DESCARTES:
La naturaleza es hábito:
El ser humano se compone de una serie de un conjunto de asociaciones: de una o más emociones
entre sí, o de una o más emociones con una o más ideas.
Si ciertos objetos, naturalmente, se presentan al alma junto con una determinada pasión, esta unión
natural puede separarse por el hábito y asociarse a otros bien diferentes.
El hábito puede ser útil para el hombre, es decir, la naturaleza puede utilizarse en nuestro provecho.
Podemos modificar el hábito en nuestro beneficio.
La naturaleza nos ha dado un principio básico de lo bueno y lo nocivo. Lo bueno y lo malo
comienzan en el cuerpo y acostumbran al alma a pensar que nos puede perjudicar o beneficiar. La
naturaleza hace que los objetos causen efectos en el hombre, de tal modo que pueden dañarnos o
beneficiarnos. Estos efectos predisponen al alma a querer aquellas cosas que son útiles para ella.
Estos efectos, que son las pasiones, son útiles para el hombre, si lo fortalecen y conservan en el
alma los pensamientos que convienen. Por lo tanto, son nocivas si:
• Fortalecen y conservan estos pensamientos más de lo necesario.
• Si fortalecen los pensamientos en los que no conviene detenerse.
De tal modo que la libre voluntad es lo único que nos pertenece, lo único que nos hace hombres es
el libre uso que hacemos de nuestras emociones. Evitando el exceso y el defecto y modificando las
ideas asociadas a las emociones.
PSICOLOGÍA Y UTILIDAD DE LAS PASIONES:
Cada persona puede adquirir el valor de estudiar y vigilar sus pasiones. Sin embargo, en este
momento, la relación entre nuestra alma y nuestro cuerpo es tanta, que cuando alguna vez hemos
unido alguna acción corporal con algún pensamiento, ya nunca más se nos presentan separados.
GENEROSIDAD Y ESTIMACIÓN DE UNO MISMO:
La estimación de uno mismo (autoestima) es la conciencia de este derecho que se nos da, es decir,
ser conscientes del mérito de haber conseguido algo si lo hemos trabajado. En el uso de nuestra
libertad y en nuestras acciones obre nuestras voluntades, está el hacernos dueños de nosotros
mismos.
La verdadera generosidad consiste en el conocimiento de que el dominio de sí, es lo único que nos
hace hombres y lo único que realmente nos pertenece. Impide el desprecio. Es alcanzable por todos,
porque en esto no hay nada que dependa del otro, pero el generoso nunca despreciaría a los demás
porque atribuye su debilidad a la falta de conocimiento.
Los generosos:
• Son naturalmente inclinados a hacer cosas grandes.
• No emprenden nada que no sientan capaces.
• Estiman como lo más grande hacer el bien a los demás hombres y a despreciar el propio
interés.
• Son dueños de sus pasiones.
• Estiman a todos los hombres.
• No temen porque confían en su virtud.
• No consideran que se les ofende porque no dejan a sus enemigos ventaja, porque no estiman
las cosas que dependen de los demás.
La generosidad, que consiste en estimarse en su justo valor, es el remedio contra los excesos de la
ira; porque nos hace estimar poco lo que nos pueden quitar y mucho la libertad y el dominio sobre
nosotros mismos.
Hay una humildad viciosa y otra virtuosa. La primera consiste en sentirse miserable por pensar que
no se puede subsistir por uno mismo, le acompaña la debilidad como si no se fuera libre de hacer lo
mejor. La segunda nos lleva a pensar que no preferimos a nadie por la imperfección de nuestra
naturaleza, porque hemos hecho todo lo que hemos podido y no nos arrepentimos de nada.
El orgullo, que es lo contrario a la generosidad y la autoestima, consiste en la estimación de sí
mismo sin mérito. Son envidiosos y celosos.