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El Triple Significado de La Cena Del Señor

La Cena del Señor tiene tres significados: 1) Es un recordatorio de la muerte de Jesús en la cruz para el perdón de los pecados; 2) Representa nuestra unión espiritual presente con Cristo a través de la fe; 3) Nos recuerda la promesa de Jesús de celebrar el banquete mesiánico en el Reino de Dios cuando él regrese.

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El Triple Significado de La Cena Del Señor

La Cena del Señor tiene tres significados: 1) Es un recordatorio de la muerte de Jesús en la cruz para el perdón de los pecados; 2) Representa nuestra unión espiritual presente con Cristo a través de la fe; 3) Nos recuerda la promesa de Jesús de celebrar el banquete mesiánico en el Reino de Dios cuando él regrese.

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El triple significado de la cena del Señ or

La Cena del Señor es un recordatorio de lo que Jesús hizo en el pasado, un


símbolo de nuestro presente compañerismo con él y una promesa de lo que
hará en el futuro. Revisemos estos tres aspectos.
Pablo dijo: «Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor
hasta que él venga» (1ª Cor. 11:26). La Cena del Señor es una mirada retrospectiva de la muerte de
Jesucristo en la cruz.
Hay ciertamente algunos aspectos de mucha aflicción respecto a su muerte, pero la gran apreciación de este
suceso es que su muerte es la mejor noticia posible. Muestra cuánto Dios nos ama. Tanto fue ese amor que
envió a su Hijo para que muriera por nosotros, para que nuestros pecados puedan perdonarse y podamos
vivir por siempre con él.
La muerte de Jesús es un tremendo regalo para nosotros. Es precioso. Cuando recibimos un regalo de gran
valor, un regalo que involucró un sacrificio personal, ¿cómo debemos recibirlo? ¿Con lamento y pena? No,
eso no es los que el dador quiere. Más bien, debemos recibirlo con gran gratitud, como una expresión de gran
amor. Si por ello derramamos lágrimas, deben ser lágrimas de alegría.
Así que la Cena del Señor, aunque es un recordatorio de una muerte, no es un funeral, como si Jesús todavía
estuviera muerto. Es realmente lo contrario, nosotros observamos esto sabiendo que la muerte de Jesús sólo
duró tres días.
Sabiendo que la muerte no nos sujetará para siempre, nos regocijamos que Jesús ha conquistado la muerte,
y ha librado a todos los que fueron esclavizados por miedo a la muerte (Heb. 2:14-15).

La Cena del Señor figura nuestra relación presente con Jesucristo


La crucifixión de Jesús tiene una importancia continua en todos quienes han tomado una cruz para seguirlo.
Continuamos participando en su muerte y en el nuevo pacto porque participamos en su vida.
Pablo escribió: «Esa copa de bendición por la cual damos gracias, ¿no significa que entramos en comunión
con la sangre de Cristo? Ese pan que partimos, ¿no significa que entramos en comunión con el cuerpo de
Cristo?» (1ª Cor. 10:16). Por medio de la Cena del Señor, mostramos que compartimos en Jesucristo,
comulgamos con él, estamos unidos a él.
El Nuevo Testamento habla de nuestro compartir con Jesús en varias formas. Compartimos en su crucifixión
(Gal. 2:20; Col. 2:20), su muerte (Rom. 6:4), su resurrección (Efesios 2:6; Col. 2:13; 3:1) y su vida (Gal. 2:20).
Nuestras vidas están en él y él está en nosotros. La Cena del Señor simboliza esta realidad espiritual.
Juan 6 da un cuadro similar. Después de que Jesús proclamó ser el «pan de vida», dijo: «Quienquiera que
come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día» (v. 54).
Es esencial que encontremos nuestra comida espiritual en Jesucristo. La Cena del Señor figura esta verdad
continua. “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él” (v. 56), significa que nosotros
vivimos en Cristo, y él vive en nosotros.
La Cena del Señor nos ayuda a mirar hacia arriba, a Cristo, y ser conscientes que la verdadera vida sólo
puede estar en él y con él.
Pero cuando somos conscientes de que Jesús vive en nosotros, también hacemos una pausa para pensar
qué tipo de hogar le estamos dando a él. Antes que él entrara en nuestras vidas, éramos habitaciones de
pecado. Y Jesús lo sabía antes de tocar a la puerta de nuestras vidas. Él quiere entrar para hacer la limpieza.
Pero cuando Jesús toca, muchas personas intentan hacer un rápido orden antes de abrir la puerta. Sin
embargo, nosotros somos humanamente incapaces de limpiar nuestros pecados. Lo más que podemos hacer
es esconderlos en el armario.
Es un proceso y la Cena del Señor juega un papel importante en este proceso. Pablo escribió: «Así que cada
uno debe examinarse a sí mismo antes de comer el pan y beber de la copa» (1ª Cor. 11:28). Cada vez que
participamos, debemos examinarnos, conscientes del gran significado que involucra esta ceremonia.
Cuando nos examinamos, encontramos a menudo que tenemos pecado. Esto es normal. No hay ninguna
razón para evitar en participar en la Cena del Señor. Simplemente es un recordatorio en el que necesitamos a
Jesús en nuestras vidas. Sólo él puede librarnos de nuestros pecados.
Pablo escribió en 1ª Cor. 10:17: «Hay un solo pan del cual todos participamos; por eso, aunque somos
muchos, formamos un solo cuerpo» Participando juntos en la Cena del Señor, nos imaginamos el hecho que
nosotros somos un cuerpo en Cristo, uno entre sí, con responsabilidades entre sí.
La costumbre de lavado de pies también figura nuestra relación unos con otros. Aquellos que son grandes en
el reino de Dios, aquellos quienes realmente están viviendo la vida del reino de él, están sirviendo unos a
otros. Jesús mostró esto a sus discípulos lavándoles sus pies (Juan 13:1-15). Nosotros lo mostramos lavando
los pies de una persona, y permitiendo que nos laven los pies. La vida cristiana involucra servir y ser servido.
Esto debe ser así a lo largo de nuestras vidas, no sólo como simbolismo.
El simbolismo de este ritual puede mostrarse también con una verdadera actitud de servicio, de preocupación
por el bienestar de la otra persona.

La Cena del Señor también nos recuerda el futuro, el retorno de Jesús.


El pan y el vino son prototipos de lo que será la más grande celebración de victoria en toda la historia.
Tres escritores del Evangelio nos señalan que Jesús dijo: “Les digo que no beberé de este fruto de la vid
desde ahora en adelante, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre” (Mateo
26:29; Lucas 22:18; Marcos14:25). Siempre que participemos, recordamos la promesa de Jesús. Habrá un
gran banquete “mesiánico”, un «Banquete de boda”, de celebración. El pan y el vino son prototipos de lo que
será la más grande celebración de victoria en toda la historia. Pablo escribió que «Siempre que se coma este
pan y beba esta copa, se proclama la muerte del Señor hasta que él venga» (1ª Cor. 11:26).
Nosotros siempre miramos hacia adelante, así como hacia atrás, hacia arriba, hacia el centro y hacia
alrededor. La Cena del Señor es rica en significado. Por eso ha sido una parte prominente de la tradición
cristiana a lo largo de los siglos. A veces se convirtió en un ritual inanimado, lleno más de hábito que de
significado. Cuando se convierte en un simple ritual, pierde significado, algunas personas exageran
deteniendo el ritual completamente. La mejor respuesta es restaurar el significado. Por eso es útil para
nosotros repasar lo que simboliza este acontecimiento.

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