Instituto Técnico Inesur
Tema:
La mente
Entregando a:
Kelly Moncayo
Estudiante:
María José Insuasti
San Juan de Pasto 15 de febrero del 2020
Introducción
Según el punto de vista del sentido común sobre la mente y el cuerpo ambas
interactúan. Nuestras percepciones, pensamientos, intenciones, deseos y
ansiedades afectan directamente nuestros cuerpos y nuestras acciones. Los
estados del cerebro y del sistema nervioso, a su vez, generan nuestros estados
mentales.
La forma en la que trabaja nuestro cerebro es maravillosa, tiene la capacidad de
ver procesar, abstraer, conjugar e interpretar en instante un escrito, por más mal
escrito que esté haciéndolo entendible y todos tenemos esta capacidad un claro
ejemplo es el siguiente:
Si conocemos el cerebro humano, fisiología y su funcionamiento en su realidad
somática entonces reconoceremos también a la mente humana en su totalidad y
conocida la mente.
La mente va surgiendo como un laborioso fenómeno entre en mundo exterior y el
mundo interior, donde el cuerpo humano, en su propia evolución hace posible la
existencia de la psique en un grado de complejidad creciente, recordando que la
mente humana evoluciona a través de acumulaciones de experiencia
La mente puede ser dividida en el consiente, subconsciente y supra consciente
para su estudio, y surge de nuevo con cada ser humano que viene a la vida y
nace, y crece y se desarrolla hasta la muerte biológica del ser humano
Por lo tanto es preciso decir que, la mente es distinta al cerebro porque es un
requerimiento a otros postulados sobre lo que es el hombre en su realidad tanto
social como espiritual
Entonces de acuerdo a lo anterior, deberíamos formular la pregunta siguiente
¿Dónde residen las capacidades superiores de la mente como son: la inteligencia,
la memoria, el lenguaje, la voluntad, la imaginación etc.?
Es importante reconocer que el cerebro es un órgano vivo que, probablemente en
su flexibilidad, se pone en función de la mente y de todo el ámbito social y
ambiental que le rodea
Por lo tanto es posible que la reorganización del cerebro se lleve continuamente
acaso en base a las necesidades de la mente humana
Una jerarquía de estados mentales
Con mucha frecuencia somos expuestos a situaciones en las que tenemos que
imaginar lo que está pensando alguna otra persona. A su vez, esta persona puede
suponer, a partir de la información que tiene acerca de nosotros, lo que nosotros
pensamos que está pensando, y todo esto puede ser también inferido por nosotros
y por la otra persona en un bucle teóricamente infinito. Una jerarquía de estados
mentales que se contienen los unos a los otros: yo creo que tú crees que yo
creo…
La Teoría de la Mente se sitúa en el segundo lugar en esta jerarquía (yo creo que
tú crees esto), y es la semilla de la que nace la capacidad para ir progresando
hacia el resto de categorías más complejas.
¿Cómo se desarrolla la Teoría de la Mente? El umbral de los 4 años de edad
Los seres humanos somos, probablemente, la única especie en la que sus
integrantes pueden pensar en los demás como agentes intencionales, es decir,
seres con unos intereses propios. Esto significa que desde una edad muy
temprana, la gran mayoría de los humanos somos capaces de distinguir entre una
acción y el objetivo al que está orientado esa acción, aunque lo último no se haya
revelado claramente. Además, a los pocos meses de vida todas las personas
aprenden a tener en cuenta hacia dónde están centrando su atención los demás, y
por lo tanto pueden reclamar esa atención para uno mismo o hacia algo que se
encuentra cerca.
La Teoría de la Mente aparece hacia los 4 años de edad y se construye sobre los
fundamentos de todas estas capacidades derivadas de la revolución de los nueve
meses, pero interviene en procesos mentales más abstractos y refinados. Así,
todas aquellas personas que desarrollan Teoría de la Mente piensan en los demás
no solo como agentes intencionales, sino también como agentes mentales, con
toda una serie de estados psicológicos complejos que les son propios. Entre estos
nuevos estados mentales que se atribuye a los demás se encuentran, por ejemplo,
los deseos y las creencias.
El experimento de la falsa creencia
El método clásico para averiguar si un niño o niña ha desarrollado Teoría de la
Mente es el test de la falsa creencia. Esta es una prueba que sólo puede ser
solucionada de manera correcta si se es capaz de diferenciar los propios
conocimientos sobre el entorno de lo que otra persona cree acerca de este.
Además, es un ejercicio que puede ser utilizado para ayudar a detectar casos
de Trastornos del Espectro Autista, ya que las personas que manifiestan síntomas
asociados al autismo tienden a mostrar una Teoría de la Mente poco o nada
desarrollada.
En un ejemplo de esta prueba, el psicólogo manipula dos muñecos para formar
una pequeña narración en la que todo ocurre ante la mirada atenta del niño o niña
puesta a prueba. En primer lugar, el primer muñeco enseña un juguete y luego
muestra cómo lo guarda en un baúl cercano. Luego, el muñeco desaparece de la
escena y aparece el segundo muñeco, que saca el juguete del baúl y lo mete en,
por ejemplo, una mochila apoyada en el suelo. En ese momento, se le pregunta al
niño o niña: "cuando el primer muñeco vuelva a entrar en la habitación, ¿cuál es el
primer lugar en el que buscará el juguete?".
Normalmente, los niños y niñas de menos de cuatro años fallarán al dar una
respuesta, porque creerán que el primer muñeco tiene la misma información que
ellos e irá a buscar en primer lugar a la mochila. Sin embargo, con cuatro años la
mayoría ya dan una respuesta correcta, prueba de que han hecho la transición
hacia la Teoría de la Mente y de que han abandonado una percepción de la
realidad más bien egocentrista.