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Adoración Eucarística y Salmo 16

El salmo describe la confianza del salmista en Dios, quien es su refugio, su bien supremo, y guía su camino enseñándole sobre la vida.

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El salmo describe la confianza del salmista en Dios, quien es su refugio, su bien supremo, y guía su camino enseñándole sobre la vida.

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ADORACIÓN EUCARÍSTICA

DOMINGO 26 DE ABRIL DE 2020


ORACIÓN CON EL SALMO 16 (15)
 CANTO INTRODUCTORIO:
 EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
 COMENTARIO INICIAL
 INVOCACIÓN (CANTO) AL ESPÍRITU SANTO:
La primera parte funciona a modo de introducción. Incluye una petición
(Protégeme) y presenta un gesto de confianza (pues me refugio en ti»).
REFLEXIÓN
CANTO:
La segunda (2-6) es una especie de profesión de fe. El salmista ha
elegido al Señor como su bien (2), rechazando, por consiguiente, todos
los ídolos y señores del mundo y todas las prácticas de idolatría a que
dan lugar (3-4). Vuelve a hablar del Señor como su bien absoluto,
diciendo que es la parte de la herencia -una herencia deliciosa, la más
bella- que le ha tocado (en Israel, tradicionalmente, la herencia era la
tierra) y su copa, en cuyas manos está el destino del salmista (5-6).
REFLEXIÓN
CANTO:
La tercera parte (7-11) viene marcada por la idea del camino. El Señor
es el consejero permanente del fiel, incluso de noche (7), va caminando
por delante, impidiendo que el salmista vacile (8), lo llena de alegría (9)
y no permite que el fiel conozca la muerte (10), sino que le enseña el
camino de la Vida y le proporciona una alegría sin fin (11).
REFLEXIÓN
CANTO:
«Confianza» y «alegría» son dos términos característicos de este salmo.
Ambas realidades provienen, de hecho, de la gran intimidad que hay
entre el salmista y Dios. En efecto, el Señor va por delante, mostrándole
el camino, pero también está a la derecha del fiel (el lugar más
importante). La conclusión del salmo sitúa al fiel, lleno de gozo y
felicidad, ante el Señor e, inmediatamente después, es el fiel el que está
a la derecha de Dios. Este baile de posiciones (delante, a la derecha)
pone de manifiesto la intimidad entre estos dos amigos y compañeros.

Tratándose de un salmo de confianza, muestra a un Dios próximo,


refugio, el bien supremo de la persona, herencia y copa del fiel, aquel
que tiene en sus manos el destino de la criatura, consejero que instruye
incluso de noche, que camina por delante, que se pone a la derecha de
la persona, que no la deja morir sino que, más bien, le enseña el camino
de la vida y pone al salmista a su derecha, el puesto de honor.
Este Dios sólo puede ser Yavé, «el Señor», el Dios compañero que, en el
pasado, selló una Alianza con todo el pueblo. El salmista tiene esa
confianza porque sabe que el Señor es el aliado fiel. Es algo que tiene en
su mente, en su carne y en su sangre.
Por eso manifiesta una confianza incondicional. En el Nuevo Testamento,
Jesús es motivo de confianza para el pueblo. Él mismo manifiesta una
absoluta confianza en el Padre. Los primeros cristianos leyeron los
versículos finales de este salmo a la luz de la muerte y la resurrección
de Jesús.
REFLEXIÓN
CANTO:

Hemos intentado abordar este salmo desde lo que creemos que es el


corazón de este: “Tú eres mi Bien”. Todos los bienes, externos o íntimos,
proceden del único Bueno. Nadie puede comparársele, nadie puede
competir con Yahvé. Atrás han quedado los ídolos. Sólo cuenta Yahvé.
Decimos con san Francisco de Asís: «Nada deseemos, nada queramos,
nada nos deleite o nos plazca sino nuestro Creador y Redentor, nuestro
Salvador, el único Dios verdadero, que es el bien pleno, totalmente
bueno, únicamente bueno, el verdadero y sumo bien, el único Bueno».
 BENDICIÓN FINAL Y RESERVA
 CANTO DE CIERRE:

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