados son Sheila Fitzpatrick, quien no
tenía mucha simpatías por los bolcheviques pero se rinde ante la evidencia y Stephen Cohen,
quien en sus investigaciones encuentró diversidad ideológica y estratégica dentro del partido
bolchevique, el cual no era irreductible a la figura de Lenin.

Las investigaciones revisionistas también demostraron la existencia de elementos nuevos en la


ideología estalinista, inexistentes en la tradición anterior bolchevique como el resurgimiento del
nacionalismo, el antisemitismo, el estatismo y pautas culturales conservadoras. La
colectivización forzosa también es un elemento nuevo.

8
El “giro cultural” y los enfoques más recientes

La disolución de la Unión Soviética en 1991 tuvo su impacto en la labor historiográfica que, ante la
evidencia del fracaso del proyecto comunista, volvió a revisar el pasado para entender mejor ese
presente. Este proceso fue favorecido por varios factores, entre los que se destacan la apertura de
los archivos y la desclasificación de una gran cantidad de documentos, la posibilidad de realizar
trabajos de campo casi sin restricciones dentro de Rusia y los cambios operados en los enfoques
teóricos dominantes, que mutaron desde la historia social hacia la nueva historia cultural.

De este modo, dos procesos diferentes y simultáneos -el acceso al material empírico y la
renovación de los enfoques teóricos- derivaron en una revisión del fenómeno soviético y, muy
especialmente, del estalinismo. Lo que se destaca dentro de las nuevas interpretaciones es la
reconceptualización del régimen estalinista, al cual se prefiere caracterizar globalmente como una
cultura o una “civilización”, sobre todo en los trabajos de la renovación historiográfica anglosajona.
Un ejemplo son los trabajos de Stephen Kotkin. Los investigadores dieron a entender que la clave
para comprender históricamente al estalinismo no se encontraba únicamente en las altas esferas
del Partido Comunista -como sucedía con la Escuela del Totalitarismo- o en la dinámica de las
fuerzas sociales -como los veían los miembros del revisionismo- sino, sobre todo, en el entramado
de prácticas, discursos y rituales desplegado dentro del régimen. En ese sentido, los nuevos
trabajos de la historiografía ampliaron de manera significativa el campo de exploración de la
sociedad soviética.

Las nuevas investigaciones se vieron favorecidas por la supresión de los viejos prejuicios
surgidos durante la Guerra Fría y también por el acercamiento hacia las producciones de los
investigadores rusos. A su vez, esta nueva corriente no descartó de modo concluyente los
aportes construidos por sus antecesores. de hecho ha tomado como punto de partida una
premisa compartida tanto por los sovietólogos como por varios revisionistas: lejos de ser un
fenómeno postrevolucionario, el estalinismo fue la verdadera y única revolución -y no la
realizada por los bolcheviques en 1917- ya que moldeó las estructuras políticas, económicas,
sociales y culturales que se mantuvieron casi sin modificaciones hasta la caída de la URSS. Sin
embargo, y a pesar de esta aseveración, estos estudios no lograron presentase como una
corriente unificada, ya que además de otorgar resultados dispares se nutrieron de diferentes
perspectivas teóricas y autores que van desde Mijaíl Bajtín, Norbert Elías y Jürgen Habermas y
llegan hasta Michel Foucault.

La renovación propuesta por esta “tercera generación” de investigadores permitió así visibilizar
un conjunto de problemas antes minimizados y revisar otros largamente discutidos para
complejizar y completar la concepción que se tenía respecto del estalinismo en particular y del
régimen soviético en general. En ese sentido, un tema fundamental es el problema de la
modernidad. En este debate se enfrentan dos posturas: por un lado, la de los modernistas
(cuyo principal exponente sería el propio Kotkin) que considera a la Unión Soviética como una
modernidad alternativa, ya que que desarrolló su propia versión del Estado de bienestar,
planificación económica, sistema de vigilancia, etc. Por el otro se encuentran los
neotradicionalistas (cuya principal exponente sería Fitzpatrick), quienes consideran que la
URSS es un caso único: si bien es moderna actualiza rasgos arcaicos, como redes
clientelares, mistificación del poder, etc.

9
Luego de esta brevísima y simplificada reseña, se nos plantea un desafío actual, tanto como
historiadores como eventuales herederos de una tradición de izquierda:

¿Cómo narrar hoy la historia de la Revolución Rusa y de la experiencia soviética?

¿Cómo construir un relato que no sea condenatorio de las experiencias revolucionarias pero que
tampoco una celebración acrítica?

Si la Revolución rusa es narrada de acuerdo a una forma conservadora, el peligro es que tal
narración va a proyectar delante de sí la idea de que vivimos en un mundo donde no es posible
cambiar colectivamente el orden social. Es en contra de ese sentido conservador que nos
interesa estudiar la Revolución Rusa, para de algún modo “salvar” a los protagonistas de la
Revolución de la condena que les impone el contar su historia de esa manera, la condena que
impone esta narrativa conservadora sobre sus deseos de emancipación.

Si la Historia puede entenderse como una forma de otorgar sentido a la vida presente, tanto
individual como colectiva, es fundamental el modo en que nos narremos esa historia porque de
ella dependerá el sentido que le daremos al presente como la proyección que imaginaremos
para nuestro futuro.

10
Algunas cuestiones metodológicas

Si analizamos algunas interpretaciones sobre el “atraso” ruso podremos ver que para algunos
autores los culpa es de la invasión mongola; para otros, los villanos son los bolcheviques; para
los eslavófilos el problema está en Pedro el Grande; para los occidentalistas las miserias se
deben a que el príncipe Vladímir aceptó el cristianismo de Bizancio y no de Roma. Estos análisis
-que en muchos casos fueron tomados por la historiografía occidental sin crítica- fracasan
porque se basan en una supuesta “especificidad rusa”. Tanto eslavófilos como occidentalistas
comparten el hecho de entender a Rusia desde un lugar aislado y especial, no sujeto a la lógica
que también afectaba a otros países. Para los occidentalistas, por ejemplo, la historia del país
es una anomalía: para superarla se necesita una autoridad ilustrada que rompa con el pasado,
incluso también contra su pueblo y su cultura. Los eslavófilos, por el contrario, creen en un
camino especial de Rusia y resaltan todo lo que sirva como prueba de la existencia de una
civilización ortodoxa o euroasiática, es decir, todo lo que diferencie a Rusia del mundo.

Ahora bien, no hay manera de divorciar la historia de Rusia del resto de Europa y del mundo: la
“especificidad” rusa es simplemente la manifestación específica de procesos desarrollados en
todo el mundo. A menudo es una manifestación extrema y tortuosa y es precisamente por esa
razón que un poco de historia rusa es necesario para entender lo que sucede en el mundo. Y
viceversa: sin saber sobre historia mundial el pasado ruso se convierte en un absurdo
rompecabezas. La “especificidad” rusa no se debe al “alma eslava misteriosa” sino a una
posición específica –periférica- que el país ocupó dentro del sistema económico mundial.

La historia rusa se entiende solo dentro del contexto provisto por el mundo como un todo

En este sentido, cambia la idea de espacio que manejamos: la historia de Rusia no es lo que pasa
únicamente en Rusia sino dentro de un espacio más general, la sociedad mundial, que se
manifiesta en un espacio particular pero interconectado que es eso que hoy conocemos como
Rusia. Más aún, muchos de los procesos exceden el marco territorial dado por los Estados
nacionales y componen un nuevo espacio “transnacional”, que no es ni ruso ni europeo y que se
conforma a partir del espacio de los flujos, las transferencias y los intercambios tanto materiales
como simbólicos. De este modo cambia el marco espacial con el que trabajamos habitualmente.

Pero también es necesario para estudiar Rusia atacar la idea lineal de tiempo con la que
habitualmente trabajamos los historiadores. Es decir una idea donde todos los sucesos se
ordenan de acuerdo a una línea temporal, de modo tal que cada suceso es causa del suceso
siguiente y apuntan juntos hacia un resultado que no es otro que la realidad tal cual la
conocemos. Esta concepción del tiempo es la que impide contar una historia de la revolución,
por ejemplo, que de cuenta de la multiplicidad de actores, eventos y, sobre todo, de opciones
latentes. Los momentos insurreccionales, los momentos de revolución social, habitan en un
tiempo que es diferente, que es distinto al tiempo lineal que construyen las narrativas
historiográficas dominantes.

De acuerdo al tiempo lineal y a las narrativas de la historia en que el tiempo es una línea, cada
momento es relevante sólo si es consecuencia de uno anterior y es causa de uno siguiente.
Cuando un historiador que tiene esta idea del tiempo en la cabeza va a estudiar un proceso
histórico, selecciona hechos que le parecen relevantes y desecha otros que no; como conoce
el “desenlace”, sabe qué es lo que terminó sucediendo, selecciona aquellos hechos que le
parece que son causa de, y que “contribuyen” a, ese desenlace.

11
El problema con esta forma de construir una narrativa del tiempo, tomando lo que decía el
famoso filósofo marxista Walter Benjamin, es que en realidad el tiempo así construido, el tiempo
lineal, siempre resulta el tiempo del poder, porque apunta a explicar el mundo tal como existe.3
En la medida en que el mundo tal como existe es el mundo tal como ha sido forjado por los
poderosos, por las clases dominantes, el tiempo que apunta hacia ese resultado -al mundo tal
como ha sido construido-, ese tiempo lineal es siempre y necesariamente el tiempo de la clase
dominante. Frente a este tiempo lineal que apunta hacia el resultado actual, que apunta hacia
el presente, que acomoda todos los hechos como si todos apuntaran necesariamente al
presente tal como lo conocemos hoy, nosotros buscamos partir -retomando a Benjamin- de otra
forma de pensar el tiempo, que es lo que él llama el tiempo ahora. El tiempo ahora es el tiempo
vital de la elección, el tiempo de la praxis, el tiempo que, como planteaba Benjamin, hace “saltar”
la continuidad de la historia y permite visualizar la plenitud de ese instante presente donde uno
crea y decide.

Pensar el tiempo de esa manera nos libera de la necesidad de analizar cada hecho midiéndolo
con lo vara de lo que viene antes y de lo que viene después; nos permite analizar cada hecho
en la plenitud del momento en que sucede, sin subordinarlo a sus pasados probables o a sus
futuros posibles. De este modo cambia el marco temporal con el que trabajamos habitualmente
para entender a Rusia.

3
Walter Benjamin, “Sobre el concepto de historia”, en Walter Benjamin, Conceptos de Filosofía de la Historia.
Buenos Aires, Agebe, 2011, pp. 13-14.

12
Para finalizar: algunos núcleos problemáticos de la historia de Rusia y la Unión Soviética

Para finalizar esta clase, podemos evocar aquí a las proklatye voprosy, es decir, esa serie de
preguntas que en la tradición cultural rusa son consideradas como “malditas” : “¿Qué es Rusia?”
“¿Qué hacer?” “¿Qué es la intelligentsia?”. Estas preguntas son “malditas” porque en apariencia
son cuestiones que no tienen resolución. De hecho, surgieron mucho antes de la tradición
revolucionaria y todavía de alguna manera persisten.

Nosotros también nos podemos hacer preguntas -aunque no sean “malditas”- y que nos sirvan
para orientar nuestra aventura por la historia rusa y, en la medida de lo posible, aportar
elementos que nos permitan explorar algunas respuestas tentativas.

Pero antes debemos hacer una aclaración importante: muchas veces se explica a Rusia por lo
que no tenía, es decir, por las ausencias:

• como no heredó el derecho romano, tuvo poco respeto por la ley


• como no abrazó la fe romana tuvo una fascinación por el rito y se subordinó al Estado
• como no tuvo Renacimiento ni humanismo se sumió en la oscuridad
• como no desarrolló una revolución industrial no tuvo una burguesía y modernización
• como no tuvo una Ilustración derivó en un estado despótico carente de democracia

Pero, como bien sabemos, a las realidad se explica por lo que tiene y NO por lo no tiene.
Debemos entonces explicar a Rusia por lo que fue y comprender sus problemas concretos y
reales, no los proyectados e imaginarios.

Aquí van entonces, algunas de los temas preguntas que intentaremos abordar y responder a lo
largo de la cursada:

1. El ‘atraso’ económico y la formulación de estrategias de modernización económica.


Algunos han culpado a la invasión mongola. Otros a la ausencia de burguesía y de
ciudades. Algunos vieron al zarismo como responsable pero también a los bolcheviques
de haber apartado a Rusia del camino de la modernización. Pero también se puede ver
al revés: el zarismo (Pedro el Grande) e incluso bolcheviques como modernizadores; de
hecho el marxismo fue tan atrapante para los militantes no solo por el comunismo sino
también por su promesa de modernización. Los bolcheviques se enfrentan con el
problema del desarrollo, combinado con el desarrollo de una sociedad igualitaria o el
desarrollo no capitalista. Rusia enfrenta problemas que la forzaron a cambiar
radicalmente para adaptarse a la situación de expansión del capitalismo: ¿cómo se
dieron esos cambios? ¿Qué debates generó?

13
2. Formas de institución del poder. Iván, Pedro, Lenin, Stalin, Putin. ¿Hubo estado en
Rusia? ¿O más bien redes clientelares? ¿Qué rol jugó la burocracia? Rusia todavía se
sigue pensando como ausencia: al no haber tradición democrática hay un camino directo
al totalitarismo. Por otra parte, ¿cómo ocurren los cambios políticos? ¿Son revoluciones
o reconversiones pacíficas? ¿Cómo juegan los cambios sistémicos en la reconfiguración
del poder local?

3. Sociedad. ¿Cómo se estructuró la sociedad rusa? Dentro de las formas de opresión que
adquirió esa sociedad, ¿cuáles fueron las formas de resistencia al poder? ¿Qué
identidades y estrategias de lucha a esto dio lugar? ¿Por qué la revuelta campesina en
Rusia es recurrente pero ineficaz?

4. Cultura. Aquí hay una cuestión central, que es la de la identidad: “¿Qué es Rusia?” Una
gran serie de debates intelectuales se organizaron alrededor de esta pregunta, como
por ejemplo el mantenido entre eslavófilos y occidentalistas. Casi siempre se sostiene
que Rusia no tuvo humanismo ni renacimiento, que no tuvo reforma religiosa y que
abrazó la fe ortodoxa y que esas serían las fuentes del retraso cultural, la oscuridad y el
barbarismo. Pero, ¿cómo explicar el “siglo de oro” ruso? ¿Cómo entender la revolución
cultural? ¿Qué rol pueden tener las vanguardias artísticas en la reconfiguración del
mundo social? ¿Cómo juega la cultura de masas en una sociedad analfabeta?

Tengamos en cuenta todos estos interrogantes a lo largo de la cursada

14

También podría gustarte