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Hume y el Empirismo Inglés

1) El documento describe el empirismo inglés, específicamente la doctrina filosófica que sostiene que todo conocimiento procede de la experiencia de los sentidos y se justifica mediante ellos. 2) Los empiristas ingleses como Locke, Berkeley y Hume partieron de la premisa de que la mente es una hoja en blanco que se llena con la experiencia. 3) Hume fue el más radical al negar la existencia de sustancias y relaciones causales, dudando incluso del fundamento del conocimiento.

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Hume y el Empirismo Inglés

1) El documento describe el empirismo inglés, específicamente la doctrina filosófica que sostiene que todo conocimiento procede de la experiencia de los sentidos y se justifica mediante ellos. 2) Los empiristas ingleses como Locke, Berkeley y Hume partieron de la premisa de que la mente es una hoja en blanco que se llena con la experiencia. 3) Hume fue el más radical al negar la existencia de sustancias y relaciones causales, dudando incluso del fundamento del conocimiento.

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EL EMPIRISMO INGLÉS

El término empirismo deriva del griego,  que se traduce por experiencia.
De entre los muchos sentidos de esta palabra podemos destacar dos:
a) La experiencia como información proporcionada por los órganos de los sentidos.
b) La experiencia como vivencia, es decir, conjunto de sentimientos, emociones,...que
experimenta un ser humano y que constituyen , gracias a su memoria, su experiencia.
Con respecto a la corriente filosófica denominada Empirismo, diremos que suele
utilizar este concepto según la primera definición que hemos hecho, de tal modo que es
considerada una doctrina de carácter epistemológico (relativa a la naturaleza del
conocimiento) que afirma :
a) Todo conocimiento procede de la experiencia, y más concretamente,
de la experiencia de los sentidos. Es decir, el origen de las ideas es exclusivamente la
experiencia.
b) Todo conocimiento se justifica mediante los sentidos. Por lo tanto, el criterio de
verdad o certeza de las ideas hay que buscarlo en su correspondencia con la experiencia.

Como podemos observar, esta definición es perfectamente aplicable a muchos


filósofos independientemente de la época en la que hayan nacido: así Aristóteles frente a
Platón, o el Epicureísmo y el escepticismo, e incluso se dice de Tomás de Aquino.
Sin embargo, aquí nos vamos a limitar a hablar del empirismo inglés, es decir, aquel que
incluye a los filósofos Francis Bacon (1561-1626), Thomas Hobbes (1588-1679), y más
concretamente a John Locke (1632-1704), George Berkeley (1685-1753) y David Hume
(1711-1776). Este empirismo, como vimos en el tema anterior, suele contraponerse al
racionalismo de la edad moderna representado entre otros por René Descartes (1596-1650)
Malebranche (1638-1715) Baruch Spinoza (1630-1677) y Leibniz (1646-1716) ...

Los empiristas ingleses parten de una premisa que formuló el filósofo John Locke:

La mente es una hoja de papel en blanco.

Con esto querían decir que todos los contenidos que hay en nuestra mente han surgido
de la experiencia y que por tanto no existen las ideas innatas. Esta es precisamente una de
las cosas que la diferencia de los filósofos racionalistas.

Otra de las cosas que distancian a Empiristas y Racionalistas es la concepción de


sustancia. Los empiristas critican y rechazan este término porque consideran que nada hay en
la experiencia que nos proporcione la percepción de tal idea y en consecuencia, la noción de
sustancia no es sino una idea compleja formada de la combinación de ideas simples o
impresiones.
En definitiva, los temas que abordarán estos filósofos estarán relacionados con el
análisis del conocimiento humano dilucidando su naturaleza y sus límites.

En estos apuntes analizaremos la respuesta David Hume. Locke fue un empirista


moderado que no llega a negar por completo la existencia de la sustancia, Hume fue un
empirista tan radical que se atreve incluso a dudar del fundamento mismo del conocimiento:
la noción de causalidad.
DAVID HUME (Edimburgo 1711-1776).

De este filósofo puede decirse que quiso ser el Filósofo de la naturaleza humana.
Para él la única ciencia del hombre ha de ser la del estudio de su propia naturaleza, del
alcance de su conocimiento y por lo tanto de su razón. Según Hume, todas las ciencias se
vinculan con la naturaleza humana, aún aquellas que parecen ser totalmente independientes
de ella, como las matemáticas, la física o la religión, porque dependen del hombre para
juzgarlas. De ahí que toda filosofía tenga que encaminarse al estudio de nuestra propia
naturaleza. Con respecto a ésta, Hume pretende, como Locke, analizar cuáles son sus
límites para construir, no sólo un conocimiento válido de la realidad sino también unos
principios morales sólidos. Es decir, Hume intenta aunar el aspecto teórico y práctico de la
filosofía ya que considera el saber como una guía para la vida práctica.
El empirismo que defendió este filósofo fue el más radical (pero también el más
consecuente con los principios de los que partía) de los denominados empiristas ingleses.
Compartió con Locke el hecho de que todo conocimiento está limitado y procede de la
experiencia y, por lo tanto, que no existen ideas innatas. Sin embargo, él fue el único que se
atrevió a llegar hasta las últimas consecuencias del empirismo: negar la existencia de las
sustancias, de la relación causal y del conocimiento seguro.
Con respecto a la concepción que tenía de la razón, ésta era similar a la de Locke, así
como la de sus contemporáneos los ilustrados franceses, a saber: la razón es la única guía
posible del hombre y su función ha de ser crítica.
A propósito de esta función crítica tenemos que decir que la obra de Hume supuso
una crítica radical de los dos conceptos fundamentales de la metafísica tradicional
(sustancia y causa) y con esta crítica quiso demostrar la falta de fundamento de esta disciplina
filosófica y la inutilidad y pérdida de tiempo de su estudio:

" Cuando curioseamos los libros de una biblioteca, persuadidos de estos


principios, ¿qué debemos destruir? Si cae en nuestras manos algún volumen, por ejemplo, de
teología o de metafísica escolástica, preguntémonos: ¿contiene algún razonamiento
abstracto sobre la cantidad o sobre los números? No. ¿Contiene algún razonamiento
experimental sobre cuestiones de hecho y de existencia? No. Entonces arrojémoslo al fuego
porque no contiene más que supercherías y engaños."

El grueso de las ideas de este pensador se expresa en el Tratado sobre la naturaleza


humana, donde se abordan todas las preocupaciones principales de su pensamiento y que se
repetirán, como una constante, en el resto de sus obras, a saber: la necesidad de establecer el
límite del conocimiento y determinar su validez o certeza.

1.ORIGEN Y CONSTITUCIÓN DE LA EXPERIENCIA.


En líneas generales, la teoría del origen de las ideas de Hume coincide con la de
Locke, ambos consideran que la experiencia es la única fuente de conocimiento y por tanto
que todas las ideas proceden de la misma. Hume, no obstante, hará algunas precisiones
importantes a esta teoría del conocimiento.
Locke había distinguido entre las cualidades de las cosas y las ideas que corresponden
en la mente a esas cualidades. Hume va a matizar más en lo que se refiere a la representación
de las cosas en la mente, distinguiendo entre impresiones e ideas. Es decir, frente a Locke, él
sólo considera ideas a aquellas que surgen por la acción del entendimiento, relacionando el
campo de las percepciones única y exclusivamente con lo que él llama impresiones. Esto
significa que para él las impresiones son todas las sensaciones, pasiones y emociones que
percibimos en el acto y por lo tanto tienen un carácter de certeza mayor que las ideas. Un
ejemplo de impresión sería ver una película y un ejemplo de idea sería recordarla; o en el
terreno emocional, no es lo mismo sentir el dolor que recordarlo, ... Por lo tanto, las
impresiones y las ideas se diferencian por la intensidad de las percepciones. Las ideas no
pueden alcanzar nunca la vivacidad y fuerza de la impresión, toda idea siempre deriva de una
impresión. El ser humano puede, efectivamente, componer las ideas entre sí de los modos
más arbitrarios y fantásticos y superar la experiencia en cuanto a imaginación y creación,
pero nunca podrá construir otra especie de realidad sin las impresiones.
Además de esta diferenciación entre impresiones e ideas, Hume distingue entre el
conocimiento factual, de hechos y el conocimiento intelectual que establece relaciones
entre ideas (esta clasificación de conocimientos evoca a la del racionalista Leibniz que
distinguía entre verdades de razón y verdades de hecho). Con esta distinción, Hume separaba
el ámbito de las Matemáticas y la Lógica (que son ciencias formales) del de las ciencias
empíricas, las cuales tienen como única fuente de conocimiento la experiencia y por lo tanto
las impresiones.
Las ideas, por tanto, se forman en nuestra mente a partir de las impresiones. El ser
humano percibe” átomos” o “partículas” de los objetos que se asocian en nuestra mente
mediante un mecanismo que las relaciona. Precisamente en esto radica la originalidad de
Hume, en la importancia que atribuyó al análisis de la conexión que se realiza entre las
ideas o lo que es lo mismo, en el mecanismo mental que utilizamos para establecer
relaciones entre impresiones o ideas. Esta conexión se establece en torno a una serie de
características que presentan los objetos y que permiten relacionarlos:
“Hay una especie de “atracción” que tiene en el ámbito mental efectos tan
extraordinarios como en el mundo físico”
Hume compara aquí su teoría de la asociación de ideas con la de la gravitación
universal formulada por Newton, que, aunque no pueda percibirse, sin embargo, sí pueden
estudiarse los principios que rigen esta “atracción” a través de sus efectos Así, distingue
Hume tres principios por los cuales podemos asociar las ideas atendiendo al orden y la
regularidad de las mismas:
a) El principio de semejanza, en virtud del cual puedo pasar de una idea o
impresión dada, a la de algo que ya no está presente: por ejemplo, un retrato conduce
naturalmente nuestros pensamientos a su original, es decir, al modelo real que lo inspiró
También este principio sirve para relacionar formalmente las ideas en el plano matemático y
Lógico (en este último sentido este principio permitiría desarrollar verdades de razón
independientes de la experiencia).
b) Contigüidad en el espacio y el tiempo. Este principio es importante en el
ámbito de las cuestiones de hecho, en las que ya no podemos hablar de universalidad ni
necesidad, pero me permite relacionar cosas que están contiguas: por ejemplo, el recuerdo de
una habitación de una casa lleva a pensar en otras habitaciones de la misma o asociar una
mesa de estudio con los objetos que están encima.
c) El principio de Causalidad. Este principio es la base del conocimiento y sin
él sería imposible explicar o predecir acontecimientos futuros. La causalidad establece una
relación entre dos hechos de tal modo que uno se interpreta como causa y otro como efecto.
Todas las cuestiones de hecho se ordenan a través de este principio. Así, por ejemplo,
relaciono el sol con la luz, la fiebre con la enfermedad, el llanto con la tristeza (o la alegría) ...
Según Hume, en las cuestiones de hecho no se da un vínculo que sea necesario y universal
porque en la naturaleza es posible que se produzca la contradicción (mañana podría no salir el
sol...). En el siguiente apartado desarrollaremos la crítica que realiza al principio de
causalidad y las consecuencias que se derivan.
Para cerrar este apartado, resta decir que Hume distingue dos modos por los que
podemos evocar las impresiones. Por un lado, está la memoria, sin la cual sería imposible
el conocimiento. Ésta nos permite conservar las ideas simples según el orden y la posición,
por ejemplo, recordar un día, una fecha, una persona, ... La imaginación sería el otro modo,
la cual combina arbitrariamente a las mismas llegando a crear cosas que están más allá de los
hechos, por ejemplo, un poema, un libro, un invento, ... Lo más importante es que Hume
incluye dentro de las ideas producidas por la imaginación o la fantasía a las nociones de
sustancia tradicionales: Dios, alma y mundo. Las creencias en estas ideas no serían falsas,
sino ilegítimas, es decir, se fundamentan en ejercicios ilegítimos de las facultades de la
razón. Es la naturaleza humana la que crea y legitima estas ideas que no surgen de la
experiencia sino del deseo o la necesidad.

2. CRÍTICA AL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD


Hemos explicado en el apartado anterior que el principio de causalidad, para Hume,
es un mecanismo mediante el cual ordenamos mentalmente las impresiones que percibimos.
La experiencia produce en nosotros la noción de una conexión entre los hechos que se
suceden regularmente. Esto nos permite representarnos un mundo en el que todo parece tener
una causa y todo funciona bajo unas leyes que debemos desentrañar. Esta es la base del
pensamiento científico (incluso de nuestra propia vida). Buscamos explicaciones de los
hechos, es decir, buscamos sus causas, pero queremos, además, que estas explicaciones nos
sirvan para predecir y controlar acontecimientos futuros.
La cuestión es que, según Hume, la idea de causa no se corresponde con ninguna
impresión, es decir, no es algo que podamos percibir de la realidad, sino que es la conexión
necesaria que establecemos entre dos hechos, al que uno denominamos causa y al otro
efecto. Esta conexión se realiza fundamentalmente en base a dos principios: el de la
prioridad temporal (la causa sería anterior a los efectos) y contigüidad. Respecto a esta
última relación, Hume dice que hasta los objetos distantes entre sí están unidos por una
cadena de causas que son contiguas (aunque no siempre logremos descubrirlas, las
presuponemos). Esta conexión la ilustra con el ejemplo del movimiento de las bolas en una
mesa de billar, en la que el movimiento se transmite con el primer golpe, aunque sea el
último contacto el que parezca producir el efecto deseado.
Sin embargo, las conexiones que subyacen entre las causas y los efectos se forman
por el hábito y por la costumbre de ver sucederse dos fenómenos que se siguen uno al otro y
no por necesidad. Creemos, por nuestra experiencia, que el sol saldrá por el este y se pondrá
por el oeste, que la lluvia mojará las calles y que el fuego quema. Pero en realidad, no existe
ninguna impresión que lo corrobore, sólo tenemos la impresión de lluvia cayendo o de mi
mano que se quema al contacto con el fuego. La causalidad se reduce, por tanto, en Hume, a
una forma de asociación de ideas basada en el hábito y la creencia de que esta misma
asociación de fenómenos volverá a repetirse necesariamente. Nuestras certezas acerca de
la realidad se basan en algo tan débil científicamente como es la costumbre de haber
observado en el pasado que dos hechos se suceden uno después de otro.
En definitiva, realizada esta crítica, la única actitud gnoseológica coherente que puede
adoptar es el fenomenismo: no es posible encontrar un fundamento real de la conexión de las
percepciones, sólo conocemos fenómenos ("lo que aparece o se muestra"). El conocimiento
científico queda entonces reducido a la probabilidad de las cuestiones de hecho. El
fenomenismo lleva asociada una actitud escéptica en tanto que es imposible realizar
predicciones ni establecer conexiones necesarias entre los hechos. El único método científico
posible es el inductivo pero presenta varios problemas: la experiencia sólo da información
directa y cierta durante el tiempo en el que están presentes los hechos, ¿qué sucede en el
futuro? ¿es posible realizar inducciones completas de los hechos? . Hume responderá que no
a ambas preguntas. Para él se cometería una inferencia ilegítima si pretendiéramos traspasar
el ámbito de los hechos particulares presentes.

“En resumen, hay dos principios que no soy capaz de hacer consistentes y
tampoco me es posible renunciar a ninguno de ellos: que todas nuestras percepciones son
existencias distintas y que la mente no percibe nunca conexión real alguna entre existencias
distintas. Si nuestras percepciones tuvieran como sujeto algo simple e individual, o bien, si la
mente percibiera alguna conexión real entre ellas desaparecería la dificultad del caso. Por
mi parte, he de solicitar que se me permita ser escéptico y he de confesar que esta dificultad
excede mi pensamiento” ( David Hume, ”Tratado de la naturaleza humana”, apéndice)

3. CRÍTICA A LA NOCIÓN DE IDEA INNATA Y SUSTANCIA

Como hemos visto, Hume, fue más consecuente con sus principios empiristas, de tal
modo que su crítica a las ideas innatas supondrá una negación de la existencia de las mismas
y no simplemente una imposibilidad de su conocimiento.
Todas las ideas surgen de las impresiones, las cuales, a su vez, surgen de la sensación
o percepción. Hume se pregunta, en relación a las ideas innatas, si hay alguna impresión de la
cual estas ideas se deriven. El criterio de verdad, por tanto, es la experiencia y la impresión
con la que se corresponde cada idea. En esta misma línea desarrolla el análisis de la idea de
sustancia: ¿de qué impresiones se deriva la idea de sustancia?

Hume analiza esta idea y llega a la conclusión de que lo que entendemos por
sustancia no es más que una colección o suma de cualidades particulares que surgen de la
combinación de impresiones. La sustancia, como dijo Locke, es una idea compleja que surge
de la combinación de ideas simples (en este caso, impresiones). Todas las palabras que
conocemos surgen de la experiencia: por ejemplo, cuando un niño descubre una palabra
nueva, pongamos por caso, rascacielos, preguntará qué significa y sólo podremos
explicárselo si utilizamos conceptos previos que ya conozca: casa, piso, cielo, El niño no
podrá comprender la descripción a no ser que entienda el significado de los términos, es
decir, a no ser que conozca previamente esas impresiones y de dónde provienen. Por lo
tanto, todo nuestro conocimiento se sustenta en hechos particulares que percibimos mediante
la experiencia a los que llamamos impresiones.

La noción de sustancia es una idea general que podemos formar gracias al lenguaje y
que nos permite simplificar y unificar la realidad. Por tanto, carece de sentido afirmar que
existe algo que es independiente de la experiencia o que es independiente de la suma de
cualidades que lo definen (como afirmaba Platón al separar las Ideas de las cosas o como lo
hicieron los filósofos de la Edad Media debatiendo sobre el problema de los universales).
¿Tendría sentido, por ejemplo, decir que existe la mesa más allá de la mesa que percibo
ahora; o que existe el ser humano más allá de los individuos particulares; o que existe el Bien,
la Belleza independientemente de los cuerpos o personas bellas o buenas?

"Por consiguiente cuando nos asalta alguna sospecha de que un término filosófico se
emplea sin ningún significado o idea (como sucede con frecuencia) sólo necesitamos
preguntar de que impresión deriva esta supuesta idea. Y si es imposible asignarle ninguna,
ésto confirmará nuestra sospecha.”
En consecuencia, Hume pasará revista a las comúnmente aceptadas como sustancias
independientes: Dios, Alma y Mundo. ¿Son ideas innatas como sostenía Descartes? ¿Acaso
existen ideas innatas? ¿existe algún conocimiento que se forme más allá de las impresiones?
La respuesta es clara: nada hay en nuestro entendimiento que no haya surgido de la
experiencia. Si las ideas de Dios, Alma y materia no derivan de una impresión no puede
afirmarse su existencia.

a) Crítica a la noción de alma o de identidad personal

La existencia de un yo o de una sustancia conogscente distinta de sus actos, había sido


considerada indubitable no sólo por Descartes sino también por Locke y Berkeley. Para
Hume, esta sustancia como sujeto permanente de nuestros actos, no puede justificarse
apelando a la intuición, como dirían estos filósofos, ya que sólo tenemos intuición de nuestras
ideas e impresiones y ninguna impresión es permanente, sino que se suceden unas a otras de
una manera ininterrumpida. No existe, pues, el yo como sustancia distinta de las impresiones
e ideas: el yo o persona no es ninguna impresión, sino aquello que se supone que nuestras
ideas e impresiones se refieren.
Pero, ¿cómo es que el sujeto tiene conciencia de su propia identidad cuando en
realidad el dolor, la alegría o el pensamiento son sensaciones que se suceden en el tiempo y
por tanto están sometidas al cambio? La respuesta está en la memoria: gracias a ésta
reconocemos la conexión existente entre las distintas impresiones que se suceden; el error
consiste en que confundimos sucesión con identidad. No somos sino “un haz o colección de
impresiones diferentes en perpetuo flujo y movimiento”. Como diría Heráclito: Somos y no
somos.

b) Crítica a la idea de Dios.

Locke y Berkeley habían utilizado la idea de causa para fundamentar que Dios existe.
Hume considera que esta relación es injustificada porque, como hemos visto en la pregunta
anterior, no hay una conexión necesaria de nuestras impresiones y mucho menos entre
nuestras impresiones y la idea de Dios (de la cual no tenemos impresión ninguna). Esta
crítica, por tanto, se sustenta en la crítica al principio de causalidad (desarrollada
previamente) y el principio empirista de que el conocimiento se reduce a impresiones.
No obstante, ¿de dónde proviene esta idea? Sencillamente, no podemos saberlo.
Pretender ir más allá de nuestras impresiones es pretender ir más allá del límite de nuestro
conocimiento. La conclusión es pues agnóstica o escéptica.

c) Crítica a la idea de Materia o realidad exterior.

Cuando Descartes aplicó el mecanismo de la duda a la realidad externa, aseguraba que


nada podía garantizarnos que existiera el mundo o mi propio cuerpo si no presuponíamos la
existencia de Dios. La salida del solipsismo pasaba por demostrar que Dios existía.
Hume, al igual que los empiristas precedentes, se cuestiona la existencia de los
objetos más allá de las impresiones que percibo. Locke utilizó el principio de causalidad para
justificar la existencia independiente y continuada del mundo exterior. Pero a juicio de Hume
comete una inferencia ilegítima, porque establece una relación que va más allá de las propias
impresiones, las cuales ni siquiera están conectadas necesariamente entre sí.
La única afirmación acerca del mundo que, en definitiva, podemos realizar es que “es
probable que exista” o que, al menos, así lo creemos...

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