TP Final Integracion - Final
TP Final Integracion - Final
Seminario de integración final para la obtención del título de grado en Economía del
Desarrollo.
DNI: 30220316
Legajo: 11084
Noviembre, 2017
Universidad Nacional de Quilmes
Licenciatura en Economía del Desarrollo
Seminario de integración final para la obtención del título de grado en Economía del
Desarrollo.
Resumen.
El cambio de modelo de acumulación que impone la dictadura militar de 1976 inicia un
proceso de deterioro del mercado de trabajo, un aumento de la desigualdad y un
importante crecimiento de la pobreza y la indigencia hasta por lo menos el año 2003. El
abandono del régimen de convertibilidad y la llegada al gobierno de Néstor Kirchner
generó un cambio de tendencia y por el cual la Argentina inicia un proceso de crecimiento
sin antecedentes en la historia económica del país. En este contexto el trabajo analiza la
evolución de la desigualdad, el mercado de trabajo y la estructura de los hogares pobres
con la intensión de dar cuenta sobre los fenómenos que operan en la reproducción de
situaciones de privación y conformación de núcleos duros de pobreza.
1
Alumno de la Universidad Nacional de Quilmes. Trabajo realizado en el marco del seminario de
integración para la obtención del título de grado de la Licenciatura en Economía del Desarrollo.
2
Investigador-Docente Universidad Nacional de Quilmes. CONICET. Doctor en Economía (New
School University, NY, USA)
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Licenciatura en Economía del Desarrollo
Indices
Resumen................................................................................................................................................................... 2
Indices ....................................................................................................................................................................... 3
1 – Introducción. ...................................................................................................................................................... 4
4 - Reflexiones finales..................................................................................................................................... 46
Bibliografía .............................................................................................................................................................. 48
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1 – Introducción.
3
Como exponentes de la valorización financiera puede verse Basualdo (2006) y Azpiazu (2002).
4
Para ampliar sobre este tema véase (Basualdo, La reestructuración de la Economía Argentina
durante las últimas décadas. de la sustitución de importaciones a la valorización financiera. 2006).
También se realiza una breve descripción en la sección 2.1 del presente trabajo.
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que si bien esta medida fue exitosa en términos de frenar la inflación, tuvo un alto costo
para la economía Argentina en su conjunto; en palabras de (Santarcángelo 2013, 180) “si
bien el nuevo gobierno estableció una paridad cambiaria entre el peso argentino y el dólar
que fue sumamente exitosa (%), las políticas económicas llevadas adelante por la nueva
administración [Carlos Menem] profundizaron el sendero desindustrializador, aperturista y
de valorización financiera que habían comenzado los militares”. Para 1999, y en medio de
una crisis económica que asomaba desde los últimos años del gobierno de Carlos
Menem, asume la presidencia de la Nación Fernando de la Rúa, quien fuere el
representante de la coalición política La Alianza. Esta coalición no solo no pudo revertir la
crisis sino que terminó por consolidarla, teniendo que abandonar el gobierno en diciembre
de 2001 en medio de la crisis económica, social y política más importante de la historia
Argentina reciente. El país tuvo 5 presidentes en poco más de diez días5. El primero de
enero de 2002 asumió interinamente la presidencia Eduardo Duhalde, quien tomó
rápidamente dos medidas, por un lado la suspensión del pago de la deuda externa y por
otro el abandono de la paridad cambiaria, lo que generó una de las devaluaciones del tipo
de cambio más importantes de la historia argentina. Esta devaluación generó rápidamente
una caída de los salarios reales y una mejora en los niveles de rentabilidad, lo que
sumado al contexto internacional favorable sentaron las bases para que la Argentina se
sumiera nuevamente en un sendero de crecimiento (Santarcángelo 2013). En 2003, con
la llegada al gobierno del presidente Néstor Kirchner se producen una serie de
trasformaciones institucionales, políticas, económicas y sociales de gran importancia y
que junto al contexto internacional y la devaluación de 2002, posibilitaron que la Argentina
entrara en un sendero de crecimiento sostenido por más de una década con tasas que
promediaron el 7% anual, representando el período de crecimiento sostenido más
importante que registre el país en toda su historia (Santarcángelo 2013).
5
El 20 de diciembre renuncia a la Presidencia Fernando De la Rúa y asume como presidente
interino Ramón Puerta, quien convoca a la asamblea legislativa para que el 23 de diciembre
nombre como presidente Adolfo Rodríguez Saa. Alegando la falta de apoyo político el presidente
Saa renuncio el 30 de diciembre y, dada la ausencia de Ramón Porta, asume la presidencia el
presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Camaño, quien rápidamente convoca nuevamente
a la asamblea legislativa para terminar designando como presidente a Eduardo Duhalde el 01 de
enero de 2002.
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En los 9 años posteriores a 2003 se crearon más de cuatro millones de puestos de trabajo
(Santarcángelo 2013). El desempleo se reduce fuertemente entre el segundo semestre
del 2002 donde se registraba un 22% de desocupación pasando al 7,7% para el año
2011. Se ven mejoras en la distribución del ingreso. Por el lado de los ingresos laborales,
el coeficiente de Gini pasó de 0.48 en 2003 a 0.40 en 2010 y los ingresos familiares
pasaron del 0.55 en 2003 al 0.45 en el 2010. Se consolida una clara tendencia
decreciente de pobreza e indigencia, asociada particularmente a la recuperación
económica (Beccaria y Groisman, 2008; Arakaki, 2011; CIFRA, 2015). Sin embargo aún
en este período de gran crecimiento, con mejoras importantes en los niveles de pobreza,
empleo y distribución del ingreso, la pobreza e indigencia han continuado relativamente
elevados. Para el año 20076 las estadísticas oficiales de pobreza e indigencia ascendían a
23.4% y 5.7% respectivamente (INDEC, 2007) y para 2011 estos valores no se habían
modificado sustancialmente; según (CIFRA 2015) ubicaba a la pobreza en el 20,1% y a la
indigencia en el 5%, lo que deja en evidencia que la Argentina, aun con mejoras
importantes en materia de crecimiento, del mercado de trabajo y en los niveles de
desigualdad aún sostiene un grupo o núcleo duro de personas y hogares que tiene
grandes dificultades para salir de situaciones de privación.
6
A partir 2007 año el INDEC sufrió una intervención y fue acusado de alterar las estadísticas de la
evolución del índice de precios al consumidor y otros índices de relevancia, por lo tanto el 2007 es
el último año que utilizamos las estadísticas oficiales.
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distribución del ingreso y de los indicadores del mercado de trabajo permite conjeturar que
las características de la pobreza- y sobre todo- de su evolución en el conjunto urbano del
país no serían marcadamente diferencias a las del resto del país”.
“(%) la valorización financiera de una parte del excedente apropiado por el capital oligopólico, a
partir de la adquisición de diversos activos financieros (títulos, bonos, depósitos, etc.) en el
mercado interno e internacional, en un momento en el que las tasas de interés (%) superaban la
rentabilidad de las actividades económicas, y en el que el acelerado crecimiento de la
endeudamiento externo posibilitaba la remisión del capital local al exterior al operar como una
masa de capital valorizable y/o liberar los recursos propios para esos fines (Basualdo 2010, 117).
La toma de deuda externa privada y pública cumplió un papel central, dado que el
proceso consistía básicamente en la toma de deuda en el exterior para colocarlo en
activos financieros en el mercado local valorizándolos por medio de una diferencia
positiva entre las tasas de interés local e internacional, para luego fugar los fondos al
exterior. En esta línea (Basualdo 2006) sostiene que esta operatoria no habría sido
7
Ver detalle de esta operatoria en la sección Introducción del presente trabajo
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posible de no haberse dado tres situaciones puntuales; primero que el estado, mediante el
gran endeudamiento en el mercado interno, posibilitara que la tasa de interés interna
fuera superior a la tasa de referencia en el exterior; segundo, y en la misma línea, fue el
alto endeudamiento externo del sector público que posibilitó conseguir las divisas
necesarias para fugar los capitales valorizados en el mercado local; y tercero, y no menos
importante, la subordinación estatal hacia el sector privado, lo que posibilitó en más de
una oportunidad la nacionalización de las deudas de las empresas privadas.
Gráfico N°1
34,1
27,2
19,1
13,3
9,9 10,7
6 7,1
5,2 6,8 3,8
1,1 2,3
Como se ve en el gráfico N°1 los volúmenes de deuda externa así como la fuga de
capitales se incrementaron fuertemente desde el golpe militar, en gran medida por las
facilidades que trajo la reforma financiera de 1977 y con la particularidad, como
sostienen (Basualdo y Kulfas 2002, 61), que el proceso de toma de deuda fue liderado
por el sector privado; “(N) En términos históricos, la deuda externa y la fuga de
capitales comenzaron a adquirir dimensiones significativas a fines de los años setenta,
específicamente cuando la reforma financiera instrumentada por la dictadura militar en
1977 confluye con la apertura externa en el mercado de bienes y de capitales”.
A diferencia de lo que sucedió durante la segunda etapa de sustitución de importaciones
(1958-1975)8 donde los flujos de capital funcionaron como una forma de financiamiento
de la inversión o del capital de trabajo se convirtieran a partir de la dictadura en un mero
instrumento para obtener renta financiera. Se desprende del gráfico N°1 que el proceso
8
Para mayor información al respecto ver (Basualdo, Estudios de Historia Económica Argentina
2010, 53)
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reducido. Si tomamos a 1974 como año base, el salario real se desploma con la llegada
de la dictadura, pierde más del 40% entre 1974 y 1976.
Gráfico N°2
100
96,2
88,5
83,2
77,7
66,4
62,8 61,5
57
Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Graña 2007) y (Basualdo 2010)
Por su lado, la participación de los salarios en el PBI tuvo una fuerte caída entre 1974 y
1976 donde perdió aproximadamente un 20%. Tuvo algunas mejoras temporales que
posiciono este valor en torno al 30% o 35%, nunca retomando los valores previos al
golpe y terminando en uno de los valores más bajos de la serie con el 22% de
participación para 1982.
Gráfico N°3
45%
43%
35%
33%
30% 31%
28%
25%
22%
Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Graña 2007) y (Basualdo 2010)
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A la caída de los salarios reales se le sumó a partir de 1980 la aparición del desempleo
y el subempleo. Si bien las tasas de desempleo y subempleo no muestran valores
alarmantes, (Basualdo 2010) sostiene que la evolución de este índice no expresó lo que
estaba realmente sucediendo, ya que no se computaban aquellos trabajadores que
habían abandonado la búsqueda laboral ya sea por los bajos niveles salariales o bien
por el alto costo que implicaba la búsqueda laboral en sí.
En el gráfico N°4 se ve como la tasa de desocupación se mantiene por debajo del 5 %
en prácticamente todo el período, recién mostrando valores superiores hacia el final de
la dictadura. Ahora bien, si miramos el empleo del sector industrial vemos que desde
1975 en adelante el deterioro es notable; cae más de 35% entre 1974 y 1983, en gran
medida por la expulsión de trabajadores de las grandes firmas y como sostiene (Schorr
2007) da nota del inicio del proceso de desindustrialización que implicaba la perdida de
centralidad del sector industrial en la economía; “(%) la industria dejo de ser el núcleo
ordenador y dinamizador de las relaciones económicas y sociales en la Argentina así
como el sector de mayor tasa de retorno” Schorr (2007, 8).
Gráfico N°4
Desocupación y ocupación obrera del sector industrial. Gran Buenos Aires 1974-1983
60 10,0%
8,0%
6,0%
40
4,8% 6,0%
3,9% 3,7%
3,4% 3,1%
2,8% 2,8% 4,0%
20 2,0% 2,3%
2,0%
0 0,0%
1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983
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Gráfico N°5
2315%
688%
434% 385% 388%
210% 175%
82% 84%
1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991
En el gráfico N°5 se puede ver como la inflación se reduce a casi la mitad entre 1984 y
1985 y llegando a un valor de dos dígitos para 1986. Para finales de 1986 el Plan Austral
comenzó a flexibilizarse y lo que entre 1985 y 1986 había logrado anclar los niveles de
inflación pierde su efecto. La inflación comienza a tomar dinamismo nuevamente hacia
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final de 1987, y para 1988, como sostiene (Ferrer 2005) se encontraba en niveles que
suponían la pérdida del control de la inflación por parte del gobierno. Con la intención de
frenar el nuevo brote, el gobierno implemento un nuevo plan de estabilización llamado
Plan Primavera; este plan fracasó rápidamente dando lugar en 1989 al primer proceso
hiperinflacionario del período con un aumento de precios interanual superior al 3000%
(Rapaport 2010).
En materia de crecimiento del producto la década tuvo un pésimo desempeño. Como se
aprecia en el gráfico N°6 si tomamos toda la década (tomando los primeros tres años de
la década pertenecientes al gobierno militar), el PBI tuvo una caída de casi 10%, lo que
en valores netos explica aproximadamente una contracción de un 1% anual acumulativo.
Gráfico N°6
32%
80
29% 29%
30%
24% 70
25%
22%
60
20%
15% 50
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989
Por su lado (Aruguete y Basualdo 2007) sostienen que el contexto sostenido de alta
inflación erosiono fuertemente los salarios reales durante prácticamente todo el período;
la recesión económica generó un aumento del desempleo y subempleo y como resultado
de ambos procesos los trabajadores perdieron nuevamente participación en el producto.
De la misma manera que con el PBI, si nos ubicamos en las dos puntas de la década los
trabajadores perdieron más del 10% de la participación en el producto (ver gráfico N° 6),
llegando a 1986 al 24% de participación.
Por otro lado, como se puede ver en el gráfico N°7, el desempleo y el subempleo
comenzaron a aumentar considerablemente. En tan solo una década el desempleo se
había multiplicado por tres veces y el subempleo por casi dos.
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Gráfico N°7
Desempleo Subempleo
7,8% 8,0%
7,4%
7,0%
6,6%
6,0%5,8% 6,1%
5,6% 5,7%
5,2%
4,9% 4,7% 4,9%
4,5% 4,5%
3,7% 3,6%
3,1%
2,3%
1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989
Gráfico N°8
Pobreza Indigencia
47%
32%
21%
19% 18% 16,5%
15%
13%
10,7%
5,4% 5,0% 6,2%
3,6% 3,5%
Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Basualdo 2010) e (INDEC 2003).
Esta década fue considerada por muchos autores como la “década perdida”; lejos de
lograr el cambio de rumbo que suponía la vuelta de la democracia, el gobierno de Alfonsín
terminó por consolidar el modelo económico heredado, que era profundamente regresivo
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y excluyente; “Atrás quedaban las expectativas de una sociedad que había asociado
reapertura política y recuperación democrática con el necesario proceso de reparación
histórica que parecía avecinarse” (Aruguete y Basualdo 2007, 70).
Para principios de 1989, en medio de un proceso hiperinflacionario y una severa crisis
económica el presidente Raúl Alfonsín llamó a elecciones adelantadas para el 14 de mayo
del mismo año (casi 7 meses antes de lo que sería el cambio de mando). El 14 de mayo
de 1989 fue electo Presidente de la Nación Carlos Menen y quien por ley debía asumir
recién en diciembre. Una vez pasadas las elecciones, y en medio de un proceso
hiperinflacionario que no cedía, niveles de pobreza que superaba el 45% de la población,
una economía recesiva, y sumergido en una debilidad política, el presidente Alfonsín
decidió hacer entrega adelantada de la presidencia, concretándolo el 08 de Julio de dicho
año.
Con la entrega de gobierno anticipada por parte de Alfonsín, el 08 de Julio de 1989 asume
la presidencia Carlos Menen iniciando una década que se caracterizaría
fundamentalmente por haber convalidado del modelo neoliberal iniciado en 1976; en este
sentido se implementaron fuertes medidas de ajuste estructural como la apertura
comercial, la desregulación de los mercados financieros, libre movilidad de capitales, y
una inédita reforma del aparato estatal a través del ajuste del gasto público y la
privatización de empresas estatales (Aruguete y Basualdo 2007), todas medidas que se
ajustaban a las premisas principales del consenso de Washington9 y que proponían
ampliar la esfera del mercado y disminuir al mínimo la intervención estatal (Castellani
2002).
Carlos Menem asume la presidencia en medio de un proceso hiperinflacionario, que lejos
de ceder en sus primeros años, (1990 fue el segundo proceso hiperinflacionario con un
2314% - ver gráfico N°5) recién lo haría para 1991 cuando el gobierno de Menem
implementó una paridad entre el peso y el dólar estadounidense por medio de la Ley de
Convertibilidad. Esta medida fue altamente exitosa en términos de frenar la escalada de
precios, la inflación pasó de poco más de 2000 % en 1990 al 17% en el año 1992, un
9
El consenso de Washington fue un programa de diez puntos generales ideado por el economista
norteamericano John Williamson y que incluía una serie de reformas “estándar” para los países en
vías de desarrollo. Entre las mismas se destacaban el objetivo primordial de liberalizar la economía
y fortalecer las fuerzas del mercado por sobre la esfera estatal, reduciendo a este último a su
expresión mínima.
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escaso 0.1% en 1996 y un valor negativo de (-0.9%) para el año 2001 (Rapaport 2010).
En esta línea (Rapaport 2010) sostiene que si bien en términos inflacionarios la Ley de
Convertibilidad fue muy exitosa, causó otros desequilibrios en la económica, como la
desindustrialización y la destrucción del aparato productivo.
A partir de 1991 con la baja de la inflación se inició un proceso de crecimiento del
producto sobre la base de la expansión del consumo, en gran medida como resultado de
la vuelta del crédito y una importante recomposición de la participación de los asalariados
sobre el PBI (Basualdo 2003). Si consideramos que para 1989 la participación de los
salarios en el PBI era del 24% (Ver gráfico N°6), los primeros años de la convertibilidad
representan, como vemos en el gráfico N°9, una recomposición muy importante en la
participación de los salarios en el PBI recuperando poco más 10% en poco más de dos
años. Ahora como también vemos en el gráfico N°9, esta situación no logro consolidarse
en el tiempo, para 1992 comenzó nuevamente a caer, oscilando entre el 30% y 35% por
prácticamente toda la década para caer fuertemente en 2001 durante el final de la Ley de
Convertibilidad.
Por su lado los salarios reales evolucionaron en la misma dirección, mejoraron en los
primeros años de la convertibilidad, para luego empezar a caer nuevamente de manera
sostenida durante todo este período.
Gráfico N°9
Participacion de los salarios en el PBI (%) y evolucion de los salarios Reales Promedio
(1991=100) 1991-2001
90 30,00%
38,40%
35,00% 36,20% 34,90% 34,90% 34,90%
34,20% 34,00%
31,50% 31,90%
25,00%
26,60%
80 20,00%
1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001
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elevando aún más el desempleo y el subempleo así como los índices de pobreza e
indigencia. En esta línea (Aruguete y Basualdo 2007) sostienen que bajo el presunto
objetivo de “modernizar las relaciones laborales” se extendieron durante toda la década
reformas que apuntaron directamente a flexibilizar las formas de contratación, las normas
de despido, instaurar la polifuncionalidad, y flexibilizar los riesgos de trabajo así como
fomentar nuevas formas de contratación sin estabilidad, todas medidas que apuntaron
básicamente a reducir los costos laborales y que fueron fundamentales a la hora de
entender el deterioro del mercado de trabajo durante la década de 1990. En este contexto
como se puede ver en el gráfico N°10 el desempleo y el subempleo escalaron hacia
niveles muy altos.
Gráfico N°10
Desempleo Subempleo
18,3%
16,6% 17,3%
14,7%
13,7% 13,8%
12,2% 12,4%
16,3%
9,3% 14,3% 14,6%
12,6% 13,6% 13,1% 13,6%
7,0% 10,4%
6,0%
9,3%
7,9% 8,1%
1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001
Al igual que los niveles de desempleo y subempleo los niveles de pobreza e indigencia
crecieron hasta niveles inéditos durante todo este período. El estancamiento económico,
la desocupación y la subocupación junto a la perdida sostenida de la participación del
salario en el producto y el crecimiento de la desigualdad conspiraron para que los niveles
de pobreza e indigencia escalaran hacia niveles muy altos e inéditos para la Argentina
como queda reflejado en el gráfico N°11.
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Gráfico N°11
Indigencia Pobreza
54,3%
51,7%
47,3%
33,7% 35,4%
32,3%
27,9% 28,9%
26,0% 25,9% 26,7% 25,2%
24,8% 24,7%
21,5%
17,8% 19,0%
16,5% 16,8%
10,7% 12,2%
6,6% 6,3% 7,5% 6,4% 6,9% 6,7% 7,7%
3,0% 3,2% 4,4% 3,5%
1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003
(Mayo)
Fuente: Elaboración propia en base a (INDEC 2003). Ondas de Octubre para Gran Buenos Aires.
El año 2002 fue un año bisagra para la economía Argentina. Sostienen (Azpiazu y Schorr
2010) que la devaluación de principios de 2002 generó un reordenamiento en los precios
relativos; “(%) [la devaluación] trajo aparejado un profundo reordenamiento de los precios
relativos de la economía (incluyendo sobre todo el tipo de cambio y los salarios), una
severa crisis económica (caída superior al 10% en el PIB total y en el industrial) y, en
suma, el punto de quiebre del modelo hegemónico” (Azpiazu y Schorr 2010, 113).
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Por su parte hay una clara tendencia decreciente de pobreza e indigencia asociada
particularmente a la recuperación económica (Beccaria y Groisman, 2008; Arakaki, 2011).
Para 2007, en tan solo 5 años de recuperación económica, las estadísticas de pobreza e
indigencia para el Gran Buenos Aires habían mejorado sustancialmente. Según los datos
oficiales para 2007 (para Gran Buenos Aires) la pobreza era del 23.4% y la indigencia del
5.7% (INDEC, 2007) y para CIFRA10 del 27.2% y 3.4% respectivamente, que si bien
marca una diferencia importante entre las mediciones deja en evidencia la tendencia
decreciente. Para 2011 los índices de pobreza e indigencia se encontraban en el 20,1% y
5% respectivamente (CIFRA 2015).
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Centro de Investigación de la República Argentina. CTA
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Las Naciones Unidas (ONU) por su lado definen a la pobreza como una condición que se
caracteriza por una privación básica a las necesidades humanas como alimentos,
vivienda, agua potable, condiciones de salubridad y educación entre otras, y sostiene que
“(%) La pobreza depende no sólo de ingresos monetarios sino también del acceso a
servicios” (ONU 1995, 57). En este sentido las elaboraciones teóricas de Amartya Sen
sobre la pobreza representaron un punto de partida para nuevas definiciones y nuevas
perspectivas de análisis al situar a la pobreza, ya no como una insuficiencia de ingresos
sino como una insuficiencia de capacidades de los individuos; “Desde esta perspectiva, la
pobreza debe concebirse como la privación de capacidades básicas y no meramente
como la falta de ingresos (%)” (Sen 2000, 114), Pero esta perspectiva no supone la
pérdida de importancia del ingreso dado que la falta de este puede ser una de las razones
principales de la pobreza (Sen 2000); “De hecho, la falta de renta predispone claramente
a llevar una vida pobre.” (Sen 2000, 114).
Hacia 1970 la pobreza era solo un fenómeno marginal o moderado, ya que afectaba entre
el 3% y el 4% de los hogares urbanos (Altimir 1996). Durante la segunda mitad de la
década de 1970 se evidencia un deterioro de la situación laboral y un empeoramiento de
la situación distributiva, siendo el crecimiento de la pobreza uno de los resultados más
visibles. En esta línea sostienen (Beccaria y Gonzalez 2005) que la Argentina sufrió desde
mediados de 1970 un continuo deterioro de la distribución de los ingresos y un incremento
de la pobreza; “Mientras que en 1974 el 20% más rico de los hogares tenía un ingreso
que era 4.3 veces el del 20% más pobre, en 2003 esa cifra había llegado a 8.9 veces. La
población bajo la línea de la pobreza, por su parte, pasó del 4.4% en 1974 a 51.7 en
2003” (Beccaria y Gonzalez 2005, 30).
Si consideramos el período 1974-2003 como uno, podemos ver rápidamente en el gráfico
N° 12 como empeoró la situación distributiva aumentando los niveles de desigualdad,
tanto sobre el ingreso per cápita familiar como sobre la distribución de los ingresos
laborales; en esta línea sostienen (Arceo, González y Mendizábal 2011, 13) “(%) la
estructura distributiva empeoro sistemáticamente a lo largo de la valorización financiera
(1976-2001), exacerbándose el grado de desigualdad en los período de crisis y
reduciéndose solo parcialmente en las fases de recuperación (%), de esta forma, cada
27
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Gráfico N° 12
Coeficiente de Gini del ingreso familiar per capita y de los ingresos laborales 1974-2003
Coeficiente de Gini del ingreso per capita familiar Coeficiente de Gini de los ingresos laborales.
1974 1980 1982 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003
La contracción de los salarios reales de mediados de 1970 (ver gráfico N°2) generó el
primer desajuste en estos indicadores y como consecuencia de ello comenzó a generarse
un importante incremento de la desigualdad, que se traduce rápidamente en una
importante heterogeneidad en las remuneraciones laborales y por consiguiente, dado la
importancia que tienen estás en los ingresos familiares, también en la distribución familiar
per cápita (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011). Este comportamiento no solo no se
modificó a lo largo de la década del 1980, sino que se profundizo y consolido,
especialmente hacia el final de dicha década influenciado por la hiperinflación y la caída
de los salarios reales. En esta línea (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011) sostienen que
el desmejoramiento en la distribución del ingreso familiar se debe no solo a la ampliación
de la inequidad en los ingresos laborales, sino que la misma se agravó por el incremento
de la desocupación, la subocupación y el crecimiento de los empleos informales.
La recuperación económica de principios de la década de 1990 junto a la estabilización de
precios que acompaño a la Ley de Convertibilidad permitieron que mejorara los niveles de
desigualdad, pero aun ostentando niveles superiores a los de la década de 1970 y 1980.
Ésta tendencia a la baja fue sustituida rápidamente en 1994 por una tendencia alcista que
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duraría hasta por lo menos el año 2003, y en donde el crecimiento del desempleo jugaría
un rol decisivo, en particular en los hogares de menores ingresos donde la tasa de
desempleo y subempleo y el crecimiento del empleo no registrado resultaron más
elevados (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011). Durante esta década la desocupación
creció a niveles inéditos en el país, fruto del desmantelamiento productivo que trajo la
apertura comercial y financiera del régimen de convertibilidad, “esto [el desmantelamiento
de la estructura productiva] generó una deficiente generación de empleo y niveles
persistentes de desocupación (%). Dada esta situación de elevado y creciente desempleo
los trabajadores de menos calificaciones se vieron sometidos a una mayor competencia
por sus puestos de trabajo, proceso que derivó en una sensible contracción de sus
remuneraciones.” (Arceo, González y Mendizábal 2011, 15); y que en definitiva termino
por potenciar y consolidar el proceso de heterogeneidad de las remuneraciones que se
venía gestando desde las décadas pasadas.
El colapso del régimen de convertibilidad en 2001, la devaluación de principios de 2002,
junto a la caída de la actividad hicieron que la situación distributiva se agravara
fuertemente, hecho que impactó negativamente sobre los ingresos reales de la población
con empleo. El coeficiente de Gini, tanto para los ingresos laborales como para los
ingresos familiares per cápita llegó a sus máximos históricos para los años 2002/2003. En
esta línea (Arceo, Gonzales y Mendizábal 2011) sostienen que durante todo este período
no solo se ampliaron las brechas entre los que más y menos ganaban en sus
ocupaciones, sino que este efecto en sí, junto con el crecimiento del desempleo, el
subempleo y el crecimiento del trabajo informal afectaron relativamente con más
intensidad a los hogares pobres, hecho que generó una consolidación y un incremento en
la desigualdad, y que se tradujo en definitiva en la consolidación y aumento sistemático de
la pobreza a lo largo de todo el período 1976-2003.
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11
Población económicamente activa.
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Gráfico N°13
Desocupacion
19,0% 18,8%
17,3%
16,6% 16,4%
14,7%
13,7% 13,8%
12,2% 12,4%
9,3%
7,0% 7,0%
6,0% 5,7% 6,0%
4,8% 4,9% 4,5% 5,2% 5,3%
3,4% 3,9% 3,7% 3,1% 3,6%
2,8% 2,8%
2,0% 2,3%
1974
1975
1976
1977
1978
1979
1980
1981
1982
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1989
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
Fuente: Elaboración propia en base a (Basualdo 2010) e INDEC EPH puntual, ondas Octubre para 2000/2001/2002 y
2003 (en esta última se utilizó la onda de Mayo)
Por otro lado sostiene (Schorr 2007; Basualdo 2010) que a partir de la dictadura militar se
ve rápidamente una creciente heterogeneidad en la clase trabajadora, tendencia que se
encuentra estrechamente ligada al inicio del proceso de desindustrialización. Si bien la
caída del empleo fue general, el empleo asalariado en el sector industrial cayó al mismo
tiempo que se evidencia un crecimiento sostenido en el empleo del sector servicios. Si
bien no ampliaremos sobre este tema en el trabajo, este fenómeno da cuenta de los
cambios que generó el proceso de desindustrialización sobre el empleo. La gran caída del
empleo industrial da cuenta del inicio de un proceso que implicó la perdida de centralidad
del sector industrial en la economía; “(%) la industria dejo de ser el núcleo ordenador y
dinamizador de las relaciones económicas y sociales en la Argentina así como el sector
de mayor tasa de retorno” (Schorr 2007, 8). En esta línea (Schorr 2007, 7) sostiene que
“(%) el sector manufacturero local se contrajo significativamente, de modo tal que en los
años posteriores al golpe de Estado de marzo de 1976 se produjo el cierre de más de 20
mil establecimientos fabriles, el producto bruto del sector cayó cerca de un 20% entre
1976 y 1983, la ocupación disminuyo en forma pronunciada (%)”.
31
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Gráfico N°14
Por otro lado la promoción de regímenes industriales (en su mayoría creados en años
anteriores a la dictadura y que subsidiaban principalmente al capital oligopólico) hizo
que muchas empresas, que hasta ese entonces estaban radicadas en zonas
tradicionalmente industriales (Gran Buenos Aires/ Córdoba y Rosario), mudaran sus
operaciones a las zonas promocionales generando una consolidación del proceso de
desocupación y marginalidad en los lugares de origen, dado que el traslado de las
plantas no implico el traslado de los operarios que en ellas se encontraban ocupados
(Basualdo 2006). En esta líneas sostienen (Altimir y Beccaria 1998) que el desempleo
se extendió durante todo este período hacia diferentes ciudades, afectando tanto a
ciudades con amplio desarrollo industrial así como ciudades de áreas menos
desarrolladas convirtiendo al fenómeno en un problema a nivel nacional.
Cabe mencionar en este sentido que lo que sucedía en el mercado de trabajo afectaba de
manera desigual a algunos estratos de la población. Salvo algunos períodos puntuales
donde el desempleo afectó a todos los estratos sociales por igual, se observa que el nivel
de educación con el que contaban los jefes de hogar fue un factor determinante que
fomento que algunos estratos sufrieran el desempleo más que otros (Altimir y Beccaria
1998).
En base a la descomposición por nivel educativo propuesta por (Beccaria y Gonzalez
2005) y descripta en los aspectos metodologicos se puede apreciar en el cuadro N°1
como el empleo, el desempleo y los niveles de actividad impactaron diferente en cada uno
de los estratos. La tasa de actividad (porcentaje de los ocupados y desocupados sobre el
total de la población) aumento en promedio para toda la serie, pero su intensidad fue
32
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distinta en relación directa con el nivel de la educación del jefe del hogar. Sostienen
(Beccaria y Gonzalez 2005) que esto puede explicarse por la expansión de la
participación femenina que resulto más intensa en los niveles de educación altos. Por el
lado de la tasa de empleo, el promedio general no muestra grandes cambios a lo largo del
período, pero si observamos al interior de los estratos vemos como afectó de manera
considerablemente desigual en los diferentes estratos. Si observamos los subperiodos
vemos que disminuyo entre los Jefes de menor educación, subió moderadamente entre
los de educación media y subió fuertemente en aquellos con jefes con un nivel de
educación alto. Según sostienen (Beccaria y Gonzalez 2005) el escaso dinamismo de la
tasa de empleo estuvo ligado a las altas tasas de desocupación. Si observamos al interior
de los estratos vemos que entre 1974 y 1980 no hay grandes cambios en la composición,
pero a partir de la década de 1990, si bien afecto de manera generaliza a todos los
estratos, lo hizo de manera más significativa a los estratos con jefes con menor nivel de
educación afectando en definitiva la tasa de empleo. Por otro lado si observamos la
cantidad promedio de horas trabajadas por cada estrato vemos que las mismas
disminuyen fuertemente a lo largo del período, pero con mayor intensidad en el estrato
con jefes con educación baja reflejando el crecimiento de los empleados subocupados
(Beccaria y Gonzalez 2005).
En general podemos ver que a lo largo del período aumentó fuertemente el nivel de
actividad y que no tuvo como contrapartida un aumento del empleo, sino una mayor
desocupación, generando como sostienen (Beccaria y Gonzalez 2005) un efecto
fuertemente desigualador entre los estratos mencionados anteriormente. Si bien el efecto
desigualador de la desocupación por estrato no es tan marcado hasta por lo menos 1991,
a partir de esta década comienza a afectar de maneras muy distintas a los diferentes
estratos.
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Cuadro N°1. Tasa de actividad, empleo, desocupación y horas trabajadas por nivel educativo del Jefe del
Hogar.
Tasa de Horas trabajadas
Tasa de actividad Tasa de empleo
desocupación semanales
Baja 58,9% 58% 2,2% 47,3
Media 61% 60% 2,6% 45,5
1974 Alta 58% 56% 1,8% 43,3
Total 59% 58% 2,2% 46,8
Baja 60,1% 59% 2,1% 47,2
Media 59% 58% 1,9% 44,4
1980 Alta 66% 65% 1,8% 41,2
Total 60% 59% 2,0% 46,4
Baja 64% 60% 5,6% 45
Media 67% 65% 3,4% 44,6
1991 Alta 73% 71% 2,2% 43
Total 65% 62% 4,8% 44,7
Baja 67% 52% 22,6% 41,7
Media 72% 60% 16,5% 44
2001 Alta 78% 71% 9,6% 43,4
Total 70% 57% 19,0% 42,6
Baja 68% 50% 19,9% 40,4
Media 72% 61% 14,1% 42,7
2003 Alta 81% 73% 9,2% 40,7
Total 71% 56% 19,0% 41,1
Fuente: Elaboración propia en base a datos extraídos de (Beccaria y Gonzalez 2005)
Por otro lado cuando revisamos el núcleo de desocupados vemos rápidamente que los
jóvenes fueron a lo largo del período el grupo más perjudicado por la falta de empleo. Se
puede apreciar en el cuadro N° 2 que los jóvenes entre 18 y 25 años conforman el núcleo
con más dificultades de empleo durante todo el período, si bien la tendencia es
decreciente, para el año 2003 del total de los desocupados todavía el 38,3% era menor a
los 25 años. También se puede verificar un incremento en el porcentaje de desocupados
mayores a los 50 años, ya que para 1974 del bloque de desocupados tan solo el 10,7%
de los mismos tenían 50 años o más, y para el 2003 este valor se había aumentado
fuertemente, pasando en 2001 a un valor del 17,2%, (habiendo pasado por un pico en
2001 de 20,2%).
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Por otro lado si observamos el cuadro N°3 se verifica que la duración media del
desempleo creció a lo largo de los años de la serie. Para 1974 tan solo 6,3% de los
desocupados acusaba que estaba en la búsqueda laboral por más de un año, ese mismo
indicador era del 38,8% para 2003. En referencia a este fenómeno sostienen (Beccaria y
Gonzalez 2005) que el incremento medio en la duración del desempleo así como el
incremento de desocupados de 50 años o más (ver cuadro N° 2) podría verificar la
consolidación de un núcleo duro de trabajadores desocupados.
Cuadro N°3. Promedio de tiempo de búsqueda laboral. Base desempleados Gran Buenos Aires 1974-2003
Promedio tiempo de
búsqueda de empleo. 1974 1980 1991 2001 2003
Núcleo de desocupados.
Hasta 2 meses 53,9% 70,0% 56,2% 39,0% 36,0%
De 3 a 6 meses 21,1% 21,1% 28,5% 28,2% 11,0%
De 7 a 12 meses 18,8% 7,8% 13,2% 21,3% 14,2%
Más de 1 año 6,3% 1,1% 2,1% 11,5% 38,8%
Total 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0%
Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta Permanente de Hogares. Series Gran Buenos Aires, ondas
octubre (salvo 2003 donde se utilizó el cuarto trimestre)
Con respecto a los salarios reales de los asalariados se puede observar que se
depreciaron fuertemente a partir de 1976. Como se puede observar, utilizando a 1980
como año base, en los 20 años posteriores al golpe militar de 1976 el salario real de los
asalariados industriales había perdido más de 30 puntos porcentuales, mientras que los
asalariados en actividades de servicios habían perdido casi 25 puntos porcentuales.
35
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Otra de las alteraciones en el mercado de trabajo tiene que ver con el aumento de los
puestos precarios y de la informalidad. En esta línea sostienen (Beccaria y Groisman
2008) que el aumento de la informalidad podría ser una de las fuentes del crecimiento de
la pobreza; (%) quienes trabajan en puestos o empresas informales suelen tener una
propensión, mayor que otros ocupados, a obtener ingresos bajos, lo cual llevaría que sea
más elevada la probabilidad que los hogares a los cuales ellos pertenecen acumulen un
ingreso inferior a la línea de la pobreza” (Beccaria y Groisman 2008, 1).
Si observamos el gráfico N°15 vemos que la proporción de asalariados no registrados
prácticamente se duplico entre 1974 y 2003. Si bien hay dos mejoras interanuales (1980 y
1995) la tendencia fue a la alza durante todo el período.
Gráfico N°15
Asalariados no registrados
44,4%
38,3% 39,1%
36,6%
34,3% 33,9%
32,9%
28,5%
27,0%
24,9%
21,8%
19,7%
1974 1980 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003
Según sostienen (Altimir y Beccaria 1998) este fenómeno puede responder a la expansión
de la ocupación en pequeñas firmas, ya que este grupo de firmas son las que exhiben la
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mayor incidencia del empleo informal; asimismo a lo largo del período algunas firmas
medianas y grandes también fueron adoptando esta modalidad de empleo.
Gráfico N° 16
Empleo no registrado según nivel educativo del jefe del hogar. Gran Buenos Aires 1974-
2003
56,6%
49,3%
44,4%
39,2% 39,1%
32,9% 32,9%
27,7% 27,0%
23,7%
21,8% 20,8% 20,8%
19,7% 19,9%
15,3% 14,4% 15,8%
13,8%
11,6%
Baja Media Alta Total Baja Media Alta Total Baja Media Alta Total Baja Media Alta Total Baja Media Alta Total
1974 1980 1991 2001 2003
Al igual que los índices de desempleo, el empleo no registrado afectó durante todo el
período de manera muy desigual según el nivel educativo del jefe del hogar. Si se observa
el Gráfico N°16 vemos que el comportamiento fue muy desigual entre los diferentes
estratos, siendo los de más bajo nivel educativo los sectores más afectados por la
informalidad.
Otro de los fenómenos que afectaron al mercado de trabajo a partir de mediados de la
década de 1970 fue la tercerización laboral. Si bien es un fenómeno que aparece a nivel
global a mediados de la década de 1970, en la Argentina se expande fuertemente en la
década de 1990 en medio de un contexto de fuertes reformas laborales, una
reformulación del papal del estado y el crecimiento exponencial de la desocupación
(Basualdo 2015). Este mecanismo implicaba que las empresas adoptaran formas de
organización basadas en la segmentación de la producción entre diferentes empresas
supuestamente independientes. En nuestro país, las políticas de tercerización generaron
una profunda flexibilización y precarización de las condiciones de trabajo,
transformaciones estructurales en los niveles salariales y en la forma de organización de
los trabajadores, dado que comienza a existir una división entre empleados “de planta” y
“empleados tercerizados”, siendo características de estos últimos las peores condiciones
laborales (condiciones de seguridad), menores salarios y una marcada inestabilidad
laboral (Basualdo 2015).
37
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Gráfico N° 17
Indigencia Pobreza
54,3%
51,7%
47,3%
33,7% 35,4%
32,3%
27,9% 28,9%
24,8% 26,0% 25,9% 26,7% 25,2%
24,7%
21,5%
17,8% 19,0%
16,5% 16,8%
13,0% 12,2%
10,7%
8,3% 6,6% 7,5% 6,9% 6,7% 7,7%
6,3% 6,4%
4,4% 3,6% 3,0% 3,2% 4,4% 3,5%
1,7% 1,8%
1974 1980 1986 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003
(Mayo)
Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Beccaria y Gonzalez 2005) e (INDEC 2003)
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Según sostienen (Altimir y Beccaria 1998) como consecuencia del deterioro del mercado
de trabajo y del aumento de la desigualdad los hogares pobres comenzaron a compartir
algunas características particulares. En este sentido estos autores sostienen que los
hogares pobres del GBA han ido adquiriendo desde 1976 en adelante algunas
características en común, entre ellas, su relativo gran tamaño comparado con los hogares
no pobres, sus altas tasa de dependencia de ingresos (que se deriva de la cantidad de
miembros del hogar y la tasa de ocupación y desocupación), la presencia de individuos de
mayor edad y con bajos niveles educativos así como también sostienen que el desempleo
es otra de las características dominantes en la estructura de la pobreza. Por lo tanto el
nivel educativo del jefe del hogar, la edad del mismo y la condición de desocupado son
para estos autores las tres características principales que han ido adquiriendo los hogares
pobres a partir mediados de la década de 1970 en adelante; “En particular, los hogares
con jefes y otros componentes de baja calificación parecen conformar el núcleo principal,
en tanto que la importancia de los desocupados ha ido variando en función de lo
acontecido en el mercado de trabajo” (Altimir y Beccaria 1998, 122).
En base a una línea de pobreza absoluta y una segunda línea de pobreza relativa12
podemos ver en el cuadro N°4 como han ido variando la composición de los hogares
pobres desde mediados de la década de 1970 y en definitiva como ha ido impactando la
pobreza de manera desigual entre ellos.
Cuadro N°5. Distribución de los hogares según sus características. Gran Buenos Aires 1974-1996.
1974 1986 1996
TOTAL DE HOGARES POBRES
(%). Gran Buenos Aires Pobres Pobres No Pobres Pobres No Pobres Pobres No
Absolutos Relativos Pobres Absolutos Relativos Pobres Absolutos Relativos Pobres
Hasta 30 años 11,7% 12,2% 14,4% 18,3% 10,9% 11,4% 12,2% 12,4% 11,3%
De 31 a 45
23,8% 43,4% 29,1% 43,5% 32,8% 29,5% 40,7% 34,7% 28,3%
años
Edad del
De 46 a 65
Jefe del 33,5% 32,9% 39,4% 28,7% 26,5% 38,1% 36,3% 32,1% 35,6%
años
hogar
De 66 años y
31,0% 11,5% 17,1% 9,5% 29,7% 21,0% 10,7% 20,9% 24,8%
mas
Total 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100%
De 1 o 2
personas 47,8% 15,5% 37,1% 14,4% 37,5% 41,0% 21,2% 20,2% 43,7%
De 3 o 4
33,6% 42,1% 44,3% 35,2% 35,2% 41,5% 30,8% 27,1% 39,7%
personas
Tamaño De 5 o 6
9,7% 28,6% 15,3% 31,2% 31,2% 15,0% 25,1% 33,2% 14,0%
del hogar personas
Más de 6
9,0% 13,7% 3,2% 19,1% 19,1% 2,6% 22,9% 9,6% 2,6%
personas
Total 100% 100% 100% 100% 123% 100% 100% 90% 100%
12
Para mayor detalle sobre la identificación de líneas de pobreza absoluta y relativa ver (Altimir y
Beccaria, Efectos de los cambios macroeconómicos y de las fuerzas sobre la pobreza urbana en
Argentina 1998).
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Hasta primario
incompleto 52,4% 50,6% 30,6% 40,7% 36,5% 20,2% 28,3% 22,4% 12,3%
Primario
33,3% 34,4% 34,8% 36,9% 41,8% 33,2% 46,0% 50,1% 30,7%
completo
Nivel Secundario
7,6% 10,4% 14,3% 13,1% 15,3% 17,1% 17,1% 20,8% 16,3%
educativo incompleto
del jefe Secundario
del hogar 3,5% 3,0% 10,6% 6,1% 4,9% 14,2% 4,7% 5,3% 18,6%
completo
Superior o
3,3% 1,6% 9,7% 3,2% 1,5% 15,3% 3,9% 1,5% 22,2%
universitario
Total 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100%
Desocupado 4,3% 1,9% 0,7% 14,2% 4,0% 1,3% 29,8% 13,7% 4,5%
Asalariado 17,1% 49,1% 50,9% 42,2% 40,0% 45,1% 32,2% 43,3% 45,0%
No Asalariado 11,1% 16,6% 20,6% 15,1% 13,8% 21,9% 14,5% 11,0% 18,1%
Actividad Servicio
del Jefe 4,3% 5,6% 2,0% 3,3% 3,3% 2,8% 4,2% 4,0% 1,9%
domestico
del
Perceptores de
hogar. 8,6% 18,2% 23,6% 11,9% 36,8% 27,5% 12,0% 26,6% 28,5%
ing. inactivos
Otros Inactivos 54,8% 8,7% 2,1% 13,3% 2,2% 1,5% 7,3% 1,4% 2,0%
Total 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100%
Fuente: Elaboración propia en base a información extraída de (Altimir y Beccaria 1998)
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1996 este valor era del 29.8% y del 13.6% respectivamente, lo que en términos
porcentuales implica un crecimiento de aproximadamente el 600% en poco más de 22
años.
A partir de 1997 se suceden una serie de crisis a nivel internacional que impactan
fuertemente en la economía Argentina. En 1998 la caída de los precios internacionales
genero grandes dificultades en la balanza comercial iniciando un largo período recesivo.
En esta línea sostienen (Beccaria y Maurizio 2008, 77), que desde mediados de 1998 “la
economía transitó una fase recesiva que generó un impulso adicional sobre la tendencia
creciente del desempleo, al tiempo que agravaron dramáticamente las condiciones de
marginalidad. A fines de 2001, la tasa de desempleo abierto era del 19% en GBA y del
18,3% en el total de aglomerado urbanos”. En este contexto la devaluación de 2002
produjo una fuerte caída en los salarios reales afectando las condiciones de vida de la
población (Arakaki 2011). Para 2003 el salario real, como sostienen (Graña y Kennedy
2009, 11) “(%) era apenas más de la mitad del de 1970”.
Hasta por lo menos los primeros meses de 2003 se incrementan todos los indicadores de
pobreza e indigencia, aumentó la desigualdad, el desempleo y el subempleo, y cayeron
los ingresos reales (Arakaki 2011).
Como señalamos en el apartado 2.4 el año 2002 fue bisagra para la economía Argentina.
La gran devaluación que sucedió como consecuencia de la salida del régimen de
convertibilidad hizo encarecer las importaciones y mejorar la competitividad de las
exportaciones a la vez que redujo fuertemente los salarios reales (en el orden del 30%). A
su vez aumentó fuertemente el crédito para actividades productivas (las tasas se
encontraban en niveles relativamente bajos) lo que en conjunto posibilito que la Argentina
ingresara en un sendero de crecimiento que se extendería por más de una década y que
se apoyaría en la expansión de sectores productores de bienes (Arceo, y otros 2008); En
esta línea (Santarcángelo 2013, 184) sostiene que “(%) el país ingresa en un sendero de
crecimiento que no tiene paralelo y que representa el período de mayor crecimiento de la
historia económica del país con tasas anuales promedio del 7%.”. En esta línea este autor
también sostiene que los sectores que dinamizaron el crecimiento fueron la industria
manufacturera y productora de bienes relegando fuertemente a los productores de
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servicios, los cuales habían sido muy dinámicos durante toda la década de 1990
(Santarcángelo 2013).
Como se puede ver en el gráfico N° 18 la comparación de las tasas de crecimiento
sectorial entre los períodos 1991-2002 y 2002-2008 es realmente muy significativa, no
solo el aumento de las tasas en sí sino el cambio en la composición sectorial. A diferencia
del período 1991-2002 donde el sector más dinámico fue el de servicios, para el período
2002-2008 la industria manufacturera tomo claramente la delantera.
1991-2002 2002-2008
9,6% 9,3%
7,3%
3,0%
2,1%
1,1%
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Gráfico N°19
Desocupacion
22,0%
15,6%
13,0%
11,0%
9,8%
9,1%
7,7% 7,7% 8,0% 7,7%
2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011
Fuente: Elaboración propia en base a información extraída del INDEC. Empalme serie EPH puntual ondas de
octubre 88-2002 con serie EPH continúa 2003-2011 (para el 2011 se utilizó el primer trimestre).
Por otro lado como se puede observar en el gráfico N°20 el aumento de las tasas de
empleo generó un descenso en la desocupación de todos los grupos etarios; en este
sentido, y si bien las tasas descendieron fuertemente, los jóvenes (de 18 a 34 años)
continuaron siendo el grupo etario que más complicaciones enfrentaba a la hora de
conseguir empleo. No ocurre lo mismo con la tasa de empleo de este grupo, ya que para
2003 era bastante menor comparativamente a los demás grupos, para 2010 tenía el
mismo valor que el grupo de 35 a 49 años, grupo que para 2003 observaba la tasa de
empleo más alta de la muestra.
Gráfico N°20.
81,6% 81,5%
72,9% 74,6%
67,9% 69,0% 68,2%
65,4%
58,6% 60,7% 61,3% 61,3%
19,6%
16,6%
14,7% 14,5%
10,7% 11,1% 11,1% 13,7%
8,6% 5,6%
4,2% 4,1%
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Ahora bien, si analizamos el descenso del desempleo a nivel general y medido sobre la
base educativa,13 se observa que el aumento del empleo y descenso del desempleo fue
generalizado para todos los estratos educativos. En este sentido, si bien el descenso fue
generalizado, el grupo con mejores calificaciones educativas fue el que menor tasa de
desocupación observa, y al mismo tiempo el que tiene mayor tasa de empleo representa.
Se observa el comportamiento inverso en las tasas de hogares con jefes de bajo nivel
educativo.
Gráfico N°21.
73,9% 74,5%
71,9%
65,5% 66,8% 64,7%
61,1% 60,2%
56,9% 57,0%
51,4% 52,2%
17,2%
13,1%
9,6% 8,5% 6,9%
3,5%
Por otro lado el aumento del empleo asalariado registrado posibilito un importante
retroceso del peso del empleo no registrado sobre el total de la masa de empleo. En este
sentido el avance fue importante, dado que durante la década de 1990 el empleo no
registrado había alcanzado niveles muy altos con un 44.4% de empleo no registrado entre
de los asalariados para 2003. Para 2010 ese valor había descendido al 31.1% (26.9%
sobre el total de los ocupados), valores similares a los que se observaban a inicios de la
década de 1990 (ver gráfico N°15). Cabe destacar en este sentido, que si bien hay un
avance, los niveles de informalidad continuaban siendo altos para 2010 (CIFRA 2011).
Por el lado de la distribución del ingreso a partir 2003 hay una reducción en la
desigualdad de los ingresos laborales de los ocupados; el coeficiente de Gini para el Gran
Buenos Aires pasó de 0.48 en 2003 al 0.40 en 2010. En este sentido, y pese al fuerte
13
Se utiliza la misma distinción que se utilizó en la sección 3.4 en base a (Beccaria y Gonzalez
2005)
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Gráfico N°22
Pobreza e Indigencia 2003-2011. Total aglomerados urbanos como porcentaje total de las
personas
POBREZA INDIGENCIA
49,7%
41,6%
35,4%
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Como se puede observar en el gráfico N°22 entre los años 2003 y 2007 la pobreza se
reduce prácticamente a la mitad, luego si bien sigue descendiendo lo hace a un ritmo
mucho más lento llegando al año 2011 a observar que aún, luego de un impresionante
crecimiento económico por más de 8 años, la pobreza alcanzaba al 20.1% de la población
y la indigencia al 5%.
4 - Reflexiones finales.
A lo largo de los 25 años, que van desde la última dictadura militar de 1976 hasta por lo
menos los primeros meses de 2003, la Argentina evidencio un claro deterioro distributivo y
del mercado de trabajo donde no solo se incrementaron las brechas entre los que más y
menos ganan en sus ocupaciones, sino que la desocupación, la subocupación y el
deterioro en la calidad del empleo (asociado en los primeros años al proceso de
desindustrialización) afectó fuertemente a los hogares más pobres, tendencia que termino
por incrementar la desigualdad y consolidar el aumento sistemático de la pobreza. Desde
2003 en adelante se evidencia un cambio de tendencia. La recuperación del empleo, en
particular impulsado por la fuerte reactivación del sector manufacturero y productor de
bienes hicieron que descendiera fuertemente el desempleo; por su lado mejoraron los
niveles de desigualdad y las tasas de pobreza e indigencia, todos hechos que posibilitaron
una mejora en las condiciones de vida de gran parte de los argentinos, es especial de la
clase trabajadora. Sin embargo para el año 2011 aún más del 20% de la población
continuaba viviendo en condiciones de pobreza e indigencia y en este sentido merece
hacer algunos comentarios que se desprenden del trabajo.
Con respecto a la distribución del ingreso, si bien desde 2003 en adelante ha mejorado
este indicador, resulta de lo expuesto que esta mejora no ha sido suficiente para revertir la
larga tendencia de deterioro de la desigualdad iniciado a mediados de la década de 1970,
tanto en las remuneraciones del empleo así como en los ingresos familiares.
En lo que respecta al mercado de trabajo, si bien se crearon muchos puestos de trabajo a
partir del año 2003 posibilitando una evidente mejora en la vida de muchos argentinos,
observamos que esto no ha sido suficiente para sacar a todas las familias de la pobreza,
siendo que aún con niveles de desocupación bajos, la pobreza y la indigencia
continuaban para 2011 con valores cercanos al 20% y 5% de la población
respectivamente, hecho que nos aleja de la idea del desempleo como única o más
importante fuente de pobreza, ya que como podemos observar, gran parte de los hogares
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pobres (fenómeno que se acentúa a partir de la década de 1990) tenía a su jefe ocupado.
En este sentido se torna importante observar los niveles de informalidad, que para 2010 y
aun con las mejoras del período de la posconvertibilidad, continuaba con valores cercanos
al 30% de los asalariados, lo que puede implicar en líneas generales, y como se ha
señalado anteriormente, empleos de menores ingresos y con significativa inestabilidad, y
en definitiva con un alto nivel de vulnerabilidad.
Con respecto a los niveles de desocupación, si bien descendieron fuertemente a partir de
2003 en todos los grupos etarios, los jóvenes continuaron siendo el grupo más
perjudicados a la hora de conseguir empleo. Ocurre un efecto similar con el grupo de jefes
de hogares pobres de menor nivel educativo; estos observan los mayores índices de
desempleo, y los menores índices de empleo y actividad y a nivel general un mayor
tiempo promedio de búsqueda. Esta información sugiere la conformación de un grupo o
núcleo duro de desempleo conformado por jóvenes con bajo nivel educativo.
En efecto, podemos observar que para 2011 los altos niveles de desigualdad, la
composición de los núcleos de pobreza junto a las altas tasas de empleo no registrado
impactan de manera muy fuerte sobre la reproducción de un núcleo duro de pobreza, que
ve con muchas dificultades insertarse en el mercado de trabajo, o bien lo logra hacer pero
bajo condiciones de inestabilidad y precariedad. En este sentido pareciera no ser
suficiente ostentar altas tasas de crecimiento y bajas tasas de desempleo, sino que
pareciera ser necesario consolidar y profundizar políticas desde el Estado que apunten a
mejorar la calidad del empleo. En este sentido, profundizar políticas orientadas al
perfeccionamiento del trabajo y a la promoción del trabajo registrado puede ser una
opción concreta en materia de creación genuina de empleos de calidad. En particular, y
como se desprende del trabajo, lo jóvenes menos educados son los más perjudicados por
la falta de empleo, y en este sentido deben desarrollarse programas que apunten a
mejorar los niveles educativos y la formación de aptitudes y habilidades que mejore las
posibilidades de inserción laboral para los jóvenes.
También será de importancia reforzar acciones y políticas que apunten a mejorar los
derechos laborales de segmentos específicos del mercado de trabajo, como el caso de
los trabajadores domésticos y los rurales o bien identificar a los trabajadores de industrias
que tengan altos niveles de informalidad.
Por otro lado, y como hemos planteado a lo largo del trabajo, tomar acciones sobre el
mercado de trabajo pareciera no ser suficiente para evitar situaciones de pobreza, por lo
que será necesario complementar estas acciones con políticas públicas que apunten a
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mejorar la cuestión distributiva, aumentando los ingresos de los hogares más vulnerables
y desprotegidos. Es en este sentido que la articulación entre un mercado de trabajo que
genere empleo genuino y de calidad y la mejora distributiva se torna de vital importancia.
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