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HATUN WILLAKUY

VERSIÓN ABREVIADA DEL INFORME FINAL DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD Y

RECONCILIACIÓN – PERÚ
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Índice

NOTA EDITORIAL

PREFACIO

PRIMERA PARTE: LA TRAGEDIA Y SUS RESPONSABLES

CAPÍTULO 1: LOS HECHOS: LA MAGNITUD Y EXTENSIÓN DEL CONFLICTO

CAPÍTULO 2: LAS ORGANIZACIONES SUBVERSIVAS

2.1. EL PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ SENDERO LUMINOSO

2.2. EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO TÚPAC AMARU

CAPÍTULO 3: GOBIERNOS CIVILES EN LA PRIMERA DÉCADA DE LA VIOLENCIA

3.1. EL GOBIERNO DE ACCIÓN POPULAR

3.2. EL GOBIERNO DEL PARTIDO APRISTA PERUANO

CAPÍTULO 4: LAS FUERZAS DE SEGURIDAD DEL ESTADO

4.1. LOS CUERPOS POLICIALES

4.2. LAS FUERZAS ARMADAS

CAPÍTULO 5: LOS GOBIERNOS DE ALBERTO FUJIMORI

SEGUNDA PARTE : EL LEGADO DEL CONFLICTO Y LOS CAMINOS DE LA PAZ

CAPÍTULO 6: LOS FACTORES QUE HICIERON POSIBLE LA VIOLENCIA

1
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

CAPÍTULO 7: LAS SECUELAS DE LA VIOLENCIA

7.1. LOS EFECTOS PSICOSOCIALES

7.2. LOS EFECTOS SOCIOPOLÍTICOS

CAPÍTULO 8: PROPUESTAS DE LA CVR. HACIA LA RECONCILIACIÓN

8.1. LA RECONCILIACIÓN DESEABLE Y POSIBLE

8.2. LAS TAREAS DE LA JUSTICIA

8.3. REFORMAS PARA CONSTRUIR LA PAZ Y LA DEMOCRACIA

CONCLUSIONES

AGRADECIMIENTOS

BIBLIOGRAFÍA

2
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

NOTA EDITORIAL

El presente texto constituye una versión abreviada del Informe Final de la Comisión de la
Verdad y Reconciliación. Fue elaborado por la Comisión de Entrega de la CVR por encargo del
pleno de comisionados efectuado en su última sesión realizada el día 31 de agosto de 2003.
Hatun Willakuy reproduce las ideas y hallazgos principales del Informe Final. Todos los hechos
aquí relatados y las evaluaciones presentadas se encuentran sustentados en el informe integral y
sus anexos. A ellos debe remitirse el lector en busca de información más completa cuando lo
requiera.
La locución quechua Hatun Willakuy puede traducirse al español como «gran relato». Hemos
elegido este título como un tributo a quienes fueron las principales víctimas de la violencia aquí
descrita y cuyas voces permitieron reconstruir esta historia. Es, en efecto, un gran relato el que
se cuenta en el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación: la historia de una
tragedia largamente ignorada en sus aspectos más terribles y, al mismo tiempo, una ejemplar
muestra de la resistencia de la dignidad humana en el Perú.

LIMA, DICIEMBRE DE 2003

3
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

PREFACIO

La historia del Perú registra más de un trance difícil, penoso, de auténtica postración nacional.
Pero, con seguridad, ninguno de ellos merece estar marcado tan rotundamente con el sello de la
vergüenza y el deshonor como el fragmento de historia que estamos obligados a contar en estas
páginas. Las dos décadas finales del siglo XX son —es forzoso decirlo sin rodeos— una marca
de horror y de deshonra para el Estado y la sociedad peruanos.
Se nos pidió investigar y hacer pública la verdad sobre los veinte años de violencia de
origen político iniciados en el Perú en 1980. Al cabo de nuestra labor, podemos exponer esa
verdad con un dato abrumador y al mismo tiempo insuficiente: la Comisión de la Verdad y
Reconciliación (CVR) ha concluido que la cifra más probable de víctimas fatales en esas dos
décadas supera los 69 mil peruanos y peruanas muertos o desaparecidos a manos de las
organizaciones subversivas o por obra de agentes del Estado.
Nos ha tocado rescatar y apilar uno sobre otro, año por año, los nombres de peruanos
que estuvieron y ya no están. La cifra es demasiado grande como para que nuestra Nación
permita que se siga hablando de errores o excesos de parte de quienes intervinieron
directamente en esos crímenes. Y es, también, demasiado estridente y rotunda como para que
alguna autoridad o un ciudadano cualquiera pueda alegar ignorancia en su descargo. Este
informe expone, pues, un doble escándalo: el del asesinato, la desaparición y la tortura masivos,
y el de la indolencia, la ineptitud y la indiferencia de quienes pudieron impedir esta catástrofe
humana y no lo hicieron.
Hemos afirmado que el dato numérico es abrumador, pero insuficiente. Es cierto. Poco
explica ese número o cualquier otro sobre las asimetrías, las responsabilidades y los métodos
del horror vivido por la población peruana. Y poco nos ilustra, también, sobre la experiencia del
sufrimiento que se abatió sobre las víctimas para no abandonarlas más. En el Informe Final
cumplimos con el deber que se nos impuso y con la obligación que contrajimos
voluntariamente: exponer públicamente la tragedia como una obra de seres humanos padecida
por seres humanos.
De cada cuatro víctimas, tres fueron campesinos o campesinas cuya lengua materna era
el quechua. Se trata, como saben los peruanos, de un sector de la población históricamente
ignorado por el Estado y por la sociedad urbana, aquélla que sí disfruta de los beneficios de
nuestra comunidad política. La CVR no ha encontrado bases para afirmar, como alguna vez se
ha hecho, que éste fue un conflicto étnico. Pero sí tiene fundamento para aseverar que estas dos
décadas de destrucción y muerte no habrían sido posibles sin el profundo desprecio a la
población más desposeída del país, evidenciado por miembros del Partido Comunista del Perú
Sendero Luminoso (PCP-SL) y agentes del Estado por igual, ese desprecio que se encuentra
entretejido en cada momento de la vida cotidiana de los peruanos.
Diecisiete mil testimonios aportados voluntariamente a la CVR nos han permitido
reconstruir, siquiera en esbozo, la historia de esas víctimas. Agobia encontrar en esos
testimonios, una y otra vez, el insulto racial, el agravio verbal a personas humildes, como un
abominable estribillo que precede a la golpiza, la violación sexual, el secuestro del hijo o la hija,
el disparo a quemarropa de parte de algún agente de las Fuerzas Armadas o la policía. Indigna,
igualmente, oír de los dirigentes de las organizaciones subversivas explicaciones estratégicas
sobre por qué era oportuno, en cierto recodo de la guerra, aniquilar a ésta o aquélla comunidad
campesina.
Mucho se ha escrito sobre la discriminación cultural, social y económica persistentes en
la sociedad peruana. Poco han hecho las autoridades del Estado o los ciudadanos corrientes
para combatir ese estigma de nuestra comunidad. Este informe muestra al país y al mundo que

4
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

es imposible convivir con el desprecio, que éste es una enfermedad que acarrea daños muy
tangibles. Desde hoy, el nombre de miles de muertos y desaparecidos estará aquí, en estas
páginas, para recordárnoslo.
Nadie se debe escudar en los defectos de nuestra sociedad ni en los rigores de nuestra
historia para evadir sus responsabilidades. Es cierto —y esa es una lección mayor de este
informe— que existe una culpa general, la culpa de la omisión, que involucra a todos los que
dejamos hacer sin preguntar en los años de la violencia. Somos los primeros en señalarlo así. Pero
al mismo tiempo advertimos que existen responsabilidades concretas que afrontar y que el Perú
—como toda sociedad que haya vivido una experiencia como ésta— no puede permitir la
impunidad. La impunidad es incompatible con la dignidad de toda nación democrática.
La CVR ha encontrado numerosos responsables de crímenes y violaciones de los
derechos humanos y así lo hace saber al país por los canales pertinentes, respetando siempre los
requisitos y restricciones que señala la ley peruana para imputar un delito. La CVR exige y
alienta a la sociedad peruana a exigir que la justicia penal actúe de inmediato, sin espíritu de
venganza, pero con energía y sin vacilaciones.
Sin embargo, este relato va, en realidad, más allá del señalamiento de responsabilidades
particulares. Hemos encontrado que los crímenes cometidos contra la población peruana no
fueron, por desgracia, atropellos de ciertos sujetos perversos que se apartaban, así, de las
normas de sus organizaciones. Nuestras investigaciones de campo, sumadas a los testimonios
ya mencionados y un meticuloso análisis documental, nos obligan a denunciar en términos
categóricos la perpetración masiva de crímenes coordinados o previstos por las organizaciones
o instituciones que intervinieron directamente en el conflicto.
Mostramos en estas páginas de qué manera la aniquilación de colectividades o el
arrasamiento de ciertas aldeas estuvo previsto en la estrategia del PCP-SL. Junto con ello, el
cautiverio de poblaciones indefensas, el maltrato sistemático, el asesinato como forma de
impartir ejemplos e infundir temor conformaron una metodología del horror puesta en práctica
al servicio de un objetivo —el poder— considerado superior al ser humano.
El triunfo de la razón estratégica, la voluntad de destrucción por encima de todo
derecho elemental de las personas, fue la sentencia de muerte para miles de ciudadanos del
Perú. Esta voluntad la hemos encontrado enraizada en la doctrina del PCP-SL, indistinguible de
la naturaleza misma de la organización en esos veinte años. Nos hemos topado con aquella
razón estratégica en las declaraciones de los representantes de la organización, que
transparentan una disposición manifiesta a administrar la muerte y aun la crueldad más
extrema como herramientas para la consecución de sus objetivos. Por su carácter
inherentemente criminal y totalitario, despectivo de todo principio humanitario, el PCP-SL es
una organización que, en cuanto tal, no puede tener cabida en una nación democrática y
civilizada como la que deseamos construir los peruanos.
Frente a un desafío tan desmesurado, era deber del Estado y sus agentes defender a la
población —su fin supremo— con las armas de la ley. Debe quedar claro que el orden que
respaldan y reclaman los pueblos democráticos no es el de los campos de concentración, sino
aquél que asegura el derecho a la vida y la dignidad de todos. No lo entendieron así los
encargados de defender ese orden. En el curso de nuestras investigaciones, y teniendo a mano
las normas de derecho internacional que regulan la vida civilizada de las naciones, hemos
llegado a la convicción de que, en ciertos períodos y lugares, las Fuerzas Armadas incurrieron
en una práctica sistemática o generalizada de violaciones de derechos humanos y que existen
fundamentos para señalar la comisión de delitos de lesa humanidad, así como infracciones al
derecho internacional humanitario.
Como peruanos, nos sentimos abochornados por decir esto, pero es la verdad y
tenemos la obligación de hacerla conocer. Durante años, las fuerzas del orden olvidaron que ese
orden tiene como fin supremo a la persona y adoptaron una estrategia de atropello masivo de

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

los derechos de los peruanos, incluyendo el derecho a la vida. Ejecuciones extrajudiciales,


desapariciones, torturas, masacres, violencia sexual contra las mujeres y otros delitos
igualmente condenables conforman, por su carácter recurrente y por su amplia difusión, un
patrón de violaciones de los derechos humanos que el Estado peruano y sus agentes deben
reconocer para subsanar.
Tanta muerte y tanto sufrimiento no se pueden acumular simplemente por el
funcionamiento ciego de una institución o de una organización. Se necesita, como
complemento, la complicidad o al menos la anuencia de quienes tienen autoridad y por lo tanto
facultades para evitar una desgracia. La clase política que gobernó o tuvo alguna cuota de
poder oficial en aquellos años tiene grandes explicaciones que dar al Perú. Hemos reconstruido
esta historia y hemos llegado al convencimiento de que ella no hubiera sido tan grave si no
fuera por la indeferencia, la pasividad o la simple ineptitud de quienes entonces ocuparon los
más altos cargos públicos. Este informe señala, pues, las responsabilidades de esa clase política
que, debemos recordarlo, no ha realizado todavía una debida asunción de sus culpas en la
desgracia de los compatriotas a los que quisieron, y tal vez quieran todavía, gobernar.
Es penoso, pero cierto: quienes pidieron el voto de los ciudadanos del Perú para tener el
honor de dirigir nuestro Estado y nuestra democracia; quienes juraron hacer cumplir la
Constitución que los peruanos se habían dado a sí mismos en ejercicio de su libertad, optaron
con demasiada facilidad por ceder a las Fuerzas Armadas esas facultades que la Nación les
había dado. Quedaron, de este modo, bajo tutela las instituciones de la recién ganada
democracia; se alimentó la impresión de que los principios constitucionales eran ideales nobles
pero inadecuados para gobernar a un pueblo al que —en el fondo— se menospreciaba al punto
de ignorar su clamor, reiterando la vieja práctica de relegar sus memoriales al lugar al que se ha
relegado, a lo largo de nuestra historia, la voz de los humildes: el olvido.
*****
En un país como el nuestro, combatir el olvido es una forma poderosa de hacer justicia.
Estamos convencidos de que el rescate de la verdad sobre el pasado —incluso de una verdad
tan dura, tan difícil de sobrellevar como la que nos fue encomendado buscar— es una forma de
acercarnos más a ese ideal de democracia que los peruanos proclamamos con tanta vehemencia
y practicamos con tanta inconstancia.
En el momento en el que la CVR fue instituida, el Perú asistía, una vez más, a un intento
entusiasta de recuperar la democracia perdida. Y sin embargo, para que ese entusiasmo tenga
fundamento y horizonte, creemos indispensable recordar que la democracia no se había
perdido por sí sola. La democracia fue abandonada poco a poco por quienes no supimos
defenderla. Una democracia que no se ejerce con cotidiana terquedad pierde la lealtad de sus
ciudadanos y cae sin lágrimas. En el vacío moral del que medran las dictaduras las buenas
razones se pierden y los conceptos se invierten, privando al ciudadano de toda orientación
ética: la emergencia excepcional se vuelve normalidad permanente; el abuso masivo se
convierte en exceso; la inocencia acarrea la cárcel; la muerte, finalmente, se confunde con la paz.
El Perú está en camino, una vez más, de construir una democracia. Lo está por mérito
de quienes se atrevieron a no creer en la verdad oficial de un régimen dictatorial; de quienes
llamaron a la dictadura, dictadura; a la corrupción, corrupción; al crimen, crimen. Esos actos de
firmeza moral, en las voces de millones de ciudadanos de a pie, nos demuestran la eficacia de la
verdad. Similar esfuerzo debemos hacer ahora. Si la verdad sirvió para desnudar el carácter
efímero de una autocracia, está llamada ahora a demostrar su poderío, purificando nuestra
República.
Esa purificación es el paso indispensable para llegar a una sociedad reconciliada
consigo misma, con la verdad, con los derechos de todos y cada uno de sus integrantes. Una
sociedad reconciliada con sus posibilidades.
En el Informe Final se habla de vergüenza y de deshonra; sin embargo, hablan también

6
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

por sí solos, en sus páginas, actos de coraje, gestos de desprendimiento, signos de dignidad
intacta que nos demuestran que el ser humano es esencialmente magnánimo. Ahí se encuentran
quienes no renunciaron a la autoridad y la responsabilidad que sus vecinos les confiaron; ahí se
encuentran quienes desafiaron el abandono para defender a sus familias convirtiendo en arma
sus herramientas de trabajo; ahí se encuentran quienes pusieron su suerte al lado de los que
sufrían prisión injusta; ahí se encuentran los que asumieron su deber de defender al país sin
traicionar la ley; ahí se encuentran quienes enfrentaron el desarraigo para defender la vida. Ahí
se encuentran: en el centro de nuestro recuerdo.
Presentamos este relato como un homenaje a todos ellos y a todas ellas. Lo
presentamos, además, como un mandato de los ausentes y de los olvidados a toda la Nación. La
historia que aquí se cuenta habla de nosotros, de lo que fuimos y de lo que debemos dejar de
ser. Esta historia habla de nuestras tareas. Esta historia comienza hoy.

Salomón Lerner Febres


Presidente
Comisión de la Verdad y Reconciliación

7
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

PRIMERA PARTE

LA TRAGEDIA Y SUS RESPONSABLES

8
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

CAPÍTULO 1

LOS HECHOS: LA MAGNITUD Y EXTENSIÓN DEL CONFLICTO

El conflicto armado interno vivido en el Perú entre 1980 y el 2000 ha sido el de mayor
duración, el de impacto más extenso sobre el territorio nacional y el de más elevados costos
humanos y económicos de toda la historia republicana. El número de muertes que ocasionó este
enfrentamiento supera ampliamente las cifras de pérdidas humanas sufridas en la guerra por la
independencia y la guerra con Chile —los mayores conflictos en los que se ha visto involucrado
nuestro país—.
A lo largo de su trabajo de investigación, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR)
recibió testimonios que le permitieron identificar a 23,969 peruanos muertos o desaparecidos;
sin embargo, los cálculos y las estimaciones estadísticas realizadas permiten afirmar que la cifra
total de víctimas fatales del conflicto armado interno superó en 2.9 veces esa cantidad.
Aplicando una metodología llamada Estimación de múltiples sistemas, la CVR ha estimado que el
número más probable de peruanos muertos o desaparecidos en el conflicto armado interno se
sitúa alrededor de las 69 mil personas.1
Con esta metodología estadística, la CVR ha estimado que 26,259 personas murieron o
desaparecieron a consecuencia del conflicto armado interno en el departamento de Ayacucho
entre 1980 y 2000. Si la proporción de víctimas calculadas para Ayacucho respecto de su
población en 1993 hubiera sido la misma en todo el país, el conflicto armado interno habría
causado cerca de 1.2 millones de víctimas fatales en todo el Perú, de las cuales
aproximadamente 340 mil habrían ocurrido en la ciudad de Lima Metropolitana, el equivalente
a la proyección al año 2000 de la población total de los distritos limeños de San Isidro,
Miraflores, San Borja y La Molina.
Los datos mencionados no exponen solamente la intensidad de la violencia. Ellos muestran,

1El número calculado es 69,280 víctimas fatales, en un intervalo de confianza al 95%, cuyos límites inferior
y superior son 61,007 y 77,552 personas respectivamente.

9
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

también, la gravedad de las desigualdades de índole étnico-cultural que aún prevalecen en el


país. La violencia, en efecto, no golpeó de manera similar a todos los peruanos, sino que
impactó desigualmente diferentes espacios geográficos y diferentes estratos de la población.
La causa inmediata y fundamental del desencadenamiento del conflicto armado interno fue
la decisión del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso (PCP-SL) de iniciar una «guerra
popular» contra el Estado peruano. Esta decisión se tomó en un momento en el cual, luego de
doce años de dictadura militar, la sociedad peruana iniciaba una transición democrática
ampliamente respaldada por la ciudadanía y por los principales movimientos y partidos
políticos nacionales.
A diferencia de otros conflictos armados internos en América Latina donde los agentes
estatales resultaron ser los principales responsables de la pérdida de vidas humanas 2 —
especialmente de civiles desarmados—, en el caso peruano fue el principal grupo subversivo, el
PCP-SL, quien provocó el mayor número de víctimas fatales, sobre todo entre la población civil.
De acuerdo con los testimonios recibidos, el 54% de las víctimas fatales reportadas a la CVR
fueron causadas por el PCP-SL.3 La estrategia de esta agrupación implicó el uso sistemático y
masivo de métodos de extrema violencia y terror, y desconoció deliberadamente las normas
básicas de la guerra y los principios de los derechos humanos.
Frente a la guerra desatada por el PCP-SL, el Estado tenía la obligación de defender el orden
constitucional y a sus ciudadanos en el marco del respeto incondicional de las leyes y de los
derechos fundamentales de las personas. Así pues, la CVR ha constatado que, paradójicamente,
las etapas más intensas del conflicto, en las cuales murieron la mayoría de las víctimas y en las
que los agentes del Estado cometieron la mayor cantidad de violaciones de los derechos
humanos, corresponden a períodos en los que el país estaba gobernado por regímenes civiles
electos democráticamente.
El Estado no tuvo capacidad para contener el avance de la subversión armada, que se
expandió en pocos años a casi todo el país.4 Los gobernantes civiles aceptaron la militarización
del conflicto y, abandonando sus fueros, dejaron la conducción de la lucha contrasubversiva en
manos de las Fuerzas Armadas. Si bien, dada la gravedad de los hechos, era inevitable y
legítimo que los gobiernos constitucionales recurrieran a declarar estados de excepción y
utilizaran la fuerza militar para hacer frente a la subversión armada, la CVR ha que ello se hizo
sin tomar las previsiones necesarias para impedir que los derechos fundamentales de la
población fueran atropellados. Peor aun, la autoridad civil desatendió durante mucho tiempo
las miles de denuncias de violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas del
orden en las zonas más afectadas por el conflicto. Incluso, en varios casos, se facilitó y garantizó
la impunidad a los responsables de las mismas. Los agentes del Estado —Fuerzas Armadas y
Policía—, los comités de autodefensa y los grupos paramilitares son responsables del 37% de los
muertos y desaparecidos reportados a la CVR. De este porcentaje de víctimas, los miembros de
las Fuerzas Armadas son responsables de poco más de los tres cuartos de los casos.
El tipo de respuesta que las Fuerzas Armadas dieron a la subversión no tenía precedentes
en la conducta de dicha institución durante las décadas anteriores a la de 1980. En efecto,
durante la dictadura que dirigieron entre 1968 y 1980, los militares peruanos incurrieron en
relativamente pocas violaciones graves de los derechos humanos, en comparación con las
perpetradas por las dictaduras militares de otros países de la región, especialmente Chile y

2 Por ejemplo, en los casos de las dictaduras militares de Argentina, Chile o los conflictos internos de
América Central (Nicaragua, El Salvador, Guatemala).
3 Del mismo modo, es importante mencionar que, respecto de la estimación estadística del total de

víctimas realizada por la CVR, la responsabilidad de muertos y desaparecidos que se atribuye al PCP-SL
es 46%.
4 La CVR ha recibido testimonios de muertes y desapariciones como producto del conflicto armado interno

en todos los departamentos, salvo Moquegua y Madre de Dios. Sólo en Tacna (1) y en Tumbes (4) la cifra
de víctimas reportadas a la CVR es de un dígito.

10
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Argentina.
Por otra parte, es relevante señalar que durante las décadas de la violencia existió
información relativamente amplia sobre los hechos y sobre las violaciones de derechos
humanos que se estaban produciendo. Contribuyeron a ello la existencia de una prensa libre —
si bien ésta fue hostigada en ciertos lugares y en ciertos períodos del proceso—, la actividad de
las organizaciones defensoras de los derechos humanos y diversas investigaciones
parlamentarias y judiciales. Debe decirse, sin embargo, que éstas tuvieron poco éxito en cuanto
a la sanción efectiva de los responsables.
La CVR ha constatado, no obstante lo dicho, que existió un sesgo en la recolección de dicha
información y la realización de investigaciones, pues no se sistematizaron adecuadamente las
denuncias ni se documentó e identificó suficientemente a las víctimas de hechos cuya
responsabilidad era atribuida a los grupos subversivos.5 Debido a ello, antes de las
investigaciones realizadas por la CVR, dentro del grupo de víctimas que se había logrado
identificar hasta entonces6 menos del 5% de los casos correspondían a personas asesinadas o
desaparecidas por miembros del PCP-SL, lo que provocó que las proyecciones realizadas
anteriormente por otras instituciones, oficiales o particulares, subestimaran en gran medida la
responsabilidad de dicha organización subversiva en lo que se refiere al número de víctimas
fatales.
Es importante analizar las dos décadas de violencia de origen político como un proceso que
alcanzó diversos grados de intensidad y de extensión geográfica y que afectó principalmente a
zonas y estratos lejanos del poder político y económico del país. En varios lugares, una vez
controlada la amenaza subversiva armada, las poblaciones quedaron bajo dominio militar por
extensos períodos. La lejanía del poder y de los ámbitos de decisión, en un país fuertemente
centralizado, permitió que el «problema de la violencia», crucial y cotidiano para cientos de
miles de peruanos, quedara relegado entre las prioridades públicas y privadas del país por
varios años.
El estudio de este período de violencia debe considerar, por otro lado, ciertos elementos
centrales de la historia nacional de fines del siglo XX. Cabe citar entre ellos una severa crisis
económica que desembocó, a fines de la década de 1980 e inicio de los años 1990, en una
hiperinflación inédita en la historia peruana.7 Asimismo, el país experimentó momentos de
aguda crisis política que debilitaron el sistema de partidos y propiciaron la aparición de
liderazgos informales —denominados independientes—. Corolario de esta crisis política fue un
golpe de Estado en abril de 1992 y años más tarde, en noviembre de 2000, el abandono de la
Presidencia de la República por su titular de facto en medio de uno de los mayores escándalos
de corrupción de la historia del país. Del mismo modo, se debe tener en cuenta que, durante las
décadas de violencia, el Perú vivió dos conflictos bélicos con Ecuador, en 1981 y en 1995.
Un elemento de singular importancia es el fenómeno del narcotráfico que coincidió con el
surgimiento y la expansión de la subversión y con su represión por parte de las fuerzas de
seguridad del Estado. El crecimiento de las áreas de cultivo de coca destinadas al narcotráfico,
principalmente en la ceja de selva, facilitó la aparición de espacios muy particulares en los que
la presencia estatal había retrocedido mientras crecía la de grupos armados irregulares
vinculados a dicha actividad ilícita. De esta manera, la zona del alto Huallaga se convirtió,
desde mediados de los años ochenta, en uno de los escenarios de mayores enfrentamientos de
todo el conflicto interno, por lo que el río Huallaga quedó convertido en la fosa de restos

5 Se debe precisar que ese sesgo obedecía a la definición institucional de las organizaciones que
documentaban la violencia, cuyos objetivos eran registrar e investigar violaciones de derechos humanos
por parte del Estado.
6 Es decir, el grupo de víctimas cuyos nombres y casos habían sido documentados por alguna institución y

sistematizados en una base de datos. Véase, por ejemplo, Defensoría del Pueblo. La desaparición forzada de
personas en el Perú 1980-1996. Informe Defensorial n.° 55. Lima: Defensoría del Pueblo, 2001.
7 La tasa de inflación anual en 1990 fue de 7,658%.

11
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

humanos más grande del país. En tales circunstancias, todos los actores que intervinieron en la
zona terminaron siendo afectados por el narcotráfico y la corrupción que de éste se deriva.

1.1. «PUEBLOS AJENOS DENTRO DEL PERÚ»

Entonces, mi pueblo era pues un pueblo, no sé... un pueblo ajeno dentro del Perú.8

Entre los miles de testimonios recopilados por la CVR, es común encontrar frases que dan
cuenta del sentimiento de exclusión e indiferencia que experimentaron las personas y
comunidades que fueron las víctimas mayoritarias del conflicto armado interno. Muchos de
ellos sintieron que para el resto del país, en especial para los principales centros del poder
político y económico, lo ocurrido en sus pueblos, casas y familias sucedía en «otro país».
Durante muchos años, el Perú moderno, urbano y limeño, trató con indiferencia a las
regiones más afectadas por la violencia, las más alejadas y pobres. Incluso cuando el conflicto
armado arremetió con fuerza en el corazón de las principales ciudades a finales de la década del
80 e inicios de la del 90, fue difícil unificar las experiencias y la memoria de la violencia de
mundos tan distintos, a un punto tal que, cuando la televisión dio su mayor atención a la
tragedia, la imagen emblemática de las víctimas que apareció en las pantallas no fue la de los
campesinos quechuas sino la de los habitantes hispanohablantes de las urbes.
En el mapa del Perú, la intensidad de la violencia aparece como una mancha oscura a lo
largo de la sierra y la selva de la mitad central del país. Fue en esas localidades donde se reportó
el mayor número de víctimas fatales9 (véase el mapa 1 al final de este capítulo).

8 CVR. Audiencia pública de casos en Ayacucho. 8 de abril de 2002. Testimonio de Primtivo Quispe .
9 Las víctimas fatales incluyen también a las personas que se encuentran desaparecidas en el momento de
la elaboración del Informe Final a consecuencia del conflicto armado interno.

12
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Gráfico 1

PERÚ 1980- 2000: NÚMERO DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS REPORTADOS A LA


CVR SEGÚN DEPARTAMENTO DE OCURRENCIA DE LOS HECHOS

AYACUCHO

JUNIN

HUÁNUCO

HUANCAVELICA

APURIMAC

SAN MARTÍN

LIMA - CALLAO

PUNO

UCAYALI

CUSCO

OTROS

0 4000 8000 12000

Las principales ciudades, en particular las de la costa, no estuvieron en el centro del


conflicto a pesar de que muchos de los hechos ocurridos en ellas hayan tenido gran
trascendencia en la opinión pública. El principal costo en vidas humanas a lo largo de los veinte
años investigados por la CVR fue asumido por las localidades más pobres del país.
Tal como se aprecia en el gráfico 1, Ayacucho fue el departamento que concentró la mayor
cantidad de muertos y desaparecidos reportados a la CVR (más del 40%). Junto con Ayacucho,
en los departamentos de Junín, Huánuco, Huancavelica, Apurímac y San Martín, la CVR ha
registrado cerca del 85% de las víctimas que le fueron reportadas en los testimonios. De acuerdo
con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), quienes vivían en esos
departamentos en el año 2002 concentraban tan sólo el 9% del ingreso reunido de todas las
familias peruanas.10
AQUÍ GRÁFICO 1
Existió una evidente relación entre exclusión social e intensidad de la violencia. No fue
casual que cuatro de los departamentos más afectados por el conflicto armado interno
(Huancavelica, Ayacucho, Apurímac y Huánuco) sean ubicados por diferentes estudios11 dentro
de la lista de los cinco departamentos más pobres del país. Tal y como se aprecia en el gráfico 2,
más del 35% de las víctimas fatales se cuentan en distritos que se ubicaban, según el censo de
1993, entre el 20% de distritos más pobre del país, mientras que menos del 10% de ellas
murieron o desaparecieron en distritos que se ubicaban en el quintil menos pobre. Ello no
significa que la pobreza sea la causa principal del conflicto armado interno; sin embargo, sí es
posible afirmar que cuando se desata un proceso de violencia armada, los sectores sociales
menos favorecidos resultan los más vulnerables y afectados.

10 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Informe sobre el desarrollo humano, Perú 2002:
aprovechando las potencialidades-Sinopsis. Lima: PNUD, 2002.
11 Véase: Instituto Nacional de Estadística e Informática. Mapa de necesidades básicas insatisfechas de los

hogares a nivel distrital. Lima: INEI, 1994; PNUD. Ob cit.

13
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

AQUÍ GRÁFICO 2

14
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Gráfico 2

PERÚ 1980 - 2000: PORCENTAJE DEL TOTAL DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS


REPORTADOS A LA CVR SEGÚN RANKING DE POBREZA DE LOS DISTRITOS DONDE
OCURRIERON LOS HECHOS (MÉTODO: NBI - CENSO 1993)

40%

30%

20%

10%

0%
Quintil más pobre 2 3 4 Quintil menos
pobre

Fuente: CVR, INEI


RANKING DE POBREZA
Elaboración: CVR

Como es sabido, la exclusión social y la pobreza en el Perú tienen un rostro rural y


campesino. Fue precisamente en esas zonas y entre esa población donde se produjo la mayor
cantidad de víctimas, no sólo a escala nacional, sino también dentro de los mismos
departamentos más afectados por la violencia (véase el gráfico 3). La proporción de muertos y
desaparecidos reportados a la CVR en zonas rurales es casi tres veces mayor que la proporción
de personas que vivían en esas zonas según el censo de 1993. En forma concurrente, el 55% de
muertos y desaparecidos reportados a la CVR trabajaban en actividades agropecuarias, casi el
doble que el porcentaje de la PEA nacional ocupada en ese sector en 1993 (28%).

AQUÍ GRÁFICO 3

15
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Gráfico 3

COMPARACIÓN ENTRE LOS MUERTOS Y DESAPARECIDOS OCURRIDOS EN ZONAS


RURALES REPORTADOS A LA CVR Y POBLACION DEL CENSO NACIONAL DE 1993 QUE
RESIDÍA EN ZONAS RURALES, SEGÚN DEPARTAMENTOS MÁS AFECTADOS

100%

75%

50%

25%

0%
Perú Ayacucho Junín Huánuco
Fuente: CVR, INEI
Elaboración: CVR Censo 1993 CVR

Sin embargo, son las distancias culturales entre las víctimas y el resto del país las que
aparecen como las más dramáticas. Mientras que, de acuerdo con el censo de 1993, sólo para un
quinto del país al quechua u otras lenguas nativas era su idioma materno, esa proporción
supera el 75% entre los muertos y desaparecidos reportados a la CVR. En los tres
departamentos más afectados, la proporción de personas que hablaban quechua u otra lengua
nativa fue siempre mayor entre las víctimas fatales reportadas a la CVR que en el conjunto de la
población (véase el gráfico 4). Asimismo, las víctimas fatales reportadas a la CVR tenían niveles
educativos muy inferiores al promedio nacional: mientras que, de acuerdo con el censo nacional
de 1993, cerca del 40% de la PEA mayor de 15 años tenía niveles inferiores a la secundaria, en el
caso de las víctimas fatales documentadas por la CVR esa proporción se elevó al 68%.

AQUÍ GRÁFICO 4

16
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Gráfico 4

PORCENTAJE DE PERSONAS CUYO IDIOMA MATERNO ES DIFERENTE AL


CASTELLANO: COMPARACIÓN ENTRE LOS MUERTOS Y DESAPARECIDOS
REPORTADOS A LA CVR Y LA POBLACIÓN DE 5 AÑOS A MÁS DEL CENSO
NACIONAL DE 1993, SEGÚN DEPARTAMENTOS MÁS AFECTADOS

100%

75%

50%

25%

0%
Perú Ayacucho Junín Huánuco
Fuente: CVR, INEI
Elaboración: CVR Censo 1993 CVR

La intensidad de la violencia no estuvo distribuida uniformemente a lo largo de los años


que duró el conflicto armado interno ni afectó a todas las regiones en el mismo momento.

Gráfico 5

PERÚ 1980 - 2000: No. DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS REPORTADOS A LA


CVR, SEGÚN AÑO DE OCURRENCIA DE LOS HECHOS

5000

4000

3000

2000

1000

0
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000

17
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Como se aprecia en el gráfico 5, existen dos picos que marcan fases diferentes en el conflicto
armado: 1984 y 1989. El primero corresponde al momento de mayor intensidad y que provocó
el mayor número de muertos y desaparecidos reportados a la CVR (19% del total de víctimas).
Se inscribe en los períodos iniciales del conflicto, centrados esencialmente en el departamento
de Ayacucho, en los que se aprecia un notable aumento de la violencia, especialmente a partir
de 1983 luego de que en diciembre de 1982 se encargó a las Fuerzas Armadas la conducción de
la lucha contrasubversiva. Luego de un momento de descenso del número de víctimas fatales,
cuyo punto más bajo fue 1986, a partir de 1987 se inició un recrudecimiento de la violencia que
alcanzó otro pico en 1989 y que se mantuvo en niveles relativamente elevados hasta 1992, año
en que Abimael Guzmán Reinoso fue capturado y se desbarató la dirección central del PCP-SL.
Si bien en esta segunda fase no se llegó a los niveles alcanzados en 1984, el conflicto se expandió
a cada vez más lugares del país.

AQUÍ GRÁFICO 5
El gráfico 6 compara la intensidad de la violencia con su expansión hacia diferentes ámbitos
geográficos.12 Se observa cómo, a partir de 1987, luego del descenso experimentado entre 1985 y
1986, no sólo se incrementó el número de muertos o desaparecidos reportados a la CVR, sino
también los lugares donde ocurrieron los hechos. Como se ve, el año más intenso en términos
de víctimas fue 1984, pero entre los años 1989 y 1992 más localidades experimentaron el
conflicto armado interno.

AQUÍ GRÁFICO 6

Gráfico 6

PERÚ 1980- 2000: No. DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS REPORTADOS A LA CVR Y


No. DE DISTRITOS DONDE OCURRIERON LOS HECHOS, SEGÚN AÑO

4500 400
No. DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS

300
3000
No. DE DISTRITOS

200

1500
100

0 0
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000

No. Muertos y Desaparecidos No. Distritos

12 Los indicadores empleados son número de muertos y desaparecidos reportados a la CVR para la
intensidad de la violencia (escala del eje vertical izquierdo) y número de distritos donde los hechos que
provocaron esas víctimas tuvieron lugar (escala del eje vertical derecho).

18
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Gráfico 7

PERÚ 1980 - 2000: PORCENTAJE DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS


REPORTADOS A LA CVR POR INDICADORES, SEGÚN AÑO DE OCURRENCIA
DE LOS HECHOS
Indicadores: Idioma materno quechua (% QUECHUA); Hechos ocurridos en zonas rurales (% RURAL);
Hechos ocurridos en la región Sur Central (% SUR CENTRAL)

100%

75%

50%

25%

0%
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000

% QUECHUA % RURAL % SUR CENTRAL

En el gráfico 7 se observa que, mientras fue disminuyendo la importancia relativa de la


región sur central (conformada por el departamento de Ayacucho y provincias colindantes de
Huancavelica y Apurímac), también disminuyó el porcentaje de víctimas fatales ocurridas en
zonas rurales y de aquéllas que tenían el quechua como idioma materno. Ello implica que el
conflicto no sólo abarcó espacios geográficos diferentes, sino realidades sociales más complejas.
Nótese, sin embargo, que, en todos los momentos de mayor intensidad, la mayoría absoluta de
las víctimas siguió presentándose en zonas rurales y tuvo como lengua materna a idiomas
nativos.

AQUÍ GRÁFICO 7
Se ha señalado antes, que de acuerdo con los cálculos realizados por la CVR, el número
de víctimas fatales del conflicto armado interno se hallaba alrededor de las 69 mil personas.
Tales magnitudes pueden resultar inverosímiles para un considerable sector de la sociedad
peruana. Sin embargo, la verdad que el país necesita asumir en toda su gravedad es que el Perú
rural, andino y selvático, quechua y asháninka, campesino, pobre y con escasa instrucción
formal se desangró durante años sin que el resto de la Nación se percatara de la verdadera
dimensión de la tragedia de ese «pueblo ajeno dentro del Perú».
Esos son los peruanos que faltan en nuestro país, los más invisibles, pero no menos reales:

19
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

los Quispe, Huamán,13 Mamaní, Taype, Yupanqui, Condori, Tintimari, Metzoquiari. A pesar de
ser y sentirse demasiadas veces ajenos y excluidos por el resto de peruanos, ellos reclaman ser
considerados con respeto y justicia:
Señores chaymi ñuqa munani kachun respeto, kachunyá manchakuy, masque imayrikulla
kaptiykupas, wakcha pobri kaptiykupas, campesino totalmente ñuqañaykuchu kaniku, huk real
llapas killapi ganaq, mana ni pipas kanikuchu. Señores, chayta ya justiciyata mañakuykiku.
[Señores, por eso yo quiero que haya respeto. Que haya pues temor de Dios, aunque sólo seamos
muy humildes. Aunque seamos huérfanos y pobres. Campesino puro podemos ser; que ganamos
sólo un real por mes y, aunque no seamos nadie, señores, ésta es la justicia que le pedimos.]
14

1.2. LA DIMENSIÓN JURÍDICA DE LO OCURRIDO

1.2.1. LA DETERMINACIÓN DE LOS HECHOS

El análisis de la información acopiada por la CVR no solamente permite ilustrar la manera


en qué los actores armados se encarnizaron con la población más desprotegida e históricamente
más marginada del país. También ayuda a para comprender y mostrar los alcances de las
conductas criminales puestas en práctica de manera generalizada y sistemática en ciertos
períodos y lugares por dichos actores. La CVR ofrece al país, pues, una visión global de los
hechos que hace posible señalar las consecuencias jurídicas de lo sucedido e identificar las
presuntas responsabilidades.
En su apreciación jurídica de los hechos, la CVR tomó en cuenta la existencia de un núcleo
inderogable de derechos de la persona humana reconocidos por la comunidad internacional. Se
trata de normas imperativas de Derecho Internacional general, sean éstas tributarias del
Derecho Internacional de Derechos Humanos, del Derecho Internacional Humanitario, o del
Derecho Penal Internacional. Este núcleo inderogable de derechos deriva y se funda en la
dignidad de la persona humana.
Conforme a la Cuarta Disposición Final y al artículo 3 de la Constitución Política del Estado
vigente desde 1993 este núcleo de derechos inderogables determina el sentido en que debe ser
interpretado el contenido y alcance de todos los derechos reconocidos por la Constitución e
integran además la relación de derechos fundamentales específicos a los que cabe reconocer
rango constitucional como parte de nuestro ordenamiento jurídico.
El Estado peruano ha ratificado los más importantes tratados universales y regionales que
conforman hoy en día el Derecho Internacional de los Derechos Humanos a nivel mundial e
interamericano.
El cuerpo jurídico existente en materia de derechos humanos tiene implicancias precisas
para el Perú. En primer lugar, en virtud de principios de derecho internacional, ningún Estado
podrá invocar las disposiciones de su derecho interno como justificación del incumplimiento de
un tratado o de normas imperativas de derecho internacional general (jus cogens). En segundo
lugar, que los tratados de derechos humanos difieren de los otros tratados en un punto central:
su objeto es la «protección de los derechos fundamentales de los seres humanos» (Corte I.D.H.,
OC—2/82, N° 29). En tercer lugar, las violaciones a los derechos humanos perpetrados por un

13Los dos apellidos más frecuentes entre las personas muertas y desaparecidas registradas en la base de
datos de la CVR son Quispe y Huamán.
14 CVR. Audiencia pública de casos en Huanta. 11 de abril de 2002. Testimonio de la señora Sabina
Valencia.

20
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Estado dejan de ser materia interna y competencia exclusiva de dicho Estado.


A las implicancias de alcance general antes señaladas debemos añadir otras de carácter
específico que recaen sobre todo Estado en virtud del Derecho Internacional de los Derechos
Humanos. Estas son las obligaciones de respetar y de garantizar —hacer respetar— los
derechos y libertades reconocidos por los tratados de derechos humanos y humanitarios en
general. Como consecuencia de la obligación de garantizar los derechos establecidos en los
tratados precitados, el Estado debe «prevenir, investigar y sancionar toda violación de los
derechos reconocidos y procurar, además, el restablecimiento, si es posible, del derecho
conculcado y, en su caso, la reparación de los daños producidos por la violación de los derechos
humanos». En este caso, la acción penal que el Estado debe promover va dirigida contra todo
individuo, funcionario público o particular, sin excepción alguna, responsable de la violación
alegada.
Se ha discutido en el terreno jurídico sobre si los agentes no estatales violan o no derechos
humanos. Al respecto, se ha indicado que las conductas de estos últimos se regulan por las
normas del Derecho Internacional Humanitario, pues es prerrogativa sólo del Estado suscribir y
ratificar tratados internacionales.
La CVR considera que este debate no es, ni debe ser, exclusivamente jurídico. La objeción
basada en el contenido de los instrumentos y la competencia de los órganos no tiene ningún
valor en el plano social, es decir, no crea reglas que representen nada para observadores que no
están preocupados por problemas vinculados a las competencias de los órganos, sino que se
preocupa por los criterios con los que debe considerarse, para fines éticos, los comportamientos
terroristas. Pretender hacer esto equivale a esperar que las razones jurídicas puedan resolver un
problema ético.
En este sentido, la CVR sostiene que los actos terroristas no pueden ser calificados como
violaciones de los instrumentos internacionales sobre derechos humanos porque estos últimos
son tratados y en tanto tales sólo versan acerca de la responsabilidad de los Estados, ni pueden
ser considerados por las Cortes Internacionales especializadas en estas áreas porque ellas no son
competentes para juzgar crímenes terroristas. Esta afirmación, sin embargo, no impide que se
califiquen los crímenes del terrorismo como violaciones de los derechos humanos.
El Derecho Internacional Humanitario (en adelante DIH), en su acepción contemporánea,
comprende lo que fueron en su origen dos ramas distintas del llamado Derecho de la Guerra.
Estas son el Derecho de la Haya y el Derecho de Ginebra. El primero se refiere a las reglas que
rigen el desarrollo de las hostilidades; el segundo, a las reglas humanitarias que deben aplicar
las partes en conflicto en su relación con las personas que no intervienen directamente en las
hostilidades, con el enemigo rendido o fuera de combate y con la afectación de bienes de
carácter no militar.
El Perú ha ratificado los tratados internacionales centrales que conforman hoy en día el
soporte convencional del Derecho Internacional Humanitario. Nos referimos a los cuatro
Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 y a sus dos Protocolos Adicionales del 8 de
junio de l977.
De acuerdo con la reiterada jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia y, más
recientemente, de los Tribunales Penales Internacionales para la antigua Yugoslavia y Ruanda,
confirmatorias ambas de la ejecutoria del Tribunal Internacional de Nuremberg (1945-1946), los
crímenes de guerra o infracciones graves al DIH, así como en las disposiciones del artículo 3
común, están sancionados también por normas imperativas de derecho internacional general de
obligatorio cumplimiento para los Estados y los individuos sin excepción alguna.
Los derechos y prohibiciones enunciados por el artículo 3 común —cuyo ámbito de
aplicación comprende cualquier tipo de conflicto armado interno— obligan a los agentes
estatales y no estatales en todo tiempo y lugar. Además, debe precisarse que las normas del
Derecho Internacional Humanitario no justifican ni autorizan en ningún caso el uso de actos o

21
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

métodos terroristas ni la organización de grupos armados destinados a cometer actos de esta


naturaleza, ni justifican en ningún caso ni bajo ninguna circunstancia las muertes o demás
daños o lesiones que este tipo de agrupaciones puedan provocar.
Dos precisiones importantes son necesarias aquí. La primera se refiere a la «aplicabilidad
automática» del artículo 3 común y, en general, de las normas que rigen todo tipo de conflicto
armado. Como lo ha señalado el comentario autorizado del Comité Internacional de la Cruz
Roja, no es necesario para ello que, como requisito previo, exista una declaración especial del
Estado concernido.
La segunda precisión se refiere a que la aplicación del Derecho Internacional Humanitario
durante un conflicto armado interno no afecta el estatuto jurídico nacional o internacional de los
grupos insurgentes o grupos armados ni tampoco el de sus miembros.15
En este orden de ideas, la CVR considera imprescindible para la calificación de ciertos actos
como crímenes y violaciones a los derechos humanos la aplicación concurrente del Derecho
Internacional de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario.
Una fuerza armada o un grupo armado se descalifican moralmente por la forma en que
luchan si cometen, por ejemplo, actos terroristas o cualquier otro crimen de lesa humanidad;
pues anuncian con ello que su propósito no es terminar el conflicto sino exterminar al enemigo.
Por otro lado, en los Estados que garantizan libertades mínimas a la población, la subversión
armada no tiene justificación moral; ya que destruyen espacios públicos existentes que, por
enmarcarse en el respeto de los derechos humanos, conceden efectividad a las estrategias no
violentas a favor de cambios racionalmente aceptables.
Adoptado por la comunidad internacional en Roma (1998), al término de la Conferencia
Diplomática de Plenipotenciarios de las Naciones Unidas, el Estatuto de la Corte Penal
Internacional ha entrado en vigor para los Estados parte —entre los cuales se cuenta el Estado
peruano – desde el 1 de julio de 2002. Como es sabido, el Estatuto no tiene aplicación
retroactiva.
A pesar de que la Corte Penal Internacional no es competente respecto de los hechos
ocurridos antes de la entrada en vigor de su Estatuto, éste tiene una singular importancia para
la comunidad internacional. En efecto, las definiciones aportadas sobre diversos crímenes
internacionales codifican en gran parte normas internacionales consuetudinarias o imperativas,
contribuyendo así a una mayor precisión jurídica respecto, por ejemplo, de los crímenes de lesa
humanidad.
El Estatuto de Roma reafirma, también, en sus aspectos medulares, lo expresado por la
jurisprudencia de los Tribunales Penales Internacionales para la antigua Yugoslavia y Ruanda
respecto de la calificación de ciertas transgresiones del Derecho Internacional Humanitario,
durante los conflictos armados internos, como crímenes de guerra.
Sin afirmar en modo alguno la competencia de la Corte Penal Internacional respecto de los
hechos pasados en el Perú, o pretender aplicarlo directamente a los hechos que son materia de
su mandato, la CVR utilizará las definiciones aportadas por el Estatuto de Roma en la medida
que ello ayude a una mejor comprensión del contenido de ciertos crímenes internacionales.

[Link]. Derechos fundamentales de la persona humana no derogables incluso durante los


conflictos armados
La comunidad internacional ha establecido cada vez con mayor nitidez, particularmente

15El último párrafo del artículo 3 común de los Convenios de Ginebra establece: «La aplicación de las
anteriores disposiciones no surtirá efectos sobre el estatuto jurídico de las Partes en conflicto».

22
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

luego de la Segunda Guerra Mundial, la existencia de normas imperativas de derecho


internacional general, sancionadoras de derechos no derogables inclusive durante el curso de
una guerra internacional o durante el curso de un conflicto armado interno.
Lo anterior, de otro lado, adquiere contornos muy precisos a la luz del Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos (en adelante PIDCP) y de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (en adelante CADH). En caso de guerra, de peligro público o de otra
emergencia, el PIDCP (artículo 4) «no autoriza suspensión alguna de los artículos [...]», y el
CADH (artículo 27) «no autoriza la suspensión de los derechos determinados en los siguientes
artículos [...].». Tampoco podrán suspenderse las garantías judiciales (hábeas corpus y amparo)
indispensables para la protección de los derechos no derogables.
El reconocimiento por la comunidad internacional, en tanto normas imperativas del
Derecho de Gentes, de un núcleo intangible y no derogable de derechos fundamentales propios
de todo ser humano sin excepción alguna, en todo tiempo y lugar, es un hecho históricamente
reciente y de un valor inestimable para todos los pueblos del mundo. Tales normas se fundan
en convicciones surgidas del horror vivido durante los siglos pasados, en la creencia común de
que son inherentes a los seres humanos, que fundan la igualdad radical entre los mismos y que
por ello mismo son irrenunciables, inderogables e intangibles. Por ello, los estados de excepción
o de emergencia no son ni pueden aceptarse como el reino de la arbitrariedad donde todo está
permitido, no como la negación del estado de derecho sino como una forma especial del mismo.

[Link]. Invalidez de la amnistía y de otros obstáculos procesales respecto de crímenes y


violaciones de los derechos humanos
Las leyes de amnistía, cuyo objeto es dejar impune la comisión de crímenes de derecho
internacional y violaciones graves de los derechos humanos, han sido expresamente declaradas
por la Corte Interamericana de Derechos Humanos como incompatibles con la Convención
Americana por lo que «carecen de efectos jurídicos».16 Esta sentencia fue luego precisada
mediante una sentencia interpretativa expedida por la misma Corte.
La Corte en su nueva sentencia decidió, por unanimidad, «que lo resuelto en la sentencia de
fondo en el caso Barrios Altos tiene efectos generales».17 Los tribunales de justicia peruanos, en
cumplimiento de lo resuelto por la Corte, han procedido a iniciar o proseguir, según
corresponda, procesos penales contra los presuntos perpetradores de los delitos realizados en el
caso Barrios Altos pero también contra otros implicados en otros casos y que habían sido
favorecidos por las leyes de amnistía.
Lo resuelto por la Corte Interamericana inaugura una nueva etapa en la lucha contra la
impunidad y es coherente con la jurisprudencia y las opiniones consultivas precedentemente
emitidas por la misma Corte. La doctrina establecida por la Corte se basa en el principio de
derecho internacional según el cual, tratándose de obligaciones impuestas por el derecho
internacional, éstas deben ser cumplidas de buena fe y no puede invocarse para su
incumplimiento el derecho interno.
Por las mismas razones que han llevado a no aceptar como válidas las amnistías
mencionadas, hay una tendencia en el Derecho Internacional a considerar incompatible con las
obligaciones de los Estados la extinción (prescripción) de la acción penal en razón del tiempo
transcurrido. En el caso Barrios Altos la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró

16 Corte Interamericana de Derechos Humanos, sentencia de fondo, caso Barrios Altos (Chumbipuma
Aguirre y otros versus Perú), expedida el 14 de marzo de 2001, párrafo 51, numeral 3.
17 Corte Interamericana de Derechos Humanos, sentencia de interpretación de la sentencia de fondo, caso

Barrios Altos (Chumbipuma Aguirre y otros versus el Perú), 3 de septiembre de 2001, parte resolutiva,
numeral 2.

23
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

«que son inadmisibles las disposiciones de amnistía, las disposiciones de prescripción y el


establecimiento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impedir la investigación y
sanción de los responsables de las violaciones graves de los derechos humanos». 18 Según el
Derecho Internacional de los Derechos Humanos, el Estado no puede excusarse tras las normas
que él mismo promulga para incumplir su obligaciones internacionales de investigar, juzgar y
condenar a los responsables de violaciones graves a dicho derecho.
El corolario de las importantes limitaciones impuestas a la soberanía de los Estados por el
Derecho de Gentes luego de la Segunda Guerra Mundial —proscripción del jus ad bellum y
especialmente en lo que se refiere a la protección de derechos fundamentales de todo ser
humano en todo tiempo y lugar, es el reconocimiento, por el Derecho Constitucional, de la
limitación del poder soberano del Estado con relación a las mismas materias.
Es necesaria una interpretación armónica de los diversos artículos constitucionales que
podrían presentar un aparente conflicto —opción personalista, derecho a la justicia, obligación
del Estado de garantizar la plena vigencia de los derechos humanos, potestad de otorgar
amnistías. La armonización de las disposiciones constitucionales determina, como afirma el
Tribunal Constitucional, que la facultad de dictar amnistías no es absoluto sino que tiene un
límite infranqueable: la defensa de la persona humana, el respeto de su dignidad, la plena
vigencia de los derechos humanos.

[Link]. La calificación de ciertos crímenes y violaciones de los derechos humanos como


sistemáticos o generalizados
Al encontrarse la Comisión de la Verdad y Reconciliación ante una situación en la que,
como resultado de actos ilícitos, se produjeron decenas de miles de víctimas, una de las
cuestiones que ella debió resolver fue el determinar si se trató de actos aislados o difíciles de
evitar en el contexto del conflicto armado interno o si, por el contrario, éstos fueron el resultado
de una práctica sistemática o generalizada atribuible a los agentes estatales y no estatales.
Los sistemas de protección de los derechos humanos prestan especial atención a las
«situaciones que revelen constantes y sistemáticas violaciones de los derechos humanos»
(Naciones Unidas, 1967), o «un cuadro generalizado de violaciones a los derechos humanos»
(OEA, 1965).
En el caso del Perú, se debe tener en consideración que organismos de protección de los
derechos humanos pertenecientes a las Naciones Unidas y a la Organización de Estados
Americanos ya se han pronunciado en el sentido de que la tortura y la desaparición forzada de
personas, respectivamente, en los períodos analizados en nuestro país no son hechos aislados
sino una practica sistemática. Asimismo, las referencia a torturas y desapariciones forzadas no
impide que la CVR considere que también determinados comportamientos terroristas
constituyen prácticas sistemáticas y no sólo actos aislados o difíciles de evitar en las situaciones
en que se desarrolló el conflicto interno.
La CVR debió, en virtud de su mandato, ocuparse también de los crímenes —entendidos
como sinónimo de delitos, según la denominación utilizada por el Código Penal nacional—
imputables a miembros de grupos terroristas. Fue una cuestión particular en el caso peruano,
puesto que agentes no estatales y sin vínculo alguno con el Estado son responsables de miles de
actos violatorios de derechos humanos que bien pueden ser igualmente calificados de
sistemáticos o reiterados.

18 Corte Interamericana de Derechos Humanos, sentencia Barrios Altos, 14 de marzo de 2001, parte resolutiva,

párrafo 41.

24
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Las prácticas criminales desarrolladas por grupos terroristas involucrados en un conflicto


armado interno deben ser calificadas conforme a los estándares del Derecho Penal Internacional
en concordancia con las normas del Derecho Internacional Humanitario.
Los crímenes de lesa humanidad hacen referencia a actos contra la vida y la integridad
personal, actos de tortura y actos contra la libertad individual, entre otros, que para ser tales
deben ser perpetrados contra la población civil y haberse practicado de una manera sistemática
o reiterada en tiempo de paz o en el curso de un conflicto armado de cualquier índole.
El término sistemático, de acuerdo con la jurisprudencia internacional y la Comisión de
Derecho Internacional, se define como «un plan o política» del cual «podría resultar la comisión
repetida o continua de actos inhumanos.19
El calificativo de «generalizada» califica a la conducta y no al agente; es decir, la comisión
generalizada de una conducta de ninguna manera implica que todos los agentes individuales
están implicados en ella. El término generalizado, según las mismas dos fuentes antes citadas,
indica «que los actos estén dirigidos contra una multiplicidad de víctimas. Este requisito
excluye un acto inhumano aislado cometido por un perpetrador que actúa por su propia
iniciativa y dirigido contra una sola víctima.20
*****
La CVR llegó al pleno convencimiento de que los crímenes y violaciones de derechos
humanos perpetrados por las organizaciones subversivas y por las fuerzas de seguridad del
Estado estuvieron lejos de ser simples excesos, es decir, errores aislados y extraños a la conducta
típica de los actores armados. Por el contrario, ellos reflejaron cursos de acción deliberados. El
conflicto armado interno fue especialmente oneroso en vidas humanas por la aplicación de
estrategias de guerra que asumieron muchas veces como un costo necesario la perpetración de
actos que constituían graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario, crímenes de
lesa humanidad, y violaciones al ordenamiento legal y constitucional del Perú.
Del lado del PCP-SL, su ideología lo condujo a aplicar tácticas sumamente violentas y
brutales y lo hizo impermeable no sólo a elementales valores humanitarios sino, incluso, a los
mismos datos de la realidad. Se negó a cambiar los lineamientos esenciales de la estrategia que
había elegido suponiendo que un conflicto cada vez más expandido e intenso era favorable a su
causa.
Del lado de los agentes del Estado, estos percibieron el reto de reprimir a la subversión en
democracia y respetando los derechos humanos como un obstáculo, y no como una forma de
legitimidad. La abdicación del poder civil hizo posible que el peso del diseño y ejecución de la
estrategia contrasubversiva cayera, fundamentalmente, en las Fuerzas Armadas, a las que se
garantizó de diversas formas mecanismos de impunidad que, una vez perdida la democracia, se
institucionalizaron en la forma de una amnistía general.
Sin embargo, el costo político de prácticas como las ejecuciones arbitrarias y las

19 Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, sentencia Tadic, 7 de mayo de 1997, párrafo 648.
También, Comisión de Derecho Internacional, Proyecto de Código de Crímenes contra la Paz y la
seguridad de la Humanidad, 1996, párrafos 94 y 95. En el mismo sentido, el Tribunal Penal Internacional
para Ruanda declaró: «El concepto sistemático puede ser definido como un acto conscientemente
organizado y que sigue un patrón determinado, basándose en una política común que utiliza recursos
públicos o privados. No es requisito que esta política se deba adoptar formalmente como una política de
Estado. Sin embargo, debe haber una cierta clase de plan o política preconcebida», en sentencia del caso
Akayesu, ICTY-96-4, 2 de septiembre de 1998.
20 Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, sentencia Tadic, 7 de mayo de 1997, párrafo 648.

También, Comisión de Derecho Internacional, Proyecto de Código de Crímenes contra la Paz y la


seguridad de la Humanidad, 1996, párrafo 94 y 95. En el mismo sentido, el Tribunal Penal Internacional
para Ruanda afirmó al respecto: «El concepto de reiterado puede ser definido como masivo, frecuente, una
acción a gran escala realizada colectivamente con una considerable gravedad y dirigido contra una
multiplicidad de víctimas», en sentencia del caso Akayesu, ICTY-96-4, 2 de septiembre de 1998.

25
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

desapariciones forzadas, así como la necesidad de una mayor eficiencia en la lucha


contrasubversiva produjeron en las fuerzas del orden revisiones estratégicas que variaron el
patrón de violaciones de los derechos humanos existentes, pero que dejaron graves problemas
sin resolver en la situación carcelaria y judicial.
La CVR ha identificado, pues, patrones de crímenes y violaciones de los derechos humanos
perpetrados por las organizaciones subversivas y por las fuerzas contrasubversivas como parte
de sus respectivas estrategias. Los tipos hallados y documentados son los siguientes:
desapariciones forzadas; ejecuciones arbitrarias; asesinatos y masacres; torturas y tratos crueles,
inhumanos o degradantes; violencia sexual contra la mujer; violación del debido proceso;
secuestros y tomas de rehenes; violencia contra niños y niñas, y violación de derechos
colectivos.

1.2.2. LA ATRIBUCIÓN DE RESPONSABILIDADES INDIVIDUALES


La satisfacción de la justicia implica la determinación de responsabilidades. Al igual que en
la justicia hay diversas dimensiones, en la determinación de la responsabilidad la CVR fue más
allá del estricto límite de la responsabilidad penal. La CVR no contó con facultades
jurisdiccionales. La jurisdicción, por su propia naturaleza, se ejerce en la función de «decir
derecho», lo que incluye que la determinación de responsabilidades en la jurisdicción es
definitiva y definitoria, en el marco de los estándares internacionales de derechos humanos. El
mandato encomendado a la CVR se restringió a facilitar a los órganos competentes esa labor de
determinación.
La CVR fue establecida para identificar, en la medida de lo posible, las presuntas
responsabilidades de los crímenes y violaciones de los derechos humanos que le correspondió
esclarecer. En este sentido, reunió elementos de juicio a fin de señalar cuando fuere posible la
presunta responsabilidad de individuos en un crimen o violación de los derechos humanos.
Estos elementos de juicio proceden de los testimonios, de los diversos documentos a los cuales
tuvo acceso y de los estudios desarrollados a lo largo de su mandato.
En términos generales, la CVR desarrolló todos los esfuerzos razonables para asegurar que
la persona cuyo nombre fue citado como presunto responsable haya tenido la oportunidad de
presentar su versión de los hechos. En particular, se tomó en consideración que la persona fuera
escuchada o, al menos, convocada con ese fin. Todas las personas mencionadas como presuntos
responsables tuvieron la oportunidad de dar su perspectiva de lo ocurrido mediante un
documento equivalente al derecho de respuesta.
La naturaleza específica de la violencia en el Perú debe ser tomada en consideración al
tratar sobre las responsabilidades. A diferencia de otras comisiones de la verdad, la peruana ha
confrontado una cantidad considerable de crímenes cometidos por miembros de grupos no
estatales, vale decir, el PCP-SL y el MRTA. Esto planteó distintos desafíos técnicos que fueron
resueltos por la CVR tomando en consideración lo siguiente:
 Desde el punto de vista de la CVR, no hay diferencia alguna en función de los resultaos
de crímenes y violaciones de los derechos humanos, sean cometidos por grupos no
estatales o agentes del Estado.
 La explicación de la responsabilidad en uno y otro caso toma en consideración las
estructuras de mandos y jerarquías existentes al momento de la comisión del hecho.
 Mención especial requiere la evaluación de los crímenes cometidos por grupos
paramilitares y comités de autodefensa. En el primer caso, la CVR asume que ellos
forman parte de un aparato estatal, mientras que en el siguiente el análisis se realiza
caso por caso, verificando la relación que existe —al momento en el que ocurre un
hecho— entre el comité correspondiente y las autoridades estatales.

26
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Vale la pena precisar, en un resumen de lo expuesto en el Informe Final, los siguientes


criterios relativos a los casos presentados por la CVR:
 Los casos forman parte de un todo más amplio y complejo que incluye, allí cuando se
ha establecido, patrones consistentes de crímenes y violaciones, sistemáticos y
generalizados. En tanto tales, cada uno de estos hechos debe ser considerado como un
crimen de lesa humanidad a la luz del Estatuto de la Corte Penal Internacional.
 En particular, la desaparición forzada de personas constituye un delito continuado, lo
que implica que su tipificación debe atender la vigencia de la ley al momento en que se
formula la denuncia y no necesariamente con aquélla que está vigente al momento de
su comisión. No resulta ni moral ni legal reducir la entidad de una desaparición a la
categoría de un secuestro simple, aún cuando se hubiera producido antes de 1991.
 La judicatura deberá tomar en cuenta los agravantes contemplados en el propio Código
Penal, pero incorporando los elementos brindados por el Derecho Internacional de los
Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario. En particular, los jueces y
fiscales deberían considerar lo establecido en el Estatuto de Roma para interpretar de
manera sistemática el contenido típico de las figuras penales, así como las
circunstancias en las cuales se cometen.
La CVR ha definido los criterios de atribución de responsabilidad utilizando razonable y
proporcionalmente la relación causal entre un individuo y un hecho materia de su mandato.
Para ello, se ayuda de la determinación de los patrones ya establecidos, así como considera la
posición del presunto perpetrador en conexión con el grupo o aparato dentro del que se comete
el hecho. Del mismo modo, la CVR hace uso en este nivel de la doctrina penal más avanzada y
de mayor consenso, en conexión con los criterios por los cuales una responsabilidad es
atribuible a un individuo. Esto se desarrolla a partir de las disposiciones del Estatuto de Roma y
de la teoría del dominio del hecho y los aparatos organizados de poder. La CVR sugiere que la
judicatura tome en consideración desde el artículo 25 hasta el artículo 28 del Estatuto de Roma,
atendiendo a que consagra la aproximación más completa y coherente respecto de la pregunta
de quién debe ser sancionado por un delito. Esta aproximación es complementada con el uso y
la aplicación de la teoría de dominio del hecho a partir de aparatos organizados de poder.
La mayor parte de los hechos materia del mandato de la CVR caen dentro de la categoría de
delitos complejos, en donde el autor y el partícipe forman parte de una organización. En casi
todos ellos, el problema radica en el señalamiento de las responsabilidades de los jefes o
mandos que, sin ejecutar directamente el hecho, tienen algún grado de participación en su
desarrollo (idean, planifican, dirigen, ordenan o preparan el delito). Estos problemas no son
nuevos. La doctrina penal ha debido responder creativamente cuando se trata de perseguir la
criminalidad organizada. En estos casos, es relevante estudiar a la organización misma y su
estructura o cadena de mando. Para resolver estos dilemas, la doctrina penal ha desarrollado
diversas respuestas: autoría mediata, coautoría, autoría colateral, inducción o la cooperación
necesaria. Las respuestas que han tenido mayor respuesta en la jurisprudencia comparada son
aquéllas vinculadas con la autoría mediata y la coautoría.
Para la aplicación de la teoría del dominio del hecho se requiere:
 Que se trate de un aparato organizado de poder con una estructura jerárquica rígida.
 Que se verifique la fungibilidad efectiva del autor inmediato, lo que implica que la
organización tenga una dimensión consistente.
 Que de la intercambiabilidad del ejecutor se derive un control automático para el
«hombre de atrás».
 Que el aparto de poder se hubiese desligado del ordenamiento jurídico, optando como
un todo por la vía criminal.

27
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado peruano ocurrieron, por lo
general, durante regímenes democráticos, con elecciones periódicas, libertad de expresión y
derechos constitucionales vigentes. La aplicación de la teoría no puede ser mecánica ni puede
justificar por sí sola la responsabilidad del poder político sobre los actos que implican graves
violaciones a los derechos humanos. Salvo el período instaurado por el golpe de estado del 5 de
abril de 1992, la aproximación general del Informe Final detalla cómo en contextos democráticos
se produjeron patrones consistentes de violaciones de los derechos humanos cometidos por
agentes del Estado. La combinación de democracia constitucional y violaciones de los derechos
humanos obliga a un análisis más detallado de la relación entre la violación específica y la
cadena de mando. Los patrones de violaciones de los derechos humanos determinados en el
Informe Final corresponden, en numerosos casos, a estos comandos político-militares o los jefes
militares de una zona o subzona de seguridad nacional. Se ha señalado en reiteradas ocasiones
en el Informe Final y en otras fuentes, cómo en las zonas declaradas en estado de emergencia se
suspendió, fácticamente, el estado de derecho y la constitucionalidad. En suma, cabe presumir
que en reiteradas ocasiones estas estructuras regionales o locales actuaron al margen de la
Constitución y de la ley.
Siguiendo esta línea de razonamiento, las situaciones del PCP-SL y del MRTA son distintas
entre sí y, ambas, diferentes de la de los agentes del Estado. El PCP-SL era un aparato
organizado de poder, sus ejecutores eran intercambiables y, evidentemente, el PCP-SL se colocó
al margen de la ley. Su objetivo era destruir el Estado que sustenta el Derecho. No se trató de
ninguna manera de una guerrilla que luchó contra un régimen totalitario en una guerra de
liberación nacional. Sus actos, además, profundizaron la ilegalidad de la organización, aun
cuando se reconozca las motivaciones políticas que la sustentaron. Por ello, los órganos
jurisdiccionales deberán tomar en cuenta la teoría del dominio del hecho para evaluar la
responsabilidad penal de los mandos senderistas.21 El caso del MRTA tiene similitudes y
diferencias con el del PCP-SL. Las diferencias radican, más bien, en el sustento estratégico de
sus acciones, la entidad de las mismas y las consecuencias que produjeron. Por ello, la teoría del
dominio del hecho podrá ser aplicable con más facilidad a los secuestros que a otros hechos. En
estos casos, como ha sido señalado ya, se han reunido elementos de juicio que permiten afirmar
que la dirección central del MRTA planificó, ideó y organizó el crimen de manera directa.
Con relación a los comités de autodefensa, la atribución de responsabilidad alcanza a los
hechos materiales, así como a los superiores de dichas organizaciones. Dependiendo del caso
específico, esta responsabilidad puede alcanzar a los jefes militares de la zona en cuestión,
cuando existan elementos de juicio que permitan inferir una relación efectiva de subordinación
de dichos comités a las citadas autoridades militares.

1.3. MAGNITUD Y COMPLEJIDAD DE LOS CRÍMENES Y VIOLACIONES DE LOS DERECHOS HUMANOS

Al realizar el examen de los crímenes y violaciones de los derechos humanos bajo el


mandato de la CVR es necesario preguntarse por las razones que estuvieron detrás de su
realización. Efectivamente, en el trasfondo de estas conductas hubo ideologías, voluntades
políticas y estrategias, algunas de las cuales se propusieron obtener la aquiescencia o la
sumisión de la población civil a cualquier costo.
Para entender la magnitud sin precedentes del conflicto, es útil analizar las estrategias
elegidas por los actores en relación con sus consecuencias. La comprensión de tales estrategias,
sin embargo, no da lugar a una excusa moral ni es elemento de exención legal de ningún tipo
para los crímenes cometidos. Del mismo modo, la diferente participación proporcional en el

21La responsabilidad alcanza al presidente del PCP-SL, al Comité Central y a los Comités Regionales, así
como al Metropolitano.

28
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

número total de víctimas fatales (véase el gráfico 8) no puede entenderse como atenuante de la
responsabilidad moral y política que cabe a los distintos agentes causantes de daños a la
población civil.
AQUÍ GRÁFICO 8

Gráfico 8

PERÚ 1980 - 2000: No. DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS REPORTADOS A LA


CVR SEGÚN PRINCIPALES AGENTES RESPONSABLES, POR AÑO DE
OCURRENCIA DE LOS HECHOS

2500

2000

1500

1000

500

0
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000

AGENTES DEL ESTADO SENDERO LUMINOSO

1.3.1. CRÍMENES Y VIOLACIONES DERIVADOS DE LA ESTRATEGIA DEL PCP-SL


En el caso del iniciador del conflicto, el autodenominado Partido Comunista del Perú
Sendero Luminoso (PCP-SL), se desarrolló una estrategia que incorporaba concientemente el
terror como un instrumento al servicio de sus objetivos y que rechazaba explícitamente las
reglas del Derecho Internacional. La ideología senderista, sintetizada en el llamado
«pensamiento Gonzalo», estaba sustentada en un maniqueísmo extremo que consideraba a toda
institución y grupo social no controlado por el PCP-SL como un enemigo absoluto y lo
convertía en un objetivo militar. Autoridades, dirigentes sociales, empresarios, religiosos,
líderes políticos de cualquier punto del espectro electoral, eran considerados como blancos
legítimos de acciones violentas.
La prédica senderista señalaba, inequívocamente, que los derechos humanos son
construcciones ideológicas al servicio del orden social existente y que, por lo tanto, no tienen
ningún valor para orientar sus acciones. El PCP-SL negaba que los individuos tuvieran
realmente derechos por el hecho de ser seres humanos y afirmaba que toda consideración
humanitaria debía ceder ante la exigencia de tomar el poder para los sectores sociales
oprimidos, a quienes decía representar.
El objetivo estratégico central de la acción senderista era la destrucción total de las
estructuras políticas existentes y su reemplazo por organismos sujetos al control directo del
PCP-SL, como gérmenes de un régimen político alternativo en el que esta organización ejercería

29
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

un control total de los poderes del Estado. La estrategia preveía la acción restablecedora del
orden de parte de las Fuerzas Armadas, que destruiría violentamente muchas de las iniciales
bases senderistas, y anticipaba una sangrienta y prolongada confrontación para dirimir
superioridades.
Con el objetivo de destruir total y radicalmente el poder local, ya fuera estatal o tradicional,
y construir «bases de apoyo», el PCP-SL optó por una política de aniquilamientos selectivos; y,
para reprimir toda resistencia, aplicó consistentemente una política de represalias
desproporcionadas. Los aniquilamientos fueron consagrados como una «forma de lucha»
indesligable de otras tácticas normalmente utilizadas en los conflictos armados internos, como
los sabotajes, la propaganda armada y las emboscadas contra unidades militares aisladas o
pequeñas.
Del mismo modo, el PCP-SL optó por construir aceleradamente, en aquellos lugares donde
lograba sustituir a las autoridades locales, unidades armadas; para ello, no vaciló en recurrir al
reclutamiento forzoso, incluso de menores de edad. Alrededor de esta forma de violencia, que
explica la gran cantidad de secuestros y desapariciones atribuidas al PCP-SL se generaron una
serie de violaciones colaterales como la violencia sexual, la servidumbre, la tortura y los tratos
crueles, inhumanos o degradantes.
Sin embargo, las unidades armadas que el PCP-SL organizaba no tenían como objetivo
defender las «bases de apoyo» creadas, puesto que para su concepción estratégica era deseable
provocar una represión desproporcionada de las fuerzas del orden y que esa represión
produjera fuertes daños. Suponía que el consiguiente rechazo de la población se traduciría en
apoyo a su causa.
Cuando se hacía urgente mantener a la población como apoyo logístico de unidades
militares importantes, se optaba por una política de desplazamiento forzoso y servidumbre que
obligaba a la población civil (considerada como «masa») a trasladarse de un lugar a otro
huyendo de la presencia estatal, sin reparar en las inhumanas condiciones de vida a las que esa
población era sometida en campamentos improvisados.
Las diferencias de la estrategia militar del PCP-SL con respecto a la normalmente aplicada
por otros grupos insurgentes en América Latina explican su propensión a realizar actos de
extrema brutalidad y su recurso permanente a la violencia como medio para impartir ejemplos.
Incluso cuando se llevaban a cabo acciones corrientemente utilizadas por otros grupos armados
en conflictos internos, existía un ingrediente de saña y crueldad calculado para crear un
sentimiento de zozobra generalizado que sería supuestamente favorable a sus objetivos, al
provocar respuestas desproporcionadas y desmoralizar al enemigo.
La provocación fue un elemento permanente en la práctica senderista; pero, para ser
efectiva, debió asegurarse de adoctrinar a sus militantes con un sentido fatalista de sus vidas. El
llamado «pensamiento Gonzalo» elevó a la categoría de verdad científica el concepto de una
«cuota de sangre» que la población debía pagar para lograr el triunfo de la lucha senderista, y
que incluía la disposición de los militantes a sacrificar sus vidas en acciones que no podían
reportar ninguna ventaja militar y que sólo podían terminar en su propia destrucción.
La estrategia del PCP-SL se mantuvo, en general, invariable a lo largo del conflicto y cambió
sólo en forma cuantitativa cuando se expandía a otras zonas o aumentaba de escala, como
ocurrió con los «paros armados». Cada situación que cuestionaba la efectividad de la estrategia
elegida, ya fuese la resistencia de la población local o las operaciones estatales, se respondía no
con una revisión de la estrategia, sino con un aumento de la violencia. Así ocurrió cuando el
PCP-SL debió enfrentar la resistencia de comunidades que rechazaban su proyecto: incapaz de
aceptar que no había ganado la legitimidad que buscaba, el PCP-SL generalizó enfrentamientos
masivos entre sus columnas armadas y los grupos de autodefensa, a los que veía como
«mesnadas feudales» y no como lo que eran, la respuesta desesperada de poblaciones que
asumían la función de protección que el Estado no cumplía.

30
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Gráfico 9

PERÚ 1980-2000: MÉTODOS EMPLEADOS POR EL PCP-SENDERO LUMINOSO EN SU


ESTRATEGIA SUBVERSIVA. Distribución porcentual de los casos según año
(cada línea punteada representa un acumulado de 6% de los casos reportados a
la CVR).

Secuestros

Torturas

Asesinatos

1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000

El gráfico 9 muestra la distribución porcentual a lo largo de los años de los casos de los
principales crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos por el PCP-SL que
fueron reportados a la CVR. En el gráfico se pueden observar dos grandes ciclos de violencia
desatada por esta organización subversiva. El primero, que va de 1982 a 1985, es el de mayor
intensidad. Entre esos años se cometieron cerca de un tercio de los asesinatos perpetrados por el
PCP-SL que fueron reportados a la CVR. Este primer ciclo de intensa violencia en el conflicto
armado interno se concentró, básicamente, en el departamento de Ayacucho y está relacionado
con tres procesos:
 El intento por parte del PCP-SL de imponer su modelo de estructura social y estatal en
el campo ayacuchano a través de la formación de los llamados «comités populares».
 La resistencia cada vez más creciente (especialmente a partir de 1983) de la población
campesina ayacuchana al proyecto totalitario senderista.
 La intervención de las Fuerzas Armadas en el conflicto armado interno y la estrategia
de la organización subversiva para provocar actos de represión violenta e
indiscriminada por parte de las fuerzas del orden.

AQUÍ GRÁFICO 9
Luego de una violenta represión por parte de las fuerzas del orden que, además de causar
miles de víctimas inocentes en Ayacucho, golpeó duramente al aparato político y militar del
PCP-SL. Esta organización subversiva entró en una etapa de repliegue —prevista en sus planes
que anticipaban una respuesta violenta del Estado— y de penetración en otros espacios sociales
y geográficos distintos al escenario ayacuchano. Entre 1985 y 1987, el PCP-SL buscó generar
«bases de apoyo» y ampliar su radio de acción a las regiones central, nororiental, sur andina y
las ciudades, en un intento por vincularse con diferentes sectores como el campesinado cocalero
del valle del Huallaga, las comunidades campesinas de Junín, Huancavelica y Apurímac, a la
vez que intensificaba un trabajo de proselitismo político entre sectores juveniles radicalizados
en las universidades de Lima y Huancayo, principalmente.

31
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Hacia 1988 se desencadenó otro ciclo de intensa violencia en estos nuevos escenarios. La
magnitud de los crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos por la organización
subversiva en este período se explica por causas similares a las del primer ciclo. Sin embargo, en
este período la resistencia de la población, de sus autoridades y de los dirigentes sociales fue
mucho más temprana y decidida, como lo demuestra el caso de la exitosa resistencia de las
comunidades campesinas puneñas, la expansión de las rondas campesinas y de los comités de
autodefensa. Por otro lado, en esta nueva etapa, el Estado y las fuerzas del orden habían
logrado diseñar una nueva estrategia contrasubversiva que reforzaba el trabajo de inteligencia,
realizaba operativos de represión más selectivos e incorporaba a la población campesina en la
lucha contrasubversiva.
Tal y como se observa en el gráfico 9, la distribución de los principales crímenes cometidos
por el PCP-SL reportados a la CVR guarda un patrón bastante sincronizado. Esta organización
utiliza en forma concurrente y masiva el asesinato y la tortura como métodos de «lucha
armada»; del mismo modo, utiliza el secuestro como forma de reclutamiento. En conjunto, estos
métodos tienen el efecto de provocar temor y zozobra en la población y configuran una
estrategia terrorista. Al mismo tiempo, por su carácter sistemático o generalizado constituyen
graves crímenes de lesa humanidad, condenados por el derecho peruano, y por el
ordenamiento jurídico internacional.

Cuadro 1

MATRIZ DE CORRELACIÓN DE LA DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL A


TRAVÉS DE LOS AÑOS DE LOS CASOS DE ASESINATOS, TORTURA Y
SECUESTROS COMETIDOS POR EL PCP-SENDERO LUMINOSO,
REPORTADOS A LA CVR (Coeficientes r de Pearson)
Asesinatos Torturas
Torturas 0.90
Secuestros 0.98 0.89

Como se ve en el cuadro 1, las correlaciones22 entre los casos de asesinatos, torturas y


secuestros cometidos por el PCP-SL entre 1980 y el 2000 son muy altas y positivas, lo que
sugiere que estas prácticas eran cometidas en forma simultánea consistentemente a lo largo del
tiempo.

AQUÍ CUADRO 1
Involucrado en una lógica de aniquilamientos, provocación, progresivo aumento de la
violencia y transformación de antiguos conflictos intercomunales en enfrentamientos armados,
el PCP-SL desarrolló una estrategia sumamente costosa en vidas humanas, sin precedente en la
historia de los conflictos armados internos en América Latina. La enorme proporción de
víctimas fatales atribuidas al PCP-SL (54% de las víctimas reportadas a la CVR) no tiene
parangón con relación a los hallazgos de otras comisiones de la verdad en países que también

22Una correlación estadística indica cuán asociadas están dos variables; es decir, el grado en el que los
cambios en una variable influyen en otra. El coeficiente «r» de Pearson es una manera de medir dicha
asociación: mientras más cercano sea ese coeficiente a la unidad (+1 o -1) mayor asociación existe entre dos
variables. Una asociación positiva muy cercana a la unidad indica que dos variables se influyen
directamente; por ejemplo, la práctica del secuestro está muy vinculada al asesinato. Una asociación
negativa indica una relación inversa; por ejemplo, a mayor práctica de las detenciones legales, menor
práctica de la tortura.

32
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

han sufrido enfrentamientos internos, ninguna de las cuales ha atribuido más del 5% de las
víctimas fatales a la acción de grupos insurgentes.
De acuerdo con la ideología y la práctica establecida por los líderes principales del PCP-SL,
la vida humana era un valor apenas relativo; tanto la de aquéllos a los que enfrentó, como la de
sus propios militantes. Sin embargo, no deja de llamar la atención lo que ocurrió cuando los
principales dirigentes senderistas fueron capturados y se vieron frente a los mismos retos que
reclamaban a sus partidarios. Abimael Guzmán y sus seguidores más cercanos, que habían
rechazado todo tipo de diálogo con los gobiernos constitucionales de la década del ochenta, no
sólo no se enfrentaron a sus captores, sino que aceptaron una serie de privilegios y entablaron
negociaciones con un régimen dictatorial a cambio de concesiones políticas que se tradujeron en
su capitulación estratégica.

1.3.2. CRÍMENES Y VIOLACIONES DERIVADOS DE LA ESTRATEGIA DEL MRTA


La magnitud de los crímenes causados por el PCP-SL no puede opacar la revisión de la
forma de proceder del otro grupo armado activo en el período investigado, el Movimiento
Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). En efecto, surgido con la intención de convertirse en
una suerte de «brazo armado» de las organizaciones populares, el MRTA intentó llevar a cabo
una estrategia insurreccional comparable a las de otras experiencias latinoamericanas, con
algunas de las cuales mantuvo contactos.
La estrategia militar del MRTA combinaba agitación armada urbana con emboscadas y
organización de columnas militares en el campo. Sin embargo, al estar desligado del
movimiento social al que decía representar, enfrentaba permanentes dificultades económicas
que pretendía resolver aplicando tácticas utilizadas por otros movimientos armados en América
Latina como los secuestros, pese a que se trataba de un recurso específicamente proscrito por el
Derecho Internacional Humanitario al que proclamaban respetar.
Ante su escaso crecimiento y el aumento de violencia y militarización, el MRTA encontró
cada vez menos espacio para desarrollar su propia estrategia armada. Empezó a adoptar
tácticas utilizadas por el PCP-SL, como el asesinato de personas que no tenían ninguna función
militar en el Estado, crímenes cuya sola intención era dar lecciones ejemplares a la población.
Así, asesinaron a un dirigente asháninka por supuestos actos contra la guerrilla del MIR en
1965, a funcionarios retirados sin rol alguno en el gobierno, a particulares que representaban
intereses empresariales, a personas secuestradas y a individuos considerados «de mal vivir».
Esta conducta terminó por envolver a la propia organización y, hasta poco antes de la captura
de sus principales dirigentes, los asesinatos se convirtieron en una manera de resolver sus
luchas internas.
Por otro lado, el interés del MRTA por abrir frentes en zonas campesinas le llevó
inevitablemente a confrontar al PCP-SL, lo que hizo el conflicto aun más complejo, creó nuevos
riesgos para la población civil y contribuyó a aumentar el número de víctimas.
Aunque la participación del MRTA como responsable de víctimas fatales del conflicto es
proporcionalmente escasa (el 1.5% de los muertos y desaparecidos reportados a la CVR), es
innegable que su actividad armada sólo contribuyó a aumentar los sufrimientos del pueblo
peruano, resultó en nuevas violaciones de los derechos humanos, y debilitó aun más el orden
democrático y la posición del movimiento social que decía defender.

1.3.3. CRÍMENES Y VIOLACIONES DERIVADOS DE LAS ESTRATEGIAS DE LOS AGENTES ESTATALES


El Estado peruano no estuvo preparado para enfrentar la subversión armada tal como ésta
fue planteada por el PCP-SL. Por mucho tiempo creyó que se enfrentaba a una insurgencia
similar a las guerrillas de 1965 o que estaba emparentada con otras tendencias latinoamericanas.
Por esta razón, la actuación policial inicial fue, sobre todo, una reacción y estuvo subordinada a

33
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

la iniciativa del PCP-SL. Esta actuación inicial de las Fuerzas Policiales no tuvo tiempo de
madurar en resultados positivos y se decidió delegar las responsabilidades de la lucha
contrasubversiva en las Fuerzas Armadas. El resultado inmediato de una decisión tal, adoptada
sin contar con una estrategia integral en todos los campos —ideológico, político, económico y
militar—, fue una abdicación del poder civil en las cada vez más amplias zonas en estado de
emergencia y un radical incremento del conflicto que acentuó los costos humanos hasta llegar a
magnitudes que nunca serían igualadas en el resto del período de violencia.
No se conocía al PCP-SL. No se sabía con precisión en qué sectores se había asentado, cuál
era el perfil de sus militantes, ni sus diferencias ideológicas con otros grupos. Los agentes del
Estado sustituyeron su falta de conocimiento por la definición de una población genérica como
el presunto enemigo: los ayacuchanos, los quechuahablantes, los estudiantes universitarios, los
dirigentes de izquierda. Ellos pasaron a ser sospechosos por asociación.
Del mismo modo, se enfrentó la preparación de las unidades contrasubversivas como un
asunto meramente técnico y militar, enfatizando la preparación física de sus miembros para
enfrentarse a geografías complejas. No se encaró la formación de estas tropas como una
capacitación ideológica y política de quienes debían ganar a la población civil evitando abusos
que alienaran su lealtad, sino como un adoctrinamiento basado en la obediencia ciega y la
disposición a cometer actos de crueldad.
A estos factores hay que agregar que las fuerzas del orden reprodujeron prácticas racistas
frente a las poblaciones entre las cuales debían desenvolverse. Los oficiales de las fuerzas del
orden provenían de sectores medios urbanos; sus distancias culturales y sociales con la
población eran muy grandes y determinaron un extendido desprecio por la misma gente a la
que tenían que defender y ganar. En muchos casos, en vez de proteger a la población
ayacuchana contra el senderismo que los sojuzgaba, se actuó como si se pretendiera proteger al
Perú de esa población.
Pese a que el PCP-SL se había rebelado contra un régimen democrático, los gobiernos
civiles, salvo iniciativas excepcionales, no utilizaron la legitimidad de la democracia para
enfrentarlo y derrotarlo ideológicamente. Por el contrario, se abdicó de la autoridad civil a favor
de respuestas militares sobre las que no se ejerció ningún control significativo. Consentir que
los jefes militares de las zonas de emergencia se convirtieran en autoridades «político-militares»
equivalía a una decisión del liderazgo civil de organizar la lucha contrasubversiva de forma tal
que sólo los líderes militares se hicieran cargo del «trabajo sucio» que se suponía inevitable en el
enfrentamiento. Por su parte, los civiles se empeñaban en ignorar y acallar las denuncias que
llegaban, en lugar de asumir la responsabilidad de diseñar una estrategia contrasubversiva
efectivamente democrática.
El estado de emergencia se desnaturalizó y, de la medida excepcional que debía ser, se hizo
permanente en distintas zonas del país, con la consiguiente suspensión de garantías previstas
en las sucesivas constituciones vigentes. El carácter permanente que se le dio a la
excepcionalidad, debilitó la democracia peruana y creó un clima propicio para las violaciones
de los derechos humanos.
La política indiscriminada de los primeros años fue reexaminada durante los momentos
iniciales del gobierno encabezado por el presidente Alan García Pérez, partiendo de un análisis
crítico de lo realizado por su antecesor, el arquitecto Fernando Belaunde Terry. Quizá lo más
relevante para ello fue, en 1985 y 1986, el funcionamiento de una Comisión de Paz y una inicial
voluntad de hacer frente a las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por
miembros de las Fuerzas Armadas. Este interregno se quebró luego de la matanza de los
penales en junio de 1986, que restó credibilidad a la posibilidad de una alternativa democrática
a la lucha contrasubversiva y jugó a favor de la estrategia de provocación y mayor polarización
preconizadas por el PCP-SL. De este modo, el conflicto no sólo no se solucionó, sino que se
expandió a otras zonas y se hizo más complejo hasta llegar a ser un fenómeno que —para
muchos— ponía en entredicho la viabilidad estatal del Perú y que tenía un alto costo en

34
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

violaciones de los derechos humanos y acciones terroristas.


Es cierto que hubo desde el Poder Legislativo meritorios esfuerzos por reorientar la forma
en que se hacía frente al problema subversivo, además de que se realizaron investigaciones de
las violaciones a los derechos humanos perpetradas. Lamentablemente, se trató de iniciativas
llevadas a cabo por una minoría que no logró cambiar de manera significativa la forma en que
la autoridad civil asumía sus responsabilidades en el conflicto.
En la práctica, fueron las mismas Fuerzas Armadas y Policiales las que evaluaron y
reorientaron su estrategia a partir del reconocimiento de que muchas poblaciones estaban entre
dos fuegos y que debían ser ganadas para el lado del Estado. Con un mayor énfasis en acciones
de inteligencia y en establecer alianzas con los sectores sociales donde el PCP-SL pretendía
ganar adeptos, se desarrollaron acciones menos indiscriminadas. No se usaron, sin embargo,
métodos legales para su detención y procesamiento, y se continuó recurriendo a las ejecuciones
extrajudiciales y, de modo más selectivo, a las desapariciones forzadas.
Luego de la captura de los principales dirigentes senderistas, del uso de nuevas leyes que
buscaban romper la lealtad interna de los grupos subversivos y del creciente cuestionamiento
nacional e internacional a prácticas como las ejecuciones extrajudiciales y la desaparición
forzada, se produjo un nuevo ajuste en la estrategia contrasubversiva. Las violaciones de los
derechos humanos más recurrentes desde ese momento en adelante estuvieron vinculadas a la
detención arbitraria, a la violación de las garantías del debido proceso y a la masiva condena de
inocentes a términos de prisión muy prolongados.
En el gráfico 10 se aprecian los métodos empleados por agentes del Estado en distintas
etapas de la estrategia contrasubversiva.23
AQUÍ GRÁFICO 10
En la primera etapa comprendida entre los años 1983 y 1984, cuando se delegó en las
Fuerzas Armadas el control del orden interno y el combate a la subversión en el departamento
de Ayacucho, se aprecia una importante concentración de los casos reportados a la CVR en
referencia a ejecuciones arbitrarias, desaparición forzada y torturas. Esta etapa se caracterizó
por la aplicación por parte de agentes del Estado de una estrategia de represión masiva e
indiscriminada, especialmente en las zonas rurales del departamento de Ayacucho. En esos
años, los miembros de las fuerzas del orden golpearon a un cierto perfil de población con el
objeto de eliminar a los militantes del PCP-SL. Se eliminó a los sospechosos, a los presuntos
colaboradores y en no pocos casos a su entorno social y familiar, buscando hacer evidente ante
la población campesina los costos de colaborar con el grupo subversivo. Algunas de estas
prácticas se generalizaron y constituyen crímenes de lesa humanidad, infracciones al Derecho
Internacional Humanitario y violaciones al orden constitucional y legal del Estado Peruano.
A partir de 1985 se observa un descenso de la intensidad del conflicto armado interno
acompañado por una disminución relativa de los crímenes y violaciones de los derechos
humanos cometidos por agentes del Estado. Entre 1985 y 1989, ante la persistencia de la
subversión y su afincamiento en otras regiones, los agentes del Estado encargados de la lucha
contrasubversiva realizaron una evaluación de su desempeño y diseñaron una nueva estrategia
que buscaba combatir en forma más directa y focalizada a la subversión armada. Para ello, se
puso mayor énfasis en la recopilación de información de inteligencia sobre las organizaciones
subversivas, lo que dio lugar a operativos de eliminación más selectiva de presuntos miembros
de las organizaciones subversivas y a la incorporación más activa del campesinado organizado

23 Los datos sobre ejecuciones arbitrarias, desapariciones y torturas provienen de los testimonios
analizados por la CVR. La información sobre detenciones oficiales efectuadas por las fuerzas del orden
tiene las siguientes fuentes: los datos para los años 1983-1992 han sido proporcionados por la Dirección
Nacional contra el Terrorismo (oficio 55-DIRCOTE-COMASE del 13.03.2003); los datos para los años 1993-
2000 provienen del Registro Nacional de Detenidos y Sentenciados a pena privativa de la libertad efectiva
a cargo del Ministerio Público (oficio 106-2003-MP-FN-RENADESPPLE).

35
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

en rondas de autodefensa en la lucha contrasubversiva.


Gráfico 100

PERÚ 1980-2000: MÉTODOS EMPLEADOS POR AGENTES DEL ESTADO EN LA


LUCHA CONTRASUBVERSIVA. Distribución porcentual de los casos según año
(cada línea punteada representa un acumulado de 6% de los casos reportados a la CVR).

Detenciones oficiales

Tortura

Desaparición Forzada

Ejecuciones Arbitrarias

1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000

La actuación de grupos como los comités de autodefensa que, aunque no eran agentes del
Estado, actuaban bajo su dirección o cuando menos bajo su aquiescencia, produjo una
significativa cantidad de violaciones de los derechos humanos. Lo mismo puede decirse de
grupos paramilitares cuyo ejemplo más conocido fue el mal denominado Comando «Rodrigo
Franco».
Como resultado de los cambios estratégicos de la segunda etapa, se observa una
disminución relativa y absoluta de los casos de ejecuciones arbitrarias (respecto de 1983-1985);
sin embargo, aumentan los casos de desaparición forzada de personas, especialmente a partir
de 1989 hasta 1992. El cambio de estrategia está también relacionado con los nuevos escenarios
del conflicto, abiertos por el proceder de las organizaciones subversivas, especialmente en las
zonas urbanas donde los operativos de eliminación de presuntos subversivos se realizaban de
manera más encubierta a través del recurso a la desaparición forzada. Está práctica también está
asociada a la tortura como método de obtención de información sobre los planes y la
composición de las organizaciones subversivas.
Uno de los hitos culminantes de esta etapa fue la captura de los principales líderes de las
organizaciones subversivas, entre ellos el jefe máximo del PCP-SL, Abimael Guzmán Reinoso,
en septiembre de 1992, como resultado de tácticas de inteligencia aplicadas por la Policía
Nacional. Dicha captura desembocó luego en la capitulación estratégica del líder senderista, la
desmoralización de muchos de sus seguidores y el éxito cuantitativo de estrategias de desarme
de personas presuntamente vinculadas a la subversión a través del mecanismo del
«arrepentimiento» legalmente reconocido.
La tercera etapa en la lucha contrasubversiva de los agentes del Estado estuvo
caracterizada, pues, por un incremento sustancial de los detenidos como presuntos subversivos
y la disminución de los casos de ejecuciones arbitrarias y desapariciones forzadas, aunque
aumentó notoriamente el número de casos de violación al debido proceso de los detenidos.

36
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

La información obtenida en la captura de los principales dirigentes subversivos, así como la


proporcionada por los miembros de dichas organizaciones que se acogieron a las leyes de
«arrepentimiento» dictadas por el gobierno del ex presidente Alberto Fujimori, llevaron a la
detención de miles de personas acusadas de formar parte del PCP-SL y del MRTA.24 Muchas de
ellas fueron procesadas sin que se respetaran principios elementales del debido proceso y en
varios casos con insuficiente evidencia como para ser condenados en juicios regulares.
La magnitud de los errores cometidos por el sistema implantado para procesar a los
acusados por delito de terrorismo y traición a la patria en esos años obligó al Estado a establecer
el mecanismo del indulto por el que se debió liberar en muy poco tiempo a cientos de
sentenciados que eran inocentes.25 Asimismo, esos errores provocaron que, a la larga, ante los
fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre violaciones al debido proceso en
el Perú, el Tribunal Constitucional declarara nula, en el 2002, gran parte de la llamada
«legislación antiterrorista» promulgada por el gobierno de Alberto Fujimori.
A lo largo de estos tres grandes ciclos estratégicos, la tortura fue una práctica
sistemáticamente utilizada por las fuerzas del orden como técnica de interrogatorio para
obtener información de presuntos subversivos capturados o como forma de castigo e
intimidación. Como se aprecia en el gráfico 10, el patrón de tortura a lo largo de todo el período
investigado es una constante que acompaña los picos estadísticos de ejecuciones, luego las
desapariciones forzadas de 1984 y 1989, y, por último, el período de mayores detenciones
legales.
De acuerdo con los resultados mostrados en el cuadro 2, existen significativas correlaciones
entre la distribución de los casos reportados a la CVR de ejecuciones arbitrarias, desapariciones
forzadas y torturas cometidas por agentes del Estado entre 1980 y 2000. Por otro lado, existen
débiles correlaciones entre los casos de detenciones con los de ejecuciones y desapariciones, así
como también muestran una débil correlación con los casos de tortura.
AQUÍ CUADRO 2

Cuadro 2

MATRIZ DE CORRELACIÓN DE LA DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL A TRAVÉS DE LOS


AÑOS DE LOS CASOS DE EJECUCIONES, DESAPARICIÓN FORZADA, TORTURAS Y
DETENCIONES OFICIALES POR PARTE DE AGENTES DEL ESTADO, REPORTADOS A LA
CVR (Coeficientes r de Pearson)
Ejecuciones Desaparición
arbitrarias Torturas Forzada
Torturas 0.76
Desaparición Forzada 0.96 0.87
Detenciones Oficiales -0.17 0.19 -0.15

Las fuerzas de seguridad del Estado tenían, como es natural, una ventaja de partida sobre
las organizaciones subversivas: contaban con todos los mecanismos de control del Estado de
Derecho. Sin embargo, no se apoyaron en ellos, sino que, por el contrario, los consideraron

24 Según el Ministerio Público, los años con mayor número de detenciones oficiales realizadas por fuerzas
del orden son 1993 (4,085 detenciones) y 1994 (4,948 detenciones).
25 Sólo entre 1996 y 1999 se debió liberar, por el trámite del indulto a 502 personas injustamente

condenadas, lo que no cubrió el total de casos. Véase: Defensoría del Pueblo. La labor de la comisión ad hoc a
favor de los inocentes en prisión. Logros y perspectivas. Agosto 1996 - diciembre 1999. Informe de la secretaría
técnica de la comisión ad hoc creada por ley 26655. Lima: Defensoría del Pueblo, 2000.

37
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

frecuentemente un obstáculo para su actuación. La CVR considera que si la autoridad civil no


hubiera abdicado su responsabilidad, las fuerzas estatales hubieran estado en mejores
condiciones de adaptar más prontamente sus estrategias al desafío de la subversión sin
necesidad de infligir atropellos a la población civil. En cambio, la impunidad en la que se
desenvolvieron sólo sirvió de aliento para continuar utilizando estrategias con un fuerte
componente de violaciones de los derechos humanos.
Es necesario precisar que, ante esta orientación trasgresora de los derechos humanos, el
sistema judicial no asumió su obligación de aplicar la ley a los responsables de los crímenes que
se cometían. En la inmensa mayoría de los casos, la propia Corte Suprema, ante contiendas de
competencia planteadas por los tribunales militares, abandonó sus atribuciones constitucionales
y cedió los casos a la justicia militar. Lo hacía aceptando la tesis según la cual crímenes como la
tortura, la desaparición de personas y la ejecución arbitraria eran «delitos de función». En los
tribunales militares, los casos fueron usualmente archivados o, en un puñado de ocasiones,
tipificados y penados con gran lenidad. Por último, el gobierno de Alberto Fujimori encontró la
manera de prescindir incluso de las autoridades judiciales obsecuentes al hacer aprobar una ley
de amnistía en el llamado «Congreso Constituyente Democrático».
Durante el gobierno de Alberto Fujimori la abdicación de la autoridad civil ya señalada
cobró otro cariz; ésta se plegó, o se subordinó, de hecho a la visión estratégica y política de las
Fuerzas Armadas. La alianza entre el gobierno de Fujimori y un sector de las Fuerzas Armadas
cerró las puertas a toda fiscalización y abrió el paso a la más amplia impunidad tanto en lo que
concierne a las violaciones de derechos humanos como en lo relativo a la corrupción a gran
escala.
La estrategia militar del PCP-SL, pese a la fascinación que ejercía sobre sus seguidores y a la
mistificación ideológica que intentó consagrarla como un supuesto avance científico de validez
universal, fue bastante unívoca y poco variable. El PCP-SL no tenía que responder al control de
ninguna instancia porque no reconocía ideológicamente ningún valor a los derechos humanos,
ni siquiera como un asunto de imagen pública.
Por el otro lado, la complejidad de los giros estratégicos adoptados por el Estado a lo largo
de la lucha contrasubversiva sugiere la existencia de dos grandes orientaciones y prioridades
excluyentes, cada una de las cuales se asocia a un cierto tipo de patrones de violación de los
derechos humanos, con diferentes niveles de gravedad:
 La primera orientación es aquélla donde resulta más frecuente la utilización de métodos
como ejecuciones arbitrarias o desapariciones forzadas, destinados a eliminar
físicamente a las personas consideradas como presuntos subversivos, colaboradores o
simpatizantes, así como en muchos casos el propio entorno social o familiar de estos
grupos.
 La segunda orientación es aquélla donde se hace mayor incidencia en la captura de
presuntos elementos de grupos subversivos y su juzgamiento mediante procedimientos
expeditivos y sumarios que en muchos casos supusieron graves violaciones al debido
proceso.
La CVR buscó verificar en la información estadística la configuración de dichas
orientaciones —a la eliminación o a la captura— mediante el análisis26 de las correlaciones entre
los porcentajes de casos registrados según años de ejecuciones arbitrarias, desapariciones
forzadas, torturas y detenciones. El resultado de este análisis es la definición de los
componentes principales asociados a las dos orientaciones mencionadas. En el cuadro 3
mostramos la correlación de cada una de las variables analizadas (las ejecuciones, las
desapariciones forzadas, las torturas y las detenciones oficiales) con las dos grandes
orientaciones posibles: hacia la eliminación o la captura de personas acusadas de estar

26Se utiliza el análisis factorial. Ésta es una herramienta que busca determinar los factores generales que
subyacen a la evolución de múltiples variables.

38
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

vinculadas a la subversión armada.

AQUÍ CUADRO 3

Cuadro 3

MATRIZ DE ORIENTACIONES: ELIMINACIÓN O CAPTURA


Influencia de las variables en cada orientación (R de Pearson)
VARIABLES ELIMINACIÓN CAPTURA
Ejecuciones arbitrarias 0.96 -0.12
Desapariciones 0.99 -0.08
Torturas 0.91 0.30
Detenciones oficiales -0.08 0.99
Método de extracción: Componentes principales

Como se aprecia, la primera orientación está marcada por la correlación positiva con las
ejecuciones, desapariciones forzadas y las torturas; mientras que la segunda se asocia, ante todo,
a las detenciones y, en cierta medida, también a las torturas. Esta configuración de componentes
principales nos indica que la tortura —aunque más común cuando la orientación se dirigía a la
eliminación— fue una práctica común en cualquiera de las orientaciones y persistió pese a los
cambios estratégicos. El resultado es consistente con las denuncias recibidas: conductas como la
ejecución arbitraria y la desaparición forzada están relacionadas con la orientación de eliminar a
los presuntos subversivos y se asocian fuertemente a la tortura que sufrieron las víctimas antes
de su muerte o desaparición. De otro lado, la orientación centrada en la captura de presuntos
subversivos muestra menor relación con la práctica de las ejecuciones y desapariciones; pero
mantiene una importante relación con casos de tortura.
Como paso final de este análisis se presenta un diagrama de dispersión con la finalidad de
observar en qué años o períodos ambas orientaciones tuvieron mayor incidencia. En el gráfico
11 se muestra la distribución de los años que ha investigado la CVR, considerando la mayor o
menor orientación de los agentes estatales hacia la eliminación o la captura de presuntos
subversivos.27
El cruce de ambos ejes forma cuatro cuadrantes en los cuales están distribuidos los años que
ha investigado la CVR. Estos cuadrantes pueden representar cuatro tipos de estrategias de
lucha contrasubversiva.

AQUÍ GRÁFICO 11
El cuadrante A representa, por un lado, la ausencia de estrategias. Es decir, aquellos
períodos en donde los agentes del Estado ni capturaron ni eliminaron, lo que indica que no han
definido claramente de qué forma se debe enfrentar la subversión armada (1980, 1981 y 1982).
Por otro lado, este cuadrante también representa aquellos años donde la amenaza subversiva ha
decrecido considerablemente y el estado no realizó acciones importantes de represión a la
subversión armada (1998, 1999, 2000).
El cuadrante B representa aquellos años donde se eliminó a grandes cantidades de
presuntos subversivos, pero se reportaron pocas capturas. En estos años, la estrategia

27 Los valores de cada eje fueron calculados mediante el método de regresión. Representan valores
estándar de la ubicación de cada caso (la práctica de cada año) a lo largo de los ejes.

39
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

contrasubversiva implicó graves violaciones de los derechos humanos y los agentes del Estado
desarrollaron operativos que privilegiaban la eliminación de presuntos subversivos, personas
que eran consideradas colaboradoras o simpatizantes de la subversión, así como en ciertos casos
su entorno social o familiar. Se aprecia que 1984 es el año que tiene el mayor puntaje en el eje
representado por la orientación de eliminación, seguido de 1983. Como ha sido señalado, esos
fueron los años durante los que se han reportado a la CVR el mayor número de víctimas fatales
provocadas por agentes del Estado.
El cuadrante C representa un cambio de estrategia. Se comienza a combinar la eliminación
física de las personas sospechosas de participar en la subversión con un aumento en las
detenciones oficiales. En los años de 1989 y 1992 resalta la intensidad de este tipo de patrones de

Distribución de años investigados de


acuerdo a las orientaciones principales

Mayor énfasis en la eliminación


4

84

B C
83

89
90
92
91
85 88
93
Menor énfasis 87 86
Mayor énfasis en
0
94
82 95
en la captura 81
80 00 99 98 97
96 la captura

A D

-4
-4 0 4

Menor énfasis en la eliminación

lucha contrasubversiva.
Gráfico 111

El cuadrante D representa aquellos períodos durante los que se intensificaron las


detenciones oficiales a la vez que se redujeron sensiblemente los casos de desaparición forzada
y ejecuciones extrajudiciales reportados a la CVR. El año que tiene el mayor puntaje en el eje
representado por la orientación a la captura es 1994, cuando según las estadísticas oficiales se
registró el mayor número de detenciones oficiales. Este resultado es coherente con la situación
posterior a la captura y capitulación de Abimael Guzmán, por la que la actuación policial logró
la desarticulación y ruptura de la organización senderista.
Los años que se encuentran en ubicaciones cercanas o pegadas al punto 0 de cada uno de
los ejes pueden representar momentos de tránsito entre un tipo de estrategia y otro. Cabe
resaltar que los años 1986, 1987 y 1988 se ubican prácticamente en la intersección de ambos ejes.
Esos fueron los momentos intermedios del conflicto armado interno, cuando el país
experimentó un descenso relativo de su intensidad, previo a un nuevo momento de intensas
violaciones de los derechos humanos.

40
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Los cuadrantes del gráfico 12 pueden leerse también como una «hoja de ruta» temporal que
los agentes del Estado siguieron en la lucha contrasubversiva. La secuencia sería: del cuadrante
«A» al «B». Luego, la intersección de ambos ejes, el paso al cuadrante «C», luego al «D» y,
finalmente, de vuelta al «A». Es decir, del desconcierto a la violencia indiscriminada; luego, la
transición hacia una violencia más selectiva. Una nueva transición —esta vez hacia el
encarcelamiento masivo— y, finalmente, un descenso en todos los niveles debido a la
disminución de las acciones senderistas.

1.3.4. PERFILES DE LAS VÍCTIMAS


Los testimonios recogidos por la CVR indican que los principales actores del conflicto armado
interno desarrollaron un conjunto de prácticas de selección de sus víctimas al interior de
determinados grupos de población.

Gráfico 122

PERÚ 1980 - 2000: NÚMERO DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS REPORTADOS A LA


CVR SEGÚN SEXO Y GRUPOS DE EDAD
MUJERES HOMBRES
70 - +

60 - 69

50 - 59
GRUPOS DE EDAD

40 - 49

30 - 39

20 - 29

10 - 19

0-9

1000 0 1000 2000 3000 4000

Tal y como se aprecia en el gráfico 12, la violencia no afectó a hombres y mujeres en forma
similar ni estuvo distribuida uniformemente en todos los grupos de edad. Fueron los hombres
entre 20 y 49 años quienes conformaron el grueso de las víctimas fatales reportadas a la CVR
(más del 55%), mientras que las mujeres de todas las edades suman poco menos del 20% de LAS
víctimas.

AQUÍ GRÁFICO 12
Al comparar la distribución de edades de las víctimas con la de edades de la población
peruana estimada para 1985, la concentración de víctimas en los grupos antes mencionados se
hace más evidente (véase el gráfico 13).

41
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

AQUÍ GRÁFICO 13
Mientras que en el conjunto de la sociedad peruana28 el grupo que va de 20 a 49 años
representaba el 38% de la población, entre los muertos y desaparecidos reportados a la CVR,
este grupo de edades representa el 66% de las víctimas. Si, además, se considera que más del
75% de las víctimas fatales mayores de 15 años estaban casadas o eran convivientes, es posible
afirmar que, donde tuvo lugar, el conflicto armado interno afectó principalmente a hombres
jefes de hogar, es decir, el grupo de la población con mayor cantidad de hijos dependientes y
sobre el cual reposan las principales responsabilidades económicas y políticas de sus
respectivas localidades.

Gráfico 133

DOBLE HISTOGRAMA: DISTRIBUCIÓN RELATIVA EN GRUPOS DE EDAD DE LOS


MUERTOS Y DESAPARECIDOS OCURRIDOS ENTRE 1980 Y EL 2000 REPORTADOS A
LA CVR Y DE LA POBLACIÓN PERUANA ESTIMADA PARA EL AÑO 1985

70 - +

60 - 69
MUERTOS Y DESAPARECIDOS
50 - 59 POBLACION 1985
REPORTADOS A LA CVR
GRUPOS DE EDAD

40 - 49

30 - 39

20 - 29

10 - 19

0-9

40 30 20 10 0 10 20 30 40
% DE LA POBLACIÓN % DE LAS VÍCTIMAS

Otro indicador de selectividad es el tamaño del grupo en el que fue ejecutada o asesinada
una persona. Cuando las personas son asesinadas o ejecutadas en grupos pequeños,
generalmente se está ante situaciones en las que los principales actores del conflicto se han dado
el trabajo de ubicar dentro de una comunidad a víctimas específicas para ultimarlas. Como se
aprecia en el gráfico 14, independientemente del agente responsable, la mayoría (cerca del 68%)
de personas asesinadas o ejecutadas extrajudicialmente reportadas a la CVR lo fueron en
operativos o acciones donde murieron simultáneamente menos de cinco personas. A título de
comparación, es útil señalar que en el caso del conflicto armado de Guatemala más de la mitad
de las personas reportadas como asesinadas entre 1969 y 1995 murieron en grupos de más de
cincuenta personas,29 particularmente en las comunidades mayas, lo que da cuenta de un grado
de violencia indiscriminada tal que dio lugar a que la Comisión de Esclarecimiento Histórico de
Guatemala calificara como genocidio la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad estatal
contra el pueblo maya.

28 Como referencia, se empleó la distribución por edades de la proyección realizada por el INEI para la
población peruana de 1985.
29 Véase Patrick Ball, Paul Kobrak y Herbert F. Spirer. Violencia institucional en Guatemala, 1960 a 1996: una

reflexión cuantitativa. Washington DC: AAAS-CIIDH, 1999, pp. 65-70.

42
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

AQUÍ GRÁFICO 14

Gráfico 144

PERÚ 1980-2000: PORCENTAJE DE PERSONAS QUE FUERON ASESINADAS O


EJECUTADAS ARBITRARIAMENTE REPORTADAS A LA CVR, SEGÚN TAMAÑO DEL
GRUPO EN EL QUE MURIERON

40%

30%

20%

10%

0%
1 víctima 2-4 víctimas 5-9 víctimas 10-+ víctimas

En el Perú, y en el caso de los agentes del Estado en particular, el trabajo de selección de


víctimas se refleja también en la importancia que adquirió la práctica de la desaparición
forzada. Ésta supone extraer a una persona específica del contexto en el que vive y sustraerla a
la mirada pública y a los mecanismos legales de protección individual para, de ese modo,
encubrir un conjunto de violaciones de los derechos humanos (detenciones arbitrarias, torturas,
violaciones sexuales) que por lo general concluyen en una ejecución extrajudicial. La CVR ha
determinado que, entre 1980 y el 2000, aproximadamente el 61% de las víctimas fatales
provocadas por los agentes del Estado lo fueron mediante la práctica de la desaparición
forzada.
Las mujeres y los niños aparecen entre las víctimas fatales con mayor frecuencia en
situaciones de violencia indiscriminada, como son las masacres o arrasamientos de
comunidades. Conforme aumenta el tamaño del grupo de personas que son asesinadas o
ejecutadas en un mismo operativo o incursión, también aumenta ligeramente la proporción de
mujeres y de niños menores de 15 años de edad: en el caso de asesinatos o ejecuciones
individuales la proporción de mujeres es de 14% y de menores de 15 años es de 2%; cuando los
asesinatos o ejecuciones tienen como blanco grupos de 10 o más personas, la proporción de
víctimas mujeres aumenta al 31% y la de menores a 21%.
Es importante tener en cuenta que, de manera similar a otras investigaciones sobre
conflictos armados internos,30 en la información presentada existe un importante subregistro de
niños debido a que solamente se incluyen las víctimas identificadas. Dentro de las víctimas de
asesinatos masivos, los niños resultan ser, generalmente, los menos identificados por los
sobrevivientes que dieron sus testimonios, puesto que son menos conocidos en sus
comunidades en comparación con los adultos.

30 Véase Patrick Ball y otros. Ob. cit., pp. 94-98.

43
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

La práctica de selección de víctimas por parte de los principales actores del conflicto
armado interno supone que éstos contaban con un perfil o una caracterización de quiénes eran
considerados blanco de la acción violenta. Este perfil está estrechamente vinculado con los
objetivos y las estrategias de los actores.
Como ha sido mencionado, la CVR ha concluido que el conflicto armado interno se inició
por la decisión del PCP-SL de conquistar el poder mediante la lucha armada con el fin de
destruir las instituciones del Estado peruano e instaurar un régimen totalitario.
Dentro de su estrategia de conquista del poder mediante la lucha armada, el PCP-SL atacó a
quienes, según su ideología, representaban el «viejo estado». En la práctica, ello significó que las
personas que tenían responsabilidades relativamente más importantes o desempeñaban un
cierto liderazgo social o político en sus respectivas comunidades fueran vistas como potenciales
enemigos y víctimas de sus acciones.
Un indicador contundente de esto último es que, después de los campesinos, el segundo
grupo ocupacional más golpeado por la violencia del PCP-SL fue el de las diversas autoridades
locales y dirigentes sociales que existían en las zonas donde el conflicto armado interno tuvo
lugar (alcaldes, regidores, subprefectos, gobernadores, tenientes gobernadores, jueces de paz,
dirigentes locales, etcétera). De acuerdo con los testimonios recibidos, aproximadamente 1503
personas, es decir, el 23% de las víctimas fatales provocadas por el PCP-SL reportadas a la CVR
fueron autoridades o dirigentes de este tipo.
El asesinato de un número tan grande de autoridades locales, la mayoría de ellas militantes
de los partidos políticos que sustentaron el régimen democrático inaugurado en 1980,
constituye un duro golpe a la capacidad de intermediación política de las zonas afectadas por el
conflicto armado interno. Es evidente que toda una generación de representantes e
intermediarios políticos locales fue eliminada intencionalmente por el PCP-SL en su estrategia
de generar un vacío de poder que pudiera ser posteriormente llenado por sus propios
dirigentes y militantes.
Si bien las personas que ocupaban cargos de autoridad o posiciones de liderazgo en sus
comunidades eran los blancos más visibles de la acción armada del PCP-SL, los mecanismos de
selección del grueso de las víctimas provocadas por este grupo subversivo eran mucho más
sutiles y dependientes de las diferenciaciones del poder local y el estatus social existentes en las
diferentes comunidades rurales donde tuvo lugar el conflicto armado interno (véase el mapa 2
al final de este capítulo).
De acuerdo con los testimonios recopilados por la CVR, las personas dedicadas a
actividades agropecuarias representaron el 57% de las víctimas causadas por el PCP-SL; sin
embargo, dentro de ese porcentaje se esconden las diferencias entre los campesinos
relativamente más prósperos y los más pobres, entre aquéllos más conectados a las redes del
poder (económico y político) local o regional y los más excluidos. Estos matices son difícilmente
percibidos desde el Perú urbano, ya que las inmensas distancias económicas, políticas y sociales
que existen con el Perú rural llegan a cubrir esta última realidad con un manto de uniformidad
definido por la pobreza y la precariedad.
En el mundo rural andino y selvático, esas diferencias no logran ser captadas o medidas con
exactitud mediante las gruesas categorías socioeconómicas que una aproximación cuantitativa
obliga a utilizar. Dependen, en gran medida, de las diferencias sociales relativas y específicas a
cada contexto particular, por lo que resulta difícil encontrar estándares aplicables a todos los
casos. No obstante, son justamente esas diferencias relativas las que configuran los potenciales
conflictos dentro de la sociedad rural que la estrategia del PCP-SL buscó aprovechar en su
favor. Los diferentes estudios en profundidad realizados por la CVR dan cuenta de la
importancia de estos factores en la estrategia del PCP-SL y de sus prácticas de selección de
blancos de la autodenominada «acción armada revolucionaria».
La concepción hiperideologizada del mundo que representa el «pensamiento Gonzalo», al ser

44
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

aplicada al mundo rural peruano, determinó que todos aquéllos que podían estar relativamente
más conectados al mercado, las redes e instituciones políticas, regionales o nacionales, se
convirtieran en «enemigos de clase del proletariado y del campesinado» o en «agentes del
Estado feudal y burocrático» que debía ser destruido. Ello ocurrió en un contexto en el que la
sociedad rural peruana había sufrido grandes transformaciones en la segunda mitad del siglo
XX —como lo atestigua el proceso de Reforma Agraria en la década de 1970—, las que
modificaron profundamente las antiguas divisiones entre indios y señores, campesinos y
hacendados, y terminaron por hacer desaparecer la oligarquía rural y terrateniente en el campo
peruano. El «pensamiento Gonzalo» hizo una interpretación tergiversada de la nueva realidad
de relaciones sociales en el campo para hacerla encajar en sus categorías ideológicas y, de ese
modo, crear artificialmente blancos para la acción armada de sus militantes.
El trabajo político de acumulación de fuerzas desarrollado por el PCP-SL lo llevó a reclutar
a sus militantes y simpatizantes entre la juventud de origen campesino, principalmente en
Ayacucho. Muchos de estos jóvenes se habían beneficiado entre los años 1960 y 1980 de un
proceso de expansión de la educación secundaria y superior que aumentó sus expectativas de
ascenso social. Sin embargo, las escasas oportunidades de desarrollo económico en sus
localidades de origen hicieron que muchas de estas expectativas se vieran frustradas, por lo que
un sector importante de la juventud rural ayacuchana fue atraído por el proyecto de cambio
social y político radical del PCP-SL, que reservaba además un papel protagónico a los jóvenes
en el nuevo orden social que se buscaba implantar. Por el contrario, aquellas comunidades en
las que el PCP-SL no podía captar la adhesión voluntaria de los jóvenes, los obligaba a
participar de sus acciones mediante el reclutamiento forzado.
Al definir el escenario del conflicto en sus propios términos, el PCP-SL configuró los
perfiles de las víctimas, tanto de su acción armada como de aquella desencadenada por la
represión de las fuerzas del orden. En la medida en que el conflicto armado interno tuvo un
carácter no convencional y que los militantes del PCP-SL se mimetizaban con la población local,
las fuerzas del orden seleccionaban a sus víctimas de acuerdo con las características generales
de quienes podían ser más propensos a integrarse al grupo subversivo, tal y como narra un
joven universitario detenido por terrorismo en 1991 y posteriormente absuelto:
[en la Dirección Nacional contra el Terrorismo-DINCOTE] los policías me dijeron que mis
antecedentes eran ideales para ser miembro de Sendero Luminoso: era hijo de padres
ayacuchanos, hablaba más o menos quechua, estudiaba en la UNMSM y vivía en el Callao [...].
Finalmente, en Canto Grande, cuando fui asignado al pabellón de los senderistas, esta vez ellos
eran los que me decían «tú eres hijo de ayacuchanos, hablas un poco de quechua, estudias en la
San Marcos y vives en el Callao, cumples el prototipo, ¿por qué no te unes a nosotros?». 31

31 CVR. Testimonio 100191.

45
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Gráfico 155

PERÚ 1980 - 2000: PORCENTAJE DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS REPORTADOS A LA


CVR SEGÚN GRUPOS DE EDAD, POR PRINCIPALES AGENTES RESPONSABLES

70 - +

60 - 69

50 - 59
GRUPOS DE EDAD

40 - 49

30 - 39

20 - 29

10 - 19

0-9

0% 10% 20% 30% 40%

AGENTES DEL ESTADO SENDERO LUMINOSO

En el gráfico 15, se observa la diferenciación de perfiles de las víctimas de los principales


actores del conflicto. Como es visible, la proporción de personas menores de 30 años es mayor
entre las víctimas provocadas por los agentes del Estado, mientras que edades por encima de
los 40 años son más frecuentes entre aquellas personas asesinadas o desaparecidas por el PCP-
SL.
AQUÍ GRÁFICO 15
Tomando en cuenta este perfil de edades, es posible afirmar que, hasta cierto punto, el
conflicto armado interno provocado por el PCP-SL fue también una lucha generacional, en
donde los jóvenes de origen campesino, relativamente más educados que sus padres y atraídos
por la ideología subversiva, buscaban desplazar violentamente a las personas mayores de las
posiciones de poder y prestigio en sus propias comunidades. De las víctimas fatales reportadas
a la CVR que tenían entre 20 a 29 años, la proporción de personas que tenían educación
secundaria es algo mayor entre las víctimas provocadas por los agentes del Estado que entre
aquéllas causadas por el PCP-SL (35% versus 22%).
Una confirmación de este perfil del militante o simpatizante del PCP-SL puede encontrarse
en las características sociodemográficas de aquellas personas que actualmente se encuentran
detenidas por cargos de terrorismo en los diferentes establecimientos penitenciarios del país.

Gráfico 166

46
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

PERSONAS RECLUIDAS EN ESTABLECIMIENTOS PENALES POR DELITO DE


TERRORISMO QUE DIERON SU TESTIMONIO A LA CVR, PORCENTAJE SEGÚN
GRUPOS DE EDAD QUE TENÍAN AL MOMENTO DE SER DETENIDOS

50 - +

40 - 49

30 - 39

20 - 29

Menos de 19

0% 20% 40% 60%

La CVR ha entrevistado a poco más de mil personas actualmente detenidas por delito de
terrorismo. Como se aprecia en el gráfico 16, más de la mitad de ellos tenían entre 20 y 29 años
al momento de ser detenidos. Por otro lado, cerca del 45% de los detenidos por delito de
terrorismo que han dado su testimonio a la CVR tienen algún nivel de instrucción superior.
AQUÍ GRÁFICO 16
Más allá de las coincidencias entre los perfiles de las personas ejecutadas o desaparecidas
por los agentes del Estado y aquéllas que actualmente están en prisión por delito de terrorismo,
es evidente que una estrategia de selección de blancos de la represión basada en categorías tan
generales (grupo de edad y nivel educativo), aplicada en forma masiva y sistemática, conduce
inevitablemente a graves violaciones de los derechos humanos. Por otro lado,
independientemente de que las víctimas se ajusten al perfil mencionado, ello no implica que
necesariamente sean miembros del PCP-SL y, aunque ése haya podido ser el caso de varias de
las personas ejecutadas o desaparecidas por las fuerzas del orden, ni la ejecución extrajudicial
sumaria ni la desaparición forzada están previstas como sanciones legales en el ordenamiento
jurídico peruano.
Si bien queda claro que el ser joven y tener niveles educativos relativamente mayores al
promedio constituyen un elemento central del perfil de aquellas personas que fueron objeto de
la represión estatal en la lucha contrasubversiva, la forma en que esa represión fue ejercida está
asociada a otro tipo de variables.

47
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Gráfico 177

DEPARTAMENTO DE NACIMIENTO DE LAS PERSONAS EJECUTADAS O


DESAPARECIDAS POR AGENTES DEL ESTADO REPORTADAS A LA CVR Y DE LAS
PERSONAS RECLUIDAS EN ESTABLECIMIENTOS PENALES POR TERRORISMO QUE
DIERON SU TESTIMONIO A LA CVR (PORCENTAJE SEGÚN DEPARTAMENTO)

AYACUCHO
APURIMAC
HUANCAVELICA
CUSCO
HUÁNUCO
UCAYALI
SAN MARTÍN
PUNO
JUNIN
LIMA - CALLAO
OTROS

60% 40% 20% 0% 20% 40% 60%


DETENIDOS EN PENALES EJECUTADOS Y DESAPARECIDOS

Como se observa en el gráfico 17, Ayacucho es el departamento de nacimiento de la


mayoría de personas ejecutadas o desaparecidas por los agentes del Estado. Sin embargo, la
mayoría de personas que se encuentran en la cárcel por delito de terrorismo provienen de Lima
o del conjunto de departamentos menos afectados por el conflicto armado interno.
AQUÍ GRÁFICO 17
Por otro lado, mientras que más del 70% de los ejecutados y detenidos tenían al quechua u
otras lenguas nativas como idioma materno, sólo el 24% de los actualmente detenidos por
terrorismo comparten esa característica.
La probabilidad de que la acción contrasubversiva del Estado deviniera en una violación
grave de los derechos humanos o en una aplicación de la legislación antiterrorista no era
uniforme en todos los grupos sociales. Las consecuencias resultan ser más graves y los errores
menos reversibles en los sectores más marginados de la sociedad peruana.

1.4. LOS PERÍODOS DEL CONFLICTO ARMADO INTERNO

Para construir una explicación más detallada del conflicto armado interno, la CVR analizó
la intensidad y la extensión de la violencia en relación con la lógica interna de los
acontecimientos y las estrategias de los actores directos implicados en el proceso, así como las
diversas posiciones frente al mismo asumidas por otros actores políticos y sociales. En dicha
explicación, se reconstruyen los contextos de las principales acciones y decisiones, y se
consideran las distintas opciones al alcance de los actores, de esta forma se busca evitar
anacronismos al interpretar hechos del pasado a partir de un conocimiento no disponible en el
momento de su ocurrencia.
Siguiendo este enfoque, el conflicto armado interno se puede organizar en cinco períodos

48
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

definidos por puntos de inflexión que no coinciden necesariamente con las fechas de inicio y
culminación de los gobiernos que tuvo el país entre mayo de 1980 y noviembre de 2000. 32 En
efecto, el proceso analizado no siempre sufrió modificaciones sustanciales al producirse los
relevos presidenciales; por el contrario, en varias oportunidades, las decisiones adoptadas por
alguna administración en materia de contrasubversión tuvieron consecuencias que
repercutieron en los siguientes períodos presidenciales.
Asimismo, como se ha señalado, las principales acciones y la mayoría de los hechos
investigados por la CVR ocurrieron usualmente fuera de los escenarios más visibles del país, sin
un seguimiento continuo por los medios de comunicación nacionales. Por ello, al utilizar una
periodización original del proceso 1980-2000, se ofrece una interpretación del conflicto mismo,
de las estrategias de los actores, de las víctimas y de las consecuencias, tomando siempre en
cuenta el contexto en el que se desenvolvieron las acciones. Al obrar de esta manera, la CVR ha
buscado apartarse de las historias «oficiales» de la violencia, como las construidas por el PCP-
SL para justificar su «guerra popular» o por el primer gobierno del ingeniero Alberto Fujimori
para consolidar su programa político en contra de los que denominaba «partidos tradicionales».
Si bien todo esfuerzo de organización temporal supone un grado de libertad en la selección
de los criterios para definir las etapas, la CVR ha optado por construir una periodización que
refleje lo ocurrido como parte de un proceso nacional y recupere la secuencia de
acontecimientos basados en sus propios hallazgos e investigaciones. De esta manera, se han
establecido los siguientes períodos:
 El inicio de la violencia armada (mayo de 1980 - diciembre de 1982): comprende desde
el primer acto de violencia cometido por el PCP-SL en Chuschi, Cangallo, el 17 de mayo
de 1980 hasta la disposición presidencial del 29 de diciembre de 1982 que estableció el
ingreso de las Fuerzas Armadas en la lucha contrasubversiva en Ayacucho.
 La militarización del conflicto (enero de 1983 - junio de 1986): abarca desde la
instalación, el 1 de enero de 1983 del comando político-militar de Ayacucho a cargo del
general Roberto Clemente Noel Moral, hasta la matanza de los penales del 18 y 19 de
junio de 1986.
 El despliegue nacional de la violencia (junio de 1986 - marzo de 1989): se desarrolla
desde la mencionada matanza de los penales de junio de 1986 hasta el 27 de marzo de
1989, fecha del ataque senderista, con el apoyo de narcotraficantes, al puesto policial de
Uchiza en el departamento de San Martín.
 La crisis extrema, ofensiva subversiva y contraofensiva estatal (marzo de 1989 -
septiembre de 1992): se inicia inmediatamente después del asalto senderista al puesto
de Uchiza y concluye el 12 de septiembre de 1992 con la captura en Lima de Abimael
Guzmán Reinoso y de los principales dirigentes de su organización por parte del GEIN.
 Declive de la acción subversiva, autoritarismo y corrupción (septiembre de 1992 -
noviembre de 2000): comienza con la captura de Abimael Guzmán y la cúpula
senderista, y se extiende hasta el abandono del país del ingeniero Alberto Fujimori.

1.4.1. PRIMER PERÍODO: EL INICIO DE LA VIOLENCIA ARMADA (MAYO DE 1980-DICIEMBRE DE 1982)


El conflicto armado interno que padeció el Perú se inició con la decisión del PCP-SL de
declarar la guerra al Estado peruano. La acción simbólica que marcó el comienzo de la lucha
armada senderista fue la quema pública de las ánforas electorales en el distrito de Chuschi

32El proceso analizado por la CVR comprende los gobiernos del general Francisco Morales Bermúdez en
su fase final (del 17 de mayo al 28 de julio de 1980), del arquitecto Fernando Belaunde Terry (del 28 de
julio de 1980 al 28 de julio de 1985), del doctor Alan García Pérez (del 28 de julio de 1980 al 28 de julio de
1990) y del ingeniero Alberto Fujimori Fujimori (del 28 de julio de 1990 al 5 de abril de 1992; del 5 de abril
de 1992 al 28 de julio de 1995; del 28 de julio de 1995 al 28 de julio de 2000; y de esta fecha al 20 de
noviembre del mismo año).

49
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

(Cangallo, Ayacucho) el 17 de mayo de 1980, con ocasión de las elecciones generales. Con ello,
el PCP-SL se automarginó del proceso democrático abierto con los comicios celebrados ese día,
y dio inicio a una violenta campaña cuyo objetivo era destruir el Estado peruano y someter a la
sociedad peruana a un régimen autoritario y totalitario.
En un principio, el PCP-SL realizó atentados esporádicos contra la propiedad pública y
privada, y acciones de propaganda armada. La gravedad de sus actos fue aumentando
paulatinamente hasta llegar al asesinato sistemático y a los ataques contra las Fuerzas Policiales
que buscaban provocar una represión estatal cada vez más dura en su contra; su objetivo era
que se definiese una situación de conflicto armado interno.
Las primeras acciones senderistas fueron percibidas inicialmente como hechos marginales y
de poca repercusión nacional. Se las evaluaba con una actitud que combinaba la subestimación
y el desconcierto, lo que permitió el crecimiento de la presencia senderista en ciertas áreas del
departamento de Ayacucho y Huancavelica. Entre 1980 y 1981, la atención de la opinión pública
estuvo enfocada en el proceso de transferencia del poder a los civiles después de doce años de
dictadura militar, así como en las primeras medidas del nuevo régimen político. Entre los
círculos de la izquierda legal, las acciones iniciales del PCP-SL eran vistas con extrema
suspicacia, llegando incluso a ser consideradas como operativos encubiertos de las fuerzas del
orden destinados a desprestigiar o sabotear la presencia y participación de organizaciones
políticas izquierdistas en la escena oficial, tal y como había sucedido en otros países de América
Latina.
Aunque en años anteriores no se descartaba el alzamiento en armas de algunos grupos
radicales de izquierda, el fenómeno particular iniciado por el PCP-SL desconcertó a las fuerzas
del orden. En general, éstas hubieran esperado la repetición de un proceso guerrillero similar al
ocurrido en 1965. La formación contrasubversiva que habían recibido las preparaba únicamente
para fenómenos de este tipo o, en el mejor de los casos, para enfrentar a grupos armados
semejantes a los que por esos años actuaban en otros países de América Latina. Al no poder
definir con claridad el tipo de adversario que enfrentaban, los trabajos de inteligencia del
período previo e inicial estuvieron erróneamente dirigidos. Las posibilidades de evitar el curso
de los acontecimientos a partir de este tipo de trabajo fueron escasas debido al muy reducido
tamaño de la organización, a su similitud con muchas otras agrupaciones de izquierda radical
que postulaban la lucha armada y a su mínimo equipamiento militar antes de 1980. Sin
embargo, incluso en el 2003, el debate en torno a la supuesta «falta de inteligencia» era un
asunto importante para aquellos involucrados en la transición política de inicios de 1980. Para
representantes del gobierno de Acción Popular, la responsabilidad mayor respecto de la falta de
preparación y de inteligencia adecuada sobre el nuevo fenómeno subversivo recayó en el
anterior gobierno del general Francisco Morales Bermúdez. En agosto del 2002, Luis Pércovich,
ex ministro del interior en el gobierno de Acción Popular, afirmaba:
Lo grave es que no solamente se sustraen de la responsabilidad de haber descubierto y combatido
con anterioridad a este movimiento, sino que en la hora crítica del problema tampoco lo afrontan.
Dejan desmantelado al Ministerio del Interior. No sé si al interior de las Fuerzas Armadas
reservaron documentación. Creo que sí por la cuestión ésta de espíritu de cuerpo, pero cuando
llega el gobierno constitucional no (se) encuentra nada [...].33

Interrogado sobre estos temas, Morales Bermúdez respondió:


Fueron detectados determinados elementos de Sendero como personas de cierta tendencia, pero
en ningún momento hubo [en 1979 y en 1980] una información de Inteligencia que dijera
«cuidado, aquí ya tenemos un problema».‖Eso‖nunca,‖nunca‖hubo‖eso,‖en‖la‖vida.‖*<+‖Entonces‖sí‖
había ese sistema [de Inteligencia] así montado y los comandantes generales que me habían
servido a mí fueron comandantes generales de Belaunde, ¿cómo el gobierno podía no disponer de
la Inteligencia para acabar el problema? Era imposible. Yo a Belaunde lo llamo, a los tres

33CVR. Entrevista con Luis Pércovich. Ministro del Interior durante el gobierno de AP. Lima, 28 de agosto
de 2002.

50
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

comandantes generales y su servicio de Inteligencia no tiene esta información. ¡Caramba! Todos


los servicios de Inteligencia tienen sus informaciones porque eran informaciones cruzadas.34

En los dos años y medio que duró la fase inicial del conflicto estudiado por la CVR, el PCP-
SL tuvo un terreno inmejorable para desarrollar sus planes y corregir sus errores. El tratamiento
exclusivamente policial que dio el presidente Belaunde a las primeras acciones senderistas
correspondía, en buena medida, a la respuesta de un gobierno civil que no podía delegar
inmediatamente el problema a las Fuerzas Armadas sin dar una imagen de debilidad y sin
ceder prerrogativas constitucionales propias de un régimen democrático.
El PCP-SL inició su autodenominada guerra popular contra el Estado peruano mediante
una serie de atentados con explosivos contra instalaciones públicas en diversas partes del país,
aunque desplegando más recursos en Ayacucho. Si bien la quema de ánforas en Chuschi fue
vista como un hecho aislado, debe precisarse que hubo acciones menores en otras partes del
país como Lima y La Oroya.
En las semanas que siguieron al ataque del 17 de mayo de 1980, grupos de senderistas
arrojaron bombas incendiarias contra la tumba del general Velasco y contra el local de la
municipalidad de San Martín de Porres. Hasta el 28 de julio, día del cambio de gobierno, hubo
diversas acciones de propaganda, robo de cartuchos de dinamita y armas. No hubo, en ese
lapso, una respuesta estatal directa contra el PCP-SL de parte del gobierno militar. El mismo día
de la juramentación de Fernando Belaunde Terry en su cargo de presidente se produjo un
apagón parcial por el derribo de una torre en Huancavelica y un ataque con explosivos al local
de Acción Popular en Pasco. En general, los medios de comunicación cubrieron escasamente las
primeras acciones de propaganda armada senderista, prácticamente irrelevantes ante la
trascendencia de los debates propios de la transferencia del poder a los civiles.
El Presidente entrante encontró un país radicalmente distinto al que dejó. El nuevo
escenario le exigió lidiar con nuevos actores políticos y sociales. Entre los primeros, el gobierno
de Acción Popular ya no tuvo que enfrentar una oposición parlamentaria de derecha, como la
de APRA-UNO en su primera administración (1963-1968), sino una oposición de izquierda sin
precedentes por su radicalismo y su tamaño. En el plano social, Belaunde enfrentaba, por
primera vez, fuertes organizaciones gremiales y sindicales con presencia nacional, tales como el
Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú (SUTEP), la Confederación General
de Trabajadores del Perú (CGTP), la Confederación Campesina del Perú (CCP) o la Federación
Minera, que contaban con la experiencia reciente de las luchas contra el gobierno militar y
mantenían estrechos lazos con la izquierda parlamentaria y una amplia cobertura en medios
opositores.
En cuanto a la respuesta a la lucha armada, el gobierno de Acción Popular, al igual que la
mayoría de actores en el país, no terminó de comprender lo que implicaba el desafío planteado
al Estado por el PCP-SL y su «guerra popular». Durante varios años, el tema no ocupó un lugar
prioritario en la agenda estatal ni entre las preocupaciones sociales fuera de las zonas de
emergencia. Fue tratado como un problema de delincuencia común susceptible de ser resuelto
mediante la neutralización de individuos (los «delincuentes terroristas»). En ese momento, sin
embargo, factores ajenos a la guerra interna afectaban el desempeño policial. Entre los más
importantes estaban la extensión de la corrupción vinculada al narcotráfico y a las disputas y
tensiones entre institutos policiales (Guardia Civil, Guardia Republicana y Policía de
Investigaciones del Perú), propiciadas por arraigadas y contrapuestas identidades corporativas.
A lo largo del quinquenio, además, se insistió en la vinculación entre el PCP-SL y parte de la
izquierda legal, al punto de que el gobierno se resistió a liberar a militantes de IU encarcelados
por acusaciones de terrorismo.
Al margen de las discusiones en la escena oficial, el PCP-SL utilizó consistentemente todos
los espacios políticos a su disposición y logró ir construyendo su organización prácticamente

34 CVR. Entrevista a Morales Bermúdez. Lima, 3 de octubre de 2002.

51
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

sin alteraciones significativas de sus planes originales. Las respuestas del Estado y de la
sociedad estuvieron mediatizadas por razones ajenas al proceso subversivo mismo. Para
algunos sectores, era imposible aislar al PCP-SL del resto de la izquierda radical, mientras que,
para otros, la guerra sucia era inevitable por la naturaleza misma del Estado. La Policía de
Investigaciones del Perú logró éxitos en los medios urbanos al capturar a cientos de miembros
del PCP-SL, mientras que en el campo el avance policial fue ínfimo en parte por la insuficiencia
de sus agentes y la precariedad de los puestos rurales. No obstante, la presencia del PCP-SL no
se limitó a algunas provincias del departamento de Ayacucho. Desde un inicio, dio gran
importancia a su trabajo en Lima. En palabras de Abimael Guzmán:
Nosotros lo hemos visto así: el trabajo en Lima lo hemos ido ponderando, ¿tiene importancia
Lima? Tiene importancia. Razón: Nosotros decimos, «Ayacucho es la cuna, Lima la catapulta». El
Partido por diversas instancias, en un par de años, salta a trabajar en Lima, al centrar en Lima se
encuentra en una gran ciudad con gente de diversas provincias de todo el país. Al trabajar ahí
trabajas en todo el país, por eso se convierte en catapulta. Pero no podía ser una ciudad
conquistada al comienzo, sino en la parte final.35

La principal fuerza de oposición en el sistema político, el Partido Aprista Peruano (PAP),


también subestimó la gravedad del surgimiento y desarrollo de la «guerra popular» senderista.
Durante el quinquenio 1980-1985 el PAP no presentó una opción alternativa para la lucha
contrasubversiva; sin embargo, fueron duros críticos de la política del gobierno. No obstante,
las críticas del PAP no se tradujeron en una confrontación directa con las Fuerzas Armadas.
Conscientes de la tradicional rivalidad entre el PAP y el estamento militar, los dirigentes de ese
partido obraron con discreción en estas circunstancias para evitar un enfrentamiento con el
sector castrense.
Dos eventos asociados al PCP-SL proporcionaron una nueva dimensión al conflicto. En
marzo de 1982, en una operación inédita hasta el momento y planeada por su dirección central,
un comando senderista asaltó el centro penitenciario de Huamanga y rescató a sus presos;
lograron escapar sin que hubiese una adecuada respuesta de las Fuerzas Policiales y sin que los
miembros del Ejército acantonados en el cuartel de la ciudad interviniesen por no contar con
órdenes de Lima para hacerlo. El asalto a la cárcel de Huamanga obligó a distintos
observadores a considerar al PCP-SL como una amenaza mayor de la que sugerían los
atentados terroristas o los asesinatos aislados iniciales. Para algunos generales del Ejército,
como Sinesio Jarama, a partir de ese momento la situación se volvía seria; entre tanto, el general
Noel empezó a desarrollar una labor de inteligencia en el terreno desde su base en Huancayo.
En la orilla opuesta, izquierdistas radicales, que posteriormente constituyeron el MRTA,
señalaron a la CVR que el asalto a dicho penal los convenció de que se había producido un
avance del conflicto del que ya no había marcha atrás.
Horas después de consumado el ataque y la liberación de los internos senderistas, un grupo
de miembros de la Guardia Republicaba (la institución policial hasta entonces encargada de la
custodia de los establecimientos penales) ingresó al hospital de Huamanga y, en represalia,
ejecutó a tres presos senderistas que estaban heridos y bajo custodia policial. La combinación de
ambas acciones, el ataque al penal y la ejecución de miembros del PCP-SL hospitalizados,
proporcionó una primera victoria mediática al PCP-SL; pues fue presentado por los medios de
prensa nacionales, aun si lo condenaban, como una fuerza guerrillera y víctima a la vez de la
inocultable brutalidad policial.
Precisamente, el tema de los abusos cometidos por las Fuerzas Policiales destacadas en
Ayacucho para las operaciones contrasubversivas fue capitalizado por el PCP-SL en
circunstancias particulares meses después. En septiembre, a raíz de la muerte de Edith Lagos
(una de las senderistas evadidas del penal de Huamanga) en un choque con miembros
policiales, hubo manifestaciones masivas de respaldo que incluyeron una misa de cuerpo

35 CVR. Entrevista.

52
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

presente celebrada por el obispo de Ayacucho, además de un entierro multitudinario en el que


no faltaron símbolos senderistas. Luego de su muerte, Edith Lagos fue convertida por la
opinión pública en la figura más conocida del senderismo y, si bien nunca fue una dirigente
partidaria importante, su imagen de joven rebelde (murió a los 19 años) dio un rostro al
desconocido PCP-SL. Así, hubo congresos de la juventud aprista ayacuchana que llevaron su
nombre y dirigentes connotados del PAP, como Armando Villanueva del Campo, recibieron
muy fuertes críticas en la prensa a fines de los ochenta por haber visitado, supuestamente, su
tumba en el cementerio huamanguino.
Desde esta etapa inicial del conflicto, el tema de las violaciones de los derechos humanos
fue considerado en la discusión política nacional. Uno de los primeros debates al respecto fue
motivado por la protesta de prominentes miembros de la Iglesia Católica que denunciaban las
torturas sufridas por Edmundo Cox Beuzeville en manos de la policía después de su captura,
realizada el 6 de julio de 1981 en Cusco. Cox, miembro del PCP-SL era sobrino de un respetado
obispo de entonces que denunció los hechos. Ello propició fuertes críticas de los representantes
del gobierno que reclamaron a los obispos no haber protestado de igual modo durante la
dictadura militar. Dos puntos quedaron muy claros a raíz de dichos eventos. El primero fue que
los miembros del PCP-SL preservaron al máximo la clandestinidad de su organización al negar
su militancia (su llamada «regla de oro») y, al mismo tiempo, aprovecharon espacios
democráticos en los que no creían, como el de la defensa de los derechos humanos, para
debilitar la imagen de las fuerzas de orden. El segundo, que las denuncias sobre violaciones de
derechos humanos serían vistas como parte de una estrategia de la oposición y no como un
problema que el gobierno debía encarar.
A lo largo de 1982 se hizo patente que las Fuerzas Policiales eran incapaces de controlar la
expansión del PCP-SL en las zonas rurales de Ayacucho y de corregir su mala imagen pública.
Todo ello se tradujo en una demanda constante al gobierno de turno para que actuase con
mayor rigor ante el avance y las provocaciones del PCP-SL. El 27 de diciembre de 1982, el
presidente Belaunde dio un ultimátum de 72 horas al PCP-SL para que depusiera las armas. El
30 de diciembre el gobierno entregó a las Fuerzas Armadas el control de la zona de emergencia
de Ayacucho. El general de brigada EP Roberto C. Noel Moral, quien había sido Prefecto de
Lima en 1979 y jefe del SIE dos años después, asumió la jefatura del nuevo comando político-
militar. El general Noel recuerda así los términos del encargo recibido:
En el Consejo de Defensa Nacional, el Presidente del Comando Conjunto, le manifestó al
Presidente de la República que su orden se había cumplido. «Jefe Supremo de las Fuerzas
Armadas, Jefe Supremo de la República, Presidente de la Nación; artículo 118 de la Constitución
del Estado». El general presidente del Comando Conjunto le indicó al Presidente de la República
que para no omitir ninguna cosa que pudiera constreñir los planes, le pedía que el Comandante
General de la 2.a División de Infantería expusiera al Consejo y yo expuse al Consejo. A las cinco
de la tarde, el Presidente de la República decide clausurar el evento, pero en el evento me dicen
«General, sus planes son aprobados, pero usted va a actuar con el apoyo de las Fuerzas
Policiales». Entonces yo le digo, pregúnteme. Presidente del Comando Conjunto, yo le digo,
«¿Qué pasa?» Y como nadie habla, prendo el micro y digo «Señor presidente, perdón, quiero
hacerle una pregunta, usted me ha cambiado la misión. ¿Voy o no voy a combatir?». El presidente
Belaunde me dice, «General, usted combata con toda energía y tiene el apoyo del Gobierno
Constitucional». «Gracias».36

Desde entonces, la violencia del PCP-SL estuvo dirigida contra los representantes y
partidarios del «antiguo orden» en las áreas iniciales del conflicto armado (Ayacucho y
Apurímac, principalmente).

36 CVR. Entrevista. 18 de marzo de 2003.

53
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

1.4.2. SEGUNDO PERÍODO: LA MILITARIZACIÓN DEL CONFLICTO (ENERO DE 1983-JUNIO DE 1986)


A partir del ingreso de las Fuerzas Armadas a la lucha directa contra el PCP-SL, el conflicto
entró en un nuevo curso. La presencia militar en varias regiones del país duraría más de quince
años; el giro adoptado significó la «militarización del conflicto». En ningún momento anterior
del siglo XX se había producido un fenómeno similar de constitución de instancias político-
militares de conducción de la respuesta estatal al fenómeno subversivo. Asimismo, en esta
etapa el PCP-SL creó su autodenominado «ejército guerrillero popular» y realizó acciones
guerrilleras como ataques a puestos policiales y emboscadas a patrullas militares, sin abandonar
su actividad terrorista expresada en asesinatos selectivos y atentados con explosivos.
El asesinato de ocho periodistas en Uchuraccay, cuatro semanas después del ingreso de las
Fuerzas Armadas a la lucha contra el PCP-SL, produjo un quiebre en el conflicto al difundirse
ampliamente en los medios de comunicación nacionales imágenes terribles de la violencia que
se estaba produciendo en la sierra de Ayacucho y los departamentos vecinos. En los meses
siguientes, al consolidarse el predominio de la lógica de las acciones armadas no
convencionales, las cifras de víctimas y de violaciones de derechos humanos crecieron
exponencialmente; éste fue el período con la mayor cantidad de víctimas del conflicto.
Al ingresar en la lucha contrasubversiva, las Fuerzas Armadas no contaban con una
adecuada comprensión del PCP-SL y de su estrategia; vieron a esta organización como parte de
una gran conspiración comunista que atacaba al país. Según esta concepción, todos los
izquierdistas eran igualmente responsables de las acciones del PCP-SL y no había mayor
diferencia a partir de alineamientos internacionales. De esta manera, por ejemplo, el general EP
Noel pudo señalar, en una entrevista con la CVR en el año 2003, que veinte años atrás había
desbaratado un plan de ataque senderista preparado para el 26 de julio de 1983 en homenaje al
trigésimo aniversario del asalto al cuartel de Moncada en Cuba.37 Ésta era una acción
impensable para una organización maoísta como el PCP-SL que jamás celebró dicha fecha y no
concedía un carácter revolucionario a la experiencia cubana.
El general Noel tuvo serias disputas con los medios de comunicación, en especial después
de los sucesos de Uchuraccay, a los que reprochaba el que hicieran críticas a las Fuerzas
Armadas y, de ese modo —según su interpretación—, alentaran a la subversión.
El sucesor de Noel, el general EP Adrián Huamán Centeno, fue destituido en agosto de
1984, el año en que se registró el mayor número de víctimas del período 1980-2000. Su
destitución, sin embargo, no obedeció a este último dato, sino a las críticas del general Huamán
al gobierno por lo que él consideraba falta de apoyo a la lucha contrasubversiva. El general
Huamán, quechuablante y de origen comunero campesino, llegó a la jefatura del comando
político-militar con un enfoque que enfatizaba la promoción social de la población campesina
como medio para dejar sin espacio a la subversión. Sus críticas a las autoridades civiles por no
atender esas demandas fueron respaldadas por la oposición política. Un alto funcionario del
gobierno, el ex ministro Luis Percóvich Roca, comentó a la CVR lo siguiente sobre aquella
destitución‖«quiere‖rebasar‖a‖la‖autoridad‖civil‖*<+.‖Quiere‖manejar‖él‖solo‖las‖cosas‖de‖acuerdo‖
con su criterio. No obedece, o da la impresión de que quiere decir lo que el gobierno estaba
señalando y lo que el gobierno civil estaba haciendo. Incluso llega en un momento a hacer
apreciaciones orientadas a desprestigiar al gobierno civil».
En esta fase de militarización se produjeron casos de violaciones masivas de los derechos
humanos atribuidos a las fuerzas del orden como los de Socos (sinchis de la ex GC, noviembre
1983), Pucayacu (infantes de Marina, agosto de 1984), Putis (infantería del Ejército, diciembre de
1984) y Accomarca (infantería del Ejército, agosto de 1985). Por el lado del PCP-SL, las
principales violaciones de este tipo fueron las de Lucanamarca y Huancasancos (abril de 1983).

37El asalto al Cuartel Moncada conducido por Fidel Castro en 1953 es uno de los hitos históricos de la revolución
cubana.

54
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Finalmente, el movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) inició sus acciones


armadas formalmente en 1984 presentándose como parte de la izquierda peruana y haciendo
explícitas sus diferencias con el PCP-SL (uso de uniformes, campamentos guerrilleros,
reivindicación de acciones, etcétera). Esta organización, constituida en 1982 a partir de la unión
de dos pequeñas agrupaciones de izquierda, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria - El
Militante (MIR-EM) y el Partido Socialista Revolucionario - Marxista Leninista (PSR-ML), había
optado dos años después por prepararse para la lucha armada.
Al ser elegido presidente Alan García Pérez, cambió el discurso oficial sobre la guerra
interna. Se criticaba por primera vez desde el gobierno las violaciones de los derechos humanos
cometidas por las Fuerzas Armadas y se creó, además, una Comisión de Paz. Se intentó cambiar
el esquema únicamente militar para enfrentar la subversión. El punto más difícil en este terreno
fue la destitución del jefe de la segunda región militar general de división Sinesio Jarama y del
jefe del comando político-militar de Ayacucho Wilfredo Mori a raíz del caso de Accomarca. A
pesar de las críticas a la situación imperante, García no derogó el decreto legislativo 24150,
promulgado por Belaunde en junio de 1985, el cual regulaba (y aumentaba) las atribuciones de
los comandos político-militares que hasta entonces habían funcionado sin un sustento
constitucional.
Alan García definió las posiciones de su gobierno en los siguientes términos:
Nosotros hemos tenido dos etapas en el análisis sobre Sendero Luminoso. La primera muy
borrosa en el gobierno de Fernando Belaunde, donde sin conocer siquiera lo que podría ser esto,
los alcances de lo que podría sobrevenir, pensábamos en una explicación de tipo sociológica,
estímulo, impulso de la miseria, y naturalmente éramos un poco concesivos y tolerantes en la
explicación. Y tal vez en los términos actuales un poco paternalistas en el sentido de decir «pobre
gente que ha sido abandonada tantos siglos reacciona de esta manera, de manera que la sociedad
centralista y blanca tiene que entenderla, darle una solución». A partir del 28 de julio no es que la
perspectiva cambia o la actitud, sino la necesidad ya de administrar. Se cuenta con que la gente le
está pidiendo que no haya apagones en Lima, que no le maten más gente, que no traigan malas
noticias los diarios, ¿no?38

La idea central del gobierno de García era derrotar a la subversión sustrayéndole el posible
apoyo campesino mediante el desarrollo de políticas dirigidas a este sector y a zonas de
extendida pobreza. El gobierno aprista entendió con exagerado optimismo que el crecimiento
económico de sus dos primeros años había terminado con el PCP-SL al registrarse un descenso
de sus acciones entre 1985 y 1986. Por último, asumió que el carácter «popular» del PAP cerraría
los espacios sociales para un eventual crecimiento del PCP-SL. Inicialmente, esta política pudo
parecer exitosa por el repliegue del PCP-SL tras la ofensiva de las Fuerzas Armadas de 1983 y
1984, y por la tregua unilateral que le dio el MRTA al gobierno aprista.
Las relaciones con las Fuerzas Armadas fueron tirantes al principio, pero este impulso
inicial quedó relegado ante casos posteriores en los que las denuncias de violaciones de los
derechos humanos no encontraron igual eco. Este fue el caso de la muerte de internos en el
motín del penal de Lurigancho, ocurrido en octubre de 1985 en Lima, en el que el gobierno
aprista no asumió responsabilidad alguna. El punto culminante de este proceso fue la masacre
de los penales (18 y 19 de junio de 1986) que marcó considerablemente a todos los actores del
conflicto y trajo a Lima las imágenes de matanzas hasta entonces lejanas. En términos prácticos,
con esta matanza terminaron los intentos del gobierno aprista por desarrollar una política
propia de seguridad interior.

1.4.3. EL DESPLIEGUE NACIONAL DE LA VIOLENCIA (JUNIO DE 1986 - MARZO DE 1989)


Luego del proceso de militarización creado por el incremento de las acciones del PCP-SL, el
ingreso de las Fuerzas Armadas al combate contra la subversión y el inicio de las acciones del

38 CVR. Entrevista. 7 de mayo de 2003.

55
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

MRTA, se creó un contexto de actores armados que desarrollaban sus propias estrategias en el
terreno. A partir de 1986, sin embargo, fue evidente que el conflicto armado interno había salido
de los departamentos iniciales en los que se produjeron las maniobras de los primeros años y
había alcanzado una extensión nacional.
Luego de la matanza de los penales, el PCP-SL incrementó gradualmente su ofensiva,
acentuando su presencia en distintos frentes fuera de Ayacucho como Puno, Junín y el valle del
Huallaga. Se encontraba en la fase de «desarrollar la guerra de guerrillas y conquistar bases de
apoyo» en las áreas rurales para expandir su «guerra popular». En las zonas urbanas,
principalmente Lima, el PCP-SL optó por una política de asesinatos selectivos de autoridades
para sembrar terror y debilitar al Estado. Un atentado de singular importancia ocurrió en Lima
en 1985 contra Domingo García Rada, presidente del JNE, cuando se preparaba la segunda
vuelta electoral. Más adelante, el PCP-SL orientó sus ataques contra dirigentes del partido de
gobierno. El primero de estos casos, también en Lima, fue el de Rodrigo Franco en 1987, para
obstaculizar la consolidación del «modelo burocrático del fascismo aprista».
El MRTA suspendió la tregua concedida a García y abrió un frente guerrillero en el
departamento de San Martín en 1987. Esto se hizo con un gran despliegue publicitario a escasos
tres meses del intento de estatización de la banca que había generado una fuerte oposición
contra el gobierno. La cobertura televisiva proporcionada a la campaña del MRTA fue enorme,
ya que se aprovechó la línea de oposición de muchos medios contra el gobierno. Asimismo, el
jefe guerrillero Víctor Polay, Rolando, un ex aprista cercano a Alan García en los setenta, se
convirtió en una figura conocida por los medios; sin embargo, su campaña tuvo más efectos
propagandísticos que militares, ya que fue rápidamente dispersada por el Ejército.
El PCP-SL realizó en tres sesiones, entre febrero de 1988 y junio de 1989, su primer congreso
partidario. Entre una y otra de estas sesiones apareció en El Diario una entrevista a su líder
Abimael Guzmán, quien ofreció la exposición directa más completa conocida hasta el momento
acerca de su organización y sus fines. Con ello, además, disipó las dudas sobre su supuesto
fallecimiento, anunciado periódicamente por las autoridades y la prensa a lo largo de los años.
Desde 1985, aunque motivado por razones externas al conflicto armado, estuvo en curso el
proceso de reorganización de las Fuerzas Policiales que se inició con un fuerte debate sobre el
retiro de numerosos oficiales. Varios de los cambios propiciados por el Ministerio del Interior
dentro de este proceso contribuyeron a una mejor coordinación de acciones para la lucha
contrasubversiva. Destacan, en especial, la unificación del comando en la Dirección General y
Regiones Policiales; la mediación directa en la resolución de conflictos entre institutos policiales;
el reforzamiento de la dirección y seguimiento de sus labores desde el Ministerio; y la fusión de
las distintas unidades especializadas operativas en la Dirección de Operaciones Especiales
(DOES). Sin embargo, dadas estas prioridades (incluyendo la creación de la Dirección General
de Inteligencia del Ministerio del Interior, DIGIMIN), el sector no atendió ni reforzó lo
suficiente a la DIRCOTE, unidad que había adquirido experiencia a partir de su trabajo
concentrado en Lima desde su creación como división en la Dirección de Seguridad del Estado
de la PIP (DIRSEG-PIP) en 1981.
Por estos años, miembros de algunas unidades especiales de las Fuerzas Policiales, como el
Grupo Delta de la DOES, fueron señalados individualmente por la prensa como personal
vinculado con el mal llamado Comando Rodrigo Franco (CRF). En 1988, por primera vez
durante la guerra interna, se había registrado la acción de un supuesto grupo paramilitar, el
Comando Rodrigo Franco, al que se atribuyó el asesinato de Manuel Febres Flores, abogado del
dirigente senderista Osmán Morote, capturado poco antes por la DIRCOTE. Diversas fuentes
vincularon su aparición y sus acciones con el PAP y con miembros de la policía, bajo el control
de Agustín Mantilla, la figura más fuerte del Ministerio del Interior durante el quinquenio del
gobierno aprista. La CVR considera que el Comando Rodrigo Franco puede haber sido, antes
que una organización centralizada, un membrete que diversos actores, no necesariamente
articulados entre sí, utilizaron para sus actividades criminales.

56
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Por otro lado, la creación del Ministerio de Defensa en 1987 tuvo serios tropiezos en su
funcionamiento y, a pesar de haberse puesto en marcha, no logró ubicarse por encima del
Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas ni implicó un recorte en las atribuciones en materia
de defensa nacional con las que contaban los institutos armados.
Con la hiperinflación y, en general, el descontrol del manejo macroeconómico, el gobierno
perdió la iniciativa política que pasó a manos de la oposición de derecha luego del intento de
estatización del sistema financiero. Del mismo modo, abandonó sus intentos por controlar la
política contrasubversiva, con lo que dejó el terreno libre a las Fuerzas Armadas en las zonas de
emergencia. Sin embargo, mantuvo un trabajo especializado de inteligencia e investigación
policial, principalmente en Lima y otras ciudades, que tuvo logros como la captura ya
mencionada de Osmán Morote. La situación se hizo más difícil al iniciarse un ciclo de huelgas
de diversa índole.
La división del frente Izquierda Unida en 1989 cerró el ciclo de la gran presencia electoral
de la izquierda en el país iniciado en 1978. Esto afectó seriamente a los partidos que la
conformaban y dejó sin representación, dentro del sistema democrático, a importantes sectores
radicales que no apoyaban a las organizaciones armadas; pero que tampoco se sumaban a la
política contrasubversiva del gobierno, pues desconfiaban de las Fuerzas Armadas.
El ataque a la base policial de Uchiza en marzo de 1989 fue una de las mayores operaciones
militares realizadas por el PCP-SL, aun cuando fuese en alianza con narcotraficantes. La falta de
una respuesta estatal para apoyar a los policías sitiados debilitó todavía más la imagen del
gobierno de García y lo obligó a crear un comando político-militar en la zona a cargo del
general de brigada Alberto Arciniegas, quien puso en práctica una nueva estrategia del Ejército
para aislar al PCP-SL de los campesinos.

1.4.4. CRISIS EXTREMA, OFENSIVA SUBVERSIVA Y CONTRAOFENSIVA ESTATAL (MARZO DE 1989 - SEPTIEMBRE DE

1992)
El año 1989 fue uno de los más difíciles de nuestra historia republicana, pues significó el clímax
de una crisis económica casi sin antecedentes y marcó el inicio de un período de extrema
agudización del conflicto armado interno. Ese año se produjo un nuevo giro en la guerra
interna, debido, principalmente, a las decisiones y acciones de dos de los principales actores.
En primer lugar, el PCP-SL, durante su Primer Congreso, definió como nuevo objetivo de
su plan de «guerra popular» que el «equilibrio estratégico remeciera todo el país». Para ello,
planteó como eje de acción acentuar su ofensiva en las zonas urbanas, principalmente en Lima.
Así, el PCP-SL incrementó notablemente sus ataques y actos terroristas, endureciendo su
relación con la población en la sierra rural y en la selva, por un lado, y movilizando sus bases
urbanas hacia la realización de ataques y atentados más violentos, frecuentes y visibles, por
otro. Con esta decisión se iniciaba el segundo «pico» estadístico de víctimas en la guerra interna.
Paralelamente, las Fuerzas Armadas empezaron a aplicar su nueva estrategia «integral»,
que implicaba la comisión de violaciones de los derechos humanos menos numerosas pero más
premeditadas. Esta nueva estrategia orienta a la directiva 017 del Comando Conjunto de las
Fuerzas Armadas para la Defensa Interior (DVA 017 CCFUERZAS ARMADAS-PE-DI), firmada
en diciembre de 1989 por el general Artemio Palomino Toledo, en la que se toman dos grandes
decisiones estratégicas sobre la actividad militar durante el resto del conflicto. Primero, la
organización de las Fuerzas Armadas para la Defensa Interior en zonas y subzonas de
seguridad nacional se cambia por una organización en frentes contrasubversivos, los cuales no
se derivan de las regiones militares sino de una zonificación especial obtenida mediante el
análisis del despliegue y de la actividad del PCP-SL. Segundo, en los frentes donde existe el
narcotráfico se establece como misión separar a la subversión del narcotráfico y combatir a los
narcotraficantes que apoyen a la subversión o reciban protección de ella.

57
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Derivada de esto, la decisión de fomentar y apoyar la conformación de comités de


autodefensa en las zonas rurales serranas, donde la población empezaba a desafiar el control
del PCP-SL, definió el inicio de la etapa final del conflicto. Por otro lado, al enfocar las Fuerzas
Armadas a los departamentos de Junín y Pasco como el «centro de gravedad» de sus
operaciones contrasubversivas, la guerra se desplazó notoriamente hacia el frente Mantaro
desde 1989. En esta zona central se aplicó intensamente la nueva estrategia de eliminación
selectiva, especialmente durante el año 1990, no sólo contra los «comités populares» sino
también contra los organismos alojados en universidades y asentamientos humanos urbanos.
Por otro lado, el MRTA quedó atrapado en una espiral de violencia de la cual no logró salir
fácilmente. En abril de 1989, un mes después del ataque senderista contra el puesto de Uchiza,
el MRTA decidió realizar una operación militar de grandes proporciones en la sierra central: la
toma de una ciudad importante para efectos de propaganda armada de repercusión nacional.
La zona central del país era decisiva para los objetivos militares del MRTA; pero, además, la
urgencia de una muestra de fuerza semejante vino de la necesidad de responder al fuerte golpe
que representó la captura de su líder Víctor Polay en Huancayo a comienzos del año. Para
realizar la toma de Tarma, que era la ciudad elegida en esta oportunidad, el MRTA trasladó a la
zona a varios de sus mejores miembros militares en una fallida operación que concluyó en el
enfrentamiento de Molinos el 28 de abril de 1989. El repase de guerrilleros rendidos que hizo el
Ejército demostró al MRTA que las fuerzas del orden no hacía distingos entre las
organizaciones subversivas. Todos recibían el mismo trato. La represalia de la organización
llegó meses después a través del condenable asesinato del general (r) Enrique López Albújar en
Lima.
Al ser 1989 un año de elecciones municipales y regionales, y en buena medida el inicio de la
elección presidencial del año siguiente, se produjo una sorprendente movilización de fuerzas
políticas que revelaron los límites reales de las amenazas planteadas al Estado por el PCP-SL y
el MRTA. Las elecciones se celebraron en todo el país, un éxito si se tiene en cuenta la crítica
situación existente; los miembros del PCP-SL fracasaron en su intento de boicotearlas.
En marzo de 1990, mientras las elecciones generales estaban en su máximo punto de
confrontación, se formó el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) en la Dirección contra el
Terrorismo (DIRCOTE). Mientras que los Grupos Operativos «Delta» de la DIRCOTE
continuaban abocados a la tarea legal de investigación de atentados y acciones terroristas en
Lima, el GEIN se dedicó a trabajar exclusivamente en el desarrollo de operaciones encubiertas
de inteligencia (seguimientos y vigilancia) para la captura de los principales líderes subversivos.
Antes del cambio de gobierno, el primero de junio, el GEIN dio su primer y gran golpe al
allanar una casa donde hasta pocos días antes se alojaba Abimael Guzmán y donde encontraron
información que resultaría muy valiosa. La intervención significó «el principio del fin de
Sendero Luminoso» (Jiménez 2000: 721).
En sentido estricto, el nuevo gobierno no ideó una nueva estrategia contrasubversiva. Más
bien, Alberto Fujimori mantuvo la estrategia integral de las Fuerzas Armadas e impulsó
iniciativas legales para complementarla. Había asumido también el plan político-militar de un
sector de las Fuerzas Armadas y, con ello, la necesidad de instalar un sistema de democracia
dirigida que se ajustase a las necesidades de la contrasubversión.
El PCP-SL, muy golpeado en las áreas rurales, creció sorprendentemente en Lima en medio
de la crisis reinante. El MRTA intentó un diálogo con el gobierno, luego de la fuga de sus
dirigentes del penal Castro Castro en junio de 1990, mediante el secuestro de un diputado
fujimorista pero fue rechazado. En 1991 más de la mitad de la población peruana vivía en
estado de emergencia. Ese mismo año se da una ofensiva del MRTA en diversas zonas del país,
con lo que consiguió dar una imagen de recomposición luego de la fuga. En noviembre, el
Ejecutivo promulgó un paquete de decretos legislativos que motivó su debate en el Congreso;
con ello se inició la cuenta regresiva para la justificación del próximo golpe de Estado.
El 5 de abril de 1992, mediante el golpe de Estado que quebró el orden constitucional, el

58
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

gobierno de Fujimori promulgó una serie de disposiciones que endurecieron la legislación


antiterrorista (decretos legislativos 25475, 25499, 25659, 25744) sin contemplar el respeto de
garantías mínimas al debido proceso. Asimismo, se encargó de extender, a través de la
promulgación de varios decretos ley, las prerrogativas militares, ampliando su poder en las
zonas de emergencia y en la actividad contrasubversiva. De este modo, se amplió la
discrecionalidad de las fuerzas del orden, en una evidente disminución de los controles
democráticos de sus acciones contrasubversivas. Simultáneamente, continuaron las graves
violaciones de los derechos humanos perpetradas por diversos agentes estatales, entre ellos, el
escuadrón de la muerte denominado Grupo Colina (como casos emblemáticos podemos citar
los de Barrios Altos y el de La Cantuta) en operaciones realizadas desde inicios de los noventa.
Aprovechando las amplias atribuciones permitidas por la ley, el Servicio de Inteligencia
Nacional (SIN) empezó a planear y ejecutar operaciones especiales de inteligencia por cuenta
propia, utilizando para ello personal de unidades operativas de las Fuerzas Armadas como si
fuera personal a su disposición.
El asesinato de la dirigente popular María Elena Moyano perpetrado por el PCP-SL
representó una situación límite. De un lado, refrendó el grado de crueldad de que era capaz el
PCP-SL; de otro lado, puso en evidencia la vulnerabilidad de las organizaciones populares que
se enfrentaban al senderismo en los años 90. La organización de Guzmán Reinoso intensificó su
ofensiva contra la capital con numerosos atentados terroristas; el más grave de ellos fue la
explosión, en julio de 1992, de un coche bomba de alto poder destructivo en el jirón Tarata, en el
distrito de Miraflores que causó la muerte de 25 personas y más de 150 heridos. Al profundizar
su actividad terrorista, la dirección del PCP-SL consideraba la posibilidad de una intervención
de los Estados Unidos y la consiguiente transformación del conflicto en una guerra de
liberación nacional.
En este contexto de crisis extrema, los policías de los grupos especiales de la DINCOTE
sorprendieron al país con la sucesión de una serie de capturas de altos dirigentes subversivos
que constituyeron un aporte fundamental para conseguir la derrota estratégica de la subversión
y el terrorismo. Entre ellas, destacan la captura de Víctor Polay Campos por la Brigada Especial
de Detectives (BREDET) y la de Abimael Guzmán Reinoso por el GEIN.

1.4.5. DECLIVE DE LA ACCIÓN SUBVERSIVA, AUTORITARISMO Y CORRUPCIÓN (SEPTIEMBRE DE 1992-NOVIEMBRE DE

2000)
El escenario posterior a la captura de Abimael Guzmán y de otros importantes dirigentes
estuvo marcado por la derrota del PCP-SL, iniciada tres años antes cuando fue expulsado de
varias de sus zonas de tradicional influencia por la acción de las fuerzas del orden y de los
comités de autodefensa. La falta de una conducción nacional que cubriera el vacío provocado
por la captura de Guzmán se hizo evidente en la disminución de acciones terroristas. El
principal objetivo de la organización en esta fase fue, inicialmente, presentar la imagen de no
haber sido afectados mientras que se concentraban en campañas como la de «salvar la vida del
presidente Gonzalo».
En octubre de 1993, desde su prisión en la base naval del Callao y luego de algunas
conversaciones entre dirigentes senderistas facilitadas por el gobierno de Alberto Fujimori,
Abimael Guzmán propuso un acuerdo de paz al Estado que no se concretó, pero sirvió de
propaganda al régimen de Fujimori en vísperas del referéndum para aprobar la Constitución de
1993. De ahí en adelante, la nueva posición del jefe senderista se convirtió en mayoritaria, por
encima de las facciones disidentes que planteaban proseguir la guerra popular; sin embargo, el
gobierno de Fujimori no buscó una salida definitiva de paz ni respondió a las propuestas de
Guzmán. En la práctica, se había producido una división del PCP-SL, ya que una parte de la
dirección senderista rechazó la propuesta del acuerdo de paz de Guzmán.
Por su parte, el MRTA continuó las acciones militares en zonas como San Martín y la ceja de

59
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

selva central. Bajo la dirección de Néstor Cerpa, luego de la caída de Polay, tomaron ciudades
importantes como Moyobamba e intentaron desarrollar núcleos de guerrilla urbana. Aun
cuando parecían menos golpeados que el PCP-SL, no pudieron recuperarse de las graves
disputas internas, la inexperiencia de sus cuadros39 y los efectos de la ley de arrepentimiento.
Externamente, la organización fue afectada por el debilitamiento de la izquierda, y la ofensiva
estatal y mediática contra las organizaciones subversivas. En ese escenario concluyeron que su
prioridad organizativa debía ser la de recomponer su dirección nacional mediante la liberación
de los dirigentes presos. Al no poder replicar la experiencia del túnel del penal Canto Grande,
optaron por preparar alguna acción de toma de rehenes para exigir luego un canje de
prisioneros.
Paralelamente, el gobierno de Fujimori continuó resaltando su imagen de régimen de mano
dura que no realizaba ninguna concesión a la subversión mediante el nuevo marco legal
aprobado que, a su vez, destacaba su estrecha relación con las Fuerzas Armadas. A pesar del
evidente declive en las acciones subversivas, resaltado por la misma propaganda oficial, el
régimen no disminuyó el número de zonas de emergencia sino que mantuvo un esquema de
contrasubversión sin subversión.
En términos estrictos, la política de pacificación consistió en mantener en prisión a la mayor
cantidad posible de subversivos bajo condiciones extremas en penales de máxima seguridad y
en aislar a los núcleos armados. La propuesta de acuerdo de paz hecha por Guzmán y la
dirigencia senderista brindó réditos políticos a Fujimori y rebajó la tensión en los penales, pero
no liquidó a la organización. Vladimiro Montesinos tuvo a su cargo la conducción personal de
las conversaciones y tratos con Guzmán, Iparraguirre y demás dirigentes senderistas en tanto
«interlocutor académico». Estas conversaciones, enmarcadas por intereses políticos
circunstanciales, se interrumpieron hacia 1995. Debe recalcarse que ni Fujimori, ni el general
Hermoza Ríos (entonces la figura de mayor poder en las Fuerzas Armadas) se reunieron con los
jefes senderistas. Tampoco se promovió reunión alguna con miembros de la DINCOTE, en
buena parte desarticulada después de la captura de Guzmán, o con expertos de inteligencia del
Ejército que trabajaban en el SIN, como el general Eduardo Fournier.
Las incansables denuncias sobre violaciones de los derechos humanos tuvieron un nuevo
impulso a partir del hallazgo de las fosas donde se encontraban los restos de un profesor y
nueve estudiantes de la Universidad La Cantuta en julio de 1993. El gobierno de Fujimori no
asumió responsabilidades; por el contrario, optó por la descalificación de la legitimidad de los
denunciantes y su permanente hostigamiento. Teniendo al SIN como su principal aparato
político, el gobierno continuó con una serie de cambios intencionales de la legislación que
supuso la eliminación práctica de la independencia de poderes con la finalidad de garantizar la
impunidad para los agentes estatales implicados en violaciones de derechos humanos. Así, la
existencia de una mayoría de representantes oficialistas en el Congreso Constituyente
Democrático permitió la utilización de diversos voceros para salir al frente de las denuncias y,
sobre todo, para aprobar en 1995 una ley de amnistía para las violaciones de derechos humanos
cometidas por las fuerzas del orden que garantizara una completa impunidad.
Lejos de revertirse, el proceso de corrupción normativa continuó el resto de la década con el
objetivo de asegurar la prolongación del régimen. Para ello, el gobierno utilizó, con fines
electorales y de control político, la estructura militar desplegada con pretexto de la
contrasubversión, en un contexto en el que la subversión se replegaba. Explotó en los medios de
comunicación, con fines de propaganda política, las últimas acciones de gran impacto de la
guerra interna que concluyeron en éxitos, al tiempo que manipulaba el miedo de la población
con la amenaza del «terrorismo». Así, las operaciones contrasubversivas dejaron de ser un
medio para capturar líderes subversivos y terminar finalmente con las acciones del PCP-SL y
del MRTA, para convertirse en un medio de propaganda para el gobierno, en el mejor de los

En la tradición de las organizaciones revolucionarias, el término «cuadro» denota un tipo calificado de


39

militante.

60
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

casos, y , en el peor de los casos, en un instrumento para desviar la atención pública de los
excesos y los delitos que se denunciaban cada vez con más frecuencia. Esto fue posible, en gran
medida, por el progresivo y casi total control de medios de comunicación masivos, comprados
con el dinero del Estado.
Las últimas acciones de gran impacto de la guerra interna concluyeron en éxitos explotados
por el gobierno. Por ejemplo, el asalto a la residencia del embajador japonés en Lima en
diciembre de 1996 por un comando del MRTA, encabezado por su líder máximo Néstor Cerpa,
que mantuvo cautivos a 72 rehenes, concluyó con la operación de rescate Chavín de Huántar.
Luego del revés militar sufrido en el conflicto del Cenepa de inicios de 1995, el gobierno utilizó
los festejos por la exitosa liberación de los rehenes para su legitimación. Por otro lado, en julio
de 1999, luego de un enorme y publicitado operativo militar para cercarlo, fue capturado cerca
de la ciudad de Huancayo el líder senderista disidente Óscar Ramírez Durand, Feliciano, quien
había rechazado la propuesta de acuerdo de paz de Abimael Guzmán y mantenía vigente la
guerra popular iniciada en 1980. Ramírez Durand era el último de los altos dirigentes del PCP-
SL que seguía libre.
Preocupado más por asegurar su continuidad, y aún resaltando su imagen de mano dura
sin concesiones frente a la subversión, Fujimori terminó descuidando en la práctica la política
contrasubversiva y no dio una solución final al problema de la subversión, focalizada desde
hacía varios años en algunas zonas marginales y poco accesibles del territorio en las que
coincidía con el narcotráfico.

1.5. EL CONFLICTO ARMADO INTERNO Y LAS REGIONES

El conflicto armado interno se desarrolló de manera muy diferente en los distintos espacios
regionales que conforman el territorio nacional.
Efectivamente, si bien la historia de las dos décadas de violencia que analiza la CVR fue
protagonizada por organizaciones de decisión y mando muy centralizadas —el PCP-SL y el
MRTA, por un lado, y las fuerzas del orden, por el otro—, la intensidad de la violencia, así
como sus formas y la configuración de sus actores, tuvo expresiones regionales muy
diferenciadas. Mientras en unos espacios su presencia fue restringida y esporádica, en otros
arrasó vidas, destruyó infraestructura, transformó la vida cotidiana de sus pobladores e impuso
largos períodos de horror, sufrimiento e incertidumbre. Además, entre las regiones de alta
incidencia de acciones violentas, el desarrollo del conflicto siguió también cronologías distintas
en lo relativo a las estrategias desplegadas por los actores, y a la forma y espacios en los que los
pobladores se vieron involucrados.
Esta diversidad de historias regionales golpeadas por la violencia está relacionada con las
características particulares de cada contexto regional antes del conflicto, así como con los
objetivos y estrategias que los grupos levantados en armadas buscaban conseguir y desarrollar
en cada uno de los territorios donde actuaron.
La CVR definió cinco grandes regiones en las cuales el conflicto armado interno tuvo mayor
intensidad:
 La región sur central, compuesta por el departamento de Ayacucho, las provincias de
Acobamba y Angaraes del departamento de Huancavelica y las provincias de
Andahuaylas y Chincheros del departamento de Apurímac; ésta es la región donde se
inició el conflicto armado interno con una violencia hasta entonces desconocida y donde
cobró la mayor cantidad de víctimas
 La región nororiental, compuesta por los departamentos de Huánuco, San Martín,
Ucayali (particularmente las provincias de Padre Abad y Coronel Portillo) y Loreto; en

61
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

esta región, el conflicto armado se prolongó por más tiempo y se complicó con otras
fuentes de violencia, especialmente aquéllas relacionadas al problema del narcotráfico.
 La región central, compuesta por los departamentos de Junín y Pasco, y las provincias
de Huancavelica, Tayacaja, Huaytará, Churcampa y Castrovirreyna del departamento
de Huancavelica. Ubicada entre Ayacucho y Lima, es una región estratégica para el
abastecimiento y las comunicaciones de la capital, generadora y transmisora de energía
para la red nacional y asentamiento de empresas mineras; funcionó también como
refugio de las organizaciones subversivas en la zona de selva.
 Lima Metropolitana, sede del poder y centro de la economía, fue permanentemente
asediada desde el inicio de la violencia por lo que concentró, por su visibilidad nacional
e internacional, gran cantidad de atentados; pero también fue el espacio de planificación
nacional de la violencia, y el foco de agitación y organización en sus asentamientos
populares.
 El sur andino, compuesto por los departamentos de Puno y Cusco, y las provincias de
Abancay, Grau y Cotabambas del departamento de Apurímac.
En este conjunto de regiones se produjo el 91% de las víctimas reportadas en los testimonios
recogidos por la CVR, así como la mayor destrucción de infraestructura y el más grave
deterioro de la organización, la confianza, los vínculos y la solidaridad (véase el gráfico 18).

AQUÍ GRÁFICO 18
Gráfico 188

PERÚ 1980-2000: PORCENTAJE DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS REPORTADOS A LA


CVR SEGÚN REGIÓN EN LA QUE OCURRIERON LOS HECHOS

Región Sur Central

Región Central

Región Nor Oriental

Sur Andino

Lima Metropolitana

Otros

0% 20% 40% 60%

1.5.1. SURCOS ABIERTOS Y SEMILLAS DEL CONFLICO EN LAS REGIONES ANTES DE 1980
El PCP-SL y el MRTA lograron tener una presencia más importante en ciertas regiones que
en otras. Una parte del país, particularmente toda la región costera (con excepción de Lima) en
la que se encuentran los departamentos más poblados del país después de la capital, constituyó
el rubro de Otros del gráfico 19, que representa menos del 10% de las víctimas fatales reportadas

62
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

a la CVR. Allí también se incluye a gran parte de la selva baja y de la selva norte (Amazonas,
norte de Cajamarca y parte de Loreto) y sur (Madre de Dios); así como la mayor parte de
Ancash, Cajamarca y Arequipa.
Las investigaciones desarrolladas por la CVR muestran que las organizaciones subversivas
lograron un mayor control y tuvieron una presencia más importante y duradera en aquellas
zonas donde pudieron utilizar en su provecho situaciones crónicas de conflicto entre sectores de
la población o entre los pobladores y el Estado.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la sociedad peruana experimentó algunos de los
cambios demográficos, económicos, políticos y sociales más profundos y radicales de su
historia. Desde la década de 1950, en el campo, particularmente serrano, la masiva emigración
rural, principalmente hacia la ciudad de Lima, y las movilizaciones campesinas contra el
régimen latifundista alteraron la demografía y las estructuras de poder. Políticas de protección a
la industria y de aliento a la inversión (banca de fomento industrial y agropecuaria, aranceles
proteccionistas, etcétera) venían transformando la economía nacional y particularmente la vida,
la economía y el peso demográfico de Lima. Al mismo tiempo, se diseñaron grandes planes
modernizadores para el país. Así, las grandes irrigaciones de la costa en los últimos cuarenta
años cambiaron el paisaje social, económico y demográfico de la región. La carretera marginal
de la selva, que empezó a construirse en la década del sesenta, ha tenido efectos semejantes. En
gran parte de la sierra, la promesa una sociedad más moderna no tuvo inversiones ni ejes viales
ni gigantescas represas; allí, la modernización, o sus pedazos, se manifestaron a través de la
Reforma Agraria y la ampliación de la cobertura educativa.
En gran medida, estos cambios significaron un proceso de modernización y desarrollo que
tuvo manifestaciones y efectos desiguales en los diferentes espacios regionales del país. Si bien
se introdujeron importantes alteraciones en las condiciones de vida y en las expectativas de la
mayoría de la población, las limitaciones del proceso de modernización peruano dejaron
abiertos nuevos y viejos conflictos sociales sin resolver, así como aspiraciones de progreso
individual o colectivo frustradas. La violencia que se inició en 1980 encontró en los espacios
donde los límites de la modernización habían generado los conflictos o frustraciones más
importantes, un lugar privilegiado donde los proyectos de los grupos subversivos podían
enraizarse y desarrollarse.

[Link]. El nororiente: integración, carretera, colonización y narcotráfico


Quizá el caso paradigmático de los procesos de modernización incompletos, que afectaron
la vida de las personas al desligarlas de sus entornos tradicionales pero no terminaron de
integrarlas en un contexto nuevo de desarrollo y bienestar, sea el de la región nororiental. Éste
es un espacio de colonización, cuya población se multiplicó varias veces en medio siglo, pues
recibió varias corrientes migratorias provenientes de la sierra pobre —central y norteña—. Esto
produjo, a su vez, una gran brecha entre las demandas y expectativas de la creciente población
y las capacidades de la economía y del aparato estatal local para responder a ellas.
El gigantesco esfuerzo para construir la carretera Marginal de la Selva en la década del
sesenta buscaba no sólo incorporar los recursos de la amazonía a la economía nacional, sino
canalizar de otro modo la demanda de tierras en la sierra y en la costa, así como reorientar las
migraciones que tendían a concentrarse excesivamente en la ciudad de Lima. Por ello, el
complemento de la inversión vial fue una intensa promoción de la colonización consistente en
facilitar la entrega de tierras para la ampliación de la frontera agrícola.
Sin embargo, durante la década del 70, la creciente población colona, proveniente de
provincia, con orígenes étnicos diversos y sin grandes recursos económicos propios pero con el
empeño de salir de la pobreza de donde provenían, fue poblando territorios sin servicios
públicos y sin comunicaciones internas que no formaban parte de los ejes principales del
desarrollo regional. Como consecuencia de este patrón de ocupación del territorio, surgieron
decenas de caseríos y poblados que conformaron una sociedad desorganizada con una muy

63
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

escasa presencia de instituciones públicas garantes de la seguridad y del orden.


Dos historias paralelas se desarrollan desde este espacio. Por un lado, la de la cuenca del
Huallaga, donde la ausencia del Estado y de mercados para la producción agrícola fue
sustituida por otra institución (con su economía, su cultura y sus normas): el narcotráfico. Por
otro, la de las provincias de San Martín, más vinculadas a la costa por la vía de Jaén-Chiclayo, y
donde, si bien se desarrolló una producción agrícola legal, también existió una fuente de
conflicto expresada en las constantes luchas regionales por mejorar los términos de intercambio
económico con el resto del país.
En ambos espacios, ya sea por represión del narcotráfico o por represión de los
movimientos sociales, los conflictos entre la población local y el Estado han sido
particularmente intensos, especialmente entre los años 1978 y 1982. Estos conflictos
constituyeron el contexto inmediato en el que fueron escuchadas y se enraizaron las propuestas
de los grupos alzados en armas: el PCP-SL en la zona productora de coca y el MRTA en San
Martín.

[Link]. Los asháninkas y los colonos en la selva central


A diferencia de la región nororiental, la selva central —más próxima a la capital— tuvo una
mayor y más antigua articulación con la economía nacional y contó con una red urbana más
consolidada, aunque desde la década del sesenta su población creció rápidamente por la llegada
de colonos provenientes principalmente de la sierra central.
Es el territorio de una de las etnias amazónicas más importantes del país, la de los
asháninkas, que se extiende desde el gran Pajonal, por el norte, hasta la provincia de la
Convención, Cusco, por el sur. Además de los asháninkas, existen —en proporción bastante
menor— comunidades de las etnias yanesha y notmasiguenga. La ocupación colonizadora de
esta región, si bien antigua, se vio favorecida por la red vial en expansión lo que generó
innumerables y crecientes conflictos entre nativos y colonos por el acceso a los recursos
naturales y la titularidad de las tierras.
A diferencia de otras sociedades amazónicas, las comunidades nativas de la selva central no
se cuentan entre las más aisladas del país. Están vinculadas a la red urbana y comercial de la
zona y mantienen fluidas relaciones con los poblados de colonos (aunque en constante conflicto
por la delimitación de los linderos) y con el sistema educativo. Los misioneros católicos y
evangélicos —del Instituto Lingüístico de Verano (ILV)— han estado presentes desde hace
tiempo a través de escuelas, de acciones de educación bilingüe, de promotores de salud, etcétera
Muchas comunidades recibieron apoyo para construir colegios o casas comunales, obtener
ganado, radios para comunicarse, piladoras, podadoras, motobombas de agua, herramientas,
maquinaria de carpintería, motosierras, postas de salud equipadas, equipo dental e, incluso, en
algún caso, un aeropuerto. Las comunidades también contaban con varios miembros
capacitados como técnicos agropecuarios y promotores de salud.
A través de sectores que funcionaban como bisagra entre las comunidades nativas y la
sociedad nacional —tales como los colonos provenientes de Ayacucho, profesores bilingües,
promotores de salud y luego autoridades nativas— el PCP-SL fue ingresando a esta sociedad a
medio camino entre una organización muy tradicional y la economía moderna en la que no
terminaban de integrarse. Un discurso de igualdad, de justicia y, sobre todo, de bienestar, caló
entre los adultos mayores de los clanes familiares y terminó enraizándose en la población y
reorganizándola en función de la guerra.
La compleja relación entre el MRTA y la población nativa asháninka en la zona de
Oxapampa, que terminó en un fuerte enfrentamiento abierto, dio lugar al único caso en la selva
central en el que el conflicto asháninkas-colonos se mezcló con el conflicto armado interno.

64
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

[Link]. La modernización andina: las ciudades, las universidades, el mercado y la minería


A diferencia de la selva y la costa, la sierra no tuvo un gran proyecto de modernización. Sin
ningún recurso atractivo para el capital extranjero o nacional ni un centro económico dinámico
—mal integrado por una escasa y pésima infraestructura vial— hacia mediados del siglo XX, el
departamento de Ayacucho mostraba signos visibles de depresión económica con uno de los
PBI más bajos del país y altas tasas de emigración en sus diferentes provincias. Tradicional
centro de residencia de los terratenientes de la región, la ciudad de Huamanga se había
constituido con los siglos en sede indiscutible del poder regional. Pero en el entorno regional de
pobreza y depresión, los terratenientes habían perdido gran parte de su poder social y
económico. Movimientos campesinos, procesos de compra de haciendas por sus feudatarios y,
finalmente, la implementación de la Reforma Agraria sobre los restos del sistema tradicional de
hacienda, terminaron por erosionar la influencia y peso que este grupo social tenía en la ciudad
y en la región.
Fue un proyecto educativo —la reapertura de la Universidad Nacional San Cristóbal de
Huamanga (UNSCH) en 1959— lo que renovó la ciudad y la conectó con el movimiento de
renovación y progreso del país. Esta reapertura generó el arribo de profesores y estudiantes
foráneos, y en los años siguientes se convirtió en el foco de desarrollo cultural, político y
económico de la región; fue la difusora de ideas progresistas y estuvo distanciada de los
sectores tradicionales en momentos en los que el orden terrateniente y señorial estaba casi en
extinción.
Cuando se reabrió, luego de cerca de medio siglo de receso, la UNSCH fue imaginada como
una organización moderna en su estructura y en su concepción académica. Sin las trabas
administrativas de otras universidades, buscaba capacitar técnicos, investigadores y maestros
que solucionaran los problemas de la región. Este plan moderno y de alta calidad sólo pudo
sostenerse debido a la rápida masificación de la Universidad (de 228 alumnos en 1959 pasó a
6,095 en 1980); el crecimiento deterioró los servicios y las remuneraciones, pero permitió el
ingreso de jóvenes del interior, hijos de campesinos portadores de las expectativas de movilidad
social de sus familias y de sus pueblos.
La importancia de la educación como instrumento de progreso y movilidad social, y de la
Universidad como institución regional, se manifestó en el hecho de que las dos únicas
movilizaciones relevantes de la región tuvieron que ver con ellas: la lucha contra el intento del
gobierno en 1966 de recortarle el presupuesto —que dio origen al Frente de Defensa del Pueblo
de Ayacucho— y la lucha en Huamanga y Huanta, violentamente reprimida, contra un decreto
dado por el gobierno militar en junio de 1969 que intentaba recortar la gratuidad de la
enseñanza escolar.
La Universidad fue un centro que acogió, como en el resto de las Universidades del país, las
ideas radicales de las décadas del sesenta y setenta. Sin el contrapeso de otras instituciones u
otros focos de influencia cultural, ejerció casi un monopolio sobre la opinión pública y modeló
el sentido común local. Su influencia, como casa de estudios moderna —cuando menos en el
discurso—, llegó hasta la Universidad Nacional del Centro del Perú en Huancayo, donde
profesores de Huamanga, y luego dirigentes del PCP-SL, fueron invitados en los años setenta a
dar charlas a los estudiantes y a los sindicatos.
Éste fue el espacio del surgimiento del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso y de
su líder Abimael Guzmán Reinoso. Su permanencia en la UNSCH tras su ruptura con el PCP
Bandera Roja se dio precisamente en momentos en que la Universidad pasa de tener casi 1,500
estudiantes en 1968 a 3,319 en 1971. La fuerte presencia del PCP-SL en la Facultad de Educación
de la UNSCH se amplió hacia los planteles de aplicación Guamán Poma de Ayala, lo que le
permitió influir en el SUTE-Huamanga y copar las nuevas plazas de maestros creadas por el
paulatino crecimiento de la cobertura educativa en la región, particularmente en las áreas
rurales.

65
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Otras regiones de la sierra donde la violencia estuvo presente, aunque no con la intensidad
de Ayacucho, también vivieron en los años cincuenta y sesenta procesos de cierta urbanización,
sin fuertes entornos de desarrollo económico, así como de modernización de sus universidades.
Un ejemplo de ello es la ciudad del Cusco y su universidad, la Universidad Nacional San
Antonio Abad. Como en el caso anterior, fueron los sectores rurales y urbanos pobres quienes
lograron el acceso a la universidad durante este crecimiento, que se desarrolló al mismo ritmo
que el deterioro de sus servicios. Asimismo, se intentó realizar en Cusco una difusión de ideas
radicales semejante al producido en Ayacucho.
Pero, a diferencia de Huamanga, Cusco era una sociedad más compleja y sí encontró un
enlace con el dinamismo moderno por medio del turismo. Mientras en 1954 se registró la
presencia de 6,903 turistas, llegaron a la ciudad 176,000 en 1975. La industria hotelera, la de la
restauración y la de la artesanía se ampliaron a ese ritmo.
Cusco también fue un caso de urbanización en pobreza y en un entorno regional deprimido.
Sin embargo, si bien la queja de dirigentes y autoridades fue que el turismo no beneficiaba a la
ciudad y sólo permitía grandes beneficios a empresas de Lima o del exterior, es probable que la
presencia de una actividad dinámica, que movilizaba las ideas y los servicios en torno a una
población foránea muy móvil, haya sido uno de los contrapesos culturales que influyeron en el
hecho de que la ciudad, su universidad y sus jóvenes estudiantes —aunque radicalizados— no
engrosaran masivamente las filas de la militancia subversiva ni colaboraran en desarrollar una
guerra.
La modernización en Puno también fue urbana. Entre 1950 y 1960 se produjo la
combinación perversa de lluvias excesivas e inundaciones, y períodos de completa sequía. En
ese contexto de desastres, en diciembre de 1961, se creó la Corporación de Fomento y
Promoción Social y Económica de Puno (CORPUNO), organismo con autonomía administrativa
que hasta 1972 organizó y planificó las inversiones de fomento en el departamento. Su acción,
sin embargo, sólo se reflejó en la modernización urbana de la capital del departamento.
En este afán de modernización, la creación de una universidad en Puno apareció como un
síntoma de progreso. En 1961, la Universidad Nacional Técnica del Altiplano abrió sus puertas
y, durante los años 70, se masificó y acogió las expectativas de movilidad social de sectores
mestizos o de hijos de campesinos.
Pero la ciudad de Puno, en realidad, no era ni el único ni el más dinámico espacio urbano
del departamento. Bajo la influencia del ferrocarril y, desde 1963, año de la instalación de la
fábrica de cemento de Caracoto, la ciudad de Juliaca se convirtió en la expresión moderna de
sectores provincianos vinculados al mundo campesino. Esto propició la formación de una
burguesía comercial mestiza e indígena, que logró sustituir a la declinante clase terrateniente.
Igualmente, las provincias del sur, cuya población predominante eran campesinos aymaras
organizados por medio de una antigua red de ciudades menores hasta la frontera con Bolivia y
con un mayor dinamismo comercial, fueron reacias al discurso radical. En suma, la presencia de
la subversión en Puno fue esporádica en las ciudades y se asentó básicamente en la zona rural
de las antiguas grandes haciendas ganaderas.
La región central, por su parte, era de importancia fundamental. Situada entre Ayacucho y
Lima, abastecedora de alimentos y de energía para la capital y su aparato industrial, esta región
estaba conformada por una red urbana (las ciudades de Huancayo, La Oroya, Cerro de Pasco,
Tarma y Jauja), por una actividad minera (grandes empresas públicas, sindicatos y depósitos de
explosivos) y por un entorno rural altamente diferenciado: comunidades urbanizadas y
vinculadas a los mercados en el valle del Mantaro. Además, estaba constituida por zonas altas
ganaderas muy pobres, como en Pasco, o en conflicto con empresas asociativas. Para ambas
agrupaciones subversivas, el PCP-SL y el MRTA, controlar la región central fue un objetivo
estratégico. Mientras fracasaron en las zonas de comunidades de valle, exitosamente integradas
al mercado, ambas se desarrollaron en las zonas altas y en las ciudades, particularmente en
Huancayo, cuya universidad, fuertemente radicalizada, fue incluso escenario de

66
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

enfrentamientos entre estas dos agrupaciones subversivas.


Las ciudades mineras —La Oroya y Cerro de Pasco— fueron objeto de atentados frecuentes.
En ambos casos buscaron aprovechar los conflictos sindicales de mineros y metalúrgicos; pero,
como ocurrió en los diferentes intentos de captar organizaciones sindicales, fracasaron. Sin éxito
en el movimiento gremial, el PCP-SL amedrentó y asesinó a dirigentes mineros importantes, los
cuales, por otro lado, también fueron víctimas del mal llamado Comando Rodrigo Franco. El
espacio minero y gremial fue asediado y golpeado, pero no capturado políticamente. En
contraste, en las universidades de la región, el discurso de confrontación tuvo éxito entre los
jóvenes, muchos de origen rural. En Cerro de Pasco, donde la presencia del PCP-SL se registró
desde los primeros años del conflicto armado, la Universidad Daniel Alcides Carrión (UNDAC)
fue un espacio político excepcional para la difusión y discusión de los lineamientos del PCP-SL,
así como para el reclutamiento de futuros militantes. En la Universidad Nacional del Centro del
Perú, en Huancayo, la presencia del PCP-SL y del MRTA fue menos prolongada, pero
extremadamente violenta.

[Link]. Lima Metropolitana: la urbanización, la industrialización y la marginalidad


Lima, la sede del poder político y económico del país, fue uno de los espacios de mayor
violencia. Muchas de las acciones subversivas desarrolladas en la capital —como el asesinato de
altos funcionarios estatales, dirigentes políticos, oficiales del Ejército y empresarios, así como el
estallido de coches bomba, voladura de torres, ataques a centros comerciales y financieros—
estuvieron motivadas por la notoriedad que podían alcanzar. A través de este tipo de actos
terroristas, las organizaciones subversivas, y en especial el PCP-SL, utilizaron a la capital como
«caja de resonancia» con el objetivo de magnificar su capacidad de acción y crear la sensación
de zozobra y descontrol por parte de las fuerzas de orden.
Lima Metropolitana fue también la sede de la principal instalación industrial del país y de
su mayor población obrera. Fue, igualmente, el destino de la gran emigración rural, la
depositaria de las esperanzas y, luego, de las frustraciones de millones de peruanos pobres que
abandonaron sus comunidades de origen. De este modo, además de ser un lugar de asedio
externo por su visibilidad, fue uno de los espacios de intensa agitación y proselitismo
subversivo en sus asentamientos populares periféricos. Captar a una población obrera —el
sujeto de la revolución en la ideología comunista— y a los habitantes de los «cinturones de
pobreza» que rodean el centro del poder nacional fue un objetivo político y militarmente
estratégico de los grupos alzados en armas.
La modernización de Lima Metropolitana fue simultáneamente un proceso de
industrialización, alentado por políticas de protección de la industria local, y un descomunal
proceso de urbanización. Este último desbordó la capacidad de asimilar la mano de obra en los
sectores formales de la economía y fue incapaz de integrar el rápido crecimiento poblacional a
la estructura urbana y de servicios preexistentes. Además de ello, es necesario recordar que en
la década de los años 80 entró en crisis el modelo industrial de sustitución de importaciones.
Esto generó secuelas importantes de desempleo y deterioro de la legitimidad sindical. En este
contexto se desarrolló la violencia en la región metropolitana.
Las organizaciones alzadas en armas desplegaron una sistemática labor de penetración
entre pobladores de asentamientos humanos populares con el objetivo de captar a los directivos
(o directamente la dirección) de las organizaciones sindicales, barriales y de subsistencia. Estos
asentamientos populares —organizados en torno a las tres grandes vías de ingreso a Lima: la
Carretera Central, la Panamericana Norte y la Panamericana Sur— constituían, en la estrategia
subversiva, el cinturón de hierro que ahogaría al centro político y económico nacional.
Es necesario señalar, más allá de los contextos específicos de los diferentes conos de
expansión de Lima popular, la importancia de la presencia de la izquierda legal, expresada en el
frente de Izquierda Unida, así como un hecho político que marcó la historia de estos
asentamientos desde 1980: las elecciones municipales. Por primera vez, en 1980, se estableció

67
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

que los gobiernos locales debían ser elegidos por voto universal. Desde entonces,
particularmente desde 1984 con la Ley Orgánica de Municipalidades, los municipios electos
empezaron a recibir verdaderas atribuciones de gobierno local. En estas zonas urbanas, en
proceso de construcción, con servicios insuficientes, el papel de las municipalidades y de la
lucha política por llegar al gobierno local fue muy importante. En los distritos populares de
Lima, la izquierda pasó de su tradicional espacio en el movimiento obrero y barrial a tener
funciones de gobierno local. En 1980 y 1983, prácticamente todos los distritos de los conos norte,
sur y este tuvieron alcaldes de izquierda.
Tanto su estrategia de lucha contra las autoridades locales como de control del movimiento
sindical y barrial llevaron a las organizaciones subversivas a un directo enfrentamiento con la
izquierda legal y los demás líderes políticos y de las organizaciones sociales en la medida en
que éstos se erigieron como contrapeso a su influencia. Por su lado, la acción contrasubversiva,
al intentar eliminar organizaciones y potenciales focos de demandas populares, también golpeó
significativamente a la izquierda y a las organizaciones existentes.
La Lima conformada por inmigrantes, con ciudades marginales y con una economía
evidentemente informal, fue un escenario del conflicto armado menos visible que la de los
atentados y asesinatos selectivos en contra de símbolos y representantes del poder y del Estado.
No obstante, ambas estrategias involucraron la vida cotidiana de millones de personas y aportó
cifras considerables a la dramática estadística de muertos por el conflicto armado interno.

[Link] Conflictos posteriores a la Reforma Agraria


El conflicto armado tuvo en los ámbitos rurales un escenario especialmente importante. Los
grupos alzados en armas buscaron controlar el campo y tener bases de apoyo en los poblados
campesinos tanto por razones de estrategia militar como por estrategia política. El PCP-SL,
inspirado en la tradición maoísta, inició una guerra «del campo a la ciudad». Los grandes
espacios de escaso poblamiento y débil presencia policial ocultaban sus desplazamientos.
Controlarlos requería de bases de apoyo; por ello, conquistar políticamente la población
campesina fue uno de sus objetivos principales. Con bases de apoyo rurales, el PCP-SL se
desplazaba, en los términos de Abimael Guzmán Reinoso, «como el pez en el agua».
Pero no todo el ámbito rural fue receptivo a la prédica y a las acciones de los grupos alzados
en armas. Las sociedades rurales con campesinos beneficiarios de la Reforma Agraria (los valles
de la costa peruana, la zona norte de Cajamarca, el Valle Sagrado en Cusco) o espacios
comunales con recursos y alta integración al mercado (el valle del Mantaro, por ejemplo)
tendieron a mantenerse al margen de la violencia.
Las historias regionales analizadas por la CVR muestran que el éxito en la inserción rural de
la principal fuerza subversiva, el PCP-SL, se produjo en los espacios rurales de población
campesina muy pobre —mal vinculada al mercado— donde la Reforma Agraria no había tenido
prácticamente nada que redistribuir y no había implicado un cambio significativo debido a la
pobreza de sus recursos; o donde la estrategia empresarial de la Reforma había reproducido la
marginación de las comunidades campesinas y creado nuevos ámbitos de conflicto irresuelto.
Las instalaciones y la ganadería fina de las empresas asociativas creadas por la Reforma
Agraria, particularmente las Sociedades Agrícolas de Interés Social (SAIS), fueron objeto de
ataques sistemáticos que buscaban su destrucción y desactivación. Aquello que resultó
sorprendente fue que las acciones para destruir las SAIS contaron con un amplio consenso y, en
muchos casos, con la participación activa de las comunidades campesinas de la zona.
La sierra central, el departamento de Puno, la sierra de La Libertad y el sur de Cajamarca
habían sido escenarios de un importante desarrollo ganadero empresarial desde comienzos del
siglo XX. Las relaciones entre las haciendas ganaderas —islas de desarrollo tecnológico, de
mejoramiento de ganados y pastos, con relativamente pocos trabajadores— y las comunidades
campesinas de sus entornos —con pastizales sobrepoblados y depredados— fueron conflictivas

68
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

por mucho tiempo. Desde un principio, las comunidades demandaron siempre sus derechos de
propiedad sobre los pastizales de las haciendas. La Reforma Agraria, implementada desde 1969,
reconoció esta antigua reivindicación de las comunidades; pero no fragmentó las grandes
empresas ganaderas ni devolvió las tierras que las comunidades reclamaban. Por el contrario,
unificó varias haciendas en gigantescas empresas. Así fue como surgieron las SAIS, cuyos
beneficiarios directos fueron sus trabajadores y colonos con gran cantidad de tierras, como una
forma empresarial que incorporaba a las comunidades como socias sin capacidad de decisión,
pero con derecho a recibir parte de las utilidades.
El poder económico en manos de las empresas profundizó la división social en las zonas
donde se desarrollaron y, en el contexto de la crisis económica de la segunda mitad de los años
setenta, del desmontaje de los sistemas de control y movilización creados y mantenidos durante
el gobierno del general Velasco, empezó a generar situaciones de corrupción y crisis financiera.
Los socios de las Cooperativas Agrarias de Producción de la costa y de los valles interandinos,
en los años siguientes a 1980, optaron por liquidar las empresas y repartirse la tierra en parcelas
individuales. Los derechos de propiedad en las SAIS, sin embargo, eran más complejos: los
beneficiarios directos, si bien cuestionaban a sus dirigentes corruptos o ineficientes, no podían
ni deseaban eliminar las empresas por el asedio de las comunidades. Éstas demandaban sus
antiguas tierras, pues ni siquiera recibían utilidades. La situación de conflicto sin solución
estaba planteada.
En las zonas altas de Junín (las cuencas del Canipaco y del Alto Cunas) se encontraban los
complejos ganaderos de las SAIS más grandes y más tecnificadas del país. La prosperidad de las
empresas, sin embargo, había dejado de traducirse en el bienestar de sus beneficiarios y
comunidades socias. Hacia 1987, cuando el PCP-SL empezó sus actividades en la zona, el
descontento era grande y la cúpula de dirigentes había sido acusada de corrupta y de vender
tierras a precios irrisorios. En este contexto de poca legitimidad de la dirigencia de las SAIS y de
cuestionar el manejo de las tierras, las comunidades socias levantaron nuevamente el conflicto
por linderos, descontentos por la solución de la Reforma Agraria a su reivindicación de tierras.
Con un discurso de orden y justicia y el ajusticiamiento de dirigentes corruptos y otros
antisociales, el PCP-SL ganó adeptos rápidamente. Las SAIS fueron objeto del sistemático
ataque por parte de los miembros del PCP-SL. Muchos dirigentes y técnicos fueron asesinados,
los locales incendiados y el ganado fue repartido o, en otras ocasiones, sacrificado.
Una situación similar, aunque a una escala menor, ocurrió en las SAIS de la sierra norte del
país, como Santiago de Chuco, Huamanchuco, Cajabamba y San Marcos, en los departamentos
de La Libertad y Cajamarca.
En el norte del departamento de Puno, particularmente en las provincias de Azángaro y
Melgar, el conflicto armado interno se desarrolló alrededor del mismo problema sobre el control
de tierras en las áreas ganaderas; pero en un contexto diferente: el de las movilizaciones
campesinas por su reestructuración. Allí, sin embargo, el escenario social era más complejo; una
organización campesina como la Federación Departamental de Campesinos de Puno, los
partidos de la izquierda legal y las organizaciones de apoyo al campesinado de la Iglesia
Católica fueron otros tantos de los actores locales con los que se enfrentaron las fuerzas
subversivas, además de la acción de la Policía y de las Fuerzas Armadas. A mediados de los
años 80, el PCP-SL trató de aprovechar y militarizar el conflicto por la reestructuración de la
propiedad de la tierra de las empresas asociativas que enfrentaba a las comunidades
campesinas con los directivos de las empresas y el gobierno central. Si bien no tuvo éxito en su
intento por captar a las organizaciones campesinas, la situación de conflicto, la represión de las
fuerzas del orden de la movilización campesina y de la propia izquierda enfrentada al PCP-SL
crearon un ambiente en el que la subversión logró conquistar algunas bases de apoyo. En 1989,
el departamento se convirtió en otro de los escenarios de violencia, aunque de menor intensidad
que en la sierra central.
Un caso particular de conflicto en torno a la Reforma Agraria fue el de Andahuaylas en el

69
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

departamento de Apurímac. Allí la cuestión de tierras estaba resuelta desde 1980, al inicio del
conflicto armado interno. Sin embargo, la solución —la tierra de las antiguas haciendas estaba
en manos de los campesinos— había sido fruto de un fuerte conflicto entre las comunidades y el
Estado. Por razones burocráticas, de pequeñas influencias y poca resonancia política, el proceso
de la Reforma Agraria había sido extremadamente lento. Aún en 1974, luego de cinco años de
promulgada la ley de la Reforma Agraria y en un entorno de creciente descontento, los
hacendados seguían en posesión de las tierras. En 1974, la Federación Provincial de Campesinos
de Andahuaylas llamó a sus bases a aplicar directamente la Reforma, tomando las tierras y
sacando a los hacendados. El resultado fue que 68 de las 118 haciendas de la provincia fueron
simultáneamente tomadas por miles de campesinos. El intento de reprimir la movilización
fracasó y se abrió un largo y conflictivo proceso en el cual las autoridades responsables de
realizar la Reforma Agraria intentaban aplicar compulsivamente el modelo asociativo, en tanto
que los campesinos presionaban por una alternativa entre parcelaria y comunal. En 1978 —tras
nuevas movilizaciones, conflictos y dirigentes encarcelados—, se entregaron las tierras. Esta
situación propició que los dirigentes de la Federación y de las tomas de tierras, como Julio César
Mezich y Lino Quintanilla, con el respaldo de una lucha exitosa, se radicalizaran e ingresaran al
PCP-SL a inicios de 1980 y fueran los impulsores de su desarrollo en la zona.

[Link]. La extrema pobreza rural: privatización del poder y los conflictos de las comunidades
El sector de la sociedad rural más importante y más afectado en el conflicto armado fue el
de los márgenes más excluidos del país. Fue allí donde el PCP-SL inició su expansión, conquistó
conciencias y adhesiones, controló amplios espacios, logró importantes bases de apoyo y creó
numerosos «comités populares»; en estas zonas el PCP-SL llevó adelante de manera más
completa su estrategia de nuevo poder. Fue también allí donde se cometieron los casos más
cruentos de ataque a poblaciones civiles —tanto por parte de la organización subversiva como
de las Fuerzas Armadas— y donde se pagó el mayor costo en vidas humanas con la destrucción
de familias y comunidades enteras
Estos sectores eran considerados irrelevantes para la economía nacional y los planes de
desarrollo. El Estado no estuvo presente en ellos para garantizar el acceso a la infraestructura y
a los servicios públicos básicos. Asimismo, tampoco cumplió el papel de salvaguardar la
tranquilidad, la seguridad y la propiedad de las personas. Éstos eran, además, contextos rurales
muy pobres, con una población mayoritariamente quechuahablante y analfabeta, por lo que
nunca habían estado integrados a través del voto en los procesos electorales. Eran zonas mal
comunicadas con los mercados, inmersas en sus propios problemas, desestabilizadas por
antiguos conflictos de linderos o por el acceso diferenciado a tierras y sometidas a situaciones
de abuso o de ejercicio ilegítimo del poder.
Fue el espacio de lo que se llamó la mancha india: la sierra sur-central (Ayacucho, Apurímac,
Huancavelica) y las provincias altas del Cusco. La sierra rural de Pasco y algunas zonas de
Junín como la cuenca del Tulumayo compartieron estas características, así como la violencia que
se desarrolló durante el conflicto armado interno.
En estos espacios de pobreza rural, si bien la población campesina estaba organizada en
comunidades (con numerosos problemas internos), las únicas expectativas de progreso fueron
individuales: la emigración y el acceso a la educación. Los maestros o los hijos que estudiaban
en las capitales provinciales, respaldados por el prestigio que esto trae consigo, fueron
prácticamente el único vínculo con el progreso. Si bien cada localidad vivió una historia propia,
los maestros de las escuelas y la visita de jóvenes universitarios fueron una de las vías de
entrada del PCP-SL en este tipo de realidades. Con mayor o menor intensidad, esta presencia
fue legitimándose a partir de un discurso político igualitario, que apelaba a ideales de justicia
social y que era acompañado con la puesta en práctica de un orden extremadamente autoritario
que eliminó rápidamente, para satisfacción de la población, las conductas antisociales, los robos
y el abigeato. En estas sociedades, con una gran violencia interna y envidia por el acceso
diferenciado a los recursos, el asesinato y el reparto de los bienes y ganado de los ricos

70
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

(comuneros con mayores recursos y normalmente con más poder) y de los medianos
hacendados que todavía existían contribuyeron a la adhesión de muchos campesinos a una
propuesta política que era presentada de forma elemental. Proponía una sociedad igualitaria, en
la cual debía imperar una justicia vertical firme y debía estar conducida por personas letradas.
Pero estas sociedades no habían estado ausentes de los procesos de cambio experimentados
por el país en la segunda mitad del siglo XX. En Ayacucho, particularmente en la cuenca del río
Pampas (provincias de Víctor Fajardo, Cangallo, Huancasancos y Vilcashuamán) y en las
provincias del norte (Huanta, Huamanga, La Mar), predominó un régimen tradicional de
haciendas de mediados del siglo XX. En la mayoría de los casos, sin embargo, estas haciendas,
muy poco rentables en una economía que se modernizaba, estaban en decadencia. En los años
70, en un contexto de mayor movilidad y migración temporal de los campesinos, muchas
haciendas fueron compradas por las comunidades del entorno o por sus feudatarios,
constituidos luego de la compra en nuevas comunidades. En Vilcashuamán, muchas
comunidades tienen este origen. En Víctor Fajardo, la única hacienda que existía al momento de
la Reforma Agraria estaba desde hacía tiempo en manos de los campesinos. Así, desde
mediados del siglo XX, se había producido un proceso de ampliación de los recursos de las
familias comuneras por adquisición de pedazos de haciendas en decadencia. Esta ampliación,
sin embargo, había sido conflictiva entre las comunidades y desigual en su interior,
dependiendo del mayor o menor acceso a recursos monetarios y a diversas relaciones de
cercanía con el antiguo hacendado. El viejo poder del hacendado, con su consiguiente control
de los cargos de autoridad y de justicia, fue precariamente sustituido por estos nuevos
campesinos acomodados.
Como antes con los hacendados, cuyo poder personal no fue sustituido por un aparato
burocrático moderno, salvo en el corto período entre 1970 y 1975 en que el Estado construyó el
Sistema Nacional de Movilización Social (SINAMOS) —una red de funcionarios que llegaba a
todos los pueblos del país—, el poder estatal estaba en manos de agentes locales, muchas veces
utilizado para sus propios fines.
Sobre los conflictos de esta nueva desigualdad40 en el acceso a los recursos y en su
vinculación con mecanismos locales de poder, se insertó y se enraizó la prédica y la práctica del
PCP-SL. La débil presencia del Estado, representada en los dispersos puestos policiales —
insuficientes para combatir los robos y el abigeato— y los cargos de autoridad —jueces de paz,
tenientes gobernadores—, fue rápidamente eliminada por la subversión con hostigamiento,
amenazas y asesinatos. En el vacío de poder fácilmente generado, se instauró el «nuevo poder».
En muchos lugares se repitió este esquema: en Pasco, desde los primeros años; en el
Tulumayo, más tarde; en las provincias altas de Cusco y Apurímac. Así pues, el circuito
educativo como promoción y diferenciación social, el abuso de poder local y el abigeato como
legitimación abrieron estos espacios a la subversión en la segunda mitad de la década del 80.
Diversas situaciones de conflicto y descontento fueron la puerta de entrada del PCP-SL. Por
un lado, antiguos conflictos entre anexos y capitales de distrito, que monopolizaban el poder
local y eran sedes de pobladores con más recursos, suscitaron ataques y asesinatos (juicios
populares) que tuvieron la adhesión de los más pobres. En otros casos, la poca aceptación de los
comuneros del discurso y la práctica del «nuevo poder» senderista llevó a un conflicto más bien
generacional de enorme violencia: el de jóvenes con mayor educación, pero aún sin acceso a
recursos, radicalizados por la prédica del PCP-SL, contra los adultos (sus padres) tildados de
«reaccionarios».
El «nuevo poder» senderista en el campo fue respondido por una implacable labor
contrasubversiva indiscriminada. Esto sucedió en particular cuando, en 1983, las Fuerzas

40Probablemente irrelevante para un observador externo para el que una persona considerada como «rica»
en este contexto se ubicaría tanto como una pobre en el quintil inferior de la distribución de ingresos del
país.

71
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Armadas se hicieron cargo de la lucha contrasubversiva y buscaron destruir las «bases de


apoyo» y los «comités populares» organizados por el PCP-SL. Sin embargo, desde antes, la
población campesina que vivía en las zonas controladas por esta organización subversiva,
mostraba signos de resistencia al proyecto totalitario y autárquico que se le quería imponer a
sangre y fuego. Cuando el Estado cambió su táctica de represión indiscriminada por una
estrategia más selectiva y orientada a conquistar el apoyo de la población local, se fueron
constituyendo los comités de autodefensa que terminaron por eliminar, en alianza con las
fuerzas del orden, la presencia del PCP-SL en el campo andino y lo obligaron a desplazarse
hacia las ciudades y hacia la selva.

1.5.2. EL DESPLIEGUE DE LA VIOLENCIA EN LAS REGIONES


El conflicto armado interno no se desplegó en todas las regiones al mismo tiempo. Su expansión
a diversas zonas del país guarda relación con la iniciativa de las organizaciones subversivas y
sus intentos de insertarse en los diferentes conflictos sociales regionales para convertirlos en
una confrontación con el Estado y sus representantes.

Gráfico 19

PERÚ 1980-2000: PORCENTAJE DE M UERTOS Y DESAPARECIDOS REPORTADOS A LA


CVR SEGÚN REGIONES POR AÑO DE OCURRENCIA DE LOS HECHOS

100%
Otros
Li ma M et r op.

80% Sur Andino

Región Central
60%

40% Región Nor Oriental

20%
Región Sur Central

0%
80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 00

Región Sur Central Región Nor Oriental Región Central Sur Andino Lima Metropolitana Otros

Como se aprecia en el gráfico 19, en los cinco primeros años, la violencia y las víctimas se
concentraron básicamente en la región sur central, en especial en el departamento de Ayacucho.
Como ha sido mencionado, durante estos años y en estos espacios fue donde el PCP-SL
aprovechó los conflictos intercomunales y generacionales para imponer un orden igualitario y
autárquico fundamentado en su ideología totalitaria. La reacción de las fuerzas del orden,
azuzada por actos de provocación del PCP-SL (asesinatos, atentados y ataques contra puestos

72
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

policiales y patrullas militares), así como el uso cada vez más intenso de la violencia para
imponer el «nuevo orden» senderista sobre las comunidades donde se habían creado «bases de
apoyo» y «comités populares», hicieron de los años 1983 y 1984 los más sangrientos de todo el
conflicto en la región en especial y en el país en general (véase el gráfico 5 en la página 8 y el
gráfico 20 aquí adjunto). NOTA: OJO CON LA REFERENCIA A LA PÁGINA, ACTUALIZAR
CUANDO CAMBIE EL No. DE PÁGINAS
AQUÍ GRÁFICOS 19 Y 20
Gráfico 19

PERÚ 1980-2000: PORCENTAJE DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS


REPORTADOS A LA CVR SEGÚN AÑO DE OCURRENCIA, POR REGIÓN

Reg ió n Sur Centr al Reg ió n No r Or iental Reg ió n Centr al

30%

20%

10%

0%

Lim a M etr o po litana Sur A ndino Otr o s

30%

20%

10%

0%
80 82 84 86 88 90 92 94 96 98 00 80 82 84 86 88 90 92 94 96 98 00 80 82 84 86 88 90 92 94 96 98 00

La intensa labor contrasubversiva estatal en la región sur central debilitó la presencia


senderista en la zona y provocó la expansión de sus acciones hacia otras localidades. Al
cometer, entre 1983 y 1984, actos generalizados y sistemáticos de violaciones de los derechos
humanos en la región de Ayacucho, los agentes del Estado contribuyeron a crear la imagen —
especialmente entre la juventud más radicalizada de las universidades nacionales de Lima y
provincias— de que los grupos subversivos desafiaban a un poder ilegítimo que no dudaba en
reprimir duramente a la población. Ello fue aprovechado por el PCP-SL para ganar adeptos en
nuevas regiones y contribuyó a que el MRTA adoptara a su vez la decisión de iniciar sus
acciones armadas en las ciudades y, sobre todo, en la región nororiental y central del país.
A partir de 1986, y a lo largo de la segunda mitad de la década de 1980, nuevos espacios
regionales se convirtieron en escenarios del conflicto. Hacia 1986, un conjunto de acciones del
PCP-SL y del MRTA buscaron aprovechar el efecto de «caja de resonancia» de la ciudad de

73
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Lima. Una manifestación de ello fue el amotinamiento y la posterior masacre de presos del PCP-
SL en los penales de Lurigancho, El Frontón y Santa Bárbara a mediados de 1986.
Asimismo, en las demás regiones, los grupos subversivos intentaron aprovechar las
situaciones conflictivas relacionadas con la reestructuración de las SAIS y los enfrentamientos
entre comunidades socias, directivos de las empresas y el gobierno central, primero en Puno
(con poco éxito) y luego en Junín. En la selva central, el PCP-SL por el sur (valle del Ene) y el
MRTA por el norte (la zona de Oxapampa), trataron de controlar nuevos espacios y zonas de
refugio marcadas por las tensiones entre colonos y nativos. En la región nororiental, el MRTA
buscó vincularse con los reclamos de los agricultores de San Martín, mientras que el PCP-SL
intentó controlar las zonas cocaleras del Alto Huallaga con el fin de erigirse en intermediario
entre los campesinos cocaleros y los narcotraficantes para reemplazar al Estado en algunas
funciones de control del orden social.
El final de la década de 1980 dio inicio a un período de crisis extrema. Entre 1989 y 1992 se
experimentó un nuevo pico de violencia. Con excepción de la región sur central, en el resto de
regiones este fue el momento en el que se registró la mayor cantidad de víctimas reportadas a la
CVR. Por otro lado, 1989 fue el año en el que más distritos fueron afectados por la violencia. Los
principales escenarios del conflicto en este período fueron la región central, el nororiente y la
ciudad de Lima. Como ha sido previamente indicado, este período también marcó un cambio
en la estrategia contrasubversiva del Estado, la cual pasó a ser más focalizada y selectiva, y se
orientó a ganar el apoyo de la población en las regiones donde se manifiestó la presencia
subversiva.
En la región central, la intensidad del conflicto durante esta etapa está relacionada con tres
dinámicas diferentes. Por un lado, hacia 1989 culminó un proceso de ofensiva senderista en
contra de las SAIS de las cuencas del Alto Cunas y del Canipaco, en las zonas altas de las
provincias de Concepción y Huancayo, respectivamente. El resultado fue la destrucción de estas
empresas, llevada a cabo con la participación de las comunidades menos favorecidas por el
esquema asociativo impuesto por la Reforma Agraria. Se inició entonces en la región un breve
período de hegemonía senderista que duró unos cuantos meses y que fue duramente combatido
por las fuerzas del orden y por las rondas campesinas recientemente organizadas.
En segundo lugar, en la ciudad de Huancayo, el PCP-SL logró imponerse como la principal
fuerza hegemónica en su lucha contra el MRTA y las demás organizaciones políticas
(fundamentalmente de izquierda) por el control de la Universidad Nacional del Centro del Perú
(UNCP). Ello fue acompañado por una ola de asesinatos y atentados terroristas en la ciudad y
las zonas aledañas. Frente a esta situación, entre 1991 y 1992, las fuerzas del orden iniciaron una
vasta campaña de represión selectiva, que se expresó en la desaparición y ejecución arbitraria
de decenas de estudiantes y trabajadores de la UNCP sospechosos de estar vinculados con las
agrupaciones subversivas.
El tercer proceso en la región central tuvo que ver con la presencia de las organizaciones
subversivas en la selva central y su intento de ejercer su control en las comunidades nativas
(esencialmente asháninkas) y en las poblaciones de colonos.
Entre 1989 y 1990 tuvo lugar una confrontación directa entre el MRTA y el pueblo
asháninka. A mediados de la década del 60, la zona de Oxapampa había sido escenario de una
experiencia guerrillera inspirada en la revolución cubana y en la que participaron miembros del
entonces Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que luego formaron parte del MRTA.
En aquella oportunidad, uno de los principales líderes del pueblo asháninka, Alejandro
Calderón, había colaborado con el Ejército Peruano en la captura de los guerrilleros del MIR.
Veinticinco años después, en 1989, el MRTA decidió «ajustar cuentas» con Alejandro Calderón,
quien fue asesinado junto con otros dos dirigentes asháninkas. Ello desató una guerra entre la
nación asháninka y el MRTA en la provincia de Oxapampa a raíz de la cual la organización
subversiva fue prácticamente aniquilada en la zona.

74
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Debe anotarse que 1989 fue un año nefasto para el MRTA en la región. Debilitado por su
confrontación con el PCP-SL y la reciente captura de Víctor Polay Campos, su dirección
nacional quiso dar un «golpe de impacto» mediante la toma de la ciudad de Tarma en abril de
1989. Asignó esa misión a su mejor personal militar, pero la operación fue desbaratada por el
Ejército en un enfrentamiento en la localidad de Molinos.
Por su parte, a inicios de la década de 1990, el PCP-SL buscó consolidar nuevas bases de
apoyo y zonas de refugio en la selva central, penetrando en la provincia de Satipo por el sur a
través del río Ene y sus afluentes. Para ello comenzó a captar algunos sectores de la población
asháninka y colonos de la zona e inició un largo proceso de violencia que significó el
sometimiento y el exterminio de comunidades nativas enteras, cruentos enfrentamientos con los
comités de autodefensa y las fuerzas del orden y operaciones punitivas en contra de
comunidades controladas por uno u otro bando. La presencia del PCP-SL en los territorios
asháninkas significó una verdadera tragedia para ese pueblo. La CVR considera que tales
hechos reclaman una mayor investigación a fin de elucidar si pueden tipificarse como
correspondientes a alguna de las modalidades del delito de genocidio.
La difícil geografía de esta parte del país permitió al PCP-SL mantener durante varios años
áreas de refugio en el monte y en las zonas más inaccesibles de la selva. En el año 2003, algunos
de estos refugios todavía albergaban precariamente a los últimos remanentes de la facción de la
organización subversiva que había decidido continuar la lucha armada, a pesar del llamado a
un «acuerdo de paz» hecho por Abimael Guzmán en 1993.
La región nororiental fue otro de los escenarios principales del período comprendido entre
1989 y 1992. Como se indicó anteriormente, en el valle del Huallaga, el PCP-SL, con el objetivo
de consolidar su control sobre la población, buscó imponer un cierto «orden social» que regule
la relación entre narcotraficantes y productores de hoja de coca, «protegiendo» a estos últimos
de los operativos de represión estatal. Este control significó, además, ejercer funciones de
«justicia local» en reemplazo del Estado, a partir de la sanción severa de las conductas
consideradas como antisociales. Siguiendo su estrategia nacional, el principal objetivo de la
organización subversiva en la zona fue crear bases de apoyo entre la población campesina
cocalera, y reprimió duramente cualquier tipo de oposición, lo que motivó un elevado número
de víctimas fatales.
Sin embargo, la compleja realidad del narcotráfico y la cantidad de recursos que esta
actividad moviliza tuvieron un impacto importante en la dinámica y la estrategia local del PCP-
SL, lo que se reflejó en los mayores márgenes de autonomía de los cuales aparentemente gozaba
el «Comité Regional Huallaga» respecto de la dirección central del partido senderista. No es de
extrañar que, al igual que en las Fuerzas Armadas y Policiales, el dinero del narcotráfico haya
tenido efectos corruptores en la moral y disciplina de los miembros de la organización
subversiva, por más fundamentalista que sea su ideología. A pesar de ello, no es posible
referirse al fenómeno subversivo en la región utilizando el membrete simplificador de
«narcoterrorismo», ya que ello impide distinguir actores, lógicas y motivaciones muy diferentes
(las de una actividad económica ilícita y las de un proyecto político que busca conquistar el
poder) que requieren medidas específicas para ser combatidos eficazmente.
Con el objetivo de enfrentar más eficazmente a los grupos alzados en armas, la estrategia
contrasubversiva aplicada a partir de 1989 en la región nororiental dejó de reprimir el cultivo de
la hoja de coca para concentrarse en la identificación y eliminación de los elementos
subversivos. Con ello se evitaron las confrontaciones con el campesinado cocalero, lo que hasta
cierto punto permitió la organización de comités de autodefensa. Entre 1989 y 1993 se
registraron importantes enfrentamientos entre fuerzas del orden y grupos subversivos. De
acuerdo con la lista de bajas proporcionada por las Fuerzas Armadas a la CVR, cerca del 45% de
los militares muertos durante todo el conflicto armado, se dieron en operativos realizados en la

75
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

región Nororiental.41
Sin embargo, la estrategia contrasubversiva aplicada en la zona, al igual que en otras
regiones, también implicó actos sistemáticos de violaciones de los derechos humanos,
especialmente la práctica de la tortura y de la desaparición forzada.
Como se aprecia en el gráfico 20, a diferencia de las demás regiones donde se registran
picos en años específicos (1984 o 1989), en la región nororiental los niveles de intensidad del
conflicto se mantuvieron relativamente constantes y elevados entre 1989 y 1993. Cientos de
testimonios recopilados por la CVR dan cuenta de la intensidad de la violencia que se vivió en
la zona. Probablemente el río Huallaga sea la fosa común más grande del país.
Si bien la región sur central no fue el principal escenario del conflicto entre los años 1989 y
1992, la violencia no dejó de manifestarse con crudeza, especialmente en las provincias de
Huanta, La Mar y el valle del río Apurímac. En esa zona se desplegó una intensa actividad de
los comités de autodefensa, quienes en combinación con las fuerzas del orden, obligaron al
PCP-SL a replegarse cada vez más hacia el monte y hacia las zonas más agrestes de la selva de
Ayacucho, Cusco y Junín.
A inicios de la década de 1990, la nueva estrategia contrasubversiva del Estado, su
acercamiento a la población local y las maniobras de los comités de autodefensa provocaron que
los grupos subversivos se encontrasen en una situación defensiva y cada vez más precaria en las
zonas rurales de la mayoría de regiones del país. En ese contexto, la dirección central del PCP-
SL decidió intensificar sus acciones en las zonas urbanas, particularmente en la capital, con el
fin de crear una situación de zozobra y de crisis extrema del Estado político peruano, ya
debilitado por el proceso de hiperinflación desencadenado a finales de los años 80. La ofensiva
senderista en Lima llegó a su clímax en 1992 con una importante ola de atentados; pero también
culminó con la caída de sus principales líderes.
En 1993, profundamente debilitados, los últimos remanentes del PCP-SL quedaron
focalizados en espacios bastante delimitados, pero no por ello menos complejos. El escenario
principal del conflicto en esta última etapa fue la región nororiental. Entre 1993 y 1994, los
efectos de la «ley de arrepentimiento» junto con operativos de «limpieza» realizados por las
Fuerzas Armadas en la margen izquierda del río Huallaga, en la zona conocida como Venenillo
(donde además de registrarse varios enfrentamientos, existen indicios de que se cometieron
ejecuciones arbitrarias) provocaron un mayor debilitamiento de las fuerzas senderistas en la
región.
Luego de la capitulación de Abimael Guzmán en 1993, las facciones del PCP-SL que estaban
a favor de continuar la lucha armada continuaron manteniendo «bases de apoyo» en zonas
aisladas del Huallaga, la selva Central (provincia de Satipo) y el valle del río Apurímac al norte
de Ayacucho. Esporádicamente realizaron operaciones de propaganda y acciones armadas a
una escala muy reducida. Estas zonas de refugio aisladas constituyen espacios propicios para
una resistencia prolongada; pero, al mismo tiempo, plantearon serias dificultades para
coordinar una estrategia de alcance nacional y acciones de mayor envergadura.
En la actualidad, los grupos que propugnan la subversión armada están muy debilitados y
no parecen constituir, salvo en zonas muy localizadas, una amenaza seria a la estabilidad del
Estado peruano. Por otro lado, el gran costo en vidas humanas que significó el conflicto en las
zonas donde éste se vivió con mayor intensidad, ha provocado que las propuestas de
transformación social por medio de la violencia pierdan gran parte del atractivo que en algún
momento pudieron tener entre ciertos sectores de la sociedad. Sin embargo, todavía continúan
vigentes en nuestro país muchos de los conflictos regionales y locales relacionados con procesos
de modernización y de integración nacional y social inacabados, truncos o limitados, que fueron

41En contraste con ello, menos del 20% de las bajas militares del conflicto ocurrieron en acciones en la
región sur central, a pesar de que es en esa región donde se reportaron la mayor cantidad de muertos y
desaparecidos a la CVR.

76
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

manipulados y aprovechados por las organizaciones subversivas para justificar la imposición


de un cambio social y de un proyecto político totalitario a miles de nuestros compatriotas.

77
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

CAPÍTULO 2

LAS ORGANIZACIONES SUBVERSIVAS

La tragedia reseñada en las páginas anteriores tuvo como responsable principal a la


organización autodenominada Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso, que se levantó
contra el Estado y la sociedad peruanos cuando se restauraba la democracia después de doce
años de dictadura militar. Sin embargo, el PCP-SL no fue la única organización que desafió la
decisión del país de conducir su vida política en democracia. También lo hizo, desde 1984, el
autodenominado Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. Aunque en muy distintas
proporciones, según se explica en las páginas siguientes, ambos incurrieron en graves
violaciones de derechos humanos y, aun, delitos de lesa humanidad que dejaron miles de
muertos y dolorosas secuelas en la población peruana, principalmente en la más humilde.

2.1. EL PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ-SENDERO LUMINOSO

La organización subversiva y terrorista autodenominada Partido Comunista del Perú y


conocida como Sendero Luminoso (PCP-SL) desencadenó una guerra contra el Estado y la
sociedad peruanos en mayo de 1980. A lo largo de ese conflicto, el PCP-SL cometió crímenes
que configuran delitos de lesa humanidad y se constituyó en el principal culpable del alto
número de víctimas producido. El PCP-SL fue responsable del 54% de las muertes y
desapariciones reportadas a la CVR durante su investigación. Sobre la base de los cálculos
realizados, la CVR estima que la cifra total de víctimas fatales ocasionadas por dicha
organización subversiva asciende a 31,331 personas.42

42En un intervalo de confianza al 95%, cuyos límites inferior y superior son 24,823 y 37,840 personas, lo
que representaría por lo menos el 46% del total de víctimas fatales del conflicto armado interno.

78
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

1.1.1. LOS ORÍGENES DEL PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ-SENDERO LUMINOSO


El PCP-SL surgió en el contexto de las depuraciones ideológicas de la tradición revolucionaria
marxista-leninista, en la que se alineó con las versiones de carácter dogmático y sectario que
privilegian la noción de vanguardia como agente de la revolución y preconizan la vía de la
violencia para realizarla.
El PCP-SL tomó de Lenin la tesis de la construcción de «un partido de cuadros, selectos y
secretos», una vanguardia organizada que impone por la vía de las armas la «dictadura del
proletariado». De Stalin, figura menor entre los hitos históricos que reconoce el PCP-SL, heredó,
sin embargo, la simplificación del marxismo como materialismo dialéctico y materialismo
histórico43 y, además, la tesis del partido único y el culto a la personalidad. De Mao Zedong
recogió la forma que la conquista del poder habría de adoptar en los países denominados
semifeudales: una guerra popular prolongada del campo a la ciudad.44 Pero, sobre todo, el PCP-
SL tomó de Mao la noción de que la guerra popular es inevitable para llegar al socialismo y la
idea de las «revoluciones culturales» como un paso necesario después del triunfo de la
revolución.
En cuanto a sus orígenes partidarios, el PCP-SL surgió de las sucesivas rupturas operadas
en el comunismo y el socialismo peruanos al compás de las disputas del movimiento comunista
internacional. El hito fundamental al respecto fue la pugna chino-soviética de inicios de los años
60 alrededor del tema de la violencia como medio para la revolución. Mientras que los partidos
alineados con el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) —hasta entonces hegemónico
en el campo comunista— asumían la tesis del tránsito pacífico al socialismo planteada por el
PCUS en 1956, los seguidores del Partido Comunista Chino, liderado por Mao Zedong, se
aferraron a la vía de la violencia y a la necesidad de la «guerra popular».
Esa disputa se reprodujo en diversos países y a diferentes escalas. En el Perú, ella condujo a
inicios de los años 60 a la ruptura del Partido Comunista Peruano. Tras la escisión, la mayoría
de bases sindicales quedaron alineadas con el Partido Comunista de la Unión Soviética mientras
que la juventud del partido, los cuadros magisteriales y los núcleos ganados entre el
campesinado se plegaron al sector maoísta. Para distinguirlos, el resto de partidos comenzó a
usar el nombre de sus respectivos periódicos: PCP-Unidad para los prosoviéticos, PCP-Bandera
Roja para los prochinos.
En el momento de la ruptura, Abimael Guzmán Reinoso —quien fue luego el fundador,
ideológo y jefe máximo del PCP-SL— era dirigente del Comité Regional del PCP en Ayacucho,
denominado «José Carlos Mariátegui». Guzmán tomó partido por el PCP-Bandera Roja,
dirigido por el abogado Saturnino Paredes. La unidad de los maoístas duró poco. En 1967, los
jóvenes del partido y un sector importante de las bases ganadas en el magisterio se separaron
para formar el Partido Comunista del Perú-Patria Roja. Guzmán se mantuvo en el grupo
encabezado por Saturnino Paredes; sin embargo, hacía ya tiempo que había formado su propia
«fracción roja» en Ayacucho.
Muy pronto se produjo un enfrentamiento entre Guzmán y Paredes y entre fines de 1969 y
febrero de 1970 la nueva división estaba consumada. En el corto plazo había ganado Paredes,
quien se quedó con la mayor parte de las áreas de influencia del PCP-Bandera Roja y dejó a
Guzmán aislado en su reducto del comité regional ayacuchano. Incluso allí, la facción de
Guzmán había perdido buena parte de las bases establecidas entre el campesinado, en teoría lo
más preciado para un partido maoísta. En 1970, sobre la base del Comité Regional José Carlos
Mariátegui de Ayacucho surgió el PCP-SL, llamado así por el eslogan del frente estudiantil
huamanguino sobre el cual tenía influencia: «Por el sendero luminoso de Mariátegui».

43Popularizada por los manuales de marxismo publicados en la Unión Soviética.


44En estos casos, el campesinado era considerado como «fuerza principal» y el proletariado, hasta entonces
el protagonista central de las revoluciones en la tradición marxista, se circunscribía a un papel de «fuerza
dirigente» de la revolución.

79
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Según Guzmán, eran sólo doce militantes en Ayacucho en el momento de la ruptura con
Paredes, y 51 en todo el país. Sin embargo, el nuevo partido logró sobrevivir replegado en la
Universidad de Huamanga; así, a lo largo de la década del 70, fue uno de los muchos pequeños
partidos de izquierda radical que pugnaban por liderar la «reconstitución» o la
«reconstrucción» del Partido Comunista y, en algunos casos, por emprender la preparación de
la lucha armada.

2.1.2. EL PCP-SL EN LA DÉCADA DE 1970


Para entender mejor el comportamiento del PCP-SL en la siguiente década, es necesario
considerar dos cuestiones importantes: a) su construcción como proyecto ideológico y
pedagógico y b) su concepción absolutamente vertical y opresiva de la relación entre partido y
sociedad, o entre partido y «masas», para usar su terminología.

[Link]. La ideología al mando


Después de la separación del PCP-Bandera Roja y ya como grupo independiente, el PCP-SL
mantuvo su presencia entre estudiantes, profesores universitarios y maestros ayacuchanos. En
la UNSCH, Guzmán se concentró en la «reconstitución» del PCP utilizando como elemento de
lucha política la supuesta fidelidad al pensamiento de José Carlos Mariátegui, reconocido como
fuente ideológica de legitimidad por toda la izquierda peruana.
Entre 1971 y 1972, los cuadros del PCP-SL conformaron el Centro de Trabajo Intelectual
Mariátegui y, con Guzmán a la cabeza, se sumergieron en el estudio exhaustivo y exegético de
los clásicos marxistas y de las obras de José Carlos Mariátegui. Luego de casi dos años de
estudio intensivo, el PCP-SL dio a luz una publicación que convertía a Mariátegui, un pensador
versátil que no estuvo interesado en un pensamiento sistemático y menos en una ortodoxia, en
precursor del maoísmo y fundador de una ortodoxia, una «línea general». La publicación
abarcaba todos los temas posibles desde «Mariátegui y el problema de la literatura», hasta
«Mariátegui y el problema militar».45 La transformación de Mariátegui en precursor del
maoísmo fue presentada por el PCP-SL como un «desarrollo» de su pensamiento. Desde
entonces, los documentos del PCP-SL hablan de «Mariátegui y su desarrollo», sin mencionar
todavía por su nombre al responsable de ese desarrollo: Abimael Guzmán.
Armados ideológicamente, los militantes del PCP-SL se concentraron en difundir en las
aulas universitarias un marxismo de manual, una visión del mundo simplista y fácilmente
transmisible a los estudiantes. Fue entonces cuando el PCP-SL se desarrolló también como
proyecto pedagógico. Sus principales luchas estuvieron orientadas a controlar la Federación de
Estudiantes de la UNSCH, a ampliar los planteles de aplicación Guamán Poma de la propia
Universidad y a lograr participación en la huelga magisterial de 1973. Así, el PCP-SL se
expandió por la región conforme los estudiantes se graduaban y eran enviados como maestros a
los colegios secundarios de diversas capitales provinciales y distritales. Paralelamente, el PCP-
SL trató de afianzar sus conexiones nacionales, principalmente en Lima a través de la
Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y en Huancayo a través de la
Universidad del Centro.

[Link]. La verticalidad como principio


Durante la tercera sesión plenaria de su Comité Central, celebrada en 1973, el PCP-SL decidió
salir de su reclusión universitaria. Para ello, decidió constituir organismos generados, o
movimientos propios, organizaciones «generadas por el proletariado» en los diferentes frentes

45Entre los temas de estudios se encuentran: «Esquema para el estudio de la filosofía marxista», «Esquema
para el estudio del socialismo científico», «Aplicación de la dialéctica materialista a la sociedad», «La
guerra popular», «Esquema para el estudio del pensamiento de José Carlos Mariátegui» (Centro de
Trabajo Intelectual Mariátegui. Ayacucho, 1973).

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

de trabajo. Así pues, el PCP-SL constituyó núcleos por lo general pequeños, pero cohesionados
ideológicamente y dependientes orgánicamente del partido. De esta manera, se fueron
conformando el Movimiento Clasista Barrial, el Movimiento Femenino Popular, el Movimiento
de Obreros y Trabajadores Clasistas y el Movimiento de Campesinos Pobres, entre otros que
cobrarían notoriedad en la década siguiente.
Los miembros de estos organismos eran denominados «masas» en contraposición a los
«cuadros» partidarios y tenían también que someterse al «centralismo democrático» y
«adherirse a Mariátegui», es decir, al partido. En este esquema, la sociedad resultaba
absolutamente subordinada al partido que «lo decide todo, todo sin excepción». Más allá de los
límites partidarios y de los organismos de masas que controlaba, para el PCP-SL no existía
nada, salvo enemigos. Una vez iniciada la lucha armada, la «masa» debía someterse a la
dirección científica del partido o pagar caro su insumisión. En esta concepción se percibe la
futura «militarización de la sociedad» que propugnará el PCP-SL y que, a juicio de la CVR, fue
un factor que influyó significativamente en el incremento de la cantidad de víctimas del
conflicto.

2.1.3. LA GRAN RUPTURA: RECONSTITUCIÓN Y LUCHA ARMADA


Entre 1977 y 1979 el PCP-SL llevó a cabo una ruptura radical con la dinámica social y política
predominante en el país y se transformó en un proyecto fundamentalista, de potencial terrorista
y genocida. Para los senderistas, se trataba de culminar la «reconstitución del partido
[comunista]» y de decidir el inicio de la lucha armada. El tema de la «reconstitución» tuvo
particular importancia en la definición ideológica del PCP-SL en esta época. Ya en 1975 habían
asumido que
*<+‖retomar‖el‖Camino‖de‖Mari{tegui‖es‖Reconstituir‖el‖Partido‖Comunista,‖su‖Partido;‖es‖trabajar‖
por su construcción ideológico-política, desarrollando los fundamentos que le diera su fundador
y es, simultáneamente, pugnar por su construcción organizativa reajustando lo orgánico a lo
político. Reconstituir el Partido es hoy, en síntesis, impulsar su reconstitución Retomando a
Mariátegui y apuntando al desarrollo de la guerra popular (PCP-SL 1975).

En marzo de 1977 el Comité Central del PCP-SL realizó la II Reunión Nacional de


Organismos Generados y abordó el tema de la construcción del partido bajo la consigna de
«Construir la Lucha Armada». El PCP-SL consideró que la reconstitución del partido había
avanzado lo suficiente y que tenía un elenco de cuadros bastante afiatados para iniciar su
«guerra popular». La responsabilidad de la elaboración del Plan Nacional de Construcción
recayó en un Comité Coordinador Nacional.
Sin embargo, antes de iniciar su «guerra popular», el PCP-SL afrontó intensas luchas
internas, pues un sector de sus dirigentes se sentía más atraído por el clima de agitación social y
apertura política que caracterizaba la transición a la democracia tras doce años de dictadura
resultaba. Guzmán debió derrotar esa inclinación para moldear definitivamente su proyecto.
Para hacerlo, impuso al «partido» ciertas definiciones radicales: a) convertir la ideología en una
suerte de religión; b) concebir la militancia como purificación y renacimiento; c) identificar la
acción revolucionaria con la violencia terrorista. El extremismo de esas posiciones se manifestó
en cuatro textos cruciales producidos entre 1979 y 1980.46 Lo primero que impacta en ellos es el

46El primer texto se llama «Por la nueva bandera» y fue leído como discurso el 7 de junio de 1979 en el IX
Pleno Ampliado del Comité Central del PCP-SL. Precisamente, en esa fecha se celebra en el Perú el Día de
la Bandera, de tal modo que el acto fue un explícito desafío al Estado y sus símbolos once meses antes del
«inicio de la lucha armada». El segundo texto se titula «Sobre los tres capítulos de nuestra historia», y fue
un discurso pronunciado el 3 de diciembre de 1979 en la I Conferencia Nacional Ampliada del PCP-SL con
ocasión de «forjar en los hechos» la Primera Compañía de la Primera División del «Ejército Guerrillero
Popular». El tercer documento se titula «Comenzamos a derrumbar los muros y a desplegar la aurora».
Fue un discurso pronunciado el 28 de marzo de 1980 en la II Sesión Plenaria del Comité Central. El cuarto
y último texto, el más importante, se titula «Somos los iniciadores». Éste fue un discurso pronunciado al

81
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

giro que el propio Guzmán imprime al tono de sus documentos. Ahora utiliza un discurso de
resonancias religiosas, específicamente bíblicas, tanto para aplastar a sus opositores internos
como para insuflar fe y esperanza en sus seguidores, mayoritariamente jóvenes. «Por la nueva
bandera» se inicia con una frase bíblica: «Muchos los llamados y pocos los escogidos». Y luego
continúa:‖ «El‖ viento‖ se‖ lleva‖ las‖ hojas,‖ pero‖ va‖ quedando‖ el‖ grano‖ *<+‖ ¿Cómo‖ los‖ granos
podrían detener las ruedas de molino? Serían hechos polvo». Pero, afirmaba Guzmán, el dios de
esta Biblia es la materia, que avanza de manera ineluctable hacia el comunismo. A través de un
hábil discurso retórico, Guzmán aparece encarnando ese movimiento:
*<+‖ quince‖ mil‖ millones‖ de‖ años‖ lleva‖ la‖ Tierra‖ para‖ generar‖ el comunismo. ¿Cuánto dura un
hombre? Mucho menos que el simple parpadeo de un sueño; no somos sino una pálida sombra y
pretendemos levantarnos contra todo ese proceso de la materia [...] burbujas ensoberbecidas, ¿eso
queremos ser? ¿Una parte infinitesimal que quiere levantarse contra quince mil millones de años?
¡Qué soberbia, qué putrición!

En esta exhortación, los rivales de Guzmán aparecen no sólo como insubordinándose al jefe,
sino contrariando al universo todo.
En el discurso de Guzmán, el surgimiento del partido resulta un hecho cósmico. Así, a
principios del siglo XX, «comenzó a surgir una luz más pura, una luz resplandeciente, esa luz la
llevamos nosotros en el pecho, en el alma. Esa luz se fundió con la tierra y ese barro se convirtió
en acero. Luz, barro, acero, surge el PARTIDO en 1928 [...]» (mayúscula en el original). La
militancia en él se convierte en una experiencia religiosa, que implica una ruptura colectiva,
pero también individual: «Dos banderas [luchan] en el alma, una negra y otra roja. Somos
izquierda, hagamos holocausto con la bandera negra». Para ello, es necesario‖«*<+‖lavarnos‖el‖
alma, lavarnos bien [...] Basta de podridas aguas individuales, estiércol abandonado». Se trata
de una purificación que posibilita el renacimiento a un mundo privilegiado, pero lleno de
asechanzas. El enemigo está dentro; por eso, conforme se suceden las luchas internas y se acerca
el momento de iniciar la lucha armada, el tono se vuelve frenético:47
Desarraiguemos las hierbas venenosas, eso es veneno puro, cáncer a los huesos, nos corroería; no
lo podemos permitir, es putrición y siniestra pus, no lo podemos permitir, menos ahora [...]
desterremos esas siniestras víboras [...] no podemos permitir ni cobardía ni traición, son áspides
[...] Comencemos a quemar, a desarraigar esa pus, ese veneno, quemarlo es urgente. Existe y eso
no es bueno, es dañino, es una muerte lenta que nos podría consumir [...] Los que están en esa
situación son los primeros que tienen que marcar a fuego, desarraigar, reventar los chupos. De
otra manera la ponzoña sería general. Venenos, purulencias hay que destruirlas [...]. (PCP-SL
1980b)

El tono da un indicio de lo que serán en el futuro la «lucha entre las dos líneas» dentro del
PCP-SL y los «acuchillamientos» verbales entre militantes para poder mantenerse dentro de la
estructura partidaria donde el vértice único es, más que nunca a partir de estos años, Abimael
Guzmán.
Los opositores que piensan que iniciar la lucha armada no es la mejor opción aparecen,
además, como descreídos: «Algunos qué poca fe tienen, qué poca caridad, qué poca esperanza
[...] hemos tomado las tres virtudes teologales‖ para‖ interpretarlas.‖ Pablo‖ dijo‖ “hombre‖ de‖ fe,‖
esperanza‖y‖caridad”».‖Se‖trata‖de‖un‖proceso‖argumentativo‖en‖el‖que‖el‖orador‖va‖venciendo‖
todas las resistencias de su auditorio y lo va moldeando a su imagen y semejanza, más como el
herrero que como el alfarero, porque, como repetirá en los años siguientes refiriéndose a
quienes no han visto la luz del partido: «No va a ser fácil que acepten [...] requerirán hechos
contundentes [...] que les martillen en sus duras cabezas, que les hagan saltar a pedazos sus
especulaciones, para que en sus almas también anide la realidad de esta patria nuestra».

clausurarse la I Escuela Militar del PCP-SL el 19 de abril de 1980, a menos de un mes del inicio de las
acciones armadas.
47 El tono permite entender por qué, para Guzmán, «la esencia de la revolución cultural era cambiar el

alma» (PCP-SL 1991a: 2-3)

82
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

El discurso anuncia la metodología que el PCP-SL empleará con las denominadas «masas».
Para los «enemigos de clase», la perspectiva es todavía peor:
El pueblo se encabrita, se arma y alzándose en rebelión pone dogales al cuello del imperialismo y
los reaccionarios, los coge de la garganta, los atenaza; y, necesariamente los estrangula,
necesariamente. Las carnes reaccionarias las desflecan, las convierten en hilachas y esas negras
piltrafas las hundirá en el fango, lo que quede lo incendiará [...] y sus cenizas las esparcirá a los
vientos de la tierra para que no quede sino el siniestro recuerdo de lo que nunca ha de volver
porque no puede ni debe volver. (PCP-SL 1980b)

La virulencia del lenguaje anuncia la violencia que vendrá, porque, después de la reunión
denominada «Inicio de la lucha armada» (ILA), «la destrucción [del partido] ha sido
conjurada». La reconstitución del partido ha culminado y los militantes se convierten en
alquimistas de luz:
Somos un torrente creciente contra el cual se lanza fuego, piedras y lodo; pero nuestro poder es
grande, todo lo convertiremos en nuestro fuego, el fuego negro lo convertiremos en rojo y lo rojo
es luz. Eso somos nosotros, ésa es la Reconstitución. Camaradas, estamos reconstituidos. (PCP-SL
1980b)

Lo que viene luego es el Apocalipsis. Los participantes de la I Escuela Militar, que hoy
sabemos que se realizó en Lima y no en Chuschi, como afirmó por mucho tiempo la historia
oficial del PCP-SL, firmaron un compromiso:
Los comunistas de la I Escuela Militar del Partido, sello de los tiempos de paz y apertura de la
guerra popular, nos ponemos en pie de combate como sus iniciadores, asumiendo bajo la
dirección del Partido y ligados al pueblo, la forja de las invencibles legiones de hierro del Ejército
Rojo del Perú. ¡El futuro está en el cañón de los fusiles! ¡La revolución armada ha comenzado!
¡Gloria al marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung! - Viva el Partido Comunista del Perú!
¡Por el camino del camarada Gonzalo, iniciemos la lucha armada! (Gorriti 1990: 67)

Lo que Guzmán define como «reconstitución del Partido Comunista» y su militarización no


sólo precipitó el «Inicio de la Lucha Armada», sino que constituyó un paso decisivo hacia el
culto a la personalidad de Abimael Guzmán. Mariátegui fue quedando en el olvido y el
«desarrollo» de su pensamiento realizado por el líder se transformó en «pensamiento guía» de
Guzmán, quien todavía no se autodenominaba «presidente».
De entre todas las reuniones que se acaban de reseñar, destaca con nitidez el IX Pleno
Ampliado del Comité Central, celebrado entre mayo y julio de 1979. En el IX Pleno se reconoció
a Guzmán como «jefe del partido y la revolución», reconocimiento mucho más importante que
el cargo de «secretario general», que siempre despreció. En ese mismo pleno, a semejanza de
Mao en la Revolución Cultural, Guzmán depuró el Comité Central y conformó el Comité
Permanente Histórico, autorizado a dirigir el partido en situación de crisis. Nótese que ese
Comité Permanente estaba integrado por Guzmán; Augusta La Torre (Nora), su esposa; y Elena
Iparraguirre (Miriam), su futura compañera. Ésa es la dirección que al año siguiente concretó el
ILA.

*****
Se ha hecho corriente la idea de que el PCP-SL surgió exclusivamente en Ayacucho. Sin
embargo, desde 1970, el PCP-SL tuvo pequeños núcleos de militantes en Lima y en otras
ciudades. El 14 de noviembre de 1972 se reunió el entonces denominado Comité Regional 14 de
Junio para construir los organismos generados entre los trabajadores de las distintas ramas de la
producción. Luego, en su tercera sesión plenaria de febrero de 1973, el Comité Metropolitano
decidió desarrollar un trabajo de «frente» entre sectores de la «pequeña burguesía» y
aparecieron así la filial limeña del Centro de Trabajo Intelectual Mariátegui; el Comité
Femenino Popular, que pasó a llamarse Movimiento Femenino Popular desde mayo de 1973; y,
además, el Centro de Autoeducación Obrera.
Ante la ausencia de directivas claras sobre el trabajo partidario en Lima, éste adquirió lo

83
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

que Guzmán consideró luego, con desaprobación, «claros matices obreristas». De este modo, en
junio de 1975, Guzmán, ya para entonces en Lima, decidió que el trabajo urbano del partido
estuviese guiado por la formación de un amplio frente de «masas»: «obrero como dirigente y
barrios como masa». Un sector insistió en que debía profundizarse la presencia del partido en el
movimiento sindical —«darle más ideología a la clase obrera»— para que fuera el motor
principal de la revolución, en desacuerdo con los dogmas maoístas. La polémica interna fue
tomando forma en el contexto de auge sindical que se vivía por entonces y que se expresó pocos
años después con gran fuerza en los paros nacionales de 1977 y 1978, de los cuales la dirección
del PCP-SL tomó distancia por considerarlos «revisionistas».
En noviembre de 1975, durante el desarrollo de la quinta sesión plenaria del Comité Central
correspondiente a la VI Conferencia Nacional, la corriente liderada por Guzmán expulsó a la
«facción bolchevique» de Lima por considerarla «liquidacionista de izquierda».48 En los años
siguientes, el PCP-SL desarrolló un trabajo muy pequeño en Lima. El 11 de mayo de 1976, la
primera célula obrera del PCP-SL repartió clandestinamente volantes en diversos distritos de
Lima. Ese mismo año, en medio de una atmósfera de pugnas internas, se realizó la XIII
Convención de la Coordinación Metropolitana, en la que acordaron que el Movimiento
Femenino Popular y el Frente Estudiantil Revolucionario, así como el Comité de Autoeducación
Obrera, se convirtieran en los pilares de la reconstrucción del partido en Lima en función de la
guerra popular. De esa manera, empezaron a crear puntos de apoyo para el trabajo zonal y se
reforzó el trabajo en algunas universidades, especialmente en San Marcos y en La Cantuta.
Asimismo, se volvió a analizar el papel que cumplirían las ciudades en la «guerra popular».
Pero, a diferencia de lo que sucedía en Ayacucho, en Lima, el liderazgo de Abimael
Guzmán no era reconocido unánimemente. Algunos consideraban que era necesario desarrollar
más trabajo organizativo y discrepaban de la propuesta de iniciar la lucha armada en un corto
plazo. Ellos eran los que, según Guzmán, enarbolaban la «bandera negra» en el histórico IX
Pleno Ampliado de 1979. Así, los dirigentes limeños fueron parte de «la línea oportunista de
derecha» opuesta a la preparación de la lucha armada, línea que al cabo resultó vilipendiada y
expulsada.
Luego del IX Pleno Ampliado del Comité Central, el PCP-SL acordó intensificar el trabajo
para captar nuevos trabajadores. Poco después, durante la I Conferencia Nacional Ampliada del
Comité Central llevada a cabo entre noviembre y diciembre de 1979, el Comité Metropolitano
empezó a ejecutar su plan de desarrollar «grupos armados sin armas». Finalmente, del 2 al 19
de abril de 1980, se llevó a cabo la Primera Escuela Militar en la zona este de Lima, dirigida
personalmente por Guzmán. Al final del evento, se acordó ejecutar el primero de los seis planes
militares que desarrolló el PCP-SL entre mayo de 1980 y noviembre de 1999.49 Estos planes
militares fueron:
 Primer plan: Inicio de la lucha armada (del 17 de mayo a diciembre de 1980)
 Segundo plan: Desplegar la guerra de guerrillas (de enero de 1981 a enero de 1983)
 Tercer plan: Conquistar bases de apoyo (de mayo de 1983 a septiembre de 1986)
 Cuarto plan: Desarrollar bases de apoyo (de noviembre de 1986 a julio de 1989)
 Quinto plan: Desarrollar bases en función de la conquista del poder (de agosto de 1989
a agosto de 1992)
 Sexto plan: Construir la conquista del poder (de septiembre de 1992 a noviembre de
1999)50

48 Es decir, utilizaban un lenguaje ultraizquierdista pero sin ninguna aplicación práctica que permitiera
avanzar al partido. Véase la explicación de este proceso en PCP-SL 1986a.
49 «El Partido en la II Sesión Plenaria del Comité Central ha definido "Desarrollar la Militarización del

Partido a través de acciones"; sanciona que a través de acciones bélicas el Partido devendrá la poderosa y
reconocida vanguardia de la clase obrera del Perú, el reconocido centro de la revolución peruana. La II
Sesión Plenaria ha sancionado un "plan de inicio de la lucha armada" que soluciona un problema no
resuelto hasta hoy: el inicio de la lucha armada» (PCP-SL 1980a).
50 El sexto plan militar fue mencionado por Guzmán en la arenga que pudo pronunciar cuando fue

84
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

2.1.4. EL DESARROLLO DE LA DENOMINADA «GUERRA POPULAR» DEL PCP-SL

[Link]. Los inicios


El 17 de mayo de 1980, en la localidad ayacuchana de Chuschi, cinco sujetos armados y
encapuchados irrumpieron en el local donde se guardaban las ánforas y padrones para las
elecciones nacionales del siguiente día y quemaron once de ellas. El hecho mereció poca
atención en los diarios de Lima. Sin embargo, fue reivindicado por el PCP-SL como la
concreción del Inicio de la Lucha Armada (ILA), primera fase del Plan de Inicio de la Lucha
Armada mencionado líneas arriba, que incluiría una segunda fase: Impulsar la Guerra de
Guerrillas.
Desde el ataque en Chuschi hasta el 29 de diciembre de 1982, día en que las Fuerzas
Armadas ingresaron a combatir la subversión en Ayacucho, se desarrolló una primera etapa de
la «guerra» desencadenada por el PCP-SL. Como se verá, si bien se realizaban acciones en
diferentes partes del país, en esta primera etapa el conflicto armado se concentró en lo que el
PCP-SL denominaba su Comité Regional Principal, que abarcaba las provincias del norte de
Ayacucho, así como Andahuaylas, en Apurímac, y el departamento de Huancavelica, salvo la
provincia de Tayacaja.
Esta fue una etapa de avance militar del PCP-SL. Se inició con los denominados «grupos
armados sin armas», que en un primer momento conseguían su armamento robando dinamita
en alejadas minas o asaltando policías. Su objetivo era formar «destacamentos guerrilleros».
Hacia mediados de 1981 incrementaron sus acciones y comenzaron a asaltar algunos puestos
policiales, hasta que el 3 de marzo de 1982 concretaron el asalto a la cárcel de Huamanga, la
acción militar más importante en este período, en la que participaron los principales
destacamentos que había logrado formar el PCP-SL en su Comité Regional Principal. En los
meses siguientes, se multiplicaron los asaltos a puestos policiales, primero en capitales
distritales alejadas y luego en pueblos importantes como Vilcashuamán, atacado por segunda
vez el 22 de agosto de 1982 con un saldo de siete policías muertos. El 3 de diciembre de ese año,
cumpleaños de Abimael Guzmán, el PCP-SL hizo oficial el nacimiento del denominado «ejército
guerrillero popular» (EGP).51 Poco después, las Fuerzas Armadas se hicieron cargo de la lucha
contrasubversiva en Ayacucho.
En el plano político, después de los acuerdos del IX Pleno Ampliado y de la concreción del
ILA, la decisión más importante fue la aprobación del segundo plan militar, Desplegar la
Guerra de Guerrillas, que se extendió de enero de 1981 a enero de 1983 y que constó de las
campañas denominadas Conquistar Armas y Medios, Remover el Campo con Acciones
Guerrilleras y Batir para Avanzar hacia las Bases de Apoyo. Dentro de este plan, existen dos
decisiones que son indispensables de destacar, pues señalan el rumbo extremadamente
sangriento que iba a seguir la «guerra popular» senderista.
La primera fue el acuerdo de mayo de 1981 sobre la denominada «cuota» (de sangre)
necesaria para el triunfo de la revolución. Guzmán incitó a sus militantes a «llevar la vida en la
punta de los dedos» y a estar dispuestos a morir, pero, sobre todo, a matar por la revolución, y
hacerlo de los modos más brutales. La vesania comenzó a manifestarse pronto en los ataques a
los puestos policiales —por ejemplo, arrojaron ácido en la cara de los guardias que defendían el

presentado a la prensa el 24 de septiembre de 1992 después de su captura realizada el día 12 del mismo
mes. En esa ocasión, Guzmán llamó a su organización a «proseguir» el plan. Se fija como término de este
sexto plan el mes de noviembre de 1999, por ser entonces cuando se capturó a Óscar Ramírez Durand,
Feliciano, lo que impidió definitivamente la continuación del mismo.
51 El «ejército guerrillero popular» estuvo conformado por tres tipos de fuerzas: principal, local y de base.

«Una situación muy importante es cómo el Presidente Gonzalo concibe el Ejército Guerrillero Popular
incorporando a las milicias populares, conformado por tres fuerzas: principales, locales y de base, que
actúa en campo principal y en ciudad como complemento; esto es un gran paso hacia el mar armado de
masas» (PCP-SL 1988c).

85
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

puesto de Tambo, en la provincia ayacucha de La Mar— y, sobre todo, en los dirigidos a las
autoridades estatales y a los dirigentes comunales.
La segunda fue la decisión de «batir el campo» (y batir significa para el PCP-SL «arrasar y
no dejar nada»), crear vacíos de poder y conformar los comités populares que constituían el
germen del «nuevo poder» senderista. Fue en este preciso momento, al dirigir su violencia
contra la sociedad campesina sobre la que pretendía asentarse, cuando el PCP-SL activó una
fuente de descontentos que después no pudo controlar y sembró semillas de rebelión entre
quienes quería que fueran sus aliados principales: los campesinos pobres de Ayacucho.

[Link]. 1980-1982: avance sorpresivo


El PCP-SL resultó un enemigo inesperado para los gobiernos saliente y entrante. Sin
embargo, hubo advertencias que pasaron desapercibidas. En octubre de 1979, el jefe militar de
Ayacucho, al parecer por propia iniciativa, realizó una operación especial de inteligencia y
encontró manifestaciones de la presencia e influencia del PCP-SL tanto en Vilcashuamán como
en Vischongo; pero, al no encontrar evidencias de entrenamiento de una guerrilla tradicional,
con campamentos o depósitos de armas, no les dio mayor importancia. Asimismo, durante los
meses anteriores a la quema de ánforas en Chuschi, notas de inteligencia de la Marina y el
Ejército daban cuenta de diversas acciones de propaganda subversiva en Pomacocha,
Vilcashuamán y Vischongo, así como de la posibilidad de «actos de sabotaje, enfrentamientos
con fuerzas del orden y probables atentados a los locales de la G[uardia] C[ivil]» (Gorriti 1990:
82). En Ayacucho y alrededores, diversas pintas anunciaban el inicio de la «guerra popular». En
Lima, el 1 de mayo el PCP-SL proclamó esa decisión a través de un volante titulado «La
celebración del Primero de Mayo por el proletariado revolucionario», suscrito por el
Movimiento de Obreros, Trabajadores y Campesinos. Nadie prestó atención a esas
advertencias, tal vez demasiado pequeñas en medio de la primera campaña electoral en
diecisiete años y la agitación social de esos meses.
Más allá de estos atentados y asaltos, es necesario aclarar que, para el PCP-SL, su mejor
arma era la ideología. El militante en posesión de la línea del partido no dependía de las armas;
como se señala en un documento del Comité Central, su organización militar «se basa en los
hombres y no en las armas» (PCP-SL 1989b). Eso explica que la consigna del Inicio de la Lucha
Armada fuera «iniciamos la guerra con las manos desarmadas» y que cada militante asumiera
la responsabilidad de conseguir su armamento. El exceso de confianza en la ideología llegaba al
extremo de considerar que las armas modernas no eran necesarias para el desarrollo de la
«guerra popular».
Tres meses después de Chuschi, en una reunión iniciada el 8 de agosto, la dirección del
PCP-SL evaluó el desarrollo de los primeros meses de la «lucha armada». Guzmán derrochaba
entusiasmo mientras subrayaba el éxito de las acciones realizadas:
El Plan de Inicio, su aplicación y el remate de las primeras acciones son brillantes y rotundo éxito
de trascendencia‖y‖gran‖repercusión‖*<+‖la‖aplicación‖del‖Plan‖de‖Inicio‖de‖la‖lucha‖armada,‖*<+‖
ha estremecido al país poniendo al Partido en el centro de la lucha de clases, en el centro de la
contienda política‖*<+‖hemos‖entrado‖a‖la‖forma‖superior‖de‖lucha,‖lucha‖armada‖para‖destruir‖el‖
viejo orden y construir la nueva sociedad. (PCP-SL 1980c)

Su tono adquiría matices mesiánicos al hablar del futuro de su guerra:


Larga ha de ser pero fructífera; cruenta ha de ser pero brillante; dura ha de ser pero vigorosa y
omnipotente.‖ Se‖ ha‖ dicho‖ que‖ con‖ fusiles‖se‖transforma‖ el‖mundo,‖ ya‖ lo‖ estamos‖ haciendo‖ *<+‖
Para todo Partido Comunista llega un momento que asumiendo su condición de vanguardia del
proletariado en armas rasga los siglos; lanza su rotundo grito de guerra y asaltando los cielos, las
sombras y la noche, comienzan a ceder los viejos y podridos muros reaccionarios, comienzan a
crepitar y crujir como frágiles hojas ante tiernas y nuevas llamas, ante jóvenes pero crujientes
hogueras. La guerra popular comienza a barrer el viejo orden para destruirlo inevitablemente y

86
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

de lo viejo nacerá lo nuevo y al final como límpida ave fénix, glorioso, nacerá el comunismo para
siempre. (PCP-SL 1980c)

La respuesta del Estado fue desordenada, en gran medida debido a la carencia de un


diagnóstico adecuado del problema. Mientras que algunos miembros de las Fuerzas Armadas
culpaban a movimientos de izquierda incorporados a la legalidad, parlamentarios de izquierda
acusaban al presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y al jefe del Servicio de
Inteligencia del Ejército de orquestar una campaña de persecusión aprovechando los atentados
dinamiteros. El partido de gobierno insistía en la tesis de la conspiración internacional.
El nuevo año, 1981, comenzó con la intensificación de las acciones del PCP-SL, que incluían
robos de armas. La sensación de urgencia en la policía se reforzó desde comienzos de año
cuando se advirtió que los puestos policiales iban camino de convertirse en el principal objetivo
senderista. Para entonces, el PCP-SL contaba con una organización disciplinada, un sistema
eficaz de comunicaciones y una dirección centralizada.
El PCP-SL ejecutaba desde enero de 1981 su segundo plan militar, Desplegar la guerra de
guerrillas.52 Conocido también como La Gran Ola, este plan tendría dos momentos. La primera
ola del segundo plan militar fue Abrir Zonas Guerrilleras en Función de las Bases de Apoyo,
mientras que la segunda se llamó Desplegar la Guerra de Guerrillas. En abril de 1981 culminó la
primera ola. Los atentados habían pasado de pequeñas acciones contra oficinas estatales en
poblados del interior a la voladura de torres de alta tensión del sistema interconectado de la
Central Hidroeléctrica del Mantaro en la sierra central, la mayor proveedora de energía del país.
Por entonces, el PCP-SL se dispuso a iniciar la segunda ola, que duró de mayo a julio de
1981 y que tuvo tres momentos correspondientes a otros tantos objetivos: primero, «conquistar
armas y medios»; segundo, «remover el campo con acciones guerrilleras»; y, tercero, «batir al
enemigo». Según Guzmán, fue una enorme sorpresa la facilidad con que se creó el vacío de
poder en vastas zonas donde actuaban. Pero este «éxito» los obligó a tomar una decisión no
considerada originalmente en el Plan de Inicio de la Lucha Armada, y que se alejaba de la
experiencia maoísta, como fue la de iniciar la construcción del «nuevo estado» mediante
«comités populares» en las zonas donde habían creado «vacío de poder». En agosto se inició la
tercera ola, que duró hasta septiembre de 1981, básicamente con características semejantes a las
anteriores.
La cuarta sesión plenaria del Comité Central realizada en mayo de 1981 precisó los planes
iniciales para el desarrollo de la «guerra de guerrillas» y acordó intensificar la violencia. Si lo
que se buscaba era crear vacío de poder, entonces era necesario aplicar el aniquilamiento
selectivo. De otro lado, si el número de acciones debía aumentar, era necesario que sus
seguidores fueran más audaces y asumieran mayores retos. A esto último se le denominó «la
cuota» que tenía que pagarse; así, también se incitaba al Estado a replicar de manera
desproporcionada a fin de que «muestre su faz antidemocrática».
Al acercarse el fin de 1981, los integrantes de los destacamentos del PCP-SL habían
acumulado ya una cierta experiencia militar. El 11 de octubre, cincuenta personas conducidas
por un grupo de subversivos armados arrasaron el puesto policial de Tambo, en la provincia de
La Mar, Ayacucho, mataron a tres policías y se apoderaron de dos metralletas y tres revólveres.
La consigna de conseguir armas «batiendo» a las Fuerzas Policiales se cumplía en el campo y en
la ciudad, donde se asesinaba a guardias civiles para arrebatarles sus revólveres.
El 12 de octubre el gobierno declaró en estado de emergencia cinco de las siete provincias
de Ayacucho (Huamanga, Huanta, Cangallo, La Mar y Víctor Fajardo), suspendió por sesenta
días las garantías constitucionales relativas a la libertad y la seguridad individual, y envió al
destacamento policial contrasubversivo de los sinchis a Ayacucho. La desinformación de los

52En la bibliografía existente, se encuentran ciertas divergencias sobre el nombre de este plan. «Desplegar
la guerra de guerrillas» es el nombre empleado por Guzmán en una entrevista con la CVR realizada en la
Base Naval del Callao, el 21 de octubre de 2002.

87
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

funcionarios estatales seguía siendo muy grande. El viceministro del Interior, Héctor López
Martínez, sostuvo por entonces que los grupos terroristas tenían apoyo internacional y señaló
como responsables de las acciones subversivas, además del PCP-SL, al PCP Pukallacta y al MIR
IV Etapa, organización que había dejado de existir en 1979.
En el siguiente balance de febrero de 1982, Abimael Guzmán señalaba como grandes logros
de la «guerra popular» haber forjado el temple del partido, haber permitido la formación y
construcción de una fuerza armada dirigida por el partido y «la cantidad grande y la calidad
cada vez más alta» que alcanzaban sus acciones armadas.
El país tomó conciencia de la magnitud del problema a raíz de la fuga del centro
penitenciario de Huamanga, el 2 de marzo de 1982. Según Guzmán, la idea original era llevar a
cabo un plan de fuga de alcance nacional, pero no les fue posible coordinar un proyecto de esa
envergadura. Sin embargo, lograron la fuga de 304 presos, (de los cuales aproximadamente
setenta eran senderistas), entre los que se encontraban Hildebrando Pérez Huarancca y Edith
Lagos. Fue la acción militar más grande emprendida por el PCP-SL hasta esa fecha y se realizó
con una eficacia sorprendente. Mientras se realizaba el ataque, las fuerzas militares
permanecieron en el cuartel Los Cabitos, a las afueras de la ciudad de Huamanga, esperando de
Lima la orden de intervenir, orden que nunca llegó.
Las fuerzas del orden respondieron con gran violencia. Agentes de la Guardia Republicana
(GR) asesinaron a tres senderistas detenidos, que se encontraban heridos e internados en el
hospital de Huamanga. Por otro lado, en abril de 1982 se inició el traslado de los presos
acusados de terrorismo a la costa, al reabierto penal situado en la isla El Frontón, para prevenir
nuevos asaltos como el de Huamanga.

Lima: difícil complemento


Los documentos del PCP-SL muestran que en el IX Pleno Ampliado de 1979, la oposición al
plan de iniciar la guerra tuvo uno de sus reductos en el Comité Metropolitano de Lima aunque,
finalmente,‖ «*<+‖ el‖ partido [...] aplastó cabal y completamente a la línea oportunista de
derecha» (PCP-SL 1986a). Depurado el partido, debía militarizarse. En el ámbito urbano eso
significó‖comenzar‖por‖los‖grupos‖sin‖armas:‖«*<+‖de‖esas‖ardientes‖semillas‖brotar{n‖ardientes‖
girasoles». Sin embargo, en las ciudades, lo más importante era el trabajo de «frente único».
Para esto, el PCP-SL se impuso como tarea la captación de pobladores a través de los
«organismos generados» como el Movimiento Femenino Popular, el Movimiento de Obreros y
Trabajadores Clasistas, el Movimiento Magisterial, el Movimiento Intelectual Popular y el
Movimiento de Artistas Populares. Asimismo, fue en este período cuando se creó Socorro
Popular, inicialmente concebido para asumir lo concerniente a la salud y apoyo legal a los
militantes senderistas.
La primera fase de esta campaña senderista desatada en Lima tomó impulso en 1982. Entre
las acciones que más conmoción produjeron en la ciudad se deben mencionar los ataques a las
redes de fluido eléctrico con la intención de generar apagones. Mediante esos y otros atentados,
el Comité Metropolitano cobró mayor importancia en la organización y buscó ampliar su radio
de acción fortaleciendo su presencia en las universidades y extendiendo su red organizativa
hacia los barrios marginales de Lima así como a los conglomerados obreros situados en la
Carretera Central, vía de acceso y salida de la capital hacia la sierra.
No obstante, Guzmán tenía la impresión de que el llamado «Metro» no tenía el suficiente
compromiso con la lucha armada. A eso se añadían algunos problemas de organización y
preparación para realizar ataques de envergadura, que se evidenciaron en algunos fracasos
estrepitosos. El «Metro» era todavía un problema para la organización.

88
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

[Link]. El «nuevo poder» en el campo y el ingreso de las Fuerzas Armadas


Hacia octubre de 1982, finalizó la primera campaña de Batir el Campo (Batir 1) del segundo
plan militar Desplegar la Guerra de Guerrillas, iniciada en julio del mismo año bajo la consigna
de «luchar contra el gamonalismo y el poder local y aniquilar las fuerzas vivas de la reacción».
Desde noviembre de 1982 hasta marzo de 1983, el PCP-SL llevó adelante su segunda campaña
de Batir el Campo (Batir 2), en la cual impulsó las siembras y cultivos colectivos, así como el
reparto de tierras confiscadas.
Las acciones de los subversivos, en especial los ataques a puestos de la Guardia Civil,
provocaron un repliegue del Estado en vastas zonas del campo ayacuchano y, en menor
medida, también en Huancavelica y Apurímac. El PCP-SL empezaba a presentarse ahí como un
nuevo poder local.
Entre 1980 y 1982, el PCP-SL había logrado conformar numerosos comités populares,
«germen del Nuevo Estado», que organizaban la vida social y económica de las comunidades e
intentaban imponer una economía autárquica. A partir del año 1982, el PCP-SL prohibió que la
población comerciara sus productos y cerró algunas ferias como la de Lirio en Huanta o la de
Huancasancos. En su II Conferencia Nacional, el año 1982, el PCP-SL planteaba que
[...] con la formación de los comités populares, damos otro paso para establecer nuevas relaciones
de producción, siembra colectiva, trabajo colectivo, cosecha colectiva. Una cosa es repartir tierras
y otra el trabajo colectivo y en el país hay tradición, el ayni y con eso se introduce la ayuda mutua
y es sembrar socialismo. El reparto de la tierra es cuando hay cierta consolidación de la base de
apoyo. Luego hemos planteado organizar todo un pueblo en el trabajo colectivo a partir del
convencimiento. Hay tierras particulares y comunes, en ambas se trabaja colectivamente pero
quien tiene más tierra debe dar una especie de impuesto y juntar una parte para los más pobres y
otra parte quedaba como fondo para la manutención del ejército. Luego nos hemos planteado
cómo mejorar la producción, porque el campesino tiene que ver que la revolución le da beneficio,
sembrar tunas, buscar mejorar semillas, la cochinilla, el abono. Por eso hay Comisario de
Producción que se preocupe de esos problemas. Comercio, trueque, arrieraje, mejorar la
alimentación con el cuy. Hemos planteado que las Bases de Apoyo sean autosuficientes y en el
campo hay todo para vivir, lo que falta es el fósforo y el kerosene, apuntar a economía autárquica.
Tomar la agricultura y la pecuaria. En falta de tierras abrir nuevas tierras, hacer andenes.
Nosotros sí podemos hacer una economía y sostener el Nuevo Estado basándonos en nuestras
propias fuerzas. Política directamente ligada a la guerra.

Los comités populares estaban conformados por varios comisarios. El comisario secretario
«dirige el [Link]., se reúne con los otros 4 estableciendo el plan de gobierno y cada uno plasma
los acuerdos». El comisario de seguridad «planifica y propone [el] plan de defensa de los
[Link]., la vigilancia se organiza y se cumple día y noche con hombres, mujeres y niños [...]». El
comisario de producción «se encarga de planificar y organizar las siembras colectivas y
distribuye las semillas.» El comisario de asuntos comunales aplica la «justicia muy elemental
pero la ejercen para resolver daños, litigios, poner sanciones» y el comisario de organizaciones
populares, «organiza los organismos generados en los pueblos» (PCP-SL 1989a).
En la zona de Huancasancos, el comisario de producción dirigía los arrasamientos 53 y
distribuía los bienes y animales saqueados, que era obligatorio recibir:
*<+‖ eso‖ también‖ era‖ obligatorio‖ *asistir‖ a la repartición] si nadie iba a recoger carne, ya era
marcado. Entonces de miedo íbamos mujeres y varones, también los hijos, todos recibían pero era
según, por ejemplo el que tenía menos oveja le daban dos kilos de carne, ya sabían todo eso ellos,
a los otros un kilo, medio kilo.54

En julio de 1982 se vivió la mayor ofensiva senderista desde el inicio de la lucha armada: 34

53 «En Batir —señala un documento senderista— la clave es arrasar. Y arrasar es no dejar nada» (PCP-SL
1982).
54 CVR. Testimonio de una comunera de Sacsamarca de 45 años.

89
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

acciones terroristas y cinco incursiones masivas en pequeños poblados, ataques a


municipalidades en Ayacucho y el asesinato del alcalde y de un comerciante de Hualla, en
Víctor Fajardo, a los que se acusó de «soplones». El 22 de agosto fue atacado el puesto de la GC
en Vilcashuamán y, tras cinco horas de enfrentamientos, el saldo fue de siete policías muertos.
El 2 de septiembre murió Edith Lagos en Umacca, departamento de Apurímac, en un
enfrentamiento con la Guardia Republicana. El obispo auxiliar de Ayacucho realizó una misa de
cuerpo presente y acudieron al sepelio alrededor de diez mil personas. Durante los años
siguientes, la senderista, muerta a los 19 años de edad se convirtió en una suerte de ícono en la
región del sur central del país.
La creciente sensación de desgobierno suscitada por el asesinato de funcionarios públicos y
los continuos asaltos a puestos policiales en Ayacucho, precipitaron la decisión del ingreso de
las Fuerzas Armadas en la lucha contrasubversiva. El 27 de diciembre 1982, el ex presidente
Fernando Belaunde dio un ultimátum de 72 horas «para que los terroristas entreguen las
armas» antes de que las Fuerzas Armadas tomaran el control de la zona de emergencia. De esta
forma, el general Roberto Clemente Noel Moral fue nombrado jefe del comando político-militar
de la zona de emergencia y, el 31 de diciembre, dos mil miembros de las Fuerzas Armadas
tomaron posesión de las provincias en emergencia. Las provincias de Huanta y La Mar fueron
asignadas a la Infantería de Marina bajo la dirección del comandante Vega Llona. Comenzaba la
etapa más cruenta del conflicto armado interno en la sierra del sur central.

[Link]. El PCP-SL entre 1983 y 1985


Los dos primeros planes militares del PCP-SL‖―Plan‖de‖Inicio‖de‖la‖Lucha‖Armada‖y‖Plan‖de‖
Desplegar‖ la‖ Guerra‖ de‖ Guerrillas―‖ transcurrieron,‖ en‖ conjunto, desde mayo de 1980 hasta
enero de 1983. En dos años, el PCP-SL se había instalado sólidamente en las zonas rurales de
Ayacucho, contando para ello con su carácter radicalmente autárquico pero, sobre todo, con la
aceptación o la neutralidad de sectores sociales significativos, especialmente campesinos,
persuadidos por el discurso de justicia e inclusión propuesto por los subversivos, sin imaginar
los estragos que la violencia iba a producir en sus vidas en los años siguientes.
La Infantería de Marina tomó a su cargo el control de la provincia de Huanta el 21 de enero
1983. Una de las primeras medidas que la Marina de Guerra aplicó en Huanta fue agrupar a los
campesinos en núcleos poblados y organizarlos en Comités de Defensa Civil, al estilo de las
Aldeas Estratégicas organizadas por el ejército estadounidense en Vietnam y las Patrullas de
Autodefensa Civil de Guatemala. En la mayoría de los casos, la medida provocó resentimientos
y una resistencia pasiva entre los comuneros de estos pueblos, debida no solamente a la
incertidumbre económica que implicaba su mudanza, sino también a la profunda rivalidad que
desde tiempo atrás existía entre algunas comunidades que ahora estaban obligadas a convivir.
A pesar de la cruenta actividad contrasubversiva desplegada por los militares, el PCP-SL no
se replegó. Por el contrario, decidió dar un paso adelante, pues Guzmán consideraba que en los
primeros dos años de su lucha armada habían ganado una sólida base social entre el
campesinado:
¿Cómo se explica que no nos han podido golpear seriamente, incluso con semejante genocidio? El
de 1983, 1984, ¿cómo explican esto? [...] Habría que ver las relaciones que hay con la gente, ese
tipo de relaciones que hay.55

En marzo del 1983, el PCP-SL realizó una reunión de Comité Central Ampliado en la cual se
acordó llevar a cabo el tercer plan militar, Conquistar Bases de Apoyo. Se establecieron cuatro
tareas políticas: la reorganización general del partido, la formación del «ejército guerrillero
popular», la formación del comité organizador de la República Popular de Nueva Democracia y
la formación del Frente Revolucionario de Defensa del Pueblo. En otras palabras, el PCP-SL
decidió iniciar la construcción de su «nuevo estado»:

55 CVR. Entrevista. Base Naval del Callao, 29 de octubre de 2002.

90
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

En el Comité Central Ampliado de marzo 83, el Presidente Gonzalo desarrolla más la línea de
construcción del Frente-Nuevo Estado. Plantea los niveles en que se organiza el nuevo Estado:
Comités Populares; Bases de Apoyo y República Popular de Nueva Democracia. Las funciones de
las Bases de Apoyo y del Comité Organizador de la República Popular de Nueva Democracia son
de dirección, planificación y organización; y cada Base debe elaborar su propio Plan específico.
Establece que los Comités Populares son concreciones del nuevo Estado, son Comités de Frente
Único; dirigidos por Comisarios que asumen funciones estatales por encargo, elegidos en las
Asambleas de Representantes y sujetos a remoción. Son hasta hoy, clandestinos, marchan con
Comisiones, dirigidos por el Partido aplicando los «tres tercios»: un tercio de comunistas, un
tercio de campesinos y un tercio de progresistas y sostenido por el Ejército; aplican la dictadura
popular, la coerción y la seguridad ejerciendo con firmeza y decisión la violencia a fin de
defender al nuevo Poder contra sus enemigos y proteger los derechos del pueblo.
El conjunto de Comités Populares constituyen la Base de apoyo y el conjunto de Bases de apoyo
es el collar que arma la República Popular de Nueva Democracia, hoy en formación. (PCP-SL
1988c)

Se fijaron, además, los ejes principales y secundarios de lucha, es decir, las líneas de
desplazamiento de las columnas senderistas en el territorio con el objetivo de mantener la
presencia del PCP-SL en las zonas donde las Fuerzas Armadas asumían el control de la
población. Se definió, asimismo, las «4 formas de lucha y los 11 procedimientos» y se acordó
«defender, desarrollar y construir el nuevo poder».56 Se contempló, además, los planes de
expansión del trabajo partidario, se abrió el trabajo en la zona del Huallaga y se impulsó la
ampliación de la lucha en las ciudades.
Mientras se desarrollaba una enérgica campaña contrasubversiva con el ingreso de las
Fuerzas Armadas a la zona de Ayacucho, Guzmán decidió el despliegue de los «comités
populares», que remplazaban a las autoridades locales por los comisarios, como la base de una
vasta propuesta de creación de un nuevo poder. Los «comités populares» de un área formaban
una «base de apoyo» y el conjunto de éstas debían formar la «República Popular de Nueva
Democracia en formación». Como puntualizaba Guzmán, se trataba de estructuras clandestinas
que permitirían proteger a sus militantes.
Se ha abatido a la policía no preparada para esas condiciones. Incluso los operativos que ha
realizado la policía contra nosotros la primera vez, fue un operativo de intervalo, condenado al
fracaso debido a la extensión del territorio y a la reducida cantidad de fuerzas que tenía. Esto
obligó a que la policía fuera dejando zonas. [...] ¿Qué sucedió entonces? Vacío de poder. ¿Qué
hacemos? Está discutido en un evento partidario, porque todas las cosas se determinaron así,
como corresponde a una agrupación como la nuestra. Entonces se planteó la creación de una
modalidad estatal. [...] Pero como no había fuerzas suficientes para atender este poder, porque es
un ejercicio amplio, de alrededor de una jurisdicción departamental, entonces ese poder era
clandestino. Es un comité clandestino, no es un poder que esté así nomás instalado, no es así, así
es como se ha comenzado. Y con determinadas funciones, también especificadas. Fue una
necesidad de las circunstancias.57

En algunos casos, las autoridades impuestas por el PCP-SL tenían que preparar a la
población para la respuesta militar que preveían los mandos senderistas, lo cual suponía
construir la infraestructura donde los comuneros deberían instalarse cuando se replegaran hacia
las zonas de refugio.
La decisión de formar un «comité organizador de la República Popular de Nueva
Democracia» indica que el PCP-SL no creía estar ante una ofensiva irresistible del Estado. Por el

56 En una sesión plenaria de 1984 se señalaron los once procedimientos: acción guerrillera,
contrarrestablecimientos, levantamientos de cosechas, arrasamientos, emboscadas, sabotaje al sistema vial,
invalidación de troncales, invalidación de aeropuertos, guerra psicológica, hostigamiento para quebrar
movimientos y terrorismo selectivo. Las cuatro formas de lucha son agitación y propaganda, sabotaje,
aniquilamiento selectivo y combates guerrilleros.
57 CVR. Entrevista. Base Naval del Callao, 27 de enero de 2003.

91
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

contrario, ésta fue la ocasión para convertir a Guzmán en el «presidente Gonzalo», nombre con
cual sería conocido en adelante por sus seguidores y que utilizaría en todos los documentos
partidarios. El PCP-SL se lanzaba a construir su «nuevo Estado» y el «presidente Gonzalo» era
ungido como el líder indiscutible de la nueva república en formación. 58 Adicionalmente,
Guzmán fue nombrado presidente del partido y presidente de su Comisión Militar. La
centralización del poder partidario se hacía absoluta.
Esta concentración muestra la imagen que Abimael Guzmán tenía de sí mismo cuando
luchaba por imponer esta decisión e ilustra sobre el papel que pensaba que estaba destinado a
jugar en la historia. En una reunión partidaria, Guzmán recordó ciertos atributos de Mao
Zedong que pueden dar luz sobre sus motivaciones:
No olvidemos que el Presidente Mao fue Presidente de ochocientos millones de habitantes y la
repercusión de sus ideas fue mayor que las de Lenin; y él cumplió tres funciones: como
Presidente [del Partido Comunista Chino], en el Ejército como Presidente de la Comisión Militar
y como Jefe de Estado; por ello manejaba a cincuenta mil hombres para resguardo de la
Dirección.59

Esta visión del papel histórico que Abimael Guzmán se sentía llamado a cumplir
alimentaría un desaforado culto a la personalidad durante los años siguientes. A comienzos de
1983 había conseguido, pues, emular a la «Tercera Espada del Marxismo», al menos en el
esquema orgánico del PCP-SL. La preocupación por la resonancia universal de sus ideas creció
continuamente en los años siguientes.
A partir de 1983, cuando se inició el tercer plan militar, Conquistar Bases de Apoyo, los
grupos senderistas adoptaron una actitud mucho más coercitiva frente a los campesinos; en
consecuencia, aumentaron los asesinatos de quienes se mostraban en contra, y se multiplicaron
los asesinatos de autoridades comunales y campesinos acomodados identificados como
«enemigos del pueblo». Ello implicaba el aniquilamiento selectivo de los «notables» y la
imposición de jóvenes sin formación política como mandos locales. Con frecuencia, éstos
empezaron a mezclar la lucha por el «nuevo poder» con intereses personales o familiares. Su
prepotencia provocó casi de inmediato el rechazo de la población.
También como nombraban así muy muchachos, estudiantes que nada de experiencia de la vida
tienen, a veces con cuentos también hacían sus propios canibalismos, entonces la gente ya no
quería saber nada, y ya ahí empezó.60

Las comunidades de la provincia de Huancasancos —Sancos, Lucanamarca y Sacsamarca—


constituyeron una de las primeras «zonas liberadas» del PCP-SL, que, desde octubre de 1982,
había comenzado a construir allí su «nuevo poder» obligando a todas las autoridades a
renunciar bajo amenaza de muerte. El PCP-SL fue aceptado por sectores de la población porque
proponía un nuevo orden, donde todos eran «iguales»:
¡Carajo! Esas gentes de plata a barrer las calles, bien ordenaditos, nada de sacavueltera, a esos que
eran waqras, no había eso, a esos al toque castigo [...], todo bien limpiecito era pues esas veces.61

En la memoria de los comuneros quedan el castigo a los poderosos que habían cometido
abusos y la aparente abolición de las diferencias entre pobres y ricos. El orden que traía el PCP-
SL aparece simbolizado en la obligación de hacer la limpieza del pueblo, que se impuso a los
viejos notables de la comunidad.
Los comités populares en Huancasancos estaban integrados por jóvenes de entre 12 y 30
años, quienes mantenían el orden y controlaban los movimientos de la población. Fueron

58 Según diversos testimonios, fue su esposa, Augusta la Torre, Nora, quien defendió la propuesta de
encumbrarlo como «presidente» del nuevo estado en formación.
59 Estas declaraciones las hizo Guzmán en una reunión preparatoria de una Reunión Nacional de

Dirigentes y Cuadros.
60 CVR. Testimonio de un rondero de Chupacc.

61 CVR. Testimonio de un comunero de Sancos de 70 años.

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

captados por un discurso que les ofrecía el poder y la igualdad. Estos jóvenes, varones y
mujeres, empezaron a sentir el enorme poder que les había conferido el partido; la ilusión de ser
siempre escuchados los fascinaba.
Las nociones de jerarquía tradicionales fueron reemplazadas por un discurso igualitario:
«Sí, ellos [los jóvenes] estaban contentos con eso,‖“compañero”‖nom{s.‖Nunca‖señor,‖ni‖padrino,‖
nada.‖“¡Compañero!”».62 El «nuevo orden» implicaba una fuerte transgresión de las estructuras
andinas tradicionales, donde el poder es ejercido por las personas mayores, quienes tienen el
respeto de toda la población. Ahora jóvenes, mujeres y niños emplazaban a los mayores:
*<+‖el‖nuevo‖poder,‖todo‖el‖mundo‖con‖temor‖porque‖los‖alumnos‖decían‖a‖uno‖lo‖van‖a‖matar‖
por defraudar, con las armas uno tiene que obedecer, el pueblo ya no tenía autoridad frente a
ellos [...] los alumnos eran pues las autoridades. Se han convertido en activistas, trabajadores,
bastante lenguaje intervencionista.63

«Su palabra era la ley... ¡era insoportable!», afirma otro comunero.


El descontento con esta política se fue agravando cuando el PCP-SL restringió la movilidad
de la población y prohibió los ingresos y salidas de la comunidad. Ello no solamente ocurrió en
Huancasancos, sino también en otras zonas donde el PCP-SL había tomado el control:
Ellos se comportaron, al inicio, de maravilla, pero no pasó ni tres meses creo, empezaron a
sujetarnos y no podíamos ni movilizarnos, ni irnos a Ayacucho siquiera, ni a Vinchos, ni a visitar
a nuestra familia. Tampoco querían que vengan de otros sitios. Todo eso pues a uno le
imposibilita la vida. Los campesinos somos libres y a cualquier sitio nos movilizamos, y eso es lo
que les ha dolido a los demás.64

Una práctica generalizada y sistemática del PCP-SL desde el comienzo de su «guerra


popular», y que se hizo más aguda a partir de 1983, fue la utilización forzada de niños y niñas
en las hostilidades:
Hacer que los niños participen activamente en la guerra popular, pueden cumplir diversas tareas
a través de las cuales vayan comprendiendo la necesidad de transformar el mundo [...] cambiar
su ideología y que adopten la del proletariado. (PCP-SL 1988a)

En su mayoría, el reclutamiento se realizó mediante coacción, engaños y violencia. Muchos


participaban bajo presión y por temor a las represalias. Cuando las comunidades o las familias
se negaron a entregar voluntariamente la «cuota» de sus hijos, los senderistas enrolaron a los
jóvenes a la fuerza después de amenazar o asesinar a los que se oponían.
El secuestro de jóvenes, la interrupción de la vida cotidiana del campesinado, el ataque a su
economía familiar y a la economía local, la obligación de asistir a asambleas y descuidar la
atención de sus animales, la falta de libertad para movilizarse, todo ello suscitó un malestar
general entre la población. A esto se sumó el creciente resentimiento por la ejecución de las
antiguas autoridades, el cierre de ferias mercantiles, la obligación de producir sólo para el
autoconsumo y la conversión de los comuneros en «masa» administrada por el partido.
Desde fines de 1982 se produjeron las primeras reacciones violentas de las comunidades.
Probablemente la primera fue la de los comuneros iquichanos en las alturas de Huanta, quienes
en enero de 1983 mataron a siete senderistas en la comunidad de Huaychao en represalia por el
asesinato de autoridades comunales. Los testimonios recogidos por la CVR en esa comunidad
muestran que la propuesta de construir un «Nuevo Estado», al menos en la zona altoandina de
Huanta, no fue bien recibida por el campesinado. Las autoridades de Huaychao, como el
teniente gobernador, el varayocc y el agente municipal, empezaron a discutir [con los
senderistas], diciéndoles que ellos eran miembros del gobierno y no podía estar en contra de

62 CVR. Testimonio de un comerciante de Sancos.


63 CVR. Testimonio de un comunero de Sancos de 68 años.
64 CVR. Testimonio de un comunero de Paqcha, Vinchos, Huamanga.

93
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

éste.65
Días después, el país fue remecido por el asesinato, en la comunidad vecina de Uchuraccay,
de ocho periodistas que se dirigían a investigar los sucesos de Huaychao.
En febrero del mismo año se produjo la sublevación de Sacsamarca, con la cual se inició el
fin del poder del PCP-SL en la provincia de Huancasancos. Fatigados por los abusos de los
mandos senderistas, algunos comuneros los emborracharon y los mataron a puñaladas y
pedradas. En las semanas siguientes, se manifestaron reacciones similares de la población en las
comunidades de Huancasancos y Lucanamarca, en donde la población también dio muerte a los
jefes locales del PCP-SL.
Estas rebeliones tempranas contra el PCP-SL, sin embargo, eran reacciones aisladas, locales
y no coordinadas, y siempre provocaron una respuesta violenta por parte de los senderistas.
Así, en los meses posteriores a la matanza de los periodistas, el PCP-SL se ensañó con
Uchuraccay, donde incursionó en tres oportunidades: el 20 de mayo, el 16 de julio y el 24 de
diciembre de 1983. En total, de los 470 comuneros registrados en Uchuraccay en el censo de
población de 1981, 135 resultaron muertos en las incursiones punitivas del PCP-SL. Es decir, la
tercera parte de la población fue aniquilada, principalmente, por la acción violenta del PCP-SL,
pues también los embates de las rondas campesinas y de pueblos vecinos.
El 3 de abril de 1983, un número aproximado de ochenta senderistas, entre hombres y
mujeres, arremetió de la manera más despiadada contra Lucanamarca. Conforme la columna
descendía de las estancias, iba asesinando campesinos, mujeres y hombres, niños y ancianos.
Hubo en total 69 muertos. Algunas personas que habían logrado escapar de la masacre
acudieron a Huancasancos a pedir auxilio al Ejército, mientras que, al día siguiente, otros
sobrevivientes irrumpieron violentamente en el domicilio de los padres del líder senderista
local al que habían dado muerte anteriormente y los asesinaron.
La matanza de Lucanamarca fue reivindicada como acto del PCP-SL por Abimael Guzmán
en 1988, en la denominada «Entrevista del Siglo», en la que declaró que se trató de una decisión
de la dirección central del PCP-SL66 frente a la rebelión campesina:
Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria respondimos contundentemente con
una acción: Lucanamarca. Ni ellos ni nosotros la olvidamos, claro, porque ahí vieron una
respuesta que no se imaginaron, ahí fueron aniquilados más de 80, eso es lo real; y lo decimos, ahí
hubo exceso, como se analizara en el año 83, pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos: nuestro
problema era un golpe contundente para sofrenarlos, para hacerles comprender que la cosa no
era tan fácil; en algunas ocasiones, como en ésa , fue la propia Dirección Central la que planificó la
acción y dispuso las cosas, así ha sido. Ahí lo principal es que les dimos un golpe contundente y
los sofrenamos y entendieron que estaban con otro tipo de combatientes del pueblo, que no
éramos los que ellos antes habían combatido, eso es lo que entendieron; el exceso es el aspecto
negativo. Entendiendo la guerra y basándonos en lo que dice Lenin, teniendo en cuenta a
Clausewitz, en la guerra la masa en el combate puede rebasar y expresar todo su odio, el
profundo sentimiento de odio de clase, de repudio, de condena que tiene, ésa fue la raíz; esto ha
sido explicado por Lenin, bien claramente explicado. Pueden cometerse excesos, el problema es
llegar hasta un punto y no pasarlo porque si lo sobrepasas te desvías; es como un ángulo, hasta
cierto grado puede abrirse, más allá no. Si a las masas les vamos a dar un conjunto de
restricciones, exigencias y prohibiciones, en el fondo no queremos que las aguas se desborden; y
lo que necesitábamos era que las aguas se desbordaran, que el huayco entrara, seguros de que
cuando entra arrasa pero luego vuelve a su cauce. Reitero, esto está explicado por Lenin
perfectamente; y así es cómo entendemos ese exceso. Pero, insisto, ahí lo principal fue hacerles

65CVR. Testimonio 201700.


66Según Óscar Ramírez Durand, Feliciano, fue una decisión del mismo Guzmán. «Él dispuso, para mí
hubiera sido lo correspondiente un ataque a las Fuerzas Armadas, porque con Lucanamarca fue la señal
para todos nosotros al atacar a la población civil, lo que comienza a divorciarnos, a quitarnos apoyo»
(CVR. Entrevista. Base Naval del Callao, 4 de octubre de 2002).

94
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

entender que éramos un hueso duro de roer, y que estábamos dispuestos a todo, a todo. (Guzmán
1988)

Dispuestos a todo contra civiles desarmados. Veinte años después, la CVR no ha


encontrado signos de remordimiento entre los máximos dirigentes senderistas. Para ellos, «esas
son las cosas que decimos que son errores, excesos que se cometen. Pero no son problema de
línea».
Lucanamarca constituye un hito en la denominada «guerra popular», pues es la primera de
las matanzas masivas e indiscriminadas que, a partir de entonces, caracterizarían las acciones
del PCP-SL y lo convertirían en el grupo sedicioso más sanguinario de la historia
latinoamericana.
En abril de 1984, cuando todavía se estaba desarrollando el tercer plan militar, Guzmán
dispuso el inicio del Plan del Gran Salto, «cuya estrategia política es concretar y desarrollar
bases de apoyo», por medio de cuatro campañas. «Poner en marcha la guerra de guerrillas
generalizada, extender nuestras zonas, movilizar a las masas; golpear a mesnadas para quitar
base social al próximo plan reaccionario y quebrarlo» (PCP-SL 1984).
El aumento de las acciones senderistas fue respondido con dureza por las fuerzas del orden.
Entre los casos más conocidos se encuentran el asesinato de seis jóvenes pertenecientes a la
Iglesia Evangélica Presbiteriana, en el pago de Callqui, el 1 de agosto de 1984; al día siguiente, 2
de agosto, el secuestro y desaparición, en la base de la Infantería de Marina acantonada en el
Estadio Municipal, del periodista huantino Jaime Ayala Sulca, corresponsal del Diario La
República; y, algunos días después, el 23 de agosto, el descubrimiento de 49 cadáveres
enterrados en fosas en Pucayacu, algunos kilómetros al norte de la ciudad de Huanta, todos
ciudadanos detenidos previamente en el Estadio de Huanta por la Infantería de Marina y luego
trasladados en una suerte de «caravana de la muerte» a territorio perteneciente a la provincia de
Acobamba, Huancavelica, donde fueron asesinados entre el 16 y 19 de agosto de 1984.
En septiembre de 1984, fueron muertas 117 personas —hombres, mujeres, niños— en la
comunidad de Putis, en el distrito de Santillana, provincia de Huanta, presuntamente en manos
de los militares. Como antecedente de esta masacre se debe señalar que la mayoría de los
pueblos de la zona habían sido obligados por el PCP-SL, que actuaba en la zona desde 1983, a
«tomar retirada» hacia los cerros para eludir a las patrullas de militares que se acercaban más y
más. Bajo la custodia de columnas senderistas, fueron asentados por grupos en puntos
estratégicos de los cerros. «Cuidaban para que la gente no saliera y avisara a los militares de San
José de Secce. Si se enteraban que alguien estaba planeando escapar, inmediatamente le
cortaban el cuello».67 Así permanecieron alrededor de seis meses. Cuando se instaló la Base
Militar en Putis, un grupo de comuneros decidió entregarse y bajó a la comunidad. Los
militares los hicieron cavar sus propias tumbas y los fusilaron. Hasta el momento en que se
escribe este Informe Final, en Putis se encuentra una de las fosas comunes más grandes de
Ayacucho y probablemente de todo el país.
Los documentos senderistas que circulaban en el territorio nacional, así como los golpes
recibidos por la cruenta estrategia de las Fuerzas Armadas, daban cuenta de esta compleja
realidad. Guzmán minimizaba estos reveses hablando de «una inflexión» en el trabajo del
partido. Como se supo posteriormente, la estrategia del PCP-SL consistía en dejar desprotegida
a la población frente a la represión: contaban con que los abusos perpetrados por los agentes del
orden provocarían un profundo resentimiento entre los afectados, lo cual podría ser
aprovechado después por los destacamentos armados cuando retornaran.
La macabra dinámica de matanzas iniciada en 1983 corresponde a la estrategia diseñada por
Abimael Guzmán de «oponer al restablecimiento el contrarrestablecimiento».

67 CVR. Testimonio 200919.

95
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Cuando ingresó la fuerza armada, tuvimos que desarrollar una dura lucha: ellos aplicaron el
restablecimiento del viejo poder, nosotros aplicamos el contrarrestablecimiento para volver a
levantar el Nuevo Poder. Se produjo un genocidio altamente cruento e inmisericorde; hemos
peleado ardorosamente. La reacción y las Fuerzas Armadas en concreto, creyeron que el 84 ya nos
habían derrotado [...] pero el resultado cuál ha sido, que los comités populares y las bases de
apoyo se multiplicaron, eso nos ha llevado posteriormente ya a desarrollar las bases, eso es en lo
que estamos hoy. (Guzmán 1988)

Los «contrarrestablecimientos» dispuestos por Guzmán consistieron en intentos de


recuperar las «bases de apoyo» en las zonas cercanas donde se habían establecido bases
militares. Esta decisión, como era previsible, intensificó la violencia y dejó a la población
expuesta a arrasamientos practicados alternadamente por los actores armados. Curiosamente,
para Guzmán esta particularidad era considerada como «aporte creador» al pensamiento militar
revolucionario. Fue en esta época cuando en las provincias de Huanta y La Mar, al norte del
departamento de Ayacucho, se produjo la misma cantidad de muertos que en todos los años
restantes del ciclo de violencia en la región.
A mediados de los años 80, cada vez más campesinos se vieron involucrados en la guerra
con un alto costo social. Desde el comienzo, el PCP-SL había buscado acabar con la neutralidad
de la población y los militares respondieron de igual modo; los campesinos ya no podían
mantenerse al margen y sólo les quedó decidir por qué bando tomar partido.
Sin embargo, las respuestas campesinas al endurecimiento de la guerra fueron diversas. Por
un lado, la estrategia de «restablecimiento y contrarrestablecimiento» decidida por la dirección
del PCP-SL provocó la fuga de decenas de miles de pobladores que huyeron abandonando sus
hogares y sus posesiones para salvar sus vidas. Quienes no tenían recursos ni contactos que les
permitieran irse, quedaron convertidos en víctimas de las incursiones y los abusos del PCP-SL y
de las Fuerzas Armadas. El sentimiento de estar a merced de los acontecimientos, sometidos a
la arbitrariedad de los actores armados, es expresivamente rememorado por los pobladores al
hablar de este período: «Viday carajo valenñachu, quknin qamun wañuchin, quknin qamun payakun»
(«Mi vida no vale nada, carajo. Viene uno te mata. Viene el otro, te pega»).68 Era una especie de
pesadilla atroz de la cual, por desgracia, no era posible despertar: «¿Acaso éramos como gente?
Allí estábamos como en nuestros sueños [...] Los de SL nos mataban, los militares nos mataban,
quién ya pues nos miraría [todos recuerdan y lloran]».69
Por otro lado, a partir de 1984 se formaron —por presión de los militares o por voluntad
propia de los campesinos— las primeras rondas contrasubversivas en la provincia de
Huamanga y en el valle del río Apurímac, que muy pronto ganaron protagonismo en la lucha
contra el PCP-SL y lograron en cierta medida neutralizar a los subversivos. Éstos reconocen el
«rol nefasto» que las rondas desempeñaron para los intereses de la «guerra popular». Según el
PCP-SL, las «mesnadas» expresaban el correlato de la estrategia de «restablecimientos»
desarrollada por los militares, de «utilizar masas contra masas».
A partir de la imagen del campesinado que tenía el PCP-SL, no cabía pensar que los
campesinos pudieran actuar contra ellos por cuenta propia. Si acaso se levantaban, esto debía
atribuirse únicamente a la influencia de los militares y de los «agentes del podrido orden
feudal».
A diferencia de lo ocurrido en la provincia de Huamanga y en el valle del río Apurímac, la
creación de comités de defensa civil que impulsaban las Fuerzas Armadas no prosperó en el
valle de Huanta en 1984. Esto se debió al rechazo que causaba la represión indiscriminada de
los militares. Ante la presión para formar rondas, los jóvenes prefirieron migrar masivamente a
la ciudad de Huanta, a la selva o a Lima. Los pueblos de las provincias del centro sur —
Cangallo, Víctor Fajardo, Vilcashuamán— se mostraron igualmente reacios a organizarse contra

68 CVR. BDI-P17. Notas de campo. Informante anónimo.


69 CVR. BDI-P30. Grupo focal en Loqllapampa. Accomarca, Vilcashuamán, junio de 2002.

96
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

el PCP-SL.
Las diferencias entre las respuestas de los campesinos de Ayacucho al PCP-SL se explican,
entre varios factores, por los diversos comportamientos de los grupos senderistas y de los
militares respecto de la población. En general, la agresión del PCP-SL contra el campesinado fue
mucho más brutal en el norte del departamento, mientras que en el centro del departamento las
matanzas más feroces fueron las cometidas por los militares (Umaro y Accomarca en 1985,
Cayara en 1988). Así, no obstante lo señalado en el párrafo anterior, el acercamiento entre la
población campesina y el Estado fue, a la larga, mucho mayor en Huanta y Huamanga que en
Cangallo y Víctor Fajardo.
Los datos disponibles indican que el PCP-SL invirtió más esfuerzo en la preparación de su
guerra en las provincias centrales del departamento utilizando para ello, sobre todo, la cuestión
del acceso al sistema educativo, que figuraba desde décadas atrás entre las demandas más
importantes del campesinado. El PCP-SL tuvo su laboratorio de cuadros en los dos colegios más
importantes de la zona centro-sur de Ayacucho: el colegio General Córdova, en Vilcashuamán,
y el colegio Los Andes, en Sancos. También en el valle de Huanta, la otra zona donde el PCP-SL
se mantuvo hasta fines de los años 80, logró construir una base sólida entre los «colegiales». Por
el contrario, en zonas como la puna de Huanta o la provincia de La Mar, donde la cobertura
escolar era menos densa, los lazos entre campesinos y subversivos se rompieron más
tempranamente.
A diferencia de lo sucedido en la zona altoandina de Huanta y de Huancasancos, en la
región centro-sur el PCP-SL parece haber respetado más a las autoridades locales. En
Vilcashuamán, una de las estrategias para protegerse de la base militar y de posibles
incursiones de los militares fue mantener «autoridades de fachada». En otras palabras, mientras
el PCP-SL mantenía el control en secreto, el presidente de la comunidad, el gobernador y otras
autoridades actuaban como pantalla para ellos, pues informaban a las fuerzas del orden sobre la
supuesta normalidad del funcionamiento de la comunidad y se reportaban todos los domingos
al izamiento de bandera en la capital del distrito. Esta táctica fue criticada por Guzmán desde
Lima, porque consideraba que servía para «mantener la situación» y no atreverse a combatir al
enemigo.
A mediados de los años 80 se presentan, por tanto, diferentes escenarios de la guerra en
Ayacucho. En las cuencas de los ríos Pampas-Qaracha, donde el PCP-SL había logrado
consolidar numerosas bases de apoyo a través de un trabajo de adoctrinamiento temprano,
mantuvo una presencia, aunque sumamente debilitada, hasta los años 90.

97
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Mapa 1

De otro lado, en la zona altoandina de la provincia de Huanta, una de las primeras que se
había levantado contra el PCP-SL, se establecieron algunas «bases antisubversivas
multicomunales». Ccarhuahurán, centro histórico de los iquichanos, fue una de ellas. Cuando la
Infantería de Marina llegó a la comunidad en agosto de 1983, logró instalar un comité de
defensa civil sobre la base de los grupos de autodefensa que habían surgido a fines de 1982,
poco antes del asesinato de los siete senderistas en Huaychao. Los «navales» instalaron un
destacamento de 36 hombres en el pueblo, donde se agruparon ocho anexos —en este caso por

98
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

voluntad propia— con un total de 600 familias (Coronel 1996: 51). Otra localidad resistente fue
la ex hacienda de Chaca, situada en el distrito huantino de Santillana, donde se congregaron
siete comunidades vecinas. Mientras unos se concentraron en estos centros multicomunales,
otros se desplazaron a los valles de Huanta, Tambo y el río Apurímac y a las ciudades de
Ayacucho y Lima. Hacia mediados de 1984, las punas de la provincia de Huanta habían
quedado desoladas. El desplazamiento involucró comunidades enteras y desaparecieron
alrededor de 68 de ellas.
En noviembre de 1983, familias de diez comunidades, a las que más tarde se unirían otras
de Uchuraccay o Iquicha, se concentraron en Ccarhuapampa, en las afueras de la ciudad de
Tambo, y formaron la primera aldea multicomunal de desplazados. Desde el comienzo,
Ccarhuapampa se organizó alrededor de su comité de defensa civil según una lógica militar:
dicho comité estableció un rígido sistema de vigilancia con restricciones a la movilidad de la
población; se expedían pase de tránsito y se sancionaban con castigos físicos las trasgresiones a
las normas. Cada vez más pueblos en el norte de la sierra ayacuchana empezaron a organizarse
de la misma manera.
En el valle del río Apurímac avanzaron las milicias de Defensa Civil Antisubversiva
(DECAS), como se han denominado a las rondas campesinas contrasubversivas de la zona. Las
DECAS fueron la primera milicia campesina que logró constituir una red de organizaciones que
abarcaba toda una región, en este caso el valle del río Apurímac. Hacia mediados de 1985, las
Fuerzas Armadas y la DECAS habían hecho retroceder a las columnas senderistas del valle.
Uno de los refugios del PCP-SL en la zona fue el «comité popular» denominado Sello de
Oro, en la localidad de Simariva del distrito de Santa Rosa. Allí, el PCP-SL organizó «la masa»
campesina según su concepción de «nuevo estado». Sin embargo, era un cerco humano cuya
permanencia se sostuvo bajo el ejercicio autoritario de su poder.
El temor a quedarse sin bases sociales, tanto por el descontento de la población como por la
presión que ejercían las fuerzas del orden y las DECAS, hizo que el PCP-SL optara por oprimir
aun más a la población que se encontraba como «masa» en los «comités populares» del valle del
río Apurímac:
Las familias vivían en carpas de plástico, expuestas a la intemperie y sin ropas de vestir. La
alimentación era todavía un problema mayor. En los últimos años casi dejaron de probar sal,
azúcar, verduras, menestras. En los diez años, habrían muerto alrededor de 100 niños y adultos
por falta de alimentos. (Del Pino 1999: 178)

Cuando, el 24 de octubre de 1993, la «masa» de Sello de Oro mató a los mandos senderistas
y se entregó a la Base Militar de Santa Rosa, «el 100% padecía de anemia, muchos tenían
tuberculosis, bronquitis aguda, paludismo. Muchos niños, por la desnutrición, a los dos, tres
años aún no podían caminar» (Del Pino 1999).
Una forma similar de controlar a la población fueron las «retiradas» en la zona denominada
Oreja de Perro, en el distrito de Chungui, departamento de Ayacucho. Las «retiradas»
consistían en el desalojo forzoso del centro poblado, cuyos habitantes eran llevados a refugiarse
en los cerros y en el monte de la ceja de selva, en zonas de difícil acceso. Esto significó que el
PCP-SL trasladaba sus «bases de apoyo» para sustraerlas a la acción de las Fuerzas Armadas.
Debe recordarse que el PCP-SL llamaba «bases de apoyo» a la reunión de varios «comités
populares», es decir, poblaciones en las que había desplazado o aniquilado a las autoridades
locales y había implantado sus «comisarios». En el lugar de «retiro» la organización subversiva
implantaba un férreo orden y un control total que convertía la vida en las «retiradas» en un
tormento colectivo:
Tuve mucha pena. En mi base quedamos pocos y escapamos hacia la puna donde comimos
papas. Al enterarnos que los sinchis se fueron, volvimos los que quedamos de mi base al sector de
Achira, donde volvieron a venir los senderistas para organizarnos nuevamente. Nos dijeron:
nosotros somos bastantes, como la arena del río y los militares son como las piedras grandes del

99
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

río. La organización de las masas en mi base era: las señoras se ocupaban en cocinar y si los
adultos trabajaban en la chacra, llevar la comida. Los adultos y jóvenes participaban en la fuerza
principal y a la vez eran agricultores. Todos trabajaban para todos. No había individualismo. Los
niños mayorcitos ayudaban en lo que podían y a los más pequeños, el senderista SF nos enseñaba
a leer, escribir, nos hacían cantar y jugar. Yo tenía siete años en ese entonces. Lo que me duele
recordar es cómo las masas morían porque no podían escapar de los ataques que hacían los
militares. La Fuerza Local y Principal casi nunca caía. Eran jóvenes a partir de los 12 años y los
adultos hasta los 40 años de edad, quienes podían escapar fácilmente de los militares, pero no
podían enfrentarse, porque sólo eran veinte combatientes y estaban armados con palos, hondas,
dos escopetas y dos fusiles. Así iban muriendo muchas masas y quedábamos pocos.70

Durante los años 1983-1985, Ayacucho siguió siendo la zona más convulsionada; sin
embargo, no fue la única región donde se sintieron las consecuencias de la «guerra popular».
También en Huancavelica, sobre todo en las provincias de Angaraes y Acobamba, el PCP-SL
aplicó la estrategia de crear vacío en el campo: asesinato de autoridades que no habían
renunciado y hostigamiento a los puestos policiales, así como intimidación a poblaciones y
asesinato de quienes eran sospechosos de ser «soplones», aunque no se registraron
«arrasamientos» de comunidades. Sin embargo, las fuerzas del orden enfrentaban más
directamente a las columnas senderistas y les ocasionaban numerosas bajas.
En Pasco, particularmente en la provincia de Daniel Alcides Carrión, el PCP-SL llegó a tener
numerosas «bases de apoyo». En 1983, la zona no había sido declarada en estado de emergencia
y el PCP-SL continuaba la estrategia de «batir al enemigo» asesinando autoridades locales y
propietarios de tierras. En mayo de ese año, un contingente de 200 campesinos conducidos por
un pelotón de senderistas armados ingresó al distrito de Páucar, arengó a la población y
amenazó a las autoridades. Un mes después, en un nuevo asalto al pueblo, fueron asesinadas
las autoridades y el director del colegio por no haber renunciado. Luego, cuatro autoridades
más fueron asesinadas en el vecino caserío de San Juan de Yacán. Los testimonios hablan de
niños y adolescentes en el contingente del PCP-SL que desfilaban con cintas rojas y daban vivas
al «presidente Gonzalo». El distrito quedó en manos del PCP-SL, cuya fuerza principal era
encabezada por Óscar Ramírez Durand, Feliciano. Recién en julio de 1984 la provincia de Daniel
Alcides Carrión fue declarada en emergencia y quedó bajo control militar.
Otra zona de expansión en este período fue el valle del Mantaro, tanto por la realización de
acciones de sabotaje como por la penetración en la universidad. El 20 de enero de 1983, se
produjo allí la primera aparición pública de militantes armados del PCP-SL: cuatro senderistas
irrumpieron en el comedor universitario y pidieron colaboración económica. Irrupciones de ese
tipo se hicieron frecuentes en los años sucesivos en el campus universitario.
El gobierno municipal y los partidos políticos fueron también objeto de atentados. Saúl
Muñoz Menacho, alcalde de Izquierda Unida (IU) en Huancayo, fue asesinado el 16 de julio de
1984. En marzo y abril de 1985 se produjeron atentados dinamiteros contra los locales
partidarios de Acción Popular, del Partido Popular Cristiano, del PAP y de IU, y contra el
Registro Electoral Provincial. Las acciones subversivas continuaron aumentando durante todo
el año.
En la selva central, los testimonios de asháninkas del río Ene señalaron que se recibieron
noticias de la presencia del «partido» desde 1982. En 1984, el PCP-SL inició un trabajo
sistemático de penetración y captación de líderes de comunidades nativas y de jefes de clanes
familiares. En octubre de 1984 se produjo un atentado: el incendio de la misión franciscana de
Cutivireni, en el distrito de Río Tambo de la provincia de Satipo, así como de una granja y
viviendas aledañas. El hostigamiento con métodos terroristas a la misión de Cutivireni sería
exaltado por el PCP-SL en un documento de 1991:
Otra situación de similar repercusión y que ha sido muy usada por la reacción peruana como
parte de la acción sicológica de la guerra de baja intensidad que están aplicando es la

70 CVR. Testimonio 202014.

100
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

propagandización de la acción del religioso de la Misión de Cutivireni, el franciscano Magnon, en


el valle del Ene, con los nativos asháninkas. Trabajaba desde los 70 en la región pero desde el ILA
80 adoptó una posición contraria, particularmente desde el 85 cuando el Partido instaló una de
sus Bases de apoyo en el lugar y sus feligreses se iban incorporando a nuestras filas; llegó a pedir
por escrito la presencia del ejército reaccionario hasta que llegaron a instalar una base
contrasubversiva. La política de nuestro Partido fue la de invitarlo a través de muchas formas y
requerimientos a que se sujete al Nuevo Poder y se limite a labores estrictamente religiosas y se
abstenga de acciones contrarrevolucionarias; se realizaron varias incursiones de sabotaje y
arrasamiento hasta que lo obligamos a salir del lugar. (PCP-SL 1991c)

En 1985, las noticias de que el PCP-SL «ajusticiaba» proxenetas y otros delincuentes


despertaron la simpatía de algunos sectores de la población.
En la cuenca del Huallaga, las acciones violentas se iniciaron en 1983 con la muerte de un
trabajador del Ministerio de Agricultura y un estudiante de educación secundaria acusados de
apoyar a la policía. En 1984, el PCP-SL tomó dos veces la ciudad de Aucayacu y atacó el puesto
policial con un saldo de veinte muertos. El 19 de abril fue asesinado el alcalde de Tingo María,
Tito Jaime Fernández; y, el 20 de septiembre, fue muerto el alcalde de Pumahuasi, de las filas
del PAP. El mismo año, tres cooperativas fueron atacadas en el distrito de Crespo y Castillo. El
PCP-SL incursionó en la ciudad de Tocache y también atacó la Estación Experimental de
Tulumayo, el puesto de la GC en Santa Lucía y las instalaciones de la empresa Palma del
Espino, en Uchiza. En esas circunstancias, el gobierno decretó el estado de emergencia en el
departamento de Huánuco y, luego, en San Martín.
En Lima, la campaña del PCP-SL creció gradualmente, aunque con altibajos. Las
operaciones en Lima Metropolitana se estabilizaron en 1981 y 1982, registraron un pico en 1983
y crecieron en los años siguientes.
La campaña urbana tuvo una importante función al lograr ubicar al PCP-SL en el centro de
la atención pública. Aunque la red del movimiento urbano durante este período sólo
involucraba algunos destacamentos, sus operaciones urbanas socavaron la creencia, sostenida
por la élite urbana, de que Lima estaba separada y era distinta del resto del Perú.
En 1984, el Comité Metropolitano estaba constituido por la célula de dirección y tres
comités zonales: este, oeste y centro. Hubo dos destacamentos: el especial, que realizaba sus
acciones en la zona este de Lima; y el del centro. Como organismos generados estaban el
Movimiento de Intelectuales Populares, el Movimiento de Obreros y Trabajadores Clasistas, el
Movimiento Clasista Barrial y el Movimiento Juvenil.
Al iniciarse la lucha armada, de las tres dimensiones organizativas contempladas (Partido,
Ejército y Frente), la concerniente al Frente fue la que mayor interés tuvo para la labor
subversiva urbana. Se impuso como tarea la captación de los pobladores a través de los
organismos generados, que fueron creándose con diferentes características según los sectores de
la población que se tuviera como objetivo en cada caso.
Aun cuando el inicio de la lucha armada pareció cumplirse a cabalidad en Lima, pronto
surgieron serias críticas al Comité Metropolitano que mostró hasta 1985 una clara tendencia
decreciente de sus acciones en relación con la evolución de la actividad senderista en el país.
Esto revelaba que la organización regional no estaba respondiendo según los criterios
establecidos por la dirección central y en las evaluaciones partidarias empezaron a surgir los
«cuellos de botella». En conclusión, el «Metro» debía fortalecerse para actuar en la capital como
«tambor de resonancia», tomando en cuenta que cualquier acción en Lima, por mínima que
fuera, tendría repercusión nacional e internacional.

El Gran Salto

101
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

En la III Conferencia del Comité Central de 1983 se aprobó la fase El Gran Salto,
correspondiente al tercer plan militar, Conquistar Bases de Apoyo, que duraría hasta
septiembre de 1986. Esta fase debía cumplirse a partir de junio de 1984. Tuvo cuatro campañas:
 Construir el Gran Salto (junio-noviembre de 1984)
 Desarrollar el Gran Salto (diciembre de 1984-abril de 1985)
 Potenciar el Gran Salto (junio-noviembre de 1985)
 Rematar el Gran Salto (diciembre de 1985-septiembre de 1986)
Estas campañas fueron muy importantes para la actividad subversiva en Lima. Bajo la
consigna de «militarizar el Partido», el PCP-SL se planteó el objetivo de reorganizar totalmente
sus diversas instancias. Dada la debilidad del aparato limeño, esta reorganización lo abarcó de
manera especial. El propósito fue impulsarlo con un plan de crecimiento de las zonales y
subzonales, los destacamentos especiales, los centros de resistencias, los organismos generados
y los grupos de apoyo.
Así, se concibió un plan piloto de seis meses para el «Metro». Se aspiraba a generar una
nueva etapa de captación de masas en asentamientos humanos, urbanizaciones populares,
tugurios y fábricas. Además, se puso especial atención en el desarrollo del trabajo adecuado
para atraer a la «pequeña burguesía» (intelectuales, artistas, maestros, estudiantes). Una
cuestión particularmente importante fue remarcar la importancia de la captación de empleadas
del hogar, a quienes se veían como buenas informantes.
Fue entonces cuando Socorro Popular, un organismo generado, empezó a adquirir una
importancia inusitada hasta el punto de llegar a opacar al Comité Metropolitano.

[Link]. La expansión del conflicto armado

Gráfico 20

PERÚ 1980- 2000: No. DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS REPORTADOS A LA CVR Y


No. DE DISTRITOS DONDE OCURRIERON LOS HECHOS, SEGÚN AÑO

4500 400
No. DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS

300
3000
No. DE DISTRITOS

200

1500
100

0 0
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000

No. Muertos y Desaparecidos No. Distritos

La situación en 1985 según Guzmán

102
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

A pesar de los golpes recibidos entre 1983 y 1985, el PCP-SL no sólo mantuvo su presencia en lo
que consideraba su frente principal, Ayacucho, sino que se proyectó sobre otros espacios en la
sierra peruana y, con renovada confianza en sus fuerzas, desplegó a partir de 1986 una
expansión que puso en situación de alarma al Estado peruano.
Con el cambio de gobierno del 28 de julio de 1985, cuando Alan García asumió el mando,
hubo expectativas de que se modificara la política contrasubversiva del Estado. Pero Abimael
Guzmán no tenía intención de otorgar ninguna tregua al régimen entrante y quería, más bien,
deslegitimarlo en el plazo más corto. Definió, por eso, como la tarea partidaria fundamental
«desenmascarar» al Partido Aprista Peruano (PAP), «quitarle la careta progresista», para seguir
expandiendo la guerra popular.
El Perú está ardiendo, así en CR principal, en el Sur, Centro, Norte, Lima y Norte y Sur Chico. Ese
conjunto de acciones unidas a una acción militar, el incendio de Maruy, es lo que forzó la mano al
APRA como planteáramos al obligarlo a poner la capital en estado de emergencia y lo ha hecho y
más allá de lo que esperábamos al poner toque de queda.

Guzmán no se proponía esperar a que el PAP mostrara su «entraña represiva». Él estaba


decidido a obligarlo a exhibirla. A pesar de la inicial voluntad mostrada por el gobierno de
investigar las masacres de Accomarca, Umaro y Bellavista y de sancionar a los responsables,
quería provocar una represión sangrienta: «Hay que inducir al genocidio al APRA», ése es el
acuerdo de la IV Plenaria; «eso es parte de forzarle la mano al PAP, y no es propiciar la muerte
porque es la reacción la que lleva todos los días una constante guerra civil como dijo
Marx»(PCP-SL 1986b).
En junio de 1986, un amotinamiento de presos senderistas en los centros penales en Lima
desembocó en una masacre que echó por tierra la posibilidad de una estrategia
contrasubversiva respetuosa de los derechos humanos como la que había ofrecido el presidente
García. La acción, por otra parte, resultó nuevamente contraproducente en relación con el PCP-
SL, pues la masacre no sólo coincidía con su estrategia de «inducir genocidio», sino que
fortaleció, más bien, su voluntad de lucha y justificó el papel de las «luminosas trincheras de
combate» dentro de la estrategia del PCP-SL. A pesar de las críticas internas sobre lo excesiva
que había sido la «cuota», Guzmán se ratificó en que la matanza de los presos era una derrota
política del gobierno aprista y, por lo tanto, una victoria del PCP-SL.
La evaluación que Guzmán hacía de la situación estaba en las antípodas de lo que opinaban
sus opositores en el PCP-SL. Para él, la aplicación de la línea había sido «un gran éxito, rotundo,
notable y resonante», pero había quienes se negaban tozudamente a ver la situación como él la
veía: «hay informes que tienen una opinión contraria, que presentan no un éxito sino una
situación minimizada [sic] y hasta negra, negativa. Es el caso de N. en el Norte y de H. en
Cangallo expresan criterio negativo; en el del Sur también hay apreciación pesimista similar en
Huancavelica, en ellos se expresa desconcierto y no saben cómo manejar» (PCP-SL 1986c).
Guzmán estaba decidido a consolidar la concentración del poder lograda en el IV Pleno del
Comité Central y acusó a los disidentes de colocarse al margen y en contra de las decisiones
partidarias: «El IV Pleno definió el contenido político específico de la I Campaña: socavar el
montaje del nuevo gobierno aprista, de ahí que ambos, N. y H., no reconocen la IV Plenaria»
(PCP-SL 1986c). Lo que, según Guzmán, expresaba la posición de los enjuiciados era el miedo al
PAP, que les llevaba a volverse en contra de la dirección.
Las discrepancias de los disidentes terminaron convertidas repentinamente en una grave
amenaza al partido: «Nuestros errores redundan golpeando al Partido del que somos parte y
que nos permite participar en la gloriosa tarea de transformar nuestra patria» (PCP-SL 1986c).
Pero allí no quedaba la responsabilidad de quienes habían resultado sorpresivamente
convertidos en enemigos; su actitud constituía, además, una amenaza de dimensiones
planetarias: «Nuestros errores también dificultan a la revolución peruana, a la emancipación del
proletariado y eso también daña al desarrollo de la revolución mundial». Los disidentes fueron

103
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

apabullados y obligados a autocriticarse tres veces. El Comité Central acordó «llamar la


atención a la c. [camarada] Noemí y que saque lección y no vuelva a repetir esas situaciones que
dificultan». Se atribuyó el incidente a «situaciones de poder personal» (PCP-SL 1986c); el Buró
Político acordó no abrir debate, «sólo sacar lección de que incidentes como esos generan una
separación entre Bases-Dirección que ponen a la revolución en gravísimo riesgo, sacar lección y
nunca generar acciones que separen bases de Dirección, pues llevan a la derrota».

Despliegue nacional 1986-1989


La percepción del PCP-SL como una organización monolítica, altamente estructurada y fluida
en la vinculación entre sus organismos de dirección y grupos de acción regionales y locales,
debe ser matizada por las conductas concretas que cada realidad regional y local imponía a los
mandos locales.
La ideologización extrema impedía a los dirigentes del PCP-SL entender los errores de su
estrategia. Luego de seis años de guerra, es posible explicar esta ceguera por la imposición de
Abimael Guzmán sobre otros dirigentes que presentaban informes e interpretaciones mucho
más críticos, basados en la realidad de la situación orgánica de sus regiones o en sus aparatos.
Así, cuando en 1986 los comités de autodefensa se habían convertido para el PCP-SL casi en
su enemigo principal y en el blanco de sus «arrasamientos» a poblados, ninguna enseñanza fue
extraída por Guzmán de esta movilización masiva del campesinado contra el proyecto
senderista. El PCP-SL siguió considerando a las rondas campesinas meras «mesnadas» y «carne
de cañón» al servicio de las fuerzas militares de la misma manera como, en la terminología
senderista, se veía a la población bajo control como «masa» al servicio de la revolución.
La situación del EGP, según un balance hecho por el propio de Guzmán en 1985, reflejaba
una reducida capacidad militar, como se aprecia en las cifras que envió el Comité Zonal
Cangallo-Fajardo, también conocido como comité zonal fundamental del Comité Regional
Principal, Ayacucho.

Cuadro 4

COMITÉ ZONAL CANGALLO-VÍCTOR FAJARDO: NÚMERO DE EFECTIVOS DEL


EJÉRCITO GUERRILLERO POPULAR EN 1985
ZONA TOTAL FUERZA PRINCIPAL FUERZA LOCAL FUERZA DE BASE
TOTAL 1,471 48 205 1,310
Sub Zona I 1,122 22 150 1,050
Sub Zona II 114 11 15 80
Sub Zona III 25 15 10 -
Rebasamiento 210 - 30 180
Fuente: Buró Político del PCP-SL, documentos incautados por la DINCOTE

Sólo 48 combatientes constituían la fuerza principal del más importante comité zonal del
senderismo, es decir, aquella fuerza capaz de realizar acciones militares como asaltar un puesto
policial o emboscar una patrulla militar. Se trata de la instancia del «ejército guerrillero
popular» que contaba con armas de guerra, mientras que la fuerza local sólo poseía armas
elementales y la fuerza de base carecía de armas.
Pero si bien se constata que entre 1986 y 1989 las fuerzas contrasubversivas ejercían un
creciente control en las áreas rurales de la región del sur central del país, al mismo tiempo se
nota que el PCP-SL era capaz de propagar la violencia a la región central, al nororiente, al sur

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

andino y a los asentamientos humanos de Lima, que devinieron objeto de una intensa labor
proselitista. Así, la terrible consigna de «inducir genocidio» ideada por Guzmán se convertía en
una muy dura realidad en nuevos espacios del país.
En la sierra del sur central, el principal escenario de las actividades del PCP-SL entre 1980 y
1985, el paulatino control de las Fuerzas Armadas se explicó tanto por el establecimiento de
bases contrasubversivas como por la consolidación de los comités de autodefensa, que se
constituyeron incluso en zonas que habían sido reacias a ello, como las provincias de
Vilcashuamán y Cangallo.
Para contrarrestar la ofensiva militar, Guzmán propuso diversas acciones, pues
*<+‖ es‖ muy‖ importante‖ esta‖ III‖ campaña,‖ debe‖ ser‖ demostración‖ palmaria‖ que‖ Ayacucho‖ sigue‖
siendo el centro de la lucha armada, que esta prosigue y emplaza al gobierno y a la fuerza
armada; la fuerza armada se tragará sus palabras y el nuevo gobierno se verá obligado a aplicar la
mano firme, así se le quitará la careta de «demócrata», se desenmascarará y se volverá a abrir el
debate sobre cómo combatirnos. (PCP-SL 1985b)

Guzmán se refería a la III campaña de El Gran Salto, denominada Desarrollar la Guerra


Popular, que el PCP-SL programó entre julio y noviembre de 1985 y que debía culminar con el
«gran salto con sello de oro» en 1986.
La actividad de las rondas se incrementó en la selva del valle del río Apurímac, donde el
PCP-SL ensayaba sus «retiradas» para enfrentar el permanente asedio de los comités de
autodefensa, fortalecía sus «campamentos», se movilizaba continuamente y aumentaba su
presión sobre la «masa» y su violencia contra la mayoría de la población del valle.
En las provincias de Huancavelica que se ubican en el área del sur central, la pacificación
parcial lograda con la instalación de bases contrasubversivas en el área rural reflejó una
situación similar a la de Ayacucho. En el informe de balance de los comités del PCP-SL ya
mencionado, Guzmán escribió que la base principal de Huancavelica «está rodeada, ver cómo
recuperarla».
Un ejemplo de cómo Guzmán engañaba a sus dirigentes intermedios es el informe que dio
al comité zonal de Huancavelica después de lo sucedido en Cayara: «Erusco es la más grande
emboscada hasta hoy, 30 muertos de las Fuerzas Armadas, de ahí su respuesta siniestra de
impotente rabia que los lleva a echarse en las masas».71 En realidad, en esa emboscada murieron
cuatro miembros del Ejército.
En resumen, en 1986 la guerra ya no tenía como único escenario la región del sur central,
sino también otras zonas del país, particularmente la región central, el Huallaga y Puno.
Abimael Guzmán había impartido instrucciones claras al Comité Regional del Centro en
1985:
[...] debemos retomar todo este eje principal [...] Desarrollar el trabajo minero; desarrollar las
invasiones campesinas rompiendo las cercas y que metan su ganado; destruir sus unidades de
producción, las SAIS arrasarlas para que no tengan capitales y no puedan volver a parar su
sistema, eso nos permitiría mover gran cantidad de masas campesinas. Si no pueden meter su
ganado rompiendo cercas y concretando la invasión entonces podemos quemar los pastos. (PCP-
SL 1985b)

A partir de 1987 se nota un brusco crecimiento de la violencia en la región central, que


supera lo registrado en Ayacucho en esos años. Las zonas altoandinas del Canipaco y el Cunas
y la cuenca del Tulumayo en la vertiente oriental, hacia Satipo, se convirtieron en escenario
principal de «destrucción del viejo estado» y se intensificó el hostigamiento a puestos policiales
y las amenazas y asesinatos de las autoridades locales. En enero de 1988, se instaló el primer
«comité popular» en Chongos Altos (Canipaco) y el ejemplo se expandió en esta zona

71 Reunión con el comité zonal de Huancavelica del 21 de septiembre de 1988.

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

altoandina. En el Alto Cunas, se concretó la destrucción de la SAIS y locales públicos, así como
del PROCAD en San Juan de Jarpa. El asesinato de autoridades y funcionarios, y de pobladores
calificados como ricos o abusivos se hizo frecuente.
En la vertiente oriental, en Tulumayo, el PCP-SL también pudo constituir en 1988 «comités
populares» en los tres distritos; pero, a inicios de 1989, la presencia itinerante de la «fuerza
principal» se hizo cada vez más violenta y prepotente. La exigencia de alimentos se hace más
frecuente y la imposición más drástica. Comenzaban a esbozarse así las condiciones para la
pérdida de control del PCP-SL.
En el valle del Mantaro, donde se encuentran las principales ciudades, y en la zona minera
del departamento de Junín, el conflicto tuvo signo diferente. Ahí no se logró instalar «comités
populares», probablemente por ser una zona con una economía altamente integrada a los
mercados. Los espacios de la violencia fueron, más bien, las ciudades y los asientos mineros,
mientras que las operaciones de sabotaje tuvieron como objetivo principal a la red eléctrica que
abastece al país desde la hidroeléctrica de Quichuas, Tayacaja, sobre el río Mantaro.
En la ciudad de Huancayo se produjeron numerosos atentados a locales públicos. La
Universidad Nacional del Centro fue escenario de un trabajo proselitista intenso, que también
se desarrolló, acompañado de acciones de agitación y propaganda armada, en los asentamientos
humanos populares. También se iniciaron las convocatorias a paros armados, que se habían
añadido, como quinta forma de lucha, a las cuatro preexistentes: agitación y propaganda,
sabotaje, aniquilamiento selectivo y combates guerrilleros.
El incremento de la violencia condujo a la declaración del estado de emergencia en el
departamento de Junín el 30 de diciembre de 1988. A partir de entonces, el Ejército asumió la
responsabilidad del combate contra la subversión.
El año 1988 fue también un período de conflictos sindicales mineros en torno a los cuales el
PCP-SL incrementó su violencia asesinando a los dirigentes que se le oponían. Guzmán se
proponía concentrar las energías del partido en el Valle del Mantaro, aunque reconocía que su
actividad estaba profundamente golpeada:
¿Dónde nos quedamos en la primera parte que fue golpeada y que generó el proceso del 89 y
parte del 90? ¿no fue simplemente en Cerro y más que todo tomando Yanahuanca y
Chaupihuaranga? ¿qué pensar? ¿no era un pedacito? ¿tenía su razón? la tenía, correspondía a un
momento de nuestro desarrollo. ¿Hemos avanzado? claro, ¿fue bueno? nos obligó a avanzar.
Luego en el segundo momento de nuestro trabajo en el Centro, cuando se toma las provincias de
Concepción, Jauja y Huancayo, o sea‖ la‖ parte‖ alta‖ *<+‖ ¿no‖ implicó‖ el‖ trabajo‖ del‖ Valle‖ del‖
Mantaro? Entonces ellos nos golpearon, hicieron genocidio, nos llevaron a replegarnos y a
retroceder, nos dieron una derrota circunscrita, ¿nos aniquilaron? No, ¿fueron capaces de
impedirnos ir a otro lugar y desarrollar? No, y lo hicimos en un lugar más grande, más amplio,
con‖ mayor‖ perspectiva‖ *<+‖ no‖ nos‖ han‖ aniquilado‖ y‖ mientras‖ no‖ te‖ aniquilen‖ no‖ hay‖ derrota‖
definitiva. (PCP-SL 1991d)

En lo que concierne a la «toma de las provincias de Concepción, Jauja y Huancayo», se debe


considerar que Guzmán precisó que se estaba refiriendo a «la parte alta», es decir, las punas que
circundan estas provincias, donde el PCP-SL golpeó a las SAIS. Su éxito fue mucho menor en
las tierras bajas, donde existen prósperos productores minifundistas; en las ciudades,
particularmente en el caso de la ciudad de Huancayo, se concentra en la UNCP, especial
objetivo del PCP-SL. Por ello, el 29 de noviembre de 1987, toma la Universidad y, al año
siguiente, desarrolla un amplio trabajo de propaganda y organización, y hace crecer con ello la
espiral de violencia que se prolongó hasta 1993.
Una de las zonas de importante desarrollo organizativo del PCP-SL en este período fue la
selva central ocupada por colonos y, entre diversas etnias, por los asháninkas, una macroetnia
amazónica que, con 50,791 habitantes registrados según el censo nacional de 1993, constituye
aproximadamente la cuarta parte de la población nativa amazónica.

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

En octubre de 1988, todo el departamento de Junín y la provincia de Oxapampa ya habían


sido declarados en estado de emergencia. El PCP-SL había organizado numerosos «comités
populares» en el valle del Ene, por lo que disponía de «bases de apoyo» para sus incursiones.
Amplió su presencia a los distritos de Río Tambo, Pangoa y Mazamari; instaló registros en
lugares clave del tráfico fluvial, las inmediaciones de Puerto Ocopa, capital del distrito de Río
Tambo, zona de ingreso a los tres grandes valles (Ene, Tambo y Perené). El PCP-SL estuvo
presente prácticamente en toda la provincia de Satipo. Si bien su primer asentamiento estuvo
vinculado a la población colona,72 el PCP-SL se hizo fuerte en algunas comunidades nativas,
especialmente asháninkas, donde enroló población, a veces compulsivamente, y arrasó los
poblados donde no era aceptado.
En la región nororiental, y en particular en el Huallaga, la historia del PCP-SL muestra las
particularidades del vínculo con la población cocalera, en el contexto del auge de precios de
derivados ilícitos de la hoja de coca. El Alto Huallaga es uno de los pocos lugares donde el PCP-
SL logró controlar un territorio extenso por un largo período de tiempo, entre ocho y doce años.
Es también la zona donde se ha registrado la mayor cantidad de muertos después de Ayacucho,
particularmente en las provincias de Leoncio Prado (Huánuco) y Tocache (San Martín).
La presencia de las organizaciones dedicadas al narcotráfico en la región obligó a los
mandos senderistas a desarrollar una política de coexistencia que incluía el cobro de cupos por
las avionetas que salían con cargamentos de droga, la protección del traslado de la droga y
eventuales alianzas para controlar territorios. A partir de 1987, el PCP-SL empezó a «liberar
zonas» expulsando a la policía de sus cuarteles. Impuso a los narcotraficantes la disolución de
sus pandillas de sicarios y los obligó a una alianza para regular el tráfico de droga y garantizar a
los productores de hoja de coca un precio de venta que les resultara provechoso.
Con el crecimiento del narcotráfico, a partir de 1987, el PCP-SL impulsó una segunda fase,
en la cual, además de asesinar dirigentes políticos, alcaldes, dirigentes comunales y
funcionarios públicos, destruyó locales municipales, puentes, edificios públicos, y tomó
numerosos pueblos y ciudades. Además, realizó atroces «juicios populares» que culminaron en
el asesinato de quienes se oponían a la organización terrorista. En el último período de esta fase,
las acciones subversivas se extendieron hasta dos provincias del departamento de Loreto. En
Ucayali, la capital de la provincia de Padre Abad, Aguaytía, se convirtió también en centro de
operaciones del PCP-SL. Hacia comienzos de la década del noventa, se estimaba que
aproximadamente la tercera parte de las fuerzas principales y locales del «ejército guerrillero
popular» estaban actuando en la región.
En el sur andino se abrió desde 1986 otro espacio de guerra en el altiplano puneño,
superpuesto a la tensión entre las comunidades y las empresas asociativas creadas por la
Reforma Agraria. Tales tensiones se agudizaron al iniciarse el gobierno de García Pérez. Los
obispos de Puno se reunieron con Alan García y le demandaron una solución al problema de la
tierra para evitar que en ese departamento se replicara la tragedia de Ayacucho. En 1986, el
gobierno promulgó el decreto supremo de Reestructuración de las Empresas Asociativas, que
ordenaba la redistribución de la tierra. El presidente García declaró que estaba decidido a
repartir 1 millón 100 mil hectáreas a las comunidades. Esta iniciativa, sin embargo, fue
bloqueada por quienes veían afectados sus intereses. La situación se hacía más explosiva. Al
cuestionamiento de los técnicos encargados de llevar adelante la reestructuración, se sumó la
constitución fraudulenta de «comunidades en formación», entidades fantasmas creadas para
burlar a las comunidades. A fines de 1985, el campesinado, cansado de engaños y dilaciones,
comenzó una oleada de tomas de tierras espontáneas que se extendió a lo largo de 1986 por
Azángaro y Melgar. Éste era el contexto social cuando el PCP-SL decidió destruir las unidades
asociativas, como lo hizo en el norte (La Libertad y Cajamarca) y en el centro del país (Junín).

72En este contexto, el término colono se refiere a la población no nativa, principalmente andina, que había
fluido a la zona desde los años 60, cuando el Estado impulsó la «colonización» de la selva proveyendo,
entre otros incentivos, rutas de acceso como la Carretera Marginal y otras vías.

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Las acciones subversivas en Puno se concentraron en Melgar y Azángaro —donde se


produjo la mayor cantidad de muertos— y se entrecruzaron con las tomas de tierras impulsadas
por la Federación Departamental de Campesinos de Puno (FDCP). La destrucción de empresas,
toma de pueblos, actos de amedrentamiento y asesinato de autoridades continuaron entre 1986
y 1987.
Mientras tanto, la columna del PCP-SL dirigida por Anselmo fue diezmada en Azángaro en
abril de 1987 como resultado de la ejecución de Zenobio Huarsaya, dirigente campesino en la
comunidad de Salinas y alcalde distrital de filiación izquierdista. Ese crimen, que había
motivado el rechazo de los campesinos al PCP-SL, condujo en última instancia a la derrota
militar de la columna senderista. Pero, apenas un año después de la eliminación de la columna
de Anselmo, el PCP-SL rearmó una columna en Melgar y Azángaro que comenzó a operar en
mayo de 1988 con el objetivo de destruir las SAIS. A ello se añadió la toma de pueblos y
comunidades para ejecutar a los «enemigos del partido» y a las autoridades que no se habían
avenido a abandonar sus puestos. Se creó, pues, con los mismos métodos vesánicos aplicados
en otras regiones, el vacío de autoridad sobre el que el PCP-SL empezó a edificar su «nuevo
poder».
En enero de 1989 la columna del PCP-SL inició una ofensiva dirigida a acabar con las
empresas asociativas y destruir el IER Waqrani, una organización de capacitación que
pertenecía a la prelatura de Ayaviri. El 20 de enero, esta columna atacó a la SAIS Sollocota; pero
el ataque fue repelido por la policía y la columna senderista, diezmada.
En el departamento de Apurímac se constató también el despliegue de la organización y el
control del PCP-SL, especialmente en zonas de altura. Desde 1987 se registraron asesinatos en
diversas comunidades de la provincia de Aymaraes; además, se produjeron ataques y
enfrentamientos en la provincia de Antabamba, así como en Cotabambas. Aquí el PCP-SL
constituyó algunos «comités populares», por lo que se convirtió en la primera provincia del sur
andino en ser declarada en emergencia para combatir al PCP-SL que venía perpetrando
asesinatos de tenientes gobernadores y dirigentes campesinos, así como de algunos abigeos.
En el departamento de Cusco, la acción subversiva inició también la estrategia del vacío de
autoridades para constituirse en nuevo poder.
En Lima Metropolitana y su región hay dos claros ejemplos del inicio de la escalada
senderista desde 1985: primero, el atentado contra el presidente del Jurado Nacional de
Elecciones, Domingo García Rada, el 24 de abril de 1985; y, segundo, el apagón seguido de
acciones de sabotaje, especialmente el estallido de coches bomba por las inmediaciones de
Palacio de Gobierno y Palacio de Justicia, además del incendio de varios centros comerciales,
cuando el presidente argentino Raúl Alfonsín era agasajado por su colega peruano Fernando
Belaunde, el 7 de junio de ese año. Fue la primera oportunidad en que el PCP-SL utilizó la
modalidad de coches bomba para realizar sus acciones.
Como se ha señalado antes, en estas circunstancias, Socorro Popular creció en importancia
en el conjunto de la actividad senderista en Lima. Además de la dinámica empleada por los
encargados de Socorro Popular, ocurrió un hecho importante que remeció al Comité
Metropolitano y que, finalmente, lo dejó en segundo lugar respecto de Socorro Popular: los
sucesos de los penales.
En junio de 1986, se produjeron motines sincronizados de los presos acusados de terrorismo
en los penales de Lurigancho, El Frontón y Santa Bárbara. Éstos concluyeron con la intervención
de las fuerzas del orden que produjo una gran cantidad de internos muertos.
En realidad, la historia de este hecho había empezado el año anterior. A medida que fueron
realizándose las campañas del Gran Salto, los internos de los penales limeños, sujetándose a las
directivas de militarización del aparato, convirtieron sus centros de reclusión en «luminosas
trincheras de combate». En estas circunstancias, el 13 de julio de 1985, los presos de El Frontón,
Lurigancho y Callao iniciaron motines simultáneos para ser considerados «presos especiales»,

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

presionando, desde entonces, a las autoridades para adquirir más ventajas. Sin embargo, el
motivo principal era oponerse al inminente traslado de internos hacia el nuevo penal de Canto
Grande y, de ese modo, impedir que se desbarate el aparato de dirección y el tejido de
comunicaciones con el exterior que habían organizado en las cárceles. El 4 de octubre de ese
año, la tensión acumulada dio lugar a una intervención de las fuerzas del orden que terminó
con 32 acusados de terrorismo muertos en el penal de Lurigancho.
Siguiendo la consigna de provocar al Estado para «inducir el genocidio» y así
«desenmascarar al gobierno fascista de García Pérez», los senderistas recurrieron al asesinato
selectivo. El 24 de octubre de 1985, fue asesinado Miguel Castro Castro, director del penal de El
Frontón. El 15 de enero de 1986, un enfrentamiento entre familiares de presos por terrorismo y
la Guardia Civil, cuando se inauguraba el penal de Canto Grande, dio como resultado un
muerto y catorce heridos. El 31 de enero fue asesinado un capitán de la Guardia Civil, y el 5 de
febrero, el comandante (r) EP Rubén Izquierdo, que perteneció a los servicios de inteligencia
Ante la gravedad de los acontecimientos, el 7 de febrero se declaró el estado de emergencia
en Lima y El Callao.
Esta decisión gubernamental fue vista como un «éxito» por los líderes del PCP-SL, quienes
proclamaron: «hemos obligado a que ponga [el presidente García] en emergencia a la propia
capital de la República» (PCP-SL 1986c). Según sus cálculos, el ansiado genocidio realizado por
el Estado estaba a punto de llevarse a cabo pues «van a tener que imponer el terror en los
barrios pobres, porque en Las Casuarinas no tocan ni las puertas, allí lamen. Si realizan un plan
así,‖esto‖implicaría‖*<+‖una‖situación‖m{s‖favorable‖para‖nosotros»(PCP-SL 1986c).
Luego de este hecho, los asesinatos se hicieron más frecuentes. Entre enero y mayo de 1986,
comandos senderistas en Lima asesinaron al capitán de corbeta AP José Alzadora (14 de
marzo), quien había prestado servicios en Ayacucho; al prefecto de Ica, Manuel Santana Chiri
(24 de marzo); al contralmirante AP Carlos Ponce Canessa (5 de mayo); y al mayor (r) GC Felipe
Delgado (9 de mayo), quien había servido en Ayacucho. Asimismo, el 26 de mayo intentaron
asesinar a Alberto Kitasono, secretario nacional de organización del PAP.
Luego del pico alcanzado en 1986, las acciones del PCP-SL decrecieron continuamente hasta
1988 y se puede afirmar que éste fue el período de ocaso senderista en Lima durante los 80.
Entre noviembre y diciembre de 1988, una serie de ataques para conmemorar los cumpleaños
de Guzmán y Mao abrió una nueva etapa. Tal vez esta recuperación pudo haberse dado antes;
sin embargo, la captura de Osmán Morote, realizada el 11 de junio de 1988, había postergado la
respuesta en la medida que reveló la fragilidad de los sistemas de seguridad del PCP-SL en
Lima.
Gran parte de la presencia del PCP-SL en Lima entre 1986 y 1988 se explica por el
desempeño de Socorro Popular. Este organismo, que hasta 1985 cumplía tareas de asistencia
médica, asesoramiento legal y eventualmente de propaganda, pasó en poco tiempo a ser
considerado un «comité partidario» y se colocó a la altura de los aparatos que dependían
directamente de la dirección central. La debilidad de la estructura partidaria en Lima, la
importancia que en la ciudad debía tener la política de Frente y las dudas que la dirección
central tenía sobre los cuadros de dirección del «Metro» hicieron que Guzmán prefiriera el
fortalecimiento de Socorro Popular.
El crecimiento de Socorro Popular se hace notorio desde 1985, año en el que, obedeciendo
una consigna de la dirección, se militariza y crea sus propios destacamentos y milicias. Su
organización era piramidal y dividía cada nivel de la estructura organizativa en tres
instrumentos: Partido, EGP y Frente.
En las provincias norteñas del departamento de Lima (Cajatambo, Oyón) y del sur de
Ancash (Ocros, Bolognesi), que se encontraban integradas al comité zonal del norte medio, las
iniciales incursiones, reconocimiento y tomas de contacto se convirtieron en estos años en
acción directa de control de territorios y vaciamiento de poder por asesinato de autoridades

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

locales y ataque a puestos policiales. Sin embargo, el período se cerró en esta zona con el inicio
de conflictos entre comuneros y mandos locales después del retiro de la fuerza principal, tal
como había ocurrido en otras regiones.

[Link]. La gran huida hacia delante: 1989-1992


Desde los inicios de su «guerra popular», el PCP-SL practicó deliberada y sistemáticamente
el culto a la personalidad de su líder; pero a diferencia de lo ocurrido en otras experiencias
históricas, en este caso el culto fue alimentado por el propio Guzmán, quien declaraba
insustituible «la Jefatura de la revolución» (es decir, él mismo) como garantía de triunfo final.
Este culto a la personalidad es equiparable al que se rendía a Stalin y Mao Zedong, por quienes
Abimael Guzmán proclamaba públicamente su admiración. Los aparatos de propaganda del
PCP-SL se referían al «presidente Gonzalo» sólo utilizando superlativos: «el más grande
marxista viviente sobre la Tierra», «la Cuarta Espada del marxismo».73
Por otra parte, el estilo de debate partidario, basado en la «lucha entre las dos líneas», de la
cual debía salir la «línea correcta», proletaria, previo aplastamiento de la «línea errónea»,
burguesa, y la pública humillación de sus portavoces, obligados a realizar autocríticas que
alcanzaban niveles abyectos, constituía otra fuente de su legitimidad como dirigente superior.
La lucha de dos líneas es trascendental, es la lucha de clases en el Partido, es motor del Partido
porque es la contradicción en el Partido [...]
¿Cómo proceder? Apelando a nuestra experiencia partidaria, vamos a tomar métodos utilizados
en el IX Pleno donde aprobamos ILA [...]
«Un primer método de acuchillamiento y otro de deslinde; el primero, el de acuchillamiento
implica acuchillamiento y definición frente al Partido, lo harán esto los siguientes cc: Nicolás,
Juana, Sara, Augusto, el orden implica responsabilidad, deberán destrozar sus posiciones,
destrozarse entre uds. mismos para que no haya rastro alguno de apandillamiento y definir su
posición frente al Partido. El segundo, deslinde y toma de posición lo harán Feliciano, Noemí y
Arturo, el orden implica responsabilidad, deberán deslindar entre ellos que no quede rastro
alguno de convergencia posible, deshilachar sus criterios nefastos aquí vertidos y los sostenidos
de tiempo atrás y terminarán tomando posición. Terminado ese momento deberá juzgarse por el
Congreso (15 pues 4 no opinan) El Congreso allí definirá si los cc en el primer o segundo método
han resuelto o no el problema. De no resolverlo el Congreso proseguirá con quienes sí pueden
suscribir los acuerdos. (PCP-SL 1988e)

La figura del «presidente Gonzalo» era cuasidivina. Los militantes le sacrificaban su


individualidad mediante «cartas de sujeción» en las que se comprometían por escrito a ofrendar
la vida por la causa senderista y por su máximo dirigente. Esta adhesión incondicional producía
entre los cuadros senderistas y su jefe una relación de matices religiosos. Un militante detenido
en un centro penal limeño decía, al hablar de la significación histórica de su líder, que éste
«colma el yo profundo, mueve el alma y encanta al espíritu: y da al individuo, como parte del
conjunto, razón última de vivir. Yo como individuo no soy nada; con las masas y aplicando el
pensamiento Gonzalo, puedo ser un héroe; muriendo físicamente por la revolución, viviré
eternamente» (Roldán 1990: 116).
Desde fines de 1983, Abimael Guzmán era el «presidente Gonzalo» por tres razones: por ser
presidente del Comité Central, presidente de la Comisión Nacional Militar y presidente de la
Comisión Organizadora de la República Nueva Democracia. El «presidente Gonzalo» calcó con
ello la terminología del Partido Comunista chino, del cual Mao Zedong fue presidente desde
antes de capturar el poder.
El papel providencial del «presidente Gonzalo» estaba consagrado en el PCP-SL desde el

73 Las tres primeras «espadas» eran Marx, Lenin y Mao; el «doctor» Guzmán (el título era igualmente
subrayado por su propaganda partidaria) era su digno sucesor. Aunque Guzmán sostiene que no hay un
documento partidario que hable de la «cuarta espada», esta denominación era ampliamente utilizada por
la militancia senderista y en los panfletos propagandísticos de entonces, incluido El Nuevo Diario.

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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

nombre mismo de la organización. En enero de 1983 quedó establecida la denominación oficial


de «Partido Comunista del Perú, marxista-leninista-maoísta, pensamiento guía».74 Esa
definición era fundamental para cualquier discrepancia ideológica que pudiera surgir. Para
procesar las diferencias, era fundamental el recurso a la ortodoxia, es decir, la invocación a la
fidelidad a los principios revolucionarios científicamente establecidos. Según esta visión de la
realidad, la teoría marxista-leninista-maoísta es ciencia y el conocimiento científico es único
para ellos; frente a su enunciación, todos los demás postulados son errados.

El I congreso del PCP-SL 1988: el «pensamiento Gonzalo»


El I Congreso del PCP-SL se realizó en 1988, entonces, bajo el liderazgo absoluto de
Guzmán. A ocho años de iniciadas las acciones armadas, el PCP-SL realizó este primer congreso
en Lima, en tres sesiones: una primera sesión, durante fines de enero y comienzos de febrero de
1988; una segunda, en agosto-septiembre de 1988; y una sesión final, la tercera, en junio de 1989.
Abimael Guzmán convocó, pues, a los dirigentes al congreso partidario en pleno conflicto
armado y cuando consideró que existían las condiciones para consolidarse como «jefe
indiscutible del PCP-SL» y, más aún, para hacer aprobar la declaración según la cual el
«pensamiento Gonzalo» era su contribución a la revolución peruana y, en perspectiva, a la
revolución mundial.
En el I Congreso, «hijo de la guerra popular y del Partido», participaron, en la primera
sesión, los miembros sobrevivientes del Comité Central que dio inicio a la lucha armada, como
Augusta La Torre y Elena Iparraguirre, quienes eran miembros del Comité Permanente, así
como dirigentes legitimados en la acción armada en el campo, entre los cuales sobresalía Óscar
Ramírez Durand, Feliciano, responsable del «Comité Regional Principal». Estuvieron también
los jefes responsables de comités regionales y de los principales aparatos del partido. El total de
participantes y «apoyos» fue más o menos de una treintena de personas. Al final de la tercera
sesión del I Congreso fueron «seleccionados» miembros del Comité Central diecinueve
dirigentes presentes más cuatro suplentes. De la clausura del Congreso quedó la
videograbación en la que Guzmán y su dirección nacional aparecen bailando «La danza de
Zorba», tema musical de la película Zorba el griego.
De los documentos del I Congreso del PCP-SL se deduce que fue un objetivo fundamental
de esa reunión reafirmar la sujeción plena al liderazgo de Guzmán e instituir el «pensamiento
Gonzalo» como dogma partidario, propuesta que produjo una importante discusión entre los
asistentes al Congreso. El propio Guzmán, hablando de sí mismo en tercera persona, se encargó
de sustentar la tesis de que él era portador de un nuevo tipo de pensamiento que permitía
comprender «científicamente» los fenómenos sociales y políticos, así como del desarrollo de la
lucha revolucionaria en el país, cuya propuesta podría ser útil también a otros países. Las tesis
centrales de Guzmán sobre el «pensamiento Gonzalo», es decir, sobre su propio pensamiento,
fueron expuestas en la presentación de la primera sesión del Congreso partidario. No deja de
llamar la atención que haya sido él mismo quien sustentó la propuesta del «pensamiento
Gonzalo» y quien propuso a todos lo demás asistentes su aceptación como continuación de lo
que había sido el «pensamiento guía» utilizado anteriormente.
Cuando el documento sobre línea política general fue redactado y tratado en el CP he sostenido
que el problema principal de este documento es el Pensamiento Gonzalo, me reafirmo, ustedes
han chocado abiertamente, la mayor parte de los presentes [...] el pensamiento Gonzalo es la
integración creadora (no he venido a hablar de afanes, quien vea en esto afán personal es
bastardía), es fusión de la verdad universal que hoy y en perspectiva es el maoísmo por el cual

74Durante los años previos al inicio de su lucha armada, Abimael Guzmán reivindicó para sí el mérito de
haber conferido al PCP-SL una identidad ideológica, una estrategia y una táctica como producto de la
aplicación creadora del marxismo-leninismo-maoísmo a las condiciones concretas de la revolución
peruana, a la que tipificó como «el camino de Mariátegui y su desarrollo». Posteriormente, ya se comenzó
a hablar del «pensamiento guía».

111
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

bregamos, chocan con el maoísmo. Nada es azar todo tiene su causa. De ahí que han chocado
hasta con maoísmo, eso es el colmo de la mezquindad, de la estupidez de clase.
En síntesis, como cuestión trascendental y fundamental tendremos que aprobar la Base de
Unidad Partidaria: Marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento Gonzalo, Programa y Línea
Política General, y eso es lo que vamos a aprobar, así se raje el cielo lo aprobaremos, de eso
estamos plenamente seguros.75

El discurso de Guzmán en el Congreso remarca esta idea una y otra vez:


Necesitamos un CC [...] que tiene que esforzarse por estudiar la teoría que el partido indica, no en
otros, porque de esa manera romperemos la formación unitaria que debemos tener.
¿Por qué? Porque Marx, Lenin, Mao: «Son jefes de la revolución mundial, el que lo sean también
de su partido es subsidiario».
Jefe es una necesidad [...] las jefaturas son recordadas en intensas luchas [...] pero un jefe deviene
hasta un símbolo de una revolución o de la revolución mundial. Un ejemplo: los prisioneros de
guerra en la Guerra Civil española reforzaban su optimismo viendo una imagen de Lenin, son
cosas que debemos entender.

El I Congreso permitía, así, pasar del «pensamiento guía» ya aceptado —es decir la
continuación superadora de «el pensamiento de Mariategui y su desarrollo»— a «pensamiento
Gonzalo», no sin recibir críticas que fueron lapidadas por Guzmán:76
1. Contraponer Presidente Gonzalo con Mariátegui y Presidente Gonzalo con Presidente
Mao Tse Tung [...] Primero, es absurdo comparar figuras históricas, nunca podríamos
contraponer a Marx con Lenin ni Presidente Mao [...]
2. El fondo es levantar a Mariátegui para oponerse al pensamiento Gonzalo, es no entender
que en el mundo hay maoísmo [...] yo he dicho que sólo a partir del Presidente Mao he
comprendido y revalorado más a Mariátegui.
3. Un pensamiento más [...] Implica que hay otros, va contra pensamiento Gonzalo.
4. Fusión más alta [...]. ¿Otras fusiones? No existe ninguna otra. Mariátegui no, porque él
es fusión marxismo-leninismo con la realidad y ha sido el Presidente Gonzalo quien
planteó similitudes entre algunas tesis de Mariátegui y leyes establecidas por el
presidente Mao.77

La formalización del «pensamiento Gonzalo» como añadido a los ismos ya existentes era un
primer paso. La idea de Guzmán, ahora lo sabemos, era hacer aprobar posteriormente el
«gonzalismo», es decir, instituir una doctrina válida universalmente como parte de la teoría
revolucionaria. Así, el PCP-SL sería la cuna del nacimiento del marxismo-leninismo-maoísmo y
«gonzalismo».

75 Intervención de Guzmán en la primera sesión del I Congreso, 1989.


76 «Si tomamos, por ejemplo, la Entrevista [del Siglo] el debate puede centrarse inicialmente en la primera
parte y que todos opinen; surgen las ideas que chocan, se separa a los implicados, se centra en ellos y se les
diferencia; apuntando a aislar se aspira a reducir el punto de ataque y ampliar el radio de educación;
deben autocriticarse tantas veces como la asamblea lo demande, hacer que vean la raíz ideológica,
histórica, social buscando el contenido del error, sus derivaciones y cómo corregirlo; también los que
critican, en su momento deben autocriticarse y diferenciarse de los implicados; pensemos que de atarse los
implicados puede irse generando una LOD (línea oportunista de derecha), pues cada uno aportaría una
parte hasta estructurarla.
No es una simple lucha de dos líneas sino una forma desarrollada de librarla, se apunta a las ideas, al
remodelamiento de los militantes a la vida partidaria en general; uno tiene que hacer un ajuste de sus
propias ideas, ver con qué de la BUP (base de unidad partidaria) choca, considerar las circunstancias en
que se yerra, ver [el] contenido del error y encontrar [sus] raíces sociales, históricas, de clase; [analizar]
cuál es la actitud, cuál es el propio desenvolvimiento en la lucha de clases, no verse como individuo sino
como parte de una clase. Aplicar lo que el presidente Mao nos enseña: es un ajuste de ideas». Intervención
de Guzmán en la segunda sesión del I Congreso, 1989.
77 Guzmán en la primera sesión del I Congreso, 1989.

112
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Ismo tiene claro significado. Pensamiento no es sino conjunto de ideas, en tanto que ismo es una
doctrina que interpreta cabalmente toda materia en sus tres formas: naturaleza, lucha de clases y
conocimiento. No es problema de término, el problema es si tiene validez universal o no; si es
ismo, sí la tiene; si no es ismo, no la tiene.

El I Congreso discutió y aprobó el «pensamiento Gonzalo», por lo tanto, no sólo como la


aplicación de una «verdad universal», que es el maoísmo, a la práctica concreta del Perú, sino
también como pensamiento portador de «aspectos creadores» que lo podrían convertir en un
«aporte a la doctrina revolucionaria mundial», condición necesaria para convertirse algún día
en «gonzalismo».
En otras palabras, el objetivo implícito del Congreso del PCP-SL fue afirmar rotundamente
el liderazgo de Abimael Guzmán, que ya no es sólo un liderazgo orgánico sino ideológico y
globalizador, por lo tanto, opuesto a cualquier discusión, pues lo que él dice es irrebatible.
Convertido su pensamiento en dogma partidario, sólo queda permitido repetir lo que el así
llamado «presidente Gonzalo» dice.
El PCP-SL culminó en el Congreso de 1988 un largo proceso de generación de un liderazgo
omnímodo basado en una dictadura interna. En adelante los dirigentes se seleccionarían y el
«presidente Gonzalo» sería el único con potestad para hacer esta selección, independientemente
de cualquier formalidad.
En la primera sesión del Congreso y luego de recibir los informes de todos los comités y las
bases, quedó definida la jefatura. Ésta trascendía las estructuras del partido, pues Guzmán se
consideraba, además de jefe, portador de un pensamiento que es la concreción de todas las
prácticas que los millones de comunistas hicieron en el mundo y que revela las leyes que rigen
el desarrollo de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento de todos los demás. Gonzalo es
el líder absoluto del PCP-SL y, veladamente, se postula como referente para los verdaderos
comunistas del mundo, que se habían quedado sin liderazgo después de la muerte de Mao.
Algunos mandos de provincia presentes en el Congreso señalaron que, con la propuesta de
Guzmán, se negaba a Mariategui, al pretender ponerse por encima de él, de la misma forma que
Mao quedaba relegado. El Congreso fue escenario de un debate fundamental en el cual quienes
se atrevieron a oponerse a la propuesta de Guzmán, que venía camuflada como iniciativa del
Buró Político, se les exigió una autocrítica según el «método del acuchillamiento»; esto es, la
crítica feroz para que ellos mismos «reconozcan» que había sido un error cuestionar la
canonización del «pensamiento Gonzalo».
Por lo demás, los otros puntos significativos aprobados en el Congreso indican un
alejamiento cada vez mayor de la realidad. Si la realidad hubiera sido tenida en cuenta,
Guzmán habría tenido que reconocer dos obligaciones: primero, la obligación de irse al campo,
pues «es la dirección la que tiene que conducir la guerra», y ésta se estaba dando en el campo
(baste recordar a Mao en Yenan); segundo, el deber de presentar un programa que permitiera
una alianza de fuerzas suficiente como para gobernar el país una vez capturado el poder.
Es cierto que en el I Congreso del PCP-SL se aprobó un programa. Pero éste fue
absolutamente general y repetitivo de propuestas anteriores: «luchar contra la gran burguesía»,
«destruir total y cabalmente las Fuerzas Armadas del enemigo», «destruir el Estado
terrateniente burocrático». Asimismo, el acuerdo final de lograr el «equilibrio estratégico»
quedó como el lanzamiento de una mera ofensiva militar, con fuerzas escasas y sin horizonte.
Luego del I Congreso se añadió a la denominación oficial de «Partido Comunista del Perú,
marxista-leninista-maoísta, pensamiento Gonzalo» la precisión de «principalmente
pensamiento Gonzalo»
Toma de posición:
Los miembros del I Congreso del Partido Comunista del Perú asumen la toma de posición:

113
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS

Ante el marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento Gonzalo, ante el Congreso, por los


documentos fundamentales del Partido y asumiendo el compromiso solemne de estudiarlos,
debatirlos y aplicarlos; por el brillante éxito del Congreso, desarrollar la guerra popular en
función de la revolución mundial. Reconocimiento y sujeción a la jefatura del Presidente Gonzalo,
centro de unificación del Partido y garantía de triunfo y sujeción a su dirección y al partido.
(1988e)

Adoptar el «pensamiento Gonzalo» como la nueva ortodoxia le creó al PCP-SL


complicaciones también en el terreno internacional, específicamente, con el Movimiento
Revolucionario Internacionalista (MRI), una organización que aglutinaba pequeños partidos
maoístas a nivel mundial, que prestó al PCP-SL algunos servicios de apoyo en sus campañas de
propaganda internacional, aunque mantuvo sus discrepancias con las tesis del «pensamiento
Gonzalo».
Por último, una de las conclusiones del I Congreso tendría incidencia crucial en el curso del
conflicto armado:
Debemos pasar de guerra de guerrillas a guerra de movimientos; pero es con este gran Plan
aprobado en definitiva, pues no sólo ha probado su bondad sino rebasado sus objetivos y
desarrollado, que debemos llegar hasta el equilibrio estratégico.78

Una de las consecuencias visibles del I Congreso del PCP-SL fue la recuperación de su
presencia en Lima. Luego de la ostensible disminución de las acciones durante 1987 y 1988, una
nueva fase de recuperación se inició en 1989 y creció paulatinamente hasta llegar a su punto
más alto en 1992.
Un factor determinante del repunte del PCP-SL en Lima fueron los ajustes organizativos y
el «impulso hacia adelante» cuando se aprobó en el Congreso luchar por el equilibrio
estratégico. Para entonces se venía desarrollando el cuarto plan militar, Desarrollar Bases de
Apoyo, y, en ese marco estratégico, el PCP-SL puso en marcha en agosto de 1987 el Movimiento
Revolucionario de Defensa del Pueblo (MRDP).
El PCP-SL buscaba que ese «movimiento» cohesionara el trabajo de los distintos aparatos
que actuaban en Lima para provocar las acciones convergentes (paros armados) y, de esta
manera, avanzar en lo que denominaron «la incorporación de las masas».
Lo fundamental para el caso de las ciudades sería organizar el trabajo de masas. Esto debía
realizarse con el Movimiento Revolucionario de Defensa del Pueblo y en una guerra implacable
contre el «revisionismo». En las «Bases de discusión de la línea política general» elaboradas
para el I Congreso de 1988 se dice:
Organizar a las masas para que vayan más allá de lo que permite el ordenamiento legal existente,
que luchen por destruir el viejo orden y no para mantenerlo, esto es en los tres instrumentos de la
revolución: Partido a donde concurren los menos, Ejército van más y en nuevo Estado-Frente que
es la base que aglutina a las masas por saltos y progresivamente, en el campo en Comités
Populares y en las ciudades en Movimiento Revolucionario de Defensa del Pueblo. Romper así la
tradición electorera frentista que aplican los revisionistas y oportunistas de soslayar la lucha del
campesinado y en las ciudades no tomar lo principal, esto es, el Poder por la guerra. (PCP-SL
1988a)

De esta manera, tenía que aprovecharse las luchas reivindicativas de la población para
teñirlas con los objetivos políticos del PCP-SL: «Así, hay que desarrollar la lucha reivindicativa