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RECONCILIACIÓN – PERÚ
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Índice
NOTA EDITORIAL
PREFACIO
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
CONCLUSIONES
AGRADECIMIENTOS
BIBLIOGRAFÍA
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
NOTA EDITORIAL
El presente texto constituye una versión abreviada del Informe Final de la Comisión de la
Verdad y Reconciliación. Fue elaborado por la Comisión de Entrega de la CVR por encargo del
pleno de comisionados efectuado en su última sesión realizada el día 31 de agosto de 2003.
Hatun Willakuy reproduce las ideas y hallazgos principales del Informe Final. Todos los hechos
aquí relatados y las evaluaciones presentadas se encuentran sustentados en el informe integral y
sus anexos. A ellos debe remitirse el lector en busca de información más completa cuando lo
requiera.
La locución quechua Hatun Willakuy puede traducirse al español como «gran relato». Hemos
elegido este título como un tributo a quienes fueron las principales víctimas de la violencia aquí
descrita y cuyas voces permitieron reconstruir esta historia. Es, en efecto, un gran relato el que
se cuenta en el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación: la historia de una
tragedia largamente ignorada en sus aspectos más terribles y, al mismo tiempo, una ejemplar
muestra de la resistencia de la dignidad humana en el Perú.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
PREFACIO
La historia del Perú registra más de un trance difícil, penoso, de auténtica postración nacional.
Pero, con seguridad, ninguno de ellos merece estar marcado tan rotundamente con el sello de la
vergüenza y el deshonor como el fragmento de historia que estamos obligados a contar en estas
páginas. Las dos décadas finales del siglo XX son —es forzoso decirlo sin rodeos— una marca
de horror y de deshonra para el Estado y la sociedad peruanos.
Se nos pidió investigar y hacer pública la verdad sobre los veinte años de violencia de
origen político iniciados en el Perú en 1980. Al cabo de nuestra labor, podemos exponer esa
verdad con un dato abrumador y al mismo tiempo insuficiente: la Comisión de la Verdad y
Reconciliación (CVR) ha concluido que la cifra más probable de víctimas fatales en esas dos
décadas supera los 69 mil peruanos y peruanas muertos o desaparecidos a manos de las
organizaciones subversivas o por obra de agentes del Estado.
Nos ha tocado rescatar y apilar uno sobre otro, año por año, los nombres de peruanos
que estuvieron y ya no están. La cifra es demasiado grande como para que nuestra Nación
permita que se siga hablando de errores o excesos de parte de quienes intervinieron
directamente en esos crímenes. Y es, también, demasiado estridente y rotunda como para que
alguna autoridad o un ciudadano cualquiera pueda alegar ignorancia en su descargo. Este
informe expone, pues, un doble escándalo: el del asesinato, la desaparición y la tortura masivos,
y el de la indolencia, la ineptitud y la indiferencia de quienes pudieron impedir esta catástrofe
humana y no lo hicieron.
Hemos afirmado que el dato numérico es abrumador, pero insuficiente. Es cierto. Poco
explica ese número o cualquier otro sobre las asimetrías, las responsabilidades y los métodos
del horror vivido por la población peruana. Y poco nos ilustra, también, sobre la experiencia del
sufrimiento que se abatió sobre las víctimas para no abandonarlas más. En el Informe Final
cumplimos con el deber que se nos impuso y con la obligación que contrajimos
voluntariamente: exponer públicamente la tragedia como una obra de seres humanos padecida
por seres humanos.
De cada cuatro víctimas, tres fueron campesinos o campesinas cuya lengua materna era
el quechua. Se trata, como saben los peruanos, de un sector de la población históricamente
ignorado por el Estado y por la sociedad urbana, aquélla que sí disfruta de los beneficios de
nuestra comunidad política. La CVR no ha encontrado bases para afirmar, como alguna vez se
ha hecho, que éste fue un conflicto étnico. Pero sí tiene fundamento para aseverar que estas dos
décadas de destrucción y muerte no habrían sido posibles sin el profundo desprecio a la
población más desposeída del país, evidenciado por miembros del Partido Comunista del Perú
Sendero Luminoso (PCP-SL) y agentes del Estado por igual, ese desprecio que se encuentra
entretejido en cada momento de la vida cotidiana de los peruanos.
Diecisiete mil testimonios aportados voluntariamente a la CVR nos han permitido
reconstruir, siquiera en esbozo, la historia de esas víctimas. Agobia encontrar en esos
testimonios, una y otra vez, el insulto racial, el agravio verbal a personas humildes, como un
abominable estribillo que precede a la golpiza, la violación sexual, el secuestro del hijo o la hija,
el disparo a quemarropa de parte de algún agente de las Fuerzas Armadas o la policía. Indigna,
igualmente, oír de los dirigentes de las organizaciones subversivas explicaciones estratégicas
sobre por qué era oportuno, en cierto recodo de la guerra, aniquilar a ésta o aquélla comunidad
campesina.
Mucho se ha escrito sobre la discriminación cultural, social y económica persistentes en
la sociedad peruana. Poco han hecho las autoridades del Estado o los ciudadanos corrientes
para combatir ese estigma de nuestra comunidad. Este informe muestra al país y al mundo que
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
es imposible convivir con el desprecio, que éste es una enfermedad que acarrea daños muy
tangibles. Desde hoy, el nombre de miles de muertos y desaparecidos estará aquí, en estas
páginas, para recordárnoslo.
Nadie se debe escudar en los defectos de nuestra sociedad ni en los rigores de nuestra
historia para evadir sus responsabilidades. Es cierto —y esa es una lección mayor de este
informe— que existe una culpa general, la culpa de la omisión, que involucra a todos los que
dejamos hacer sin preguntar en los años de la violencia. Somos los primeros en señalarlo así. Pero
al mismo tiempo advertimos que existen responsabilidades concretas que afrontar y que el Perú
—como toda sociedad que haya vivido una experiencia como ésta— no puede permitir la
impunidad. La impunidad es incompatible con la dignidad de toda nación democrática.
La CVR ha encontrado numerosos responsables de crímenes y violaciones de los
derechos humanos y así lo hace saber al país por los canales pertinentes, respetando siempre los
requisitos y restricciones que señala la ley peruana para imputar un delito. La CVR exige y
alienta a la sociedad peruana a exigir que la justicia penal actúe de inmediato, sin espíritu de
venganza, pero con energía y sin vacilaciones.
Sin embargo, este relato va, en realidad, más allá del señalamiento de responsabilidades
particulares. Hemos encontrado que los crímenes cometidos contra la población peruana no
fueron, por desgracia, atropellos de ciertos sujetos perversos que se apartaban, así, de las
normas de sus organizaciones. Nuestras investigaciones de campo, sumadas a los testimonios
ya mencionados y un meticuloso análisis documental, nos obligan a denunciar en términos
categóricos la perpetración masiva de crímenes coordinados o previstos por las organizaciones
o instituciones que intervinieron directamente en el conflicto.
Mostramos en estas páginas de qué manera la aniquilación de colectividades o el
arrasamiento de ciertas aldeas estuvo previsto en la estrategia del PCP-SL. Junto con ello, el
cautiverio de poblaciones indefensas, el maltrato sistemático, el asesinato como forma de
impartir ejemplos e infundir temor conformaron una metodología del horror puesta en práctica
al servicio de un objetivo —el poder— considerado superior al ser humano.
El triunfo de la razón estratégica, la voluntad de destrucción por encima de todo
derecho elemental de las personas, fue la sentencia de muerte para miles de ciudadanos del
Perú. Esta voluntad la hemos encontrado enraizada en la doctrina del PCP-SL, indistinguible de
la naturaleza misma de la organización en esos veinte años. Nos hemos topado con aquella
razón estratégica en las declaraciones de los representantes de la organización, que
transparentan una disposición manifiesta a administrar la muerte y aun la crueldad más
extrema como herramientas para la consecución de sus objetivos. Por su carácter
inherentemente criminal y totalitario, despectivo de todo principio humanitario, el PCP-SL es
una organización que, en cuanto tal, no puede tener cabida en una nación democrática y
civilizada como la que deseamos construir los peruanos.
Frente a un desafío tan desmesurado, era deber del Estado y sus agentes defender a la
población —su fin supremo— con las armas de la ley. Debe quedar claro que el orden que
respaldan y reclaman los pueblos democráticos no es el de los campos de concentración, sino
aquél que asegura el derecho a la vida y la dignidad de todos. No lo entendieron así los
encargados de defender ese orden. En el curso de nuestras investigaciones, y teniendo a mano
las normas de derecho internacional que regulan la vida civilizada de las naciones, hemos
llegado a la convicción de que, en ciertos períodos y lugares, las Fuerzas Armadas incurrieron
en una práctica sistemática o generalizada de violaciones de derechos humanos y que existen
fundamentos para señalar la comisión de delitos de lesa humanidad, así como infracciones al
derecho internacional humanitario.
Como peruanos, nos sentimos abochornados por decir esto, pero es la verdad y
tenemos la obligación de hacerla conocer. Durante años, las fuerzas del orden olvidaron que ese
orden tiene como fin supremo a la persona y adoptaron una estrategia de atropello masivo de
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
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por sí solos, en sus páginas, actos de coraje, gestos de desprendimiento, signos de dignidad
intacta que nos demuestran que el ser humano es esencialmente magnánimo. Ahí se encuentran
quienes no renunciaron a la autoridad y la responsabilidad que sus vecinos les confiaron; ahí se
encuentran quienes desafiaron el abandono para defender a sus familias convirtiendo en arma
sus herramientas de trabajo; ahí se encuentran quienes pusieron su suerte al lado de los que
sufrían prisión injusta; ahí se encuentran los que asumieron su deber de defender al país sin
traicionar la ley; ahí se encuentran quienes enfrentaron el desarraigo para defender la vida. Ahí
se encuentran: en el centro de nuestro recuerdo.
Presentamos este relato como un homenaje a todos ellos y a todas ellas. Lo
presentamos, además, como un mandato de los ausentes y de los olvidados a toda la Nación. La
historia que aquí se cuenta habla de nosotros, de lo que fuimos y de lo que debemos dejar de
ser. Esta historia habla de nuestras tareas. Esta historia comienza hoy.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
PRIMERA PARTE
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
CAPÍTULO 1
El conflicto armado interno vivido en el Perú entre 1980 y el 2000 ha sido el de mayor
duración, el de impacto más extenso sobre el territorio nacional y el de más elevados costos
humanos y económicos de toda la historia republicana. El número de muertes que ocasionó este
enfrentamiento supera ampliamente las cifras de pérdidas humanas sufridas en la guerra por la
independencia y la guerra con Chile —los mayores conflictos en los que se ha visto involucrado
nuestro país—.
A lo largo de su trabajo de investigación, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR)
recibió testimonios que le permitieron identificar a 23,969 peruanos muertos o desaparecidos;
sin embargo, los cálculos y las estimaciones estadísticas realizadas permiten afirmar que la cifra
total de víctimas fatales del conflicto armado interno superó en 2.9 veces esa cantidad.
Aplicando una metodología llamada Estimación de múltiples sistemas, la CVR ha estimado que el
número más probable de peruanos muertos o desaparecidos en el conflicto armado interno se
sitúa alrededor de las 69 mil personas.1
Con esta metodología estadística, la CVR ha estimado que 26,259 personas murieron o
desaparecieron a consecuencia del conflicto armado interno en el departamento de Ayacucho
entre 1980 y 2000. Si la proporción de víctimas calculadas para Ayacucho respecto de su
población en 1993 hubiera sido la misma en todo el país, el conflicto armado interno habría
causado cerca de 1.2 millones de víctimas fatales en todo el Perú, de las cuales
aproximadamente 340 mil habrían ocurrido en la ciudad de Lima Metropolitana, el equivalente
a la proyección al año 2000 de la población total de los distritos limeños de San Isidro,
Miraflores, San Borja y La Molina.
Los datos mencionados no exponen solamente la intensidad de la violencia. Ellos muestran,
1El número calculado es 69,280 víctimas fatales, en un intervalo de confianza al 95%, cuyos límites inferior
y superior son 61,007 y 77,552 personas respectivamente.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
2 Por ejemplo, en los casos de las dictaduras militares de Argentina, Chile o los conflictos internos de
América Central (Nicaragua, El Salvador, Guatemala).
3 Del mismo modo, es importante mencionar que, respecto de la estimación estadística del total de
víctimas realizada por la CVR, la responsabilidad de muertos y desaparecidos que se atribuye al PCP-SL
es 46%.
4 La CVR ha recibido testimonios de muertes y desapariciones como producto del conflicto armado interno
en todos los departamentos, salvo Moquegua y Madre de Dios. Sólo en Tacna (1) y en Tumbes (4) la cifra
de víctimas reportadas a la CVR es de un dígito.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Argentina.
Por otra parte, es relevante señalar que durante las décadas de la violencia existió
información relativamente amplia sobre los hechos y sobre las violaciones de derechos
humanos que se estaban produciendo. Contribuyeron a ello la existencia de una prensa libre —
si bien ésta fue hostigada en ciertos lugares y en ciertos períodos del proceso—, la actividad de
las organizaciones defensoras de los derechos humanos y diversas investigaciones
parlamentarias y judiciales. Debe decirse, sin embargo, que éstas tuvieron poco éxito en cuanto
a la sanción efectiva de los responsables.
La CVR ha constatado, no obstante lo dicho, que existió un sesgo en la recolección de dicha
información y la realización de investigaciones, pues no se sistematizaron adecuadamente las
denuncias ni se documentó e identificó suficientemente a las víctimas de hechos cuya
responsabilidad era atribuida a los grupos subversivos.5 Debido a ello, antes de las
investigaciones realizadas por la CVR, dentro del grupo de víctimas que se había logrado
identificar hasta entonces6 menos del 5% de los casos correspondían a personas asesinadas o
desaparecidas por miembros del PCP-SL, lo que provocó que las proyecciones realizadas
anteriormente por otras instituciones, oficiales o particulares, subestimaran en gran medida la
responsabilidad de dicha organización subversiva en lo que se refiere al número de víctimas
fatales.
Es importante analizar las dos décadas de violencia de origen político como un proceso que
alcanzó diversos grados de intensidad y de extensión geográfica y que afectó principalmente a
zonas y estratos lejanos del poder político y económico del país. En varios lugares, una vez
controlada la amenaza subversiva armada, las poblaciones quedaron bajo dominio militar por
extensos períodos. La lejanía del poder y de los ámbitos de decisión, en un país fuertemente
centralizado, permitió que el «problema de la violencia», crucial y cotidiano para cientos de
miles de peruanos, quedara relegado entre las prioridades públicas y privadas del país por
varios años.
El estudio de este período de violencia debe considerar, por otro lado, ciertos elementos
centrales de la historia nacional de fines del siglo XX. Cabe citar entre ellos una severa crisis
económica que desembocó, a fines de la década de 1980 e inicio de los años 1990, en una
hiperinflación inédita en la historia peruana.7 Asimismo, el país experimentó momentos de
aguda crisis política que debilitaron el sistema de partidos y propiciaron la aparición de
liderazgos informales —denominados independientes—. Corolario de esta crisis política fue un
golpe de Estado en abril de 1992 y años más tarde, en noviembre de 2000, el abandono de la
Presidencia de la República por su titular de facto en medio de uno de los mayores escándalos
de corrupción de la historia del país. Del mismo modo, se debe tener en cuenta que, durante las
décadas de violencia, el Perú vivió dos conflictos bélicos con Ecuador, en 1981 y en 1995.
Un elemento de singular importancia es el fenómeno del narcotráfico que coincidió con el
surgimiento y la expansión de la subversión y con su represión por parte de las fuerzas de
seguridad del Estado. El crecimiento de las áreas de cultivo de coca destinadas al narcotráfico,
principalmente en la ceja de selva, facilitó la aparición de espacios muy particulares en los que
la presencia estatal había retrocedido mientras crecía la de grupos armados irregulares
vinculados a dicha actividad ilícita. De esta manera, la zona del alto Huallaga se convirtió,
desde mediados de los años ochenta, en uno de los escenarios de mayores enfrentamientos de
todo el conflicto interno, por lo que el río Huallaga quedó convertido en la fosa de restos
5 Se debe precisar que ese sesgo obedecía a la definición institucional de las organizaciones que
documentaban la violencia, cuyos objetivos eran registrar e investigar violaciones de derechos humanos
por parte del Estado.
6 Es decir, el grupo de víctimas cuyos nombres y casos habían sido documentados por alguna institución y
sistematizados en una base de datos. Véase, por ejemplo, Defensoría del Pueblo. La desaparición forzada de
personas en el Perú 1980-1996. Informe Defensorial n.° 55. Lima: Defensoría del Pueblo, 2001.
7 La tasa de inflación anual en 1990 fue de 7,658%.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
humanos más grande del país. En tales circunstancias, todos los actores que intervinieron en la
zona terminaron siendo afectados por el narcotráfico y la corrupción que de éste se deriva.
Entonces, mi pueblo era pues un pueblo, no sé... un pueblo ajeno dentro del Perú.8
Entre los miles de testimonios recopilados por la CVR, es común encontrar frases que dan
cuenta del sentimiento de exclusión e indiferencia que experimentaron las personas y
comunidades que fueron las víctimas mayoritarias del conflicto armado interno. Muchos de
ellos sintieron que para el resto del país, en especial para los principales centros del poder
político y económico, lo ocurrido en sus pueblos, casas y familias sucedía en «otro país».
Durante muchos años, el Perú moderno, urbano y limeño, trató con indiferencia a las
regiones más afectadas por la violencia, las más alejadas y pobres. Incluso cuando el conflicto
armado arremetió con fuerza en el corazón de las principales ciudades a finales de la década del
80 e inicios de la del 90, fue difícil unificar las experiencias y la memoria de la violencia de
mundos tan distintos, a un punto tal que, cuando la televisión dio su mayor atención a la
tragedia, la imagen emblemática de las víctimas que apareció en las pantallas no fue la de los
campesinos quechuas sino la de los habitantes hispanohablantes de las urbes.
En el mapa del Perú, la intensidad de la violencia aparece como una mancha oscura a lo
largo de la sierra y la selva de la mitad central del país. Fue en esas localidades donde se reportó
el mayor número de víctimas fatales9 (véase el mapa 1 al final de este capítulo).
8 CVR. Audiencia pública de casos en Ayacucho. 8 de abril de 2002. Testimonio de Primtivo Quispe .
9 Las víctimas fatales incluyen también a las personas que se encuentran desaparecidas en el momento de
la elaboración del Informe Final a consecuencia del conflicto armado interno.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Gráfico 1
AYACUCHO
JUNIN
HUÁNUCO
HUANCAVELICA
APURIMAC
SAN MARTÍN
LIMA - CALLAO
PUNO
UCAYALI
CUSCO
OTROS
10 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Informe sobre el desarrollo humano, Perú 2002:
aprovechando las potencialidades-Sinopsis. Lima: PNUD, 2002.
11 Véase: Instituto Nacional de Estadística e Informática. Mapa de necesidades básicas insatisfechas de los
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
AQUÍ GRÁFICO 2
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Gráfico 2
40%
30%
20%
10%
0%
Quintil más pobre 2 3 4 Quintil menos
pobre
AQUÍ GRÁFICO 3
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Gráfico 3
100%
75%
50%
25%
0%
Perú Ayacucho Junín Huánuco
Fuente: CVR, INEI
Elaboración: CVR Censo 1993 CVR
Sin embargo, son las distancias culturales entre las víctimas y el resto del país las que
aparecen como las más dramáticas. Mientras que, de acuerdo con el censo de 1993, sólo para un
quinto del país al quechua u otras lenguas nativas era su idioma materno, esa proporción
supera el 75% entre los muertos y desaparecidos reportados a la CVR. En los tres
departamentos más afectados, la proporción de personas que hablaban quechua u otra lengua
nativa fue siempre mayor entre las víctimas fatales reportadas a la CVR que en el conjunto de la
población (véase el gráfico 4). Asimismo, las víctimas fatales reportadas a la CVR tenían niveles
educativos muy inferiores al promedio nacional: mientras que, de acuerdo con el censo nacional
de 1993, cerca del 40% de la PEA mayor de 15 años tenía niveles inferiores a la secundaria, en el
caso de las víctimas fatales documentadas por la CVR esa proporción se elevó al 68%.
AQUÍ GRÁFICO 4
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Gráfico 4
100%
75%
50%
25%
0%
Perú Ayacucho Junín Huánuco
Fuente: CVR, INEI
Elaboración: CVR Censo 1993 CVR
Gráfico 5
5000
4000
3000
2000
1000
0
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Como se aprecia en el gráfico 5, existen dos picos que marcan fases diferentes en el conflicto
armado: 1984 y 1989. El primero corresponde al momento de mayor intensidad y que provocó
el mayor número de muertos y desaparecidos reportados a la CVR (19% del total de víctimas).
Se inscribe en los períodos iniciales del conflicto, centrados esencialmente en el departamento
de Ayacucho, en los que se aprecia un notable aumento de la violencia, especialmente a partir
de 1983 luego de que en diciembre de 1982 se encargó a las Fuerzas Armadas la conducción de
la lucha contrasubversiva. Luego de un momento de descenso del número de víctimas fatales,
cuyo punto más bajo fue 1986, a partir de 1987 se inició un recrudecimiento de la violencia que
alcanzó otro pico en 1989 y que se mantuvo en niveles relativamente elevados hasta 1992, año
en que Abimael Guzmán Reinoso fue capturado y se desbarató la dirección central del PCP-SL.
Si bien en esta segunda fase no se llegó a los niveles alcanzados en 1984, el conflicto se expandió
a cada vez más lugares del país.
AQUÍ GRÁFICO 5
El gráfico 6 compara la intensidad de la violencia con su expansión hacia diferentes ámbitos
geográficos.12 Se observa cómo, a partir de 1987, luego del descenso experimentado entre 1985 y
1986, no sólo se incrementó el número de muertos o desaparecidos reportados a la CVR, sino
también los lugares donde ocurrieron los hechos. Como se ve, el año más intenso en términos
de víctimas fue 1984, pero entre los años 1989 y 1992 más localidades experimentaron el
conflicto armado interno.
AQUÍ GRÁFICO 6
Gráfico 6
4500 400
No. DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS
300
3000
No. DE DISTRITOS
200
1500
100
0 0
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
12 Los indicadores empleados son número de muertos y desaparecidos reportados a la CVR para la
intensidad de la violencia (escala del eje vertical izquierdo) y número de distritos donde los hechos que
provocaron esas víctimas tuvieron lugar (escala del eje vertical derecho).
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Gráfico 7
100%
75%
50%
25%
0%
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
AQUÍ GRÁFICO 7
Se ha señalado antes, que de acuerdo con los cálculos realizados por la CVR, el número
de víctimas fatales del conflicto armado interno se hallaba alrededor de las 69 mil personas.
Tales magnitudes pueden resultar inverosímiles para un considerable sector de la sociedad
peruana. Sin embargo, la verdad que el país necesita asumir en toda su gravedad es que el Perú
rural, andino y selvático, quechua y asháninka, campesino, pobre y con escasa instrucción
formal se desangró durante años sin que el resto de la Nación se percatara de la verdadera
dimensión de la tragedia de ese «pueblo ajeno dentro del Perú».
Esos son los peruanos que faltan en nuestro país, los más invisibles, pero no menos reales:
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
los Quispe, Huamán,13 Mamaní, Taype, Yupanqui, Condori, Tintimari, Metzoquiari. A pesar de
ser y sentirse demasiadas veces ajenos y excluidos por el resto de peruanos, ellos reclaman ser
considerados con respeto y justicia:
Señores chaymi ñuqa munani kachun respeto, kachunyá manchakuy, masque imayrikulla
kaptiykupas, wakcha pobri kaptiykupas, campesino totalmente ñuqañaykuchu kaniku, huk real
llapas killapi ganaq, mana ni pipas kanikuchu. Señores, chayta ya justiciyata mañakuykiku.
[Señores, por eso yo quiero que haya respeto. Que haya pues temor de Dios, aunque sólo seamos
muy humildes. Aunque seamos huérfanos y pobres. Campesino puro podemos ser; que ganamos
sólo un real por mes y, aunque no seamos nadie, señores, ésta es la justicia que le pedimos.]
14
13Los dos apellidos más frecuentes entre las personas muertas y desaparecidas registradas en la base de
datos de la CVR son Quispe y Huamán.
14 CVR. Audiencia pública de casos en Huanta. 11 de abril de 2002. Testimonio de la señora Sabina
Valencia.
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15El último párrafo del artículo 3 común de los Convenios de Ginebra establece: «La aplicación de las
anteriores disposiciones no surtirá efectos sobre el estatuto jurídico de las Partes en conflicto».
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16 Corte Interamericana de Derechos Humanos, sentencia de fondo, caso Barrios Altos (Chumbipuma
Aguirre y otros versus Perú), expedida el 14 de marzo de 2001, párrafo 51, numeral 3.
17 Corte Interamericana de Derechos Humanos, sentencia de interpretación de la sentencia de fondo, caso
Barrios Altos (Chumbipuma Aguirre y otros versus el Perú), 3 de septiembre de 2001, parte resolutiva,
numeral 2.
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18 Corte Interamericana de Derechos Humanos, sentencia Barrios Altos, 14 de marzo de 2001, parte resolutiva,
párrafo 41.
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19 Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, sentencia Tadic, 7 de mayo de 1997, párrafo 648.
También, Comisión de Derecho Internacional, Proyecto de Código de Crímenes contra la Paz y la
seguridad de la Humanidad, 1996, párrafos 94 y 95. En el mismo sentido, el Tribunal Penal Internacional
para Ruanda declaró: «El concepto sistemático puede ser definido como un acto conscientemente
organizado y que sigue un patrón determinado, basándose en una política común que utiliza recursos
públicos o privados. No es requisito que esta política se deba adoptar formalmente como una política de
Estado. Sin embargo, debe haber una cierta clase de plan o política preconcebida», en sentencia del caso
Akayesu, ICTY-96-4, 2 de septiembre de 1998.
20 Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, sentencia Tadic, 7 de mayo de 1997, párrafo 648.
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Las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado peruano ocurrieron, por lo
general, durante regímenes democráticos, con elecciones periódicas, libertad de expresión y
derechos constitucionales vigentes. La aplicación de la teoría no puede ser mecánica ni puede
justificar por sí sola la responsabilidad del poder político sobre los actos que implican graves
violaciones a los derechos humanos. Salvo el período instaurado por el golpe de estado del 5 de
abril de 1992, la aproximación general del Informe Final detalla cómo en contextos democráticos
se produjeron patrones consistentes de violaciones de los derechos humanos cometidos por
agentes del Estado. La combinación de democracia constitucional y violaciones de los derechos
humanos obliga a un análisis más detallado de la relación entre la violación específica y la
cadena de mando. Los patrones de violaciones de los derechos humanos determinados en el
Informe Final corresponden, en numerosos casos, a estos comandos político-militares o los jefes
militares de una zona o subzona de seguridad nacional. Se ha señalado en reiteradas ocasiones
en el Informe Final y en otras fuentes, cómo en las zonas declaradas en estado de emergencia se
suspendió, fácticamente, el estado de derecho y la constitucionalidad. En suma, cabe presumir
que en reiteradas ocasiones estas estructuras regionales o locales actuaron al margen de la
Constitución y de la ley.
Siguiendo esta línea de razonamiento, las situaciones del PCP-SL y del MRTA son distintas
entre sí y, ambas, diferentes de la de los agentes del Estado. El PCP-SL era un aparato
organizado de poder, sus ejecutores eran intercambiables y, evidentemente, el PCP-SL se colocó
al margen de la ley. Su objetivo era destruir el Estado que sustenta el Derecho. No se trató de
ninguna manera de una guerrilla que luchó contra un régimen totalitario en una guerra de
liberación nacional. Sus actos, además, profundizaron la ilegalidad de la organización, aun
cuando se reconozca las motivaciones políticas que la sustentaron. Por ello, los órganos
jurisdiccionales deberán tomar en cuenta la teoría del dominio del hecho para evaluar la
responsabilidad penal de los mandos senderistas.21 El caso del MRTA tiene similitudes y
diferencias con el del PCP-SL. Las diferencias radican, más bien, en el sustento estratégico de
sus acciones, la entidad de las mismas y las consecuencias que produjeron. Por ello, la teoría del
dominio del hecho podrá ser aplicable con más facilidad a los secuestros que a otros hechos. En
estos casos, como ha sido señalado ya, se han reunido elementos de juicio que permiten afirmar
que la dirección central del MRTA planificó, ideó y organizó el crimen de manera directa.
Con relación a los comités de autodefensa, la atribución de responsabilidad alcanza a los
hechos materiales, así como a los superiores de dichas organizaciones. Dependiendo del caso
específico, esta responsabilidad puede alcanzar a los jefes militares de la zona en cuestión,
cuando existan elementos de juicio que permitan inferir una relación efectiva de subordinación
de dichos comités a las citadas autoridades militares.
21La responsabilidad alcanza al presidente del PCP-SL, al Comité Central y a los Comités Regionales, así
como al Metropolitano.
28
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
número total de víctimas fatales (véase el gráfico 8) no puede entenderse como atenuante de la
responsabilidad moral y política que cabe a los distintos agentes causantes de daños a la
población civil.
AQUÍ GRÁFICO 8
Gráfico 8
2500
2000
1500
1000
500
0
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
29
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
un control total de los poderes del Estado. La estrategia preveía la acción restablecedora del
orden de parte de las Fuerzas Armadas, que destruiría violentamente muchas de las iniciales
bases senderistas, y anticipaba una sangrienta y prolongada confrontación para dirimir
superioridades.
Con el objetivo de destruir total y radicalmente el poder local, ya fuera estatal o tradicional,
y construir «bases de apoyo», el PCP-SL optó por una política de aniquilamientos selectivos; y,
para reprimir toda resistencia, aplicó consistentemente una política de represalias
desproporcionadas. Los aniquilamientos fueron consagrados como una «forma de lucha»
indesligable de otras tácticas normalmente utilizadas en los conflictos armados internos, como
los sabotajes, la propaganda armada y las emboscadas contra unidades militares aisladas o
pequeñas.
Del mismo modo, el PCP-SL optó por construir aceleradamente, en aquellos lugares donde
lograba sustituir a las autoridades locales, unidades armadas; para ello, no vaciló en recurrir al
reclutamiento forzoso, incluso de menores de edad. Alrededor de esta forma de violencia, que
explica la gran cantidad de secuestros y desapariciones atribuidas al PCP-SL se generaron una
serie de violaciones colaterales como la violencia sexual, la servidumbre, la tortura y los tratos
crueles, inhumanos o degradantes.
Sin embargo, las unidades armadas que el PCP-SL organizaba no tenían como objetivo
defender las «bases de apoyo» creadas, puesto que para su concepción estratégica era deseable
provocar una represión desproporcionada de las fuerzas del orden y que esa represión
produjera fuertes daños. Suponía que el consiguiente rechazo de la población se traduciría en
apoyo a su causa.
Cuando se hacía urgente mantener a la población como apoyo logístico de unidades
militares importantes, se optaba por una política de desplazamiento forzoso y servidumbre que
obligaba a la población civil (considerada como «masa») a trasladarse de un lugar a otro
huyendo de la presencia estatal, sin reparar en las inhumanas condiciones de vida a las que esa
población era sometida en campamentos improvisados.
Las diferencias de la estrategia militar del PCP-SL con respecto a la normalmente aplicada
por otros grupos insurgentes en América Latina explican su propensión a realizar actos de
extrema brutalidad y su recurso permanente a la violencia como medio para impartir ejemplos.
Incluso cuando se llevaban a cabo acciones corrientemente utilizadas por otros grupos armados
en conflictos internos, existía un ingrediente de saña y crueldad calculado para crear un
sentimiento de zozobra generalizado que sería supuestamente favorable a sus objetivos, al
provocar respuestas desproporcionadas y desmoralizar al enemigo.
La provocación fue un elemento permanente en la práctica senderista; pero, para ser
efectiva, debió asegurarse de adoctrinar a sus militantes con un sentido fatalista de sus vidas. El
llamado «pensamiento Gonzalo» elevó a la categoría de verdad científica el concepto de una
«cuota de sangre» que la población debía pagar para lograr el triunfo de la lucha senderista, y
que incluía la disposición de los militantes a sacrificar sus vidas en acciones que no podían
reportar ninguna ventaja militar y que sólo podían terminar en su propia destrucción.
La estrategia del PCP-SL se mantuvo, en general, invariable a lo largo del conflicto y cambió
sólo en forma cuantitativa cuando se expandía a otras zonas o aumentaba de escala, como
ocurrió con los «paros armados». Cada situación que cuestionaba la efectividad de la estrategia
elegida, ya fuese la resistencia de la población local o las operaciones estatales, se respondía no
con una revisión de la estrategia, sino con un aumento de la violencia. Así ocurrió cuando el
PCP-SL debió enfrentar la resistencia de comunidades que rechazaban su proyecto: incapaz de
aceptar que no había ganado la legitimidad que buscaba, el PCP-SL generalizó enfrentamientos
masivos entre sus columnas armadas y los grupos de autodefensa, a los que veía como
«mesnadas feudales» y no como lo que eran, la respuesta desesperada de poblaciones que
asumían la función de protección que el Estado no cumplía.
30
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Gráfico 9
Secuestros
Torturas
Asesinatos
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
El gráfico 9 muestra la distribución porcentual a lo largo de los años de los casos de los
principales crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos por el PCP-SL que
fueron reportados a la CVR. En el gráfico se pueden observar dos grandes ciclos de violencia
desatada por esta organización subversiva. El primero, que va de 1982 a 1985, es el de mayor
intensidad. Entre esos años se cometieron cerca de un tercio de los asesinatos perpetrados por el
PCP-SL que fueron reportados a la CVR. Este primer ciclo de intensa violencia en el conflicto
armado interno se concentró, básicamente, en el departamento de Ayacucho y está relacionado
con tres procesos:
El intento por parte del PCP-SL de imponer su modelo de estructura social y estatal en
el campo ayacuchano a través de la formación de los llamados «comités populares».
La resistencia cada vez más creciente (especialmente a partir de 1983) de la población
campesina ayacuchana al proyecto totalitario senderista.
La intervención de las Fuerzas Armadas en el conflicto armado interno y la estrategia
de la organización subversiva para provocar actos de represión violenta e
indiscriminada por parte de las fuerzas del orden.
AQUÍ GRÁFICO 9
Luego de una violenta represión por parte de las fuerzas del orden que, además de causar
miles de víctimas inocentes en Ayacucho, golpeó duramente al aparato político y militar del
PCP-SL. Esta organización subversiva entró en una etapa de repliegue —prevista en sus planes
que anticipaban una respuesta violenta del Estado— y de penetración en otros espacios sociales
y geográficos distintos al escenario ayacuchano. Entre 1985 y 1987, el PCP-SL buscó generar
«bases de apoyo» y ampliar su radio de acción a las regiones central, nororiental, sur andina y
las ciudades, en un intento por vincularse con diferentes sectores como el campesinado cocalero
del valle del Huallaga, las comunidades campesinas de Junín, Huancavelica y Apurímac, a la
vez que intensificaba un trabajo de proselitismo político entre sectores juveniles radicalizados
en las universidades de Lima y Huancayo, principalmente.
31
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Hacia 1988 se desencadenó otro ciclo de intensa violencia en estos nuevos escenarios. La
magnitud de los crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos por la organización
subversiva en este período se explica por causas similares a las del primer ciclo. Sin embargo, en
este período la resistencia de la población, de sus autoridades y de los dirigentes sociales fue
mucho más temprana y decidida, como lo demuestra el caso de la exitosa resistencia de las
comunidades campesinas puneñas, la expansión de las rondas campesinas y de los comités de
autodefensa. Por otro lado, en esta nueva etapa, el Estado y las fuerzas del orden habían
logrado diseñar una nueva estrategia contrasubversiva que reforzaba el trabajo de inteligencia,
realizaba operativos de represión más selectivos e incorporaba a la población campesina en la
lucha contrasubversiva.
Tal y como se observa en el gráfico 9, la distribución de los principales crímenes cometidos
por el PCP-SL reportados a la CVR guarda un patrón bastante sincronizado. Esta organización
utiliza en forma concurrente y masiva el asesinato y la tortura como métodos de «lucha
armada»; del mismo modo, utiliza el secuestro como forma de reclutamiento. En conjunto, estos
métodos tienen el efecto de provocar temor y zozobra en la población y configuran una
estrategia terrorista. Al mismo tiempo, por su carácter sistemático o generalizado constituyen
graves crímenes de lesa humanidad, condenados por el derecho peruano, y por el
ordenamiento jurídico internacional.
Cuadro 1
AQUÍ CUADRO 1
Involucrado en una lógica de aniquilamientos, provocación, progresivo aumento de la
violencia y transformación de antiguos conflictos intercomunales en enfrentamientos armados,
el PCP-SL desarrolló una estrategia sumamente costosa en vidas humanas, sin precedente en la
historia de los conflictos armados internos en América Latina. La enorme proporción de
víctimas fatales atribuidas al PCP-SL (54% de las víctimas reportadas a la CVR) no tiene
parangón con relación a los hallazgos de otras comisiones de la verdad en países que también
22Una correlación estadística indica cuán asociadas están dos variables; es decir, el grado en el que los
cambios en una variable influyen en otra. El coeficiente «r» de Pearson es una manera de medir dicha
asociación: mientras más cercano sea ese coeficiente a la unidad (+1 o -1) mayor asociación existe entre dos
variables. Una asociación positiva muy cercana a la unidad indica que dos variables se influyen
directamente; por ejemplo, la práctica del secuestro está muy vinculada al asesinato. Una asociación
negativa indica una relación inversa; por ejemplo, a mayor práctica de las detenciones legales, menor
práctica de la tortura.
32
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
han sufrido enfrentamientos internos, ninguna de las cuales ha atribuido más del 5% de las
víctimas fatales a la acción de grupos insurgentes.
De acuerdo con la ideología y la práctica establecida por los líderes principales del PCP-SL,
la vida humana era un valor apenas relativo; tanto la de aquéllos a los que enfrentó, como la de
sus propios militantes. Sin embargo, no deja de llamar la atención lo que ocurrió cuando los
principales dirigentes senderistas fueron capturados y se vieron frente a los mismos retos que
reclamaban a sus partidarios. Abimael Guzmán y sus seguidores más cercanos, que habían
rechazado todo tipo de diálogo con los gobiernos constitucionales de la década del ochenta, no
sólo no se enfrentaron a sus captores, sino que aceptaron una serie de privilegios y entablaron
negociaciones con un régimen dictatorial a cambio de concesiones políticas que se tradujeron en
su capitulación estratégica.
33
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
la iniciativa del PCP-SL. Esta actuación inicial de las Fuerzas Policiales no tuvo tiempo de
madurar en resultados positivos y se decidió delegar las responsabilidades de la lucha
contrasubversiva en las Fuerzas Armadas. El resultado inmediato de una decisión tal, adoptada
sin contar con una estrategia integral en todos los campos —ideológico, político, económico y
militar—, fue una abdicación del poder civil en las cada vez más amplias zonas en estado de
emergencia y un radical incremento del conflicto que acentuó los costos humanos hasta llegar a
magnitudes que nunca serían igualadas en el resto del período de violencia.
No se conocía al PCP-SL. No se sabía con precisión en qué sectores se había asentado, cuál
era el perfil de sus militantes, ni sus diferencias ideológicas con otros grupos. Los agentes del
Estado sustituyeron su falta de conocimiento por la definición de una población genérica como
el presunto enemigo: los ayacuchanos, los quechuahablantes, los estudiantes universitarios, los
dirigentes de izquierda. Ellos pasaron a ser sospechosos por asociación.
Del mismo modo, se enfrentó la preparación de las unidades contrasubversivas como un
asunto meramente técnico y militar, enfatizando la preparación física de sus miembros para
enfrentarse a geografías complejas. No se encaró la formación de estas tropas como una
capacitación ideológica y política de quienes debían ganar a la población civil evitando abusos
que alienaran su lealtad, sino como un adoctrinamiento basado en la obediencia ciega y la
disposición a cometer actos de crueldad.
A estos factores hay que agregar que las fuerzas del orden reprodujeron prácticas racistas
frente a las poblaciones entre las cuales debían desenvolverse. Los oficiales de las fuerzas del
orden provenían de sectores medios urbanos; sus distancias culturales y sociales con la
población eran muy grandes y determinaron un extendido desprecio por la misma gente a la
que tenían que defender y ganar. En muchos casos, en vez de proteger a la población
ayacuchana contra el senderismo que los sojuzgaba, se actuó como si se pretendiera proteger al
Perú de esa población.
Pese a que el PCP-SL se había rebelado contra un régimen democrático, los gobiernos
civiles, salvo iniciativas excepcionales, no utilizaron la legitimidad de la democracia para
enfrentarlo y derrotarlo ideológicamente. Por el contrario, se abdicó de la autoridad civil a favor
de respuestas militares sobre las que no se ejerció ningún control significativo. Consentir que
los jefes militares de las zonas de emergencia se convirtieran en autoridades «político-militares»
equivalía a una decisión del liderazgo civil de organizar la lucha contrasubversiva de forma tal
que sólo los líderes militares se hicieran cargo del «trabajo sucio» que se suponía inevitable en el
enfrentamiento. Por su parte, los civiles se empeñaban en ignorar y acallar las denuncias que
llegaban, en lugar de asumir la responsabilidad de diseñar una estrategia contrasubversiva
efectivamente democrática.
El estado de emergencia se desnaturalizó y, de la medida excepcional que debía ser, se hizo
permanente en distintas zonas del país, con la consiguiente suspensión de garantías previstas
en las sucesivas constituciones vigentes. El carácter permanente que se le dio a la
excepcionalidad, debilitó la democracia peruana y creó un clima propicio para las violaciones
de los derechos humanos.
La política indiscriminada de los primeros años fue reexaminada durante los momentos
iniciales del gobierno encabezado por el presidente Alan García Pérez, partiendo de un análisis
crítico de lo realizado por su antecesor, el arquitecto Fernando Belaunde Terry. Quizá lo más
relevante para ello fue, en 1985 y 1986, el funcionamiento de una Comisión de Paz y una inicial
voluntad de hacer frente a las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por
miembros de las Fuerzas Armadas. Este interregno se quebró luego de la matanza de los
penales en junio de 1986, que restó credibilidad a la posibilidad de una alternativa democrática
a la lucha contrasubversiva y jugó a favor de la estrategia de provocación y mayor polarización
preconizadas por el PCP-SL. De este modo, el conflicto no sólo no se solucionó, sino que se
expandió a otras zonas y se hizo más complejo hasta llegar a ser un fenómeno que —para
muchos— ponía en entredicho la viabilidad estatal del Perú y que tenía un alto costo en
34
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
23 Los datos sobre ejecuciones arbitrarias, desapariciones y torturas provienen de los testimonios
analizados por la CVR. La información sobre detenciones oficiales efectuadas por las fuerzas del orden
tiene las siguientes fuentes: los datos para los años 1983-1992 han sido proporcionados por la Dirección
Nacional contra el Terrorismo (oficio 55-DIRCOTE-COMASE del 13.03.2003); los datos para los años 1993-
2000 provienen del Registro Nacional de Detenidos y Sentenciados a pena privativa de la libertad efectiva
a cargo del Ministerio Público (oficio 106-2003-MP-FN-RENADESPPLE).
35
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Detenciones oficiales
Tortura
Desaparición Forzada
Ejecuciones Arbitrarias
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
La actuación de grupos como los comités de autodefensa que, aunque no eran agentes del
Estado, actuaban bajo su dirección o cuando menos bajo su aquiescencia, produjo una
significativa cantidad de violaciones de los derechos humanos. Lo mismo puede decirse de
grupos paramilitares cuyo ejemplo más conocido fue el mal denominado Comando «Rodrigo
Franco».
Como resultado de los cambios estratégicos de la segunda etapa, se observa una
disminución relativa y absoluta de los casos de ejecuciones arbitrarias (respecto de 1983-1985);
sin embargo, aumentan los casos de desaparición forzada de personas, especialmente a partir
de 1989 hasta 1992. El cambio de estrategia está también relacionado con los nuevos escenarios
del conflicto, abiertos por el proceder de las organizaciones subversivas, especialmente en las
zonas urbanas donde los operativos de eliminación de presuntos subversivos se realizaban de
manera más encubierta a través del recurso a la desaparición forzada. Está práctica también está
asociada a la tortura como método de obtención de información sobre los planes y la
composición de las organizaciones subversivas.
Uno de los hitos culminantes de esta etapa fue la captura de los principales líderes de las
organizaciones subversivas, entre ellos el jefe máximo del PCP-SL, Abimael Guzmán Reinoso,
en septiembre de 1992, como resultado de tácticas de inteligencia aplicadas por la Policía
Nacional. Dicha captura desembocó luego en la capitulación estratégica del líder senderista, la
desmoralización de muchos de sus seguidores y el éxito cuantitativo de estrategias de desarme
de personas presuntamente vinculadas a la subversión a través del mecanismo del
«arrepentimiento» legalmente reconocido.
La tercera etapa en la lucha contrasubversiva de los agentes del Estado estuvo
caracterizada, pues, por un incremento sustancial de los detenidos como presuntos subversivos
y la disminución de los casos de ejecuciones arbitrarias y desapariciones forzadas, aunque
aumentó notoriamente el número de casos de violación al debido proceso de los detenidos.
36
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Cuadro 2
Las fuerzas de seguridad del Estado tenían, como es natural, una ventaja de partida sobre
las organizaciones subversivas: contaban con todos los mecanismos de control del Estado de
Derecho. Sin embargo, no se apoyaron en ellos, sino que, por el contrario, los consideraron
24 Según el Ministerio Público, los años con mayor número de detenciones oficiales realizadas por fuerzas
del orden son 1993 (4,085 detenciones) y 1994 (4,948 detenciones).
25 Sólo entre 1996 y 1999 se debió liberar, por el trámite del indulto a 502 personas injustamente
condenadas, lo que no cubrió el total de casos. Véase: Defensoría del Pueblo. La labor de la comisión ad hoc a
favor de los inocentes en prisión. Logros y perspectivas. Agosto 1996 - diciembre 1999. Informe de la secretaría
técnica de la comisión ad hoc creada por ley 26655. Lima: Defensoría del Pueblo, 2000.
37
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
26Se utiliza el análisis factorial. Ésta es una herramienta que busca determinar los factores generales que
subyacen a la evolución de múltiples variables.
38
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
AQUÍ CUADRO 3
Cuadro 3
Como se aprecia, la primera orientación está marcada por la correlación positiva con las
ejecuciones, desapariciones forzadas y las torturas; mientras que la segunda se asocia, ante todo,
a las detenciones y, en cierta medida, también a las torturas. Esta configuración de componentes
principales nos indica que la tortura —aunque más común cuando la orientación se dirigía a la
eliminación— fue una práctica común en cualquiera de las orientaciones y persistió pese a los
cambios estratégicos. El resultado es consistente con las denuncias recibidas: conductas como la
ejecución arbitraria y la desaparición forzada están relacionadas con la orientación de eliminar a
los presuntos subversivos y se asocian fuertemente a la tortura que sufrieron las víctimas antes
de su muerte o desaparición. De otro lado, la orientación centrada en la captura de presuntos
subversivos muestra menor relación con la práctica de las ejecuciones y desapariciones; pero
mantiene una importante relación con casos de tortura.
Como paso final de este análisis se presenta un diagrama de dispersión con la finalidad de
observar en qué años o períodos ambas orientaciones tuvieron mayor incidencia. En el gráfico
11 se muestra la distribución de los años que ha investigado la CVR, considerando la mayor o
menor orientación de los agentes estatales hacia la eliminación o la captura de presuntos
subversivos.27
El cruce de ambos ejes forma cuatro cuadrantes en los cuales están distribuidos los años que
ha investigado la CVR. Estos cuadrantes pueden representar cuatro tipos de estrategias de
lucha contrasubversiva.
AQUÍ GRÁFICO 11
El cuadrante A representa, por un lado, la ausencia de estrategias. Es decir, aquellos
períodos en donde los agentes del Estado ni capturaron ni eliminaron, lo que indica que no han
definido claramente de qué forma se debe enfrentar la subversión armada (1980, 1981 y 1982).
Por otro lado, este cuadrante también representa aquellos años donde la amenaza subversiva ha
decrecido considerablemente y el estado no realizó acciones importantes de represión a la
subversión armada (1998, 1999, 2000).
El cuadrante B representa aquellos años donde se eliminó a grandes cantidades de
presuntos subversivos, pero se reportaron pocas capturas. En estos años, la estrategia
27 Los valores de cada eje fueron calculados mediante el método de regresión. Representan valores
estándar de la ubicación de cada caso (la práctica de cada año) a lo largo de los ejes.
39
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
contrasubversiva implicó graves violaciones de los derechos humanos y los agentes del Estado
desarrollaron operativos que privilegiaban la eliminación de presuntos subversivos, personas
que eran consideradas colaboradoras o simpatizantes de la subversión, así como en ciertos casos
su entorno social o familiar. Se aprecia que 1984 es el año que tiene el mayor puntaje en el eje
representado por la orientación de eliminación, seguido de 1983. Como ha sido señalado, esos
fueron los años durante los que se han reportado a la CVR el mayor número de víctimas fatales
provocadas por agentes del Estado.
El cuadrante C representa un cambio de estrategia. Se comienza a combinar la eliminación
física de las personas sospechosas de participar en la subversión con un aumento en las
detenciones oficiales. En los años de 1989 y 1992 resalta la intensidad de este tipo de patrones de
84
B C
83
89
90
92
91
85 88
93
Menor énfasis 87 86
Mayor énfasis en
0
94
82 95
en la captura 81
80 00 99 98 97
96 la captura
A D
-4
-4 0 4
lucha contrasubversiva.
Gráfico 111
40
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Los cuadrantes del gráfico 12 pueden leerse también como una «hoja de ruta» temporal que
los agentes del Estado siguieron en la lucha contrasubversiva. La secuencia sería: del cuadrante
«A» al «B». Luego, la intersección de ambos ejes, el paso al cuadrante «C», luego al «D» y,
finalmente, de vuelta al «A». Es decir, del desconcierto a la violencia indiscriminada; luego, la
transición hacia una violencia más selectiva. Una nueva transición —esta vez hacia el
encarcelamiento masivo— y, finalmente, un descenso en todos los niveles debido a la
disminución de las acciones senderistas.
Gráfico 122
60 - 69
50 - 59
GRUPOS DE EDAD
40 - 49
30 - 39
20 - 29
10 - 19
0-9
Tal y como se aprecia en el gráfico 12, la violencia no afectó a hombres y mujeres en forma
similar ni estuvo distribuida uniformemente en todos los grupos de edad. Fueron los hombres
entre 20 y 49 años quienes conformaron el grueso de las víctimas fatales reportadas a la CVR
(más del 55%), mientras que las mujeres de todas las edades suman poco menos del 20% de LAS
víctimas.
AQUÍ GRÁFICO 12
Al comparar la distribución de edades de las víctimas con la de edades de la población
peruana estimada para 1985, la concentración de víctimas en los grupos antes mencionados se
hace más evidente (véase el gráfico 13).
41
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
AQUÍ GRÁFICO 13
Mientras que en el conjunto de la sociedad peruana28 el grupo que va de 20 a 49 años
representaba el 38% de la población, entre los muertos y desaparecidos reportados a la CVR,
este grupo de edades representa el 66% de las víctimas. Si, además, se considera que más del
75% de las víctimas fatales mayores de 15 años estaban casadas o eran convivientes, es posible
afirmar que, donde tuvo lugar, el conflicto armado interno afectó principalmente a hombres
jefes de hogar, es decir, el grupo de la población con mayor cantidad de hijos dependientes y
sobre el cual reposan las principales responsabilidades económicas y políticas de sus
respectivas localidades.
Gráfico 133
70 - +
60 - 69
MUERTOS Y DESAPARECIDOS
50 - 59 POBLACION 1985
REPORTADOS A LA CVR
GRUPOS DE EDAD
40 - 49
30 - 39
20 - 29
10 - 19
0-9
40 30 20 10 0 10 20 30 40
% DE LA POBLACIÓN % DE LAS VÍCTIMAS
Otro indicador de selectividad es el tamaño del grupo en el que fue ejecutada o asesinada
una persona. Cuando las personas son asesinadas o ejecutadas en grupos pequeños,
generalmente se está ante situaciones en las que los principales actores del conflicto se han dado
el trabajo de ubicar dentro de una comunidad a víctimas específicas para ultimarlas. Como se
aprecia en el gráfico 14, independientemente del agente responsable, la mayoría (cerca del 68%)
de personas asesinadas o ejecutadas extrajudicialmente reportadas a la CVR lo fueron en
operativos o acciones donde murieron simultáneamente menos de cinco personas. A título de
comparación, es útil señalar que en el caso del conflicto armado de Guatemala más de la mitad
de las personas reportadas como asesinadas entre 1969 y 1995 murieron en grupos de más de
cincuenta personas,29 particularmente en las comunidades mayas, lo que da cuenta de un grado
de violencia indiscriminada tal que dio lugar a que la Comisión de Esclarecimiento Histórico de
Guatemala calificara como genocidio la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad estatal
contra el pueblo maya.
28 Como referencia, se empleó la distribución por edades de la proyección realizada por el INEI para la
población peruana de 1985.
29 Véase Patrick Ball, Paul Kobrak y Herbert F. Spirer. Violencia institucional en Guatemala, 1960 a 1996: una
42
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
AQUÍ GRÁFICO 14
Gráfico 144
40%
30%
20%
10%
0%
1 víctima 2-4 víctimas 5-9 víctimas 10-+ víctimas
43
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
La práctica de selección de víctimas por parte de los principales actores del conflicto
armado interno supone que éstos contaban con un perfil o una caracterización de quiénes eran
considerados blanco de la acción violenta. Este perfil está estrechamente vinculado con los
objetivos y las estrategias de los actores.
Como ha sido mencionado, la CVR ha concluido que el conflicto armado interno se inició
por la decisión del PCP-SL de conquistar el poder mediante la lucha armada con el fin de
destruir las instituciones del Estado peruano e instaurar un régimen totalitario.
Dentro de su estrategia de conquista del poder mediante la lucha armada, el PCP-SL atacó a
quienes, según su ideología, representaban el «viejo estado». En la práctica, ello significó que las
personas que tenían responsabilidades relativamente más importantes o desempeñaban un
cierto liderazgo social o político en sus respectivas comunidades fueran vistas como potenciales
enemigos y víctimas de sus acciones.
Un indicador contundente de esto último es que, después de los campesinos, el segundo
grupo ocupacional más golpeado por la violencia del PCP-SL fue el de las diversas autoridades
locales y dirigentes sociales que existían en las zonas donde el conflicto armado interno tuvo
lugar (alcaldes, regidores, subprefectos, gobernadores, tenientes gobernadores, jueces de paz,
dirigentes locales, etcétera). De acuerdo con los testimonios recibidos, aproximadamente 1503
personas, es decir, el 23% de las víctimas fatales provocadas por el PCP-SL reportadas a la CVR
fueron autoridades o dirigentes de este tipo.
El asesinato de un número tan grande de autoridades locales, la mayoría de ellas militantes
de los partidos políticos que sustentaron el régimen democrático inaugurado en 1980,
constituye un duro golpe a la capacidad de intermediación política de las zonas afectadas por el
conflicto armado interno. Es evidente que toda una generación de representantes e
intermediarios políticos locales fue eliminada intencionalmente por el PCP-SL en su estrategia
de generar un vacío de poder que pudiera ser posteriormente llenado por sus propios
dirigentes y militantes.
Si bien las personas que ocupaban cargos de autoridad o posiciones de liderazgo en sus
comunidades eran los blancos más visibles de la acción armada del PCP-SL, los mecanismos de
selección del grueso de las víctimas provocadas por este grupo subversivo eran mucho más
sutiles y dependientes de las diferenciaciones del poder local y el estatus social existentes en las
diferentes comunidades rurales donde tuvo lugar el conflicto armado interno (véase el mapa 2
al final de este capítulo).
De acuerdo con los testimonios recopilados por la CVR, las personas dedicadas a
actividades agropecuarias representaron el 57% de las víctimas causadas por el PCP-SL; sin
embargo, dentro de ese porcentaje se esconden las diferencias entre los campesinos
relativamente más prósperos y los más pobres, entre aquéllos más conectados a las redes del
poder (económico y político) local o regional y los más excluidos. Estos matices son difícilmente
percibidos desde el Perú urbano, ya que las inmensas distancias económicas, políticas y sociales
que existen con el Perú rural llegan a cubrir esta última realidad con un manto de uniformidad
definido por la pobreza y la precariedad.
En el mundo rural andino y selvático, esas diferencias no logran ser captadas o medidas con
exactitud mediante las gruesas categorías socioeconómicas que una aproximación cuantitativa
obliga a utilizar. Dependen, en gran medida, de las diferencias sociales relativas y específicas a
cada contexto particular, por lo que resulta difícil encontrar estándares aplicables a todos los
casos. No obstante, son justamente esas diferencias relativas las que configuran los potenciales
conflictos dentro de la sociedad rural que la estrategia del PCP-SL buscó aprovechar en su
favor. Los diferentes estudios en profundidad realizados por la CVR dan cuenta de la
importancia de estos factores en la estrategia del PCP-SL y de sus prácticas de selección de
blancos de la autodenominada «acción armada revolucionaria».
La concepción hiperideologizada del mundo que representa el «pensamiento Gonzalo», al ser
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
aplicada al mundo rural peruano, determinó que todos aquéllos que podían estar relativamente
más conectados al mercado, las redes e instituciones políticas, regionales o nacionales, se
convirtieran en «enemigos de clase del proletariado y del campesinado» o en «agentes del
Estado feudal y burocrático» que debía ser destruido. Ello ocurrió en un contexto en el que la
sociedad rural peruana había sufrido grandes transformaciones en la segunda mitad del siglo
XX —como lo atestigua el proceso de Reforma Agraria en la década de 1970—, las que
modificaron profundamente las antiguas divisiones entre indios y señores, campesinos y
hacendados, y terminaron por hacer desaparecer la oligarquía rural y terrateniente en el campo
peruano. El «pensamiento Gonzalo» hizo una interpretación tergiversada de la nueva realidad
de relaciones sociales en el campo para hacerla encajar en sus categorías ideológicas y, de ese
modo, crear artificialmente blancos para la acción armada de sus militantes.
El trabajo político de acumulación de fuerzas desarrollado por el PCP-SL lo llevó a reclutar
a sus militantes y simpatizantes entre la juventud de origen campesino, principalmente en
Ayacucho. Muchos de estos jóvenes se habían beneficiado entre los años 1960 y 1980 de un
proceso de expansión de la educación secundaria y superior que aumentó sus expectativas de
ascenso social. Sin embargo, las escasas oportunidades de desarrollo económico en sus
localidades de origen hicieron que muchas de estas expectativas se vieran frustradas, por lo que
un sector importante de la juventud rural ayacuchana fue atraído por el proyecto de cambio
social y político radical del PCP-SL, que reservaba además un papel protagónico a los jóvenes
en el nuevo orden social que se buscaba implantar. Por el contrario, aquellas comunidades en
las que el PCP-SL no podía captar la adhesión voluntaria de los jóvenes, los obligaba a
participar de sus acciones mediante el reclutamiento forzado.
Al definir el escenario del conflicto en sus propios términos, el PCP-SL configuró los
perfiles de las víctimas, tanto de su acción armada como de aquella desencadenada por la
represión de las fuerzas del orden. En la medida en que el conflicto armado interno tuvo un
carácter no convencional y que los militantes del PCP-SL se mimetizaban con la población local,
las fuerzas del orden seleccionaban a sus víctimas de acuerdo con las características generales
de quienes podían ser más propensos a integrarse al grupo subversivo, tal y como narra un
joven universitario detenido por terrorismo en 1991 y posteriormente absuelto:
[en la Dirección Nacional contra el Terrorismo-DINCOTE] los policías me dijeron que mis
antecedentes eran ideales para ser miembro de Sendero Luminoso: era hijo de padres
ayacuchanos, hablaba más o menos quechua, estudiaba en la UNMSM y vivía en el Callao [...].
Finalmente, en Canto Grande, cuando fui asignado al pabellón de los senderistas, esta vez ellos
eran los que me decían «tú eres hijo de ayacuchanos, hablas un poco de quechua, estudias en la
San Marcos y vives en el Callao, cumples el prototipo, ¿por qué no te unes a nosotros?». 31
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Gráfico 155
70 - +
60 - 69
50 - 59
GRUPOS DE EDAD
40 - 49
30 - 39
20 - 29
10 - 19
0-9
Gráfico 166
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
50 - +
40 - 49
30 - 39
20 - 29
Menos de 19
La CVR ha entrevistado a poco más de mil personas actualmente detenidas por delito de
terrorismo. Como se aprecia en el gráfico 16, más de la mitad de ellos tenían entre 20 y 29 años
al momento de ser detenidos. Por otro lado, cerca del 45% de los detenidos por delito de
terrorismo que han dado su testimonio a la CVR tienen algún nivel de instrucción superior.
AQUÍ GRÁFICO 16
Más allá de las coincidencias entre los perfiles de las personas ejecutadas o desaparecidas
por los agentes del Estado y aquéllas que actualmente están en prisión por delito de terrorismo,
es evidente que una estrategia de selección de blancos de la represión basada en categorías tan
generales (grupo de edad y nivel educativo), aplicada en forma masiva y sistemática, conduce
inevitablemente a graves violaciones de los derechos humanos. Por otro lado,
independientemente de que las víctimas se ajusten al perfil mencionado, ello no implica que
necesariamente sean miembros del PCP-SL y, aunque ése haya podido ser el caso de varias de
las personas ejecutadas o desaparecidas por las fuerzas del orden, ni la ejecución extrajudicial
sumaria ni la desaparición forzada están previstas como sanciones legales en el ordenamiento
jurídico peruano.
Si bien queda claro que el ser joven y tener niveles educativos relativamente mayores al
promedio constituyen un elemento central del perfil de aquellas personas que fueron objeto de
la represión estatal en la lucha contrasubversiva, la forma en que esa represión fue ejercida está
asociada a otro tipo de variables.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Gráfico 177
AYACUCHO
APURIMAC
HUANCAVELICA
CUSCO
HUÁNUCO
UCAYALI
SAN MARTÍN
PUNO
JUNIN
LIMA - CALLAO
OTROS
Para construir una explicación más detallada del conflicto armado interno, la CVR analizó
la intensidad y la extensión de la violencia en relación con la lógica interna de los
acontecimientos y las estrategias de los actores directos implicados en el proceso, así como las
diversas posiciones frente al mismo asumidas por otros actores políticos y sociales. En dicha
explicación, se reconstruyen los contextos de las principales acciones y decisiones, y se
consideran las distintas opciones al alcance de los actores, de esta forma se busca evitar
anacronismos al interpretar hechos del pasado a partir de un conocimiento no disponible en el
momento de su ocurrencia.
Siguiendo este enfoque, el conflicto armado interno se puede organizar en cinco períodos
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
definidos por puntos de inflexión que no coinciden necesariamente con las fechas de inicio y
culminación de los gobiernos que tuvo el país entre mayo de 1980 y noviembre de 2000. 32 En
efecto, el proceso analizado no siempre sufrió modificaciones sustanciales al producirse los
relevos presidenciales; por el contrario, en varias oportunidades, las decisiones adoptadas por
alguna administración en materia de contrasubversión tuvieron consecuencias que
repercutieron en los siguientes períodos presidenciales.
Asimismo, como se ha señalado, las principales acciones y la mayoría de los hechos
investigados por la CVR ocurrieron usualmente fuera de los escenarios más visibles del país, sin
un seguimiento continuo por los medios de comunicación nacionales. Por ello, al utilizar una
periodización original del proceso 1980-2000, se ofrece una interpretación del conflicto mismo,
de las estrategias de los actores, de las víctimas y de las consecuencias, tomando siempre en
cuenta el contexto en el que se desenvolvieron las acciones. Al obrar de esta manera, la CVR ha
buscado apartarse de las historias «oficiales» de la violencia, como las construidas por el PCP-
SL para justificar su «guerra popular» o por el primer gobierno del ingeniero Alberto Fujimori
para consolidar su programa político en contra de los que denominaba «partidos tradicionales».
Si bien todo esfuerzo de organización temporal supone un grado de libertad en la selección
de los criterios para definir las etapas, la CVR ha optado por construir una periodización que
refleje lo ocurrido como parte de un proceso nacional y recupere la secuencia de
acontecimientos basados en sus propios hallazgos e investigaciones. De esta manera, se han
establecido los siguientes períodos:
El inicio de la violencia armada (mayo de 1980 - diciembre de 1982): comprende desde
el primer acto de violencia cometido por el PCP-SL en Chuschi, Cangallo, el 17 de mayo
de 1980 hasta la disposición presidencial del 29 de diciembre de 1982 que estableció el
ingreso de las Fuerzas Armadas en la lucha contrasubversiva en Ayacucho.
La militarización del conflicto (enero de 1983 - junio de 1986): abarca desde la
instalación, el 1 de enero de 1983 del comando político-militar de Ayacucho a cargo del
general Roberto Clemente Noel Moral, hasta la matanza de los penales del 18 y 19 de
junio de 1986.
El despliegue nacional de la violencia (junio de 1986 - marzo de 1989): se desarrolla
desde la mencionada matanza de los penales de junio de 1986 hasta el 27 de marzo de
1989, fecha del ataque senderista, con el apoyo de narcotraficantes, al puesto policial de
Uchiza en el departamento de San Martín.
La crisis extrema, ofensiva subversiva y contraofensiva estatal (marzo de 1989 -
septiembre de 1992): se inicia inmediatamente después del asalto senderista al puesto
de Uchiza y concluye el 12 de septiembre de 1992 con la captura en Lima de Abimael
Guzmán Reinoso y de los principales dirigentes de su organización por parte del GEIN.
Declive de la acción subversiva, autoritarismo y corrupción (septiembre de 1992 -
noviembre de 2000): comienza con la captura de Abimael Guzmán y la cúpula
senderista, y se extiende hasta el abandono del país del ingeniero Alberto Fujimori.
32El proceso analizado por la CVR comprende los gobiernos del general Francisco Morales Bermúdez en
su fase final (del 17 de mayo al 28 de julio de 1980), del arquitecto Fernando Belaunde Terry (del 28 de
julio de 1980 al 28 de julio de 1985), del doctor Alan García Pérez (del 28 de julio de 1980 al 28 de julio de
1990) y del ingeniero Alberto Fujimori Fujimori (del 28 de julio de 1990 al 5 de abril de 1992; del 5 de abril
de 1992 al 28 de julio de 1995; del 28 de julio de 1995 al 28 de julio de 2000; y de esta fecha al 20 de
noviembre del mismo año).
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
(Cangallo, Ayacucho) el 17 de mayo de 1980, con ocasión de las elecciones generales. Con ello,
el PCP-SL se automarginó del proceso democrático abierto con los comicios celebrados ese día,
y dio inicio a una violenta campaña cuyo objetivo era destruir el Estado peruano y someter a la
sociedad peruana a un régimen autoritario y totalitario.
En un principio, el PCP-SL realizó atentados esporádicos contra la propiedad pública y
privada, y acciones de propaganda armada. La gravedad de sus actos fue aumentando
paulatinamente hasta llegar al asesinato sistemático y a los ataques contra las Fuerzas Policiales
que buscaban provocar una represión estatal cada vez más dura en su contra; su objetivo era
que se definiese una situación de conflicto armado interno.
Las primeras acciones senderistas fueron percibidas inicialmente como hechos marginales y
de poca repercusión nacional. Se las evaluaba con una actitud que combinaba la subestimación
y el desconcierto, lo que permitió el crecimiento de la presencia senderista en ciertas áreas del
departamento de Ayacucho y Huancavelica. Entre 1980 y 1981, la atención de la opinión pública
estuvo enfocada en el proceso de transferencia del poder a los civiles después de doce años de
dictadura militar, así como en las primeras medidas del nuevo régimen político. Entre los
círculos de la izquierda legal, las acciones iniciales del PCP-SL eran vistas con extrema
suspicacia, llegando incluso a ser consideradas como operativos encubiertos de las fuerzas del
orden destinados a desprestigiar o sabotear la presencia y participación de organizaciones
políticas izquierdistas en la escena oficial, tal y como había sucedido en otros países de América
Latina.
Aunque en años anteriores no se descartaba el alzamiento en armas de algunos grupos
radicales de izquierda, el fenómeno particular iniciado por el PCP-SL desconcertó a las fuerzas
del orden. En general, éstas hubieran esperado la repetición de un proceso guerrillero similar al
ocurrido en 1965. La formación contrasubversiva que habían recibido las preparaba únicamente
para fenómenos de este tipo o, en el mejor de los casos, para enfrentar a grupos armados
semejantes a los que por esos años actuaban en otros países de América Latina. Al no poder
definir con claridad el tipo de adversario que enfrentaban, los trabajos de inteligencia del
período previo e inicial estuvieron erróneamente dirigidos. Las posibilidades de evitar el curso
de los acontecimientos a partir de este tipo de trabajo fueron escasas debido al muy reducido
tamaño de la organización, a su similitud con muchas otras agrupaciones de izquierda radical
que postulaban la lucha armada y a su mínimo equipamiento militar antes de 1980. Sin
embargo, incluso en el 2003, el debate en torno a la supuesta «falta de inteligencia» era un
asunto importante para aquellos involucrados en la transición política de inicios de 1980. Para
representantes del gobierno de Acción Popular, la responsabilidad mayor respecto de la falta de
preparación y de inteligencia adecuada sobre el nuevo fenómeno subversivo recayó en el
anterior gobierno del general Francisco Morales Bermúdez. En agosto del 2002, Luis Pércovich,
ex ministro del interior en el gobierno de Acción Popular, afirmaba:
Lo grave es que no solamente se sustraen de la responsabilidad de haber descubierto y combatido
con anterioridad a este movimiento, sino que en la hora crítica del problema tampoco lo afrontan.
Dejan desmantelado al Ministerio del Interior. No sé si al interior de las Fuerzas Armadas
reservaron documentación. Creo que sí por la cuestión ésta de espíritu de cuerpo, pero cuando
llega el gobierno constitucional no (se) encuentra nada [...].33
33CVR. Entrevista con Luis Pércovich. Ministro del Interior durante el gobierno de AP. Lima, 28 de agosto
de 2002.
50
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
En los dos años y medio que duró la fase inicial del conflicto estudiado por la CVR, el PCP-
SL tuvo un terreno inmejorable para desarrollar sus planes y corregir sus errores. El tratamiento
exclusivamente policial que dio el presidente Belaunde a las primeras acciones senderistas
correspondía, en buena medida, a la respuesta de un gobierno civil que no podía delegar
inmediatamente el problema a las Fuerzas Armadas sin dar una imagen de debilidad y sin
ceder prerrogativas constitucionales propias de un régimen democrático.
El PCP-SL inició su autodenominada guerra popular contra el Estado peruano mediante
una serie de atentados con explosivos contra instalaciones públicas en diversas partes del país,
aunque desplegando más recursos en Ayacucho. Si bien la quema de ánforas en Chuschi fue
vista como un hecho aislado, debe precisarse que hubo acciones menores en otras partes del
país como Lima y La Oroya.
En las semanas que siguieron al ataque del 17 de mayo de 1980, grupos de senderistas
arrojaron bombas incendiarias contra la tumba del general Velasco y contra el local de la
municipalidad de San Martín de Porres. Hasta el 28 de julio, día del cambio de gobierno, hubo
diversas acciones de propaganda, robo de cartuchos de dinamita y armas. No hubo, en ese
lapso, una respuesta estatal directa contra el PCP-SL de parte del gobierno militar. El mismo día
de la juramentación de Fernando Belaunde Terry en su cargo de presidente se produjo un
apagón parcial por el derribo de una torre en Huancavelica y un ataque con explosivos al local
de Acción Popular en Pasco. En general, los medios de comunicación cubrieron escasamente las
primeras acciones de propaganda armada senderista, prácticamente irrelevantes ante la
trascendencia de los debates propios de la transferencia del poder a los civiles.
El Presidente entrante encontró un país radicalmente distinto al que dejó. El nuevo
escenario le exigió lidiar con nuevos actores políticos y sociales. Entre los primeros, el gobierno
de Acción Popular ya no tuvo que enfrentar una oposición parlamentaria de derecha, como la
de APRA-UNO en su primera administración (1963-1968), sino una oposición de izquierda sin
precedentes por su radicalismo y su tamaño. En el plano social, Belaunde enfrentaba, por
primera vez, fuertes organizaciones gremiales y sindicales con presencia nacional, tales como el
Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú (SUTEP), la Confederación General
de Trabajadores del Perú (CGTP), la Confederación Campesina del Perú (CCP) o la Federación
Minera, que contaban con la experiencia reciente de las luchas contra el gobierno militar y
mantenían estrechos lazos con la izquierda parlamentaria y una amplia cobertura en medios
opositores.
En cuanto a la respuesta a la lucha armada, el gobierno de Acción Popular, al igual que la
mayoría de actores en el país, no terminó de comprender lo que implicaba el desafío planteado
al Estado por el PCP-SL y su «guerra popular». Durante varios años, el tema no ocupó un lugar
prioritario en la agenda estatal ni entre las preocupaciones sociales fuera de las zonas de
emergencia. Fue tratado como un problema de delincuencia común susceptible de ser resuelto
mediante la neutralización de individuos (los «delincuentes terroristas»). En ese momento, sin
embargo, factores ajenos a la guerra interna afectaban el desempeño policial. Entre los más
importantes estaban la extensión de la corrupción vinculada al narcotráfico y a las disputas y
tensiones entre institutos policiales (Guardia Civil, Guardia Republicana y Policía de
Investigaciones del Perú), propiciadas por arraigadas y contrapuestas identidades corporativas.
A lo largo del quinquenio, además, se insistió en la vinculación entre el PCP-SL y parte de la
izquierda legal, al punto de que el gobierno se resistió a liberar a militantes de IU encarcelados
por acusaciones de terrorismo.
Al margen de las discusiones en la escena oficial, el PCP-SL utilizó consistentemente todos
los espacios políticos a su disposición y logró ir construyendo su organización prácticamente
51
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
sin alteraciones significativas de sus planes originales. Las respuestas del Estado y de la
sociedad estuvieron mediatizadas por razones ajenas al proceso subversivo mismo. Para
algunos sectores, era imposible aislar al PCP-SL del resto de la izquierda radical, mientras que,
para otros, la guerra sucia era inevitable por la naturaleza misma del Estado. La Policía de
Investigaciones del Perú logró éxitos en los medios urbanos al capturar a cientos de miembros
del PCP-SL, mientras que en el campo el avance policial fue ínfimo en parte por la insuficiencia
de sus agentes y la precariedad de los puestos rurales. No obstante, la presencia del PCP-SL no
se limitó a algunas provincias del departamento de Ayacucho. Desde un inicio, dio gran
importancia a su trabajo en Lima. En palabras de Abimael Guzmán:
Nosotros lo hemos visto así: el trabajo en Lima lo hemos ido ponderando, ¿tiene importancia
Lima? Tiene importancia. Razón: Nosotros decimos, «Ayacucho es la cuna, Lima la catapulta». El
Partido por diversas instancias, en un par de años, salta a trabajar en Lima, al centrar en Lima se
encuentra en una gran ciudad con gente de diversas provincias de todo el país. Al trabajar ahí
trabajas en todo el país, por eso se convierte en catapulta. Pero no podía ser una ciudad
conquistada al comienzo, sino en la parte final.35
35 CVR. Entrevista.
52
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Desde entonces, la violencia del PCP-SL estuvo dirigida contra los representantes y
partidarios del «antiguo orden» en las áreas iniciales del conflicto armado (Ayacucho y
Apurímac, principalmente).
53
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
37El asalto al Cuartel Moncada conducido por Fidel Castro en 1953 es uno de los hitos históricos de la revolución
cubana.
54
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
La idea central del gobierno de García era derrotar a la subversión sustrayéndole el posible
apoyo campesino mediante el desarrollo de políticas dirigidas a este sector y a zonas de
extendida pobreza. El gobierno aprista entendió con exagerado optimismo que el crecimiento
económico de sus dos primeros años había terminado con el PCP-SL al registrarse un descenso
de sus acciones entre 1985 y 1986. Por último, asumió que el carácter «popular» del PAP cerraría
los espacios sociales para un eventual crecimiento del PCP-SL. Inicialmente, esta política pudo
parecer exitosa por el repliegue del PCP-SL tras la ofensiva de las Fuerzas Armadas de 1983 y
1984, y por la tregua unilateral que le dio el MRTA al gobierno aprista.
Las relaciones con las Fuerzas Armadas fueron tirantes al principio, pero este impulso
inicial quedó relegado ante casos posteriores en los que las denuncias de violaciones de los
derechos humanos no encontraron igual eco. Este fue el caso de la muerte de internos en el
motín del penal de Lurigancho, ocurrido en octubre de 1985 en Lima, en el que el gobierno
aprista no asumió responsabilidad alguna. El punto culminante de este proceso fue la masacre
de los penales (18 y 19 de junio de 1986) que marcó considerablemente a todos los actores del
conflicto y trajo a Lima las imágenes de matanzas hasta entonces lejanas. En términos prácticos,
con esta matanza terminaron los intentos del gobierno aprista por desarrollar una política
propia de seguridad interior.
55
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
MRTA, se creó un contexto de actores armados que desarrollaban sus propias estrategias en el
terreno. A partir de 1986, sin embargo, fue evidente que el conflicto armado interno había salido
de los departamentos iniciales en los que se produjeron las maniobras de los primeros años y
había alcanzado una extensión nacional.
Luego de la matanza de los penales, el PCP-SL incrementó gradualmente su ofensiva,
acentuando su presencia en distintos frentes fuera de Ayacucho como Puno, Junín y el valle del
Huallaga. Se encontraba en la fase de «desarrollar la guerra de guerrillas y conquistar bases de
apoyo» en las áreas rurales para expandir su «guerra popular». En las zonas urbanas,
principalmente Lima, el PCP-SL optó por una política de asesinatos selectivos de autoridades
para sembrar terror y debilitar al Estado. Un atentado de singular importancia ocurrió en Lima
en 1985 contra Domingo García Rada, presidente del JNE, cuando se preparaba la segunda
vuelta electoral. Más adelante, el PCP-SL orientó sus ataques contra dirigentes del partido de
gobierno. El primero de estos casos, también en Lima, fue el de Rodrigo Franco en 1987, para
obstaculizar la consolidación del «modelo burocrático del fascismo aprista».
El MRTA suspendió la tregua concedida a García y abrió un frente guerrillero en el
departamento de San Martín en 1987. Esto se hizo con un gran despliegue publicitario a escasos
tres meses del intento de estatización de la banca que había generado una fuerte oposición
contra el gobierno. La cobertura televisiva proporcionada a la campaña del MRTA fue enorme,
ya que se aprovechó la línea de oposición de muchos medios contra el gobierno. Asimismo, el
jefe guerrillero Víctor Polay, Rolando, un ex aprista cercano a Alan García en los setenta, se
convirtió en una figura conocida por los medios; sin embargo, su campaña tuvo más efectos
propagandísticos que militares, ya que fue rápidamente dispersada por el Ejército.
El PCP-SL realizó en tres sesiones, entre febrero de 1988 y junio de 1989, su primer congreso
partidario. Entre una y otra de estas sesiones apareció en El Diario una entrevista a su líder
Abimael Guzmán, quien ofreció la exposición directa más completa conocida hasta el momento
acerca de su organización y sus fines. Con ello, además, disipó las dudas sobre su supuesto
fallecimiento, anunciado periódicamente por las autoridades y la prensa a lo largo de los años.
Desde 1985, aunque motivado por razones externas al conflicto armado, estuvo en curso el
proceso de reorganización de las Fuerzas Policiales que se inició con un fuerte debate sobre el
retiro de numerosos oficiales. Varios de los cambios propiciados por el Ministerio del Interior
dentro de este proceso contribuyeron a una mejor coordinación de acciones para la lucha
contrasubversiva. Destacan, en especial, la unificación del comando en la Dirección General y
Regiones Policiales; la mediación directa en la resolución de conflictos entre institutos policiales;
el reforzamiento de la dirección y seguimiento de sus labores desde el Ministerio; y la fusión de
las distintas unidades especializadas operativas en la Dirección de Operaciones Especiales
(DOES). Sin embargo, dadas estas prioridades (incluyendo la creación de la Dirección General
de Inteligencia del Ministerio del Interior, DIGIMIN), el sector no atendió ni reforzó lo
suficiente a la DIRCOTE, unidad que había adquirido experiencia a partir de su trabajo
concentrado en Lima desde su creación como división en la Dirección de Seguridad del Estado
de la PIP (DIRSEG-PIP) en 1981.
Por estos años, miembros de algunas unidades especiales de las Fuerzas Policiales, como el
Grupo Delta de la DOES, fueron señalados individualmente por la prensa como personal
vinculado con el mal llamado Comando Rodrigo Franco (CRF). En 1988, por primera vez
durante la guerra interna, se había registrado la acción de un supuesto grupo paramilitar, el
Comando Rodrigo Franco, al que se atribuyó el asesinato de Manuel Febres Flores, abogado del
dirigente senderista Osmán Morote, capturado poco antes por la DIRCOTE. Diversas fuentes
vincularon su aparición y sus acciones con el PAP y con miembros de la policía, bajo el control
de Agustín Mantilla, la figura más fuerte del Ministerio del Interior durante el quinquenio del
gobierno aprista. La CVR considera que el Comando Rodrigo Franco puede haber sido, antes
que una organización centralizada, un membrete que diversos actores, no necesariamente
articulados entre sí, utilizaron para sus actividades criminales.
56
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Por otro lado, la creación del Ministerio de Defensa en 1987 tuvo serios tropiezos en su
funcionamiento y, a pesar de haberse puesto en marcha, no logró ubicarse por encima del
Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas ni implicó un recorte en las atribuciones en materia
de defensa nacional con las que contaban los institutos armados.
Con la hiperinflación y, en general, el descontrol del manejo macroeconómico, el gobierno
perdió la iniciativa política que pasó a manos de la oposición de derecha luego del intento de
estatización del sistema financiero. Del mismo modo, abandonó sus intentos por controlar la
política contrasubversiva, con lo que dejó el terreno libre a las Fuerzas Armadas en las zonas de
emergencia. Sin embargo, mantuvo un trabajo especializado de inteligencia e investigación
policial, principalmente en Lima y otras ciudades, que tuvo logros como la captura ya
mencionada de Osmán Morote. La situación se hizo más difícil al iniciarse un ciclo de huelgas
de diversa índole.
La división del frente Izquierda Unida en 1989 cerró el ciclo de la gran presencia electoral
de la izquierda en el país iniciado en 1978. Esto afectó seriamente a los partidos que la
conformaban y dejó sin representación, dentro del sistema democrático, a importantes sectores
radicales que no apoyaban a las organizaciones armadas; pero que tampoco se sumaban a la
política contrasubversiva del gobierno, pues desconfiaban de las Fuerzas Armadas.
El ataque a la base policial de Uchiza en marzo de 1989 fue una de las mayores operaciones
militares realizadas por el PCP-SL, aun cuando fuese en alianza con narcotraficantes. La falta de
una respuesta estatal para apoyar a los policías sitiados debilitó todavía más la imagen del
gobierno de García y lo obligó a crear un comando político-militar en la zona a cargo del
general de brigada Alberto Arciniegas, quien puso en práctica una nueva estrategia del Ejército
para aislar al PCP-SL de los campesinos.
1.4.4. CRISIS EXTREMA, OFENSIVA SUBVERSIVA Y CONTRAOFENSIVA ESTATAL (MARZO DE 1989 - SEPTIEMBRE DE
1992)
El año 1989 fue uno de los más difíciles de nuestra historia republicana, pues significó el clímax
de una crisis económica casi sin antecedentes y marcó el inicio de un período de extrema
agudización del conflicto armado interno. Ese año se produjo un nuevo giro en la guerra
interna, debido, principalmente, a las decisiones y acciones de dos de los principales actores.
En primer lugar, el PCP-SL, durante su Primer Congreso, definió como nuevo objetivo de
su plan de «guerra popular» que el «equilibrio estratégico remeciera todo el país». Para ello,
planteó como eje de acción acentuar su ofensiva en las zonas urbanas, principalmente en Lima.
Así, el PCP-SL incrementó notablemente sus ataques y actos terroristas, endureciendo su
relación con la población en la sierra rural y en la selva, por un lado, y movilizando sus bases
urbanas hacia la realización de ataques y atentados más violentos, frecuentes y visibles, por
otro. Con esta decisión se iniciaba el segundo «pico» estadístico de víctimas en la guerra interna.
Paralelamente, las Fuerzas Armadas empezaron a aplicar su nueva estrategia «integral»,
que implicaba la comisión de violaciones de los derechos humanos menos numerosas pero más
premeditadas. Esta nueva estrategia orienta a la directiva 017 del Comando Conjunto de las
Fuerzas Armadas para la Defensa Interior (DVA 017 CCFUERZAS ARMADAS-PE-DI), firmada
en diciembre de 1989 por el general Artemio Palomino Toledo, en la que se toman dos grandes
decisiones estratégicas sobre la actividad militar durante el resto del conflicto. Primero, la
organización de las Fuerzas Armadas para la Defensa Interior en zonas y subzonas de
seguridad nacional se cambia por una organización en frentes contrasubversivos, los cuales no
se derivan de las regiones militares sino de una zonificación especial obtenida mediante el
análisis del despliegue y de la actividad del PCP-SL. Segundo, en los frentes donde existe el
narcotráfico se establece como misión separar a la subversión del narcotráfico y combatir a los
narcotraficantes que apoyen a la subversión o reciban protección de ella.
57
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
58
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
2000)
El escenario posterior a la captura de Abimael Guzmán y de otros importantes dirigentes
estuvo marcado por la derrota del PCP-SL, iniciada tres años antes cuando fue expulsado de
varias de sus zonas de tradicional influencia por la acción de las fuerzas del orden y de los
comités de autodefensa. La falta de una conducción nacional que cubriera el vacío provocado
por la captura de Guzmán se hizo evidente en la disminución de acciones terroristas. El
principal objetivo de la organización en esta fase fue, inicialmente, presentar la imagen de no
haber sido afectados mientras que se concentraban en campañas como la de «salvar la vida del
presidente Gonzalo».
En octubre de 1993, desde su prisión en la base naval del Callao y luego de algunas
conversaciones entre dirigentes senderistas facilitadas por el gobierno de Alberto Fujimori,
Abimael Guzmán propuso un acuerdo de paz al Estado que no se concretó, pero sirvió de
propaganda al régimen de Fujimori en vísperas del referéndum para aprobar la Constitución de
1993. De ahí en adelante, la nueva posición del jefe senderista se convirtió en mayoritaria, por
encima de las facciones disidentes que planteaban proseguir la guerra popular; sin embargo, el
gobierno de Fujimori no buscó una salida definitiva de paz ni respondió a las propuestas de
Guzmán. En la práctica, se había producido una división del PCP-SL, ya que una parte de la
dirección senderista rechazó la propuesta del acuerdo de paz de Guzmán.
Por su parte, el MRTA continuó las acciones militares en zonas como San Martín y la ceja de
59
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
selva central. Bajo la dirección de Néstor Cerpa, luego de la caída de Polay, tomaron ciudades
importantes como Moyobamba e intentaron desarrollar núcleos de guerrilla urbana. Aun
cuando parecían menos golpeados que el PCP-SL, no pudieron recuperarse de las graves
disputas internas, la inexperiencia de sus cuadros39 y los efectos de la ley de arrepentimiento.
Externamente, la organización fue afectada por el debilitamiento de la izquierda, y la ofensiva
estatal y mediática contra las organizaciones subversivas. En ese escenario concluyeron que su
prioridad organizativa debía ser la de recomponer su dirección nacional mediante la liberación
de los dirigentes presos. Al no poder replicar la experiencia del túnel del penal Canto Grande,
optaron por preparar alguna acción de toma de rehenes para exigir luego un canje de
prisioneros.
Paralelamente, el gobierno de Fujimori continuó resaltando su imagen de régimen de mano
dura que no realizaba ninguna concesión a la subversión mediante el nuevo marco legal
aprobado que, a su vez, destacaba su estrecha relación con las Fuerzas Armadas. A pesar del
evidente declive en las acciones subversivas, resaltado por la misma propaganda oficial, el
régimen no disminuyó el número de zonas de emergencia sino que mantuvo un esquema de
contrasubversión sin subversión.
En términos estrictos, la política de pacificación consistió en mantener en prisión a la mayor
cantidad posible de subversivos bajo condiciones extremas en penales de máxima seguridad y
en aislar a los núcleos armados. La propuesta de acuerdo de paz hecha por Guzmán y la
dirigencia senderista brindó réditos políticos a Fujimori y rebajó la tensión en los penales, pero
no liquidó a la organización. Vladimiro Montesinos tuvo a su cargo la conducción personal de
las conversaciones y tratos con Guzmán, Iparraguirre y demás dirigentes senderistas en tanto
«interlocutor académico». Estas conversaciones, enmarcadas por intereses políticos
circunstanciales, se interrumpieron hacia 1995. Debe recalcarse que ni Fujimori, ni el general
Hermoza Ríos (entonces la figura de mayor poder en las Fuerzas Armadas) se reunieron con los
jefes senderistas. Tampoco se promovió reunión alguna con miembros de la DINCOTE, en
buena parte desarticulada después de la captura de Guzmán, o con expertos de inteligencia del
Ejército que trabajaban en el SIN, como el general Eduardo Fournier.
Las incansables denuncias sobre violaciones de los derechos humanos tuvieron un nuevo
impulso a partir del hallazgo de las fosas donde se encontraban los restos de un profesor y
nueve estudiantes de la Universidad La Cantuta en julio de 1993. El gobierno de Fujimori no
asumió responsabilidades; por el contrario, optó por la descalificación de la legitimidad de los
denunciantes y su permanente hostigamiento. Teniendo al SIN como su principal aparato
político, el gobierno continuó con una serie de cambios intencionales de la legislación que
supuso la eliminación práctica de la independencia de poderes con la finalidad de garantizar la
impunidad para los agentes estatales implicados en violaciones de derechos humanos. Así, la
existencia de una mayoría de representantes oficialistas en el Congreso Constituyente
Democrático permitió la utilización de diversos voceros para salir al frente de las denuncias y,
sobre todo, para aprobar en 1995 una ley de amnistía para las violaciones de derechos humanos
cometidas por las fuerzas del orden que garantizara una completa impunidad.
Lejos de revertirse, el proceso de corrupción normativa continuó el resto de la década con el
objetivo de asegurar la prolongación del régimen. Para ello, el gobierno utilizó, con fines
electorales y de control político, la estructura militar desplegada con pretexto de la
contrasubversión, en un contexto en el que la subversión se replegaba. Explotó en los medios de
comunicación, con fines de propaganda política, las últimas acciones de gran impacto de la
guerra interna que concluyeron en éxitos, al tiempo que manipulaba el miedo de la población
con la amenaza del «terrorismo». Así, las operaciones contrasubversivas dejaron de ser un
medio para capturar líderes subversivos y terminar finalmente con las acciones del PCP-SL y
del MRTA, para convertirse en un medio de propaganda para el gobierno, en el mejor de los
militante.
60
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
casos, y , en el peor de los casos, en un instrumento para desviar la atención pública de los
excesos y los delitos que se denunciaban cada vez con más frecuencia. Esto fue posible, en gran
medida, por el progresivo y casi total control de medios de comunicación masivos, comprados
con el dinero del Estado.
Las últimas acciones de gran impacto de la guerra interna concluyeron en éxitos explotados
por el gobierno. Por ejemplo, el asalto a la residencia del embajador japonés en Lima en
diciembre de 1996 por un comando del MRTA, encabezado por su líder máximo Néstor Cerpa,
que mantuvo cautivos a 72 rehenes, concluyó con la operación de rescate Chavín de Huántar.
Luego del revés militar sufrido en el conflicto del Cenepa de inicios de 1995, el gobierno utilizó
los festejos por la exitosa liberación de los rehenes para su legitimación. Por otro lado, en julio
de 1999, luego de un enorme y publicitado operativo militar para cercarlo, fue capturado cerca
de la ciudad de Huancayo el líder senderista disidente Óscar Ramírez Durand, Feliciano, quien
había rechazado la propuesta de acuerdo de paz de Abimael Guzmán y mantenía vigente la
guerra popular iniciada en 1980. Ramírez Durand era el último de los altos dirigentes del PCP-
SL que seguía libre.
Preocupado más por asegurar su continuidad, y aún resaltando su imagen de mano dura
sin concesiones frente a la subversión, Fujimori terminó descuidando en la práctica la política
contrasubversiva y no dio una solución final al problema de la subversión, focalizada desde
hacía varios años en algunas zonas marginales y poco accesibles del territorio en las que
coincidía con el narcotráfico.
El conflicto armado interno se desarrolló de manera muy diferente en los distintos espacios
regionales que conforman el territorio nacional.
Efectivamente, si bien la historia de las dos décadas de violencia que analiza la CVR fue
protagonizada por organizaciones de decisión y mando muy centralizadas —el PCP-SL y el
MRTA, por un lado, y las fuerzas del orden, por el otro—, la intensidad de la violencia, así
como sus formas y la configuración de sus actores, tuvo expresiones regionales muy
diferenciadas. Mientras en unos espacios su presencia fue restringida y esporádica, en otros
arrasó vidas, destruyó infraestructura, transformó la vida cotidiana de sus pobladores e impuso
largos períodos de horror, sufrimiento e incertidumbre. Además, entre las regiones de alta
incidencia de acciones violentas, el desarrollo del conflicto siguió también cronologías distintas
en lo relativo a las estrategias desplegadas por los actores, y a la forma y espacios en los que los
pobladores se vieron involucrados.
Esta diversidad de historias regionales golpeadas por la violencia está relacionada con las
características particulares de cada contexto regional antes del conflicto, así como con los
objetivos y estrategias que los grupos levantados en armadas buscaban conseguir y desarrollar
en cada uno de los territorios donde actuaron.
La CVR definió cinco grandes regiones en las cuales el conflicto armado interno tuvo mayor
intensidad:
La región sur central, compuesta por el departamento de Ayacucho, las provincias de
Acobamba y Angaraes del departamento de Huancavelica y las provincias de
Andahuaylas y Chincheros del departamento de Apurímac; ésta es la región donde se
inició el conflicto armado interno con una violencia hasta entonces desconocida y donde
cobró la mayor cantidad de víctimas
La región nororiental, compuesta por los departamentos de Huánuco, San Martín,
Ucayali (particularmente las provincias de Padre Abad y Coronel Portillo) y Loreto; en
61
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
esta región, el conflicto armado se prolongó por más tiempo y se complicó con otras
fuentes de violencia, especialmente aquéllas relacionadas al problema del narcotráfico.
La región central, compuesta por los departamentos de Junín y Pasco, y las provincias
de Huancavelica, Tayacaja, Huaytará, Churcampa y Castrovirreyna del departamento
de Huancavelica. Ubicada entre Ayacucho y Lima, es una región estratégica para el
abastecimiento y las comunicaciones de la capital, generadora y transmisora de energía
para la red nacional y asentamiento de empresas mineras; funcionó también como
refugio de las organizaciones subversivas en la zona de selva.
Lima Metropolitana, sede del poder y centro de la economía, fue permanentemente
asediada desde el inicio de la violencia por lo que concentró, por su visibilidad nacional
e internacional, gran cantidad de atentados; pero también fue el espacio de planificación
nacional de la violencia, y el foco de agitación y organización en sus asentamientos
populares.
El sur andino, compuesto por los departamentos de Puno y Cusco, y las provincias de
Abancay, Grau y Cotabambas del departamento de Apurímac.
En este conjunto de regiones se produjo el 91% de las víctimas reportadas en los testimonios
recogidos por la CVR, así como la mayor destrucción de infraestructura y el más grave
deterioro de la organización, la confianza, los vínculos y la solidaridad (véase el gráfico 18).
AQUÍ GRÁFICO 18
Gráfico 188
Región Central
Sur Andino
Lima Metropolitana
Otros
1.5.1. SURCOS ABIERTOS Y SEMILLAS DEL CONFLICO EN LAS REGIONES ANTES DE 1980
El PCP-SL y el MRTA lograron tener una presencia más importante en ciertas regiones que
en otras. Una parte del país, particularmente toda la región costera (con excepción de Lima) en
la que se encuentran los departamentos más poblados del país después de la capital, constituyó
el rubro de Otros del gráfico 19, que representa menos del 10% de las víctimas fatales reportadas
62
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
a la CVR. Allí también se incluye a gran parte de la selva baja y de la selva norte (Amazonas,
norte de Cajamarca y parte de Loreto) y sur (Madre de Dios); así como la mayor parte de
Ancash, Cajamarca y Arequipa.
Las investigaciones desarrolladas por la CVR muestran que las organizaciones subversivas
lograron un mayor control y tuvieron una presencia más importante y duradera en aquellas
zonas donde pudieron utilizar en su provecho situaciones crónicas de conflicto entre sectores de
la población o entre los pobladores y el Estado.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la sociedad peruana experimentó algunos de los
cambios demográficos, económicos, políticos y sociales más profundos y radicales de su
historia. Desde la década de 1950, en el campo, particularmente serrano, la masiva emigración
rural, principalmente hacia la ciudad de Lima, y las movilizaciones campesinas contra el
régimen latifundista alteraron la demografía y las estructuras de poder. Políticas de protección a
la industria y de aliento a la inversión (banca de fomento industrial y agropecuaria, aranceles
proteccionistas, etcétera) venían transformando la economía nacional y particularmente la vida,
la economía y el peso demográfico de Lima. Al mismo tiempo, se diseñaron grandes planes
modernizadores para el país. Así, las grandes irrigaciones de la costa en los últimos cuarenta
años cambiaron el paisaje social, económico y demográfico de la región. La carretera marginal
de la selva, que empezó a construirse en la década del sesenta, ha tenido efectos semejantes. En
gran parte de la sierra, la promesa una sociedad más moderna no tuvo inversiones ni ejes viales
ni gigantescas represas; allí, la modernización, o sus pedazos, se manifestaron a través de la
Reforma Agraria y la ampliación de la cobertura educativa.
En gran medida, estos cambios significaron un proceso de modernización y desarrollo que
tuvo manifestaciones y efectos desiguales en los diferentes espacios regionales del país. Si bien
se introdujeron importantes alteraciones en las condiciones de vida y en las expectativas de la
mayoría de la población, las limitaciones del proceso de modernización peruano dejaron
abiertos nuevos y viejos conflictos sociales sin resolver, así como aspiraciones de progreso
individual o colectivo frustradas. La violencia que se inició en 1980 encontró en los espacios
donde los límites de la modernización habían generado los conflictos o frustraciones más
importantes, un lugar privilegiado donde los proyectos de los grupos subversivos podían
enraizarse y desarrollarse.
63
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
64
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
65
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Otras regiones de la sierra donde la violencia estuvo presente, aunque no con la intensidad
de Ayacucho, también vivieron en los años cincuenta y sesenta procesos de cierta urbanización,
sin fuertes entornos de desarrollo económico, así como de modernización de sus universidades.
Un ejemplo de ello es la ciudad del Cusco y su universidad, la Universidad Nacional San
Antonio Abad. Como en el caso anterior, fueron los sectores rurales y urbanos pobres quienes
lograron el acceso a la universidad durante este crecimiento, que se desarrolló al mismo ritmo
que el deterioro de sus servicios. Asimismo, se intentó realizar en Cusco una difusión de ideas
radicales semejante al producido en Ayacucho.
Pero, a diferencia de Huamanga, Cusco era una sociedad más compleja y sí encontró un
enlace con el dinamismo moderno por medio del turismo. Mientras en 1954 se registró la
presencia de 6,903 turistas, llegaron a la ciudad 176,000 en 1975. La industria hotelera, la de la
restauración y la de la artesanía se ampliaron a ese ritmo.
Cusco también fue un caso de urbanización en pobreza y en un entorno regional deprimido.
Sin embargo, si bien la queja de dirigentes y autoridades fue que el turismo no beneficiaba a la
ciudad y sólo permitía grandes beneficios a empresas de Lima o del exterior, es probable que la
presencia de una actividad dinámica, que movilizaba las ideas y los servicios en torno a una
población foránea muy móvil, haya sido uno de los contrapesos culturales que influyeron en el
hecho de que la ciudad, su universidad y sus jóvenes estudiantes —aunque radicalizados— no
engrosaran masivamente las filas de la militancia subversiva ni colaboraran en desarrollar una
guerra.
La modernización en Puno también fue urbana. Entre 1950 y 1960 se produjo la
combinación perversa de lluvias excesivas e inundaciones, y períodos de completa sequía. En
ese contexto de desastres, en diciembre de 1961, se creó la Corporación de Fomento y
Promoción Social y Económica de Puno (CORPUNO), organismo con autonomía administrativa
que hasta 1972 organizó y planificó las inversiones de fomento en el departamento. Su acción,
sin embargo, sólo se reflejó en la modernización urbana de la capital del departamento.
En este afán de modernización, la creación de una universidad en Puno apareció como un
síntoma de progreso. En 1961, la Universidad Nacional Técnica del Altiplano abrió sus puertas
y, durante los años 70, se masificó y acogió las expectativas de movilidad social de sectores
mestizos o de hijos de campesinos.
Pero la ciudad de Puno, en realidad, no era ni el único ni el más dinámico espacio urbano
del departamento. Bajo la influencia del ferrocarril y, desde 1963, año de la instalación de la
fábrica de cemento de Caracoto, la ciudad de Juliaca se convirtió en la expresión moderna de
sectores provincianos vinculados al mundo campesino. Esto propició la formación de una
burguesía comercial mestiza e indígena, que logró sustituir a la declinante clase terrateniente.
Igualmente, las provincias del sur, cuya población predominante eran campesinos aymaras
organizados por medio de una antigua red de ciudades menores hasta la frontera con Bolivia y
con un mayor dinamismo comercial, fueron reacias al discurso radical. En suma, la presencia de
la subversión en Puno fue esporádica en las ciudades y se asentó básicamente en la zona rural
de las antiguas grandes haciendas ganaderas.
La región central, por su parte, era de importancia fundamental. Situada entre Ayacucho y
Lima, abastecedora de alimentos y de energía para la capital y su aparato industrial, esta región
estaba conformada por una red urbana (las ciudades de Huancayo, La Oroya, Cerro de Pasco,
Tarma y Jauja), por una actividad minera (grandes empresas públicas, sindicatos y depósitos de
explosivos) y por un entorno rural altamente diferenciado: comunidades urbanizadas y
vinculadas a los mercados en el valle del Mantaro. Además, estaba constituida por zonas altas
ganaderas muy pobres, como en Pasco, o en conflicto con empresas asociativas. Para ambas
agrupaciones subversivas, el PCP-SL y el MRTA, controlar la región central fue un objetivo
estratégico. Mientras fracasaron en las zonas de comunidades de valle, exitosamente integradas
al mercado, ambas se desarrollaron en las zonas altas y en las ciudades, particularmente en
Huancayo, cuya universidad, fuertemente radicalizada, fue incluso escenario de
66
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
que los gobiernos locales debían ser elegidos por voto universal. Desde entonces,
particularmente desde 1984 con la Ley Orgánica de Municipalidades, los municipios electos
empezaron a recibir verdaderas atribuciones de gobierno local. En estas zonas urbanas, en
proceso de construcción, con servicios insuficientes, el papel de las municipalidades y de la
lucha política por llegar al gobierno local fue muy importante. En los distritos populares de
Lima, la izquierda pasó de su tradicional espacio en el movimiento obrero y barrial a tener
funciones de gobierno local. En 1980 y 1983, prácticamente todos los distritos de los conos norte,
sur y este tuvieron alcaldes de izquierda.
Tanto su estrategia de lucha contra las autoridades locales como de control del movimiento
sindical y barrial llevaron a las organizaciones subversivas a un directo enfrentamiento con la
izquierda legal y los demás líderes políticos y de las organizaciones sociales en la medida en
que éstos se erigieron como contrapeso a su influencia. Por su lado, la acción contrasubversiva,
al intentar eliminar organizaciones y potenciales focos de demandas populares, también golpeó
significativamente a la izquierda y a las organizaciones existentes.
La Lima conformada por inmigrantes, con ciudades marginales y con una economía
evidentemente informal, fue un escenario del conflicto armado menos visible que la de los
atentados y asesinatos selectivos en contra de símbolos y representantes del poder y del Estado.
No obstante, ambas estrategias involucraron la vida cotidiana de millones de personas y aportó
cifras considerables a la dramática estadística de muertos por el conflicto armado interno.
68
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
por mucho tiempo. Desde un principio, las comunidades demandaron siempre sus derechos de
propiedad sobre los pastizales de las haciendas. La Reforma Agraria, implementada desde 1969,
reconoció esta antigua reivindicación de las comunidades; pero no fragmentó las grandes
empresas ganaderas ni devolvió las tierras que las comunidades reclamaban. Por el contrario,
unificó varias haciendas en gigantescas empresas. Así fue como surgieron las SAIS, cuyos
beneficiarios directos fueron sus trabajadores y colonos con gran cantidad de tierras, como una
forma empresarial que incorporaba a las comunidades como socias sin capacidad de decisión,
pero con derecho a recibir parte de las utilidades.
El poder económico en manos de las empresas profundizó la división social en las zonas
donde se desarrollaron y, en el contexto de la crisis económica de la segunda mitad de los años
setenta, del desmontaje de los sistemas de control y movilización creados y mantenidos durante
el gobierno del general Velasco, empezó a generar situaciones de corrupción y crisis financiera.
Los socios de las Cooperativas Agrarias de Producción de la costa y de los valles interandinos,
en los años siguientes a 1980, optaron por liquidar las empresas y repartirse la tierra en parcelas
individuales. Los derechos de propiedad en las SAIS, sin embargo, eran más complejos: los
beneficiarios directos, si bien cuestionaban a sus dirigentes corruptos o ineficientes, no podían
ni deseaban eliminar las empresas por el asedio de las comunidades. Éstas demandaban sus
antiguas tierras, pues ni siquiera recibían utilidades. La situación de conflicto sin solución
estaba planteada.
En las zonas altas de Junín (las cuencas del Canipaco y del Alto Cunas) se encontraban los
complejos ganaderos de las SAIS más grandes y más tecnificadas del país. La prosperidad de las
empresas, sin embargo, había dejado de traducirse en el bienestar de sus beneficiarios y
comunidades socias. Hacia 1987, cuando el PCP-SL empezó sus actividades en la zona, el
descontento era grande y la cúpula de dirigentes había sido acusada de corrupta y de vender
tierras a precios irrisorios. En este contexto de poca legitimidad de la dirigencia de las SAIS y de
cuestionar el manejo de las tierras, las comunidades socias levantaron nuevamente el conflicto
por linderos, descontentos por la solución de la Reforma Agraria a su reivindicación de tierras.
Con un discurso de orden y justicia y el ajusticiamiento de dirigentes corruptos y otros
antisociales, el PCP-SL ganó adeptos rápidamente. Las SAIS fueron objeto del sistemático
ataque por parte de los miembros del PCP-SL. Muchos dirigentes y técnicos fueron asesinados,
los locales incendiados y el ganado fue repartido o, en otras ocasiones, sacrificado.
Una situación similar, aunque a una escala menor, ocurrió en las SAIS de la sierra norte del
país, como Santiago de Chuco, Huamanchuco, Cajabamba y San Marcos, en los departamentos
de La Libertad y Cajamarca.
En el norte del departamento de Puno, particularmente en las provincias de Azángaro y
Melgar, el conflicto armado interno se desarrolló alrededor del mismo problema sobre el control
de tierras en las áreas ganaderas; pero en un contexto diferente: el de las movilizaciones
campesinas por su reestructuración. Allí, sin embargo, el escenario social era más complejo; una
organización campesina como la Federación Departamental de Campesinos de Puno, los
partidos de la izquierda legal y las organizaciones de apoyo al campesinado de la Iglesia
Católica fueron otros tantos de los actores locales con los que se enfrentaron las fuerzas
subversivas, además de la acción de la Policía y de las Fuerzas Armadas. A mediados de los
años 80, el PCP-SL trató de aprovechar y militarizar el conflicto por la reestructuración de la
propiedad de la tierra de las empresas asociativas que enfrentaba a las comunidades
campesinas con los directivos de las empresas y el gobierno central. Si bien no tuvo éxito en su
intento por captar a las organizaciones campesinas, la situación de conflicto, la represión de las
fuerzas del orden de la movilización campesina y de la propia izquierda enfrentada al PCP-SL
crearon un ambiente en el que la subversión logró conquistar algunas bases de apoyo. En 1989,
el departamento se convirtió en otro de los escenarios de violencia, aunque de menor intensidad
que en la sierra central.
Un caso particular de conflicto en torno a la Reforma Agraria fue el de Andahuaylas en el
69
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
departamento de Apurímac. Allí la cuestión de tierras estaba resuelta desde 1980, al inicio del
conflicto armado interno. Sin embargo, la solución —la tierra de las antiguas haciendas estaba
en manos de los campesinos— había sido fruto de un fuerte conflicto entre las comunidades y el
Estado. Por razones burocráticas, de pequeñas influencias y poca resonancia política, el proceso
de la Reforma Agraria había sido extremadamente lento. Aún en 1974, luego de cinco años de
promulgada la ley de la Reforma Agraria y en un entorno de creciente descontento, los
hacendados seguían en posesión de las tierras. En 1974, la Federación Provincial de Campesinos
de Andahuaylas llamó a sus bases a aplicar directamente la Reforma, tomando las tierras y
sacando a los hacendados. El resultado fue que 68 de las 118 haciendas de la provincia fueron
simultáneamente tomadas por miles de campesinos. El intento de reprimir la movilización
fracasó y se abrió un largo y conflictivo proceso en el cual las autoridades responsables de
realizar la Reforma Agraria intentaban aplicar compulsivamente el modelo asociativo, en tanto
que los campesinos presionaban por una alternativa entre parcelaria y comunal. En 1978 —tras
nuevas movilizaciones, conflictos y dirigentes encarcelados—, se entregaron las tierras. Esta
situación propició que los dirigentes de la Federación y de las tomas de tierras, como Julio César
Mezich y Lino Quintanilla, con el respaldo de una lucha exitosa, se radicalizaran e ingresaran al
PCP-SL a inicios de 1980 y fueran los impulsores de su desarrollo en la zona.
[Link]. La extrema pobreza rural: privatización del poder y los conflictos de las comunidades
El sector de la sociedad rural más importante y más afectado en el conflicto armado fue el
de los márgenes más excluidos del país. Fue allí donde el PCP-SL inició su expansión, conquistó
conciencias y adhesiones, controló amplios espacios, logró importantes bases de apoyo y creó
numerosos «comités populares»; en estas zonas el PCP-SL llevó adelante de manera más
completa su estrategia de nuevo poder. Fue también allí donde se cometieron los casos más
cruentos de ataque a poblaciones civiles —tanto por parte de la organización subversiva como
de las Fuerzas Armadas— y donde se pagó el mayor costo en vidas humanas con la destrucción
de familias y comunidades enteras
Estos sectores eran considerados irrelevantes para la economía nacional y los planes de
desarrollo. El Estado no estuvo presente en ellos para garantizar el acceso a la infraestructura y
a los servicios públicos básicos. Asimismo, tampoco cumplió el papel de salvaguardar la
tranquilidad, la seguridad y la propiedad de las personas. Éstos eran, además, contextos rurales
muy pobres, con una población mayoritariamente quechuahablante y analfabeta, por lo que
nunca habían estado integrados a través del voto en los procesos electorales. Eran zonas mal
comunicadas con los mercados, inmersas en sus propios problemas, desestabilizadas por
antiguos conflictos de linderos o por el acceso diferenciado a tierras y sometidas a situaciones
de abuso o de ejercicio ilegítimo del poder.
Fue el espacio de lo que se llamó la mancha india: la sierra sur-central (Ayacucho, Apurímac,
Huancavelica) y las provincias altas del Cusco. La sierra rural de Pasco y algunas zonas de
Junín como la cuenca del Tulumayo compartieron estas características, así como la violencia que
se desarrolló durante el conflicto armado interno.
En estos espacios de pobreza rural, si bien la población campesina estaba organizada en
comunidades (con numerosos problemas internos), las únicas expectativas de progreso fueron
individuales: la emigración y el acceso a la educación. Los maestros o los hijos que estudiaban
en las capitales provinciales, respaldados por el prestigio que esto trae consigo, fueron
prácticamente el único vínculo con el progreso. Si bien cada localidad vivió una historia propia,
los maestros de las escuelas y la visita de jóvenes universitarios fueron una de las vías de
entrada del PCP-SL en este tipo de realidades. Con mayor o menor intensidad, esta presencia
fue legitimándose a partir de un discurso político igualitario, que apelaba a ideales de justicia
social y que era acompañado con la puesta en práctica de un orden extremadamente autoritario
que eliminó rápidamente, para satisfacción de la población, las conductas antisociales, los robos
y el abigeato. En estas sociedades, con una gran violencia interna y envidia por el acceso
diferenciado a los recursos, el asesinato y el reparto de los bienes y ganado de los ricos
70
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
(comuneros con mayores recursos y normalmente con más poder) y de los medianos
hacendados que todavía existían contribuyeron a la adhesión de muchos campesinos a una
propuesta política que era presentada de forma elemental. Proponía una sociedad igualitaria, en
la cual debía imperar una justicia vertical firme y debía estar conducida por personas letradas.
Pero estas sociedades no habían estado ausentes de los procesos de cambio experimentados
por el país en la segunda mitad del siglo XX. En Ayacucho, particularmente en la cuenca del río
Pampas (provincias de Víctor Fajardo, Cangallo, Huancasancos y Vilcashuamán) y en las
provincias del norte (Huanta, Huamanga, La Mar), predominó un régimen tradicional de
haciendas de mediados del siglo XX. En la mayoría de los casos, sin embargo, estas haciendas,
muy poco rentables en una economía que se modernizaba, estaban en decadencia. En los años
70, en un contexto de mayor movilidad y migración temporal de los campesinos, muchas
haciendas fueron compradas por las comunidades del entorno o por sus feudatarios,
constituidos luego de la compra en nuevas comunidades. En Vilcashuamán, muchas
comunidades tienen este origen. En Víctor Fajardo, la única hacienda que existía al momento de
la Reforma Agraria estaba desde hacía tiempo en manos de los campesinos. Así, desde
mediados del siglo XX, se había producido un proceso de ampliación de los recursos de las
familias comuneras por adquisición de pedazos de haciendas en decadencia. Esta ampliación,
sin embargo, había sido conflictiva entre las comunidades y desigual en su interior,
dependiendo del mayor o menor acceso a recursos monetarios y a diversas relaciones de
cercanía con el antiguo hacendado. El viejo poder del hacendado, con su consiguiente control
de los cargos de autoridad y de justicia, fue precariamente sustituido por estos nuevos
campesinos acomodados.
Como antes con los hacendados, cuyo poder personal no fue sustituido por un aparato
burocrático moderno, salvo en el corto período entre 1970 y 1975 en que el Estado construyó el
Sistema Nacional de Movilización Social (SINAMOS) —una red de funcionarios que llegaba a
todos los pueblos del país—, el poder estatal estaba en manos de agentes locales, muchas veces
utilizado para sus propios fines.
Sobre los conflictos de esta nueva desigualdad40 en el acceso a los recursos y en su
vinculación con mecanismos locales de poder, se insertó y se enraizó la prédica y la práctica del
PCP-SL. La débil presencia del Estado, representada en los dispersos puestos policiales —
insuficientes para combatir los robos y el abigeato— y los cargos de autoridad —jueces de paz,
tenientes gobernadores—, fue rápidamente eliminada por la subversión con hostigamiento,
amenazas y asesinatos. En el vacío de poder fácilmente generado, se instauró el «nuevo poder».
En muchos lugares se repitió este esquema: en Pasco, desde los primeros años; en el
Tulumayo, más tarde; en las provincias altas de Cusco y Apurímac. Así pues, el circuito
educativo como promoción y diferenciación social, el abuso de poder local y el abigeato como
legitimación abrieron estos espacios a la subversión en la segunda mitad de la década del 80.
Diversas situaciones de conflicto y descontento fueron la puerta de entrada del PCP-SL. Por
un lado, antiguos conflictos entre anexos y capitales de distrito, que monopolizaban el poder
local y eran sedes de pobladores con más recursos, suscitaron ataques y asesinatos (juicios
populares) que tuvieron la adhesión de los más pobres. En otros casos, la poca aceptación de los
comuneros del discurso y la práctica del «nuevo poder» senderista llevó a un conflicto más bien
generacional de enorme violencia: el de jóvenes con mayor educación, pero aún sin acceso a
recursos, radicalizados por la prédica del PCP-SL, contra los adultos (sus padres) tildados de
«reaccionarios».
El «nuevo poder» senderista en el campo fue respondido por una implacable labor
contrasubversiva indiscriminada. Esto sucedió en particular cuando, en 1983, las Fuerzas
40Probablemente irrelevante para un observador externo para el que una persona considerada como «rica»
en este contexto se ubicaría tanto como una pobre en el quintil inferior de la distribución de ingresos del
país.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Gráfico 19
100%
Otros
Li ma M et r op.
Región Central
60%
20%
Región Sur Central
0%
80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 00
Región Sur Central Región Nor Oriental Región Central Sur Andino Lima Metropolitana Otros
Como se aprecia en el gráfico 19, en los cinco primeros años, la violencia y las víctimas se
concentraron básicamente en la región sur central, en especial en el departamento de Ayacucho.
Como ha sido mencionado, durante estos años y en estos espacios fue donde el PCP-SL
aprovechó los conflictos intercomunales y generacionales para imponer un orden igualitario y
autárquico fundamentado en su ideología totalitaria. La reacción de las fuerzas del orden,
azuzada por actos de provocación del PCP-SL (asesinatos, atentados y ataques contra puestos
72
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
policiales y patrullas militares), así como el uso cada vez más intenso de la violencia para
imponer el «nuevo orden» senderista sobre las comunidades donde se habían creado «bases de
apoyo» y «comités populares», hicieron de los años 1983 y 1984 los más sangrientos de todo el
conflicto en la región en especial y en el país en general (véase el gráfico 5 en la página 8 y el
gráfico 20 aquí adjunto). NOTA: OJO CON LA REFERENCIA A LA PÁGINA, ACTUALIZAR
CUANDO CAMBIE EL No. DE PÁGINAS
AQUÍ GRÁFICOS 19 Y 20
Gráfico 19
30%
20%
10%
0%
30%
20%
10%
0%
80 82 84 86 88 90 92 94 96 98 00 80 82 84 86 88 90 92 94 96 98 00 80 82 84 86 88 90 92 94 96 98 00
73
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Lima. Una manifestación de ello fue el amotinamiento y la posterior masacre de presos del PCP-
SL en los penales de Lurigancho, El Frontón y Santa Bárbara a mediados de 1986.
Asimismo, en las demás regiones, los grupos subversivos intentaron aprovechar las
situaciones conflictivas relacionadas con la reestructuración de las SAIS y los enfrentamientos
entre comunidades socias, directivos de las empresas y el gobierno central, primero en Puno
(con poco éxito) y luego en Junín. En la selva central, el PCP-SL por el sur (valle del Ene) y el
MRTA por el norte (la zona de Oxapampa), trataron de controlar nuevos espacios y zonas de
refugio marcadas por las tensiones entre colonos y nativos. En la región nororiental, el MRTA
buscó vincularse con los reclamos de los agricultores de San Martín, mientras que el PCP-SL
intentó controlar las zonas cocaleras del Alto Huallaga con el fin de erigirse en intermediario
entre los campesinos cocaleros y los narcotraficantes para reemplazar al Estado en algunas
funciones de control del orden social.
El final de la década de 1980 dio inicio a un período de crisis extrema. Entre 1989 y 1992 se
experimentó un nuevo pico de violencia. Con excepción de la región sur central, en el resto de
regiones este fue el momento en el que se registró la mayor cantidad de víctimas reportadas a la
CVR. Por otro lado, 1989 fue el año en el que más distritos fueron afectados por la violencia. Los
principales escenarios del conflicto en este período fueron la región central, el nororiente y la
ciudad de Lima. Como ha sido previamente indicado, este período también marcó un cambio
en la estrategia contrasubversiva del Estado, la cual pasó a ser más focalizada y selectiva, y se
orientó a ganar el apoyo de la población en las regiones donde se manifiestó la presencia
subversiva.
En la región central, la intensidad del conflicto durante esta etapa está relacionada con tres
dinámicas diferentes. Por un lado, hacia 1989 culminó un proceso de ofensiva senderista en
contra de las SAIS de las cuencas del Alto Cunas y del Canipaco, en las zonas altas de las
provincias de Concepción y Huancayo, respectivamente. El resultado fue la destrucción de estas
empresas, llevada a cabo con la participación de las comunidades menos favorecidas por el
esquema asociativo impuesto por la Reforma Agraria. Se inició entonces en la región un breve
período de hegemonía senderista que duró unos cuantos meses y que fue duramente combatido
por las fuerzas del orden y por las rondas campesinas recientemente organizadas.
En segundo lugar, en la ciudad de Huancayo, el PCP-SL logró imponerse como la principal
fuerza hegemónica en su lucha contra el MRTA y las demás organizaciones políticas
(fundamentalmente de izquierda) por el control de la Universidad Nacional del Centro del Perú
(UNCP). Ello fue acompañado por una ola de asesinatos y atentados terroristas en la ciudad y
las zonas aledañas. Frente a esta situación, entre 1991 y 1992, las fuerzas del orden iniciaron una
vasta campaña de represión selectiva, que se expresó en la desaparición y ejecución arbitraria
de decenas de estudiantes y trabajadores de la UNCP sospechosos de estar vinculados con las
agrupaciones subversivas.
El tercer proceso en la región central tuvo que ver con la presencia de las organizaciones
subversivas en la selva central y su intento de ejercer su control en las comunidades nativas
(esencialmente asháninkas) y en las poblaciones de colonos.
Entre 1989 y 1990 tuvo lugar una confrontación directa entre el MRTA y el pueblo
asháninka. A mediados de la década del 60, la zona de Oxapampa había sido escenario de una
experiencia guerrillera inspirada en la revolución cubana y en la que participaron miembros del
entonces Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que luego formaron parte del MRTA.
En aquella oportunidad, uno de los principales líderes del pueblo asháninka, Alejandro
Calderón, había colaborado con el Ejército Peruano en la captura de los guerrilleros del MIR.
Veinticinco años después, en 1989, el MRTA decidió «ajustar cuentas» con Alejandro Calderón,
quien fue asesinado junto con otros dos dirigentes asháninkas. Ello desató una guerra entre la
nación asháninka y el MRTA en la provincia de Oxapampa a raíz de la cual la organización
subversiva fue prácticamente aniquilada en la zona.
74
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Debe anotarse que 1989 fue un año nefasto para el MRTA en la región. Debilitado por su
confrontación con el PCP-SL y la reciente captura de Víctor Polay Campos, su dirección
nacional quiso dar un «golpe de impacto» mediante la toma de la ciudad de Tarma en abril de
1989. Asignó esa misión a su mejor personal militar, pero la operación fue desbaratada por el
Ejército en un enfrentamiento en la localidad de Molinos.
Por su parte, a inicios de la década de 1990, el PCP-SL buscó consolidar nuevas bases de
apoyo y zonas de refugio en la selva central, penetrando en la provincia de Satipo por el sur a
través del río Ene y sus afluentes. Para ello comenzó a captar algunos sectores de la población
asháninka y colonos de la zona e inició un largo proceso de violencia que significó el
sometimiento y el exterminio de comunidades nativas enteras, cruentos enfrentamientos con los
comités de autodefensa y las fuerzas del orden y operaciones punitivas en contra de
comunidades controladas por uno u otro bando. La presencia del PCP-SL en los territorios
asháninkas significó una verdadera tragedia para ese pueblo. La CVR considera que tales
hechos reclaman una mayor investigación a fin de elucidar si pueden tipificarse como
correspondientes a alguna de las modalidades del delito de genocidio.
La difícil geografía de esta parte del país permitió al PCP-SL mantener durante varios años
áreas de refugio en el monte y en las zonas más inaccesibles de la selva. En el año 2003, algunos
de estos refugios todavía albergaban precariamente a los últimos remanentes de la facción de la
organización subversiva que había decidido continuar la lucha armada, a pesar del llamado a
un «acuerdo de paz» hecho por Abimael Guzmán en 1993.
La región nororiental fue otro de los escenarios principales del período comprendido entre
1989 y 1992. Como se indicó anteriormente, en el valle del Huallaga, el PCP-SL, con el objetivo
de consolidar su control sobre la población, buscó imponer un cierto «orden social» que regule
la relación entre narcotraficantes y productores de hoja de coca, «protegiendo» a estos últimos
de los operativos de represión estatal. Este control significó, además, ejercer funciones de
«justicia local» en reemplazo del Estado, a partir de la sanción severa de las conductas
consideradas como antisociales. Siguiendo su estrategia nacional, el principal objetivo de la
organización subversiva en la zona fue crear bases de apoyo entre la población campesina
cocalera, y reprimió duramente cualquier tipo de oposición, lo que motivó un elevado número
de víctimas fatales.
Sin embargo, la compleja realidad del narcotráfico y la cantidad de recursos que esta
actividad moviliza tuvieron un impacto importante en la dinámica y la estrategia local del PCP-
SL, lo que se reflejó en los mayores márgenes de autonomía de los cuales aparentemente gozaba
el «Comité Regional Huallaga» respecto de la dirección central del partido senderista. No es de
extrañar que, al igual que en las Fuerzas Armadas y Policiales, el dinero del narcotráfico haya
tenido efectos corruptores en la moral y disciplina de los miembros de la organización
subversiva, por más fundamentalista que sea su ideología. A pesar de ello, no es posible
referirse al fenómeno subversivo en la región utilizando el membrete simplificador de
«narcoterrorismo», ya que ello impide distinguir actores, lógicas y motivaciones muy diferentes
(las de una actividad económica ilícita y las de un proyecto político que busca conquistar el
poder) que requieren medidas específicas para ser combatidos eficazmente.
Con el objetivo de enfrentar más eficazmente a los grupos alzados en armas, la estrategia
contrasubversiva aplicada a partir de 1989 en la región nororiental dejó de reprimir el cultivo de
la hoja de coca para concentrarse en la identificación y eliminación de los elementos
subversivos. Con ello se evitaron las confrontaciones con el campesinado cocalero, lo que hasta
cierto punto permitió la organización de comités de autodefensa. Entre 1989 y 1993 se
registraron importantes enfrentamientos entre fuerzas del orden y grupos subversivos. De
acuerdo con la lista de bajas proporcionada por las Fuerzas Armadas a la CVR, cerca del 45% de
los militares muertos durante todo el conflicto armado, se dieron en operativos realizados en la
75
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
región Nororiental.41
Sin embargo, la estrategia contrasubversiva aplicada en la zona, al igual que en otras
regiones, también implicó actos sistemáticos de violaciones de los derechos humanos,
especialmente la práctica de la tortura y de la desaparición forzada.
Como se aprecia en el gráfico 20, a diferencia de las demás regiones donde se registran
picos en años específicos (1984 o 1989), en la región nororiental los niveles de intensidad del
conflicto se mantuvieron relativamente constantes y elevados entre 1989 y 1993. Cientos de
testimonios recopilados por la CVR dan cuenta de la intensidad de la violencia que se vivió en
la zona. Probablemente el río Huallaga sea la fosa común más grande del país.
Si bien la región sur central no fue el principal escenario del conflicto entre los años 1989 y
1992, la violencia no dejó de manifestarse con crudeza, especialmente en las provincias de
Huanta, La Mar y el valle del río Apurímac. En esa zona se desplegó una intensa actividad de
los comités de autodefensa, quienes en combinación con las fuerzas del orden, obligaron al
PCP-SL a replegarse cada vez más hacia el monte y hacia las zonas más agrestes de la selva de
Ayacucho, Cusco y Junín.
A inicios de la década de 1990, la nueva estrategia contrasubversiva del Estado, su
acercamiento a la población local y las maniobras de los comités de autodefensa provocaron que
los grupos subversivos se encontrasen en una situación defensiva y cada vez más precaria en las
zonas rurales de la mayoría de regiones del país. En ese contexto, la dirección central del PCP-
SL decidió intensificar sus acciones en las zonas urbanas, particularmente en la capital, con el
fin de crear una situación de zozobra y de crisis extrema del Estado político peruano, ya
debilitado por el proceso de hiperinflación desencadenado a finales de los años 80. La ofensiva
senderista en Lima llegó a su clímax en 1992 con una importante ola de atentados; pero también
culminó con la caída de sus principales líderes.
En 1993, profundamente debilitados, los últimos remanentes del PCP-SL quedaron
focalizados en espacios bastante delimitados, pero no por ello menos complejos. El escenario
principal del conflicto en esta última etapa fue la región nororiental. Entre 1993 y 1994, los
efectos de la «ley de arrepentimiento» junto con operativos de «limpieza» realizados por las
Fuerzas Armadas en la margen izquierda del río Huallaga, en la zona conocida como Venenillo
(donde además de registrarse varios enfrentamientos, existen indicios de que se cometieron
ejecuciones arbitrarias) provocaron un mayor debilitamiento de las fuerzas senderistas en la
región.
Luego de la capitulación de Abimael Guzmán en 1993, las facciones del PCP-SL que estaban
a favor de continuar la lucha armada continuaron manteniendo «bases de apoyo» en zonas
aisladas del Huallaga, la selva Central (provincia de Satipo) y el valle del río Apurímac al norte
de Ayacucho. Esporádicamente realizaron operaciones de propaganda y acciones armadas a
una escala muy reducida. Estas zonas de refugio aisladas constituyen espacios propicios para
una resistencia prolongada; pero, al mismo tiempo, plantearon serias dificultades para
coordinar una estrategia de alcance nacional y acciones de mayor envergadura.
En la actualidad, los grupos que propugnan la subversión armada están muy debilitados y
no parecen constituir, salvo en zonas muy localizadas, una amenaza seria a la estabilidad del
Estado peruano. Por otro lado, el gran costo en vidas humanas que significó el conflicto en las
zonas donde éste se vivió con mayor intensidad, ha provocado que las propuestas de
transformación social por medio de la violencia pierdan gran parte del atractivo que en algún
momento pudieron tener entre ciertos sectores de la sociedad. Sin embargo, todavía continúan
vigentes en nuestro país muchos de los conflictos regionales y locales relacionados con procesos
de modernización y de integración nacional y social inacabados, truncos o limitados, que fueron
41En contraste con ello, menos del 20% de las bajas militares del conflicto ocurrieron en acciones en la
región sur central, a pesar de que es en esa región donde se reportaron la mayor cantidad de muertos y
desaparecidos a la CVR.
76
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
CAPÍTULO 2
42En un intervalo de confianza al 95%, cuyos límites inferior y superior son 24,823 y 37,840 personas, lo
que representaría por lo menos el 46% del total de víctimas fatales del conflicto armado interno.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Según Guzmán, eran sólo doce militantes en Ayacucho en el momento de la ruptura con
Paredes, y 51 en todo el país. Sin embargo, el nuevo partido logró sobrevivir replegado en la
Universidad de Huamanga; así, a lo largo de la década del 70, fue uno de los muchos pequeños
partidos de izquierda radical que pugnaban por liderar la «reconstitución» o la
«reconstrucción» del Partido Comunista y, en algunos casos, por emprender la preparación de
la lucha armada.
45Entre los temas de estudios se encuentran: «Esquema para el estudio de la filosofía marxista», «Esquema
para el estudio del socialismo científico», «Aplicación de la dialéctica materialista a la sociedad», «La
guerra popular», «Esquema para el estudio del pensamiento de José Carlos Mariátegui» (Centro de
Trabajo Intelectual Mariátegui. Ayacucho, 1973).
80
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
de trabajo. Así pues, el PCP-SL constituyó núcleos por lo general pequeños, pero cohesionados
ideológicamente y dependientes orgánicamente del partido. De esta manera, se fueron
conformando el Movimiento Clasista Barrial, el Movimiento Femenino Popular, el Movimiento
de Obreros y Trabajadores Clasistas y el Movimiento de Campesinos Pobres, entre otros que
cobrarían notoriedad en la década siguiente.
Los miembros de estos organismos eran denominados «masas» en contraposición a los
«cuadros» partidarios y tenían también que someterse al «centralismo democrático» y
«adherirse a Mariátegui», es decir, al partido. En este esquema, la sociedad resultaba
absolutamente subordinada al partido que «lo decide todo, todo sin excepción». Más allá de los
límites partidarios y de los organismos de masas que controlaba, para el PCP-SL no existía
nada, salvo enemigos. Una vez iniciada la lucha armada, la «masa» debía someterse a la
dirección científica del partido o pagar caro su insumisión. En esta concepción se percibe la
futura «militarización de la sociedad» que propugnará el PCP-SL y que, a juicio de la CVR, fue
un factor que influyó significativamente en el incremento de la cantidad de víctimas del
conflicto.
46El primer texto se llama «Por la nueva bandera» y fue leído como discurso el 7 de junio de 1979 en el IX
Pleno Ampliado del Comité Central del PCP-SL. Precisamente, en esa fecha se celebra en el Perú el Día de
la Bandera, de tal modo que el acto fue un explícito desafío al Estado y sus símbolos once meses antes del
«inicio de la lucha armada». El segundo texto se titula «Sobre los tres capítulos de nuestra historia», y fue
un discurso pronunciado el 3 de diciembre de 1979 en la I Conferencia Nacional Ampliada del PCP-SL con
ocasión de «forjar en los hechos» la Primera Compañía de la Primera División del «Ejército Guerrillero
Popular». El tercer documento se titula «Comenzamos a derrumbar los muros y a desplegar la aurora».
Fue un discurso pronunciado el 28 de marzo de 1980 en la II Sesión Plenaria del Comité Central. El cuarto
y último texto, el más importante, se titula «Somos los iniciadores». Éste fue un discurso pronunciado al
81
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
giro que el propio Guzmán imprime al tono de sus documentos. Ahora utiliza un discurso de
resonancias religiosas, específicamente bíblicas, tanto para aplastar a sus opositores internos
como para insuflar fe y esperanza en sus seguidores, mayoritariamente jóvenes. «Por la nueva
bandera» se inicia con una frase bíblica: «Muchos los llamados y pocos los escogidos». Y luego
continúa:‖ «El‖ viento‖ se‖ lleva‖ las‖ hojas,‖ pero‖ va‖ quedando‖ el‖ grano‖ *<+‖ ¿Cómo‖ los‖ granos
podrían detener las ruedas de molino? Serían hechos polvo». Pero, afirmaba Guzmán, el dios de
esta Biblia es la materia, que avanza de manera ineluctable hacia el comunismo. A través de un
hábil discurso retórico, Guzmán aparece encarnando ese movimiento:
*<+‖ quince‖ mil‖ millones‖ de‖ años‖ lleva‖ la‖ Tierra‖ para‖ generar‖ el comunismo. ¿Cuánto dura un
hombre? Mucho menos que el simple parpadeo de un sueño; no somos sino una pálida sombra y
pretendemos levantarnos contra todo ese proceso de la materia [...] burbujas ensoberbecidas, ¿eso
queremos ser? ¿Una parte infinitesimal que quiere levantarse contra quince mil millones de años?
¡Qué soberbia, qué putrición!
En esta exhortación, los rivales de Guzmán aparecen no sólo como insubordinándose al jefe,
sino contrariando al universo todo.
En el discurso de Guzmán, el surgimiento del partido resulta un hecho cósmico. Así, a
principios del siglo XX, «comenzó a surgir una luz más pura, una luz resplandeciente, esa luz la
llevamos nosotros en el pecho, en el alma. Esa luz se fundió con la tierra y ese barro se convirtió
en acero. Luz, barro, acero, surge el PARTIDO en 1928 [...]» (mayúscula en el original). La
militancia en él se convierte en una experiencia religiosa, que implica una ruptura colectiva,
pero también individual: «Dos banderas [luchan] en el alma, una negra y otra roja. Somos
izquierda, hagamos holocausto con la bandera negra». Para ello, es necesario‖«*<+‖lavarnos‖el‖
alma, lavarnos bien [...] Basta de podridas aguas individuales, estiércol abandonado». Se trata
de una purificación que posibilita el renacimiento a un mundo privilegiado, pero lleno de
asechanzas. El enemigo está dentro; por eso, conforme se suceden las luchas internas y se acerca
el momento de iniciar la lucha armada, el tono se vuelve frenético:47
Desarraiguemos las hierbas venenosas, eso es veneno puro, cáncer a los huesos, nos corroería; no
lo podemos permitir, es putrición y siniestra pus, no lo podemos permitir, menos ahora [...]
desterremos esas siniestras víboras [...] no podemos permitir ni cobardía ni traición, son áspides
[...] Comencemos a quemar, a desarraigar esa pus, ese veneno, quemarlo es urgente. Existe y eso
no es bueno, es dañino, es una muerte lenta que nos podría consumir [...] Los que están en esa
situación son los primeros que tienen que marcar a fuego, desarraigar, reventar los chupos. De
otra manera la ponzoña sería general. Venenos, purulencias hay que destruirlas [...]. (PCP-SL
1980b)
El tono da un indicio de lo que serán en el futuro la «lucha entre las dos líneas» dentro del
PCP-SL y los «acuchillamientos» verbales entre militantes para poder mantenerse dentro de la
estructura partidaria donde el vértice único es, más que nunca a partir de estos años, Abimael
Guzmán.
Los opositores que piensan que iniciar la lucha armada no es la mejor opción aparecen,
además, como descreídos: «Algunos qué poca fe tienen, qué poca caridad, qué poca esperanza
[...] hemos tomado las tres virtudes teologales‖ para‖ interpretarlas.‖ Pablo‖ dijo‖ “hombre‖ de‖ fe,‖
esperanza‖y‖caridad”».‖Se‖trata‖de‖un‖proceso‖argumentativo‖en‖el‖que‖el‖orador‖va‖venciendo‖
todas las resistencias de su auditorio y lo va moldeando a su imagen y semejanza, más como el
herrero que como el alfarero, porque, como repetirá en los años siguientes refiriéndose a
quienes no han visto la luz del partido: «No va a ser fácil que acepten [...] requerirán hechos
contundentes [...] que les martillen en sus duras cabezas, que les hagan saltar a pedazos sus
especulaciones, para que en sus almas también anide la realidad de esta patria nuestra».
clausurarse la I Escuela Militar del PCP-SL el 19 de abril de 1980, a menos de un mes del inicio de las
acciones armadas.
47 El tono permite entender por qué, para Guzmán, «la esencia de la revolución cultural era cambiar el
82
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
El discurso anuncia la metodología que el PCP-SL empleará con las denominadas «masas».
Para los «enemigos de clase», la perspectiva es todavía peor:
El pueblo se encabrita, se arma y alzándose en rebelión pone dogales al cuello del imperialismo y
los reaccionarios, los coge de la garganta, los atenaza; y, necesariamente los estrangula,
necesariamente. Las carnes reaccionarias las desflecan, las convierten en hilachas y esas negras
piltrafas las hundirá en el fango, lo que quede lo incendiará [...] y sus cenizas las esparcirá a los
vientos de la tierra para que no quede sino el siniestro recuerdo de lo que nunca ha de volver
porque no puede ni debe volver. (PCP-SL 1980b)
La virulencia del lenguaje anuncia la violencia que vendrá, porque, después de la reunión
denominada «Inicio de la lucha armada» (ILA), «la destrucción [del partido] ha sido
conjurada». La reconstitución del partido ha culminado y los militantes se convierten en
alquimistas de luz:
Somos un torrente creciente contra el cual se lanza fuego, piedras y lodo; pero nuestro poder es
grande, todo lo convertiremos en nuestro fuego, el fuego negro lo convertiremos en rojo y lo rojo
es luz. Eso somos nosotros, ésa es la Reconstitución. Camaradas, estamos reconstituidos. (PCP-SL
1980b)
Lo que viene luego es el Apocalipsis. Los participantes de la I Escuela Militar, que hoy
sabemos que se realizó en Lima y no en Chuschi, como afirmó por mucho tiempo la historia
oficial del PCP-SL, firmaron un compromiso:
Los comunistas de la I Escuela Militar del Partido, sello de los tiempos de paz y apertura de la
guerra popular, nos ponemos en pie de combate como sus iniciadores, asumiendo bajo la
dirección del Partido y ligados al pueblo, la forja de las invencibles legiones de hierro del Ejército
Rojo del Perú. ¡El futuro está en el cañón de los fusiles! ¡La revolución armada ha comenzado!
¡Gloria al marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung! - Viva el Partido Comunista del Perú!
¡Por el camino del camarada Gonzalo, iniciemos la lucha armada! (Gorriti 1990: 67)
*****
Se ha hecho corriente la idea de que el PCP-SL surgió exclusivamente en Ayacucho. Sin
embargo, desde 1970, el PCP-SL tuvo pequeños núcleos de militantes en Lima y en otras
ciudades. El 14 de noviembre de 1972 se reunió el entonces denominado Comité Regional 14 de
Junio para construir los organismos generados entre los trabajadores de las distintas ramas de la
producción. Luego, en su tercera sesión plenaria de febrero de 1973, el Comité Metropolitano
decidió desarrollar un trabajo de «frente» entre sectores de la «pequeña burguesía» y
aparecieron así la filial limeña del Centro de Trabajo Intelectual Mariátegui; el Comité
Femenino Popular, que pasó a llamarse Movimiento Femenino Popular desde mayo de 1973; y,
además, el Centro de Autoeducación Obrera.
Ante la ausencia de directivas claras sobre el trabajo partidario en Lima, éste adquirió lo
83
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
que Guzmán consideró luego, con desaprobación, «claros matices obreristas». De este modo, en
junio de 1975, Guzmán, ya para entonces en Lima, decidió que el trabajo urbano del partido
estuviese guiado por la formación de un amplio frente de «masas»: «obrero como dirigente y
barrios como masa». Un sector insistió en que debía profundizarse la presencia del partido en el
movimiento sindical —«darle más ideología a la clase obrera»— para que fuera el motor
principal de la revolución, en desacuerdo con los dogmas maoístas. La polémica interna fue
tomando forma en el contexto de auge sindical que se vivía por entonces y que se expresó pocos
años después con gran fuerza en los paros nacionales de 1977 y 1978, de los cuales la dirección
del PCP-SL tomó distancia por considerarlos «revisionistas».
En noviembre de 1975, durante el desarrollo de la quinta sesión plenaria del Comité Central
correspondiente a la VI Conferencia Nacional, la corriente liderada por Guzmán expulsó a la
«facción bolchevique» de Lima por considerarla «liquidacionista de izquierda».48 En los años
siguientes, el PCP-SL desarrolló un trabajo muy pequeño en Lima. El 11 de mayo de 1976, la
primera célula obrera del PCP-SL repartió clandestinamente volantes en diversos distritos de
Lima. Ese mismo año, en medio de una atmósfera de pugnas internas, se realizó la XIII
Convención de la Coordinación Metropolitana, en la que acordaron que el Movimiento
Femenino Popular y el Frente Estudiantil Revolucionario, así como el Comité de Autoeducación
Obrera, se convirtieran en los pilares de la reconstrucción del partido en Lima en función de la
guerra popular. De esa manera, empezaron a crear puntos de apoyo para el trabajo zonal y se
reforzó el trabajo en algunas universidades, especialmente en San Marcos y en La Cantuta.
Asimismo, se volvió a analizar el papel que cumplirían las ciudades en la «guerra popular».
Pero, a diferencia de lo que sucedía en Ayacucho, en Lima, el liderazgo de Abimael
Guzmán no era reconocido unánimemente. Algunos consideraban que era necesario desarrollar
más trabajo organizativo y discrepaban de la propuesta de iniciar la lucha armada en un corto
plazo. Ellos eran los que, según Guzmán, enarbolaban la «bandera negra» en el histórico IX
Pleno Ampliado de 1979. Así, los dirigentes limeños fueron parte de «la línea oportunista de
derecha» opuesta a la preparación de la lucha armada, línea que al cabo resultó vilipendiada y
expulsada.
Luego del IX Pleno Ampliado del Comité Central, el PCP-SL acordó intensificar el trabajo
para captar nuevos trabajadores. Poco después, durante la I Conferencia Nacional Ampliada del
Comité Central llevada a cabo entre noviembre y diciembre de 1979, el Comité Metropolitano
empezó a ejecutar su plan de desarrollar «grupos armados sin armas». Finalmente, del 2 al 19
de abril de 1980, se llevó a cabo la Primera Escuela Militar en la zona este de Lima, dirigida
personalmente por Guzmán. Al final del evento, se acordó ejecutar el primero de los seis planes
militares que desarrolló el PCP-SL entre mayo de 1980 y noviembre de 1999.49 Estos planes
militares fueron:
Primer plan: Inicio de la lucha armada (del 17 de mayo a diciembre de 1980)
Segundo plan: Desplegar la guerra de guerrillas (de enero de 1981 a enero de 1983)
Tercer plan: Conquistar bases de apoyo (de mayo de 1983 a septiembre de 1986)
Cuarto plan: Desarrollar bases de apoyo (de noviembre de 1986 a julio de 1989)
Quinto plan: Desarrollar bases en función de la conquista del poder (de agosto de 1989
a agosto de 1992)
Sexto plan: Construir la conquista del poder (de septiembre de 1992 a noviembre de
1999)50
48 Es decir, utilizaban un lenguaje ultraizquierdista pero sin ninguna aplicación práctica que permitiera
avanzar al partido. Véase la explicación de este proceso en PCP-SL 1986a.
49 «El Partido en la II Sesión Plenaria del Comité Central ha definido "Desarrollar la Militarización del
Partido a través de acciones"; sanciona que a través de acciones bélicas el Partido devendrá la poderosa y
reconocida vanguardia de la clase obrera del Perú, el reconocido centro de la revolución peruana. La II
Sesión Plenaria ha sancionado un "plan de inicio de la lucha armada" que soluciona un problema no
resuelto hasta hoy: el inicio de la lucha armada» (PCP-SL 1980a).
50 El sexto plan militar fue mencionado por Guzmán en la arenga que pudo pronunciar cuando fue
84
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
presentado a la prensa el 24 de septiembre de 1992 después de su captura realizada el día 12 del mismo
mes. En esa ocasión, Guzmán llamó a su organización a «proseguir» el plan. Se fija como término de este
sexto plan el mes de noviembre de 1999, por ser entonces cuando se capturó a Óscar Ramírez Durand,
Feliciano, lo que impidió definitivamente la continuación del mismo.
51 El «ejército guerrillero popular» estuvo conformado por tres tipos de fuerzas: principal, local y de base.
«Una situación muy importante es cómo el Presidente Gonzalo concibe el Ejército Guerrillero Popular
incorporando a las milicias populares, conformado por tres fuerzas: principales, locales y de base, que
actúa en campo principal y en ciudad como complemento; esto es un gran paso hacia el mar armado de
masas» (PCP-SL 1988c).
85
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
puesto de Tambo, en la provincia ayacucha de La Mar— y, sobre todo, en los dirigidos a las
autoridades estatales y a los dirigentes comunales.
La segunda fue la decisión de «batir el campo» (y batir significa para el PCP-SL «arrasar y
no dejar nada»), crear vacíos de poder y conformar los comités populares que constituían el
germen del «nuevo poder» senderista. Fue en este preciso momento, al dirigir su violencia
contra la sociedad campesina sobre la que pretendía asentarse, cuando el PCP-SL activó una
fuente de descontentos que después no pudo controlar y sembró semillas de rebelión entre
quienes quería que fueran sus aliados principales: los campesinos pobres de Ayacucho.
86
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
de lo viejo nacerá lo nuevo y al final como límpida ave fénix, glorioso, nacerá el comunismo para
siempre. (PCP-SL 1980c)
52En la bibliografía existente, se encuentran ciertas divergencias sobre el nombre de este plan. «Desplegar
la guerra de guerrillas» es el nombre empleado por Guzmán en una entrevista con la CVR realizada en la
Base Naval del Callao, el 21 de octubre de 2002.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
funcionarios estatales seguía siendo muy grande. El viceministro del Interior, Héctor López
Martínez, sostuvo por entonces que los grupos terroristas tenían apoyo internacional y señaló
como responsables de las acciones subversivas, además del PCP-SL, al PCP Pukallacta y al MIR
IV Etapa, organización que había dejado de existir en 1979.
En el siguiente balance de febrero de 1982, Abimael Guzmán señalaba como grandes logros
de la «guerra popular» haber forjado el temple del partido, haber permitido la formación y
construcción de una fuerza armada dirigida por el partido y «la cantidad grande y la calidad
cada vez más alta» que alcanzaban sus acciones armadas.
El país tomó conciencia de la magnitud del problema a raíz de la fuga del centro
penitenciario de Huamanga, el 2 de marzo de 1982. Según Guzmán, la idea original era llevar a
cabo un plan de fuga de alcance nacional, pero no les fue posible coordinar un proyecto de esa
envergadura. Sin embargo, lograron la fuga de 304 presos, (de los cuales aproximadamente
setenta eran senderistas), entre los que se encontraban Hildebrando Pérez Huarancca y Edith
Lagos. Fue la acción militar más grande emprendida por el PCP-SL hasta esa fecha y se realizó
con una eficacia sorprendente. Mientras se realizaba el ataque, las fuerzas militares
permanecieron en el cuartel Los Cabitos, a las afueras de la ciudad de Huamanga, esperando de
Lima la orden de intervenir, orden que nunca llegó.
Las fuerzas del orden respondieron con gran violencia. Agentes de la Guardia Republicana
(GR) asesinaron a tres senderistas detenidos, que se encontraban heridos e internados en el
hospital de Huamanga. Por otro lado, en abril de 1982 se inició el traslado de los presos
acusados de terrorismo a la costa, al reabierto penal situado en la isla El Frontón, para prevenir
nuevos asaltos como el de Huamanga.
88
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Los comités populares estaban conformados por varios comisarios. El comisario secretario
«dirige el [Link]., se reúne con los otros 4 estableciendo el plan de gobierno y cada uno plasma
los acuerdos». El comisario de seguridad «planifica y propone [el] plan de defensa de los
[Link]., la vigilancia se organiza y se cumple día y noche con hombres, mujeres y niños [...]». El
comisario de producción «se encarga de planificar y organizar las siembras colectivas y
distribuye las semillas.» El comisario de asuntos comunales aplica la «justicia muy elemental
pero la ejercen para resolver daños, litigios, poner sanciones» y el comisario de organizaciones
populares, «organiza los organismos generados en los pueblos» (PCP-SL 1989a).
En la zona de Huancasancos, el comisario de producción dirigía los arrasamientos 53 y
distribuía los bienes y animales saqueados, que era obligatorio recibir:
*<+‖ eso‖ también‖ era‖ obligatorio‖ *asistir‖ a la repartición] si nadie iba a recoger carne, ya era
marcado. Entonces de miedo íbamos mujeres y varones, también los hijos, todos recibían pero era
según, por ejemplo el que tenía menos oveja le daban dos kilos de carne, ya sabían todo eso ellos,
a los otros un kilo, medio kilo.54
En julio de 1982 se vivió la mayor ofensiva senderista desde el inicio de la lucha armada: 34
53 «En Batir —señala un documento senderista— la clave es arrasar. Y arrasar es no dejar nada» (PCP-SL
1982).
54 CVR. Testimonio de una comunera de Sacsamarca de 45 años.
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
En marzo del 1983, el PCP-SL realizó una reunión de Comité Central Ampliado en la cual se
acordó llevar a cabo el tercer plan militar, Conquistar Bases de Apoyo. Se establecieron cuatro
tareas políticas: la reorganización general del partido, la formación del «ejército guerrillero
popular», la formación del comité organizador de la República Popular de Nueva Democracia y
la formación del Frente Revolucionario de Defensa del Pueblo. En otras palabras, el PCP-SL
decidió iniciar la construcción de su «nuevo estado»:
90
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
En el Comité Central Ampliado de marzo 83, el Presidente Gonzalo desarrolla más la línea de
construcción del Frente-Nuevo Estado. Plantea los niveles en que se organiza el nuevo Estado:
Comités Populares; Bases de Apoyo y República Popular de Nueva Democracia. Las funciones de
las Bases de Apoyo y del Comité Organizador de la República Popular de Nueva Democracia son
de dirección, planificación y organización; y cada Base debe elaborar su propio Plan específico.
Establece que los Comités Populares son concreciones del nuevo Estado, son Comités de Frente
Único; dirigidos por Comisarios que asumen funciones estatales por encargo, elegidos en las
Asambleas de Representantes y sujetos a remoción. Son hasta hoy, clandestinos, marchan con
Comisiones, dirigidos por el Partido aplicando los «tres tercios»: un tercio de comunistas, un
tercio de campesinos y un tercio de progresistas y sostenido por el Ejército; aplican la dictadura
popular, la coerción y la seguridad ejerciendo con firmeza y decisión la violencia a fin de
defender al nuevo Poder contra sus enemigos y proteger los derechos del pueblo.
El conjunto de Comités Populares constituyen la Base de apoyo y el conjunto de Bases de apoyo
es el collar que arma la República Popular de Nueva Democracia, hoy en formación. (PCP-SL
1988c)
Se fijaron, además, los ejes principales y secundarios de lucha, es decir, las líneas de
desplazamiento de las columnas senderistas en el territorio con el objetivo de mantener la
presencia del PCP-SL en las zonas donde las Fuerzas Armadas asumían el control de la
población. Se definió, asimismo, las «4 formas de lucha y los 11 procedimientos» y se acordó
«defender, desarrollar y construir el nuevo poder».56 Se contempló, además, los planes de
expansión del trabajo partidario, se abrió el trabajo en la zona del Huallaga y se impulsó la
ampliación de la lucha en las ciudades.
Mientras se desarrollaba una enérgica campaña contrasubversiva con el ingreso de las
Fuerzas Armadas a la zona de Ayacucho, Guzmán decidió el despliegue de los «comités
populares», que remplazaban a las autoridades locales por los comisarios, como la base de una
vasta propuesta de creación de un nuevo poder. Los «comités populares» de un área formaban
una «base de apoyo» y el conjunto de éstas debían formar la «República Popular de Nueva
Democracia en formación». Como puntualizaba Guzmán, se trataba de estructuras clandestinas
que permitirían proteger a sus militantes.
Se ha abatido a la policía no preparada para esas condiciones. Incluso los operativos que ha
realizado la policía contra nosotros la primera vez, fue un operativo de intervalo, condenado al
fracaso debido a la extensión del territorio y a la reducida cantidad de fuerzas que tenía. Esto
obligó a que la policía fuera dejando zonas. [...] ¿Qué sucedió entonces? Vacío de poder. ¿Qué
hacemos? Está discutido en un evento partidario, porque todas las cosas se determinaron así,
como corresponde a una agrupación como la nuestra. Entonces se planteó la creación de una
modalidad estatal. [...] Pero como no había fuerzas suficientes para atender este poder, porque es
un ejercicio amplio, de alrededor de una jurisdicción departamental, entonces ese poder era
clandestino. Es un comité clandestino, no es un poder que esté así nomás instalado, no es así, así
es como se ha comenzado. Y con determinadas funciones, también especificadas. Fue una
necesidad de las circunstancias.57
En algunos casos, las autoridades impuestas por el PCP-SL tenían que preparar a la
población para la respuesta militar que preveían los mandos senderistas, lo cual suponía
construir la infraestructura donde los comuneros deberían instalarse cuando se replegaran hacia
las zonas de refugio.
La decisión de formar un «comité organizador de la República Popular de Nueva
Democracia» indica que el PCP-SL no creía estar ante una ofensiva irresistible del Estado. Por el
56 En una sesión plenaria de 1984 se señalaron los once procedimientos: acción guerrillera,
contrarrestablecimientos, levantamientos de cosechas, arrasamientos, emboscadas, sabotaje al sistema vial,
invalidación de troncales, invalidación de aeropuertos, guerra psicológica, hostigamiento para quebrar
movimientos y terrorismo selectivo. Las cuatro formas de lucha son agitación y propaganda, sabotaje,
aniquilamiento selectivo y combates guerrilleros.
57 CVR. Entrevista. Base Naval del Callao, 27 de enero de 2003.
91
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
contrario, ésta fue la ocasión para convertir a Guzmán en el «presidente Gonzalo», nombre con
cual sería conocido en adelante por sus seguidores y que utilizaría en todos los documentos
partidarios. El PCP-SL se lanzaba a construir su «nuevo Estado» y el «presidente Gonzalo» era
ungido como el líder indiscutible de la nueva república en formación. 58 Adicionalmente,
Guzmán fue nombrado presidente del partido y presidente de su Comisión Militar. La
centralización del poder partidario se hacía absoluta.
Esta concentración muestra la imagen que Abimael Guzmán tenía de sí mismo cuando
luchaba por imponer esta decisión e ilustra sobre el papel que pensaba que estaba destinado a
jugar en la historia. En una reunión partidaria, Guzmán recordó ciertos atributos de Mao
Zedong que pueden dar luz sobre sus motivaciones:
No olvidemos que el Presidente Mao fue Presidente de ochocientos millones de habitantes y la
repercusión de sus ideas fue mayor que las de Lenin; y él cumplió tres funciones: como
Presidente [del Partido Comunista Chino], en el Ejército como Presidente de la Comisión Militar
y como Jefe de Estado; por ello manejaba a cincuenta mil hombres para resguardo de la
Dirección.59
Esta visión del papel histórico que Abimael Guzmán se sentía llamado a cumplir
alimentaría un desaforado culto a la personalidad durante los años siguientes. A comienzos de
1983 había conseguido, pues, emular a la «Tercera Espada del Marxismo», al menos en el
esquema orgánico del PCP-SL. La preocupación por la resonancia universal de sus ideas creció
continuamente en los años siguientes.
A partir de 1983, cuando se inició el tercer plan militar, Conquistar Bases de Apoyo, los
grupos senderistas adoptaron una actitud mucho más coercitiva frente a los campesinos; en
consecuencia, aumentaron los asesinatos de quienes se mostraban en contra, y se multiplicaron
los asesinatos de autoridades comunales y campesinos acomodados identificados como
«enemigos del pueblo». Ello implicaba el aniquilamiento selectivo de los «notables» y la
imposición de jóvenes sin formación política como mandos locales. Con frecuencia, éstos
empezaron a mezclar la lucha por el «nuevo poder» con intereses personales o familiares. Su
prepotencia provocó casi de inmediato el rechazo de la población.
También como nombraban así muy muchachos, estudiantes que nada de experiencia de la vida
tienen, a veces con cuentos también hacían sus propios canibalismos, entonces la gente ya no
quería saber nada, y ya ahí empezó.60
En la memoria de los comuneros quedan el castigo a los poderosos que habían cometido
abusos y la aparente abolición de las diferencias entre pobres y ricos. El orden que traía el PCP-
SL aparece simbolizado en la obligación de hacer la limpieza del pueblo, que se impuso a los
viejos notables de la comunidad.
Los comités populares en Huancasancos estaban integrados por jóvenes de entre 12 y 30
años, quienes mantenían el orden y controlaban los movimientos de la población. Fueron
58 Según diversos testimonios, fue su esposa, Augusta la Torre, Nora, quien defendió la propuesta de
encumbrarlo como «presidente» del nuevo estado en formación.
59 Estas declaraciones las hizo Guzmán en una reunión preparatoria de una Reunión Nacional de
Dirigentes y Cuadros.
60 CVR. Testimonio de un rondero de Chupacc.
92
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
captados por un discurso que les ofrecía el poder y la igualdad. Estos jóvenes, varones y
mujeres, empezaron a sentir el enorme poder que les había conferido el partido; la ilusión de ser
siempre escuchados los fascinaba.
Las nociones de jerarquía tradicionales fueron reemplazadas por un discurso igualitario:
«Sí, ellos [los jóvenes] estaban contentos con eso,‖“compañero”‖nom{s.‖Nunca‖señor,‖ni‖padrino,‖
nada.‖“¡Compañero!”».62 El «nuevo orden» implicaba una fuerte transgresión de las estructuras
andinas tradicionales, donde el poder es ejercido por las personas mayores, quienes tienen el
respeto de toda la población. Ahora jóvenes, mujeres y niños emplazaban a los mayores:
*<+‖el‖nuevo‖poder,‖todo‖el‖mundo‖con‖temor‖porque‖los‖alumnos‖decían‖a‖uno‖lo‖van‖a‖matar‖
por defraudar, con las armas uno tiene que obedecer, el pueblo ya no tenía autoridad frente a
ellos [...] los alumnos eran pues las autoridades. Se han convertido en activistas, trabajadores,
bastante lenguaje intervencionista.63
93
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
éste.65
Días después, el país fue remecido por el asesinato, en la comunidad vecina de Uchuraccay,
de ocho periodistas que se dirigían a investigar los sucesos de Huaychao.
En febrero del mismo año se produjo la sublevación de Sacsamarca, con la cual se inició el
fin del poder del PCP-SL en la provincia de Huancasancos. Fatigados por los abusos de los
mandos senderistas, algunos comuneros los emborracharon y los mataron a puñaladas y
pedradas. En las semanas siguientes, se manifestaron reacciones similares de la población en las
comunidades de Huancasancos y Lucanamarca, en donde la población también dio muerte a los
jefes locales del PCP-SL.
Estas rebeliones tempranas contra el PCP-SL, sin embargo, eran reacciones aisladas, locales
y no coordinadas, y siempre provocaron una respuesta violenta por parte de los senderistas.
Así, en los meses posteriores a la matanza de los periodistas, el PCP-SL se ensañó con
Uchuraccay, donde incursionó en tres oportunidades: el 20 de mayo, el 16 de julio y el 24 de
diciembre de 1983. En total, de los 470 comuneros registrados en Uchuraccay en el censo de
población de 1981, 135 resultaron muertos en las incursiones punitivas del PCP-SL. Es decir, la
tercera parte de la población fue aniquilada, principalmente, por la acción violenta del PCP-SL,
pues también los embates de las rondas campesinas y de pueblos vecinos.
El 3 de abril de 1983, un número aproximado de ochenta senderistas, entre hombres y
mujeres, arremetió de la manera más despiadada contra Lucanamarca. Conforme la columna
descendía de las estancias, iba asesinando campesinos, mujeres y hombres, niños y ancianos.
Hubo en total 69 muertos. Algunas personas que habían logrado escapar de la masacre
acudieron a Huancasancos a pedir auxilio al Ejército, mientras que, al día siguiente, otros
sobrevivientes irrumpieron violentamente en el domicilio de los padres del líder senderista
local al que habían dado muerte anteriormente y los asesinaron.
La matanza de Lucanamarca fue reivindicada como acto del PCP-SL por Abimael Guzmán
en 1988, en la denominada «Entrevista del Siglo», en la que declaró que se trató de una decisión
de la dirección central del PCP-SL66 frente a la rebelión campesina:
Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria respondimos contundentemente con
una acción: Lucanamarca. Ni ellos ni nosotros la olvidamos, claro, porque ahí vieron una
respuesta que no se imaginaron, ahí fueron aniquilados más de 80, eso es lo real; y lo decimos, ahí
hubo exceso, como se analizara en el año 83, pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos: nuestro
problema era un golpe contundente para sofrenarlos, para hacerles comprender que la cosa no
era tan fácil; en algunas ocasiones, como en ésa , fue la propia Dirección Central la que planificó la
acción y dispuso las cosas, así ha sido. Ahí lo principal es que les dimos un golpe contundente y
los sofrenamos y entendieron que estaban con otro tipo de combatientes del pueblo, que no
éramos los que ellos antes habían combatido, eso es lo que entendieron; el exceso es el aspecto
negativo. Entendiendo la guerra y basándonos en lo que dice Lenin, teniendo en cuenta a
Clausewitz, en la guerra la masa en el combate puede rebasar y expresar todo su odio, el
profundo sentimiento de odio de clase, de repudio, de condena que tiene, ésa fue la raíz; esto ha
sido explicado por Lenin, bien claramente explicado. Pueden cometerse excesos, el problema es
llegar hasta un punto y no pasarlo porque si lo sobrepasas te desvías; es como un ángulo, hasta
cierto grado puede abrirse, más allá no. Si a las masas les vamos a dar un conjunto de
restricciones, exigencias y prohibiciones, en el fondo no queremos que las aguas se desborden; y
lo que necesitábamos era que las aguas se desbordaran, que el huayco entrara, seguros de que
cuando entra arrasa pero luego vuelve a su cauce. Reitero, esto está explicado por Lenin
perfectamente; y así es cómo entendemos ese exceso. Pero, insisto, ahí lo principal fue hacerles
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
entender que éramos un hueso duro de roer, y que estábamos dispuestos a todo, a todo. (Guzmán
1988)
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Cuando ingresó la fuerza armada, tuvimos que desarrollar una dura lucha: ellos aplicaron el
restablecimiento del viejo poder, nosotros aplicamos el contrarrestablecimiento para volver a
levantar el Nuevo Poder. Se produjo un genocidio altamente cruento e inmisericorde; hemos
peleado ardorosamente. La reacción y las Fuerzas Armadas en concreto, creyeron que el 84 ya nos
habían derrotado [...] pero el resultado cuál ha sido, que los comités populares y las bases de
apoyo se multiplicaron, eso nos ha llevado posteriormente ya a desarrollar las bases, eso es en lo
que estamos hoy. (Guzmán 1988)
96
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
el PCP-SL.
Las diferencias entre las respuestas de los campesinos de Ayacucho al PCP-SL se explican,
entre varios factores, por los diversos comportamientos de los grupos senderistas y de los
militares respecto de la población. En general, la agresión del PCP-SL contra el campesinado fue
mucho más brutal en el norte del departamento, mientras que en el centro del departamento las
matanzas más feroces fueron las cometidas por los militares (Umaro y Accomarca en 1985,
Cayara en 1988). Así, no obstante lo señalado en el párrafo anterior, el acercamiento entre la
población campesina y el Estado fue, a la larga, mucho mayor en Huanta y Huamanga que en
Cangallo y Víctor Fajardo.
Los datos disponibles indican que el PCP-SL invirtió más esfuerzo en la preparación de su
guerra en las provincias centrales del departamento utilizando para ello, sobre todo, la cuestión
del acceso al sistema educativo, que figuraba desde décadas atrás entre las demandas más
importantes del campesinado. El PCP-SL tuvo su laboratorio de cuadros en los dos colegios más
importantes de la zona centro-sur de Ayacucho: el colegio General Córdova, en Vilcashuamán,
y el colegio Los Andes, en Sancos. También en el valle de Huanta, la otra zona donde el PCP-SL
se mantuvo hasta fines de los años 80, logró construir una base sólida entre los «colegiales». Por
el contrario, en zonas como la puna de Huanta o la provincia de La Mar, donde la cobertura
escolar era menos densa, los lazos entre campesinos y subversivos se rompieron más
tempranamente.
A diferencia de lo sucedido en la zona altoandina de Huanta y de Huancasancos, en la
región centro-sur el PCP-SL parece haber respetado más a las autoridades locales. En
Vilcashuamán, una de las estrategias para protegerse de la base militar y de posibles
incursiones de los militares fue mantener «autoridades de fachada». En otras palabras, mientras
el PCP-SL mantenía el control en secreto, el presidente de la comunidad, el gobernador y otras
autoridades actuaban como pantalla para ellos, pues informaban a las fuerzas del orden sobre la
supuesta normalidad del funcionamiento de la comunidad y se reportaban todos los domingos
al izamiento de bandera en la capital del distrito. Esta táctica fue criticada por Guzmán desde
Lima, porque consideraba que servía para «mantener la situación» y no atreverse a combatir al
enemigo.
A mediados de los años 80 se presentan, por tanto, diferentes escenarios de la guerra en
Ayacucho. En las cuencas de los ríos Pampas-Qaracha, donde el PCP-SL había logrado
consolidar numerosas bases de apoyo a través de un trabajo de adoctrinamiento temprano,
mantuvo una presencia, aunque sumamente debilitada, hasta los años 90.
97
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
Mapa 1
De otro lado, en la zona altoandina de la provincia de Huanta, una de las primeras que se
había levantado contra el PCP-SL, se establecieron algunas «bases antisubversivas
multicomunales». Ccarhuahurán, centro histórico de los iquichanos, fue una de ellas. Cuando la
Infantería de Marina llegó a la comunidad en agosto de 1983, logró instalar un comité de
defensa civil sobre la base de los grupos de autodefensa que habían surgido a fines de 1982,
poco antes del asesinato de los siete senderistas en Huaychao. Los «navales» instalaron un
destacamento de 36 hombres en el pueblo, donde se agruparon ocho anexos —en este caso por
98
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
voluntad propia— con un total de 600 familias (Coronel 1996: 51). Otra localidad resistente fue
la ex hacienda de Chaca, situada en el distrito huantino de Santillana, donde se congregaron
siete comunidades vecinas. Mientras unos se concentraron en estos centros multicomunales,
otros se desplazaron a los valles de Huanta, Tambo y el río Apurímac y a las ciudades de
Ayacucho y Lima. Hacia mediados de 1984, las punas de la provincia de Huanta habían
quedado desoladas. El desplazamiento involucró comunidades enteras y desaparecieron
alrededor de 68 de ellas.
En noviembre de 1983, familias de diez comunidades, a las que más tarde se unirían otras
de Uchuraccay o Iquicha, se concentraron en Ccarhuapampa, en las afueras de la ciudad de
Tambo, y formaron la primera aldea multicomunal de desplazados. Desde el comienzo,
Ccarhuapampa se organizó alrededor de su comité de defensa civil según una lógica militar:
dicho comité estableció un rígido sistema de vigilancia con restricciones a la movilidad de la
población; se expedían pase de tránsito y se sancionaban con castigos físicos las trasgresiones a
las normas. Cada vez más pueblos en el norte de la sierra ayacuchana empezaron a organizarse
de la misma manera.
En el valle del río Apurímac avanzaron las milicias de Defensa Civil Antisubversiva
(DECAS), como se han denominado a las rondas campesinas contrasubversivas de la zona. Las
DECAS fueron la primera milicia campesina que logró constituir una red de organizaciones que
abarcaba toda una región, en este caso el valle del río Apurímac. Hacia mediados de 1985, las
Fuerzas Armadas y la DECAS habían hecho retroceder a las columnas senderistas del valle.
Uno de los refugios del PCP-SL en la zona fue el «comité popular» denominado Sello de
Oro, en la localidad de Simariva del distrito de Santa Rosa. Allí, el PCP-SL organizó «la masa»
campesina según su concepción de «nuevo estado». Sin embargo, era un cerco humano cuya
permanencia se sostuvo bajo el ejercicio autoritario de su poder.
El temor a quedarse sin bases sociales, tanto por el descontento de la población como por la
presión que ejercían las fuerzas del orden y las DECAS, hizo que el PCP-SL optara por oprimir
aun más a la población que se encontraba como «masa» en los «comités populares» del valle del
río Apurímac:
Las familias vivían en carpas de plástico, expuestas a la intemperie y sin ropas de vestir. La
alimentación era todavía un problema mayor. En los últimos años casi dejaron de probar sal,
azúcar, verduras, menestras. En los diez años, habrían muerto alrededor de 100 niños y adultos
por falta de alimentos. (Del Pino 1999: 178)
Cuando, el 24 de octubre de 1993, la «masa» de Sello de Oro mató a los mandos senderistas
y se entregó a la Base Militar de Santa Rosa, «el 100% padecía de anemia, muchos tenían
tuberculosis, bronquitis aguda, paludismo. Muchos niños, por la desnutrición, a los dos, tres
años aún no podían caminar» (Del Pino 1999).
Una forma similar de controlar a la población fueron las «retiradas» en la zona denominada
Oreja de Perro, en el distrito de Chungui, departamento de Ayacucho. Las «retiradas»
consistían en el desalojo forzoso del centro poblado, cuyos habitantes eran llevados a refugiarse
en los cerros y en el monte de la ceja de selva, en zonas de difícil acceso. Esto significó que el
PCP-SL trasladaba sus «bases de apoyo» para sustraerlas a la acción de las Fuerzas Armadas.
Debe recordarse que el PCP-SL llamaba «bases de apoyo» a la reunión de varios «comités
populares», es decir, poblaciones en las que había desplazado o aniquilado a las autoridades
locales y había implantado sus «comisarios». En el lugar de «retiro» la organización subversiva
implantaba un férreo orden y un control total que convertía la vida en las «retiradas» en un
tormento colectivo:
Tuve mucha pena. En mi base quedamos pocos y escapamos hacia la puna donde comimos
papas. Al enterarnos que los sinchis se fueron, volvimos los que quedamos de mi base al sector de
Achira, donde volvieron a venir los senderistas para organizarnos nuevamente. Nos dijeron:
nosotros somos bastantes, como la arena del río y los militares son como las piedras grandes del
99
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
río. La organización de las masas en mi base era: las señoras se ocupaban en cocinar y si los
adultos trabajaban en la chacra, llevar la comida. Los adultos y jóvenes participaban en la fuerza
principal y a la vez eran agricultores. Todos trabajaban para todos. No había individualismo. Los
niños mayorcitos ayudaban en lo que podían y a los más pequeños, el senderista SF nos enseñaba
a leer, escribir, nos hacían cantar y jugar. Yo tenía siete años en ese entonces. Lo que me duele
recordar es cómo las masas morían porque no podían escapar de los ataques que hacían los
militares. La Fuerza Local y Principal casi nunca caía. Eran jóvenes a partir de los 12 años y los
adultos hasta los 40 años de edad, quienes podían escapar fácilmente de los militares, pero no
podían enfrentarse, porque sólo eran veinte combatientes y estaban armados con palos, hondas,
dos escopetas y dos fusiles. Así iban muriendo muchas masas y quedábamos pocos.70
Durante los años 1983-1985, Ayacucho siguió siendo la zona más convulsionada; sin
embargo, no fue la única región donde se sintieron las consecuencias de la «guerra popular».
También en Huancavelica, sobre todo en las provincias de Angaraes y Acobamba, el PCP-SL
aplicó la estrategia de crear vacío en el campo: asesinato de autoridades que no habían
renunciado y hostigamiento a los puestos policiales, así como intimidación a poblaciones y
asesinato de quienes eran sospechosos de ser «soplones», aunque no se registraron
«arrasamientos» de comunidades. Sin embargo, las fuerzas del orden enfrentaban más
directamente a las columnas senderistas y les ocasionaban numerosas bajas.
En Pasco, particularmente en la provincia de Daniel Alcides Carrión, el PCP-SL llegó a tener
numerosas «bases de apoyo». En 1983, la zona no había sido declarada en estado de emergencia
y el PCP-SL continuaba la estrategia de «batir al enemigo» asesinando autoridades locales y
propietarios de tierras. En mayo de ese año, un contingente de 200 campesinos conducidos por
un pelotón de senderistas armados ingresó al distrito de Páucar, arengó a la población y
amenazó a las autoridades. Un mes después, en un nuevo asalto al pueblo, fueron asesinadas
las autoridades y el director del colegio por no haber renunciado. Luego, cuatro autoridades
más fueron asesinadas en el vecino caserío de San Juan de Yacán. Los testimonios hablan de
niños y adolescentes en el contingente del PCP-SL que desfilaban con cintas rojas y daban vivas
al «presidente Gonzalo». El distrito quedó en manos del PCP-SL, cuya fuerza principal era
encabezada por Óscar Ramírez Durand, Feliciano. Recién en julio de 1984 la provincia de Daniel
Alcides Carrión fue declarada en emergencia y quedó bajo control militar.
Otra zona de expansión en este período fue el valle del Mantaro, tanto por la realización de
acciones de sabotaje como por la penetración en la universidad. El 20 de enero de 1983, se
produjo allí la primera aparición pública de militantes armados del PCP-SL: cuatro senderistas
irrumpieron en el comedor universitario y pidieron colaboración económica. Irrupciones de ese
tipo se hicieron frecuentes en los años sucesivos en el campus universitario.
El gobierno municipal y los partidos políticos fueron también objeto de atentados. Saúl
Muñoz Menacho, alcalde de Izquierda Unida (IU) en Huancayo, fue asesinado el 16 de julio de
1984. En marzo y abril de 1985 se produjeron atentados dinamiteros contra los locales
partidarios de Acción Popular, del Partido Popular Cristiano, del PAP y de IU, y contra el
Registro Electoral Provincial. Las acciones subversivas continuaron aumentando durante todo
el año.
En la selva central, los testimonios de asháninkas del río Ene señalaron que se recibieron
noticias de la presencia del «partido» desde 1982. En 1984, el PCP-SL inició un trabajo
sistemático de penetración y captación de líderes de comunidades nativas y de jefes de clanes
familiares. En octubre de 1984 se produjo un atentado: el incendio de la misión franciscana de
Cutivireni, en el distrito de Río Tambo de la provincia de Satipo, así como de una granja y
viviendas aledañas. El hostigamiento con métodos terroristas a la misión de Cutivireni sería
exaltado por el PCP-SL en un documento de 1991:
Otra situación de similar repercusión y que ha sido muy usada por la reacción peruana como
parte de la acción sicológica de la guerra de baja intensidad que están aplicando es la
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
El Gran Salto
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LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
En la III Conferencia del Comité Central de 1983 se aprobó la fase El Gran Salto,
correspondiente al tercer plan militar, Conquistar Bases de Apoyo, que duraría hasta
septiembre de 1986. Esta fase debía cumplirse a partir de junio de 1984. Tuvo cuatro campañas:
Construir el Gran Salto (junio-noviembre de 1984)
Desarrollar el Gran Salto (diciembre de 1984-abril de 1985)
Potenciar el Gran Salto (junio-noviembre de 1985)
Rematar el Gran Salto (diciembre de 1985-septiembre de 1986)
Estas campañas fueron muy importantes para la actividad subversiva en Lima. Bajo la
consigna de «militarizar el Partido», el PCP-SL se planteó el objetivo de reorganizar totalmente
sus diversas instancias. Dada la debilidad del aparato limeño, esta reorganización lo abarcó de
manera especial. El propósito fue impulsarlo con un plan de crecimiento de las zonales y
subzonales, los destacamentos especiales, los centros de resistencias, los organismos generados
y los grupos de apoyo.
Así, se concibió un plan piloto de seis meses para el «Metro». Se aspiraba a generar una
nueva etapa de captación de masas en asentamientos humanos, urbanizaciones populares,
tugurios y fábricas. Además, se puso especial atención en el desarrollo del trabajo adecuado
para atraer a la «pequeña burguesía» (intelectuales, artistas, maestros, estudiantes). Una
cuestión particularmente importante fue remarcar la importancia de la captación de empleadas
del hogar, a quienes se veían como buenas informantes.
Fue entonces cuando Socorro Popular, un organismo generado, empezó a adquirir una
importancia inusitada hasta el punto de llegar a opacar al Comité Metropolitano.
Gráfico 20
4500 400
No. DE MUERTOS Y DESAPARECIDOS
300
3000
No. DE DISTRITOS
200
1500
100
0 0
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
102
LAS SECUELAS SOCIOPOLÍTICAS
A pesar de los golpes recibidos entre 1983 y 1985, el PCP-SL no sólo mantuvo su presencia en lo
que consideraba su frente principal, Ayacucho, sino que se proyectó sobre otros espacios en la
sierra peruana y, con renovada confianza en sus fuerzas, desplegó a partir de 1986 una
expansión que puso en situación de alarma al Estado peruano.
Con el cambio de gobierno del 28 de julio de 1985, cuando Alan García asumió el mando,
hubo expectativas de que se modificara la política contrasubversiva del Estado. Pero Abimael
Guzmán no tenía intención de otorgar ninguna tregua al régimen entrante y quería, más bien,
deslegitimarlo en el plazo más corto. Definió, por eso, como la tarea partidaria fundamental
«desenmascarar» al Partido Aprista Peruano (PAP), «quitarle la careta progresista», para seguir
expandiendo la guerra popular.
El Perú está ardiendo, así en CR principal, en el Sur, Centro, Norte, Lima y Norte y Sur Chico. Ese
conjunto de acciones unidas a una acción militar, el incendio de Maruy, es lo que forzó la mano al
APRA como planteáramos al obligarlo a poner la capital en estado de emergencia y lo ha hecho y
más allá de lo que esperábamos al poner toque de queda.
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Cuadro 4
Sólo 48 combatientes constituían la fuerza principal del más importante comité zonal del
senderismo, es decir, aquella fuerza capaz de realizar acciones militares como asaltar un puesto
policial o emboscar una patrulla militar. Se trata de la instancia del «ejército guerrillero
popular» que contaba con armas de guerra, mientras que la fuerza local sólo poseía armas
elementales y la fuerza de base carecía de armas.
Pero si bien se constata que entre 1986 y 1989 las fuerzas contrasubversivas ejercían un
creciente control en las áreas rurales de la región del sur central del país, al mismo tiempo se
nota que el PCP-SL era capaz de propagar la violencia a la región central, al nororiente, al sur
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andino y a los asentamientos humanos de Lima, que devinieron objeto de una intensa labor
proselitista. Así, la terrible consigna de «inducir genocidio» ideada por Guzmán se convertía en
una muy dura realidad en nuevos espacios del país.
En la sierra del sur central, el principal escenario de las actividades del PCP-SL entre 1980 y
1985, el paulatino control de las Fuerzas Armadas se explicó tanto por el establecimiento de
bases contrasubversivas como por la consolidación de los comités de autodefensa, que se
constituyeron incluso en zonas que habían sido reacias a ello, como las provincias de
Vilcashuamán y Cangallo.
Para contrarrestar la ofensiva militar, Guzmán propuso diversas acciones, pues
*<+‖ es‖ muy‖ importante‖ esta‖ III‖ campaña,‖ debe‖ ser‖ demostración‖ palmaria‖ que‖ Ayacucho‖ sigue‖
siendo el centro de la lucha armada, que esta prosigue y emplaza al gobierno y a la fuerza
armada; la fuerza armada se tragará sus palabras y el nuevo gobierno se verá obligado a aplicar la
mano firme, así se le quitará la careta de «demócrata», se desenmascarará y se volverá a abrir el
debate sobre cómo combatirnos. (PCP-SL 1985b)
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altoandina. En el Alto Cunas, se concretó la destrucción de la SAIS y locales públicos, así como
del PROCAD en San Juan de Jarpa. El asesinato de autoridades y funcionarios, y de pobladores
calificados como ricos o abusivos se hizo frecuente.
En la vertiente oriental, en Tulumayo, el PCP-SL también pudo constituir en 1988 «comités
populares» en los tres distritos; pero, a inicios de 1989, la presencia itinerante de la «fuerza
principal» se hizo cada vez más violenta y prepotente. La exigencia de alimentos se hace más
frecuente y la imposición más drástica. Comenzaban a esbozarse así las condiciones para la
pérdida de control del PCP-SL.
En el valle del Mantaro, donde se encuentran las principales ciudades, y en la zona minera
del departamento de Junín, el conflicto tuvo signo diferente. Ahí no se logró instalar «comités
populares», probablemente por ser una zona con una economía altamente integrada a los
mercados. Los espacios de la violencia fueron, más bien, las ciudades y los asientos mineros,
mientras que las operaciones de sabotaje tuvieron como objetivo principal a la red eléctrica que
abastece al país desde la hidroeléctrica de Quichuas, Tayacaja, sobre el río Mantaro.
En la ciudad de Huancayo se produjeron numerosos atentados a locales públicos. La
Universidad Nacional del Centro fue escenario de un trabajo proselitista intenso, que también
se desarrolló, acompañado de acciones de agitación y propaganda armada, en los asentamientos
humanos populares. También se iniciaron las convocatorias a paros armados, que se habían
añadido, como quinta forma de lucha, a las cuatro preexistentes: agitación y propaganda,
sabotaje, aniquilamiento selectivo y combates guerrilleros.
El incremento de la violencia condujo a la declaración del estado de emergencia en el
departamento de Junín el 30 de diciembre de 1988. A partir de entonces, el Ejército asumió la
responsabilidad del combate contra la subversión.
El año 1988 fue también un período de conflictos sindicales mineros en torno a los cuales el
PCP-SL incrementó su violencia asesinando a los dirigentes que se le oponían. Guzmán se
proponía concentrar las energías del partido en el Valle del Mantaro, aunque reconocía que su
actividad estaba profundamente golpeada:
¿Dónde nos quedamos en la primera parte que fue golpeada y que generó el proceso del 89 y
parte del 90? ¿no fue simplemente en Cerro y más que todo tomando Yanahuanca y
Chaupihuaranga? ¿qué pensar? ¿no era un pedacito? ¿tenía su razón? la tenía, correspondía a un
momento de nuestro desarrollo. ¿Hemos avanzado? claro, ¿fue bueno? nos obligó a avanzar.
Luego en el segundo momento de nuestro trabajo en el Centro, cuando se toma las provincias de
Concepción, Jauja y Huancayo, o sea‖ la‖ parte‖ alta‖ *<+‖ ¿no‖ implicó‖ el‖ trabajo‖ del‖ Valle‖ del‖
Mantaro? Entonces ellos nos golpearon, hicieron genocidio, nos llevaron a replegarnos y a
retroceder, nos dieron una derrota circunscrita, ¿nos aniquilaron? No, ¿fueron capaces de
impedirnos ir a otro lugar y desarrollar? No, y lo hicimos en un lugar más grande, más amplio,
con‖ mayor‖ perspectiva‖ *<+‖ no‖ nos‖ han‖ aniquilado‖ y‖ mientras‖ no‖ te‖ aniquilen‖ no‖ hay‖ derrota‖
definitiva. (PCP-SL 1991d)
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72En este contexto, el término colono se refiere a la población no nativa, principalmente andina, que había
fluido a la zona desde los años 60, cuando el Estado impulsó la «colonización» de la selva proveyendo,
entre otros incentivos, rutas de acceso como la Carretera Marginal y otras vías.
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presionando, desde entonces, a las autoridades para adquirir más ventajas. Sin embargo, el
motivo principal era oponerse al inminente traslado de internos hacia el nuevo penal de Canto
Grande y, de ese modo, impedir que se desbarate el aparato de dirección y el tejido de
comunicaciones con el exterior que habían organizado en las cárceles. El 4 de octubre de ese
año, la tensión acumulada dio lugar a una intervención de las fuerzas del orden que terminó
con 32 acusados de terrorismo muertos en el penal de Lurigancho.
Siguiendo la consigna de provocar al Estado para «inducir el genocidio» y así
«desenmascarar al gobierno fascista de García Pérez», los senderistas recurrieron al asesinato
selectivo. El 24 de octubre de 1985, fue asesinado Miguel Castro Castro, director del penal de El
Frontón. El 15 de enero de 1986, un enfrentamiento entre familiares de presos por terrorismo y
la Guardia Civil, cuando se inauguraba el penal de Canto Grande, dio como resultado un
muerto y catorce heridos. El 31 de enero fue asesinado un capitán de la Guardia Civil, y el 5 de
febrero, el comandante (r) EP Rubén Izquierdo, que perteneció a los servicios de inteligencia
Ante la gravedad de los acontecimientos, el 7 de febrero se declaró el estado de emergencia
en Lima y El Callao.
Esta decisión gubernamental fue vista como un «éxito» por los líderes del PCP-SL, quienes
proclamaron: «hemos obligado a que ponga [el presidente García] en emergencia a la propia
capital de la República» (PCP-SL 1986c). Según sus cálculos, el ansiado genocidio realizado por
el Estado estaba a punto de llevarse a cabo pues «van a tener que imponer el terror en los
barrios pobres, porque en Las Casuarinas no tocan ni las puertas, allí lamen. Si realizan un plan
así,‖esto‖implicaría‖*<+‖una‖situación‖m{s‖favorable‖para‖nosotros»(PCP-SL 1986c).
Luego de este hecho, los asesinatos se hicieron más frecuentes. Entre enero y mayo de 1986,
comandos senderistas en Lima asesinaron al capitán de corbeta AP José Alzadora (14 de
marzo), quien había prestado servicios en Ayacucho; al prefecto de Ica, Manuel Santana Chiri
(24 de marzo); al contralmirante AP Carlos Ponce Canessa (5 de mayo); y al mayor (r) GC Felipe
Delgado (9 de mayo), quien había servido en Ayacucho. Asimismo, el 26 de mayo intentaron
asesinar a Alberto Kitasono, secretario nacional de organización del PAP.
Luego del pico alcanzado en 1986, las acciones del PCP-SL decrecieron continuamente hasta
1988 y se puede afirmar que éste fue el período de ocaso senderista en Lima durante los 80.
Entre noviembre y diciembre de 1988, una serie de ataques para conmemorar los cumpleaños
de Guzmán y Mao abrió una nueva etapa. Tal vez esta recuperación pudo haberse dado antes;
sin embargo, la captura de Osmán Morote, realizada el 11 de junio de 1988, había postergado la
respuesta en la medida que reveló la fragilidad de los sistemas de seguridad del PCP-SL en
Lima.
Gran parte de la presencia del PCP-SL en Lima entre 1986 y 1988 se explica por el
desempeño de Socorro Popular. Este organismo, que hasta 1985 cumplía tareas de asistencia
médica, asesoramiento legal y eventualmente de propaganda, pasó en poco tiempo a ser
considerado un «comité partidario» y se colocó a la altura de los aparatos que dependían
directamente de la dirección central. La debilidad de la estructura partidaria en Lima, la
importancia que en la ciudad debía tener la política de Frente y las dudas que la dirección
central tenía sobre los cuadros de dirección del «Metro» hicieron que Guzmán prefiriera el
fortalecimiento de Socorro Popular.
El crecimiento de Socorro Popular se hace notorio desde 1985, año en el que, obedeciendo
una consigna de la dirección, se militariza y crea sus propios destacamentos y milicias. Su
organización era piramidal y dividía cada nivel de la estructura organizativa en tres
instrumentos: Partido, EGP y Frente.
En las provincias norteñas del departamento de Lima (Cajatambo, Oyón) y del sur de
Ancash (Ocros, Bolognesi), que se encontraban integradas al comité zonal del norte medio, las
iniciales incursiones, reconocimiento y tomas de contacto se convirtieron en estos años en
acción directa de control de territorios y vaciamiento de poder por asesinato de autoridades
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locales y ataque a puestos policiales. Sin embargo, el período se cerró en esta zona con el inicio
de conflictos entre comuneros y mandos locales después del retiro de la fuerza principal, tal
como había ocurrido en otras regiones.
73 Las tres primeras «espadas» eran Marx, Lenin y Mao; el «doctor» Guzmán (el título era igualmente
subrayado por su propaganda partidaria) era su digno sucesor. Aunque Guzmán sostiene que no hay un
documento partidario que hable de la «cuarta espada», esta denominación era ampliamente utilizada por
la militancia senderista y en los panfletos propagandísticos de entonces, incluido El Nuevo Diario.
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74Durante los años previos al inicio de su lucha armada, Abimael Guzmán reivindicó para sí el mérito de
haber conferido al PCP-SL una identidad ideológica, una estrategia y una táctica como producto de la
aplicación creadora del marxismo-leninismo-maoísmo a las condiciones concretas de la revolución
peruana, a la que tipificó como «el camino de Mariátegui y su desarrollo». Posteriormente, ya se comenzó
a hablar del «pensamiento guía».
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bregamos, chocan con el maoísmo. Nada es azar todo tiene su causa. De ahí que han chocado
hasta con maoísmo, eso es el colmo de la mezquindad, de la estupidez de clase.
En síntesis, como cuestión trascendental y fundamental tendremos que aprobar la Base de
Unidad Partidaria: Marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento Gonzalo, Programa y Línea
Política General, y eso es lo que vamos a aprobar, así se raje el cielo lo aprobaremos, de eso
estamos plenamente seguros.75
El I Congreso permitía, así, pasar del «pensamiento guía» ya aceptado —es decir la
continuación superadora de «el pensamiento de Mariategui y su desarrollo»— a «pensamiento
Gonzalo», no sin recibir críticas que fueron lapidadas por Guzmán:76
1. Contraponer Presidente Gonzalo con Mariátegui y Presidente Gonzalo con Presidente
Mao Tse Tung [...] Primero, es absurdo comparar figuras históricas, nunca podríamos
contraponer a Marx con Lenin ni Presidente Mao [...]
2. El fondo es levantar a Mariátegui para oponerse al pensamiento Gonzalo, es no entender
que en el mundo hay maoísmo [...] yo he dicho que sólo a partir del Presidente Mao he
comprendido y revalorado más a Mariátegui.
3. Un pensamiento más [...] Implica que hay otros, va contra pensamiento Gonzalo.
4. Fusión más alta [...]. ¿Otras fusiones? No existe ninguna otra. Mariátegui no, porque él
es fusión marxismo-leninismo con la realidad y ha sido el Presidente Gonzalo quien
planteó similitudes entre algunas tesis de Mariátegui y leyes establecidas por el
presidente Mao.77
La formalización del «pensamiento Gonzalo» como añadido a los ismos ya existentes era un
primer paso. La idea de Guzmán, ahora lo sabemos, era hacer aprobar posteriormente el
«gonzalismo», es decir, instituir una doctrina válida universalmente como parte de la teoría
revolucionaria. Así, el PCP-SL sería la cuna del nacimiento del marxismo-leninismo-maoísmo y
«gonzalismo».
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Ismo tiene claro significado. Pensamiento no es sino conjunto de ideas, en tanto que ismo es una
doctrina que interpreta cabalmente toda materia en sus tres formas: naturaleza, lucha de clases y
conocimiento. No es problema de término, el problema es si tiene validez universal o no; si es
ismo, sí la tiene; si no es ismo, no la tiene.
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Una de las consecuencias visibles del I Congreso del PCP-SL fue la recuperación de su
presencia en Lima. Luego de la ostensible disminución de las acciones durante 1987 y 1988, una
nueva fase de recuperación se inició en 1989 y creció paulatinamente hasta llegar a su punto
más alto en 1992.
Un factor determinante del repunte del PCP-SL en Lima fueron los ajustes organizativos y
el «impulso hacia adelante» cuando se aprobó en el Congreso luchar por el equilibrio
estratégico. Para entonces se venía desarrollando el cuarto plan militar, Desarrollar Bases de
Apoyo, y, en ese marco estratégico, el PCP-SL puso en marcha en agosto de 1987 el Movimiento
Revolucionario de Defensa del Pueblo (MRDP).
El PCP-SL buscaba que ese «movimiento» cohesionara el trabajo de los distintos aparatos
que actuaban en Lima para provocar las acciones convergentes (paros armados) y, de esta
manera, avanzar en lo que denominaron «la incorporación de las masas».
Lo fundamental para el caso de las ciudades sería organizar el trabajo de masas. Esto debía
realizarse con el Movimiento Revolucionario de Defensa del Pueblo y en una guerra implacable
contre el «revisionismo». En las «Bases de discusión de la línea política general» elaboradas
para el I Congreso de 1988 se dice:
Organizar a las masas para que vayan más allá de lo que permite el ordenamiento legal existente,
que luchen por destruir el viejo orden y no para mantenerlo, esto es en los tres instrumentos de la
revolución: Partido a donde concurren los menos, Ejército van más y en nuevo Estado-Frente que
es la base que aglutina a las masas por saltos y progresivamente, en el campo en Comités
Populares y en las ciudades en Movimiento Revolucionario de Defensa del Pueblo. Romper así la
tradición electorera frentista que aplican los revisionistas y oportunistas de soslayar la lucha del
campesinado y en las ciudades no tomar lo principal, esto es, el Poder por la guerra. (PCP-SL
1988a)
De esta manera, tenía que aprovecharse las luchas reivindicativas de la población para
teñirlas con los objetivos políticos del PCP-SL: «Así, hay que desarrollar la lucha reivindicativa