NOMBRE: Daniela Bautista
CODIGO: 20291043
MATERIA: Ciencia Política
DOCENTE: Dooglas Serrano
RESUMEN DEL LIBRO
EL LEVIATAN
Es el libro más importante de Thomas Hobbes, Publicado en 1651, su título
hace referencia al monstruo bíblico Leviatán, de poder descomunal. La obra
de Hobbes, marcadamente materialista, puede entenderse como una
justificación del Estado absoluto, a la vez que como la proposición teórica
del contrato social, y establece una doctrina de derecho moderno como base
de las sociedades y de los gobiernos legítimos.
PARTE I: DEL HOMBRE
Durante la primera parte del Leviatán, Hobbes se encargará de exponer su
visión del hombre como ser social, así también como individuo de deseos,
regido por la pasión y por el deseo de poder, situación que lleva a que los
hombres convivan en un latente estado de guerra.
El hombre se hace y desarrolla mediante la experiencia; experiencia que
define como la repetición de actos y vivencias que darán forma a la sociedad.
Éste hará uso de la palabra para llevar a cabo la imposición de la
verdad, mediante la oratoria y el discurso político.
En este enclave se pronunció Hobbes en lo que será recordada como una de
las frases más célebres de la humanidad: “homo homini lupus est” (el
hombre es un lobo para el hombre). Por esta razón, los pilares en la
construcción de la sociedad son la ética, la moral y la justicia. Pero, para
Hobbes, hace falta algo más.
Así mismo, es durante esta parte de la obra, que este filósofo político expone
sus 19 leyes de la naturaleza humana, cada una de las cuales influirán
profundamente en la filosofía política occidental, al tiempo que justifican o
dan pie al planteamiento de este filósofo sobre la necesidad de un contrato
social.
PARTE II: DEL ESTADO
Es en este espacio de acción donde Hobbes introducirá el concepto de “Pacto
Social” o “Contrato Social”, manipulado y elaborado por los hombres para
asegurar la seguridad y protección individual para poder acabar así con los
conflictos enfrentados por los intereses individuales.
Es en el Estado donde priman las leyes morales por encima de las leyes
naturales. Esto es, que prevalecen los deseos colectivos versus los deseos
pasionales de los hombres. Para Hobbes, la única función del gobierno es
establecer y asegurar la paz, la estabilidad en la sociedad.
El autor solo defiende tres posibles modelos de gobierno: la monarquía (su
preferida), la aristocracia y la democracia, en este preciso orden. Tiene
preferencia por el absolutismo porque justifica el bien común, donde los
intereses privados y públicos son uno, admitiendo que “es imposible que si
un Rey es rico, su pueblo sea pobre”.
Así también indica la necesidad de un Estado, para que ejerza el poder,
coloque los límites y guíe la sana convivencia. Sin embargo, el Estado
pensado por Hobbes deberá ser un Estado absoluto, que no contemple la
separación de poderes, y que asuma algunas restricciones en nombre del
bien común del pueblo, aun cuando el hombre tenga muy poco margen de
libre albedrío, lo cual igualmente está justificado si se piensa que esto
conllevaría a un bienestar mayor y colectivo.
PARTE III: DEL ESTADO CRISTIANO
Durante la tercera parte del Leviatán, Thomas Hobbes aborda el cómo la
interpretación de la palabra divina puede ser razón también para la guerra,
pues si bien se asume que esta proviene directamente de Dios, ha llegado al
hombre por medio del hombre, lo que puede traer diferencias y ruptura de la
armonía. De esta manera, un estado organizado y en paz no podrá depender
de la religión y su interpretación, de ahí que para este filósofo político el ideal
es que la iglesia se encuentre sometida en todo momento al poder del
Estado, y nunca al contrario.
Thomas Hobbes era un creyente declarado, pero no por ello el destino de un
pueblo entero quedaba supeditado a la divinidad. Es más, llegó a poner en
duda los Diez Mandamientos de Moisés por una ausencia de pruebas que
demuestren quién y por qué propósito real se dictaron esas leyes.
Por consiguiente, el autor enfatizó mucho en la dependencia de la Iglesia con
el soberano, en este caso el monarca, para evitar interpretaciones
pretenciosas que perjudiquen al bien común, a la paz que tanto defendía.
Concluye atribuyendo un papel secundario a la Iglesia, subordinada por el
jefe supremo del Estado (los reyes católicos), y serán considerados los
pastores supremos de su propio pueblo, ostentando el poder único de
legislar para sus súbditos.
PARTE IV:
Finalmente, Thomas Hobbes establece una fuerte crítica hacia la iglesia, así
como sobre el peligro de caer en la ignorancia –que este filósofo compara
con la oscuridad- debido a una mala interpretación de las escrituras, que más
allá de hacer que el mensaje de la religión se entienda forma errónea, el
hombre actúe equivocadamente, alejándose de la luz de la sabiduría y el
saber, para hundirse en el reino de la oscuridad.
Este es un capítulo delicadamente escrito, puesto que aun cuando Hobbes
logró exponer cómo la Iglesia y el fanatismo podían sumir al pueblo o al
ciudadano en la ignorancia, se salvó de oponerse a la Iglesia, o ser acusado
de herejía, argumentando magistralmente que el peligro mismo no era la fe o
la Iglesia, sino la mala actuación de algunos representantes, que seguían
tradiciones peligrosas, así también como la mala interpretación de las
escrituras.
Siendo quizás el apartado más controvertido, Hobbes hace una clara y dura
crítica a las instituciones religiosas, a la Iglesia en particular. Nombra este
capítulo “El Reino de la Oscuridad” como parte del entramado corrupto y
cínico que ha tenido la casa de Dios a lo largo de la historia de los grandes
imperios, como el Romano.
Acusa a las autoridades cristianas de haber faltado a la verdad, de querer
imponer la ignorancia en beneficio propio y teniendo así a la masa bien
adoctrinada con falsas prácticas, como serían la idolatría a Santos, figuras,
imágenes o reliquias que están prohibidas por la palabra de Dios.
Sin embargo, y salvando distancias con las maquinaciones de las que tanto
rechaza, Hobbes asevera que en algunos casos puntuales se puede callar o
silenciar la palabra de la verdad, si eso conlleva a la desestabilización del
Estado por medio de una rebelión que altere el orden y el statu quo
establecidos.