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TP Final Integracion - Final

El documento analiza la evolución de la desigualdad, el mercado laboral y la pobreza en Argentina entre 1976 y 2011. Señala que el golpe militar de 1976 inició un proceso de deterioro en estos indicadores hasta 2003, mientras que entre 2003 y 2011 hubo una mejora gracias a los cambios posteriores al fin de la convertibilidad.
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TP Final Integracion - Final

El documento analiza la evolución de la desigualdad, el mercado laboral y la pobreza en Argentina entre 1976 y 2011. Señala que el golpe militar de 1976 inició un proceso de deterioro en estos indicadores hasta 2003, mientras que entre 2003 y 2011 hubo una mejora gracias a los cambios posteriores al fin de la convertibilidad.
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Universidad Nacional de Quilmes

Licenciatura en Economía del Desarrollo

Universidad Nacional de Quilmes


Departamento de Administración y Economía
Licenciatura en Economía del Desarrollo

Seminario de integración final para la obtención del título de grado en Economía del
Desarrollo.

Seminario de integración final titulado:

DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO, EMPLEO Y POBREZA EN ARGENTINA (1976-


2011)
Alumno: Pedro A. Nencini

DNI: 30220316

Legajo: 11084

Tutor: Dr. Juan E. Santarcángelo

Noviembre, 2017
Universidad Nacional de Quilmes
Licenciatura en Economía del Desarrollo

Universidad Nacional de Quilmes


Departamento de Administración y Economía
Licenciatura en Economía del Desarrollo

DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO, EMPLEO Y POBREZA EN ARGENTINA (1976-


2011)

ALUMNO: PEDRO NENCINI1.

Seminario de integración final para la obtención del título de grado en Economía del
Desarrollo.

Director: Dr. Juan E. Santarcángelo2.

Resumen.
El cambio de modelo de acumulación que impone la dictadura militar de 1976 inicia un
proceso de deterioro del mercado de trabajo, un aumento de la desigualdad y un
importante crecimiento de la pobreza y la indigencia hasta por lo menos el año 2003. El
abandono del régimen de convertibilidad y la llegada al gobierno de Néstor Kirchner
generó un cambio de tendencia y por el cual la Argentina inicia un proceso de crecimiento
sin antecedentes en la historia económica del país. En este contexto el trabajo analiza la
evolución de la desigualdad, el mercado de trabajo y la estructura de los hogares pobres
con la intensión de dar cuenta sobre los fenómenos que operan en la reproducción de
situaciones de privación y conformación de núcleos duros de pobreza.

1
Alumno de la Universidad Nacional de Quilmes. Trabajo realizado en el marco del seminario de
integración para la obtención del título de grado de la Licenciatura en Economía del Desarrollo.
2
Investigador-Docente Universidad Nacional de Quilmes. CONICET. Doctor en Economía (New
School University, NY, USA)

2
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Indices
Resumen................................................................................................................................................................... 2

Indices ....................................................................................................................................................................... 3

1 – Introducción. ...................................................................................................................................................... 4

1.1 - Problema de investigación. ..................................................................................................................... 6

1.2 - Hipótesis central y objetivos. ................................................................................................................... 6

1.3 - Aspectos metodológicos. ......................................................................................................................... 8

2 - Evolución política y económica de la Argentina (1976-2011)..................................................................... 9

2.1 - La valorización financiera (1976-1983). ............................................................................................... 9

2.2 - La vuelta de la democracia (1983-1989). ............................................................................................ 14

2.3 - La profundización del proyecto neoliberal (1989-2001). .................................................................... 18

2.4 - Posconvertibilidad (2002-2011). ........................................................................................................... 22

3 – Evolución de la pobreza en Argentina (1976-2011). Distribución del ingreso,

mercado de trabajo y estructura de los hogares pobres. ................................................................................ 24

3.1 - Discusión en la Argentina. Revisión de la literatura. ......................................................................... 24

3.2 - Pobreza. Algunas definiciones.............................................................................................................. 26

3.3 - Distribución del ingreso y pobreza. ...................................................................................................... 27

3.4 - Tendencias del mercado de trabajo. .................................................................................................... 30

3.5 - Estructura de los hogares pobres (GBA). ........................................................................................... 38

3.6 - La recuperación económica de la posconvertibilidad. ...................................................................... 41

4 - Reflexiones finales..................................................................................................................................... 46

Bibliografía .............................................................................................................................................................. 48

3
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1 – Introducción.

El golpe de estado del 24 de marzo de 1976 puso en marcha un plan sistemático de


reorganización social y económica que llevo a la Argentina a romper con el modelo de
acumulación que sostenía desde la década de 1930 y que tenía su sustento en la
industrialización por sustitución de importaciones (Basualdo y Lozano, 2001; Schorr,
2007) así como también llevó a romper con las bases materiales de la alianza que tenían
los sectores de la clase trabajadora y la burguesía industrial nacional (Basualdo 2010).
En este sentido la dictadura, a través del terrorismo de estado, impuso bruscamente un
nuevo patrón de acumulación denominado por varios autores3 como de valorización
financiera4. Se instala rápidamente, a partir del golpe, un ciclo económico recesivo
acompañado por una inédita y cruel represión ilegal sobre los movimientos populares y
sindicatos y con el eje en tres aspectos fundamentales; la reconfiguración de los sectores
dominantes de la sociedad; la reorganización del estado; y la restructuración del
entramado productivo (Azpiazu, Basualdo y Khavisse 1986). El nuevo patrón de
acumulación que introdujo la dictadura generó rápidamente un quiebre en la relación entre
el capital y el trabajo, y que junto a la implementación de medidas económicas y políticas
de claro tinte neoliberal inicia un largo sendero de deterioro del empleo, la distribución del
ingreso y un crecimiento inusitado de los niveles de pobreza e indigencia, que significo en
definitiva un profundo deterioro del nivel de vida de los argentinos, y en especial de la
clase trabajadora.
En 1983, ya con la vuelta de la democracia de la mano del presidente Raúl Alfonsín se
vieron señales de un incipiente intento de ruptura con el modelo de la dictadura, señales
que se diluyeron rápidamente ante las presiones de las grandes corporaciones y la banca
financiera internacional; hecho por el cual, como sostiene gran parte de la literatura, el
gobierno de Alfonsín terminó consolidando el modelo económico liberal que había iniciado
la dictadura militar en 1976. Para 1989, en un contexto recesivo e hiperinflacionario, el
presidente Raúl Alfonsín entregó tempranamente el gobierno al presidente electo Carlos
Menem. Tiempo más tarde y con el objetivo puesto en frenar el proceso hiperinflacionario
el gobierno de Carlos Menem estableció la Ley de Convertibilidad (paridad fija del peso
argentino con el dólar estadounidense). Sobre esta cuestión sostiene (Rapaport 2010),

3
Como exponentes de la valorización financiera puede verse Basualdo (2006) y Azpiazu (2002).
4
Para ampliar sobre este tema véase (Basualdo, La reestructuración de la Economía Argentina
durante las últimas décadas. de la sustitución de importaciones a la valorización financiera. 2006).
También se realiza una breve descripción en la sección 2.1 del presente trabajo.

4
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que si bien esta medida fue exitosa en términos de frenar la inflación, tuvo un alto costo
para la economía Argentina en su conjunto; en palabras de (Santarcángelo 2013, 180) “si
bien el nuevo gobierno estableció una paridad cambiaria entre el peso argentino y el dólar
que fue sumamente exitosa (%), las políticas económicas llevadas adelante por la nueva
administración [Carlos Menem] profundizaron el sendero desindustrializador, aperturista y
de valorización financiera que habían comenzado los militares”. Para 1999, y en medio de
una crisis económica que asomaba desde los últimos años del gobierno de Carlos
Menem, asume la presidencia de la Nación Fernando de la Rúa, quien fuere el
representante de la coalición política La Alianza. Esta coalición no solo no pudo revertir la
crisis sino que terminó por consolidarla, teniendo que abandonar el gobierno en diciembre
de 2001 en medio de la crisis económica, social y política más importante de la historia
Argentina reciente. El país tuvo 5 presidentes en poco más de diez días5. El primero de
enero de 2002 asumió interinamente la presidencia Eduardo Duhalde, quien tomó
rápidamente dos medidas, por un lado la suspensión del pago de la deuda externa y por
otro el abandono de la paridad cambiaria, lo que generó una de las devaluaciones del tipo
de cambio más importantes de la historia argentina. Esta devaluación generó rápidamente
una caída de los salarios reales y una mejora en los niveles de rentabilidad, lo que
sumado al contexto internacional favorable sentaron las bases para que la Argentina se
sumiera nuevamente en un sendero de crecimiento (Santarcángelo 2013). En 2003, con
la llegada al gobierno del presidente Néstor Kirchner se producen una serie de
trasformaciones institucionales, políticas, económicas y sociales de gran importancia y
que junto al contexto internacional y la devaluación de 2002, posibilitaron que la Argentina
entrara en un sendero de crecimiento sostenido por más de una década con tasas que
promediaron el 7% anual, representando el período de crecimiento sostenido más
importante que registre el país en toda su historia (Santarcángelo 2013).

5
El 20 de diciembre renuncia a la Presidencia Fernando De la Rúa y asume como presidente
interino Ramón Puerta, quien convoca a la asamblea legislativa para que el 23 de diciembre
nombre como presidente Adolfo Rodríguez Saa. Alegando la falta de apoyo político el presidente
Saa renuncio el 30 de diciembre y, dada la ausencia de Ramón Porta, asume la presidencia el
presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Camaño, quien rápidamente convoca nuevamente
a la asamblea legislativa para terminar designando como presidente a Eduardo Duhalde el 01 de
enero de 2002.

5
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1.1 - Problema de investigación.

En los 9 años posteriores a 2003 se crearon más de cuatro millones de puestos de trabajo
(Santarcángelo 2013). El desempleo se reduce fuertemente entre el segundo semestre
del 2002 donde se registraba un 22% de desocupación pasando al 7,7% para el año
2011. Se ven mejoras en la distribución del ingreso. Por el lado de los ingresos laborales,
el coeficiente de Gini pasó de 0.48 en 2003 a 0.40 en 2010 y los ingresos familiares
pasaron del 0.55 en 2003 al 0.45 en el 2010. Se consolida una clara tendencia
decreciente de pobreza e indigencia, asociada particularmente a la recuperación
económica (Beccaria y Groisman, 2008; Arakaki, 2011; CIFRA, 2015). Sin embargo aún
en este período de gran crecimiento, con mejoras importantes en los niveles de pobreza,
empleo y distribución del ingreso, la pobreza e indigencia han continuado relativamente
elevados. Para el año 20076 las estadísticas oficiales de pobreza e indigencia ascendían a
23.4% y 5.7% respectivamente (INDEC, 2007) y para 2011 estos valores no se habían
modificado sustancialmente; según (CIFRA 2015) ubicaba a la pobreza en el 20,1% y a la
indigencia en el 5%, lo que deja en evidencia que la Argentina, aun con mejoras
importantes en materia de crecimiento, del mercado de trabajo y en los niveles de
desigualdad aún sostiene un grupo o núcleo duro de personas y hogares que tiene
grandes dificultades para salir de situaciones de privación.

1.2 - Hipótesis central y objetivos.

Planteado el problema central del trabajo y más allá de la sección introductoria, es


necesario hacer un breve recorrido por los principales cambios estructurales en materia
de política social y económica desde la dictadura militar en adelante, utilizando como eje
el comportamiento de variables claves cómo la evolución de la política económica, el
crecimiento, deuda externa, salarios reales, empleo, distribución del ingreso y la pobreza
para el período 1976-2011. La elección del período de análisis surge de considerar a 1976
como un año bisagra para la Argentina, no solo por los cambios radicales en el modelo de
acumulación sino porque es en este período donde se inicia un largo sendero de deterioro
del nivel de vida de los argentinos, en especial de la clase trabajadora. En este sentido se
analiza un primer subperiodo que encierra los años comprendidos entre 1976 y 2003, año

6
A partir 2007 año el INDEC sufrió una intervención y fue acusado de alterar las estadísticas de la
evolución del índice de precios al consumidor y otros índices de relevancia, por lo tanto el 2007 es
el último año que utilizamos las estadísticas oficiales.

6
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último que también consideramos bisagra, y un segundo subperiodo que se extiende


desde el 2003 hasta el año 2011.
La hipótesis del trabajo plantea que el sostenido deterioro distributivo y del mercado de
trabajo, consecuencia del cambio de modelo de acumulación implementado por la
dictadura militar a mediados de la década de 1970, ha generado una situación de
empobrecimiento intergeneracional hasta por lo menos el año 2003, afectando cuestiones
profundas de la estructura social Argentina y dando como resultado cambios importantes
en términos de la estructura de la clase trabajadora y de la población en general. Esta
situación ha generado en el largo plazo que una parte importante de la población, aun en
períodos de crecimiento y con mejoras en los niveles de desigualdad y empleo, encuentre
grandes dificultades lograr salir de situaciones de privación.
En esta línea el objetivo principal del trabajo consiste en analizar la evolución de la
pobreza en línea con la evolución de la distribución del ingreso y el mercado de trabajo y
la estructura de los hogares pobres a lo largo del período mencionado. En referencia a la
distribución se pondrá el eje en la evolución de la distribución de los ingresos laborales y
familiares. Sobre el mercado de trabajo se analiza la evolución del desempleo y la
conformación y evolución de este núcleo, que si bien no puede sostenerse como
condición suficiente para determinar situaciones de pobreza, si nos puede dar una idea
clara de los problemas que enfrenta una parte de la población a la hora de insertarse o
reinsertarse en el mercado laboral. También analizamos la evolución del empleo informal,
fenómeno que al igual que el desempleo no es condición suficiente para explicar a la
pobreza, sin embargo ambos son fenómenos que nos permiten acompañar y robustecer
el análisis sobre el deterioro del mercado de trabajo y la asociación con la evolución de la
pobreza en la Argentina. Por último analizamos brevemente la conformación y la
evolución de los hogares pobres del Gran Buenos Aires desde la dictadura en adelante.
En este sentido este análisis nos permite identificar los rasgos más característicos de los
hogares pobres.
El trabajo se articula en cuatro capítulos. En el primer capítulo del trabajo nos abocamos a
realizar una pequeña introducción, plantear el problema de investigación, la hipótesis
central, los objetivos del trabajo y algunos breves comentarios metodológicos. En el
segundo capítulo haremos un breve repaso de la evolución del modelo económico
argentino desde 1976 al 2011 poniendo el eje en la evolución de la política económica y
en los cambios de las variables principales como crecimiento, deuda externa, evolución
de los salarios reales, la evolución del desempleo y el subempleo, la distribución del

7
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ingreso y la pobreza. En el tercer capítulo del trabajo realizamos un breve repaso de la


discusión en Argentina sobre pobreza, definiciones y su evolución. También en este
capítulo desarrollamos la evolución de la distribución del ingreso, la estructura y las
principales tendencias en el mercado de trabajo y la conformación y evolución de los
hogares pobres del GBA a través del período 1976-2003. En este capítulo también
incluimos un breve repaso de los aspectos más relevantes en la recuperación de la
economía Argentina entre los años 2003 y 2011. El último capítulo lo dedicaremos a
realizar algunas reflexiones finales del trabajo.

1.3 - Aspectos metodológicos.

En esta sección describimos algunos aspectos metodológicos utilizados en el trabajo con


el fin de describir algunas particularidades sobre la información utilizada.
La información que se utilizara en el trabajo proviene en mayor parte de datos extraídos
de trabajos relevantes en la materia y de algunos procesamientos propios de la Encuesta
Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Si bien el
período de análisis parte de 1976, por la falta de disponibilidad de datos se utilizaron en
varios de los análisis información perteneciente al año 1974 con la intensión de tener una
referencia y poder realizar las correspondientes comparaciones. Para el análisis sobre la
conformación del núcleo de desocupados se utilizaron series de los años 1974-1980-
1991-2001 de la EPH en su modalidad puntual (ondas octubre) y la serie para 2003 de la
EPH continua (4to trimestre). Para la desagregación sobre nivel educativo de los jefes de
hogares se utilizó la clasificación propuesta por (Beccaria y Gonzalez 2005) donde se
consideran tres estratos: el de educación baja que contempla a individuos o jefes de
hogar con nivel secundario incompleto o inferior. Educación media que incluye a
individuos o jefes de hogar que donde el este haya terminado el nivel secundario medio o
hayan iniciado el nivel superior pero sin aun terminarlo. El tercer estrato seria el del nivel
de educación alto, y que incluye a aquellos individuos u hogares que tengan su jefe
graduado del nivel terciario en adelante.
Para todos los cruces, tanto de los extraídos de trabajo relevantes como los extraídos de
la EPH, como consecuencia la falta de datos históricos, hemos restringido el análisis al
área comprendida en el Gran Buenos Aires (salvo algunos datos para el apartado 3.6
donde se utilizaron datos a nivel nacional) teniendo en cuanta lo que sostienen (Altimir y
Beccaria 1998, 116) “(%) la similitud entre esta área [Gran Buenos Aires] y el resto de las
principales áreas del país en cuanto a la evolución de los ingresos medios, de la

8
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distribución del ingreso y de los indicadores del mercado de trabajo permite conjeturar que
las características de la pobreza- y sobre todo- de su evolución en el conjunto urbano del
país no serían marcadamente diferencias a las del resto del país”.

2 - Evolución política y económica de la Argentina (1976-2011).

2.1 - La valorización financiera (1976-1983).

Proceso de Reorganización Nacional fue el nombre que tomó la dictadura cívico-militar


que derrocó a María Estela Martínez de Perón el 24 de Marzo de 1976 y que inaugura un
proceso de reorganización social y económica sin precedentes en la Argentina.
Rápidamente la junta militar, integrada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el
almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier general Orlando Ramón Agosti disponen
el estado de sitio y la ley marcial, preámbulo de lo que será una de las dictaduras más
crueles y sanguinarias que viviera la Argentina. En esta línea sostienen (Azpiazu y otros
1986, 175) “El análisis de las motivaciones básicas de la dictadura militar revela la
búsqueda de un objetivo fundamental: refundar estructuralmente la sociedad Argentina y
poner en marcha un nuevo proyecto dominante”. La dictadura interrumpe el proceso de
industrialización por sustitución de importaciones que se desarrollaba en la Argentina
desde la década de 1930 e impone bruscamente un nuevo modelo de acumulación
denominado por varios autores como de valorización financiera7 que implico:

“(%) la valorización financiera de una parte del excedente apropiado por el capital oligopólico, a
partir de la adquisición de diversos activos financieros (títulos, bonos, depósitos, etc.) en el
mercado interno e internacional, en un momento en el que las tasas de interés (%) superaban la
rentabilidad de las actividades económicas, y en el que el acelerado crecimiento de la
endeudamiento externo posibilitaba la remisión del capital local al exterior al operar como una
masa de capital valorizable y/o liberar los recursos propios para esos fines (Basualdo 2010, 117).

La toma de deuda externa privada y pública cumplió un papel central, dado que el
proceso consistía básicamente en la toma de deuda en el exterior para colocarlo en
activos financieros en el mercado local valorizándolos por medio de una diferencia
positiva entre las tasas de interés local e internacional, para luego fugar los fondos al
exterior. En esta línea (Basualdo 2006) sostiene que esta operatoria no habría sido

7
Ver detalle de esta operatoria en la sección Introducción del presente trabajo

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posible de no haberse dado tres situaciones puntuales; primero que el estado, mediante el
gran endeudamiento en el mercado interno, posibilitara que la tasa de interés interna
fuera superior a la tasa de referencia en el exterior; segundo, y en la misma línea, fue el
alto endeudamiento externo del sector público que posibilitó conseguir las divisas
necesarias para fugar los capitales valorizados en el mercado local; y tercero, y no menos
importante, la subordinación estatal hacia el sector privado, lo que posibilitó en más de
una oportunidad la nacionalización de las deudas de las empresas privadas.

Gráfico N°1

Deuda Externa y Fuga de Capitales 1971-1983


(Fín de cada período en miles de millones de dólares).
Deuda externa Fuga de capitales
43,6

34,1

27,2

19,1
13,3
9,9 10,7
6 7,1
5,2 6,8 3,8
1,1 2,3

1971 1973 1975 1977 1979 1981 1983

Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de Basualdo y Kulfas (2002)

Como se ve en el gráfico N°1 los volúmenes de deuda externa así como la fuga de
capitales se incrementaron fuertemente desde el golpe militar, en gran medida por las
facilidades que trajo la reforma financiera de 1977 y con la particularidad, como
sostienen (Basualdo y Kulfas 2002, 61), que el proceso de toma de deuda fue liderado
por el sector privado; “(N) En términos históricos, la deuda externa y la fuga de
capitales comenzaron a adquirir dimensiones significativas a fines de los años setenta,
específicamente cuando la reforma financiera instrumentada por la dictadura militar en
1977 confluye con la apertura externa en el mercado de bienes y de capitales”.
A diferencia de lo que sucedió durante la segunda etapa de sustitución de importaciones
(1958-1975)8 donde los flujos de capital funcionaron como una forma de financiamiento
de la inversión o del capital de trabajo se convirtieran a partir de la dictadura en un mero
instrumento para obtener renta financiera. Se desprende del gráfico N°1 que el proceso

8
Para mayor información al respecto ver (Basualdo, Estudios de Historia Económica Argentina
2010, 53)

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de valorización financiera cambió drásticamente la relación entre los volúmenes de


deuda externa y los volúmenes de fuga de capitales; si para 1971 se fugaba
aproximadamente un 20% del volumen de deuda externa, para 1983 este valor
alcanzaba aproximadamente al 80% del volumen de los fondos que ingresaban como
deuda externa. En esta línea (Basualdo y Kulfas 2002) sostienen que el endeudamiento
externo no solo sirvió para financiar la fuga de capitales sino que operó como un
mecanismo de trasferencia de recursos a los grupos concentrados dado que en 1982 el
Estado argentino se hizo cargo de gran parte de la deuda externa que habían contraído
los privados en los años anteriores; “(%) en esos años el endeudamiento externo no
sólo sirvió para financiar la fuga de capitales sino que, asimismo, el estado, al estatizar
la deuda externa privada, efectuó una transferencia de recursos hacia el capital
concentrado sin contrapartida alguna” (Basualdo y Kulfas 2002, 61).
El modelo de valorización financiera desplazo rápidamente la producción de bienes
como eje central de la economía lo que generó la perdida de relevancia del consumo de
los asalariados; “(%) el nuevo patrón de acumulación diluía el papel que la demanda
asalariada había asumido durante el proceso de industrialización sustitutiva” (Basualdo
2010, 117).
A partir del golpe militar los asalariados comenzaron a perder derechos básicos que
habían sido adquiridos durante años de lucha social; en este sentido se suspendieron
las actividades gremiales, el derecho a huelga y se disolvió la CGT; se congelaron los
salarios (en medio de una período de alta inflación) lo que determino una fuerte caída en
el salario real; “(N) la dictadura militar que tomó el poder en 1976 redujo el salario real a
la mitad pero la inflación de tres dígitos persistió, alimentada junto a otros factores, por
la especulación financiera” (Rapaport 2010). En esta línea (Rapaport 2010) sostiene que
las políticas de ajuste fiscal y la reducción de los salarios reales no alcanzo para que la
inflación bajara del 150% promedio durante prácticamente todo el proceso militar.
También aumentaron las tarifas públicas a la vez que se eliminaron los controles sobre
los precios; se devalúo el peso (en el orden del 80%) lo que implicó una importante
caída del salario real y una perdida muy pronunciada en la participación de los
asalariados en el PBI, en un período en el que este último se mantuvo prácticamente sin
variaciones (J Graña 2007). Como se ve en el gráfico N°2 y el gráfico N°3 a partir de
1975, pero más pronunciado a partir de 1976, el salario real y la participación de los
trabajadores en el PBI cae de manera pronunciada en un período de tiempo muy

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reducido. Si tomamos a 1974 como año base, el salario real se desploma con la llegada
de la dictadura, pierde más del 40% entre 1974 y 1976.

Gráfico N°2

Salario real promedio 1974-1982 (1974=100)

100
96,2
88,5
83,2
77,7

66,4
62,8 61,5
57

1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982

Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Graña 2007) y (Basualdo 2010)

Por su lado, la participación de los salarios en el PBI tuvo una fuerte caída entre 1974 y
1976 donde perdió aproximadamente un 20%. Tuvo algunas mejoras temporales que
posiciono este valor en torno al 30% o 35%, nunca retomando los valores previos al
golpe y terminando en uno de los valores más bajos de la serie con el 22% de
participación para 1982.

Gráfico N°3

Participacion asalariada sobre el PBIpm (%) 1974-1982

45%
43%

35%
33%
30% 31%
28%
25%
22%

1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982

Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Graña 2007) y (Basualdo 2010)

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A la caída de los salarios reales se le sumó a partir de 1980 la aparición del desempleo
y el subempleo. Si bien las tasas de desempleo y subempleo no muestran valores
alarmantes, (Basualdo 2010) sostiene que la evolución de este índice no expresó lo que
estaba realmente sucediendo, ya que no se computaban aquellos trabajadores que
habían abandonado la búsqueda laboral ya sea por los bajos niveles salariales o bien
por el alto costo que implicaba la búsqueda laboral en sí.
En el gráfico N°4 se ve como la tasa de desocupación se mantiene por debajo del 5 %
en prácticamente todo el período, recién mostrando valores superiores hacia el final de
la dictadura. Ahora bien, si miramos el empleo del sector industrial vemos que desde
1975 en adelante el deterioro es notable; cae más de 35% entre 1974 y 1983, en gran
medida por la expulsión de trabajadores de las grandes firmas y como sostiene (Schorr
2007) da nota del inicio del proceso de desindustrialización que implicaba la perdida de
centralidad del sector industrial en la economía; “(%) la industria dejo de ser el núcleo
ordenador y dinamizador de las relaciones económicas y sociales en la Argentina así
como el sector de mayor tasa de retorno” Schorr (2007, 8).
Gráfico N°4

Desocupación y ocupación obrera del sector industrial. Gran Buenos Aires 1974-1983

Desocupacion Obreros ocupados sector industrial


120 20,0%
103,8
100 100,4
18,0%
94,3
100
85,1 83,3 16,0%
76,8
14,0%
80 67,2
63,6 65,7
12,0%

60 10,0%

8,0%
6,0%
40
4,8% 6,0%
3,9% 3,7%
3,4% 3,1%
2,8% 2,8% 4,0%
20 2,0% 2,3%
2,0%

0 0,0%
1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (Basualdo 2010).

En este sentido sostienen (Aruguete y Basualdo 2007) que el cambio en el modelo de


acumulación tuvo a la clase trabajadora como uno de sus grandes y principales
perdedores. La caída del salario real, la pérdida de participación en el PBI y el desempleo,
fruto del cambio del eje de acumulación (del industrial al financiero) fueron los
mecanismos para que la clase trabajadora viera deteriorado sus niveles de vida y la
calidad del trabajo. En palabras de estas autoras:

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“A raíz de la reestructuración económica caracterizada por la desindustrialización y quiebre de


numerosas empresas, reestructuración regresiva del aparato manufacturero, predominio de las
actividades terciarias –servicios- y en especial financieras, los trabajadores fueron objeto de
una profunda fragmentación y marginación ocupacional que incluyó el ascenso del
cuentapropismo, el empleo en el sector terciario y la creciente desocupación y subocupación “.
(Aruguete y Basualdo 2007, 48-49)

En sintonía con lo anterior (Aruguete y Basualdo 2007) sostienen que el continuo


desarrollo de actividades informales, así como la explotación de la mano de obra
(aumento de la productividad sin correlato en los salarios) conllevo a un incremento en la
precarización laboral y como resultado las clases trabajadoras vieron muy afectado su
nivel de vida y la calidad del trabajo, no solo por la gran caída del salario real y la perdida
de participación en el producto, sino por la aparición del desempleo y el subempleo
causado en gran medida por la reducción sistemática del personal de las grandes
empresas.

2.2 - La vuelta de la democracia (1983-1989).

La endeble situación política y económica junto a la derrota militar de Malvinas en 1982


terminó por signar lo que sería el final del proceso militar. Sumido en medio de una
creciente debilidad política, la dictadura llamó en octubre de 1983 a elecciones
democráticas donde se consagró Presidente de la Nación el representante de la Unión
Cibica Radical Raúl Alfonsín. En los primeros meses de gestión, de la mano del ministro
de economía Bernardo Grinspun, se intentó implementar un modelo que tenía un fuerte
enfoque Keynesiano, y que básicamente consistía en estimular la demanda interna,
(expandir el consumo y la inversión) a través de recuperar el poder adquisitivo del
salario. Se fijaron metas para frenar la inflación, controlando aumentos de precios de los
principales productos de la economía (bienes y servicios, tarifas públicas, la tasa de
interés y el tipo de cambio) y también se amplió fuertemente el gasto público.
Por otro lado la situación macroeconómica del país era crítica, la magnitud que había
tomado la deuda externa, y la fuga de capitales dio lugar a una crisis del sector externo.
El nuevo gobierno constitucional asumió en los primeros meses de gobierno una postura
de confrontación ante los organismos de crédito internacional y en particular con la
banca acreedora, sosteniendo que estos habían sido participes responsables de la
situación crítica por la que atravesaba la Argentina y que en consecuencia debían
realizar quitas de capital y extender los plazos de pagos de la deuda. Durante los

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primeros meses el ministro de economía Bernardo Grinspun fue muy activo en su


estrategia de confrontación llevando adelante negociaciones intensas con la banca
acreedora, el gobierno norteamericano y la banca trasnacional. Para final de 1984 esta
estrategia fue socavada ante las constantes presiones de la banca acreedora de la mano
del Fondo Monetario Internacional, que exigía a cambio en cada negociación, la
implementación de políticas de ajuste estructural de claro origen ortodoxo con el objetivo
de que la Argentina mejorara su situación fiscal y pudiera pagar los servicios de la deuda
(Basualdo 2010).
En medio de un contexto de alta inflación, resultado de la emisión monetaria que
generada por el mismo gobierno para pagar los altos servicios de deuda (fruto de altas
tasas de interés) surge en 1985 el Plan Austral. Este programa fue un plan de
estabilización monetaria que tenía como objetivo principal evitar la suba desmedida de
los precios; consistió en una serie de medidas de ajuste tradicional como el
congelamiento de precios, tarifas públicas, salarios, el congelamiento del tipo de cambio
y un cambio de moneda del Peso Argentino al Austral, medidas que lograron frenar,
aunque por un breve período, el proceso inflacionario que se encaminaba a una
hiperinflación (Arakaki 2011).

Gráfico N°5

Inflación (%) 1982-1991


3079%
Inflación (%)

2315%

688%
434% 385% 388%
210% 175%
82% 84%

1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (Rapaport 2010)

En el gráfico N°5 se puede ver como la inflación se reduce a casi la mitad entre 1984 y
1985 y llegando a un valor de dos dígitos para 1986. Para finales de 1986 el Plan Austral
comenzó a flexibilizarse y lo que entre 1985 y 1986 había logrado anclar los niveles de
inflación pierde su efecto. La inflación comienza a tomar dinamismo nuevamente hacia

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final de 1987, y para 1988, como sostiene (Ferrer 2005) se encontraba en niveles que
suponían la pérdida del control de la inflación por parte del gobierno. Con la intención de
frenar el nuevo brote, el gobierno implemento un nuevo plan de estabilización llamado
Plan Primavera; este plan fracasó rápidamente dando lugar en 1989 al primer proceso
hiperinflacionario del período con un aumento de precios interanual superior al 3000%
(Rapaport 2010).
En materia de crecimiento del producto la década tuvo un pésimo desempeño. Como se
aprecia en el gráfico N°6 si tomamos toda la década (tomando los primeros tres años de
la década pertenecientes al gobierno militar), el PBI tuvo una caída de casi 10%, lo que
en valores netos explica aproximadamente una contracción de un 1% anual acumulativo.
Gráfico N°6

Participación de los asalariados en el PBI (%) y evolución del PBI (1980=100)


1980-1989
50% 110
Participacion de los salarios en el PBI PBI
100 99,2
45% 97,1 96,9 97,4
95 95,7 100
92,5
90,4 90,6
40%
36% 90
35% 35%
35% 33% 33%
Axis Title

32%
80
29% 29%
30%

24% 70
25%
22%

60
20%

15% 50
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (Basualdo 2010).

Por su lado (Aruguete y Basualdo 2007) sostienen que el contexto sostenido de alta
inflación erosiono fuertemente los salarios reales durante prácticamente todo el período;
la recesión económica generó un aumento del desempleo y subempleo y como resultado
de ambos procesos los trabajadores perdieron nuevamente participación en el producto.
De la misma manera que con el PBI, si nos ubicamos en las dos puntas de la década los
trabajadores perdieron más del 10% de la participación en el producto (ver gráfico N° 6),
llegando a 1986 al 24% de participación.
Por otro lado, como se puede ver en el gráfico N°7, el desempleo y el subempleo
comenzaron a aumentar considerablemente. En tan solo una década el desempleo se
había multiplicado por tres veces y el subempleo por casi dos.

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Gráfico N°7

Desempleo y subempleo en el Gran Buenos Aires 1980-1989 (% de la poblacion)

Desempleo Subempleo

7,8% 8,0%
7,4%
7,0%
6,6%
6,0%5,8% 6,1%
5,6% 5,7%
5,2%
4,9% 4,7% 4,9%
4,5% 4,5%
3,7% 3,6%
3,1%
2,3%

1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (Basualdo 2010)

Los sectores populares, y en particular la clase obrera, vieron deteriorado rápidamente


sus niveles de ingresos, lo que tuvo un efecto concreto en el aumento de los niveles de
pobreza e indigencia de la población (Aruguete y Basualdo 2007).
En el gráfico N° 8 se puede ver como los valores de pobreza e indigencia se incrementan
a partir del año 1986, años que comienza a flexibilizarse el Plan Austral y donde la
inflación vuelve a tener tasas muy altas (ver gráfico N°6).

Gráfico N°8

Evolución de la Pobreza y la indigencia (% de la población) para el período 1983-1989


medida en Gran Buenos Aires

Pobreza Indigencia

47%

32%

21%
19% 18% 16,5%
15%
13%
10,7%
5,4% 5,0% 6,2%
3,6% 3,5%

1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989

Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Basualdo 2010) e (INDEC 2003).

Esta década fue considerada por muchos autores como la “década perdida”; lejos de
lograr el cambio de rumbo que suponía la vuelta de la democracia, el gobierno de Alfonsín
terminó por consolidar el modelo económico heredado, que era profundamente regresivo

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y excluyente; “Atrás quedaban las expectativas de una sociedad que había asociado
reapertura política y recuperación democrática con el necesario proceso de reparación
histórica que parecía avecinarse” (Aruguete y Basualdo 2007, 70).
Para principios de 1989, en medio de un proceso hiperinflacionario y una severa crisis
económica el presidente Raúl Alfonsín llamó a elecciones adelantadas para el 14 de mayo
del mismo año (casi 7 meses antes de lo que sería el cambio de mando). El 14 de mayo
de 1989 fue electo Presidente de la Nación Carlos Menen y quien por ley debía asumir
recién en diciembre. Una vez pasadas las elecciones, y en medio de un proceso
hiperinflacionario que no cedía, niveles de pobreza que superaba el 45% de la población,
una economía recesiva, y sumergido en una debilidad política, el presidente Alfonsín
decidió hacer entrega adelantada de la presidencia, concretándolo el 08 de Julio de dicho
año.

2.3 - La profundización del proyecto neoliberal (1989-2001).

Con la entrega de gobierno anticipada por parte de Alfonsín, el 08 de Julio de 1989 asume
la presidencia Carlos Menen iniciando una década que se caracterizaría
fundamentalmente por haber convalidado del modelo neoliberal iniciado en 1976; en este
sentido se implementaron fuertes medidas de ajuste estructural como la apertura
comercial, la desregulación de los mercados financieros, libre movilidad de capitales, y
una inédita reforma del aparato estatal a través del ajuste del gasto público y la
privatización de empresas estatales (Aruguete y Basualdo 2007), todas medidas que se
ajustaban a las premisas principales del consenso de Washington9 y que proponían
ampliar la esfera del mercado y disminuir al mínimo la intervención estatal (Castellani
2002).
Carlos Menem asume la presidencia en medio de un proceso hiperinflacionario, que lejos
de ceder en sus primeros años, (1990 fue el segundo proceso hiperinflacionario con un
2314% - ver gráfico N°5) recién lo haría para 1991 cuando el gobierno de Menem
implementó una paridad entre el peso y el dólar estadounidense por medio de la Ley de
Convertibilidad. Esta medida fue altamente exitosa en términos de frenar la escalada de
precios, la inflación pasó de poco más de 2000 % en 1990 al 17% en el año 1992, un

9
El consenso de Washington fue un programa de diez puntos generales ideado por el economista
norteamericano John Williamson y que incluía una serie de reformas “estándar” para los países en
vías de desarrollo. Entre las mismas se destacaban el objetivo primordial de liberalizar la economía
y fortalecer las fuerzas del mercado por sobre la esfera estatal, reduciendo a este último a su
expresión mínima.

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escaso 0.1% en 1996 y un valor negativo de (-0.9%) para el año 2001 (Rapaport 2010).
En esta línea (Rapaport 2010) sostiene que si bien en términos inflacionarios la Ley de
Convertibilidad fue muy exitosa, causó otros desequilibrios en la económica, como la
desindustrialización y la destrucción del aparato productivo.
A partir de 1991 con la baja de la inflación se inició un proceso de crecimiento del
producto sobre la base de la expansión del consumo, en gran medida como resultado de
la vuelta del crédito y una importante recomposición de la participación de los asalariados
sobre el PBI (Basualdo 2003). Si consideramos que para 1989 la participación de los
salarios en el PBI era del 24% (Ver gráfico N°6), los primeros años de la convertibilidad
representan, como vemos en el gráfico N°9, una recomposición muy importante en la
participación de los salarios en el PBI recuperando poco más 10% en poco más de dos
años. Ahora como también vemos en el gráfico N°9, esta situación no logro consolidarse
en el tiempo, para 1992 comenzó nuevamente a caer, oscilando entre el 30% y 35% por
prácticamente toda la década para caer fuertemente en 2001 durante el final de la Ley de
Convertibilidad.
Por su lado los salarios reales evolucionaron en la misma dirección, mejoraron en los
primeros años de la convertibilidad, para luego empezar a caer nuevamente de manera
sostenida durante todo este período.

Gráfico N°9

Participacion de los salarios en el PBI (%) y evolucion de los salarios Reales Promedio
(1991=100) 1991-2001

Participacion de los asalariados en el PBI Salario real promedio


110 50,00%
105,2
104,1 103,7
45,00%
100
98,9 98,2
100 97,4 40,00%
95,2 94,7 95,2
93,4
35,00%

90 30,00%
38,40%
35,00% 36,20% 34,90% 34,90% 34,90%
34,20% 34,00%
31,50% 31,90%
25,00%
26,60%

80 20,00%
1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001

Fuente: Elaboración propia en base a datos de (Basualdo 2003, 2010).

Con respecto al crecimiento de la economía sostienen (Aruguete y Basualdo 2007) que la


consolidación del modelo neoliberal y las reformas estructurales que promovió el gobierno
de Menem lograron instaurar una dinámica de funcionamiento que se alternaría entre

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ciclos expansivos y ciclos recesivos imposibilitando sostener un ciclo de crecimiento de


largo plazo. El crecimiento fue pronunciado en los primeros años de la convertibilidad
(1991-1994), hecho que puede entenderse por el pésimo desempeño económico de los
años anteriores de la hiperinflación así como por el ingreso de capitales extranjeros, en
gran medida con destino al sistema financiero o a la compra de activos del estado
(Basualdo 2003). A partir de 1991 se inicia un proceso de privatizaciones de empresas
públicas con la venta de Entel, seguida por la venta de la aerolínea de bandera Aerolíneas
Argentinas, y continua prácticamente toda la década con las empresas insignia del estado
como el correo y los ferrocarriles así como la privatización del sistema previsional
(Castellani 2002).
En 1994 se evidenciaron las primeras restricciones al modelo. El aumento de las tasas de
interés de la reserva Federal de Estados Unidos (que encarecía los servicios de la deuda)
y la crisis de la deuda mexicana de diciembre de 1994 generaron una fuga de capitales
hacia mercados más seguros (Aruguete y Basualdo 2007) y como sostiene (Castellani
2002) debido a esto se comenzaron a ver fisuras en los indicadores macroeconómicos;
creció rápidamente el déficit fiscal dado que la Argentina necesitaba constantes flujos de
capitales para solventar los altos servicios de la deuda y que debido a la crisis de México
y a la suba de tasas de la Reserva Federal comenzaban a escasear. Para 1995, y con el
riesgo de seguir los pasos de México, el FMI otorgó a la Argentina un préstamo muy
grande que le permitió al país detener el ciclo recesivo, aunque incrementando su
vulnerabilidad debido a la nueva expansión de la deuda externa (Aruguete y Basualdo
2007). En sí la deuda externa se expandió durante toda la década, a una tasa promedio
del 8.6% anual, más que duplicándose en términos absolutos. De manera similar y hasta
superior fue la fuga de capitales, que se expandió a una tasa promedio del 9.6% promedio
para la década representando una cantidad absoluta de fuga de capitales superior a la
cantidad ingresada (Basualdo 2010).
Una sucesión de crisis en el sudeste asiático para mediados de 1997, junto a la crisis de
Rusia en agosto de 1998 afectaron fuertemente la situación Argentina, que a partir de
estos años se sumerge en una profunda crisis de la que saldrá recién en 2002 con la
salida del modelo de Convertibilidad.
En diciembre de 1999 asumió el gobierno de la Alianza bajo la conducción del presidente
Fernando De la Rúa y con el lema del “recambio político”. Este gobierno no solo no pudo
revertir la crisis que azotaba desde finales de 1997 sino que consolidó y agravó la
situación implementando medidas de ajuste ortodoxas que profundizaron la crisis

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elevando aún más el desempleo y el subempleo así como los índices de pobreza e
indigencia. En esta línea (Aruguete y Basualdo 2007) sostienen que bajo el presunto
objetivo de “modernizar las relaciones laborales” se extendieron durante toda la década
reformas que apuntaron directamente a flexibilizar las formas de contratación, las normas
de despido, instaurar la polifuncionalidad, y flexibilizar los riesgos de trabajo así como
fomentar nuevas formas de contratación sin estabilidad, todas medidas que apuntaron
básicamente a reducir los costos laborales y que fueron fundamentales a la hora de
entender el deterioro del mercado de trabajo durante la década de 1990. En este contexto
como se puede ver en el gráfico N°10 el desempleo y el subempleo escalaron hacia
niveles muy altos.

Gráfico N°10

Desempleo y subempleo (%) Gran Buenos Aires 1991-2001

Desempleo Subempleo

18,3%
16,6% 17,3%
14,7%
13,7% 13,8%
12,2% 12,4%
16,3%
9,3% 14,3% 14,6%
12,6% 13,6% 13,1% 13,6%
7,0% 10,4%
6,0%
9,3%
7,9% 8,1%

1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (Basualdo 2010).

Al igual que los niveles de desempleo y subempleo los niveles de pobreza e indigencia
crecieron hasta niveles inéditos durante todo este período. El estancamiento económico,
la desocupación y la subocupación junto a la perdida sostenida de la participación del
salario en el producto y el crecimiento de la desigualdad conspiraron para que los niveles
de pobreza e indigencia escalaran hacia niveles muy altos e inéditos para la Argentina
como queda reflejado en el gráfico N°11.

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Gráfico N°11

Pobreza e Indigencia Gran Buenos Aires 1988-2003

Indigencia Pobreza

54,3%
51,7%
47,3%

33,7% 35,4%
32,3%
27,9% 28,9%
26,0% 25,9% 26,7% 25,2%
24,8% 24,7%
21,5%
17,8% 19,0%
16,5% 16,8%
10,7% 12,2%
6,6% 6,3% 7,5% 6,4% 6,9% 6,7% 7,7%
3,0% 3,2% 4,4% 3,5%

1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003
(Mayo)

Fuente: Elaboración propia en base a (INDEC 2003). Ondas de Octubre para Gran Buenos Aires.

En diciembre de 2001, y en medio de una revuelta popular, Fernando De la Rúa renuncia


a la presidencia de la Nación. Con más de la mitad de la Argentina sumergida en la
pobreza y la indigencia, niveles de desempleo inéditos y en medio de una crisis de
credibilidad política la Argentina enfrentaba una de las crisis más profundas, sino la más,
de toda su historia. El país tuvo 5 presidentes en poco más de diez días. El primero de
enero de 2002 asume interinamente la presidencia Eduardo Duhalde, quien toma
rápidamente dos medidas, por un lado la suspensión del pago de la deuda externa y por
otro el abandono de la paridad cambiaria, lo que generó una de las una de las
devaluaciones más importantes de la historia Argentina. Esta devaluación generó
rápidamente una caída de los salarios reales, una mejora en los niveles de rentabilidad, lo
que sumado al contexto internacional favorable sentaron las bases para que la Argentina
se sumiera nuevamente en un sendero de crecimiento (Santarcángelo 2013).

2.4 - Posconvertibilidad (2002-2011).

El año 2002 fue un año bisagra para la economía Argentina. Sostienen (Azpiazu y Schorr
2010) que la devaluación de principios de 2002 generó un reordenamiento en los precios
relativos; “(%) [la devaluación] trajo aparejado un profundo reordenamiento de los precios
relativos de la economía (incluyendo sobre todo el tipo de cambio y los salarios), una
severa crisis económica (caída superior al 10% en el PIB total y en el industrial) y, en
suma, el punto de quiebre del modelo hegemónico” (Azpiazu y Schorr 2010, 113).

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La devaluación hizo encarecer las importaciones y mejorar la competitividad de las


exportaciones a la vez que redujo fuertemente el salario real (en el orden del 30%). Por
otro lado las tasas de interés, tanto la local como la internacional, se encontraban en
niveles relativamente bajos, lo que permitió que el crédito para actividades productivas
fuera relativamente más barato y sumado a los efectos de la devaluación, hicieron que la
tasa de ganancia del sector productivo fuera superior a la financiera (Arceo, y otros 2008).
La Argentina ingresa en un sendero de crecimiento del producto que se extendería por
más de una década y que se apoyaría en la expansión de sectores productores de bienes
(Arceo, y otros 2008); “(%) el país ingresa en un sendero de crecimiento que no tiene
paralelo y que representa el período de mayor crecimiento de la historia económica del
país con tasas anuales promedio del 7%.” (Santarcángelo 2013, 184). En esta línea
sostiene (Santarcángelo 2013) que los sectores que dinamizaron el crecimiento fueron la
industria manufacturera productora de bienes relegando a los productores de servicios
que habían sido muy dinámicos durante toda la década de 1990.
El 25 de Mayo de 2003 asume la presidencia Néstor Kirchner (habiendo ganado las
elecciones con el 22% de los votos) y se inicia un largo proceso de trasformaciones
institucionales, políticas, económicas y sociales entre las que se destacan un tipo de
cambio competitivo; una activa política social; nuevas leyes laborales; cambios en la corte
suprema, una inédita restructuración de la deuda externa y la re-estatización de algunas
empresas emblema del Estado que habían sido privatizadas durante la década de 1990
(Santarcángelo 2013).
El buen desempeño del crecimiento tuvo su correlato en materia de empleo. En el período
de 2001-2010 se crearon más de 4 millones de puestos de trabajo. Según (CIFRA 2011)
para 2010 el número de ocupados ascendía a 17.4 millones de personas mientras que en
2002 este valor era de 12.8 millones (excluidos los trabajos por planes sociales). La
desocupación se redujo rápidamente del 22% en 2002 al 7.7% en 2007 generando a su
vez mejora distributiva.
Por su parte la participación de los salarios en el PBI tiene una fuerte caída en la crisis de
2001 alcanzando su piso histórico con un valor del 20.9%. Si bien la recuperación
económica mejoro estos niveles, lo hizo con una notable lentitud, dado que para 2009
recién habían recuperado los niveles de mediados de la década de 1990
(aproximadamente un 27%) (Santarcángelo 2011). Se ven mejoras en la distribución del
ingreso. Por el lado de los ingresos laborales, el coeficiente de Gini pasó de 0.48 en 2003
a 0.40 en 2010 y los ingresos familiares pasaron del 0.55 en 2003 al 0.45 en el 2010.

23
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Por su parte hay una clara tendencia decreciente de pobreza e indigencia asociada
particularmente a la recuperación económica (Beccaria y Groisman, 2008; Arakaki, 2011).
Para 2007, en tan solo 5 años de recuperación económica, las estadísticas de pobreza e
indigencia para el Gran Buenos Aires habían mejorado sustancialmente. Según los datos
oficiales para 2007 (para Gran Buenos Aires) la pobreza era del 23.4% y la indigencia del
5.7% (INDEC, 2007) y para CIFRA10 del 27.2% y 3.4% respectivamente, que si bien
marca una diferencia importante entre las mediciones deja en evidencia la tendencia
decreciente. Para 2011 los índices de pobreza e indigencia se encontraban en el 20,1% y
5% respectivamente (CIFRA 2015).

3 – Evolución de la pobreza en Argentina (1976-2011). Distribución del ingreso,


mercado de trabajo y estructura de los hogares pobres.

3.1 - Discusión en la Argentina. Revisión de la literatura.

Existen numerosos estudios en la Argentina sobre la pobreza, su evolución y sus


implicancias así como números estudios que trabajan las formas de su medición; y en
esta línea lo interesante de resaltar es que en su mayoría los trabajos son de mediados
de la década de 1980 en adelante. Sostiene (Arakaki 2011), en coincidencia con el
(INDEC 1984), que hasta mediados de la década de 1970 la pobreza en la Argentina
existía pero como un fenómeno marginal o relativo; “(%) luego de las transformaciones
económicas introducidas a mediados de ese mismo decenio [1970], la problemática
[pobreza e indigencia] comienza a expandirse y profundizarse, obligando a los diversos
organismos oficiales a embarcarse en la construcción sistemática de información oficial
que diera cuenta del alcance, la localización y la magnitud de las diversas situaciones de
pobreza.” (Arakaki 2011, 1). Por lo tanto a partir de mediados de la década de 1970, pero
con más fuerza a partir de la década de 1980, comienzan a surgir una multiplicidad de
trabajos que trataban temas relacionados a la pobreza, no solo a su medición sino
además a sus condicionantes e implicancias más severas, así como también trabajos que
realizaban estudios sobre los cambios estructurales de la población y de la clase
trabajadora a medida que la pobreza tomaba dimensiones significativas. En este sentido
identificamos trabajos como los de (Basualdo 2003, 2006, 2010) o (Schorr 2007) que
trabajan, entre otros temas, los primeros cambios que sufrió la clase trabajadora como

10
Centro de Investigación de la República Argentina. CTA

24
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consecuencia del proceso desindustrializador iniciado por la dictadura y que cimentaron lo


que sería un largo proceso de crecimiento del desempleo y la pobreza. Sostienen estos
autores que a partir de 1976 la perdida de participación de los salarios en el PBI se
manifestó, en un primer momento, por la caída del salario real, y en una segunda
instancia por el incipiente crecimiento del desempleo y el subempleo, lo que significó el
inicio del proceso de fragmentación de la clase trabajadora como consecuencia de la
reestructuración industrial, hecho que rompería con una larga tradición de la clase
trabajadora con el empleo industrial, instalando el desempleo, subempleo y la pobreza
como fenómenos que formarían parte de la realidad de los argentinos por muchos años.
En esta línea encontramos trabajos como el de (Arakaki 2011) que trabaja la cuestión de
la evolución de la pobreza para el Gran Buenos Aires, sus implicancias y mediciones para
el período 1974-2006. Dicho autor concluye que la pobreza, aun con algunas mejoras
temporales, ha mostrado sistemáticamente una clara tendencia alcista desde 1974 en
adelante. En línea con (Arakaki 2011) trabajos como el de (Kessler y Virgilio 2008)
sostienen que el empobrecimiento de una parte significativa de la población Argentina
comenzó efectivamente con una primera fase a partir de la llegada de la dictadura militar
en 1976, consolidándose fuertemente luego con los gobiernos democráticos en la década
de 1980 y 1990. Estos autores sostienen que la inflación de la década de 1980, y en
particular la hiperinflación de 1989 marcaron un punto sin retorno donde la pobreza fue
asociada directamente a los niveles de desempleo. En este sentido estudios como el de
(Beccaria y Maurizio 2005) trabajan los impactos de la desocupación y la precarización
laboral sobre la pobreza, y en particular la relación causal entre ambos. Sostienen estos
autores que estos fenómenos se influyen mutuamente dado que el crecimiento de la
precariedad laboral puede ser explicada por la predisposición de un grupo de personas,
que ante la falta de empleo, están dispuestas a aceptar puestos de trabajos de baja
calidad; y que la existencia de empleos de baja calidad podría aumentar la tasa de
desocupación, dado que una gran parte de este grupo transita regularmente entre
empleos, con intervalos temporales de desempleo, aumentando de esta manera los
riesgos de caer en situaciones de privación. Trabajos como el de (Altimir y Beccaria 1998)
han estudiado las características de los hogares pobres del Gran Buenos Aires a partir de
1974 y hasta por lo menos 1996. Estos autores sostienen que la pobreza ha impactado de
manera desigual en los hogares argentinos, siendo el nivel educativo, la edad del jefe de
familia y la desocupación factores que se volvieron característicos de los hogares pobres.
En este sentido el trabajo de (Beccaria y Gonzalez 2005) estudia los impactos del

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mercado de trabajo en la distribución del ingreso y en la pobreza. Estos autores sostienen


que los efectos registrados en la estructura del empleo han impactado negativamente en
la dinámica distributiva, todos factores que pueden explicar en definitiva el importante
crecimiento de la pobreza desde la dictadura en adelante. Por su parte (Beccaria y
Groisman 2008) trabajan la relación entre la informalidad y la pobreza, y en donde
sostienen que aquellas personas que se encuentran empleados de manera informal
tienen una mayor propensión a obtener bajos ingresos, siendo en definitiva más
propensos a situaciones de inestabilidad y privación.

3.2 - Pobreza. Algunas definiciones.

Actualmente existe consenso en la literatura especializada sobre la condición de


multidimensionalidad del fenómeno de la pobreza, y en definitiva es por esto que existen
gran cantidad de definiciones y conceptualizaciones al respecto y este sentido cómo se
comprenda el fenómeno determinara sus implicancias. Con este propósito sostiene
(Spicker 2009) que al menos pueden diferenciarse tres grandes grupos de definiciones
con respecto a la pobreza; por un lado las interpretaciones que toman a la pobreza como
un concepto material, en este sentido la población es pobre “(N) porque no tiene algo que
necesita, o cuando carece de los recursos para acceder a las cosas que necesita.”
(Spicker 2009, 292). Este grupo de definiciones entiende a la pobreza como la falta de
bienes o servicios, tales como comida, vestimenta o vivienda. En línea como el primer
grupo, un segundo grupo de definiciones entiende a la pobreza en términos económicos,
por lo que la pobreza es asociada a la falta de ingresos. Este enfoque es uno de los más
utilizados a la hora de analizar la pobreza. Una tercera aproximación a las definiciones de
pobreza es el enfoque de las condiciones sociales y que comúnmente está asociado a la
idea de clase social “(%) La idea de “clase social” identifica la posición socioeconómica
con el estatus socioeconómico. Para esta concepción, los roles sociales y ocupacionales
son constitutivos de la noción de clase (Spicker 2009, 297). En línea con lo propuesto por
(Spicker 2009) (Feres y Mancedo 2001) sostienen que en la actualidad las definiciones
más utilizadas centran su atención sobre tres dimensiones; por un lado definiciones que
utilizan el concepto de “necesidad”, las que utilizan el concepto de “estándar de vida” y las
que utilizan el concepto de “insuficiencia de recursos” siendo los indicadores más
utilizados la “satisfacción de ciertas necesidades”, “consumo de bienes” y el “ingreso
disponible” respectivamente (Feres y Mancedo 2001).

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Las Naciones Unidas (ONU) por su lado definen a la pobreza como una condición que se
caracteriza por una privación básica a las necesidades humanas como alimentos,
vivienda, agua potable, condiciones de salubridad y educación entre otras, y sostiene que
“(%) La pobreza depende no sólo de ingresos monetarios sino también del acceso a
servicios” (ONU 1995, 57). En este sentido las elaboraciones teóricas de Amartya Sen
sobre la pobreza representaron un punto de partida para nuevas definiciones y nuevas
perspectivas de análisis al situar a la pobreza, ya no como una insuficiencia de ingresos
sino como una insuficiencia de capacidades de los individuos; “Desde esta perspectiva, la
pobreza debe concebirse como la privación de capacidades básicas y no meramente
como la falta de ingresos (%)” (Sen 2000, 114), Pero esta perspectiva no supone la
pérdida de importancia del ingreso dado que la falta de este puede ser una de las razones
principales de la pobreza (Sen 2000); “De hecho, la falta de renta predispone claramente
a llevar una vida pobre.” (Sen 2000, 114).

3.3 - Distribución del ingreso y pobreza.

Hacia 1970 la pobreza era solo un fenómeno marginal o moderado, ya que afectaba entre
el 3% y el 4% de los hogares urbanos (Altimir 1996). Durante la segunda mitad de la
década de 1970 se evidencia un deterioro de la situación laboral y un empeoramiento de
la situación distributiva, siendo el crecimiento de la pobreza uno de los resultados más
visibles. En esta línea sostienen (Beccaria y Gonzalez 2005) que la Argentina sufrió desde
mediados de 1970 un continuo deterioro de la distribución de los ingresos y un incremento
de la pobreza; “Mientras que en 1974 el 20% más rico de los hogares tenía un ingreso
que era 4.3 veces el del 20% más pobre, en 2003 esa cifra había llegado a 8.9 veces. La
población bajo la línea de la pobreza, por su parte, pasó del 4.4% en 1974 a 51.7 en
2003” (Beccaria y Gonzalez 2005, 30).
Si consideramos el período 1974-2003 como uno, podemos ver rápidamente en el gráfico
N° 12 como empeoró la situación distributiva aumentando los niveles de desigualdad,
tanto sobre el ingreso per cápita familiar como sobre la distribución de los ingresos
laborales; en esta línea sostienen (Arceo, González y Mendizábal 2011, 13) “(%) la
estructura distributiva empeoro sistemáticamente a lo largo de la valorización financiera
(1976-2001), exacerbándose el grado de desigualdad en los período de crisis y
reduciéndose solo parcialmente en las fases de recuperación (%), de esta forma, cada

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una de las crisis que acompañaron a la economía argentina en aquellos años


determinaron un nuevo umbral distributivo claramente más regresivo que el anterior (%)”.
Se desprende del gráfico N° 12 que para 1974, años previos a la dictadura, la distribución
del ingreso per cápita familiar y la distribución de los ingresos laborales se encontraban en
niveles relativamente bajos.

Gráfico N° 12

Coeficiente de Gini del ingreso familiar per capita y de los ingresos laborales 1974-2003

Coeficiente de Gini del ingreso per capita familiar Coeficiente de Gini de los ingresos laborales.

0,53 0,52 0,53 0,53


0,49 0,50 0,50 0,51 0,49 0,51
0,47 0,48 0,49
0,46 0,45 0,46 0,46 0,48
0,44 0,42 0,42 0,43
0,40 0,44 0,41 0,40 0,41
0,41 0,38 0,37 0,38 0,38 0,38
0,36 0,37 0,39 0,36 0,36 0,37
0,36 0,35
0,31

1974 1980 1982 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003

Fuente: Elaboración propia en base a datos de (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011)

La contracción de los salarios reales de mediados de 1970 (ver gráfico N°2) generó el
primer desajuste en estos indicadores y como consecuencia de ello comenzó a generarse
un importante incremento de la desigualdad, que se traduce rápidamente en una
importante heterogeneidad en las remuneraciones laborales y por consiguiente, dado la
importancia que tienen estás en los ingresos familiares, también en la distribución familiar
per cápita (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011). Este comportamiento no solo no se
modificó a lo largo de la década del 1980, sino que se profundizo y consolido,
especialmente hacia el final de dicha década influenciado por la hiperinflación y la caída
de los salarios reales. En esta línea (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011) sostienen que
el desmejoramiento en la distribución del ingreso familiar se debe no solo a la ampliación
de la inequidad en los ingresos laborales, sino que la misma se agravó por el incremento
de la desocupación, la subocupación y el crecimiento de los empleos informales.
La recuperación económica de principios de la década de 1990 junto a la estabilización de
precios que acompaño a la Ley de Convertibilidad permitieron que mejorara los niveles de
desigualdad, pero aun ostentando niveles superiores a los de la década de 1970 y 1980.
Ésta tendencia a la baja fue sustituida rápidamente en 1994 por una tendencia alcista que

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duraría hasta por lo menos el año 2003, y en donde el crecimiento del desempleo jugaría
un rol decisivo, en particular en los hogares de menores ingresos donde la tasa de
desempleo y subempleo y el crecimiento del empleo no registrado resultaron más
elevados (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011). Durante esta década la desocupación
creció a niveles inéditos en el país, fruto del desmantelamiento productivo que trajo la
apertura comercial y financiera del régimen de convertibilidad, “esto [el desmantelamiento
de la estructura productiva] generó una deficiente generación de empleo y niveles
persistentes de desocupación (%). Dada esta situación de elevado y creciente desempleo
los trabajadores de menos calificaciones se vieron sometidos a una mayor competencia
por sus puestos de trabajo, proceso que derivó en una sensible contracción de sus
remuneraciones.” (Arceo, González y Mendizábal 2011, 15); y que en definitiva termino
por potenciar y consolidar el proceso de heterogeneidad de las remuneraciones que se
venía gestando desde las décadas pasadas.
El colapso del régimen de convertibilidad en 2001, la devaluación de principios de 2002,
junto a la caída de la actividad hicieron que la situación distributiva se agravara
fuertemente, hecho que impactó negativamente sobre los ingresos reales de la población
con empleo. El coeficiente de Gini, tanto para los ingresos laborales como para los
ingresos familiares per cápita llegó a sus máximos históricos para los años 2002/2003. En
esta línea (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011) sostienen que durante todo este período
no solo se ampliaron las brechas entre los que más y menos ganaban en sus
ocupaciones, sino que este efecto en sí, junto con el crecimiento del desempleo, el
subempleo y el crecimiento del trabajo informal afectaron relativamente con más
intensidad a los hogares pobres, hecho que generó una consolidación y un incremento en
la desigualdad, y que se tradujo en definitiva en la consolidación y aumento sistemático de
la pobreza a lo largo de todo el período 1976-2003.

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3.4 - Tendencias del mercado de trabajo.

El crecimiento de la desigualdad estuvo acompañado por un empeoramiento del mercado


laboral, representado en general por el aumento del desempleo y subempleo, y un fuerte
incremento de empleos no registrados (Beccaria y Gonzalez 2005). Si bien podemos
encontrar opiniones variadas sobre el origen de la pobreza, una gran cantidad de estudios
especializados sostienen que uno de los principales factores se encuentra en condición
laboral de los miembros de un hogar, ya sea que estos se encuentren desocupados,
subocupados o bien que estén empleados informalmente y que por lo tanto no logren un
nivel de ingresos que les permita adquirir un paquete de bienes y servicios. La
desocupación vendría a ser, en términos de la situación del mercado de trabajo, uno de
los indicadores más directos y también el más utilizado para analizar su estado y su
evolución, aun cuando algunos estudios indiquen la insuficiencia que tiene este indicador
en dar una panorama completo acerca del mercados de trabajo.
En el gráfico N°13 se puede apreciar, más allá de las fluctuaciones, que el desempleo
tendió a crecer en todo el período 1974-2003. Se puede observar también que la caída
del empleo no fue tan acelerada en los primeros años de la dictadura, sino que el
deterioro se manifestó en la calidad del trabajo, en el aumento de la informalidad, y en la
aparición del fenómeno de la tercerización laboral. Agrega a esta idea (Basualdo 2010)
que la evolución del índice de desempleo en los primeros años de la dictadura puede no
haber expresado lo que estaba realmente sucediendo, ya que no se computaban aquellos
trabajadores que habían abandonado la búsqueda laboral ya sea por los bajos niveles
salariales o bien por el alto costo que implicaba la búsqueda laboral en sí.
Si bien a partir de 1980 el desempleo y el subempleo comenzaron a crecer de forma
rápida y sostenida, tocando su primer pico en la crisis de la hiperinflación de 1989 con el
7%% de la PEA11, es durante la década de 1990 que este indicador toma valores inéditos.
El crecimiento fue sostenido durante toda la década, sin embargo a partir de 1993 se
observa que la dinámica de crecimiento del desempleo toma mayor velocidad, llegando a
1996 con un pico del 17,3% de la PEA. La tasa máxima se alcanza en medio de la crisis
del 2001 con un 19% de desocupación. Para 2003, con ya algunas señales de
reactivación, el desempleo muestra sus primeras señales de descenso llegando al 16,4%.

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Población económicamente activa.

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Gráfico N°13

Desocupacion Gran Buenos AIres 1974-2003

Desocupacion
19,0% 18,8%
17,3%
16,6% 16,4%
14,7%
13,7% 13,8%
12,2% 12,4%

9,3%
7,0% 7,0%
6,0% 5,7% 6,0%
4,8% 4,9% 4,5% 5,2% 5,3%
3,4% 3,9% 3,7% 3,1% 3,6%
2,8% 2,8%
2,0% 2,3%
1974
1975
1976
1977
1978
1979
1980
1981
1982
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1989
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
Fuente: Elaboración propia en base a (Basualdo 2010) e INDEC EPH puntual, ondas Octubre para 2000/2001/2002 y
2003 (en esta última se utilizó la onda de Mayo)

Por otro lado sostiene (Schorr 2007; Basualdo 2010) que a partir de la dictadura militar se
ve rápidamente una creciente heterogeneidad en la clase trabajadora, tendencia que se
encuentra estrechamente ligada al inicio del proceso de desindustrialización. Si bien la
caída del empleo fue general, el empleo asalariado en el sector industrial cayó al mismo
tiempo que se evidencia un crecimiento sostenido en el empleo del sector servicios. Si
bien no ampliaremos sobre este tema en el trabajo, este fenómeno da cuenta de los
cambios que generó el proceso de desindustrialización sobre el empleo. La gran caída del
empleo industrial da cuenta del inicio de un proceso que implicó la perdida de centralidad
del sector industrial en la economía; “(%) la industria dejo de ser el núcleo ordenador y
dinamizador de las relaciones económicas y sociales en la Argentina así como el sector
de mayor tasa de retorno” (Schorr 2007, 8). En esta línea (Schorr 2007, 7) sostiene que
“(%) el sector manufacturero local se contrajo significativamente, de modo tal que en los
años posteriores al golpe de Estado de marzo de 1976 se produjo el cierre de más de 20
mil establecimientos fabriles, el producto bruto del sector cayó cerca de un 20% entre
1976 y 1983, la ocupación disminuyo en forma pronunciada (%)”.

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Gráfico N°14

Desempleo, asalariados en sector Industria y asalariados en el sector de Servicios


1974-1996 Gran Buenos Aires (Indice 1980=100)

Asalariados en Industria Asalariados en sector Servicios Desocupacion

180 153,5 0,2


144,9 0,18
160 135,6
140 119,3 0,16
129
17,3% 0,14
120 100
0,12
100 12,2%
92 0,1
80 100 95,6 91 0,08
60 78,8
72,3 0,06
40 0,04
6,0%
20 2,8% 4,5% 0,02
2,3%
0 0
1974 1980 1986 1991 1994 1996

Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Altimir y Beccaria 1998)

Por otro lado la promoción de regímenes industriales (en su mayoría creados en años
anteriores a la dictadura y que subsidiaban principalmente al capital oligopólico) hizo
que muchas empresas, que hasta ese entonces estaban radicadas en zonas
tradicionalmente industriales (Gran Buenos Aires/ Córdoba y Rosario), mudaran sus
operaciones a las zonas promocionales generando una consolidación del proceso de
desocupación y marginalidad en los lugares de origen, dado que el traslado de las
plantas no implico el traslado de los operarios que en ellas se encontraban ocupados
(Basualdo 2006). En esta líneas sostienen (Altimir y Beccaria 1998) que el desempleo
se extendió durante todo este período hacia diferentes ciudades, afectando tanto a
ciudades con amplio desarrollo industrial así como ciudades de áreas menos
desarrolladas convirtiendo al fenómeno en un problema a nivel nacional.
Cabe mencionar en este sentido que lo que sucedía en el mercado de trabajo afectaba de
manera desigual a algunos estratos de la población. Salvo algunos períodos puntuales
donde el desempleo afectó a todos los estratos sociales por igual, se observa que el nivel
de educación con el que contaban los jefes de hogar fue un factor determinante que
fomento que algunos estratos sufrieran el desempleo más que otros (Altimir y Beccaria
1998).
En base a la descomposición por nivel educativo propuesta por (Beccaria y Gonzalez
2005) y descripta en los aspectos metodologicos se puede apreciar en el cuadro N°1
como el empleo, el desempleo y los niveles de actividad impactaron diferente en cada uno
de los estratos. La tasa de actividad (porcentaje de los ocupados y desocupados sobre el
total de la población) aumento en promedio para toda la serie, pero su intensidad fue

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distinta en relación directa con el nivel de la educación del jefe del hogar. Sostienen
(Beccaria y Gonzalez 2005) que esto puede explicarse por la expansión de la
participación femenina que resulto más intensa en los niveles de educación altos. Por el
lado de la tasa de empleo, el promedio general no muestra grandes cambios a lo largo del
período, pero si observamos al interior de los estratos vemos como afectó de manera
considerablemente desigual en los diferentes estratos. Si observamos los subperiodos
vemos que disminuyo entre los Jefes de menor educación, subió moderadamente entre
los de educación media y subió fuertemente en aquellos con jefes con un nivel de
educación alto. Según sostienen (Beccaria y Gonzalez 2005) el escaso dinamismo de la
tasa de empleo estuvo ligado a las altas tasas de desocupación. Si observamos al interior
de los estratos vemos que entre 1974 y 1980 no hay grandes cambios en la composición,
pero a partir de la década de 1990, si bien afecto de manera generaliza a todos los
estratos, lo hizo de manera más significativa a los estratos con jefes con menor nivel de
educación afectando en definitiva la tasa de empleo. Por otro lado si observamos la
cantidad promedio de horas trabajadas por cada estrato vemos que las mismas
disminuyen fuertemente a lo largo del período, pero con mayor intensidad en el estrato
con jefes con educación baja reflejando el crecimiento de los empleados subocupados
(Beccaria y Gonzalez 2005).
En general podemos ver que a lo largo del período aumentó fuertemente el nivel de
actividad y que no tuvo como contrapartida un aumento del empleo, sino una mayor
desocupación, generando como sostienen (Beccaria y Gonzalez 2005) un efecto
fuertemente desigualador entre los estratos mencionados anteriormente. Si bien el efecto
desigualador de la desocupación por estrato no es tan marcado hasta por lo menos 1991,
a partir de esta década comienza a afectar de maneras muy distintas a los diferentes
estratos.

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Cuadro N°1. Tasa de actividad, empleo, desocupación y horas trabajadas por nivel educativo del Jefe del
Hogar.
Tasa de Horas trabajadas
Tasa de actividad Tasa de empleo
desocupación semanales
Baja 58,9% 58% 2,2% 47,3
Media 61% 60% 2,6% 45,5
1974 Alta 58% 56% 1,8% 43,3
Total 59% 58% 2,2% 46,8
Baja 60,1% 59% 2,1% 47,2
Media 59% 58% 1,9% 44,4
1980 Alta 66% 65% 1,8% 41,2
Total 60% 59% 2,0% 46,4
Baja 64% 60% 5,6% 45
Media 67% 65% 3,4% 44,6
1991 Alta 73% 71% 2,2% 43
Total 65% 62% 4,8% 44,7
Baja 67% 52% 22,6% 41,7
Media 72% 60% 16,5% 44
2001 Alta 78% 71% 9,6% 43,4
Total 70% 57% 19,0% 42,6
Baja 68% 50% 19,9% 40,4
Media 72% 61% 14,1% 42,7
2003 Alta 81% 73% 9,2% 40,7
Total 71% 56% 19,0% 41,1
Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (Beccaria y Gonzalez 2005)

Por otro lado cuando revisamos el núcleo de desocupados vemos rápidamente que los
jóvenes fueron a lo largo del período el grupo más perjudicado por la falta de empleo. Se
puede apreciar en el cuadro N° 2 que los jóvenes entre 18 y 25 años conforman el núcleo
con más dificultades de empleo durante todo el período, si bien la tendencia es
decreciente, para el año 2003 del total de los desocupados todavía el 38,3% era menor a
los 25 años. También se puede verificar un incremento en el porcentaje de desocupados
mayores a los 50 años, ya que para 1974 del bloque de desocupados tan solo el 10,7%
de los mismos tenían 50 años o más, y para el 2003 este valor se había aumentado
fuertemente, pasando en 2001 a un valor del 17,2%, (habiendo pasado por un pico en
2001 de 20,2%).

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Cuadro N° 2. Núcleo de desocupados por rango de edad 1974-2003.

Rango de edades dentro del


1974 1980 1991 2001 2003
núcleo de desocupados

De 18 a 25 años 47,6% 42,4% 34,0% 32,3% 38,8%


De 26 a 35 años 13,6% 20,0% 23,6% 23,1% 23,2%
De 36 a 50 años 28,2% 25,9% 28,8% 24,4% 20,8%
Más de 50 años 10,7% 11,8% 13,6% 20,2% 17,2%
Total 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0%
Fuente: Elaboración propia en base a la EPH. Series para GBA, ondas octubre (salvo donde se utilizó 2003 el
cuarto trimestre)

Por otro lado si observamos el cuadro N°3 se verifica que la duración media del
desempleo creció a lo largo de los años de la serie. Para 1974 tan solo 6,3% de los
desocupados acusaba que estaba en la búsqueda laboral por más de un año, ese mismo
indicador era del 38,8% para 2003. En referencia a este fenómeno sostienen (Beccaria y
Gonzalez 2005) que el incremento medio en la duración del desempleo así como el
incremento de desocupados de 50 años o más (ver cuadro N° 2) podría verificar la
consolidación de un núcleo duro de trabajadores desocupados.

Cuadro N°3. Promedio de tiempo de búsqueda laboral. Base desempleados Gran Buenos Aires 1974-2003
Promedio tiempo de
búsqueda de empleo. 1974 1980 1991 2001 2003
Núcleo de desocupados.
Hasta 2 meses 53,9% 70,0% 56,2% 39,0% 36,0%
De 3 a 6 meses 21,1% 21,1% 28,5% 28,2% 11,0%
De 7 a 12 meses 18,8% 7,8% 13,2% 21,3% 14,2%
Más de 1 año 6,3% 1,1% 2,1% 11,5% 38,8%
Total 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0%
Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta Permanente de Hogares. Series Gran Buenos Aires, ondas
octubre (salvo 2003 donde se utilizó el cuarto trimestre)

Con respecto a los salarios reales de los asalariados se puede observar que se
depreciaron fuertemente a partir de 1976. Como se puede observar, utilizando a 1980
como año base, en los 20 años posteriores al golpe militar de 1976 el salario real de los
asalariados industriales había perdido más de 30 puntos porcentuales, mientras que los
asalariados en actividades de servicios habían perdido casi 25 puntos porcentuales.

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Cuadro N°4 Evolución Ingresos medios reales en sectores seleccionados. (1974-1996)

Ingresos medios reales GBA


1974 1980 1986 1991 1994 1996
(Indice base 1980=100)
Asalariados en Industria 117,00 100,00 88,10 64,70 73,70 68,60
Asalariados en Servicios 117,20 100,00 85,10 69,10 80,30 74,40
Ocupados en construcción 114,40 100,00 73,90 59,90 72,50 58,60
Ocupados en servicio doméstico 107,40 100,00 99,70 83,10 84,80 71,90
Inactivos Jubilados 119,90 100,00 73,50 57,90 68,40 74,30
Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Altimir y Beccaria 1998)

Otra de las alteraciones en el mercado de trabajo tiene que ver con el aumento de los
puestos precarios y de la informalidad. En esta línea sostienen (Beccaria y Groisman
2008) que el aumento de la informalidad podría ser una de las fuentes del crecimiento de
la pobreza; (%) quienes trabajan en puestos o empresas informales suelen tener una
propensión, mayor que otros ocupados, a obtener ingresos bajos, lo cual llevaría que sea
más elevada la probabilidad que los hogares a los cuales ellos pertenecen acumulen un
ingreso inferior a la línea de la pobreza” (Beccaria y Groisman 2008, 1).
Si observamos el gráfico N°15 vemos que la proporción de asalariados no registrados
prácticamente se duplico entre 1974 y 2003. Si bien hay dos mejoras interanuales (1980 y
1995) la tendencia fue a la alza durante todo el período.

Gráfico N°15

Asalariados no registrados. Gran Buenos Aires 1974-2003. Proporción sobre asalariados.

Asalariados no registrados

44,4%

38,3% 39,1%
36,6%
34,3% 33,9%
32,9%
28,5%
27,0%
24,9%
21,8%
19,7%

1974 1980 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (Calvi y Benza 2006)

Según sostienen (Altimir y Beccaria 1998) este fenómeno puede responder a la expansión
de la ocupación en pequeñas firmas, ya que este grupo de firmas son las que exhiben la

36
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Licenciatura en Economía del Desarrollo

mayor incidencia del empleo informal; asimismo a lo largo del período algunas firmas
medianas y grandes también fueron adoptando esta modalidad de empleo.

Gráfico N° 16

Empleo no registrado según nivel educativo del jefe del hogar. Gran Buenos Aires 1974-
2003
56,6%

49,3%
44,4%
39,2% 39,1%
32,9% 32,9%
27,7% 27,0%
23,7%
21,8% 20,8% 20,8%
19,7% 19,9%
15,3% 14,4% 15,8%
13,8%
11,6%

Baja Media Alta Total Baja Media Alta Total Baja Media Alta Total Baja Media Alta Total Baja Media Alta Total
1974 1980 1991 2001 2003

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (Beccaria y Gonzalez 2005)

Al igual que los índices de desempleo, el empleo no registrado afectó durante todo el
período de manera muy desigual según el nivel educativo del jefe del hogar. Si se observa
el Gráfico N°16 vemos que el comportamiento fue muy desigual entre los diferentes
estratos, siendo los de más bajo nivel educativo los sectores más afectados por la
informalidad.
Otro de los fenómenos que afectaron al mercado de trabajo a partir de mediados de la
década de 1970 fue la tercerización laboral. Si bien es un fenómeno que aparece a nivel
global a mediados de la década de 1970, en la Argentina se expande fuertemente en la
década de 1990 en medio de un contexto de fuertes reformas laborales, una
reformulación del papal del estado y el crecimiento exponencial de la desocupación
(Basualdo 2015). Este mecanismo implicaba que las empresas adoptaran formas de
organización basadas en la segmentación de la producción entre diferentes empresas
supuestamente independientes. En nuestro país, las políticas de tercerización generaron
una profunda flexibilización y precarización de las condiciones de trabajo,
transformaciones estructurales en los niveles salariales y en la forma de organización de
los trabajadores, dado que comienza a existir una división entre empleados “de planta” y
“empleados tercerizados”, siendo características de estos últimos las peores condiciones
laborales (condiciones de seguridad), menores salarios y una marcada inestabilidad
laboral (Basualdo 2015).

37
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Este fenómeno implicó un cambio sustancial en la relación entre empleadores de una


empresa “principal” claramente identificada, y un colectivo sindical también claramente
identificado por rama de actividad logrando diluir la figura del empleador al tiempo que
logró fragmentar y dividir a la clase trabajadora (Basualdo 2016).
En efecto, los cambios que se observan en el mercado de trabajo a partir de la dictadura
militar (aumento de la desocupación, la caída de los salarios reales, el aumento de la
informalidad y la tercerización laboral, entre otros), y que se consolidan durante la década
de 1980, y con mayor velocidad y severidad en la década de 1990, generaron una
situación inédita para la Argentina, en la que tener empleo dejo de ser una condición
suficiente para evitar situaciones de pobreza y privación. Se produce un nuevo fenómeno
que es la existencia de los ocupados pobres, aquellos que aun teniendo empleo no
lograban niveles de ingresos que les permitiera evitar situaciones de pobreza y privación.

3.5 - Estructura de los hogares pobres (GBA).

Como mencionamos anteriormente, antes de 1976 la pobreza era un fenómeno marginal,


a partir de la dictadura comienza a afectar a una parte muy importante de la población.
Como se puede observar en el gráfico N°17 la evolución de la pobreza para el período
1974-2003 ha sido en general irregular, pero con una clara tendencia alcista desde
mediados de la década de 1970. Para 1974 tan solo el 4,4% de las personas era pobre y
el 1,7% indigente, estos mismos valores se incrementaron de manera exponencial en
poco más de 25 años, observando que para el año 2002 el 54,3% de la población se
encontraba bajo la línea de la pobreza y el 24,7% bajo la línea de la indigencia.

Gráfico N° 17

Evolución de la incidencia de la Pobreza e Indigencia como porcentaje de personas. Gran


Buenos Aires 1974-2003

Indigencia Pobreza

54,3%
51,7%
47,3%

33,7% 35,4%
32,3%
27,9% 28,9%
24,8% 26,0% 25,9% 26,7% 25,2%
24,7%
21,5%
17,8% 19,0%
16,5% 16,8%
13,0% 12,2%
10,7%
8,3% 6,6% 7,5% 6,9% 6,7% 7,7%
6,3% 6,4%
4,4% 3,6% 3,0% 3,2% 4,4% 3,5%
1,7% 1,8%

1974 1980 1986 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003
(Mayo)

Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Beccaria y Gonzalez 2005) e (INDEC 2003)

38
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Según sostienen (Altimir y Beccaria 1998) como consecuencia del deterioro del mercado
de trabajo y del aumento de la desigualdad los hogares pobres comenzaron a compartir
algunas características particulares. En este sentido estos autores sostienen que los
hogares pobres del GBA han ido adquiriendo desde 1976 en adelante algunas
características en común, entre ellas, su relativo gran tamaño comparado con los hogares
no pobres, sus altas tasa de dependencia de ingresos (que se deriva de la cantidad de
miembros del hogar y la tasa de ocupación y desocupación), la presencia de individuos de
mayor edad y con bajos niveles educativos así como también sostienen que el desempleo
es otra de las características dominantes en la estructura de la pobreza. Por lo tanto el
nivel educativo del jefe del hogar, la edad del mismo y la condición de desocupado son
para estos autores las tres características principales que han ido adquiriendo los hogares
pobres a partir mediados de la década de 1970 en adelante; “En particular, los hogares
con jefes y otros componentes de baja calificación parecen conformar el núcleo principal,
en tanto que la importancia de los desocupados ha ido variando en función de lo
acontecido en el mercado de trabajo” (Altimir y Beccaria 1998, 122).
En base a una línea de pobreza absoluta y una segunda línea de pobreza relativa12
podemos ver en el cuadro N°4 como han ido variando la composición de los hogares
pobres desde mediados de la década de 1970 y en definitiva como ha ido impactando la
pobreza de manera desigual entre ellos.

Cuadro N°5. Distribución de los hogares según sus características. Gran Buenos Aires 1974-1996.
1974 1986 1996
TOTAL DE HOGARES POBRES
(%). Gran Buenos Aires Pobres Pobres No Pobres Pobres No Pobres Pobres No
Absolutos Relativos Pobres Absolutos Relativos Pobres Absolutos Relativos Pobres
Hasta 30 años 11,7% 12,2% 14,4% 18,3% 10,9% 11,4% 12,2% 12,4% 11,3%
De 31 a 45
23,8% 43,4% 29,1% 43,5% 32,8% 29,5% 40,7% 34,7% 28,3%
años
Edad del
De 46 a 65
Jefe del 33,5% 32,9% 39,4% 28,7% 26,5% 38,1% 36,3% 32,1% 35,6%
años
hogar
De 66 años y
31,0% 11,5% 17,1% 9,5% 29,7% 21,0% 10,7% 20,9% 24,8%
mas
Total 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100%
De 1 o 2
personas 47,8% 15,5% 37,1% 14,4% 37,5% 41,0% 21,2% 20,2% 43,7%
De 3 o 4
33,6% 42,1% 44,3% 35,2% 35,2% 41,5% 30,8% 27,1% 39,7%
personas
Tamaño De 5 o 6
9,7% 28,6% 15,3% 31,2% 31,2% 15,0% 25,1% 33,2% 14,0%
del hogar personas
Más de 6
9,0% 13,7% 3,2% 19,1% 19,1% 2,6% 22,9% 9,6% 2,6%
personas
Total 100% 100% 100% 100% 123% 100% 100% 90% 100%

12
Para mayor detalle sobre la identificación de líneas de pobreza absoluta y relativa ver (Altimir y
Beccaria, Efectos de los cambios macroeconómicos y de las fuerzas sobre la pobreza urbana en
Argentina 1998).

39
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Hasta primario
incompleto 52,4% 50,6% 30,6% 40,7% 36,5% 20,2% 28,3% 22,4% 12,3%
Primario
33,3% 34,4% 34,8% 36,9% 41,8% 33,2% 46,0% 50,1% 30,7%
completo
Nivel Secundario
7,6% 10,4% 14,3% 13,1% 15,3% 17,1% 17,1% 20,8% 16,3%
educativo incompleto
del jefe Secundario
del hogar 3,5% 3,0% 10,6% 6,1% 4,9% 14,2% 4,7% 5,3% 18,6%
completo
Superior o
3,3% 1,6% 9,7% 3,2% 1,5% 15,3% 3,9% 1,5% 22,2%
universitario
Total 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100%

Desocupado 4,3% 1,9% 0,7% 14,2% 4,0% 1,3% 29,8% 13,7% 4,5%
Asalariado 17,1% 49,1% 50,9% 42,2% 40,0% 45,1% 32,2% 43,3% 45,0%

No Asalariado 11,1% 16,6% 20,6% 15,1% 13,8% 21,9% 14,5% 11,0% 18,1%
Actividad Servicio
del Jefe 4,3% 5,6% 2,0% 3,3% 3,3% 2,8% 4,2% 4,0% 1,9%
domestico
del
Perceptores de
hogar. 8,6% 18,2% 23,6% 11,9% 36,8% 27,5% 12,0% 26,6% 28,5%
ing. inactivos
Otros Inactivos 54,8% 8,7% 2,1% 13,3% 2,2% 1,5% 7,3% 1,4% 2,0%

Total 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100%
Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Altimir y Beccaria 1998)

En este sentido si observamos el cuadro N°4 podemos comprobar lo que sostienen


(Altimir y Beccaria 1998) sobre las características principales de los hogares pobres. Por
el lado de la edad podemos comprobar que, si bien se observa una tendencia decreciente
desde mediados de la década de 1970, para 1996 más del 50% de los hogares pobres
(absolutos y relativos) tenía un jefe de hogar de más de 45 años. En este rubro los
indicadores han cambiado mucho desde mediados de 1970, sin embargo persisten en los
grupos de hogares pobres una mayor presencia de individuos de mayor edad entre los
jefes de hogar.
Por otro lado vemos que los hogares pobres han tendido a ser más grandes. Para 1974
los indicadores del tamaño del hogar para los hogares pobres y los no pobres tenían
valores similares, sin embargo la composición de los hogares pobres ha cambiado mucho.
Para 1974 tan solo el 18.7% de los hogares pobres absolutos tenía 5, 6 o más miembros;
para final de la década este valor era del 48% (hogares pobres absolutos y relativos).
Cuando revisamos la composición de los hogares pobres en base al nivel educativo del
jefe del hogar comprobamos que los hogares pobres tienen en su mayoría jefes con bajo
nivel educativo. Lo que se comprueba no solo a nivel general sino comparándolo con los
hogares no pobres toma aún más relevancia.
El desempleo es otro de los rasgos característicos que han adoptado los hogares pobres.
Como se puede ver en el cuadro N°4 para 1974 tan solo el 4.3% de los hogares pobres
absolutos y 1.9% de los hogares pobres relativos tenían a su jefe desempleado; para

40
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1996 este valor era del 29.8% y del 13.6% respectivamente, lo que en términos
porcentuales implica un crecimiento de aproximadamente el 600% en poco más de 22
años.
A partir de 1997 se suceden una serie de crisis a nivel internacional que impactan
fuertemente en la economía Argentina. En 1998 la caída de los precios internacionales
genero grandes dificultades en la balanza comercial iniciando un largo período recesivo.
En esta línea sostienen (Beccaria y Maurizio 2008, 77), que desde mediados de 1998 “la
economía transitó una fase recesiva que generó un impulso adicional sobre la tendencia
creciente del desempleo, al tiempo que agravaron dramáticamente las condiciones de
marginalidad. A fines de 2001, la tasa de desempleo abierto era del 19% en GBA y del
18,3% en el total de aglomerado urbanos”. En este contexto la devaluación de 2002
produjo una fuerte caída en los salarios reales afectando las condiciones de vida de la
población (Arakaki 2011). Para 2003 el salario real, como sostienen (Graña y Kennedy
2009, 11) “(%) era apenas más de la mitad del de 1970”.
Hasta por lo menos los primeros meses de 2003 se incrementan todos los indicadores de
pobreza e indigencia, aumentó la desigualdad, el desempleo y el subempleo, y cayeron
los ingresos reales (Arakaki 2011).

3.6 - La recuperación económica de la posconvertibilidad.

Como señalamos en el apartado 2.4 el año 2002 fue bisagra para la economía Argentina.
La gran devaluación que sucedió como consecuencia de la salida del régimen de
convertibilidad hizo encarecer las importaciones y mejorar la competitividad de las
exportaciones a la vez que redujo fuertemente los salarios reales (en el orden del 30%). A
su vez aumentó fuertemente el crédito para actividades productivas (las tasas se
encontraban en niveles relativamente bajos) lo que en conjunto posibilito que la Argentina
ingresara en un sendero de crecimiento que se extendería por más de una década y que
se apoyaría en la expansión de sectores productores de bienes (Arceo, y otros 2008); En
esta línea (Santarcángelo 2013, 184) sostiene que “(%) el país ingresa en un sendero de
crecimiento que no tiene paralelo y que representa el período de mayor crecimiento de la
historia económica del país con tasas anuales promedio del 7%.”. En esta línea este autor
también sostiene que los sectores que dinamizaron el crecimiento fueron la industria
manufacturera y productora de bienes relegando fuertemente a los productores de

41
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servicios, los cuales habían sido muy dinámicos durante toda la década de 1990
(Santarcángelo 2013).
Como se puede ver en el gráfico N° 18 la comparación de las tasas de crecimiento
sectorial entre los períodos 1991-2002 y 2002-2008 es realmente muy significativa, no
solo el aumento de las tasas en sí sino el cambio en la composición sectorial. A diferencia
del período 1991-2002 donde el sector más dinámico fue el de servicios, para el período
2002-2008 la industria manufacturera tomo claramente la delantera.

Gráfico N°18. Tasa de crecimiento sectorial 1991-2002 y 2002-2008.

Tasa de crecimiento del producto por sectores selecionados.

1991-2002 2002-2008

9,6% 9,3%

7,3%

3,0%
2,1%
1,1%

Industria manufacturera Produccion de bienes Produccion de servicios

Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Santarcángelo 2011)

Esta nueva dinámica de crecimiento, basado en las industrias manufactureras y


productora de bienes, impactó fuertemente en la creación de empleo (Santarcángelo
2011). En este sentido el aumento en la ocupación generó rápidamente que se
recuperaran las tasas de empleo, llegando a superar aún a los valores de empleo
registrados a mediados de la década de 1970 (CIFRA 2011), e implicando una fuerte
reducción en las tasas de desempleo y subempleo. Se puede ver en el gráfico N° 19
como la desocupación (medido para el Gran Buenos Aires) pasó de un máximo de 22%
en 2002 al 7,7% en los primeros meses de 2011.

42
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Gráfico N°19

Desocupacion Gran Buenos Aires 2003-2011

Desocupacion

22,0%

15,6%
13,0%
11,0%
9,8%
9,1%
7,7% 7,7% 8,0% 7,7%

2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011

Fuente: Elaboración propia en base a información extraída del INDEC. Empalme serie EPH puntual ondas de
octubre 88-2002 con serie EPH continúa 2003-2011 (para el 2011 se utilizó el primer trimestre).

Por otro lado como se puede observar en el gráfico N°20 el aumento de las tasas de
empleo generó un descenso en la desocupación de todos los grupos etarios; en este
sentido, y si bien las tasas descendieron fuertemente, los jóvenes (de 18 a 34 años)
continuaron siendo el grupo etario que más complicaciones enfrentaba a la hora de
conseguir empleo. No ocurre lo mismo con la tasa de empleo de este grupo, ya que para
2003 era bastante menor comparativamente a los demás grupos, para 2010 tenía el
mismo valor que el grupo de 35 a 49 años, grupo que para 2003 observaba la tasa de
empleo más alta de la muestra.

Gráfico N°20.

Desocupación, empleo y nivel de actividad por grupos etarios. Total de aglomerados


urbanos 2003-2010

Desocupación Empleo Actividad

81,6% 81,5%
72,9% 74,6%
67,9% 69,0% 68,2%
65,4%
58,6% 60,7% 61,3% 61,3%

19,6%
16,6%
14,7% 14,5%
10,7% 11,1% 11,1% 13,7%
8,6% 5,6%
4,2% 4,1%

De 18 a 34 años De 35 a 49 años De 50 a 64 años De 65 o más De 18 a 34 años De 35 a 49 años De 50 a 64 años De 65 o más


2003 2010

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (CIFRA 2011) e INDEC

43
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Ahora bien, si analizamos el descenso del desempleo a nivel general y medido sobre la
base educativa,13 se observa que el aumento del empleo y descenso del desempleo fue
generalizado para todos los estratos educativos. En este sentido, si bien el descenso fue
generalizado, el grupo con mejores calificaciones educativas fue el que menor tasa de
desocupación observa, y al mismo tiempo el que tiene mayor tasa de empleo representa.
Se observa el comportamiento inverso en las tasas de hogares con jefes de bajo nivel
educativo.

Gráfico N°21.

Tasa de desocupación, empleo y actividad


por nivel educativo del jefe del Hogar. Total de aglomerados urbanos 2003-2010.

Desocupación Empleo Actividad

73,9% 74,5%
71,9%
65,5% 66,8% 64,7%
61,1% 60,2%
56,9% 57,0%
51,4% 52,2%

17,2%
13,1%
9,6% 8,5% 6,9%
3,5%

Bajo Medio Alto Bajo Medio Alto


2003 2010

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (CIFRA 2011)

Por otro lado el aumento del empleo asalariado registrado posibilito un importante
retroceso del peso del empleo no registrado sobre el total de la masa de empleo. En este
sentido el avance fue importante, dado que durante la década de 1990 el empleo no
registrado había alcanzado niveles muy altos con un 44.4% de empleo no registrado entre
de los asalariados para 2003. Para 2010 ese valor había descendido al 31.1% (26.9%
sobre el total de los ocupados), valores similares a los que se observaban a inicios de la
década de 1990 (ver gráfico N°15). Cabe destacar en este sentido, que si bien hay un
avance, los niveles de informalidad continuaban siendo altos para 2010 (CIFRA 2011).
Por el lado de la distribución del ingreso a partir 2003 hay una reducción en la
desigualdad de los ingresos laborales de los ocupados; el coeficiente de Gini para el Gran
Buenos Aires pasó de 0.48 en 2003 al 0.40 en 2010. En este sentido, y pese al fuerte

13
Se utiliza la misma distinción que se utilizó en la sección 3.4 en base a (Beccaria y Gonzalez
2005)

44
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crecimiento de la economía, la desigualdad de los ingresos laborales no tuvo una gran


disminución en este período, ya que continúo siendo en promedio aún más elevada que el
mismo indicador a mediados de la década de 1990; en gran medida explicado por las
diferencias existentes entre los salarios registrados y los no registrados (Arceo, Gonzales
y Mendizábal 2011).
Por el lado de la distribución de los ingresos familiares también se evidencia una
contracción en el coeficiente de Gini para el Gran Buenos Aires, pasando del 0.55 en
2003 al 0.45 en el 2010. Al igual que la distribución de los ingresos laborales, y pese al
fuerte crecimiento de la economía, los valores de desigualdad de los ingresos familiares
per cápita no se modificaron sustancialmente (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011).
Ahora si bien suponemos que las mejoras podrían haber sido más robustas, lo acontecido
con los niveles de desigualdad así como lo ocurrido en el mercado de trabajo generaron
una fuerte mejora en las condiciones de vida de los hogares argentinos y en particular en
los niveles de vida de la clase trabajadora, hecho que puede evaluarse a partir de los
indicadores de pobreza e indigencia.
Para 2003 casi la mitad (49.7% ver gráfico N 22 °) de la población se encontraba bajo la
línea de la pobreza, y un 22,8% bajo la línea de la indigencia. En este sentido se
evidencia una gran disminución de ambas tasas; para 2010 la pobreza se había reducido
al 22.5% y la indigencia al 6.2% de la población, lo que representa una mejora de casi 30
puntos porcentuales en niveles de pobreza desde 2003 en adelante.

Gráfico N°22

Pobreza e Indigencia 2003-2011. Total aglomerados urbanos como porcentaje total de las
personas

POBREZA INDIGENCIA

49,7%

41,6%
35,4%

28,2% 27,2% 25,5% 24,9%


22,8% 22,5%
20,1%
15,6%
12,7%
9,6% 8,4% 7,8% 7,3% 6,2% 5,0%

2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011

Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (CIFRA 2015).

45
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Como se puede observar en el gráfico N°22 entre los años 2003 y 2007 la pobreza se
reduce prácticamente a la mitad, luego si bien sigue descendiendo lo hace a un ritmo
mucho más lento llegando al año 2011 a observar que aún, luego de un impresionante
crecimiento económico por más de 8 años, la pobreza alcanzaba al 20.1% de la población
y la indigencia al 5%.

4 - Reflexiones finales.

A lo largo de los 25 años, que van desde la última dictadura militar de 1976 hasta por lo
menos los primeros meses de 2003, la Argentina evidencio un claro deterioro distributivo y
del mercado de trabajo donde no solo se incrementaron las brechas entre los que más y
menos ganan en sus ocupaciones, sino que la desocupación, la subocupación y el
deterioro en la calidad del empleo (asociado en los primeros años al proceso de
desindustrialización) afectó fuertemente a los hogares más pobres, tendencia que termino
por incrementar la desigualdad y consolidar el aumento sistemático de la pobreza. Desde
2003 en adelante se evidencia un cambio de tendencia. La recuperación del empleo, en
particular impulsado por la fuerte reactivación del sector manufacturero y productor de
bienes hicieron que descendiera fuertemente el desempleo; por su lado mejoraron los
niveles de desigualdad y las tasas de pobreza e indigencia, todos hechos que posibilitaron
una mejora en las condiciones de vida de gran parte de los argentinos, es especial de la
clase trabajadora. Sin embargo para el año 2011 aún más del 20% de la población
continuaba viviendo en condiciones de pobreza e indigencia y en este sentido merece
hacer algunos comentarios que se desprenden del trabajo.
Con respecto a la distribución del ingreso, si bien desde 2003 en adelante ha mejorado
este indicador, resulta de lo expuesto que esta mejora no ha sido suficiente para revertir la
larga tendencia de deterioro de la desigualdad iniciado a mediados de la década de 1970,
tanto en las remuneraciones del empleo así como en los ingresos familiares.
En lo que respecta al mercado de trabajo, si bien se crearon muchos puestos de trabajo a
partir del año 2003 posibilitando una evidente mejora en la vida de muchos argentinos,
observamos que esto no ha sido suficiente para sacar a todas las familias de la pobreza,
siendo que aún con niveles de desocupación bajos, la pobreza y la indigencia
continuaban para 2011 con valores cercanos al 20% y 5% de la población
respectivamente, hecho que nos aleja de la idea del desempleo como única o más
importante fuente de pobreza, ya que como podemos observar, gran parte de los hogares

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pobres (fenómeno que se acentúa a partir de la década de 1990) tenía a su jefe ocupado.
En este sentido se torna importante observar los niveles de informalidad, que para 2010 y
aun con las mejoras del período de la posconvertibilidad, continuaba con valores cercanos
al 30% de los asalariados, lo que puede implicar en líneas generales, y como se ha
señalado anteriormente, empleos de menores ingresos y con significativa inestabilidad, y
en definitiva con un alto nivel de vulnerabilidad.
Con respecto a los niveles de desocupación, si bien descendieron fuertemente a partir de
2003 en todos los grupos etarios, los jóvenes continuaron siendo el grupo más
perjudicados a la hora de conseguir empleo. Ocurre un efecto similar con el grupo de jefes
de hogares pobres de menor nivel educativo; estos observan los mayores índices de
desempleo, y los menores índices de empleo y actividad y a nivel general un mayor
tiempo promedio de búsqueda. Esta información sugiere la conformación de un grupo o
núcleo duro de desempleo conformado por jóvenes con bajo nivel educativo.
En efecto, podemos observar que para 2011 los altos niveles de desigualdad, la
composición de los núcleos de pobreza junto a las altas tasas de empleo no registrado
impactan de manera muy fuerte sobre la reproducción de un núcleo duro de pobreza, que
ve con muchas dificultades insertarse en el mercado de trabajo, o bien lo logra hacer pero
bajo condiciones de inestabilidad y precariedad. En este sentido pareciera no ser
suficiente ostentar altas tasas de crecimiento y bajas tasas de desempleo, sino que
pareciera ser necesario consolidar y profundizar políticas desde el Estado que apunten a
mejorar la calidad del empleo. En este sentido, profundizar políticas orientadas al
perfeccionamiento del trabajo y a la promoción del trabajo registrado puede ser una
opción concreta en materia de creación genuina de empleos de calidad. En particular, y
como se desprende del trabajo, lo jóvenes menos educados son los más perjudicados por
la falta de empleo, y en este sentido deben desarrollarse programas que apunten a
mejorar los niveles educativos y la formación de aptitudes y habilidades que mejore las
posibilidades de inserción laboral para los jóvenes.
También será de importancia reforzar acciones y políticas que apunten a mejorar los
derechos laborales de segmentos específicos del mercado de trabajo, como el caso de
los trabajadores domésticos y los rurales o bien identificar a los trabajadores de industrias
que tengan altos niveles de informalidad.
Por otro lado, y como hemos planteado a lo largo del trabajo, tomar acciones sobre el
mercado de trabajo pareciera no ser suficiente para evitar situaciones de pobreza, por lo
que será necesario complementar estas acciones con políticas públicas que apunten a

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mejorar la cuestión distributiva, aumentando los ingresos de los hogares más vulnerables
y desprotegidos. Es en este sentido que la articulación entre un mercado de trabajo que
genere empleo genuino y de calidad y la mejora distributiva se torna de vital importancia.

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