LO Amor
Lic. Verónica Ester Díaz
Estas palabras son producto de un pedido de contribución al tema que
este año la comisión del Simposio eligió para pensar: “El amor”.
Abriendo camino
¿Es el lenguaje el mejor vehículo para trasmitir ideas sobre el amor? ¿Es el
amor permeable a las ideas? ¿O es que el amor está más allá, más acá, adentro
y afuera y en ningún lugar? Osada propuesta querer capturarlo y llenarlo de
trabajos que hablen del amor y, acaso, apenas se pueda rozarlo. El amor es
exceso en inmanencia, es presencia y ausencia, es Shakespeare una y otra vez
sobre los escenarios en una búsqueda infinita que pretende encontrar lo que allí
no está. ¿Volver a ver a los amantes de Verona otra vez? ¿Por qué? Si ya en
las primeras líneas nos anuncian su trágico final. ¿Es que buscamos que esta
vez, aunque sea esta vez, el final sea diferente? ¿O es que el amor es una
experiencia que nos atraviesa a los seres humanos y que buscamos,
incansablemente, comprender lo que no se deja atrapar del todo?
Con Freud y su lengua alemana llegó a mí la idea de lo neutro, difícilmente
comprensible cuando se habita en la lengua española. Roland Barthes opina
que: “Así, por su estructura misma, la lengua implica una fatal relación de
alienación. Hablar, y con más razón discurrir, no es, como se repite demasiado
a menudo, comunicar, sino sujetar: toda la lengua es una acción rectora
generalizada”1 Entre las acciones rectoras de la estructura de la lengua, a la que
denomina fascista en tanto que siempre obliga a decir, Barthes encuentra que
siempre estoy obligado a elegir entre el masculino y el femenino y me son
prohibidos lo neutro o lo complejo. El amor, ¿puede ser sujetado? Y si es
sujetado, ¿sigue siendo amor? ¿Cómo poder poner en palabras lo complejo de
la experiencia amorosa? Difícil es responder a esta pregunta pero vale la pena
el esfuerzo. LO amor (ni él, ni ella, ni de él, ni de ella) LO amor, sin identidad y
sin propietarios. Sin verdad y sin fundamento.
1Barthes, Roland, El placer del texto y lección inaugural, trad. Oscar Terán, Argentina, Editorial Siglo
XXI, 2003, pág. 95
En “La gaya ciencia”, Nietzsche nos regala la idea de que “el mundo se ha
vuelto por segunda vez infinito para nosotros”2 A golpe de martillo, como él decía,
propone romper con la hipótesis del fundamento último y, con ello, la idea de
verdad única. Entonces, lo que hay, son interpretaciones infinitas. Y quién sino
los psicoanalistas podemos decir algo sobre las interpretaciones. Ahora bien,
propongo hablar sobre la disponibilidad amorosa a la duda y a la pregunta como
fuente de conocimiento, como habitar privilegiado del espacio psicoanalítico,
como forma de alojar lo complejo de la experiencia. LO amor a las verdades
singulares, personales, de cada experiencia subjetiva. Entonces, me dedicaré a
entrelazar la idea de amor con la de perspectiva psicoanalítica buscando en ese
cruce encontrar algunas luces que iluminen el camino que me lleva a hacer este
recorrido.
En el cruce entre Psicoanálisis y Amor
Uno de los cruces que se me ocurre pensar es sobre: “Amor a la
curiosidad”. Si no somos inquietos en nuestras dudas, en nuestras preguntas,
en nuestras ideas… si la curiosidad infantil queda reprimida bajo un manto de
formalismo que cualquier sastre con experiencia le puede coser a medida a
quien se sienta adulto… entonces la experiencia singular que cada paciente
comparte con nosotros quedará subsumida a una teoría general que poco
ayudará a quien, por su misma condición de paciente, estará padeciendo.
La búsqueda de conocimiento acerca de la verdad del paciente tiene
relación con lo que, entre ese paciente y ese analista, podrá construirse. La
curiosidad es una fuerza que atraviesa mares de certezas, es una espada que
pincha con preguntas punzantes, es una forma de amor que sostiene el interés
por el otro. Lo que al otro le pasa, más en su condición de paciente, me
concierne, me interesa y me abre preguntas en cada asociación que se va
desplegando en el proceso analítico en ese discurrir de “preguntas infinitas”
que, entre otras cosas, le da nombre a un libro de Christopher Bollas.
La curiosidad se fecunda en dudas y en preguntas. No desconozco en
este punto ni a la pulsión epistemofílica ni al cuerpo de la madre como
2 Nietzsche, Friedrich, La gaya ciencia, trad. A. Sánchez Pascual, Alianza Editorial, aforismo 343.
escenario de todos los contenidos que buscan ser conocidos ni que el lenguaje
(con sus obstáculos pero con sus posibilidades) torna expresables y
compartibles las experiencias. Pero este escrito tiene la suerte de ser una
contribución y entiendo que la mejor forma de contribuir a LO amor es no
repitiendo lo que ya se dijo sino intentar buscar nuevos caminos. Como lo
hacen los actores que, después de 500 años, siguen haciéndose los Romeos y
las Julietas. Y como puedo hacer con el lenguaje, allí donde se pone fascista,
buscarle el recoveco para rebelarme a sus reglas y, entre otros artilugios,
acercarme más con las letras a lo que LO amor pueda expresar.
Sigo con Barthes quien enuncia: “La ciencia es basta, la vida es sutil, y para
corregir esta distancia es que nos interesa la literatura”3. Nosotros también
trabajamos ahí mismo, en esa distancia entre la ciencia que presupone ser el
psicoanálisis y las sutilezas de la vida del paciente y las nuestras. Ahí, en esa
distancia donde Barthes aloja a la literatura yo alojo la pregunta: ¿deberíamos
tener el hábito de jugar con los instrumentos que tenemos a mano, sea un
juguete con un niño o bien un pedazo de tela, o unas cuantas palabras y reglas
del lenguaje para dar forma de manera más cercana a la experiencia
emocional que transitan los seres humanos? Así como nadie cuestiona a un
niño con sus juguetes desplegando sus deseos en los escenarios infinitos que
tiene por explorar, así nadie cuestiona los escenarios en donde los adultos con
la literatura despliegan su creatividad, su fantasía, sus ganas de soñar y, por
qué no, su amor por curiosear. Y, los que concebimos que la mejor forma de
acercarnos, comprender y ayudar a un paciente es desde una perspectiva
psicoanalítica, ¿no deberíamos permitirnos jugar o literatulear4 con el lenguaje
para que nuestras interpretaciones consigan tocar más de cerca a nuestros
pacientes?
LO amor a la curiosidad psicoanalítica, sin verdades reveladas, sin
exigencia de fundamentos, por amor al otro que sufre y que busca una
experiencia que lo ayude a transitar sus padecimientos. Por amor al
conocimiento, al saber, al animarnos a los infinitos. LO amor, incluso, a seguir
pensando y jugando con el lenguaje.
3Op. Cit., Pág. 99
4Literatulear: dícese de esas palabras que uno necesitaría que existieran para expresar de mejor
manera lo que uno quiere contar.